Indice
1.
Introducción
2. Trastornos de la
infancia
3.
Conclusiones
4. Trastornos de la
adolescencia
5.
Bibliografía
En el presente trabajo nos daremos cuenta de que estamos
entrando a un mundo nuevo, probablemente desconocido por muchos
hasta ahora. Estamos seguros que si
muchas padres hubiesen poseído los conocimientos que en
este trabajo se podrán apreciar muchos problemas que
actualmente se ven habrían sido solucionados sin mayor
problemas; ya sean conflictos y
sufrimiento tanto de niños
como adolescentes.
Lo plasmado en estas páginas son los diversos trastornos
que cualquier ser humano no esta libre de tener, en este caso
niños y adolescentes (que pueden persistir hasta la edad
adulta). Informamos el origen de ellos, sus causas y en algunos
casos pequeñas indicaciones que nos ayudarán a ver
las cosas de otro modo, estando en mejores condiciones para
resolver los problemas que se plantean en el desarrollo de
niños y adolescentes.
En este trabajo queremos dar cuenta de lo peligroso que
prescindir de los conocimientos de la psicología ,pues el
sólo hecho de pensar que se trata nada menos de construir
todo el bienestar futuro de nuestros hijos, hermanos, primos a
personas a quien tanto amamos.
Con la ayuda de estos conocimientos podemos lograr mejores
resultados con menos equivocaciones y esfuerzos.
De este modo no sólo los niños y adolescentes
tendrán un mejor desarrollo sino también que lo
tendrá la familia,
bien unida, como una piedra fundamental en la sociedad; una
familia mas
perfecta, más feliz; en la cual daremos bien empleado
todos nuestros esfuerzos.
La Infancia
Cada niño nace en el centro del seno de su familia. El
íntimo contacto precoz entre la madre y el niño,
inmediatamente después de su crecimiento tendrá un
elevado significado emocional para la necesidad mutua de
intercambio.
La madre tocas las manos y el cuerpo de su hijo recién
nacido, acaricia cariñosamente la cara del neonato. De
cierta manera mantiene una conversación directa con su
hijo cara a cara. Por su parte el niño respira una
sensación visible de tranquilidad cuando capta sobre el
pecho de su madre el latido cardiaco y la voz, que le resulta
sumamente familiar por su experiencia prenatal.
Está etapa esta comprendida entre los 3 años (
primera infancia)
hasta los 10 años ( infancia tardía – edad
escolar básica) en la cual el niño vivirá
miles de experiencias en al interior del hogar, escuela y
comunidad.
En la cumbre mundial de la UNICEF, en septiembre de 1990, mas de
60 jefes de estado y de
gobierno hicieron
la solemne promesa de instaurar, desde su ámbito de
responsabilidad, las medidas necesarias y
oportunas para erradicar la desnutrición masiva, enfermedades evitables y el
analfabetismo
hasta el año 2000. El programa
unificado será inspeccionado por la Naciones Unidas y
se controlará regularmente, un signo de esperanza para los
niños de la tierra.
Los niños no son pequeños adultos sin embargo,
necesitan la relación con personas adultas que
comprendiendo su condición de niños, les
acompañen y ofrezcan cuidados, seguridad y
estimulación efectiva.
El nacimiento de un niño supone simultáneamente el
nacimiento de una familia.
Enfoque de los trastornos psicológicos
El estudio de trastornos psicológicos es el estudio de
problemas de la vida y dicho con sencillez, comprende el estudio
de patrones de conducta que en
la sociedad se consideran como "anormales".
El funcionamiento humano eficiente o "normal" es en parte la
ausencia de patrones anormales de acción, conocimiento y
emoción.
De 0 a 12 meses
Cada niño posee un ritmo propio de sueño que,
habitualmente, no coincide con el requerido por la madre o por
los hábitos sociales. El niño tiene sus propios
métodos
para realizar el tránsito del estado de vigilia al de
sueño, por ejemplo mediante actividades
autoeróticas. Sin embargo el desconocimiento de las
necesidades naturales del bebé puede crear las primeras
dificultades con le funcionamiento normal de los procesos de
satisfacción de los impulsos y/o necesidades.
Antes del año, el bebé una vez satisfechas sus
necesidades corporales y cuando no interfieren otros problemas,
puede quedarse rápidamente dormido, ya que el sueño
va íntimamente ligado a la impresión de saciedad.
Durante los primeros meses, el despertar está
estrechamente vinculado a la sensación de hambre, y el
adormecimiento a la de satisfacción. A fines del primer
año los estados de vigilia son frecuentes ya que se
amplían los intereses de los niños, quien se torna
cada vez más activo.
Se entiende que los trastornos del ritmo habitual del
sueño suelen estar relacionados con dificultades en la
alimentación o con trastornos de
relación.
Durante el primer trimestre de vida, pueden darse dificultades en
conciliar el sueño a causa de varios factores:
También puede darse una sobreestimulación
que provoque en el bebé un estado de hiperexcitabilidad
que le impida dormir. Un ausencia del contacto incidirá
igualmente en el trastorno.
Algunos niños, sobretodo los hiperactivos, tienen
más dificultad que otros para conciliar el sueño, y
necesitan, por ello, y ambiente
más acogedor y tranquilizante, pero con todo debe tenerse
en cuenta los factores anteriormente citados.
A partir del tercer mes la falta de estimulación general y
de contacto afectivo se convierten en causa primordial de los
trastornos del sueño.
De 12 A 24 Meses
Independientemente de que durante el primer año de vida el
bebé halla establecido un buen ritmo de sueño
producido sin problemas, a lo largo del segundo año
aparecerán dificultades para conciliar el mismo.
El niño suele estar excitado ante el nuevo campo de
posibilidades que le ofrecen sus recientes adquisiciones,
sobretodo las relativas al dominio de la
marcha: surgen también inquietudes relacionadas con la
problemática de la individuación. Ante este estado
de cosas, dormir ya no es la solamente la respuesta
automática a una necesidad corporal, sino que el
niño precisa abstraerse de sus intereses para conciliar el
sueño. Como esto no es fácil y produce un grado
importante de ansiedad, el niño trata de mantenerse
despierto utilizando todos los medios a su
alcance.
La incapacidad para soportar el comienzo de la auton omía,
por lo que ésta supone la separación de la madre,
hacen que las llamadas de atención hacia ésta sean continuas
mediante múltiples medios que provoquen su presencia:
lloros, ritos, utilización de rituales (que pueden llegar
a constituir auténticos ceremoniales), etc. Estos rituales
se manifiestan de distintas formas, por ejemplo, exigiendo que la
madre se quede en determinado lugar, que se quede un rato junto a
él después de apagar la luz, que le
acunen, que le cuenten historias, etc. Hay otro tipo de rituales,
que ejecuta el niño en el modo de acostar, arropar y hacer
dormir a todos sus muñecos como acto previo a su propio
descanso.
Otros medios a los que recurre el niño de esta edad para
conciliar el sueño, algunas de las cuales son una
continuación de la etapa anterior (mecerse, balancearse,
succionarse el pulgar, masturbarse, etc.), todo lo cual le
permite dormirse el recurso a los "objetos transicionales"
–osos de peluche, muñecos, mantas– es otra
forma de conjurar la angustia y posibilitar la transición
del estado de vigilia al sueño.
Hay una serie de factores de carácter
externo que provocan ansiedad y perturban el sueño. Entre
ellos pueden citarse los horarios irregulares, un ambiente
ruidoso y agitado, y la sobreestimulación del niño
por parte de los padres.
Otro factor ansiógeno se añade cuando el
niño duerme en la habitación de los padres.
Igualmente las imposiciones excesivas en el terreno educativo
respecto a la motricidad, el lenguaje y
la limpieza producen fuerte ansiedad, que repercute en ansiedades
para dormir.
De 2 A 5 Años
Durante la fase de sueño hay una ruptura con el mundo
exterior y una disminución de las funciones
vegetativas y de relación.
La cantidad de horas que duerme el niño, así como
la profundidad de su sueño y su distribución durante las 24 horas del
día, depende de las diferentes etapas del desarrollo, ya
que la evolución del sueño es paralela al
proceso de
maduración orgánico-funcional.
Las muestras de ansiedad, relacionadas con el sueño
durante el segundo año, se dan en forma de dificultad para
irse a la cama, porque ello supone separarse de la madre. Si la
estimulación durante la vigilia no es adecuada, y no va
acompañada de un buena relación, el sueño se
verá interrumpido y aparecerán diversos
trastornos
Entre los 3 y 5 años, el sueño tiende generalmente
a normalizarse, aunque pueden continuar algunas dificultades,
tales como despertarse varias veces durante la noche, llamar a la
madre, padecer sueños desagradables, etc.
A estas edades los niños se niegan a hacer la siesta.
Los trastornos que pueden aparecer en ésta época
son:
Miedos
El niño experimenta el miedo y la angustia en forma
combinada. Los miedos suelen ser bastante frecuente s entre los
dos y dos años y medio, los niños tienen miedo a la
oscuridad y a estar solos, piden la luz de la habitación o
del pasillo encendidas, el interruptor cerca, y requieren a
menudo la presencia de la madre para tranquilizarlos y conciliar
el sueño.
Hacia los tres años y medio. Los miedos se concentran en
los pequeños animales
(bichitos en la cama). Por el contrario, a los cinco años
los temores se centran en los grandes animales (bestias
salvajes).
Estos miedos sueles calmarse con la presencia de los padres y
acostumbran a desaparecer sin llegar a constituir un problema
importante, siempre que los progenitores traten de comprenderlos
y tranquilizar al niño para que éste pueda sentirse
protegido.
Cuando las pesadillas son muy frecuentes y muy
terroríficas, y los miedos van en aumento, son
síntomas de un trastorno de la
personalidad del niño.
Rituales y Automatismos
Los rituales a la hora de acostarse se dan frecuentemente entre
los dos y tres años y medio, y sirven al niño para
tranquilizarse y calmar su angustia, permitiéndole
conciliar el sueño.
El niño, a estas edades, tiene miedo a la oscuridad y a la
soledad, y por lo tanto puede pedir (o exigir) a la madre que se
quede un rato con él, que le cuente historias antes de
acostarse o que lo acaricie y acune.
Algunos niños se succionan el pulgar, hacen ruidos
moviendo repetidamente la lengua, los
labios y se acarician el cabello, las orejas o la mejilla con la
mano. Otros sólo pueden dormirse con un trozo de tela ,
una almohada o cualquier otro objeto, que siempre debe ser el
mismo y cuenta con características determinadas, con el que el
niño se frota la cara, lo aprieta entre las manos o
simplemente duerme con él al lado.
Es frecuente también que el niño necesite tener a
su lado para dormir un muñeco o su animal preferido. Por
lo que éste se convierte en su compañero
inseparable, a la hora de acostarse.
Los automatismos son ruidos o movimientos persistentes, tales
como el rechinar o entrechocar los dientes. Antes de los 3
años puede observarse SOMNILOQUÍA, que es la
expresión de algunas palabras sueltas emitidas por el
niño mientras está dormido, puede persistir hasta
edades escolares, y está relacionado con la
ansiedad.
Pesadillas
Las pesadillas constituyen otro frecuente trastorno del
sueño. Durante las mismas el niño se mueve, gime y
se despierta.
La pesadilla es una forma de expresión de la ansiedad que
se concreta en imágenes
durante los sueños que el niño siente como
reales.
Paralelamente a la pesadillas, pueden darse también
rituales en el presueño y miedos durante la noche.
A estas edades, el niño tal vez explica lo que le ha
pasado; llora porque ha tenido una pesadilla, y cuando acude a la
madre, le dice que tiene miedo y que no quiere estar solo sin que
sepa explicar la naturaleza de su
sueño terrorífico.
Terrores Nocturnos
En los episodios de terrores nocturnos, el niño, a las 3
ó 4 horas aproximadamente de haberse dormido, comienza a
gritar, gesticula y se agita pidiendo auxilio, como si tratara de
apartar de él fantasmas que lo atacan. Cuando los padre
acuden, le encuentran sentado en la cama o levantado,
visiblemente angustiado y con expresión de terror,
diciendo cosas que no siempre son comprensibles. No reconoce a
las personas que están con él, ni suele contestar
coherentemente a las preguntas que se le hacen. Sin alcanzar a
despertarse totalmente, se va tranquilizando y vuelve a quedarse
dormido. Estos episodios suelen repetirse durante varias jornadas
una vez por noche, generalmente a horario fijo.
Si estas crisis son
frecuentes, el niño se siente más cansado de lo
normal durante el día. Algunos niños que no
presentan grandes dificultades sufren algunas crisis ocasionales
de terror nocturno. Pero este fenómeno aislado y
esporádico suele obedecer a un momento de angustia en
él, y remitirá en cuanto esta desaparezca, pero su
reiteración es evidentemente, patológica.
Las pesadillas son más frecuentes que los terrores
nocturnos, aunque las primeras suelen darse más tarde,
entre los 8 ó 10 años, mientras que los terrores
nocturnos se sitúan entre los 3 ó 4 y 7
años.
De 5 A 10 Años
Sonambulismo
El niño sonámbulo se levanta durante la primera
parte de la noche, actuando, automáticamente, con los ojos
abiertos, la mirada fija y movimientos inseguros. Después
de deambular por unos minutos, durante los que puede realizar
diferentes acciones, sean
o no coherentes, tengan o no algún sentido lógico,
vuelve a la cama o se deja llevar fácilmente por cualquier
persona. Al
despertar no recuerda lo ocurrido.
La edad de aparición se da entre los 7 y 8 años,
con más frecuencia en los varones.
Mediante la exploración de la mentalidad del
sonámbulo, se ha observado que lleva consigo componente
ansiosos o depresivos.
Insomnio
La dificultad de conciliar el sueño, o el despertarse
frecuentemente de forma prolongada durante la noche, son
síntomas que obedecen a conflictos propios del niño
o a una perturbación de la vida familiar.
A partir de los 5 años estas anormalidades, si se
presentan de forma persistente, son, síntoma de una
perturbación de la personalidad,
cuyo significado será distinto según el
niño, por lo que deberá estudiarse cada caso en
particular.
Las Pesadillas
Las pesadillas son otro de los trastorno del sueño: el
niño se mueve, gime, y termina por despertarse, explicando
a los padres los terribles sueños que ha tenido.
Se deja tranquilizar seguidamente con facilidad, aunque algunas
veces tiene miedo de volverse a dormir, pues cree que se
repetirán los sueños desagradables.
Las pesadillas siguen siendo, a esta edad, la expresión de
la ansiedad, concretada en imágenes de los sueños
que el niño vive como reales.
En el primer año, las separaciones
traumáticas son seguidas, a menudo, de rechazo de
alimento; pero también puede suceder todo lo
contrario, es decir, que el niño muestre una excesiva
necesidad de alimento; en este último caso, la comida
cumple la función de sustituto materno.
Los primeros trastornos de alimentación aparecen en
relación con la lactancia.
Algunos niños ya en las primeras semanas de vida,
rechazan el pecho o el biberón.
Al principio muestran pasividad ante la comida, no realizan
los movimientos de succión y, al cabo de un tiempo, se
niegan a comer. Las dificultades pueden ser
fisiológicas (reflejo de succión demorado, poca
necesidad de alimento) o psicológicas; en este caso,
como reacción negativa automática ante la
ansiedad de la madre.
Por parte de ésta, los obstáculos relaciona dos
con el flujo de la leche o la
forma del pezón, o los factores psicológicos,
como una respuesta ambivalente y ansiosa del amamantar a su
hijo, son también causa de rechazo temprano.
Un trastorno frecuente es el rechazo de alimentos en
el período del destete. El bebé puede
reaccionar con pasividad, sin cooperación, o bien con
un rechazo abierto, oponiéndose a ingerir la comida
con llanto, agitación o vómitos.
Estas dificultades pueden prevenirse si el destete se lleva a
cabo en forma gradual, teniendo en cuenta lo que ello supone
para el bebé.
Una adecuada información hacia la madre por parte de
los ginecólogos y de los pediatras puede ser de gran
utilidad en
relación con ello.
Cuando estos trastornos no son excesivos, se traducen en
desagrado hacia ciertas comidas, inapetencia, aversión
por consistencias y sabores nuevos, o en ausencia de placer
en la esfera oral. En ocasiones ocurre lo opuesto dando paso
a una excesiva voracidad.
Cualquiera que sea la actitud
dominante en los procesos de la alimentación,
ésta también ejerce importantes influencias
sobre otros campos del desarrollo. La relación
comida-madre, propia de los primeros meses, fundamente la
convicción subjetiva de la madre de que el rechazo del
niño hacia las comidas expresa también el
rechazo de su atención y cuidados, lo cual origina una
hipersensibilidad durante los procesos alimentarios. Son
importantes las reacciones de los padres respecto a estas
dificultades, puesto que, si la madre tiende a preocuparse o
a forzar con extrema rigidez la alimentación, se crean
círculos viciosos en que la hostilidad y
tensión habrán de predominar, convirtiendo los
verdaderos actos de comer en verdaderas luchas entre la madre
por conseguir, cada uno, sus objetivos..
Más adelante estos trastornos se pueden generalizar en
dificultades para incorporar alimentos o adquirir nuevos
conocimientos y aprendizajes.
A menudo estos trastornos son pasajeros, pero pueden dejar
secuelas que pueden complicarse posteriormente.
Regurgitación o Rumiación
Una dificultad muy seria en el proceso alimentario, que
comienza entre los tres y seis meses de edad y puede
persistir durante mucho tiempo. El lactante devuelve a la
boca, voluntariamente, parte de su contenido gástrico,
masticándolo con fuerza
antes de volverlo a tragar.
La regurgitación o rumiación se produce en
cualquier momento, entre dos tomas de alimento, siempre que
el niño se encuentre solo y no haya ninguna persona
que le dedique su atención. Por esta razón
difícilmente puede observarse como lleva a cabo el
acto en sí. El bebé permanece quieto y hace
muecas, frunce el ceño, dobla el labio inferior, saca
la lengua y proyecta la mandíbula hacia delante.
Asimismo arquea la espalda y contrae los músculos
abdominales, efectuando, al mismo tiempo, movimientos
rítmicos de masticación hasta que el alimento
retorne a la boca. Algunos niños se ayudan
introduciendo sus dedos u otros objetos en la boca. Parte de
este material es vuelto a tragar de nuevo, mientras que el
resto se escupe sin esfuerzo.
A pesar de que son lactantes habitualmente quietos, tristes,
y que yace inmóviles durante horas, experimentan con
la rumiación u extremado placer y pueden continuar
haciendo movimientos de succión como si
buscarán la obtención de una
satisfacción oral que no pueden obtener por otras
causas.
Cuando este acto de rumiar se regulariza, conlleva
pérdida de peso, crecimiento deficiente, distrofia
grave y deshidratación. En casos extremos, si no se
resuelve a tiempo, pueden llevar a la muerte
por inanición.
Las investigaciones al respecto muestran que hoy
no hay ningún tipo de anomalía orgánica
anatomofisiológica. Los factores etiológicos
del síndrome de la rumiación corresponden a las
dificultades graves, o a la carencia de relaciones entre la
madre y el lactante.
Los estímulos externos no atraen su atención ni
modifican su actitud. Su estado es de completa pasividad,
pero la mirada es extremadamente expresiva e intensa, a pesar
de la triste expresión facial y el aspecto demacrado.
Paralelamente a lo descrito, suelen darse otros trastornos de
carácter más o menos grave. Richmond describe
rasgos neuróticos, características autistas,
juegos con
materias fecales y balanceos del cuerpo.
Aunque se puede evitar el acto de rumiación mediante
constante atención y distrayendo al niño, una
mejoría importante sólo puede darse merced al
restablecimiento de una buena relación entre la madre
y el niño.
En ocasiones la regurgitación puede confundirse con
los vómitos, pero cabe diferenciar que éstos
son involuntarios, se realizan con esfuerzo, y el bebé
expulsa al exterior todo el material
gástrico.
Los Vómitos
En los vómitos, la fuerza es proporcionada por fuertes
contracciones de la musculatura abdominal, y pueden tener una
gran variedad de causas: trastorno de tipo digestivo causados
por un exceso de alimento y favorecidos, en ocasiones, por
una demanda
excesiva por parte del bebé, actitudes
sobreprotectoras por parte de la madre, etc. El origen , sin
embargo, puede residir en una falta de atención por
las necesidades del alimento. En el período neonatal,
el vómito
también puede ser causado por material irritante
deglutido durante el nacimiento. La aerofagia o
absorción de aire excesiva
entre las tomas de alimento es otra de las causas. No
obstante, los vómitos se deben con harta frecuencia a
dificultades emocionales que el niño experimenta, y
deben entenderse como una llamada de atención
equivalente a una protesta, en la mayoría de estos
casos, los aspectos emocionales que van ligados a la
reacción de vómito de resumen en un miedo a la
pérdida de la madre y en sentimientos de abandono.
A partir del segundo año de vida, madre y alimento se
separan en la mente consciente del niño, pero la
identidad
de las dos imágenes persiste en el inconsciente; la
manifestación de trastornos en el proceso alimenticio
está en relación con las emociones
conflictivas hacia la madre, emociones que se transfieren al
alimento como símbolo de ésta. Cuando un
niño se opone a la madre y la rechaza, puede
manifestarlo a través de la lucha, contra el alimento
que ella le ofrece. Algunas madres parecen entender esto
cuando, al consultar por un niño que presenta
problemas de alimentación, lo hacen con las
expresiones del tipo: "mi niño no me come".
Así, las madres, aun cuando no sean las responsables
directas de las perturbaciones alimenticias de sus hijos,
puede adoptar un comportamiento que agrave la situación,
actuar como vínculo entre el niño y el alimento
mucho más allá de lo que es necesario; por
ejemplo, al impedir el acceso directo del niño a la
comida y las manipulaciones que esto puede conllevar.
El niño expresa su ambivalencia hacia la madre de
forma fluctuante, que comprende desde un ingestión
excesiva hasta el rechazo del alimento.
Los trastornos de alimentación van unidos en esta
edad, además, a las fases del desarrollo, de manera
que se encuentren alteraciones en relación con la fase
anal y con el manejo de la agresión. El niño
puede inhibir el apetito y negarse a morder, a masticar o a
tragar los alimentos, y todo esto, precisamente, en un
momento en que los alimentos sólidos constituyen la
base de su dieta. En este período, el acto de morder
desempeña la función de expresar la
agresión. Si hay una inhibición y se niega a
morder, esto quiere decir que le niño experimenta una
fuerte ansiedad respecto a las agresiones orales, que, a su
vez, puede afectar al placer de comer durante toda la
infancia e incluso al de su vida adulta.
En esta época, los niños utilizan el alimento
no sólo como tal, sino también con finalidades
placenteras; así, les gusta jugar con a comida,
manipularla, untarse con ella, etc.
Todos los niño carecen de control
vesical voluntaria durante el primero y segundo año de
vida. El control diurno se adquiere antes que el nocturno. Es
hacia los 3 ó 4 años cuando la mayoría
de los niños alcanzan control total.
El hecho de que el niño acceda a dicho control depende
de varios factores: Adiestramiento, capacidad de aprendizaje,
maduración anatomofisiológica, y todo ello a su
vez está condicionado por el desarrollo afectivo del
niño, o sea del nivel de la
comunicación alcanzado en la relación
madre-hijo. Según sea ese nivel el niño puede
utilizarlo de modo inconsciente para su propia
satisfacción o en oposición a los deseos de la
madre.
Durante el día, normalmente hacia los dos o dos
años y medio, el niño controlará sus
esfínteres, presentándose antes el control anal
que el vesical.
El control nocturno se adquiere entre los dos y tres
años y medio, aunque a veces la madre tenga que
intervenir, despertándole para que no "moje" la cama.
Esto puede prolongarse hasta los 4 ó 5 años,
sin que sea considerado como patológico.
Cuando el niño dispone a su arbitro de los mecanismos
de retención y expulsión, como forma de
rebelión, expresa así sus sentimientos de la
madre, a la que obliga en cierta forma, a que lo siga
atendiendo y limpiando como a una bebé, con resultado
placentero para él.
Los trastornos referentes a esta adquisición
son la enuresis y la encopresis.
Enuresis
La enuresis es la falta de control en la emisión de la
orina, con micciones completas que pueden aparecer durante el
día o la noche de forma inconsciente e involuntaria, y
que se mantienen o aparecen pasada la edad de
adquisición normal. Se da más frecuentemente en
niños que en niñas.
La enuresis puede ser primaria o secundaria. El niño
padece enuresis primaria cuando nunca ha conseguido alcanzar
el control, y enuresis secundaria si, después de
adquirir un control prolongado (próximo a un
año), vuelve a dejar de controlar. Las causas pueden
ser múltiples, y tienen que ser vistas en
relación con cada niño, según su
personalidad y trastornos afectivos. No obstante, en
cualquier caso está anunciando, a modo de
síntoma, que algo no funciona bien y que cl
niño necesita ayuda.
La frecuencia puede ser diaria, como ocurre en la enuresis
primaria, o intermitente, según suele darse en la
secundaria.
La enuresis es el síntoma, o sea la forma
inconsciente, que utiliza el niño para reclamar la
atención y mostrar la necesidad de ayuda. El
síntoma enurótico no siempre obedece a un mismo
tipo de trastorno emocional, sino que pueden ser distintos
conflictos internos los que lo hagan aparecer. Lo frecuente
es que el síntoma revele un conflicto
emocional más o menos serio que es, en definitiva, lo
que deberá resolverse.
En el niño de dos años, la enuresis Puede
coincidir con el despertar de los intereses sexuales, con una
separación importante, con el nacimiento de un
hermano, o con algún problema familiar grave ante el
cual el niño reacciona de forma regresiva.
No debe confundirse la enuresis con la incontinencia de la
erina de origen orgánico, ya que ésta, aunque
sea un trastorno involuntario, se sitúa al nivel
consciente, y el niño se esfuerza por retener sin
conseguirlo. Tampoco cabe confundirla con otras
manifestaciones de naturaleza urológica, renal o del
metabolismo.
A continuación un ejemplo de la enuresis como
testimonio de un drama
A sus catorce años, Raquel seguía mojando la
cama por les noches: padecía una enuresis nocturna.
Sus familiares no habían consultado antes el problema
porque pertenecían a un medio rural en que esto se
consideraba como una anormalidad fisiológica
constitucional.
La chica se había ido arreglando como podía. Al
ingresar en la escuela secundaria, donde permanecía
interna durante la semana, todos los lunes se iba provista de
sus pañales y, al cabo de poco tiempo —cuando
empezó a menstruar—, de compresas
higiénicas.
Desde el internado en que realizaba los estudios, fue enviada
al servicio
de psicopatología de un hospital. Era la tercera de
cuatro hermanos, y la única mujer. A
los tres años, viajando en el coche familiar sentada
en las rodillas de su madre, en el asiento junto al padre,
que era quien conducía, sufrieron un grave accidente
en el que pereció la madre, quedando el padre
malherido. A Raquel le pareció recordar, en el curso
de la psicoterapia que se instauró tras el diagnóstico, que sus padres iban
discutiendo acaloradamente antes de que tuviese lugar el
choque contra un árbol. Cuando acudieron los primeros
socorros, la niña lloraba desconsoladamente, agarrada
a su madre muerta.
Los abuelos maternos se hicieron cargo de lo. cuatro
niños tras apartarlos de su padre, por considerar a
éste responsable directo de la muerte de
su esposa. Con ello, la niña perdió a sus dos
progenitores y, al no poder
elaborar el duelo consiguiente a la separación de la
figura paterna, tan arbitrariamente sustraída, fue
alimentando una parte de sí misma que quedó
fijada en los tres años de edad. La enuresis
permaneció como testimonio de un drama del que no
podía tener ni memoria ni
recuerdo.
La psicoterapia le permitió elaborar la pérdida
de la madre y recuperar la figura paterna como alguien que
había experimentado con la misma intensidad que ella
aquel drama familiar.
Encopresis
La encopresis es la evacuación intestinal parcial o
total que tiene lugar pasada la edad normal de control,
siempre que no sea debida a algún tipo de
afección orgánica.
Al igual que la enuresis, la encopresis es más
frecuente en los niños que en las niñas;
además el encoprético es (o ha sido)
también enurético.
Paralelamente pueden presentarse estreñimiento,
diarreas, o ambos a la vez, alternando
periódicamente.
En su forma primaria, el niño nunca ha dejado de
ensuciarse, al menos por un tiempo suficientemente largo como
para que pueda considerarse que ha alcanzado un control. En
la secundaria, aparece una encopresis que coincide, a menudo,
con un factor desencadenante: alejamiento de la madre,
operaciones o
internamientos del niño o de uno de los padres,
modificaciones de la estructura
familiar (muertes o nacimiento de un hermano, entrada en la
escuela, etc.
A veces, la encopresis parece, la encopresis parece remitir
al abrigo de unas circunstancias ambientales muy favorables
para el niño, pero puede reaparecer
fácilmente.
Los niños encopréticos padecen en general un
tipo de trastorno de la personalidad con
características comunes a todos ellos. Presentan
dificultades en el manejo de la agresión, son muy
dependientes y toleran mal las frustraciones.
Acostumbran ser ansiosos e indecisos, y presentan
dificultades de relación con los demás,
especialmente con la madre. A menudo se infravaloran, no
confían en sus capacidades primitivas y experimentan
un constante sentimiento de fracaso.
Aunque no debe soslayarse la importancia de la época y
la forma en que se realizó el
aprendizaje, tampoco se puede atribuir a éste el
origen, ya que no todos los niños reaccionan de igual
modo ante un mismo método de adiestramiento, ya sea
coercitivo o dejado al azar.
El niño puede mostrarse reacio a regular la
evacuación intestinal por diversos motivos:
oposicionismo, comportamiento de tipo regresivo,
reafirmación de su agresividad, etcétera. Hay
algunos niños que experimentan un gran placer con la
retención y la excreción de materias fecales, y
utilizan estos mecanismos inconscientemente como una forma de
autoerotismo.
La evolución de dicho trastorno no depende de la edad
de aparición ni del momento en que se instaura, sino
de la gravedad del conflicto que lo provoca y del mantenimiento del síntoma que lo
encubre.
Normalmente, la encopresis no se presenta como un
síntoma aislado, sino que va acompañada de
otras manifestaciones, aunque éstas no sean tan
espectaculares ni, posiblemente, tan molestas.
Una buena evolución tal vez pudiera facilitarla una
modificación de la actitud de la madre, o del
sustituto materno, para crear un mejor contacto madre-hijo.
En el seno de estas relaciones, en las que reinan
simultáneamente la dependencia y la hostilidad, el
síntoma actúa como una forma de búsqueda
de atención y, a la vez, como un modo de
relación hostil.
Constipación
La constipación es la retención fecal cuando no
existen anomalías anatómicas ni causas
dietéticas especiales. Aparentemente, no es un
problema importante, pero a la larga suele convertirse en un
trastorno crónico y difícilmente reversible. Se
considera también como una forma de manipular sus
excrementos por parte del niño, quien hace uso de la
retención por oposicionismo o negativismo.
El hecho de que el niño no pueda defecar, o no quiera
cuando le correspondería o los padres creen que le
convendría, despierta en éstos mucha ansiedad,
especialmente durante su aprendizaje. También puede
dar lugar a que este estreñimiento se convierta en el
centro de interés de los padres, y, de esta
forma, el niño pasa a convertirse en objeto de
observación y atención.
La constipación suele instaurarse durante las
épocas en que el niño comienza el control del
esfínter anal, aunque pueda darse ya anteriormente. En
los casos de adiestramiento extremadamente rígido o
temprano, aparecen estreñimientos que, posteriormente,
pasarán a convertirse en encopresis secundarias.
Al igual que en los casos anteriores, la retención
fecal tiene sus orígenes en causas de tipo
psicológico.
Diarrea
Las diarreas se incluyen entre los trastornos
gastrointestinales cuyo origen es la ansiedad, exceptuando
las causadas por una posible acción de agentes
infecciosos o alergias alimenticias; pero no hay que olvidar
que, en un gran número de casos, intervienen los
factores psicológicos. Los bebés que padecen
este trastorno, se afirma, suelen ser pasivos. Los factores
psicosociales implicados en el inicio de este proceso son la
pérdida real, o amenaza de pérdida, de la
figura clave, de la que el bebé es muy dependiente.
Todo ello comporta en él estados de ansiedad que, al
no poder ser elaborada, se traducirán en
diarreas.
Balanceos
El recién nacido comienza la vida con sus reacciones
gobernadas por un principio interno, de acuerdo con el cual
disfruta las experiencias placenteras, rechaza el displacer y
lucha por reducir la tensión. Esto es logrado, en
ocasiones, a través de las actividades
autoeróticas encaminadas a producir
satisfacción, que se expresan en forma de descargas
motoras que comprenden los balanceos, la succión del
pulgar y la exploración del propio cuerpo,
según las características propias de cada
bebé.
Estas descargas motoras son frecuentes en el niño
normal, y tienden a desaparecer hacia los tres años.
Cuando la relación entre la madre y el lactante se ve
perturbada, estas actividades autoeróticas tienden a
disminuir, y el bebé pierde entonces el interés
por su propio cuerpo, o bien se incrementan notoriamente.
Se han descrito algunos desórdenes del sistema
motor por
hiper o hipomotilidad (aumento o disminución de las
actividades motrices). En algunas ocasiones, y más
frecuentemente cuando el niño está en un medio
institucional, se manifiesta un balanceo exagerado que, en el
desarrollo normal, aparece de un modo transitorio. Cuando el
balanceo llega a convertirse en una actividad exagerada,
sustituyendo a la mayor parte de las otras actividades
normales, entonces se lo considera patológico. Por lo
general, tiene lugar más frecuentemente entre los
niños hipertónicos, cuyas madres parecen
adoptar actitudes que oscilan entre los mimos exagerados y la
hostilidad manifiesta. Este fenómeno se caracteriza
por la frecuencia y violencia
con que se realizan los movimientos del balanceo, pues el
niño desarrolla un comportamiento motor mucho
más activo que aquel que correspondería a su
edad. En los bebés menores de 6 meses, el balanceo
suele llevarse a cabo en postura de estar tendido sobre la
espalda. Después de los 10 meses, no es extraño
observarlo en posición erecta. Son
característicos, en el cuadro clínico, la
hipermotilidad y el retraso en los sectores del dominio
social, puesto que no se ha lo grado establecer relaciones
libidinales consistentes. En el orden manipulativo, se
observa un retardo en el uso de los juguetes y otros
objetos.
En los niños que manifiestan esta hipermotilidad
oscilante, se evidencia un trastorno de las primeras
relaciones objetales. Con el balanceo, estos niños
encuentran un objeto sustituto: El del impulso narcisista
primario, es decir, su propio cuerpo.
Una característica especial dentro de los balanceos es
la que tienen algunos niños de autoagredirse. El head
banging u offensa capitis se caracteriza por un amplio
balanceo, generalmente anteroposterior, con golpes, en
ocasiones muy violentos, de la cabeza contra la cuna o contra
cualquier otra superficie a su alcance. Suele producirse por
las noches, durante 15 o 20 minutos, y puede ir
acompañado de otras ritmias, especialmente la del
acunamiento. El bebé alcanza de este modo la
satisfacción autoerótica inmediata dirigiendo
contra sí mismo la agresividad.
Los golpes en la cabeza desaparecen hacia los cuatro
años y son sustituidos por otro tipo de descargas
motoras. En algunos niños pueden persistir hasta los
10 años, aunque con distinto significado.
Trastornos de la Marcha
Con la adquisición de la marcha, el terreno de la
exploración del bebé se amplía
enormemente, sus posibilidades manipulativas se enriquecen, y
ya no depende exclusivamente de la madre o del sustituto
materno para desplazarse de un lugar a otro o coger las cosas
que desea. Si el niño no puede mantener a la madre en
su mente, no podrá separarse de ella, porque
implicaría perderla. Esto puede ocasionar un retardo
en la deambulación o una inestabilidad motriz
(inseguridad, caídas constantes, llanto
ante el miedo a desplazarse, etcétera), lo que conduce
a que sea la madre quien lo acompañe en sus
desplazamientos y, de no hacerlo, el niño se
verá incapacitado para probarlo por sí
mismo.
Esta actitud muestra
cómo el niño es aún muy dependiente de
la madre y cómo no puede abandonar esa dependencia.
Las consecuencias de lo anterior pueden conducir al
niño a un retraso más general en otras
áreas, dado que la exploración de lo que le
rodea queda muy limitada y, consecuentemente, también
sus intereses, que se concentrarán en controlar a la
madre y en hacer que ésta le atienda, reclamando su
atención a causa de su pasividad y el poco
interés ante aquello que le rodea.
El retraso en la adquisición de la marcha —ya
sea por causas de tipo físico, o por las de tipo
psíquico mencionadas afecta a la personalidad global
del niño. La falta de exploración del medio
conlleva una limitación en cuanto a la percepción del espacio, y el
conocimiento del propio esquema corporal será
más deficiente de lo que corresponde a su edad. En
consecuencia, también queda reducida toda el
área del conocimiento y puede retardarse la capacidad
de verbalizar.
Con el inicio de la deambulación, y vinculados a ella,
pueden aparecer trastornos de la conducta diferentes a los
señalados hasta ahora, trastornos que se manifiestan
más directamente que los anteriores, en la medida que
el niño tiene mayor capacidad de comunicación. Son los que hacen
referencia a conductas de tipo desordenado y destructivo, en
relación con la fase anal y, en especial, con el nivel
del sadismo anal. Este tipo de conductas tiende a desaparecer
o a disminuir cuando el niño encuentra nuevas
vías de descarga distintas de las motrices, sobre todo
aquellas relacionadas con la adquisición del lenguaje.
Hiperquinesia
Hiperquinesia es un término usado años
atrás para designar sencillamente conductas
caracterizadas por un exceso de actividad, inquietud e
impulsividad en niños a los que se suponía
afectados por algún daño cerebral
orgánico’. Con el tiempo, y en la medida que fue
imposible demostrar ese supuesto mal, fue sustituido por el
de "daño cerebral leve" y, por último,
quedó en pie algo tan vago como disfunción
cerebral mínima
Actualmente, la definición de hiperquinesia,
según la
Organización Mundial de la Salud, debe ser aplicada
para aquellos trastornos en que la extrema hiperactividad,
pobremente organizada y regulada, la distraíbilidad y
la impulsividad son sus más importantes
características. El trastorno no es secundario, en
forma clara, a ningún otro síndrome
psiquiátrico. La agresión y las marcadas
fluctuaciones de los estados de ánimo son
también síntomas comunes a ella.
Es así que. una última revisión de esta
afección, considera que un rasgo esencial, unido a la
hiperactividad, es la manifiesta dificultad que presentan
todos estos niños para mantener la
atención.
De tal modo que se ha propuesto un nuevo término para
categorizarlo, poniendo énfasis en el trastorno de la
atención, a saber trastorno con déficit de la
atención e hiperactividad.
Se inicia el mismo, por lo general, alrededor de los dos o
los tres años e incluso antes, pero resulta
incómodo y manifiesto al comienzo de la escolaridad.
La descripción de estas conductas es
bastante característica. El niño "no
está un momento quieto", "no puede quedarse sentado",
y la actividad —que es extrema— no parece guardar
un propósito determinado. No es rara la
destructividad, y, en cuanto a la escuela, es imposible su
adaptación a ningún tipo de disciplina. Hay un constante tocar y manipular
objetos que, al fin, terminan rotos. El niño se
distrae con cualquier tipo de impresión por
irrelevante que sea, y es casi imposible hacerle mantener la
atención. Consecuencia lógica, la escolaridad y el aprendizaje
se resienten seriamente.
Es importante consignar que la gran mayoría de estos
niños no presentan trastornos neurológicos
conocidos, aunque pueda haber disfunciones perceptuales y
motoras. El problema máximo de diagnóstico se
presenta al tratar de diferenciarla del exceso de actividad
secundaría a la ansiedad o a la depresión. En este último caso,
va acompañada generalmente de miedos, preocupaciones,
trastornos del sueño o pesadillas. Con todo, es
imposible asegurar que la ansiedad no sea el verdadero motor
de la hiperquinesia. Tanto es así que Melánie
Klein ha sugerido cierta similitud con la esquizofrenia.
No es claro el futuro de estos niños librados de esta
suerte a sus propios recursos.
Lo cierto es que la hiperquinesia acarrea en potencia
la posibilidad de serias consecuencias respecto al desarrollo
de la personalidad, aunque antiguamente se creyese que esas
manifestaciones decrecían con el transcurso del tiempo
hasta desaparecer completamente en la adolescencia.
Los tics
Los tics consisten en la repentina, imperiosa e involuntaria
ejecución, a intervalos irregulares, pero
relacionados, de movimientos sencillos, aislados o unidos,
que, objetivamente, parecerían tender a un objetivo
concreto.
Meige dice que su ejecución va precedida, con
frecuencia, de una necesidad que, si se reprime, produce
malestar. La voluntad y la distracción pueden
suspenderlos, así como pueden desaparecer al
dormir.
El tic transitorio también se manifiesta con
movimientos motrices, recurrentes, involuntarios,
repetitivos, rápidos y sin propósito. Su
comienzo tiene lugar durante la infancia o la adolescencia, y
su duración mínima es de un mes, pero de no
más de un año. Desaparece durante el
sueño.
El tic más común es un parpadeo o un movimiento
facial, aunque también pueden verse afectados toda la
cabeza, el torso o las extremidades. Una persona puede tener
varios tics simultáneamente o en momentos distintos.
Su comienzo puede ser tan temprano como a la edad de los dos
años, pero es más normal en el periodo de
latencia, y aunque es un trastorno que no incapacita, puede
llevar al individuo a una disfunción severa y a
dificultades en sus relaciones sociales.
Este trastorno es tres veces más frecuente en los
varones que en las niñas, y aparece a menudo en
familias en que alguno de sus miembros presenta el mismo
síntoma.
El tic cróníco consiste en movimientos motrices
recurrentes, involuntarios, repetitivos, rápidos y sin
propósito que afecten a no más de tres grupos
musculares al mismo tiempo. La intensidad del síntoma
es constante durante semanas o meses, y los movimientos
pueden ser suprimidos voluntariamente durante minutos u
horas. Su duración mínima es de un año,
y el comienzo, por lo general, se presenta en la
infancia.
Los tics vocales se dan pocas veces. Son gruñidos u
otros ruidos causados por contracciones torácicas,
abdominales o diafragmáticas.
Aunque no conlleve incapacidad, el tic crónico puede
conducir a un trastorno severo y a un rechazo de la integración social. No se debe
confundir con el tic transitorio, ya que la duración
de éste es de menos de un ano.
La enfermedad de La Tourette consiste en movimientos motrices
recurrentes, involuntarios, repetitivos y rápidos, con
el agregado de muchos tics vocales. Los movimientos pueden
ser suprimidos durante minutos u horas, y su intensidad es
variable. Afectan generalmente a la cabeza, como
también a otras partes del cuerpo, torso y
extremidades superiores e inferiores. Los tics vocales
incluyen varios sonidos complicados, palabras o coprolalia
(manía blasfematoria). Desaparecen durante el
sueño y se atenúan mediante actividades
absorbentes. Con esfuerzo, se suprimen temporalmente.
Esta afección puede ir acompañada de otros
sintomas, como eco quínesia (imitación de
movimientos de alguien que está siendo observado),
palilalia (repetición de los últimos sonidos o
palabras de las frases), coprolalia mental (pensamientos de
palabras groseras, pensamientos obsesivos de dudas y
pensamientos compulsivos de tocar). También presentan
anomalías encefalográficas no
específicas, signos neurológicos leves e
hiperactividad manifiesta ya durante la infancia.
Los tics pueden aparecer tempranamente, a los dos
años, pero casi siempre antes de los trece. La
enfermedad es, por lo general, permanente, con
períodos de remisión o disminución
espontánea que fluctuaría en intensidad y
forma. Su desfavorable repercusión en la
relación social y laboral se
debe a la vergüenza que produce ante las reacciones
ajenas.
Es más frecuente en varones que en
niñas y entre las familias que ya lo han padecido.
Melanie Klein señala que hay una estrecha
conexión del tic con la personalidad total del
paciente, con su sexualidad
y con su neurosis,
pues, cuando la lucha del niño ante la
masturbación fracasa, pueden surgir como sustitutivos
otras descargas motoras, como es el caso de los tics.
Así, pues, el tic es un derivativo, con
fantasías masturbatorias ligadas a él; la
sublimación de dichas fantasías puede, en
consecuencia, hacerlo desaparecer.
Es frecuente que, en el período de latencia (hacia los
siete años, aproximadamente), aparezcan tics
transitorios. Posteriormente, si se dan interferencias o
experiencias traumáticas, sobre todo en la pubertad,
pueden convertirse en tics permanentes.
El término "trastornos del lenguaje" es utilizado
para diagnosticar a niños que desarrollan aspectos
selectivos en su lenguaje nativo en una forma lenta, limitada o
de manera desviada, cuyo origen no se debe a la presencia de
causas físicas o neurológicas demostrables,
problemas de audición, trastornos generalizados del
desarrollo ni a retraso mental.
Los distintos tipos de trastornos del lenguaje a menudo se
presentan simultáneamente. También se asocian con
un déficit con el rendimiento académico durante la
etapa escolar, problemas de enuresis funcional, trastornos del
desarrollo de la coordinación, con problemas emocionales,
conductuales y sociales (Dabbah, 1994).
Dislalia
Una forma de lenguaje aniñado" son las dislalias, es
decir, alteraciones de la pronunciación de las palabras,
que adquieren corrientemente un carácter fijo y que recaen
sobre una o varias consonantes. Las dislalias se consideran
normales en los primeros estadios del desarrollo del lenguaje.
Algunas de ellas son muy persistentes y no constituyen un
obstáculo real, como, por ejemplo, la sustitución
de la s por la z.
Hay padres que al hablar con sus hijos utilizan también
este tipo de lenguaje porque les hace gracia, por tratar de
identificarse con el niño o por el deseo inconsciente de
mantenerlos pequeños. A veces, los niños se
acompañan de un lenguaje gestual, y, al sentirse
comprendidos e imitados, no hacen ningún esfuerzo por
cambiar, hasta que más adelante, al relacionarse con otras
personas, comprueban que no se les entiende, como puede suceder
al ingresar en la escuela.
Este retraso debe considerarse de carácter afectivo, ya
que implica un cambio de la
articulación y de la tonalidad, que conserva un matiz
demasiado infantil sin que por ello se produzca una especial
distorsión.
La mayoria de niños con retrasos simples, es decir que no
obedecen a fallo de la inteligencia
ni a trastornos orgánicos, a los cinco años pueden
haber adquirido un lenguaje normal, aunque un examen minucioso
del mismo quizás mostrase dificultades que se
revelarán más tarde con los primeros aprendizajes
escolares.
De acuerdo a su etiología la dislalia puede ser
clasificada en:
Disartria
Son "los problemas de articulación del habla a
consecuencia de una lesión cerebral (quedan dañados
los nervios craneales) produciendo una parálisis o ataxia
de los músculos de los órganos fonatorios."
(Serón y Aguilar, 1992, p.290).
Además de los problemas fonatorios, el niño con
disartria presenta dificultades para mover los músculos
bucales en otros tipos de actividades, como masticar o deglutir.
El caso extremo es la anartria, en la cual el niño no
puede emitir correctamente ningún fonema.
La etiología debe buscarse en las posibles causas capaces
de dañar el sistema nervioso,
como puede ser un trauma craneo-cervical, un tumor del cerebro o
cerebelo y enfermedades infecciosas o degenerativas el sistema
nervioso.
Disfemia
La disfemia es "una disfluencia o dificultad en el flujo normal
del habla. Ocasiona repeticiones de sílabas o palabras o
paros espasmódicos que interrumpen la fluidez verbal",
(Serón y Aguilar, 1992, p.294); a las alteraciones del
habla se le suman, generalmente, manifestaciones de
tensión muscular como movimientos de manos, cierre de
ojos, gesticulación facial y movimientos corporales. Suele
aparecer a edad temprana (el 88% de ellas se presenta antes de
los 7 años) y es más común en los
hombres.
Para objetos de diagnóstico temprano, se debe distinguir
entre la disfluencia, característica de la tartamudez, y
la afluencia o no afluencia, la cual es normal en el desarrollo
de los niños. La primera se referiría a la
repetición de sonidos y sílabas y a prolongaciones
de ellos; la segunda, a la repetición de frases y palabras
y la revisión de frases e interjecciones.
Afasia
Se puede definir como "una alteración del lenguaje debido
a lesiones cerebrales producidas después de la
adquisición del lenguaje o en el transcurso del
mismo."(Serón y Aguilar, 1992, p.337). Es posible
señalar distintos tipos de afasia, de acuerdo a la
modalidad de expresión afectada, las cuales casi nunca se
encuentran en forma pura: oral, escrita, gestual y de
recepción. Para efectos de diferenciar la afasia de otros
trastornos, es preciso que exista una lesión del sistema nervioso
central que afecte al lenguaje, la cual se produce
generalmente en las áreas fronto-temporo-parietales del
hemisferio dominante- normalmente el izquierdo -, por una
encefalopatía, un accidente cardio-vascular, un TEC o un
tumor. Se considera afasia, con más claridad, cuando se
produce a partir de los 3 años de edad, aproximadamente.
La perdida de lenguaje es brusca y consecutiva a un periodo de
coma. En los primeros momentos el niño puede permanece
mudo, o emitir apenas algunas palabras. (Aidex, 2000a).
"La afasia infantil es un trastorno del aspecto emisor del
lenguaje. Para llegar a una mejor clarificación, la afasia
infantil ADQUIRIDA se sitúa entre el trastorno denominado
disfasia (anteriormente descrito) y un trastorno
específico del lenguaje. En el primero, el déficit
es en la estructuración del lenguaje, en el segundo, la
perturbación se produce en el inicio y en la
elaboración del lenguaje. "Esta afasia infantil adquirida
es la resultante de la aparición de una lesión
cerebral entre los dos - tres primeros años de vida."
(Serón y Aguilar, 1992, p.341). Se diferencia de la afasia
adulta por el tipo de desórdenes que produce y no tanto
por la lesión en sí, ya que en el niño
(dependiendo de la edad), al no estar totalmente elaborados los
esquemas neuro-lingüísticos, la lesión no
produce tanta alteración como en el adulto.
Tartamudeo
Otros trastornos referentes al lenguaje que pueden aparecer en
esta edad son el tartamudeo y el mutismo.
Se llama tartamudeo a la repetición o prolongación
de sonidos, sílabas o palabras, o bien dudas no usuales y
pausas, que rompen la fluidez rítmica del lenguaje.
En ocasiones puede ir acompañado de tensiones visibles en
la cara o en todo el cuerpo, como parpadeo ocular, temblores de
los labios o de la mandíbula, tics y movimientos de
cabeza.
Existen dos tipos de tartamudez: la clónica y la
tónica. La tartamudez clónica tiene por
característica la repetición de fonemas,
especialmente la del primero emitido, e incluso a veces la
repetición de un fonema parásito. La tartamudez
tónica se caracteriza por un paro en la emisión
acompañado de movimientos y de reacciones emocionales.
Los tartamudos pueden disponer de un lenguaje muy rápido o
muy lento, cambios en la vocalización, inflexión
inapropiada ó falta de variación en el tono.
Es de resaltar que el tartamudeo no se suele producir cuando el
niño canta o habla con objetos inanimados o animales, y
que a veces sólo se da con determinadas personas, lo que
indicaría las dificultades emocionales de relación
del niño con dichas personas.
La edad de aparición es variada, pero hay edades cruciales
como a los tres años y medio y entre los cinco-siete
años, pero casi siempre antes de los doce años.
Su comienzo suele ser gradual o a través de dificultades
ocasionales, cuya causa puede encontrarse en una exigencia de
comunicación inicial o cambios importantes en la vida del
niño (nacimiento de un hermano, separaciones, entrada en
la escuela, etcétera).
En un principio, el niño puede no percatarse de su
tartamudeo, pero a medida que éste progresa las
repeticiones se hacen más crónicas y alcanza a la
mayoría de las palabras. Así es como el niño
toma conciencia de sus
dificultades para hablar en situaciones específicas; es
entonces cuando empieza a asociar sus dificultades con palabras,
frases o situaciones concretas que tratará de evitar, ya
que le pueden acarrear complicaciones de tipo social o de
conducta, tales como convertirse en objeto de burla, lo que
dificultará su relación con los demás. No
obstante, se trataría de casos severos en los que el
niño vive con mucha angustia la posibilidad de
tartamudear.
La tartamudez es un trastorno más frecuente en los varones
que en las niñas con incremento de la incidencia de
tartamudos entre familiares próximos.
El psicoanálisis explica las causas
psicológicas de este síntoma relacionándolas
con el momento evolutivo del niño.
Hacia el tercer año, el niño se hace muchas
preguntas, una de las cuales es la diferencia de sexos. La
adquisición del lenguaje le ha de permitir la posibilidad
de contestar a sus preguntas, y esta adquisición
dependerá, a su vez, de las primeras respuestas que le
hayan dado las personas interrogadas.
Guy Rosolato dice al respecto: La determinación sexual
corre paralela con lo prohibido, con la prohibición del
incesto. Esta prohibición pertenece al área
simbólica, pone la sexualidad bajo su índice. En
este sentido, toda satisfacción se halla ligada a la
negación (el "no" de la prohibición) y al sistema
de lenguaje que prevalece en la relación con los
padres.
La época del "no" del niño pequeño
señala que éste ha integrado la prohibición
del incesto; sin embargo, el niño tartamudo choca con esta
negación y su deseo inconsciente no lo admite.
Las palabras se convierten, para el tartamudo, en objetos
destructores, cargados de agresividad. Hablar es nombrar su
deseo, y debe defenderse de él ante cualquiera que le
escuche. Así, el tartamudo se siente desdichado por el
hecho de no poder expresar aquello que querría tener
derecho a decir, pero, al mismo tiempo, su tartamudez lo
tranquiliza, lo que explica que muchos tartamudos se aferren a su
síntoma, pues, como dice Fenichel, la meta es
impedir la manifestación directa de la agresividad por
medio de las palabras, a las que dan un valor
mágico.
Melanie Klein afirma que la tartamudez es una prolongada lucha
entre las posiciones pregenital y genital de la libido. Esta
lucha, que se da entre el tercer y el quinto año de vida,
aparece como manifestación del complejo de Edipo. El
tartamudo no escapa nunca a esa contienda: está encerrado
en ella y se desvía hacia posiciones obsesivas que le
permiten superar la
angustia.
La madre del tartamudo quiere, a nivel inconsciente, mantener al
niño en dependencia total respecto a ella; teme la
autonomía del niño tanto física como
psíquicamente, ya que la vive como una gran
pérdida.
Una característica de los tartamudos es su pasividad
externa, entregados como están a racionalizar todos sus
movimientos
interiores.
No se debe confundir el tartamudeo con la disfonía
espástica, que es un trastorno de la voz, ni con el
Íarfulleo, que se caracteriza por un ritmo tan
rápido del lenguaje que rompe su fluidez.
Según la severidad del síntoma, puede darse una
curación espontánea, especialmente en los
pequeños y en aquellos casos en que su aparición
viene dada por un momento muy angustioso del niño que
encuentra solución. En otros casos, requiere ayuda
específica, ya que es un trastorno acompañado de
mucha ansiedad y que está actuando como síntoma de
situaciones inconscientes. Para su resolución, es
necesario que el niño pueda conectar con su angustia
primitiva a fin de que supere el tartamudeo como síntoma
desplazado de la verdadera causa.
Mutismo
Se considera que un niño está afectado de mutismo,
cuando, después de haber adquirido la capacidad de hablar,
según corresponde a su edad evolutiva, deja de hacerlo.
Así, pues, no se considerarán afectados de mutismo
aquellos niños que nunca hayan emitido sonido alguno o
que no hayan desarrollado un lenguaje de acuerdo con su edad.
Pueden distinguirse dos tipos de mutismo: el total y el
electivo.
Sin embargo, debe quedar claro que su mutismo no se debe
a insuficiencias orgánicas ligadas a la emisión del
habla.
Este tipo de trastorno se suele dar en niños muy
tímidos y susceptibles, a quienes les gusta aislarse.
También presentan dificultades de separación de la
madre, lo que puede dar lugar, al ingresar en la escuela, a una
fobia o a un rechazo escolar, ya que allí se verá
instado constantemente a hablar.
Hay otros trastornos que pueden acompañar a los
niños afectados de mutismo, como son enuresis, encopresis,
rasgos compulsivos exagerados, negativismo, rabietas y otras
conductas de carácter oposicional y controladoras. Este
tipo de comportamientos se suelen dar en casa.
Generalmente, la edad de comienzo del mutismo es antes de los
cinco años, y normalmente se identifica como tal cuando el
niño acude a la escuela. Hay una variable, sin embargo,
que tiene lugar en la adolescencia.
Aunque es un trastorno raro, se ha señalado que es
más frecuente en hembras que en varones. Por lo general no
se da en hijos únicos o en el primer hijo, y los hermanos
están raramente afectados. Su frecuencia es mayor entre
familias inmigrantes, sobre todo cuando se trasladan a un lugar
de lengua diferente y la madre se queda en casa y está
aislada. Esto puede acarrear mutismo al niño, señal
de que no ha podido elaborar el cambio y que no se siente
suficientemente independiente de la madre.
Otros factores susceptibles de conducir al niño al mutismo
electivo son traumas físicos o emocionales precoces en
relación con la boca, así como
hospitalización precoz, desavenencias familiares mientras
el niño está más unido a uno de los padres,
(generalmente, la madre), etcétera.
Una relación sobreprotectora y ambivalente por parte de la
madre conduce al niño a una dependencia alimentaria y a
una necesidad de control materno, mientras que el padre puede
mostrarse pasivo o carente de interés. Cuando la familia
utiliza el silencio como signo hostil y de control, el
niño es entonces la muestra de esa incomunicación
familiar.
Este trastorno llega a combinarse con perturbaciones de otras
áreas no verbales, en las que es necesaria la
espontaneidad, como lo es el juego.
No se debe confundir el mutismo electivo con trastornos de
lenguaje por retardo mental o cualquier otra anomalía
física. Tampoco se considerarán mutismo aquellos
casos en que haya un estado depresivo grave, problemas de
ansiedad, de adaptación, etcétera. Aunque en todos
estos casos pueda darse mutismo, éste será
consecuencia de otros problemas y se presentará como un
síntoma más, en tanto que el mutismo propiamente
dicho es la persistencia del rechazo al habla.
Así, pues, el mutismo es una reacción defensiva o
agresiva, o de temor en los niños tímidos, ante
ciertas personas.
No hay que olvidar que, detrás de este síntoma, se
halla una personalidad extremadamente trastornada no sólo
en los casos de mutismo psícótico, sino
también en determinadas modalidades de mutismo electivo
que pueden ocultar una organización neurótica.
Autoerotismo
Entre el primer y el segundo año de vida del niño,
el orificio anal, y el consiguiente interés por lo que
contienen los intestinos, aparece como el núcleo de la
gratificación erótica. Gratificación que
viene determinada por la evacuación de los contenidos
intestinales y por la excitación de la mucosa anal. Otro
momento, posterior a éste, pero dentro del segundo
año, es el de la retención de las materias fecales,
que produce placer por cuanto tiene de control, por parte del
niño, de lo que considera sus posesiones.
También en esta edad los contactos con la piel, las
fricciones y las cosquillas provocan en el niño
sensaciones eróticas.
Hay toda una serie de factores que pueden interferir en el
desarrollo de las actividades autoeróticas, haciendo que
se mantengan mucho más tiempo del habitual, que no se
avance hacia nuevas formas de gratificación o que se
retroceda a formas anteriores y más primitivas. Tales
factores serian, entre otros, una hospitalización, la
separación de los padres, el nacimiento de un hermano,
etcétera.
Masturbación compulsiva
La masturbación es, en el niño, una actividad
normal que puede comenzar tempranamente, en tanto funciona como
descarga de la ansiedad. En el niño pequeño es, a
menudo, inconsciente, sobre todo entre las niñas.
El agobiante sentimiento de culpa que experimenta el niño
frente a sus actividades masturbatorias explica las tendencias
destructivas —en el terreno de las fantasías—
que pueden acompañar a la masturbación. Esto hace
que, en muchos casos, el niño abandone totalmente dicha
práctica; si es así, puede aparecer una fobia, o un
sustituto motor, como es el caso de los tics.
La masturbación compulsiva es, en cambio, una
manifestación de conflicto, cuya seriedad está
determinada por la intensidad y el tipo de ansiedad que la
motivan. Generalmente, es un síntoma más de la
neurosis obsesivo-compulsiva, pero puede haber un fondo
psicótico en el niño que presenta este trastorno.
En todo caso, la masturbación compulsiva va
acompañada de intenso sufrimiento mental y de acusados
sentimientos de culpa que significan —a cualquier edad que
suceda— un grave impedimento del desarrollo de la
personalidad.
Niños indiferentes al Afecto
Son niños que al parecer, no se impresionan por nada. No
hacen caso de las advertencias o consejos de sus padres y
educadores. Incluso los castigos les son indiferentes. Parece
como si no tuviera el sentido de la obediencia, del amor propio o
la responsabilidad.
Se diría que son insensibles pero no es así. Lo que
ocurre es que la personalidad del niño ha formado una
especie de coraza protectora de insensibilidad, que es una
defensa para no sufrir, para no darse cuenta del miedo y la
inseguridad que sienten en lo profundo del alma. Como causa de
este trastorno encontraremos que siempre que el niño se
siente o se ha sentido incomprendido, o bien que ha sufrido malos
tratos por parte de sus padres, tutores, maestros u otras
personas, especialmente padrastros o maestros.
Una vez formada esa coraza de insensibilidad cuesta librar al
pequeño de ella. Hay que tratarlo con comprensión
ya amor durante bastante tiempo, par que de nuevo su personalidad
se vaya abriendo poco a poco a las palabras y afecto de cuantos
lo rodean. Pero mientras el niño no esté
completamente libre de inseguridad y miedo tendrá
nuevamente tendencia a encerrarse en sí mismo y parecer
insensible.
Timidez en los niños
Son los niños encantadores, trabajadores, pero que cuando
vienen visitas a casa no saben donde meterse. Utiliza mil excusas
para no salir a saludar y cuando no le queda más remedio
que hacerlo, tiembla como un flan actúa torpemente y se
queda parado en un rincón sin abrir la boca.
En el colegio le ocurre lo mismo incluso llega a no decir la
lección al profesor, por vergüenza. Otros chicos
hablan entre sí en el recreo, el prefiere observar sin
atreverse a participar, aunque confiesa que le gustaría
hacerlo.
Los síntomas más frecuentes cada vez que estos
niños hablan con otras personas son:
Causas
Las causas más comunes pueden ser:
Celos en los niños
Los celos aparecen en los niños sobretodo cuando creen
perder el cariño de uno de sus seres queridos, mediante la
aparición de terceras personas, animales o cosas. Estos
casos suelen darse cuando hay hijos únicos y se da la
llegada de un hermanito.
Los celos pueden manifestarse de diferentes formas en los
niños. Así tenemos:
Cómo corregirlo:
Niños Egocéntricos
Son niños que se consideran el centro del mundo, de quien
todos deberían estar pendientes. Por eso cree merecer
más atenciones que los demás y procura lograrlas
del modo que sea, incluso a veces fingiendo estar enfermo, y
así logra que los demás se ocupen de él.
Estos niños solo miran su propia conveniencia, y suelen
estar alegres cuando les dedican todas las atenciones. Cuando
algo les sale mal o los demás se olvidan de ellos
enseguida se enfadan o entristecen, de aquí que cambian a
menudo de humor ya que siempre están pendientes de los
demás y de las cosas exteriores.
Causas
Esto suele presentarse en hijos únicos, ya que ellos son
atendidos con mucho cuidado, sobretodo cuando su
concepción ha estado sujeta a miles de tratamientos, pues
suelen brindarles las mayores atenciones.
También es una causa la mala educación impartida
por sus padres, al enseñarles a ser egoístas y no
compartir sus cosas con los demás.
Los niños adoptados por matrimonios que debido a
esterilidad no pueden concebir hijos y sus cuidados se centran en
el hijo enseñándoles que todo lo que les rodea
está dirigido hacia ellos.
Niños tercos y caprichosos
Son especialmente frecuentes entre los dos y los cinco
años, pero pueden presentarse también en otras
épocas. Se presenta en niños que no están
bien educados, en los cuales es fácil que en ciertos
momentos en que se les contradice o algo no le sale como el
quiere, tenga accesos de furia, rabietas que son como crisis de
gran excitación nerviosa. Con estas crisis el niño
pretende en muchas ocasiones asustar un poco a los padres para
que les concedan lo ellos desean. Otras veces son simplemente
señal de protesta contra el mundo que le rodea porque no
consigue sus objetivos más o menos egoístas.
Los niños propensos a estas crisis suelen ser de
carácter egoísta y más o menos
histéricos, con defectos de educación.
También los niños bien educados pueden tener
excepcionalmente alguna rabieta. Entonces suelen ser debidas a
alguna indisposición que les produce una mayor
irritabilidad nerviosa, por no haber dormido bien o por estar muy
cansadas, etc.
Durante las rabietas los niños suelen gritar y llorar con
fuerza. Pueden llegar incluso a intentar pegar a sus padres o
superiores. Es frecuente que tiren objetos al suelo, otras
veces desahogan rompiendo a puntapiés un juguete que se le
había regalado recientemente.
Si el niño ha sido bien educado y excepcionalmente tiene
rabietas, debemos limitarnos a tranquilizarlo con palabras suaves
y cariñosas intentando convencerlo que aquello que le ha
pasado no tiene importancia y se puede arreglar.
Pero si el niño repite la crisis muy a menudo y dura
bastante rato es mejor consultar a un médico, pues puede
ser que algo o alguna enfermedad esté excitando sus
nervios.
No es recomendable castigar al niño durante la crisis pues
así no resolveríamos nada . Lo correcto es
averiguar la causa de la excitación nerviosa y
suprimirla.
Niños insolentes y agresivos
Son niños con impulsos destructores, por lo general rompen
todo lo que cae en sus manos: juguetes, papeles, cuadernos,
etc.
Cuando no son observados rayan, los muebles, insultan a conocidos
y desconocidos y hasta a sus propios padres. Cuando estos se
enfadan su agresividad se vuelve aún más violenta,
se han visto casos de que los hijos han sido regañados por
uno de sus padres y han intentado hasta de responderles.
Los casos expuestos son bastante frecuentes algunos de estos
niños padecen de cierto retraso mental y por ello ven mas
que sus propias ideas perturbadoras de agresividad.
Estos niños están predispuestos a enfermedades que
perjudican los nervios irritándolos y
debilitándolos, como infecciones, meningitis,
envenenamiento, etc.
Causas
Una de las causas principales de este trastorno es que los
niños se desarrollan en un ambiente donde la violencia es
algo cotidiano o una forma de autodefensa.
También la causa radica en la inseguridad que determina el
miedo que conduce al niño a una actitud de defensa
exagerada que aboca al odio y agresividad. Pues el niño
siente la necesidad y defenderse atacando es como un instinto que
le induce a destruir todo y cuanto hay a su alrededor para
conseguir una sensación de seguridad y poder.
Por ello en muchas ocasiones se hace indispensable la consulta
psicológica.
Ataques premeditados – Niños Crueles
Son impulsos agresivos crueles y egoístas que van unidos
al placer y la satisfacción. Este caso puede presentarse a
partir de los 4 años, en la cual el niño busca
sensaciones nuevas, satisfacer sus deseos.
Por lo general son chicos carentes de afecto por lo cual es la
principal causa de que ellos se formen así, ya que
provocan una desconfianza de tipo paranoide, enojo, rechazo
materno o paterno, ya que siente que ha sido olvidado o sacado
del ambiente familiar.
La explosión destructora y agresiva se calmarán
cuando el niño puede conectar su agresión con la
persona que siente lo ha frustrado.
Niños irritables
Son niños que se enfadan de sobremanera cuando se le priva
de cualquier cosa aunque tal privación esté
plenamente justificada.
Por cualquier contrariedad grita y llora de un modo
desproporcionado a la causa. Cambia de humor sin suficientes
motivos y no tiene el menor control sobre sus nervios.
Le cuesta mucho dormirse. Sufre con frecuencia sueños
intranquilos, pesadillas, sobresaltos y terrores nocturnos.
Los pequeños con este trastorno se hacen más
irritables de lo normal y disminuye el poder de control de la
voluntad sobre las emociones.
Causas
Por ejemplo: Veamos lo que le sucedió al
niño Pepito, cuando se acuesta y no logra conciliar el
sueño. Al cabo de un rato entra su madre y al ver que
aún no se ha dormido le dice enfadada:
"¿Cómo todavía sin dormir?
¿qué estás esperando para hacerlo?
¡Duérmete enseguida!". Estas palabras son
perjudiciales, pues hace que el niño fije aún
más su atención en el hecho de no dormir,
aumentando su excitación y dificultad de conciliar el
sueño.
Por eso tanto a este trastorno como a muchos trastornos
nerviosos, no hay que darle importancia delante del niño,
de lo contrario constituirían un nuevo motivo de
preocupación para él, aumentando su inquietud y lo
que se busca es difundirle la tranquilidad para que puede
normalizarse.
Niños tristes
Son niños que apenas ríen. No tienen alegría
natural tan propia de la infancia.
Buscan la soledad, y si son regañados por sus padres
lloran desconsoladamente durante mucho rato.
Todo esto sucede debido a que el niño se siente
desamparado, tiene poca seguridad y confianza en sí mismo.
Apenas juega con otros niños, es miedoso, pesimista,
parece preocupado. Es tímido y apocado. Les falta la
alegría de vivir.
No olvidemos que el niño sano tiene que ser alegre, riendo
con facilidad y expresando toda la poderosa energía vital
que encierran.
Causas
Así pues la presencia de una persona que le brinde amor, confianza y tranquilidad es indispensables para poder superar este trastorno.
Depresión en los niños
"Nadie me quiere", es una queja común en la niñez
intermedia, pero la falta de amigos es sólo una
señal de la depresión infantil.
Otros síntomas son la incapacidad para divertirse y
concentrarse, fatiga, actividad extrema o apatía, llanto
problemas de sueño, sensación de menosprecio,
cambio de peso, afecciones físicas o pensamientos
frecuentes acercad e la muerte.
La persistencia de cualquiera de los síntomas por
más de dos semanas puede indicar depresión. De ser
así el niño debe recibir ayuda psicológica,
no sólo en busca de alivio sino porque con frecuencia la
depresión infantil es el comienzo de un problema que
persiste hasta la edad adulta.
Este problema es relativamente raro entre los niños, y
cuando se han presentado lo hacen generalmente en edad
escolar.
Causas
Su causa es que lo más probable existan antecedentes
familiares depresivos.
Tratamiento
Intento de Suicidio en los
niños
El suicidio ha aumentado en la infancia al menos con los varones.
Con frecuencia los suicidios están precedidos por
trastornos recientes en la conducta del paciente, por ejemplo:
alteraciones del humor, bajo nivel de autoestima, trastornos del
sueño y apetito, faltas escolares repetidas,
depresión, etc.
Así pueden deben considerarse posibles indicaciones de un
futuro intento de suicidio en frases como: "Desearía no
haber nacido" o "Me gustaría dormir y no despertar
jamás".
Causas
Entre los factores predisponentes del suicidio
destacan:
Entre los factores desencadenantes del suicidio destacan las pérdidas:
Todas éstas son algunas de las causas que llevan
al paciente a sufrir una sensación fulminante de falta de
dirección en la vida.
Por eso el médico o parientes cercanos al niño con
este trastorno nunca deben intentar animar al paciente antes de
comprender las circunstancias que han contribuido a originar la
situación, pues ello minaría su credibilidad.
Una de las respuestas negativas o de poca ayuda por parte de los
padres del paciente son respuestas humillantes o repulsivas pues
solo causarían más daño que restaurar su
equilibrio
emocional desde el seno de la familia.
Angustia y Ansiedad en los niños
Los niños hasta una cierta edad (8 meses) es
fácil dejarlo al cuidado de un conocido o de una nueva
niñera. Pero pasado este tiempo el niño se
queja cuando no ve a sus padres o seres más cercanos.
Ésta angustia es considerada un aspecto fundamental en
las áreas emocionales y cognoscitivas. Sin e mbargo
una investigación reciente sugiere que este
fenómeno depende principalmente del temperamento del
bebé y las circunstancias de la vida.
Entonces podemos decir que la ansiedad por separación
es la incomodidad que manifiesta un infante cuando alguien
conocido y a cargo de su cuidado, lo deja.
También podemos observar este trastorno en el momento
en que los niños ingresan por primera vez a la escuela
o nido, ellos sienten esta angustia al ver que son alejados
de sus padres para ser puestos en un grupo de
niños y personas que el desconoce. Esta
condición afecta a casi el 4% de los niños y
puede persistir hasta la época de estudios superiores,
cuando esa etapa en su vida deja una marcada huella en
ellos.
Cuando la edad del niño comprende 3-9 meses es
fácil acercársele pues ve a todas las personas
amigables, sonríe y hasta se deja tocar por personas no
tan cercanas a él. Sin embargo pasada esta edad cambian
pareciendo un bebé diferente. Ahora si una persona
extraña se acerca, este se queda quieto y rompe en llanto.
Estas actitudes del niño reflejan el reconocimiento y
vínculo afectivo con la madre o familiares de su
entorno.
Según últimas investigaciones revelan que estas
actitudes son variables ya
que si observamos a niños que se desarrollan en un
ambiente donde por lo general circulan muchas personas
desconocidas, el niño empezará a habituarse
más que otros. Un factor que afecta la reacción de
un bebé ante un extraño es la manera de actuar de
quien lo cuida ante la nueva persona.
Por ejemplo: cuando la madre de Ellen los visitó
después de no haber visto a la familia durante 7 meses,
Ellen estaba deseosa de saludarla. Resultó evidente que el
bebé decidió que esta extraña era una
persona en la que podía confiar y pronto quiso estar en
los brazos de su abuela.
Miedo en los niños
Los orígenes del miedo infantil son numerosos, entre los
cuales recitaremos los principales:
Es importante los mecanismos de la personalidad
infantil.
Si el miedo llega a invadir toda la personalidad puede
empezar que el niño tenga miedo al "lobo feroz" o al
"coco" y de mayor sienta miedo inmotivado al trabajo,
compañeros, mujeres, etc. el miedo puede servir para
domar animales que carecen de razón, aunque podamos
encontrar animales que no necesiten de este
método.
El niño es un ser indefenso y no conoce la
malacia de algunos humanos.
Así pues se pueden formar los chicos huraños
que temen a las personas, que se esconden tras la falda de su
madre al ver a un desconocido y se apartan cuando éste
intenta hacerles algunas caricias.
El castigar y golpear al niño por cualquier
motivo sólo consigue que le pequeño se vuelva
temeroso y se encierre en sí mismo.
Hay niños víctimas de malos tratos que cada vez que
ven a alguien acercándoseles huyen o adoptan una actitud
defensiva.
Aconsejamos entonces a todos a nunca dejarse llevar por la
irritación cada vez que un niño se porta mal.
Debemos pensar que la mayoría de travesuras las hacen
inocentemente sin darse cuenta de que molestan a los
demás.
Conclusión
El miedo constituye una sensación natural en todo
niño que crece y se desarrolla. Ahora bien lo que si puede
conseguirse es evitar que el niño crezca exageradamente
miedoso y que sienta miedo por cosas que no tienen porque
infundir temor al pequeño.
Otra medida de excelentes resultados es proporcionarles siempre
confianza a los pequeños adoptando una actitud seguridad y
protección frente a ellos.
Fobias en los niños
Las fobias son el temor en exceso que tienen algunos niños
por algún animal, objeto, persona, etc
En la mayoría de los casos es debido a las malas
experiencias tenidos con ellos, también en otras
oportunidad son fobias causadas por padres inconscientes quienes
le infunden miedo para que de alguna manera "puedan manejarlos" o
"poder corregirlos".
Por eso es frecuente en muchas familias escuchar frases como:
"No llores porque viene un ratón y te come"
"La bruja te está mirando si sales a la calle" o "ese
viejito que carga costales se lleva a los niños
traviesos".
Estas son circunstancias que en algunos niños con
sensibilidad excesiva o muy emotivos suelen crear en sus mentes
las fobias o terror en exceso de algunas cosas.
Las obsesiones son impulsos o ideas irresistibles más
fuertes que la voluntad y la razón. Es decir son ideas
perturbadoras que obligan a la persona a hacer algo que ellos no
quisieran. Ejemplos de obsesiones frecuentes son:
Hay muchos grados de obsesión desde los casos
ligeros hasta los más graves en que el niño se
siente impulsado de modo irresistible a robar, a escaparse de la
casa, a martirizar a los animales, etc.
Estos son problemas es los cuales se necesitaría la
asistencia de un psicólogo para que nos brinde la ayuda
correspondiente para la solución a estos casos.
Abulia
Son niños sensibles e inteligentes, pero cuya conducta no
siguen la línea determinada, ya que se deja arrastrar por
impulsos momentáneos.
Una de las manifestaciones es ver a un niño que emprende
un juego o trabajo y lo dejan al poco rato sin terminar, para
comenzar otra cosa. Son inconstantes y variables. No perseveran
en nada. Nunca están seguros de lo que quieren o deben
hacer. Se distraen enseguida. Les falta voluntad para cumplir lo
que se les ordena.
Los niños con este problema son criaturas con un sistema
nervioso débil o quizá que la educación que
le da sus padres no es la apropiada, y aunque parezca no de mucha
importancia, son experiencias que poco a poco van dañando
su desarrollo, por lo cual son motivos para ver en un futuro a
jóvenes sin trabajo estable o no llegan a terminar ni
siquiera carreras técnicas.
Niños distraídos
Si nuestro niño fuera distraído no
deberíamos limitarnos a la conformidad diciendo: Cuando
sea mayor ya se fijará tiene pájaros en la cabeza o
sólo piensa en jugar estas y otras frases por el estilo
que nada resuelven Lo primero que debemos de hacer es saber
¿por qué nuestro hijo es distraído tal vez
porque su desarrollo mental está algo retrasado ya que la
atención se va desarrollando gradualmente y al
compás de la inteligencia recordemos que el súper
dotado también puede ser causa de distracción para
algunas cosas. Conocemos casos de niños que son verdaderos
artistas precoces, pero para las cosas de la vida diaria tiene
muy poca memoria, no saben que día es, olvidan la hora de
comer, etc.
Las malas condiciones externas también es un motivo por el
cual el niño puede ser distraído ya que para
él, mas que el adulto, necesita un mínimo de
comodidades para encontrarse bien y aprender con
gusto.
Defectos de la vista
Es una causa bastante frecuente, pues el niño un rato hace
que lee otro mira la pizarra y se queja de dolores de cabeza y
ojos. Afortunadamente hoy en día pueden corregirse
perfectamente los defectos de la vista.
No hallarse en la clase
Que le corresponde ya que la escuela es el lugar donde se nota la
distracción. Observamos en niños que no asisten a
la clase que le corresponde según su desarrollo
intelectual niños van demasiado adelantado y suelen
distraerse porque no entienden bien lo que se les explica en
clase. Otros niños asisten a una clase demasiada atrasada
para ellos y también suelen distraerse por que saben ya lo
que se les explica y se aburren al oírlo
repetidamente.
El exceso de tareas
Se muestran distraídos cuando los profesores los llenan de
tareas pues comienza a presentarse el cansancio mental.
Así pues si el niño es distraído, debemos de
averiguar si las tareas que les imponen en la escuela son
excesivas para sus facultades y actitudes.
Falta de juego y distracciones sanas.
Son muchos los niños que no juegan lo suficiente ya sea
porque tienen que trabajar, ayudar en casa, cuidar al hermano
menor, etc. Esto se hace que no haya un equilibrio entre el
estudio y los juegos, por eso suelen distraerse cuando
están en clase, cuando comen, etc.
Las discusiones entre padres
Hace que el niño a menudo se sienta inseguro y temeroso
por lo que pueda estar pasando en su casa, o si papá
vendrá molesto del trabajo, o si mamá se irá
de nuevo donde la abuela. Todos estos hechos distraen su
atención ya sea en la escuela, hogar o comunidad.
Estos son unos de los tantos motivos que por lo general causan la
distracción no sólo en niños sino
también en adolescentes y porque no, también en
adultos.
Niños Perezosos
El niño perezoso es aquel que manifiesta una incapacidad o
una resistencia
frente a los casos normales que se exigen de él. Al decir
normales queremos significar que son cosas que, generalmente, no
ofrecen dificultad para los demás niños de la misma
edad.
El chico sano y bien formado es muy activo, y le atrae toda
actividad que signifique un ejercicio de sus facultades en
desarrollo.
La pereza es, por lo tanto un trastorno cuyas causas hay que
descubrir para poder suprimirlas.
Primera hay que fijarnos en una cosa ¿es el niño
perezoso para todo o sólo para ciertas cosas? Pues puede
que esté presto para jugar y correr es, en cambio,
perezoso para los deberes escolares.
Esto es lo más frecuente. Si nos preguntamos ¿a
qué se debe? Puede ser que la enseñanza no se le haga interesante, le
aburre o la encuentra pesada y desagradable. Todo esto debido a
que quizá la enseñanza que recibe no sea la
más adecuada para la mentalidad del niño, ya que
son muchos los profesores que logran hacer que la
enseñanza sea eficaz y agradable al mismo tiempo,
sobretodo en pequeños que necesitan escuchar algo que les
ayude a recordar con facilidad y sobretodo con mucho gusto la
clase enseñada.
Por ejemplo: Pedrito es un niño inseguro y temeroso, sus padres en lugar de animarlo y alentarlo cometen el error de desanimarlo poniéndolo en ridículo cada vez que hace algo mal. El niño o sufre cuando se equivoca y para evitar esos sufrimientos se volviendo cada vez más perezoso, como un mecanismo de defensa para no sufrir. Lo regañará por perezoso pero no le podrán decir que es tonto, que es lo que más hiere su sensibilidad.
Sólo nos queda averiguar la causa de la pereza. Si es causada por enfermedades hay que hacerle ver con especialistas, y se debe a cambio que se operan en el niño, durante el crecimiento y tendremos que respetar es esfuerzo del organismo.
Rechazo escolar
Este sucede cuando el problema radica en la escuela pues puede
presentarse un maestro sarcástico, una niña en el
patio de juegos, demasiado trabajo o abuso de niños
mayores.
En este caso puede ser necesario un cambio de ambiente. Los
niños que tienen este desorden tienden a ser estudiantes
promedios o buenos.
Así que es mejor conversar con el niño o maestros
para ver cual es la causa de su rechazo ya que su conducta parece
normal.
Fobia escolar
La fobia de los niños parece relacionarse más con
el miedo de los niños por dejar a la madre que por el
miedo a la escuela. Este caso puede manifestarse cuando el
niño despierta por la mañana quejándose de
náuseas, dolor de estómago de cabeza.
Poco después de haber recibido autorización para
quedarse en casa, los síntomas desaparecen.
El problema en sí, es cuando el niño aumenta su
inasistencia a la escuela, se vuelve tímido e introvertido
por no desarrollarse normalmente con niños de su misma
edad. En este caso, es mejor consultar con un especialista para
ver la manera de cómo ayudar a disminuir este
temor.
Niños indisciplinados
Son casos producidos por una mala educación por exceso de
severidad y malos tratos o por el efecto contrario (exceso de
mimos)
Hay también en la actualidad personas que fueron educados
desde niños con ese rigor excesivo y cuando han tenido que
educar a sus hijos han caído en la formación de
niños excesivamente bruscos, irrespetuosos y groseros en
pocas palabras: niños mal educados.
Entonces debemos tener en cuenta que el exceso de modales como su
falta perjudican al niño.
La mejor forma de enseñar los buenos modales a los
niños es comenzar a respetar a los demás para que
sean respetuosos con nosotros mismos es recomendable que si el
niño comete alguna indisciplina, no dramaticemos por ello
y menos en presencia de otras personas. Hay que limitarnos a
dirigir una mirada de desaprobación o unas breves
palabras. Luego cuando se esté solo con el niño
decirle que su comportamiento fue algo desagradable pero nunca
decirle que fue malo, todo esto debe hacerse sin resentimiento.
Ayuda mucho al niño ir de visita con los padres, visitar
jardines de infancia, quedarse solo en una casa extraña,
fiestas infantiles etc. Todo esto con el objetivo de preparar al
niño para el trato con los demás, sin tener o
causar conflictos o problemas.
Niños introvertidos
El niño introvertido tiene pocos deseos de
relación social, gusta de la soledad y prefiere de la
compañía de otro más pequeño o
menos dotado.
Tiene una apariencia fría y distante, y no le preocupa
su aislamiento.
Siente con frecuencia, atracción hacia un adulto y
evita generalmente las actividades competitivas como los
deportes.
A veces se muestra irritable, sobretodo cuando se le exige
una relación social. Es sensible a la crítica y
puede tener botes de conducta extraña o agresiva.
Aunque no pierde la capacidad de reconocer la realidad puede
mostrar preocupaciones poco comunes, como la violencia o los
fenómenos sobrenaturales.
El curso de a enfermedad no es claro. Unos progresaron hacia
la socialización al llegar a la
adolescencia, mientras que en otros puede persistir el
aislamiento y retraimiento. Debido a este carácter, es
posible que presente problemas en el aprendizaje escolar. Se
admite que la introversión es más frecuente en
el varón y generalmente no se manifiesta con claridad
hasta los 5 años.
No se debe confundir con la timidez, ya que ésta se
manipula deseos de participación social.
Niños extrovertidos
Son niños muy comunicativos, tienen facilidad para
expresar o que sienten. Les gusta estar siempre dentro de
grupos, pues siempre están en busca de
compañía, detesta la soledad.
Participa en cada actividad que se presente sobretodo en la
escuela, siempre están dispuestos a prestar ayuda en
lo que puedan.
Expresan sus ideas sin temor a equivocarse, ya que son
seguros de lo que piensan. Suelen enfadarse como todos los
niños tal vez gritando, pero pronto se les pasa el
enfado y vuelven a ser como antes.
Son niños muy activos y
por lo general más despiertos que otros niños
de su misma edad.
Niños víctima de los demás
Son aquellos niños que son tomados como puntos de
burla, explotación, corrupción, etc.
Este trastorno se debe a que el niño presenta baja
autoestima o quiere integrar un grupo en el cual no es
aceptado, pueden ser niños abandonados que no tienen
donde ir y se integran a pandillas con el propósito de
subsistir.
También observamos casos en que el niño es
utilizado para cometer fechorías y actos corruptos
como la venta y
distribución de drogas,
robos, etc. La causa de este trastorno se debe al hecho de
depender de personas mayores, y son ellos quienes dirigen sus
actos y se aprovechan de sus condiciones para explotarlos a
cambio de un plato de comida o un techo donde vivir.
Otro caso es el de los niños explotados quienes son
llevados a trabajar a las minas aprovechando su potencial de
energía pero sin las retribuciones que merecían
por tan ardua y dura labor. La explotación en
niños la podemos ver en miles de casos, pues
también debemos mencionar a niños que mantienen
sus hogares vendiendo golosinas, mientras que sus padres se
encuentran dedicándose a un vicio o simplemente
vagando.
Niños mentirosos
Son niños que por lo general no hacen caso en nada. Cuando
se cree que se han corregido y dicen la verdad se enteran de que
les han dicho una mentira mayor que las anteriores.
La mentira es sumamente frecuente y no sólo en
niños sino que también vemos casos en adultos;
llevando siempre a la confusión, causando perjuicios a
nuestros semejantes.
Observemos el caso de una niño mentiroso:
Un día visitaron a sus papás un matrimonio
conocido, la señora visitante preguntó al
niño ¿me quieres Pedrito? Y Pedrito
respondió: No señora, porque mis papás dicen
que ustedes son egoístas y aburridos y además nos
deben dinero. El
niño había dicho la verdad, pero se ganó un
fuerte castigo. Desde entonces comenzó a mentir
ocasionalmente y vio que generalmente le iba mejor que cuando
decía la verdad. Cuando sus padres se dieron cuenta que
mentía comenzaron a castigarlo cada vez que lo
descubrían. El niño en vez de dejar de mentir
comenzó a hacerlo más. Sus padres no
comprendían por qué. Pedrito comenzó a
sentir una profunda antipatía por sus padres pues no
comprendía que unas veces lo castigaran por decir la
verdad y otras por mentir. Para él los castigos
sólo le servían para confirmar lo malos que son los
mayores y pensaba vengarse de ellos ¿cómo?
diciéndoles mentiras.
Se sabía entonces que el niño no miente
porque quiere sino que obedece a algún impulso.
Los niños de 3 años no pueden decirse que mientan
porque no distinguen claramente la verdad de la mentira. Hay que
tener en cuenta que la imaginación del niño es muy
viva y sueña estando despierto.
Muchas personas se preguntaron ¿por qué mienten los
niños?
Aquí algunas causas que los impulsan a ocultar la
verdad:
Lo más recomendable en estos casos es averiguar
el motivo por el que mintió el niño, darle
tranquilidad, confianza en sí mismo, ánimo. Hay que
desvanecer el miedo por decir la verdad.
Enseñarle a nuestros hijos a reconocer sus fallas y
errores aceptando con responsabilidad sus propios actos, pero
sobretodo actuando como ejemplo frente a ellos.
Maltrato infantil
El abuso físico no es el único maltrato que reciben
los niños. El abuso emocional puede incluir rechazo,
terror, aislamiento, explotación, ridiculización o
corrupción. Cualquiera de estas formas pueden tener graves
consecuencias tanto en la niñez como en la edad adulta.
Pues forma a niños con perturbaciones psicológicas,
antisociales, bajas en autoestima y con deficiente, por eso es
que muchos niños suelen cometer abusos con niños
más pequeños.
Éstos chicos tienen más probabilidades de ser
hiperactivos, presentar retraso mental o discapacidades
físicas.
Ellos descargan todas las emociones reprimidas y que han sido
descargadas por sus padres; saben que no pueden enfrentarse a
ellos por eso es que lo hacen con los más débiles.
Por lo general son irritables y utilizan la violencia como un
medio de autodefensa ya que siempre están ala expectativa
por si alguien quiere causarle más daño aún.
Si no tienen un tratamiento psicológico a tiempo estos
niños repiten la misma cadena, que guiará a sus
futuros hijos igual como lo hicieron sus padres, formando una
línea violenta, agresiva, donde los valores de
respeto,
confianza y calor de hogar
no están presentes de ninguna forma.
Drogadicción y alcoholismo en
los infantes
La droga
cotidiana más frecuente es el alcohol,
desempeña un papel
importante en los niños a partir de los 12 años.
Habitualmente el momento en que los niños empiezan a fumar
también se da en esta edad.
Las drogas se
entienden por toda sustancia que tras su consumo
producen alteración de determinadas funciones o que puedan
inhibirlos; no sólo las sustancias que se fuman sino
también las tóxicas y los fármacos se han
considerado drogas.
La causa de su uso en niños es debido al entorno social en
el cual se desarrollan. Quizás provengan de padres
alcohólicos o drogadictos, ya que el ver a sus padres
drogarse es muy cotidiano en sus familias.
Una de las causas es también cuando el niño quiere
ser aceptado en un determinado grupo y toma esas costumbres para
no ser excluidos de él.
Uno de los ejemplos reales es ver como el número de los
llamados "pirañitas" van en aumento y la dificultad reside
en los problemas familiares los cuales hacen que éstos
niños tomen esta opción de vivir; robando,
drogándose y hasta muchas veces siendo víctimas o
los causantes de los abusos sexuales de menores de
edad.
Para el niño los pequeños problemas
también pueden originar grandes conflictos a los que
reaccionan con fiebre, dolores abdominales y vómitos. Los
padres deben en serio los problemas de sus hijos y abordarlos con
comprensión.
El dolor puede limitar considerablemente al niño, la mayor
parte de los estados dolorosos están relacionados con un
desequilibrio emocional. Una vez descartadas las causas
orgánicas se puede considerar que el dolor es de origen
psíquico.
Los datos que
indicarán la existencia de un trastorno emocional pueden
consistir en estados de miedo, dificultades en la
alimentación, trastornos del sueño, etc.
Este trastorno puede presentar los siguientes
síntomas:
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