Enviado por aletanoLos relatos con acontecimientos irreales
Toda persona en uso de razón conoce el límite entre lo real y lo irreal, entre lo posible de lo que no lo es. No obstante, al escribir un relato, el autor dispone de la libertad de hacer desaparecer dicho límite. Nada impide al escritor crear personajes, situaciones y entornos completamente irreales, y a nosotros se nos presenta el dilema de cómo clasificar ese tipo de relatos.
Antes de adentrarnos en la clasificación, podemos responder a la sencilla pregunta del por qué de los relatos con acontecimientos irreales. ¿Cuál es el sentido de los mismos? Podemos encontrar la respuesta aquí:
"Los relatos con acontecimientos irreales (como también los de ciencia-ficción) responden a una necesidad de evasión del mundo cotidiano, demasiado vulgar y desprovisto de sorpresas, nos hacen soñar en un mundo en el que todo es posible, donde la Tierra no es el único habitáculo del hombre porque este sale a la conquista de otros universos, situados unas veces en el mundo sobrenatural, otras en el cosmos y otras, simplemente, en el devenir misterioso de la humanidad."
Este texto analiza el tópico considerando que el relato con acontecimientos irreales gira en torno al humano. Podríamos agregar entonces que, en los relatos con situaciones irreales, al no haber límite alguno, puede que los protagonistas nada tengan que ver con la "humanidad". Como por ejemplo, duendes, elfos, o cualquier otra raza, cada uno con su respectiva misión dentro del ámbito irreal.
Se han adoptado tres tipos de clasificación para los relatos con acontecimientos irreales: fantásticos, extraños y maravillosos. A continuación, desarrollaremos estas tres clasificaciones, con el objetivo de dejar en claro las diferencias que existen entre cada una de ellas.
"En el caso de la literatura fantástica superponemos lo extranatural a lo natural, la (...) estética, a la realidad."
Un cuento no necesariamente es fantástico porque se produzca en él un simple hecho irreal, como podría ser un animal que habla. Esto simplemente se asume y se continúa la lectura, teniendo en cuenta que la historia transcurre en un mundo donde dicho animal tiene la facultad de hablar.
En el relato fantástico, los hechos irreales no tienen justificación alguna. No existe una certeza sobre lo que está ocurriendo, el lector necesita explicaciones y estas no son provistas por el relato. Como lo afirma Tzvetan Todorov: "la ambigüedad subsiste hasta el fin de la aventura: ¿realidad o sueño? ¿Verdad o ficción?"
Todorov también sostiene que el cuento será fantástico mientras dure la vacilación del lector, pero este, al finalizar la lectura, inevitablemente tomará una decisión. Si el lector niega que los hechos sucedidos son irreales, y pretende enmarcarlos dentro de lo posible, la obra pertenece al género extraño. Si el lector asume que es necesario renunciar a la lógica, es decir, acepta que los hechos del relato transcurren en un universo distinto y con otras leyes, el relato es maravilloso. Si bien esto es lo que expresa Todorov, depende además de la valoración personal del lector: puede no arrivarse a una conclusión porque, como se dijo anteriormente, el relato fantástico no proveé todas las explicaciones que el lector necesita para tomar una decisión firme y segura sobre lo que ocurre.
El relato extraño y maravilloso
Podemos calificar a un relato como "extraño" cuando este nos da la posibilidad de justificar, con herramientas reales, todos los acontecimientos irreales que han sucedido a lo largo de la obra. Son ejemplos claros de relatos extraños: Los sueños, las historias contadas por dementes o personas bajo efectos de sustancias que alteran su percepción de la realidad, etc. Entonces, un relato es extraño cuando, a pesar de los hechos irreales que en él se suceden, no causa vacilación (o esta se disipa) por haber una explicación perfectamente lógica para los mismos.
Todorov introduce el concepto de "fantástico-extraño": Según él, un relato es fantástico-extraño si la vacilación se disipa al final, es decir, solo al final del relato se aclaran todas las dudas, como sería el clásico final "...y todo resulto ser un sueño". Todorov también menciona el relato "extraño puro": aquel relato donde, ya desde el comienzo, contamos con la herramienta real que nos permite enmarcar todos los hechos irreales dentro de la lógica: "Y comenzó a soñar que...". Otro ejemplo de relato "extraño puro" es aquel que, si bien puede explicarse mediante la lógica, son enormes casualidades, o hechos que muy difícilmente puedan ocurrir; hechos altamente improbables.
En cuanto al relato maravilloso, Todorov lo explica muy claramente en su obra: "Si el lector decide que es necesario admitir nuevas leyes de la naturaleza mediante las cuales el fenómeno puede ser explicado, entramos en el género de lo maravilloso." Es decir, en el relato maravilloso, como se menciono anteriormente, resultan insuficientes las posibilidades lógicas para explicar los hechos que se desencadenan, y es necesario asumir que la acción transcurre en otro universo, con otras leyes.
Todorov establece divisiones entre las distintas clases de relato maravilloso, mencionando las siguientes divisiones:
Todorov menciona también lo "maravilloso científico", que es la ciencia-ficción. Generalmente, los relatos de este género pueden, en un futuro lejano, ser posibles, es decir que pueden comprenderse mediante las herramientas de la lógica. No es siempre necesario asumir cambios en las leyes naturales, requisito para que un relato sea maravilloso. Por este motivo, no tendremos en cuenta esta clasificación y disentiremos con el autor de "Introducción a la literatura fantástica" en ese aspecto.
Ciencia-ficción y literatura fantástica
Tras lo descripto anteriormente, se hace necesario aclarar, de manera breve, la diferencia entre literatura fantástica y ciencia-ficción. Para ello resulta apropiado el siguiente fragmento:
"Aunque ambos géneros comparten varios elementos, son distintos: la ciencia-ficción (...) tiene una base racional, mientras que la literatura fantástica no la tiene. La ciencia-ficción es una especie de proyección al futuro a partir de datos científicos del presente.
En su origen, la ciencia-ficción no fue más que una rama de la literatura fantástica. Nació en la segunda mitad del siglo XIX, y en el XX ha conocido un desarrollo prodigioso."
Queda claro entonces, que ciencia-ficción y literatura fantástica son dos géneros bien diferenciables entre si, siendo dicha diferencia tan concreta como el límite entre lo posible y lo imposible.
El realismo fantástico
Ya hemos desarrollado los distintos tipos de relatos con acontecimientos irreales: el fantástico, el extraño y el maravilloso. Además, hemos diferenciado la literatura fantástica de la ciencia-ficción. Para concluir esta introducción, trataremos el tema del realismo fantástico: "un movimiento literario constituido en los últimos años en Hispanoamérica, que se caracteriza sustancialmente por una combinación de la realidad y la fantasía". El realismo fantástico ciertamente pertenece a la literatura fantástica, aunque posee sus propias características: el argumento es un hecho real, al cual se le agrega un "ingrediente ilusorio o fantasioso". Los personajes de este tipo de relatos provienen de la cultura de los pueblos, sus supersticiones, sus tradiciones, su folklore, sus leyendas, su historia, en conclusión, su idiosincrasia.
A continuación, se procederá a un análisis de tres cuentos fantásticos: dos de Julio Cortazar ("casa tomada" y "continuidad de los parques") y uno de Jorge Luis Borges ("Borges y yo"). Los relatos serán analizados bajo las siguientes premisas:
Primer cuento: "Continuidad de los parques"
"Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi enseguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer. Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela."
Análisis del primer cuento
Argumento/Enfoque: Una persona, aparentemente de buen pasar económico, se encuentra sumamente interesada en una novela que tiene a medio leer. Tras finalizar asuntos de trabajo, regresa a su hogar y, luego de acomodarse cómodamente en un sillón de terciopelo verde, prosigue con la lectura. Tras ello, el enfoque del relato cambia hacia lo que ocurre "adentro" de la novela. Un hombre rústico es recibido por su amante en una cabaña. Al parecer la hora de cometer un asesinato habría llegado. La amante le demuestra su afecto, y luego el hombre rústico, que era un leñador, parte para cumplir con el homicidio. En ese momento ingresa a la casa del hombre que estaba leyendo la novela y lo busca siguiendo las instrucciones de la mujer, hasta encontrarlo en su sillón. Se confunden los enfoques y se rompe el límite entre lo real y lo irreal.
Personajes: Los personajes no tienen nombre propio, sino que son simples instrumentos de dos realidades que se confunden entre si.
El hombre que lee la novela da la imagen de una persona en buena posición económica que, al interesarse tanto por una novela, resulta absorbido por esta y se convierte en su víctima, contra todo razonamiento lógico.
El mayordomo simboliza un elemento del mundo real, una persona totalmente ajena a la novela, que sirve como evidencia de que la realidad y la novela son dos ámbitos distintos. Es cuando el se retira que se produce la confusión.
El leñador es un hombre rústico. La relación con su amante se ve condicionada por lo que ocurre en la novela, y el lector de la misma se halla tan concentrado en esta, se halla tan cerca de él, que le es posible romper el límite y, para liberarse él y su amante, asesinar al lector.
La amante es una mujer apasionada que deposita su confianza en el leñador y coopera con él, indicándole como asesinar al lector de la novela, mostrando un claro conocimiento de su residencia.
Por qué es fantástico: El lector de este cuento difícilmente puede asumir el hecho irreal que aquí se produce. Este acontece de manera imprevista y repentina. No es un hecho que simplemente se asume y se prosigue con la lectura, sino que cambia sin aviso todas las leyes lógicas que, hasta el momento en que se produce el hecho, se podían aplicar perfectamente. El lector se queda con un sentimiento de incertidumbre ante la ambigüedad. El límite entre lo real y lo irreal se rompe sin ningún tipo de justificación y sin dar explicaciones. Supuestamente el enfoque de la novela estaba contenido adentro del enfoque de la realidad, era un cuento adentro de otro cuento, pero este orden se quiebra y se mezclan los dos, provocando una molestia en el lector y convirtiendo al relato en un relato fantástico. No es maravilloso porque no hay manera de justificarlo, ni se asume con facilidad. No es extraño porque no hay causas lógicas que justifiquen lo ocurrido. (Por ejemplo no es un sueño, ni una alucinación).
"Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la mas ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia. Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y como nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejo casarnos. Irene rechazo dos pretendientes sin mayor motivo, a mi se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde. Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No se porque tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mi, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.
Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mi se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso. Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte mas retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte mas retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo mas estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble como se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.
Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venia impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tire contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí.
-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.
Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mi me gustaba ese chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.
-No está aquí.
Y era una cosa mas de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.
Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerza, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene estaba contenta porque le quedaba mas tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:
-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?
Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba enseguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos mas alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba enseguida.)
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamo la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían mas fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.
-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada."
Análisis del segundo cuento
Argumento/Enfoque: Irene y su hermano habitaban una casa enorme, en la ciudad de Buenos Aires. Los dos solteros, vivían en la mansión que perteneció a sus antecedentes. Vivían "sin pensar". Llevaban una vida muy tranquila, Irene se dedicaba a tejer. De pronto comienzan a perder el control sobre distintas partes de su casa. Algo de lo que no se da detalle pero que aparentemente representa un peligro, iba tomando poco a poco posesión de las distintas partes del hogar, haciéndoles perder las pertenencias que allí se encontraban. Solo se podían defender temporalmente cortándole el acceso a "eso", cerrando las puertas. De todas maneras, "eso" toma posesión de la totalidad de la casa, expulsando a Irene y su hermano de la misma. Tan peligroso parece ser lo desconocido que el hermano de Irene arroja las llaves de la casa para que ningún "pobre diablo" se equivoque e ingrese. Se le da un enfoque como si se llevase una vida cotidiana sin nada raro a excepción de la toma de la casa. Tan cotidiano es el enfoque, que hasta se citan calles reales de Buenos Aires, como si esa casa estuviese realmente ahí, y se pudiese ir en cualquier momento.
Personajes: Uno de los protagonistas en este cuento es algo completamente desconocido, lo cual contribuye a sembrar incertidumbre, característica propia del cuento fantástico.
Irene es una mujer aparentemente tranquila, se dedica solo a coser y limpiar, y no parece tener preocupaciones a excepción de aquello misterioso que esta tomando la casa y haciéndole perder sus pertenencias.
El hermano de Irene es quien relata la historia, aparece como un poco mas despierto y alerta que su hermana, pero solo un poco. Termina acostumbrándose a vivir en una parte de su casa, siendo vecino de algo que esta permanentemente al acecho.
Tanto Irene como su hermano representan personas enormemente rutinarias e inmutables, que se ven perturbadas ante un hecho del cual no se dan detalles pero que ciertamente les provoca un daño irreparable a sus vidas.
Por qué es fantástico: A diferencia del primer cuento, el hecho irreal no aparece sobre el final de manera abrupta, sino que va aconteciendo durante el transcurso del relato. En este cuento es extremadamente difícil asumir el hecho irreal sin cuestionamientos. Dicho hecho esta envuelto en una espesa capa de misterio. Se entiende que está sucediendo algo irreal pero no se entiende qué. Provoca enorme molestia en el lector, incluso decepción al terminar de leer el cuento y no enterarse de que sucedió. Al no poder asumirse sin cuestionamientos, no es maravilloso. Al no haber una herramienta lógica a la cual apelar, no es extraño. Responde perfectamente a la definición de relato fantástico.
Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Seria exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro.
Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversacostumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí
(si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
No sé cuál de los dos escribe esta página.
Análisis del tercer cuento
Argumento/Enfoque: Borges menciona las diferencias entre él y Borges. Se confunde la primera y la tercera persona, habla como dos personas distintas, es una, y pone en duda que sea alguien. Pretende mostrar sus distintas facetas, afirma que una de ellas esta casi extinta. No se sabe por cual de los dos Borges esta escrita la página, lo cual crea una duda en el lector. Lo lógico seria que estuviese escrita por el Borges que escribe en primera persona, pero este mismo lo pone en duda, y el otro, el Borges en tercera persona, también es él...
Personajes: Este cuento fantástico crea su duda precisamente con respecto a los personajes: ¿Es uno o son dos? De lo único que tenemos certeza es que, sea uno o sean dos, es Borges. Borges esta perdiendo todo a manos del "otro" que también es él, en una distinta faceta. Al criticar al otro se autocritica. Se expresa como si tuviese la capacidad de dividirse a él mismo, como si él fuese ajeno a él. Por supuesto, esto escapa a los límites de la realidad.
Por qué es fantástico: Porque desde su comienzo hasta el fin crea una duda molesta en el lector. Sobre el final refuerza esta duda, al afirmar que no sabe cuál de los dos escribió esa pagina. Con tal afirmación el lector, que ya tenía la duda normal que provoca una persona dividida en dos personajes según sus distintas facetas, no sabe cuál de estos personajes escribió lo que leyó. El lector no tiene una explicación razonable para responder cual de los dos Borges escribió el cuento, tampoco puede explicar la mezcla entre la primera y tercera persona. Es un cuento fantástico: Nada sugiere que sea extraño, y no hay nada que se pueda asumir para afirmar que es maravilloso, pues la duda emana del mismo autor del texto.
Como conclusión del presente informe, y luego de haber analizado tres cuentos fantásticos distintos, podemos deducir que el cuento fantástico no necesariamente debe seguir un orden establecido.
En el primer cuento, ocurre un hecho irreal sobre el final, de manera abrupta. En el segundo, los hechos irreales se vienen sucediendo uno tras otro, de manera esporádica.
En el tercero, se parte directamente de una base irreal: una persona que se divide en dos.
No importa de que manera se nos presenten los hechos irreales, lo importante es que no los podamos pasar por alto, ni tampoco podamos utilizar una excusa lógica. Si los pudiésemos pasar por alto, es decir, por más que fuese algo irreal e imposible no nos afectase, estaríamos en presencia de una obra maravillosa. Si pudiésemos haber antepuesto una excusa dentro de la lógica (era un sueño, alucinaba, fue una gran coincidencia) hubiese sido un relato extraño.
Solo cuando nos quede una duda sólida, algo que no hay forma de saber y que el relato no nos develará, estaremos frente a un cuento fantástico.
La literatura fantástica además utiliza enfoques muy particulares.
Una técnica muy utilizada por Cortazar es la de crear dos enfoques distintos, dos historias paralelas, que un momento se confunden en una sola, de manera imprevista e ilógica. Así consigue sorprender al lector, sembrarle una duda. Son ejemplos de esta técnica el cuento aquí citado "Continuidad de los parques" como también lo son "axolotl" y "la noche boca arriba".
Borges, en este caso, ha llevado un problema de identidad al extremo de convertirlo en un relato fantástico. Tal es la magnitud del problema de personalidad que tiene entre sus distintas facetas, que lo lleva a separarlo en dos personas distintas. La duda emana directamente del autor del relato. Al ocurrir esto el lector no puede pretender responderla, y el relato es absolutamente fantástico. Es una prueba que los relatos fantásticos también pueden surgir desde los problemas de identidad.
En "casa tomada" observamos el contraste entre lo irreal y lo normal y cotidiano. A excepción de los momentos en que ocurren los hechos irreales, el resto transcurre con notada normalidad. Así se incrementa la sorpresa, e incluso puede utilizarse para crear suspenso, o para impacientar al lector en busca de una explicación de los hechos.
Además de las técnicas vistas, existen cantidad de otras para escribir relatos fantásticos, y cada una varía con la personalidad y creatividad de cada autor, y el efecto que desee causar.
TRABAJO REALIZADO POR:
ALEJANDRO DANINO
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