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Buenos aires y las provincias en el siglo XIX

Enviado por marymadariaga



  1. El siglo XIX y sus acontecimientos
  2. Buenos Aires vs las provincias
  3. Conclusión
  4. Bibliografía

"Bárbaros, las ideas no se matan"

Domingo Faustino Sarmiento

INTRODUCCIÓN

Este trabajo persigue la finalidad de conocer las diferencias entre Buenos Aires (que quería ejercer una conducción centralizada y hegemónica sobre el país) y las demás provincias (que ofrecían resistencia a esa conducción, luchando por sus derechos, pretendiendo que fueran iguales a los de la capital) durante el S.XIX y las oposiciones que estas ocasionaron y, dicho sea de paso, que se instalaron en la vida argentina ya desde 1810.

Si bien para los revolucionarios la independencia significaba el nacimiento de una nación, era además el comienzo de otro drama, el que enfrentaría a la ciudad revolucionaria con el interior1, que aunque admitiría la disolución del tratado político colonial, también rechazaría la pretensión de Buenos Aires de convertirse en la cabeza dominante del flamante Estado nacional.

En un régimen de independencia política, la hegemonía de Buenos Aires no podría tolerarse. De ahí, que continuó una gran disputa entre la fuerte capital, que poseía puerto y aduana, y el resto del país, que decaía.

Tomado el poder, la guerra civil sería el largo intermedio trágico hacia nuevas formas de convivencia política.

Luego de grandes cambios, la presente monografía quedó constituida por dos partes, la primera, en la que describo los acontecimientos de la historia argentina durante el S.XIX, y la segunda, en donde entro a detallar las diferencias que separaban a la capital del antiguo virreinato.

Las mayores dificultades se presentaron en el momento de la redacción ya que tenía mucha información y esto no siempre juega a favor debido a que pueden presentarse contradicciones, algo totalmente lógico ya que no todos los autores tienen las mismas formas de pensar.

Desde un primer momento me pareció muy buena la idea de realizar este trabajo, de estudiar la historia de mi país de esta manera que no es muy común y que hace ver varios puntos de vista promoviendo la investigación. Considero que es una buena y práctica manera de aprender, la cual me fue de mucha utilidad.

1° PARTE

EL SIGLO XIX Y SUS ACONTECIMIENTOS

1° Capítulo: Aspecto físico de la Argentina

Antes de empezar a tratar el tema es necesario hablar del aspecto físico de la República Argentina.

"La tierra que queda al Oriente de los Andes chilenos y al Occidente del Atlántico, siguiendo el Río de la Plata hacia el interior por el Uruguay arriba, es el territorio que se llamó Provincias Unidas del Río de la Plata. Al Norte están el Paraguay, el Gran Chaco y Bolivia, sus límites presuntos.

La inmensa extensión del país que está en sus extremos es enteramente despoblada, y ríos navegables posee que no ha surcado aún el frágil barquichuelo. El mal que aqueja a la República Argentina es la extensión: el desierto la rodea por todas partes y se le insinúa en las entrañas; la soledad, el despoblado sin una habitación humana, son, por lo general, los límites incuestionables entre unas y otras provincias.

En su embocadura están situadas dos ciudades, Montevideo y Buenos Aires.

Buenos Aires está llamada a ser un día la ciudad más gigantesca de ambas Américas. Bajo un clima benigno, señora de la navegación de cien ríos que fluyen a sus pies, reclinada sobre un inmenso territorio y con trece provincias interiores que no conocen otra salida para sus productos, fuera ya la Babilonia americana si el espíritu de la pampa no hubiese soplado sobre ella y si no ahogase en sus fuentes el tributo de riqueza que los ríos y las provincias tienen que llevarle siempre. Ella sola, en la vasta extensión argentina, está en contacto con las naciones europeas; ella sola explota las ventajas del comercio extranjero; ella sola tiene poder y rentas. En vano le han pedido las provincias que les deje pasar un poco de civilización, de industria y de población europea; una política estúpida y colonial se hizo sorda a estos clamores. Pero las provincias se vengaron, mandándole en Rosas, mucho y demasiado de la barbarie que a ellas les sobraba. La barbarie y la violencia bajaron a Buenos Aires más allá del nivel de las provincias. No hay que quejarse de Buenos Aires, que es grande y lo será más, porque así le cupo en suerte.

Buenos Aires, en lugar de mandar ahora luces, riqueza y prosperidad al interior, mándale sólo cadenas, hordas exterminadoras y tiranuelos subalternos.

Los progresos de la civilización se acumulan en Buenos Aires sólo; la pampa es un malísimo conductor para llevarla y distribuirla en las provincias, y ya veremos lo que de aquí resulta".1

La República Argentina se dividió en regiones, a las cuales nos referiremos a lo largo del trabajo monográfico, estas fueron:

Noroeste: Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca y Tucumán.

Cuyo: Mendoza, San Juan y La Rioja.

Centro: Córdoba y San Luis.

Litoral: Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe.

Noreste: Misiones, Chaco, Formosa y norte de Corrientes.

2° Capítulo: La independencia (1810-1820)

Los acontecimientos que se desencadenaron en el Río de la Plata a partir de 1810, fueron el resultado de tres grandes procesos históricos: la independencia de las colonias norteamericanas de la metrópoli británica (1776), la Revolución Francesa (1789) y la crisis política que se vivía en España. La influencia de estos hechos de fin del siglo XVIII y principios del XIX, provocó que en Buenos Aires comenzaran a constituirse grupos que soñaban con romper los lazos que nos unían a España. Cuando el virrey Cisneros dio a conocer la noticia de que los franceses avanzaban sobre Cádiz, los seguidores de la independencia consideraron que había llegado el momento de empezar a operar para lograr sus objetivos.

Para los revolucionarios, la independencia se trataba del nacimiento de una nación, era un proyecto de futuro en el que la comunidad rioplatense y su zona de influencia tendrían que vivir por su propia cuenta.

En el antiguo virreinato del Río de la Plata había un gran sentimiento republicano y esto favorecía a que el modelo político futuro fuera democrático y federal. Pero la tradición centralista que reinaba en estas tierras con la superioridad de Buenos Aires como capital no colaboraría. Había gobernaciones-intendencias (como Córdoba y Salta) que le estaban subordinadas, y también ciudades subalternas (éstas dependían de las gobernaciones-intendencias; Córdoba, por ejemplo, tenía a La Rioja, San Luis, Mendoza y San Juan) que tenían una gran rivalidad con las más importantes y cada vez que algún problema les daba vuelta o que se les enviaba un gobernador delegado, las ciudades subalternas se auxiliaban en Buenos Aires.

Según nos dice Félix Luna en su libro "Breve historia de los Argentinos" fue sin duda Buenos Aires la que llevó adelante la revolución ya que en el interior no había más que retrasos, ocultamientos, resistencias y sobre todo un carácter rígido y tradicionalista por lo que las nuevas ideas que llegaban de Bs. As. demoraban en ser aceptadas y por lo tanto el mayor peso de la Revolución lo soportó Bs. As.

Las relaciones entre el interior del país y Buenos Aires comenzaron a volverse tirantes ya a partir del momento en que el pueblo porteño se sentía con el derecho de tomar la iniciativa de sustituir al virrey por una Junta. La ciudad era importante, pero lo lógico era consultar el parecer de las otras jurisdicciones.

Tanto las gobernaciones-intendencias como las ciudades subalternas poseían el derecho de opinar. Finalmente Buenos Aires introdujo este cambio en la estructura del poder virreinal, y luego notificó a todas las autoridades subalternas del virreinato sobre lo ocurrido, invitándolas a enviar a sus diputados a un congreso general para establecer un gobierno definitivo. Como indudablemente habría resistencia, se formó una fuerza militar.

Los porteños y la gente del interior se enfrentaban por sus opuestos intereses. Buenos Aires quería no sólo seguir manejando el gobierno sino también recaudar los derechos fiscales, fundamentalmente, los de aduana. Entonces el pueblo del interior comenzó a preocuparse y de ninguna manera se quedaría con los brazos cruzados.

En Córdoba se produjo una contrarrevolución presidida por Liniers, que terminó con su fusilamiento. Mendoza también se mostró hostil a Buenos Aires y en Salta se armaron muchas discusiones. Pero las gobernaciones-intendencias y las ciudades subalternas fueron poco a poco reconociendo a la Junta.

Sobre todo en tres puntos la resistencia se hizo activa; esto sucedió en el Alto Perú, en el Paraguay y en Montevideo.

Desde Buenos Aires partió una expedición hacia el Paraguay con la intención de convencer o vencer a los paraguayos; a estos no les gustaba la idea de rendir cuentas a la ciudad porteña sobre sus importaciones y exportaciones.

Al Alto Perú también se envió una expedición, la cual triunfó pero luego de unos meses las fuerzas patriotas sufrieron una derrota en la batalla de Huaqui, por lo que se perdió el Alto Perú. Debido a esto se cambió la estructura de gobierno, creándose el Triunvirato. Este fue destituido en 1812 con la ayuda de San Martín y Alvear y se creó un Segundo Triunvirato.

La Banda Oriental tenía una gran rivalidad con Buenos Aires ya que Montevideo poseía un puerto mejor que el de la capital, y quería ser puerta de entrada y salida de toda esta parte de América. Fue en Montevideo donde a través de Artigas se comenzó a discutir el régimen centralista porteño. Artigas no envió por lo tanto delegados ni a la Asamblea del año XIII ni al congreso de Tucumán. Sus ideas y acción político-militar influyeron tanto en la Banda Oriental como en las provincias del Litoral y en Córdoba.

En 1815, en el interior tuvo lugar una rebelión general debido a la designación de Alvear como Director Supremo, esta fue la primer revolución nacional contra un poder central. Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y la Banda Oriental se declararon independientes y Córdoba, aunque no lo hizo, aceptó la protección de Artigas. A partir de este año, las expediciones a la frontera norte alentadas desde Bs. As. cesaron; pero continuó un estado de guerrilla permanente, apoyado por Guemes sobre todo.

Cuando en 1816, el gobierno convocó un congreso en Tucumán era seguro que algunos propondrían un régimen federal y otros uno centralista. Si bien el problema se presentaba como una preferencia política, escondía toda una concepción de la vida económica e institucional del país; según nos cuenta José Luis Romero en "Breve historia de la Argentina". En este congreso se declaró la independencia y el mismo no contó con representantes de las provincias litorales, ya en abierto estado de sublevación.

Con la invasión de la Banda Oriental por los portugueses, promovida desde Bs. As., se logró que la situación se agrave y que la unidad del país peligrara.

En el año 1818, Ramírez derrotó a las tropas de Bs. As. entonces el Directorio comenzó a verse cada vez más débil frente a las fuerzas del litoral.

Estanislao López promovió en 1819, la sanción de una constitución provincial.1 Ese mismo año, el Congreso que se había trasladado a Buenos Aires, había aprobado una carta constitucional para las Provincias Unidas2 (fue jurada por todas las provincias con excepción de las del Litoral). La crisis se precipitó; las fuerzas de Entre Ríos y las de Santa Fe se enfrentaron con los restos del Ejército Nacional, venciéndolo en Cepeda en 1820. El poder central desapareció, se diluyó el Congreso y las provincias obtuvieron plena autonomía. Bustos terminaba de certificársela a Córdoba, Ibarra a Santiago del Estero, Aráoz a Tucumán, Ocampo a La Rioja y la Intendencia de Cuyo se separó, lo que dio origen a tres provincias.

Buenos Aires también se constituyó como provincia autónoma y su gobernador, Sarratea firmó el Tratado del Pilar con López y Ramírez.3

"La nación sería una república en donde algunas facultades se delegaran en un poder central, pero donde cada una de las provincias pudiera gobernarse a sí misma".4

Desaparecido el régimen que las unía cada provincia se armó su propio futuro.

3° Capítulo: La desunión (1820-1835)

Se había disuelto el régimen de las provincias Unidas, pero no la convicción de la unidad nacional. Las provincias argentinas se organizaron en estados independientes, pero mantuvieron vínculos mediante un sistema de acuerdos y alianzas regionales.

Ante la inestabilidad política que reinaba en Buenos Aires, asumió como gobernador Dorrego, quien derrotó a López en la batalla de Pavón. Pero el triunfo fue efímero ya que Dorrego fue vencido en el combate de Gamonal. El gobernador fue reemplazado por Rodríguez quien firmó con López el Tratado de Venegas, por el que se convino la paz entre Bs. As. y Santa Fe.

Artigas fue derrotado en 1820 por los invasores portugueses (este buscó el apoyo de los caudillos del Litoral sin recibirlo) y la Banda Oriental quedó anexada al Portugal y luego en 1822 al Imperio del Brasil. Sin embargo, un sector importante apoyaba el mantenimiento de la provincia oriental dentro del ámbito de las antiguas Provincias Unidas.

La situación interprovincial se normalizaba en el Litoral. Los gobernadores de Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires suscribieron el Tratado del Cuadrilátero, el cual establecía una alianza ofensiva y defensiva entre las cuatro provincias.1

En 1824 se reunió en Buenos Aires un Congreso: había que desplazar a los brasileños de la Banda Oriental. Las provincias enviaron a sus delegados con el objetivo de que se sancionara una constitución federal; sin embargo, se sancionó una unitaria y se eligió a Rivadavia como Presidente. Esto despertó la resistencia de los caudillos federales del interior.

Quiroga (gobernador de La Rioja) se opuso a Lamadrid (gobernador de Tucumán) ya que este defendía la carta unitaria y no sólo eso, sino que además amenazaba con extender su autoridad por Catamarca, Jujuy, Salta y Cuyo. Lamadrid fue derrotado en octubre de 1826 y Quiroga reunió el norte y centro del país.

Después de una guerra con Brasil, se logró un acuerdo de paz en 1827, en el cual se perdió la posesión de la Banda Oriental. Debido a este desventajoso acuerdo, el régimen rivadaviano terminó rápidamente.

Fracasada la tentativa de unidad, las provincias retornaron a su aislamiento.

En Buenos Aires, el Partido Federal ganó las elecciones para gobernador y Dorrego ocupó el cargo. Éste procuró crear acuerdos con las provincias a fin de convocar un congreso constituyente que organizara el país sobre una base federal. En julio de 1828 se iniciaron las discusiones, pero sólo asistieron nueve provincias, por lo que no se logró ningún avance. La falta del respaldo federal de Dorrego hizo que el general unitario Lavalle lo derrocara a fines de 1828, ordenara su fusilamiento y se hiciera proclamar gobernador. López y Rosas comenzaron a operar contra Lavalle y lo derrotaron en 1829. José María Paz llegó con sus tropas a Córdoba, donde derrocó a Bustos, y asumió el gobierno en su lugar. Facundo Quiroga (el caudillo riojano) fue vencido también por Paz en La Tablada. Este triunfo abría una nueva época para la ciudad de Córdoba, que hasta entonces había ocupado el último lugar entre los pueblos argentinos.

La Junta de Representantes decidió designar gobernador a Juan Manuel de Rosas a fines de 1829 y le otorgó poderes extraordinarios.

Quiroga había logrado hacerse fuerte en las provincias de Cuyo, pero Paz lo volvió a vencer en 1830 y constituyó la Liga del Interior para hacerles frente a los federales que predominaban en el litoral.

Por la batalla de Oncativo, Córdoba, Mendoza, San Juan, San Luis, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy quedaban libres de la dominación de caudillos. La unidad de la república empezaba a hacerse efectiva desde Córdoba por medio de las armas.

En 1831, las provincias litorales respondieron con la firma del Pacto Federal.

Paz fue hecho prisionero por López y sus partidarios, y así la Liga del Interior no tardó en derrumbarse. Las tropas del Pacto Federal, con la colaboración de la de Quiroga y otros caudillos, pronto extendieron su predominio a toda la república.

En el interior, luego de vencer a Lamadrid, Quiroga se afirmó definitivamente.

En el litoral, López mantenía con seguridad la hegemonía regional. Y en Bs.As., Rosas afianzaba su poder y agrandaba su influencia. En 1833, éste organizó una expedición al sur para reducir a los indios pampas. Poco después de su regreso la situación se vio complicada tanto en el interior (donde la autoridad de Quiroga era cada vez más fuerte) como en Buenos Aires.

A fines de 1834, hubo una guerra civil entre Tucumán y Salta, dos provincias federales. Rosas le pidió a Quiroga que pacificara la situación. En 1835 Quiroga fue asesinado y luego la Legislatura bonaerense elegía gobernador de la provincia a Rosas.

4° Capítulo: La Federación (1835-1852)

Durante los diecisiete años que duró la hegemonía de Rosas en Buenos Aires las provincias se mantuvieron independientes bajo sus gobiernos locales, no se instauró ningún régimen que institucionalizara la nación. Pero reinó, sin embargo, una extraña forma de unidad conocida como Federación. Ésta (vista como el triunfo de los ideales del federalismo) aseguró la hegemonía de Bs. As. y redujo el crecimiento de las provincias. El puerto de Bs. As. seguía siendo la mayor fuente de riqueza para el estado y aportaba beneficios a los comerciantes de la ciudad y también a los fabricantes de cueros y tasajos. Las provincias del interior no participaban de esas ventajas, por lo tanto la federación acentuó el empobrecimiento de las provincias interiores, bloqueadas por sus aduanas interprovinciales. Esto nos permite ver que aunque Rosas hablaba de Federación y consagraba su lema como federal, encabezó un régimen absolutamente centralista.1 Recaudaba impuestos a través de la Aduana porteña y, en algunos casos, ayudaba a las provincias que estuvieran muy necesitadas. Esto ocurrió con Santiago del Estero.

Rosas prohibió que las embarcaciones del extranjero naveguen los ríos del interior y esto dio como resultado que la economía de Entre Ríos se debilitara.

Pese a las convulsiones políticas, la economía experimentó una vigorosa expansión, se duplicaron las exportaciones de origen ganadero y creció el número de buques de todo el mundo que llegaban a Buenos Aires con mercaderías para vender en la capital y el interior.

Rosas expulsó a sus adversarios de la administración pública, el clero y el ejército. Todos fueron obligados a usar la divisa punzó. Se desarrolló un período de glorificación del Restaurador y los opositores (a los que se calificó de salvajes unitarios) fueron perseguidos y obligados a partir al exilio, encarcelados o muertos.

En el interior Rosas no era querido para nada; sus grandes represiones preocupaban mucho a los gobiernos provinciales.

La revolución iniciada por Lavalle fracasó en 1838. En 1839 el gobernador porteño contuvo los levantamientos del gobernador correntino Berón de Astrada y de Maza.

En 1840 se produjo la sublevación de las provincias del norte, lideradas por Avellaneda (gobernador tucumano) pero Rosas los venció. A fines de 1841 Lavalle, tras una suma de derrotas, se retiró hacia el Norte. Pero fue asesinado en Jujuy y todo el Norte quedó subordinado a la autoridad de Rosas.

Hubo constantes levantamientos y luchas en todo el país.

En 1845 Corrientes volvió a sublevarse y Madariaga, su gobernador, fue derrotado dos veces por Urquiza (gobernador de Entre Ríos).

Esto debía llegar a un fin para que la nación lograra organizarse, dar garantías y derechos a sus ciudadanos y poner en vigencia un equitativo reparto de las rentas nacionales.

Entre 1850 y 1851, Urquiza se levantó contra Rosas y lo venció en la batalla de Caseros en 1852 al mando del Ejército Grande.

Tras la derrota, el Restaurador se exilió en Gran Bretaña.

La Federación había terminado.

5° Capítulo: La Confederación (1852-1862)

Urquiza entró en Buenos Aires para hechar las bases de la organización del país.1 En el país se sentía la necesidad de la unión. Pero la tarea que esperaba a Urquiza era complicada; había muchas diferencias económicas entre las distintas regiones.

En 1852 dos grandes partidos comenzaron a enfrentarse: el Partido Federal, en el cual estaban agrupadas las oligarquías provincianas y presidía Urquiza, y el Partido Liberal, que encabezaban los antiguos emigrados y predominaba en Buenos Aires.

El caudillo entrerriano designó gobernador interino de Bs. As. a Vicente López y convocó una reunión de gobernadores en San Nicolás para discutir la constitución política del país. El acuerdo de San Nicolás se firmó el 31 de mayo. Este convenio proclamaba el Pacto Federal de 1831 como ley fundamental de la República y el federalismo volvía a triunfar; se aseguraba la libre navegación de los ríos, la distribución proporcional de las rentas nacionales y la libertad de comercio en todo el territorio. Además, llamaba a un congreso constituyente al que concurrirían todas las provincias con igual representación.

Finalmente, se designaba a Urquiza Director Provisorio de la Confederación.

Esto fue más de lo que Buenos Aires estaba dispuesta a soportar. Los porteños rechazaron el convenio y Vicente López y Planes renunció a su cargo. Pero Urquiza actuó con rapidez. Disolvió la Legislatura de la ciudad, repuso en su cargo a López y Planes y dispuso la nacionalización de la Aduana.

Pero la oposición dentro de Bs. As. era muy grande, por lo que una revolución en septiembre de 1852 permitió a los porteños retomar el control de la ciudad.2

Urquiza tuvo que retirarse pero luego de unos meses en Santa Fe se reunieron los delegados de las provincias sin la presencia de Bs.As., sancionaron la Constitución Nacional de 1853 y eligieron a Urquiza como presidente.

Se extendió una situación bastante peligrosa. Existía por un lado la Confederación Argentina (que poseía Constitución Nacional, un Congreso y un Poder Ejecutivo con sede en Paraná) formada por trece provincias, y por el otro, el Estado de Buenos Aires. Ambos se agredían, competían y se hostilizaban. Había una diferencia muy grande entre el adelanto de Buenos Aires y el desarrollo económico y político del interior. Esto hacía muy difícil la unión.

Finalmente, en octubre de 1859 se enfrentaron en Caseros las tropas de Buenos Aires, comandadas por Mitre (ministro de guerra de la prov.), con las de la Confederación, bajo el mando de Urquiza. Esta triunfó entonces se firmó el Pacto de San José de Flores, por el cual Bs. As. se declaraba integrante de la Confederación Argentina, aceptando la Constitución Nacional.

Aunque con algunos rozamientos, el pacto empezó a cumplirse y en octubre de 1860, Bs. As. juró la Constitución Nacional.

Inesperadamente se desató otro conflicto. Una ley de la Legislatura bonaerense declaró entonces nulo el Pacto de San José de Flores y la Confederación intervino la provincia. Esta resistió y Urquiza fue derrotado por Mitre en Pavón en septiembre de 1861. Ambos líderes terminaron haciendo un pacto de no agresión. En octubre de 1862 Mitre resultó elegido presidente. Buenos Aires estaba ya reincorporada al país y provisoriamente era su capital. La unidad nacional quedaba consumada.3

6° Capítulo: Gobierno Nacional (1862-1880)

Es durante este período que el país logra organizarse constitucionalmente de manera definitiva. Por primera vez desde 1820 existía un gobierno formal y verdaderamente nacional.1

Las presidencias de Mitre, Sarmiento y Avellaneda (con las que contó esta época) fueron reafirmando el sistema republicano y el país se fue acostumbrando a cumplir una ley; hubo un profundo cambio en la estructura social y económica de la nación. La etapa de los caudillismos, de los gobiernos volteados por revoluciones y las largas dictaduras había llegado a su fin.

Mitre quería federalizar la ciudad de Buenos Aires pero no lo consiguió. En cambio, aprobó una ley mediante la cual Bs. As. fue la capital provisoria de la nación.

Durante la gestión de Mitre, orientada a unificar la nación bajo la ideología liberal, diferentes caudillos del interior se sublevaron ante el gobierno central.

El caudillo riojano, el "Chacho" Peñalosa, dirigió la última revolución de las provincias mediterráneas y fue derrotado a fines de 1863 por las fuerzas nacionales. En 1865 estalló la guerra del Paraguay, de la cual no se sacó nada positivo y en 1866 se inició una serie de alzamientos contra el gobierno de Mitre.

En las elecciones de 1868, las provincias apoyaron a Sarmiento, quien fue elegido presidente; Alsina fue el vicepresidente.

Las metas de Sarmiento se resumen en la palabra progreso y los caminos para alcanzarlo fueron la llegada de inmigrantes, la educación y el desarrollo agroindustrial. Una de las preocupaciones de Sarmiento fue alfabetizar a las clases populares es por esto que fundó muchas escuelas y apoyó en 1869 una ley que otorgaba subvenciones a las provincias para que las crearan en las suyas.2

La construcción de los ferrocarriles creó una gran fuente de trabajo para los inmigrantes, dando un fuerte cambio a la economía del país.

En 1870 López Jordán en Entre Ríos dirigió una revolución y mató a Urquiza. Debido a esto Sarmiento tuvo que intervenir Entre Ríos militarmente y esto derivó en una guerra que finalizó en 1871.

A partir de 1870, las ciudades de Europa se fueron expandiendo y desarrollando sobre la base de algunos inventos que afectaron la calidad de vida de la gente y trascendieron a nuestro país, como la luz de gas. El acero fraguado a altas temperaturas permitió aplicaciones en la construcción. También hubo muchos avances médicos. El ferrocarril adquirió una gran importancia. Todo esto tuvo como resultado un gran avance en la calidad de vida de la gente.

Por otra parte, los trabajadores industriales de Alemania, Inglaterra y Francia solicitaban una cantidad de productos que luego abastecieron nuestro país. Era un gran contexto internacional con disponibilidad de capitales para invertirse en el exterior de los países centrales y con grandes avances científicos y técnicos.

Al final de su período, hacia 1874, Sarmiento había desarrollado una gran obra de gobierno, ejercía el control en todo el país y contaba con el apoyo de las tropas nacionales.

Las oligarquías provincianas, apoyadas por Sarmiento, plantearon que Avellaneda fuese el nuevo presidente. Debido a esto, Mitre se rebeló contra el gobierno y desencadenó una revolución. Fue derrotado y el 12 de octubre, Avellaneda asumió la presidencia. El país vivía una grave agitación económica que había detenido el arribo de inmigrantes. Asimismo, la gran cantidad de productos importados consumidos por el mercado interno causó un profundo déficit de la balanza comercial. Para solucionar este problema fue preciso exportar reservas de oro. Una vez finalizada la crisis, los inmigrantes nuevamente comenzaron a fluir desde el viejo mundo y en 1876, se dictó la Ley de Colonización, que creó el Departamento General de Inmigración.

Cuando su mandato finalizaba, por el año 1880, Avellaneda anticipó que se proponía federalizar Buenos Aires y convertirla en capital de la República. Al mismo tiempo, ofrecía su apoyo a Roca contra Tejedor. Luego la revolución estalló pero la Guardia Nacional de Bs. As. fue derrotada por el ejército nacional. Y así fue que en 1880, Buenos Aires se convirtió en capital federal de la República. Así, finalizaba el ciclo de la vida argentina que había dado vueltas alrededor de las relaciones entre Buenos Aires con su puerto y supremacía y el país.

2° PARTE

BUENOS AIRES VS LAS PROVINCIAS

1° Capítulo: Diferencias

Analizando la 1° parte podemos deducir la tendencia de Bs. As. a ejercer una conducción centralizada y hegemónica sobre el país y la constante resistencia de las provincias del interior a esa conducción, defendiendo sus derechos y pretendiendo que fueran iguales a los de la capital. Este poder que pretendía tener Buenos Aires sobre el resto del país ya se observa desde los primeros tiempos en que los revolucionarios soñaban con emanciparse de España. Los enfrentamientos por las grandes diferencias en la manera de pensar de unos y otros se tradujeron además en los cuerpos constitucionales.

A una tendencia centralista corresponden el Reglamento del 25 de mayo de 1810, el Estatuto Provisional de 1811, la creación del Directorio Supremo y del Consejo de Estado de 1814, el Reglamento Provisorio de 1817, la Constitución unitaria de 1819, la Constitución unitaria de 1826 y la Constitución Porteña de 1854.

A una tendencia más favorable a los derechos provinciales respondieron las Juntas Provinciales y la Junta Grande en 1810, el Reglamento Orgánico de 1811, el Estatuto de 1813, el Estatuto Provisional de 1815, el Pacto Federal de 1831, el Protocolo de Palermo de 1852 y la Constitución Nacional de 1853.

Buenos Aires recogía importantes sumas de dinero a través de la aduana y se negaba a que se instalen otros puertos provinciales, esto acentuaba las diferencias entre Buenos Aires y las demás provincias.

En materia económica la desigualdad era muy grande. En 1824 los ingresos fiscales de Bs. As. fueron de $2.596.000 (de esa suma, $2.033.000 provenía de la aduana). Córdoba (la segunda provincia argentina), en cambio tenía ese año ingresos por $70.200 (de los cuales su aduana proveía $33.438). La diferencia se empieza a hacer notoria ya en San Juan, que recibía $20.000 y $3.800 respectivamente, y en Tucumán que recaudaba $22.115 y esto sólo le alcanzaba para cubrir el 66% de sus gastos.1

Los derechos de aduana que Bs. As. recaudaba fueron dedicados a sus necesidades exclusivamente, en cambio, en el resto de las provincias la falta de recursos dio origen a que los gobiernos provinciales presenten una gran inestabilidad. La región de Salta, Jujuy y Tucumán padeció de una gran falta de circulante y, sobre todo, de un mercado donde colocar su producción.2

A partir de esto, vemos que ya en los años veinte, Buenos Aires había logrado una superioridad a gran escala, lo que haría muy difícil, y hasta imposible, arrancarle el liderazgo económico.

La desproporción en la distribución regional de la riqueza producirá con el tiempo una gran desigualdad en la repartición de la población y el número de la misma determinará la capacidad para producir y consumir en cada lugar.

Otro gran conflicto estaba dado por los distintos intereses económicos ya que el interior era proteccionista y por lo tanto se preocupaba en defender sus recientes industrias, y el litoral era librecambista, estaba interesado en la exportación de los productos de la ganadería.

Si bien los intereses económicos de Santa Fe eran parecidos a los de los porteños, esta ciudad participaba en cierto modo de algunas características del Interior. El motivo de oposición entre Santa Fe y Buenos Aires fue el mismo que se presentaba entre las demás provincias y la ciudad portuaria, el monopolio de la aduana porteña.

La política librecambista destruyó las pocas industrias artesanales que había en el interior.

Como ya hemos dicho en varias oportunidades, la aduana y la libre navegación de los ríos, fueron los grandes temas del enfrentamiento entre los pueblos litorales. Ya en 1817 Artigas había asegurado la aduana propia para la Banda Oriental a través del tratado de libre comercio que firmó con Gran Bretaña.

Buenos Aires prefiere perder el territorio de la Banda Oriental antes que tener a otra aduana (y tan importante como la de Montevideo) compitiendo con la de ella.

A partir de 1812, comerciantes ingleses llegaron a Bs. As. y recorrieron el país en busca de mercados y forma de comercializar nuevos y más convenientes para su economía. También importaron costumbres, palabras y modalidades, y mientras el interior mantenía una postura más cerrada, Bs. As. era una puerta abierta hacia el exterior.1

Durante su presidencia, Rivadavia se mostró decidido en su política social y educacional. En el interior, sus acciones trascendían y Rivadavia quiso que en el Colegio de la Unión se recibieran estudiantes de las provincias para que en ellas se difundieran las reformas que se producían en Bs. As. Pero mientras esta ya pasaba de 55.000 habitantes y estaba en permanente contacto con Europa a través de su puerto, las provincias del interior contaban sólo con unas pocas ciudades importantes.

El ambiente de las ciudades provincianas, y más aún el de las zonas rurales, se resistía a toda innovación; Buenos Aires, en cambio comenzaba a abandonar los techos de tejas y comenzaba a tener construcciones de dos pisos.

Cuando en 1852, Urquiza entró en Buenos Aires para organizar el país, se encontró con una profunda desigualdad en el desarrollo económico de las distintas regiones; una gran desproporción de recursos entre Buenos Aires, el litoral y el interior. Era necesario hallar la fórmula que permitiera la nacionalización de las rentas que hasta ese momento aprovechaba Buenos Aires.

La lucha entre la Confederación y Buenos Aires en 1853 tuvo las características de una guerra económica. Mientras Bs. As. continuaba recaudando gran cantidad de dinero a través de la aduana, la Confederación no tenía recursos y sufría las consecuencias, cada vez tenía más necesidades, se estaba empobreciendo. Si bien el gobierno hizo algunos esfuerzos para cambiar la situación, no se obtuvieron grandes logros. La Confederación decidió en 1856 establecer los "Derechos Diferenciales". Las mercaderías que llegaran a su territorio luego de haber pasado por Buenos Aires pagarían un impuesto mayor; se creía que el tráfico se desviaría hacia el puerto de Rosario y otros de la Confederación.

Según Félix Luna, había un abismo entre el adelanto de Buenos Aires y el de las demás provincias. En la Buenos Aires de 1857 ya existía el alumbrado de gas en las calles, un ferrocarril que llegaba hasta San José de Flores y una Aduana. El desarrollo de Entre Ríos no tenía punto de comparación con el de la ciudad portuaria; mucho menos el de Santiago del Estero, Tucumán y demás jurisdicciones, que no poseían ninguna clase dirigente tan instruida como la de Bs. As., ni instituciones tan importantes como la prensa porteña, la Legislatura o la Universidad. La diferencia era tan grande que se hacía muy costoso la unión de Bs. As. con el interior. La Confederación casi no tenía fuentes de ingresos constantes, mientras la Aduana sustentaba a la administración de Buenos Aires.1

Cuando en 1880 comenzaron a decaer las posibilidades de la industria del saladero, los ganaderos intentaron controlar la política aduanera de la Nación. Lo mismo sucedió con los sectores interesados en el desarrollo industrial, así protegerían el desarrollo de las manufacturas. Se necesitaban distribuir las rentas nacionales.

A partir de que la Aduana de Buenos Aires comenzó a volcar sus rentas y gastos al servicio de objetivos de alcance nacional las grandes diferencias económicas tendieron a disminuir su profundidad, pero es necesario tener en cuenta que no desaparecieron.

Luego de 1880, las provincias del litoral crecieron considerablemente, pero otras como Catamarca fueron más importantes en los tiempos de la Confederación.2

Además de las diferencias económicas que existían en el país, fue notoria la diferencia de estilos vitales que existía entre el litoral y el interior, y más aún entre Buenos Aires (cabeza portuaria del litoral) y las provincias de "arriba".

La estructura social del interior se basaba en la tenencia de la tierra, con lentos aportes inmigratorios, de tendencia aristocratizante (el poder se hallaba en manos de las clases altas de la sociedad); Córdoba y Salta eran ejemplos de esta situación social. En cambio, Buenos Aires vivía del comercio, recibía más aportes inmigratorios y por lo tanto había una movilidad social más intensa que en el interior, la tendencia que reinaba era democratizante (el pueblo ejercía la soberanía).Así, Buenos Aires, en este cuadro social y en comunicación directa con Europa a través de su puerto, era más accesible a las influencias extranjeras. Si había algo que alarmaba al interior era el gran poder del porteño y lo miraba como a un extraño y nuevo rico.

Como ya dijimos, la corriente inmigratoria preferentemente se estableció en la zona del litoral y en las grandes ciudades, entonces las diferencias entre el interior y la zona litoral, antes comparadas por sus recursos económicos, empezaron a destacarse por sus características sociales y demográficas.1

Hacia 1880 el crecimiento social fue desparejo ya que mucha gente progresó a la vez que otras clases de la sociedad sufrían las consecuencias de un proceso duro y competitivo.

Considero oportuno ya que estoy hablando de las diferencias sociales, entrar en el tema de las clases, como estaban compuestas cada una:

La clase alta estaba integrada por los comerciantes (cuyo poder en Buenos Aires y Montevideo era grande), por los estancieros ricos, los profesionales e intelectuales y los militares de graduación superior o cuyas familias pertenecían a alguno de los otros grupos de la clase alta. También la integraban los altos funcionarios eclesiásticos y los sacerdotes cultos que ejercían cargos docentes importantes y que tuvieron actuación política. El papel del propietario rural en esta clase es diverso. En el interior constituían elementos principales de ella, pero en Bs. As. su importancia fue reducida.

La clase media estaba integrada por los pequeños comerciantes, los industriales, los pequeños estancieros, los militares de menor graduación, los maestros y el resto del clero.

Además existían estratos inferiores. López distingue la clase baja en dos grupos bien diferenciados: uno constituido por los trabajadores independientes, los artesanos libres y los pobres propietarios de los suburbios; el otro, constituido por los trabajadores serviles libres, los menesterosos, vagos y demás desheredados sociales.

Demográficamente, las provincias del interior pertenecían a un conjunto bastante poblado pero con excepción de Córdoba, ninguna de sus ciudades había alcanzado la población porteña. Buenos Aires era la única ciudad con una concepción totalmente urbana debido a su desarrollo y a que su fuerza vital habitaba dentro de sí misma, en el comercio. Los otros centros urbanos recibían una profunda influencia rural.

En 1819 la provincia de Bs. As. tenía 125.000 habitantes, Córdoba 75.000, Santiago 60.000 y Salta 50.000. Pero la ventaja porteña disminuye si consideramos los conjuntos regionales ya que el noroeste reunía 220.000 habitantes entre sus cuatro provincias, Cuyo 88.000 y algo menos completaban Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Misiones juntas. Luego de cuatro años, Bs. As. totalizaba 143.000 pobladores de los cuales en la ciudad había 69.000.2

Para el gobierno de Urquiza, Buenos Aires ya contaba con 400.000 habitantes, de los cuales 150.000 vivían en la ciudad. El territorio de la Confederación tenía por entonces unos 740.000 habitantes y Córdoba, la ciudad más poblada de la Confederación, contaba con 110.000 almas.

Por fin, también encontramos diferencias ideológicas:

La revolución de Mayo hirió los sentimientos localistas y redujo la autonomía de los pueblos interiores debido a su necesidad de centralización para la expansión ideológica y a la lucha contra los realistas.

El liberalismo de Buenos Aires, más arraigado y agresivo que en el resto del país, a través de la reforma rivadaviana y sus reacciones en el interior va a empezar a ganar cierto relieve. Según Floria y García Belsunce no es casual que Bustos y Aráoz se preocuparan de dotar a sus provincias de constituciones escritas basadas en el liberalismo.

Es debido a esta serie de diferencias que el país tenía muchas dificultades para organizarse. Así como Buenos Aires no estaba dispuesta a resignar su supremacía sobre las demás provincias, éstas tampoco querían permitirle a Buenos Aires que se salga con la suya, además las afectaba mucho, corrían serios riesgos.

2° Capítulo: Federales y Unitarios

Considero conveniente comentar las ideas de los federales y las de los unitarios, y también las características de ambos partidos. Esto nos ayudará a comprender un poco más las luchas entre ambos.

Cuando Rivadavia invitó a representantes de las provincias para delinear la formar que tendría el Estado Nacional dos posiciones se encontraron; la forma republicana de gobierno podía ser unitaria o federal:

Ø Unitarios

Estos sostenían que para dar estabilidad al país había que establecer un gobierno nacional con amplios poderes políticos y económicos ya que para ellos las provincias no tenían ningún tipo de experiencia para gobernarse a sí mismas.

Esta era la única forma capaz de distribuir equitativamente los beneficios de la consolidación política. Las provincias pasarían a ser distritos administrativos controlados por el gobierno nacional.

Los unitarios mantenían la idea de que provincias demasiado autónomas serían peligrosas para la unidad del país.

Ø Federales

Estos si bien no niegan la necesidad de contar con un gobierno central, buscaban una mayor autonomía política, económica y fiscal para cada provincia.

Creían que el federalismo reflejaba los ideales de la revolución. La autonomía de las provincias no pondría en peligro la unidad del país.

 Tanto los unitarios como los federales no tenían una doctrina sólida.

La preferencia por uno u otro sistema se basaba en las necesidades específicas de cada grupo social.

Las diferencias acerca de las necesidades económicas entre los grupos unitarios y federales eran la fuente del conflicto político entre ambos.

Características de los partidos unitario y federal

  • Partido unitario

Los unitarios eran menores en número que los federales pero compensaban esta falta con la gran calidad de sus políticos.

Eran una minoría compacta y homogénea que tenía bien en claro sus objetivos.

El partido unitario expresaba fundamentalmente a los grandes comerciantes porteños y a sus socios del interior. Sostenía al librecambio y mantenía la política del puerto único, debido a que la fuente principal de sus ingresos como clase estaba en la intermediación de importaciones y exportaciones.

El sector unitario estaba mayoritariamente compuesto por los llamados "doctores", un sector que se identificaba mucho más con la ciudad, con los modales cuidados de las "tertulias" y reuniones privadas; un sector que estaba en contacto con las últimas ideas europeas y admiraba a su intelectualidad. Su distinguida cultura se reflejó en un profundo desprecio por las clases populares y el campo. Si bien algunos sectores pudieron expresar corrientes más democráticas y progresistas, nunca compartieron las pautas culturales de gauchos y campesinos.

  • Partido federal

Los grupos federales estaban dispersos por las provincias y lo único que los unía era su oposición a los unitarios. Cada grupo tenía sus propios objetivos dentro de las provincias y no tenían un objetivo bien claro a nivel nacional.

Los federales representaban a un conglomerado de intereses diferentes sumamente inestables políticamente.

Al no tener un objetivo preciso, el partido federal era bastante flexible.

En el partido federal predominaban las tendencias a la desunión provincial en función de los enfrentamientos entre caudillos locales. Si bien muchos de sus líderes luchaban por formar una confederación, al estilo de Norteamérica, siendo el caso más notorio el de Artigas, esta idea siempre chocó con la oposición de la mayoría de los terratenientes bonaerenses, cuyo "federalismo" se caracterizaba por tratar de mantener para sí la exclusividad del puerto y la aduana.

Los líderes del federalismo siempre fueron de la clase terrateniente. Muchos de ellos escogieron el camino del localismo antes que la organización nacional.

Sus figuras fueron los caudillos, aquellos que bondadosamente se transformaron en conductores de amplias masas populares, que los seguían por haberse identificado con la cultura del campo, de lo autóctono, de la religión y las costumbres locales.

Según Felix Luna, LOS UNITARIOS DESAPARECEN DE ESCENA, sobre todo A PARTIR DEL SEGUNDO GOBIERNO DE ROSAS y la HEGEMONÍA POLÍTICA DEL PAÍS ES FEDERAL.1

Rosas es el caudillo federal por excelencia, el que aparece como el "gran padre" para gauchos y peones, el que "se hace gaucho como ellos", para dominarlos y dirigirlos por senderos que no estorben a la aristocracia terrateniente. Y su maniobra política fundamental es crear una división entre todos aquellos que lo apoyan (los partidarios de la "Santa Federación") y todos los que se le oponen (que, en adelante, pasarán a ser los "salvajes unitarios"). Así, el descontento popular es descargado en los enemigos de la federación y atacados como tales. A esto contribuiría el desprecio de la élite unitaria hacia el pueblo llano.

3° Capítulo: La Guerra Civil Argentina

Me parece interesante hacer hincapié en esta guerra ya que de un lado estaba el interior del país que no sólo quería un régimen de unidad, sino también un régimen político en el que las regiones menos beneficiadas compartieran las ventajas de las más privilegiadas, y del otro (frente al interior) las provincias del litoral que protegían su autonomía para afirmar sus privilegios y defender sus intereses.

Todo comienza cuando Dorrego, el gobernador de Buenos Aires que gozaba de la confianza de los caudillos del interior es acusado de firmar una paz desventajosa con el Brasil. Lavalle se subleva contra él y como representante de los jefes y la oficialidad del Ejército, toma contacto con la logia, un grupo que trabajaba en la revolución desde la caída del gobierno de Rivadavia. Este le propone el apresamiento de Dorrego, de Rosas y de los principales federales, para atemorizar a los caudillos del interior.

Dorrego es advertido por Rosas pero no cree en el golpe militar y permanece en El Fuerte con sus ministros a la espera de apoyos al gobierno.

La revolución se produce el 1 de diciembre de 1828. Dorrego escapa a Cañuelas en busca del apoyo de Rosas. Mientras tanto, es depuesto y sustituido por Lavalle tanto en calidad de gobernador como de capitán general de Buenos Aires. Dorrego llega al campamento de Lavalle, pero éste se niega a recibirlo y lo intima diciéndole que será fusilado. Todo ello, ocurrido el 13 de diciembre de 1828, acaba por desatar una guerra civil entre Buenos Aires y el interior (entre unitarios y federales).

Los unitarios justificaban el terror en la necesidad de mantenerse contra una población enemiga; y los federales hacían lo propio apoyados en la de lograr recursos entre la población favorable. Rosas asumió la responsabilidad de resistir a los golpistas que habían derrocado a Dorrego. Después de algunas batallas y encuentros más o menos confusos, se acordó con Lavalle que Rosas sería gobernador de Buenos Aires, restituyéndose la legislatura que había gobernado con Dorrego y restableciendo la paz en esa provincia. Luego se sucedieron una serie de batallas.

Las principales batallas

José María Paz fue enviado al interior e inmediatamente derrocó a Bustos y se adueñó de Córdoba, desde donde más adelante alzó una fuerte liga de gobiernos interiores, la denominada Liga Unitaria, que le confirió el supremo poder militar.

La Tablada tuvo lugar los días 22 y 23 de junio de 1829, en La Tablada, ciudad cercana a Córdoba, y constituyó un triunfo del general José María Paz frente al caudillo Juan Facundo Quiroga durante la Guerra Civil argentina. Quiroga se dirigió con su ejército a la actual provincia de Córdoba. El general unitario José María Paz fue a su fracasado encuentro, por lo cual Quiroga llegó a la ciudad de Córdoba, que se rindió por hallarse desprotegida. El caudillo riojano dejó en ella su infantería, y con la caballería se situó en La Tablada. Paz tenía dos opciones: atacar a Quiroga en la ciudad o enfrentarlo en La Tablada, y prefirió esto último. Los federales fueron vencidos por el ejército del general Paz, muy inferior en cuanto a efectivos al de Quiroga.

Quiroga fue vencido nuevamente por Paz el 25 de febrero de 1830 en la batalla de Oncativo. El caudillo unitario trató de lograr acuerdos entre las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, temiendo el desquite del caudillo Juan Facundo Quiroga, que como ya mencionamos había sido derrotado en La Tablada. A finales de 1829, Paz tuvo que contener los levantamientos de la región de la Sierra provocados por los montoneros. Dejó allí efectivos y regresó a la ciudad de Córdoba, preparando sus fuerzas para combatir a Quiroga, quien ya había iniciado su avance desde Mendoza. Este último penetró en Córdoba por el sur, mientras se llevaban a cabo conversaciones pacificadoras entre ambos jefes, que por cierto fracasaron. El 25 de febrero de 1830, Paz le salió al encuentro en Oncativo. El caudillo riojano Quiroga, vencido y perseguido por Paz, inició la retirada hacia la región de Cuyo, rumbo que cambió después para retornar a Buenos Aires. Después de su triunfo, Paz se apresuró a ocupar las provincias que hasta ese momento habían respondido a Quiroga.

A partir de Oncativo, se repitieron los fusilamientos de prisioneros, convirtiéndose en una guerra sin tregua, en la cual a quien no se lo degollaba en el campo de batalla se lo fusilaba en el cuartel si se negaba a ‘pasarse’ de bando.

El 26 de agosto de 1829, se hizo cargo del gobierno de Buenos Aires Juan José Viamonte, quien intentó apaciguar los ánimos entre unitarios y federales; confirmó el último gabinete de Lavalle e inauguró el Senado consultivo intentando una conciliación. Mientras tanto, el prestigio de Rosas en el partido federal era creciente y se asentaba en el apoyo popular. Viamonte estableció una Junta, llamó a Rosas a Buenos Aires y se lo designó nuevo gobernador de esa provincia, otorgándole las "facultades extraordinarias que el nuevo gobernador considere indispensables", fundadas en la necesidad de prevenir los ataques que pudieran intentar los más radicales y en afianzar el orden y la tranquilidad pública. Por ello era reconocido como el "restaurador de la leyes". Como Paz había formado la Liga de gobiernos interiores, Rosas debía organizar una liga paralela de gobiernos federales que, en caso de impedirse una guerra con el general Paz, podría llegar a ser el fundamento de un Pacto de la Confederación Argentina, preliminar al Pacto Federal que se firmó finalmente el 4 de enero de 1831. Así la guerra civil terminó con la prisión de Paz, que fue vencido por los soldados de López.1

Quiroga se encargó de terminar con los últimos restos unitarios en el interior.

La Liga del Interior tuvo que ceder ante las presiones de las oligarquías provinciales, las cuales compartían un profundo deseo de asegurar su predominio local. El predominio económico y político de las provincias litorales quedó asegurado, y el ajuste del equilibrio nacional, postergado.2

4° Capítulo: Pactos Interprovinciales

Mientras ocurrían las luchas por el poder, las provincias formaban alianzas entre sí, estableciendo pactos que algunas veces se cumplieron y otras no.

Los pactos a que nos referimos son los siguientes:

Alianza entre Córdoba y Santa Fe

José Javier Díaz (gobernador de Córdoba) se dirige a Estanislao López (gobernador de Santa Fe) en enero de 1820 (antes de Cepeda) y lo invita a establecer una alianza para proteger recíprocamente los derechos de libertad de ambas provincias y fomentar el comercio y las relaciones que ayudarían a mejorarlas. Esta alianza tenía base federal; poco después Córdoba elige a Bustos como gobernador, jefe del federalismo del interior (19 de marzo).

El tratado del Pilar

Luego de la derrota de Rondeau en Cepeda, cada provincia se organiza como un estado autónomo. El cabildo porteño renuncia así al rol de la Ciudad como Capital de todas las Provincias unidas.

En la capilla del Pilar se firmo la paz en febrero de 1820 entre Sarratea (gobernador de B.A.), López y Ramírez. Por medio de este se puso fin a la guerra civil, se estableció la forma federativa de gobierno y Buenos Aires se vio obligada a aceptar la libre navegación de los ríos.

Tratado de Benegas

Se firma el 24 de noviembre de 1820 entre Martín Rodríguez (reciente gobernador porteño) y Estanislao López.Así se convino la paz perpetua entre Buenos Aires y Santa Fe.

Acuerdo entre Córdoba, Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes

Esta alianza entre las provincias se debió a que las mismas necesitaban aliarse contra Rivadavia y su política. Esta alianza se formó luego de la sanción de la Constitución unitaria (1824), la cuál despertó la rebelión de las provincias debido a que pretendían que se sancionara una federal.

El tratado del Cuadrilátero

Muerto Ramírez, en la ciudad capital de la provincia de Santa Fe se reunieron los representantes de las cuatro provincias litorales (Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires) y firmaron el tratado del Cuadrilátero el 25 de enero de 1822 que establece la paz, amistad y unión permanente entre las cuatro provincias contratantes, cuya reciproca libertad, independencia, representación y derechos se reconocen y deben guardarse entre sí con igualdad. La inteligente política de Estanislao López y Martín Rodríguez inicia una época de paz que permite a ambos mandatarios realizar una eficiente labor de gobierno. Se establece que si los españoles, portugueses o cualquier otro poder extranjero invadiese y dividiese la integridad del territorio nacional, todas las provincias firmantes pondrán inmediatamente en ejercicio su poder y recursos para arrojarlo de él.

Pacto Interprovincial de 1828

Luego de la caída de Rivadavia, Córdoba se creyó que tenía el derecho de orientar el país hacia una política federal. Entonces, Buenos Aires y Córdoba empezaron a disputarse el privilegio de reorganizar el país. Por este motivo se firma este pacto entre todas las provincias con las excepciones de Catamarca, Tucumán y Salta. Por el mismo, Córdoba se comprometía a invitar a todas, inclusive a Buenos Aires, para reunirse en Congreso y así constituir al país bajo la forma federal de gobierno. Pero el gobierno no podría reunirse en Buenos Aires.

La idea era nacionalizar los beneficios que traía la aduana y que todas las provincias se comprometan a proteger el comercio interno de todas.

Tratado entre Córdoba y Buenos Aires

El mismo es firmado el 21 de septiembre de 1827 por Bustos (Córdoba) y Moreno (Buenos Aires). En este ambas provincias reconocían tener mismos derechos y ser iguales, y contraen la responsabilidad de apoyarse recíprocamente y defender sus instituciones. Además se comprometen a ayudar en la guerra contra Brasil.

Tratado entre Santa Fe y Buenos Aires

Este es firmado el 2 de octubre de 1827 por Vidal (delegado de Buenos Aires) y por Echagüe (Santa Fe). Como en el anterior, se encomendaba provisoriamente al gobierno de Buenos Aires dirigir la guerra y las relaciones exteriores.

Tratado entre Buenos Aires y Entre Ríos

Se firma el 27 de octubre de 1827 por Vidal y Vicente Zapata (Entre Ríos). En este también la provincia entrerriana delega a Buenos Aires el manejo de las relaciones exteriores y la dirección de la guerra.

Tratado entre Corrientes y Buenos Aires

Vidal firma esta vez un tratado con Eusebio Antonio Villagra (Corrientes) el 11 de diciembre de 1827. En el mismo también se confía a Buenos Aires la responsabilidad de los negocios de la guerra, la paz y el manejo de las relaciones exteriores. Además se la autoriza a realizar alianzas ofensivas y defensivas con las repúblicas americanas autónomas para proporcionar recursos con que sustentar la guerra y darle un fin.

Tratados entre Buenos Aires y demás provincias

Antes de que Rosas llegue al gobierno, Viamonte firma con Santa Fe un tratado el 28 de octubre de 1829 por el cual ambas provincias deberían invitar a las demás a un congreso nacional.

El 25 de febrero de 1830, un tratado parecido al mencionado anteriormente es firmado por Corrientes.

Mendoza (julio de 1831) y San Juan (agosto del mismo año) renuevan una ley, autorizando a Buenos Aires a manejar las relaciones exteriores hasta la reunión de un congreso nacional. Córdoba, Santiago, San Luis y Catamarca las siguieron, realizando lo mismo.

Pacto Federal de 1831

El 4 de enero de 1831 se firmo el Pacto Federal, que comprometía a las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos (luego se adhiere Corrientes). Por el mismo, Buenos Aires promete ayudar económicamente a las provincias.

Acuerdan resistir cualquier invasión extranjera contra alguna de las provincias argentinas, y constituir una alianza defensiva ofensiva contra toda agresión de las demás provincias.

En el se dan las bases definitivas sobre las que habrá de constituirse el país, bajo los principios del federalismo.

Pacto de San Nicolás

Se firma el 31 de mayo de 1852 y es convocado por Urquiza para sentar las bases de la constitución argentina. Sus disposiciones fueron aceptadas por las provincias de la confederación y rechazada por Buenos Aires. Las mismas eran que Urquiza se transformaba en el director provisorio de la Confederación, encargado de conducir las relaciones exteriores y con el mando supremo de sus Fuerzas Armadas; se transfería el control de la aduana y el puerto de Buenos Aires a las autoridades nacionales y se convocaba a un Congreso General constituyente en Santa Fe (al que cada provincia asistiría con 2 diputados sin importar el número de habitante y su capacidad económica). Además este acuerdo proclamaba el Pacto Federal de 1831 como ley fundamental de la República.

Pacto de San José de Flores

Luego de Cepeda, Urquiza estableció su campamento en San José de Flores. Este pacto de unión entre Bs. As. y la Confederación se firmó el 11 de noviembre de 1859 y por el mismo, Buenos Aires se declaraba integrante de la Confederación Argentina y aceptaba en principio la Constitución de 1853, la cual sería luego estudiada por todas las provincias y en caso de ser necesario, reformada. También se estableció que la capital de la Nación sería la ciudad que fuese declarada tal por una ley del Congreso, previa cesión hecha por una ley especial de la Legislatura de aquella provincia que tuviese que cederla. 1

El pacto de San José de Flores fue el último acuerdo que se realizó con el fin de que la República Argentina se organizara, para que Buenos Aires se constituya como una provincia más de la Nación.

5° Capítulo: El Caudillo

Surgimiento del caudillismo  

A los años posteriores a la emancipación, siguió un prolongado período de conflictos que generalmente desembocaron en guerras civiles. Cada grupo, cada sector y cada región manifestaban no sólo sus tendencias, sino su capacidad para imponerlas a los demás. Así comenzó un avance hacia la anarquía, hacia algún tipo de organización fundada, a veces, en la fuerza hegemónica de uno de los grupos y, otras, en la actitud de cambio que surgía tras largos enfrentamientos. Pero lo que parecía el fin de un conflicto se convertía con frecuencia en el comienzo de otro.

Pero quienes redactaron las leyes constitucionales y se sentaron en las cámaras no fueron los únicos actores políticos. Algunos papeles políticos importantes los desempeñaron otros individuos —militares, caudillos regionales, comerciantes— que estaban menos preocupados por las ideas, las leyes y las doctrinas políticas que en proteger sus intereses, por lo que con frecuencia recurrieron a medidas violentas.

El pueblo confiaba en los líderes individuales, en los hombres fuertes, y así surgieron los caudillos.

Hay que tener en cuenta que las autonomías regionales y los caudillos muchas veces actuaron como fuerzas opuestas al desarrollo de los estados nacionales.

El Caudillo

Entre 1820 y 1824 en las provincias se consolida el sistema federal y es ahí cuando aparecen los caudillos como jefes locales, político y militar.

Estos se destacan, cada uno en su ámbito, por sus condiciones de líderes, sus grandes influencias sobre los distintos estratos de la sociedad, en particular sobre la masa popular, y por sus capacidades políticas.1

El caudillo en gran manera era la expresión de la provincia.

Su autoridad fue reconocida por los distintos sectores de la sociedad. Las clases altas encontraban en ellos a los sostenedores del orden; las clases populares, en especial los gauchos y peones, los consideraban defensores de sus intereses inmediatos y sus formas de vida.

El caudillismo fue el fiel reflejo de una sociedad primaria que reunía pocas condiciones para la participación política. Esta estructura política primitiva, basada en el poder individual, en la lealtad personal, en la autoridad del patrón y la dependencia del peón, se convirtió en el modelo del caudillismo, reproduciéndose desde las estructuras locales a las nacionales.

El pillaje fue una característica del sistema caudillista: un modo de hacer la guerra que benefició a ambas partes, directa o indirectamente, porque conseguía ejércitos y recursos para la guerra. El caudillo a menudo nacía sin convicciones políticas, y aunque no fue un militar profesional, frecuentemente actuó como tal. Los intereses de los hacendados solían ser de carácter regional, por lo que los caudillos los defendían frente al centralismo. Sin embargo, los espectaculares avances de algunos caudillos hicieron que pasaran de ser locales a transformarse en nacionales y federalistas, hasta que se convirtieron en defensores del poder central.

Otra imagen surgida en este periodo fue la del caudillo benefactor. La gente se vinculaba con el caudillo en espera de recompensas. Se confiaba más en la promesa de un caudillo que en la de una institución. Una de las recompensas más apreciadas fue la tierra. Los caudillos no eran líderes populares, sino que manipulaban sectores populares encabezando una coalición de fuerzas de elite.

Buenos Aires contaba con abundantes medios económicos es por eso que podía formar un ejército numeroso y bien pago, equipado y capaz de mantener a sus soldados; el resto de las provincias en cambio, sólo podía brindar al caudillo aquello que ofrecía la campaña, que era muy poco. Debido a esto los caudillos del interior poseían escaso armamento.

Era creencia general que los caudillos tenían escasa formación cultural. Es cierto que López y Ramírez sólo reconocían una educación básica, pero otros como Alejandro Heredia y Juan Bautista Bustos eran militares de carrera. Juan Facundo Quiroga era un hombre muy culto, esto es visto en su correspondencia, la cuál revela un espíritu sutil y una redacción refinada. El ya nombrado Heredia además de ser militar, era graduado en leyes y Ramírez -tal vez el menos instruido de todos ellos- hizo de la educación una de sus grandes inquietudes como gobernante.

Los caudillos formaban parte de la clase dirigente de sus provincias y en muchos casos fueron representantes inconfundibles de las oligarquías locales.

Los caudillos eran parte del alto status provincial antes de alcanzar el poder. Ejemplos concretos de esto son Martín Guemes (quien pertenecía a una de las más importantes familias de Salta), Quiroga (era uno de los grandes estancieros de los llanos riojanos y su padre había sido funcionario en el período colonial) y Ramírez (que era propietario y pertenecía por parte de su padre a una de las principales familias de Entre Ríos).

Como gobernantes fueron dictadores, esto era lógico en los territorios de estructura social primaria. No esquivaron los cuerpos constitucionales pero cuando las situaciones eran difíciles, la ley principal era la voluntad del caudillo, y la constitución local sólo proporcionaba el marco legal para dar legitimidad formal a la decisión personal.

Ramírez, López y Guemes adoptaron una tendencia populista, es decir que sus ideas estaban cerca de las del pueblo, coincidían. En cambio, a los caudillos del centro de la república se los puede acomodar dentro de una línea más conservadora.

No todas las provincias tuvieron caudillos típicos; Corrientes estuvo primero bajo la influencia de Artigas y de Ramírez más tarde, no produjo caudillos, sí jefes dependientes de aquellos dominadores, y luego sus gobernantes no consiguieron la apariencia de los caudillos. Catamarca estuvo en una condición parecida ya que estuvo sometida a las influencias de Salta, Tucumán y Santiago; las provincias de Cuyo estuvieron sometidas a la influencia de Quiroga, sin embargo Aldao era su jefe.

Bustos y Quiroga formaron con los caudillos de las provincias del noroeste, con excepción de Lamadrid en Tucumán, una suerte de entente cordiale (entendimiento cordial). De esta manera se fueron formando los núcleos políticos del veinte y del treinta: por un lado Buenos Aires, diferente hasta en su federalismo; por otro el litoral, donde se reunían las influencias porteña, oriental y cordobesa; por otro la Banda Oriental de tendencia a la separación pero que participaría por mucho tiempo en los inconvenientes de la nación; y finalmente el interior, más afín y homogéneo, pero donde se pueden distinguir movimientos de influencias que se adaptan a antiguas divisiones administrativas.

Mientras Buenos Aires, bajo el gobierno de Rodríguez, podía hallar en la alianza de la ciudad y la campaña un equilibrio con el que llegaría a una etapa de progreso, las otras provincias buscaban su propia evolución una vez que cae el poder central. Entonces, el proceso de desunión va acompañado de uno de organización interna.1

Principales Caudillos

José Gervasio Artigas nació en Montevideo y era parte de una de las familias fundadoras de la ciudad.

Tras estallar en 1810 la revolución contra el dominio español en el virreinato del Río de la Plata, se unió a las fuerzas revolucionarias y se dirigió a Buenos Aires para ofrecerles sus servicios. La Junta creada en dicha ciudad le otorgó el grado de teniente coronel, con el que marchó hacia la Banda Oriental (nombre que recibían los territorios situados al este del Río de la Plata, parte de los cuales constituye el actual Uruguay). Las unidades patrióticas que estaban a su mando lograron una serie de victorias frente a los españoles durante la primera mitad de 1811 y sitiaron Montevideo hasta octubre de ese año, cuando la propia Junta provincial de esos territorios orientales acordó seguir los designios del primer Triunvirato bonaerense, que había firmado un pacto con los realistas.

Artigas y sus seguidores cruzaron en enero de 1812 el río Uruguay. La Banda Oriental tuvo que enfrentarse desde entonces, también, a las ambiciones territoriales del Triunvirato de Buenos Aires. En abril de 1813, Artigas fue nombrado por un congreso provincial gobernador civil y militar provisorio de los territorios por lo cual envió diputados a Buenos Aires con instrucciones precisas: establecer las bases de un sistema federal de gobierno, en el cual uno de los estados miembros sería la propia Banda Oriental. Tras el rechazo de las instrucciones y de los propios diputados enviados, las relaciones de Artigas con el gobierno de Buenos Aires se debilitaron.

En 1814 organizó la Liga de los Pueblos Libres (donde pretendía integrar a todas las provincias rioplatenses de inclinaciones federalistas), de la que se declaró protector. Artigas tenía un gran poder, por eso era capaz de sustraer de la jurisdicción efectiva de Bs.As. una parte tan importante del antiguo virreinato como eran las provincias del litoral y la de Córdoba.1

Logró liberar a Montevideo del control de los centralistas de Buenos Aires en febrero de 1815, marchando seguidamente hasta Santa Fe. Se negó a enviar diputados al Congreso de Tucumán (1816), por el que se organizaría a las recién creadas Provincias Unidas del Río de la Plata, debido a la definitiva separación respecto de la política centralista bonaerense. Fue derrotado a finales de 1816 por las tropas portuguesas de Brasil, que tomaron Montevideo en su lucha contra los independentistas de los territorios orientales. Incapaz de expulsarlos, y después de la definitiva victoria brasileña en la batalla de Tacuarembó (22 de enero de 1820), la cual supuso la disolución de los denominados Pueblos Libres, fue excluido del acuerdo logrado entre los federalistas y los centralistas, o unitarios, rioplatenses (Tratado del Pilar, febrero de 1820).

Tras retirarse con el resto de sus tropas a la provincia de Entre Ríos, resultó finalmente vencido en sucesivos combates por el caudillo federalista y gobernador de esa provincia, Francisco Ramírez, en septiembre de 1820.

Francisco Ramírez nació en Entre Ríos y fue también gobernador de la misma. Ya como caudillo federal, en 1817 venció a las fuerzas nacionales al mando de Montes de Oca en la batalla de Arroyo Cevallos, y en 1818 a las de Marcos Balcarce en la batalla de Saucecito. Fue designado gobernador de Entre Ríos, por lo cual la provincia pasó a gozar de un grado elevado de autonomía. Luchó contra el director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, José Rondeau, quien representaba a las fuerzas de Buenos Aires, en la batalla de Cepeda, lo que señaló la disolución de las autoridades nacionales. Luego luchó y venció al ya nombrado Artigas, a quien no reconocía como protector de los Pueblos Libres. Ramírez participó del Tratado del Pilar y en septiembre de 1820 declaró la independencia de la República de Entre Ríos, pero no logró dominar al caudillo Estanislao López que se le opuso en Santa Fe. Tuvo la intención de lanzarse sobre Buenos Aires, pero antes tuvo que enfrentar a López y fue derrotado. Luego, Bustos, lo volvió a derrotar. A partir de entonces, Entre Ríos, en las disputas por la autoridad, tuvo menos peso que Santa Fe.

Tras la Revolución de mayo de 1810, Estanislao López, se incorporó al Ejército de Manuel Belgrano para invadir Paraguay. Fue tomado prisionero. Cuando la flota realista atravesó el río Paraná, defendió la ciudad de Rosario y contuvo a los indios peleando durante ocho meses. Luchó contra el general Artigas, volviendo a caer prisionero. Fue teniente en el Cuerpo de Blandengues y, cuando fue invadida la provincia de Santa Fe por los generales Díaz Vélez y Viamonte, luchó contra ellos siendo ascendido al grado de teniente coronel. Desde entonces tuvo un papel destacado como militar y político, gozando de gran prestigio en su provincia natal. En 1819, fue gobernador de Santa Fe.

Juan Bautista Bustos nació en Punilla (actual provincia de Córdoba). Participó en la Revolución de mayo militando en los ejércitos independentistas bajo las órdenes de Manuel Belgrano. Bustos, desde Córdoba, podía con gran facilidad aglutinar el interior del país contra Bs. As.

Después de la sublevación de Arequito, que precipitó al país en una gran anarquía, se hizo cargo del gobierno de la provincia de Córdoba hasta el año 1829, en que fue derrotado por el general José María Paz. Buscó protección entre los federales, junto al caudillo Juan Facundo Quiroga, dirigiéndose a la provincia de Santa Fe, donde murió al arrojarse a un río para evitar caer prisionero, en septiembre de 1830.

José María Paz en 1810 ingresó en el Ejército, y actuó en la segunda y tercera campañas del Alto Perú, quedando manco. Participó en el combate de la Herradura y en la sublevación de Arequito. Luchó en la guerra contra el Brasil, y después en la revolución del 1 de diciembre de 1828, en la que fue derrocado Manuel Dorrego. Combatió y venció en San Roque, La Tablada y Oncativo. Se le confió el poder supremo militar y fue gobernador de Córdoba, pero en mayo de 1831 cayó prisionero y fue encarcelado en Santa Fe y, más tarde, en Luján. Se incorporó al Ejército y, en noviembre de 1841, en Corrientes, venció en la batalla de Caaguazú a Juan Manuel de Rosas. Se le confió el mando de las fuerzas correntinas, pero debió dejar la provincia. Después de la batalla de Caseros, regresó a Buenos Aires, donde fue ministro y miembro de la legislatura en 1854. En este año y en esta ciudad falleció.

Juan Facundo Quiroga fue uno de los principales caudillos federales. Nació en La Rioja y actuó en las montoneras, en 1819, cuando ocurrió la sublevación de San Luis. Luchó contra los realistas, lo que le sumó gran prestigio. Más tarde, combatió contra los unitarios y, a partir de 1823, se convirtió en el árbitro de su provincia. En 1826 venció a los unitarios en El Tala y El Rincón, y, más tarde, fue derrotado por el general José María Paz en los combates de La Tablada y Oncativo. Cuando Paz cayó prisionero, logró vencer a las fuerzas unitarias del interior en la batalla de La Ciudadela. Posteriormente, pasó a Buenos Aires, y el gobernador Juan Manuel de Rosas le encargó que fuera a mediar entre los gobernadores Heredia, de Tucumán, y Latorre, de Salta, que estaban en conflicto. Se entrevistó entonces en la ciudad de Santiago del Estero con los respectivos representantes, donde se convino un pacto de paz entre las provincias. En el viaje de regreso, fue asesinado en Barranca Yaco, en la provincia de Córdoba.

CONCLUSIÓN

Analizando esta monografía se puede concluir que Buenos Aires siempre se encargó de llevar la delantera y poco le importaba si las demás provincias estaban bien o no, ella quería poder y todo lo que este arrastraba.

Podemos destacar además que lo que originó el reclamo de las provincias y las ideas federales fue la gran desigualdad con que el país crecía debido a la política aduanera de Buenos Aires y por lo tanto a la gran acumulación de poder, población y riqueza.

Esta política que llevaba Buenos Aires gobernaba en contra de los intereses de las provincias.

Observemos también que siempre que algo en las provincias no gustaba, que se sentían alarmadas por el poderío porteño, se armaban grandes rebeliones, muchas veces armadas. Esto era algo que estaba muy metido dentro de la sociedad. Había un gran espíritu de desunión en cada pueblo respecto de los demás.

Así Buenos Aires continuó con su supremacía sobre el país hasta el día de hoy, que para viajar al exterior hay que ir primero a Buenos Aires, que tiene un gran y destacado aeropuerto. También el Presidente con su cámara de diputados se encuentra en esa provincia.

Y para finalizar resaltemos que si bien había algunas semejanzas entre Buenos Aires y las otras provincias de la República Argentina, las desigualdades eran más y traían graves consecuencias.

BIBLIOGRAFÍA

Félix Luna-Breve historia de los argentinos. Planeta, Buenos Aires.1997

Domingo Faustino Sarmiento-Facundo. Emecé, Buenos Aires.1999

José Luis Romero-Breve historia de la Argentina. FCE, Buenos Aires.1996

Carlos Alberto Floria y César A.García Belsunce-Historia de los argentinos. Laurosse, Buenos Aires.1992

Enrique Barba, Julio Yrazusta, Juan José Real, Beatriz Bosch, Sergio Bagú y Félix Weinberg-Unitarios y Federales. Yspamérica, Buenos Aires.1987

Enciclopedia Microsoft Encarta 2000

Enciclopedia temática escolar 2- Visor, Buenos Aires.1998

"Este trabajo se lo dedico a

los seres que me dieron la vida,

Alfredo y Mary.

ellos me enseñan a vivir"

 

 

 

Mary Madariaga


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