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Giovanni Sartori, Homo videns

Enviado por ivan_escalona



La sociedad teledirigida,

Traducción de Ana Díaz Soler, Madrid, Taurus, 1998.

  1. Angel Vivas
  2. La política vídeo-plasmada
  3. Racionalidad y postpensamiento
  4. Homo videns. La sociedad teledirigida
  5. Gloria Cardenal Sanabria
  6. El concepto de "mundialización"
  7. Mundialización y cultura

Dice Ortega, en La rebelión de las masas, que "lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera". Dicha aseveración, escrita a finales de la década de los veinte, se ratificaba a mediados del siglo, cuando aparecía el aparato creador y recreador, por excelencia, de las masas: la televisión.

A partir de ese hecho, Giovanni Sartori advierte: un mundo concentrado sólo en el hecho de ver es un mundo estúpido. El homo sapiens, un ser caracterizado por la reflexión, por su capacidad para generar abstracciones, se está convirtiendo en un homo videns, una criatura que mira pero que no piensa, que ve pero que no entiende.

El proceso comienza desde la infancia. La televisión es la primera escuela del niño, en donde se educa con base en imágenes que le enseñan que lo que ve es lo único que cuenta. Así, la función simbólica de la palabra queda relegada frente a la representación visual . El niño aprende de la televisión antes que de los libros: se forma viendo y ya no lee. Dicha formación va atrofiando su capacidad para comprender, pues su mente crece ajena al concepto -que se forma y desarrolla mediante la cultura escrita y el lenguaje verbal-. De esta manera, "Los estímulos ante los cuales responde cuando es adulto son casi exclusivamente audiovisuales".

Dejando a un lado la función de entretenimiento que la televisión tiene, Sartori se concentra en su labor formativa. No es el homo ludens el que le interesa, sino el homo videns. Si el niño crece junto al televisor, su concepción del mundo se vuelve una caricatura; conoce la realidad por medio de sus imágenes y la reduce a éstas. Su capacidad de administrar los acontecimientos que lo rodean está condicionada a lo visible: su capacidad de abstracción (de trascender, por decirlo de algún modo, lo que le dicta el ojo) es sumamente pobre, "no sólo en cuanto a palabras, sino sobre todo en cuanto a la riqueza de significado". La imagen no tiene contenido cognoscitivo, es prácticamente ininteligible. El acto de ver anula, en este caso, el de pensar. El concepto queda sumergido entre colores, formas, secuencias y ruidos de fondo. En tanto que la asimilación de una palabra requiere del conocimiento de un lenguaje y de una lengua, la imagen, por su parte, se procesa automáticamente: se ve, y con eso es suficiente.

Por supuesto, Sartori no ignora las repercusiones políticas que acarrea el surgimiento del homo videns. Si es cierto que la democracia es el gobierno-de la opinión, y que los medios (especialmente la televisión) son, en gran medida, formadores y transmisores de la misma, entonces la importancia que adquieren como instrumentos de y del poder es enorme.

En el mundo del homo videns no hay más autoridad que la de la pantalla: el individuo sólo cree en lo que ve (o en lo que cree ver). Sin embargo, la imagen también miente; puede falsear los hechos con la misma facilidad que cualquier otro medio de comunicación, con la diferencia de que, "la fuerza de la veracidad inherente a la imagen hace la mentira más eficaz y, por tanto, más peligrosa". Además, la propia naturaleza del espacio televisivo tiende, irremediablemente, a descontextualizar las imágenes que transmite, pues mientras se ocupa de las últimas noticias y de las imágenes más escandalosas, margina otros aspectos que aunque pueden ser más importantes que los que se ven, no son, plásticamente, tan atractivos. Lo inquietante es, pues, que el poder de la evidencia visible es contundente, ésta siempre dice lo que tiene que decir: su veredicto es irrefutable.

Asimismo, el hecho de que la televisión lo convierta todo en espectáculo, atropella la posibilidad del diálogo: la pantalla, simplemente, no tiene interlocutores. La imagen no discute, decreta; es, al mismo tiempo, juicio y sentencia. Lo cual es aún más grave si se piensa que la televisión tiene, por lo mismo, cierta preferencia por el ataque y la agresividad, pues pueden ser, en sí, visuales; en tanto que la defensa o la inteligencia requieren, por su parte, de un discurso que para el ojo desnudo es aburrido e indescifrable. Quien es acusado por los medios, es, en la mente del público, culpable inmediatamente.

Las elecciones se vuelven, por su parte, una competencia en donde son los hombres, y no los programas de gobierno ni el respaldo partidista, los que se graban en la mente del elector. "La televisión nos propone personas en lugar de discursos [ ... ] El video-líder más que transmitir mensajes es el mensaje." La política, por televisión, requiere de personajes, se fundamenta en la exhibición de rostros. No obstante, ello varía según el sistema político en cuestión: si el voto es por lista o por candidato, si es en distritos uninominales o plurínominales, si los partidos son débiles o están institucionalizados, si se trata de un sistema presidencial o parlamentario. La tendencia, sin embargo, persiste en mayor o menor grado: la imagen televisiva personaliza la política.

Cuando Ortega sentenciaba "el hombre-masa no atiende a razones", sujuicio era exacto. Ahora, la televisión acentúa ese fenómeno en el homo videns: promueve la emotividad y la excitación, muestra imágenes que conmocionar y encienden pasiones en el televidente, sin que éste tenga que comprender lo que mira; sus pasiones lo determinan sin sesgos racionales.

En la era global, la televisión fortalece el localismo, aldeaniza. "El mundo visto en imágenes es necesariamente un mundo de primeros planos: algunas caras, un grupo, una calle, una casa. Por tanto, la unidad foto-aprehensible es, al máximo, la aldea, el conglomerado humano mínimo." La realidad se percibe por medio de estampas, de tomas y cortes que, en definitiva, reducen la complejidad de los hechos y del planeta para hacerlo video-interesante. De tal suerte, la televisión se convierte en un agente perverso de la globalización. Mientras que por un lado homogeneiza mediante la explotación de la sensibilidad del público (¿o debería decir sensiblería?); por el otro, fragmenta, mostrando recortes del mundo que impiden una comprensión integral de éste. Muestra imágenes de aldeas dispersas y distintas, pero que provocan lo mismo.

Sobre la posibilidad del gobierno del pueblo en la época del homo videns, Sartori cita a Ghita lonescu: "El hecho de que la información y la educación política estén en manos de la televisión [ ... ] representa serios problemas para la democracia. En lugar de disfrutar de una democracia directa, el demos está dirigido por los medios de comunicación". Éstos no son el espejo de la opinión pública, sino -la pantalla que recoge el eco que viene de regreso. De acuerdo con Sartori, no reflejan los cambios que ocurren, sino las transformaciones que, a la larga, promueven. La abundancia de información no garantiza la comprensión de los fenómenos: "se puede estar informadísimo de muchas cuestiones, y a pesar de ello no comprenderlas". La televisión produce un demos cuyo criterio somete a sí misma. No es una multitud que cree opinión, es un público que la demanda. Y así, se genera un grave problema de autoconsistencia: la referencia del público es la opinión que los medíos transmiten, de manera que el productor produce a sus consumidores y éstos, a su vez, se vuelven adictos al producto. Un homo videns que ha perdido la capacidad de disentir se vuelve, entonces, un elector teledirigido. "En estas condiciones, el que apela y promueve un demos que se autogobierne es un estafador sin escrúpulos, o un simple irresponsable, un increíble inconsciente."

La difusión de encuestas que pretenden retratar a ese desconocido llamado opinión pública, degenera en un gobierno de los sondeos. Sin embargo, éstos no constituyen, de manera alguna, un instrumento del poder de los ciudadanos; por el contrario, son "una expresión del poder de los medios de comunicación sobre el pueblo». La consistencia de las opiniones expresadas estadísticamente es nula: su argumentación es pobre, su profundidad inexistente. Es tal el margen que existe para provocar una respuesta, manipulando la pregunta, que la opinión que se recoge no es, necesariamente, la del encuestado, sino, por lo general, la que el encuestador persigue. Y en ese caso quien gobierna no es el pueblo, sino los medios.

Finalmente, y frente a un escenario tan poco alentador ¿cuál es la salida? Sartori, bien a bien, no lo sabe. Señala, sin embargo, las respuestas equivocadas. En primer lugar, argumenta que la competencia no es una solución, pues lejos de incrementar la calidad de los medios, la disminuye para cautivar a un público acostumbrado a la basura mediática. Rivalizando en conformismo, la competencia entre los medios no acarrea sino un deterioro de su contenido: el sensacionalismo se vuelve más pagadero porque llama más la atención, es más emotivo y no requiere de reflexión profunda. Por si fuera poco, la libertad de expresión presenta un obstáculo que complica sobremanera la cuestión: intentar alterar las transmisiones televisivas podría interpretarse (no sin cierta razón) como una forma de censura. Lo único que queda, pues, es defender al libro: la cultura escrita contra la revolución visual. ¿Pero cómo?

Homo videns es más una reflexión que un estudio. Se distingue de los demás trabajos de Sartori, especialmente, en cuanto a la profundidad del texto: no es un tema que el autor domine, es, más bien, una asunto que le preocupa. Está lejos de ser un libro especializado (como, por ejemplo, Ingeniería constitucional comparada): el rigor académico de otros trabajos no es tan evidente. Incluso su aparato crítico está mucho menos nutrido. Empero, su agudeza y suspicacia siguen resaltando. Al final, y a diferencia de algunas otras de sus obras, lo que pretende es generar preguntas, no ofrecer respuestas. Desde el inicio, avisa sobre sus intenciones: "La mía quiere ser una profecía que se autodestruye, lo suficientemente pesimista como para asustar e inducir a la cautela". Propone el tema del imperio de la imagen, poniendo énfasis en sus peligros y esperando, así, detener el florecimiento y la expansión del homo videns.

ANGEL VIVAS

MADRID.- A pesar de que su apariencia no engaña y tiene todo el aspecto de lo que es, un respetado profesor de las universidades de Florencia y Columbia (Nueva York), autor de numerosos ensayos, los libros de Giovanni Sartori tienen el don de resultar polémicos.

El último, concretamente, Homo Videns. La sociedad teledirigida (Taurus), afirma haberlo escrito con la intención de armar bronca.

Es un alegato contra el poder de la televisión, contra la falsa creencia de que una imagen vale más que mil palabras (es, más bien, al revés) y una llamada de alerta ante los efectos negativos producidos en toda una generación que ha conocido las imágenes televisivas antes que la letra impresa.

El terreno de los libros y la lectura, de la palabra, es el de los conceptos abstractos, el del mundo inteligible que se dirige a la capacidad simbólica que es lo específico del ser humano.

Las imágenes se limitan al mundo sensible, a las cosas que se ven y forman lo más inmediato y cotidiano de la vida. El predominio de ese segundo mundo sobre el primero es, según Giovanni Sartori, lo que nos puede llevar a lo que casi es una regresión evolutiva, el paso del homo sapiens al homo videns.

Giovanni Sartori afirma en el libro que «actualmente, el pueblo soberano "opina" sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar; y en el hecho de conducir la opinión, el poder de la imagen se coloca en el centro de todos los procesos de la política contemporánea».

Y cuando se refiere a los debates de opinión, Sartori parece haberse documentado con los programas de las televisiones españolas: «La desinformación se alimenta de dos típicas distorsiones de una información que tiene que ser excitante a cualquier precio: premiar la excentricidad y privilegiar el ataque y la agresividad... Destacan los charlatanes, los pensadores mediocres, los que buscan la novedad a toda costa».

Sartori se refiere también a la censura implícita, que él sitúa en lo que llama «la voluntad de servir», principio según el cual la promoción va unida al poder político y un periodista sabe lo que le puede promocionar o perjudicar según su mayor o menor sentido crítico con el poder.

Homo videns. La sociedad teledirigida

Giovanni Sartori

La política vídeo-plasmada

El último aspecto de la vídeo-política que trataremos aquí es que la televisión favorece -voluntaria o involuntariamente- la emotivización de la política, es decir, una política dirigida y reducida a episodios emocionales. He explicado ya que lo hace contando una infinidad de historias lacrimógenas y sucesos conmovedores…
La cuestión es que, en general, la cultura de la imagen creada por la primacía de lo visible es portadora de mensajes "candentes" que agitan nuestras emociones, encienden nuestros sentimientos, excitan nuestros sentidos y, en definitiva, nos apasionan.
El saber es logos, no es pathos, y para administrar la ciudad política es necesario el logos. La cultura escrita no alcanza este grado de "agitación". Y aun cuando la palabra también puede inflamar los ánimos (en la radio, por ejemplo), la palabra produce siempre menos conmoción que la imagen. Así pues, la cultura de la imagen rompe el delicado equilibrio entre pasión y racionalidad. La racionalidad del homo sapiens está retrocediendo, y la política emotivizada, provocada por la imagen, solivianta y agrava los problemas sin proporcionar absolutamente ninguna solución. Y así los agrava.

Regnum hominis y hombres bestias

El núcleo en torno al cual todo se imbrica es el hombre como animal racional. En este trabajo, he insistido en la noción de animal simbólico porque no postulo que el hombre sea un animal racional. Su racionalidad presupone un lenguaje lógico (no sólo un lenguaje emotivo) y un pensamiento abstracto que se desarrolla deductivamente, de premisa a consecuencia. Por consiguiente, nuestra racionalidad es una potencialidad y, asimismo, un tener que ser, difícil de lograr y fácil de perder; es sólo una parte de nuestro ser. Pero es la condición sine qua non, la condición imprescindible, la condición necesaria.
Y sin embargo, el animal racional está siendo atacado profundamente, más de cuanto lo haya estado nunca … Y el clima cultural más apoyado por los medios de comunicación consiste en atacar al modelo elitista, abyecto y superado, del hombre racional occidental … El hombre del postpensamiento, incapaz de una reflexión abstracta y analítica, que cada vez balbucea más ante la demostración lógica y la deducción racional, pero a la vez fortalecido en el sentido del ver (el hombre ocular) y en el fantasear (mundos virtuales), ¿no es exactamente el hombre bestia que presenta Vico en su Ciencia Nueva? Realmente se le parece.

Racionalidad y postpensamiento

El contraste que estoy perfilando entre homo sapiens y, llamémoslo así, homo insipiens no presupone idealización alguna del pasado. El homo insipiens (necio y, simétricamente, ignorante) siempre ha existido y siempre ha sido numeroso. Pero hasta la llegada de los instrumentos de comunicación de masas los "grandes números" estaban dispersos, y por ello mismo eran muy irrelevantes. Por el contrario, las comunicaciones de masas crean un mundo movible en el que los "dispersos" se encuentran y se pueden "reunir", y de este modo hacer masa y adquirir fuerza.
Así pues, aunque los pobres de mente y de espíritu han existido siempre, la diferencia es que en el pasado no contaban -estaban neutralizados por su propia dispersión- mientras que hoy se encuentran, y reuniéndose, se multiplican y se potencian.
Una vez dicho esto, la tesis de fondo del libro es que un hombre que pierde la capacidad de abstracción es eo ipso incapaz de racionalidad y es, por tanto, un animal simbólico que ya no tiene capacidad para sostener y menos aún para alimentar el mundo construido por el homo sapiens.
Hoy más que nunca, la gente tiene problemas, pero no posee la solución a esos problemas. Hasta ahora se consideraba que en política la solución de los problemas de la gente hay que reclamársela a los políticos (al igual que en medicina hay que pedírsela a los médicos, y en derecho a los abogados). No obstante, el gobierno de los sondeos, los referendos y la demagogia del directismo atribuyen los problemas a los políticos y la solución a la gente. Y en todo ello, la televisión "agranda" los problemas (creando incluso problemas que en realidad no existen, problemas superfluos) y prácticamente anula el pensamiento que los debería resolver.
El ataque a la racionalidad es tan antiguo como la racionalidad misma. Pero siempre ha representado una contrarréplica -desde Aristóteles hasta nosotros-. La fórmula de Tertuliano era: credo quia absurdum. Y le respondía y le superaba la Summa Theologica de Santo Tomás, que destila lucidez lógica. A su modo y de forma diferente, Pascal con sus raisons du coeur, Rousseau reivindicando un "hombre natural" incorruptible y centrado en el sentimiento, y Nietzsche con una extraordinaria y alucinada exaltación de los "valores vitales" han rebatido el cogito cartesiano. Pero ellos eran grandes literatos y en sus ataques al cogito, formidables pensadores. En definitiva, no eran hombres bestia.
Sin embargo, sí lo son los exaltadores de la "comunicación perenne". Lo que ellos proponen no es un verdadero antipensamiento, un ataque demostrado o demostrable al pensamiento lógico-racional; sino, simplemente, una pérdida de pensamiento, una caída banal en la incapacidad de articular ideas claras y diferentes.
Entonces, el punto no es tanto que encontremos un nutrido número de autores famosos que ataquen la racionalidad … Actualmente, proliferan las mentes débiles, que proliferan justamente porque se tropiezan con un público que nunca ha sido adiestrado para pensar. Y la culpa de la televisión en este círculo vicioso es que favorece -en el pensamiento confuso- a los estrambóticos, a los excitados, a los exagerados y a los charlatanes. La televisión premia y promueve la extravagancia, el absurdo y la insensatez. De este modo refuerza y multiplica al homo insipiens.
La ignorancia casi se ha convertido en una virtud, como si se restableciera a un ser primigenio incontaminado e incorrupto; y con el mismo criterio, la incongruencia y el apocamiento mental se interpretan como una "sensibilidad superior", como un esprit de finesse, que nos libera de de la mezquindad del esprit de géométrie, de la aridez de la racionalidad.
Y aunque numerosas civilizaciones han desaparecido sin dejar huella, el hombre occidental ha superado la caída, verdaderamente "baja", de la baja Edad Media. La superó y volvió a resurgir, en virtud de su unicum que es su infraestructura o armadura lógico-racional. Pero aunque no desespero, tampoco quiero ocultar que el regreso de la incapacidad de pensar (el postpensamiento) al pensamiento es todo cuesta arriba. Y este regreso no tendrá lugar si no sabemos defender a ultranza la lectura, el libro y, en una palabra, la cultura escrita.
Decía que para encontrar soluciones hay que empezar siempre por la toma de conciencia … Y debemos reaccionar con la escuela y en la escuela. La costumbre consiste en llenar la aulas de televisores y ordenadores. Y deberíamos, en cambio, vetarlos (usándolos sólo para el adiestramiento técnico, como se haría con un curso de mecanografía). En la escuela los pobres niños se tienen que "divertir". Pero de este modo no se les enseña ni siquiera a escribir y la lectura se va quedando cada vez más al margen. Y así, la escuela consolida al vídeo-niño en lugar de darle una alternativa.

Homo videns. La sociedad teledirigida

Giovanni Sartori, Taurus, Madrid, 1998, 140 págs.

Los medios audiovisuales invaden paulatinamente la cultura contemporánea condicionando en igual medida la futura. Las estadísticas revelan que cada vez se leen menos libros y se compran menos periódicos. Como consecuencia de ello, los mass media -televisión y radio, principalmente- se convierten en la única, principal y casi exclusiva fuente de formación e información de la ciudadanía. Irrumpe también, con mucha fuerza, un nuevo medio de comunicación, Internet, y las posibilidades que se nos ofrecen desde la cibernética. ¿Cómo será la sociedad audiovisual y cibernética? ¿Cuál es la cultura que se está desarrollando actualmente?.

El politólogo y ensayista italiano, Giovanni Sartori, profesor de las Universidades de Florencia y Columbia, retoma sus tesis sobre los efectos de la televisión y hace, en su nueva obra, Homo Videns. La sociedad teledirigida, un análisis de la influencia de la televisión y de la cibernética en la sociedad actual. Intenta dar respuesta a los interrogantes de futuro que plantea el nuevo esquema de comunicación social que se está configurando actualmente. Un sistema dónde predominan los individuos solitarios, la comunicación es cada vez menos personal, la televisión se convierte en el vehículo universal de transmisión de información, desde los países más poderosos hacia todo el planeta, y aparece un nuevo elemento comunicacional: las redes de comunicación cibernéticas. De las que todavía se desconocen las consecuencias, tanto en la educación como en la intercomunicación de las personas, así como de sus diferentes utilizaciones.

El autor de Teoría de la Democracia (Alianza, Madrid, 1988) y Elementos de Teoría Política (Alianza, Madrid, 1992), entre muchas otras obras y escritos, es tajante en sus convicciones. En su crítica al poder de la televisión y de la cibernética, niega las posibilidades de la información audiovisual como fuente de formación. Ésta anula la posibilidad de hacer abstracción de los conceptos aprehendidos y de configurar nuevas ideas, postulados y proyectos. Anula la capacidad de reflexión del ser humano. La cultura, por tanto, se vuelve superficial, con abundancia de imágenes pero escaso contenido. La sociedad, por tanto queda, a juicio del politólogo, en manos del poder audiovisual.

Respecto de Internet, la otra herramienta comunicacional, ya real pero con una gran proyección de futuro, duda seriamente sobre la posibilidad de que pueda ser utilizada como vehículo cultural. Ve la todopoderosa red reducida a un mero instrumento de diversión, destinada a los hobbies o, en todo caso, con alguna utilidad práctica -fundamentalmente administrativa-. Arremete contra los teóricos defensores de un mundo futuro basado en las redes cibernéticas, rebatiendo las teorías de los hoy muy en boga, Nicholas Negroponte y Luis Rossetto, entre otros. En último caso, se decanta a favor del triunfo de la televisión sobre internet, como instrumentos de comunicación social de masas.

A partir de estas cuestiones, teoriza sobre las posibilidades de los medios audiovisuales tanto para informar como para crear o contribuir a transmitir la opinión pública. Sartori niega a la televisión cualquier posibilidad de transmisión de una opinión pública real, en tanto en cuanto, según el intelectual italiano, son los propios medios audiovisuales los creadores de las diferentes corrientes de opinión, que luego se encargan de presentar cómo la opinión de una/s determinada/s sociedad/es. Por otra parte, no es menos favorable a concederle al medio televisivo unas mínimas posibilidades informativas. Califica a la televisión de reduccionista, porque coge una realidad determinada y la simplifica y reduce al máximo para transmitirla. Y utiliza dos términos para definir el medio: "subinformación", en tanto que los mensajes son extremadamente resumidos y simplistas, y "desinformación" porque, a menudo, se utiliza para dar una información "amañada", de acuerdo con las convicciones de los que ostentan el poder, y también en función de lo que éstos desean transmitirnos.

Ante este panorama, ¿cómo actúa la televisión en un sistema de democracia?. El análisis de Sartori señala dos cuestiones o aspectos principales: por un lado, la desaparición de los partidos como base sustentadora de una política determinada, poniendo los ejemplos norteamericano -donde el sistema de partidos es muy débil- e italiano -Silvio Berlusconi se hace con el poder sin tener un partido fuerte que lo apoye pero tiene, eso sí, uno de los grupos de comunicación más fuertes del país-; por otro, en la televisión se dejan de vender idearios políticos, ahora lo que se vende son personas, imágenes. Se pasa, además, a una nueva forma de hacer política, influenciada por el poder de los medios de comunicación. Un ejemplo de esto, a juicio del autor, sería el caso de la intervención de Ronald Reagan en el Irangate, después de que la sociedad norteamericana contemplara el dolor televisado de los padres de los rehenes.

Mientras tanto, la información en manos del pueblo es cada vez más pobre, a la vez que a la sociedad se le pide más participación y se produce el tránsito de una democracia representativa a una directa. Pero, ¿cómo se puede opinar y participar sin tener un criterio previamente formado?. O mejor, ¿qué tipo de participación se pide cuando existe un criterio, pero alimentado al amparo de corrientes de opinión pre-configuradas a través de los medios de comunicación dominantes?. Como ilustrativo, el autor italiano recoge un dato: en occidente las personas políticamente formadas o interesadas en la materia son entre un 10 y un 25 por cien. Las que realmente tienen competencia se reducen a entre un 2 y un 3 por ciento.

El cuadro descrito por Sartori es desolador. Sin solución, a éste le resulta imposible encontrar una fórmula que redima la televisión. Las tesis que sostiene con convicción a lo largo de su último libro, se condensan en las siguientes líneas: "Mientras la realidad se complica (…) las mentes se simplifican y nosotros estamos cuidando a un video-niño que no crece, un adulto que se configura para toda la vida como un niño recurrente (…) Nos encontramos ante un demos debilitado, no solo en su capacidad de tener una opinión autónoma sino también en clave de pérdida de comunidad".

Se crea, de este modo, una "multitud solitaria", una "soledad electrónica", dirigida por los que tienen el poder televisivo. Se anula el valor del medio como instrumento democrático. La sociedad deriva entonces hacia una era de "post-pensamiento", de pérdida de la capacidad de pensar. Para Sartori es una situación comparable a la Baja Edad Media. Y de la cual vaticina que será muy costoso retornar.

Es esta una reflexión interesante y original -algo a lo que nos tiene acostumbrados el autor- sobre la influencia del que se ha dado en llamar el "cuarto poder" en el desarrollo de la cultura contemporánea, aunque su conclusión constituya la negación casi absoluta de los posibles valores formativos del medio audiovisual.

 Gloria Cardenal Sanabria

 La educación formal

Es la que se da en instituciones educativas, como son la escuela y la familia. Se caracteriza por ser intencional en su actitud y propósitos, es sistemática en su realización y limitada en su duración. Es ejercida por educadores profesionales, maestros y padres.

La educación formal tiene dos modalidades: la educación reglada que corresponde al sistema escolar y la no reglada que corresponde a todas las formas de educación extraescolar que se ha llamado educación "no formal".

La educación informal

Es la que recibe el niño y el adulto a través del uso cotidiano de la prensa, radio y televisión, de sus lecturas, del contacto con grupos sociales, de su pertenencia a un club determinado, sindicato, parroquia, o asociaciones deportivas, de sus actividades del tiempo libre, de asistir a conferencias, de visitas culturales, etc. No es intencional, es inconsciente y a veces deformadora, no es sistemática, continúa diariamente.

Esta educación ha sido aludida por los pedagogos, que han llamado con distintos nombres: educación ambiental, difusa, cósmica, espontánea, incidental, igual, paralela.

J. Trilla afirma que la educación informal es la que produce mediante procesos educativamente indiferenciales o inespecíficos, esta educación tiene lugar cuando instituciones que no son de por sí educativas, sino que tiene otros propósitos; por ejemplo: deportivos en un club, recreativos en un film para niños, religiosos en una parroquia, políticos en un partido, etc, producen indirectamente resultados educativos, pero carece de intencionalidad y si no hay intencionalidad en la educación no hay educación, podemos concluir que:

" la educación informal no existe, la educación o es formal o no es; lo que existirá son ambientes que produzcan resultados deseables "

La educación no formal

Se refiere a todas aquellas instituciones, actividades, medios, ámbitos de educación que no siendo escolares han sido creados expresamente para satisfacer determinados objetivos educativos, abarca desde ludotecas ( lugar donde se guardan, prestan o intercambia juguetes y juegos ), hasta programas de alfabetización no escolar, desde actividades de reciclaje profesional organizadas por las propias empresas a las colonias de verano, desde la enseñanza a distancia, pasando por la instrumentalización pedagógica de los medios de comunicación de masas. En resumen es un tipo de educación intencional, metódica, con objetivos definidos pero no circusncrita a la escolaridad convencional.

BIBLIOGRAFÍA

Microsoft Encarta 2000 Mr.

Pequeño Larousse Ilustrado, Edit Larousse, México 1978.

López Rosado Felipe "El hombre y la sociedad" Edit. Porrúa, Tercera edición, México 1973, pp. 221

Copias de el libro "La educación más allá de la escuela"

MAT. ASPECTOS SOCIALES DE LA EDUCACIÓN

PROFESOR (a). Maria eugenia Ocampo

El concepto de "mundialización"

Es sin duda uno de los que siguen suscitando actualmente los debates más vivos y contradictorios. Aceptado por algunos como una realidad ineludible e incluso natural de nuestro tiempo, denigrado por otros porque lo entienden como una uniformización del mundo impuesta por la única verdadera potencia actual, Estados Unidos, este concepto no deja de alimentar los debates aunque continúa sin ajustarse a las definiciones demasiado cerradas. Hoy por hoy, es en el campo económico donde principalmente el fenómeno de la mundialización aparece como más patente, y una de sus marcas visibles es la desregulación económica y financiera que no cesa de afectar a los países pobres, empobreciéndoles todavía más. En cambio, existen super-trusts industriales y multinacionales de toda clase que se han liberado desde hace decenios de la tutela de los estados y constituyen, actualmente, un poder gigantesco con el que más de un Estado debe contemporizar. La economía mundial tiene hoy sus leyes y está en condiciones de meter en cintura al poder político. La implantación de sanciones económicas y embargos debilita considerablemente a los tiranos y los sistemas tiránicos. El ejemplo más reciente de embargo es sin lugar a dudas el de Indonesia, a la que había que arrancar la decisión de intervenir en Timor Oriental con el fin de hacer reinar el orden y detener las matanzas de la población civil que votó la independencia en agosto de 1999. Es cierto que la gran potencia económica del momento sigue siendo Estados Unidos y la mundialización aparece claramente según sus detractores como una especie de americanización del mundo. El agente de policía americano no se contenta con hacer reinar el orden, es decir su orden, sino que impone su modelo social, su visión del mundo, sus leyes sociales y su lengua…, en suma, se sustituye al Otro. Desde hace mucho, los perdonavidas de la Coca Cola lo saben y luchan para obtener una mínima mundialización. La bebida símbolo de Estados Unidos no oculta únicamente un argumento económico, sino que además, y tal vez sobre todo, un argumento político. La mundialización entendida como una americanización del globo aspira, por un lado, a la hegemonía económica y, por el otro, a la hegemonía política, llamada más comúnmente imperialismo americano.

MUNDIALIZACIÓN Y CULTURA

Sin embargo, dicha hegemonía se realiza también en el terreno cultural. No es necesario demostrar ya la importancia de la lengua inglesa en las relaciones internacionales. El inglés sigue convirtiéndose en la lengua común de los cinco continentes. Este simple hecho pone de manifiesto que la mundialización afecta íntimamente la cuestión intercultural. Más que en todos los siglos del pasado, el nuestro, que ha visto establecerse la mundialización, de repente ha puesto en contacto a culturas muy distintas. La diversidad cultural está sometida a la dinámica de esta mundialización que algunos acusan de uniformización. Más que nunca asistimos a un movimiento continuo de difusión de los modelos de producción y consumo a escala planetaria, ligada a mundialización de las tecnologías e intercambios, además de unas profundas mutaciones económicas, sociales y culturales que conllevan un replanteamiento de los modelos de integración social. Dichas transformaciones se repercuten en el campo epistemológico de las ciencias sociales y éstas suscitan una renovación de nuestras concepciones en dicho ámbito. Por consiguiente, en un momento en que la mundialización se hace cada vez más palmaria e irreversible, las minorías pregonan también su existencia y reivindican más que nunca el reconocimiento de su entidad. Así pues, la mundialización no puede ser asimilada simple y llanamente como una uniformización que sustituiría a las culturas tan diversas del mundo, sino como un proceso infinitamente más complejo, que revela precisamente hasta qué punto el mundo está compuesto de diversidades coherentes, que ahora deben afrontar una nueva coherencia de vocación universal. La mundialización, para nosotros, no es una cultura que aplastaría a las culturas regionales, clásicas y ancestrales, sino más bien una nueva manera de ser que obliga al sujeto a situarse sin traumas ni frustraciones entre, por un lado, la coherencia de su cultura tradicional de origen, a partir de la que ha empezado a mirar el mundo y a adherirse a valores que estructuran su personalidad y, por otro lado, la coherencia nueva en la que lo empujan las tecnologías modernas universales y universalizables, que lo fuerzan a renovar su visión del mundo y a redefinir los valores que creía inmutables. Está claro desde este punto de vista que la mundialización lleva así al sujeto a plantearse la cuestión del relativismo cultural. ¿Qué vale realmente hoy mi cultura? ¿En qué puede ser un modelo para el Otro? ¿Lleva en su sino lo universalizable? ¿Sigue dando sentido a unas prácticas sociales en las que otros pueden reconocerse? Vemos en la rápida evocación de tales ejemplos que la mundialización sobrepasa con creces el campo específico de lo económico y se extiende al terreno político y cultural en el sentido amplio. Y parece corroborarlo el hecho de que el poder político va acompañado muy a menudo por una visión económica y viceversa.

GLOBALIZACIÒN.

El proceso de «globalización» plantea la oportunidad de mejorar las condiciones de acceso a mercados que anteriormente se hallaban más fragmentados. Los flujos de información, tecnología y capital de cartera han sido los que más han incrementado su movilidad y, por consiguiente, constituyen los mercados donde más han mejorado las condiciones de acceso para economías con menor capacidad relativa de generación endógena. Sin embargo, las condiciones para aprovechar estas oportunidades está heterogéneamente distribuidas entre países. Un aspecto central, por consiguiente, reside en identificar los atributos que mejoran dicha capacidad y permiten revertir los aspectos negativos heredados de comportamientos pasados.

La notable reducción de los costos del transporte y las comunicaciones ha facilitado la división del proceso productivo, permitiendo la participación de un mayor número de localizaciones geográficas según las ventajas que cada una aporta a la cadena de valor agregado. Este hecho ha ampliado las oportunidades para que economías individuales participen más activamente de las redes internacionales de producción administradas por las grandes compañías multinacionales.

El proceso de «globalización» también crea nuevas oportunidades en tanto incrementa la competencia, sienta las bases para el establecimiento de nuevas alianzas empresarias y societales y contribuye a la desarticulación de los oligopolios establecidos.

Fuente.- buscador de yahoo...

¿ Qué es una subcultura ?

Es un grupo de individuos con creencias, actitudes, costumbres u otras formas de comportamiento diferentes a las dominantes en la sociedad, aunque participen de ella.

La subcultura es un concepto aplicable a grupos reducidos, como las minorías étnicas, los consumidores de drogas o incluso a grupos religiosos o comunidades homosexuales. Los lazos entre los integrantes de una subcultura se ven reforzados por el hecho de hallarse enfrentados a los valores y comportamientos de la sociedad dominante. Las subculturas hacen hincapié en ciertas características como la forma del lenguaje. Esta diferencia es al mismo tiempo una reafirmación de orgullo individual y de pertenencia a un grupo.

Actualmente muchas sociedades occidentales están compuestas de una gran variedad de grupos étnicos y sociales; los límites entre agrupaciones basadas en criterios sociales, sexuales, de edad, de etnia, de religión y nacionalidad son cada vez más difíciles de marcar y la interrelación de estos grupos es cada vez más frecuente.

Hay dos ejemplos muy claros de subculturas:

Movimiento Mormón

Secta cristiana fundada en 1830 por Joseph Smith, llamado el profeta. En un principio eran tan sólo unos cuantos miembros, pero el movimiento ha ido incrementando de forma constante su número de fieles, debido a su proselitismo y a un índice de natalidad bastante alto.

Por ejemplo en México, en 1992 había más de 600.000 mormones, la mayoría de ellos convertidos desde 1975.

CARACTERÍSTICAS  
El movimiento mormón, cuyo nombre oficial es Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, es una confesión cristiana que surgió con el propósito de restaurar el verdadero mensaje evangélico cristiano, en tanto que sus fundadores consideraban que el cristianismo había sufrido un proceso progresivo de deterioro y corrupción.

Estructura  
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es laica, jerárquica y autoritaria. El obispo, que junto con dos cancilleres preside por lo general una custodia, ocupa este puesto durante cinco años.

Dentro del conjunto de las autoridades generales del movimiento mormón, hay un grupo de tres hombres que presiden el obispado y el Primer Quórum de los Setenta, con siete presidentes. En la cima de esta jerarquía está el presidente de la confesión, a quien sus miembros denominan el profeta. Culto y actividades  

El culto mormón es sencillo; está compuesto por himnos, oraciones, el sacramento de la Cena del Señor (celebrado con pan y agua) y sermones pronunciados por miembros de la comunidad laica de la congregación.

Hay unos 24 templos mormones en el mundo. Uno de ellos se encuentra en nuestra ciudad, (Av. San Juan de Aragón, esquina con Eduardo Molina).

Situación actual  En general los mormones son considerados una confesión cristiana conservadora y con frecuencia se les identifica con los protestantes fundamentalistas.

Jesuitas o Compañía de Jesús

Es un instituto religioso de clérigos regulares de la Iglesia católica. Fundada por san Ignacio de Loyola en 1534, la Compañía de Jesús fue confirmada oficialmente por el papa Pablo III en 1540. La frase emblemática de la orden es Ad majorem Dei gloriam (en latín, ‘A la mayor gloria de Dios’) y su objetivo es el de difundir la fe católica por medio de la predicación y la educación, así como trabajar en lugares y momentos en que así lo requiera con urgencia la Iglesia.

Organización y estructura

La Compañía de Jesús se estructura en provincias (agrupadas en asistencias). En la actualidad, existen 65 provincias en el mundo, cada una de las cuales está bajo el mando de un padre provincial. La máxima autoridad de la orden recae en un superior general, cargo que tiene carácter vitalicio. El superior general, residente en Roma, es elegido por la Congregación General (integrada por la totalidad de los provinciales y dos diputados por provincia) y asesorado por los asistentes.

¿ Qué es una contracultura ?

Es una oposición a los tradicionalismos y conjuntos de creencias que han pasado a través del tiempo.

Son agrupaciones que intentan formar nuevas ideologías y tradiciones a partir de su generación, sin embargo, forman parte de la sociedad que pretenden negar. Por poner algunos ejemplos:

Homosexualidad

Preferencia y atracción sexual por personas del mismo sexo; a los homosexuales masculinos a menudo se les denomina 'gays'. La actitud actual en ciertas partes de nuestra ciudad el hecho de ser homosexual o de practicar la homosexualidad puede provocar la pérdida del trabajo, la discriminación en la concesión de vivienda, el rechazo social e incluso la cárcel. Durante los últimos años, los grupos a favor de los derechos de los gays han trabajado para conseguir una mayor aceptación de la homosexualidad por parte de la opinión pública y en la legislación. El nivel de aceptación alcanzado en la década de 1970 disminuyó durante la década siguiente debido a la reacción pública negativa respecto a la propagación del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA o AIDS en inglés), que afecta en mayor proporción a la sociedad homosexual masculina. Este hecho condujo al rechazo social y a un prejuicio creciente contra los homosexuales.

Actitud profesional

Gran parte de la incomprensión y de los prejuicios existentes contra la homosexualidad proceden de su clasificación como enfermedad en el siglo XIX.

Un estudio clásico llevado a cabo en 1957 en la universidad de California, en Los Ángeles (Estados Unidos), rebatía la hipótesis de la enfermedad. Pruebas psicológicas realizadas a homosexuales y a heterosexuales mostraron que entre ellos no había aspectos patológicos diferenciadores. Aunque existen algunas evidencias (en estudios entre gemelos y mellizos) que sugieren que los genes pueden ser un factor en la orientación sexual, otras teorías afirman que es más probable que los factores determinantes sean las experiencias durante la infancia.

Consideraciones de género

Las características sexuales anatómicas masculinas o femeninas se establecen en el momento de la concepción, pero factores del entorno influyen en la posterior aceptación individual del género.

Relaciones

Algunos homosexuales mantienen relaciones monógamas que se asemejan a los matrimonios heterosexuales. A partir de 1994, el matrimonio legal entre homosexuales está aprobado en Dinamarca. En algunos países de Europa existe la posibilidad de que las parejas de homosexuales se registren como parejas de hecho; en Holanda, además, algunas parejas estables han conseguido el derecho legal para adoptar niños.

Punk rock en su acepción literal rock "basura".

La expresión englobó a un conjunto de bandas (Sex Pistols, The Clash, The Damned, Johnny Thunders Heartbreakers, Richard Hell, Flowers of Romance, The Vibrators, Siouxsie and The Banshees, entre otras) surgidas en Londres y cuyo epicentro se encontraba en la tienda de moda que desde 1971 regentaba en King´s Road, Chelsea, el promotor y veterano simpatizante del movimiento suprematista Malcolm McLaren y la diseñadora Vivianne Westwood. No obstante, pese a que serían estas y otras formaciones afines las que a mediados de la década darían su perfil definitivo al movimiento punk, sus antecedentes más claros se encuentran en Estados Unidos.

En la Ciudad de México el movimiento punk rock no se limitó a ser tan sólo un estilo musical. Primero porque sus primeras manifestaciones poseen un carácter más general y purista al afirmar y rechazar la decadencia del rock profesionalizado y desvirtuado en aquella época por los intereses comerciales de las grandes compañías discográficas.

Por último, el punk conoció una rápida e inusitada difusión, visual antes que musical, gracias a sus manifestaciones externas, que no se redujeron a la simple exhibición de sus llamativos y singulares rasgos de identidad estética, marcados por la espontaneidad y el afán de ruptura.

FUENTE

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COMENTARIOS. Enrique Ponce Medina

 

 

Información elaborada por:

Iván Escalona Moreno


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