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Pymes




Enviado por rodrigozuniga



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    PYMES

    Indice

    1. Introducción

    2. PYME

    3. La persistencia de la
    desocupación

    4. La situación
    actual de la economía chilena

    5. Como realiza la
    planificación de los RRHH una PYME

    6. Análisis y
    diseño de los puestos de trabajo en una
    PYME.

    7. Planificación
    de plantillas en la administración de una
    PYME

    8. El reclutamiento de
    los recursos humanos en las PYMES.

    9. La selección de
    los recursos humanos en una PYME.

    10.
    Conclusiones

     

     

    1.
    Introducción

    Hoy más que nunca todas las empresas,
    cualquiera que sea su tamaño y sector de actividad,
    deben competir en un entorno global, disponer necesariamente de
    la tecnología de la información más
    moderna y saber aplicarla de forma eficaz y
    rentable.

    En este contexto, escoger las herramientas
    tecnológicas adecuadas para administrar la
    organización interna, optimizar los procesos y
    planificar la actividad, significa adquirir la capacidad para
    competir en nuevos escenarios.

    Las empresas pueden
    tener distintas dimensiones, pero todas deben desarrollar
    actividades similares (comprar, vender, mantener relaciones con
    los clientes,
    llevar la contabilidad, administrar el personal y
    adaptarse a las modificaciones de las normativas legales y
    financieras). Por lo tanto, también las pequeñas
    y medianas empresas deben adoptar tecnologías que
    soporten plenamente los objetivos de
    la empresa y
    que permitan reaccionar de forma rápida y flexible ante
    los acontecimientos externos, interviniendo en la
    organización comercial, en la logística de
    producción y en la toma de decisiones
    financieras.

    El enfoque tradicional, que tiende a predominar
    todavía hoy, tiene a la empresa como
    centro del análisis. Así, las grandes empresas
    son comparada con la pequeña y las mediana de donde
    resulta, en la mayoría de los cotejos, que aquella opera
    con ventajas respecto a estas. En efecto, las grandes empresas
    suelen disponer de poder de
    mercado,
    produce amparada en economías de escala y
    dispone de influencias que las empresas de menos tamaño
    por lo general no tienen.

    Este enfoque determina, obviamente, las
    políticas de fomento a las micro, pequeñas y
    medianas empresas, concebidas como unidades que deben ser
    reforzadas en aquellos aspectos que, se supone, presentan
    más debilidades…

    Es bueno reiterar que cuando se menciona a la
    pequeña empresa se hace
    referencia a aquella que reúne cierto tamaño
    mínimo que la habilita a disponer de equipo gerencial,
    esfuerzo de marketing y
    algún acceso, aunque limitado, a los flujos financieros
    formales (bancarios y, eventualmente, del mercado de
    capitales).

    Se presentara en el siguiente seminario el
    comportamiento de las PYMES en
    tiempos de crisis y
    como afectan los indicadores
    adversos de desempleo
    generalizado, la mala economía imperante a nivel global
    e interna del país en el desarrollo
    de estas.

    El sector denominado PYME  en
    especial en los países de un grado semejante o
    inferiores a Chile juegan
    un rol fundamental en el desarrollo y
    formación de los sectores medios y
    bajos de la sociedad
    contribuyendo a generar un adecuado factor de ingresos para
    el país.

    Estas posen un gran poder
    generador de empleos (estables o temporales)  y a la
    vez  emplean a la mano de obra mas abundante en nuestro
    país,  siendo esta calificada como no calificada
    .Produciendo  así un mejoramiento de los niveles de
    desempleo
    existentes en la población (generando trabajo) . De este
    modo  es como las PYME 
    forman un aporte a la industria
    chilena ya que ayudan a los grandes productores a generar sus
    productos.

    Así mismo las PYME Según la
    definición de CORFO, pequeña y mediana empresa es
    aquella cuyas ventas
    anuales se encuentran entre 40 y 1.600 millones de pesos. Esta
    acepción es una de las más utilizadas en nuestro
    país, porque define el rango de estas unidades
    productivas que pueden beneficiarse con los programas de
    fomento productivo de dicha institución. En el
    ámbito internacional, el concepto de
    pequeña y mediana empresa suele asociarse principalmente
    a los niveles de ventas y, en
    menor medida, en el número de trabajadores. Pero, en
    definitiva, en el exterior la clasificación PYME
    corresponde a una empresa de
    un tamaño superior a la utilizada en Chile.

    En Chile, en la mayoría de los casos, la
    PYME  es una empresa de
    origen familiar, dedicada a la prestación de servicios o
    fabricación de un producto, ya
    sea intermedio o de consumo
    final, que orienta su negocio por lo general al mercado
    interno.

    Entre las PYME, se encuentran empresas de los rubros
    textil, cuero y calzado, plástico, químico,
    madera y
    muebles, imprentas y metalmecánica, todas ellas insertas
    en sectores transables, muy afectos a la competencia con
    importaciones.

    En muchos casos, estas industrias
    han visto disminuir su participación de mercado respecto
    de los productos
    extranjeros durante las últimas décadas, pero en
    algunos otros, han conseguido niveles de competitividad suficientes como para afrontar la
    competencia
    internacional e incluso exportar.

    Los avances a nivel local y la llegada de productos
    importados, obliga a la PYME a estar en un permanente proceso de
    profesionalización de su gestión,
    modernización tecnológica para incrementar la
    productividad y redefinición
    estratégica del negocio, para posicionarse en un nicho
    de mercado específico. Sin embargo, un alto porcentaje
    de éstas, o no ha iniciado este proceso, o
    tiene dificultades para llevarlo a cabo, ya sea por falta de
    capacidad interna, o porque el funcionamiento de los mercados
    financiero y tecnológico, no se adecua a sus necesidades
    y características.

    En promedio, la PYME tiene entre 15 y 150 trabajadores,
    en su mayoría semicalificados, que han aprendido un
    oficio mediante la experiencia y la capacitación en el
    mismo puesto de trabajo. Es muy usual que los empleados del
    área producción se hayan especializado en una
    función tras seguir una carrera de varios años,
    comúnmente al interior de una misma empresa o
    rubro.

    En el segmento de las PYME, usualmente los cargos
    directivos son ocupados por integrantes de la familia
    propietaria, en las áreas de administración y
    producción, cuyas funciones no se
    encuentran definidas formalmente. Por su parte, las industrias
    de mayor tamaño suelen haber profesionalizado la
    dirección de las áreas funcionales de la empresa e
    incorporando ejecutivos y directores no relacionados con
    la familia
    controladora.

    Uno de los grandes desafíos para la PYME de
    carácter familiar, es lograr la independencia de su gestión respecto de
    la propiedad,
    desplazándola a un plano netamente técnico. En
    las industrias más pequeñas, este problema se
    encuentra incluso en las finanzas de
    la organización, que con dificultad son independientes
    de las finanzas
    familiares.

    En conjunto, las PYME, emplean alrededor de 360 mil
    trabajadores, lo cual constituye un 48% del empleo
    generado por la industria
    manufacturera y un 6,8% del total del empleo
    nacional. Su magnitud es algo menor al número de
    trabajadores contratados por el sector construcción y
    cerca de la mitad de los ocupados en la agricultura.
    No obstante, el empleo industrial es de carácter mucho
    más estable y permanente que el de los otros rubros
    mencionados.

    De las casi 90.000 empresas PYME registradas en nuestro
    país, un 13%, que corresponde a 11.577 empresas, se
    ubica en el sector manufacturero. A su vez, estas PYME
    industriales, constituyen el 29% del total de empresas que
    conforman la industria manufacturera.

    Respecto de la composición de la PYME, un 24% es
    del sector metalúrgico-metalmecánico; un 23% de
    alimentos;
    un 20%, textil; un 11% corresponde a imprentas y editoriales;
    un 10% a madera y
    muebles y un 9% a la industria química.

     

    2. PYME

    Clasificación de las PYME

    a)                 
    Mediana empresa : Son aquellas en las cuales existe una
    diferenciación a nivel de funciones de
    dirección y administración, pero el capital
    queda en manos de una persona o de un
    grupo
    familiar, por lo tanto queda limitado Según la
    Corporación de Fomento de la producción (CORFO
    2001)

    Tamaño

    Valor Ventas anuales en U.F.

    Microempresa

    menos de 2.400

    PYME

    entre 2.400 y 100.000

    Gran Empresa

    mas de 100.001

     

    b)                 
    Según el Servicio de
    Cooperación Técnica (SERCOTEC 2001)

    Tamaño

    Numero de empleados

    Microempresa

    1 a 9

    PYME

    10 a 199

    Gran Empresa

    mas de 200

     

    c)                 
    Según CEPRI (Centro de Producción Integral
    2001)

     

     

     

     

     

     

    De acuerdo a las Clasificaciones de PYMES es
    importante determinar lo siguiente:

    Precisar correctamente -¿se trata de una simple
    crisis?,
    ¿es ya catástrofe? o ¿estamos
    en

    el tránsito de la primera a la segunda?,
    ¿tránsito global en el que algunas partes de las
    empresas  ya están sufriendo la catástrofe
    mientras otras todavía empiezan a sufrir la crisis?- es
    fundamental pues la estrategia que
    se lleve dependerá de esa valoración. Las cifras
    y las estadísticas sobre el empeoramiento de la
    situación son cada vez más alarmantes indicando
    que lo que se define como "Crisis" esto está llegando ya
    al desbordamiento ¿irreversible?. Frente a este panorama
    mundial, colectivo, ¿podemos hacer algo?.

    La respuesta a la pregunta anterior nos lleva
    inevitablemente al cuestionamiento de determinados dogmas y
    paradigmas
    fundamentales que legitiman la irracionalidad capitalista. La
    administración  es mucho más que el
    conocimiento de las interrelaciones variables y
    delicados equilibrios inestables de todas las partes de la
    organización. También es una concepción
    filosófica de la existencia que confirma puntos
    básicos del materialismo
    histórico. El concepto de
    "calidad de
    vida", por ejemplo ¿es compatible con el consumismo
    y todo lo que legitima y exige?. A su vez, ¿la "calidad" es
    compatible con el "crecimiento", por ejemplo?. Pero el problema
    no es tanto de discusiones teóricas y semánticas,
    de innegable importancia, sino de comportamiento práctico colectivo e
    individual, permanente y consciente. Ahora bien ¿no
    puede acarrear un descenso financiero  el llamamiento a
    una vida austera y sin lujos superfluos por mucho que aclaremos
    qué es la "calidad de
    vida"?. O en otras palabras: ¿es rentable seguir
    endeudándose  da  coherencia?, y si no lo es
    ¿qué tenemos que hacer?.

     Ya hace poco tiempo se ha
    estado
    murmurando sobre una palabra que esta remeciendo el sistema
    conocido del mundo empresarial “CRISIS”  que
    es esto, que significa, que se entiende, a quien afecta, han
    sido las grandes interrogantes que se han establecido en estos
    momentos .

    Sin duda alguna la palabra crisis ha calado hondo en
    el mundo empresarial y se ha tratado de salvaguardar a las
    empresas nacionales. Pero esto ha generado que se cuiden
    algunas y que se olviden otras es el caso de las PYME o sector
    productivo que no genera muchas ganancias al estado. Para
    ello en este trabajo se tratara de poner o dejar bien en claro
    que es una crisis a quien la afecta y especialmente como afecta
    al sector productivo llamado PYME en el desarrollo de sus
    RRHH.

     

    Las ventas en las PYMES

    Iincluye los sectores correspondientes a
    la producción de bienes como
    Minería e Industria, los Servicios de
    electricidad, gas y agua
    (E.G.A.), la Construcción y los Servicios Comerciales y
    de Transporte.
    No considera, en cambio, los
    sectores agrícolas, financiero ni los servicios
    comunales, sociales y personales.

     

    EMPRESAS

    VENTAS ANUALES

     

    Cantidad

    %

    %

    1.000 UF

    %

    UF/Empresas

    Sin ventas

    237,964.0

    40.5

    Excluidas

    —–

    —-

    X < 1UF

    Micro Empresa

    283,856.0

    48.3

    81.2

    134,800.7

    3.0

    474.9

    PYMES

    61,337.0

    10.4

    17.6

    785,886.1

    17.4

    12,812.6

    Grandes

    4,195.0

    0.7

    1.2

    3,599,512.9

    79.6

    858,048.4

    Subtotal excl. S/ventas

    349,388.0

    59.5

    100.0

    4,520,199.7

    100.0

    12,937.5

    Total

    587,352.0

    100.0

     —–

    —–

    —–

    —–

     

      Fuente INE 2002

     

      

    El universo
    comprendía en el año 2000 cerca de 590.000
    empresas. De ese total, el grupos
    “sin ventas”, es decir, con menos de 1 UF de ventas
    anuales, alcanzaba el 41% del total de las empresas. Las
    “micro-empresas” (1 a 2.400 UF de ventas anuales)
    representaban un 48% del total. El grupo
    conformado por las “empresas pequeñas”
    (2.400 a 25.000 UF de ventas anuales) alcanzaba el 9%. Las
    “empresas medianas” (25.000 a 100.000 UF de ventas
    anuales) sólo llegaban al 1,4% y las “empresas
    grandes” (más de 100.000 U.F. de ventas anuales)
    apenas alcanzaban al 0,7%. Contrastan estas proporciones con
    las ventas realizadas por cada grupo. Así las grandes
    empresas realizaban el 80% de las ventas; las medianas, el 9%;
    las pequeñas, el 8%; y las micro empresas, sólo
    el 3% del total esto demuestra que cada vez más se
    acercaban más la PYMES a la crisis económica de
    la cual tanto se hablaba.

    Se incluyeron la totalidad de las PYMES
    (pequeñas y medianas) y las micro-empresas de más
    de 600 UF de ventas anuales. Estas alcanzan aproximadamente
    80.000. De este modo, el
    universo  considerado en el estudio se compuso de
    140.000 empresa.

    El principal indicador es el valor de las
    ventas y tiene por objeto expresar el nivel de actividad de las
    empresas y su variación con respecto al mismo semestre
    del año anterior. En este caso, el resultado se refiere
    al primer semestre del año 2001 con respecto al del
    primer semestre del 2000.

    Se muestra un
    ligero aumento de 2,9% del valor
    nominal de las ventas de las medianas, pequeñas y
    micro-empresas (Mipymes) entre los dos semestres considerados.
    En ese período, las empresas medianas aumentaron sus
    ventas nominales en 4,8%; las pequeñas subieron 2,1% y
    las microempresas disminuyeron en un 0,2%.  Si
    se consideran las variaciones de precios del
    período, es probable que las ventas reales hayan
    disminuido o permanecido en el mismo nivel.

    La parte de las ventas de las Mipymes dirigidas al
    mercado externo es bastante débil.  Sólo
    alrededor del 4,5% de las empresas exportaron y el valor
    exportado representó alrededor del 3,5% de sus ventas
    totales.  Existe, sin embargo, una diferencia importante
    entre las empresas medianas y las pequeñas ya que las
    primeras tienen una actividad exportadora dos veces superior a
    las pequeñas.  En general, las Mipymes realizan
    casi la totalidad de sus ventas, más del 95%, en el
    mercado interno.

    Desde otro punto de vista, sin embargo, las exportaciones de estas empresas representan
    cerca del 5% de las exportaciones chilenas y del 14% de las
    exportaciones no tradicionales. Se advierte entonces una
    paradoja: las Mipymes son relativamente importantes para el
    Comercio
    Exterior, sobretodo para el sector no tradicional, pero el
    Comercio
    Exterior no es muy importante, por ahora en el corto y mediano
    plazo, para el conjunto de las Mipymes.  En efecto, 
    para aumentar sus ventas en 1% sólo por medio de
    exportaciones, se requerirían que éstas
    aumentaran en cerca de 30%.  Desde luego, existen grupos de
    unidades para las cuales este aspecto es muy importante, aunque
    no lo sea para la gran mayoría de las empresas
    consideradas.

    El resultado general que se muestra en
    materia de
    empleo en las Mipymes entre los primeros semestres de los
    años 2000 y 2001, es una disminución en todos los
    tramos de tamaño y en todos los sectores
    económicos considerados, con la excepción de los
    servicios de utilidad
    pública (Electricidad,
    Gas y
    Agua,
    E.G.A.). El grupo más afectado  es el de la
    micro-empresa con una disminución de 5,8%. Esto es
    coherente con la posible  disminución de las ventas
    reales ya señalada. El número de trabajadores por
    empresa disminuyó ligeramente en el sector de las 
    pequeñas y medianas. Pero, la reducción
    más significativa tuvo lugar en las micro
    empresas.

     En distintos estudios, tanto las ventas como los
    trabajadores por empresas se utilizan para definir los
    diferentes tramos de tamaño de esas empresas. En ese
    sentido, hay que advertir que la estratificación de
    tamaños por ventas resulta bastante diferente de la que
    se efectúa de acuerdo al número de trabajadores.
    Por ejemplo, la estratificación por ventas incluye
    unidades con un número de trabajadores menor que la
    segunda..

    Las ventas nominales por trabajador aumentaron en las
    empresas de todos los tamaños y sectores
    económicos. El aumento fue de 5,2% para el total del
    grupo Mipymes  con un mínimo de  2,4% en el
    conjunto de tamaños y sectores. Esto sugiere que en
    términos reales los valores
    de ventas por trabajador se han  mantenido o han aumentado
    ligeramente.

    Las remuneraciones nominales, por su parte, han
    aumentado muy débilmente; sólo en 0,9% para la
    totalidad de las Mipymes y un máximo de  1,9% para
    el grupo de empresas pequeñas. Estos resultados indican
    que casi con seguridad  las remuneraciones reales han disminuido. Esto 
    junto a un eventual aumento o mantenimiento de las ventas  reales por
    trabajador, indican que su costo
    salarial real ha disminuido aunque en un porcentaje más
    bien débil.

    Los productores de las Mipymes estiman que sus
    precios de
    venta se han
    mantenido o aumentado muy débilmente. Incluso en el
    caso  de las micro-empresas habrían disminuido
    levemente. Escapa a esta situación el sector de
    Servicios de Utilidad
    Pública (E.G.A.) que acusa un aumento de 6,5%. Por otra
    parte, los empresarios declaran que los precios de compra de
    sus insumos (materia
    prima, productos intermedios, servicios) han aumentado en
    forma  significativa en todos los sectores
    económicos  y  tamaños en montos 
    que giran en torno del 7%.
    Según esta información, el sector Mipymes
    estaría sometido a un “ efecto de tijeras”
    ya que sus costos en
    insumos aumentan con respecto al valor de sus
    ventas.

    El menor costo
    salarial real pareciera insuficiente  para compensar la
    disminución del margen por la causa anterior. A esta
    situación se agregan los costos
    financieros que son bastante elevados. No debe sorprender, en
    consecuencia, que se produzca una disminución general
    importante de las utilidades (o aumento  de las
    pérdidas) en todos los tamaños y sectores del
    Universo
    Mipymes.

    La renegociación de las deudas de las Mipymes
    fue, sin duda, la medida más importante que se
    tomó este año en relación con estas
    empresas.

    Es así como  se incorporó una
    pregunta destinada a  examinar el avance del proceso al
    inicio del segundo semestre del año 2001. Los resultados
    indican una situación más o menos parecida en los
    tres tamaños considerados. Un poco más del 50% de
    las empresas ha iniciado la renegociación y la ha
    terminado sólo el  8% del total de ellas. Estas
    últimas corresponden sólo al 5% de las microempresas, y entre 11% y 12% pertenecen a
    los otros grupos. La mayor parte de las renegociaciones
    iniciadas, en consecuencia, se encontraba en trámite en
    los meses de julio y agosto del 2001.

    Estos resultados pueden subestimar en cierta medida
    los porcentajes de renegociaciones terminadas y en curso debido
    a que un porcentaje de las empresas que no ha iniciado el
    trámite no está interesado en hacerlo y, por lo
    tanto, el universo de
    candidatas a renegociar es inferior al del total de empresas
    consideradas.

     La importancia de la renegociación para
    las Mipymes se puede apreciar en el porcentaje de las ventas
    que representan los pagos por amortización, intereses,
    comisiones, y otros gastos ligados
    a  la deuda.

    En todos los tamaños este gasto es
    prácticamente del 20% de las ventas. Sectorialmente
    éste se eleva a un 25% en el caso de la
    Minería  y  del  Transporte.
    En el resto, es del orden del 20% o menos. Esta carga es
    considerable  en cualquier circunstancia pero, sin duda,
    en una situación de estancamiento de la ventas, su pago
    regular pasa a ser prácticamente
    insostenible. 

    La información anterior se complementa con la
    concerniente al grado de endeudamiento de las Mipymes respecto
    a su patrimonio.

    Al observar los antecedentes, se puede apreciar que
    éste es más bien bajo para las empresas
    pequeñas y un poco más importante para las
    medianas, pero en los dos casos es razonable y apenas un poco
    más importante que la carga semestral  

    Resulta, en consecuencia, que el problema financiero
    principal de este grupo de empresas parece ser la estructura
    de plazos y de tasas de interés, y no el de un
    sobreendeudamiento.

    Este resultado parece razonable si se considera que
    éstas empresas tienen en general un acceso restringido
    al crédito.

    Las Mipymes, en su conjunto, declararon estar
    conectadas a Internet en un
    22% y por conectarse en el segundo semestre del año
    2001, un 7% adicional. Existe, sin embargo, una fuerte
    diferencia por tamaños. Las empresas medianas
    están conectadas en un 60%, y había más de
    7% por hacerlo en lo que restaba del año. Las
    pequeñas tienen conexión en el 32% de los casos
    con una previsión de 8% adicional en el segundo semestre
    de 2001. Finalmente, las micro-empresas utilizan Internet
    sólo en un 11,4%. Ese porcentaje debería haber
    aumentado en 6% en el resto del año.

    Desde el punto de visa de los sectores, los
    porcentajes más altos para el conjunto Mipymes
    corresponde a las empresas de la Construcción y del
    Comercio al
    por Mayor con 44,8% y 44,1% respectivamente.

                                                  

     

    El mercado del Trabajo en Chile

    Un acercamiento inicial a las características del
    mercado del trabajo se desprende de la estructura
    que éste posee. Los gráficos siguientes nos
    muestra el perfil de la ocupación y combinados permiten
    conformar un relieve de
    este ámbito de la economía.

     

     

    Dos elementos resultan particularmente importantes: sobre
    el 67% de los ocupados son trabajadores asalariados y que el
    64% se desempeña en actividades de servicios. El primer
    antecedente se combina con la distribución de la
    ocupación según tamaño de empresa, lo que
    nos lleva a que casi la mitad de los ocupados se
    desempeñe en microempresas de menos de 10 trabajadores,
    quienes son precisamente los más afectados por la crisis
    actual y los que arrastraban las condiciones laborales
    más deterioradas. La alta proporción de
    trabajadores que se desempeñan en actividades de
    servicios se relaciona con los impactos de la apertura
    económica implementada en el periodo de el Gobierno
    militar que se tradujo en una paulatina
    desindustrialización en favor de actividades
    relacionadas con la extracción de recursos
    naturales y el crecimiento de los servicios asociados. Con
    todo, este fenómeno en el mercado del trabajo es propio
    de las formas de modernización capitalista en los
    países periféricos.

    A estas condiciones generales se suma la extensión
    de las jornadas de trabajo donde se aprecia un paulatino
    descenso durante los últimos años, que refleja la
    ampliación de los trabajos a jornada parcial, que en
    general presentan más altos niveles de
    precariedad.

    Unido a la disminución de la jornada promedio
    semanal se puede observar una mayor participación de
    la mujer en
    las jornadas inferiores a la de carácter regular de 48
    horas, lo que se explica tanto por la vulnerabilidad que
    enfrentan en el mercado del trabajo, como por las restricciones
    sociales que enmarcan su inserción.

    Otra de las variables
    estructurales del mercado del trabajo es la distribución
    del ingreso que se produce en su interior, es decir la
    distribución funcional y el efecto que produce en la
    distribución personal. Chile
    presenta una de las peores distribuciones del mundo, lo que es
    efecto del deterioro de la situación de los trabajadores
    durante el Gobierno
    militar, situación que no se ha revertido hasta ahora.
    Si bien, durante lo últimos años el volumen total
    de personas pobres ha disminuido desde representar un 47% de la
    población en 1987, a poco más del 20% en la
    actualidad, esto es resultado de la ampliación de la
    ocupación durante la década del ’90 y por
    tanto de los ingresos
    familiares totales. Sin embargo, dado la baja calidad de los
    empleos y de las remuneraciones, esto se ha traducido en una
    distribución más regresiva del
    ingreso.

    En el contexto actual de contracción, uno de los
    signos del impacto en el mercado del trabajo se encuentra,
    además de en los ámbitos de ocupación y
    desocupación, en el comportamiento de los salarios
    reales, los que han disminuido de manera importante las tasas
    de variación que venían experimentando. Mientras
    en 1994 venían creciendo por sobre el 5%, en el
    año recién pasado aumentaron sólo un 0,7%.
    En el caso del Salario
    Mínimo Legal, la década del ’90
    observó un importante incremento, que acumulado
    representa cerca del 50% real, el que sólo se ha venido
    a moderar en los últimos años.

     Esta estructura general del mercado del trabajo en
    Chile, se encuentra sujeta a las condiciones actuales de la
    crisis y el estancamiento que se experimenta en la actualidad.
    Los principales efectos de la incapacidad de recuperar tasas
    altas de crecimiento, como las observadas durante la
    década del ’90, se encuentran en el mercado del
    trabajo.

     

    3. La persistencia de la
    desocupación

    Como señalamos, la desocupación persistente
    es el principal síntoma junto a la desaceleración
    de la actividad y el gasto, del estancamiento en que se
    encuentra la economía chilena. Al primer trimestre de
    1999, cuando la crisis aún no se desataba en Chile, la
    tasa de desocupación alcanzaba al 5,3% y en el segundo
    trimestre del presente año se ubicó en
    9,7%.

    Un primer problema se vincula a la mantención
    durante todo el periodo, de altas tasas de desempleo, lo cual
    contrasta con el crecimiento de 5,4% que experimentó el
    producto el
    año 2000. La explicación fundamental de este
    hecho radica en que los sectores que explican el crecimiento
    señalado, son los rubros de exportación y dentro
    de ellos los productores de recursos
    naturales.

    Estos sectores demandan una escasa cantidad de fuerza de
    trabajo. Es el caso de la minería, que explicando un 45%
    de las exportaciones y un 11% del producto, sólo
    contribuye con 73 mil puestos de trabajo, es decir el 1,4% de
    la ocupación total. Mientras el crecimiento se encuentre
    explicado por los recursos
    naturales exportables, la tasa de desocupación se
    mantendrá en los rangos actuales.

    Analizado por sectores el problema, la Industria, la
    Construcción y la Minería aparecen como los que
    han sufrido el impacto mayor en términos de empleo. En
    conjunto perdieron desde inicios de la crisis 220 mil puestos
    de trabajo, correspondiendo el 60% sólo a la
    Industria.

    Un segundo problema se refiere a una condición de
    más largo plazo en la economía chilena y que ya
    refleja un carácter estructural. Es la tasa de
    absorción o, en otros términos, la capacidad de
    crear puestos de trabajo.

    La tendencia general que muestra Chile con respecto al
    Empleo en los rangos presentados y que refleja durante la
    década un persistente deterioro en la capacidad de
    creación de nuevos puestos de trabajo por cada punto de
    crecimiento del producto, resulta inquietante. Esto, sin
    olvidar que la economía presentó en la mayor
    parte de ese periodo altas tasas de crecimiento.

    Las implicancias de esta situación se enmarcan en
    los debates recientes respecto a un eventual agotamiento del
    modelo de
    crecimiento o el inicio de un proceso de esta naturaleza.

    Si la inmensa mayoría de los trabajadores en Chile
    se desempeña en el sector de los bienes y
    servicios no transables y simultáneamente constituyen
    una parte importante del mercado interno, se da el caso de
    dinámicas de crecimiento empobrecedoras. En Chile, de
    confirmarse las tendencias presentes, la economía puede
    retomar una senda de crecimiento y al mismo tiempo,
    mantener e incluso elevar el desempleo y la pobreza. En
    dicho escenario coexisten simultáneamente dos
    economías con dinámicas y tendencias divergentes.
    Una vinculada al sector externo y la otra anclada a la
    economía doméstica. Esto a pesar de los
    mecanismos de difusión que poseen las exportaciones,
    sobre el resto de los sectores. Es un escenario posible en
    rangos de corto plazo, en tanto no resulta socialmente
    sustentable una situación de esta naturaleza.

    Cuantificación del problema: Tanto las encuestas
    del INE ( a nivel nacional ) como las del Departamento de
    Economía de la Universidad
    de Chile ( Gran Santiago ) muestran la existencia de un
    problema de gran magnitud, que lejos de irse aminorando en el
    transcurso del año se agravó.

    Las cifras de ocupación y desocupación
    entregadas por el Departamento de Economía indican que
    el desempleo en los primeros meses del 2002 siguió
    creciendo y alcanzó su nivel más elevado para un
    mes de marzo desde el inicio del proceso recesivo. Comparado
    con igual mes del año anterior la tasa de desocupados
    aumentó en 0,7 puntos porcentuales y si la
    relación se establece con marzo de 1998 – o sea, el
    momento previo al inicio del curso recesivo – más que se
    duplica en términos porcentuales. El drama de la
    desocupación se agravó en vez de
    reducirse.

    Las cifras del INE para el trimestre móvil
    febrero-abril del 2002 también muestran un aumento en la
    desocupación nacional, con relación a los mismos
    meses del 2001, al incrementarse su tasa de un 8,5% de la
    fuerza de
    trabajo a un 9,1%. En realidad, su nivel es superior, dado que
    se considera una disminución de la fuerza de trabajo en
    cifras anualizadas de 0,5%. Este hecho sólo es una
    consecuencia que numerosas personas pasan a la categoría
    de inactivos al no contestar que buscan trabajo en el momento
    de la encuesta. Si
    se considera tan solo que en el cuatrienio 1996-1999 el
    crecimiento promedio anual de la fuerza de trabajo fue de
    1,45%, o sea 1,95 puntos porcentuales por encima de la del
    trimestre móvil febrero-abril, y se agrega este
    porcentaje a la tasa de desocupación dada a conocer por
    el INE, su nivel sube a 11,05%.

    A nivel regional el problema se agudiza en algunas zonas
    del país. Cuatro regiones alcanzaron en febrero-abril,
    según las cifras entregadas por el INE, una
    desocupación de dos dígitos: la octava ( 11,7%),
    la primera ( 11,3%), la quinta ( 11,3%) y la tercera ( 10,7%).
    Por ciudades, el INE constató los niveles más
    altos de desocupados en Lota ( 17,9%), Valparaíso
    (17,8%), Vallenar ( 17,6%) y Talcahuano ( 17,0%). Ello indica
    que debe haber, frente a un problema que es nacional, una
    preocupación principal por algunas regiones y
    localidades.

    Los aumentos en la producción de bienes y
    servicios no se tradujeron en más puestos de trabajo,
    como es usual. En ello incide el impacto ocupacional negativo
    del proceso de apertura económica seguido, que destruye
    plazas laborales al sustituir masivamente producción
    nacional por importaciones,
    mientras que la expansión del sector exportador genera
    muy poca nueva ocupación. Las cifras confirman que se
    sufre las consecuencias combinadas de una pérdida de
    puestos de trabajo por factores propios del ciclo
    económico, consecuencia de una demanda
    interna que sigue baja, con otros de raíz
    estructural.

    Las estadísticas del departamento universitario
    registran tasas de desempleo de dos dígitos en el Gran
    Santiago desde septiembre de 1998, o sea desde el momento que
    se desató el proceso recesivo, prolongándose ya
    por cerca de tres años. Se trata de un lapso
    extraordinariamente largo. El número de desempleados
    aumentó de 159.900 en marzo de 1998 a 366.800 al mismo
    mes del 2002, o sea, en más de 200.000 personas; es
    decir creció en un 129,4%. Cerca de la quinta parte de
    los hogares al momento de la encuesta,
    sufría el problema, dado que los hogares sólo con
    desocupados constituían un 5,5% del total y los con
    desocupados y ocupados simultáneamente alcanzaba a un
    14,1%. Otros hogares enfrentaron la contingencia antes y otros,
    de seguir la situación, lo harán en un
    número importante más adelante.

    Si ahondamos más en las cifras se concluye que los
    datos
    anteriores, a pesar de ser impactantes, no dimensionan
    completamente el problema. Los datos
    publicitados de las encuestas no
    consideran la subocupación obligada ( es decir, de
    aquellas personas que expresan su deseo de trabajar más
    horas ) como tampoco a los incorporados a la categoría
    de inactivos con manifestación clara de su
    intención de trabajar.

    De acuerdo a las estadísticas del INE, los
    "ocupados que trabajan menos de 35 horas a la semana que
    preferirían trabajar más horas", en el trimestre
    móvil noviembre 2001-enero 2002, eran 302.130 personas,
    un 5,2% de la fuerza de trabajo, de los cuales 186.850 ( 3,2%)
    lo hacían entre 15 y 25 horas y 115.280 ( 2,0%) entre 26
    y 34 horas.

     En los trimestres móviles de
    octubre-diciembre 2000 y agosto-octubre 2001 el número
    de los "ocupados que trabajan menos de 35 horas a la semana que
    preferirían trabajar más horas" superó las
    333.000 personas.

    Por tanto, a la desocupación abierta anotada por
    el INE en el trimestre indicado, un 8,4% de la fuerza de
    trabajo, se le debe sumar otro 5,2% de subocupados, si se
    considera como tales a los "ocupados que trabajan menos de 35
    horas a la semana que preferirían trabajar más
    horas". Se llegan así a un 13,6% de la fuerza de
    trabajo, equivalente a 792.590 personas. Obviamente de usarse
    como base las estadísticas de la Universidad
    de Chile se alcanzarían porcentajes
    superiores.

    De otra parte, entre los inactivos se encuentran aquellos
    encuestados sin trabajo que manifiestan explícitamente
    su deseo de trabajar, lo cual configura un tipo de "desempleo
    oculto" o "potencial", si se expresa más suavemente. Los
    estudios efectuados sobre el tema concluyen que en esta
    situación se encuentra entre el 5% y la 8% de la fuerza
    de trabajo. Si para nuestro cálculo consideramos el
    porcentaje más bajo, se llega a la conclusión
    que, usando las cifras de noviembre 2001 – enero 2002, un 18,6%
    de la fuerza de trabajo, es decir 1.089.407 personas,
    tenía "problemas
    ocupacionales".

    Una conclusión a la luz de estos
    antecedentes es la necesidad, para mostrar más
    nítidamente la realidad, de entregar a la opinión
    pública abiertamente antecedentes que incluyan,
    además de la información habitual sobre fuerza de
    trabajo, ocupados y desocupados ( cesantes y los que buscan
    trabajo por primera vez ), la información sobre quienes
    trabajan menos de 35 horas y desean hacerlo en un tiempo
    superior y la de los inactivos con deseos de trabajar. O
    más concretamente, que se publicite la
    estadística completa y no parcial.

    Propuestas para el corto plazo: El tema de fondo es
    cómo encarar resueltamente el flagelo de la
    desocupación. Si la causa del desempleo, como muestran
    los hechos, proviene por un lado de una demanda
    interna insuficiente, el desafío planteado es
    cómo aumentarla. Hasta ahora la acción del
    aparato estatal, al actuar sólo con una mano, usando
    exclusivamente y a destiempo el mecanismo de la tasa de
    interés, resulta insuficiente. En particular, se
    requiere emplear decididamente el gasto público como
    elemento reactivador, para lo cual debe superarse el esquema de
    privilegiar a todo evento el manejo del saldo
    presupuestario.

    Frecuentemente, las reactivaciones se han apoyado en dos
    mecanismos fundamentales: gasto público ( principalmente
    construcción y obras públicas ) y
    devaluación del tipo de
    cambio real. El gasto público tiene un conocido
    efecto multiplicador de los niveles de actividad
    económica, mientras que la devaluación –
    más aún cuando la moneda chilena permanece
    sobrevaluada – evita que el incremento de la demanda interna se
    canalice vía importaciones, no posibilitando la
    recuperación de las actividades económicas
    internas, particularmente en una economía cada vez
    más abierta como la chilena. Al mismo tiempo, estimula
    las exportaciones.

    Constituye una necesidad nacional urgente que el gobierno
    aumente el gasto público en forma significativa. En
    circunstancias como las actuales, la teoría
    económica considera recomendable la generación de
    un déficit fiscal. Tal
    ha sido el núcleo de las políticas utilizadas
    para enfrentar esta fase de los ciclos económicos por
    parte de diferentes naciones, desde que las mismas fueran
    introducidas como lección del análisis de la Gran
    Depresión de los años treinta.

    En momentos como estos el consumo de
    las empresas y personas no se encuentra todavía en
    condiciones de reactivarse, dada la incierta perspectiva de
    ganancia de las empresas, lo cual mantiene frenada su capacidad
    de inversión, y por la incertidumbre en el empleo y
    restricción en los salarios en
    el caso de los segundos. No puede olvidarse que la
    inversión es procíclica. El único actor
    capaz de invertir el cuadro con una acción decidida es,
    precisamente, el
    Estado.

    El gobierno y el Banco Central
    no pueden seguir esperando que la actividad económica se
    recupere básicamente como consecuencia de
    fenómenos de mercado y en especial de hechos externos.
    De esta manera, se hace más prolongado y doloroso el
    efecto contractivo del ciclo económico, que se
    manifiesta preferentemente en la existencia de una demanda
    interna deprimida y un elevado número de desocupados.
    Más aún cuando la reducción de las tasas
    de interés – el único mecanismo
    macroeconómico utilizado para tratar de revertir el
    cuadro – enfrenta numerosas contratendencias. De cumplirse la
    proyección del Banco Central
    en su informe de
    mayo, con un incremento de la demanda interna de un 4,8% en el
    2001 recién se volvería al nivel de 1998,
    año de inicio de la recesión. Pero, el presidente
    del Banco Central ya constató que esta proyección
    tampoco se cumplirá.

    En abril, el Indice Mensual de Actividad Económica
    del Banco Central ( Imacec) creció en doce meses
    sólo 2,6%. Por su parte, las importaciones de mayo
    descendieron, también en cifras anualizadas, en 12,8%,
    reflejo de la contracción en que se mantiene la demanda
    interna, mientras las exportaciones, afectadas por la
    desaceleración de la economía mundial, lo
    hacían en 12%. El segundo trimestre constituyó un
    momento de acentuamiento del proceso de desaceleración
    que vive la economía desde los últimos meses del
    2000.

    Otra propuesta es otorgar un subsidio de cesantía.
    El establecimiento de un subsidio de cesantía es una
    forma directa usada en muchos países para aliviar los
    inevitables períodos de elevado desempleo que se generan
    periódicamente en las fases recesivas del ciclo
    económico. Así enfrentó Corea del Sur las
    altas tasas de desocupación después de su
    reciente crisis, con subsidios equivalentes a un 3% de su
    PIB.
    Opinamos que ya es tiempo de establecer una red de
    protección social, que debe tener este subsidio como uno
    de sus componentes. Ello no tiene que ver, en nuestra
    opinión, con la recientemente aprobada
    legislación sobre seguro de
    desempleo, en el cual el aporte fiscal es
    muy pequeño.

    El aporte estatal comprometido en la ley de seguro de
    desempleo es extraordinariamente bajo, alcanzando a US$ 10
    millones anuales pagaderos en doce cuotas, a destinarse al
    Fondo Solidario de Cesantía. Suma que se incrementa por
    el pago de la asignación familiar con cargo
    presupuestario. Su monto se estableció dentro de los
    marcos de la política gubernamental de
    "restricción presupuestaria", aunque no implica recursos
    hasta que se apruebe y comiencen a producirse un año
    después de su vigencia los primeros beneficiarios, en
    mayo del 2003, y obviamente sin pensar en modificar la
    estructura tributaria para generar nuevos recursos.

    El monto presupuestario destinado a seguro de desempleo
    resulta muy pequeño si se compara con aquellos
    países, particularmente europeos, que poseen mecanismos
    efectivos de protección.

     En Europa el
    costo promedio aportado por el Estado
    con este propósito es de 2,5% del PIB, lo que
    en la realidad chilena equivaldría a más de US$
    1.750 millones, una suma muy superior a la anunciada por el
    Gobierno. Desde luego, no se trata de llegar a esos
    porcentajes, pero perfectamente se podría hablar del
    equivalente a un 1% del PIB como la suma a destinar con este
    propósito por el gobierno.

    Necesidad de actuar en otra dimensión: Si se
    analiza el impacto real de las medidas reactivadoras aplicadas
    en los últimos años ( baja de las tasas de
    interés, programas
    especiales para desocupados, devolución anticipada de
    impuestos,
    disminución de tributos
    para la adquisición de viviendas DFL 2,
    reprogramación de deudas para micro y pequeñas
    empresas ) se comprueba que sus efectos han sido
    limitados.

    Ultimamente, el gobierno, para enfrentar la emergencia,
    adelantó el uso del fondo de contingencia contemplado en
    el presupuesto del
    2001 de $ 100.000 millones, que debió ponerse en
    funcionamiento -como muestran los hechos- mucho antes, mediante
    el cual se espera generar entre 80.000 y 100.000 plazas de
    trabajo adicionales. Sin embargo, es insuficiente. El remedio
    debe ser mucho más intenso, tanto si se mira en la
    perspectiva de la magnitud del problema de la
    desocupación como de la urgencia de reactivar la demanda
    interna.

    De igual modo, lanzó un programa de
    bonificación a la contratación de trabajadores,
    que pretende beneficiar a unos 20.000 trabajadores durante todo
    el año. El programa se
    dirige a la contratación de desempleados, por un
    mínimo de cuatro meses, a lo menos por el salario
    mínimo, al cual el Estado aporta el 40% por mes,
    más $ 50.000 por una sola vez para
    capacitación.

    La OCDE (Organización para la Cooperación y
    el Desarrollo Económicos) es muy crítica al
    resultado de programas de este tipo.

    Por ejemplo, sobre los programas de subsidio a la
    contratación señala: "Esta política
    concentró 11% del gasto total en políticas
    activas en la OCDE en 1996. La creación neta de empleo a
    través de este incentivo es muy baja y, a veces, cercana
    a cero ya que en gran parte de los casos los empleadores
    hubieran hecho las contrataciones de la misma forma. Por otro
    lado, esta política estimula la sustitución en la
    contratación de trabajadores por aquellos promocionados
    por el programa".

    En cuanto a la "creación directa de empleo"
    señala: "En la OCDE estos programas absorbieron en
    promedio el 14% del gasto total en políticas activas. La
    evaluación de los mismos es bastante negativa en cuanto
    a la ayuda para obtener empleo estable en el mercado del
    trabajo. Sin embargo, los programas temporarios de empleo
    público continúan siendo aplicados especialmente
    en períodos de recesión, de forma de mantener el
    contacto de los desocupados con el mercado del
    trabajo". 

    Las cifras entregadas por el Instituto Nacional de
    Estadísticas sobre el empleo, hacen cada vez más
    difícil sostener que las altas tasas de desempleo que
    exhibe el país sean consecuencia de un desempleo
    estacional o cíclico, más bien nos
    encaminaríamos a un desempleo estructural, con el cual
    deberíamos acostumbrarnos o en su defecto ampliar la
    frontera de la producción nacional. Al parecer esta
    última alternativa es la que se ha empezado a discutir,
    cuando se propone privatizar empresas que actualmente
    están en manos del Estado para focalizar estos dineros
    en fondos concursables, tendiente a generar nuevas empresas,
    con ideas innovadoras que permitan aumentar la eficiencia en
    el uso de los factores productivos del país y generar
    nuevos puestos de trabajo.

    Otra señal de desempleo estructural, que puede
    apreciarse con mayor claridad en el ámbito
    agrícola, especialmente en nuestra Región, es la
    pérdida relativa de este sector en el empleo de mano de
    obra, lo cual va aparejado con un aumento en la
    producción. Por tanto, el aumento en la eficiencia del
    uso de la mano de obra es evidente y hoy el país produce
    más o lo mismo, pero con menos gente.

    Dada esta realidad, es necesario dar un paso como
    país aumentando la frontera de la producción
    nacional, de modo de generar nuevas actividades productivas que
    generen nuevos empleos. Esta estrategia de
    desarrollo es concordante con la apertura de nuevos mercados, a
    través de los acuerdos comerciales firmados, ya que el
    aumento de la demanda por bienes desde estos mercados, pudiese
    ser capaz de gatillar el proceso de crecimiento
    económico del país, debido a las dificultades
    para estimular la demanda interna.

    En resumen, se están intentando varias estrategias
    para disminuir el desempleo, ya sea vía estimulando y
    financiando la generación de nuevas actividades
    productivas, aumentando la demanda externa abriendo nuevos
    mercados, estimulando la demanda interna vía
    disminución tasas de interés, subsidiando el
    empleo etc., lo cual demuestra que es un problema complejo de
    solucionar. Es de esperar que algunas de ellas efectivamente
    logren los impactos esperados y se transformen en un cambio para
    los miles de desempleados actuales.

     

     

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