Indice
1.
Introducción
2. La educacion y la cultura
popular
3. Los Anarquistas
4. Los grupos
socialistas
5. El centro socialista de
estudios
7. La "sociedad luz"
8. El ateneo
popular
9. Las bibliotecas obreras
10. El
movimiento feminista. los recreos infantiles
11. La cultura
artística: música, coros y teatro
12. Periodo
1943/1955 -
13. Caracteres del modelo
sindical argentino
14. Un poco de actualidad y...
sin palabras
El derecho sindical
El derecho del
trabajo ha dejado de ser un derecho que se elabora siempre en
forma consciente y voluntaria, para convertirse en una proceso
màs bien ordenado y racional, que muchas veces obedece a
brotes revolucionarios, que surgen justamente de lo inconsciente
e irracional, influyendo en su elaboraciòn aspiraciones,
deseos, sentimientos, orientados a la consecuciòn de
determinados ideales sociales, econòmicos y
polìticos.
El derecho sindical como todo derecho del trabajo en general no
es ni puede ser un mero producto de
laboratorio.
Su finalidad es la de actuar como un "molde" formal de un hecho
sociològico de gran trascedencia en las sociedades
modernas , como lo es el de la agrupaciòn humana
solicidaria por intereses comunes derivados de la actividad
laboral.
En este marco cabe preguntarse cuàl ha de ser el
rol que debe desempeñar el Estado.
Este solo cumple de manera acertada su rol de garante de la
justicia
social en la medida en que logra estructurar un sistema normativo
que asegure el pleno ejercicio de la autonomìa colectiva
por parte de los interlocutores sociales y su protagonismo la
autorregulaciòn del sistema de relaciones industriales, a
la vez que ofrece reglas de juego que
guardan la debida correspondencia con una mùltiple
interrelaciòn de elementos extrajurìdicos a
travès de los cuales el movimiento
sindical se nutre, se desarrolla y se configura en cada comunidad.
Consecuencia de lo dicho es que el fenòmeno sindical
presenta una acentuada sensibilidad nacional, lo cual implica que
un règimen legal que se elabore para regir èsta
particular especie de organizaciones no
puede de ninguna manera prescindir de los datos de la
experiencia, los usos y costumbres, los valores
aceptados o al menos tolerados en las relaciones colectivas de
trabajo, asì comotambièn los medios de
acciòn que cada grupo
considera màs adecuado para el logro de sus fines, y a su
vez todo èsto debe ser considerado en un contexto
socioeconòmico, politico y cultural de cada
paìs.
El sindicalismo
argentino, que a partir de 1945 ingresò en el
perìodo de su reconocimiento y promociòn por parte
del Estado y de su
afianzamiento como agrupaciòn intermedia, se ha
manifestado y desenvuelto a travès de formas y modalidades
organizativas y dinàmicas. Es asì que los datos de
la realidad laboral y su expresiòn normativa configuran lo
que se ha denominado"Modelo
Sindical Argentino", el cual presenta perfiles propios que
singularizan su fisonomìa .
El règimen legal relativo a la creaciòn,
funcionamiento y actividades de las asociaciones sindicales de
trabajadores, se encuentra enmarcado en la ley que lleva el
Nº 23.551, promulgada por el Poder
Ejecutivo en fecha 14 de abril de 1988 y publicada en el
Boletìn Oficial el dìa 22 de abril de
1988.
La
cultura obrera
argentina como
base de la transformación social
(1890-1940)
Movimiento sindical y politica laboral
El ciclo abierto en 1943 posibilitaría que, el movimiento
sindical, permanentemente dividido, mas tolerado que reconocido y
aún reprimido por muchos gobiernos, comenzará a
transitar una nueva etapa que lo transformaría
profundamente.
Por vez primera, la organización de los trabajadores fue
estimulada y aún promovida desde el poder, superando las
barreras que le habían impedido unificarse. La clase
trabajadora constituyó el eje base principal de
sustentación de un nuevo y vasto movimiento
político que buscaba transformar, también, las
condiciones sociales, políticas y económicas del
país.
El 4 de Junio de 1943, una revelación militar
resolvía desconocer las autoridades civiles, presididas
por el Dr. Ramón
Castillo, haciéndose cargo del gobierno.
Entre los actores de este levantamiento se encontraban cuadros
militares que se manifestaban deseosos de bloquear la candidatura
presidencial del hacendado Robustiano Patrón Costas, que
había sido avalada por el régimen depuesto.
Patrón Costas representaba el continuismo conservador y no
ocultaba, con respecto a la confrontación mundial que se
desarrollaba en esos momentos, su simpatía por la causa
aliada, en contraposición con la, hasta entonces, dudosa
neutralidad llevada a cabo por Castillo. El sector de militares
que se negaba a esta candidatura, agrupados en el Grupo de
Oficiales Unidos (G.O.U.), estaba, indudablemente, deslumbrado
por la rápida campaña d los ejércitos
alemanes que, entonces, estaban cerca de lo que parecía
ser la victoria final. Otros partícipes del levantamiento
eran cuadros militares que se encontraban hastiados del fraude electoral
sistemático y estaban, también, los partidarios del
"nacionalismo
de derecha", mortificados por el desplazamiento sufrido en la
revolución 1930, cuando fueron desplazados por el grupo
encabezado por el General Justo. Todos estos sectores
coadyugaron, pues, en producir la revolución de junio.
En un primer momento, el General Arturo Rawson, fue consagrado Presidente Provisional, pero, debido a problemas internos, se vio obligado a renunciar, dejando el cargo en manos del General Pedro Ramírez. La política internacional de este estuvo gobernada por el principio de neutralidad que representaba, a esa altura, una concomitancia con las potencias del Eje Berlín-Roma-Tokio. En febrero de 1944, Ramírez fue obligado a renunciar luego que el gobierno argentino, incapaz ya de sostener la presión externa, rompiera, un mes antes de la finalización de la guerra, sus relaciones diplomáticas con Alemania. La renuncia de Ramírez dejó la revolución en manos del General Edelmiro Farrell y, tras de él, el grupo allegado al G.O.U. encabezado por los Coroneles Juan D, Perón y Domingo Mercante.
Perón, que ocupaba la Secretaría del Ministerio
de Guerra desde junio de 1943, siguió escalando posiciones
hasta ser nombrado Vicepresidente en julio de 1944. De esta
manera se convirtió en el hombre
fuerte del régimen militar, ya que, además de esos
dos cargos, retuvo también la cartera de Trabajo y
Previsión, a la que había sido promovido en
noviembre de 1943. Fue, justamente, desde esta cargo, donde
Perón desarrolló una activa política
destinada al ámbito gremial, iniciándose un
período que cambiaría las formas organizativas del
movimiento obrero y la relación de este con el Estado.
Desde la Secretaría del Trabajo se impulsó,
asimismo, la creación de sindicatos nuevos y se
amplió la legislación
laboral, haciéndose cumplir la que, hasta ese momento,
existía solo en los papeles. El 1° de mayo de 1945,
Perón reseñaba la tarea realizada por la
Secretaría de Trabajo y Previsión en el
último año: 29 decretos; 319 convenios y 174
gestiones conciliatorias que habían beneficiado a
más de 2.580.000 trabajadores.
Al mismo tiempo que se iba definiendo el apoyo de los
trabajadores al gobierno, también iba creciendo la
resistencia de los sectores patronales a su política
social. En junio de 1945, 321 entidades empresarias de todo
el país, representativas de la industria y del comercio,
elevaban un memorándum al Presidente y publicaban un
Manifiesto del sector. Señalaban la alarma producida por
el proyecto salarial mínimo, vital y móvil, aumento
de salarios y
participación en las ganancias; preocupadas también
por "la intranquilidad creciente de un ambiente de
agitación social, que venía a malograr la disciplina y
pujante eficiencia del
esfuerzo productor y cuya gravedad hallaba origen en el constante
impulso que se deparaba desde dependencias oficiales".
Este documento significaba una virtual declaración de guerra contra el gobierno y, en particular, contra Perón y la Secretaría de Trabajo y Previsión. A esta ofensiva, se sumarían vastos sectores de la clase media, principalmente estudiantes y profesionales; las organizaciones sindicales aún controladas por socialistas y comunistas; partidos políticos; casi toda la prensa; sectores del Poder Judicial y de las Fuerzas Armadas y, finalmente, desempeñando un activo papel en la coordinación de todos estos elementos, el recién llegado embajador norteamericano Spruille Braden.
Para la oposición, Braden era aliado que recalaba en la
Argentina para dirigir la operación definitiva contra el
"totalitarismo" y el "nazismo
vernáculo". Pero, detrás de sus invocaciones, a la
"democracia", el representante norteamericano no ocultaba su
propósito de tutelar determinados intereses, buscando
imponer un gobierno dócil a los negocios
planeados por Estados Unidos
para la posguerra, tales como la posibilidad de que las
líneas aéreas norteamericanas pudieran explotar
comercialmente el mercado interno
argentino. Evidentemente, Estados Unidos, que emergía de
la Segunda Guerra
Mundial como potencia
hegemónica dentro del bloque occidental, disputaba, a la
ya declinante Inglaterra, la
influencia que, hasta entonces, ésta había
mantenido en el Cono Sur.
En setiembre de 1945, la oposición organizaba la
‘Marcha de la Constitución y la Libertad",
reclamando el fin del gobierno militar y su manejo provisional
por la Corte Suprema. La acometida de la oposición
ganó cuerpo en un sector de los cuadros militares que, por
otra parte, estaban descontentos con el grado de poder alcanzado
por Perón. El 8 de octubre, el General Eduardo Avalos,
jefe de la Guarnición militar Campo de Mayo, notificaba a
Perón que había renunciado a sus cargos ya que no
contaba con el apoyo de las fuerzas armadas. La rebelión
militar triunfante decidió la detención de
Perón y su internación en la Isla Martín
García, mientras una junta de militares se apersonaba a
Farrell para la formación de un nuevo gabinete.
La falte de una conexión directa entre la oposición y los militares contribuyó al reagrupamiento de las fuerzas favorables a Perón , ya que la oposición desconfiaba de los militares y no perdía oportunidad de repudiar su gestión. Ello favoreció el grupo partidario de Perón, que tenía su representante principal en el propio Presidente Farrell, quien maniobró hasta último momento para conservar la hegemonía en el gobierno. Por su parte, los cuadros sindicales adictos a Perón y la propia masa de trabajadores, se movilizaron, agrupándose el 17 de octubre de 1945, en la Plaza de Mayo, luego de converger desde los suburbios capitalinos y de las zonas aledañas a la provincia de Buenos Aires. Allí, por medio de una huelga general que se extendía por todas partes, reclamaba la presencia de Perón.
Lograda ese mismo día la liberación de
Perón, el discurso de
éste pronunciado por la noche desde los balcones de la
Casa Rosada, preanunciaba su plan electoral,
que contemplaba la renuncia a los cargos en el gobierno para
aspirar a la candidatura presidencial. La convocatoria a
elecciones cerraba la última etapa de la revolución
de junio.
El 17 de octubre señalaba, a su vez, el hecho que, por vez
primera en nuestra historia, una movilización de la clase
obrera determinaba un cambio sustacial en la situación
política nacional. Este acontecimiento significaba,
también, la iniciación de una nueva etapa en el
movimiento obrero, cuyo peso político sería, desde
entonces, imposible de ignorar.
Las elecciones convocadas para el 24 de febrero de 1946
enfrentaron, por su lado, a la Unión Democrática,
que aglutinaba a los partidos: Radical, Comunista, Socialista y
Demócrata Progresista, contando con el respaldo de los
conservadores. Llevaba la fórmula Tamborini-Mosca,
integrantes del radicalismo, línea "alvearista",
rebautizada, en ese momento, con el nombre "unionista". Por el
otro lado, los nombres de Perón-Quijano, respondían
a la coalición formada por la Unión Cívica
Radical - Junta Renovadora-, integrada por radicales disidentes,
el Partido Patriótico, constituidos por antiguos
conservadores y nacionalistas y el Partido Laborista, formado por
sindicalistas que apoyaban a Perón.
Mientras tanto, Estados Unidos otorgaba su respaldo a la
Unión Democrática, a través de una nueva
intervención del Señor Braden, desde su reciente
cargo de Secretario Adjunto de Estado de aquel país. El
mismo día en que se proclamaba la candidatura de
Perón, el Departamento de Estado daba a publicidad un
documento, conocido con el nombre de "Libro Azul", destinado a la
consulta de las naciones americanas, en el que se denunciaba, una
vez mas, las vinculaciones de los gobernantes argentinos con la
Alemania nazi. Esta inadmisible intromisión en la
política interna, llevaría a los partidarios de
Perón a condensar la disyuntiva electoral en la
fórmula "Braden ó Perón".
Las elecciones dieron la victoria a la fórmula
Perón-Quijano, obteniendo mayoría absoluta en las
Cámaras Legislativas y gobiernos provinciales. El 4 de
junio de 1946 se inauguraba la primera presidencia de
Perón, reelegido a fines de 1951 para un nuevo
período, que no llegó a completar.
La política del gobierno peronista tuvo relevante
importancia en el campo social y económico. Las medidas
introducidas en la legislación e en la práctica
laboral, llevaron a la dignificación del trabajo y del
trabajador en una forma que, hasta entonces, había sido
negada.
Durante este gobierno, los trabajadores y el movimiento obrero
organizado, fueron parte integrante y activa del desarrollo
nacional. Dirigentes y militantes sindicales se incorporaron a la
estructura
institucional del país, ocupando funciones
públicas. Dos ministros de la Nación
surgieron de filas obreras: Ángel G. Borlenghi, secretario
general de la Confederación de Empleados de Comercio, que
ocupó la cartera del interior y José M. Freire, del
Sindicato de
Obreros de la industria del Vidrio, que se
hizo cargo del ministerio de Trabajo y Previsión.
Organismos públicos y comisiones de estudio incorporaron
directores y representantes sindicales.
Trabajando estrechamente ligada a la Confederación General del Trabajo, a sus Federaciones y Sindicatos, aparecía la figura de María Eva Duarte de Perón -Evita-. Su acción fue decisiva en pro de la concesión de los derechos cívicos femeninos, otorgados en 1947. A través de la "Fundación Eva Perón" se construyeron hospitales, hogares escuelas que brindaban educación, asistencia médica y alojamiento a hijos de trabajadores, hogares de tránsito para albergar, temporariamente, a madres y niños sin alojamiento, hasta tanto se resolvieran sus problemas. La Fundación trascendió también las fronteras nacionales, cubriendo necesidades de países de América y Europa, afectados por catástrofes.
En el campo económico, bajo el impulso de la Segunda Guerra
Mundial, la política sustitutiva de importaciones,
adquirió otro nuevo empuje. En 1944, por primera vez en la
historia de la economía
argentina, la industria manufacturera participó en la
formación del Producto Bruto interno (PBI), con un
porcentaje superior (22,8%) al que correspondía a la
agricultura y
ganadería
juntas (20,1%).
La industrialización se aceleró y se
convirtió en un proceso impulsado, deliberadamente, desde
el aparato estatal, acompañado por el continuo crecimiento
de los saldo migratorios internos. Si habíamos
señalado, para el período 1936/1943, 72.000
migrantes anuales, esta cifra subió a 117.000 en los
años 1943/1947.
Estos trabajadores venidos del interior del país,
conformarían la base de sustentación de la
política peronista y les cabría un papel
protagónico en los sucesos del 17 de octubre.
En este período creció, asimismo, el número
de establecimientos industriales y el personal en ellos
ocupado.
Este desarrollo económico que se formaba en la
transferencia de ingresos de los
sectores agrarios hacia las actividades industriales, se
asentaría en la concepción de un Estado
Sólido, regulador y promotor de este desarrollo, en el
impulso y crecimientos del mercado interno, en una
organización de trabajadores fuerte y unificada y en el
desarrollo de una burguesía industrial, de carácter
nacional, ligada a la expansión del mercado interno, de lo
que dio cuenta la constitución, entre los años
1952/1953, de la Confederación General Económica
(C.G.E.), expresión de los sectores de la pequeña y
mediana empresa y del
empresariado de tales características del interior de
país.
Esta expansión industrial destinada, fundamentalmente, al
desarrollo de una industria liviana, era aún dependiente
del exterior para la obtención de materias primas y
equipos. A partir de 1949, la caída de los precios
internacionales para los productores agrícolas, que
financiaban el crecimiento industrial, y las sequías de
1951/1952, hicieron entrar en crisis el modelo, ya que las
exportaciones
agropecuarias no alcanzaban para pagar las importaciones de
energía y de insumos industriales indispensables para
mantener en funcionamiento el aparato industrial.
En este marco, se buscó atraer al capital extranjero, a
través de la ley 14.222 de 1953, que posibilitaba la
incorporación de capitales foráneos para la
instalación de plantas fabriles
en la industria y en la minería.
Esta ley permitía la transferencia de utilidades hasta el
8% del capital libre de impuestos y,
recién después del décimo año de
efectuada la radicación, se podría repatriar el
capital en cuotas anuales . Durante este período se
radicó IKA (Industria Kaiser Argentina); industria
automotriz que representaba, por si sola, casi el 70% del total
de las radicaciones.
La crisis se evidenció también en un alza del
costo de la vida
y en una reducción del salario real. Sin
embargo, hacia 1955, se notaba una recuperación
económica en relación a la depresión
de 1952, que llevó a una recuperación del salario.
Por otra parte, se debe señalar que, en 1949, el salario
real se encontraba un 34% sobre el nivel de 1943 (6), lo que da
cuenta del mejoramiento en el nivel de vida de los
trabajadores.
La política económica del gobierno peronista estuvo orientada, asimismo, hacia la nacionalización de una serie de áreas tales como: teléfonos, ferrocarriles, las flotas fluvial y de navegación de altamar, las compañías de seguros y reaseguros y las de energía eléctrica. Se nacionalizó el Banco Central, quedando bajo su jurisdicción todo lo relacionado con el control de cambios, nacionalizándose también los depósitos bancarios. Se otorgaron créditos para la industria, a través del Banco de Crédito Industrial, creado en 1944, se echaron las bases de una industria pesada que se pensaba coronar con la gran planta siderúrgica de San Nicolás (hoy SOMISA). En Córdoba, la Fábrica Militar de Aviones producía aviones y motores, tractores, autos, y motocicletas. Se creó Aerolíneas Argentinas y se constituyó el Instituto Argentino para la Promoción del intercambio (I.A.P.I.), como único comprador de cereales y oleaginosos a los precios de adquisición fijados por el Estado. Esta Institución separaba los volúmenes destinados al consumo interno y, el resto, los exportaba, rompiendo con el monopolio que existía sobre la comercialización de los productos agrícolas por parte de las empresas como Bunge & Born y Dreyfus.
Esta política, de corte nacional, limitaba frente al capital extranjero, no podría continuar profundizándose. La oligarquía, sectores de la burguesía industrial (sobre todo los no relacionados con el consumo interno), parte de la Iglesia y de las Fuerzas Armadas y el propio sector externo, fundamentalmente el capital norteamericano, llevaron al golpe militar de 1955, intentando "disciplinar" el movimiento obrero organizado en un proceso de reconversión de nuestra economía, que aparecerá ya ligada a la influencia de Estados Unidos.
B. Movimiento sindical y politica laboral
El movimiento sindical que, tal como hemos hecho referencia, se
encontraba atomizado cuando se produjo el golpe militar de 1943,
enmarcará su accionar durante el período en este
contexto de singulares características, inéditas
hasta ese momento.
La primera actitud del
gobierno hacia los gremios fue de naturaleza
respectiva, clausurándose, en julio de 1943, el local
donde funcionaba la C.G.T. N° 2, declarando
prácticamente disuelta a dicha central. En agosto del
mismo año, intervenía a las dos entidades
sindicales que representaban el caudal mas importante de
afiliados a la C.G.T. N° 1: La Unión Ferroviaria y La
Fraternidad.
Pero, una línea mas flexible e inteligente en la forma
de abordar la problemática obrera, comenzaría a
manifestarse dentro del régimen militar. El ascenso del
Coronel Perón al Departamento Nacional de Trabajo, hasta
ese entonces un organismo inoperante, privado constantemente de
facultades y medios de acción, que pasó a
convertirse, en noviembre de 1943, en Secretaría de
Trabajo y Previsión , fue el instrumento que
transformaría la relación Estado Movimiento
Sindical.
La Secretaría de Trabajo y Previsión tenía a
su cargo la tarea de fiscalizar el cumplimiento de la
legislación laboral y centralizar toda la actividad social
del Estado. Desde allí, Perón desplegó una
incesante tarea, resolviéndose, por intermedio del
organismo, numerosos conflictos
gremiales, obteniéndose mejoras salariales para los
trabajadores, haciéndose efectivas, en la jornada de
trabajo, las 48 hs semanales, establecidas por ley, pero, cuyo
cumplimiento había sido muy irregular. Se trabajó,
también, en la reglamentación del aprendizaje y
trabajo de menores; se crearon Tribunales de Trabajo, a fin de
ofrecer un vehículo de acción mas rápida a
las causas judiciales por motivos laborales; se extendió
la jubilación a los empleados de comercio y trabajadores
industriales; se devolvieron retenciones al personal de los
ferrocarriles del Estado; se creó la División del
Trabajo y Asistencia a la Mujer, en la
Secretaría de Trabajo y Previsión. Capítulo
especial lo constituyó el Decreto - Ley N° 28.194, del
año 1944, que estableció el "Estatuto del
Peón de Campo", introduciendo la legislación
laboral en el interior de las, hasta entonces, intocables
estancias, estableciendo un sistema de salarios mínimos,
descanso dominical, vacaciones pagas, estabilidad, condiciones de
abrigo, espacio e higiene en el
alojamiento del trabajador.
Estas medidas, en beneficio de la clase trabajadora, junto con
las otras sobre las que luego nos extenderemos, ampliaron, no
solo la legislación de trabajo, sino que convirtieron a
esta en una realidad concreta de cabal cumplimiento.
La política llevada a cabo por la Secretaría de
Trabajo y Previsión, redefinía, así, su
propia identidad como
institución transformada en "un organismo mediante el cual
el Estado va en defensa de los derechos de las masa sufridas y
laboristas".
Testimonios de dirigentes sindicales de la época,
confirmaban plenamente esta transformación: "En nuestro
trabajo sindical, decía un metalúrgico, advertimos,
a partir de 1944, cosas increíbles: que se hacían
cumplir las leyes laborales incumplidas en otra época; que
no había necesidad de recurrir a la justicia para el
otorgamiento de vacaciones; otras disposiciones laborales tales
como el reconocimiento de los delegados de fábrica,
garantía de que no serán despedidos, etc.,
tenían una vigencia inmediata y rigurosa (...) Los
patrones estaban tan desconcertados como asombrados y alegres los
trabajadores. La Secretaría de Trabajo y Previsión
se había convertido en un factor de organización,
desenvolvimiento y apoyo para la clase trabajadora. No funcionaba
como una regulación estatal por encima de las clases en el
orden sindical, actuaba como un aliado estatal de la clase
trabajadora ".
La política desplegada por la Secretaría de
Trabajo y Previsión se concentró en dos frentes:
Sobre los dirigentes y sobre la masa trabajadora. La
captación de dirigentes sindicales de antecedentes
socialistas y sindicalistas pudo lograrse por medio del cambio de
status que experimentaron. Cansados de golpear las puertas de las
antesalas oficiales durante el período conservador, se
vieron, de pronto, ente un gobierno que atendía sus
reclamos y que tenía una política
programática que le permitía un alto grado de
flexibilidad. El dirigente gremial pasó, de ser un
individuo indeseable a participar en las decisiones, o, al menos,
estar presente en el momento en que se adoptaran . No puede
desconocerse, si se quiere entender el vuelo que
experimentó el sindicalismo argentino, este factor
importante, ya que puede explicar el cambio de posición
que muchos dirigentes sindicales adoptaron. En lo que respecta a
los trabajadores, las sucesivas medidas que se fueron tomando,
significaron abrir los ojos a una nueva realidad que les dio la
sensación de convertirse de simples convidados de piedra
en actores principales del proceso de renovación. Su
lealtad política, salvo con Yrigoyen, nunca había
sido muy firme y los socialistas no habían podido
convencerlos lo suficiente como para darles las posibilidades de
formar un partido obrero. Cuando el gobierno comenzó a
hablarles en un lenguaje que
comprendían, lejos de las complicaciones internacionales ,
cerca de los valores
tradicionales, a los cuales permanecían afectos, su
lealtad se inclinó hacia los protagonistas de esa
política y, particularmente, a la persona del titular de
la Secretaría de Trabajo y Previsión (9).
La nueva dirigencia sindical no conformaba, pues, una corriente
de hombre sin antecedentes, que negaran o repudiaran todo lo
hecho hasta ese momento dentro del movimiento obrero. Estos
dirigentes que habían militado, fundamentalmente, en las
filas del socialismo y del sindicalismo puro, conservaban de sus
anteriores concepciones y de la evolución que incluso
éstas habían sufrido en los avatares de la lucha
sindical, el planteo reformista que los llevaba a apegarse a
concepciones pragmáticas. Este pragmatismo
que no cuestionaba frontalmente, a la manera anarquista, las
bases de sustentación del sistema capitalista, buscaba el
respeto por los
intereses de la clase obrera y los acercaba, naturalmente, a las
propuestas y medidas emanadas de la Secretaría de Trabajo
y Previsión.
Estos dirigentes fueron redefiniendo, con apoyo estatal, la
organización gremial y el nuevo papel que ésta
jugaría. La intervención en los gremios
ferroviarios había decidido mantener relaciones con la
C.G.T., que se había reorganizado en la sede de la
Unión Tranviarios Automotor, nombrando representantes
ferroviarios para participar en la constitución de una
Comisión de Unidad Sindical integrada por representantes
de los dos sectores de la C.G.T., la Unión Sindical
Argentina y los sindicatos autónomos. El objetivo
primordial era reanudar los contactos y fortalecer a la central
obrera como única organización a fin de evitar la
atomización de los intereses obreros.
La comisión llevó a cabo una tarea de
organización sindical por distintos lugares del interior,
que fortaleció el frente sindical. Del naciente movimiento
solo quedaban excluidos los comunistas, mas disciplinados que
otros grupos y convencidos del carácter "fascista" del
régimen, rechazaban en forma terminante todo intento de
acercamiento. En algunos casos de sindicatos controlados por
ellos, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión,
se apoyó e impulsó la creación de sindicatos
paralelos con conducciones contrarias y excluyentes a la
comunista: la creación, en 1943, de la Unión Obrera
Metalúrgica (UOM) y de la Unión Obrera de la
Construcción de la República
Argentina (UOCRA), fueron ejemplo de ello. Asimismo, se
organizaron nuevos sindicatos en gremios donde, hasta entonces no
existían y, a fines de 1944, mas de 40 organizaciones
habían ingresado en la C.G.T., entre las que se
destacaban, además de las dos anteriormente
señaladas: la Sociedad Obrera de la Industria
Vitivinícola de Buenos Aires y la de San Juan, el
Sindicato de Obreros Fideeros de la Capital Federal, el Sindicato
Obrero del Papel, de Obreros Peleteros, de la Industria del
Vidrio y la Federación Obrera Tucumana de la Industria
Azucarera.
Reorganizada la C.G.T., en setiembre de 1945, con Silverio
Portieri como Secretario Genera;, crecerá incesantemente
en número de afiliados, pasando de 80.000 en 1943 a
500.000 en 1945 y 1.500.000 en 1947, diez años
después agruparía a 6.000.000 de trabajadores (10).
A este desarrollo contribuyó la Ley de Asociaciones
Profesionales de 1945, que fue el instrumento para realizar la
integración sindical. Dicha ley conoció a los
sindicatos como asociaciones de derecho
público y estableció el control del Estado
sobre los ingresos y gastos de la organización, pudiendo
el Ministerio de Trabajo adjudicar a retirar personerías
gremiales que, por otra parte, eran otorgadas al sindicato
mayoritario por la rama de actividad. Se reconocía
también al sindicalismo el derecho a participar en
política, con lo cual el Estado asumía, por vez
primera, el contenido político de las luchas gremiales y
afirmaba la voluntad de estructurar un movimientos sindical
unido.
Frente a los acontecimientos de octubre de 1945, que
culminarían el día 17 con la impresionante
movilización de trabajadores que exigía el retorno
de Perón, la conducción de la C.G.T. mostró
vacilaciones y contradicciones, producto de tendencias
encontradas.
De un lado, estaba la vieja y tenaz tradición de
presidencia política así como las arraigadas
técnicas de supervivencia que llevaban a no
arriesgarse en defensa de una causa que se suponía
perdida. Del otro lado, sin embargo, estaba la convicción
de que la causa de Perón significaba el triunfo de los
sectores Capitalistas y, pese a todas las promesas que se
hicieran, un giro radical en la política social del
gobierno y en el papel de las organizaciones sindicales. A
diferencia de todas las contiendas políticas anteriores,
en ésta se jugaba, en gran medida, la suerte del
movimiento obrero que, por primera vez, tenía algo que
perder. Finalmente, había un elemento decisivo; las bases
habían empezado ya a movilizarse por sí solas en
todo el país. No sólo se habían producido
paros y manifestaciones espontáneas, sino que, muchos
sindicatos -en el Gran Buenos Aires, en Rosario, en
Tucumán-, habían declarado, por su cuenta, la
huelga general. Un grupo de dirigentes autónomos, con
Cipriano Reyes a la cabeza, realizaba una intensa gitación
en los lugares de trabajo y presionaba incesantemente a la
conducción cegetista .
De esta manera, el Comité Confederal de la C.G.T. el
día 16 declaró la huelga general, luego de un arduo
debate; esta moción votada en una casi paridad de fuerzas
(21 votos a 19), debía efectivizarse a partir del
día 18. Nuevamente la conducción cegetista
había sido superada por los acontecimientos, ya que la
movilización se volcó a las calles e impuso, de
hecho, la huelga general, sin esperar la fecha fijada por la
C.G.T..
En el frente político que llevaría a Perón a
la presidencia, ocuparía un importante papel el movimiento
sindical, a través del Partido Laborista. En él
habían convergido hombres de antecedentes e
ideologías diversas: dirigentes socialistas como
Borlenghi, o de la corriente sindicalista como Gay, quien
asumiría la dirigencia del partido y sería
también secretario general de la C.G.T.. Estaban
también presentes hombres de trayectorias mas recientes e
ideologías mas difusas, como Cipriano Reyes.
En mayo de 1946, Perón ordenó la disolución de los partidos que lo habían apoyado y su confluencia en el Partido Único de la Revolución Nacional y bajo los argumentos de divisiones y enfrentamientos internos que debilitaban la coalición. Este hecho, provocó la reticencia de los dirigentes laboristas, pero, pronto advirtió la mayoría que la resistencia sería inútil, sólo Cipriano Reyes, junto con algunos allegados, intentó, sin éxito hacerlo.
Los testimonios sobre la disolución del Partido
Laborista, no son coincidentes. Un dirigente de la época,
Juan Rodríguez, expresaba:
"Durante su primer gobierno, Perón no quería tener
mucha oposición dentro de su movimiento, porque, si no, no
podía haber avanzado como avanzó. Tenía que
tener alguna libertad y la consiguió así. No
quería tener un partido político que lo tuviera
dominado, no quería diputados o senadores que presentaran
proyectos por
su cuenta y crearan conflictos económicos o
internacionales. Eran tantas las cosas que había que hacer
que Perón no podía tener oposición. Ya
suficiente la oposición externa y no quería tener
la interna."
Por su parte, Gay veía el hecho de la siguiente
manera:
"Perón disuelve el Partido sin ningún derecha,
simplemente para favorecer una maniobra que él ya
está elaborando in mente en colaboración con los
radicales renovadores y para evitar el contralor, el contralor
así como suena -que hubiera ejercido el PL a través
de sus diputados y senadores. Se da cuenta que el partido no
secunda totalmente sus propósitos, él se da cuenta
que el partido es difícil manejar. Por otra parte, en la
C.G.T. el sentido de independencia
se manifiesta de distintas formas, es decir, estamos dispuestos
todos a secundar al gobierno, nadie pensó en retirarle el
apoyo a Perón siendo Presidente, al contrario,
pensábamos apoyarlo, pero no incondicionalmente. Es decir,
nosotros sosteníamos la necesidad de la independencia del
movimiento obrero para decidir sus propias acciones."
En enero de 1948, la justicia quitaba la personería al
Partido Laborista. Gay había renunciado a la presidencia,
antes de que el Comité Directivo aceptara la
disolución, para no convalidar la medida. En setiembre, 15
dirigentes laboristas, entre ellos Cipriano Reyes, eran
detenidos, acusados de planear un atentado contra Perón,
permaneciendo en la cárcel desde entonces hasta la
caída del gobierno.
El movimiento sindical, consolidado ya en una central
única, aumentó, a partir de 1947, sus tareas
organizativas. Se recorrieron los principales centros del
interior, realizándose congresos locales, que fueron
solidificando la central, por medio de las delegaciones
regionales. La C.G.T. participó, asimismo, en la
creación de federaciones obreras, amalgamando sindicatos
autónomos y dándole la correspondiente
jurisdicción nacional.
A partir de 1949, la ligazón política que unía a la C.G.T. con el gobierno, se hizo cada vez mas estrecha, pasando a formar parte, como rama sindical, del ya constituido Partido Peronista. Esta vinculación la llevó, en algunos casos, a encontrarse frente a disyuntivas, debiendo optar entre su adhesión al gobierno, del cual constituía unos de los pilares de sustentación, y los reclamos de sus gremios adheridos. En este sentido, es importante referirse a algunos de los movimientos sindicales de protesta, que colocaron a la C.G.T. en una coyuntura difícil. Estos movimientos se tradujeron en una serie de huelgas, iniciadas por sindicatos muy importantes, como ser obreros de la carne, municipales, bancarios, industria del azúcar, gráficos, marítimos y ferroviarios, motivados en reclamos salariales y/o incumplimiento de convenios colectivos. En el período 1949/1951, las huelgas bancarias y ferroviarias, fueron realizadas por comisiones internas que escaparon al control de las autoridades gremiales, que se vieron impotentes frente a tales manifestaciones. En el caso de la huelga general que protagonizaron los trabajadores gráficos, en marzo de 1949, las autoridades sindicales fueron suspendidas por la presión interna, y la C.G.T. envió un interventor al gremio. La huelga general marítima de 1950, fue llevada a cabo por gremio que no había entrado en la C.G.T. : la Confederación General de Gremios Marítimos y Afines (C.G.G.M.A.); como consecuencia de la misma, la C.G.T. intervino a los principales sindicatos marítimos que formaban la C.G.G.M.A. y organizó una nueva entidad sindical: la Asociación Marítima Argentina que tuvo el reconocimiento del Ministerio de Trabajo.
En estos hechos, de todas formas, lo que importa
señalar es que, mas allá del accionar de la C.G.T.
, lo que estaba de manifiesto era la vigencia de la
movilización de los trabajadores en pos de sus derechos,
permitiendo discutir algunas afirmaciones respecto del
período, en el sentido de suponer una suerte de inercia e
inmovilizmo por parte del movimiento obrero, que pasaría a
considerar como algo natural que las conquistas sociales fueran
otorgadas, dadivosamente, desde el Estado.
En el campo de la legislación del trabajo, a las medidas
ya señaladas desarrolladas durante la permanencia de
Perón en la Secretaría de Trabajo y
Previsión, cabe agregar el Decreto-Ley 1.740, del
año 1945, que estableció el derecho de todo
trabajador a gozar de un período mínimo y
continuado de vacaciones pagas, el Decreto-Ley 33.302, del mismo
año, que impuso el sueldo anual complementario y creaba el
Instituto Nacional de Remuneraciones,
que intentaba desarrollar una política de
equiparación de salarios al costo de vida e, incluso,
llegaba a establecer la participación de los trabajadores
en las ganancias de la empresa,
aún cuando ello no llegó a implementarse.
En febrero de 1947, al cumplirse el primer aniversario de la victoria electoral, Perón entregó al Secretario General de la C.G.T., Aurelio Hernández, el original de la Declaración de los Derechos del Trabajador, incorporados luego a la Constitución Nacional, sancionada en marzo de 1949. La declaración comprendía los siguientes aspectos:
La C.G.T., en su Congreso Extraordinario de 1950, incorporó a sus Estatutos esta Declaración, mientras que los sindicatos y federaciones basaron en ella las disposiciones de sus Convenciones Colectivas de Trabajo.
En el terreno de la capacitación profesional se creó la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional, encargada de velar por el sistema de trabajo de los aprendices en las fábricas y las llamadas escuelas de medio turno; este régimen se completó después de una nueva ley dictada en el año 1948, que implantó el Segundo Ciclo de Aprendizaje (curso de perfeccionamiento técnico, a obreros provenientes del ciclo de aprendizaje y capacitación), con miras a instituir la Universidad Obrera Nacional que se creaba por medio de la misma ley.
El desarrollo de la negociación colectiva, la que tuvo amplia
expansión en este período, contó con la ley
14.250, del año 1953, que reguló la
negociación de los contratos
colectivos de los trabajadores de la actividad, pública o
privada que no estuvieran comprendidos por estatutos especiales o
sometidos al régimen establecidos para la administración
pública, estipulándose la constitución
de comisiones paritarias con representantes de trabajadores y
empleadores de la actividad. Con esta ley, el contrato
colectivo tuvo su consagración definitiva y sus
consecuencias incidieron, poderosamente, en la concreción
de una práctica fundamental en las relaciones
obrero-patronales.
La centralización operada en el movimiento
sindical, permitió que la C.G.T. tuviera importancia
fundamental en la solución de conflictos, discusiones de
convenios colectivos y desarrollo de actividades sociales y
culturales. Se desarrolló una intensa actividad en el
campo de la capacitación sindical, expandiéndose
las escuelas sindicales de la C.G.T. por el interior del
país. La consolidación de una importante
infraestructura en materia de obra social para sus afiliados,
permitía, en la temporada veraniega 1953/1954, el
funcionamiento de 22 colonias de vacaciones, atendiendo a un
total de 310.000 personas; funcionaban, asimismo, 8
policlínicas y 226 consultorios de clínica general,
con un total de 1.667.000 trabajadores y familiares
atendidos.
En el ámbito internacional, la tarea desplegada por la
C.G.T. se concretó a la creación de la
Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas
(ATLAS). en noviembre de 1952.
Esta central contó con el apoyo de sectores gremiales
latinoamericanos y tenía su basamento en la Tercera
Posición, doctrina que Perón postulaba en el plano
internacional y que propiciaba una equidistancia de los centros
hegemónicos de poder, tanto de Oriente como de Occidente.
La acción de la ATLAS, que se presentaba como una fuerte
competidora de la Organización Regional Interamericana de
Trabajadores (ORIT), central impulsada por EE. UU. para controlar
el movimiento latinoamericano de trabajadores, fue breve. El
golpe militar de 1955, alcanzó la sede, los bienes y la
biblioteca especializada de la ATLAS; se eliminaba así, a
quién, desde el escenario sindical continental, hubiera
podido desarrollar una propuesta de unión
latinoamericana.
La etapa que hemos reseñado, de vital importancia para el
sindicalismo argentino, culminaría en 1955. En esta
ocasión, como contrapartida de la centralización y
verticalización que se había operado en la
conducción cegetista, ésta se mostró sin
elasticidad
suficiente para superar una crisis de tamaña envergadura.
Las conducciones que se habían ido sucediendo, luego del
desplazamiento de Gay, marcaron una progresiva integración
en el aparato estatal y una creciente desmovilización, que
le restaría efectividad para enfrentar situaciones
críticas. El movimiento obrero, sin embargo,
resurgiría, lenta y trabajosamente, después de
1955, "a pesar de las persecuciones y de la represión, a
través de las alternativas de una larga
proscripción; los hechos demostrarían que el
vínculo establecido entre el movimiento obrero y el
peronismo, era un vínculo perdurable".
Página siguiente ![]() |
Trabajos relacionados
Ver mas trabajos de Politica |
|
Nota al lector: es posible que esta página no contenga todos los componentes del trabajo original (pies de página, avanzadas formulas matemáticas, esquemas o tablas complejas, etc.). Recuerde que para ver el trabajo en su versión original completa, puede descargarlo desde el menú superior.
Todos los documentos disponibles en este sitio expresan los puntos de vista de sus respectivos autores y no de Monografias.com. El objetivo de Monografias.com es poner el conocimiento a disposición de toda su comunidad. Queda bajo la responsabilidad de cada lector el eventual uso que se le de a esta información. Asimismo, es obligatoria la cita del autor del contenido y de Monografias.com como fuentes de información.
Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com
|
|