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Capitalismo, naturaleza y liberación. Una nueva discusión sociológica desde la teología

Enviado por marjarapo



Partes: 1, 2

  1. Resumen
  2. Prólogo
  3. Introducción
  4. Tema
  5. Objetivos
  6. Marco teórico conceptual
  7. Metodología
  8. Presentación de la información
  9. Análisis de resultados
  10. Bibliografía
  11. Anexos

A todos los hombres y mujeres que, aun sin estar de moda, siguen creyendo que otro mundo es posible.

RESUMEN

Capitalismo, naturaleza y liberación: una discusión sociológica desde la teología, es una monografía que pretende analizar la propuesta de la ecología de la liberación; su defensa del medio ambiente, y del ser humano como integrante de un mismo organismo vivo. Así mismo busca demostrar que el sistema económico capitalista, es el factor principal de la destrucción del planeta y de la situación de pobreza en la que se encuentran sumidos dos tercios de la población mundial.

La investigación, recorre los inicios de la teología de la liberación hasta llegar a la ecología de la liberación, haciendo énfasis en su propuesta de opción por los pobres como el camino a seguir en el trabajo con las comunidades. De igual forma, se abordan las diferentes conceptualizaciones que sobre desarrollo se han venido haciendo, principalmente la idea de un desarrollo alternativo, que busque una calidad de vida acorde a los requerimientos de las mayorías oprimidas y excluidas del planeta. Finalmente, se confrontan los principios de dicha corriente ecológica y su propuesta educativa, y para de esta manera encontrar sus coincidencias con las iniciativas de IAP y educación popular.

La presente es una investigación de tipo documental. La cual se sustenta principalmente en el estudio de los libros: la dignidad de la tierra, Principio-tierra y Ética planetaria de Leonardo Boff, así mismo, en revistas como Pasos y Eco lógica, y documentos de los teólogos Pedro Casaldáliga, Helio gallardo y José María Vigil, entre otros. Todo esto, enriquecido con entrevistas de personas versadas en el tema, entre los que se cuentan: el Padre Ancízar Cadavid, el Padre Luiz Carlos Susin y el Padre Gabriel Díaz.

PRESENTACIÓN

SERMÓN DE LA MONTAÑA DEL CORCOVADO

En aquellos días, el Cristo del Corcovado, en la ciudad de San Sebastián de Río de Janeiro, se estremeció y se reanimó. Lo que era cemento y piedra se hizo carne y sangre. Extendió los brazos, queriendo abrazar la ciudad y el mundo, abrió la boca y dijo:

«Siento pena de vosotros, millones y millones de hermanas y hermanos, mis más pequeñitos, expulsados de las tierras, solitarios, escondidos en las selvas, amontonados en las periferias, caídos en tantos caminos, sin ningún samaritano para socorreros.

»Bienaventurados sois todos vosotros, pobres, hambrientos, enfermos y desesperados. Poco importan vuestras virtudes o vicios. Importa mucho el hecho de que sois oprimidos, víctimas de una sociedad perversa.

»Mi Padre, que es dador de vida, os tiene en su corazón. ÉL va a inaugurar su reino de vida, de justicia, de ternura y de libertad comenzando por vosotros. Vuestras blasfemias no son para mí blasfemias. Son súplicas lacerantes. Vuestro individualismo no es para mí egoísmo. Es voluntad férrea de sobrevivir. Vuestra pasión dolorosa tiene más estaciones que la mía. Vosotros actualizáis y perpetuáis mi Pasión redentora por los siglos de los siglos.

»¡Ay de vosotros, dueños del poder, que hace más de quinientos años chupáis la sangre de los trabajadores! Vosotros los redujisteis a combustible barato para que vuestras máquinas fabricasen interrumpidamente riqueza injusta.

»Hasta mi santo nombre vosotros usasteis para legitimar vuestro orden que es desorden y no trae progreso para el pueblo.

»Generación perversa, ¿hasta cuándo provocaréis la paciencia de estos mis siervos sufridores? El juicio exterminador de Dios, que se realiza todavía en esta historia, pesa sobre vuestras empresas.

»No seré yo ni mi Padre el que os juzgue, sino todas las víctimas que hicisteis.

»¡Mirad sus rostros! Conservad sus rasgos. Ellos serán vuestros jueces.

»¡Sólo existe para vosotros un camino de salvación, un único camino: haceros solidarios con las luchas de los oprimidos que buscan pan, libertad, ternura y belleza no sólo para sí, sino también para vosotros y para todos!

»Asumid el proyecto de los pobres, que es de transformación para que haya más vida y libertad para todos.

»¡Bendita patria grande latinoamericana! Cómo deseo que seáis en medio de todos los pueblos, que son igualmente pueblos de Dios, la expresión de mi alegría de ser, de mi apertura sin medida y de la gracia humanitaria de mi Padre y Vuestro Padre celestial.

»Mirad las florestas y los matorrales, la gigantesca cordillera y el Amazonas inmenso, los ríos caudalosos y los valles profundos, los animales salvajes y los infinitos pájaros. Ellos son todos vuestros hermanos y hermanas. Domesticad vuestra ganancia. Como mi Padre los cuida, cuidadlos también vosotros. Los seres todos del cosmos también heredarán el Reino. Serán transfigurados y existirán para siempre junto con vosotros, conmigo y con el Espíritu de vida en el Reino del Padre.

»Bienaventurados sois vosotros, indígenas americanos, mis primeros testigos en estas tierras fecundas de Abia Ayala. Vuestras ciudades, vuestras pirámides, vuestros grandes caminos, vuestros rituales, el Sol y la Luna que venerasteis son señales del Dios verdadero, del Dios de lejos y de cerca, del Dios por quien todo vive. No faltará misericordia por las guerras que hicisteis para garantizar los sacrificios humanos que ofrecisteis.

»¡Ay de los que os subyugaron, de los que destruyeron vuestras culturas, de los que tragaron vuestras flores, de los que intentaron castrar el sol, de los que derrumbaron vuestros altares, de los que perturbaron a vuestros sabios, de los que impusieron sus doctrinas, de día y de noche, con la violencia de la cruz y de la espada!

»Felices aquellos de entre vosotros que creen en la fuerza secreta de la semilla. Ellos tendrán el poder de resucitar al pueblo y reanimar las culturas para alegría de los viejos y para alabanza en el nombre santo de Dios, de Viracocha y de Quetzalcóatl.

»Bienaventurados y una vez más bienaventurados mis hermanos y hermanas negros, siempre injustamente esclavizados. La humillación histórica que sufristeis os colocó en el corazón del Padre celestial. Vosotros mismos no sabéis el bien inmenso que proporcionáis a todos por la iniquidad que soportáis, resistiendo, sin perder la fe, cantando, bailando y soñando con la Tierra de la Promesa. Hasta el último día, tenéis el derecho de gritar por vuestro derecho, por el reconocimiento, por la libertad y por la vida plena.

»Maldita sea la senzala. Maldita sea el pelourinho. Maldita mil veces la chibata. Malditos para siempre los grillos.

»Bendito el quibombo, anuncio de un mundo de fraternidad y sororidad, señal del Reino terrenal y celestial.

»Bienaventurados los que luchan por la tierra en el campo para trabajar en ella y hacer del suelo la mesa puesta para el hambre del mundo entero. Felices los que luchan por la tierra en la ciudad para poder vivir con la dignidad de los hijos e hijas de Dios.

»Maldito el latifundio que roba la tierra que el Padre destinó a todos y que asesina a mis hermanos y hermanas posseiros. En verdad os digo: todavía en vida seréis despojados. Si no tenéis cuidado, os quedaréis solamente con la tierra de la sepultura que pesará sobre vuestro cadáver.

»Bienaventurados sois vosotras, mujeres del pueblo, que resistís a todo sometimiento y que lucháis por una sociedad nueva en la que hombres y mujeres juntos, con las diferencias, la reciprocidad, la complementariedad y solidaridad, inauguraréis una fraternal alianza.

»Benditos sois vosotros, millones de menores, carentes y abandonados, niños y niñas de la calle, victimas de una sociedad de exclusión que el Padre abomina. Él os enjugará todas las lágrimas, os apretará contra su pecho y jugará eternamente con vosotros porque su hijo Jesús también fue un día niño, fue amenazado de muerte y tuvo que huir a Egipto.

»Felices los pastores, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, coordinadores y coordinadoras de comunidades, que, humildemente, sirven al pueblo, en medio del pueblo y con el pueblo.

»!Ay de aquellos que se llaman pastores pero que están de espaldas al pueblo y pretenden hablar en mi nombre, usando el cayado contra las ovejas y no contra los lobos voraces! No os conozco, pues sois malos pastores y no daré testimonio a vuestro favor cuando aparezcáis delante de mi Padre.

»Bienaventuradas las comunidades de base donde vosotros, pobres, unís fe y vida, donde celebráis mi nombre, os alegráis y fortalecéis las razones de vivir y de luchar.

»Felices los movimientos que buscan la liberación de todos, comenzando por los oprimidos y por los marginados. Asumisteis la misma causa por la cual viví, sufrí, fui crucificado y resucité: gestar un mundo nuevo en el cual la luz tiene más derecho que las tinieblas y la vida vale más que los bienes materiales. Que nadie os calumnie por no pertenecer a mi grupo y por no hablar de mí. Vosotros sois también mis discípulos y no estáis lejos de mi Reino.

»Bienaventurados los que buscan nuevos caminos para sobrevivir, nuevas formas de producir, de distribuir comunitariamente, de consumir compartiendo. Yo os aseguro que caminaré con vosotros y hallaréis siempre nuevas formas de convivencia.

»Bienaventurados los que esperan entre lágrimas la gran aurora de la liberación fruto de la gracia divina y de la lucha humana, porque sus ojos verán brillar el sol de la justicia. Bienaventurados los que guardan la buena voluntad, alimentan el fuego interior y saben creer en el sueño de un mundo nuevo.

»Felices los que hicieron todo lo posible y todavía osaron realizar un poco de lo imposible. Ellos verán, en sus días, realizadas las esperanzas imprescindibles de la vida. En verdad, en verdad os digo: seréis verdaderamente felices porque así os mostráis hijos e hijas del Reino que ayudáis a construir, pues así él será mío y vuestro para siempre».

Después de decir esas palabras de amonestación, de consuelo y de promesa, el Cristo volvió a ser nuevamente piedra, con los brazos extendidos y el corazón hacia fuera. Todos deben saber que son alcanzados por sus brazos, para que se sientan libres y encerrados en su corazón porque son eternamente amados. Y así fue ayer, y ahora, será mañana en el sol y en la lluvia, en el viento y en la noche, por los siglos de los siglos. Amén.

LEONARDO BOFF

La dignidad de la Tierra

PRÓLOGO

Cuando, en la vida cotidiana, nos percatamos de algo que se rompe, o duele, o crea desconcierto, o ambienta el caos en las relaciones interpersonales; cuando un país se vuelve ingobernable, cuando el malestar es cosa que habita todos los espíritus,... nos decimos con una lógica simple a la vez que profunda, "hay algo serio que no está funcionando". Yendo un poco más hondo decimos "el dolor en la coyuntura es una señal clara de que la estructura se ha envejecido y no funciona más". Eso, pensado y dicho en clave política, remite a la acción: el buen intérprete de coyunturas es un agente que se une a otros para ayudar a transformar o suplantar estructuras caducas e inoperantes o, peor aún, productoras de malestar y de muerte, y en no pocas personas sino en inmensas mayorías. Esto último, justamente mirado, no es más ni menos que el deber primario del responsable ciudadano de la "polis".

Esto lo aprende todo novel estudiante de teología cuando hace contacto con la historia y la acción político-teológica del profeta Elías. En su tiempo (su historia fue compuesta a finales del Siglo IX antes de Cristo) rey y profeta iban juntos. Eso quiere decir que los políticos y los hombres de poder buscaban el apoyo de la religión; por eso buscaban también el apoyo de esos personajes carismáticos que eran los profetas. El apoyo de un profeta significaba el apoyo de Dios. Era investir al rey de carácter divino. Con el apoyo de un profeta era más fácil hacer que el pueblo obedeciera al gobierno y que cumpliera las órdenes del rey. Así, Dios, la religión y los profetas formaban parte del sistema de los reyes; ellos eran una pieza importante en el motor de la sociedad de ese tiempo.

Sucedía, por la otra cara, que la memoria histórica jugaba un papel determinante en la vida toda de ese pueblo que se había conformado alrededor de Yavé. Dentro de ese panorama, era muy importante para el pueblo estar recordando todo lo que Dios había hecho en el pasado; de ese modo, los profetas auténticos se convertían en la memoria crítica del pueblo: los profetas, en efecto, le recordaban cosas incómodas que el poder quería hacer olvidar. Así nació la tensión entre el carisma y el poder.

Esa tensión llegó a su momento culminante y más radical con la acción del profeta Elías: fue, de hecho, una voz que surgió libre de alianzas con el poder del rey, fue una voz de la conciencia del pueblo y brotó, en aquel momento, con fuerza independiente.

La consecuencia más importante de esa acción y de esa presencia fue que el rey tuvo que darse al dolor de entender que su poder no era un don de Dios ni era un don del pueblo; que su poder no era ilimitado y que no se podía usar sin control; que el único don de todo y de todos era Yavé, el Dios del pueblo.

Pero, como nada es químicamente limpio y claro en la historia humana, al lado de profetas como Elías se dieron pseudoprofetas que se ligaron a los falsos dioses del poder opresor; tales profetas usaron la religión en beneficio propio y redujeron a Dios al tamaño de sus propias ideas e intereses. Por dedicarse a hacerle publicidad al sistema del rey y por sólo decir lo que el rey quería que se dijera, terminaron por confundir al pueblo. El pueblo, con todo, se fue haciendo cada vez más capaz de determinar criterios para distinguir a los falsos, de los auténticos profetas. Y puso en vigencia, como criterio capital, éste: cuando la vida y el mensaje del profeta están de acuerdo con el plan de Dios, se trata de un auténtico profeta. Y el plan de Dios es que todo su pueblo esté bien. Y tanto Elías como el pueblo aprendieron a hacer una lectura simple a la vez que profunda en términos teológicos y políticos: cuando aparecen pobres en la nación, es porque algo se ha roto, sí, se ha roto el plan de Dios!

Pero como todos los procesos históricos tienen sus trampas y sus enredos, cuando los pobres se volvían una realidad creciente, la mayoría terminaba por no darse cuenta de su presencia. Volvían, entonces, los profetas; y, al contrario de las mayorías silenciosas, resignadas e inconscientes de la presencia de los pobres, los profetas afinaban y arreciaban su voz: "entre ustedes no puede haber pobres" (Dt. 15, 4): un solo pobre en la nación era una clara señal de que se había roto un pacto, es decir, de que alguien se había apoderado de lo que no le pertenecía y había empobrecido a mucha gente. La presencia del pobre era una señal que convocaba la palabra del profeta y, por ésta, la acción del pueblo.

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Hace 510 años se trabó sustancialmente el destino de los pueblos de estas anchas y generosas comarcas del Caribe y de la actual América del Sur y del Centro.

Heredera de un enrarecido ambiente teológico medieval, la Europa del siglo XV se asfixiaba política y económicamente en su afán por extender a toda costa la cristiandad, en detrimento de los pueblos gentiles o infieles. En ese contexto se entiende la filosofía política del descubrimiento de nuestras tierras. Por su vecindad con el mundo islámico, España se había vuelto el centro desde el cual se reducía esa porción del mundo, a su fe o a la nada. De ese modo, en su calidad de epicentro de las "guerras de religión", la península ibérica había pasado a ser el auténtico centro de la cristiandad. Justamente en ese mismo siglo XV había caído Constantinopla y con ello se había puesto en grave peligro la frontera oriental del mundo cristiano. España se va a la reconquista, la logra, cede la amenaza y queda el terreno abierto para nuevas expansiones, previa expulsión de los judíos: a las islas Canarias, al Norte de África, a Asia y a América.

Este avance ibérico desplaza a las nuevas regiones conquistadas, los conceptos inspiradores y fundantes de la anterior campaña: el sacrosanto derecho a extender e imponer la cristiandad, más el sacrosanto deber de reducir a los infieles o bárbaros: "Estoy peleando por la fe –escribe Hernán Cortés desde estas tierras Americanas hacia 1520-. La causa principal a que venimos a estas partes es por ensalzar y predicar la fe de Cristo, aunque juntamente con ella se nos sigue honra y provecho, que pocas veces caben en un saco".

Esa ideología básica corresponde, no sólo a España –el centro- sino a toda Europa, vale decir, a la cristiandad, y va en contravía con los proyectos históricos y vitales de los pueblos, regiones y continentes avasallados. A éstos se les llama infieles. Por esa lamentable condición de infieles, viven en situación de "pecadores permanentes", es decir, han perdido por el pecado todos sus derechos. Así reza la teología de Juan Wycliffe desde un siglo antes de la conquista de América. Juan López de Palacios Rubios, consejero del Rey Fernando el Católico por el año 1514, le exhorta y anima en su campaña de saqueo contra el "Nuevo Mundo": Cristo fue soberano en lo espiritual y en lo temporal y delegó tal soberanía en el Papa. Los reinos infieles recién descubiertos no gozan por razón alguna, de independencia con respecto al Pontífice y a la Sede Romana; por lo tanto, tienen que someterse a la potestad de ésta en lo que pidiere y mandare. Las tierras que los infieles habitan y usufructúan no les pertenecen, entonces. Son sólo administradores interinos de las mismas hasta cuando la Sede Romana decida reclamar su derecho sobre ellas.

El Bachiller Enciso, por citar sólo una muestra de la eficacia de tales razonamientos, en 1519 cabalgó sobre esa teología católica de la casa real española, para justificar la reducción de los pueblos del Darién, de Nuevo México, de Nueva Galicia y del Perú, entre otros. La llamó "el requerimiento". Puso exactamente el mismo andamiaje "teológico" y le añadió una nueva conclusión: "y el Papa ha decidido venir por estas tierras que le pertenecen, arrebatarlas a sus usuarios interinos -los infieles- y entregarlas a la Corona de España".

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"Lo que por agua viene, por agua se va" reza un adagio devenido de la filosofía popular de nuestros pueblos. Podríamos analogizarlo diciendo "y lo que por teología se hizo, por teología se deshará". Parece que así fueron el sentir y el pensar que inspiraron a las comunidades de creyentes cristianos y empobrecidos de nuestro continente a partir de la década de los sesentas. Había un ambiente favorable para la nueva profecía. Y para la praxis de liberación que de ella se deriva.

La intuición renovadora de un Papa anciano –Juan XXIII-, bonachón y conservador sin ingenuidades, había abierto las puertas de una Iglesia apertrechada en un poderío dañino, sigilosamente construido y conservado por siglos. Y las había abierto para que en ella entrasen "los nuevos vientos del Espíritu". Esa intuición se volvió Concilio Ecuménico. Y en América Latina se convirtió en toda una explosión de esperanza y de nuevas lecturas de una fe que, hasta entonces, era sólo obediencia ciega y folclor ecléctico y sumisión resignada –en nombre de Dios- a los poderes tenebrosos que gobernaban a sus naciones.

En su silencio secular, los teólogos y teólogas del continente venían preparándose y construyendo -con paciencia y creativa mansedumbre- pensamiento nuevo desde su fe cristiana. Habían empezado una nueva teología. Y llegada era la hora de salir gozosos por el mundo a decirla, a volverla acción nueva, predicación remozada, alianzas jóvenes y lozanas, praxis pastoral con sentido, esperanza vuelta causa y convocatoria continental y multicontinental. Como un Elías redivivo, el rostro de la profecía latinoamericana se fue volviendo teología sistemática y se encarnó en distintas fisonomías eclesiales: tuvo obispos, sacerdotes y pastores, pastoras y religiosas, hombres y mujeres laicos, indios y negros, mestizos y mulatos, obreros y dirigentes sindicales, cuadros de izquierda y líderes comunitarios, dirigentes barriales y activistas políticos de partidos en proceso de construcción. Y a esas voces se sumaron otras voces. Nunca antes una gesta teológica había tenido tal poder y tal fuerza de convocatoria: vinieron gentes de otros continentes, organizaciones de solidaridad y editoriales de distintas lenguas y hubo teología para todos los que hasta entonces habían sido hijos e hijas de la desesperanza: teología de la mujer y de la equidad de género, teología de los medios de producción y de la posesión de la tierra, teología del cuidado del planeta y sus recursos, teología intra e intercultural, teología de la participación política, teología del poder condividido, teología de la diversidad erótica y sexual, teología de las minorías étnicas, teología y socialismo, teología y nueva lectura de los signos de los tiempos. Era la explosión más audaz y prometedora de la fe, en los veinte siglos de teología cristiana. Era –en lenguaje de creyentes- un nuevo Pentecostés, la novísima edición del Espíritu divino transformándolo todo. Y de un continente dejándose transformar. Y de tal manera empezó la nueva teología a permearlo todo, y de tal manera inspiró tareas nuevas y audaces en orden a la liberación política y social, por siglos urgente pero postergada, que la prepotencia tembló.

Temblaron, sobretodo, dos centros del poder omnímodo y perverso: el gobierno de la Casa Blanca en Washington y el gobierno de la Iglesia Romana en la Ciudad del Vaticano. Temblaron porque vieron que la nueva teología producía frutos de liberación, y revolcaba estructuras económicas incapaces e inmorales, y cuestionaba la irracional obediencia, y animaba a la desobediencia civil, y apuntalaba regímenes nuevos en distintas naciones, y fortalecía movimientos, y los llenaba de pasión y vida. Los imperios temblaron y se aliaron. Todavía nos estremece la imagen del Papa polaco maldiciendo al gobierno revolucionario sandinista de Nicaragua mientras las viudas de la vieja tiranía derrotada le piden oraciones por sus muertos; y nos humilla todavía hoy "la visita de amistad" de Rockefeller por América Latina con el propósito de montar políticas para frenar el avance de la nueva teología y de su nueva praxis. Y se repite en la memoria, con inocultable fastidio, la foto del mismo Papa Wojtyla negociando con Ronald Reagan en algún escenario de Alaska el bloqueo a la casi triunfante revolución salvadoreña y a todo lo que de ahí se desprendería a favor de la libertad de nuestros pueblos.

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Cuando Carlos y Marcela, dos jóvenes no necesariamente creyentes, ni necesariamente venidos de una matriz cristiana, se interesan por ese proyecto de teología de la vida, que muchos proclaman, triunfalmente, vencido y caduco, uno entiende con alborozo que ese movimiento de las nuevas iglesias, del nuevo pueblo de Dios y de su teología de la esperanza está vivo todavía. Y que ha pasado a ser propiedad de aquellos a quienes legítimamente les pertenece: los negados, los postergados y humillados de la historia. Y con un gozo doblemente crecido, entiende uno otras realidades subyacentes: que la teología de la liberación, prohibida por las jerarquías de la iglesia y perseguida por los centros del poder económico y militar en la aldea global, ya se salió de las fronteras de las sectas y le pertenece al pueblo. Y de ella están tomando sus banderas las novísimas generaciones de mujeres y hombres laicos. Que la historia no seguirá siendo contada por siempre por los aparentemente vencedores. Que los hasta ahora vencidos se siguen convocando y congregando "hasta la victoria, siempre" y que sienten que con ellos marcha –si creyentes- el Dios de la Vida, el mismo que se declaró incontaminado de complicidad con los reyes que oprimían en los tiempos del viejo Elías.

Nos entusiasma grandemente a los teólogos que nos vamos haciendo viejos, el testimonio de jóvenes investigadores como Marcela y Carlos que se percatan y nos cuentan una vez más esta verdad histórica: que en nuestra aldea global, mientras haya un solo pobre entre nosotros, la teología oficial seguirá cediendo ante el paso, lento quizás pero seguro, de la teología hecha por el pueblo. Y más de un pobre va dejando el nuevo "ordenamiento mundial" decretado por la economía neoliberal: 800 millones de hambrientos, 1.000 millones de analfabetos, 4.000 millones de pobres, 250 millones de niños trabajando, 100 millones de personas viviendo en la calle, destrucción irreversible de la naturaleza, desestabilización de gobiernos.

El pueblo, creyente a la vez que sufriente del desorden mundial decretado por los poderes imperiales, sigue leyendo la realidad desde su fe, interpretándola y preguntándose por el modo y los pasos para cambiarla. Por ese camino, con osadía y creatividad, ellos se suman a la esperanzada y paciente lucha de todos los empobrecidos de la tierra, los únicos interesados en cambiar la historia que les han impuesto los que los oprimen.

INTRODUCCIÓN

El tema de la ecología no ha tenido en las ciencias sociales un estudio riguroso por medio del cual sea posible esclarecer de qué forma ésta se relaciona con el quehacer de las humanidades. Sólo en algunos aspectos de las teorías del desarrollo o en la demografía se pueden encontrar elementos que permitan seguir el rastro de su presencia en nuestras disciplinas. Lo propio ha ocurrido con la teología, para la cual, las disquisiciones al respecto son centradas en la relación hombre-Dios, y en un plano meramente espiritual.

La ecología de la liberación intenta llenar este vacío histórico, principalmente desde el punto de vista teológico. Sin embargo su aporte a las ciencias sociales y puntualmente a la sociología, debe ser analizado con más detenimiento, pues en el transcurrir de sus acciones ha demostrado que tiene valiosas contribuciones para enriquecer el estudio de los grupos sociales y su relación con el medio ambiente.

La presente investigación, busca esclarecer en que grado dichos avances han aportado elementos de análisis a la sociología, y de qué manera pueden ser leídos desde un punto de vista que supere la visión puramente metafísica de las reflexiones teológicas. Para tal fin, optamos por adelantar una búsqueda de documentos, tanto escritos como audiovisuales, que nos permitieran establecer el nivel de teorización que sobre el tema se tiene. Del mismo modo fueron realizadas algunas entrevistas a personas involucradas en el trabajo ecológico, educativo y organizativo.

  1. TEMA

Ecología de la liberación.

  1. ¿En que consiste la ecología de la liberación, cuáles son sus orígenes y de que forma aborda la discusión sobre la pobreza, el sistema económico de mercado y su impacto sobre el medio ambiente? La teología de la liberación desde sus inicios ha tratado el tema de la exclusión que históricamente han sufrido grandes sectores de la población mundial, se ha esforzado por buscar alternativas a los problemas sociales y económicos de los excluidos, se planteó un método de análisis académico que avanzó en el estudio sobre la pobreza y diseñó un esquema de trabajo con comunidades a fin de concretizar un proceso de liberación frente a dicha situación. En la actualidad, la teología de la liberación a sumado a su quehacer el estudio de la cuestión ecológica, abordándola desde algunos de sus puntos más discutidos, como son el del impacto que tiene la depredación de la naturaleza por parte del capital trasnacional y las repercusiones sobre las clases populares.

  2. Formulación
  3. Descripción

A finales de la década de los sesenta, un grupo de sacerdotes hace un alto en el camino; la situación socioeconómica de América Latina enmarcada en un contexto de pobreza, desigualdad y exclusión, los lleva a una profunda reflexión sobre el que hacer teológico. Producto de ello, y como una forma de crítica al papel que la iglesia venía jugando en esta situación, surge una nueva forma de mirar la relación iglesia-pueblo, surge la "teología de la liberación".

Alentada por los vientos renovadores del Concilio Vaticano II, dicha teología brota de las necesidades del tercer mundo, regido siempre por las tesis teológicas enviadas desde Europa. Así mismo, pretende ser un reflejo no sólo de las inquietudes del pueblo latinoamericano, sino también de sus anhelos: libertad, independencia, desarrollo, bienestar para todos, soberanía, identidad cultural. Se parte de la idea de un empobrecimiento del pueblo latinoamericano por parte de los imperios norteamericano y europeo, en contraposición al concepto de una pobreza surgida por causas geográficas, raciales o culturales.

Pero más allá de lo anterior, el principal aporte de la teología de la liberación radica en su método para el estudio y el trabajo con las comunidades. A partir de tres pasos: ver, juzgar y actuar, compromete a la teoría con la práctica, lo que se plantea entonces, es una mirada de la realidad desde el ángulo de los pobres, por y para ellos. Basados principalmente en la fe, pero sirviéndose de las herramientas que les brinda las ciencias sociales, los teólogos de la liberación emprenden un trabajo junto al pueblo buscando cambiar la situación de marginalidad en la que se encuentra.

Según este planteamiento, es una afrenta a Dios destruir su creación con el único fin de cumplir las imposiciones de un sistema económico, es inaceptable a los ojos de Dios que la gran mayoría de sus hijos no puedan acceder a unos bienes básicos que les permita desarrollarse como seres humanos en su integridad. Es un pecado social el hecho de que millones de seres humanos mueran diariamente por falta de alimento o a causa de enfermedades fácilmente curables. No se trata sólo de bienes materiales (vivienda, alimentación, salud), sino también de educación, recreación, libertad de pensamiento y culto, respeto por los derechos humanos, y en fin, todo lo referente al pleno desarrollo del hombre.

En el trabajo con las comunidades, la teología de la liberación busca trascender la simple teorización, pues sólo en el actuar se encuentra la verdadera vocación de Cristo. No basta que las ideas sean buenas, sino que es necesario ponerlas en práctica, y esta práctica no se limita al asistencialismo promulgado por la "caridad cristiana", sino que promueve un trabajo militante donde el pastor se inserta en su comunidad y lucha junto a ella, ayudando así a cualificar al conjunto de sus integrantes, tanto espiritual como intelectualmente. A diferencia de otras teologías, la teología de la liberación tiene como interlocutor al hombre sencillo, poco instruido académicamente y que vive en condiciones precarias, y es por esto mismo que el trabajo se encamina a mejorar su situación.

En la actualidad a esta lógica de explotación, pobreza y liberación, se suma un aspecto que aunque no es nuevo, si toma mayor relevancia a finales del siglo XX, y es lo referente a la cuestión ecológica. El problema del desgaste de los recursos naturales a causa de un sistema económico que privilegia el consumo desmedido por encima de cualquier consideración, lleva a la teología de la liberación a cuestionar de qué manera se ve afectada la supervivencia del ser humano como especie, y en qué forma este sistema de consumo perjudica principalmente a los más pobres del planeta.

El sistema capitalista ha tenido, principalmente, dos consecuencias funestas para la especie humana, la primera es el empobrecimiento de la gran mayoría en favor de una estrecha minoría, y en segundo lugar un desgaste de la naturaleza como nunca antes. Mas grave aún es que este fenómeno se presente como un círculo vicioso porque mientras más pobres, más deterioro de los recursos naturales y viceversa. El ser humano y la naturaleza son puestos al servicio del gran capital, y su función es la de reproducir y perpetuar esta situación de iniquidad.

Frente a este escenario, la teología de la liberación lo que plantea es una defensa de la naturaleza y el hombre a partir de una lucha contra el sistema económico impuesto, y basada en su método de ver, juzgar y actuar, propone alternativas de "desarrollo sostenible", desde el lugar del marginado; "Un cristiano sólo puede aceptar una sociedad donde quepan todos y todas y en armonía con la naturaleza. La exclusión y la destrucción de la naturaleza contradicen profundamente la racionalidad humana y cristiana". Se trata entonces de volver a una comunión hombre-naturaleza, romper con la lógica de dominación, y priorizar la armonía entre ambos. La trinidad que se propone es Dios – Hombre – Naturaleza, a partir de la cual se configura una nueva forma de entender la relación de lo humano y lo divino, en la que se establece una alabanza a Dios basada en la defensa de su creación y en la convivencia del hombre con su entorno.

Con relación a este asunto el teólogo brasilero Leonardo Boff propone la recuperación del concepto de "pan en teísmo" en contraposición al "panteísmo", entonces, Dios está en todo, todo está en Dios; la naturaleza hace parte de Dios, más no es Dios, por esta razón al destruir el medio ambiente estamos atacando a Dios. Boff afirma: "Dios tiene una presencia en todas las cosas. Porque esa es nuestra fe de cristianos, podemos decir que comulgando con el mundo, trabajando, conviviendo, entrando en contacto con todas las cosas estamos comulgando con Dios y con las cosas. Y porque es así nos llenamos de ira sagrada cuando por la injusticia, por la violencia, por la deshumanización, no reconocemos al otro como otro, lo atropellamos, y no lo reconocemos como sacramento de Dios" .

Ahora bien, la discusión que se nos plantea es en torno a la pertinencia del discurso ecológico a la luz de la teología, y lo que es más importante, al papel de los teólogos y cristianos frente a las discusiones económicas y políticas que impone la globalización. Debemos determinar cual debe ser la posición frente a la economía de mercado, y proponer alternativas desde la fe, para enfrentar la exclusión de amplios sectores de la humanidad.

1.3. Justificación

Cada sistema productivo define y perpetúa sus propias formas de organización social, política y cultural a partir de las cuales los individuos pertenecientes a ella deben asumir un rol que les es impuesto. Fiel a esta lógica, el capitalismo se fundamenta en una estructura social dividida en clases, donde el destino de una, está determinado por la otra, es así como un estrecho grupo dueño de los medios de producción impone a los demás los bienes que debe consumir, la religión que debe profesar, las formas como se debe asociar, el idioma que debe hablar.

El modelo de desarrollo que se ha impuesto en las últimas décadas, es producto de las necesidades del capital trasnacional, el cual interviene en la organización económica y política de los países más débiles, obligándolos a sacrificar sus propios recursos en favor del bienestar de las economías poderosas. Tal desarrollo, no responde a los intereses particulares de las regiones, los grupos y las personas, sino que es pensado y ejecutado desde los grandes centros del poder. Igualmente, el aparato de producción capitalista ha demandado como ningún otro una gran cantidad de recursos naturales para lograr su expansión, y para ello se vale de la explotación de los sectores más vulnerables ya sean estos individuos o naciones enteras.

En términos económicos, existen en el mundo países desarrollados y subdesarrollados, los primeros –los del Primer Mundo– dueños de grandes producciones y capital, mientras que los segundos, denominados del Tercer Mundo, países dependientes, no industrializados o países periféricos, se limitan a servir como despensa de los otros. Lo que se propone entonces, es un cambio radical de este sistema de organización social, ya que sólo a partir de allí se podría comenzar a hablar de una nueva relación hombre-naturaleza, en la cual predomine el respeto por el ser humano y el de éste por su entorno.

En la tarea de abordar la discusión ecológica se han destacado varias propuestas, tanto desde el ámbito sociológico como desde el teológico, sin olvidar los aportes ya hechos por la biología y las ciencias exactas. Para algunos autores es necesario plantear alternativas como el "otro desarrollo", que se orienta hacia la búsqueda de satisfacer las necesidades básicas de los países pobres, que estos sean endógenos y no pierdan sus valores, que sean autodependientes, tengan un manejo adecuado del ambiente y encuentren una repartición de la riqueza evitando por todos los medios la exclusión. El problema no radicaría entonces en la falta de recursos o en el agotamiento de estos sino en la mala distribución económica y social, en el abuso de los sectores más ricos que sólo buscan su propio beneficio sin importar que gran parte de la población mundial se encuentre desnutrida, sin techo, sin salud, sin educación y sin tierra.

En el campo de las ciencias sociales, podemos mencionar varios aportes que desde allí se han hecho para enriquecer la discusión ecológica. Entre ellos se cuentan por ejemplo:

a) La orientación marxista elemental; considera que el modelo de desarrollo empleado por el hemisferio norte es el que más problemas ambientales produce, por lo tanto es necesario originar un cambio de las relaciones económicas para que éstas sean elaboradas desde los países del sur con el fin de equilibrar las estructuras políticas, económicas y sociales en todo el planeta,

b) El desarrollo sostenible; plantea la necesidad de redefinir la explotación de los recursos naturales de manera racional, con el fin de satisfacer las necesidades actuales y al mismo tiempo permitir a las futuras generaciones el disfrute de los mismos,

c) La ecología humana; basa su estudio en las relaciones del hombre con el medio que le rodea, haciendo énfasis en el impacto del hombre sobre la naturaleza y la necesidad de conservación del medio ambiente,

d) La ecología social; se enfoca en el concepto de hábitat, tanto en el ambiente urbano como rural, observando las modificaciones espaciales en las cuales intervienen el individuo y los grupos sociales,

e) El desarrollo a escala humana; aquí, el desarrollo se mide en términos del bienestar, entendido este como la satisfacción de las necesidades materiales, culturales y espirituales de las personas, f) El ecofeminismo, de gran importancia en la comprensión teológica de la ecología, dado que parte de una visión de la mujer como creadora de vida, asemejándola al poder creador. Se presenta a la mujer como principal actor en un necesario cambio de óptica en cuanto a desarrollo y ambientalismo se refiere.

En cuanto al estudio del tema hecho por la teología de la liberación, aunque no se han construido teorías como tal, se ha avanzado en la definición de conceptos que para el análisis sociológico revisten gran importancia. La categorización que sobre la idea de pobreza ha hecho, rompe de manera radical con la tradicional basada en términos de bienes materiales y calidad de vida, aquí se tienen en cuenta diversos matices que van desde lo espiritual hasta lo económico. Se introduce el concepto de empobrecido y se marca una clara diferencia con el pobre, definiendo este último como una opción del cristiano y no como una imposición del sistema.

Por otro lado el trabajo desarrollado por las comunidades eclesiales de base, en campos como el organizativo y el teórico, ha dado valiosas herramientas en el área de procesos con comunidad, puesto que es una práctica que surge de las propias reflexiones de la comunidad, y que busca impactar no sólo al grupo local sino al conjunto de la sociedad. Así mismo el "ver, juzgar y actuar" mediante el cual los teólogos de la liberación sustentan su trabajo con los sectores en los que intervienen, nos lleva a una comparación con el método IAP de la sociología, puesto que ambos intentan partir de una realidad concreta en aras de transformarla.

Para la sociología resulta de vital importancia que otras disciplinas aporten conceptos que le permitan comprender de mejor manera fenómenos que desde la sola teoría social serían difíciles de abordar. Tal es el caso del arte, la religión, la biología, la física, etcétera. En este sentido la contribución que la teología de la liberación hace al estudio de los temas ecológicos en el ámbito social, se puede observar desde la perspectiva del trabajo organizativo de las comunidades, de los estudios que sobre el sistema económico ha elaborado, sobre la nueva categorización que ha hecho con relación a la pobreza y la introducción del concepto de empobrecido.

Dado que en ninguna de las grandes escuelas sociológicas se aborda el tema de lo ecológico, el tratamiento hecho desde la ecología de la liberación brinda la posibilidad de adoptar algunos de sus avances conceptuales sobre el porqué de la importancia del tema, su justificación desde lo económico y las opciones alternativas al modelo de desarrollo. Por otro lado, el camino allanado por las comunidades eclesiales de base nos aporta un amplio bagaje en lo concerniente al trabajo con comunidades que debe ser aprovechado por los sociólogos.

Se trata fundamentalmente de brindar a la teoría social nuevas herramientas para afrontar la tarea de comprender un mundo cada vez más disímil y con nuevos retos en la tarea de analizar los hechos sociales. En este caso la ecología dejaría de ser utilizada como un comodín por las ciencias sociales, económicas y exactas, y comienza a tener su propio objeto de estudio.

1.4. Delimitación

1.4.1. Espacio. Se tendrá en cuenta el proceso en el ámbito latinoamericano, puesto que es en éste lugar específicamente donde el movimiento de la teología de la liberación ha tenido más fuerza, y donde además se ha venido desarrollando con mayor claridad el concepto de ecología de la liberación.

1.4.2 Tiempo. Dado que el movimiento de ecología de la liberación es relativamente nuevo, se abordará desde sus inicios, a principios de la década de los noventa, hasta hoy.

 

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