Enviado por olguita
El concepto de Retraso Mental ha estado presente a lo largo de toda la humanidad y su conceptualización ha sido descrita por estudiosos dedicados a esta entidad diagnóstica experimentando sucesivas modificaciones a lo largo de los años. Sus antecedentes se remontan a épocas pasadas, ya en la literatura griega aparecieron referencias sobre personas semejantes a los Retrasados Mentales e inclusive en las momias egipcias se apreciaron signos de haber padecido de enfermedades relacionadas con esta Necesidad Especial. Los primeros estudios fueron realizados fundamentalmente por médicos, los que comenzaron a aportar elementos que posibilitaron sentar las bases posteriores para llegar a la definición de esta entidad.
Así, aproximadamente en el año 500 ANE, el griego Alemaeón de Grotón aludió que el órgano del cuerpo donde se captaban las sensaciones, se generaban ideas y permitía el conocimiento, era el cerebro; su idea con algunos desaciertos, pero con la agudeza de descubrir la importancia de dicho órgano.
Años más tarde, Hipócrates, retomó y desarrolló esta idea y opinó que los desórdenes mentales eran resultado de enfermedades del cerebro e intentó explicar de forma coherente todas las enfermedades a partir de causas naturales e hizo mención de la Amencefalia y de otras malformaciones craneales asociadas al Retraso Mental.
Los finales del Siglo XIV y principios del Siglo XV aportaron avances notorios. Constituyen elementos de gran valía los siguientes:
Pedagogos y psicólogos a partir del Siglo XV comenzaron a dar los primeros pasos en aras de educar y rehabilitar a los retrasados mentales; constituyen evidencias de este planteamiento los siguientes:
En la segunda mital del Siglo XIX se producen significativos avances que posibilitaron un mayor esclarecimiento de la deficiencia mental:
Hasta el Siglo XIX el retraso Mental no tuvo una conceptualización claramente deferenciada de otras patologías y al hablar de Retraso Mental no se encontraban diferencias con el sordo, criminal, epiléptico o loco; en ocasiones eran considerados como una variante de demencia. Sus causas se asociaban a patologías de orden biológico.
En 1818, Esquirol plantea la definición de idiota y establece la diferencia entre esta y la demencia y confusión mental. Plantea además que el Retraso Mental era un déficit intelectual, constatable, de origen orgánico e incurable.
Finales del Siglo XIX y principios del XX aportan elementos importantes para la comprensión de la naturaleza del Retraso Mental; se distingue de la enfermedad mental y se profundiza en los agentes causales y niveles de retraso.
En el Siglo XX predominan dos criterios en la definición del Retraso Mental: la distribución estadística de la inteligencia y en los problemas de la conducta adaptativa.
Pudiera entonces plantearse que la evolución de las concepciones en relación al Retraso Mental está marcada en dos momentos puntuales: uno antes del Siglo XIX en que esta entidad no se diferenciaba de otras alteraciones y era considerada como una variante de la demencia atribuible a bases orgánicas, biológicas o innatas y otro a partir del Siglo XIX cuando se diferencia de otras entidades y que según algunos autores mantienen vigencia las tendencias biologicistas del Retraso Mental como una alteración constituyente del Sistema Nervioso Central (SNC).
¿Cuáles son las principales tendencias en cuanto a las reflexiones conceptuales y terminológicas del Retraso Mental?.
La Psiquiatría Occidental basa el estudio de los conceptos relativos al Retraso Mental tomando como criterio la experiencia acumulada por algunas instituciones científicas.
A pesar de existir múltiples concepciones acerca del Retraso Mental, se aprecian dos tendencias principales:
La Psiquiatría Occidental considera el Retraso Mental como un estado que implica funcionamiento subnormal del individuo e inadaptación y que constituye un problema multidisciplinario y multidimensional que abarca aspectos fisiológicos, psicológicos, médicos y educacionales y ante todo es un problema social.
Por otra parte fundamenta que su etiología es diversa, incluída la privación psicosocial o ambiental, categoría atribuible a aquellos casos en los cuales la deficiencia se atribuye a factores ambientales, en ausencia de patologías del Sistema Nervioso Central (SNC) y establece una clasificación en dependencia de la profundidad del Retraso Mental: leve, moderado, grave y profundo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) para clasificar en sentido general las enfermedades se fundamenta en el criterio etiológico, por cuanto la clasificación del Retraso Mental no abarca sus diferentes formas o manifestaciones clínicas específicas. Utiliza los siguientes niveles:
En estudios y análisis posteriores, específicamente en la Novena Revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades, define esta entidad diagnóstica sobre la base de los siquientes criterios:
Deja pues de utilizar la categoría de limitáneo o fronterizo, más mantiene el Retraso Mental de grado no especificado para aquellos casos en que el nivel de funcionamiento no está bien definido, pero que evidentemente es subnormal.
A pesar de los valores positivos que encierra esta clasificación, la misma adolece de aspectos en el orden negativo, tales como: no se precisa la etiología ni la etapa del desarrollo en que se produce la lesión, deja de precisarse además hasta qué punto esta definición abarca otras áreas de la personalidad , así como sus síntomas acompañantes.
Los países de Europa del Este comparten los criterios que condicionan el concepto Retraso Mental, su etiología y métodos para el diagnóstico.
Los especialistas rusos consideran que para hablar de Retraso Mental es necesario como conceptos generales:
Sería importante en este momento hacer referencia a los enfoques referidos a los criterios diagnósticos y que en buena medida aportan elementos de gran valor para la definición del concepto de Retraso Mental.
Con el aporte de las primeras escalas de desarrollo intelectual aportadas por Binet y Simon en 1905, abre sus puertas el enfoque psicométrico , el que se convirtió en el punto de referencia absoluto para el diagnóstico y clasificación de los sujetos con Retraso Mental; atribuyéndole este calificativo a aquellas personas cuyo CI era inferior a dos desviaciones típicas de la medida fijada para la población de que formaban parte.
Este enfoque que jugó en su momento un rol importante, adoleció y aún adolece de aspectos en el orden negativo, entre ellos:
Por otro lado está el enfoque biológico caracterizado por considerar como condición imprescindible la presencia de cambios básicos del cerebro, entiéndase como una lesión anatómica demostrable; cuestión que deja a medias una concepción que requiere de un análisis más completo, por cuanto no basta con el hecho de conocer solamente el daño desde el punto de vista biológico.
El enfoque socio-cultural , hace énfasis en la actividad social del individuo y en su adaptación a la sociedad en todas sus formas y que bien pudiera aludirse, como lo hacen varios autores, a la conducta adaptativa y que sin lugar a dudas conlleva a variadas interpretaciones en correspondencia con las diferencias sustanciales entre las distintas sociedades.
El enfoque orgánico abarca solamente el 25 % y hace referencia a aspectos de vital importancia: la etiología de la lesión, su prevención y tratamiento. Considera con Retraso Mental a todas aquellas personas con el rango de las desviaciones estándar por debajo de la media y afectadas por insuficiencias detectables por medios bioquímicos, cromosómicos, anatómicos y fisiológicos que conlleven a una deficiencia intelectual.
Aquellos sujetos, cuyo desarrollo intelectual está por debajo de la media y que su aprendizaje escolar es lento, son considerados con Retraso Mental, según el enfoque educativo . Incluyen aproximadamente entre el 5 y el 15 % de la población escolar, en dependencia de la edad y de la ubicación geográfica de la institución docente.
El enfoque madurativo alude a que las alteraciones globales o parciales producen una alteración en determinados esquemas motrices o provocan modalidades patológicas de conducta; teniendo como condicionante que se produzcan antes de los 3 años. Este enfoque abarca las encefalopatías infantiles de origen pre y peri natal, los atributos a daño cerebral, las perturbaciones motrices, epilepsias, Parálisis Cerebral, entre otras.
En resumen, cada enfoque aporta elementos de peso para la definición del concepto Retraso Mental un tanto más abarcador, entre ellos: la lesión del Sistema Nervioso Central (SNC), el nivel en que funciona el sujeto y su capacidad para su desenvolvimiento como persona desde el punto de vista social, cultural y educativo.
No basta tener en cuenta las premisas anteriores para la definición del Retraso Mental, sino que se hace necesario tener en cuenta la naturaleza y estructura del defecto y para ello es imprescindible valorar:
Al considerar la estructura del defecto como base para el análisis del Retraso Mental, particularizan dos formas fundamentales de esta entidad: Oligofrenia, caracterizada por el insuficiente desarrollo de las formas complejas de la actividad psíquica, fundamentalmente de la cognoscitiva. Las manisfestaciones de la lesión no son progresivas y se produce antes del nacimiento, durante el nacimiento o después del nacimiento tempranamente; esta deficiencia posee un carácter uniforme en todo el desarrollo de la personalidad del sujeto.
La oligofrenia se divide en dos sentidos:
Demencia orgánica: Los trastornos del intelecto que sufren los sujetos se deben a enfermedades infecciosas o traumáticas del Sistema Nervioso Central (SNC). Son de carácter estable y más o menos graves, además de ser progresiva. No poseen un carácter uniforme por cuanto la deficiencia mental produce la destrucción de los sistemas formados.
Según los especialistas rusos, esta forma de Retraso Mental se clasifica también en dos sentidos:
Por la profundidad del defecto
Por la naturaleza y estructura del defecto en:
Para los autores rusos el Retraso Mental constituye la entidad nosológica más general, mientras que la oligofrenia y la demencia las considera como formas particulares. El siguiente cuadro ilustra los elementos diferenciales y comunues entre estas entidades:
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Elementos diferenciales |
Oligofrenia |
Demencia Orgánica |
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Manifestaciones del daño |
No progresiva |
Progresiva |
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Carácter de la deficiencia |
Más uniforme por cuanto la lesión se produce tempranamente (antes de los 3 años), acarreando un insificiente desarrollo del Sistema Nervioso Central (SNC). |
Menos homogénea, debido a la destrucción de sistemas ya formados (después de los 3 años), dando lugar al concepto de Retraso Mental de etiología posterior. |
|
Elemento común |
Momento de aparición de la lesión como criterio para diferenciar ambas formas. |
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La Psiquiatría Norteamericana basa su análisis sobre la base de diferentes aristas por cuanto existen diversidad de criterios entre los distintos investigadores, de ahí que existan también múltiples concepciones acerca del Retraso Mental; no obstante pueden delimitarse dos tendencias más generalizadas:
En resumen, definen conceptualmente al Retraso mental como "un término que alude a un funcionamiento general del intelecto inferior al promedio que se origina en el período de desarrollo del sujeto y se asocia a un déficit de la conducta adaptativa" .
En sentido general, al margen de las disímiles tendencias existentes, los investigadores norteamericanos coinciden con esta definición conceptual del Retraso Mental y fundamentan sus criterios teniendo en cuenta el considerar el Retraso Mental como un estado que implica un funcionamiento subnormal del individuo e inadaptación del mismo, como un problema multidisciplinario y multidimensional que abarca aspectos fisiológicos, psicológicos, médicos y educativos y donde el aspecto social cobra particular importancia. Por otra parte consideran la etiología del Retraso Mental de formas muy diversas, incluida la deprivación psicosocial o ambiental y reservan esta última para los casos donde la deficiencia es atribuible a factores de índole ambiental, en ausencia de patologías del Sistema Nervioso Central (SNC). Clasifican el Retraso Mental por el nivel de profundidad en las siguientes categorías: limitáneos, leves, moderados, graves o profundos.
La Asociación Americana sobre Retraso Mental (AARM) desde su fundación en 1876 ha tenido como una de sus principales ocupaciones la de conseguir una delimitación clara y no discriminatoria de la condición de las personas con Retraso Mental.
La primera edición de su manual sobre la definición del Retraso Mental fue en el año 1921 y a partir de entonces se han publicado 8 más, correspondientes a los años 1933, 1941, 1957, 1959, 1973, 1977, 1983 y 1992, siendo esta última la novena edición. Cada década ha contado con la infuencia de estos manuales clasificatorios y, con cada nueva edición, la definición de esta entidad fue enriqueciéndose con matices cada vez más esclarecedores; las nuevas ediciones jamás negaron lo planteado por las anteriores, sino que sirvían de base y punto de partida para una mejor y mayor comprensión del Retraso Mental en cuanto a claridad, amplitud y delimitación.
La definición de Retraso Mental tenía como punto de partida y eje fundamental al Coeficiente Intelectual (CI). Los test de intligencia y su aplicación generalizada en EEUU, hacían de este parámetro el dato más objetivo para apoyar cualquier tipo de investgación poblacional en función de sus rendimientos intelectuales. La presencia del Retraso Mental se daba cuando existían dos desviaciones típicas por debajo de las consideradas como norma en la sociedad . En esta época este enfoque tuvo una relevada importancia ya que permitía medir numéricamente la impresión visual del especialista frente al caso.
En el desarrollo evolutivo en cuanto a la definición y clasificación del Retraso Mental hay aspectos que resaltan por su significativo interés:
Desde este momento se habla de que la definición está "casi a punto". En posteriores ediciones sólo habrán matizaciones terminológicas (se añade el término "significativamente" previo a a frase "funcionamiento intelectual general inferior a la media", se da un carácter orientativo al límite del CI que puede complementarse con otras evaluaciones clínicas poniendo el CI de 75 como barreras, o se amplía el límite de edad para la aparición del proceso etiológico detonante a los 18 años (Carlos Egea García, 1999).
La Novena Edición en 1992 representa un intento de exponer el cambio en el concepto de Retraso Mental pero sobre todo en la comprensión del mismo y plantea cómo deben clasificar y describir los sistemas de apoyo necesarios por las personas con Retraso Mental .
Esta edición representa un cambio de paradigma, desde una visión del Retraso Mental como rasgo absoluto manifestado únicamente por un individuo, a una expresión de la interacción entre la persona con un funcionamiento intelectual limitado y su entorno y amplía el concepto de comportamiento adaptativo dando un paso más desde una descripción global a una especificación de áreas de habilidades concretas.
Esta edición posee un enfoque más abarcador al considerar que la persona con Retraso Mental no es un ente aislado, sino que se interrelaciona con su entorno, se ve condicionado por este y a su vez es capaz de condicionarlo.
La definición vigente, en la Novena Edición del Manual de la Asociación Americana sobre Retraso Mental (AARM) es:
"El Retraso Mental hace referencia a limitaciones substanciales en el desenvolvimiento corriente. Se caracteriza por un funcionamiento intelectual significativamente inferior a la media, junto com limitaciones asociadas en dos o más de las siguientes áreas de habilidades adaptativas:
El Retraso Mental se manifiesta antes de los 18 años.
Para poder aplicar la definición deben tomarse en consideración las cuatro premisas siguientes:
Resulta atinado aludir a los cambios de esta definición en comparación con los anteriores:
La concepción del Retraso Mental en Cuba y su definición conceptual, como en otros países, tuvo diferentes interpretaciones tanto desde el punto de vista pedagógico como médico; sin embargo, la colaboración de los países socialistas, fundamentalmente la otrora Unión Soviética permitió el desarrollo de una concepción con un enfoque pedagógico. De ahí que el Retraso Mental sea considerado como un estado peculiar del desarrollo que implica trastornos estables de la actividad cognoscitiva y que tiene en su base una lesión orgánica del cerebro.
Las distintas definiciones utilizadas al respecto son las que siguen:
En cada una de las definiciones se destacan palabras claves que permiten arribar a un concepto más generalizado y completo: alteraciones del desarrollo psíquico, fundamentalmente de la actividad cognoscitiva; presencia de lesión orgánica del cerebro; carácter irreversible; manifestaciones estables.
Se considera pues al Retraso Mental como un estado del individuo en el cual se producen alteraciones en los procesos psíquicos en general, fundamentalmente en la esfera cognoscitiva, las cuales son estables y se deben a una lesión orgánica del Sistema Nervioso Central (SNC) de carácter difuso e irreversible y de etiología genética, congénita o adquirida .
Esta definición conceptual implica aspectos de relevada significación: una valoración integral del sujeto, la naturaleza primaria del defecto, la estabilidad de las manifestaciones del daño, la diversidad de formas, la diferenciación de los estados parecidos y el carácter optimista de las posibilidades del desarrollo de los retrasados mentales.
Constituyen elementos de gran valía:
Considerar la profundidad del defecto intelectual en leve, moderado, grave o severo y profundo.Considerando:
El momento en que aparece la lesión:
Sus formas:
Sin lugar a dudas la concepción del Retraso Mental en Cuba posibilita un trabajo pedagógico con estos niños donde se articulan coherentemente las acciones correctivas compensatorias gracias al conjunto de elementos que aporta el diagnóstico integral y que se manifiesta en su descripción, naturaleza, profundidad, etiología y momento de aparición de la lesión, y en los casos que lo presenten, sus síndromes acompañantes. Cuba exibe hoy resultados concretos en la educación y enseñanza de los menores con Retraso Mental, gracias entre otras cosas al Plan de Desarrollo diseñado para esta especialidad
Consideramos que para hablar a favor de un Retraso Mental resultan imprescindibles la presencia de un insuficiente desarrollo de los procesos psíquicos, especialmente los cognitivos, la presencia de una lesión orgánica en el Sistema Nervioso Central y las limitaciones en el proceso de una conducta adaptativa, traducida en su nivel de aprendizaje escolar y social.
Resulta importante para tratar de arribar al diagnóstico de Retraso Mental considerar los siguientes criterios:
Criterio etiológico, de modo que se profundice en el momento en que se produce la lesión y los factores que la producen. Dilucidar con precisión:
Causas pre-natales:
Causas perinatales:
Causas postnatales:
Encefalitis.
Meningoencefalitis.
Criterio psicométrico para valorar un CI por debajo de 70 pero devenido de un análisis cualitativo y no sólo cuantitativo.
Profundidad del defecto.
Estructura del defecto: primario, secundario, formas graves o no graves. Diferenciar con exactitud los factores primarios y secundarios.
Establecer diagnóstico diferencial con patologías afines y con elementos que conlleven a una impresión diagnóstica primero y a un diagnóstico conclusorio, después de la Discusión Diagnóstica, a un criterio certero siempre a favor del menor objeto de estudio y valoración multidisciplinaria.
Criterio pedagógico, traducido en la valoración de las capacidades, hábitos, habilidades, conocimientos, así como estilos y modelos de aprendizaje. Profundizar en el grado de desarrollo alcanzado por el niño en su actividad cognoscitiva: atención, memoria, percepción, pensamiento, entre otros, en fin evaluar potencialidades para el desarrollo de su aprendizaje.
Criterio socio-comunitario:
La práctica del diagnóstico escolar en Cuba y que se concreta con mayor aplicación en los Centros de Diagnóstico y Orientación ha demostrado que para el desarrollo exitoso de este proceso se hace necesario implementar y llevar a vía de hecho principios rectores, entre ellos:
Valdría la pena hacer referencia a las tendencias más contemporáneas en el área del diagnóstico escolar y que sirvieron para efectuar un viraje en este particular a partir de la década de los años 90 y que mantienen vigencia absoluta:
Del diagnóstico tardío y con fines curativos, al diagnóstico precoz y con fines preventivos. La evitación de Necesidades Especiales y que estas puedan devenir en minusvalías sólo depende de la detección e intervención temprana y con ello el logro de potencialidades antes de su ingreso a la vida escolar.
Del diagnóstico generalizador y homogeneizante al individualizado y personalizado. Tendencia encaminada no solamente a la valoración de una categoría diagnóstica, sino a la definición lo más objetiva posible de las necesidades educativas especiales del sujeto que se somete a la evaluación, con un enfoque marcadamente personológico.
Del diagnóstico centrado en el defecto, al diagnóstico centrado en los servicios. El diagnóstico parte de un estudio integral del medio en que se desenvuelve el niño, por tanto las dificultades no hay que encontrarlas en él, sino en los agentes que puedan desencadenar esas dificultades, con el propósito de definir las transformaciones o adecuaciones que deben realizarse para satisfacer las necesidades del principal protagonista que reclama la ayuda educativa y social .Del diagnóstico como fin, al diagnóstico como medio para llegar al fin. Más que decidir la posible ubicación en correspondencia con la evaluación efectuada, el diagnóstico constituye un medio para definir las adecuaciones curriculares y de acceso al curículum característicos de una educación personalizada.
Del diagnóstico como momento, al diagnóstico como proceso. Lejos de tomar decisiones tras los resultados de las baterías de pruebas aplicadas, el diagnóstico es concebido como un proceso de orientación, seguimiento y evaluación sistemáticos del alumno y el entorno donde este se desenvuelve y de la puesta en práctica de programas de intervención que permitan mantener actualizada la información sobre lo evolución o involución en el alumno. En dependencia de los resultados se adecuan las acciones concebidas.
Del diagnóstico como función de un grupo determinado de técnicos y especialistas, al diagnóstico como un proceso de construcción interactiva, donde la escuela, la familia y la comunidad constituyen elementos del proceso de toma de decisiones. El enfoque multidisciplinario, y multidireccional requiere de la participación activa de cuantos tengan que ver con el alumno, dándole significativa importancia a la opinión de todos los elementos en la observación de la conducta del menor ante su desenvolvimiento diario en las actividades.
El nuevo paradigma del Retraso Mental demanda de todos los profesionales de la Educación Especial y de la sociedad en general compromisos para con las personas con este tipo de Necesidad Especial:
El cumplimiento de los citados compromisos debe conllevar a garantizar una mejoría de la calidad de vida de las personas con Retraso Mental y a su vez lograr en la sociedad una auténtica cultura de aceptación a la diversidad.
Autores:
MsC. Angel Luis Gómez Cardoso.
MsC. Olga Lidía Núñez Rodríguez.
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