SEGUNDA PARTE

(Explorando las tradiciones nativas americanas)

  1. Nuestros profetas

TEMA CENTRAL: "Las profecías que hablaban en América del advenimiento de una Edad Oscura y las nuevas profecías sobre la llegada de una Edad Dorada"

PLANTEAMIENTOS PRINCIPALES DEL CAPITULO:

  • Existían y existen en América sabios nativos que poseen, de modo similar a cómo relatan tradiciones de otras culturas, capacidades proféticas, esto es, visiones en las cuales vislumbran grandes acontecimientos por venir de importancia para sus pueblos.
  • En la América precolombina, diversos profetas nativos advirtieron sobre el advenimiento de una Edad Oscura que se iniciaría con la llegada de los conquistadores europeos.
  • Hoy, 500 años después, empiezan a aparecer también nuevos profetas nativos que llevan el mensaje del advenimiento de un nuevo ciclo, esta vez de luz, para los pueblos de nuestro continente.

Las profecías y los profetas han sido comunes a muchos pueblos y culturas a lo largo de la historia humana. Los más cercanos a nuestra cultura cristiano mestiza son los referentes de las tradiciones griega (vgr. el famoso Oráculo de Delfos) y judía. En el Antiguo Testamento, vemos desfilar una serie de "hombres del espíritu" que reciben señales y saben interpretarlas, que escuchan voces y se "exaltan con la voz de Dios", para decirlo en palabras de Paulo Coello. Entre los pueblos de Abya Yala, la Isla de la Tortuga, no era tampoco desconocida la capacidad profética de algunos hombres. Nuestros profetas recibían sus señales y mensajes - por ejemplo - en sus visitas al "mundo de los espíritus", luego de consumir ritualmente los brebajes sagrados (ayahuasca, aguacolla, peyote, etc.)

Una de las profecías más conocidas es la que tiene que ver con el tiempo del Pachakutik de la Oscuridad. Se trata de una profecía que, para curiosidad del escéptico, se encontraba circulando en diversas zonas y culturas (a veces muy distantes entre ellas) de nuestro continente justamente en la época del arribo de los europeos en el siglo quince. "Uno de los mitos más difundidos entre los indígenas sudamericanos es el de los cataclismos - dice Blanca Muratorio - (PACHACUTIS para los indígenas andinos; IYUS en el quichua del oriente ecuatoriano) - que desencadenan la destrucción y sucesivas creaciones de las distintas humanidades y de la tierra en que vivían."

Un cronista de Indias, el padre Gerónimo de Mendieta, relata como el mismo Colón tuvo ya noticias de esta profecía:

"Los caciques, que eran los señores, y los bohiques (que llamaban a los sacerdotes) en quien estaba la memoria de sus antigüedades, contaron por muy cierto a Cristóbal Colón y a los españoles que con él pasaron, que algunos años antes de su venida lo habían ellos sabido por oráculo de su Dios. Y fue de ésta manera: que el padre del cacique Guarionex, que era uno de los que contaban, y otro reyezuelo con él, consultaron a su Zemí (que así llamaban ellos al ídolo del diablo), y preguntándole qué es lo que había de ser después de sus días, ayunaron para recibir la respuesta, cinco o seis días de arreo, sin comer ni beber cosa alguna, salvo cierto zumo de yerbas, o de una yerba que bastaba para sustentarlos para que no falleciesen del todo; lloraron y disciplináronse reciamente, y sahumaron mucho sus ídolos, como lo requería la ceremonia de su religión: finalmente, les fue respondido, que aunque los hombres esconden las cosas venideras a los hombres por su mejoría, agora les querían manifestar a ellos por ser buenos religiosos, y que supiesen como antes de muchos años vendrían en aquella isla (La Española: Haití - Sto.Domingo) unos hombres barbudos vestidos todo el cuerpo, que hundiesen de un golpe un hombre por medio con las espadas relucientes que traían ceñidas, los cuales hallarían los antiguos dioses de la tierra, destruyendo sus acostumbrados ritos, y derramarían la sangre de sus hijos o los llevarían captivos, haciéndose señores de ellos y de su tierra."

En la visión cíclica del tiempo que es tradicional entre las culturas nativas de nuestro continente, a los tiempos de luz suceden los tiempos de oscuridad, a la manera como, en el plano macrocósmico al día le sucede la noche o a una estación de frío y lluvias le sigue una de calor y sequía. Estos cambios cíclicos en la historia de los pueblos, también eran conocidos - a decir por lo que refieren Rodríguez y Tatzo - en los Andes sudamericanos:

"El Tahuantinsuyo fue en verdad una civilización espléndida tanto por su cultura como por su sistema de vida. Sus productos culturales, en muchas facetas, superaban a los de los pueblos de Europa que habían caído en la superstición y el oscurantismo.

No obstante, en el último tiempo, el brillo de la cultura y la civilización incaicas languidecieron bajo la fuerza de los imponderables que marcaban el final de esta gran civilización (...) Esto entraba dentro de las previsiones de los sabios de América Andina, quienes conocían de acuerdo a los cambios cíclicos de la historia, que cada 500 años se daban grandes movimientos y transformaciones sociales, las cuales desembocaban en una nueva preeminencia de valores que alternativamente le correspondía a los pueblos de un hemisferio del planeta sobre el del otro. Las yachags han denominado PACHAKUTIK a la fuerza transformadora que arrastra en su turbulencia los acontecimientos del final de una época o período histórico. El último Pachakutik y el inicio del interregno coincidió con la llegada de Francisco Pizarro y sus obsecuentes seguidores que destruyeron bárbaramente las obras civilizatorias de los Andes, borrando oficialmente el pasado tahuantinsuyano."

Pero Pachakutik es palabra quichua y significa "vuelta de", "regreso" o "retorno". Da a entender - dice Rodríguez - una edad, época o retorno de un tiempo - espacio, que no es otra cosa sino un retorno periódico de los valores a la vida histórica de los pueblos. Por eso, recordar que nuestro bisabuelos indios sabían de profecías y de algún modo estaban preparados para el terrible tiempo que les sobrevino, que sus yachags habían recibido el mensaje de los espíritus y sabían que una larga noche se cerniría sobre su cultura, es útil en este tiempo en que nuevas profecías han empezado a hablar precisamente del NUEVO PACHAKUTIK. Pero esta vez se trata de un Pachakutik de luz, una nueva aurora para nuestros pueblos y un renacimiento de los valores y maneras de vivir y entender ancestrales que se cultivaron en nuestro continente. Así lo entiende Aurelio Díaz Tepancali, jefe y representante de varias naciones indias norteamericanas cuando declara:

"Este es el momento que nuestros antepasados profetizaron, soñaron y desearon para nosotros, los descendientes de los descendientes originales, de volver a la casa original de nuestra Madre Tierra y de nuestro Padre Sol. Aquí, en el Cielo y en la Tierra nos encontramos de nuevo caminando, pero con conciencia, con claridad. Tenemos un propósito por el cual estamos aquí. El propósito de ser claros y verdaderos, de ser conscientes, de estar en una buena relación con todo lo que existe; con lo visible y con lo invisible, con el Misterio de la vida."

Brad Berg, reportero de la revista Share International, publicó en febrero de 1997 un revelador artículo sobre un pueblo desconocido de los Andes del Perú: los Quero. Según el reportero, se trataría de los últimos descendientes directos de los incas, una tribu de 600 personas que buscaron refugio en alturas superiores a los 4200 metros para escapar de los conquistadores españoles. "Durante 500 años - afirma Berg - los jefes de la tribu Quero han conservado una profecía sagrada sobre un gran cambio, o pachacuti, en el que el mundo daría la vuelta, y en el que la armonía y el orden se restablecerían, poniendo fin al caos y al desorden. (...) Las profecías son optimistas. Estas se refieren al final de los tiempos tal como nosotros lo entendemos - la muerte de una forma de pensar y de ser, el fin de una forma de relacionarse con la naturaleza y la tierra. En los próximos años, los incas esperan que emerjamos en una edad dorada, un milenio dorado de paz. Las profecías también aluden a unos cambios tumultuosos en la tierra, en nuestra psique, volviendo a definir nuestras relaciones y espiritualidad."

EL PACHAKUTIK DE LA OBSCURIDAD

"... apareció una isla pequeña que se deslizaba hacia la tierra. Estaba cubierta de árboles altos con una serie de criaturas parecidas a osos colgados de sus ramas. Al acercarse la isla flotante se vio que los osos eran hombres con la piel blanca y el vello en el rostro. Estos extranjeros llevaban consigo objetos que excitaron la curiosidad del pueblo. Y los cambios comenzaron a producirse..."

SUEÑO DE UNA MUJER CHIPEWA - OJIBWA

IDEAS PARA TRABAJAR EN CLASE

  • Escribe un cuento sobre el encuentro entre un conquistador español y un sacerdote de cualquiera de nuestros pueblos nativos precolombinos. En el relato, el sacerdote nativo tienen un sueño donde se le presentan visiones sobre un tiempo de obscuridad para su pueblo. Puedes tomar como ejemplo el "Sueño de una mujer chipewa - ojibwa". En tu relato, el sacerdote contará también sobre los cambios que ocurrirán en las creencias y la forma de vida de su pueblo en este nuevo ciclo de obscuridad.
  • Imagina que eres un anciano sabio de una tribu americana de la época de la llegada de los conquistadores europeos. Ellos han llegado y están imponiendo por la fuerza su cultura, su religión y su forma de vida sobre tu tribu. Tú decides entonces huir a las montañas y buscar un nuevo territorio de difícil acceso para el hombre blanco donde poder seguir viviendo como tus antepasados y conservando tus creencias. Redacta un "diario" donde recopiles los episodios de esta experiencia (la llegada de los conquistadores, la huida y búsqueda de otra tierra, las peripecias que te sucedieron, etc.) Escribe también sobre las formas de vida y las creencias que has querido defender y por las que has escapado. Dibuja finalmente un mapa donde se ubique tanto la región que abandonaste como tu nuevo territorio. Puedes tomar como referencia para este ejercicio la ubicación y la cultura de alguna tribu nativa americana de las que existían en la época de la conquista.

  1. Los primeros ecologistas eran americanos y nacieron hace miles de años

TEMA CENTRAL: "Las cosmovisiones sobre el universo y la vida presentes en las tradiciones ancestrales amerindias contienen en su esencia una filosofía ecologista"

PLANTEAMIENTOS PRINCIPALES DEL CAPITULO:

  • El hombre de las antiguas culturas y tradiciones americanas se consideró, desde siempre, como un Hijo de la Tierra. La Tierra era la Gran Madre y su relación con ella estaba marcada por un respeto, una gratitud y una reverencia inmensos.
  • Entre muchos de nuestros pueblos nativos, no existía el concepto de propiedad de la Tierra. La Tierra no era del hombre, el hombre era de la Tierra.
  • El concepto de propiedad de la tierra se extendió por América a raíz de la llegada del hombre blanco, poniendo fin a aquella relación secular de respeto y reverencia propia de los pueblos nativos.

Hay un hecho que marca y caracteriza las formas de vida de los pueblos aborígenes americanos: el respeto reverencial hacia la Tierra. Se trata de unos pueblos y unas tradiciones donde han existido muchos individuos que, sin dejarse obnubilar por los prodigios tecnológicos de la civilización impuesta por los europeos, han avizorado los peligros que se cernían sobre la especie humana como consecuencia de caminar por esa senda. Thomas Banyacya, jefe indio de una aldea hopi del noreste de Arizona, ha dicho:

"La avanzada capacidad tecnológica del hombre blanco se ha producido como resultado de su falta de consideración hacia la senda espiritual y hacia todos los seres vivos. El anhelo del hombre blanco de posesiones materiales y poder lo ha cegado respecto del dolor que ha causado a la Madre Tierra en busca de lo que él llama recursos naturales".

La Tierra, ha sido milenariamente para el hombre americano la Gran Madre, la Pachamama. De ella, generosamente, proviene no solo todo el alimento que necesitamos, sino también todos los materiales de los que fabricamos los vestidos que nos cubren y las casas que nos cobijan. De la Pachamama provienen además todas las medicinas que nos ayudan a sanarnos.

El hombre americano antiguo se consideró por eso como un Hijo de la Tierra, y cuidó mucho el reverenciar esta relación a la que consideró sagrada. Así lo dice por ejemplo una vieja oración sioux:

"¡Oh Unchi, Ina, nuestra Abuela y Madre, Tú eres sagrada!

Sabemos que nuestros cuerpos han venido de Ti."

Así como queda dicho: "también los cuerpos provienen de la Tierra". Esto me lo dejó ver sagazmente el taita Arturo Chiriboga en una conversación que mantuvimos tiempo atrás más o menos en los siguientes términos: si lo vez bien - me decía - cada bocado que te llevas a la boca es un pedazo de la Madre Tierra. Y una vez que lo ingieres, ese bocado de alimento se transforma y se convierte en todas las partes que constituyen tu cuerpo físico: tu piel, tu sangre, tu pelo, todas tus células. Estás hecho de Tierra y gracias a la Tierra es que tu ser vive y se renueva constantemente.

Después de estas palabras, empecé a entender que aquel considerarse Hijos de la Tierra tan común a tantos pueblos ancestrales de nuestro continente, iba bastante más allá del romanticismo que parece aparentar ante los oídos profanos. Nuestros abuelos se consideraban Hijos de la Tierra porque habían comprendido muy bien esta relación vital entre la Pachamama y nosotros, sus hambrientos retoños. Ahí empecé también a explicarme los cientos de ritos de agradecimiento a la Tierra que tantos pueblos, no solo en América sino en todo el mundo han creado a través de los tiempos. Y es que entablar una relación sagrada implica una actitud : el mantenimiento de un cuidado especial, una atención y unas formas reverentes que despierten en los hombres y en las comunidades el deseo de moverse en armonía con el objeto considerado sacro. Esto está en la esencia misma de la actitud religiosa y es tan consustancial al ser humano como el respirar. Lástima que no solo la Tierra pueda ser considerada objeto de culto, también pueden serlo el dinero o las riquezas materiales.

Pero vivimos tiempos nuevos. Por todas partes en América, desde Alaska hasta el sur de Chile, hay un despertar de nuestras viejas tradiciones espirituales. Por todas partes, cada vez más hombres y mujeres de los pueblos nativos y de los sectores mestizos se vuelcan en búsqueda de los guardianes de la sabiduría ancestral, y vuelven a hacer los caminos iniciáticos que los ponen en contacto con los rituales y ceremonias antiguas de nuestra tierra. Vuelven de ese modo a encontrar los caminos espirituales autóctonos y a recuperar prácticas religiosas que se mantuvieron en la sombra durante siglos. Desde luego, es un camino difícil y a menudo plagado de contradicciones y snobismos. Pero así es como en los últimos años han ido reapareciendo en América lo que podríamos denominar - no sin cierta cautela - los nuevos sacerdotes de nuestras religiones ancestrales. Sin aquellas pretensiones dominadoras o sectarias propias de los sacerdotes de las grandes religiones monoteístas, estos hombres y mujeres han vuelto a levantar los viejos templos nativos en nuestras selvas , cascadas, lagunas, montañas y llanuras. Allí los encontramos ahora, volviendo a orar como lo hacían nuestros bisabuelos indios, agregando también a sus ceremonias - como no - entendimientos acordes con los tiempos modernos; abriendo un espacio en sus rituales para todo aquel que quiera recordar las maneras de ponerse en contacto con el Creador propias de nuestro continente; comprendiendo cada vez más que lo que está renaciendo en América son unas viejas formas de aprender a caminar por la vida con el corazón, y que cuando un hombre o una mujer reencuentran su corazón, no hay manera de imponer caminos, rituales ni ceremonias, porque los distintos caminos son solo modos de encontrar el camino personal de cada uno(a).

La Tierra, muchos de nuestros pueblos nativos lo han sabido desde siempre, es un ser vivo. Los pieles rojas en muchos de sus relatos, llegan incluso a humanizarla. Se trata - afirman - de "una sustancia viva que inyecta vida a todos los que se alimentan de ella. Las plantas, los animales y los seres humanos reciben de ella toda su vitalidad y energía". La relación reverencial que han guardado con ella, es la relación y la reverencia que sus abuelos les enseñaron a guardar para con sus propias Madres, aquellas de quienes recibieron el cuidado, el calor, la protección y el alimento desde antes incluso de venir al mundo. Por tratarse de un ser vivo, está en sus creencias naturales el afirmar que se trata de un "ser con espíritu", de hecho, la consideran una de las fundamentales y más hermosas manifestaciones del Gran Espíritu (el Creador).

Este respeto natural hacia la Tierra se pone en evidencia por ejemplo cuando constatamos que, para los antiguos pobladores de América del Norte, no existía el concepto de "propiedad de la tierra". Cuando los ejércitos de la pujante nueva nación que había sido fundada por George Washington en 1776 empezaron durante el siglo 19 a desplazar y arrinconar en reservaciones a los indios, utilizaron como una de sus estrategias la de proponer la compra de los territorios de los pueblos nativos. Para los indios, esta era una propuesta descabellada, casi aberrante. La Tierra era su Madre y no entendían cómo alguien pudiera venir a proponerles vender a su Madre. Hay una carta famosa, fechada en el año de 1885, en que un jefe indio de la tribu Dwanwish del estado de Washington le responde al presidente W.Pierce sobre este asunto en los siguientes términos:

"¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la Tierra?

Esta idea es extraña para nosotros. Hasta ahora nosotros no somos dueños de la frescura del aire ni del resplandor del agua.

¿Cómo nos lo pueden ustedes comprar? Nosotros decidiremos en nuestro tiempo.

Cada porción de esta Tierra es sagrada para mi gente, cada espina brillante, cada orilla arenosa, cada bruma en el oscuro bosque y cada claro, cada zumbador insecto es sagrado en la memoria y en la experiencia de mi gente.

Nosotros sabemos que el hombre blanco no entiende nuestras costumbres. Para él, un pedazo de tierra es igual a otro, porque él es un extraño que viene y toma de la Tierra lo que necesita. La Tierra no es su hermana sino su enemiga. Cuando la ha conquistado sigue adelante..."

Búfalo Tigre, un indio miccosukee, (también norteamericano)lo decía también en sus propias palabras:

"No nos corresponde a nosotros los indios decir esta tierra es mía. Solamente la utilizamos. Es el hombre blanco quien compra la tierra y la cerca. Los indios no pueden hacer eso, pues la tierra pertenece a todos ellos, y pertenece a Dios, como ustedes lo llaman. La tierra forma parte de nuestro cuerpo, y somos parte de ella."

Y sin embargo se impuso la fuerza de las armas, y las tierras fueron arrebatadas de cualquier forma. No importó nada, excepto el "progreso", y el progreso se consiguió a costa de devastar inmensos territorios en los cuales, durante cientos de años, los pueblos nativos habían conseguido sobrevivir en armonía con la Tierra. En la misma carta citada, el jefe dwanwish le hace saber al presidente Pierce: "he visto miles de búfalos pudriéndose en las praderas abandonadas por el hombre blanco que pasaba con su tren y mataba. Yo soy un salvaje y no entiendo como el caballo de hierro que fuma puede ser más importante que los búfalos que nosotros matamos para sobrevivir". Se siente en estas líneas el pesar y la alarma que sacuden el corazón del jefe indio ante las maneras nuevas que iba imponiendo la civilización de la máquina y el hierro. La desazón y el desconcierto de quien observa un irrespeto inmenso hacia la vida, y se siente impotente para detenerlo. El hombre blanco triunfó en esta batalla. Las grandes praderas fueron atravesadas de este a oeste por los estruendosos caballos de hierro que fuman. Hacia fines del siglo 19, prácticamente la totalidad de los pueblos originarios de Norteamérica habían sido reducidos en reservaciones donde, poco a poco, se les fue prohibiendo la práctica de sus valores culturales. Como en tantos otros lugares de nuestro continente, los niños indios fueron arrebatados de sus padres para ser educados en las escuelas del hombre blanco. En las extensas y verdes praderas, en los bosques y montañas de esa tierra que había sido honrada y resguardada desde siempre, fue así naciendo "el país más poderoso de la tierra".

Hoy, EE.UU es el principal responsable del deterioro ambiental del planeta. Es sabido que su descomunal aparato militar industrial se mantiene activo a costa de enviar a la atmósfera terrestre las más grandes emisiones de gases nocivos y contaminantes. También es el primer emisor de basura y desechos tóxicos del mundo. Sus gobiernos, sin embargo, se han mantenido virtualmente impasibles ante el clamor de cientos de grupos ecologistas que alrededor del globo vienen clamando desde hace años por medidas que pongan freno a esta situación. La ceguera de los intocables negocios del capital transnacional, parece querer conducirnos por la vía del "american way of life" directo hacia el suicidio global.

Mirando más hacia el sur, encontramos en los Andes concepciones parecidas respecto de la Tierra. Para el antiguo hombre de las montañas andinas, la Pachamama es el centro vital de la existencia, además de un "gran seno materno fecundo, que cobija a todos los seres vivientes y les da el alimento necesario".

Aurelio Díaz Tepancali, indígena de origen mexicano que lidera la Iglesia Nativa Americana, una de las más grandes organizaciones de los pueblos originarios del norte de nuestro continente, declaraba hace no mucho frente a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas:

"Es fundamental para nuestra religiones que se respete a los Líderes Espirituales, las Ceremonias y los elementos e instrumentos sagrados. Para nuestras religiones son sagradas las plumas, las pieles de diversos animales, la pipa y otros instrumentos ceremoniales. Son sagradas también las plantas, los montes, ríos, lagos y la Tierra, como Madre de los pueblos indígenas. Todo esto, por su carácter sagrado, es respetado por nuestra gente, porque es parte inseparable de la cultura de las comunidades, pueblos y naciones indígenas, hijos de la Madre Tierra."

Dentro de esta tradición, lo recordaba Joseph Epes Brown , la Tierra es sagrada también porque "en Ella ponemos nuestros pies, y desde Ella le enviamos nuestras voces a Wakan Tanka". La Tierra es sagrada porque nos sostiene, porque es sobre ella que podemos hacer nuestros caminos y (dentro del plano espiritual) orar y enviar nuestros pedidos y agradecimientos al Gran Espíritu que gobierna la creación. Y es que para el antiguo hombre americano, tal vez lo más importante en la vida es la búsqueda del Espíritu, el reconocimiento de que somos seres espirituales y de que esa relación es, en último término, la que cuenta saber encontrar y mantener. Para Hugo Basile el hecho de que el indígena americano se vincule con el mundo desde la búsqueda del espíritu "lo ha hecho ser mucho más respetuoso y más consciente de su relación y a la vez dependencia de la naturaleza, cosa que el hombre civilizado ha maltratado hasta poner en peligro la misma existencia humana".

Los movimientos ecologistas, hay que decirlo finalmente, aparecieron en la segunda mitad del siglo veinte como respuesta a los evidentes signos de deterioro ambiental provocados por el modo de vida occidental en nuestro planeta. En las pocas décadas que llevan trabajando en los distintos campos del conservacionismo, han conseguido cuando menos sensibilizarnos respecto del grave problema a que se ve abocada la humanidad contemporánea. Pero estamos en una carrera contra el tiempo y todavía tendrán que morir generaciones enteras de hombres y mujeres que nacieron y crecieron ausentes al drama ecológico. Hombres y mujeres que creyeron que la Tierra estaba allí simplemente para proveer al ser humano de todos los recursos que su banal y destructor modo de vida requiriera. Los recursos - hoy lo sabemos bien - no son inagotables, y ya ni siquiera se trata de encontrar consensos para instaurar modelos económicos "sustentables". Se trata, como bien ha reconocido Raimundo Panikkar, de hacer "un pacto de alianza con la Tierra". El movimiento ecologista mundial, debe dar un salto cualitativo y entender que no se trata sencillamente de encontrar "otro modo tecnológico de explotación más racional y duradero de la tierra." Si pretende ser una eco - filosofía digna de tal nombre, este requiere una relación completamente distinta con la tierra. La tierra no es un objeto ni de conocimiento ni de codicia. La tierra es parte de nosotros mismos. "La paz con la tierra - señala Panikkar - excluye la victoria sobre la tierra, su sumisión y su explotación para nuestro uso y consumo. Requiere colaboración, correlación y nueva consciencia. "

Esta nueva relación, esta nueva consciencia, este pacto de alianza y paz entre el hombre y la Tierra, es una lección y un legado que la civilización industrialista y de consumo puede aprender de cualquiera de los pueblos y grupos que continúan practicando las antiguas tradiciones nativas. Antes de que apareciera el primer movimiento ecologista en el mundo, mucho antes, los hombres y mujeres de nuestro continente, aquellos que conservaban las antiguas cosmovisiones nativas, sabían bien la importancia de mantener la armonía con la Tierra y todas sus criaturas. Podemos afirmar, en ese sentido, que nuestros pueblos nativos tenían una "conciencia ecologista natural", pues al considerar sagrada su relación con la Madre Tierra, eran virtualmente incapaces de atentar contra ella. Sabían tomar de la naturaleza lo estrictamente necesario para su supervivencia, con la confianza de que la Madre Tierra seguiría alimentando a sus hijos como desde el principio de los tiempos.

Hoy en día, pueblos como los Sioux, trabajan en la fusión de la espiritualidad indígena con el movimiento ecologista. Han creado, por ejemplo, la Ceremonia del Día de la Tierra, un ritual de agradecimiento y respeto donde, desde prácticas tradicionales sioux, se alimenta en las nuevas generaciones la conciencia de la importancia del cuidado del medio ambiente, en las distintas formas en que se presenta, como manifestación de los 4 elementos generadores dela vida: el Agua, el Aire, el Fuego y la Tierra.

"La Ceremonia del día de la Tierra - relata Eagle Man - se lleva a cabo en el campo, donde se invoca a las cuatro direcciones, así como a los poderes de la tierra y el cielo, para hacerle saber a estas energías que la gente está dando todo su apoyo y respeto a la Madre Tierra. Reconocer a las direcciones es una parte común de las ceremonias nativas, pero aquí está relacionado con el tema ambiental".

La conciencia ecologista, vale decirlo para terminar esta parte, es ya parte consubstancial del mundo actual, es más, es el marco dentro del cual ya no puede dejar de pensarse el tema del desarrollo futuro de nuestra especie. El "ecologismo natural" de los pueblos y tradiciones nativas, puede aportar entonces la visión de la profunda unidad y dependencia que existe entre el género humano y la naturaleza. Se trata de una visión que, bien entendida, topa el plano espiritual del ser humano, pues es a ese nivel donde el espíritu de la Tierra (como manifestación del Gran Espíritu Creador), está irrevocablemente ligado al espíritu del hombre. Tal vez las cosas empiecen a mejorar cuando empecemos a entender - como bien lo sabían nuestros abuelos y lo siguen repitiendo hasta el cansancio nuestros hombres de medicina - que:

"... aquello que le hago a la Tierra, me lo hago a mí mismo; y aquello que me hago a mí mismo, se lo hago también a la Tierra. Porque en el plano de los espíritus, todos somos parientes; todos estamos interrelacionados".

NECESITAMOS APRENDER A RESPETAR LA TIERRA

"Las formas aborígenes de economía no pueden satisfacer, por supuesto, las necesidades de una población mundial en desarrollo que se aproxima ya a los 6 billones. Pero el conocimiento, y en especial, los valores de las gentes que los practican son vitales. La comunidad científica ha empezado a investigar recientemente las habilidades de los aborígenes en su aprovechamiento de los recursos. Pero es sobre todo su sabiduría la que se necesita en la cultura occidental. Todos necesitamos aprender a respetar la Tierra, a conservar los recursos, una equitativa distribución de la riqueza, armonía, equilibrio y una modesta colaboración (...) Hoy día, todas las naciones siguen un camino de autodestrucción. La lección de los pueblos aborígenes es vivir con, no contra, el único mundo que tenemos".

JULIAN BURGER

IDEAS PARA TRABAJAR EN CLASE

  • Trata de visualizar en tu mente la imagen de la Tierra como una Gran Madre de todas las criaturas que habitan en este planeta. Encuentra ahora similitudes entre los papeles que cumple cualquier madre y los papeles que cumple la Tierra que entren dentro de esta idea central de la Tierra como una Gran Madre. Por ejemplo: la Tierra, a través del agua de sus ríos, nos limpia, igual que lo hace nuestra madre cuando nos bañaba en la tina cuando niños.
  • Recoge en una lista aquellos de los planteamientos propuestos por el Seathl, el jefe indio de la tribu dwanwish (consta como Anexo 1 de este libro) que te parezcan de actualidad. Expón tus razones.
  • Redacta el texto de una ley que propondrías a tu gobierno si fueras un legislador destinada a precautelar el medio ambiente. Haz referencia en ella a la sabiduría con la que muchos pueblos nativos de este continente y del mundo han desarrollado sus formas de vida sin atentar contra el equilibrio de los ecosistemas. (Puedes inspirarte en el texto de Julián Burger. "Necesitamos aprender a respetar la Tierra").

  1. Volviendo a reconocer a los dadores de la vida

TEMA CENTRAL: "La importancia del culto a los cuatro elementos dentro de las tradiciones nativas americanas"

PLANTEAMIENTOS PRINCIPALES DEL CAPITULO:

  • Para nuestras cosmovisiones nativas, todo lo que existe está profundamente interrelacionado (Todos somos Uno). Todo lo que existe comparte, desde una perspectiva espiritual, la esencia del Creador y es por ello sagrado. No es, por otra parte, secreto para nadie en este tiempo, la íntima relación de interdependencia que guardan todas las especies y elementos naturales del planeta. Atentar contra la vida o la integridad de cualquiera de ellos, es atentar contra el conjunto de la vida sobre la Tierra.
  • Como consecuencia de esta concepción, nuestros pueblos nativos reconocen que la naturaleza es parte integrante de la vida social, así como la sociedad es parte de la naturaleza.
  • El culto a los cuatro elementos y sus manifestaciones está presente en diversas tradiciones espirituales nativas. Se trata, en esencia, de un reconocimiento hacia las fuentes de las cuales proviene y gracias a las cuales se sostiene la vida del hombre en este planeta.

 

Metakioasin: todos somos parientes

Hay una frase en idioma lakota: "Metakioasin". Quiere decir: "Todos estamos interrelacionados." Se pronuncia en diversos momentos de las ceremonias de medicina que hoy vuelven a celebrarse en distintos puntos de nuestro continente, a la usanza de nuestros antepasados. Aurelio Díaz Tepancalli es uno de los líderes indígenas herederos de la sabiduría y las tradiciones antiguas del norte de nuestro continente, y desde principios de los años 90 ha recorrido diversos países no solo de América sino también de Europa enseñando los rituales conservados por su pueblo desde hace centurias, buscando hombres y mujeres interesados en volver a sentarse en un círculo frente al fuego para recuperar la memoria de algunas de las formas de la espiritualidad nativa americana. Compartiendo con él algunas ceremonias realizadas en el año 1999 en un lugar de la sierra sur de los Andes ecuatorianos, pude escuchar de sus labios una explicación más detallada del Metakioasin, especie de "mantra" que ocupa un lugar destacado tanto en el ceremonial como en la concepción misma que sobre la vida ha heredado de sus antepasados. Para Tepancalli, Metakioasin es una fórmula muy amplia, ya que su sentido literal ("todos estamos interrelacionados"), no es ni mucho menos el único en que se utiliza. Quiere decir también, por ejemplo: "todos somos parientes", pues todas las criaturas somos hijos de un mismo padre (el Sol) y de una misma madre (la Tierra). Por eso, Metakioasin se usa también para significar: "todos somos hermanos". Pero como el lakota reconoce la esencia espiritual del universo en que habitamos, dice también en ocasiones: "todos somos Uno", pues el Espíritu lo cubre todo, y a todos. "A veces cuando nos reunimos para comer peyote en nuestros círculos de sanación - me decía Tepancalli en aquella ocasión - la medicina nos brinda la visión de esta interconexión absoluta y sagrada de todos los seres. Quien la ha contemplado, puede haber visto el universo como una gigantesca telaraña de haces luminosos que penetran e interrelacionan todo lo que existe".

Alce Negro, uno de los más renombrados jefes de la tradición sioux, que vivió hasta la tercera década del siglo XX, tiene también enseñanzas a este respecto:

"Debemos comprender que todas las cosas son obra del Gran Espíritu. Debemos saber que El está en todas las cosas: en los árboles, las hierbas, los ríos, las montañas, y todos los cuadrúpedos y los pueblos alados; y, lo que es aún más importante, debemos comprender que El está también más allá de todas estas cosas y de todos estos seres. Cuando hayamos comprendido todo esto profundamente en nuestros corazones, temerosos, amaremos y conoceremos al Gran Espíritu..."

Audrey J. Butt, un antropólogo estudioso de las tradiciones de los kapón - pemón de Venezuela, afirma que para estos pueblos "todas las vidas son una", y lo que cambia, aquello en que reconocen diferencias en los seres vivos, es tan solo la infinita variedad de sus encarnaciones. Señala también que los actos de invocación a los espíritus de la naturaleza que realizan los kapón - pemón en sus ceremonias, "reafirman la suposición de una unidad y poder de comunicación a través de todas las partes del universo y cada contacto ritualizado reactualiza el hecho de la interdependencia y de la comunión. La naturaleza es así en último término una parte integral de la sociedad al igual que ésta lo es de la naturaleza."

En la esencia del vínculo profundo de los antiguos pobladores de diversas partes de América con la Tierra, podemos detectar una manera específica de percibir, una conciencia: toda la vida está inseparablemente interrelacionada. "Los mundos material y espiritual - señala Burger a este respecto - se entrelazan en estas concepciones formando un tejido en el que todos los seres vivos comparten un significado sagrado".

Lo importante del reconocimiento de esta interrelación, de esta concepción que reconoce la identidad espiritual de todos los seres, es que además se convierte en el pilar de una ética sencilla pero muy efectiva que regula eficientemente el comportamiento de quienes se comprometen con esta creencia. Al asumir al otro como "sí mismo", al romper la separación ilusoria que aparece cuando la percepción está concentrada solo en el mundo físico, el ser humano poco a poco entiende la importancia de estar atento a todas sus relaciones, y va surgiendo una cierta cautela, un cuidado natural hacia todos los seres, pues empieza a estar presente la conciencia de que aquello que le hago a lo otros, de algún modo me lo hago a mí mismo, y viceversa.

Los dadores de la vida

He mencionado ya el respeto y la reverencia que las tradiciones antiguas de América mantenían hacia los 4 elementos fundamentales: la Tierra, el Agua, el Fuego y el Aire. Este respeto estaba basado en una consideración fundamental: nuestros antepasados estaban conscientes de la estrecha relación y dependencia que guarda la vida del hombre con estos 4 elementos. Para explicármelo de una manera sencilla, Popocateptl, un joven chamán con quien comparto una vieja amistad desde principios de los años 90, me contaba cierto día: "para nuestros abuelos indios, había sólo 4 cosas a los que ellos se permitían aplicar el calificativo de "necesarias": la tierra, el fuego, el aire y el agua. Quita uno solo de esos 4 elementos y la vida misma del ser humano deja de ser posible. Ahí tienes una razón sencilla por la que es importante guardar el inmenso respeto que guardamos para con estos 4 abuelos: ellos son los dadores de la vida, la vida proviene de ellos y nosotros simplemente - como nuestros viejos - hemos aprendido a agradecer constantemente ese regalo".

Son cuatro elementos, y el cuatro, como advierte Germán Rodríguez, representa la constitución material de nuestro universo, pues la materia (mater = madre) está formada por 4 elementos.

Tenemos en primer lugar a la Tierra, que es lo que confiere solidez, lo que da estabilidad, endurece y aísla, tanto en la dimensión de lo físico, lo psíquico y también en lo espiritual. A semejanza de la Tierra, las madres (humanas y animales) poseen la capacidad de convertir su propio cuerpo en alimento para sus hijos. En la tierra yacen los huesos y la carne de nuestros antepasados, y como estamos hechos de Tierra, nuestros antepasados viven también en nosotros. "En el vientre paciente y fructífero de nuestra Madre, la Tierra, se esconden los embriones de plantas y hombres", dice Ohiyesa. Y la tierra es, además, legítima dadora de conocimiento, pues - como todos los demás elementos - "ha estado aquí mucho antes del aparecimiento del alma humana, y como es más vieja, posee una experiencia mucho mayor que la del hombre".

En segundo lugar está el Agua, que tiene el poder de unir, amalgamar y también el de disolver. Que enseña fluidez y también adaptabilidad, es decir, la capacidad plástica de tomar cualquier forma . El Agua que nos enseña a ser transparentes, que es símbolo de vida y generación, que limpia y purifica. Todavía hoy en día, muchas ceremonias indígenas en nuestro continente, empiezan con un lavatorio ritual.Benito Vidal, en sus Historias Mágicas de los indios de Norteamérica, describe una bella tradición piel roja donde se puede apreciar la vital presencia de este elemento para estos pueblos:

"Todos los días, el indio piel roja descendía a las riberas del río que generalmente estaba muy cerca de su poblado o campamento. En él se purificaba bañándose, acto con que higienizaba tanto su cuerpo como su alma. Después, una vez cumplido este rito socio religioso, quedaba en paz, en silencio, apartado del bullicio de la tribu, en éxtasis y meditando. Normalmente acudía sólo al río. Y si le acompañaba alguno de su clan o de su propia familia, o su propia esposa, jamás debían llegar juntos a las aguas, porque cada alma debía permanecer sola en su comunión matinal con el sol y la tierra, perfumada y regenerada el alma por el gran silencio de la noche."

Está en tercer lugar el Aire, que es lo que expande, difunde y relaciona. Está presente en el aliento del hombre y del animal, ese aliento por el cual - relatan muchas de las tradiciones religiosas de la Tierra - el Creador infunde vida en sus criaturas. El Aire es, por tanto, señal inequívoca de la presencia de la vida en el hombre, y cuando la vida lo abandona, se extingue también la presencia del Aire, del aliento. Además, el Aire es el vehículo de la luz.

Y finalmente está el Fuego, lo que dinamiza, transforma y libera. "El fuego que está siempre relacionado con el concepto de purificación, energía primaria, vida, calor, civilización (en el sentido más amplio de Conocimiento Superior)". El Fuego que es el Sol mismo y que preside desde el centro muchos de los círculos ceremoniales y rituales nocturnos de nuestros pueblos. El Fuego que, como me lo dejaba ver en cierta ocasión el taita Marco Vásquez, un chamán que vive en uno de los valles aledaños a Quito, "tiene el poder de reunir una familia, porque tú enciendes un fuego , y enseguida el fuego convoca a tus amigos". Acampábamos en aquella ocasión en un cerro cercano a una de las ciudades del sur del Ecuador más de cien hombres y mujeres venidos de todo el continente para volver a recordar uno de los rituales más bellos y conmovedores de nuestras tierras de América: una danza del sol lakota. Había un fuego encendido en el círculo de ceremonias del campamento y a alguien se le ocurrió difundir el rumor de que no era conveniente prender ningún otro fuego adicional. Pero por la noche, un par de traviesos niños, ignorantes de las formalidades rituales, encendieron un fuego para calentarse a un costado del campamento. Una hora más tarde, había alrededor de ese fuego infantil más de dos docenas de hombres y mujeres, muchos de ellos entablando amistad por primera vez, calentándose un café en la hoguera, compartiendo sus historias y sus bromas. Mientras esta "familia" se había reunido espontánea y mágicamente alrededor de este fuego de los niños, en el fuego central del círculo ceremonial, un hombre solitario nos observaba desde lo lejos: era el hombre que quería un solo fuego en el campamento.

Es interesante anotar que los 4 elementos, están presentes (bajo distintas apariencias) en muchas tradiciones, que aún cuando no son específicamente originarias de nuestro continente, se han asentado por vía de las corrientes migratorias. Este es, por ejemplo, el caso de los santeros cubanos, herederos de las tradiciones negras venidas con los esclavos africanos, algunas de cuyas deidades contienen, en sus poderes, los de los 4 elementos que venimos mencionando. Así, en el panteón de los dioses de la negritud, tenemos por ejemplo a Oggún, dios del hierro y la tierra, una de cuyas virtudes es la creatividad; están también Obatalá (dios del aire) y Yemayá (dios del mar), y finalmente el poderoso Changó, dios del trueno y el rayo, que simboliza la verdad, la claridad y la justicia, principios todos relacionados en múltiples culturas con el Sol.

LA INTERRELACION ESPIRITUAL DE TODOS LOS SERES Y ELEMENTOS

"En nuestra herencia, nuestros Abuelos dicen: "IN LAKESH A LAKE", Tú eres yo, yo soy tú. Nosotros miramos al Gran Espíritu y decimos: Tú eres yo, yo soy tú. De esa manera vemos el Misterio, de esta manera nos vemos a nosotros mismos"

AURELIO DIAZ TEPANCALLI

LOS DADORES DE LA VIDA

"Para nuestras filosofías, el Sol es nuestro Padre que da el calor y la energía a la vida. La Tierra es nuestra Madre, fecundadora de vida y dadora de los alimentos. El Aire es nuestro hermano que todos respiramos y compartimos. El Agua es nuestra hermana, fuente de vida de la cual todos bebemos. Estos 4 elementos son sagrados, así nos lo dijeron nuestros antepasados y nosotros tenemos el derecho de respetarlos y transmitir sus enseñanzas a las generaciones futuras".

AURELIO DIAZ TEPANCALI

IDEAS PARA TRABAJAR EN CLASE

  • La ciencia contemporánea ha desarrollado artefactos tecnológicos capaces de "hacer visible" el aura (el halo de luz o energía que emiten los seres humanos y otros seres y elementos). El invento diseñado para tal efecto se conoce como "fotografía Kirlian"y es una especie de cámara para tomar fotografías de auras. Imagina entonces que tienes una super cámara Kirlian y que desde una montaña muy alta puedes tomar la foto del aura que emiten todos los seres y las cosas de una de nuestras grandes ciudades. Elabora un dibujo de lo que se vería en esa fotografía.

Un dato adicional: hay chamanes que afirman haber contemplado en ciertas visiones la "interrelación" que existe entre todos los seres y las cosas del universo. Dicen que en esa visión, todos los seres y las cosas aparecen "interconectados" por una especie de haces luminosos formando un diseño parecido al de una tela de araña.

  • Escribe un ensayo donde analices el valor ecológico que pueden contener aquellas religiones que, desde antaño, consideraban sagrados a los cuatro elementos de la naturaleza: la Tierra, el Fuego, el Aire y el Agua.

  1. El culto a las direcciones sagradas

TEMA CENTRAL: "El culto a las direcciones sagradas del universo"

PLANTEAMIENTOS PRINCIPALES DEL CAPITULO:

  • Conjuntamente con el culto hacia los cuatro elementos, es común a distintas tradiciones nativas americanas el culto hacia las direcciones sagradas del universo.
  • En la creencia del antiguo hombre americano, en esas direcciones habitan espíritus que poseen cualidades específicas que pueden ser convocadas para auxiliar y mejorar la vida del hombre. En muchos de los rituales y ceremonias nativas de distintos pueblos de nuestro continente, podemos reconocible la presencia de estas invocaciones.

En múltiples pueblos nativos de América, existe el culto a las Direcciones Sagradas del Universo. Dependiendo de la tradición de que se trate, a veces se reconocen cuatro y a veces siete direcciones sagradas. Cuando es el cuatro el número prevaleciente, las direcciones coinciden con los cuatro puntos cardinales: el Norte, el Sur, el Este y el Oeste. Cuando se trata de una cultura que reconoce siete direcciones, a las cuatro anteriores se agregan tres más: Arriba (el cielo), Abajo (la tierra) y el Centro (Uno mismo).

En algunas de las tradiciones de América del Norte, se tiene la creencia de que hay poderes que habitan en cada una de las direcciones, que se consideran por esta razón, sagradas. Eagle Man, un chamán canadiense, relata su manera de invocar estos poderes en una ceremonia:

"Empiezo invocando el poder del Oeste, mientras pienso en las lluvias dadoras de vida y en el mundo siempre presente de los espíritus. Luego, invoco el poder del Norte, la fuente de resistencia, fuerza, veracidad y honestidad, que son cualidades necesarias para recorrer el camino del bien en la vida. Luego invoco el poder del Este. El Este es donde el sol nace, y el sol nos trae sabiduría, la esencia de la espiritualidad. Sin sabiduría, nos volvemos ignorantes y causamos daño a nosotros y a otros. La cuarta energía es el poder del Sur, que nos trae abundancia, medicina y crecimiento."

Para Benito Vidal, la creencia en las existencia de siete direcciones sagradas del universo es, junto con el culto a la Tierra, el tema común que unifica las tradiciones de todos los pueblos nativos de Norteamérica.

En la tradición antigua de los aztecas, encontramos una interesante correspondencia entre las cuatro direcciones y los cuatro elementos a los que nos hemos referido hace poco. Federico González, un estudioso de la simbología precolombina dice:

"Es sabido que las Eras, llamadas Soles, estaban emparentadas con los elementos; el Sol de Aire es el que encabeza la ronda de la famosa Piedra del Sol. Se lo encuentra ubicado en el Este, y seguido al Norte por el Fuego, al Oeste por el Agua y al Sur por la Tierra, según el curioso orden que se expresa igualmente en códices y documentos:"

Alce Negro, jefe sioux oglala al que ya nos hemos referido en otra parte, encuentra también una correspondencia simbólica entre las 4 cintas de su pipa con las cuatro direcciones del universo:

"La negra representa el Oeste, donde habitan los seres del trueno para enviarnos la lluvia. La blanca, al Norte, de donde procede el gran viento blanco que limpia; la roja, al Este, donde brota la luz y donde vive la estrella de la mañana que otorga sabiduría a los hombres; la amarilla, al Sur, de donde proviene el verano y el poder para crecer."

La presencia del culto a las direcciones se encuentra también en los diseños de muchas ceremonias nativas, sobre todo en las de los pueblos del norte del continente. Está presente en la invocación que hacen los cargadores de pipacuando encienden este instrumento sagrado para expresar sus oraciones o conversar con su gente. También la encontramos en ceremonias como la búsqueda de visión o el temascal. Cuando nos adentramos en la práctica de estos rituales, empezamos poco a poco a entender la magnífica correspondencia simbólica que hay - dentro de los diseños ceremoniales - entre la ubicación de ciertos participantes, sus funciones dentro de las ceremonias y los poderes de las direcciones.

INVOCACION DE ESPIRITUS

"Entre los Kapón y Pemón tienen mucha fuerza los taren (invocaciones) que adquieren la forma de oraciones o "recitales poéticos" que se usan cotidianamente para invocar espíritus cuyas cualidades (poderes) pueden contrarrestar otros cuyas cualidades están afectando a la persona o a la comunidad".

AUDREY BUTT

IDEAS PARA TRABAJAR EN CLASE

  • Los viejos poetas épicos de la Grecia antigua (Homero y Hesíodo), iniciaban sus largos cantos invocando la inspiración de las musas. ¿Crees que existe alguna relación entre esta costumbre de los poetas griegos y las invocaciones a los espíritus o poderes de las direcciones sagradas del universo que realizan muchos de los chamanes de los cultos nativos americanos?
  • He aquí un juego para que lo compartas con un pequeño grupo de compañeros: luego de realizar un pequeño ejercicio de relajación, aquieta tus pensamientos y trata de poner tu mente en blanco. Dirige luego tu mirada hacia el Norte e invoca respetuosamente el poder espiritual de esa dirección. Mantente tranquilo y espera a ver qué aparece en tu mente. El mensaje puede llegar bajo la forma de un recuerdo, de una imagen mental, una sensación o un sentimiento. Cualquier cosa que aparezca vale. Ejecuta el mismo procedimiento con los otros tres puntos cardinales. Uno de tus compañeros anotará el "mensaje" que hayas recibido de cada dirección. Después de que varios compañeros hayan realizado el mismo ejercicio, comparen los mensajes que cada uno recibió de cada dirección y vean si es que hay similitudes entre el tipo de mensajes recibidos. Un dato importante: antes de invocar el poder espiritual de la primera dirección y mientras aquietas tu mente, envía mentalmente al cielo un propósito para el pequeño ritual: recibir mensajes que te ayuden en tu crecimiento espiritual. Durante el juego, confía mucho en tu intuición.

  1. El tabaco y el poder de la palabra: la ceremonia de la pipa sagrada.

TEMA CENTRAL: "El tabaco: una planta sagrada para nuestros pueblos ancestrales"

PLANTEAMIENTOS PRINCIPALES DEL CAPITULO:

  • El tabaco es una planta originaria del continente americano. En la cosmovisión de muchos pueblos nativos americanos, el tabaco era considerado una planta "profesora" y se usaba básicamente para dos cosas: para curar (en muchos de los rituales de la medicina chamánica aborigen) o para orar.
  • El uso comercial y la transformación del tabaco en simple objeto de consumo es responsabilidad de los colonizadores europeos que nunca entendieron la sacralidad de sus usos.
  • La ceremonia de la pipa sagrada de los pueblos pieles rojas es uno de los más bellos legados sobrevivientes de la tradición amerindia. La pipa, ha sido desde siempre para esos pueblos un instrumento para educar a sus generaciones en la verdad, en la expresión del sentimiento del corazón. También ha servido para concientizar a sus hombres y mujeres en el uso de la palabra como un instrumento muy poderoso, que bien puede ser utilizado para sanar o para enfermar.

Hay una planta sagrada que está presente virtualmente en todas las ceremonias de la medicina tradicional y chamánica de las distintas tradiciones americanas, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego: el tabaco. Son múltiples las concepciones y los usos que se le asignan, pero es cuando menos curioso que un elemento tan vilipendiado por la medicina y la cultura moderna de occidente, se encuentre tan presente en las prácticas medicinales nativas.

El tabaco es una planta nativa de nuestro continente. Los europeos la descubrieron después de la llegada de Colón y, desde allí, su uso se extendió hacia todos los rincones del planeta. Nació así el uso comercial del tabaco. Pero el tabaco tenía entre nuestros pueblos un uso ceremonial. Servía básicamente para dos cosas: para curar y para orar. Era también, como otras plantas consideradas sagradas, una planta "profesora":

"Existen muchas plantas profesoras, y de acuerdo con Luna, el tabaco puede - de cierta forma - ser considerada hasta más importante que la ayahuasca, pues él actúa como mediador entre el vegetalista y los espíritus de las plantas. Como dice uno de sus informantes: "sin tabaco, no se puede usar ningún vegetal..." El tabaco es tenido como purificador del cuerpo en tanto ayuda a expulsar la enfermedad. También es considerado como la comida de los espíritus. El dominio del uso del tabaco, fumado, ingerido o inhalado por la nariz es un aspecto de la iniciación chamánica de todos los informantes de este investigador. El tabaco está siempre presente en las sesiones de ayahuasca realizadas por los maestros peruanos".

Los antiguos sioux relataban la historia de como el mismo Gran Espíritu había hecho el regalo del tabaco a los hombres. Una bella leyenda india cuenta que, hace muchísimos siglos, hubo un tiempo en que el Gran Espíritu vivía con los hombres y los hombres percibían nítidamente su presencia y convivían cotidianamente con su Creador. Pero algo ocurrió y el Gran Espíritu se enojó con los hombres, y decidió partir e irse para el cielo. Los hombres, muy acongojados, oraron y suplicaron al Gran Espíritu que no los abandonara, pero todo fue inútil. Pidieron entonces que por lo menos les diese un medio para entablar comunicación de manera efectiva con El. Y cuenta la historia que del mismo suelo que había sido regado por las lágrimas de estos hombres suplicantes, brotó la primera planta del tabaco. Los hombres entendieron entonces que esta planta era el medio que el Gran Espíritu había ofrecido a los hombres para comunicarse con El. Desde el principio mismo, dicen los relatos de distintos pueblos nativos norteamericanos, el tabaco fue una planta sagrada. Los tatarabuelos de los tatarabuelos, en la noche de los tiempos, aprendieron que debía ser usada para orar.

Cuando los primeros europeos llegaron a nuestro continente, en su afán de perseguir y extirpar lo que denominaron "idolatrías" y "herejías", o simplemente prácticas diabólicas, toparon con el tabaco. Hay relatos de los cronistas de Indias que muestran la percepción que los sacerdotes católicos tuvieron de las distintas ceremonias donde se utilizaba esta planta: el diablo está presente con frecuencia en esos relatos. Como todo fumador novato, debieron probablemente sentir los mareos que provoca el fumar, y decidieron que aquello solo podía ser vehículo de la maldad. Lo condenaron y a veces prohibieron frontalmente su consumo. Pero más temprano que tarde, se fue imponiendo esta seductora costumbre de echar humo por la boca, y las prohibiciones se fueron levantando. Pocos siglos más tarde, la industria del consumo de puros y cigarrillos se extendió por el mundo entero, de la mano de los colonizadores blancos que fueron propagando esta nueva costumbre aprendida en América. Pero lo que no aprendieron, lo que no entendieron posiblemente nunca, era que el tabaco ha sido históricamente para muchos de nuestros pueblos nativos su planta más reverenciada. Su uso no era comercial sino ritual. Los chamanes lo utilizaban en sus ceremonias de curación. Los cargadores de pipa lo usaban para invocar sus espíritus protectores. En las tradiciones de algunos pueblos, los abuelos o los padres preparaban tabacos envueltos en hojitas de maíz simplemente para conversar con su familia, en el entendimiento de que el tabaco tenía el poder de hacer visible el aliento (el espíritu) de las personas, y de que era una forma para poner al Creador como testigo de las conversaciones. El tabaco daba así una dimensión sacra a la existencia cotidiana.

Ciervo Blanco de Otoño, jefe indio de uno de los pueblos nativos explica a su manera las consecuencias que tuvo este "mal uso" de la planta sagrada:

"Cuando los europeos empezaron a usar el tabaco, lo vieron como un mercado y así corrompieron su función. Ahora está siendo mal usado, y tú puedes ver lo que sucede cuando un regalo que se ha dado se mal usa".

Personalmente, llevo investigando ya más de una década las distintas formas del chamanismo, especialmente el americano. He tenido la suerte de estar presente en decenas de ceremonias y presenciar el trabajo de algunos chamanes. Todos, de un modo u otro, "trabajan" con tabaco. No he visto encender tabacos - dentro de las ceremonias - por el simple "placer de fumar".

De entre los usos sagrados que distintas tradiciones en nuestra tierra han dado al tabaco, sobresale por su belleza y simbolismo sin duda la tradición de la pipa sagrada. El origen de su uso se pierde en la noche de los tiempos. Se trata de un instrumento propio de los hombres y las mujeres de casi la totalidad de las antiguas tribus de América del Norte. En la actualidad, muchos herederos de estos pueblos, siguen manteniendo viva la tradición. Como toda pipa, las pipas sagradas están constituidas de dos partes fundamentales: un caño o cañón, que es la parte por la que se inhala el humo del tabaco, y un recipiente, denominado por algunos pueblos "cazoleta", que es la parte en la que se coloca el tabaco. Adicionalmente, las "chanupas" (así se denominan también las pipas sagradas) suelen estar ataviadas con plumas, cintas de colores o figurillas de plata que representan plantas profesoras o animales. Se trata de aditamentos que generalmente han sido puestos por el dueño de la pipa y su simbolismo es personal y muy variado. El cañón de la pipa, representa la parte masculina del instrumento, y la cazoleta su parte femenina. De este modo, cuando se enciende ceremonialmente una chanupa, simbólicamente se está haciendo también un enlace entre las energías "macho" y las energías "hembra", que constituyen (juntas) las dos polaridades complementarias que conforman todo lo que existe. Para Ciervo Blanco de Otoño, heredero de la tradición lakota, "la ceremonia de la pipa es un ritual sagrado para conectar los mundos físico y espiritual. La pipa es un eslabón entre la tierra y el cielo. Nada es más sagrado, porque la pipa es nuestras oraciones en forma física. El humo se convierte en nuestras palabras; surge, toca todo, y se convierte en una parte de todo lo que es (...) La razón para usar el tabaco es para conectar los mundos es que las raíces de las plantas penetran profundamente en la tierra y su humo sube alto hacia los cielos". Ed McGaa (Eagle Man), un sioux oglala, dice por su parte que la mayoría de las ceremonias de pipa tienen la misma intención: "invocar y agradecer a las seis energías".

En una de las versiones más conocidas, la pipa fue un regalo que la "mujer bisonte blanco" le hizo al pueblo indio para que pudiera comunicarse con el Gran Espíritu. Entre las instrucciones originales que este ser mítico dio a los hombres, estaba el entendimiento de que la pipa era una suerte de arco con el cual disparar flechas hacia el mundo de los espíritus. Las flechas, son las palabras que se elevan mientras se fuma.

También, dentro de la antigua tradición india, se encuentran con mucha frecuencia relatos que hablan de la pipa como una "maestra de la palabra", y es que la palabra, para nuestros abuelos indios, era también sagrada. Antes de encargarle a un hombre o a una mujer la responsabilidad de convertirse en un "cargador de pipa", los ancianos de la tribu debían haberse percatado de que el cargador era un ser humano que había aprendido a manejar su palabra con cautela. Con la pipa, igual que con el tabaco fumado de otras maneras, se dice "solo la verdad", pues la sinceridad (entendida como la expresión auténtica de aquello que anida en el corazón del hombre) es uno de los valores o cualidades que con más empeño cultivaban nuestros antepasados. El saludo ritual a las distintas direcciones del universo, simboliza también el llamado que se hace a todos los espíritus que vigilan con su poder la creación, para que escuchen a quien los invoca. Cuando un cargador de pipa se dirige a las direcciones de esta manera, está invocando a todo el universo para que lo escuche, en la confianza de que su palabra, dicha con sinceridad de esta manera, siempre es atendida por aquellos poderes.

Aún cuando se trata de un instrumento ritual históricamente vinculado con los pueblos de América del Norte, desde hace algunos años, su tradición ha empezado también a difundirse por Sudamérica. En el año de 1992, coincidiendo con algunos de los múltiples actos conmemorativos del denominado "Quinto centenario" de la llegada de los europeos a América, llegó al Ecuador Aurelio Díaz Tepancali, jefe de la Iglesia Nativa Americana y líder espiritual de 7 fuegos sagrados de 7 pueblos nativos norteamericanos. Lo conocí en el año de 1995, cuando llevaba ya cuatro años visitando distintos grupos de indígenas y mestizos ecuatorianos para compartir con ellos distintas ceremonias de su tradición. En sus propias palabras, él venía con la misión sagrada de unir las tradiciones del Cóndor y del Águila. Una de las tradiciones que llegó al Ecuador con este líder espiritual nativo, fue precisamente la de la pipa. Según Tepancali, para convertirse en un cargador de pipa, un hombre o una mujer debe haber hecho previamente un compromiso sagrado con los espíritus. Este compromiso, dura un tiempo mínimo de 4 años en que el aspirante a cargador de pipa, debe subir a la montaña una vez cada año a buscar una visión en silencio y soledad. Transcurrido este tiempo, el aspirante ha hecho el camino iniciático necesario para asumir la responsabilidad de ser un cargador de la pipa sagrada, y es considerado así mismo un guardián de la tradición. La pipa, suele ser entregada a su cuidador en una pequeña ceremonia previa a su última subida a la montaña, el cuarto año de su compromiso. Por representar la palabra del hombre, la pipa no puede ser encendida durante todos los días que dura el ayuno en la montaña, pues el ritual de la búsqueda de visión establece que, al recibir la pipa, el aspirante entrega ritualmente su palabra y asume el compromiso de permanecer en silencio durante todos los días que dure su permanencia en la montaña. Cuando baja de la montaña, un hombre de medicina es el encargado de encender por primera vez su pipa, presentarla a todas las direcciones sagradas , y dársela por primera vez para que envíe su voz a todos los poderes del universo.

Hasta donde yo conozco, durante los diez años transcurridos desde la venida de Tepancali al Ecuador, aproximadamente un centenar de hombres y mujeres de nuestra tierra han hecho los rituales y el camino de iniciación descritos y se han convertido en guardianes de la tradición de la pipa sagrada. Y conozco también muchos que, ahora mismo, están en camino de llegar a serlo.

La tradición de la pipa o chanupa sagrada es la tradición de los guerreros de nuestro continente, de aquellos que fueron aprendiendo ritos para transmitir a sus generaciones los valores fundamentales a través de los cuales querían vivir y disfrutar la vida. Es la tradición de la "verdad a cualquier precio", pues el antiguo indio de nuestras tierras no era un político, y desconocía (o no le interesaba) el uso de la palabra como estrategia de engaño para adquirir poder dentro de su comunidad. Según nos cuenta Ohiyesa, mentir era, desde el principio, una ofensa capital entre los pueblos ancestrales del norte. "Creyendo que el mentiroso intencional es capaz de cometer cualquier crimen detrás de la mampara de falsedad y la traición cobarde - dice -, el destructor de la confianza mutua era rápidamente matado, para que el mal no pudiese continuar." Así de severas eran las leyes indias antiguas, pero se pueden contar con las manos los casos de relatos donde se hable de la aplicación de esta pena tan severa. Simplemente la palabra de un hombre o una mujer era sagrada, era - para muchos - su bien más preciado, y a nadie se le ocurría irse por ahí contando mentirillas por temor o para obtener ventaja.

Hemos dicho líneas más arriba que la palabra - para los hombres herederos de estas tradiciones - era sagrada. Pero era considerada de esta manera, porque en la tradición antigua estaba también el conocimiento de que la palabra era depositaria de un poder muy grande. La palabra dicha con la pipa o con el tabaco liado, la palabra cantada, la palabra impresa en lenguajes alfabéticos o simbólicos, la palabra pensada, todas las posibilidades de la palabra, eran formas distintas de un poder del que el hombre podía volverse consciente; un poder que se puede invocar, y un poder que se puede manejar para mejorar o para dañar la vida. En la experiencia de cualquiera está el comprobar, de manera sencilla, la presencia permanente de este poder. Baste con recordar la cantidad de ocasiones en que unas "simples palabras" han sido el bálsamo necesario para sacarnos de nuestros estados de desánimo o desazón, cuántas veces las "sencillas palabras" de un amigo nos han sumergido en estados de regocijo o alegría. Porque la palabra, como rezan a veces los chamanes nahuas, es también "una medicina". O un veneno. "Todo depende de la ‘dirección’ que aquel que habla le de a sus palabras; todo depende de la intención que esté latiendo en el corazón de aquel que emite las palabras", como le gusta decir en sus ceremonias de curación al taita Arturo Chiriboga. Porque también con palabras muchas veces hemos permitido que nos hieran, o que nos infundan temor.

Hablando de esta "función mágica" de la palabra Audrey Butt relata un bellísimo ejemplo tomado de la cultura de uno de los pueblos nativos de América del Sur:

"La convicción básica en el pensamiento Kapón y Pemón, aquella que subyace a sus prácticas de invocación, es la de que una situación o estado puede ser cambiado y remediado de acuerdo a la intención del que invoca, y que esto se logra llamando por su nombre y yuxtaponiendo un ancestro primario. Esta energía ancestral (pia) es escogida de acuerdo con las características y cualidades que se necesitan para resolver el problema que se tiene entre manos. Por ejemplo, después de dar a luz, las mujeres a veces sufren dolores en el útero y tienen hemorragias excesivas. Para curar esto, los Pemón invocan a Marutu Pachi Pia, el ancestro Maruk de las mujeres. El pájaro Maruk se dice que nunca se moja los pies o sus plumas y así, siendo la representación de la sequedad, se lo invoca a causa de esta característica para que drene el útero."

Los magos y chamanes de todas las tradiciones del mundo, suelen ser maestros del "encantamiento", es decir, de la palabra hecha canto y usada en función mágica y las canciones suelen representar momentos fundamentales dentro de sus ceremonias. Con la palabra hecha canto, se establece una "conexión" especial con las dimensiones espirituales, se convoca la presencia de determinadas fuerzas para que actúen y produzcan el cambio específico que aquel que canta está intentando, ya sea en sí mismo, o en los otros. Con la palabra hecha canto, podemos llegar a sumergirnos (como en efecto nos sucede a menudo, aunque de manera inconsciente) en estados de ánimo específicos que se constituyen en las palancas desde las cuales impulsamos nuestros ser hacia el cielo o hacia la tierra; o, en cualquier caso, hacia donde estemos queriendo ir con nuestras vidas. Nuestros antiguos eran muy conscientes de ello. Por eso las madres cantaban determinadas canciones a sus niños incluso desde el vientre, y los sacerdotes entonaban cantos de despedida para aquellos que abandonaban la vida, cantos destinados a aliviar el pesar de los vivos y también a abrir el camino del difunto hacia el "reino del Espíritu". Había cantos para invocar el valor cuando se iba a la guerra, y también cantos para agradecer el calor y la vida que nos viene del Sol; cantos para "llamar" a la lluvia o para agradecer la infinita generosidad con que la Tierra nos brinda el alimento cada día. Cantos para desear una unión larga y muchos hijos a los recién casados y cantos para celebrar alegre o ferozmente el valor de un guerrero. Cantos para atraer los animales, el pescado o los frutos de los que se alimenta la comunidad. Cantos, muchos mágicos cantos comunicando al hombre con los otros espíritus de la Creación y dando color a la vida de nuestros pueblos de América. Muchos bellísimos cantos deliberadamente conscientes de su poder de sanar o enfermar. Lo que no se conocía, era el canto como vehículo de enriquecimiento personal, o de manipulación de las pasiones y los sentimientos de las masas: el canto banalizado, el canto como forma de evasión de la realidad.

LA "PIPA DE LA PAZ"

"Para un indio es inconcebible romper su palabra después de fumar la pipa. En el pasado, la firma de los tratados iba acompañada de ceremonias de pipa, porque los indios creían que fumando la pipa afianzarían el acuerdo. Nadie cometería el error de mentir o retractarse de su palabra una vez que se fumaba la pipa, porque la pipa era el vehículo para llevar su palabra al Creador. Por supuesto, todos sabemos que el gobierno de los Estados Unidos no compartía estas comprensiones, y enviaba representantes a los indios para usar la pipa como medio de decepción."

LA PIPA: UN INSTRUMENTO PARA HABLAR CON LA VERDAD

"Has enviado una vos con tu pipa a Wakan Tanka (el Gran Espíritu). Esta pipa ahora es muy sagrada, pues el universo entero la ha visto. ¡Así que dinos la verdad y asegúrate de no inventar nada! Puesto que estás a punto de poner la pipa en tu boca, debes decirnos nada más que la verdad. La pipa es wakan (sagrada) y sabe todas las cosas; tú no puedes engañarla."

IDEAS PARA TRABAJAR EN CLASE

  • El tabaco, es una planta originaria de América y antes de la llegada de los españoles nuestros nativos lo usaban básicamente para dos cosas: curar (en sus ceremonias de medicina chamánica) y para orar (como una forma de enviar un aliento visible a los cielos). Los europeos lo descubrieron tras la conquista y más temprano que tarde, lo convirtieron en un simple objeto de consumo. Nació también con ellos la industria del tabaco.

¿Puedes señalar otras plantas u objetos que en sus orígenes tenían un uso "ritual" o "ceremonial" y que luego la civilización occidental convirtió en simples mercancías de consumo?

  • Escribe un pequeño guión para dramatizar una ceremonia de pipa, tal como la realizaban los indios de norteamérica. Inspírate en los textos sobre la pipa sagrada que se acompañan al final de este capítulo.

 

  1. Búsqueda de visión y ayunos rituales

TEMA CENTRAL: "El ritual de la búsqueda de visión y otras formas de ayuno ritual"

PLANTEAMIENTOS PRINCIPALES DEL CAPITULO:

  • Hay un viejo ritual propio de los indios nativos de norteamérica: la búsqueda de visión. Entre otros, su propósito es cultivar en el ser humano cuatro cualidades que se consideran fundamentales. Humildad, voluntad, sinceridad e integridad.
  • El silencio, es una cualidad muy rara en nuestras ruidosas sociedades contemporáneas que han ideado múltiples artefactos para mantenernos "distraídos". Así, es rara la ocasión en que podemos estar realmente en contacto con nosotros mismos. Sin autocontacto, no hay autoconocimiento, ni tampoco crecimiento y madurez del espíritu. La búsqueda de visión, es un rito que valora mucho el silencio. En la soledad de la montaña, el buscador de visión se mantiene durante días en silencio absoluto, sin distracciones, tomando contacto con su ser interior.
  • Otra práctica que ha sido muy cultivada por nuestros pueblos es la del ayuno ritual. Cumple, en primer lugar, una función medicinal y terapéutica, pues proporciona descanso a los órganos internos y limpieza al organismo en general. Pero cumple también una función espiritual. Quien ha practicado cualquier tipo de ayuno, puede testimoniar que "con la barriga vacía" el espíritu se afina y las funciones de la mente se clarifican.

 El ritual de la búsqueda de visión de los indios de Norteamérica.

Subir a la montaña. Encontrarse frente a frente con el Creador. Un tiempo en soledad para poder mirarse uno mismo sin perturbaciones, sin los distractores de que acostumbramos echar mano en la vida cotidiana para escapar de nosotros mismos, para no mirar aquello que nos disgusta, aquello que tememos, aquello que yace en nuestro lado obscuro y que es parte integrante de nuestro ser.

La primera vez que escuché los relatos que describían el viejo ritual piel roja de la búsqueda de visión sentí temor. También sentí admiración por aquellos guerreros que tenían el atrevimiento de subir a la montaña y quedarse varios días a la intemperie, en silencio y soledad absolutos, ayunando para purificar sus cuerpos, con solo una cobija para protegerse del frío por las noches.

Muchos pueblos pieles rojas conservan hasta la actualidad distintos diseños del antiguo rito de la búsqueda de visión. En términos generales, la experiencia básica es la misma: un ayuno ritual en silencio y soledad que se realiza en una montaña consagrada previamente para el efecto, durante un determinado número de días. Este número varía según los diseños y las tradiciones. También hay rituales parecidos entre algunos pueblos de Sudamérica.

Los lakotas suelen denominarlo "imploración de la visión" y lo entienden como un tiempo en que cualquier hombre o mujer asciende a una montaña para "plañir".

"Hay muchas razones para ir a la cima solitaria de una montaña a "plañir". Algunos hombres reciben una visión cuando son muy jóvenes y cuando no lo esperan, y ellos van a plañir para entenderla mejor. Plañimos si deseamos volvernos valientes para una prueba severa. Algunas personas plañen para pedir algún favor al Gran Espíritu, como curar a un pariente enfermo. También plañimos como una acción de gracias por algún gran regalo que el Gran Espíritu nos haya dado. Pero quizá la razón más importante para plañir es que nos ayuda a comprender nuestra unión con todas las cosas, a saber que todas las cosas son parientes nuestros".

En el año de 1999, tuve la ocasión de presenciar por primera vez un ritual piel roja de búsqueda de visión. Años antes, chamanes venidos desde México y Norteamérica habían consagrado una montaña en el sur del Ecuador para este efecto. Hasta donde tengo noticia, era la primera vez que este tipo de ritual se iba a celebrar en el Ecuador. Más de una cincuentena de buscadores de visión subieron en aquella oportunidad a la montaña.

El ritual empieza, para cada buscador de visión, semanas antes de su ascenso a la montaña. Como preparativo para el ritual, debe confeccionar primero una larga hilera de pequeños atados de tabaco, 365 en total. Cada atado representa un día del año y la hilera contiene los "rezos" que, con la atención debida, el buscador ha puesto con su palabra al Gran Espíritu. La hilera de rezos contiene, si se quiere, los propósitos con los que el hombre o la mujer van a subir a la montaña a implorar una visión. También se confeccionan 7 bastones y 7 banderas, una por cada uno de los colores y las direcciones sagradas del universo. Cuando el buscador es "sembrado en la montaña" por un hombre de medicina de la tradición, cuatro banderas se clavan en cada uno de los 4 puntos cardinales, y con la hilera de rezos de tabaco se forma un cerco dentro del cual el buscador permanece durante todos los días que dura su imploración de la visión. Dentro del cerco, suele haber un árbol que le dará compañía, sombra y cobijo. En la tradición piel roja que estoy describiendo, los buscadores de visión ponen su palabra y hacen un compromiso de subir durante 4 años a la montaña. Un año por cada una de las 4 direcciones que señalan los puntos cardinales, y un año por cada uno de los 4 colores sagrados que representan estas direcciones

El primer año, su compromiso es subir 4 días a la montaña, a implorar su visión mirando a la dirección del Este, el lugar por donde salen el sol y la luz, el lugar por donde viene la sabiduría. Los 365 atados de tabaco, están envueltos este primer año en pedazos de tela de color rojo, y la cualidad que se implora es la humildad.

El segundo año, se sube durante 7 días a la montaña y se realiza la búsqueda de visión mirando al Sur, la dirección por donde viene y se va la vida, la dirección de la medicina. Los rezos se envuelven este año en telas de color amarillo y la virtud que se implora es la voluntad.

El tercer año la estancia en la montaña se prolonga por 9 días. La dirección del rezo es el Oeste, el sitio por donde se oculta el sol, la región de la oscuridad, del inconsciente. La cualidad que se busca en este tercer año es la sinceridad, la verdad del corazón.

Y el cuarto y último año se cierra el círculo permaneciendo en la montaña durante 13 días. Se reza mirando al Norte dentro de un cerco de rezos color blanco. El Norte representa la región del frío, de los vientos fuertes y de la fuerza. El buscador de visión implora este año por su integridad.

El complejo y bello diseño de la búsqueda de visión resulta ser pues un círculo donde el implorador de la visión hace un camino para honrar los colores de las cuatro direcciones, aprendiendo intuitivamente de su simbolismo. Al mismo tiempo, el ritual es una manera antigua y mágica de cultivar cada una de las 4 cualidades descritas: humildad, voluntad, sinceridad e integridad, que son los valores más apreciados por la sabiduría piel roja.

La humildad, está representada corporalmente por las piernas del ser humano. Dicen los viejos chamanes que es lo primero que un guerrero debe cultivar porque sin buenas piernas, es difícil sostenerse y es imposible aprender a caminar bien por la vida. Cuando el guerrero empieza a comprender lo que es verdaderamente la humildad, sus piernas se fortalecen como de manera mágica. La humildad tiene que ver con la aceptación de la "propia suerte", tal cual venga y se presente. Don Juan, el famoso indio yaqui que fue maestro de Castaneda, le decía alguna vez, hablando de este tema, que la humildad no tiene nada que ver con esa manía de "agachar la cabeza" que muchas veces nos han enseñado para mejor domesticarnos. La humildad del guerrero consiste en el cultivo del valor de aprender a mirar limpiamente a los ojos a quien quiera. "El guerrero - decía Don Juan - no agacha la cabeza ante nadie, pero al mismo tiempo no permite que nadie agache la cabeza ante él". Y Charles Eastman (OHIYESA) dice también al respecto: "el primer americano mezclaba una humildad singular con su orgullo. La arrogancia espiritual era extraña su naturaleza y enseñanza. Nunca sostuvo que el poder del lenguaje articulado fuera prueba de superioridad sobre toda la creación; para él es más bien un don peligroso."

La voluntad, corporalmente está representada por el vientre, y más precisamente por un conocido centro energético que está ubicado un poco por debajo del ombligo y al que los hindúes - por ejemplo - denominan "jara". Caminando con humildad, ese guerrero espiritual que es un buscador de visión va hacia el encuentro de su voluntad. La voluntad confiere equilibrio, disminuye la duda y afina la capacidad de tomar decisiones. Un guerrero que ha conquistado su voluntad, es también un guerrero que ha aprendido paciencia, y con ella, la bella cualidad de la perseverancia. Este guerrero puede empezar a caminar en pos de sus sueños, con la confianza de que, más temprano o más tarde, su empeño le conducirá hacia los objetivos que se ha propuesto.

La sinceridad, es casi un perogrullo, está representada por el corazón pero además se relaciona con la entonación de la conciencia corporal. La mente, tras un arduo camino de atención y autovigilancia, poco a poco se va aquietando. El diálogo interno va cesando y empezamos a escuchar a nuestro cuerpo. El guerrero empieza a valorar sus sentimientos, sus "ganas", y se deja llevar por lo que quiere. No se trata de un silenciamiento total de los pensamientos. Se trata de que los pensamientos, las imágenes y palabras que usamos para explicarnos y para describir y asimilar la existencia, empiezan a ser guiados por nuestro corazón. Para decirlo en una frase: la mente deja de caminar contra para caminar con el corazón. El guerrero recibe entonces la bendición de la claridad y la paz espiritual.

Y finalmente está la integridad. La cualidad que cierra el círculo. Un buscador de visión que ha conquistado la integridad - dicen los ancianos de esta tradición - es un ser humano "unificado". Cuerpo, mente y espíritu son tres dimensiones que están presentes, "integradamente", en nuestro ser y en cada acto de nuestra existencia. Ya no hay más separación. La presencia del Espíritu es constante y evidente cada momento de vida, y es la luz que ilumina al guerrero y le va diciendo que está de nuevo en casa.

Un viejo diseño de la tradición lakota, establece rigurosas formas de comportamiento para los guerreros que hacen el ritual de la búsqueda de visión. Contempla, por ejemplo, la obligación de gemir y llorar todo el tiempo posible mientras dura la estadía en la montaña.

"Al entrar en el lugar sagrado (el cerco donde va a realizarse la búsqueda de visión), el "plañidero" va directamente hacia el centro, donde se para de cara al oeste y, sosteniendo la pipa sagrada con ambas manos, continúa llorando. Luego, caminando muy despacio, va al poste del oeste, donde ofrece su oración, y luego regresa al centro. De la misma manera va a los postes del norte, este y sur, siempre regresando al centro cada vez. Luego eleva su pipa a los cielos, pidiendo ayuda a los alados y a todas las cosas, apuntando luego el tallo de la pipa hacia la Tierra, pidiendo la ayuda de todo lo que crece en nuestra Madre".

Los buscadores de visión, los chamanes, y muchos hombres y mujeres educados en las viejas tradiciones espirituales de nuestra tierra tienen una característica: su religiosidad. Esta religiosidad se expresa no sólo en la reverencia y el respeto con el que se realizan rituales como el de la búsqueda de visión, sino en las diversas "formas meditativas" de que está provista la vida cotidiana de este tipo de hombres y mujeres. Cuando hablo de "formas meditativas", me refiero a las múltiples prácticas y técnicas diseñadas por las diversas culturas americanas para producir en el ser humano aquello que todas las viejas tradiciones espirituales de los cinco continentes consideran "la puerta hacia el reino del Espíritu": la cesación del diálogo interno. Sin "silencio interior", es muy difícil afinar nuestra percepción para poder capturar las sutiles manifestaciones de los mundos espirituales. La vida cotidiana de muchos de nuestros pueblos indígenas, está repleta de este tipo de prácticas, y esta es una riqueza sobre la que, en mi criterio, no se ha puesto todavía suficiente atención por parte de los estudiosos de las tradiciones nativas. El término "meditación", cada vez más al alcance de la comprensión de todos a raíz de la popularización de las tradiciones orientales en nuestro continente, nos evoca imágenes de seres humanos sentados con las piernas cruzadas, la espalda erguida y pronunciando monótonamente palabras destinadas a mejorar la concentración del practicante (mantras). Pero es interesante descubrir que, dentro de nuestras culturas nativas, se han desarrollado a lo largo de los siglos nuestras propias "formas de meditación". Don Juan le enseñaba a Castaneda por ejemplo a caminar entornando la mirada de una manera especial, atento al horizonte y sin enfocarla en ningún objeto específico. Esta forma de caminar - lo puede saber quien la ha practicado - ayuda a silenciar de manera natural el diálogo interno. Pero también ayuda el ritmo monótono del sonido del tambor que tocan muchos chamanes en sus ceremonias o las "caminatas de atención" que aprendió Víctor Sánchez en sus estadías con los huicholes de las sierras mexicanas.

El valor del silencio

Subir a la montaña es abrir un paréntesis en la forma ruidosa en que transcurre nuestra vida moderna para estar a solas con el silencio. Cotidianamente, la cultura occidental ha creado decenas de "distractores" que cumplen, entre otras, la función de mantener alejado al ser humano de sí mismo. Empleamos mucho de nuestro tiempo en actividades destinadas a proporcionarnos los medios para el sustento diario. Hay incluso algunos que ocupan todo su tiempo de vida en esto. Por donde vamos, encontramos el miedo de "no poseer", y encontramos millones de hombres y mujeres gastando toda su energía vital en proveerse de todas las posesiones materiales que ayuden a espantar este temor. Y cuando no estamos trabajando, las más de las veces estamos "distraídos". Nuestra mente vuela casi todo el tiempo del recuerdo de las frustraciones del pasado hacia la esperanza en que nos sumergen nuestras ensoñaciones futuras. Decimos que "descansamos" mirando la televisión, escuchando la radio, hablando interminablemente por teléfono. Es verdaderamente mínimo el tiempo que destinamos a estar a solas con nosotros mismos, sintiendo nuestro cuerpo, observando nuestros pensamientos, en fin, conociéndonos un poco. El silencio y la soledad, son vividos por la mayor parte de hombres y mujeres como dos enemigos a los que hay que combatir sin tregua. Para eso están diseñados los superartefactos de que nos ha rodeado hasta el exceso esta era de las comunicaciones. El artefacto que falta inventar, sin embargo, es aquel que permita al ser humano entrar en plena comunicación con su silencio y su soledad sin temor y reverentemente; el artefacto que ayude al ser humano a comunicarse con el ser frecuentemente más olvidado de la creación: El mismo.

Pero nada perturba al implorador de una visión. Excepto su cobija y su tabaco o su pipa, no lleva a la montaña ningún instrumento en el cual pueda concentrar su atención para "distraerse". Allá arriba, en el silencio y la soledad, sólo se tiene a sí mismo y tarde o temprano descubre que, cuando se silencian los pensamientos y el espíritu se expande hacia la totalidad de la creación, él puede estar muy bien a solas consigo mismo como en la mejor de las compañías. Y es que el silencio mismo es el Gran Espíritu. ¿Cómo entender esta afirmación? Dice René Guenón:

"Primero, puede recordarse a propósito que el verdadero "misterio" es esencial y exclusivamente lo inexpresable, que no puede evidentemente estar representado sino por el silencio; pero además, siendo el Gran Misterio (el Gran Espíritu) lo no manifestado, el mismo silencio, que es propiamente un estado de no manifestación, es como una participación o una conformidad con la naturaleza del Principio supremo, con Dios mismo:"

En el silencio, afirma el mismo autor analizando la cultura de los antiguos indios de Norteamérica, el indio va al encuentro del Espíritu, y es ese equilibrio entre mente, cuerpo y espíritu el que le permite encontrarlo en su propio silencio interno. "La adoración ante el Gran Misterio era silenciosa, solitaria, sin complicación interior. Era silenciosa porque todo discurso es, necesariamente, débil e imperfecto (...) Era solitaria porque pensaban que Dios está más cerca de nosotros en la soledad, y los sacerdotes no estaban allí para servir de intermediarios entre el hombre y el Creador".

Si le preguntas a un indio "¿Qué es el silencio?" - afirma Charles Eastman -, responderá: "¡Es el Gran Misterio! ¡El silencio sagrado es Su voz!". Si preguntas por sus frutos, él dirá: "Son el autocontrol, la verdadera valentía o resistencia, la paciencia, la dignidad y la reverencia. El silencio es la piedra angular sobre la que se construye el carácter."

Otros ejemplos de ayunos rituales

Hay, finalmente, un elemento de esta tradición de la búsqueda de visión que me queda por analizar: el ayuno. Para muchos buscadores de visión, esta es la verdadera prueba que deben atravesar en su búsqueda de una visión que aclare su camino en la vida. En el silencio y la soledad de la montaña, el buscador de visión se somete adicionalmente a un ayuno total. Dentro de la tradición piel roja de los 4 años, los 4 colores y las 4 direcciones que he descrito en páginas anteriores, el diseño del ritual de la búsqueda de visión estipula que, en el primer año (cuando se efectúa la subida a la montaña por 4 días), el implorador de la visión se privará completamente del agua y el alimento. En los años posteriores, cuando aumenta el número de días en que se debe permanecer en la montaña, hay reglas que estipulan un apoyo para el buscador con algo de agua y alimento (en cantidades mínimas siempre), cada cierto número de días. Pero ¿cuál es la función que cumple el ayuno dentro de esta experiencia? A primera vista, hay una primera función que podemos denominar "medicinal". El cuerpo, liberado por un tiempo del alimento, pone a descansar todos los órganos internos relacionados con el esfuerzo digestivo. Pero al mismo tiempo, el organismo entero se permite una "limpieza general" de sus toxinas. Hay, empero, una razón mejor que está detrás de la práctica del ayuno. Cuando el cuerpo está más limpio y liviano, dicen los chamanes de muchas tradiciones, se afina el Espíritu. Dicen también, adicionalmente, que casi todas las enfermedades que padece el ser humano "entran por su boca".

Edward Mac.Rae, en un estudio sobre la tradición de los bebedores de ayahuasca del culto del Santo Daime, refiere otras razones por las cuales - en esta tradición - se practica el ayuno:

"Todos los vegetalistas afirman que seguir la dieta es el camino de la sabiduría. Ellos dicen que la dieta no enflaquece y que, aunque perdieran peso, sus cuerpos se tornan más fuertes y resistentes y hasta cambian de olor. También afirman que cuando siguen esta dieta, sus mentes funcionan de forma diferente, la observación y la memoria se agudizan. Es la misma naturaleza que les revela sus secretos. Sus sueños se vuelven claros e instructivos. De esta forma, la dieta puede tener una función de desencadenar un estado de conciencia alterada durante el período de aprendizaje."

María Bozzoli ha estudiado los sistemas simbólicos que sustentan la visión del mundo de los bribris, una etnia nativa de la cordillera de Talamanca, en Costa Rica. Dentro de la sociedad tradicional bribri, el ayuno ritual está extendido como en casi ninguna otra. Los bribris mantienen, al interior de su cultura, hábitos soci