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8. El Rio De La Plata (Buenos Aires - 1869)
E1 12 de octubre de 1868 asume la presidencia de la Nación Domingo Faustino Sarmiento al tiempo que hace lo propio como vicepresidente Adolfo Alsina.
A mediados de noviembre de 1869 José Hernández se establece en Buenos Aires. El 6 de agosto aparece el primer número de «El Río de la Plata». La administración y redacción funcionaba en la calle Victoria 202.
El diario enarbola fundamentalmente banderas de autonomía municipal, abolición de contingentes de fronteras y elección popular de jueces de paz, comandantes militares y consejeros escolares.
«El Río de la Plata» se editó en un formato tipo sábana y aparecía por la mañana. Juan Recalde figuraba como regente y editor.
Pagés Larraya (ibid., p. 54) hace una caracterización de la situación de la prensa al momento de la aparición de este medio:
"El Río de la Plata se fundó en un instante de singular florecimiento del periodismo argentino. Sin contar otras publicaciones menores, aparecían por entonces El Nacional fundado por Vélez Sársfield y favorable a la política de Sarmiento; La Tribuna de los hijos de Florencio Varela; La Nación Argentina de los Gutiérrez que, adquirida por Mitre, se editó desde el 4 de enero de 1870 con el título de La Nación y La Prensa, fundada el 18 de octubre de 1869 y a la cual pasaron tres de los redactores del Río de la Plata: Estanislao S. Zeballos, Cosme Mariño y Aurelio Herrera. "
Posteriormente Pagés Larraya (ibid., p. 55) describe al medio y su actitud política:
" Diario de combate en hora de bullentes pasiones políticas, El Río de la Plata se caracterizó por su tono equilibrado y por la ausencia de ataques personales, recurso que por entonces era tan habitual en la prensa y bordeaba casi siempre lo calumnioso. Salta a luz El Río de la Plata a menos de un año de la asunción del mando presidencial por parte de Sarmiento y combatía su gobierno con serenidad, a la par que atacaba con más violencia al partido liberal de Mitre, entonces en la oposición. Pero más que la crítica de lo contingente el periódico de Hernández procuró afrontar los problemas fundamentales y no resueltos de la nacionalidad."
Hernández se ocupará en «El Río de la Plata» del tema social que luego desarrollaría en abundancia en su poema: el gaucho. Beatríz Sarlo (1979, p. 3s.) desglosa esa problemática del siguiente modo:
"En 1869, Hernández fundó en Buenos Aires un periódico, El Río de la Plata. Allí publicó una serie de artículos que constituyen algo así como el cañamazo de ideas que el Martín Fierro elaborará literariamente: el problema de las fronteras con el indio y su defensa, la iniquidad de que ésta repose exclusivamente sobre el habitante pobre de la campaña que es arrancado de su hogar para ser arrojado al fortín, convertido en una suerte de prisionero, desecho por la indigencia y mortificado por la arbitrariedad de las autoridades militares y civiles.
Es el gobierno, afirma Hernández, el que «convierte al gaucho en matrero, en delincuente, en asesino»."
Porque para los sectores intelectuales y la élite gobernante el vocablo gaucho era justamente sinónimo de delincuente. Pérez Amuchástegui (1977, p. 229) afirma:
"La conciencia antigaucha de los intelectuales se universalizó después de Caseros; Urquiza perdió el apoyo de la élite en tanto adoptó actitudes gauchescas. Después de Pavón, cuando se inicia la estructura nacional de la triunfante oligarquía paternalista, la voz 'gaucho' y sus derivados se reserva para las huestes del Chacho Peñaloza y sus pares. Y cuando ya no quedan mas 'gauchos montoneros' se aplica la notación despectiva de 'gaucho' a los 'bárbaros' de la campaña que, en un país ávido de europeizarse, pretenden mantener formas anquilosadas de tradicionalismo criollo. Para esta época serán gauchos esos 'salvajes' que sólo sirven para seguir a Felipe Varela o a los Taboada, según el bando... "
La guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay era también un mecanismo para la extirpación formal y material del gaucho mediante las conscripciones forzosas.
Pagés Larraya (ibid. p. 56 s.) indica que si bien los artículos de Hernández aparecidos en «E1 Río de la Plata» no han sido firmados, resultan claramente identificables por los siguientes elementos:
"a) Se trata de artículos editoriales, que siempre escribía el director del periódico, en este caso Hernández. b) Hay coincidencias con los temas tratados por Hernández antes y después de El Río de la Plata. c) Hay coincidencias estilísticas. d) Hay repetición exacta o próxima de expresiones suyas usadas en otros lugares."
E1 19 de agosto de 1869 Hernández publicaba en «El Río de la Plata» el artículo titulado «Hijos y entenados» en el que sostenía:
"Tiempo es ya que los gobiernos empiecen a preocuparse de aplicar al mal remedios eficaces, para garantirnos de sus invasiones y se deje de girar perpetuamente en derredor de un círculo vicioso.
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¿Qué se consigue con el sistema actual de los contingentes?. Empieza por introducirse una perturbación profunda en el hogar del habitante de la campaña. Arrebatado a sus labores, a su familia, quitáis un miembro útil a la sociedad que lo reclama, para convertirlo en un elemento de desquicio e inmoralidad.
Parece que lo menos que se quisiera fomentar es la población laboriosa de la campaña o que nuestros gobiernos quisieran hacer purgar como un delito oprobioso el hecho de nacer en el territorio argentino y de levantar en la campaña la humilde choza del gaucho.
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Es la campaña, pues, fuente de nuestra riqueza y de nuestro porvenir económico y social, la que necesita de garantías, de medidas liberales y protectoras. Es necesario desarrollar su industria, fomentar la población nacional, escudar al ciudadano contra los atentados de la fuerza.
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Nosotros nos pronunciamos no sólo contra el atentado que envuelve la reglamentación actual del servicio de fronteras, sino contra la ceguedad que así nos arrastra al precipicio y así desconoce nuestros más fundamentales intereses." (Pagés Larraya, ibid., p. 197ss).
El 20 de agosto de 1869 «El Río de la Plata» publicaba el artículo titulado «El Peligro de la Oposición» que decía:
"La oposición es siempre útil a los pueblos y a los gobiernos por más que muchas veces sea apasionada e injusta. Ella es un testimonio de la liberalidad de las instituciones y del respeto de la autoridad hacia los derechos que consagran.
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Más sirve a los gobiernos la prensa opositora, que la prensa oficial, porque aquella señala siempre los errores y los escollos mientras que ésta se empeña en facilitar el camino y en oscurecer la verdad que hiere y deslumbra. No faltará nunca a los gobiernos, apóstoles de la idea que aplaudiesen sus buenos actos y los alentasen en la ruta del bien ¿A qué, pues, buscar la dudosa sinceridad del aplauso interesado?
Decíamos que la oposición es siempre útil y mucho más allí donde el error tiene sus sacerdotes, que se empeñan la más de las veces en hacernos comulgar con ruedas de molino. La exageración de la oposición en la prensa, se destruye por si misma, como los globos de jabón se desvanecen en el aire. No combatimos pues la oposición, no le negamos su razón de ser y no podríamos negarla sin suicidarnos. Los derechos son solidarios y la máxima evangélica que aconseja no desear al prójimo mal que no queramos para nosotros, encierra una profunda enseñanza moral" (Pagés Larraya, ibid., p. 184 ss).
El 22 de agosto Hernández insertaba en «El Río de la Plata» la nota que llevaba por título el interrogante ¿Qué civilización es la de los matanzas? en la cual con la dureza de su prédica social señalaba, entre otros conceptos:
"La frontera, decíamos debe ser guardada por tropas de líneas, organizadas por medio de enganche. Este es el medio legítimo de custodiarlas y de su adopción no se resiente ningún principio, no se afecta derecho alguno."
"Los ejércitos de fronteras no sólo deben tener armas: deben estar además munidos de instrumentos de trabajo".
"No sólo deben salvar a la campaña de las invasiones de los indios sino que deben fructificar la tierra que pueblan, apropiándola a su existencia y bienestar.
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Ofrezca el gobierno esas ventajas positivas y no le faltarán brazos que contraer a la defensa y a la colonización de las fronteras. Si nuestros gauchos, si los que vagan hoy sin ocupación y sin trabajo obtienen además del salario correspondiente un pedazo de tierra para improvisar en él su habitación y los instrumentos necesarios, se le liga más y más a la defensa de la línea fronteriza, porque ya no serán sólo los intereses extraños los que ampararía sino sus propios intereses.
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La experiencia ha demostrado el absurdo de las combinaciones hasta hay adoptadas para arrebatar a los indios el señorío del desierto.
La idea de llevarles una guerra ofensiva para exterminarlos, que algunos han emitido en la prensa y hasta en opúsculos que se han impreso bajo la protección oficial, no ha dado los resultados con que soñaban los autores. Y decimos felizmente, porque si eso hubiese tenido lugar habría sido para mengua de nuestros gobiernos, que no habrían descubierto un medio más en armonía con nuestros sentimientos humanitarios y cristianos de neutralizar el mal y hacer al salvaje mismo partícipe de los beneficios de la civilización.
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Nosotros no tenemos el derecho de expulsar a los indios del territorio y menos de exterminarlos. La civilización sólo puede dar los derechos que se deriven de ella misma" (Pagés Larraya, ibid., p. 206 ss).
E1 1° de setiembre de 1869 «El Río de la Plata» publicaba un artículo titulado: «La división de la tierra» que entre otros conceptos aseveraba:
"Los gobiernos que no deben tener ni aún la inspiración de ser propietarios, se empeñan entre nosotros, en arrebatar las grandes empresas de progreso, a la acción fecundante del individuo y en vez de buscar el restablecimiento del equilibrio industrial, introducen de esta manera una honda perturbación en la marcha económica de la sociedad.
En vez de despojarse de falsas atribuciones devolviéndolas al pueblo a quien pertenecen, nuestros gobiernos se arrogan facultades monstruosas, estableciendo privilegios y monopolios odiosos en favor del que está encargado precisamente, como ya lo hemos dicho, de asegurarnos los beneficios de nuestras libertades institucionales.
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La sociedad no hace de los gobiernos agentes de comercio, ni los faculta para labrar colosales riquezas, lanzándolos en las especulaciones atrevidas del crédito. La sociedad no podría delegar, sin suicidarse, semejantes funciones, que son el resorte de su actividad y de su iniciativa.
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Las tierras en poder del fisco, no aumentan la renta del Estado, cayo fundamento está en el impuesto y en la población.
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Por medio de la subdivisión de la tierra se atrae una población, cuyo espíritu emprendedor se exita en una lucha profícua y estimulante.
En esta provincia, que tiene en su contra el flagelo de los indios y donde se agita como un problema insoluble la cuestión de fronteras, el medio de resolver en pocos años esta cuestión sería el de fomentar la población industriosa, llevar al desierto las locomotoras del progreso, que traerían a su regreso a nuestros mercados los pingües productos que regala la tierra, a los que la abonan y cultivan." (Pagés Larraya, ibid., p. 193 ss).
E1 3 de octubre, en el editorial titulado «La ciudad y la campaña» se sostiene, entre otros conceptos que:
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El servicio de fronteras, parece haberse ideado como un terrible castigo para el hijo de la campaña.
Los intereses de la campaña ¿ son intereses distintos de los de la ciudad ? No, por cierto.
La campaña y la ciudad, es una misma población, con iguales derechos constitucionales, con idénticos intereses, con aspiraciones confundidas.
Y si esto es así ¿ Cómo se pretende establecer una separación odiosa, inconstitucional?
¿Cómo se pretende que la campaña únicamente, atienda el servicio de las fronteras?
¿Por qué no se hace extensivo ese servicio a los hijos de la ciudad ?
La respuesta es fácil. Porque ese servicio es inicuo y atentatorio. Porque no puede exigirse en la ciudad, donde habría, consumada la violación de un derecho, una protesta energética y una acusación legal.
¿ Y habremos de consentir que se perpetúe la injusticia, la masa de un antagonismo fatal, que puede producir mañana tremendas complicaciones?..."(Pagés Larraya, ibid., p. 189).
El 6 de octubre otro artículo señala:
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«El Río de la Plata» se ha constituido en defensor de ls derechos desconocidos y violentados en el habitante de la campaña.
Ha iniciado y sostenido el medio que lo gobiernos deben recurrir para resolver el servicio de ls fronteras, sin falsear la libertad del ciudadano, sin atentar contra su personalidad, amparada en la Ley.
Los gobiernos necesitan soldados para atender al servicio de la frontera. Pues que ls busquen con sus recursos propios". (Pagés Larraya, ibid., p. 192).
Para finalizar la reseña sobre «El Río de la Plata», resulta interesante señalar la publicación que el periódico de Hernández hiciera los días 19, 20 y 21 de noviembre de 1869. Se trata de unos comentarios sobre las Islas Malvinas remitidos par Augusto Lasserre. Este realizó un viaje a las islas como comisionado especial de una importante compañía de seguros marítimos, la «Asociación de Seguros Mutuos de la Marina Mercante Italiana», con el objeto de realizar una investigación y un peritaje sobre la pérdida total de la barca italiana «Perú» en el puerto de Albemarle.
Con motivo de ese viaje, escribió una «Descripción de un viaje a las Malvinas» publicada, como se dijo, en «E1 Río de la Plata». Dice Gianello (1963, p. 176).
"Sobre esta «Descripción», escrita en forma de carta a Hernández, se hizo un gran silencio. En ella Lasserre hace una minuciosa descripción de las islas y especialmente de Stanley, de su fauna y su flora.
Pero sobre todo, patrióticamente inspirado, su propósito es que se restituya a la soberanía argentina ese usurpado territorio. Examina nuestros justos títulos de dominio y acusa la negligencia de las autoridades argentinas que «imperdonablemente postergaron justicieras reclamaciones que hacen más difícil cada día, la integridad territorial de la República». Su carta es un requerimiento siempre de actualidad para que se comprenda la importancia de esa devolución que en él, nuestro gobierno, se halla en el deber de exigir al gobierno de Su Majestad Británica."
E126 de noviembre, en el N° 92, se publica un extenso artículo titulado «Islas Malvinas. Cuestiones Graves», en el que Hernández señala:
"Los argentinos, especialmente, no han podido olvidar que se trata de una parte muy importante del territorio nacional, usurpada a merced de circunstancias desfavorables, en una época indecisa, en que la nacionalidad luchaba aún con los escollos opuestos a su definitiva organización.
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...deber es muy sagrado de la Nación Argentina, velar par la honra de su nombre, por la integridad de su territorio y por los intereses de los argentinos. Sus derechos no prescriben jamás." (Destéfani, 1982, p. 98s).
E1 11 de abril de 1870 estalla en Entre Ríos un movimiento revolucionario encabezado por el general Ricardo López Jordán, que se venía gestando desde cinco años antes.
Urquiza es asesinado por considerárselo traidor a la causa federal.
En Buenos Aires comenzaron a ser vigilados los nombres de la oposición, entre ellos Hernández que había sido ministro de campaña de Evaristo López y como tal (10 agosto 1868) había refrendado el nombramiento de «Brigadier de la Provincia de Corrientes» para López Jordán. Decide entonces clausurar «E1 Río de la Plata», el 22 de abril de 1870 y en su último editorial dice:
"No queremos asistir en la prensa al espectáculo de sangre que va a darse en la República...
No hemos aprendido a cortejar en sus extravíos ni a los partidos ni a los gobiernos y antes de hacernos una violencia a que no se someta la independencia y rectitud de nuestro carácter, preferimos dejar de la mano la pluma que hemos consagrado exclusivamente al servicio de las legítimas conveniencias de la Patria. Dejamos de escribir el día en que no podemos servirla." (Chávez, ibid., p. 52). (*)
(*) La colecci6n de «El Río de la Plata» se encuentra en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Reg. 30.689.
9. La Patria (Montevideo -1872)
A fines de 1870 Hernández se incorporó a las filas del ejército jordanista compartiendo la derrota de Ñaembé el 26 de enero de 1871.
Posteriormente emigró junta con López Jordán a Santa Ana do Livramento, en territorio brasileño, donde permaneció desde abril de 1871 hasta principios de 1872.
Luego viajó a Uruguay en donde habría hecho alguna incursión periodística, posiblemente en «La Patria», según Piccirilli (ibid., p. 329s), para regresar más tarde a Buenos Aires amparado en una amnistía de Sarmiento y publicar el célebre poema gauchesco. Residió en una casa de la calle Talcahuano y luego en el hotel «Argentino» de Rivadavia y 25 de Mayo, mientras su familia se ausentó a la estancia «Cañada Honda» de Baradero para escapar del flagelo de la fiebre amarilla.
A mediados de 1873 López Jordán invadió Entre Ríos y el gobierno de Sarmiento puso precio a su cabeza y la de sus colaboradores. Hernández en su condición de tal buscó refugio nuevamente en Montevideo, donde reinició sus tareas periodísticas el 1° de noviembre de ese año en «La Patria», que dirigía Héctor Soto, hijo de Juan José Soto, el editor de «La Reforma Pacífica», su primer periódico en que Hernández iniciara sus lides en la prensa (ver Capítulo II).
El 9 de diciembre, López Jordán es derrotado en Don Gonzalo. El 10 de marzo de 1874 Hernández publicó en «La Patria» un manifiesto de López Jordán redactado par él, donde se revaluaba la postura jordanista ante sus enemigos y fracciones disidentes surgidas contra la personalidad del caudillo federal.
En abril y mayo publicó en ese media nueve artículos polémicos en respuesta al publicista (6) chileno Benjamín Vicuña Mackena, firmados con el seudónimo «Un Patagón» (Pagés Larraya, ibid., p. 52).
En agosto de 1874 compartió con Soto la dirección del periódico y, tras un breve paso por Buenos Aires, regresó a Montevideo y asumió la dirección y redacción de «La Patria», hecho que en octubre anuncia en las páginas del medio del siguiente modo:
"Redacción. La ausencia de nuestro amigo el Sr. Soto, nos coloca por algunos días al frente de la redacción de La Patria y los emplearemos en hacer fuego contra la sombría personalidad de Dn. Bartolomé Mitre, que en el delirio de sus ambiciones pretende todavía imponerse por medio de la fuerza y encadenar a su voluntad el porvenir de los pueblos argentinos. J. H." (Chávez, ibid., p. 69).
Según Cútolo (1971, p. 564) Hernández utilizará en este medio el seudónimo «Polilla>> (7).
En 1874 Mitre y Alsina, los jefes de los dos principales partidos políticos, se disputaban el mando futuro del país, aunque ambos eran resistidos en buena parte de las provincias por su condición de porteños. La actividad del interior favoreció las aspiraciones del doctor Nicolás Avellaneda -Ministro de Justicia e instrucción pública de Sarmiento- nacido en Tucumán.
La candidatura de Avellaneda logró la adhesión de diez provincias, por lo que Alsina retiró la propia y dispuso apoyarlo con su partido Autonomista.
De la fusión entre el partido Nacional de Avellaneda y el Autonomismo de los «crudos» de Alsina, surge una nueva expresión política: el Partido Autonomista Nacional (PAN).
En medio de gran tensión política, las elecciones se efectuaron el 14 de abril de 1874. Como se señaló, el triunfo correspondió a la fórmula encabezada par el doctor Avellaneda, seguido del doctor Mariano Acosta para el cargo de vicepresidente.
En las filas de la revolución mitrista para oponerse a la asunción de Avellaneda del 24 de setiembre de 1874 se encontraban viejos enemigos del Chacho, de López Jordán y de Evaristo López. Arredondo, Baibiene, José C. Paz y otros simbolizaban la política que Hernández combatía desde 1857. Por eso el gran antisarmientista habrá de luchar esta vez por la legalidad representada en Sarmiento y Avellaneda (Chávez, ibid., p. 68).
En ese marco tratará también de neutralizar los intentos del mitrismo por llevar a sus filas a elementos jordanistas y con ese motivo publica varios artículos en «La Patria»: «De presidente a revolucionario, de revolucionario a pirata»; «La administración Mitre»; «El predominio de Mitre»; «Mitre y Catriel»; «Los dos restauradores»; «Males sobre males»; «Los dos fundadores de la nacionalidad argentina».
En «La administración Mitre» Hernández arremetía contra el ex presidente diciendo:
"Ahogó en sangre las resistencias de la Patria, para prepararse el camino de la Alianza, que debía dar por resultado la devastación del Paraguay.
En esta sección americana, Mitre ha sido un cometa de sangre, un flagelo devastador, un elemento de corrupción y de desquicio y dan testimonio de su existencia los huérfanos, las viudas y los inválidos." (Chávez, ibid., p. 70).
En el artículo «Mitre y Catriel» Hernández hacía mención de la utilización del indio en las revoluciones y guerras civiles, por Rosas en Caseros, Urquiza en Cepeda y Mitre en la revolución del 74.
Los artículos publicados por Hernández en «La Patria» eran reproducidos casi en su totalidad por «La Política» de Buenos Aires (periódico fundado par Evaristo Carriego en 1872).
El 1° de enero de 1875 suspende su aparición «La Patria» de Montevideo y Hernández regresa poco después a Buenos Aires en el marco de la política conciliadora de Nicolás Avellaneda que había asumido la presidencia de la Nación el 12 de octubre de 1874 secundado por Mariano Acosta como vicepresidente.
10. Otros Medios (Buenos Aires - 1873/1876)
a - EL PLATA (1873)
Un solo autor, J. Sapiña, en el «Diccionario de Autores», tomo II p.270, menciona el diario «El Plata». Dice, refiriéndose a Hernández: ... Sigue en la prensa y en la acción a López Jordán en la revolución de 1873 y tiene que expatriarse. Funda después el diario «El Plata», no habiéndose encontrado confirmación alguna al dato. Por lo tanto simplemente se deja constancia a Los efectos de una ulterior verificación.
b - LA LIBERTAD (1875)
A mediados de 1875 Hernández publicó la segunda edición de su «Vida del Chacho», recopilación de sus notas periodísticas aparecidas en «El Argentino» de Paraná, en 1863.
El diario «La Tribuna», de los hermanos Héctor y Mariano Varela, publicó en su edición del 18 de setiembre de 1875 un comentario crítico en el que calificaba la obra de Hernández de «notablemente reaccionaria». Tres días después, «La Tribuna» también acusaba a Hernández de jordanista y de «partidario de la situación», como prosélito de Avellaneda. (Chávez, ibid., p. 75).
El autor respondió entonces el ataque el día 23 de setiembre, desde las columnas de «La Libertad», diario porteño que redactaba para entonces el chileno Manuel Bilbao.
«La Libertad» era un diario político, noticioso, literario y comercial que apareciera en Buenos Aires el 1° de julio de 1873, con dirección de Gregorio Aráoz y se tiraba por la Imprenta del Mercurio.
Era una continuidad, según lo expresaba en su primer número, del diario «La República» de 1867. Sostenía en su prédica la candidatura a la presidencia del doctor Manuel Quintana (8) en las elecciones de 1874.
Era un periódico de gran tamaño, a siete columnas, con agentes en el interior de la República encargados de su difusión. En el número 27 del viernes 1° de agosto de 1873 cambió el editor, que resultó ser J. M. Portillo. En el número 39, se da cuenta de la proclamación de la candidatura del doctor Quintana para la presidencia. El último número aparecería en abril de 1886. (Piccirilli, ibid., voz Libertad).
Como se dijo, el 23 de setiembre de 1875 José Hernández publicaba en «La Libertad» su respuesta a «La Tribuna»; lo hacía bajo el título «Señor Sarmiento»: ¿por qué mataron?» y decía:
"Empecemos nuestra contestación a «La Tribuna» con un recuerdo oportuno, que nos servirá de introducción y de punto de partida.
Hace aproximadamente quince años, tuvo lugar en Santa Fe una Convención Nacional para considerar las reformas que Buenos Aires presentaba a la Constitución.
Ocupábamos en ella el puesto de taquígrafo.
En la fila derecha, en el primer asiento, se encontraba un convencional que se revolvía agitándose continuamente en su silla.
Miraba a todas partes como un desaforado, manifestando en todos sus movimientos una agitación y algo de un malestar que no le permitía permanecer tranquilo.
De pronto hace un movimiento rápido y se saca un botín, a pocos minutos el otro, coloca los pies cubiertos sólo con las medias sobre aquellos zapatos que tanto le habían mortificado y respirando fuertemente como quien se libra de una gran incomodidad, permanece muy tranquilo, como en el retiro de su casa, delante de la respetable Asamblea. Ese hombre era el Sr. Sarmiento y ese fue el día y las circunstancias en que lo conocí, bajo la impresión que cada uno de los lectores puede calcular que produciría en el observador aquel hecho de intimidad y confianza con la Convención y con el público.
De allí parten mis relaciones de vista con el Sr. Sarmiento, por quien después he sido perseguido sin tregua.
...el Sr. Sarmiento me persiguió en Corrientes cometiendo una injusticia y una violación de la Constitución, por la que fue acusado ante el Congreso al principio de su presidencia y esa acusación tiene mi firma al pie. Cuando él era candidato, yo había combatido su candidatura y él se vengaba.
Más tarde, siendo él Presidente, tango noticias de cinco o seis órdenes de prisión dictadas contra mi, pero he tenido la satisfacción de verlo bajar del gobierno, sin que él tuviera la de meterme en la cárcel.
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Cuando los que mataban, los que aplaudían la matanza y los que la predicaban como justicia, me llamaban a mi «mazorquero», porque condenaba aquellos excesos y defendía en tantos desgraciados el derecho de vivir, yo no podía, no debía quedarme sin retribuir el sangriento apóstrofe.
Era una injuria recíproca. Recibía una y devolvia otra que le era correlativa.
Pero los que mataron, Sr. Sarmiento, los que mataron son más culpables, cualesquiera que sean las formas en que lo hicieron, que los que condenaron a los matadores, cualesquiera que sean los términos que escribieron.
Fínjase muerto y oirá la opinión de la posteridad respecto de usted." (Chávez, ibid., p. 76 ss).
Al día siguiente «La Tribuna» publicaba un artículo en el que, entre otras cosas, acusaba a Hernández de haberse vengado con «crueldad refinada» de Urquiza, Mitre y Sarmiento, a lo que el poeta respondía en la edición del 26 de setiembre de 1875 de «La Libertad»:
"Rechazo esa afirmación, con la dignidad del patriota, del hombre de convicciones políticas y del verdadero republicano.
Yo no me he vengado de Urquiza, ni con crueldad ni sin ella y olvidé pronto el mal que alguna vez me hizo.
No me he vengado de Mitre, de quien jamás recibí agravio ni ofensa personal alguna y a quien sólo he combatido por los sucesos públicos que bajo su dirección y su influencia se han producido en las Repúblicas del Plata.
No me he vengado de Sarmiento, no porque no tuviera de que, sino porque en mi espíritu no tiene cabida el ruin sentimiento de la venganza.
En fuentes menos turbias he bebido mis inspiraciones políticas y en más elevadas aspiraciones, en propósitos más generosos y nobles he hallado la energía suficiente para la lucha y el vigor necesario para aceptar los sacrificios que ella me ha impuesto." (Chávez, ibid., p. 79).
«La Tribuna» del 28 de setiembre daba por cerradas las lides con un artículo en el que señalaba respecto de Hernández»:
"Federalote ultra, entusiasta, admirador y humilde eco de los actos del Chacho y servidor del virtuoso general Dn. Ricardo López Jordán, que no por haber asesinado al general Urquiza fue menos virtuoso ante la moral de Dn. José Hernández, profesa principios incompatibles y de imposible relacion con los que forman el credo de la Redacción de «La Tribuna». Es nuestra última palabra." (Chávez, ibid., p. 80).
Hernández, con el título de «A la última palabra, las últimas palabras», hizo lo propio en la edición del 29 de setiembre de «La Libertad» en donde dijo:
"¿A quién ha elogiado «La Tribuna» que no haya pertenecido a su comunidad política, ni a quién ha elogiado en su vida el Sr. Sarmiento?
¡Recuérdase como acaba de tratar al general Paz y calcúlese como puede tratar a Peñaloza (9).
Recuérdese como acaba de tratara ciudadanos, entre los que se comprendía el Sr. Albarracín, pariente suyo, de quienes dijo que había tenido que arrojarlos de la casa de gobierno y calcúlese como podrá tratarme a mi.
No, nosotros no hemos pretendido tales elogios, no cabe tanta ceguedad de nuestra parte, ni es honroso el elogio, sino cuando no es buscado.
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Aceptemos posiciones y establezcamos diferencias.
Entre la conducta de un ciudadano que se mezcla en una revolución, sin mancharse en ella y la del primer magistrado que dio ante la República y ante el mundo el escándalo de ofrecer cien mil patacones por la cabeza del jefe revolucionario, hay una diferencia fácil de medir.
El primero comprometió su individualidad; el segundo escarneció la moral pública, vilipendió la autoridad que investía, escandalizó a la República, infirió un ultraje a la civilización. Yo no inauguré el período de las revoluciones.
Y él pretendió inaugurar en el Río de la Plata, un periodo aciago la costumbre inmoral, impía, de poner precio las cabezas (10)." (Chávez, ibid., p. 80s).
c - EL BICHO COLORADO (1876)
Dice Cutolo (ibid., p. 564) que Hernández «colaboró en 1876, en «El Bicho Colorado», periódico satírico, político y literario...».
Coinciden en ello todos los biógrafos hernandianos consultados.
«El Bicho Colorado» fue un periódico de carácter humorístico que apareció en Buenos Aires el 1° de febrero de 1876, dirigido por José Hernández.
Fue ilustrado por el dibujante francés Carlos Clérice. Con ocho páginas en prosa y verso incluye una sátira contra Juan María Gutiérrez por su rechazo del diploma de la Academia Española (11) y testimonios de la constante crítica de Hernández a la política contra el indio y su oposición a Mitre, Avellaneda, Sarmiento y Adolfo Alsina. (Pagés Larraya, ibid., p. 52).
Se ofrecía en la calle y, al por mayor,en Perú 217 de Buenos Aires.
Como lo describe Vázquez Lucio (1985, p. 139):
"...ilustra su portada con un primerísimo plano del pie de la República hasta más arriba del tobillo, cubierto de forúnculos donde aparecen las caricaturas de Sarmiento, Mitre, Avellaneda, Aneiro e indios; el dibujo lleva por título «Los bichos colorados de la República Argentina»."
Sostenía el redactor de «El Bicho Colorado» que al aparecer en la vida periodística con un programa, era costumbre prometer maravilla; pero que un programa, en este caso, era un «letrero mentiroso como el que los charlatanes ponen en sus tiendas ...» Por eso el periódico adoptó este programa: «Sin programa». (*)
d- MARTIN FIERRO (1876)
Siguiendo la reseña biográfica de Cutolo (ibid., p. 564) leemos, como se señaló en el punto precedente: «Colaboró en 1876, en «El Bicho Colorado»... como en 'Martín Fierro', otro semanario humorístico».
«Martín Fierro» era, en efecto, un semanario humorístico, de política, literatura y noticias que apareció el domingo 13 de agosto de 1876.
Figuraban como redactores «Tres gauchos baqueanos» e inserta composiciones en prosa y verso.
Dice Pagés Larraya (ibid., p. 53) que «En el primer número se inserta un artículo titulado 'Aquí estoy' que pareciera de la pluma de Hernández porque se citan versos del poema y se expresan algunos juicios coincidentes con su personalidad». Dice, por ejemplo, «... Los más sabios del país, me dieron el diploma de 'dotor' y ahora sí que puedo hablar con la gente que no así nomás no se da ese grano de anís a cualquiera».
El 18 de setiembre y el 30 de octubre aparecen sendas colaboraciones con la firma de «El payador Pepe José» que superponen algunas expresiones a Los versos de Hernández.
Desde el tercer número aparece en la última página del semanario un aviso de la librería «Martín Fierro» de Angel Da Ponte (Bolívar 20), en el que se anuncia asimismo la venta de la décima edición del poema gauchesco. Además, en el primer número se anunciaba ya, tres años antes de su aparición, «La vuelta de Martín Fierro», una primicia tal que justifica la afirmación de que uno de Los «tres gauchos baqueanos» fuese José Hernández. (Pagés Larraya, ibid., p. 53s) (**).
(*) Un único ejemplar de «El Bicho Colorado» se encuentra en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional.
(**) La colección de «Martín Fierro>> se encuentra en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Reg. 30.563.
Los Ultimos Años
En 1877 Hernández fue candidato a senador bonaerense por el Partido Autonomista, pero luego se retrajo de la actividad partidaria ante la conciliación de su sector con los mitristas.
Al año siguiente se asoció con Rafael Casagemas en la «Librería del Plata», más tarde totalmente de su propiedad.
En 1879 fue diputado por la segunda sección electoral en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires y un año más tarde obtuvo la presidencia de la Cámara.
Poco antes de terminar el mandato de Avellaneda dos candidatos se presentaron para reemplazarlo, el gobernador bonaerense Carlos Tejedor y el general Julio Argentino Rota, Ministro de Guerra.
Este último contaba con el apoyo de Avellaneda y de todas Las provincias con excepción de Buenos Aires y Corrientes.
Junto con Hipólito Yrigoyen, Jacinto Varela y otros, Hernández fundó un Club de la Juventud Porteña, en adhesión a la candidatura de Roca, quien resultó triunfador en las elecciones por amplia mayoría.
Tejedor no aceptó el resultado del comicio y dispuso una movilización de milicias tras lo cual debió sufrir el sitio de la ciudad por parte de las tropas nacionales y se produjeron intensos combates los días 20 y 23 de junio de 1880.
Hernández se negó a tomar parte en las luchas y se ocupó de organizar, junta con Carlos Guido y Spano, el auxilio de los heridos por medio de la Cruz Roja.
El 12 de octubre de ese mismo año asumió la presidencia Julio Argentino Roca.
Hernández abogó desde la Legislatura por la federalización de la ciudad de Buenos Aires, orientándose en el autonomismo nacional y en consecuente oposición a Leandro N. Alem.
Así, en la sesión del 19 de noviembre de 1880 Hernández decía que «el diputado Alem desconoce la marcha de su partido, la legalidad del Congreso, la conveniencia pública de esta cuestión...» (Manacorda, 1941, p. 51).
José Hernández fue vocal del Consejo General de Educación y senador provincial de Buenos Aires, electo en 1881 y reelecto en 1885.
En 1881 escribió la «Instrucción del Estanciero» editado par Casavalde.
Con el gobernador Dardo Rocha trabajó en el proyecto de fundación de la capital bonaerense. Si bien resulta lógico interpretar la nominación por la proximidad ribereña, algunos estudiosos sugieren, basándose en la tradición oral, que la denominación de «La Plata» estaría también vinculada al segundo apellido de su abuelo. La fundación tuvo lugar el 19 de noviembre de 1882 (12) y se sirvió un asado preparado por Hernández.
En 1884 compró una quinta en Belgrano, en donde comenzó a residir desde entonces, progresivamente alejado de su actividad como legislador.
El 12 de octubre de 1886 asumió la presidencia de la Nación Miguel Juárez Celman.
José Hernández falleció el jueves 21 de octubre de 1886 atacado par una afección cardíaca. Sus biógrafos coinciden en señalar como sus últimas palabras: «¡Buenos Aires! ¡Buenos Aires!».
Sus restos descansan en el cementerio de la Recoleta.
Palabras Finales
Dice Rivera (ibid., p. 326):
"José Hernández puede servir muy bien como paradigma del escritor en el que militancia política, estilo de vida, quehacer periodístico y creación literaria forman todavía un sistema perfectamente coherente y solidario, pero en el que la «faena de la pluma» (inclusive el oficio abundantemente ejercido) tiene un peso especifico aun relativo desde el punto de vista de la creación de medios materiales de subsistencia, acaso por el signo mismo con que son asumidas esas faenas."
Ciertamente, en Hernández, como en tantos otros precursores del periodismo en la Argentina, la labor aparece no como profesión sinónimo de medio de vida, sino como vocación pura al servicio de los ideales. También esto afirma Rivera (ibid., p. 326) cuando asevera que «a pesar de su 'buena pluma', Hernández no vive exclusivamente de la literatura y de los trabajos periodísticos» y ya se ha dicho a lo largo del presente trabajo en cuantas tareas ha incursionado para subsistir; baste para recordarlo: desde peón de campo, hasta librero, pasando por múltiples funciones públicas.
Hernández ha sido un batallador que, afirmado en sus íntimas convicciones, bregó por las causas que consideró justas en cada momento de su vida. Podría decirse que fue un pragmático que ajustó su posición y sus actos a cada situación histórica y tomó partido por la causa que en ese marco vislumbró como más justa.
De este modo, como se desarrolló el los capítulos precedentes, adhirió al Partido Federal Reformista y su medio de prensa, «La Reforma Pacífica», de Nicolás Calvo, en 1856, haciéndose «chupandino» por considerar valiosa la incorporación de Buenos Aires a la Confederación.
Cuatro años más tarde, convencido de que la causa federal hallaba firmeza en Urquiza, obraba desde Paraná en el órgano oficial, «El Nacional Argentino», y luego, también en Paraná, apostrofaba a los matadores del Chacho Peñaloza en las páginas de «El Argentino».
En 1868, inmerso siempre en un ideal federal, acompañaba al gobernador correntino Evaristo López y apoyaba su gestión con «El Eco de Corrientes».
Llevó la problemática correntina a «La Capital» de Rosario, durante su exilio provincial y también sostuvo desde el medio de Ovidio Lagos el apoyo al proyecto del diputado Manuel Quintana para que esa ciudad fuera capital de la República, con lo cual entendía se hacía justicia por la ubicación geográfica e histórica de Rosario y para reducir la problemática de Buenos Aires.
Propuso desde «El Río de la Plata» la distribución de tierras parceladas para ganar el desierto mediante la colonización y no por la fuerza depredadora, al tiempo que fustigó el mecanismo de la leva para la formación de los contingentes de frontera.
Apoyó a López Jordán en su defensa del concepto republicano federal que entendía traicionado por Urquiza y desde el exilio, en «La Patria» de Montevideo, combatió a Mitre y a Sarmiento y confió en la unión del Autonomismo con el Partido Nacional que respaldaba a Avellaneda como encuentro reconstitutivo del cuerpo socio político argentino.
Polemizó desde «La Libertad» con «La Tribuna», defendiendo su apologética visión del general Peñaloza como baluarte federal y criticó al fin todo lo que consideró pernicioso en el gobierno desde «El Bicho Colorado» y el «Martín Fierro», pese a su adhesión al nuevo Partido Autonomista Nacional.
De este modo, durante veinte de los cincuenta y dos años de su vida, luchó a través del periodismo, desde sus primeros pesos en «La Reforma Pacifica» hasta sus últimos y satíricos intentos conocidos en «El Bicho Colorado» y «Martín Fierro».
La perspectiva de los años transcurridos desde entonces permite que hoy, como uno de esos toques irónicos de la vida, pueda definirse sintéticamente la labor hernandiana tal como se hiciera con la de su enemigo político, Sarmiento, señalando que ha luchado por su Patria «con la espada, con la pluma y la palabra».
Este trabajo ha cumplido hasta aquí su objetivo básico. No obstante, deja por su propia constitución una puerta abierta, cual es la de su perfeccionamiento con detalles biográficos y la posibilidad de la realización de una antología de todo el material periodístico surgido de la pluma de José Hernández.
Notas
1 - Ovidio Lagos funda en 1867 «La Capital» de
Rosario y convoca a Hernández a colaborar al año
siguiente. Ver Capítulo VI
2 - Según refiere Auza (1978, p. 103) el lema anterior
vigente era «Integridad Fraternidad», obviamente
menos combativo que el retomado por Hernández.
3 - Caudillo lusitano (m.139 a. C.) cabecilla de los lusitanos
sublevados contra la tiranía del pretor romano Galba, que
durante macho tiempo tuvo en jaque a los ejércitos
romanos. Fue asesinado en su tienda par sus propios amigos.
4 - El partido mitrista o nacionalista sostenía la
candidatura presidencial del Ministro de Relaciones Exteriores de
Mitre, Rufino de Elizalde. El Autonomismo propiciaba a su jefe,
el Dr. Adolfo Alsina, que a su vez era sugerido como
compañero de fórmula tanto de Urquiza como de
Sarmiento. Después de un complicado proceso
electoral el escrutinio arrojó 79 votes en favor de
Sarmiento,26 por Urquiza y 22 por Elizalde, mientras que Alsina
fue elegido vicepresidente por 32 sufragios.
5 - Por razones de fidelidad con el original consultado se han
mantenido en las tres notas precedentes las formas gramaticales
tal como aparecieron impresas.
6 - El calificativo de «Publicista» era de uso
común en la época en su aceptación de
«persona que
escribe para el público, generalmente de varias
materias» (EspasaCalpe,1986, voz Publicista).
7 - Sus artículos habrían aparecido en distintos
medios y épocas sin firma, con su nombre, con las
iniciales J.H., con el seudónimo Vincha, como Un
Patagón y como Polilla (citados a lo largo del presente
trabajo).
8 - Manuel Quintana había presentado, como diputado por
Buenos Aires, el 1° de julio de 1867 un proyecto para llevar
a Rosario la Capital de la República. Ver Capítulo
VI.
9 - Hernández se refiere en este párrafo
a una intervención que para esa época habla tenido
el entonces senador Domingo F. Sarmiento en el Congreso,
oportunidad en que, contradiciendo sus propios dichos de un
bosquejo biográfico del general José María
Paz, acusó a éste, ya muerto, de haber fusilado
prisioneros heridos durante el sitio de Montevideo (Yaben
Jacinto, Biografías Argentinas
y Sudamericanas). Buenos Aires: Metrópolis, 1939, voz
Sarmiento, p. 587).
10 - Durante su presidencia Sarmiento remitió, el 28 de
mayo de 1873, un proyecto de ley a la Cámara de Diputados
en el que se establecía el precio de los dirigentes de la
revolución entrerriana, entre ellos 100.000 pesos fuertes
por la cabeza de López Jordán (Chávez
Fermín, José Hernández periodista,
político y poeta. Buenos Aires: Ediciones Culturales
Argentinas, 1959).
11 - En su sesi6n del 11 de diciembre de 1872 y a propuesta de
los individuos de número Antonio Segovia, Juan
Hartzenbucsh y Fermín de la Puente, la Real Academia
Española nombró a Juan María
Gutiérrez miembro de la corporaci6n en el orden de
extranjeros y se lo comunic6 con fecha 30 de diciembre de 1873,
pero el cónsul de España le
transmitió la nueva recién el 29 de diciembre de
1875, dos años más tarde. La carta que
rechaza la designación apareció en «La
Libertad» del 5 de enero de 1876 y fue reproducida por
otros periódicos. Gutiérrez sostuvo que no aceptaba
por oponerse al colonialismo español
(Weinberg, Gregorio, Historia de la Literatura
Argentina, Buenos Aires: CEAL, 1980).
12 - En la actual esquina de 51 y 4, en donde se levantaba para
entonces un tinglado.
11. Bibliografia Citada
I - Auza, Néstor Tomás; El Periodismo de
la Confederaci6n 1852-1861. Buenos Aires: EUDEBA, 1978.
2 - Caso de Sedano Acosta, Juana; Panoramas de América. Buenos Aires: Kapelusz, 1962.
3 - Cutolo, Vicente Osvaldo; Nuevo Diccionario Biográfico
Argentino 1750-1930. Buenos Aires: ELCHE, ] 971.
4 - Chávez, Fermín; José Hernández
periodista, político y poeta. Buenos Aires: Ediciones
Culturales Argentinas, 1959.
5 - Destéfani, Laurio H.; Malvinas, Georgias y Sandwich
del Sur, ante el conflicto con
Gran Bretaña. Buenos Aires: Edipress, 1982.
6 - Gianello, Leoncio y Piccirilli, Ricardo; Biografías
Navales. Buenos Aires: Departamento de Estudios Históricos
Navales, ARA, 1963.
7 - Gramuglio María Teresa y Sarlo Beatriz; Historia de la
Literatura Argentina. Buenos Aires: CEAL, 1980.
8 - Ibáñez, José C.; Síntesis
de Historia
Argentina. Buenos Aires: Troquel, 1970.
9 - Manacorda, Telmo; Alem, Un caudillo, Una época. Buenos
Aires: Sudamericana, 1941.
10 - Martinez Estrada, Ezequiel; Muerte y
transfiguraci6n del Martín Fierro, en Martín Fierro
y su crítica. Buenos Aires: CEAL, 1980.
11 - Pagés Larraya, Antonio; Prosas del Martín
Fierro. Buenos Aires: Raigal, 1952.
12 - Pérez Amuchástegui, J.A.; Mentalidades
Argentinas 1860- 1970. Buenos Aires: EUDEBA, 1977.
13 - Piccirilli, Ricardo, Romay Francisco y Gianello Leoncio;
Diccionario Histérico Argentino. Buenos Aires: Ediciones
Histéricas Argentinas, 1954.
14 - Rivera, Jorge B.; Historia de la Literatura Argentina.
Buenos Aires: CEAL, 1980.
15 - Romero Carranza, Ambrosio; Bagaje doctrinal de Los hombres
de mayo, en Las ideas políticos de Mayo. Buenos Aires:
Omeba, 1963.
16 - Vázquez, Lucio Oscar E.; Historia del humor
gráfico y escrito en La Argentina. Buenos Aires: EUDEBA,
1985.
17 - Yaben, Jacinto R.; Biografías Argentinas y
Sudamericanas. Buenos Aires: Metrópolis, 1939.
12. Bibliografia general y de referencia
] - Aramburu, Julio, Historia Argentina. Buenos Aires.
El Ateneo, 1949.
2 - Arenas, Luque Fermin V.; Efemérides Argentinas
1492-1966. Buenos Aires: sin mención del editor, 1967.
3 - Beltrán, Oscar R., Historia del periodismo argentino.
Buenos Aires: Sopena, 1943.
4 - Bortnik, Ruben; José Hernández en el
país de Martín Fierro. Todo es Historia, n°
211. Buenos Aires: noviembre, 1984.
5 - Cimorra, Clemente; Historia del periodismo. Buenos Aires:
Atlántida, 1946.
6 - García, Pelayo y Gross, Ramón,
Pequeño Larousse llustrado. París: Larousse,
1964.
7 - Ibáñez, José C.; Historia de Las
instituciones políticas y sociales argentinas desde 1810.
Buenos Aires: Troquel, 1978.
8 - Larrán de Vere, Alberto; Urquiza. Buenos Aires;
Atlántida, 1961.
9 - Loprete, Carlos A., Literatura española,
hispanoamericana y argentina. Buenos Aires: Plus Ultra, 1978.
10 - Romero, José Luis, Breve historia de la Argentina.
Buenos Aires: Huemul, 1978.
11 - Santillán, Diego A., Gran enciclopedia argentina.
Buenos Aires: Editar, 1956.
12 - Colecci6n «El Eco de Corrientes», Biblioteca
Nacional. Ref. 30.453.
13 - Diccionario de autores, Barcelona: Montaner y Sim6n,
1973.
14 - Diccionario enciclopédico Quillet. Buenos Aires:
Arístides Quillet, 1960.
15 - Diccionario Espasa-Calpe. Chile:
Espasa-Calpe, 1986.
16 - Enciclopedia Danae. Barcelona: Danae, 1973.
17 - Gran enciclopedia del mundo. Barcelona: Durvan,
1974.
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