Indice
1.
Introducción
2. Efectos de la Lluvia
Ácida
3. Daños
Medioambientales
5. Medidas para reducir las
emisiones
6. ¿Qué agentes la
producen?
7. Instalaciones que lo
forman
8. Acidificación en lagos noruegos
a lo largo de 20 años
9. Niebla
ácida.
1. Introducción
Cuando la atmósfera recibe
fuertes dosis de óxidos de azufre y nitrógeno,
estos compuestos por reacciones
químicas complejas se convierten parcialmente en
ácido sulfúrico y nítrico. Algunas de esas
partículas ácidas desaparecen por gravedad o por
impacto contra el suelo, edificios,
plantas,
etcétera: es la llamada precipitación seca. Otras,
permanecen en la atmósfera, se combinan con la humedad de
las nubes y caen con la lluvia, la nieve y el rocío: es la
lluvia
ácida. La
lluvia ácida es un fenómeno que se produce por la
combinación de los óxidos de nitrógeno y
azufre provenientes de las actividades humanas, con el vapor de
agua presente
en la atmósfera, los cuales se precipitan posteriormente a
tierra
acidificando los suelos, pero que
pueden ser arrastrados a grandes distancias de su lugar de origen
antes de depositarse en forma de lluvia.El carbón,
así como otros combustibles minerales, son
los responsables de verter a la atmósfera el óxido
de azufre. Las altas temperaturas de las combustiones combinan
químicamente el nitrógeno y el oxígeno
presentes en el aire y forman el
óxido de nitrógeno.
Las centrales eléctricas, las industrias
grandes y pequeñas y las casas donde se combustiona
carbón son los responsables, junto a los usuarios de
petróleo,
de este tipo de contaminación.
El pH es el
símbolo que utiliza la química para medir la
ácidez o alcalinidad de las soluciones
(equivale al logaritmo decimal negativo de la
concentración de iones hidrógeno). Una
solución neutra tiene un pH de 5,6 a 7 (la escala va de 0,0
a 14,0), por debajo de 5,6 se considera medio ácido y por
encima de 7,0, medio alcalino.
La llamada lluvia ácida tiene un pH inferior a 5,6 y puede
ir hasta 2,5 y excepcionalmente 1,5.
Una solución con un pH 6 es diez veces más
ácida que una de pH 7, una de pH 5, cien veces más
ácida, la proporción se va multiplicando por diez a
medida que disminuyen los valores
del pH.
Los efectos de la lluvia y la precipitación ácida
en lagos y corrientes de aguas implica la muerte de
crustáceos, insectos acuáticos y moluscos y la
desaparición del fitoplancton, lo que provoca con el
tiempo la
imposibilidad de sobrevivencia del resto de la fauna por falta
de alimento y vuelve los lagos transparentes.
En el suelo, la ácidez penetra en la tierra y
afecta las raíces de los árboles, al tiempo que sus hojas se ven
afectadas también directamente por las gotas de lluvia que
reciben. El proceso de
envenenamiento de la flora termina con la muerte de las
plantas y árboles.
Los edificios y las construcciones de hormigón
también se ven seriamente afectados, deben ser
continuamente restaurados, y en los animales se ha
observado pérdida de pelo y desgaste prematuro de
mandíbulas entre otras afecciones.
La consecuencia de la lluvia ácida en el ser humano
determina un incremento muy importante de las afecciones
respiratorias (asma, bronquitis crónica, síndrome
de Krupp, etcétera) y un aumento de los casos de
cáncer.
La
contaminación debilita todo el organismo, sea humano,
vegetal o animal, y eso provoca una disminución de las
defensas y una mayor disposición a contraer enfermedades. Los más
afectados son los niños,
las personas mayores, las mujeres embarazadas y los aquejados de
dolencias crónicas como corazón,
circulación y asma.
La actual preocupación por la lluvia ácida
nació cuando Odén analizó los datos recogidos
en 160 lugares de la Red Química Europea
del Aire durante el período de 1956 a 1966. Él
demostró que la precipitación se había hecho
cada vez más ácida en algunas partes de Europa durante
este período. ¿QUÉ ES ? La lluvia
ácida es una precipitación acuosa que contiene en
disolución los ácidos
sulfúrico y nítrico producidos por la
combinación de los óxidos de azufre y de
nitrógeno y otros componentes (mercurio, cadmio,
óxido de carbono ...) :
NO2 + OHÞHNO3 ácidos muy solubles en agua SO2 +
2OHÞ H2SO4 Una lluvia se considera ácida si su pH es
inferior a 5,6 ; este valor
correspondería a unas condiciones atmosféricas
preindustriales debido a los gases que
lleva disueltos, incluido el CO2. La lluvia ácida es una
consecuencia directa de los mecanismos de autolimpieza de la
atmósfera. Esta lluvia depende de la mezcla de
contaminantes, pero, ¿que contienen estas mezclas ?.
Cuando los combustibles fósiles arden y los minerales que
contienen azufre se funden, este se convierte en SO2 gaseoso,
además las elevadas temperaturas de la combustión llevan la oxidación de
nitrógeno atmosférico y a la consiguiente
formación de NO y en menor grado de NO2. Cuando estos
contaminantes primarios salen de sus fuentes , la
concentración atmosférica de los mismos disminuye :
al mezclarse las nubes (penachos) de aire contaminado con el aire
limpio, al perderse los contaminantes cuando se depositen y al
transformarse algunos de ellos. Con la formación de
contaminantes secundarios tienen lugar dos transformaciones de
especial importancia : a) La reacción a la luz del sol entre
los óxidos de nitrógeno y los hidrocarburos
(queroseno) para formar el ozono. b) La creciente posibilidad de
transformarse con el tiempo en ácidos sulfúricos y
nítricos. La mayoría de los primeros reaccionan con
otras sustancias para formar partículas, como el sulfato
de amoníaco, mientras que cantidades significativas de
ácido nítrico alcanzan sus objetivos en
forma de gas . No
obstante, los productos de
la reacción en partículas de ácido
nítrico, han llegado a ser relativamente más
importantes a medida que cobran importancia las emisiones de
contaminantes de los vehículos.Según Albert, L;
Este fenómeno se debe a la incorporación y
formación de compuestos ácidos en la
atmósfera a partir de emisiones (como partículas y
gases) de vehículos de motor y de
fuentes industriales, además de aquellos contaminantes que
son emitidos por fuentes naturales como los procesos
geológicos (erupciones volcánicas) y
biológicos (emisiones biogénicas derivadas de
distintos tipos de fermentación aeróbica y anaerobia),
incendios
forestales y descargas eléctricas.
En las zonas industrializadas, los precursores primarios de la
lluvia ácida son el bióxido de azufre
(SO2) y los óxidos de nitrógeno
(NOx) presentes en la atmósfera.
La lluvia ácida se produce cuando estos gases son oxidados
en la atmósfera y reaccionan con el agua de
lluvia formando los ácidos respectivos. El SO2
genera los ácido sulfuroso (H2SO3) y
sulfúrico (H2SO4), de la misma forma
los ácidos nitroso (HNO2) y nítrico
(HNO3):
SO2+H2O H2SO3
SO2+O SO3 + H2O H2SO4
2NO2 +H2O HNO2 + HNO3
A. En la Salud
En presencia de neblinas, gases, aerosoles y partículas
ácidas, han permitido detectar efectos adversos en
poblaciones sensibles a las enfermedades respiratorias agudas,
así como en personas de edad avanzada con problemas
cardíacos y/o circulatorios.
B. En el Medio Ambiente
Según Albert, L; Los cuerpos de agua superficiales, como
ríos, lagos y estanques, son los primeros recursos
afectados por las precipitaciones ácidas, el efecto
inmediato puede ser amortiguado por su contenido de carbonatos,
bicarbonatos y otros compuestos básicos.
En los ecosistemas
forestales, se pierde follaje, se reduce el crecimiento y
mortalidad. Las plantas acumulan mayores cantidades de metales pesados,
siendo ingeridos posteriormente por los
herbívoros.
C. En los Materiales
Según Albert, L; El deterioro de los materiales, en
particular, los de construcción, originando un costo para la
sociedad,
significando la pérdida del patrimonio
cultural, como monumentos históricos y zonas
arqueológicas.
La lluvia ácida provoca impactos
ambientales importantes. Ciertos ecosistemas son más
susceptibles que otros a la acidificación.
Típicamente, éstos tienen normalmente suelos poco
profundos, no calcáreos, formados por partículas
gruesas que yacen sobre un manto duro y poco permeable de
granito, gneis o cuarcita. En estos ecosistemas puede producirse
una alteración de la capacidad de los suelos para
descomponer la materia
orgánica, interfiriendo en el reciclaje de
nutrientes. En cualquier caso, además de los daños
a los suelos, hay que resaltar los producidos directamente a las
plantas, ya sea a las partes subterráneas o a las
aéreas, que pueden sufrir abrasión (las hojas se
amarillean). Además, la producción primaria puede verse afectada
por la toxicidad directa o por la lixiviación de
nutrientes a través de las hojas. No obstante, existen
algunos casos en que se ha aportado nitrógeno o
fósforo al medio a través de la
precipitación ácida en los que la consecuencia ha
sido el aumento de producción ya que ese elemento era
limitante.
Hay también evidencias incontrovertibles de
daños producidos en los ecosistemas acuáticos de
agua dulce, donde las comunidades vegetales y animales han sido
afectadas, hasta el punto de que las poblaciones de peces se han
reducido e incluso extinguido al caer el pH por debajo de 5, como
ha ocurrido en miles de lagos del sur de Suecia y Noruega. Estos
efectos se atenúan en aguas duras (alto contenido en
carbonatos), que amortiguan de modo natural la acidez de la
precipitación. Así, de nuevo, los arroyos, los
ríos, las lagunas y los lagos de zonas donde la roca madre
es naturalmente de carácter
ácido son los más sensibles a la
acidificación. Uno de los grandes peligros de la lluvia
ácida es que su efecto en un ecosistema
particular, además de poder llegar a
ser grave, es altamente impredecible.
4. Contaminantes y sus efectos
Los agentes causantes de la acidificación son el
dióxido de azufre, los óxidos de nitrógeno y
el amoníaco, provenientes de las emisiones de las grandes
centrales térmicas que queman combustibles fósiles,
los motores de los
coches, las calefacciones, las plantas industriales y y el
amoníaco aportado en grandes cantidades en el
estiércol en zonas con elevado número de
explotaciones ganaderas intensivas. Los principales responsables
son los dos primeros: el dióxido de azufre
(SO2) y los óxidos de nitrógeno
(NOx). Dichas sustancias pueden reaccionar con el
oxígeno atmosférico y disolverse en el agua de
lluvia, produciendo al caer la llamada "lluvia ácida".
En zonas con escasez de precipitaciones, se produce la llamada
"deposición seca", que se debe a la
deposición directa sobre las hojas de los
árboles o en el suelo.
También puede ocurrir que las sustancias
contaminantes se mezclan con las gotas de niebla,
produciéndose la "deposición oculta", cuya acidez
puede llegar a ser 10 veces superior a la de la lluvia.
Por otro lado, y especialmente en zonas con un elevado
número de horas de insolación, los óxidos de
nitrógeno pueden intervenir junto con compuestos
orgánicos volátiles (CVO) en complejas
reacciones fotoquímicas, dando lugar a la formación
de ozono troposférico, que es un contaminante secundario
fuertemente oxidante.
El proceso de acidificación se ve influido por un gran
número de factores, que hacen que los efectos sean
variables de
unas zonas a otras; entre ellos caben destacar: la sensibilidad
de los suelos y de las aguas a la acidez, así como la
concentración de partículas contaminantes. Donde el
nivel de deposición acidificante excede la capacidad
tampón del medio, los problemas de acidificación
surgen tarde o temprano. Así surge el concepto de
"carga crítica", que se define como aquella exposición
por debajo de la cual los efectos dañinos significativos
sobre los elementos sensibles del ambiente no
ocurren según el
conocimiento actual. En 1990 alrededor de 87 millones de
hectáreas naturales eran afectadas por niveles de
deposición ácida que excedían la habilidad
de la naturaleza para
compensar la llamada "carga critica".
Además, hay que tener en cuenta que dichas
partículas contaminantes pueden ser transportadas a largas
distancias, lo que supone que el problema de la
acidificación no reconoce ninguna frontera. De este modo,
el Reino Unido ha sido acusado por los países escandinavos
de ser el principal causante de la acidificación de sus
lagos, debido al transporte de
sus emisiones a través de los vientos.
Acidificación del agua
Hacia los años 50 se descubrió que los peces
estaban desapareciendo de los lagos y canales de Escandinavia del
sur, y hoy día, unos 14.000 lagos suecos se encuentran
afectados por la acidificación, con el daño que
ello conlleva para el crecimiento y vida animal. Estos
daños también se ha extendido al Reino Unido y Los
Alpes.
Agotamiento del suelo
La sensibilidad a la acidificación es mayor en aquellas
tierras donde la degradación de los minerales se produce
lentamente. Cuando el suelo se acidifica, es esencial que sus
nutrientes se lixivien, lo cual reduce la fertilidad de la
tierra. Además, el proceso de acidificación
también libera metales que pueden dañar a los
microorganismos del suelo responsables de la
descomposición, así como a los pájaros y
mamíferos superiores de la cadena
alimentaria, e incluso al hombre.
Desaparición de plantas y animales
La sensibilidad de cada especie a los contaminantes y a la
acidificación es variable, siendo los grupos más
sensibles los peces, los líquenes, los musgos, ciertos
hongos,
algunos de ellos esenciales para la vida de los árboles, y
los organismos acuáticos
pequeños.

Daños en bosques y su desaparición
Del estudio europeo de 1996 se deduce que cada cuarto de
árbol examinado aparecía dañado, de forma
que la pérdida de hojas o acículas excedió
el 25 por ciento. Las causas de este daño son muy
diversas, pero la mayoría de los investigadores
están de acuerdo en que los principales factores causantes
son la acidificación del suelo y las altas concentraciones
de ozono troposférico.
En Suiza, la disminución de la superficie arbolada que
retiene las avalanchas y corrimientos de tierra, pone en peligro
miles de hogares y en Alemania a
finales de los 80 más de la mitad de los bosques estaban
dañados o muriendo.
En el sur de Europa aún queda mucho por estudiar sobre la
contaminación
atmosférica como causa de degradación y muerte
de los bosques. Los elementos contaminantes se introducen en el
vegetal, alterando en distinta medida su metabolismo,
siendo la fotosíntesis y la respiración los dos procesos afectados.
Como resultado se produce un debilitamiento gradual de la planta,
que cada vez se hace más sensible a las plagas y
enfermedades, y a la deficiencia hídrica. Esto hace que
sea muy difícil demostrar que la causa real de la muerte
de los bosques es la contaminación, ya que en
última instancia son otros los agentes que acaban
instalándose sobre el árbol debilitado, provocando
en muchas ocasiones su muerte. No obstante, en casos de
concentración muy alta de contaminantes sí aparecen
síntomas claros de defoliación y
decoloración directamente achacables a la
contaminación. La coincidencia de zonas dañadas con
las zonas de mayor concentración de azufre en las hojas es
un dato clarificador, y una evidencia del transporte de
contaminantes la tenemos por ejemplo en la concentración
de azufre que se encontró, a través de un estudio
realizado por el ICONA a lo largo de 1987, en los árboles
del preparque en Doñana, probablemente procedente del foco
del polo industrial de Huelva. Las mayores conexiones entre altas
concentraciones de azufre y daños en la vegetación
se encontraron en regiones como Murcia, País Vasco,
Galicia y algunas zonas de Cataluña.
Efectos negativos sobre la salud
Nosotros mismos nos vemos afectados por la polución
aérea, tanto directamente, como resultado de respirar los
contaminantes perjudiciales, como indirectamente, debido a que la
acidificación del suelo conduce a que los metales
tóxicos se introduzcan en la cadena
alimentaria.
Corrosión y destrucción de la herencia
cultural
Las edificaciones y los monumentos históricos de
más de una docena de países europeos, y entre ellos
España,
están experimentado una corrosión acelerada. Así, por
ejemplo, el Partenón ha sufrido más en los
últimos 30 años el efecto de la erosión de
lo que lo hizo durante los 2.400 anteriores y en nuestro
país el tesoro pictórico del museo del Prado, ha
estado
sufriendo la deterioración a causa de la
contaminación.
Todo ello se debe a las emisiones de dióxido de azufre y
óxidos de nitrógeno, que se convierten en
ácidos fuertes que atacan tanto a edificios antiguos como
nuevos, siendo los más afectados los objetos y estructuras de
materiales fácilmente degradables, como la caliza y la
piedra arenisca.
Otros efectos de los contaminantes distintos de la
acidificación
Los contaminantes que causan la acidificación
también toman parte en algunos problemas
medioambientales:
Eutrofización. La deposición de nitrógeno
procedente de las emisiones de óxidos de nitrógeno
y amoníaco, conduce a un excesivo nivel de nutrientes en
ambientes que normalmente son pobres, causando un declive
de la biodiversidad.
Así mismo, el exceso de nitrógeno también es
un problema en los mares y océanos, donde el desarrollo
anormal de la masa de algas provoca el empobrecimiento en
oxígeno.
El ozono troposférico, tal como se explicó
anteriormente, se forma en la atmósfera por los
óxidos de nitrógeno y los compuestos
orgánicos volátiles en presencia de la luz del sol.
Es un gas venenoso que daña cosechas agrícolas,
árboles y personas. Se trata de un importante contaminante
transfronterizo que en ocasiones puede afectar a diversos
países vecinos. En el norte de Europa se ha estudiado con
cierto detalle la fenomenología de este gas, mientras que en
el sur de Europa, aún se desconocen muchos de los procesos
y condiciones implicados en la formación de altas
concentraciones de ozono. Esta región presenta ciertas
peculiaridades que influyen en la aparición de episodios
fotoquímicos tales como: altas temperaturas, elevada
insolación, orografía compleja, altas emisiones
biogénicas, ciclos diarios de vientos locales, etc. No
obstante, en toda Europa se han detectado elevados niveles de
ozono que frecuentemente superan los umbrales de
protección a la salud y a la
vegetación establecidos en la Directiva 92/72 CEE. Esto ha
llevado a la necesidad de reunir toda la información relevante por parte de los
Estados miembros, con objeto de elaborar la futura directiva hija
sobre el ozono. Con dicho fin, del 4 al 7 de marzo de 1997 se
celebró en Valencia el I Seminario
Técnico sobre la Contaminación por Ozono
Troposférico en el sur de Europa.
El cambio
climático. Casi la totalidad del azufre y una gran
proporción de los óxidos de nitrógeno que se
emiten a la atmósfera proceden de la combustión del
carbón y otros combustibles fósiles, siendo estos
también la fuente de emisión del dióxido de
carbono que contribuye al cambio climático.
5. Medidas para reducir las emisiones
Para evitar los daños por acidificación,
eutrofización y ozono troposférico, la demanda
mínima supondría una reducción de las
emisiones de óxidos de azufre y óxidos de
nitrógeno en al menos un 90 %, y un 75 % en aquellas de
compuestos orgánicos volátiles y amoníaco,
con respecto a los niveles detectados a principios de los
años 80. No obstante, las necesidades son variables entre
los distintos países y regiones, dependiendo de la
intensidad de tales emisiones.
En el período de 1980 a 1995, las emisiones de azufre en
Austria, Finlandia y Suecia cayeron por encima del 80 %, las de
óxidos de nitrógeno en un 10 % y las de
amoníaco en un 15 % aproximadamente. Estos datos muestran
que se está llevando a cabo una importante labor, pero
aún queda un largo recorrido para alcanzar el objetivo de no
sobrepasar las cargas críticas.
El consejo de administración de ambiente de la
Comisión europea, en sus preparaciones para las estrategias de la
UE para combatir la acidificación y la
contaminación por ozono troposférico, estimó
que las medidas ya acordadas o propuestas, llevadas totalmente a
cabo, reducirían las emisiones europeas totales de los
cuatro contaminantes que acidifican y forman ozono -
dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno,
compuestos orgánicos volátiles y amoníaco -,
en un 62, 38, 37 y 16 %, respectivamente, hacia el año
2010, en comparación con los niveles de 1990. Esto
supondría una reducción de la superficie de
áreas naturales en las que se superan las cargas
críticas de acidificación en un 80%, de 93 millones
de hectáreas en 1990 a 17 millones de hectáreas
hacia el 2010. A su vez, descendería en aproximadamente
dos tercios la exposición de seres humanos a las
concentraciones excesivas de ozono.
Es posible reducir las emisiones de contaminantes aéreos a
los niveles de las cargas críticas, sin realizar grandes
sacrificios financieros o materiales. Esto puede llevarse a cabo
de muy diversas formas, aunque básicamente se identifican
dos tipos de medidas: técnicas,
que implican la aplicación de medios
tecnológicos, y estructurales, que suponen un uso
más eficiente de la energía. Sin embargo, es
difícil establecer una separación entre ambas
estrategias, y en la mayoría de los casos resulta
más rentable la combinación de ambas, tanto desde
el punto de vista medioambiental como desde el económico;
la reducción de las emisiones de contaminantes
acidificantes simplemente aplicando las técnicas
disponibles, no es el mejor medio ni el más barato.
Resulta más sostenible a largo plazo la sustitución
de la energía fósil por fuentes de energía
renovables, así como la modificación de los medios
de transporte, procurando también el descenso de los
niveles del gas predominantemente responsable del efecto
invernadero: el dióxido de carbono. No obstante,
según un estudio desarrollado en relación con la
estrategia de
acidificación de la Comisión de la UE, la adopción
de un grupo de
medidas basadas en las mejores técnicas disponibles
aún resultaría rentable, ya que a pesar de suponer
un coste anual de 73 mil millones de ecus hacia el año
2010, los ingresos en forma
de salud mejorada y corrosión reducida de los edificios
alcanzarían hacia el mismo año al menos un valor de
91 mil millones de ecus. Esto además conllevaría
beneficios adicionales, tales como la reducción
drástica de la eutrofización en Europa, así
como del problema de la acidificación de los
ecosistemas.
Tecnología para el control de las
emisiones
Tanto las plantas de combustión como los vehículos,
pueden equiparse con tecnología de control
de emisiones que puede eliminar en un 90 %, e incluso más,
las emisiones de carácter acidificante. Pero además
a largo plazo será necesario sustituir el carbón y
otros combustibles fósiles.
En el caso del SO2, se puede actuar en tres puntos
distintos del ciclo para reducir las emisiones: eliminando el
azufre del combustible, eliminándolo durante la quema o
desulfurando los gases emitidos.
- La eliminación de azufre o
desulfuración del combustible supone la eliminación
del máximo contenido de azufre combustible del
carbón antes de su combustión. Este azufre puede
encontrarse en forma orgánica o inorgánica, y
solamente este último se elimina mediante el lavado del
carbón. El carbón se tritura, separándolo
posteriormente del azufre por distintos métodos.
La instalación de una planta de lavado en las centrales
que queman lignitos, es una medida necesaria para reducir las
emisiones de SO2, pero nunca suficiente.
- La desulfuración durante la
combustión se lleva a cabo mediante "lechos fluidizados"
en los que se introducen adsorbentes (caliza o dolomia),
consiguiendo la eliminación de una parte del
SO2, que queda en una capa de CaSO4. Los
inconvenientes que presenta este sistema se deben
a que no puede aplicarse a plantas ya instaladas, sino en las
nuevas, y no de gran potencia, y que
la desulfuración no es tan efectiva como cuando se realiza
sobre los gases emitidos.
- En el caso de la de SO2 a partir de los gases
emitidos, se aplican los procesos de desulfuración de
gases (FGD), que son los más eficaces en la
reducción de estas emisiones. Así se consiguen
disminuciones del 85-95 %, con la ventaja además de poder
aplicarse a grandes térmicas que ya están en
funcionamiento. Las técnicas FGD son las más
extendidas en centroeuropa y las más apropiadas para
aplicar en las grandes centrales de nuestro país.
Independientemente de la puesta a punto de las dos estrategias
mencionadas, también a nivel personal se puede
colaborar, intentando reducir el consumo de
energías fósiles e incrementando el de aquellas que
se consideran renovables.
España es uno de los mayores emisores de contaminantes entre los países industrializados. La producción de energía es con diferencia, la fuente de mayores emisiones de contaminantes a la atmósfera, seguida del transporte y otras actividades industriales. La industria energética produce grandes cantidades de óxidos, partículas en suspensión y compuestos orgánicos volátiles. La contribución del transporte y refinerías a estas emisiones sufre un incremento continuo sin retroceso y con períodos de ascensos bruscos a causa del crecimiento del transporte por carretera. Sin embargo, el sector industrial ha ido reduciendo sus emisiones a causa de la disminución de la actividad y la sustitución de combustibles. Son las centrales térmicas las que producen enormes cantidades de contaminantes atmosféricos. También se producen en la incineración de basuras, en diversos procesos industriales como la obtención de papel y de cartón y por oxidación del SH2 en los procesos bacterianos de descomposición de la materia orgánica. El dióxido de nitrógeno se origina en los procesos de combustión a elevadas temperaturas, en la fabricación de explosivos, en erupciones volcánicas, en tormentas de gran aporte eléctrico...
7. Instalaciones que lo forman
Las centrales térmicas producen la mayor parte de
la energía
eléctrica aunque, muchas de ellas apenas funcionan,
esto hace que tengan que arrancar y parar más de lo
necesario. Normalmente, tanto los arranques como las paradas son
momentos críticos en los que las emisiones son
especialmente altas. Las responsables de la mayor parte de las
emisiones en España son las centrales de As Pontes,
Andorra y Meirama todas ellas utilizando lignitos. Andorra y As
Pontes Estas dos centrales son propiedad de
ENDESA. As Pontes es la central termoeléctrica de mayor
potencia y Andorra la tercera ; ambas han sido y son objeto de
crítica por parte de colectivos afectados, desde tesis
doctorales hasta juicios por delito
ecológico están en el candelero por los efectos
escandalosos que estas dos centrales están provocando
sobre el medio
ambiente. Son dos de los cinco mayores
focos puntuales de
emisiones de óxidos de azufre de toda Europa, siendo As
Pontes probablemente el primero. El penacho de gases de
combustión ha provocado graves daños en los bosques
de las comarcas castellonenses del Maestrazgo y Els Ports, ambas
en la dirección más habitual del
viento.
Carbones nacionales Estos no son de muy buena calidad en lo que
se refiere a poder calorífico. Además el contenido en
azufre de los lignitos pardos y negros es alto, lo que provoca la
necesidad de quemar mayores cantidades para producir la misma
cantidad de energía, lo que conduce a mayores emisiones de
contaminantes. La minería a
cielo abierto es muy impactante por el hecho de destruir
enteramente los ecosistemas sobre los que se practica y por
afectar además a extensas superficies de territorio que
supuestamente deben ser regeneradas. Sin embargo, la
minería subterránea precisa de más mano de
obra y no es tan impactante para el medio pero los mayores costes
económicos que hasta ahora se han ampliado a la
minería a cielo abierto, han conducido a una
reducción fuerte de las explotaciones subterráneas.
¿QUÉ EFECTOS PRODUCE ? Efectos sobre los
ecosistemas acuáticos La mayor preocupación por el
impacto de la lluvia ácida sobre los ecosistemas
acuáticos se centra en los efectos sobre la población piscícola. La creciente
acidificación de los lagos ha causado la muerte de peces y
el agotamiento de las reservas. Los efectos negativos se han
atribuido a disminuciones repentinas del pH, sus descensos
graduales con el tiempo, provocan una acidez prolongada que
obstaculiza la reproducción científica y el desove,
con lo cual su fauna disminuye y se reproducen las especies
más tolerantes. Otro problema es que la deposición
ácida conduce a la movilización de metales
tóxicos, especialmente el aluminio, y
este puede ser otro factor que contribuye a la mortandad de los
peces. Efectos sobre los ecosistemas terrestres. La
deposición ácida puede causar daños a los
ecosistemas terrestres aumentando la acidez del suelo,
disminuyendo la cantidad de nutrientes, movilizando los metales
tóxicos, eliminando importantes sustancias del suelo y
cambiando su composición. La precipitación
ácida causa una reducción de la productividad
forestal afectando a las distintas clases de árboles. En
un estudio de un período de 15 años, se
demostró que la lluvia ácida esta lixiviando
importantes nutrientes de las plantas como el ácido, el
magnesio y el potasio de los suelos haciéndolos
inutilizables para los árboles. Además moviliza el
aluminio en los suelos forestales, que disminuyen la
proporción entre el calcio y dicho elemento hasta el punto
de que se deteriora el crecimiento de las raíces. Unos
efectos negativos tales como la lixiviación de nutrientes
distintos del nitrógeno podrían echar renuevos
temporalmente en bosques arraigados por el aumento del efecto
fertilizante de los nitratos. No obstante, este aspecto de la
lluvia ácida no lo es tanto porque a la larga la
productividad forestal puede ser limitada por la carencia de
nutrientes distintos del nitrógeno. Además de los
árboles, se ha centrado la atención en los efectos sobre un amplio
espectro de cultivos. Efectos sobre la salud humana Excesivas
cantidades de cationes de hidrógeno introducidos en el
suelo por precipitación ácida pueden cambiarse por
cationes de metal pesado introduciéndose en el suelo y las
corrientes de agua. Los componentes metálicos pueden
contaminar a los peces comestibles y el agua potable y
así, pasar a las personas.
8. Acidificación en lagos noruegos a lo largo de 20 años

Otra cuestión preocupante es que la deposición ácida puede acelerar la lixiviación, la movilización y acumulación de metales pesados tóxicos y otras sustancias químicas y nocivas en vertederos de residuos peligrosos. Su acción directa sobre los seres humanos se refleja en el aumento de las enfermedades cardiovasculares y de las vías respiratorias, de la conjuntivitis y de las alergias. Efectos sobre los materiales y la visibilidad La precipitación ácida puede acelerar la corrosión de metales y la erosión de las piedras. La frecuencia cada vez mayor de neblinas contaminantes en áreas rurales y desiertas puede afectar al clima de la tierra. REDUCCIÓN DE EMISIONES DE CONTAMINANTES Para reducir las emisiones de SO2, NOx y polvo existen varios métodos clasificados según sean antes, durante o después de la combustión : a) Previas a la combustión disminuyendo el azufre de los combustibles. b) Durante la combustión se hace intervenir una reacción de neutralización a alta temperatura mediante la acción de cal o caliza. c) Posteriormente a la combustión se produce una neutralización química que se lleva a cabo : n En vía húmeda : se da después de la eliminación del polvo, lo que da lugar a fangos de sulfatos. n En vía semiseca : el lavado anteriormente utilizado es reemplazado en este caso por la fina pulverización de una solución neutralizadora en los gases de combustión ; estos evaporan el agua y dan como resultado un polvo seco. n En vía seca : la reacción de neutralización tiene lugar bajo la forma gas/sólido. Se realiza en un reactor cuyo dimensionamiento debe hacerse cuidadosamente. ZONAS DONDE SE DA Las zonas que tienen más fuentes de acidez están entre las que sufren mayor cantidad de precipitación ácida, pero sólo el transporte a largas distancias de óxido de azufre y nitrógeno desde estas fuentes puede explicar la lluvia ácida en lugares distantes de las fuentes de contaminación. Aunque una parte sustancial de las emisiones de SO2 se deposita cerca de sus fuentes , una proporción significativa se dispersa por lugares lejanos. Ésta proporción que no se deposita "in situ" se difundirá por la atmósfera y se transformará por oxidación en sulfatos ; una situación similar acontece a las emisiones de óxido de nitrógeno ,donde ciertas cantidades se convierten en aerosoles de nitrato. El efecto de la lluvia ácida varia según el pH del suelo sobre el que caiga : mientras que los terrenos graníticos dan lugar a suelos ácidos, lo que acentúa el problema, las rocas calcáreas dan lugar a suelos básicos, que convierten los ácidos sulfúricos y nítricos en sulfatos y nitratos. CONCLUSIÓN Desde la revolución industrial la acidez de las precipitaciones ha aumentado espectacularmente en muchas partes del mundo. Actualmente representa la cara más tenebrosa de la contaminación atmosférica, se puede decir que la contribución de las emisiones contaminantes de las llamadas grandes instalaciones de combustión y en particular, de las centrales térmicas de carbón, al deterioro atmosférico y a los graves impactos sobre bosques, monumentos y salud humana, resulta indudable.

Si bien la lluvia ácida es dañina para la
salud de los humanos, los seres vivos y en general para el
ambiente, la neblina ácida parece que la desplazará
en importancia y preocupación por los efectos nocivos que
tendrá en el ambiente.
Se sabe que la niebla puede contener elevadas concentraciones de
sulfatos y nitratos muy ácidos, hasta 100 veces más
el promedio de la lluvia.
El agua de la niebla es más ácida que el agua de la
lluvia debido a que la niebla se forma cerca de la tierra, donde
la concentración es mayor. Debido a que las gotitas de
agua de la niebla contienen mucha menos agua que las gotas de
lluvia, no diluyen la acidez tanto que la lluvia, de ahí
que cuando se forma la niebla, sus pequeñas gotas sean
altamente ácidas.
A medida que crece el tamaño de las gotas la niebla se
hace más densa, la acidez se reduce. Cuando la niebla se
evapora y se disipa, la acidez aumenta una vez más. En las
grandes ciudades se ha descubierto que la niebla es más
ácida después de días en que ha habido
concentraciones considerables de contaminantes
atmosféricos.
Además de los sulfatos y los nitratos, la niebla
ácida puede contener rastros de plaguicidas - de acuerdo a
los mecanismos de transporte continental de contaminantes -, que
en comparación con la concentración de insecticidas
organofosforados que se encuentra en la lluvia, éstos
tienen una concentración dos a tres veces mayor en la
niebla.
Esta elevada concentración de acidez de la niebla ha
despertado preocupación con respecto a los daños
que puede causar a la vegetación, a los cultivos y a la
salud. Los estudios demuestran que la niebla ácida causa
daños a la lechuga y aumenta la acidez de los frijoles.
También se sospecha que la niebla ácida afecta a
los bosques alpinos que frecuentemente están cubiertos de
niebla.
En invierno los árboles de los climas septentrionales
presentan a menudo niebla helada condensada en contacto con su
superficie. Si esta niebla es más ácida que la
lluvia, ello podría explicar la muerte periférica
de algunos bosques.
Las consecuencias para la salud de la exposición a la
neblina ácida sin inciertas. Sin embargo, es un hecho que
algunos episodios de contaminación atmosférica con
aumentos documentados de la mortalidad y la morbilidad se
produjeron en tiempos de nieblas. Las gotitas de niebla
podrían aumentar los riesgos para la
salud si contuvieran y transportaran suficientes contaminantes
que afectaran al tórax y a los pulmones.
Aun en la actualidad se dispone de poco conocimiento
acerca de la niebla ácida en las zonas industriales y se
necesitan estudios detallados de la concentración que se
deposita en ellas, así como sus efectos para el medio
ambiente y la salud. Con sus resultados se podrían
formular medidas para reducir sus efectos.
Fragmento de Polvo atmosférico y lluvia
ácida: menos polvo, más daños.
De Lars O. Hedin y Gene E. Likens.
El problema de la lluvia ácida
Las bases (compuestos químicos con un pH mayor que 7)
existentes en el polvo atmosférico tienen un efecto
beneficioso al contrarrestar la acidez de las deposiciones
ácidas. Su reducción por múltiples factores
parece incrementar los efectos dañinos sobre el medio
ambiente provocados por la lluvia ácida, como se pone de
manifiesto en este epígrafe del artículo Polvo
atmosférico y lluvia ácida.
Los esfuerzos empeñados en la reducción de las
emisiones de contaminantes ácidos cosecharon unos
éxitos iniciales alentadores: los niveles de azufre
atmosférico, por ejemplo, han caído
espectacularmente a lo largo de los 30 últimos años
en gran parte de Europa y región oriental de
Norteamérica. Nosotros nos propusimos sopesar si tales
reducciones en los compuestos de azufre beneficiaban o no al
medio. En ese contexto, nos preocupaba que los responsables de la
política
ambiental y los científicos pudieran estar subestimando el
papel de las bases atmosféricas. Considerando la
importancia de las especies químicas básicas tanto
para el crecimiento de los bosques como para la prevención
de la lluvia ácida, decidimos investigar si los niveles de
polvo atmosférico han cambiado, a lo largo del tiempo, en
respuesta a las emisiones más bajas impuestas por la nueva
legislación.
Se dictaron normas para
limitar las emisiones de polvo porque, se sabía desde
hacía tiempo, la inhalación de partículas
microscópicas suspendidas en el aire acarrea
múltiples problemas de salud, amén de reducir la
visibilidad y originar un sinfín de trastornos
ambientales. Los gobiernos de Norteamérica y Europa han
venido elaborando a lo largo de los últimos 20 años
normas de calidad del aire en punto a partículas
suspendidas; tales normas diferían de las que regulaban la
contaminación ácida. (El polvo atmosférico
procedente de otras fuentes parece haber disminuido
también. Gary J. Stensland y Donald F. Gatz, de la
Inspección de Aguas del estado de Ilinois, han hallado que
las emisiones de partículas que contienen bases han
descendido con la disminución del tráfico por
carreteras sin asfaltar.)
En colaboración con expertos europeos, empezamos por
evaluar las series de química de la precipitación,
lo más antiguas posible que hubiera referentes a la parte
oriental de Norteamérica y a Europa occidental. Midiendo
los cationes básicos disueltos en la nieve y el agua de
lluvia, seguimos la pista del nivel de bases minerales en la
atmósfera y registramos la proporción de esos
cationes básicos que entra en los ecosistemas forestales.
Obtuvimos unos resultados sorprendentes. Descubrimos que las
bases atmosféricas habían disminuido a un ritmo
inesperadamente vertiginoso en los últimos 30 años.
La serie norteamericana más antigua, tomada en el Bosque
Experimental Hubbard Brook de New Hampshire, mostraba una
caída del 49 por ciento en cationes atmosféricos
básicos desde el año 1965.
Al otro lado del Atlántico, la serie europea de alta
calidad y máxima duración, de la estación
sueca de Sjöängen, evidenciaba un decrecimiento del 74
por ciento en cationes básicos desde 1971. Nuestros
análisis de otras series confirmaron, con
pocas excepciones, que las bases atmosféricas
habían descendido abruptamente en grandes zonas de Europa
y Norteamérica.
Pero, ¿han sido esas bajas en bases atmosféricas lo
suficientemente fuertes para contrarrestar —o incluso
anular— los beneficios ambientales esperados de las
reducciones en emisiones ácidas? Tal ha ocurrido, a tenor
de nuestra investigación. En efecto, hallamos que la
disminución de bases se superpone con frecuencia al
descenso de azufre atmosférico, hasta el punto de que su
ritmo anula una parte considerable del descenso de compuestos de
azufre. Observamos, por ejemplo, que el descenso en cationes
básicos anulaba entre 54 y 68 por ciento de las
reducciones en azufre atmosférico en Suecia y hasta el 100
por ciento en determinadas zonas del oriente de
Norteamérica. Estas tendencias significan que la
disminución de las bases está manteniendo la
sensibilidad de la atmósfera a los compuestos
ácidos, pese a la reducción de las emisiones de los
mismos. Cuando iniciamos el trabajo, no
sospechábamos que la reducción de una forma de
contaminantes —las partículas de polvo—
sirviera para arruinar el éxito
de las reducciones de otro contaminante, el dióxido de
azufre.
Las numerosas fuentes de partículas de polvo y el
carácter fragmentario de la información sobre las
emisiones de partículas dificultan la tarea de determinar
por qué se han producido esas notables reducciones en el
contenido de bases atmosféricas. Sabemos que las modernas
técnicas industriales, más limpias y desarrolladas
de acuerdo con la normativa sobre la emisión de materia
particulada, han constituido un factor importante.
No cabe la menor duda de que un mayor rendimiento de la
combustión y una eliminación más eficaz de
partículas en las chimeneas han permitido que se frenara
la contaminación por partículas vinculada a la
combustión de carburantes fósiles. Más
difícil resulta cuantificar la contribución de
fuentes de polvo difusas: tráfico, labores
agrícolas y erosión eólica. Pese a ello,
creemos que la disminución de las partículas de
polvo refleja principalmente cambios en la conducta humana,
más que variaciones naturales.
Fuente: Hedin, Lars O. y Likens, Gene E. Polvo atmosférico
y lluvia ácida. Investigación y Ciencia.
Barcelona: Prensa
Científica, febrero, 1997.
Autor:
Trabajos relacionados
Ver mas trabajos de Ecologia |
|
Nota al lector: es posible que esta página no contenga todos los componentes del trabajo original (pies de página, avanzadas formulas matemáticas, esquemas o tablas complejas, etc.). Recuerde que para ver el trabajo en su versión original completa, puede descargarlo desde el menú superior.
Todos los documentos disponibles en este sitio expresan los puntos de vista de sus respectivos autores y no de Monografias.com. El objetivo de Monografias.com es poner el conocimiento a disposición de toda su comunidad. Queda bajo la responsabilidad de cada lector el eventual uso que se le de a esta información. Asimismo, es obligatoria la cita del autor del contenido y de Monografias.com como fuentes de información.
Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com
|
|