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Logros del taller Torres García como escuela de arte

Enviado por Carlos Petrella



  1. Síntesis
  2. Los logros artísticos del taller
  3. Los logros educativos del taller
  4. Las evidencias de los cambios operados
  5. Referencias bibliográficas

SINTESIS

Este trabajo de investigación recoge diversos testimonios y referencias documentales sobre los logros educativos y plásticos del Taller Torres García obtenidos durante el desarrollo del proyecto de investigación de maestría sobre la propuesta educativa de la Escuela del Sur realizada por Carlos Petrella en la Universidad Católica del Uruguay durante los años 1993, 1994 y 1995 (Petrella, 1996).

El Taller Torres García presentaba una propuesta plástica y educativa innovadora que se enfrentó con un ambiente poco tolerante a los cambios ante el cual actuó decididamente para marcar su perfil y divulgar su propuesta utilizando todos los medios a su disposición. Las lecciones de Torres García, las revistas de divulgación, las exposiciones de obras y los trabajos colectivos constituían una forma de manifestarse ante la sociedad.

Todo este esfuerzo pujaba por encontrar su lugar en la plástica nacional y proyectarse con un alcance regional, buscando para ello las raíces de la tradición indoamericana. Todo esto resultaba particularmente atrayente para jóvenes artistas. Precisamente los logros del Taller tienen mucho que ver con ese enfoque orientado a la producción y a la divilgación del Arte Constructivo

La presentación de los resultados educativos y plásticos directos de la escuela mientras funcionó regularmente y la comprensión de su proyección durante la segunda parte del siglo XX constituyen un incentivo para comprender mejor las singularidades de esta escuela de arte y su particular impacto en el arte uruguayo, que a esta altura tiene un alcance que trasciende al país.

EL AUTOR

Carlos A. Petrella es Ingeniero en Computación de la Universidad Mayor de la República (Uruguay) y tiene una maestría en negocios y una maestría en educación en la Universidad Católica de Montevideo.

Carlos Petrella un investigador con más de 20 años de trayectoria en cuestiones relacionadas con el cambio organizacional y con al educación con amplios conocimientos de cultura organizacional y proyectos de cambio.

Ha dictado múltiples Conferencias en Congresos y Universidades, ha realizado publicaciones en diversas revistas especializadas y es autor de ocho libros sobre organizaciones, educación y arte.

1 LOS LOGROS ARTÍSTICOS DEL TALLER

José Montes, recordando palabras de su maestro Augusto Torres afirma: "Hay que decir una verdad con elementos plásticos". Según Montes, el Taller Torres García tenía una verdad que decir. La que deriva de la necesidad de construir la pintura, cambiando siempre para no repetirse. Seguir una línea de pintura construida sin "amanerarse". "Eso era lo que Torres García trataba de que no les pasase a sus discípulos". (José Montes entrevista grabada el 16 de junio de 1995 en su casa). Precisamente sus principales discípulos muestran en sus obras el deseo de trascender con personal singularidad. Incluso hoy, 50 años después, esa verdad plástica mantiene vigencia. Las obras permanecen para dar testimonio.

Cuando Torres García habló de los logros plásticos del Taller Torres García aclaró: "Podemos apuntarnos en nuestro haber, la recuperación del objeto, la visión normal de él, un sentido humano y de naturaleza, sin recurrir al tema; el situarnos en el presente sin exageración modernista; una especie de ritmo en contrapunto, encontrando en los planos de color el elemento dinámico o móvil, y en el sentido ortogonal, lo constante, lo fijo; los objetos generándose en la geometría; el tono, como elemento profundo, absoluto, universal, que es la pintura en sí misma" (Torres García L.R.O. pág 73 citado por García Puig, 1990, pág. 137).

Dumas Oroño, discípulo del Taller en una etapa posterior a 1949, realiza una síntesis admirable de los aportes de la propuesta torresgarciana basada en tres elementos rescatados del documento que describe la "Nueva escuela de Arte del Uruguay" (Torres García, 1946 b). Primero la importancia de la tradición en arte para a partir de allí intentar ser original, segundo la definición de arte moderno como aquel que en una época llega a la profundidad de lo abstracto y tercero la necesidad de que América de origen a un arte inédito que la represente, sin dejar por ello de ser universal. (Entrevista grabada con Dumas Oroño el 22 de febrero de 1995 en su casa)

Sin embargo, todas las enseñanzas del Taller Torres García no estaban solamente en el terreno conceptual. No debe olvidarse que en el Taller se enseñaban también las técnicas básicas relacionadas con la práctica de la producción de obras de arte. "El gran aporte de Torres fue lograr inculcar [a los discípulos] conceptos básicos como estructura, tono, ritmo, color y calidad sensible de la materia, de los cuales los dos primeros son los más diferenciadores". Estos logros requerían una formación básica muy sólida y una práctica importante del oficio de pintor, aunando los "principios generales" con la "parte técnica". (Entrevista grabada con Lucio Cáceres el 11 de febrero de 1995 en su casa)

Aun aquellos que no fueron alumnos directos han recibido una formación importante del Taller. Tal es el caso, por ejemplo de Juan Storm: "Yo le agradezco mucho al Taller Torres García el concepto de pintura, de disciplina, la manera de construir un cuadro, pero todo eso lo apliqué para plasmar, estructurar, la poesía que campea por nuestra patria. Creo que Torres dio toda su teoría y sus ideas, no para unos pocos, sus alumnos directos, sino para todos, pintores y no pintores. No fue para elitistas". (Roubaud, 1994, págs. 33 y 35).

También García Puig, ha hecho un interesante aporte para identificar los logros del Taller Torres García. La autora ha planteado como, aportes relevantes la construcción universal y moral como valores principales de la propuesta torresgarciana. También ha destacado la importancia del legado teórico como punto de partida para la creación artística, que ha buscado como ideal lo absoluto y experimentado satisfacción por la simplicidad y humanidad de las obras de arte producidas. (García Puig, 1990, págs. 135, 136 y 137). Sin duda una síntesis atrayente de los logros del Universalismo Constructivo y su aplicación práctica.

Sin embargo, el mejor testimonio artístico del Taller Torres García ha consistido en mostrar a la sociedad montevideana y al mundo, las obras de un maestro y sus discípulos durante un período fermental, que produjo una explosión creativa de inusitada fuerza y calidad plástica.

2 LOS LOGROS EDUCATIVOS DEL TALLER

Sin dejar de reconocer la importancia de las contribuciones a la plástica en general, en este trabajo de investigación se ha procurado rescatar un resultado del trabajo del Taller Torres García, hasta ahora muy poco considerado. La propuesta de una metodología de enseñanza de las artes plásticas que ha sido tremendamente innovadora dentro del ambiente plástico de nuestro país.

Las dificultades se ponen de manifiesto debido a que la proliferación de lecciones teóricas de pintura se opone una parquedad muy grande sobre aspectos propios de la instrumentación de la enseñanza. Las indicaciones de Torres García sobre aspectos curriculares de la enseñanza de las aportes plásticas está dispersa en toda su obra. Describir con la mayor precisión posible esa propuesta, ha sido, uno de los más importantes objetivos de la investigación.

Durante años se discutió sobre si el Taller si o el Taller no. Que si "La enseñanza del Taller era sistemática y formularia, que tendía a deformar. Sobre eso polemizábamos." (Entrevista grabada con Dumas Oroño del 22 de febrero de 1995 en su casa). Cuánto de lo enseñado en el Taller generaba subordinación y cuánto enriquecimiento. Esta pregunta no tiene una respuesta precisa. No es posible todavía lograr cierta coincidencia entre aquellos contemporáneos que vivieron ardorosamente la polémica.

Puede que parte de estas afirmaciones críticas encierren un poco de verdad. Sin embargo, de este reconocimiento a posibles fallas, no debe concluirse que la propuesta educativa torresgarciana deba ser descartada. Es más, aun reconociendo que las reglas condicionan o que pueden limitar la libertad, también hay que reconocer que apoyan al discípulo en la formación de su personalidad como artista.

El Taller Torres García puede anotarse muchos logros educativos, pero en particular se resaltan cuatro:

1) Mostró una propuesta educativa basada en la enseñanza de un conjunto de valores humanos y plásticos esenciales en el proceso de formación de un artista. La necesidad de una metafísica que oriente para la compresión del mundo, la consistencia entre la vida y la obra del artista, la importancia de la obra de arte como estructura, el significado de la obra de arte como símbolo, la necesidad de recuperar plásticamente el objeto o la importancia del tono como valor en una obra de arte. Torres García tenía claro todo lo que representaba enseñar pintura construida en término de valores en general. Cada lección de Torres García era una lección de valores. En ese camino trataba de desviarse lo menos posible. Sin perjuicio de ello, adaptaba el currículum poníendolo al servicio de las necesidades, intereses e inquietudes de sus discípulos. La formación personal del discípulo, desarrollando sus singularidades, era un valor importante en el Taller.

2) Las enseñanzas de Torres García permiten recuperar el papel de las teorías de arte como referencia y la importancia de la orientación personal mediante reglas prácticas. Logró armonizar uno de los factores críticos en la educación, la relación de la teoría plástica, con la práctica de la pintura. Si bien esa armonía no estuvo ajena a los conflictos, la separación de "lo teórico" y "lo práctico" no formaba parte de los procedimientos educativos del Taller. Los "principios de procedimiento" del Taller estaban claros. A partir de allí, los medios educativos asociados, tendían el puente entre teoría y práctica educativa. En definitiva los instrumentos ayudaban a ver los dos mundos, como interdependientes. Torres García aplicaba empíricamente muchas de las recomendaciones de la teoría crítica de Carr y Kemmis, antes que estos las escribieran.

3) Las actividades de evaluación estaban concebidas como un proceso que abarcaba todas las instancias de formación del estudiante. Además esa evaluación se iba realizando cada vez en ámbitos más grandes pasándose desde una relación individual, a una comparación interna colectiva; hasta llegar al ámbito de las exposiciones colectivas de las obras frente a la sociedad. Aquí surge una coincidencia con Gardner cuando plantea la necesidad de que la evaluación se produzca en el contexto natural en que el estudiante realiza su trabajo. Torres García también sostenía esto. Buscaba darles a sus discípulos la oportunidad de observar los problemas plásticos que se producen trabajando en una obra y planteaba la necesidad de una interacción efectiva con el estudiante.

4) La educación plástica puede generalizarse dejando de ser una disciplina exclusivamente concentrada en la formación de artistas. Torres García ha realizado una labor de divulgación en el ámbito general para llegar a la mayor parte de la sociedad uruguaya, acudiendo para ello a todos los medios a su disposición. Desde las exposiciones, pasando por las conferencias o, dejando testimonio en libros, revistas y periódicos. Incluso ha utilizado la radio habitualmente, para difundir su prédica. Eso ha comenzado a impactar sobre la sociedad. El enorme esfuerzo de divulgación ha permitido finalmente recoger los frutos que Torres García intuía pero, por problemas de tiempo, el reconocimiento general no pudo ser apreciado personalmente por el maestro.

A partir del Taller Torres García se ha comprendido, en una forma más amplia, "el proceso de enseñanza de las artes plásticas". La idea de que la enseñanza debe aportar nutrientes en un contexto más amplio y que se requiere tiempo para el proceso de asimilación. En toda enseñanza existe una relación dialéctica de apropiación de conocimientos del maestro y generación trabajosa de productos nuevos que, algunas veces, permiten generar una nueva propuesta innovadora que parte en esencia de lo que se ha asimilado originalmente. Para ello son necesarias "zonas de subordinación" seguidas de "zonas de enriquecimiento". (Entrevista grabada con Dumas Oroño el 22 de febrero de 1995 en su casa)

Torres García ha enseñado su visión de las artes plásticas a todos aquellos que se le han acercado, mostrando un rumbo que entendía que era correcto. El maestro pensaba que su forma de orientación plástica no generaba condicionamientos, por lo menos conscientes, que operaran como limitantes en la creación que emprendieran sus discípulos luego. (Incluso desde antes del emprendimiento del Taller). El pensaba que enseñar pintura construida, permitiría a sus alumnos una mejor y más profunda comprensión del arte. En esa prédica, Torres García concentró sus mayores esfuerzos como maestro.

En una entrevista realizada a fines de los años 30 afirmaba respecto de sus discípulos: "Ellos harán lo que quieran. Los que me han seguido ha través de estos 5 años de estudios (con una fidelidad que yo les agradezco) tienen suficiente repertorio en cualquier sentido para manifestarse en un arte personal". (Marcha Nº 17 del 13 de octubre de 1939). El maestro sabía que el arte constructivo estaría prendido a sus vidas y que posiblemente les serviría de trampolín para continuar expresándose.

El siguiente cuadro muestra los principales logros educativos del Taller Torres García.

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Los logros educativos del Taller

3 LAS EVIDENCIAS DE LOS CAMBIOS OPERADOS

Para aquilatar la real dimensión de este "triunfo" final del Taller, hay que comprender la magnitud del cambio que se propuso realizar y los escasos recursos con que contaba para intentarlo. De hecho Torres García planteó un desafío frontal a la cultura plástica del país. Debió enfrentar a una sociedad conservadora que reaccionaba ante el peligro de ver que ciertos principios fundamentales eran cuestionados. Precisamente esta sociedad defendía su derecho a mantener todo como estaba reclamando: "la comodidad" de lo conocido. En definitiva, según Torres García "la supervivencia de un estado rutinario de mediocridad".

Según Torres García; el Taller debía marcar un camino diferente. El choque con un ambiente muy conservador generaría inevitablemente numerosos conflictos. Anhelo Hernández se plantea el problema plástico que determinó la gran resistencia al cambio que ha encontrado Torres García a su regreso al país. "El Taller [Torres García] tropezaba con una resistencia nacional, pues no se podía sacar del naturalismo al país de la noche a la mañana. Todo lo que había en el ambiente era expresionismo". (Hernández entrevista grabada el 31 de julio de 1994 en su casa). Esa era la realidad plástica del Uruguay de los años 30 y 40.

A pesar de las dificultades, los hechos han demostrado que el Taller dejaría una huella profunda. "La influencia de la obra realizada por Torres García y divulgada su doctrina por el libro y la explicación verbal del maestro, doctrina basada en el tono y la geometría, que somete la realidad al imperio de las leyes científicas, creando un mundo de figuras geométricas, ha penetrado en el clima plástico nuestro y han habido momentos, en que toda la producción pictórica local, ha llevado el sello de los "grises" y del "tono", que ha alcanzado, no solamente a sus discípulos directos, sino también a los posteriores ..." (Laroche Ernesto, 1992, Tomo I pág. 27).

Aún sus detractores de entonces, han recibido la influencia positiva derivada del cuestionamiento del naturalismo copiado del clasicismo europeo. Tanto los que apoyaban a Torres García, como aquellos que lo criticaban duramente, debieron prepararse para mejorar sus argumentaciones. Como consecuencia, de todo el movimiento generado, tanto en pro como en contra, la abstracción es hoy aceptada, aunque todavía con recelo, por una mayor cantidad de personas. El uruguayo ha podido, eventualmente no comprenderla, pero ya no la mira como un "mamarracho" producto de la creación de unos pocos pintores excéntricos que no son representativos.

El reconocimiento fue llegando paulatinamente. La tenacidad de sus críticos ha ido dando paso gradual a la aceptación y muchas veces después al elogio encendido. El mercado local ha ido aceptando cada vez más las obras del Taller Torres García. Incluso en los números finales de Removedor, se ha reconocido esa situación. Esa aceptación también alcanzó el ámbito internacional. Además el rescate de sus valores plásticos, ha ido acompañado de un incremento en la cotización de las obras del Taller. Este es un buen indicador, si bien el análisis del fenómeno ha estado fuera del alcance de esta investigación.

Hay que acotar que, la labor incansable de Torres García logró gradualmente una identificación con la cultura general del pueblo uruguayo. Entre las pautas más significativas se encuentra, como señala Dieste un "acercamiento a la cultura popular" sin contenido político y una apuesta a la idea de: "revalorizar lo americano". Se plantea la importancia de la encarnadura de una filosofía plástica. Y sobre todo: "Un sentido humano de las cosas". Detrás de la racionalidad del constructivismo, había una expresión afectiva. Todo eso fue finalmente recogido. (Eladio Dieste, entrevista grabada el 15 de noviembre de 1994 en su casa).

Los múltiples artículos de difusión publicados en la prensa han mostrado el paulatino acercamiento del Universalismo Constructivo con el sentir de los uruguayos. Incluso hoy es frecuente ver reproducciones de la pintura constructivista, en ambientes diferentes de los estrictamente artísticos, representando ideas ya asimiladas e incorporadas a la cultura nacional. Se ha creado una especie de identidad con la simbología empleada, que va más allá de los aspectos plásticos y que represente una forma de expresión colectiva. Esta simbología forma parte de la cultura nacional.

Lo cierto es que, como afirma Sarandí Cabrera: "El medio [uruguayo] absorbe a Torres y lo institucionaliza" con el correr de los años. Torres García nacido artísticamente en Europa, forma hoy parte de la cultura nacional que se identifica con él de una manera impensable hace 50 años. Hoy Torres García está presente en muchas actividades, incluso formando parte de campañas publicitarias. (Como ejemplo se cita la publicidad masiva de una tarjeta de crédito local usando un cuadro de Torres García) "Con sus aspectos positivos y negativos" fue finalmente aceptado. (Entrevista grabada con Sarandí Cabrera del 29 de octubre de 1994 en su casa).

Sin embargo, todo esto ha ocurrido muy gradualmente y finalmente se ha consolidado varias décadas después. Algunos de los impulsores que han dado fuerza al Taller empezando por el maestro, no han visto la culminación de su obra. El maestro ha sido una persona muy comprometida con su propuesta. El reconocimiento ha sido algo importante para él. Lamentablemente, no ha alcanzado a ver aceptada popularmente su obra. Seguramente, pese a la fortaleza de sus convicciones, la aceptación de su propuesta plástica, le hubiese provocado una enorme satisfacción.

Cincuenta años después de la experiencia del Taller, la receptividad general a la propuesta de Torres García se ha tornado ya evidente. La percepción general de la gente respecto del constructivismo torresgarciano ha cambiado. La escuela constructiva tiene un lugar bien ganado en nuestra sociedad. Hoy es aceptada la propuesta plástica torresgarciana. Su pintura ha sido finalmente reconocida localmente y ha sido incorporada a la cultura plástica nacional. Sus manifestaciones han estado presentes en numerosas actividades de la vida diaria, de lo que han sido pruebas testimoniales, el uso de su propuesta en diferentes campos de actividad.

Los movimientos posteriores han ido tendiendo a una mayor abstracción que ha reflejado muy bien Laroche en la introducción del libro Plásticos Uruguayos donde habla precisamente de la universalidad de la abstracción y en particular de los ejemplos uruguayos. Las directivas del arte uruguayo posteriores a Torres García se han podido caracterizar "por la tendencia casi unánime de marchar hacia la desintegración de todos los aspectos realistas, para ir a la representación de formas abstractas y simbólicas. Por sucesivas etapas plásticas, se fue creando la senda hacia lo no figurativo, hacia lo abstracto". (Laroche Ernesto, 1992, pág. 29).

Esa abstracción se ha ido desarrollando desde núcleos fermentales hasta su consolidación en diversos grupos no figurativos pasada la década de los 50. En general las corrientes plásticas surgentes han buscado representar genéricamente, en la pintura, la realidad subjetiva con cada vez mayor grado de abstracción. El "abstractismo" como forma de expresión, se ha ido incorporando gradualmente a la plástica nacional hasta tener representantes muy sólidos. Entre ellos se puede citar al propio Cúneo firmando como Perinetti, García Reino, Costigliolo o Freire entre muchos otros.

Las fuentes de esa tendencia hacia la abstracción en la pintura uruguaya se han podido encontrar en puntos de aprendizaje como el Círculo de Bellas Artes y posteriormente en la Escuela de Bellas Artes creada en 1943. Pero sin duda, otro punto fuerte se ha debido buscar en la Asociación de Arte Constructivo y principalmente en el Taller Torres García. Como referencia ampliatoria, precedentemente citada, se puede consultar el trabajo de Laroche (1992) en la introducción en Plásticos Uruguayos. (Tomo I). También se sugiere ver la propuesta de García Esteban (1968) sobre las Artes Plásticas del Uruguay en el siglo veinte.

La presencia del maestro en Montevideo no sólo ha determinado una importante influencia en el Uruguay. La influencia de Joaquín Torres García se irradió al resto de América. Especialmente a Argentina, Chile y Venezuela, donde ha servido de ejemplo y punto de referencia para que otros desarrollaran procesos de abstracción geométrica, que hoy aceptamos, pero que entonces resultaban muy difíciles de comprender, y en muchos casos fueron objeto de reprobación y en algunos casos de burla. Esta ha sido una de las luchas más grandes que Torres García debió emprender. La lucha contra la incomprensión, que solamente se revertiría con el correr de los años.

Hoy se puede hablar sin duda de un legado trascendente del Taller Torres García en el arte latinoamericano cuyo centro es el rescate de la tradición artística autóctona, desde la perspectiva de las artes visuales. Mari Carmen Ramírez realiza una excelente síntesis descriptiva de esta influencia. La autora analiza "la influencia de las obras y teorías de Torres García en la formación de la nueva Escuela del Sur a través de un grupo representativo de artistas que han seguido, ampliado o redefinido aspectos clave del legado del maestro uruguayo". En ese grupo figuran importantes discípulos directos del maestro en el Taller. (Ramírez y otros, 1991, pág. 115)

Ramírez destaca un aspecto muy importante de la contribución de Torres García para rescatar la identidad plástica latinoamericana: "A partir de Torres García, el referente precolombino asume una función paradigmática en el arte latinoamericano; su representación, ya fuera bajo la forma de pictogramas, símbolos totémicos o signos muy estilizados, iba a suponer un acto de autodefinición y afirmación cultural". (Ramírez y otros, 1991, pág. 118). El propio Torres García (1939, pág. 15) destaca la importancia de la cultura preincaica como modelo autóctono de referencia, para generar la base de la unificación sudamericana sobre una auténtica cultura local.

Tal vez lo más significativo es que Torres García ha procurado mostrarnos una nueva forma de ver la pintura a partir de una jerarquización de los valores culturales locales latinoamericanos. "Vi una vez en su casa, creo que hecho por él, un mapa de Sud América, en que el sur estaba arriba, con la punta de la Patagonia y del extremo de Chile, marcando ese sur como una flecha, y al leerme en los ojos la pregunta, que ya era una respuesta, me dijo así: "¿Por qué hacer los mapas con el norte hacia arriba?" Poner el sur arriba contribuirá a hacernos ver, que debemos poner nuestra atención en nuestro propio mundo, más que en Europa". (Fló y otros, 1974, pág. 201 capítulo: Torres García y nuestra tierra escrito por Eladio Dieste).

La prédica de Torres García ha llevado gradualmente a la cultura plástica nacional por el camino de la jerarquización de los valores culturales locales y también por el camino de la aceptación de la abstracción como medio expresivo.

Los cambios operados se reflejan sintéticamente en el siguiente esquema interpretativo:

 

JERARQUIZACION DE LOS VALORES CULTURALES LOCALES

 

 

impulsó el

 

RESCATE DE LA IDENTIDAD PLÁSTICA LATINOAMERICANA

 

 

que facilitó gradualmente el

CUESTIONAMIENTO DEL NATURALISMO IMITATIVO

 

 

y llevó finalmente a la

 

ACEPTACIÓN DE LA ABSTRACCIÓN COMO MEDIO EXPRESIVO

  Cambios operados por la acción del Taller

4 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Fló Juan y otros. Testamento Artístico, Montevideo, Marcha, 1974

García Esteban Fernando. Artes plásticas de Uruguay en el siglo veinte, Montevideo, Universidad, 1968

García Puig María Jesús. Joaquín Torres García y el Universalismo Constructivo, Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1990

Laroche Ernesto (Autor de la introducción págs. 9 a 101). Plásticos Uruguayos Tomos I y II, Montevideo, Linardi y Risso, 1992

Petrella Carlos. La propuesta Educativa del Taller Torres García. Montevideo. Ediciones de la Plaza, 1996

Ramírez Mari Carmen y otros. La escuela del sur. El taller Torres-García y su legado, Madrid, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 1991

Roubaud Elisa. J. Storm, Montevideo, Ediciones de la Plaza, 1994

Marcha Articulo sobre Torres García Nº 17 del 13 de octubre de 1939

Torres García Joaquín. Metafísica de la Prehistoria Indoaméricana, Montevideo, Asociación de Arte Constructivo, 1939

 

 

AUTOR CARLOS A. PETRELLA


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