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Ascenso parlamentario y reelección legislativa

Enviado por Emilio Velazco Gamboa



Indice
1. El ascenso parlamentario
2. La reelección legislativa como plataforma política

1. El ascenso parlamentario

La carrera parlamentaria debe estar abierta
a todas las profesiones y para los hombres
de sensibilidad política, criterio abierto
y sentido común, y fundamentada
en el conocimiento de la técnica legislativa,
en lo particular,
y en el derecho parlamentario
como base de la cultura general.
Por ascenso parlamentario se deberá entender, en primer plano, la oportunidad que tiene un actor político, de ser nominado y electo a un cargo legislativo, ya sea en calidad de propietario o suplente. Así, su carrera política se empieza a consolidar, o en su caso, empieza a tener mayor proyección cuando ocupa un cargo político de dicha naturaleza, como ya se dijo, independientemente de que sea con carácter propietario o suplente.
Aquí se habla de consolidar, o bien, reforzar una carrera política cuando un personaje con mucha militancia y carrera partidista ocupa este tipo de cargos. Suele ser el caso de los líderes sindicales o populares, quienes ya poseen proyección desde sus liderazgos gremiales, partidistas o sociales.
También se habla de proyectar una carrera política cuando se trata de actores políticos de nuevo cuño o con edad bastante joven y que en el cargo legislativo –sea suplente o propietario– encuentran la posibilidad de sobresalir y adquirir preponderancia tanto social como gremial y/o partidista.
En un segundo plano, se entiende como ascenso parlamentario la oportunidad que tiene un actor político de ser nominado de un cargo legislativo suplente a otro de carácter propietario. Esto no es unívoco, ya que, por decir un ejemplo, hay Regidores suplentes que se convierten en Regidores propietarios, pero también hay Regidores suplentes que se convierten en Diputados propietarios o viceversa, etc.
En un tercer plano, se entiende como ascenso parlamentario la oportunidad que tiene un actor político de ser nominado a un cargo legislativo de otro nivel gubernativo, ya sea en calidad de suplentes o propietarios. Esto tampoco es unívoco, pues hay legisladores que son Diputados locales suplentes y después, Diputados federales suplentes, o Diputados locales propietarios que se convierten en Diputados federales suplentes, etc.
Ahora bien, al ascenso de un cargo legislativo suplente hacia el mismo cargo pero como propietario –por ejemplo, de Regidor suplente a Regidor propietario del Ayuntamiento de Puebla, ya sea de un período de gobierno a otro o dentro del mismo período al salir el propietario y entrar en funciones el suplente– se le podría denominar ascenso lateral.
A su vez, al ascenso de un cargo legislativo, sea como suplente o como propietario, hacia otro cargo de otro congreso o cabildo, independientemente de que llegue como suplente o como propietario, se le denominará ascenso superior, aunque ello no implica que ser legislador federal sea un cargo más importante que ser legislador local o viceversa.
Por supuesto, en la realidad política mexicana esto sí es importante, ya que normalmente tienen mayor proyección tanto partidista como social los actores que ocupan un cargo federal que uno local, pero esto tampoco es una verdad unívoca. Enseguida se analizan más a fondo las consideraciones y el desarrollo de estas nociones sentadas en la presente tesis.

Consideraciones previas
Para terminar de comprender cómo se forma un legislador, no basta saber que éste se hace en el seno de su comunidad, de una asociación o gremio, o en su partido, aunque sí es necesario saber que:

  1. En el trabajo comunitario, el actor se vuelve líder de un grupo vecinal determinado y sienta las bases de su futura actuación como personaje político, pues empieza por representar sus intereses familiares ante sus vecinos y, posteriormente, sus intereses vecinales ante autoridades, partidos y otras organizaciones políticas y sociales.
  2. En el trabajo gremial, se vuelve líder de un grupo social determinado (ya sea laboral, profesional, empresarial e inclusive vecinal, ya que se comprende también a las asociaciones de colonos o asambleas de barrios, etc.) y sienta las bases de su futura actuación como actor político, pues empieza por representar sus intereses personales ante sus compañeros y, posteriormente, los intereses de sus compañeros de asociación u organismo gremial.
  3. En el trabajo de partido, se reafirma como líder comunal o gremial suponiendo que su comunidad o asociación se afilian o relacionan con algún partido político. Independientemente de lo anterior, puede volverse un líder político al entrar en contacto con otras comunidades y grupos sociales, profesionales, laborales, etc. y posteriormente, como representante popular, en caso de que –valga la redundancia– empiece a representar los intereses y necesidades de esas personas y grupos.

Ahora, si bien hay representantes comunitarios o gremiales que hacen trabajo de partido, no es el caso de todos, sino que algunos llegan a ser invitados por los partidos políticos para contender en procesos electorales como candidatos externos –también se les ha dado en denominar candidatos ciudadanos–.
Pero hay otro tipo de trabajo que también da forma al futuro legislador, muy aparte de que lo combinen o no con los tres frentes planteados en este capítulo y en el anterior, es decir, el trabajo de campo, sólo que antes se quiere terminar de analizar lo correspondiente al ascenso y la reelección parlamentaria.

El ascenso parlamentario
El ascenso parlamentario es el paso del actor político de un órgano legislativo a otro. Esto puede resumirse en una ruta crítica muy sencilla que será explicada a partir de dos casos cercanos a este autor: el desaparecido líder obrero Blas Chumacero Sánchez y el actual gobernador poblano, licenciado Melquiades Morales Flores.
Blas Chumacero fue un obrero textil nacido en la Ciudad de Puebla en 1908, que se convirtió en secretario general del sindicato "Unión, fuerza y progreso" de la fábrica San Alfonso y, posteriormente, en secretario general de la FTP, en donde llegó a ser tan influyente que el nonagenario Fidel Velázquez lo nombró secretario general adjunto suyo y uno de los posibles sucesores en el cargo junto con el también desaparecido Emilio González y Leonardo Rodríguez Alcaine, actual jefe de la CTM.
Desde la FTP, don Blas alcanzó en 1937 el cargo de Diputado por el 1° Distrito de la Ciudad de Puebla, el cargo de Diputado a la XXXII Legislatura del Congreso local. Después, fue Diputado a las XXXVIII, XL, XLII, XLIV y XLVII Legislaturas del Congreso de la Unión. Con todo, aún fue electo Diputado Federal una vez más y Senador en dos ocasiones.
El Abogado Melquiades Morales Flores tiene una carrera amplia y plena de éxitos en cargos administrativos, partidistas, académicos y legislativos. Como estos últimos son los que interesan a esta tesis, se les hará referencia inmediata. El actual jefe del Ejecutivo poblano fue de 1972 a 1975, Diputado a la XLV Legislatura del Congreso del Estado de Puebla, y en la legislatura anterior había sido Diputado suplente. Después, fue Diputado Federal tres ocasiones, Senador suplente de 1982 a 1988 y Senador a las LVI y LVII Legislaturas del Congreso de la Unión, de donde saltó a la gubernatura de su estado.
Siempre que se quiera utilizar este modelo explicativo, se sugerirá el uso de la letra r si se quiere mencionar que fue Regidor de algún ayuntamiento, cargo equiparable al de un Diputado debido a sus funciones legislativas, la d si fue Diputado a un Congreso local, la D si es que fue Diputado Federal y la S si fue Senador. Invariablemente, para los casos en que haya sido suplente se manejará una s minúscula. Ejemplo, Regidor suplente: rs; Diputado Federal suplente, Ds.

 

Blas Chumacero Sánchez.

 

D

D

D

D

D

D

D

S

D

S

Melquiades Morales Flores

ds

d

D

D

D

Ss

D

S

Cuadro 2: Posiciones legislativas ocupadas por los CC. Blas Chumacero Sánchez y Melquiades Morales Flores.
La mayoría de los legisladores, hablando específicamente del caso del PRI, a manera de regla general, han ocupado una sola vez cada cargo, y ascienden de los órganos parlamentarios locales hacia los federales.

Esto se ve así:

 

CUADRO 3: Rutas generales de ascenso legislativo (caso PRI).

En este caso se encuentran la mayoría de los legisladores priístas.

r

d

D

S

Esta es una variante del primer caso, en la cual los legisladores no pasan por ningún Cabildo sino por el Congreso local.

 

d

D

S

Esta es otra variante del primer caso, en la que una gran parte de los actores no llegan a ser Senadores.

r

d

D

Este es un modelo menos usual, pero patente. Por ejemplo, así es como ascendió el M. V. Z. Germán Sierra Sánchez en el espectro político poblano (actualmente es Senador por segunda vez, pero no se cuenta ese nuevo cargo por razones metodológicas).

 

D

 

d

 

S

Elaboración: Emilio Velazco Gamboa,

Universidad del Desarrollo del Estado de Puebla

Estas, como ya se dijo, son las rutas más general y tradicionalmente seguidas (desde 1929) por los actores provenientes del Partido Revolucionario Institucional. Regularmente, cuando han llegado al cargo de Senadores ya no regresan a los otros escaños, pero cuando llegan a repetir, lo hacen como Diputados Federales, pues raramente regresan a los Cabildos o a los Congresos estatales.

Para reforzar esta hipótesis, a continuación se presenta una tabla de la politóloga Emma Campos Vargas, misma que fue publicada por el Instituto de Investigaciones Legislativas de la H. Cámara de Diputados a través de su revista Quórum en 1996.

 

CUADRO 4.

Reelección legislativa en ambas Cámaras del Congreso de la Unión

PRI (1934-1997)

N° de elecciones

N° de legisladores reelectos en ambas cámaras (rutas de elección)

Total ambas cámaras

Porcentaje

2

185 (DS), 20 (SD)

205

64.2%

3

38 (DDS), 31 (DSD), 2 (SDD), 1 (SSD), 7 (SDS)

84

26.3%

4

3 (DDSD), 11 (DDDS), 4 (DSDS), 2 (SDSD), 1 (DDSS), 1 (DSDD)

22

6.9%

5

2 (DDSDD), 1 (DDDSD), 1 (DDDDS), 1 (DDDSS)

5

1.6%

6

1 (DDDSDS)*

1

0.3%

7

1 (DDSDSDS)**

1

0.3%

8

1 (DDDDDSDS)***

1

0.3%

D= Diputado, S= Senador. Las diferentes combinaciones responden a la

secuencia temporal de las rutas de reelección legislativa.

*Carlos Sansores Pérez, **Emilio M. González Parra. ***Blas Chumacero Sánchez

Así, los legisladores mexicanos adquieren experiencia parlamentaria –con todas las habilidades que ello implica– no sólo a través de la reelección, sino del ascenso de un órgano legislativo a otro, ya sea alternando a nivel local o federal, etc.
Un problema grande que se ha detectado es que muy pocos de los actores ya experimentados regresan a las legislaturas estatales. De un cargo de Diputado Federal sí ha habido actores que regresan a los Congresos locales o a un Cabildo como Regidor o como Síndico, pero la mayoría y, de hecho, la casi totalidad –como demuestra Emma Campos–, una vez que pasan por la Cámara de Senadores, ya no regresan a las legislaturas estatales.
Obvio, dice la autora, "la carrera legislativa culmina, si es que alguna vez empezó, en el Senado, no en una cámara local". Así, puede concluirse que los actores ascienden de los parlamentos locales a los federales, mas no así en sentido inverso, y generalmente, en el caso del Congreso de la Unión, de la Cámara de Diputados a la de Senadores.

La reelección legislativa
La mayoría de los investigadores del fenómeno parlamentario mexicano tienen la idea de que la mejor forma, si no es que la única, de fortalecer al Poder Legislativo, es a través de la reelección parlamentaria. Claro que hay autores que proponen otras medidas, pero la mayoría se van por la alternativa de la reelección, así que se analizará ésta.
Emma Campos Vargas, politóloga por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), en su análisis "Los legisladores del PRI de 1934 a 1997: la perversidad de la no reelección""(publicado en 1996 por el Instituto de Investigaciones Legislativas de la H. Cámara de Diputados) sostiene que "mientras México no cuente con legisladores experimentados, no tendrá un Poder Legislativo fuerte que funja como contrapeso a los extraordinarios poderes de la presidencia de la República".
Así, sostiene la autora, "la experiencia acumulada de un legislador es fundamental, pero al mismo tiempo es de vital importancia la continuidad que se mantenga en ese proceso de acumulación. Es decir, entre menos años transcurren para regresar a la Cámara, se capitaliza más rápido la experiencia, perdiéndose menos información, familiaridad y conocimiento de los problemas y la evolución de la agenda legislativa".
La doctora Luisa Béjar, investigadora de la UNAM, dice que "hacia el final de la XLV Legislatura de la Cámara de Diputados (1961-1964) el Partido Popular Socialista (PPS) proponía una reforma para fortalecer al Poder Legislativo, consistente en restablecer la reelección inmediata de los miembros de éste. En dicho texto se argumentaba que con este cambio, los representantes del pueblo y los estados podrían realizar mejor sus funciones al contar con los conocimientos necesarios para ello".
Luisa Béjar coincide con Emma Campos respecto al valor de la experiencia de los legisladores, ya que –dice–, con el tiempo, el conocimiento y la experiencia que los representantes acumulan en un desempeño continuo de sus tareas, redunda en una supervisión y un control parlamentario más eficaz sobre el gobierno. Además –continúa–, "la madurez y especialización adquiridas por este medio, los capacita para elevar la calidad y el rendimiento de sus intervenciones, condición cuanto más necesaria frente a una burocracia administrativa mejor dotada de apoyo logístico que este órgano".
Quizá uno de los investigadores más equilibrados y objetivos en torno a este fenómeno sea el Doctor Alonso Lujambio, investigador del ITAM, quien dice que el legislador que ha hecho su trabajo y ha logrado reelegirse en dos o tres ocasiones acumula experiencia, y que en los parlamentos no brotan expertos de la nada, que los legisladores se vuelven expertos trabajando.
Pero también dice que, "volver a plantar en suelo mexicano la institución de la reelección legislativa" –se habla de reelección inmediata, no de reelección con un período intermedio como la que se tiene hoy– "requiere de un análisis cuidadoso de las condiciones específicas en que lo hará, las ventajas que reportará y los efectos negativos que supondrá, pues depende de muchos factores, tales como el sistema electoral vigente, de quién elige las candidaturas en los partidos y, por supuesto, del electorado".
Además, conviene revisar los límites que tendría esta situación, tales como cuántas veces podrían reelegirse, cuántas por el principio de mayoría y cuántas por la vía plurinominal, cuántos años en total por cada cargo, etc. Sin embargo, es insoslayable que el legislador adquiere buena parte de sus tablas al volver al mismo cargo parlamentario en una segunda ocasión o en más.

El trabajo de campo
El futuro legislador no se moldea forzosa y exclusivamente en las lides comunitarias, gremiales o partidistas, sino también en el trabajo de campo, aunque no sea, propiamente, como Diputado o Senador en funciones. El trabajo de campo legislativo, como le habíamos denominado en un principio, consiste en todas las actividades que los actores desempeñan dentro de los poderes o las dependencias de éstos, pues se han dado casos en los que el futuro funcionario público se moldea esencialmente en el área donde trabaja.
Se tiene, por decir algo, el caso del individuo que empieza a trabajar desde muy joven en una secretaría de Estado y, con el tiempo, se convierte en titular de ésta. Así sucede también con el futuro miembro del Congreso de la Unión (o de algún Congreso local o Cabildo), quien puede –por este medio– tener ya experiencia legislativa.
Al respecto, Rafael Tejeda de Luna dice que "no necesariamente se debe entender por experiencia legislativa el haber sido anteriormente Senador o Diputado, sino que en muchos casos existe este tipo de experiencia al haber trabajado previamente en cualquiera de ambas cámaras como secretario técnico de alguna comisión o como asesor –y no sólo eso, sino como auxiliar o asistente, secretario particular, etc.–, y que muchas de las personas que han ocupado dichos cargos han tenido que aprender a negociar con los Senadores o Diputados, por lo que habría que considerar como experiencia legislativa a alguno de estos casos".
También, aunque en otro sentido, puede entenderse que alguien tiene experiencia legislativa si posee una sólida formación académica en tal sentido, como es el caso de muchos catedráticos que cuenta con amplios y profundos conocimientos en materia de legislación, técnica legislativa, procedimientos y derecho parlamentario, etc.
Como ya se dijo, generalmente se cree que reelegirse en un cargo parlamentario implica adquirir capacidad para los procesos inherentes a un órgano de este tipo, o bien, que significa especializarse en algún área al interior de un Cabildo o Congreso estatal.
Pero esto no es necesariamente cierto, pues como dice Miguel Carbonell –investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM–, "la experiencia legislativa a través de la reelección –no consecutiva, desde luego– no se ha producido ni siquiera en el PRI, a pesar de su larga permanencia como mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, y que esa misma constante se repite para el caso de los Senadores del PRI y en los partidos de oposición, en los que la experiencia de la reelección ha sido muy reducida y, en todo caso, bastante concentrada en pocos legisladores".
Además, citando al mismo autor, "si se observan las carreras parlamentarias más largas de México (cuadro N° 1), se podrá distinguir que quienes las han desempeñado han sido líderes de los grupos corporativos que se han organizado a la sombra del partido mayoritario, es decir, que la reelección ha operado como un sistema de recompensas y de favores para los que han sido "leales" al sistema –o diríamos mejor al régimen priísta–, pero no se ha traducido en una mejor profesionalización dela tarea legislativa, porque todos aquellos que han repetido en el mismo escaño no se han especializado nunca en un tema concreto".

CUADRO N° 1

Las 18 carreras más largas en el Poder Legislativo

1930-2000 (hasta la LVII Legislatura)

Actor político

Partido

Diputaciones

Senadurías

Elecciones

Total años

1. Blas Chumacero Sánchez

PRI

6

2

8

30

2. Emilio M. González Parra

PRI

4

3

7

30

3. Carlos Sansores Pérez

PRI

4

2

6

24

4. Alfonso Sánchez Madariaga

PRI

2

3**

5

21

5. Hilda Anderson Nevárez

PRI

4

1

5

18

6. Jorge Cruickshank García

PPS

4

1

5

18

7. Luis M. Farías

PRI

4

1

5

18

8. Alfonso Garzón Santibáñez

PRI

4

1

5

18

9. José Luis Lamadrid Souza

PRI

4

1

5

18

10. Humberto Lugo Gil

PRI

2

2

4

18

11. Eduardo Luque Loyola

PRI

2

2

4

18

12. Víctor Manzanilla Schaffer

PRI

2

2

4

18

13. Norberto Mora Plancarte

PRI

2

2

4

18

14. Héctor Hugo Olivares Ventura

PRI

2

2

4

18

15. Juan José Osorio Palacios

PRI

6

0

6

18

16. Óscar Ramírez Mijares

PRI

3

2**

5

18

17. Leonardo Rodríguez Alcaine

PRI

3

2**

5

18

18. Jesús Yurén Aguilar

PRI

2

2

4

18

** Uno de los períodos como Senador fue electo por tres años.

Fuente: Periódico Reforma, suplemento Enfoque, 20 de octubre de 1996 p. 4.

El cuadro anterior mostró cuantitativamente la experiencia de los personajes a través de la reelección para los cargos de Diputado y Senador, pero no pudo demostrar –cosa que, además, es metodológicamente difícil y poco viable comprobar– la experiencia de manera cualitativa.
Es decir, dijo cuántos años y cuántas veces fueron representantes al Congreso de la Unión, pero no sirvió para mostrar que estos actores políticos se hubiesen especializado en los procesos inherentes al puesto o en algún área específica del quehacer propio de dichos cargos (gobernación, cuenta pública, defensa nacional, relaciones exteriores, etc.).
La anterior aseveración no significa que los legisladores no dominen jamás el ámbito parlamentario, pero hace más viable la idea de que, en la mayoría de los casos, la reelección sirvió más para proyectarlos como líderes de primer nivel y para afianzarlos de modo vitalicio en la esfera pública, que para convertirlos en legisladores profesionales.
En resumen, sirvió para impulsarlos a ser líderes estatales o nacionales de sus partidos o de las organizaciones sectoriales o adherentes de ellos, como prospectos valiosos para la presidencia de la República, la gubernatura de sus estados o alguna secretaría de Estado del Poder Ejecutivo Federal, etc.
Así, por dar ejemplos, se tiene al extinto líder Blas Chumacero, quien, hasta pocos meses antes de su muerte, se mantuvo como secretario general de la Federación de Trabajadores de Puebla (FTP), filial de la CTM, con todas las canonjías que ello le podía otorgar a su organización. Así, de 14 diputados federales y 3 senadores por la entidad poblana, la CTM gozó de 2 Diputados de mayoría y 1 Senador además de los incontables puestos al interior del PRI estatal y del gobierno local, ayuntamientos, del Congreso poblano, etc.
Emilio González también fue líder vitalicio de la FTP de Nayarit y lo impulsó a la gubernatura de su estado natal. Carlos Sansores llegó a ser presidente del PRI nacional y gobernador de Campeche. Luego entonces, la reelección legislativa le dio a estos actores, a su partido y al régimen priísta otros beneficios, tales como la continuidad y la permanencia en el poder.
Recordando lo ya dicho por Rafael Tejeda de Luna, acerca de que no necesariamente se debe entender por experiencia legislativa el haber sido anteriormente Senador o Diputado, hay ejemplos de legisladores que se volvieron tales sin antes haber sido electos como miembros de un Congreso o Cabildo, y que a la hora de acceder ya en calidad de Regidores, Diputados o Senadores, las habilidades aprendidas y desarrolladas en el trabajo de campo, las desempeñaron en su cargo con toda eficacia y efectividad.
Un caso es el maestro Jorge Moreno Collado, quien fuera Diputado a la LVI Legislatura del H. Congreso de la Unión y, en tal calidad, presidente del Comité del Instituto de Investigaciones Legislativas de la Cámara de Diputados.
Antes de acceder a dicho cargo, este personaje tuvo una gran trayectoria como profesor e investigador universitario, y como funcionario público ocupó los cargos de Coordinador General de Descentralización Educativa de la Secretaría de Educación Pública, Oficial Mayor de la Cámara de Senadores y Director General de Gobierno de la Secretaría de Gobernación.
Este actor político no sólo se destacó por sus acertadas intervenciones en tribuna o dentro de las comisiones a las que perteneció en funciones, sino dentro del Comité del Instituto de Investigaciones Legislativas, el cual se proyectó con gran fuerza durante el tiempo que lo presidió.
Dicho Instituto promovió diversos eventos en los cuales se abordaron temas de interés y gran relevancia dentro de la problemática política, jurídica y social de México, dándoles un enfoque no sólo académico, sino práctico, pues se planteaban desde una óptica viable, toda vez que se podían discutir desde el ámbito parlamentaria y los procesos que éste lleva implícitos.
Además, se les daba una amplia difusión a través de las publicaciones del Instituto, algunas de ellas en forma de memorias de los eventos y textos de autores reconocidos, así como de una publicación periódica, la revista Quórum, esfuerzo editorial iniciado desde la LV Legislatura y muy bien retomado y proyectado por el Diputado Jorge Moreno Collado.
Con ello, además de ilustrar el caso, se rompe la trillada teoría de que la profesionalización del Poder Legislativo se da a través de la reelección sucesiva e ilimitada de los representantes populares, pues como dice Miguel Ángel Camposeco Cadena, reforzando las palabras de Rafael Tejeda de Luna, "quien prepara los materiales y redacta las propuestas (dentro del Poder Legislativo), así como quien elabora los documentos de proposición formal y, por último, quienes intervienen para dictaminar la viabilidad de las iniciativas de leyes, todos ellos son personas que poseen suficientes conocimientos y un grado de especialización profesional en cuestiones parlamentarias. En términos generales, pueden considerarse legisladores, aunque formalmente sólo lo sean los representantes populares, es decir, los Diputados y Senadores", y también los Regidores, a quien en este trabajo también se considera legisladores dada la función legislativa que desempeñan en los cabildos.

2. La reelección legislativa como plataforma política

Como se sabe, el hecho de haber ocupado un cargo legislativo –sea una regiduría o una senaduría– implica la adquisición de una experiencia en procesos parlamentarios y, a veces, también una adquisición de dominio de la técnica legislativa.
No necesariamente es así, pues muchos legisladores suelen terminar un período legislativo casi tan desconocedores o faltos de dominio de las técnicas y procesos parlamentarios como cuando entraron. Sin embargo, toda experiencia es formativa y puede ser parcialmente cierto en el caso de los legisladores mexicanos.
No obstante, el hecho de haber ocupado un cargo legislativo –en cualquiera de los niveles de la administración pública y gubernativa en México– no implica que el personaje que lo ocupó adquiera fama o notoriedad pública, liderazgo social o partidista, etc. De hecho, hay legisladores que una vez concluido su período en una cámara, cabildo o congreso, son relativamente desconocidos por el pueblo.
Es por ello que la reelección o el ascenso a un cargo parlamentario de cualquier otro nivel gubernativo cobra particular importancia en la proyección del actor político como personaje protagónico de la vida política de un municipio, de una entidad federativa o del país, es decir, como plataforma política.
Por supuesto, todo tiene un proceso, y dependiendo de la situación de cada actor, este proceso de proyección puede ser relevante para sus finanzas personales, para su carrera política o para ambas, en fin. Estas cuestiones se analizarán a continuación.

El ser
"Todo actor político tiene una causa, ya sea política, social o gremial, misma que puede constituir su proyecto de vida, su interés principal, uno de sus múltiples intereses , cuando menos, una situación que le preocupa lo suficiente como para defenderla y canalizarla dentro del escenario político", ya sea éste local o federal.
Para lograr esto, el actor debe iniciar una carrera como militante de un partido político con el que pueda identificarse ya sea por su ideología, sus principios y programa de acción, intereses o capacidades. Así, con el paso del tiempo y, sobre todo, con base en sus cualidades y habilidades, el personaje llega a ser postulado para ocupar cargos de elección popular.
Por supuesto, en México se están dando casos en que los partidos políticos invitan a miembros destacados de la sociedad civil, la comunidad académica, la iniciativa privada o a ex militantes de otros partidos, a ser nominados a tales cargos, pero la regla dominante sigue siendo la originalmente enunciada.
A veces, por cualidades y méritos propios, por padrinazgo y por relaciones o, tal vez por ambos, el actor accede al cargo legislativo –Regidor, Diputado ya sea local o federal, o Senador– con carácter de propietario, con lo que obtiene dos recompensas indiscutiblemente legítimas:

  1. La oportunidad de ganar brillo en su condición de representante, a efecto de procurarse el futuro acceso a otros cargos o regresar al mismo, y
  2. El recibimiento de una compensación económica –en esos puestos se les denomina dietas a los sueldos de los actores políticos– bastante decorosa y acorde a su nueva y elevada responsabilidad e importancia pública.

Todo ello lo fortalecerá en lo político y también en lo económico, a menos, claro, que sea un potentado o que, cuando menos, tenga negocios que le permitan vivir desahogadamente y sin pensar en el salario de un personaje de ese nivel. En caso de no ser así, la remuneración resulta bastante buena, pues algo hay de cierto acerca de que político pobre... Pobre político.

El placer de ser
Pero no todo es miel sobre hojuelas. Cuando el cargo legislativo al que se accede tiene el carácter de suplente, no le permite al actor desplegar sus facultades para demostrar que puede ser útil a su régimen o partido, y menos aún, gozar de la decorosa remuneración que, en cambio, sí tiene el propietario: el suplente no cobra, pues.
Sin embargo, una suplencia puede permitirle al actor ocupar cargos administrativos de regular altura –mandos medios y altos– dentro de la estructura orgánica del Poder Ejecutivo o del mismo Legislativo –en sus diferentes niveles–, o bien, ejercer puestos de dirección partidista, social o gremial.
Podría decirse, en términos coloquiales, que el actor político que llega a ser representante popular con carácter suplente, lo hace casi por el placer de ser. No obstante, si es inteligente y astuto, puede utilizar el cargo –alternándolo con alguno de los ya mencionados– para impulsarse hacia el mismo que ocupa, pero ya con carácter propietario, o bien, hacia alguno de otro nivel.
A partir de entonces, empezará a formarse como líder y como futuro actor protagónico del escenario político. Claro, no todos llegan, pero siempre hay algunos que despuntan.

El escaparate
Se ha de estar consciente de que el actor político llega a un cargo legislativo cuando cuenta con cualidades que lo hacen sobresaliente entre los personajes que compiten y conviven con él en el mismo ámbito. Entre esas cualidades deben destacar las siguientes:

  1. Su liderazgo, popularidad y arraigo.
  2. Su capacidad y habilidad como estratega político.
  3. Su capacidad y habilidad como operador político.
  4. Su capacidad y habilidad para las relaciones públicas, las cuales pueden llegar a ser estratégicas e incluso vitales para su régimen político.

Cualquiera de esas cualidades lo convierten en un personaje sobresaliente y con brillo propio, capaz de atraer simpatizantes que son votantes en potencia, y entre más de ellas reúna en su persona, mejor. Por eso "es importante su designación como candidato y su posterior elección para el cargo al que fue nominado, pues su imagen tiende a fortalecerse y/o a reafirmarse cuando ocupa un escaño parlamentario por primera vez, y más todavía cuando asciende de un nivel a otro o regresa al que ya había ocupado antes".
Además, el actor político, por el sólo hecho de ocupar un cargo de elección popular, ya goza no nada más de las garantías que constitucionalmente amerita, sino de privilegios de muchos otros tipos, o sea que adquiere influencia en otros ámbitos o sectores.
Pero si, aparte, el actor optimiza sus facultades en el dominio de las técnicas de negociación política, se convertirá en un Regidor, Diputado o Senador vanguardista, carismático, audaz, competente en su trabajo y competitivo electoralmente, por supuesto, valioso para el régimen al que pertenece y susceptible de aplicársele algo que este tesista ha bautizado como principio de rotación política. Es así como el escenario legislativo, sea un Cabildo o un Congreso, se vuelve un escaparate para los actores políticos que reúnan inteligencia, astucia y audacia.

La plataforma
Como es lógico suponer, actores del tipo de los ya descritos como negativos, difícilmente vuelven a ser postulados por sus institutos políticos para ocupar escaños parlamentarios, a menos, claro, que les sean útiles en otros aspectos y para otros fines y, por tanto, sea conveniente darles cierto fuero o recompensarlos con tal puesto.
Sin embargo, realmente pocos actores por cada legislatura –tanto buenos como malos, vamos a llamarles así– ascienden a cargos legislativos de otro nivel, o regresan a escenarios en los que ya antes se desenvolvieron. Más bien, los actores que giran dentro del régimen y el sistema político –con la aplicación infinita del principio de rotación política– son, por lo regular, personajes que aspiran a los cargos de Gobernador de su entidad o de Presidente de la República o, al menos, a figurar como precandidatos a dichos puestos. De éstos, son más contados todavía los que llegan a ocupar tales cargos cumbre.
No obstante, ha sido virtualmente imposible negarles el derecho de aspirar a la nominación y a ser postulados, pero cuando así ha ocurrido, generalmente sus partidos los promueven a otros puestos tales como la presidencia o la sindicatura de un municipio grande, bien sea la cabecera estatal o una ciudad con gran importancia política y económica de la entidad.
En otros casos, los promueven para ocupar secretarías o subsecretarías de Estado a nivel local o federal, o embajadas o consulados, y en otras ocasiones, definitivamente se les lleva de un cargo legislativo a otro, aplicándoseles el infinito principio de rotación política con todas sus consecuencias.
Tradicionalmente en México, cuando sus partidos les negaban la nominación, los actores, pese a saber que se la merecían y que era el momento justo para ser gobernadores o presidenciables, se disciplinaban ante las decisiones de sus institutos políticos y esperaban otro período para la postulación.
Sin embargo, esa disciplina y lealtad antes mal entendidas y confundidas con el agachismo o el servilismo, se acabaron cuando gentes como Ricardo Monreal, Alfonso Sánchez Anaya, Pablo Salazar Mendiguchía (del PRI) y Porfirio Muñoz Ledo (del PRD) abandonaron sus partidos para abrirse paso en la búsqueda de sus aspiraciones particulares pero legítimas.

La estrategia de los actores
Nicolás Maquiavelo, el genio de Florencia, en su obra El príncipe, dedica un capítulo al gobierno civil, al que denomina "Principado civil", en el cual explica que el poder es ejercido por alguien del pueblo y para el pueblo. Maquiavelo dice que "un príncipe debe hallar una manera por la cual sus ciudadanos siempre y en toda ocasión tengan necesidad del Estado y de él, pues así le serán siempre fieles".
Y, por irónico que parezca, la estrategia que tienen los buenos actores políticos para que su electorado los necesite y siga votando por ellos y por su partido, es trabajar.
El personaje que motiva el presente estudio "ayuda a su instituto político a ganar elecciones y, posteriormente, a consolidar la posición de los gobernantes surgidos de éste, lo cual redunda en beneficio de sus representados, pues los jefes de Ejecutivo le responderán de manera inmediata o casi inmediata en la gestión y realización de obras y servicios públicos". Esto se ampliará en el siguiente capítulo, cuando se hable de las bondades de la reelección parlamentaria.
Un legislador tiene funciones específicas: legislar y supervisar y fiscalizar la actuación de los titulares de los otros dos poderes, pero una facultad metaconstitucional que posee es la de fungir como gestor social, es decir, como promotor del desarrollo comunitario a través de la gestión de obras y servicios públicos ante las instancias a que corresponda.
Si el actor es capaz de cumplir con sus funciones tanto constitucionales como metaconstitucionales, obtendrá el amplio reconocimiento de sus representados. Eso hará que se le empiece a volver indispensable a los electores como representante suyo ante el Legislativo y, en un futuro mediato, como titular del Ejecutivo local y hasta federal.
Esto, se insiste, no es del todo miel sobre hojuelas. Exige un sacrificio muy alto: el nulo goce del descanso en sábados, domingos y días festivos; quizá, no disfrutar de la convivencia con familiares y amigos; tal vez, hasta prescindir de la diversión, e incluso, de la satisfactoria recuperación de alguna gripa o resaca.
Pero para el buen actor político, el sacrificio debe ser rutina y, la rutina, servicio para los demás. Porque a su vez, en el servicio está la recompensa, el logro de las metas personales y el alcance del cargo cumbre para el que hubo tanta y tan esmerada preparación.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, los legisladores en México, efectivamente, suelen desarrollar actividades con sus representados. Esto es algo que ha distinguido al Partido Revolucionario Institucional de los demás institutos políticos, ya que es bien conocido que sus candidatos y algunos representantes populares desarrollan intensas giras por sus distritos y entidades.
Pero, por desgracia, la mayoría de los legisladores priístas no suelen regresar a sus distritos o comunidades. Y la gran mayoría de los legisladores de otros partidos, como serían los panistas o ecologistas, normalmente no vuelven a visitar al electorado después de acceder a los órganos parlamentarios existentes en México.
En cambio, el sentido del voto en los congresos o cabildos no se apega a las necesidades o exigencias del público que supuestamente representan, sino que se da en estricto sentido partidista. De ahí que se tenga, como ya se mencionó en el primer capítulo de este trabajo, que los actores políticos que ocupan un cargo de representación popular no toman en cuenta a sus supuestos representados, sino que están alineados o disciplinados con sus partidos.

 

 

 

Autor:


Emilio Velazco Gamboa

Mexicano, 31 años de edad, es Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad del Desarrollo del
Estado de Puebla (UNIDES). Tiene los Diplomados en Derecho Electoral y en Derecho Constitucional, por la Universidad Cuauhtémoc. Actualmente es consultor académico e investigador independiente.

 

 


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