Indice
1. La
salud, un asunto de todos
2. La desidia, una forma de violencia
(Pulsión de muerte)
3. La condición de veleta y el
velero sin timón
4. De la Violencia al
Derecho
5. El derecho a la violencia (las
instituciones)
6. La queja, lo inútil de la
tragedia
7. Lenguaje y Comunicaciones
8. Selección
Bibliográfica
1. La salud, un asunto de todos




Cuando hablamos de salud no estamos definiendo un simple
concepto,
estamos abordando mucho más que una palabra. Muchas veces
no alcanzan las palabras para una simple aproximación a lo
que ella significa para la vida. A toda entidad biológica
le compete por excelencia, pero aún más
allá, la salud pertenece también al ámbito
de lo social, cultural y espiritual en el ser humano.
La historia de la
civilización, en toda su posible diversidad, nos da cuenta
de la utilización que a través del tiempo se le ha
dado a numerosos descubrimientos y los respectivos avances de
la ciencia y
la tecnología. No podemos decir precisamente
que la evolución
del hombre refleja un particular interés
por la salud y la vida, muy por el contrario, el desarrollo de
armamento bélico y de conquista supera con creces la
aplicación de dichos avances a un afán
ecológico, al interés por la elaboración de
una política
que facilite la sana relación de los grupos humanos
con su entorno y entre sí, dentro de su ambiente
físico y social. A tal punto ha llegado la
sofisticación de armas de guerra que
hasta se han creado microorganismos perniciosos e incontrolables
que se deslizan por el planeta causando enfermedades. Ni hablar de
la destrucción del ecosistema en
función
de una falsa comodidad que termina resultando inconveniente.
Probablemente la condición humana contempla un proceso cada
vez más complicado de autodestrucción que debemos
contrarrestar constantemente con una participación activa
en función de la vida.
Más allá de interpretar la calidad de
vida como un asunto de "confort", podríamos considerar
otros valores. Si
entendemos como algo práctico todo aquello que nos alivie
de trabajo, estamos considerando el trabajo
como una penalidad, como un suceso infeliz. Por ejemplo, si nos
tomamos el trabajo de hacer un jugo de naranja natural para
ofrecer a nuestros hijos en lugar de simplemente destapar una
gaseosa, los beneficios que podemos obtener recompensan con
creces la supuesta practicidad que significa economizar unos
minutos de trabajo, ya que destapando la botella en un segundo,
más temprano que tarde nos topamos con la necesidad de
comprar vitamina C en la farmacia, y así entramos en una
cadena de necesidades adquiridas por falta de
prevención.
Es un ejemplo muy simple pero representativo de lo que podemos
hacer o dejar de hacer para procurarnos la salud.

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Del mismo modo, la participación activa de una comunidad en la búsqueda de soluciones a los diversos problemas que deben afrontar cotidianamente, deriva en el beneficio de todos los afectados. No podemos esperar a que los trabajadores de la salud ofrezcan soluciones mágicas a situaciones que a todos incumbe, ni alguna buena intención que pretenda disolver las dificultades que se nos presentan. La salud no es solamente un asunto de todos sino de todo ámbito del desarrollo humano. La política, dentro del contexto que nos compete, significa la intervención en los asuntos públicos, dándole validez a nuestra opinión con el valor que significa expresar nuestras ideas para lograr un fin determinado: el bienestar común. Una democracia participativa no puede conformarse con acudir a las urnas electorales cada vez que sea convocado el pueblo para tal acto; es necesario interpretar nuestros deberes y nuestros derechos en función de la participación de todos, asumir la soberanía de nuestras circunstancias, integrar en nuestro quehacer cotidiano la producción de ideas y compartirlas con el fin de desarrollar una labor conjunta que traiga consigo la solución a problemas comunes. Todo proyecto ubicado dentro de un marco de posibilidades es susceptible de extensión, superando sus propios límites; paso a paso la toma de conciencia puede convertir cualquier utopía en la praxis necesaria para lograr una calidad de vida que nos garantice la salud. Parece difícil, pero no lo es tanto como soportar el dolor que puede causarnos el hecho de no mover un dedo para estar mejor.
2. La desidia, una forma de violencia (Pulsión de muerte)
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Las investigaciones psicoanalíticas, en torno a las relaciones interhumanas, han demostrado que los hechos violentos ocurren cuando la palabra falla en su función creadora de un discurso que facilite el vínculo entre la singularidad de cada quien. La civilización nos muestra que no basta con enunciar leyes, normas y principios, o avanzar en el conocimiento científico para lograr vivir en bienestar. La desidia, la procrastinación, la pereza, el dejar de lado la búsqueda de soluciones al malestar, a lo que exige ser aclarado, tienden a desplomar todo proyecto humano, en especial las tareas difíciles. La participación en la elaboración de un proyecto político posible, que sostenga el deseo compartido de hacer realidad un vínculo social, donde reine el bienestar, amerita mucha constancia, trabajo y comunicación saludable, efectiva.
El sujeto humano, desde el punto de vista del psicoanálisis, posee un inconsciente afectado de represión y de imposibilidad. Estaría presente una fuerza represora en cada uno de nosotros y una imposibilidad de expresar todo lo que se pretende. En un texto de Sigmund Freud llamado Más allá del principio del placer podemos encontrar el desarrollo de una teoría que plantea diversas y contradictorias "pulsiones", como la "pulsión de vida" y la "pulsión de muerte", relacionadas con una "compulsión a la repetición" presente en toda vida orgánica. Acerca de la pulsión, dice Freud en el texto antes mencionado: "... Una pulsión sería entonces un esfuerzo, inherente a lo orgánico vivo, de reproducción de un estado anterior que lo vivo debió resignar bajo el influjo de fuerzas perturbadoras externas...". A continuación trae a colación la actitud de ciertos peces que en la época de desove se desplazan hacia lugares remotos buscando moradas anteriores de su especie para depositar las huevas y los vuelos migratorios de algunas aves. Todo esto deriva en que la misma conservación de las especies conduce a viejas metas aunque se transiten nuevos caminos, hasta concluir que el principio del placer se encuentra al servicio de la pulsión de muerte, que "... La meta de toda vida es la muerte; y, retrospectivamente: Lo inanimado estuvo ahí antes que lo vivo...".
No es el caso detenernos en los planteamientos freudianos pero con esta referencia podemos pensar en una cierta inercia nefasta que nos asecha desde nuestro propio inconsciente. Podríamos considerar esto como una visión catastrófica del psicoanálisis o como un alerta para combatir la pereza, el hastío, la cobardía, la negligencia y todo lo que nos conduce a la desidia, una violencia que sobre nosotros mismos ejercemos tantas veces sin percatarnos de su origen ni de sus consecuencias.

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Escuela en calle sucia Hombres ociosos de espaldas a la escuela

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Adolescentes LA GARRA
La desidia puede relacionarse directamente con el miedo a las dificultades que cualquier empresa nos presenta, generalmente por temor al juicio de un gran Otro ante quienes nos sentimos pequeñitos y puede aplastarnos en cualquier momento. Ese gran Otro puede ser social o divino, aunque generalmente y el más difícil de superar es el Otro gigante de nuestra propia censura, ese que nos exige la perfección o nada, comandado por la vanidad, que no tolera exponerse a la opinión ajena como objeto de crítica.
Cualquiera puede caer en las garras de la desidia, hasta el más insigne trabajador tiene que luchar muchas veces contra ella. El mismo Freud, quien pasó la vida entera trabajando y nos dejó un inmenso legado, en una carta que le envió a su amigo Fliess, escribe: "... Ahora comienza la estación muerta, a la que tanto temo, es decir, en la que siento miedo de mí mismo. (...) ¡Ay de mí, si me aburro! Toda clase de cosas podrían ocurrirme. No puedo trabajar; estoy saturado de pereza, y la clase de labor a la que me dediqué desde octubre hasta ahora es la más desemejante y la más desfavorable para la redacción. (...) no hago nada con constancia. Me agradaría desaparecer por algunas semanas, escondiéndome en cualquier parte donde no exista la ciencia...". Evidentemente nuestro mencionado personaje venció sin demora ese estado de ánimo, ya que se mantuvo dedicado a su extensa obra hasta el fin de sus días.

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Freud y Fliess Freud en el año de su muerte
Como podemos observar en las fotografías, el
creador del psicoanálisis tuvo una larga y productiva
vida. Esa carta cuyos fragmentos fueron extraídos para
colocarlos en esta elaboración, fue escrita el 20 de mayo
de 1900. Freud murió el 23 de septiembre de 1939, a la
edad de 83 años.
Las dificultades presentes en las relaciones interhumanas,
inevitables desde nuestra diversidad, sólo pueden ser
enfrentadas a partir de una reflexión profunda y
entrañable del propio ser, del respeto por
nosotros mismos y nuestro entorno, del análisis de las circunstancias dentro de
cada situación, para poder contar
con una percepción
que nos permita utilizar las diferencias como un factor creativo,
generador del discurso vinculante que puede darle valor a la
palabra.
3. La condición de veleta y el velero sin timón
- El viento me lleva donde quiere, ¡Dios
mío, qué voy a hacer!, no tengo rumbo, sólo
puedo anunciar su dirección.
- Todos cumplimos una función. Hasta los sueños
cuando basta de soñar.
- ¿Acaso podemos no soñar?, ¿Cuándo
es bastante?
- Nunca.



La veleta, como artefacto, es una pieza que puede asumir diversas formas y ser fabricada en varios materiales, generalmente son hechas de metal ligero, se coloca en lo alto de las construcciones y funciona como una especie de brújula que nos indica la dirección del viento. Suele utilizarse también esta palabra (veleta) para designar a personas cuya voluntad es débil y les resulta difícil mantener un criterio. En este punto, más allá de un juicio de valores, nos topamos con una verdad del tamaño de un templo, y literalmente podríamos considerar la religión como el motor cultural que sostiene un concepto de "masa" por encima de cualquier situación que amerite especial atención a cada pueblo del mundo en su diversidad. Los templos son inmensos, no como estructura física sino en su capacidad de albergar las emociones, intenciones, pensamientos o decisiones de los humanos en civilización, un proceso que no tiene fin.
El viento mueve los molinos, impulsa los barcos de vela
y tantas cosas más. Se comporta como una fuerza que se
traduce en movimiento. La
inteligencia
humana ha desarrollado instrumentos para darle utilidad a esa
fuerza de la naturaleza. Un
velero sin timón sería tan inútil como un
molino sin grano, como una hoja seca.
Otra cosa muy distinta es el rumbo, una veleta sólo se
mueve según la dirección del viento, si tuviera un
rumbo dejaría de cumplir su función,
señalaría caprichosamente generando
confusión. El velero, sin embargo, aún teniendo
timón, si no tiene rumbo definido igual se encuentra a
merced del viento, bajo riesgo de
convertirse en astillas.
Nuestra cultura
occidental, tan marcada por la tragedia Griega, nos conduce
muchas veces a infelices desenlaces a causa de la idea
implícita de un destino preexistente que no podemos
evitar, como algo escrito que no podemos cambiar,
colocándonos en la peligrosa condición de un velero
sin timón, una lamentable posición que logra
desintegrar cualquier esperanza. Nuestros pueblos
latinoamericanos, sin embargo, desde lo que podemos conocer a
través de la historia, han luchado por fabricar su propio
destino, con gran constancia y valor pero muy poca conciencia de
la importancia de la unión, de la participación de
todos cuando se trata de un objetivo
común.
A tal punto es relevante el caso de Venezuela, que
si hacemos la metáfora del país como un velero nos
encontramos ante la imagen de un
barco asaltado por piratas, cuyo timón fue arrancado de su
base y una tripulación que debe mover las velas con sus
manos para mantener una dirección, muchas veces teniendo
que soplar con mucha fuerza cuando el viento no resulta
favorable. Si a eso le sumamos el desacuerdo entre la
tripulación acerca del rumbo, los motines a bordo y la
nefasta consecuencia que produce mover las velas en direcciones
contrarias una y otra vez, el esfuerzo de todos puede ser de gran
utilidad, estaríamos trabajando por la salud y la vida,
pero de los tiburones al convertirnos en su alimento.
La urgencia de un consenso en torno a la salud nos conduce a
crear espacios que generen la participación efectiva sobre
el tema. No hay una fórmula precisa ni podemos permitirnos
el uso y abuso del "ensayo y
error" en un asunto de tal envergadura. En este caso comportarnos
como veleta o convertirnos en un velero sin rumbo sería
ejercer una violencia hacia nosotros mismos. Necesitamos encauzar
el rumbo, pero para poder hacerlo tenemos que trabajar en
función de un acuerdo para beneficio de todos, al trabajar
aisladamente nos encontramos pronto sin aliento ni fuerzas, en un
desperdicio de energía que nos deja fatigados en medio de
un océano de problemas.


Los trabajos sobre las relaciones entre humanos, realizados por Freud, dicen de la violencia bruta (fuerza muscular) como el modo ancestral - dentro del Reino Animal- de resolver los conflictos de intereses; con su uso se decidía a quién pertenecía algo o de quién debía hacerse la voluntad. En el hombre, al sumarse los conflictos de opiniones, la violencia apoyada en el intelecto complica la resolución de éstos. Con el paso del tiempo la fuerza muscular fue aumentada y sustituida por el uso de instrumentos, vence el que tiene las mejores armas o las emplea con más destreza obligando al otro contrincante a deponer su reclamo o su antagonismo. Para Freud, el camino que llevó de la violencia al derecho, fue conducido por el hecho de que la fuerza de uno puede ser neutralizada por la unión de varios débiles. Sin embargo, la unión de los débiles sigue siendo una violencia pronta a dirigirse contra cualquier individuo que le haga frente ya que trabaja con los mismos medios y persigue los mismos fines, la diferencia sólo reside en que ya no es la violencia de un individuo la que se impone sino la de una comunidad que se mantiene cohesionada mediante la compulsión a la violencia o mediante la identificación entre los miembros. Al estar ausente una de las dos es posible que la otra mantenga en pie a la comunidad. Freud alerta que para realizar el paso de la violencia al derecho es preciso que se cumpla una condición psicológica: la unión de los muchos tiene que ser organizada y permanente. A fin de que sea posible una convivencia segura en la comunidad, cada individuo debe renunciar a la libertad personal de aplicar su fuerza como violencia. Hoy, en Venezuela, resulta indispensable la participación activa de las comunidades organizadas en función de este objetivo. Se requiere de la fuerza creativa de los jóvenes, de la sabiduría de los ancianos, de las ideas de los niños, de la dignidad y la esperanza de todos. Justamente por eso necesitamos escucharnos unos a otros, es la única opción que tenemos para superar este problema que compete a todos a lo largo y ancho del país así como en el elipsoide de revolución achatado que es el planeta tierra.
5. El derecho a la violencia (las instituciones)
Partiendo del principio de que toda institución
es algo establecido, inherente a cada cultura y reconociendo la
represión que sobre todo sujeto ejerce, podemos decir que
"con derecho" nos violentamos constantemente.
La familia es
la primera de las instituciones con la que nos topamos en nuestro
paso hacia la cultura. En principio, ésta cumple la
función de satisfacer las necesidades biológicas y
afectivas del recién nacido que progresivamente se va
introduciendo en un orden social donde, se supone, deberá
aprender a controlar sus impulsos y a manifestar sus deseos.
Según el psicoanalista francés Jacques Lacan, en la
familia
ocurren circunstancias que dentro del desarrollo del individuo
repercuten con violencia en la sociedad. En su
texto La familia Lacan indica que dentro del orden de las
relaciones sociales, la familia lleva consigo tres complejos
organizadores de la realidad psíquica, dominados por
factores culturales: "el destete", "la intrusión" y "el
Edipo". El primero de ellos ocasiona, en el psiquismo, una
primera crisis que
deja una huella perenne de la relación biológica
que interrumpe. El segundo complejo concierne a la
relación de rivalidad que generalmente se presenta entre
los hermanos. El tercer complejo se refiere a los sentimientos
hostiles hacia el padre, "ladrón" del objeto más
preciado y propio (la madre). Estos complejos, dependiendo
siempre del nivel de "no-resolución" de los mismos, en
mayor o menor grado convierten al sujeto en victimario y
víctima de sus posibles neurosis.
La escuela viene a ser la institución por
excelencia, lo que nos separa del cordón umbilical y nos
coloca en "otro planeta" sin previo aviso, una travesía
semejante a la que nos cuenta Homero en
La odisea; y
si no sucumbimos al canto de las sirenas, si desciframos enigmas,
si sobrevivimos a los castigos de los dioses y otras tantas
dificultades, llegamos a Itaca, donde Penélope teje y
desteje, es decir, a buen puerto, una vez realizada la epopeya.
La
educación lleva consigo la imposición de normas
necesarias para la convivencia. Enseñar y corregir es el
objetivo, obligación y derecho del docente; la forma de
ejercer este derecho sería lo que determina el grado de
violencia que puede o no ser tolerado en la conducta de
quienes llevan a cabo esta labor. Delimitar el alcance del
derecho del docente hasta el punto donde comienza el derecho del
alumno, el respeto a su integridad física, psíquica
y moral es un
asunto digno de atención y permanente
discusión.
Retenes para menores, cárceles y hospitales
psiquiátricos, son las instituciones destinadas a quienes
son denunciados por aplicar su fuerza como violencia y se han
desviado del orden social pretendido. Las dos primeras se
fundamentan en la clasificación de lo que está bien
y lo que está mal, la tercera se basa en lo que
está enfermo o no lo está. En esos lugares, bajo el
amparo de la
ley, quienes
se hacen institución, dentro de la institución
misma, encarnan el flagelo que azota cualquier intento de
internalizar el orden social enunciado.
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Lo ineficaz de la represión como forma de
tratamiento a la violencia está ampliamente demostrado en
la recidiva que se observa en la mayoría que sobrevive a
ésta, y en el progresivo aumento de hechos violentos que
lo cotidiano nos muestra. Otra terapéutica ha de ser
implementada a fin de prevenir el uso de la fuerza, como
violencia, en las relaciones sociales.
¿Será posible un orden social capaz de sostener la
particularidad de cada cual, sin que medie la
violencia?
6. La queja, lo inútil de la tragedia

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Tragedia
La tragedia me parece un gran ruido
más fuerte de lo que conviene.
La tragedia se me hace como un hombre
enamorado de su propia derrota.
Que es sólo una manera inelegante de enamorarse de
sí mismo.
No me importan mucho las aflicciones e infortunios
de Lear y Macbeth y Hamlet y
Timón:
les importaban tan excesivamente a ellos mismos.
Y cuando pienso en la gran tragedia de nuestra
civilización material-mecánica
aplastando la vida humana natural
entonces a veces me siento derrotado; y entonces de nuevo
sé
que mi pobre y pequeña derrota no me hará
ningún bien
ni a mí ni a nadie.
D. H. Lawrence
Si bien la lógica es una ciencia que argumenta todo quehacer científico, la poesía puede ser instrumento de la lógica. Este poema de Lawrence evidencia la satisfacción narcisista de recrearse en la tragedia, el "ruido" que produce y lo inútil que resulta en función de generar algún bienestar. No puede negarse la belleza que alberga toda la obra de Shakespeare o las tragedias de Sófocles, ni dejar de recordar cierto fragmento de Una temporada en el infierno, poema de Rimbaud que enuncia: "Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. – Y la encontré amarga.- Y la injurié."
La tragedia, en la literatura, suscita
emociones que nutren la sensibilidad, produce efectos de
compasión y ternura. El drama, sin embargo, aunque basado
en sucesos de la vida real que logran interesar y conmover, puede
permitirse desenlaces felices, como es el caso de las
telenovelas, tan populares y extendidas por el mundo entero,
donde luego de tantas penurias los personajes "buenos" obtienen
la gratificación que merecen, alejándose de lo
trágico y salvados por la justicia. De
algún modo está presente en cada ser humano la
posibilidad de conducir cualquier drama hacia el camino de una
solución cuando no lo llevamos al extremo de la
tragedia.
Asumir que no hay justicia y lamentarnos por eso, nos condena,
más allá del drama, a la tragedia, a lo inevitable
de un destino prefabricado, siempre nefasto, ante el que nos
encontramos impotentes para transformar. El hábito de
quejarnos constantemente por todo lo que ocurre a nuestro
alrededor, culpando siempre a los demás de nuestras
desgracias, constituye en gran parte la maraña que impide
soluciones efectivas a los problemas que nos competen. Un
manantial de quejas y lamentaciones, al mejor estilo de la
tragedia griega puede convertirnos en buenos actores, pero nunca
en autores de nuestra propia obra, la vida misma.
Seguramente el deseo es algo que se desplaza sin pasar por una lógica, la insensatez de las demandas así lo demuestra. Algo donde lo podemos observar nítidamente es en la actitud de un niño pequeño y sus exigencias absurdas cuando se nos ocurre, por ejemplo, la brillante idea de llevarlo a un parque de diversiones: "quiero subirme a los caballitos", lo montamos en el carrusel y antes de que la vuelta finalice: "ya bájame, quiero algodón de azúcar", luego el algodón de azúcar lo empalaga y le da sed, a lo que la próxima demanda se convierte en un "refresco" que no se termina porque ya vio los avioncitos: "ya no quiero más, vamos a los avioncitos", y en el avioncito grita como loco, lo que no le da tiempo de reclamar nada, "emoción extrema", y luego quiere ir a los "carritos chocones", no aptos para su edad, por lo tanto, sales del parque con un niño insatisfecho, cuya queja es: "no me quieres".
Un niño es un niño que cuando se hace adulto ya no puede vivir en función de una demanda de amor dirigida hacia los cuatro puntos cardinales.
Lamentarnos constantemente de las circunstancias que
debemos afrontar puede distraernos tanto y tan fácilmente
hasta distanciarnos de la posibilidad de apelar a la
lógica para sustentar alguna idea; podemos quedarnos a
vivir en "La Queja", una mansión de 2 palabras por 7
letras, o simplemente cambiarnos de domicilio, porque no existe
barraca ni rancho que albergue tanta desdicha en 2x7 metros
cuadrados.
La tragedia, el drama, la comedia humana, habita cada
rincón del planeta visitado por el lenguaje,
trascendiendo la vida misma. La situación que vive nuestro
país en el asunto de atención para la salud es
realmente dramática; la carencia de insumos y el
progresivo deterioro de los centros de atención representa
un serio problema de difícil solución. La
complejidad misma del sistema de
redes que se
interconectan en el campo de la salud amerita la atención
de diversas áreas, como la educación, las
comunicaciones, el medio
ambiente, el aspecto social y económico, el
psicológico, el cultural, en fin, una serie de elementos
directamente relacionados. Tratar de resolver aisladamente un
problema tan serio sólo puede conducirnos a la queja
permanente por la carencia de algo vital. Unir esfuerzos en
función de la prevención de enfermedades, el
rescate de los centros de atención, la provisión de
insumos, la atención efectiva, el cuidado y mantenimiento
de lo rescatado y la voluntad de trabajo, aunado a la lucha
contra la corrupción, puede ser la única
manera de solucionar este drama en el que todos estamos
inmersos.
7. Lenguaje y Comunicaciones
La Historia puede apenas dar cuenta de lo más reciente. Estudiar y descifrar lo más primitivo del lenguaje es competencia de la Paleología, asunto en el que no pretendemos profundizar. Si 15.000 años antes de Cristo ya el humano se expresaba con imágenes, tales como las pinturas rupestres que podemos observar, por ejemplo, en las cuevas de Lascaux, ubicadas en Montignac (Francia), no podemos suponer simplemente un rugido como fonética ni podemos entender las incómodas posiciones que adoptaban en pequeños espacios inclinados dentro de la cueva si no tenemos dimensión del tamaño de las bestias que probablemente les acosaban para devorarlos, y sin embargo, pintaban con sus manos, utilizando fragmentos blandos de piedra pigmentada y sus alientos húmedos.


En la cueva encontraron, entre otras cosas, puntas de lanza, y como algo realmente curioso puede observarse una figura humana, sólo una representación de la figura humana entre tantos animales.

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El hallazgo de las puntas de lanza evidencia la necesidad del hombre de crear armas para defenderse y alimentarse, para poder obtener las pieles de animales que pudieran cubrirlo del frío. Tal vez la misma indefensión del ser humano desde sus orígenes ha conducido a la creación de una monstruosa condición agresiva por excelencia, así como la imperiosa necesidad de comunicarse, perfeccionando a través del tiempo las armas y el lenguaje, desarrollando medios de comunicación cada vez más sofisticados, hasta llegar a convertirlos en el arma de mayor alcance del mundo civilizado.
El desarrollo del sistema de signos, del ideográfico al jeroglífico, hasta el alfabético, da cuenta del afán humano por la comunicación, los diversos inventos, desde la imprenta hasta la cibernética están destinados a su permanente evolución. Los usos y abusos que de los medios de comunicación puede hacer el hombre, no significa la puesta en escena de un ataque frontal a la herramienta más importante para la fabricación de una estructura que permite conocer y aprender a respetar las diversas culturas del mundo. Un seguimiento de las diversas utilidades que puede darse a esta herramienta y una crítica permanente que genere propuestas dirigidas hacia la paz mundial, al desarrollo de programas para la justicia social, puede resultar un ideal romántico pero también una fuerza generadora de ideas a ser compartidas en función de propiciar realidades tangibles.
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Paloma mensajera Satélite espacial
Las imágenes satelitales nos permiten, a través de
la
televisión, observar lo que ocurre en cualquier lugar
del mundo desde nuestra propia casa, en el mismo instante del
acontecimiento. La navegación por Internet nos da acceso a la
información de manera concisa sobre
cualquier tema. El correo
electrónico elimina la distancia geográfica
entre interlocutores, facilitando la inmediatez de las opiniones
y sensaciones que se desean expresar y compartir.
La violencia mayor, en cada paso acelerado de la
tecnología dentro del ámbito de las comunicaciones,
más allá de su naturaleza invasora (al mejor estilo
de la telefonía
celular y la
contaminación espacial), tal vez se manifiesta en la
deliberada utilización fatua del lenguaje,
alejándolo de una ética del
discurso como lazo social y colocándolo al servicio de una
globalización dirigida al permanente
incremento del poder del más fuerte.
8. Selección Bibliográfica
Autor:
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