11. Latinoamérica: oportunidad de impulsar el turismo
A raíz de los atentados del 11 de septiembre y la guerra en Afganistán, el turismo ha entrado en crisis, la gente tiene miedo a volar y, ante la caída del número de pasajeros, las aerolíneas están cerrando rutas establecidas y reajustando sus plantillas. La Organización Mundial del Turismo ha reducido las previsiones de crecimiento global para este año, del 3,5% al 2,5%, y teme que, en el 2002, la actividad se estanque en torno al 1%.

La organización presentó su informe estadístico en Londres, durante la inauguración, esta semana, de la feria Mundial del Turismo. La crisis, afirma Marco Palacios, presidente de la Asociación Argentina de Agencias de Viajes y Turismo, se debe al temor a volar, a la incertidumbre en torno conflicto bélico y a la recesión internacional. A su juicio, las fluctuaciones de estos tres factores y su interacción influirán en la profundidad y la duración de la crisis.
Sin duda, Estados Unidos y Oriente Próximo serán los escenarios más afectados por el clima de incertidumbre internacional. Otros, en cambio, como Latinoamérica y Europa, tienen mejores perspectivas de afrontar la crisis. Polo Casanova, director de la Junta administradora del turismo venezolano, presente en la Feria, aclara que durante el evento se ha manifestado un gran interés por nuevos destinos que ofrezcan seguridad. Y a pesar de que se puede pensar que los países de América Latina tienen sus dosis de inseguridad, en la actualidad se han convertido en los sitios más seguros del mundo para viajar, visitar e ir de vacaciones. En el actual momento de convulsión, en general todos los países de América Latina tienen una gran oportunidad para vender sus productos en el mercado internacional. Latinoamérica, prosigue Casanova, ofrece seguridad, ecoturismo y unos destinos en harmonía con la naturaleza, para los que actualmente existe gran demanda. Además, se beneficiará de la regionalización del turismo, una tendencia que aprecian los cerca de 5.000 profesionales reunidos en Londres. Los europeos viajarán por Europa, desplazándose preferentemente por carretera. Los latinoamericanos evitarán sus destinos favoritos, Estados Unidos y el Viejo Continente, y visitarán regiones de su respectivo país y Estados vecinos.
Marco Palacios opina que esta tendencia indica claramente que el turismo va a regionalizarse y nacionalizarse. Actualmente se manejan otros códigos y, mientras permanezca incierta la evolución del conflicto bélico, la gente preferirá viajar a lugares donde los códigos sean similares. Latinoamérica va a recibir más turistas latinoamericanos que en la actualidad.
Recuperar la confianza del viajero en el avión es vital para América Latina, un continente de grandes distancias. En esta tarea, dice Palacios, las agencias de viajes desempeñarán un papel importante, ya que son el equivalente del médico de cabecera. Además, nuestro mensaje no ha cambiado tras los atentados. El avión sigue siendo el medio de transporte más seguro. No podemos permitir que el terrorismo nos paralice.
12. Arabia Saudita: ¿cómplice de al Qaeda?
A partir de los atentados del 11 de septiembre pasado el gobierno estadounidense declaró la guerra contra el terrorismo. Al señalar al saudí Osama bin Laden, líder del grupo terrorista al Qaeda, responsable de los ataques contra el World Trade Center y el Pentágono, el presidente George W. Bush ha especificado los frentes de la guerra y ha definido a los que apoyan el terrorismo ("el mal") y los que luchan contra él.

Desde septiembre las agencias estadounidenses de inteligencia han empleado sus esfuerzos para comprobar la hipótesis de que Osama bin Laden fue el autor de los ataques. Afganistán es el país donde Bin Laden ha residido durante los últimos años, y el régimen Talibán, que le amparó, se ha transformado en el objetivo principal. Mientras tanto, ante la alarma de nuevos ataques dentro de EEUU se ha comenzado a insinuar la posible conexión entre Bin Laden e Iraq. Sin embargo, aunque este último ha sido el único país árabe que no ha condenado los ataques a las ‘Torres Gemelas' y al Pentágono, no parecen existir pruebas que indiquen esa conexión. En cambio, Arabia Saudita es un país árabe fuertemente alineado con EEUU pero con un papel muy poco claro sobre las redes terroristas musulmanas.
Dentro de Arabia Saudita hay grupos de poder económico y político, como el movimiento wahabista, con una fuerte tendencia anti-occidental. De hecho, el mismo Bin Laden viene de esa tradición. Arabia Saudita ha financiado a grupos extremistas, empezando por los mismos muyahidines afganos que en los años 80 pelearon contra la ex URSS.
Arabia Saudita es un país musulmán gobernado por la familia real, al Saud, en el que rige una interpretación muy estricta del Islam, tanto, en algunos aspectos, como en Afganistán. Los saudís, en general, están divididos en dos sectores: la monarquía y la élite que la rodea; y, el pueblo saudí. La primera vive en un mundo lujoso y caprichoso con el dinero de las ganancias de la exportación del petróleo y respetan o no respetan las leyes islámicas como quieran. La otra parte o "segunda población" vive obligada a seguir las estrictas normas de la secta Wahabi de Islam bajo la vigilancia de la policía religiosa, en una sociedad donde más de la mitad del pueblo tiene menos de 18 años, hay alto nivel de desempleo, pocas oportunidades para una buena educación y un movimiento fundamentalista cada día más fuerte. En su libro La Yihad, Gilles Kepel (Península, Barcelona, 2001) explica en detalle las relaciones entre el wahabismo y la monarquía.
El gobierno saudí está oficialmente encabezado por el Rey Fahd, pero debido a que éste se encuentra desde 1995 incapacitado mentalmente, son el príncipe heredero Abdula y el príncipe Sultán, actual ministro de defensa, quienes gobiernan. Desde que el Rey enfermó el gobierno es cada vez más vulnerable, débil y corrupto. A lo largo de los años, con el empeoramiento de las condiciones para la segunda población debido a la corrupción de la familia real y también por las peleas internas entre los príncipes (competición por el poder) se ve que la familia al Saud se ha vuelto vulnerable al creciente movimiento fundamentalista en Arabia Saudita.
Según un reportaje del periodista Seymour Hersh en la revista, The New Yorker, ("King's Ransom", 22/10/01) la Agencia de Seguridad Nacional (ASN) estadounidense lleva desde el año 1994 interceptando conversaciones entre miembros de la familia al Saud que corroboran el agudo aumento de corrupción en el gobierno. Los miles de príncipes – que ocupan cargos de ministros y gobernadores, entre otros – han estado robando dinero del Estado, quitando dinero de proyectos como el de la reforma de la Gran Mezquita de la Meca, y a través de negocios "sucios" con empresas internacionales. Además de la creciente corrupción e inestabilidad y la creciente impaciencia de una población que adhiere cada vez más al fundamentalismo se encuentra el problema del "dinero de protección" que los saudís reales pagan para mantenerse en el poder a movimientos fundamentalistas. Hersh dice que según el espionaje estadounidense ya en 1996 Arabia Saudí se convirtió en financiador de grupos extremistas como al Qaeda y Hamas. A pesar de estas acusaciones Arabia Saudita ha declarado que no financia a la red de al Qaeda u otros grupos extremistas. Al mismo tiempo, el gobierno saudí se ha negado a cooperar con la investigación del FBI sobre los 19 hombres (se cree que más de la mitad era de origen saudí) que supuestamente participaron en los secuestros de los cuatro aviones el 11 de septiembre. Según el presidente Bush, los que apoyan a los terroristas pueden sufrir represalias. La investigación sigue mostrando pruebas sobre la conexión entre grupos terroristas y Arabia Saudita. Incluso sin la ayuda del gobierno saudí, el FBI podría encontrar evidencias que comprometan seriamente al Estado saudí. Puede que la familia al Saud haya financiado a estos grupos extremistas con el fin de evitar que éstos no les echaran del poder; sin embargo, sea cual sea el motivo, las pruebas contra el Estado saudí podrían aumentar. Queda por ver si el gobierno estadounidense cumplirá con las palabras de su presidente de investigar a fondo y que cualquier gobierno que apoye o que protege a los terroristas sea castigado, tanto como si fuera el responsable directo de los ataques.
13. La salud mental se deteriora a nivel mundial
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido el impacto psicológico, a escala internacional, de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos. Los hechos han provocado un sentimiento de horror e inseguridad, y han expuesto a numerosas personas en países industrializados al terror que millones de habitantes de otras partes del mundo sienten en situaciones de urgencia.

En estos términos se expresó la Directora de la OMS, Gro Harlem Brundtland, durante la presentación del cuarto Informe sobre la salud mental en el mundo en el 2001. Brundtland afirma que el miedo, sea inspirado en la crueldad, la violencia o en enfermedades, afecta la confianza entre las personas y entre los grupos y comunidades que necesitan colaborar, pero también atenta contra la seguridad e hipoteca la libertad del ser humano. En declaraciones a Radio Nederland, el Director del Departamento de Salud Mental de la OMS, el Dr. Benedetto Saraceno, dijo que NO se deben ‘psiquiatrizar' las reacciones ante los trágicos sucesos del pasado septiembre. A su juicio, NO hay que ‘psiquiatrizar' reacciones legítimas y normales de un evento tan terrible que ha golpeado una ciudad y que trasmite esa angustia de toda una nación a millones de personas. No puede ser reducido a una simple causa de problemas de salud mental. Esa es la reacción de una humanidad golpeada, que está respondiendo con miedo, con un sentimiento de inseguridad. Si bien se le puede llamar salud mental, se debe evitar ‘medicalizar' o ‘psiquiatrizar' respuestas que son finalmente bien normales, precisó el experto.
Según el Dr. Saraceno, este acontecimiento a escala internacional ha causado un sentimiento totalmente desequilibrado porque se trata de vidas humanas.
La OMS manifiesta preocupación por el deterioro, a pasos agigantados, de la salud mental a nivel internacional. En su informe, la organización asegura que unos 450 millones de personas padecen trastornos mentales o neurológicos, y pronostica que, para el 2020, algunas de estas enfermedades, como la depresión, se convertirán en la segunda carga mundial de morbididad.
Anualmente, la depresión afecta a un 5,8 por ciento de hombres y un 9,5 por ciento de mujeres, y se calcula que unos 120 millones de personas sufren actualmente depresiones, mientras que otros 24 millones padecen esquizofrenia y 50 millones sufren epilepsia.
De los 37 millones de personas dementes, la enfermedad de Alzheimer es la responsable de la mayoría de los casos; un 5% en hombres y un 6% en mujeres de más de 60 años.
En la actualidad, sólo un 33 por ciento de los países asigna menos del 1% de su presupuesto sanitario total a la salud mental, se utiliza una muy limitada gama de medicamentos y NO se dispone de los tres productos esenciales para tratar la esquizofrenia, la depresión y la epilepsia en el nivel de atención primaria.
Cada año se registran entre 10 y 20 millones de suicidios. En más de la mitad de los países hay solamente un psiquiatra por cada 100 mil habitantes, y el 40% de los países reserva para los enfermos mentales menos de una cama de hospital por cada 10 mil habitantes.
Los trastornos mentales y neurológicos NO son exclusivos del Tercer Mundo, tal como lo explica el Dr. Saraceno: "Es un error pensar que los problemas de salud mental sean exclusivamente de los ricos o de los pobres; son males generales. Hay diferencias. Hay una distribución geográfica de las enfermedades. Vemos que, por ejemplo, la depresión es más frecuente en países desarrollados como en Estados Unidos y Canadá, así como en países industrializados de América Latina, más que en África. En cambio, trastornos como la epilepsia, infecciones perinatales o el retraso mental, ocurren con más frecuencia en África o en países de muy bajo desarrollo".
El alcoholismo genera la mayor tasa de enfermedades mentales en Europa del Este, donde Rusia registra el más alto índice de suicidios. La intoxicación aguda, el uso nocivo, el síndrome de la dependencia a sustancias tóxicas o alucinógenas, constituyen una pesada carga para la salud mental en el mundo.
1.200 millones de personas consumen tabaco, y, para el 2025, la OMS prevé que la cifra superará los 1.600 millones. Además, se calcula que en el 2020, las defunciones a causa de tabaquismo se elevarán a 8,4 millones.
Según la OMS, los pobres soportan a menudo una carga más importante de enfermedades mentales, tanto por el mayor riesgo de sufrir cualquiera de esos males como por su menor acceso a los tratamientos. De ahí que la OMS proponga a los gobiernos la sustitución progresiva de las grandes instituciones psiquiátricas por sistemas de atención comunitaria, para integrar la salud mental en los cuidados primarios y en el sistema general de sanidad.
14. Bush da un impulso a la economía Norteamérica
El presidente norteamericano, George Bush, presentó un nuevo paquete de medias para estimular la economía estadounidense, por un monto de 75 mil millones de dólares. Esta cifra se sumaría a los fondos que ya han sido aprobados por el Congreso norteamericano, a raíz de los atentados del pasado 11 de septiembre. Bush pidió a los políticos actuar con rapidez.

El presidente Bush y su ministro de Finanzas, Paul O'Neill, señalaron que el objetivo del paquete de emergencia es fortalecer la confianza del consumidor norteamericano, atemorizado por los recientes acontecimientos; incentivar las inversiones y ayudar a los centenares de miles de personas que han perdido su trabajo como consecuencia de los devastadores ataques.
Antes del 11 de septiembre, la economía norteamericana ya daba señales de inestabilidad. Ahora, muy probablemente, las persistentes secuelas de los ataques terroristas en Nueva York y Washington sumirán en una recesión a la economía más importante del mundo. Cabe preguntarse qué tan grave es esta situación. Entre tanto, el presidente Bush se ha reunido con los máximos representantes de la industria y del mundo empresarial para ponerlos al tanto de los planes gubernamentales encaminados a fomentar la reactivación económica.
Bush opinó que todos comprenden perfectamente que los acontecimientos del 11 de septiembre significaron un duro golpe para la conciencia y la economía nacionales. Pero, añadió, "los terroristas no afectarán nuestras almas, ni la grandeza de los EEUU". Por su parte, el ministro de finanzas, Paul O'Neill, pidió al Congreso aprobar rápidamente un paquete de medidas para estimular la economía, por un monto de entre 60 y 75 mil millones de dólares. El presidente Bush y su equipo de economistas no han revelado aún los detalles del plan, pero uno de los elementos más importantes es, desde luego, el inevitable remedio del Partido Republicano para todas las enfermedades: una reducción de impuestos, para incentivar la confianza del consumidor. Los demócratas coinciden en que se necesita un estímulo. El líder de la mayoría demócrata en el Senado, Tom Daschle, propone reducir los impuestos para los sueldos más bajos. Sin embargo, los demócratas no se muestran muy partidarios de ampliar el plan presidencial de reducciones fiscales, el cual ya había sido presentado a principios de este año. Los demócratas opinan que esta iniciativa beneficia sobre todo a los sectores más acaudalados. En cambio, sí están de acuerdo con los planes de Bush para incentivar las inversiones y, bajo las actuales circunstancias, extender las prestaciones sociales para los desempleados. Como otros republicanos, George W Bush es alérgico a un aumento del presupuesto público, salvo si está destinado a Defensa. En su campaña electoral, Bush prometió que no excedería el presupuesto. No obstante, el presidente indicó que, en caso de una emergencia nacional, de una recesión o de una guerra, existe una buena razón para hacer todo lo necesario para restablecer la seguridad nacional, y ganar la guerra contra el terrorismo.
En un intento de reactivar la economía, la Reserva Federal, el banco central estadounidense, está reduciendo los tipos de interés para préstamos a corto plazo. Después de los atentados, los republicanos y los demócratas parecen estar lo bastante unidos como para dar una respuesta rápida a los efectos económicos de los ataques. Si bien será imposible pronosticar la duración o la intensidad de la recesión, por el momento, parece que no habrá discordia, al menos en el plano político, que la pueda empeorar.
15. A.I. denuncia discriminación contra musulmanes
La organización pro derechos humanos Amnistía Internacional (AI), con sede en Londres, ha denunciado la discriminación y amenazas registradas en varios países contra ciudadanos musulmanes o de origen asiático, tras los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos.
Con su postura, Amnistía quiere dejar claro que la lucha contra el terrorismo no puede usarse "oportunamente" para minar las libertades civiles y los derechos humanos. En su comunicado AI afirma que "el horror de los ataques del 11 de septiembre no debería, en nombre de la lucha contra el terrorismo, convertir a otras comunidades de todo el mundo en víctimas".

Entrevistado por Radio Nederland, el señor Javier Zuñiga, director de Estatregia Regional de AI, ha condenado la "avalancha" de delitos raciales que parecen directamente vinculados a atentados, en los que hombres y mujeres "han sufrido el abuso e, incluso, han sido atacados...por su identidad nacional o religiosa, ya sea real o aparente", como señala el comunicado.
Pese a las llamadas a la tolerancia y al control de las autoridades, sólo en Estados Unidos - según los datos de Amnistía - se han registrado más de 540 ataques contra ciudadanos árabes y, al menos, doscientas agresiones contra personas de origen sij, una minoría religiosa de la India.
"Mezquitas, templos hindúes y otros centros han sido atacados en países como Polonia, India, el Reino Unido y Dinamarca", señala AI en su comunicado, al tiempo que condena también la detención de musulmanes y personas de Oriente Medio en países como México, Brasil y Paraguay bajo la sospecha de tener lazos con organizaciones terroristas. La organización pro derechos humanos expresa asimismo su temor a que China se escude en las atrocidades en EE.UU. para reprimir a grupos musulmanes de la región de Xinjian Uighur, al noroeste del país. Los gobiernos deberían adoptar medidas para garantizar "los derechos de todos, sean o no sean ciudadanos", y no tolerar ninguna amenaza o violencia racistas, señala finalmente AI.
16. Impacto Económico
Las preguntas que todo el mundo se hace en Estados Unidos y para las que casi nadie tiene respuestas firmes son básicamente dos: ¿cuándo y dónde se desencadenará a respuesta americana a los ataques terroristas del martes negro pasado, 11 de setiembre? . ¿cómo afectará todo esto a la economía norteamericana y más precisamente a la de todos y cada uno de los estadounidenses?

Pero si se habla con latinoamericanos, o con americanos con familia o intereses en América Latina, surge inevitablemente una tercera pregunta, íntimamente ligada a las dos anteriores: ¿cómo afectará todo esto a la economía de América Latina y a los bolsillos de los latinoamericanos?
Por supuesto, no pretendemos tener respuestas firmes para ninguna de las tres, pero si elementos de respuesta para al menos dos. La primera sólo la podría contestar el presidente George W. Bush en su calidad de comandante en jefe del ejército de Estados Unidos y aunque ya ha dado varias señales de cuales son sus propósitos, obviamente no tiene interés de avisar con antelación cómo, cuándo y dónde lanzará su segura respuesta. Veamos entonces las otras dos preguntas, íntimamente vinculadas entre si: hasta el momento, el impacto del martes trágico ha sido devastador en vidas humanas, mas de 6.500 muertos, ha dejado profundas huellas en una población literalmente traumatizada por los ataques a baluartes simbólicos considerados inexpugnables y ha provocado pérdidas que las compañías de seguro evalúan en unos 70.000 millones de dólares, además de quiebras de compañías y brutales caídas en las bolsas. Es obvio que el crecimiento económico de Estados Unidos, que ya había declinado sensiblemente desde que empezó el año 2001, se reducirá aún más en las semanas y meses venideros, con excepciones: los sectores vinculados a la defensa y a las modernas tecnologías seguramente se van a sentir respaldados. Lo mismo quizás ocurra con el mercado inmobiliario, por aquello de que en tiempos de crisis la vivienda se convierte en un "valor-refugio". Pero todos los demás sectores, empezando por los vinculados al turismo y al transporte aéreo se verán seriamente afectados. Esto repercutirá en todo el mundo, pero no del mismo modo en todas partes; aún en América Latina, el impacto de la crisis no será el mismo para México y América Central que para Brasil, Chile, Argentina o Venezuela. Sea como fuere, si la demanda estadounidense se contrae, los primeros en sentirlo van a ser los millones de latinoamericanos que viven del comercio con Estados Unidos, que representa mas del 50% de su actividad y en casos como el de México, el 90% de sus exportaciones. Curiosamente, hasta ahora los precios de las materias primas se han mantenido, claro que a niveles bajos, y el del petróleo podría subir, lo que significaría para Venezuela, y en cierta medida también para México, un alivio o aporte. En su conjunto, el panorama para América Latina es sombrío, económica y también políticamente visto desde Estados Unidos. Su posición en la agenda americana, que tras la visita del presidente de México Vicente Fox parecía que iba a recibir atención prioritaria, pasa ahora a un más que discreto tercer plano: no somos parte del problema terrorista, es cierto, pero tampoco de la solución del mismo, como ocurre con los miembros de la OTAN o con países clave, como podría ser el caso de la China, la India, Pakistán o Arabia Saudita. Pero no todo es compactamente siniestro: en este mundo tan volátil y por momentos hostil, América Latina aparece a los ojos de Estados Unidos como una zona relativamente calma y globalmente amistosa. Por otra parte, las tasas de interés han bajado y todo hace pensar que de algún modo los latinoamericanos se beneficiarán de los esfuerzos del presidente Bush para mantener viva y en funcionamiento la maquinaria económica. N A corto plazo, lo estamos viendo, América Latina paga un precio alto a la interrupción del comercio y a la paralización de las actividades que provocaron los ataques suicidas del martes 11, que podrán atenuarse o acentuarse una vez que se desate la contraofensiva antiterrorista.
Todo dependerá entonces de cual será el nivel de crecimiento de la economía de Estados Unidos en tiempos de conflicto abierto.
17. Limitada caída del índice de Wall Street
En el primer día de apertura después de los devastadores atentados, la bolsa de valores en Estados Unidos perdió un poco más del 7 por ciento. Los analistas habían pronosticado una caída entre un 5 y un 10 por ciento. A primera vista la pérdida fue reducida, pero para las compañías aéreas el día fue un desastroso, una de ellas vio bajar el valor de sus acciones en un 50 por ciento. Las empresas de seguros también sufren graves pérdidas. Las palabras que llamaban a la calma y la imprevista reducción del tipo de interés, muy poco antes de la reapertura de la bolsa, eran medidas destinadas a prevenir que cundiera el pánico entre los impacientes inversionistas. La tragedia humana, causada por los atentados no debe convertirse en una tragedia financiera. Según las autoridades norteamericanas la economía estadounidense es lo bastante sólida como para soportar las consecuencias de la catástrofe. La Reserva Federal, el sistema de Bancos Centrales en Estados Unidos, decidió reducir el tipo de interés en medio punto, para fortalecer la confianza de los accionistas en la economía norteamericana. Con un interés más bajo las empresas pueden establecer préstamos a un precio inferior e invertir mejor. Un interés reducido beneficia también a los consumidores, que tienen que seguir comprando productos.

La reducción de la tasa de interés fue una maniobra maestra que ha contribuido, sin duda alguna, a la moderación de caída en la bolsa de valores. El Banco Central Europeo siguió el ejemplo de la Reserva Federal, y redujo el interés en medio punto. Gracias a ello, tampoco cundió el pánico en las bolsas de este lado del mundo. Lo mismo ocurrió en las bolsas de Asia y América Latina.
Sin embargo, nadie sabe si los mercados de valores han pasado lo peor. Los atentados terroristas se han producido en un momento crítico. Ya antes del martes 11 la confianza de los consumidores y productores en la economía se cotizaba a la baja. En el segundo trimestre de este año, la economía norteamericana creció con tan sólo un 0,2 por ciento y muchos economistas temen que en el tercer trimestre sea peor. Los pronósticos para la economía no eran muy positivos y los atentados sólo los han empeorado. Los sentimientos de inseguridad desempeñan un papel importante. Los ciudadanos temen que la represalia que Estados Unidos genere respuestas dramáticas. Este tipo de sentimientos no son positivos para la bolsa de valores. Sin embargo, también hay empresas que se benefician de esta situación. Los inversores mostraron mucho interés por acciones relacionadas con la defensa. Productores de armamento experimentaron subidas hasta un 40 por ciento. Una cosa es segura: en el próximo futuro la evolución de las bolsas es impredecible.
18. El miedo a volar: Efecto de la tragedia
En la medida que pasan las horas, una psicosis colectiva se apodera de los estadounidenses, inquietos por la seguridad aérea en su país, aún cuando de momento no se ha recuperado la normalidad en el tráfico aéreo.
Las espeluznantes imágenes de aviones estrellándose contra las Torres Gemelas de Nueva York podrían aumentar el miedo a volar y provocar un temor generalizado sobre la seguridad de edificios oficiales y rascacielos de Estados Unidos.
Los ataques terroristas contra las torres neoyorquinas y el Pentágono, cometidos con aviones comerciales secuestrados y que podrían haber causado miles de muertos, han dado lugar a los cuestionamientos de la opinión pública.
Según informa la agencia EFE, tres días después de los atentados, la práctica totalidad de las aeronaves estadounidenses permanecen en tierra, debido a que el Gobierno no puede garantizar aún su seguridad.
Para tener una idea de la dimensión del transporte aéreo en Estados Unidos tengamos en cuenta que ese país registra entre 40 mil y 50 mil vuelos comerciales cada día y, en algunos momentos, coinciden en el espacio aéreo estadounidense casi cinco mil aparatos al mismo tiempo.

El miedo a volar
Un despacho firmado por la corresponsal Patricia Souza recoge las opiniones de varios ciudadanos, entre ellos Vicki Massey, empleada de la empresa de abogados Law Firm DC, cuya sede en Nueva York seguirá cerrada. "No voy a volar en unos años, posiblemente. Quiero estar segura de que se toman las medidas precisas antes de volver a subirme a un avión con mi hijo de 4 años", dijo Massey.
"No creo que vaya a tomar un avión para viajar a mi país. Nadie puede creer esto que le ha ocurrido a la nación más poderosa de la tierra", afirmó Daisy García, una salvadoreña que trabaja en el edificio Homer y que vive en Washington desde hace 20 años.
Otro empleado de un inmueble cercano, Gregg Dingle, de 28 años, se refería a que el World Trade Center de Nueva York, ahora destruido, ya había sido objeto de un atentado terrorista en 1993, y mostraba su estupefacción. "Se supone que debíamos estar protegidos en Estados Unidos. La seguridad en los aeropuertos es muy débil, apenas inexistente para los vuelos nacionales, y yo pensaba que a un sitio como el Pentágono no podía uno acercarse", apuntó Dingle.
Junto a él, la joven Claudia Ramons, de 17 años, comentaba que "el Gobierno dedica mucho dinero a la seguridad y, sin embargo, no parece que estemos protegidos", y aseguraba que teme ahora estar demasiado cerca de edificios del Gobierno.
Caerá la demanda del transporte aéreo
Los analistas dan por hecho que en los próximos meses se va a producir un descenso en el transporte aéreo en EEUU, lo que puede empeorar la situación económica del país, que ya antes de los atentados vivía una brusca desaceleración cercana a la recesión.
Lo ocurrido en Nueva York y Washington afectará negativamente a las aerolíneas y previsiblemente también a negocios que dependen del transporte aéreo, como hoteles, empresas de alquiler de automóviles o restaurantes.
"Se espera que la demanda del transporte aéreo caiga de forma brusca", dice en un comunicado la empresa Midway Airlines, que el miércoles 12 anunció que suspendía sus operaciones y despedía a 1.700 trabajadores tras los atentados.
La Asociación de la Industria de Viajes de Estados Unidos ha admitido que el turismo "sufrirá retos en los próximos días y semanas", y que las consecuencias de la tragedia son todavía "inciertas". "Vamos a trabajar duramente con la industria (del turismo) y el Gobierno para asegurarnos que viajar es seguro y para recuperar la confianza de los viajeros estadounidenses", apuntó William Norman, presidente de esa agrupación.
Entretanto la agencia francesa AFP reproduce las declaraciones del director de la estatal Compañía Aeronáutica Civil colombiana, Juan Vélez, que previó que los ataques terroristas del martes en Estados Unidos afectarán en forma notoria al transporte aéreo mundial. "Lo ocurrido el martes fue supremamente delicado para la aviación mundial porque el impacto va a ser de dimensiones muy grandes", indicó Vélez en declaraciones a la privada emisora Radionet.
Precisó que "en los próximos días serán muchos los pasajeros que a raíz de los actos terroristas no van a utilizar aviones, lo que ocasionará una importante disminución en la demanda".
Pérdidas millonarias
Tras los atentados perpetrados en los Estados Unidos, las aerolíneas mexicanas y extranjeras que suspendieron sus operaciones en México desde el día 13 de septiembre, han registrado pérdidas por unos 13 millones de dólares, según consultores de aviación.
El especialista en aeronáutica Fernando Gómez aseguró a la agencia española EFE que dicha cifra corresponde únicamente a las 562 operaciones comerciales suspendidas en los 28 aeropuertos internacionales del país por el cierre del espacio aéreo estadounidense. Gómez explicó que sólo en el aeropuerto capitalino se cancelaron 262 operaciones hacia los Estados Unidos.
El también consultor Simón García dijo que además de las pérdidas económicas, es probable que la actual coyuntura genere "una severa crisis económica" en la industria aérea mexicana. Expresó su temor de que a raíz de los atentados perpetrados en los Estados Unidos se genere una psicosis mundial y una drástica reducción en la demanda del servicio aéreo.
19. La seguridad en Estados Unidos afectada
Los estadounidenses se sienten profundamente afectados en su sentido de la seguridad tras los atentados del martes contra el World Trade Center en Nueva York y el edificio del Pentágono en Washington. Si muchos pensaban que los EEUU exageraban en su política de seguridad, ahora vemos que estas han sido insuficientes para evitar una catástrofe de estas dimensiones.

El sentido de la seguridad en una sociedad abierta y democrática se ha visto gravemente afectado por los recientes acontecimientos. Por eso, el presidente Bush trató anoche de manifestar su apoyo moral a sus compatriotas.... "La intención de estos actos de genocidio es la de sembrar el pánico y el caos en nuestra sociedad. Pero no han tenido éxito: nuestro país se ha mostrado fuerte. Un gran pueblo se ha movilizado para defender a un agran nación. Los terroristas podrán sacudir los cimientos de nuestros más grandes edificios, pero no podrán horadar los cimientos de la sociedad estadounidense."
Bush se dirigió a la nación desde la Casa Blanca, a donde llegó finalmente tras una larga peregrinación por varias partes del país. En el momento de los atentados, Bush se encontraba visitando una escuela en la Florida. Qué tan seguro ha sido regresar a Washington? Allí, el edificio del Pentágono, o mejor dicho el mismísimo Ministerio de Defensa, también había sido blanco de uno de los atentados suicidas con un avión de pasajeros. Tras aterrizar en la base de la fuerza aérea de Barksdale en el estado de Louisiana, y una visita al búnker del comando militar en el estado de Nebraska, el presidente se dirigió finalmente a Washington, la capital norteamericana, desde donde pronunció su alocución televisada al pueblo estadounidense. Bush manifestó en su discurso que los autores de los atentados serán encontrados y castigados....
"He ordenado la utilización de todos nuestros recursos del servicio de inteligencia y las fuerzas del orden para encontrar a los responsables y llevarlos ante la justicia. No haremos ninguna distinción entre los terroristas que han cometido estos atentados y aquellos que los han ayudado y protegido. Los EEUU y nuestros amigos y aliados nos uniremos con todos aquellos que desean la paz y la seguridad en el mundo. Juntos formaremos un frente en nuestra lucha contra el terrorismo".

La pregunta que casi todo el mundo se hace ahora es la de: se habría podido evitar todo esto? No se podía proteger a la sociedad estadounidense contra actos terroristas de esta magnitud? No cuentan los EEUU con un poderoso servicio de inteligencia? Habrán recibido indicios de lo que iba a pasar pero no los tomaron en serio? Todo esto son simples especulaciones. La realidad es la de que se ha tratado de una acción meticulosamente preparada y claramente dirigida. El detalle más sorprendente es el de que los atentados han tenido lugar utilizando aviones en vuelos internos. Es probable que los secuestradores de las naves hayan sido ciudadanos estadounidenses que utilizaron en su acción simples navajas. Esto se deduce de las llamadas telefónicas que muchos pasajeros hicieron con sus celulares, desde los aviones secuestrados. Además, entre los secuestradores aéreos se encontraban expertos pilotos que dirigieron las aeronaves directamente hacia sus blancos. Estos terribles atentados dejan al descubierto una vez más lo vulnerables que son las democracias. Indudablemente ahora se exigirán mayores medidas de seguridad. Pero la peor alternativa es la de un estado policial. Un estado en el que todo el mundo pueda ser controlado y vigilado en cualquier momento del día o la noche. Esto socavaría las bases de una democracia, en donde la población precisamente debe sentirse libre y segura en sus movimientos. La implementación de un sofisticado y costosísimo escudo de defensa espacial tampoco ofrece ninguna alternativa, según han indicado siempre los opositores a dicho sistema. Mientras siga existiendo un caldo de cultivo para este tipo de terroristas no habrá ningún sistema de defensa que ofrezca una respuesta satisfactoria. Esto exige una gran responsabilidad de los políticos estadounidenses. Solo una equilibrada política internacional podrá neutralizar eficazmente este tipo de ciego radicalismo.
1. Saddam Hussein
Los Estados Unidos mantienen la presión sobre Saddam Hussein, calificando los esfuerzos de Bagdad por iniciar un diálogo acerca de nuevas inspecciones de armas como una "pose para eludir sus verdaderas obligaciones". Irak se embarcó recientemente en una ofensiva diplomática con el objeto de neutralizar un posible intento norteamericano de derrocar a Saddam por la fuerza.
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Los esfuerzos iraquíes han incluido tentativas de diálogo con las Naciones Unidas, el Congreso Norteamericano, los aliados de Estados Unidos en Europa en general y Gran Bretaña en particular. Hasta el momento, los intentos de Saddam no han tenido mayor éxito pero se espera que seguirá intentándolo, por la sencilla razón de que sigue creciendo el escepticismo frente al planeado "cambio de Gobierno" por medio de una guerra, y no solo por parte de los aliados europeos sino más aún de los aliados árabes de los EE.UU. y vecinos de Irak. Un comentario de nuestro redactor para el Oriente Medio. Existe poca simpatía entre Saddam Hussein y sus vecinos después de la brutal invasión iraquí contra Kuwait en 1990. En 1991, Egipto y Siria participaron con sus tropas y Turquía prestó sus bases aéreas y otras instalaciones para la Operación Tormenta del Desierto que expulsó a Saddam y su ejército de Kuwait. Arabia Saudita se sintió tan amenazado que optó por el acto sin precedentes de aceptar la presencia de militares norteamericanos en su territorio. Mientras tanto, la naturaleza del régimen de Saddam no ha cambiado y Washington sigue sosteniendo que el actual Gobierno de Irak constituye una amenaza para sus vecinos a causa de sus continuos intentos de desarrollar armas de destrucción masiva. Pero, once años después, esos vecinos amenazados no tienen mayor apuro en embarcarse en una guerra contra Saddam. Por el contrario, Arabia Saudita, por ejemplo, se ha negado a autorizar a los norteamericanos a utilizar sus bases aéreas para lanzar una ofensiva contra Bagdad. Ahora, Estados Unidos está abocado a transferir su equipo militar a Qatar. Ahora bien, ¿a qué responde la negativa de esos países a participar en el derrocamiento del dictador? La respuesta es simple: Esos vecinos y otros países árabes como Egipto tienen más miedo a la inestabilidad interna que a Saddam. Existe una fuerte corriente antinorteamericana en la opinión pública árabe e islámica como consecuencia de lo que es interpretado como una política hipócrita por parte de Washington. Cuando los países árabes o islámicos, sean Irak, Irán, Sudán o Libia, contravienen resoluciones de las Naciones Unidas, el castigo militar o las sanciones económicas no se hacen esperar y, sin embargo, se ha tolerado, sin tomar medida alguna, la ocupación israelí de territorio palestino por más de 35 años. Y cuando los palestinos se alzan en protesta contra la ocupación –según los países árabes- el primer ministro israelí Ariel Sharon recibe carta blanca de parte de Washington para reprimir la protesta con violencia. Esas contradicciones han fomentado la reacción del Islam militante, de donde han surgido grupos extremistas como la red Al Qaeda de Osama Bin Laden. Y mientras la mayoría de los musulmanes condenan los atentados del 11 de septiembre, muchos sienten que la guerra contra el terrorismo muchas veces se confunde con una guerra contra el Islam, a pesar de las repetidas afirmaciones norteamericanas de lo contrario. Es así como aliados árabes de Washington como Egipto, Jordania y Arabia Saudita no tienen demasiado interés en involucrarse en una guerra que va a detonar las iras de los militantes islámicos en sus propios países. Además, el régimen de Irán ha sido acusado también por el presidente Bush de formar parte del "eje del mal", junto con Irak y Corea del Norte, por lo que hay temores de que pueda ser el próximo en la lista después de ser derrocado Saddam Hussein.
Por otra parte, muchos de los vecinos de Irak comparten la opinión de una cantidad de importantes generales norteamericanos, según se deslizó hace poco en la prensa estadounidense. A diferencia de la política oficial de la Casa Blanca, esos altos oficiales son de la opinión de que la política de "contención" ha dado muy buenos resultados en los últimos once años. "Contención" significa en este caso mantener a Saddam Hussein a raya a través de sanciones de las Naciones Unidas, de las zonas de prohibición de vuelo en el norte y en el sur de Irak y de incursiones aéreas regulares con el fin de evitar la reconstrucción de sus defensas. En lugar de apoyar una arriesgada aventura con consecuencias imprevisibles para la propia estabilidad, aquellos países prefieren seguir tratando con un "diablo" que ya conocen y que se encuentra neutralizado.
2. Terrorismo, un enemigo de la OTAN y de Rusia
El secretario general de la OTAN, George Robertson, sostuvo en Praga que es necesario unir sus fuerzas con Rusia para luchar contra el terrorismo internacional. "Por primera vez en 60 años, la Federación Rusa y Occidente tienen un enemigo común", dijo el máximo representante de la Alianza Atlántica horas antes de concluir una visita a la República Checa para conocer los preparativos para la cumbre de esa organización, que se celebrará en noviembre en Praga.

Tomando en cuenta la situación surgida tras los ataques del 11 de septiembre, los ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros de la OTAN decidieron a finales del año pasado en Bruselas crear una institución donde Rusia pudiese participar en las decisiones de la Alianza. La concepción de ese organismo debería quedar definida en la próxima cumbre de ministros de Exteriores de los países de la OTAN, que tendrá lugar el mes de mayo en Islandia. Moscú, sin embargo, no tendrá la facultad de vetar las decisiones de la OTAN, ni modificar el rol fundamental de esa institución, aclaró Robertson ante los temores de algunos países, que opinan que aún no es tiempo para formar alianza con Rusia. El Gobierno checo, no obstante, califica a Rusia como un país ‘relativamente democrático', incluso, el primer ministro este país, Milos Zeman, declaró hace pocos meses que no debería descartarse la posibilidad de que Rusia, en un futuro, sea un miembro de pleno derecho de la Alianza Atlántica. Respecto a la ampliación, Robertson dijo que, aunque todavía no se ha tomado una decisión definitiva sobre qué países serán invitados a adherirse a la OTAN en la próxima cumbre de Praga, los países candidatos difícilmente podrán acceder a ese ente si no someten sus sistemas de defensa a un intenso proceso de modernización. Uno de los países que ha hecho bastante en esa materia es Eslovenia, una de las ex repúblicas yugoslavas más pequeñas y que tiene sólo dos millones de habitantes, pero hasta la reunión de Praga le queda todavía mucho por hacer y aún es necesario que mejore la efectividad de su ejército. Además, postulan a integrarse en la OTAN Eslovaquia, Lituania, Letonia, Estonia, Bulgaria, Rumania, Macedonia y Albania, es decir, la mayoría países que antes de la caída del Telón de Acero formaban parte del Pacto de Varsovia.
3. La República Checa se suma a la guerra
El Ejército checo participará en las operaciones de combate contra el terrorismo. Así fue dado a conocer recientemente por el primer ministro checo, Milos Zeman, quien agregó que el país pondrá a disposición de Estados Unidos una unidad antiquímica con 160 soldados. De esta manera, la República Checa se convierte en el primero de los nuevos miembros de la OTAN, al que Estados Unidos solicita ayuda militar directa.

Desde hace dos años, el batallón antiquímico del Ejército checo forma parte de las Fuerzas de Intervención Rápida de la OTAN y, en caso de necesidad, sus efectivos pueden trasladarse a cualquier lugar del mundo en solo una semana.
En total, en las operaciones antiterroristas deberían tomar parte unos 300 efectivos checos, ya que la unidad antiquímica será reforzada con grupos logísticos, paracaidistas y una unidad de transporte. "También viajarán con ellos expertos en armas biológicas", declaró el jefe del Estado Mayor del Ejército checo, Jiri Sedivy, al tiempo que subrayaba que, de ser enviados directamente a la línea de fuego, sería necesario reforzar la misión con un amplio sistema de comunicación.
Aunque las autoridades militares checas no han suministrado detalles sobre las operaciones, varios analistas opinan que la unidad de protección química será desplegada en Pakistán o Uzbekistán. Sin embargo, Praga baraja también la posibilidad de que se traslade directamente aquellas zonas estadounidenses expuestas a los ataques con armas químicas y biológicas. No obstante, lo más probable es que Estados Unidos solicite al Ejército checo que sus efectivos se desplacen a Asia Central, ya que, desde allí, podrían apoyar a las tropas terrestres norteamericanas, si éstas desean penetrar en los campos de entrenamiento de terroristas en Afganistán.
Con mucha cautela, el ministro de Defensa checo, Jaroslav Tvrdik, adelantó que los soldados checos emprenderán un largo viaje en el cual los riesgos pueden ser muy altos. "Existen grandes probabilidades de que participen en enfrentamientos armados, pero también la posibilidad de que a última hora se cancele la operación", subrayó Tvrdik, quien precisó que todo dependerá del desarrollo del conflicto.
La decisión de la República Checa de enviar tropas al lugar de las operaciones ha sido bien acogida por la mayoría de sus ciudadanos, quienes consideran un gran honor para su país ser uno de los primeros a los que Estados Unidos solicita ayuda militar directa. "Esto aumenta el prestigio de nuestras Fuerzas Armadas", opinaba un joven estudiante de Praga, poco después de darse a conocer la noticia.
La unidad antíquimica checa goza de gran prestigio en Estados Unidos, ya que, durante la Guerra del Golfo fue la única en detectar pequeñas cantidades de gases tóxicos en el desierto. Poco tiempo después de su intervención, que tuvo lugar entre 1990 y 1991, el entonces subsecretario de Defensa norteamericano, Theodor Prociv, elogió el alto nivel de los especialistas del entonces Ejército checoslovaco, y comprobó que estaban capacitados para analizar sustancias tóxicas en poco tiempo.
Además de su participación en el Golfo Pérsico, la unidad antiquímica checa, cinco de cuyos 160 miembros son mujeres, ha intervenido con éxito en varias misiones internacionales de paz en los Balcanes.
4. La importancia de Turquía en la guerra
Con el recrudecimiento de la guerra contra Osama bin Laden y los Talibán en Afganistán, Turquía ha cobrado mucha importancia para Estados Unidos, por ser el único Estado miembro de la OTAN con una población mayoritaria musulmana. Ankara se ha declarado aliado de Washington en su lucha contra el terrorismo y permite el uso de sus bases para ataques contra Afganistán. El Gobierno turco considera incluso la posibilidad de enviar tropas.

La base turca de Incirlik, en el sur del país, desempeña un papel primordial en el apoyo logístico a las operaciones norteamericanas contra los Talibán en Afganistán, ya que desde allí despegan caza-bombarderos norteamericanos. Tras los atentados del 11 de septiembre pasado, Turquía fue unos de los primeros países musulmanes que ofreció apoyo a Estados Unidos. La gran mayoría del Parlamento turco aprobó una ley que permite al Gobierno enviar tropas a Afganistán. El periodista Sinan Gocken, del diario turco Hurriyet, opina que Turquía tiene mucho que ofrecer.
Según este informador, el Ejército turco tiene una experiencia única en una situación de guerra similar, porque luchó durante casi 15 años contra los guerrilleros kurdos del PKK, y porque la geografía donde se combatió es muy similar a la de Afganistán. Además, Turquía era el único país de Occidente con una población de mayoría musulmana, que, hasta hace poco, mantenía relaciones tanto con el régimen de los Talibán como con la Alianza del Norte.
Ahora se insiste que, en el futuro, Turquía podría encabezar una fuerza de países islámicos bajo auspicios de Naciones Unidas, en Afganistán.
Sin embargo, si bien Estados Unidos puede conceder un papel importante para Turquía en su guerra contra el terrorismo, el pueblo turco no parece estar muy convencido. Recientes encuestas indican que una gran mayoría turca se opone a los ataques norteamericanos, e incluso una aún mayor objeta la participación turca. Algunos turcos opinan que Estados Unidos actúa en su propio beneficio y maneja como marionetas no sólo a Turquía, sino al resto del mundo, en una guerra religiosa contra los musulmanes. En Israel se da muerte a muchos musulmanes. ¿Por qué no atacan a Israel por cometer actos de terrorismo contra los musulmanes? se pregunta uno de los encuestados. El Gobierno turco goza de poca popularidad debido a una profunda crisis económica y, por tanto, intenta disminuir el descontento del público sobre el apoyo a Estados Unidos. El primer ministro turco, Bulent Ecevit, puso de relieve que el apoyo turco no incluirá de ninguna forma ataques contra Irak. Según Ecevit, si EEUU ataca a Irak, la situación en Oriente Medio se tornaría muy inestable, lo que perjudicaría a Turquía, país que ya ha sufrido, y sigue sufriendo, las consecuencias económicas de la política que, después de la guerra del Golfo, se ha mantenido contra Irak. Hasta ahora, las manifestaciones en contra de Estados Unidos y del Gobierno turco se han limitado a grupos izquierdistas e islámicos radicales. Sin embargo, si continúan aumentando las víctimas entre la población civil afgana, o si se llegase a atacar a Irak, el actual malabarismo político del Gobierno turco podría hacerse insostenible.
5. Inminente contraataque de EE.UU
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El ministro norteamericano de Justicia, John Ashcroft, ha advertido a sus compatriotas de la posibilidad de nuevos operativos terroristas, una vez Estados Unidos lance ataques en represalia de los atentados del 11 de septiembre. Según rumores en Estados Unidos, el contraataque se efectuará antes del próximo miércoles. El ministro afgano de Relaciones Exteriores, en el exilio, Abdullah, asume que el ataque tendrá lugar en unos pocos días. El responsable de la diplomacia, Abdullah, forma parte del Gobierno afgano en exilio, que controla sectores del norte de Afganistán. El pasado domingo, el titular celebró una conferencia de prensa en Tayikistán, país vecino de Afganistán, y base de operaciones de la oposición al régimen talibán. Según el ministro, quien alega disponer de información de fuentes fidedignas y tiene casi diariamente contacto con Washington, el ataque norteamericano contra Afganistán ocurrirá pronto. Mientras que aguardan las acciones norteamericanas, los exiliados continúan su lucha contra el régimen talibán. Los rebeldes cooperan con el Frente Unido de Afganistán. Abdullah prefiere esta denominación a la de ‘Alianza del Norte', la cual, a su juicio, es un invento de Pakistán. El Frente Unido se ha repuesto de la muerte de su líder militar, Massud. En estos momentos el Frente dispone de mejores posibilidades militares que antes. El ministro Abdullah informa que los rusos han proporcionado mucho más armamento a la oposición afgana para su lucha contra el régimen talibán. Esto ya ha dado resultados. Varias agrupaciones que en primera instancia apoyaban a los Talibán, están dispuestas, según Abdullah, a unirse a la oposición. Aparentemente, el apoyo al régimen islámico fundamentalista se está desmoronando. Según el ministro, ya se conoce el momento de los ataques. Cabepreguntarse si se sabe también dónde se encuentra el objetivo de los ataques, es decir, el saudita Osama bin Laden, considerado por Estados Unidos como el autor intelectual de los atentados del 11 de septiembre. El ministro afgano opina que sí se conoce su paradero. Según Abdullah, en la ciudad de Jalalabad, en el este de Afganistán, se señaló la presencia de estrechos colaboradores de Osama bin Laden. Si bien aún no se sabe con certeza si Bin Laden también se encuentra allí, el ministro Abdullah considera que en el mismo escondite donde se oculte Bin Laden, se hallará también Mohammed Omar, líder espiritual y político de los Talibán.
6. Asia Central con la Coalición
Las repúblicas de Asia Central reaccionaron positivamente a la petición norteamericana de ayuda en la lucha contra el terrorismo. Al igual que Rusia, también Kirguizistán, Turkmenistán y Kazakistán han cedido su espacio aéreo para vuelos norteamericanos de carácter humanitario. Uzbekistán, país de gran importancia estratégica, todavía no ha determinado su postura oficial, pero, según diversas fuentes, los primeros aviones norteamericanos ya aterrizaron en el país. Con la proximidad de un ataque norteamericano a Afganistán, aumenta la tensión en la región.
La desintegración de la Unión Soviética, hace casi diez años, marcó el comienzo del resurgimiento de corrientes religiosas en las 15 nuevas repúblicas independientes. En los 5 países de Asia Central (Turkmenistán, Kazakistán, Uzbekistán, Kirguizistán y Tayikistán) el Islam experimentó un renacimiento tan intenso, que los autoritarios líderes de estos países se sintieron amenazados. El presidente Islam Karimov, de Uzbekistán, con 22 millones de habitantes, el país más densamente poblado en la región, inició una severa represión de los fundamentalistas musulmanes. Miles de personas fueron detenidas, torturadas, y desaparecieron en campos de concentración. Además, se destruyó el 75 por ciento de las nuevas mezquitas en el país. Hace dos años, cuando Uzbekistán fue blanco de atentados de bomba, muchos lo consideraron una consecuencia de la política represiva de Karimov, a niveles político y religioso. Los atentados fueron perpetrados por el Movimiento Islámico de Uzbekistán, IMU, el cual persigue el establecimiento de un Estado islámico. Después de la de Osama bin Laden, IMU figura en segundo lugar de la lista mundial de organizaciones terroristas.

Tras los atentados, el presidente Karimov inició una verdadera persecución de los adversarios del régimen. Ante Occidente, y particularmente ante Estados Unidos, Karimov se presentó como la única fuerza local capaz de detener el fundamentalismo musulmán en la región, alimentado desde Afganistán. El mandatario argumenta que, si Uzbekistán cae, toda Asia Central corre en peligro. Y, efectivamente, Karimov logró, con mano dura, conservar la tranquilidad en su país, al contrario de países más pequeños, como Tayikistán y Kirguizistán. A principios de los años 90, se produjo en Tayikistán una guerra civil entre la oposición islámica, del sur, y los ex comunistas, del norte. En 1997, se firmó un acuerdo de paz, y desde entonces el país es controlado por distintos líderes guerrilleros. En los últimos dos años, Kirguizistán se vio azotado años por una ola de secuestros, organizada por el Movimiento Islámico de Uzbekistán. El país apenas cuenta con fundamentalistas musulmanes activos políticamente. Durante muchos años, el presidente de Kirguizistán, Askar Akajev, fue considerado como uno de los líderes más democráticos de la región. Sin embargo, esta imagen se ha deteriorado, entre otras razones, porque Akajev no logró reactivar la economía del país.
Los presidentes de las repúblicas de Asia Central consideran un eventual ataque norteamericano a Afganistán como una oportunidad para combatir sus propios problemas con los fundamentalistas musulmanes, muchos de los cuales son originarios de Afganistán. Entretanto, Kazakistán ha prometido apoyo total a Estados Unidos, permitiéndole el uso de su espacio aéreo. En Uzbekistán aún permanecen tropas norteamericanas que recientemente participaron en maniobras militares conjuntas con el país asiático, un asociado a la OTAN.
Sin embargo, las acciones norteamericanas contra Afganistán pueden también tener un efecto inestabilizante en la región, entre otras razones por el enorme flujo de refugiados que abandona Afganistán. Cabe preguntarse si la población de la región apoyará a sus líderes, o si, de lo contrario, se pone de lado de los fundamentalistas. La mayoría de los habitantes de Asia Central es pobre. La independencia ha causado una caída de la economía y apenas ha fomentado la libertad.
7. ¿Cómo responder ante las nuevas amenazas?
A la espera de que EEUU active su maquinaria militar contra algún Estado, con Afganistán a la cabeza, acusado de ser el autor o el soporte de los que cometieron los brutales atentados del pasado día 11, emergen dudas cada vez más fundadas sobre la conveniencia de optar por una solución basada exclusivamente en la fuerza.

Hasta ahora, la administración Bush parece estar resistiendo la presión mayoritaria de su propia opinión pública, educada en un marco en el que conviven el más genuino puritanismo con la violencia más desatada, que pide una respuesta rápida y aplastante. Pero esta aparente falta de reacción también puede interpretarse como el plazo que necesariamente se emplea en la preparación de una operación militar masiva. Así se deduce de los acuerdos establecidos ya con Paquistán y otros países de la zona, para el uso de su espacio aéreo, la transferencia de datos de sus servicios de información o incluso la utilización de su territorio como base de partida para ataques futuros, o del envío de más de cien aviones de combate al Golfo Pérsico. Todo ello apunta a la inevitabilidad de una respuesta, que ni siquiera la imposible entrega de Osama Bin Laden a Washington parece capaz de detener.
Frente esta opción, interesa resaltar que existen otras, quizás menos espectaculares pero probablemente más efectivas, para hacer frente a una amenaza que, en el catálogo de preocupaciones de los Estados democráticos, está llamada a ocupar un lugar preferente en las próximas décadas. No hay ninguna posibilidad de derrotar de una vez por todas al terrorismo, y mucho menos con medios militares diseñados para enfrentarse a escenarios muy distintos a los que plantea esta amenaza. Por lo tanto, se trata de conjugar una serie de vías complementarias, algunas de las cuales no tendrán efecto sustantivo más que a largo plazo. Telegráficamente se podría hablar de:
Castigar a los culpables
La lucha directa contra los grupos terroristas debe ser protagonizada por las fuerzas policiales y de seguridad, tanto en sus aspectos preventivos inmediatos como en las operaciones de persecución que se organicen tras un atentado. Dada la dimensión global que este fenómeno ha adquirido (se habla ya de "hiperterrorismo", tanto por su capacidad para actuar en cualquier parte del mundo como por su demostrada capacidad destructora), es necesario contar también con la colaboración indispensable de los servicios de inteligencia y, en ocasiones, con unidades militares especiales. En todo caso, estas acciones deben estar planificadas para eliminar la posibilidad de producir los mal llamados "daños colaterales" y deben estar dirigidas exclusivamente contra los terroristas. Lo contrario sólo provocará víctimas inocentes y, desde la perspectiva interesada de estos grupos, nuevas justificaciones para continuar una escalada violenta.
Crear estructuras permanentes e internacionales de cooperación antiterrorista
Sólo desde el convencimiento de que el terrorismo es una amenaza global, se podrá aunar esfuerzos en la comunidad internacional para establecer mecanismos efectivos que reduzcan su peligrosidad. En ese sentido parecería positivo el interés de EEUU por crear una gran coalición internacional contra el terrorismo. Sin embargo, ese deseable impulso de cooperación no puede ser liderado por un país, por mucho que sea la única superpotencia actual, con una concepción del problema que no es compartida unánimemente. Para ser creíble, esta iniciativa debe ser liderada por la ONU, formalmente identificada como la instancia que representa los intereses de la comunidad internacional. Desgraciadamente, si la ONU ya estaba atravesando malos momentos en estos últimos años, su silencio actual no hace más que enfatizar su marginación en la toma de decisiones sobre la seguridad internacional.
Luchar contra las causas de los conflictos
Ninguna de las opciones anteriores servirá para garantizar un mayor nivel de seguridad si no se compromete un mayor esfuerzo internacional por reducir o eliminar las causas que generan los conflictos. Para quienes promueven actividades terroristas, el ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres, la pervivencia de focos de pobreza, exclusión y marginación, así como la existencia de dobles varas de medida en la comunidad internacional, son factores que facilitan la movilización de fanáticos y desesperados para sus propios fines. El sostenimiento de regímenes políticos corruptos y dictatoriales no puede ser la vía para garantizar la seguridad; como tampoco lo son la explotación irracional de recursos, incluidos los humanos, sin respeto alguno ni al medio ambiente ni a los criterios sobre los que se fundamenta el Estado de derecho. Hasta ahora, los países desarrollados no han mostrado voluntad decidida para utilizar sus enormes capacidades en la lucha contra estos males. Aunque sea ésta una tarea que sólo dará sus frutos a largo plazo, y que resulta menos espectacular que un despliegue militar, es con diferencia la más efectiva para posibilitar que el período posterior a la postguerra fría se caracterice por un mayor nivel de paz y prosperidad que el que hemos heredado de los tiempos en los que el protagonismo estaba en manos de los instrumentos militares.
De momento, nada permite suponer que éstas vayan a ser las opciones elegidas.
8. "O están con nosotros o estan con los terroristas"
El presidente norteamericano, George Bush, exige que el régimen Talibán de Afganistán entregue incondicionalmente a Osama bin Laden. De lo contrario, al régimen Talibán le espera la misma suerte que a Osama bin Laden, el hombre que según Bush es responsable de los ataques terroristas de la semana pasada contra Nueva York y Washington. El mandatario pronunció estas palabras en su discurso ante el Congreso norteamericano, en la madrugada del viernes 21 de setiembre. Bush pidió a las fuerzas armadas estadounidenses estar alertas, porque se acerca la hora del contra ataque. El Presidente Bush no tuvo pelos en la lengua: los países del mundo tendrán que elegir: "o están con nosotros o están con los terroristas".
Según Bush la destrucción del World Trade Center y el ataque contra el Pentágono son responsabilidad de El Qaeda, una red terrorista dirigida por Osama bin Laden.
La interpretación extremista del Islam de esta organización es rechazada por la gran mayoría de científicos y creyentes musulmanes, señaló Bush. Este movimiento marginal, siempre según Bush, entrena miles de terroristas en Afganistán, que son tolerados y protegidos por el radical régimen de los Talibán. Esta ha sido la condena más fuerte hasta ahora del régimen afgano. El mandatario dijo que su país respeta el pueblo afgano pero condena a los Talibán. Bush exigió la puesta en libertad de los norteamericanos y otros extranjeros detenidos por los Talibán, así como la protección de periodistas extranjeros, los diplomáticos y los funcionarios de ayuda humanitaria en Afganistán, y finalmente el cierre inmediato de todas las bases terroristas que existen en el país.

En su discurso, el presidente preparó a su nación para una campaña prolongada que se llevará a cabo por la vía diplomática y jurídica, por medio de los servios de inteligencia y con recursos financieros, así como cualquier arma necesaria para la guerra. Bush reiteró que su campaña no está dirigida contra el Islam ni contra el mundo árabe, y que Estados Unidos no está sólo en esta lucha.
Bajo severas medidas de seguridad el Primer Ministro británico Tony Blair asistió al discurso que fue pronunciado ante el Congreso. El número de personas desaparecidas bajo los escombros de las Torres Gemelas, ascendió a más de 6.333, ahora que han llegado más detalles sobre los extranjeros desaparecidos. El 11 de septiembre murieron personas de 80 nacionalidades. También las recordaremos a ellas, dijo Bush.
Cabe muy poca duda de que Estados Unidos responderá con fuerza militar, contra el régimen Talibán de Afganistán. El mandatario dijo a sus ciudadanos que deben seguir viviendo sus vidas y abrazar a sus hijos. Bush tenía el semblante tranquilo y decidido. Su discurso fue valorado positivamente por los televidentes. Norteamericanos, y otros dijeron sentirse inspirados por sus palabras.
9. La sed de venganza
La opinión pública mundial está a la espera de que se materialice la promesa del presidente George Bush de tomar represalias contra los responsables del ataque terrorista del martes 11 de septiembre contra Estados Unidos, nación considerada "en estado de guerra".

La mayor potencia del mundo deberá escoger cuáles represalias y qué persigue con su aplicación, porque el drama inimaginable, que muy probablemente costó la vida a miles de personas, fue visto en directo en los televisores del mundo entero y exige una respuesta rápida y decisiva.
Pero a diferencia del ataque a Pearl Harbor - comenta Bernard Estrade, de la agencia AFP -, en este caso el enemigo no está identificado y no hay blancos determinados para los misiles y otras bombas inteligentes. Mientras sea así, las amenazas de represalias carecen de sentido y solamente subrayan la impotencia e incluso el desaliento de la primera potencia mundial para responder al ataque sin precedentes que acaba de sufrir. La prensa norteamericana, como la de Francia y del resto del mundo, subraya que se ha desatado una guerra pero, como predecían los especialistas, ésta no tiene nada que ver con una guerra tradicional. Ya no se trata de ejércitos con aviones y tanques que se enfrentan, sino de grupos - de fanáticos o no - al servicio de una ideología y liberados de todas las reglas tradicionales, sigue diciendo AFP. Según los especialistas, la eventual eliminación de un grupo terrorista, aunque pueda constituir una respuesta puntual satisfactoria para una opinión pública conmocionada, no significará mucho en cuanto al control de las condiciones que permiten a esos grupos nacer y desarrollarse. Golpear con la máxima efectividad. Con el respaldo de todo el país y de una coalición internacional en la que la OTAN tiene un papel predominante, el Gobierno de EEUU continúa evaluando todas las opciones, incluida la militar, para dar una respuesta contundente al terrorismo.
La solidaridad de los aliados europeos hará que Estados Unidos no conteste en solitario - como podría haberlo hecho - al cerebro del más brutal atentado terrorista de lsu historia. Como se sabe, el presidente de EEUU, George W. Bush, y su secretario de Estado, Colin Powell, apelaron a la unidad de la comunidad internacional y han obtenido, como respuesta, la aceptación de la OTAN de que los atentados de Nueva York y Washington sean considerados como un ataque contra toda la alianza.
Un artículo de la agencia EFE - firmado por Elena Moreno- , destaca que el objetivo estadounidense es golpear, con la máxima efectividad posible, a un enemigo todavía sin rostro, y obtener resultados tan contundentes como los de la coalición militar internacional que lideró hace 10 años contra Irak.
"El terrorismo no es sólo una plaga contra Estados Unidos, sino contra la civilización", ha manifestado el secretario de Estado, Colin Powell, quien en 1991, como jefe de la Junta de Estado Mayor, también fue artífice de la alianza lograda por el entonces presidente, George Bush. Para lograr el apoyo aliado, Washington ha invocado, por primera vez en 52 años de vida de la Alianza Atlántica, al artículo 5 de su Tratado constitutivo, que establece la obligación de defensa mutua entre los países miembros. De seguro, los aliados actuarán con toda su fuerza si se comprueba que los audaces atentados suicidas fueron dirigidos desde el exterior.
Horrorizados y sin superar todavía la impresión de ver reducidos a escombros varios de sus símbolos, los estadounidenses han cerrado filas en torno al presidente Bush y, según las encuestas, el 90 por ciento está a favor de que el Gobierno castigue sin contemplaciones a los culpables, señala EFE.
La respuesta podría ser militar, como en 1998, cuando sus embajadas en Kenia y Tanzania fueron atacadas bajo instrucciones del mismo sospechoso de hoy, el terrorista saudí Osama bin Laden, refugiado en Afganistán. Por considerar que protegían a Bin Laden, en esa ocasión, EEUU bombardeó Sudán y Afganistán, causando numerosas bajas civiles.
"No a represalias violentas", opinan académicos
Robert Jensen, académico de la Universidad de Texas, en Austin, opina que: "Aun cuando parezca esperable que la respuesta sea masiva, no hay que olvidar que ese patrón de actuación, ya utilizado por EEUU, causará la muerte de personas tan inocentes como las que murieron en Nueva York o en los aviones secuestrados".
Stephen Zunes, de la Universidad de San Francisco, señala lo siguiente: "Las respuestas militares acaban en una espiral de represalias violentas… bombardear otros países no protegerá vidas, sino que, más bien, causará lo que los estrategas del Pentágono llaman "daños colaterales", muertes de inocentes como los de Nueva York. Después, los supervivientes, pedirán a su vez venganza".
Sin embargo, el Gobierno de EEUU considera que este ataque terrorista es "un acto de guerra" y el presidente Bush ha advertido de que la respuesta de Washington será definitiva, "sin distinguir entre terroristas, organizadores o países protectores".
Alemania: Respuesta no como venganza
Algunas potencias occidentales europeas, si bien han apoyado un ataque de respuesta coordinado, no se dejan arrastrar por la ira y los ánimos de revancha. El ministro de Defensa alemán Rudolf Scharping, por ejemplo, ha declarado a la Primera Televisión Alemana (ARD) que la resolución de la OTAN de reconocer un "caso de defensa" en los atentados perpetrados en Estados Unidos no debe causar pánico y ha señalado que "no estamos ante una guerra. Estamos ante el problema de decidir qué respuesta es adecuada, no como venganza, sino para combatir la brutalidad del terrorismo internacional y eliminar su eficacia".
El ministro reconoció, sin embargo, que en ciertos casos las acciones militares serán "imprescindibles" para alcanzar esas metas. Scharping espera que la "terrible" experiencia de los atentados en Estados Unidos sirva para reconocer la necesidad de un nuevo y amplio concepto de seguridad, que tenga como objetivo la prevención. Lo importante es combatir el terrorismo con eficacia y a largo plazo, acabar con sus estructuras y sus movimientos financieros y para eso es imprescindible reforzar la cooperación internacional, sostuvo el titular de defensa alemán.
Sin embargo, en caso de que se requiera la participación de soldados alemanes, Scharping espera menos reparos de la oposición que en el caso de la misión de la OTAN en Macedonia. "Espero que no empiecen a surgir voces que digan que es una misión muy peligrosa. Creo que en una situación así hay que mantener la cabeza fría y obrar con mucha serenidad. Afortunadamente, hasta ahora hay un amplio apoyo a la orientación que está siguiendo el Gobierno".
e. La respuesta a los Atentados por Parte de los Estados Unidos
1. Brigadas de asesinos
Los activistas de derechos humanos se muestran muy preocupados sobre los planes norteamericanos de emplear unidades especiales para la liquidación de supuestos terroristas fuera de los territorios en guerra. Según el diario NEW YORK TIMES, el ministro norteamericano de Defensa, Donald Rumsfeld, considera emplear "brigadas de asesinos" para combatir la red terrorista Al Qaeda.

Con los nuevos planes del Gobierno norteamericano, parece ser que se mezclan las operaciones del Ejército y las del servicio de información, CIA. Las operaciones de la CIA están limitadas por estrictos reglamentos legales. El servicio se tiene que atenerse a la política de Washington que prohíbe las liquidaciones.
El director de la organización de derechos humanos, Human Rights Watch, Kenneth Roth, se muestra preocupado por los nuevos planes del Pentágono. Todo parece indicar que se suavizarán los estrictos reglamentos en cuanto a la liquidación de personas. Human Right Watch opina que es un paso muy peligroso. Bajo el Derecho Internacional, y el Derecho de Guerra, es permitido tirar contra tropas enemigas. Pero, es muy distinto, señala Kenneth Roth, tirar contra personas, aunque estén envueltas en actividades criminales, en un territorio donde rige un orden legal. Si, por ejemplo, se detiene a un sospechoso en Holanda, Washington debe pedir su detención al Gobierno holandés, pero no enviar a alguien para que lo ejecute.
Kenneth Roth opina que es muy preocupante que esta nueva política conduzca a liquidaciones en territorios donde no hay ninguna situación de guerra. En territorios como el Este de Afganistán, donde al parecer todavía se llevan acciones de guerra, Estados Unidos tienen toda la libertad de cazar a miembros de Al Qaeda y del antiguo régimen Talibán, y matarlos. Sin embargo, fuera de un territorio de guerra, las cosas son mucho más complejas. En muchos países, Al Qaeda ha creado células compuestas por agentes que planifican y preparan ataques terroristas. Se trata naturalmente de actividades criminales que deben ser paradas. Y los responsables deben ser juzgados. Pero, no se puede permitir que Estados Unidos califique estas personas unilateralmente de enemigos que deben ser liquidados, teniendo en cuenta que se encuentran en situaciones donde sospechosos pueden ser juzgados conforme el sistema jurídico. Es una evolución que preocupa mucho a Human Rights Watch.
Kenneth Roth opina que este desarrollo es parte de una tendencia más amplia que comenzó bajo el Gobierno del presidente George Bush. Incluso dentro de Estados Unidos el Gobierno intenta pasar por encima de la Constitución, de todos los derechos jurídicos, incluso del derecho de un juicio justo. Como ejemplo Kenneth Roth menciona el caso de Yasser Esam Hamdi, detenido en Afganistán y embarcado hacia Guantánamo. Cuando se comprobó que Hamdi es ciudadano norteamericano, fue trasladado a Estados Unidos. El Gobierno le niega el derecho a un Abogado y ningún juzgado puede investigar si existe una base legal para su enjuiciamien