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El Guardabosque de Corozal

Enviado por pipo3515



  1. Prólogo
  2. Camino al Norte o Corozal
  3. Primera Toma de Agua
  4. Un Guarda Bosque
  5. Camino al Pueblo de Guatire
  6. Vista de los Turista
  7. A la Hacienda Santa Rosa.
  8. La Caza del Tigre
  9. Custodia del Parque
  10. Reseña Histórica
  11. Reflexión Año 2003
  12. Pensamientos

Parque Nacional El Ávila

PRESENTACIÓN

Caracas ciudad adorada, por sus bellezas naturales, admirada desde las alturas de los montes y colinas; un valle existencial que se transforma en el tiempo.

Fundada por el misionero, Diego de Lozada; divisamos con ímpetu y magnimidad el Monte Ávila, el cual lo admiro desde las distancias satinado de multicolores, que se confunden con el azul del cielo, en sus mayores alturas (El Pico Naiguata).

Arcadia de grandes riquezas naturales, de una típica fauna y flora:

La época colonial, los conquistadores españoles, establecen variados comercios en esta ciudad de Caracas, lo cual dio pie, a las exportaciones de rubros agrícolas, fomentando de esta manera los cultivos del cafeto y el cacao. Acentuándose en estas tierras, haciendas como la de Blandin y Gallegos y hasta en laderas y alturas del cerro el Ávila, por presentar un clima agradable, de un frescor primaveral, que solamente podríamos describir universalmente en un hermoso madrigal.

En algún lugar apartado de estas lejanías en lo intrincado de la montaña se encuentra, testigo hoy día, de la época pasada; la hacienda norte de Corozal a un lado del pueblo de Guatire.

Esta narrativa relata hechos que se sucedieron en este apartado lugar, apegados a las vivencias reales y verídicas de estos personajes en el transcurrir de sus vidas.

De hombres y mujeres, que con voluntad, responsabilidad y perseverancia dedicaron sus vidas; al resguardo de los bosques en protección a la naturaleza y el medio ambiente, para evitar su destrucción, con la tala de árboles e incendios forestales que se sucedieron en épocas pasadas hasta nuestros días. (En el Parque Nacional El Ávila).

El Autor

PRÓLOGO

El autor narra, un hermoso lugar, de un paisaje montañoso y selva boscosa llena de historias y leyendas, y de un perfecto balance entre el ser humano y la naturaleza.

Es este lugar: El Monte Ávila, al cual se atreve a adentrar en el corazón mismo de esta tierra, que en el transcurrir del tiempo, se sucedieron hechos y acontecimientos en la vida de hombres y mujeres, que en épocas pasadas, habitaron este lugar.

Ramón Arnoldo Ramos Fagundez: narra la historia, con un interesante sabor, desde un punto de vista. Ciertamente íntimo, demostrando pasión y sentimientos por el territorio.

Relata paso por paso, todas sus experiencias, por medio del cual, nos hace sentir, amor a la naturaleza, lo hermoso del paisaje, la gente y sus costumbres.

El Guardabosque de Corozal: Con una breve reseña histórica, entendemos el origen del lugar, y en el desarrollo de la Obra conoceremos la parte social en complejidad con la sencillez de las personas y sus formas de vivir, en cuanto estas distan de las Urbes, y desarrollan sus propias costumbres en todo lo referente a la realidad de esta tierra.

Nos orienta en una visión, muy desarrollada al cuidado de los bosques en protección, de las cuencas hidrográficas y de los recursos naturales de esta selva húmeda tropical.

Sinceramente, le deseo al autor, muchos éxitos en este nuevo y grato trabajo por contribuir una vez más a la exaltación de los valores populares y al acervo cultural de los pueblos de la patria.

CAPÍTULO I

Camino al Norte o Corozal

Comisionado por el ministerio de obras públicas. (M.O.P.) para el estudio e investigación de las aguas cristalinas de los manantiales, que emanan y fluyen entre la espesa y verdosa vegetación del Monte Ávila; para consolidar un proyecto, referente a la construcción de un acueducto que surta de agua potable, el poblado de Guatire y la zona metropolitana de Caracas.

Sin asomar los primeros destellos de la luz del sol, en una mañana del mes de mayo voy por el camino adornado de lindas y variadas flores, atravesando cañaverales espigados en flor, del ingenio azucarero, donde se beneficia el añil y se produce la melaza y el papelón en los trapiches del Rincón.

Sobre la grupa de mula y por caminillos de recuas, comienzo a subir a la cima del monte, después de varias horas de viaje, agobiado por el cansancio y la sed me detuve a un descanso, desmontando del animal, caminé algunos pasos y llegué hasta una gruta santuaria, prendí una vela, oré y pedí a Dios que me acompañara por estas soledades. Al rato continuó el viaje atravesando riachuelos y quebradas, dejando tapizadas las huellas de los cascos de la bestia, avanzando por veredas que se confunden con el camino logré llegar a la hacienda el Norte o Corozal, subiendo por una calzada, rodeada de pumorosas, que me conducen al portal de la casona colonial. Viejas columnas construidas de adobe, y cuyo piso es de loza de arcilla que al paso del arreo de bestias, retumban los pasos acompasados de estos animales al pasar al patio de remonta y confunden con el ladrar de los perros.

En este patio que es muy grande se pone a secar el fruto del cafeto y también se procede a majar caraotas. Al frente veo un chorrerón de agua fresca caer, que la conducen por medio de unas cañas de bambú, desde lo alto de la montaña. El latir de los perros delatan mi presencia, sale a mi encuentro el peón de la hacienda, y en un gesto muy cortés expresó Pascual Lara, ¡señor!, le contesté el saludo, ¡Yo soy Grisón Orama!, al instante que se aproxima el encargado y se presenta Benito Rivas, enseguida le relaté el motivo del viaje a esta región.

Pascual, procede a descargar el equipaje y los enseres de trabajos; quita los aparejos y aperos de arreo de burros, desensilla la mula, y se dirige con los animales a los potreros.

Benito me invita a tomar un café, y nos dirigimos a la cocina, donde presenta a su mujer, Blasina Torrealba, pude observar rumas de leña, y busacas de pan con algunos víveres colgando de las viguetas y travesaños del techo, al mismo tiempo que la mujer removió las brazas del carbón ardiente, bajo la cacerola humeante; sentados en unos taburetes Benito pregunta: ¿es usted ingeniero?, le contesto que no, yo soy biólogo, nos quedamos callados y deleitamos el aromático café tinto, gustosamente después de la conversación tan agradable, entre las grises humaderas que se desprendían del rústico fogón.

Luego todos salimos de la cocina, y nos dirigimos a las caballerizas, atravesando por un patio que está colmado de pavos, gallinas y algunos corderos. Benito se dispone a curarle una herida a uno de los caballos, infestada por gusanos y le unta hollín o negro de humo para alejar tabanos y moscas. Yo le pregunté cómo llegó a este lugar y me relata que por orden del gobierno, porque esto no es mío, es del "Gobierno". Mi trabajo aquí es el de proteger los diques y tomas de aguas, que bajan a los poblados de Guatire y la ciudad de Caracas, de intrusos y cazadores.

Grisón mañana temprano le indicaré el

camino al dique, refiere Benito, mientras al otro lado de la vieja casona Pascual el peón, encendía las lámparas de kerosén situadas en el portal y corredores, pues comenzó a descender la neblina y la oscuridad de la noche.

La mujer desde la cocina, en voz alta llama a comer ¡la cena esta servida!, arribamos a la mesa y todos juntos, degustamos las deliciosas arepas, caraotas refritas y queso blanco rayado, finalmente tomamos un sabroso café con canela de esos que solo Blasona sabe preparar.

Al terminar la cena, Benito atiende los perros de caza, a mariposo y diana, dándoles de comer sopa de avena. Blasina cierra la puerta de la cocina y le pasa una tranca de madera para asegurarla bien y de esta manera evita que entren los animales que abundan en estos bosques.

Sentados en los bancos de maderas, que están en el portal de la casona, de repente Benito entona una melodía con la armónica, y nos pusimos a cantar con alegría al disfrute del momento, y así nos llega la hora del descanso y nos fuimos a dormir en la abrumadora noche, al compás del canto de ranas, grillos y la algarabía de las aves nocturnas.

CAPÍTULO II

Primera Toma de Agua

Al otro día por la mañana, Benito toca en la puerta de la habitación, llamando Grisón... Grisón, apúrate nos agarra el tarde; salimos en una sola caminata, dirigiéndonos por un lado de la casa, atravesamos un falso de la cerca y salimos al camino y vimos al peón, con una hoz en las manos, cortando brazadas de hierba gamelote, al pasar a su lado le saludamos con unos placenteros buenos días, mientras que Blasina, atizaba el fogón de la cocina y así comenzar la labor de un nuevo día.

En el trayecto del viaje, se cruzan dos caminos y Benito me explica, que los mismos conducen a los caseríos de las Planadas y Zamurito y por el que llegaríamos al dique pude observar, piedras superpuestas una sobre otras, debajo de las mismas fluye el agua, en este manantial procedí a tomar las primeras muestras.

Al regreso nos tropezamos con algunos animales silvestres, una lapa y un venado; Benito indica que vamos a desviar el camino y pasar por el conuco, me quede sorprendido por la gran extensión de tierras cultivadas, con sembradíos de variadas graminias y hortalizas, entre árboles de mangos y aguacates y a lo largo del sendero que conduce a la casa, hay un caney, atravesado por varas y horcones, allí se cuelgan los racimos de topochos y cambures y se almacenan las cosechas de maíz y caraotas.

Benito: ¿Qué hace usted con toda esa cosecha?, Grisón, la llevo al pueblo de Guatire y la vendo o procedo al trueque, de víveres y enlatados. Allá en la pulpería del amigo Dimas Ron.

Al llegar a la casona, nos recibe Blasina en su acrecentada amabilidad, y nos obsequia para refrescarnos y calmar la sed, carato de maíz. Al momento se acerca Pascual que viene de los potreros y me preguntó cómo estuvo el viaje a los diques y le respondí de maravilla. Benito: con el permiso de los presentes, se retiro a echarse un baño y rasurar la barbilla; yo me dispuse a echar un vistazo por los alrededores y vi huertos de flores de múltiples variedades, margaritas, rosas, tulipanes y avanzando, poco a poco tropecé con algunos vestigios de maquinarias muy rudimentarias que se usaron antiguamente en el oficio del cultivo del cafeto.

Después de la deliciosa cena, di las buenas noches y me retiré a la habitación, tenia que analizar las muestras del agua que recogí en los manantiales del dique, bajo las luces de las lámparas del kerosén. Benito, Blasina y Pascual, con las buenas noches también se retiraron a disfrutar de un feliz sueño. En medio de la oscuridad de la noche con el latir de los perros ahuyentando, el merodear de un gato montes o algún zorrillo.

AL otro día buenos días Blasina, al entrar en la cocina, la mujer contestó ¡Buenas, buenas! y aparece Benito con los buenos días, tomamos el cafecito que provoca tanto por las mañanas.

Benito y Pascual se dirigen a las siembras de maíz, a trabajar en limpieza de 1as malezas, que tanto daño le hace a la cosecha, y aprovechan de traer un saco de jojoto para que Blasina prepare de comida, unas deliciosas cachapas de budare y hojas.

Con un radiante sol, Pascual iba para la otra toma de agua, que está en lo alto del monte para limpiar los caños del agua que es traída hasta aquí. Me dijo Grisón vamos hasta allá; y fuimos escalando la montaña, llegamos al lugar, entre las algarabías de las guacharacas y el canto de los araguatos. Pascual susurró...mire esa manada de báquiros y nos quedamos en silencio, esperando que se alejaran, pues son animales muy peligrosos y sus ataques son feroces. Al rato logramos limpiar la toma del agua quitando hojarascas y promontorios de arena, al descenso del camino fue más rápido. Al llegar Benito estaba cerca de la pila del agua en el patio y me explica de como traen el preciado líquido; y de como el y su mujer se acostumbraron a vivir en la hacienda:

Relata Benito, que en tiempos pasados, el norte Corozal era una hacienda, se cultivaba y se beneficiaba el fruto del cafeto, en el periodo del boon petrolero queda fuera de producción, la economía del país se empieza a basar en la extracción del petróleo:

Blasina comenta, que el gobierno

nacional, declara esta hacienda y todo el cerro el Ávila, parque nacional, casualmente en el año de I958. A Benito lo nombran guardia forestal. Para ese entonces, ya teníamos una década, en este terruño; en el mismo oficio de resguardo y defensa del bosque. Así concluimos la conversación, que por cierto fue muy interesante.

CAPÍTULO III

Un Guarda Bosque

Benito vestido con el uniforme y una

insignia, que lo identifica al servicio de guardia forestal, y un sombrero con el misma distintivo, complemento de la vestimenta de peinilla en la cintura, y una escopeta terciada por el hombro, apera su mula, y con un hasta luego, comienza la recorrida y vigilancia, por la espesura de la

vegetación.

Algunos días duraban las recorridas, que la mayorías de las veces se hacían sin novedades, y en ocasiones imponía su autoridad, subían a los montes cazadores que propician 1a tala y quema de la vegetación, arrestando a estos hombres, decomisándoles las armas de caza y remitiéndoles a las autoridades competentes.

Blasina me comenta, que establecidos en la hacienda, se trajo a Pascual Lara del caserío de las planadas para que ayudara en las tareas de la agricultura, bueno usted sabe Grisón, aquí se trabaja mucho.

Me dirigí a las caballerizas a echar un vistazo, al caballo, que días antes estuvo enfermo, ya había mejorado lo suficiente, Pascual se aproxima con una brazada de gamelote, para darles de comer a estos animales. Comenzamos a conversar y relata que Benito y Blasina, son muy religiosos y devotos de los santos, en su habitación tienen una mesita siempre vestida con un mantel blanco, que les sirve de altar y allí veneran con férrea fe al corazón de Jesús, al Dr. José G. Hernández y es menester todos los días de mantener velas encendidas y cortar flores de los huertos para ofrendar a los santos. También de que vio a Blasina atender partos y curar heridos de los caseríos más cercanos, era de su oficio de enfermería.

Blasina se dispone en la cocina, a poner en el fogón una olla con maíz para que salcoche y cueza, molerlo y sacar la harina y elaborar arepas y sabrosas hallaquitas.

Pascual y yo, nos dedicamos a tostar unas cuantas libras de café, que lo molimos en una máquina de palanca manual, éste café es el que consumimos con aroma y sabor.

Luego me puse a recolectar la leña, mientras Pascual la trozaba en rolas, con el hacha, al mirara al suelo veo una culebra al lado de un árbol seco, Pascual exclama es una traga venado, al momento aparece Blasina y le reza una de esas oraciones que las espantan.

CAPÍTULO IV

Camino al Pueblo de Guatire

Benito se dirige al potrero a buscar la mula, para ensillarla y los burros para enjalmarlos en el patio, y llama a Pascual para que le ayudara a montar la carga de las cosechas de maíz y de caraotas sobre el arreo de bestias. Exclamó Benito ¡Grisón tu amarras la carga para que los sacos queden bien ajustados.

Pascual sostiene las riendas de la mula mientras Benito remonta el animal y comienza avanzar al portal de la casona, arreando los burros y nuevamente se oye el retumbar de las pisadas de las bestias sobre el piso de loza de arcilla. Con un ¡arre! Da vuelta por la calzada que sale al camino, Blasina desde lo alto de la cocina lo despide ondeando un pañuelo. Pascual y yo, cerramos las puertas de los falsos de las cercas.

Después del largo camino al pueblo de Guatire Benito llega a la pulpería del amigo Dimas Ron, rodeó la casa y desmontó de la mula, amarró el arreo de burros, y de la silla de la montura del animal retiró la capotera y se dirigió al lado adentro del establecimiento, saludó al pulpero que estaba detrás del mostrador atendiendo a los clientes. Dima exclamó ¡chico Benito tenías tiempo sin venir! Y brindándole un aguardiente, Benito sonreído lo bebió mientras afuera, envueltos en un manto neblinoso las bestias se mecían de un lado a otro con afanosa tranquilidad.

Dima Ron se encarga de efectuar el trueque de las cosechas por los diversos víveres e utensilios, y hasta el kerosén, al despachar la lista acostumbrada, la acomoda sobre los aperos

del arreo de los burros.

Benito al regreso de la santa iglesia, de venerar a los santos, pasa a un lado de la plaza Bolívar, y se detiene en una dulcería criolla y compra sabrosas catalinas y suspiros, que son a cuatro unidades por un real y llevarle a su mujer. Al llegar a la pulpería, sentado sobre una silla recostada a la pared, Dima exclama: ¡las provisiones están en orden señor!

Benito hace remonta sobre el animal y seguido por el arreo de bestias, va camino de regreso a la hacienda después de varias horas de subir cuestas y hondonadas llega a la casona, su mujer sale a recibirle y lo abraza, da ordenes a Pascual de descargar los víveres y ¡Grisón! tu descargas las cajas de velas y los tambores de kerosén.

Cansado del largo viaje; Benito se recuesta en los bancos de madera, corroídos por el comején, que están a la entrada del corredor del portal, y al rato del descanso agarro la mula por las riendas y la llevo al potrero, seguido por el peón que traía el resto de loa arreos.

CAPÍTULO V

Vista de los Turista

En las lejanías del camino a la hacienda se oyen gritos y algarabías, de gentes que vienen subiendo el monte Ávila, al aproximarse, los perros presienten la presencia que anuncian con sus ladridos; viene gente dijo Benito, al tiempo que Pascual exclama ¡verdad!, Blasina desde lo alto de la cocina divisó un grupo de hombres y mujeres. Yo me quedo pensativo, preguntándome quienes serán; al rato hacen su aparición el grupo de personas, salimos a recibir a los recién llegados y nos saludamos Benito se les presenta como el guarda bosque encargado, y les pregunta ¿Qué les trae por estos lares de la montaña? uno de los hombres del grupo se presenta y responde ¡mucho gusto!. En unas lenguaraz entrecortadas, que denotan ser extranjeros franceses o italianos. Douglas Matteuss, somos excursionistas y venimos de paseo' a conocer este hermoso paisaje tropical.

Le ofrecimos a esta gente todas nuestras atenciones. Pascual los conduce al patio grande. Ellos deciden levantar campamento y alzaron carpas, e instalaron lámparas a gas y hasta colocaron un radio a baterías.

Benito y Pascual, es su responsabilidad del resguardo del bosque, les indican normas para protegerlos. No trazar árboles, ni malograr animales que le salgan al paso; orientándoles sobre la construcción de fogatas y de esta manera poder evitar los incendios forestales.

Bajo el amenazante calor de la caminata, las mujeres del grupo de turistas deciden refrescarse debajo del chorrerón del agua, y se humedecen sus ropas, ceñidas al cuerpo, dejando ver al descubierto al trasluz los contornos de sus hermosos pechos y la figura de sus encantos femeninos, como un espejismo ante la mirada de los presentes.

Algunos días duró la estadía, los visitantes se despidieron gentilmente y muy agradecidos; e1 señor Douglas, le obsequia el radio a. baterías a Benito y nos alegramos mucho.

En el transcurrir de los días, Benito sintoniza la radio por las mañanas, y todos escuchamos atentamente la programación, anunciaban publicidad y música variada, el noticiero matutino comienza a narrar los acontecimientos que se suceden el día 22 de enero, textual informa: En la ciudad de Caracas en el día de hoy, se han sucedidos en diferentes lugares de la ciudad, promovida por la huelga general del comité de Obreros, disturbios y saqueos, sobre vuelan aviones de F.A.V. y se sublevan los cuarteles. El pueblo grita: fuera el

dictador. El general Marcos Pérez Jiménez. El día 23 de enero de I958, repican las campanas en toda Caracas, la huelga obrera, trabajadores y estudiantes, se a generalizado, era ya la madrugada del 23 de enero "el régimen ha sido derrocado". "Fuera el Dictador".

Para dar una apariencia de efectividad y legitimidad, el dictador en su gobierno en el año víspera de su derrocamiento, como programa monumental, inaugura en la cima del cerro El Ávila el Hotel Humboldt.

Al conocimiento de estas noticias, todos estábamos preocupados, por la imposibilidad de tener información de nuestros familiares en la capital; al transcurrir de los días la República, vuelve a la calma y tranquilidad, el dictador se a ido del país.

En los días siguientes, sintonizamos la radio, y Blasina escucha una propaganda publicitaria, referente a un detergente para lavar las prendas de vestir, anunciada por un locutor de mucha receptividad, Renny Ottolina, a la mujer le conmovió la voz, y comenta que el locutor es su amigo desde hace algún tiempo y que algún día vendría a visitarla a la hacienda.

Los días 2 de marzo, del mismo año, por la noche, sentados en el corredor del portal, después de una dura jornada de trabajos; nos informamos por la misma radio "que regresa del exilio, Rómulo Gallegos", expresidente de la Republica, y lo reciben importantes instituciones del país. Las universidades le confieren el titulo doctorado Honoris Causa.

Blasina escucha atenta la información, mientras aspiraba un cigarrillo de esa marca Sport, Benito y Pascual, organizan el trabajo a realizar al día siguiente; yo embelesado admiro en las distancias los pueblos aledaños alumbrados bajo el titilar de la luz de los faroles.

CAPITULO VI

A la Hacienda Santa Rosa.

Al agotarse algunas provisiones, Blasina me indica: Grisón, mañana temprano vas a la hacienda Santa Rosa, a la bodega que es atendida por el señor Anselmo a buscar algunos víveres necesarios.

Al amanecer del día, apero un caballo y remonto el animal, acompañado de uno de los perros que servía de guía, busco el camino transitando por empinadas laderas y trochas; al transcurrir del tiempo de la cabalgata, llego a la casa del comercio, después de una larga espera, en las distancia de la espesuras del monte aparece un hombre, envejecido y curtido por la cronometría del tiempo, trayendo en las manos unos implementos de trabajo en labor de la agricultura.

Le regunté ¿es usted el señor Anselmo,

me respondió: sí el mismito; yo vengo de la hacienda el Norte o Corozal, por este pedido de víveres, si tiene a bien despacharlo, azúcar, cigarros, fósforos y una garrafa de kerosén.

Al entregar la lista de lo ordenado, le di las gracias al señor Anselmo; monté sobre el caballo para el regreso, coloqué a un lado el saco de corotos y al otro lado la garrafa con el kerosén; alejándome al trote ligero y sin parar , no me sorprenda la tarde, para no andar en las espesuras de los montes, en la oscuridad de la noche.

Al llegar, paso a la cocina y entrego el encargo a Blasina, y al mirar a un lado, me doy cuenta que no estamos solos y que tenemos compañía, sentada en una silleta una linda joven, de piel muy blanca, de ojos verdes ensoñadores.

Blasina me presenta, me acerqué gentilmente, le estreche su sedosa mano y se nos confundieron las palabras ¡Margarita!, Grisón a

sus órdenes.

Salí al patio, me acerqué al chorro del agua a refrescar mi sudoroso rostro; Benito viene caminando hacia acá; en compañía de un hombre, al acercarse exclama ¡Sr. Sánchez, éste es el amigo Grisón! Y refirió del trabajo del estudio e investigación de las aguas que yo realizo. Me imaginé que el Sr. Sánchez es el padre de la bella joven.

Benito se retira a preparar una habitación a los huéspedes, el señor Sánchez me comenta que es muy amigo de Benito y Blasina, que vino con su hija desde la ciudad de Caracas en visita oficial. Soy el jefe de los guardias forestales nombrado por el ministerio de agricultura y cría, de los recursos naturales. Destacado en el área de Los Venados, por los lados de Cotiza, de este parque nacional.

Blasina relata a la joven: en días pasados hubo una intensa lluvia, con vientos huracanados, que arrasan con todo a su paso; Benito muy preocupado, fue al conuco, a revisar las siembras y todo estaba normal como si el huracán no hubiese pasado por allí y revisando entre las matas encontró un rostro de la virgen de la Coromoto, enmarcado en fina madera, ¡Eso es un milagro! exclama Margarita.

La estadía del Sr. Sánchez y Margarita, fue muy corta, al siguiente día tenían que marcharse.

Pascual trae de las potreros, las bestias para aperarlas y preparar el viaje y trasladar a esta gente hasta el sitio de Zamurito, lugar en el que le espera un chofer del ministerio, en un vehículo rústico que los traslada a la capital.

CAPÍTULO VII

La Caza del Tigre

En el transcurrir de los días, llega el mes

de diciembre y con él la navidad.

Todos sentados a la mesa, el día 24, celebrando el nacimiento del niño Jesús y degustando unas suculentas hallacas en la deliciosa cena.

Se escucharon en veloz tropel, las bestias en los potreros. Nosotros sobre saltados por el ruido, nos miramos unos a otros, decidimos continuar la comida, la noche estaba muy oscura y opinamos esperar el amanecer y percatarnos de lo acontecido: Nos acercamos a la calzada, entrada a la hacienda, Benito escopeta en mano y revisamos el sitio, y nos dimos cuenta del horrendo suceso; encontramos un caballo muerto con desgarraduras de vientre y parte de las piernas, no encontrábamos explicación lógica, esto nunca había sucedido por estos montes.

Benito exclamó ¡Carajo!, fue un tigre por la forma del ataque, y las huellas que estaban marcadas a la orilla del riachuelo. A mi no me gustó nada esta cuestión, estábamos preocupados, y se mandó Pascual al pueblo en busca de ayuda y notificar a las autoridades y la guardia nacional. Llega una comisión de la guardia con Pascual y se percatan de lo acontecido y al otro día se comienza la búsqueda del felino; por senderos y espesa vegetación del bosque, con ayuda de perros de caza, los cuales olfatean la madriguera de la fiera, dándole cacería de un certero disparo de fusil. Los presentes no creíamos lo que estábamos viendo: por estos montes no podía existir tal animal, en realidad era un tigre africano, que escapó de un zoológico en la población de Los Caracas, en la Guaira y subió el monte por la fila de colinas al otro lado del bosque.

CAPITULO VIII

Custodia del Parque

En el transcurrir del tiempo, Benito ejerce

con más tesón, la vigilancia del Parque Nacional El Ávila. En recorrida por uno de esos caminos cabalgando en su mula negra, desenfunda de la cintura, un machete "de los que cortan un pelo en el aire" y troza unos bejucos que estorban a su paso, el machete le resbala de la mano y la hoja filosa lo corta en la pierna, produciendo una traumática herida causando hemorragia, extenuado llega a la casona de la hacienda, gritando Blasina, Pascual, Grisón, asustados nos acercamos: ¿el hombre está grave?. Inmediatamente le auxiliamos, está sangrando demasiado. Al instante sin perder tiempo, Pascual sobre la misma mula al galope, se dirige en busca de ayuda al pueblo de Guatire.

Llegan un grupo de hombres, los que apodan "Los traga humos" y se disponen a trasladar con premura a Benito; en una camilla de campaña, arribando al pueblo al atardecer, lo ingresan al Hospital Central quedando recluido, por la gravedad del caso, para su total recuperación por varios meses.

Pascual tiene que hacerse cargo de la custodia y vigilancia del parque, por todo el tiempo del reposo de Benito.

Blasina baja al pueblo, vestida de amazona, con una escopeta terciada en el hombro y de fuete en mano, se dirige camino al recinto hospitalario, a visitar a su marido, a la llegada amarrarla la bestia al lado de la cerca y se dispone a pasar, siendo expectativa de la mirada de los presentes: "asemejaba una de esas mujeres valientes que van a la guerra, por la libertad de los pueblos".

En dirección a la habitación, se encontró

con parientes y sobrinas que vinieron de la ciudad de Caracas, a visitar al tío Benito.

Al recuperarse Benito queda lesionado, de la pierna derechas imposibilitándole de largas caminatas, impidiéndole seguir en el oficio y funciones del guardabosque de la Hacienda

Norte o Corozal.

Pascual Lara, después de ser el peón, quedó de encargado, hoy día actual guardia forestal.

Benito y Blasina, con la nostalgia en sus corazones y la tristeza reflejada en sus ojos, se fueron a vivir al pueblo de Guatire.

Yo, seguí haciendo la escalada, por la cuesta de las montañas, en mi oficio de control de las aguas que emanan de los manantiales que surten el acueducto del pueblo de Guatire y la ciudad de Caracas.

CAPÍTULO IX

Reseña Histórica

EL parque Nacional El Ávila.

Establecido en el año de 1958, con una

superficie de 85.192 hectáreas es un área

natural de vital importancia para los habitantes de la ciudad de Caracas.

Los Venados es el área más visitada, aquí funciona la administración. Su elemento central es una vieja casona, con gran patio donde se beneficiaba el fruto del cafeto en la época de la colonia.

En el sector oeste de la montaña, existen una serie de edificaciones construidas a lo largo de la vía empedrada, que conduce de Caracas a la ciudad de la Guaira; esta ruta es conocida "Camino Real de los Españoles".

Monumentos que se exhiben en el

transcurrir del tiempo, como la hacienda Norte o Corozal, símbolo hoy día con algunos vestigios de piezas rudimentarias de maquinarias, y algunas plantas del café, fieles testigos de la época pasada.

Este parque se decretó con la finalidad de proteger y conservar una importante zona de la selva tropical húmeda, su fauna y su flora y preservar las cuencas hidrográficas.

Verdes son los Caminos

Verdes son los caminos, de la tarde de este día

verde son por la gracia de la primera lluvia

el tostado silencio, de los montes se animan

con la voz de las aves, despertaron las flores.

Verde son los caminos de la tarde, parece que la

cumbre se alegra, sobre el bosque sereno

mariposas que viajan, tornasolar el campo

mariposas inquietas, frágiles mariposas.

Verde son los caminos de la tarde, caminos

de emoción y de ensueños, caminitos aldeanos

que se pierden al fondo de encendidos parajes.

Donde, rustica esconde su belleza la moza

donde apura, en el alba su pujanza el labriego

y perfilan sus cejas los oscuros follajes.

Aníbal Castillo

(Poeta Aragüeño)

CAPÍTULO X

Reflexión Año 2003

En estos momentos de confusión política, soy un venezolano más, preocupado por el destino de nuestra patria.

Preocupación que la debemos considerar una necesidad del alma, obsesión que yo nunca

abandonaré.

Por sobre todas las pasiones, hay una voluntad suprema del soberano, la de preservar "la democracia", en ello debemos confiar nuestra fé.

Solo en el sereno ambiente de la lógica y la paz, progresaremos y deben ser las únicas antorchas que nos guíen.

No debemos apartarnos, ni desprendernos de estos conceptos, para así lograr el progreso social, económico y natural de este nuestro país "Venezuela".

"Todos los venezolanos unidos, como hermanos debemos conciliar ideas, de proyectos Universal para lograr, la preservación de los Recursos naturales y la conservación del medio Ambiente, para lograr un equilibrio Biológico"

De lograrse el desarrollo de estos proyectos, todos los venezolanos y los ciudadanos del Mundo, disfrutaremos de una mejor calidad de vida como seres Humanos.

El Autor

Este libro se terminó de imprimir el 5 de julio del 2003. En San Fernando de Apure

Estado Apure

Venezuela

PENSAMIENTOS

"La civilización, el proceso y la tecnología no están reñidos, con el respeto y la conservación de la naturaleza".

"Hay que proteger los recursos naturales para poder alimentar a todos los seres vivientes del planeta".

El Autor

Prof. Maritza E. Contreras V.

Lic. En Educación

Mención: Ciencias Sociales

Universidad de Carabobo

Labora: Instituto Universitario de

Tecnología "Antonio Ricaute"

Maracay Estado Aragua

AGRADECIMIENTOS

A la memoria de Jesús Sánchez,

Margarita Sánchez;

guarda bosques destacados en los venados, Cotiza. Parque Nacional el Ávila, año 1965.

A ciudadanos (Hombres y Mujeres)

habitantes del lugar, año 2000.

A MIS PARIENTES:

BENITO RIVAS

BLASINA TORREALBA

Con cariño

 

 

Autor:

Ramón Arnoldo Ramos Fagundez

Nº Permiso Legal: IF04320025742876

I.S.B.N: 980-327-708-I

Impresión: Saul Ely Nuñez - San Fernando de Apure

Diagramación y Corrección: Patricia Rosenthal

Distribución: Urb. Los Samanes C/Principal Nº 153

Maracay Edo. Aragua – Venezuela


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