En muchos países de tradición migratoria internacional, el beneficio más directo y cuantificable de la emigración lo constituyen las remesas, es decir, las transferencias de ingreso (monetario y no monetario) que los migrantes internacionales realizan desde los países de destino a sus países de origen.
En las últimas décadas, las remesas de divisas se han convertido en un flujo de suma importancia para la mayoría de las naciones no desarrolladas expulsoras de mano de obra, al punto que, en muchos casos, las remesas son uno de los principales rubros en el renglón de transferencias corrientes de sus balanzas de pagos. Sin embargo, el impacto más significativo de las remesas se registra en las economías regional y local, donde impulsan la industria de bienes de consumo y estimulan la expansión de los servicios; además, dado que estos recursos son recibidos directamente por los familiares de los migrantes, a menudo las remesas pueden tener un impacto semejante a los beneficios derivados de las políticas sociales focalizadas en la atención a grupos vulnerables.
De acuerdo al Consejo Nacional de Población, el flujo de las remesas que
ingresa a un país, se puede clasificar en cinco
categorías:
1. Las transferencias realizadas por los migrantes permanentes,
es decir las personas que residen en un país
extranjero
2. Las transferencias de los migrantes temporales, es decir, las
personas que trabajan un breve lapso en un país extranjero
y mantienen su lugar de residencia habitual en su país de
origen. En esta categoría se incluyen tanto los
envíos que efectúan los migrantes que permanecen en
otro país por un periodo más o menos breve (semanas
o meses), como el ingreso por trabajo que ganan los trabajadores
fronterizos (commuters), esto es, las personas que residen en la
franja fronteriza de su país y diariamente se trasladan al
otro para trabajar.
3. Los envíos efectuados al país de origen por los
descendientes de migrantes nacidos en el país extranjero;
por ejemplo, las personas nacidas en Estados Unidos
descendientes de migrantes mexicanos.
4. El flujo de bienes y recursos financieros (bienes muebles y
ahorros) asociados a la migración
de retorno (por cambio de
residencia) de connacionales emigrantes.
5. El ingreso que reciben del exterior (por concepto de
jubilaciones y pensiones en general) los nacionales que en el
pasado fueron migrantes (permanentes o temporales en el
extranjero).
De acuerdo al Fondo Monetario
Internacional, la mayor parte de las remesas se registran en
la partida Remuneración de empleados, Remesas de
trabajadores y transferencias de migrantes.
En México, el Banco de México es la institución financiera encargada de realizar las estimaciones de remesas que se registran en la Balanza de Pagos, básicamente en dos partidas: Remesas familiares, dentro del renglón de Transferencias, y Otros, en el renglón de Servicios Factoriales. En la primera se registra la mayoría de las transferencias que reciben los hogares del país de los mexicanos que residen habitualmente en Estados Unidos (de manera autorizada y no autorizada), los envíos a México de estadounidenses descendientes de mexicanos, así como las remesas de migrantes temporales mexicanos. Por su parte, en el rubro Otros del renglón Servicios factoriales, se contabiliza el flujo de divisas que entra al país por concepto del trabajo en Estados Unidos de los commuters.
Es un hecho que la mayor parte de los ingresos por remesas se destina al consumo y debido a esto muchas veces se desestima su impacto económico y social e incluso tiende a considerarse negativo. Este es uno de los puntos más controvertidos de la literatura sobre migraciones y remesas. Aquí sólo nos referiremos a ciertas cuestiones básicas que conviene tener presentes.
En México, el impacto de las remesas es más visible a escala local, ya que los flujos de dichos ingresos se concentran en regiones bien definidas de su territorio: las zonas rurales de 10 estados (de un total de 32) captan más de las dos terceras partes de los ingresos por remesas de este país.
Respecto a la distribución regional de las remesas, en el Cuadro 5 se advierte un patrón similar al de la distribución regional de los migrantes, ya que tres entidades (Jalisco, Guanajuato y Michoacán) recibieron la tercera parte del monto total de las remesas que ingresaron a México durante el año 2001, de acuerdo con la información del Censo Mexicano de Población de 2000 y del Banco de México.
Cuadro 5
Estimación de las remesas provenientes de Estados Unidos,
según Entidad federativa receptora, 2001

En el cuadro 6, se observa el total de hogares que existe en cada entidad federativa de la República Mexicana, así como el porcentaje de éstos que reciben remesas y el grado de intensidad migratoria de cada entidad.
Cuadro 6
Indicadores
sobre remesas e intensidad migratoria

Fuente: estimaciones de CONAPO con base en la muestra del diez
por ciento del XII Censo General de
Población y Vivienda 2000.
Mapa A.3
México: porcentaje de hogares que reciben remesas del
extranjero por municipio, 2000.
7
Fuente: estimaciones de CONAPO con base en los
resultados del XII Censo de Población y Vivienda,
2000.
Los tipos de envío de dinero del
exterior que se incluyen dentro del concepto de remesas son los
siguientes:
En primer lugar, se tienen las remesas familiares, que conforman
el grueso de los ingresos consignados. Estas remesas son enviadas
por los migrantes a sus familias para su sostenimiento. Cuando se
usan para inversión, generalmente se destinan
a:
C. Capital de
trabajo y activos fijos de
pequeños negocios
familiares o pequeñas unidades agrícolas.
En segundo lugar, están los ahorros que los migrantes
repatrian como inversiones,
ya sea de tipo personal o
empresarial. No se ha detectado ni información ni patrones
claros en relación con estas inversiones, aunque en
términos generales incluyen dos fórmulas
principales:
B. Inversiones personales, bajo la forma predominante de
adquisiciones de casas o pequeñas propiedades
agrícolas.
En tercer lugar, tenemos las remesas colectivas, que tienen su
origen en las colectas que realizan los migrantes en Estados
Unidos, a través de sus organizaciones,
con el fin de patrocinar alguna acción o proyecto en sus
localidades de origen. Se pueden distinguir tres destinos
genéricos:
C. Proyectos de tipo
empresarial.
Los usos más frecuentes son los dos primeros, aunque hay
una clara tendencia a la concentración de esfuerzos y
recursos en las obras comunitarias. Los proyectos del
último tipo son menos frecuentes, pero en ciertas
experiencias concretas de reciente inicio se encontraron varios
ejemplos de ellos.
Cada uno de los diferentes tipos de envíos mencionados
obedece a motivaciones diferentes que no han sido estudiadas a
fondo y sobre las cuales no hay acuerdo unánime entre los
investigadores. En general, los motivos económicos parecen
predominar en las remesas familiares y el uso de los ahorros,
mientras que las motivaciones detrás de las remesas
colectivas están principalmente asociadas a cuestiones de
status y prestigio. Sin embargo, no hay un perfil completamente
claro en ningún caso.
Esquema 2
Tipos de remesas y usos

Fuente: esquema de elaboración personal con base
en datos obtenidos
en Torres, Federico. Uso
Productivo de las Remesas en México, Centroamérica
y República Dominicana. Grupo
Consultor
Independiente, México, 2000.
Remesas familiares
Las remesas familiares siguen siendo los envíos más
importantes de entre todos los mencionados y al mismo tiempo los que
han resultado más impenetrables a las políticas e
instrumentos de los gobiernos locales y nacionales. Se han hecho
diversos intentos en México y El Salvador por aumentar su
captación y por canalizarlas en mayor medida al ahorro y la
inversión, pero los resultados han sido siempre
desalentadores. Sin embargo, los intentos continúan, como
se comenta a continuación.
En México, recientemente, algunos gobiernos estatales han revivido ciertas iniciativas e instrumentos que han sido utilizados en el pasado en otros países con resultados desiguales. Los casos de Jalisco (FIDERAZA) y San Luis Potosí (Fondo de Apoyo aComunidades) son los que han llamado más la atención por su forma de financiamiento, basada en aportaciones de los intermediarios financieros.
En ambos casos la idea básica es la misma: los bancos o agencias intermediarias aportan al fondo un pequeño porcentaje de sus utilidades por el envío de remesas operado dentro de cada estado. Con dicho fondo se financian dos tipos de proyectos: obras de infraestructura social en municipios expulsores de migrantes y proyectos productivos viables que coadyuven a detener la emigración.
Las reglas para el manejo y supervisión del fondo se fijan en consulta con los clubes de migrantes y estos organismos participan activamente en el proceso de otorgamiento de los créditos. Los gobiernos estatales hacen aportaciones adicionales al fondo o brindan apoyos complementarios de asistencia técnica para la integración de los expedientes técnicos de los proyectos o para facilitar la gestión de éstos.
No se dispone todavía de una evaluación sistemática de los resultados de la operación de los mencionados fondos, pero al parecer las solicitudes para el financiamiento de proyectos no han sido muy numerosas y no está claro si los créditos otorgados han resultado eficaces para movilizar una mayor proporción de remesas familiares en torno a los proyectos realizados.
B. Utilización de remesas familiares en programas de tipo
general.
En México se ha encontrado que en ciertas zonas rurales de
alta migración, las remesas familiares se utilizan como
fondos de contrapartida para acceder a ciertos beneficios de
programas de fomento agropecuario y rural, como los de la Alianza
para el Campo. Así, en algunos estados se ha comprobado
que hasta una cuarta parte de las compras de
tractores, ganado y otros activos se
financia preponderantemente con dichos ingresos. A quienes
disponen de remesas les es más fácil cumplir con
las reglas de operación de los respectivos programas, que
por lo general exigen que los beneficiarios muestren las facturas
de compra para recibir el subsidio gubernamental.
Las evidencias anteriores han llevado a las agencias gubernamentales a plantearse la realización de esfuerzos paralelos de promoción de sus programas: en ciertas zonas del país a la par que entre los migrantes residentes en Estados Unidos, utilizando como pivote a sus organizaciones. En el caso de los programas de Alianza para el Campo en México ya se han llevado a cabo algunas acciones en ese sentido.
Uno de los rasgos interesantes de las nuevas experiencias relacionadas con las remesas familiares es que ya no se basan exclusivamente en la acción sobre los receptores de las mismas sino que han incorporado la visión y la problemática de los propios emisores al diseño de los nuevos instrumentos.
Ahora los migrantes, por sí solos o a través de sus clubes, participan de una forma u otra en la fijación de las reglas del juego, ya sea para el manejo o la supervisión de los fondos, o para la promoción de los programas o para la realización de los proyectos mismos.
Ahorros de los migrantes (Casos de otros países
en América
Latina)
Bajo este rubro clasificamos los intentos por estimular un uso
más productivo de los ahorros que acumulan los migrantes
en Estados Unidos, ya sea como resultado de su buen éxito
como empresarios en ese país o después de toda una
vida de trabajo. En el primer caso, normalmente se promueven
oportunidades de nuevos negocios en el país de origen. En
el segundo, las motivaciones a las que se apela están
más bien ligadas al retiro o al retorno definitivo a la
patria.
Como se mencionó anteriormente, en numerosas ciudades de Estados Unidos se ha desarrollado una clase empresarial latinoamericana y un mercado para diversos productos de los países de origen de los migrantes de la región. El intercambio económico que estos desarrollos propician no ha sido cuantificado, pero los gobiernos
de varios países han reconocido su importancia y han hecho esfuerzos por
impulsarlo.
Hace casi tres años, el gobierno de El Salvador puso en marcha un programa innovador en este sentido, orientado a generar oportunidades de inversión a través de intercambios de información y experiencias entre los inversionistas salvadoreños residentes en territorio nacional y aquellos avecindados en los Estados Unidos. A través de estos intercambios, los residentes en el exterior podían conocer las oportunidades de negocios que se iban abriendo en su patria de origen y los inversionistas radicados en El Salvador podían aprender sobre el potencial de demanda y de negocios que
representa la comunidad paisana en los Estados Unidos.
El programa, a cargo del Ministerio de Economía, completó una primera etapa piloto en Nueva York y tuvo como uno de sus ejes de acción a las organizaciones de migrantes salvadoreños en esa ciudad. Las acciones emprendidas fueron muy bien recibidas en ambos países y las perspectivas de acción futura parecían halagüeñas.
A principios del año pasado se puso en marcha un programa similar (el PROGUAT) por parte del gobierno de Guatemala. Dicho programa "está vinculado estrechamente a la ventanilla única de exportaciones y persigue promover contactos con guatemaltecos del exterior para la inversión en el país, vincularlos con empresarios nacionales para estimular el incremento del comercio y la inversión en ambas vías. Su análisis se basa en la consideración de que los emigrantes constituyen un enorme mercado para productos guatemaltecos con destino a los Estados Unidos, y en que existe el potencial para que guatemaltecos radicados en ese país puedan ser distribuidores de esos productos. No debe olvidarse que el 70% de las exportaciones guatemaltecas de productos no tradicionales se envía hacia Estados Unidos".
En este ámbito, la mayor parte de los intentos tanto antiguos como recientes se ha dirigido a promover entre los migrantes compras a plazo de viviendas en sus países de origen, basándose en la motivación que guardan de regresar a la patria. Las promociones en su mayoría han estado a cargo de empresas privadas, bajo el esquema de préstamos hipotecarios a plazos más cortos de los que privan normalmente en los mercados. No se dispone de un seguimiento sistemático de los resultados de estos programas, pero al parecer no han tenido la demanda que se esperaba.
En la República Dominicana, el Instituto de Vivienda puso en marcha un programa gubernamental mediante el cual se les ofrece a los residentes dominicanos en el exterior la posibilidad de comprar una vivienda a plazos en territorio nacional. Dicho programa apenas está en su primera etapa, con 500 viviendas, que se han promovido principalmente entre los dominicanos que radican en Nueva York.
En este ámbito también se están explorando otras posibilidades como las de incorporar a los migrantes a los esquemas de pensiones o de seguro social voluntario de los países de origen.
Remesas colectivas o comunitarias
En materia de
remesas colectivas se ha registrado mucho mayor número y
variedad de iniciativas que en los anteriores rubros de ingresos
que se han examinado. Aunque no se dispone de una
estimación sobre el monto global de dichas remesas, es
indudable que han aumentado rápidamente en los
últimos años, según se desprende de diversas
evidencias aisladas que han podido documentarse.
Pero independientemente de su monto, las remesas colectivas conforman un recurso de calidad, muy maleable, que por lo regular está etiquetado para inversión y que ostenta una representatividad comunitaria y un carácter participativo, características ambas difíciles de encontrar en otro tipo de aportaciones. Por eso no es de extrañar que los gobiernos tanto nacionales como locales, especialmente estos últimos, hayan centrado su atención en ellas en los años recientes y hayan propiciado programas en los que los recursos y las iniciativas de las asociaciones de migrantes se complementan con recursos del erario público.
Antes de poner ejemplos de algunos de los programas más destacados de este tipo, debe comentarse que las iniciativas autónomas de los clubes de migrantes siguen multiplicándose en todos los países de América Latina. Un estudio reciente de CEPAL provee abundantes ejemplos de dichas iniciativas en los países centroamericanos. En México se cuenta también con múltiples casos documentados. El patrocinio de fiestas cívicas y religiosas sigue siendo un empeño frecuente de las asociaciones de residentes en Estados Unidos, pero hay una marcada tendencia a canalizar cada vez más las colectas hacia obras comunitarias.
El financiamiento de este programa se basa en el principio de que por cada dólar aportado por los clubes zacatecanos, los tres distintos niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) contribuyen con otro dólar, con lo cual se crea un fondo para inversiones comunitarias y de infraestructura en las localidades de origen de los clubes. Las decisiones de inversión se toman conjuntamente con los representantes de las asociaciones de migrantes y la ejecución del proyecto es coordinada o al menos supervisada por ellos.
Durante 1999 el Programa 3 x 1 contó con aportaciones por cerca de 1.3 millones de dólares de los clubes zacatecanos y realizó inversiones por más de 5 millones de dólares. Entre los proyectos financiados predominan los de pavimentación de calles y caminos y los de abastecimiento de agua potable y electricidad. Sólo por excepción se han apoyado proyectos productivos.
El programa lleva ya en operación más de siete años y se ha convertido en una especie de paradigma en México, por su organización y sus resultados. Ha sido imitado por otros gobiernos locales de este país, con resultados desiguales. En fechas recientes, los clubes de migrantes han planteado la necesidad de que el programa evolucione para que se puedan apoyar proyectos que generen empleos e ingresos de carácter permanente en las diversas localidades.
Este programa se orientó desde un principio a la promoción de proyectos productivos. Si bien conservó ciertos objetivos sociales como la creación de empleos, los proyectos apoyados tienen un enfoque empresarial más claro.
El programa se ha promovido a través de las Casas Guanajuato, que son organizaciones sin fines de lucro, establecidas en Estados Unidos bajo el auspicio conjunto de los clubes de migrantes guanajuatenses en ese país y el gobierno de Guanajuato. Hasta mayo de este año, se habían establecido 17 Casas Guanajuato en igual número de ciudades estadounidenses.
Para el establecimiento de las maquiladoras en sus localidades de origen, los migrantes aportan 60 mil dólares y el gobierno estatal concede un crédito por otros 60 mil dólares. Con el total se establece una empresa administrada por el respectivo club. El gobierno estatal canaliza también otros apoyos para capacitación y asistencia técnica. El programa comenzó en 1996 con una promoción para el establecimiento de diez maquiladoras. Hasta ahora se han establecido seis en cinco distintos municipios con alta tasa de emigración internacional. Aún no se dispone de elementos para evaluar en forma cabal los resultados de estas empresas, pero la mayoría parece haber superado los problemas de arranque.
Situación actual de las remesas en
México
De acuerdo con el Informe sobre
Flujos Mundiales de Financiamiento para el Desarrollo
2003 (Global Development Finance 2003) del Banco Mundial,
la región de América Latina y el Caribe
recibió $25 mil millones de dólares de los
trabajadores emigrantes que envían parte de su salario a su
país de origen, seguida por los países del Sur de
Asia, que
recibieron $16 mil millones de dólares. México,
República Dominicana, El Salvador, Colombia,
Brasil y
Ecuador se
encuentran entre los 20 países que reciben la mayor
cantidad de remesas en el mundo y México es sólo
superado por India. Como
proporción del PIB, el mayor
volumen de
remesas se recibe en América Central.
Según el Informe del Banco Mundial, en términos nominales, los más altos receptores de remesas fueron países en vías de desarrollo grandes, como India, México y Filipinas, como se puede observar en la gráfica 1; mientras que los países a los que el ingreso por remesas representó un mayor porcentaje de su PIB fueron países de bajos ingresos, como se muestra en la gráfica 2.

Fuente: FMI, Balance of Payments Yearbook.

En el caso específico de México, el Banco
de México informó que durante los primeros seis
meses del año 2003, el monto total de las remesas
familiares ascendió casi 30% con respecto del mismo
periodo del año pasado, alcanzando la cifra de $6,134
millones de dólares.
De esta manera, los fondos provenientes de la emigración
han sostenido una línea ascendente. Tan sólo el
año pasado (2002), México recibió $9,900
millones de dólares por concepto de remesas de los
mexicanos radicados en Estados Unidos.36 De esta manera, en el
2002, las remesas representaron la tercera fuente de
sostenimiento más importante de la economía
nacional, tan sólo después del petróleo y
de la IED, dejando de lado al turismo.
En el siguiente cuadro se puede observar la evolución de los principales ingresos por
divisas en México durante el periodo 1990 –
1999.
Cuadro 7
Ingreso por divisas en México
(millones de dólares)

Fuentes: Banco de México, S. A. Informes Anuales, 1995, p. 39; 1996, p. 46; 1998, p.67. Banco de
México, S. A., The Mexican Economy, 1996, p. 308; 1997, p. 287; 1998, p. 293.
8. México y los efectos sociodemográficos de la migración
De acuerdo al Estudio Binacional México –
Estados Unidos, en 1996 se estimaba que residían entre 7.0
y 7.3 millones de mexicanos en Estados Unidos. Las proyecciones
de población para los principales estados que
envían migrantes a Estados Unidos sugieren una
reducción en la tasa de crecimiento de la población
en el siglo XXI.
Asumiendo las actuales tasas de migración, las tasas de
crecimiento disminuirán del 2.4 % en 1997 a 0.8% en el
año 2010. En estos estados la pérdida de
población debido a la migración pasada y actual, se
proyecta que se reducirá el crecimiento potencial de la
población en edad de trabajar en un 46%.
En cuanto a los efectos sociales, la pérdida de capital humano es el costo más importante que la migración tiene para México. Comúnmente, se ha estimado que estos costos son pequeños suponiendo un exceso de mano de obra redundante en el país en desarrollo que "envía" migrantes. Sin embargo, en lo que respecta a México, esta suposición es cuestionable debido a la selectividad o a las características de sus migrantes.
La pérdida de capital humano podría estimarse examinando los costos de educación, del cuidado de la salud, y de infraestructura social durante la vida de los individuos, para lograr una persona económicamente activa en buenas condiciones de trabajo. El costo para México en capital humano es el "costo de oportunidad" representado por haber invertido en la preparación de esa persona y haberse privado del valor agregado de la actividad económica productiva del migrante. Los rendimientos netos de las inversiones de México en esa persona son esas remesas o ahorros que se envían o se llevan fuera del país.
La migración se acompaña de cambios importantes en la organización familiar, como el esfuerzo adicional necesario por parte de las familias para compensar la migración de uno o varios de sus miembros. De manera semejante, en las comunidades con mayor migración ocurren cambios muy importantes en las organizaciones sociales y políticas que, con frecuencia, se dejan sentir de manera adversa. Es común que los jóvenes con más iniciativa se marchen, con el resultado de que las comunidades pierden sus dirigentes actuales y potenciales, y quedan con menos capacidad para interactuar con el exterior. También es común que la migración vaya acompañada de graves problemas de desintegración familiar, así como de diferentes problemas psicológicos y sociales que anteriormente no existían en las comunidades de origen.
La familia mexicana
en Estados Unidos
Desde hace cerca de un siglo, la emigración de los
mexicanos hacia Estados Unidos ha sido, y continúa siendo
para la mayor parte de ellos, una decisión de hombres
jóvenes, solteros, con frecuencia trabajadores temporeros
y en ocasiones indocumentados. Las condiciones adversas a su
llegada o su estancia, así como los empleos temporales que
se les ofrecía, resultaban disuasivos para el
establecimiento de familias completas, e incluso para su
formación. En los años ochenta, la crisis
económica de México y el IRCA (1986) precipitaron
un doblamiento cuya vitalidad caracteriza, en nuestros
días, a los estados sureños de Estados Unidos. El
impacto demográfico del establecimiento de familias
migrantes en Estados Unidos, que hoy en día ha llegado a
ser considerable, tiene implicaciones políticas y
culturales que no se daban con la circulación de
trabajadores temporales.
La observación del flujo migratorio en la frontera no puede proporcionar una imagen precisa de la dispersión de los mexicanos que migran entre ambos países, debido a que este movimiento, con frecuencia circular, no refleja tanto el establecimiento de los inmigrantes, como la movilidad de los trabajadores temporeros. Las mujeres, en particular, resultan poco visibles, ya que suelen optar por una migración duradera, con frecuencia familiar, que resalta con mayor claridad en los censos estadounidenses. A pesar de su relativa ausencia en los flujos, la migración que hacen de mayor duración es muy importante, no solamente porque tienden a fijar a los hombres en Estados Unidos, sino también porque desvían a su progenitura de México.
La reproducción mexicana en Estados Unidos
La composición por edad de los estadounidenses de origen
mexicano presenta, contrariamente a los inmigrantes, el perfil de
una población constituida por una vitalidad excepcional,
que supera con mucho aquello que puede esperarse de una
población en vías de transición
demográfica. Esta natalidad resulta de la presencia de
inmigrantes adultos, concentrados en las edades de mayor
procreación; pero ante todo se debe a la presencia masiva
de mujeres migrantes.
La dinámica entre migración y fecundidad suele descomponerse de acuerdo con cuatro procesos:
Esquema 3
Dinámica de procesos entre fecundidad y
migración

Fuente: esquema de elaboración personal con base en datos obtenidos en Stephen, E. H., y F. Bean., op. cit., p.70
• Asimilación.- que supone, tras la
migración, una convergencia hacia los comportamientos
reproductivos de la sociedad de
recepción, la cual, en el presente caso, ofrece un entorno
socioeconómico más atractivo que en México.
Esta aculturación gradual puede abarcar varias
generaciones, siendo siempre crucial la duración que tenga
el contacto.
• Adaptación.- Supone una coerción más
drástica hacia la baja de la fecundidad tan pronto como
ocurre la integración de las migrantes y, por tanto, la
adopción
más rápida de una reproducción acorde al
nuevo contexto económico, cultural o social.
• Ruptura.- Que la migración puede inducir
momentáneamente en el curso del proceso reproductivo de
una mujer. Las causas
observadas son diversas: separación de los
cónyuges, estrés
social o dificultades económicas de la nueva
inserción, pero estas causas suelen ser temporales, aunque
pueden ser lo suficientemente duraderas como para provocar una
reducción de la descendencia final.
• Selección.- Debido a que los migrantes son
diferentes y a que la expatriación es más selectiva
aún, conviene tomar en cuenta la selección que
ésta puede operar en beneficio de las mujeres con menos
posibilidades de embarazarse. A ello contribuyen la edad y
la
educación; pero a la selección social se
aúna el que los hijos constituyan un obstáculo para
una migración de consecuencias inciertas; una madre no se
exiliará tan fácilmente como una mujer sin
hijos.
9. Estados Unidos Y Los Efectos De La Migración
De acuerdo con el Estudio Binacional, los efectos de la migración mexicana en Estados Unidos en la actualidad pueden ser diferentes a los del pasado, debido a las distintas circunstancias económicas y sociopolíticas. Hay pruebas amplias de que desde mediados de la década de 1970 las ganancias y el empleo de los trabajadores más instruidos han ido mejorando con relación a los de los trabajadores menos calificados. Esto puede traducirse en una movilidad económica mucho más limitada para los migrantes de hoy, lo cual, junto con reducciones en las prestaciones de asistencia social y de la atención de la salud, aumenta las dificultades de la integración y de adaptación.
De esta manera se fomenta la percepción de que los costos de la migración son superiores a sus beneficios, ya que la migración mexicana produce beneficios económicos a Estados Unidos, pero esos beneficios se obtienen con un costo para algunos.
La integración social depende, entre otras cosas, del progreso económico. Se realizó un análisis que compara favorablemente el crecimiento del salario para la primera, segunda y tercera generación de hombres de origen mexicano, con el de los blancos y negros nacidos en Estados Unidos. Los resultados muestran mejoras, especialmente en la tercera generación, tanto en los niveles educativos como en la movilidad económica. Sin embargo, el nivel educativo de los hombres de origen mexicano sigue siendo el más bajo de cualquier grupo etnorracial.
La mayoría de los estudios hechos en Estados Unidos convienen en que los migrantes, y especialmente los no autorizados, imponen una carga fiscal a los gobiernos estatales y locales, pero hay un desacuerdo considerable sobre la magnitud de esa carga. En los últimos años, los estados han demandado al gobierno federal de Estados Unidos recuperar los costos de proporcionar servicios a migrantes no autorizados.
Cabe señalar que la educación es fundamentalmente una inversión en capacidades y ganancias futuras y cabe esperar razonablemente, que ese costo actual será recuperado en la mayor productividad futura, especialmente si los niños completan sus estudios y se convierten en contribuyentes. En cuanto al aspecto demográfico, las tendencias recientes en la migración han dejado una huella demográfica indeleble. De 1970 a 1990, la migración internacional total representó entre el 25 y el 33% del aumento anual neto de la población. Sin embargo, la migración mexicana misma es sólo una parte de la migración total, por lo tanto, su contribución fue menor. Durante las décadas de 1960 y 1970, aproximadamente el 14% de todos los migrantes autorizados admitidos fueron mexicanos. Esta proporción aumentó a 23% durante la década de 1980 debido al efecto del programa de legalización. En los años fiscales de 1995 y 1996, los migrantes nacidos en México eran el 12 y el 18% respectivamente de la migración total a Estados Unidos.
Aunque la migración mexicana ha sido un componente relativamente pequeño del crecimiento agregado neto de la población, su efecto en el tamaño de la población de origen mexicano es mucho mayor. La migración fue la causa de menos de la mitad del crecimiento de la población de origen mexicano entre 1970 y 1980. En esa última fecha, sólo una de cada cuatro personas de origen mexicano había nacido en el extranjero. En 1990, y como secuela, tanto del gran volumen de legalizaciones apoyadas por la IRCA, como de la migración continua desde México, más de una de cada tres personas de origen mexicano había nacido en el extranjero.
Los efectos demográficos indirectos se derivan de la fecundidad de las mujeres de origen mexicano nacidas en Estados Unidos o en el extranjero. De acuerdo con las proyecciones de la Oficina del Censo de Estados Unidos, la población hispana contribuirá con el 44% del crecimiento del 2000 al 2020 y 62% en lo sucesivo. Como resultado, los tamaños de las poblaciones asiática e hispana se duplicarán con creces 8pasando de 5 a 8% de la población total para los asiáticos, y de 10 a 26% de la población total para los hispanos).
En cuanto a los efectos sociales, al parecer, los migrantes mexicanos ocupan una especie de posición social intermedia entre los blancos nativos y los negros nativos. Por ejemplo, las encuestas del Estudio Binacional indican que todos los grupos, con inclusión de los negros, califican a los blancos como los vecinos más deseables; a los negros, como los menos deseables; y a los hispanos, en una posición intermedia. Sin embargo, el hecho de que su posición social parezca más alta que su status socioeconómico relativo, plantea interesantes preguntas sobre la importancia de la raza y del origen nacional, y sugiere que los mexicanos tienen un papel de "amortiguador" en el sistema de estratificación de Estados Unidos.
En cuanto a los efectos electorales y políticos, el papel que los migrantes mexicanos desempeñan en la revitalización de las comunidades en el centro de las ciudades armoniza con la realidad, o el mito, del migrante que trabaja arduamente y que lucha por salir adelante. Las encuestas del Estudio Binacional aplicadas en Estados Unidos han mostrado que muy pocos mexicoamericanos creen haber sido víctimas del racismo o de la discriminación. Los mexicano-americanos parecen muy dispuestos a hacer suya la idea de una sociedad norteamericana meritocrática.
Los diferentes efectos políticos de la migración mexicana se sienten principalmente en las comunidades mexicano-americanas. El hecho de que la mayor parte de los migrantes mexicanos no puedan votar parece significar que no causa un efecto directo. Sin embargo, los nacidos en México afectan la política electoral por medio de las enumeraciones censales, y la nueva división en distritos electorales que se efectúa cada diez años. Así, los distritos mexicano-americanos tienen muchos menos votantes; en las elecciones estadounidenses de 1992, los mexicano-americanos emitieron sólo alrededor de 16 votos por cada cien personas, en comparación con 50 votos por cada cien personas emitidos por los blancos no hispanos. La comunidad mexicano-americana ha aumentado su poder en la política electoral desde 1970, y los impactos políticos de la migración mexicana. En general, los votantes mexicano-americanos han favorecido a los candidatos a la presidencia demócratas, en proporciones casi lo suficientemente elevadas para ser considerados como un "bloque electoral".
10. Posturas nacionales con respecto a la migración
México
Desde hace ya algunas décadas, la estrategia que
siguió el gobierno de México con respecto al
fenómeno migratorio fue precisamente la no
formulación de una política que diera respuesta a
este problema. Hasta el año 2000, la postura del gobierno
mexicano provenía de los presidentes de la
República y de los líderes del Poder
Legislativo. De acuerdo al Consejo Nacional de
Población, entre las tesis,
principios y orientaciones generales que tradicionalmente dieron
y siguen dando cuerpo a la postura mexicana, articulada en
diversos discursos y
documentos
oficiales, se encuentran los siguientes:
• El derecho que tiene toda nación,
en pleno ejercicio de su soberanía, de velar por el control de sus
fronteras y de dictar y hacer cumplir las leyes y
reglamentos que considere convenientes para regular la entrada de
extranjeros en su territorio.
• Ese derecho soberano no debe traducirse en la
violación de los derechos humanos
y laborales de los migrantes. Este principio es defendido por
igual para los mexicanos en el extranjero como para los
extranjeros que arriban a territorio nacional.
• El fenómeno migratorio entre México y
Estados Unidos debe ser visto como estructural y permanente en la
relación bilateral. Factores diversos como la vecindad
geográfica, la asimetría y creciente integración
económica y las intensas relaciones e intercambios
entre ambos países hacen inevitable la generación
de flujos migratorios.
• La migración mexicana hacia Estados Unidos es, en
esencia, un fenómeno laboral,
impulsado por la interacción de factores que conforman la
oferta y la
demanda de fuerza de
trabajo migrante dentro de la vecindad de los dos
países.
• Los factores asociados con la demanda de fuerza de trabajo
mexicana en Estados Unidos son tan importantes como los factores
de la oferta. En consecuencia, si los empleadores estadounidenses
no contrataran migrantes indocumentados este fenómeno
simplemente no existiría.
• El tema de la migración no debe ser tratado de
manera aislada, sino considerando sus vínculos con otros
asuntos económicos, principalmente los comerciales,
sugiriendo que un aumento de las exportaciones mexicanas
favorecería el empleo en México y
disminuiría las presiones para emigrar.
• Los trabajadores mexicanos desempeñan en Estados
Unidos una actividad tan legítima como las ganancias de
los patrones que los contratan, realizan valiosas contribuciones
a la economía estadounidense y, por lo general, no
compiten con la fuerza de trabajo local, ya que realizan los
trabajos que los estadounidenses no desean hacer.
• Revertir las tendencias migratorias es una tarea que
requerirá tiempo, pues además de que este
fenómeno responde a la interacción de la oferta y
la demanda laboral, en nuestro país se ha cimentado una
larga tradición migratoria y una cultura de la
migración.
• La migración mexicana ocasiona costos para ambas
partes que sólo pueden atenderse trabajando sobre la base
de un espíritu de cooperación y colaboración
mutua y del reconocimiento de beneficios comunes.
• No es con el levantamiento de muros, con medidas
policíacas y represivas o con el reforzamiento de medidas
unilaterales de control migratorio como podrá
administrarse o regularse adecuadamente el flujo migratorio
laboral entre ambas naciones.
• México no puede, desde su territorio, detener la
migración con medidas coercitivas o de fuerza, porque en
el país hay libertad de
tránsito, que es una garantía individual consagrada
en el artículo 11 de la Constitución Política.
Sociedad estadounidense
Durante la década de los setentas, diversos sectores de
los Estados Unidos (gobierno, legisladores, sindicatos y
la opinión
pública), concedieron especial atención al
fenómeno de la inmigración de trabajadores indocumentados
a ese país. Dichos sectores dejaron saber, a través
de los medios de
comunicación masiva, que los ilegales
constituían un elemento negativo para su
economía.
Uno de los argumentos expuestos fue que los extranjeros indocumentados compiten por los mismos empleos que sus ciudadanos, desplazando a un número importante de ellos; que si los norteamericanos ocuparan los puestos absorbidos por los ilegales, la tasa de desempleo descendería significativamente; que el indocumentado deprecia las escalas salariales en el mercado laboral; que el uso que éste hace de los servicios sociales es mayor que las contribuciones que hace al Fisco y al Seguro Social a través de los impuestos retenidos y que la mayoría de los extranjeros ilegales se establece permanentemente en su territorio, imponiendo una carga pesada a la sociedad norteamericana.
Se considera de suma importancia determinar la magnitud de la migración para poder medir su impacto económico en el mercado laboral norteamericano. Sin embargo, debido a su carácter clandestino es imposible saber con certeza el número exacto de indocumentados que actualmente se hallan en ese país.
Debido a que existe una gran diferencia entre los cálculos realizados por el sector académico y el gobierno estadounidense, se estima que éste ha utilizado cifras infladas (académicos 7 millones y el gobierno 15 millones), para manipular a la opinión pública. En época de crisis económica se pretende acatar a los indocumentados la responsabilidad del desempleo que aqueja a esa nación. Existe una declaración muy común entre la sociedad: "si solo la mitad de los empleos ocupados por ilegales, fueran tomados por ciudadanos estadounidenses, la tasa de desempleo bajaría significativamente". Este argumento se contradice con lo declarado en varias ocasiones por los empresarios agrícolas estadounidenses, en el sentido de que necesitan importar mano de obra para levantar sus cosechas, dado que no hay suficientes trabajadores legales dispuestos a realizar este tipo de actividad. La postura oficial ha influido entonces en la opinión pública en el sentido de que el extranjero ilegal desplaza al trabajador local. Posee la condición simplista de que existe un número determinado de empleos para sus ciudadanos, y que los inmigrantes constituyen una amenaza. Por tanto dicha opinión considera que el mexicano indocumentado está desplazando a su propia fuerza de trabajo.
Es fácil comprobar la falsedad de tal argumentación, ya que los extranjeros indocumentados ocupan en ese país los puestos peor pagados y los de más baja calificación en el mercado laboral. Tales empleos además, son repudiados por los locales (estadounidenses), pues implican tareas físicamente penosas y sucias, jornadas extensas, condiciones pobres de desempeño y baja seguridad laboral; así mismo, son ocupaciones que rara vez ofrecen oportunidades de mejoras, tanto en el plano salarial como en el de capacitación y el social. El hecho de que los mexicanos indocumentados tengan poca dificultad para encontrar trabajo, sugiere que éstos poseen habilidades
especiales para desarrollar tareas despreciadas por los
norteamericanos, a quienes les resulta más atractivo
cobrar el seguro de desempleo. Si en realidad los indocumentados
desplazaran al trabajador local en aquellas regiones donde los
primeros
tienden a concentrarse, se observaría una tasa de
desempleo más alta.
Los planteamientos ya señalados indican que el
indocumentado no sólo no desplaza al norteamericano de su
mercado laboral sino que a largo plazo, lo ayuda a tener una
movilidad ascendente, es decir, a obtener mejores empleos y por
tanto, a alcanzar un estatus social más alto.
Durante los últimos años, los estadounidenses no han tenido una porción significativa de este tipo de trabajos, especialmente en el sector agrícola: los únicos posibles competidores de los indocumentados en épocas de crisis económica, son los grupos minoritarios integrados por chicanos y negros, que son los menos preparados por poseer bajo nivel educativo.
En términos generales, los salarios por abajo del mínimo pagados a los indocumentados es una arma de doble filo, ya que por un lado provoca, a corto plazo que se deprecien las escalas salariales de los trabajadores con baja calificación y por el otro ocasiona que los patrones que contratan ilegales logren una mayor acumulación de capital al bajar sus costos de producción, por lo que a estos contratistas se les vuelve indispensable su presencia.
Respecto a los servicios sociales (Educación,
Salud, Asistencia Familiar, Bonos para
Alimentos,
etc.), los indocumentados hacen poco uso de ellos durante su
breve estancia en Estados Unidos y que cuando lo hacen, su costo
resulta menor que las contribuciones que aportan al Fisco, por lo
tanto la economía estadounidense se beneficia con la
presencia del trabajador indocumentado, ya que durante su
estancia, éste deja entre el 60% y 70% de sus jornales en
pagos al Fisco, al Seguro Social y por la compra de bienes y
servicios.
El gasto de cualquier consumidor crea
empleos, asimismo, los dueños de empresas agrícolas
e industrias
pequeñas especialmente los del suroeste, obtienen grandes
beneficios pues mantienen bajos sus costos de producción, debido a que pagan salarios por
debajo del mínimo y así se mantienen competitivos
tanto con los grandes monopolios como en el ámbito
externo.
Las consecuencias inmediatas que traería la escasez de mano de obra indocumentada en la economía estadounidense serían:
Lo más probable es que el resultado de una situación de esta índole lleve a una tasa de crecimiento más bajo. La discriminación racial es tal en Estados Unidos de América que se ha llegado a etiquetar a los indocumentados en dos categorías:
"Los prejuicios estadounidenses contra diversos grupos de origen extranjero se pueden dividir en dos tipos, los que llamaremos "los tontos" y "los pícaros". El estereotipo de los tontos dice: El indocumentado, tiene un coeficiente intelectual bajo y es alérgico al agua y al jabón. No tiene estudios; es demasiado "torpe", y flojo para aprender bien inglés; es incapaz de hacer otra cosa que no sea trabajo no calificado; se inclina al crimen violento y al alcoholismo, tiene un temperamento violento. Por otro lado el "pícaro" o "pillo" tiene un alto coeficiente intelectual y puede ser físicamente limpio. Tiene estudios y se considera demasiado bueno para el trabajo manual; es deshonesto y no se puede confiar en él; se inclina por lo crímenes legales y económicos, propios de los empleados de oficina, de desfalco, soborno, fraude, evasión fiscal, espionaje industrial, competencia de precios, etc.
Por regla general, cualquier grupo nuevo de inmigrantes puede entrar en la categoría de tontos, hasta que dicho grupo, o sus hijos aprendan inglés, y entonces puede pasar a la categoría de pícaros".
11. Perspectivas Futuras De La Migración De Mexicanos A Estados Unidos
De acuerdo con el Consejo Nacional de Población, la evolución futura de la migración mexicana hacia Estados Unidos es un tema en el que convergen variadas preocupaciones e incógnitas de carácter económico, social, político y demográfico, ya que éstas son las fuerzas que ayudan a activar y reproducir este fenómeno.
Si se acepta que el problema de la migración mexicana hacia Estados Unidos tiene su origen, al menos parcialmente en las condiciones estructurales que determinan la operación del mercado laboral mexicano, resulta evidente que el único medio para abatir el grave problema del subempleo acumulado por largo tiempo, absorber de manera productiva una abundante oferta laboral, aumentar de manera significativa los niveles de productividad y salarios, y acortar las brechas existentes entre ambos países, es el de impulsar y lograr por largo tiempo un crecimiento económico sostenido que permita a México entrar de lleno a una nueva etapa de su desarrollo, y cuyos beneficios logren alcanzar las regiones donde se origina el movimiento hacia Estados Unidos.
El Consejo Nacional de Población realizó un ejercicio prospectivo con el fin de explorar si la evolución prevista de algunos factores de naturaleza económica y social podrían contribuir o no a transformar el modus operandi del actual sistema migratorio entre México y Estados Unidos.
El ejercicio supone dos tipos de condiciones
básicas que podrían caracterizarse de la siguiente
manera:
• Economía "Alta" (es decir, condiciones que operan
en el sentido de aliviar las presiones migratorias): asume que el
nuevo modelo de
desarrollo mexicano será capaz de retomar a la senda del
crecimiento rápido y sostenido, como ocurrió en la
mejor época del desarrollo estabilizador (1954-1970), con
impactos positivos en el empleo y los salarios reales que
posibilitarían una reducción significativa de las
disparidades económicas entre México y Estados
Unidos. Bajo este escenario: o el producto interno
bruto (PIB) crecería entre 1997 y 2015 a un ritmo de
5% promedio anual para luego descender linealmente hasta alcanzar
3% en 2030; o la razón de salarios se reduciría de
4.87 en 1996 a 2.71 en el 2015 y a 1.0 en 2030; y o la tasa de
desempleo abierto de México de 1996 (5.5%) se
reduciría en 2030 al mínimo observado durante el
periodo 1970- 1996 (2.6%), mientras que la tasa de desempleo de
Estados Unidos de 1996 (5.4%) aumentaría en 2030 al
máximo observado durante el periodo antes indicado
(9.7%).
• Economía "Baja" (es decir, condiciones que operan en el sentido de agudizar las presiones migratorias): asume que el desempeño económico de México continuará siendo errático durante las próximas décadas, como lo ha sido durante los últimos 15 años. Bajo este escenario: o El PIB se reduciría linealmente de 5.09% en 1996 a 1.5% en 2000 y se mantendría constante en ese valor durante el resto del horizonte de proyección (2000-2030), que es la tasa de crecimiento promedio anual observada entre 1982 y 1996; o La tasa de desempleo abierto de 1996 (5.5%) aumentaría en 2030 al máximo observado durante el periodo 1970-1996 (8%), mientras que la tasa de desempleo de Estados Unidos de 1996 (5.4%) disminuiría en 2030 al mínimo observado durante el periodo antes indicado (4.9%; y o La razón de salarios de 1996 (4.87) se incrementaría a 10.3 en 2015 y a 14.60 en 2030, que es casi el doble del máximo histórico observado entre 1970 y 1996 (7.55).
Estos dos escenarios básicos se combinaron, a su
vez, con dos hipótesis alternativas que se refieren al
comportamiento
futuro de las remesas:
a) su monto per cápita se mantiene constante entre 1996 y
2030 (585.90 dólares), o
b) aumenta de 585.90 a 969.81 dólares en ese periodo
(siguiendo una función
logística).
De esta manera fue posible conformar cuatro escenarios
alternativos:
• Hipótesis A: Economía alta y remesas per
cápita constantes
• Hipótesis B: Economía baja y remesas per
cápita constantes
• Hipótesis C: Economía alta y remesas per
cápita que aumentan
• Hipótesis D: Economía baja y remesas per
cápita que aumentan
Los resultados de este ejercicio exploratorio indican que las tasas de emigración tenderían a disminuir bajo los escenarios económicos más favorables (A y C), aunque los montos anuales se incrementarían gradualmente como consecuencia de una población base cada vez mayor y del peso que todavía ejerce la inercia demográfica. En contraste, los escenarios B y D tienden a intensificar las presiones migratorias, lo que se refleja simultáneamente en tasas y montos de emigración mayores.50 Esto se puede observar en el cuadro 8.
Cuadro 8
Número anual de emigrantes mexicanos hacia
Estados Unidos, 1996-2030, según diferentes
hipótesis

Fuente: Tuirán, R., Virgilio Partida y José Luis Ávila, "Crecimiento económico, libre comercio y la migración mexicana a Estados Unidos en el nuevo milenio", Consejo Nacional de Población,
México, 1999.
Llama la atención que, aun en condiciones
económicas relativamente óptimas (es decir,
escenarios A y C), la emigración proseguiría su
curso tanto en el corto y mediano plazos como en un horizonte de
tiempo mayor, impulsada por la escala alcanzada por el
fenómeno migratorio y sus efectos acumulativos en el
tiempo. Este hecho se advierte en la presencia cada vez mayor de
la población nacida en México que reside en Estados
Unidos y en la constante ampliación de las complejas
redes que
vinculan a las comunidades de origen con las de destino
(alimentadas por los lazos familiares, las relaciones de
parentesco, así como los contactos laborales entre
trabajadores y empresarios) para darle persistencia al flujo, no
obstante que las condiciones económicas tiendan a
cambiar.
Como consecuencia de la eventual persistencia de los flujos de emigración hacia Estados Unidos, se prevé que la población nacida en México residente en el vecino país podría verse incrementada significativamente bajo cualquiera de los escenarios previstos. Esto se puede apreciar en el siguiente cuadro:
Cuadro 9
Población nacida en México residente en
Estados Unidos, 1996-2030, según diferentes
hipótesis

Fuente: Tuirán, R., Virgilio Partida y José Luis Ávila, op. cit.
El fenómeno migratorio entre México y
Estados Unidos ha estado presente como parte de la historia en la
formación de ambas naciones. La frontera ha servido para
la penetración de trabajadores mexicanos indocumentados al
país vecino. Las causas del problema están bien
enraizadas en una compleja red de relaciones
económicas entre los dos países; la vecindad
geográfica, la falta de empleos en México, la
diferencia en los niveles salariales y las oportunidades que los
trabajadores mexicanos pueden encontrar en el país vecino
son factores que contribuyen a la configuración y
perpetuación de este fenómeno.
A lo largo del siglo pasado, Estados Unidos ha intentado diversas
legislaciones migratorias que han ido desde el permiso para la
entrada libre de trabajadores migratorios hasta la
imposición de severas restricciones a su paso.
Sin duda alguna, los migrantes mexicanos en Estados Unidos
representan hoy en día el tercer factor de ingreso
más importante para la economía nacional. Sin
embargo, parecería que debido a tal situación, se
está haciendo una promoción continua para emigrar,
aun cuando se sabe que el recorrido hacia el llamado
"sueño americano" está lleno de muchos peligros,
culminando, en innumerables ocasiones, en la muerte.
Al inicio de la
administración de George W. Bush y Vicente Fox
Quesada, se había puesto como principal tema en la agenda
bilateral, la concreción de un acuerdo migratorio. Sin
embargo, a partir del 11 de septiembre de 2001, las prioridades
del gobierno estadounidense cambiaron radicalmente, dejando en
segundo término, a su relación con México y,
junto con ésta, al acuerdo migratorio.
Hace apenas algunos días, durante los últimos
días del mes de julio de 2003, se ha retomado el tema
entre ambos países, de una manera un poco más
seria. El objetivo del
acuerdo migratorio es lograr el reconocimiento cabal los derechos de los ya migrantes
mexicanos en Estados Unidos. Lo único que hay que tomar en
cuenta es lo que vendría después de un acuerdo
migratorio entre ambas naciones. ¿Cuáles
serían las consecuencias para México? Se deben
ponderar los costos y beneficios del mismo, ya que en
México, por un lado, podría ser un aliciente para
continuar buscando trabajo en otro país, y por otro lado,
sería una fuente de ingresos mayor para la economía
mexicana (si es que la tendencia actual de las remesas
continúan en ascenso). Un acuerdo migratorio
buscaría dar solución a un problema ya existente en
otra nación. Sin embargo, el problema no termina
ahí.
Tomando en cuenta, el ejercicio de perspectivas futuras realizado
por el Consejo Nacional de Población, se tendrían
cuatro posibles escenarios con respecto al fenómeno
migratorio México – Estados Unidos:
1. Economía alta y remesas per cápita
constantes
2. Economía baja y remesas per cápita
constantes
3. Economía alta y remesas per cápita que
aumentan
4. Economía baja y remesas per cápita que
aumentan
En cualquiera de estos escenarios, el movimiento
migratorio continuará, ya que será persistente el
flujo, aún cuando las condiciones económicas
nacionales sean favorables. Esto es consecuencia de las redes
sociales que ya existen actualmente como conexión entre
los mexicanos radicados en Estados Unidos y sus familias en
México.
Por lo tanto, a largo plazo, la solución a los crecientes
flujos migratorios de México hacia Estados Unidos
radicará sobre todo en los esfuerzos que realice el
gobierno mexicano para mejorar las condiciones económicas
de la nación.
En sí, el mejoramiento de los patrones de crecimiento
económico de México reduciría el flujo
migratorio automáticamente, ya que el factor principal del
movimiento migratorio a Estados Unidos es el bajo desarrollo de
ciertos sectores de la economía mexicana, para lo cual el
gobierno tendría que mejorar estas condiciones de vida
para detener esta situación.
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