Enviado por vivianaendelmanIndice
1. Afirmaciones más importantes
2. La dignidad de la persona humana
3. La comunidad humana
4. La actividad humana en el mundo
5. Misión de la iglesia en el mundo contemporáneo
6. Dignidad del matrimonio y de la familia
7. El sano fomento del progreso cultural
8. La vida económico - social
1. Afirmaciones más importantes
Sumario Y Exposición Preliminar
Igualmente cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Señor y Maestro. (10)
2. La dignidad de la persona humana
Lo que la Revelación divina nos dice coincide con la experiencia. El hombre, en efecto, cuando examina su corazón, comprueba su inclinación al mal y se siente anegado por muchos males, que no pueden tener origen en su santo Creador. Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la debida subordinación a su fin último, y también toda su ordenación tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los demás y con el resto de la creación.
Pero el Señor vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renovándole interiormente y expulsando al príncipe de este mundo, que le retenía en la esclavitud del pecado. (13)
La libertad humana, herida por el pecado, para dar la máxima eficacia a esta ordenación a Dios, ha de apoyarse necesariamente en la gracia de Dios. (17)
Dios ha llamado y llama al hombre a adherirse a El con la total plenitud de su ser en la perpetua comunión de la incorruptible vida divina. Ha sido Cristo resucitado el que ha ganado esta victoria para el hombre, liberándolo de la muerte con su propia muerte. (18)
Enseña además la Iglesia que la esperanza escatológica no merma la importancia de las tareas temporales, sino que más bien proporciona nuevos motivos de apoyo para su ejercicio. (21)
El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejantes en todo a nosotros, excepto en el pecado.
Cordero inocente, con la entrega libérrima de su sangre nos mereció la vida. En El Dios nos reconcilió consigo y con nosotros y nos liberó de la esclavitud del diablo y del pecado, por lo que cualquiera de nosotros puede decir con el Apóstol: El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gal. 2,20).
Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual.
Cristo resucitó; con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida, para que, hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu: Abba!, ¡Padre! (22)
3. La comunidad humana
La Sagrada Escritura nos enseña que el amor de Dios no puede separarse del amor del prójimo: cualquier otro precepto en esta sentencia se resume : Amarás al prójimo como a tí mismo. El amor es el cumplimiento de la ley (Rom 13,9-10; cf. 1 Jn. 4,20).
Más aún, el Señor, cuando ruega al Padre que todos sean uno, como nosotros también somos uno (Jn. 17,21-22), abriendo perspectivas cerradas a la razón humana, sugiere una cierta semejanza entre la unión de las personas divinas y la unión de los hijos de Dios en la verdad y en la caridad. (24)
4. La actividad humana en el mundo
Esta enseñanza vale igualmente para los quehaceres más ordinarios. Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para sí y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con razón pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia.
Los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio. (34)
(...) porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios (...), quien, sosteniendo todas las cosas, da a todas ellas el ser.
Pero si autonomía de lo temporal quiere decir que la realidad creada es independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a quien se le oculte la falsedad envuelta en tales palabras.
La criatura sin el Creador desaparece. (36)
Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: "reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz".
El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección. (39)
5. Misión de la iglesia en el mundo contemporáneo
Está presente ya aquí en la tierra, formada por hombres, es decir, por miembros de la ciudad terrena que tienen la vocación de formar en la propia historia del género humano la familia de los hijos de Dios, que ha de ir aumentando sin cesar hasta la venida del Señor. (40)
Siempre deseará el hombre saber, al menos confusamente, el sentido de su vida, de su acción y de su muerte. La presencia misma de la Iglesia le recuerda al hombre tales problemas; pero es sólo Dios, quien creó al hombre a su imagen y lo redimió del pecado, el que puede dar respuesta cabal a estas preguntas, y ello por medio de la Revelación en su Hijo, que se hizo hombre. (41)
El Señor es el fin de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización, centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones. (45)
6. Dignidad del matrimonio y de la familia
Parte 2
Cristo nuestro Señor bendijo abundantemente este amor multiforme, nacido de la fuente divina de la caridad y que está formado a semejanza de su unión con la Iglesia. Porque así como Dios antiguamente se adelantó a unirse a su pueblo por una alianza de amor y de fidelidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio.
Además, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como El mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella. El genuino amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acción salvífica de la Iglesia para conducir eficazmente a los cónyuges a Dios y ayudarlos y fortalecerlos en la sublime misión de la paternidad y la maternidad. (48)
7. El sano fomento del progreso cultural
El hombre, en efecto, cuando con el trabajo de sus manos o con ayuda de los recursos técnicos cultiva la tierra para que produzca frutos y llegue a ser morada digna de toda la familia humana y cuando conscientemente asume su parte en la vida de los grupos sociales, cumple personalmente el plan mismo de Dios, manifestado a la humanidad al comienzo de los tiempos, de someter la tierra y perfeccionar la creación, y al mismo tiempo se perfecciona a sí mismo; más aún, obedece al gran mandamiento de Cristo de entregarse al servicio de los hermanos. (57)
De igual manera, la Iglesia, al vivir durante el transcurso de la historia en variedad de circunstancias, ha empleado los hallazgos de las diversas culturas para difundir y explicar el mensaje de Cristo en su predicación a todas las gentes, para investigarlo y comprenderlo con mayor profundidad, para expresarlo mejor en la celebración litúrgica y en la vida de la multiforme comunidad de los fieles. (58)
La imagen de Dios en la Constitución
En esta Constitución, el problema de Dios y el problema de la Iglesia, "que tiene ante sí al mundo", están íntimamente unidos. La Iglesia es definida como pueblo de Dios, con dimensiones históricas y sociales, y como misterio que debe anunciar a Dios, expresarlo, al hombre de hoy.
También la reflexión sobre Dios coincide con la reflexión sobre el hombre.
Se trata de un enfoque unitario y dinámico con base en la encarnación de Jesús. El Dios vivo de la revelación es el Dios que se manifiesta en la historia. Y en Gaudium et Spes queda claro que no se puede prescindir de la historia para saber y hablar de Dios, no se puede disociar la reflexión sobre Dios y el acontecer de la historia de la salvación.
Se puede decir entonces que en esta Constitución la imagen de Dios se enmarca en una visión cristocéntrica e histórico-salvífica con base en las realidades de la Creación y la Encarnación.
La imagen de Dios tampoco aparece separada de su realidad trinitaria, de la encarnación del Verbo como Señor del hombre y de la historia, operante en el mundo en virtud de su Espíritu.
La Gaudium et spes nos muestra a un Dios que se da a conocer como Padre, Hijo y Espíritu Santo para que el hombre conozca el camino y la meta de su existencia. Un Dios-amor que, en Jesús, es la respuesta a la pregunta sobre el ser del hombre y a tantas búsquedas del mundo contemporáneo.
Cristo, el Verbo encarnado, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación.
Desde los primeros párrafos, esta Constitución se remonta a la verdad revelada sobre la relación de Dios con el mundo y, en definitiva, a la verdad de fe sobre la Providencia Divina.
Enfoca el plan eterno de Dios en la creación, la realización de este plan en la historia, el sentido de salvación del hombre según su predestinación en Cristo, el Verbo de Dios por quien todo fue hecho, el alfa y omega, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización.
Junto con el abordaje de la Providencia, trata sobre el dominio del mundo por parte del hombre, que, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino.
Gaudium et Spes ilumina sobre la compaginación del crecimiento del Reino del Padre y la edificación del mundo.
En este sentido, la Constitución afirma que "el reconocimiento de Dios no se opone en modo alguno a la dignidad humana, ya que esta dignidad tiene en el mismo Dios su fundamento y perfección. Es Dios creador el que constituye al hombre inteligente y libre en la sociedad. Y, sobre todo, el hombre es llamado, como hijo, a la unión con Dios y a la participación de su felicidad." Enseña además que "la esperanza escatológica no merma la importancia de las tareas temporales, sino que más bien proporciona nuevos motivos de apoyo para su ejercicio." (21)
Creado a imagen y semejanza de Dios, conservado por El y guiado con amor en esta tarea de dominar las demás criaturas, el hombre aparece como el protagonista visible del desarrollo histórico y cultural.
La Gaudium et spes resume claramente que la actividad humana, los esfuerzos realizados a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, responden a la voluntad de Dios, que "le dio el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad" y de orientar a Él la propia persona y el mundo entero, reconociéndolo como Creador de todo. (34)
En esta tarea de dominar la tierra, también los reales aciertos económicos, culturales, científicos y técnicos, y los de la sabiduría, entran dentro de la providencia de la que el hombre participa por designio de Dios.
Bajo esta luz, el Concilio ve y reconoce el valor y la función de la cultura y del trabajo de nuestro tiempo, en relación a este designio de Dios y en unidad con el Evangelio de fraternidad predicado por Cristo. Asimismo, aún reconociendo la grandeza del hombre y la legítima autonomía de las cosas creadas, reconoce también las contradicciones y desequilibrios generados por una evolución rápida y realizada desordenadamente, desequilibrios conectados con la realidad de pecado que hunde sus raíces en el corazón del hombre. Y se detiene en las problemáticas que afectan profundamente al género humano, mencionando principalmente las relacionadas con el matrimonio y la familia, la cultura humana, la vida económico-social y política, la comunión de los pueblos y la paz (Parte II). Ante esta situación, el Concilio insiste en que el dominio debe realizarse con la asistencia y la ayuda de la Providencia, y no desde una pretendida autosuficiencia hasta ponerse en el lugar de Dios u olvidarse de Él. E invita a que en cada una de estas realidades resplandezca la luz que brota de Cristo.
Trabajo enviado por:
Viviana Endelman Zapata.
vivianaendelman[arroba]hotmail.com
Ingrese el e-mail y contraseña con el que está registrado en Monografias.com
Trabajos relacionados
Ver mas trabajos de Religion |
|
Nota al lector: es posible que esta página no contenga todos los componentes del trabajo original (pies de página, avanzadas formulas matemáticas, esquemas o tablas complejas, etc.). Recuerde que para ver el trabajo en su versión original completa, puede descargarlo desde el menú superior.
Todos los documentos disponibles en este sitio expresan los puntos de vista de sus respectivos autores y no de Monografias.com. El objetivo de Monografias.com es poner el conocimiento a disposición de toda su comunidad. Queda bajo la responsabilidad de cada lector el eventual uso que se le de a esta información. Asimismo, es obligatoria la cita del autor del contenido y de Monografias.com como fuentes de información.