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Legislación laboral

Enviado por almipaz



  1. Presentación
  2. La relación lenguaje identidad y cultura
  3. Acerca de los conceptos básicos de los términos en desarrollo
  4. Definiciones conceptuales a las relaciones funcionales
  5. El hombre, el lenguaje y la cultura
  6. Identidad, ética, economía y moral
  7. Identidad y conflicto cultural
  8. Nuevo orden económico y cultural
  9. Identidad y competencia moral
  10. Componente formativo de la Constitución Colombiana
  11. Constitución de 1991, una revolución inconclusa.
  12. Bibliografía

PRÓLOGO

Desde su presentación inicial, el presente ensayo especifica hipótesis de trabajo que se desenvuelve a través del proceso de exposición. Para tal efecto se recuperan algunos marcos conceptuales referentes de la teoría lingüística y se identifica en la propia síntesis del autor. En este sentido se relacionan y se desarrollan de manera coherente y argumentada los planteamientos plasmados tendientes a establecer la relación entre lenguaje, identidad y cultura.

Se tienen en cuenta aspectos históricos, estructurales y funcionales. Al tiempo que se indaga en el origen, la estructura, la aplicación y el impacto del lenguaje, se esclarece el fenómeno de la cultura como pilar fundamental en el ascenso del hombre, pero también se sugiere que el lenguaje es producto del contexto cultural. El texto que aquí se presenta reconoce que el lenguaje es básicamente un desarrollo interlocutivo, uno que habla y uno que escucha. Por lo tanto, para que haya lenguaje se necesitan dos o más enunciadores o receptores asumiendo alternativamente una y otra posición, es en ésta posición dialectal que fluyen los conceptos y pensamientos que permiten tal relación.

El encuentro del lenguaje y la cultura constituyen lo que Halliday llama una semiótica cultural, es decir una codificación de signos y símbolos derivados tanto del pensamiento lógico como del imaginario mental. Desde este punto de vista, el sistema social es un sistema de significados. Los hablantes se comunican entre sí información del sistema social. El lenguaje termina siendo sólo un medio en el que la gente representa los significados inherentes al sistema social. En cierto sentido, estos también están representados –es decir expresados- por el modo de andar de la gente; en otro sentido, están representados -es decir, hechos metáforas- por el modo en que la gente clasifica las cosas, por las normas que establece y por otros modos de pensar diría Halliday.

El lenguaje y la cultura encuentran su mediación en los sistemas educativos. En la escuela el sujeto aprende semiótica social y cultural ,y el lugar que le corresponde al lenguaje en la construcción de la cultura. En la escuela se conoce la estructura del lenguaje y se hace consciente el rol o los roles del sujeto en la cultura, mejor, en las subculturas. Pero también puede considerarse la actividad cotidiana como una escuela sin muros.

El lenguaje es el modo de configuración de la identidad y la cultura. Con él se perfilan las normas y se idean las estrategias para escapar de ellas. Las reglas del lenguaje serían manifestaciones de las reglas culturales, de las normas que prescriben lo correcto y lo incorrecto, lo permitido y lo prohibido. Este ensayo –Lenguaje, identidad y cultura- constituyen una profunda reflexión sobre la identidad colombiana y la necesidad de hilar pertenencias que permitan reconstruir el tejido ético desde el humanismo, que haga posible la solución pacífica de nuestras diferencias y genere estrategias para superar nuestro atraso ancestral.

PRESENTACIÓN

Podría decirse que una buena parte de los hechos que enmarcan nuestra vida social son tangibles a partir de sus determinaciones funcionales. Tal es el caso de los elementos de análisis que ocupan estas líneas, en las cuales se establece un acercamiento, en el sentido de sus usos.

Los hechos del lenguaje, entendidos en una relación de doble vía con los hechos de la identidad cultural, son visualizados en esta perspectiva. Es decir, el valor de uso como posibilidad de apreciar los términos en sus contextos y ambientes de acción.

Es esa la intención primaria del presente escrito. De ahí que se procuren inicialmente unas consideraciones generales acerca de los términos en referencia, siempre articulados en sus dinámicas. Luego se establecen unas pautas definitorias, con el ánimo de visualizar las partes e integrarlas a un todo, comprendido en el espacio escolar y en la estructura social más compleja.

Todos estos componentes del texto funcionan como soportes de la hipótesis general, en los cuales los ejemplos citados acuden con propósitos orientados a ilustrar dos fases contrapuestas: la no funcional—la funcionalidad y sus implicaciones.

El abordamiento temático, si bien puede ser enriquecido con nuevos elementos teórico—experienciales, permite sopesar de manera positiva las hipótesis que regulan las ideas centrales del texto.

La relación lenguaje-identidad y cultura

"La vida en función del lenguaje

es la conciencia de vivir, la voluntad de vivir". Bally

CONSIDERACIONES GENERALES

El lenguaje como creación cultural establece los principios constitutivos de la identidad del individuo y de los grupos sociales, mediante las formas particulares en que se desarrollan los idiolectos, los dialectos y las lenguas, principalmente. Estas variantes lingüísticas dan forma contextual y conceptual al carácter funcional del lenguaje.

En el ámbito de lo contextual se relacionan los componentes socioculturales, en los cuales se dinamizan los lenguajes. Así como en el terreno de lo conceptual se establecen los sentidos que comportan su estructura y función interna. Como se observa, la aproximación desde lo funcional a la relación lenguaje – identidad y cultura señala una línea que se articula a la comprensión de la lengua en sus usos y en sus posibilidades dinamizadoras de los procesos socioculturales, en los cuales adquiere sentido de identidad el individuo y el grupo social, del cual es componente.

La configuración temática así esbozada, propone la búsqueda de una apropiación conceptual básica para comprender sus elementos, como insumos necesarios para visualizar el desarrollo del trabajo que aquí se aborda. Para el efecto se acude, en primer término, a los documentos de autores de mayor relevancia en este campo y a los aportes experienciales que puedan tener sentido práctico y teórico. Por circunstancias de orden práctico y operativo en el trabajo, se utilizan indistintamente los conceptos de lenguaje y de lengua. Lo que no implica desestimar los usos específicos que en algún momento se le puedan dar a los términos lenguaje y lengua. El primero visto en un sentido abarcador de los sistemas de las lenguas y el segundo asociado a los idiomas: español, inglés, francés, etc.

Para efectos más prácticos, el lenguaje, es entendido como el objetivo particular del estudio de la lingüística. Es decir, el lenguaje, es un objeto del conocimiento, asumido en su funcionalidad. El lenguaje en situación (Ducrot, 1981.)

Al respecto André Martinet en su obra "El lenguaje desde el punto de vista funcional" muestra el recorrido, no menos problemático, que la lingüística ha tenido que llevar a cabo desde sus primeros intentos, por superar los obstáculos epistemilógicos y conquistar el carácter de disciplina científica, con su objeto particular de estudio: el lenguaje.

En esta trayectoria, el lenguaje se descubre en su funcionalidad y en sus usos, que adquieren sentidos a partir de sus relaciones internas (lo intrínseco) y con otras áreas del comportamiento (lo extrínseco). La funcionalidad interna corresponde a lo que podría denominarse, un lenguaje hablando de sí mismo, reconociéndose en sus componentes; en tanto que la funcionalidad externa responde a un lenguaje vehiculizando saberes, reconociéndose en la actividad comunicadora.

La perspectiva funcional del lenguaje, objeto de estudio de la lingüística, permite establecer su carácter dinamizador de los procesos culturales de la comunidad en la cual interviene. Los sentidos culturales se dinamizan proyectivamente mediante la intervención del lenguaje de la comunicación y del lenguaje del conocimiento. Ambos términos: comunicación y conocimiento, están implicados en el desarrollo y optimización de los recursos lingüísticos con que cuentan el individuo o una comunidad determinada.

En esta interconexión del lenguaje comunicacional, que socializa saberes y prácticas, y del lenguaje del conocimiento que comporta saberes, se estructura la identidad cultural con sus rasgos individuales y colectivos. Los usuarios del lenguaje establecen su relación cultural, en la medida de sus roles y posibilidades.

La dinámica funcional del lenguaje, asumida en su carácter cognoscitivo y comunicacional, propone variados enfoques multidisciplinarios para su estudio. Estos enfoques se articulan o se distancian del objeto, en la medida de sus implicaciones comunicantes de las cuales el lenguaje es su punto de referencia más importante. Es decir, la relevancia, en un momento dado, de los acercamientos al lenguaje funcional, determinada por los intereses de estudio particular de cada disciplina, responde al carácter que se le imprime en momentos y en circunstancias dadas.

Así, disciplinas de estudio como la sociolingüística, la neurolingüística, la geolingüística, entre otras, reclaman para sí aproximaciones al lenguaje funcional, desde sus áreas. Y por supuesto, en cada área el lenguaje es reconocido en su acción dinámica, de manera interactuante. Además, ésta variedad de enfoques, lejos de desintegrar la visión funcional del lenguaje, fortalece el acopio teórico–práctico para su estudio.

La referencia a los estudios particulares (enfoques disciplinarios), reconoce en el lenguaje la particularidad de ser objeto de estudio de disciplinas distintas a la lingüística, estableciendo, además, la distinción entre el lenguaje como medio (instrumento) y el lenguaje como referente de los estudios disciplinarios (objeto).

El enfoque desde lo funcional, mediante el cual se asume el presente trabajo, tiene su fundamento en el reconocimiento y comprensión de la actividad mediadora, la cual cumple el lenguaje, a través del tejido de redes interactuantes en el contexto de una cultura determinada. En este tejido se pueden identificar los rasgos lingüísticos particulares que distinguen los individuos y los grupos sociales que la componen.

Dentro de las funciones, la función instrumental (mediadora) y cognoscitiva (saberes), cumple roles culturales, en la medida en que ponen en evidencia elementos del saber social, incluyendo los ideológicos, mediatizados por los sentidos propios de la comunidad. Esta capacidad de producir sentidos guarda estrecha relación con los intereses de los usuarios y sus niveles de desarrollo lingüísticos.

Con estos planteamientos, al asumir el estudio del lenguaje, la identidad y la cultura, desde una aproximación funcional, se pretende reconocer la estrecha relación entre los términos, materializada en las prácticas cotidianas y, principalmente en el desarrollo de patrones culturales y lingüísticos de las sociedades actuales.

ACERCA DE LOS CONCEPTOS BÁSICOS DE LOS TÉRMINOS EN DESARROLLO

Resulta indispensable, de esta manera, partir de los conceptos previos, básicos de los términos, para una mejor comprensión del tema en referencia.

El término lenguaje presenta varias acepciones, aunque sin variaciones significativas. Estas obedecen, principalmente, al ámbito particular de cada estudio, en concordancia con las necesidades propias de cada enfoque. Se cita aquí una definición generalizada que proporciona el diccionario Enciclopédico Espasa, en su edición española de 1985.

"Lenguaje. Conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente - Idioma hablado por un pueblo o nación, o por parte de ella - Manera de expresarse - Estilo y modo de hablar y de escribir de cada uno - Uso del habla o facultad de hablar - Conjunto de señales que dan a entender una cosa - Conjunto de caracteres, símbolos, representaciones y reglas que permiten introducir y tratar la información en un ordenador".

En cuanto al término cultura, se presentan igualmente varias definiciones concurrentes, por su pertinencia temática, en el planteamiento de I. Savranski, en su libro "La cultura y sus funciones":

"La cultura es un sistema complejo que funciona con determinada integridad y dinamismo. Incluye un conjunto de diversos subsistemas, los cuales desempeñan un papel esencial en la creación y difusión de los valores espirituales".

Buena parte de los subsistemas de la cultura tiene que ver con los códigos lingüísticos que circulan, merced a las interacciones comunicantes entre los usuarios pertenecientes a una cultura determinada. En esta dinámica, la comunidad crea sus sentidos culturales y difunde sus valores espirituales.

Como se observa en esta definición de cultura, se muestra una mayor susceptibilidad a ser estudiada, como objeto, desde el campo de la filosofía y la sociología. Condición ésta que no rechaza intervenciones desde los estudios de los folclorólogos, con una disciplina que ha venido copando espacios de la antropología (Motta, 1985) y de la literatura (Olivella, 1982).

Asumiendo relacionalmente los concepto del lenguaje y de la cultura, se advierte la necesidad de reconocer los hilos funcionales que los trascienden de manera recíproca. Es decir, el lenguaje como subsistema del sistema cultural, portador de sentidos e instrumento, a la vez, de la comunicación de los valores espirituales de una comunidad dada. La cultura, a su vez, creadora de los lenguajes y vehiculizada por éstos. En este marco se configuran los elementos que le dan identidad a los usuarios de una comunidad.

La identidad podría considerarse, entonces, como producto de la relación funcional entre lenguaje y cultura, o bien como el grado de intervención de los individuos en este proceso. Intervención que no puede ser pasiva (por el sólo hecho de pertenecer a la comunidad) sino activa (en la medida de los usos de los códigos lingüísticos y de los valores espirituales de la cultura).

Entendido así, el término identidad debe ser definido, superando su forma literal proporcionada por los diccionarios de la lengua española:

"Identidad / Calidad de idéntico, hecho de ser una persona o cosa, la misma que se supone o se busca, igualdad que se verifica siempre, sea cualquiera el valor de las variables que su expresión contiene..." (Espasa 1, 1985).

Una manera de superar esta definición consiste en aprovechar las interpretaciones que suscita la expresión "el valor de las variables", de donde se pueden inferir connotaciones de orden antropológico, ontológico, político, o bien, lingüístico. Son las que, por sus características, permiten un mejor acercamiento a los propósitos de este trabajo. Tenemos, entonces, con estas variables interpretativas que el término identidad se define:

Como una serie de atributos congénitos, diferenciables marcadamente de los "otros". Otros que no necesariamente deben responder a las caracterizaciones estandarizadas de los grupos sociales. (Ruiz, 1987).

  • Se desprenden así dos identidades que no se descartan y actúan correlativamente: Ontológicamente, el individuo en su psicología, como una particularidad "asignada" por el grupo, con unos rasgos que lo semejan a los demás y lo diferencian entre ellos; políticamente, los individuos, con sus códigos lingüísticos, sus ideas y sus formas de vida que enmarcan su pertenencia a determinado territorio, en el esquema social-antropológico, y en cuyas prácticas se expresa su filosofía de la vida: de lo cotidiano y lo trascendente funcional.

DEFINICIONES CONCEPTUALES A LAS RELACIONES FUNCIONALES

  • Implicados en esta trascendencia funcional, los términos lenguaje, identidad y cultura asumen roles, que adquieren vigor práctico en la medida de su capacidad de intervención en los procesos sociales que dinamizan la vida de una comunidad. Estas intervenciones, generalmente, van coimplicadas, en donde las evidencias culturales son puestas en escena por el lenguaje mismo, de acuerdo a sus ritmos internos y a la correlación con otros elementos del sistema de la cultura en general.
  • De esta manera, la aproximación funcional a los conceptos de lenguaje, identidad y cultura, es una manera de comprenderlos en su dimensión operativa. No es posible reconocer el lenguaje en sí mismo, se distingue en sus relaciones que le dan sentido a la vida en comunidad y se nutre de esos sentidos para implicar otros, a su vez. De igual manera la cultura es comprendida y puede ser explicada en sus manifestaciones funcionales. La funcionalidad es expresión de los sentidos que le dan vida al lenguaje y a la cultura. Lo funcional expresa y reconoce la identidad, la hace manifiesta.
  • Vistos en su integridad, los términos lenguaje, identidad y cultura se expresan conceptualmente, a partir de sus relaciones solidarias y se materializan en sus prácticas, que pueden en un momento dado, determinar la preponderancia de los roles de cada término, según los ambientes sean o no favorables. El contexto socio-cultural es muy importante para el desarrollo funcional de los elementos en cuestión.

Se abre así un marco de referencia para la formulación de una de las posibles hipótesis que pueden suscitar las aproximaciones funcionales al tema del trabajo:

  • Un ambiente socio-cultural favorable, posibilita en sus individuos desarrollar inmejorables niveles del lenguaje.

El orden de los términos en la formulación de esta hipótesis puede ser cambiado, sin que con ello se alteren los sentidos que se pretenden demostrar. Es decir, la aproximación funcional al estudio de la relación lenguaje, identidad y cultura, no puede ser alterada en su ordenamiento, dado que se trata de darle sentido operacional a los términos, implicándose entre sí solidariamente, en un contexto socio-cultural determinado.

Lo que sí es posible señalar es el papel del lenguaje, entendido como subsistema del sistema cultura. Una función que se define fundamentalmente de carácter instrumental, cuyas implicaciones en la vida social de los individuos y en el desarrollo del pensamiento, son cada vez más elocuentes, a partir de los estudios sociolingüísticos (Labov, 1983), psicolingüísticos (Grene, 1980), neurolingüísticos (Luria, 1995), entre otros.

Por las características del estudio, así como por la variada información que proporciona para dar respuesta a algunos de los indicios que se vienen esbozando, se recurre a un ejemplo clásico. Una historia real citada por M. Sídorov en su libro "¿Cómo el hombre llegó a pensar?"

Se trata del hallazgo hecho por el misionero Singj, su esposa y un grupo de expedicionarios en una de las selvas de la India. Impulsado por la curiosidad de descifrar historias de "fantasmas" en una madriguera de lobos, contadas por asustados aldeanos, el misionero descubre que se trata de dos niñas de año y medio y ocho años aproximadamente. Llevadas a su casa (centro de observaciones), para efectos de los estudios del caso, se dan los nombres de Amala a la pequeña y de Kamala a la mayor.

Los años de vida de éstas dos niñas transcurridos con los lobos, produjeron cambios considerables en su estructura ósea y muscular. En los desplazamientos permanentes con la manada, ponían en actividad las cuatro extremidades, imitando el caminar de los lobos; así mismo, la conformación de los maxilares les permitían desgarrar la carne cruda, ayudadas por las manos un poco más alargadas para su movilidad. Siempre comían con las manos, en el tiempo de la observación no fue posible que aprendieran a manejar los utensilios domésticos.

Dentro de estos cambios, el más sorprendente observado por el misionero y su grupo, consistió en el deterioro irreversible de la capacidad de habla de las niñas, determinado, entre otros, por la temprana edad en la que presumiblemente fueron adoptadas por la manada de lobos y el tiempo de convivencia en un ambiente de mínimos requerimientos para la comunicación. En el tiempo de observación las niñas emitían leves gemidos, imitando los aullidos de los animales en circunstancias de hambre, frío o peligro.

Estas exigencias mínimas en materia de comunicación dieron al traste con el desarrollo del lenguaje, correspondiente a sus edades, lo que presume un sensible atrofiamiento de los centros cerebrales, destinados a tal fin y de los órganos fonológicos articulatorios del lenguaje hablado.

Desde el punto de vista del desarrollo del pensamiento (Luria, 1993), la casi imperceptible manifestación del lenguaje interior que constituye la base del acto intelectual del niño, en estas edades, muestra exiguas posibilidades mentales. El desarrollo de la actividad práctica del niño, dice el mencionado autor, tiene lugar con la participación de su lenguaje activo. Ese lenguaje activo (funcional) en Amala y Kamala no está presente, porque no es requerido entre los animales. Es una facultad humana, hasta donde se conoce.

"Gracias al lenguaje el pensamiento permite elaborar conceptos abstractos y formular conclusiones lógicas que rebasan los marcos de la percepción sensorial..." (Luria,1993, p.25).

Atendiendo a la concepción de Luria, con respecto a la importancia y función del lenguaje en relación con el desarrollo del pensamiento, se puede inferir que esta actividad mental no puede rebasar los marcos de la percepción sensorial, dado que no existe el lenguaje como soporte.

En el supuesto de un "lenguaje animal", se puede establecer una distinción con el lenguaje humano, por cuanto el primero sólo se expresa en los sonidos que emiten ciertos rasgos de afectividad, no logrando superar la designación de los objetos concretos.

La designación de objetos concretos son funciones de las palabras, que a juicio de Luria se cumplen en tres frases: a) la catalogación objetiva o función concesiva, b) la función abstracta o sintetizadora y c) la función generalizadora.

Al no existir evidencias del lenguaje humano en desarrollo, la fase de conceptualización con sus tres tipos de funcionalidad, está ausente en las niñas de la historia. No hay actividad lingüística, porque el lenguaje, como se recuerda, no existe en sí, sino en su funcionalidad. Y esta no aparece, en tanto no se puede desarrollar sin un ambiente cultural adecuado, que le dé identidad a las niñas con relación al grupo. No hay una estructura del lenguaje que posibilite el desarrollo del pensamiento. La manifestación funcional del lenguaje no es posible sin un ambiente apropiado para el desarrollo del pensamiento.

Desde el punto de vista social, la funcionalidad del lenguaje está determinada por el ambiente socio-cultural, en el cual se relacionan los usuarios (Halliday, 1994). Hay una estrecha correlación entre el lenguaje y la vida social (Bally, 1941). En el caso de las niñas de la historia, esta correlación representa un nuevo ingrediente para reconocer que la ausencia del lenguaje, funcionalmente hablando, guarda relación con la ausencia de la vida cultural y social.

Podría pensarse en un entendimiento mínimo, lingüísticamente hablando, entre Amala y Kamala; sin embargo, el hecho de haber sido adoptadas, desde sus primeros años de vida, se supone, no permitió el desarrollo en su primera fase de los fundamentos del lenguaje humano, más sí de adaptarse a los rudimentos sonoros de los lobos. Justamente lo imprescindible para sobrevivir en la manada.

Sin la presencia de interlocutores de la misma especie (humana) no hay funcionamiento del lenguaje, y sin esa funcionalidad el lenguaje no existe como tal. Este no puede desarrollarse, teniendo como materia prima los aullidos de los lobos, quienes los usan para cumplir requerimientos mínimos, frente a situaciones especificas: hambre, frío, peligro. Además, las expresiones afectivas mínimas que se traducen en algunos sonidos, no pueden responder a toda la carga valorativa que circula, mediante el lenguaje, en condiciones culturales favorables.

Funcionalmente la identidad no encuentra razón de ser en circunstancias tan desfavorables. Perdida la noción del ser, interaccionante, autónomo y proyectivo, desaparecen los rasgos que pueden hacer semejantes y diferenciables los individuos. Aunque, según el grado observador, los rasgos de afectividad entre Amala y Kamala son instintivamente fuertes. Cuando fueron encontradas Amala tenia dos años y Kamala ocho; la muerte de una de las niñas -la menor- provoca una crisis en la otra (Kamala la mayor logró sobrevivir diez años), crisis que se manifiesta en un mayor aislamiento del nuevo grupo familiar (equipo de trabajo del Dr. Singj).

En esta precaria condición humana al principio Kamala se negó a usar ropa, no pronunciaba palabra, mordía y arañaba al que se le acercara. Con los años, aprendió un vocabulario reducido de palabras del idioma Bengali, a llorar, a mantenerse en pie. También confirmaría ésta experiencia que el pensar y el lenguaje están estrechamente ligados. Mann 1987.

En esta misma dinámica de la "vida" de las niñas en el hábitat de los lobos, confirma que también desaparecen los vestigios de la vida cultural. Con una mínima relación interpersonal, los elementos básicos para la proyección de los valores espirituales no funcionan, dado que la manada de lobos no puede ser interlocutor para la dinamización de los sentidos culturales. No son necesarios.

Vista la funcionalidad de los términos lenguaje, identidad y cultura a la luz de la historia de Amala y Kamala, se puede aventurar otra hipótesis que no difiere mucho del planteamiento inicial, pero que sí da cuenta de las múltiples posibilidades que se mueven en este campo.

  • Los niveles de utilización del lenguaje por parte de sus usuarios, determinan el grado de desarrollo del ambiente sociocultural en el cual viven.

Con la formulación de esta hipótesis se pueden canalizar nuevos elementos que permiten ampliar el panorama conceptual y contextual de los términos lenguaje, identidad y cultura, en el sentido de su funcionalidad. Genera además otras hipótesis, proporcionando espacios para el ejercicio de nuevas lecturas interpretativas de los casos. Por ejemplo, si la historia de las dos niñas muestra la correspondencia entre el "incipiente" entorno cultural y el apenas perceptible "lenguaje animal" sonoro. Otros casos pueden mostrar la correspondencia entre un espacio cultural favorable con el desarrollo del lenguaje.

El pobre desarrollo del lenguaje, del cual disponían las dos niñas de la historia, sólo puede explicarse por su incipiente relación social. El hombre es un animal social: el lenguaje es el producto de ese instinto de sociabilidad, señala Aristóteles (citado por Bally p.28, 1941). En la manada de lobos, las niñas seguían sus comportamientos, adaptándose a sus prácticas alimenticias y formas de comunicación, caracterizadas por aullidos, como respuestas a los estímulos externos. Por fuera de la manada, la actividad social era nula.

El medio cultural, al no existir, plantea pocas o casi nulas exigencias comunicativas a las niñas, lo que se traducía en el no uso de los códigos lingüísticos, agravado por la atrofia de los órganos productores de la voz humana. En estas condiciones, el desarrollo de los principios de identidad carecería de la más elemental conciencia de vivir, a la manera de Bally, cuando plantea que "la vida en función del lenguaje es la conciencia de vivir, la voluntad de vivir". Por lo tanto, el hecho trágico es la no existencia de identidad en las dos niñas.

Según Sídorov (1966), el ejercicio del pensamiento libre y autónomo no puede desarrollarse en circunstancias tan precarias. Por lo tanto, Amala y Kamala sólo viven un presente. Entonces el acercamiento del hombre al conocimiento consiste en un proceso se hace desde el lenguaje y mediante el intercambio comunicativo con los demás seres sociales. El hombre se encuentra y se relaciona con el mundo nunca como una conciencia aislada, sino desde una comunidad de hablantes, que reciben saberes de otras comunidades distintas en el tiempo y en el espacio. Por ello, todo conocimiento ha de ser un ir a través del lenguaje, es decir un diálogo permanente.

Los usos y funciones de los términos: lenguaje, identidad, cultura y sus implicaciones en la vida escolar

En un ejemplo inverso a la historia de las niñas, se podría citar la vida de la escuela. Lo que muchos denominan "la cultura escolar". En ésta, las condiciones relacionales de la comunidad educativa se manifiestan en espacios que brindan las mejores condiciones para el desarrollo de una cultura, que si bien es estandarizada, sus componentes interactúan en sentido dinámico proyectivo.

El empleo del término "cultura escolar" tendrá un tratamiento preferencial, en este caso, por cuanto permite globalizar un conjunto de ideas entorno a considerar la escuela como la institución que cumple el papel de sintetizador de la cultura y de contacto con el desarrollo de la sociedad. La escuela estandariza y racionaliza los saberes.

En relación con la cultura, la escuela es un espacio que la promueve en sus prácticas. La convivencia de los individuos, mediante las redes de interacción cotidiana con sus interlocutores en la comunidad educativa, genera un marco ideal para la construcción de un nuevo contexto de cultura. Un contexto de cultura en el cual se asumen nuevos paradigmas en el sistema valorativo. Los sistemas tradicionales de valores particulares socializan y dan vida a uno nuevo. Es el sistema escolar distinto al sistema familiar.

Además, aparte de que los individuos al socializar sus culturas particulares, establecen valores comunes entre sí, la escuela superpone su sistema valorativo institucional, cuyo carácter arbitrario es aceptado por la mayoría de los miembros de la comunidad escolar. La síntesis normativa de este marco de transacciones e imposiciones está materializada en el llamado "Manual de Convivencia", que se asume como el regulador de los sistemas valorativos enunciados.

Se señalan así los ingredientes que permiten construir el enramado de prácticas de una cultura predominante, pero que contienen elementos de las culturas particulares. Los indicios arrojados por estudios realizados en 1993 por la FES, en torno a la cultura escolar, muestran que con o a pesar de ésta, subsisten los subsistemas de otras culturas, estimulados por las presencia de lenguajes subyacentes al estandarizado de la escuela (Bally, 1941).

En cuanto al lenguaje, los cimientos de una cultura fuerte estandarizada, ligada

a otras particulares que circulan el medio escolar, desarrolla un rol de primer orden en la aprehensión conceptual y en la difusión de los sistemas de valores, mediante la puesta en escena de códigos y símbolos que los usuarios de la comunidad emplean en sus relaciones cotidianas.

Aquí es posible establecer los patrones de la identidad que colocan a los individuos del grupo escolar en ambientes de interacción con los valores espirituales de la cultura, circulando en el lenguaje escolar de lo académico y lo común. La identidad como proceso tendría otras connotaciones en la escuela, por ejemplo, lo relacionado con el proceso de identidad profesional (el perfil del estudiante), lo relacionado con el proceso de identidad personal (formación ciudadana ) y la identidad, en cuanto a rasgos lingüísticos, culturales, sociales...

La circulación de saberes culturales y la interacción lingüística median sobre las estructuras de la identidad del joven estudiante, materializándose en los niveles de desarrollo de la personalidad, incluyendo su desarrollo del pensamiento. Desde luego, éstos son procesos que implican ritmos de una funcionalidad creciente de los lenguajes y la cultura o culturas de la escuela. Esta es una cadena que se involucra en estructuras más complejas.

Lo funcional en niveles más complejos de la vida social.

Las culturas en las sociedades son dinámicas gracias a la vida funcional de los lenguajes. No hay otra forma de trascender la cultura en sí y de proyectar al individuo en sus procesos de identidad, ya que deben ser igualmente funcionales.

El movimiento de lenguaje como medio de propagación de los valores espirituales de la cultura y como conocimiento en sí, es lo que Jacobo Grimberg, en su obra "más allá de los lenguajes" ha dado en llamar los segundos y los terceros lenguajes. En autores como William y M. Halliday aparecen como los sentidos culturales.

Lo humano en el hombre, o mejor, la distinción más importante entre el hombre y los animales, radica fundamentalmente en la capacidad de abstraer, de pensar, en ejercitar la memoria de manera proyectiva. En esta distinción, el lenguaje interviene de manera determinante en la puesta en funcionamiento de sus códigos y símbolos. En el desarrollo de la mediación del lenguaje circulan los productos de la cultura, de los cuales se apropian los usuarios, de acuerdo con sus necesidades, con sus conocimientos (saberes) e intereses particulares y con la capacidad de asimilación.

En esta concurrencia funcional de elementos culturales y lingüísticos, el individuo va estructurando su identidad. Al respecto se pueden establecer dos componentes básicos:

  1. La identidad individual, que presupone además de los rasgos físicos y espirituales, niveles de dominio de las estructuras del lenguaje, de sus códigos y de la producción de sentidos (Labov, 1983).

Este último aspecto es muy importante tenerlo en cuenta, puesto que constituye el eje de los encadenamientos funcionales del lenguaje, mediados por los códigos lingüísticos y la simbología popular, de los cuales se apropian los usuarios para caracterizar sus prácticas sociales y culturales. Articulado a este primer componente, aparece un segundo relacionado con:

  1. La identidad social (o de grupo), cuyo mejor indicador es la capacidad expresiva de la cultura de la colectividad social, a través de los códigos que funcionan convencionalmente, desde el interior hacia fuera, para comunicarla.

Con la puesta en evidencia de dos situaciones inversas: la historia de Amala y Kamala y la cultura escolar, se puede inferir un elemento común en torno a mostrar que la trascendencia de lo funcional es un síntoma inequívoco de la existencia del lenguaje, la identidad y la cultura. Que sus manifestaciones más tangibles se dan en los vínculos relacionales dinámicos que cada término imprime en su desarrollo. Esta condición de lo funcional puede ser aplicable en las diferentes situaciones, de las cuales participan los referidos componentes.

La aproximación desde el enfoque funcional enmarca nuevas posibilidades de estudio para comprender los cambios que se vienen operando al interior de las sociedades y sus incidencias en el entorno, del cual se nutre solidariamente. En esta dinámica entran en juego nuevos elementos de las culturas, signadas por los nuevos hechos sociales, políticos, económicos, tecnocientíficos y lingüísticos.

En todos estos hechos, el lenguaje se integra con significativos aportes, en términos de nuevas elaboraciones de la codificación lingüística, en consonancia con los requerimientos de la técnica y la ciencia, en desarrollo. Los dominios que adquieren las lenguas, el amparo de las condiciones que generan el desarrollo de las economías, principalmente, se explican en la medida en que se comprenden y asimilan los nuevos paradigmas de los sentidos culturales.

Esto explica el hecho, cada vez más elocuente, de la expansión de ciertas lenguas, en desmedro de otras, cuyas áreas de influencia son estables o van perdiendo el espacio común que tenían. Recientemente se escuchan voces autorizadas reconociendo la fuerza con que viene irrumpiendo la lengua inglesa de los Estados Unidos de América a través de los mercados mundiales y del desarrollo técnico-científico, principalmente.

Antes de continuar con esta reflexión es preciso aclarar un cambio que se viene introduciendo. Se trata del término lenguaje por el término lengua. La alusión que se viene haciendo, en esta última parte, indistintamente, obedece a la necesidad temática de establecer ciertas precisiones, distinguiendo las lenguas dominantes de otras no dominantes, y entre sí mismas.

A propósito de esta aclaración, en el Diccionario Enciclopédico de la Ciencias del Lenguaje (Ducrot, 1981) se plantea:

" la palabra lenguaje se asume en el sentido preciso de lengua natural". Esta restricción conceptual se fundamenta en los siguientes aspectos:

  1. La necesidad de precisión del objeto de conocimiento, frente a la variedad de sentido tradicional.
  2. La extensión de la palabra lenguaje implica el tratamiento de diferentes sistemas de signos, cuyos estudios pueden darse por separado.

Superado este escollo conceptual, es pertinente indicar además que el concepto de lengua predominante se aplica preferentemente a aquellas, cuyo dispositivo lingüístico (códigos), ha permitido sobrepasar otras barreras idiomáticas, merced a la estructura económica que las respalda.

El panorama geopolítico del mundo ofrece situaciones significativas a este respecto que deben ser valoradas en su justa dimensión. Los nuevos rumbos lingüísticos proponen nuevos paradigmas en los sentidos culturales de las comunidades humanas, cada vez más cerca comunicativamente.

Esta nueva correlación en el desarrollo de las lenguas, tienen un marco de funcionalidad, en el cual intervienen factores diversos, en cuanto a la difusión y propagación de políticas económicas, en relación con los mercados mundiales. Intervienen además factores de orden tecnológico-científico en el campo de las comunicaciones, específicamente. Estos elementos condicionan un nuevo orden en el plano del desarrollo de las culturas, y en donde el individuo se inscribe en un proceso de identidad más colectivo.

Como puede colegirse, este nuevo esquema del desarrollo de las lenguas, en el cual se enmarcan las nuevas circunstancias relacionales del lenguaje, la identidad y la cultura, tiene su explicación en los cambios que se vienen operando de manera acelerada para no perder el ritmo del desarrollo material de las sociedades. Pero estos cambios no pueden ser operativos, sino descansan en la funcionalidad interactuante de estos tres componentes. El lenguaje aparece como el hilo conductor para su función comunicativa.

Los últimos registros acerca de las lenguas más habladas del mundo, señalan en primer término al mandarín, inglés, al francés, español, ruso, y el alemán. Aunque se aclara que no se miden por el número de hablantes, sino por sus niveles de difusión en el mundo. Dentro de estas lenguas ocupa lugar preeminente la inglesa, cuyo crecimiento progresivo la hace lengua oficial en muchas regiones, y en casos también crecientes, la segunda lengua en importancia, especialmente en los países europeos más avanzados.

Tomando para el caso la lengua inglesa, dentro del contexto lenguaje, se establecen, en primer lugar sus fuentes culturales originarias, la Gran Bretaña y los Estados Unidos de América. Esto con el fin de identificar los rasgos de su estructura social, para comprender su proceso evolutivo funcional. Ya ubicados en el contexto geopolítico norteamericano; por cuanto es el que mayormente interesa para el caso, se advierte un marcado nacionalismo en defensa de la lengua.

Esta particularidad se constituye en un primer ingrediente, favorable por razones de una cultura nacionalista muy arraigada por los medios propagandísticos. Sin embargo, la defensa de la lengua no basta por sí sola, por muy fuerte que sea el trabajo propagandístico. Es necesario que ésta se potencie en un campo socio-cultural favorable a su vida funcional. Aquí entran en juego las condiciones políticas y económicas, mediante las cuales, el mercado de la tecnología por su capacidad de movilización se constituye en el segundo ingrediente de dinamización de la lengua inglesa.

Este caso particular puede ser el de otras lenguas, lo que llama la atención es que se trata de una cultura (la norteamericana) trascendiendo sus propios espacios para determinar cambios en otras culturas. Cambios que se fundamentan en el consumismo como punto de entrada en sociedades que lo adoptan en muchas áreas de la vida de los individuos.

La relación funcional lenguaje – identidad y cultura entra, así, en un nuevo plano, merced a los dominios económicos y políticos que pueden desarrollar determinadas culturas. Ya no se trata de identificar y reconocer los rasgos funcionales de la relación planteada, en términos de las culturas hacia adentro, en sus dinámicas particulares; ahora se trata de reconocer otras dimensiones, en las cuales el lenguaje, la identidad y la cultura, superan sus dinámicas internas para influenciar sobre otras.

En este plano, el carácter funcional tiene expresiones más refinadas y contundentes. No otra cosa explica el hecho de que la lengua inglesa se acepte y adopte en otras culturas, distintas a la norteamericana, como segunda opción, sustentada en una necesidad, generalmente artificiosa del mercado y de la globalización de los valores anglosajones.

La lengua inglesa funciona así como mediación en un proceso de expansión económica, sin que se desestimen factores de orden académico, científico, tecnológico. Esto tiene relación con los intereses y las finalidades con que se adoptan en otras culturas. El caso Colombiano registra la implementación del inglés en áreas académicas, traducciones, tecnológicas y de mercadeo, principalmente.

Aunque en mucho menor grado, la lengua francesa se presenta funcionalmente con otros matices, específicamente en áreas de las ciencias, los derechos humanos, la pedagogía, la filosofía, proponiendo cambios culturales en sectores mínimos de la población internacional.

Un análisis detenido de este nuevo plano del desarrollo funcional del lenguaje, la identidad y la cultura, permite inferir grados de funcionalidad, indescartables en cualquier proceso, bien sea interno y externo. Sólo que el funcionamiento tiene sentido en áreas específicas, según las posibilidades proyectivas de la cultura que se expande.

Si se observan las condiciones particulares en que se desarrollan la relación lenguaje, identidad y cultura en los contextos internos de las sociedades, así como en su trascendencia a otras culturas, se puede advertir un punto en común: todo este desarrollo relacional tiene sentido en la medida en que se aborde desde la funcionalidad de los tres elementos interactuantes.

EL HOMBRE, EL LENGUAJE Y LA CULTURA

El hombre es un ser transgresor, se hace a partir de las prohibiciones iniciales. La evolución biológica no fue un factor suficiente, es claro que el hombre evolucionó, pero el factor que lo hizo hombre es el lenguaje y sólo con el lenguaje fue posible la prohibición, y éste, en últimas, dio forma y sentido a la cultura.

Inicialmente conviene distinguir con Saussure (1978) algunos conceptos de la lingüística que ayudaran a despejar el meollo de este asunto, la relación lenguaje y cultura, como determinantes en la formación del hombre. Saussure distingue y establece diferencia entre lengua y habla. Lengua la define como un sistema de signos y patrón de uso y habla como realización o uso.

La normatividad es expresión de la cultura y al mismo tiempo una transgresión del mundo natural; por eso la ambivalencia; el hombre se prohibe y se humaniza, pero es él, el primero en violar, en transgredir las normas que él mismo establece. Ahora bien, si no fuera así, el hombre sería un esclavo del mundo natural o de su propia normatividad.

El encuentro del lenguaje y la cultura constituyen lo que Halliday (1994) llama semiótica social o semiótica cultural. Es decir, una codificación de signos y símbolos derivados tanto del pensamiento lógico como del imaginario mental. Desde este punto de vista, el sistema social es un sistema de significados. Los hablantes se comunican entre sí formando un sistema social.

"El lenguaje es sólo uno de los medios aunque la gente representa los significados inherentes al sistema social. En cierto sentido , estos también están representados (es decir, expresados) por el modo de andar de la gente, la ropa que usa, sus hábitos alimentarios y las demás pautas de comportamiento; en otro sentido, están representados (es decir, hechos metáforas) por el modo en que la gente clasifica las cosas, por las normas que establece y por otros modos de pensar" Halliday 1994.

El lenguaje es un sistema de signos que cumple una función cognoscitiva y de comunicación entre los seres humanos, surgió en algún momento de la era Antropozoíca y ha evolucionado a la par con el hombre. Sin el lenguaje es impensable cualquier actividad humana, aún la de pensar, porque lenguaje y pensamiento están estrechamente relacionados.

Las herramientas en sí conforman un lenguaje son un código, independientemente del hombre, el lenguaje se levanta entonces como un lenguaje de lenguajes, como un nivel superior capaz de reducirlo todo a un sistema de signos realizados en el habla.

En otras palabras, las herramientas son signos, y el lenguaje humano es un signo de signos, un universo metafórico y simbólico. Por ello se ha definido la lingüística, la ciencia del lenguaje, como un sistema de signos, pero no solamente signos del habla o del lenguaje sino de los diversos modos de significar y comunicar, como las modas, el arte, el deporte etc.

El verbo en el ser humano es un mecanismo de acción y de comunicación, es el acto más creativo del ser humano en el que se puede conjugar la acción con la prohibición. Sin duda el lenguaje es un producto social y al mismo tiempo un instrumento de la psique.

Ahora bien, " si yo fuera el único en el mundo no tendría lenguaje, ni habla y ni siquiera mi habla", dice Karl Vossler. El lenguaje es un sistema de signos que tiene sus propias reglas, por lo tanto, es extensivo a la cultura. Y con el nombre de cultura designamos todas las producciones materiales y espirituales del hombre.

Los seres humanos somos lo que somos en el lenguaje, somos en la medida que reflexionamos sobre lo que nos sucede. Sin lenguaje no hay pensamiento, no hay reflexión, ni conciencia, no hay discurso. El hombre desde el inicio de los tiempos se ha preguntado por la esencia de las cosas, ha tratado de relacionarse con la naturaleza, inicialmente por medio del mito, el arte y la religión; posteriormente por medio de la filosofía y la ciencia.

Comprender, explicar, interpretar y penetrar los secretos de las cosas desde una perspectiva racional sólo es posible mediante el lenguaje. Fueron las prohibiciones las que originaron la cultura y fueron dichas prohibiciones las que dieron origen al lenguaje.

Ahora bien, los seres humanos en su interés por relacionarse con la naturaleza y conocer sus secretos ha "elaborado" diferentes lenguajes que posibilitan acceder a la esencia de las cosas para de esta manera conocer, aprovechar y transformarla para su beneficio. Son ellos los que nos permiten construir cultura y el logro de la identidad.

Hay muchos lenguajes: auditivos, visuales, táctiles, etc. Estos mecanismos de comunicación entre los hombres, de utilidad creadora, indispensables para el contacto social con el uso de los signos se convierten en elementos simbólicos de la cultura humana.

En síntesis, todo esta atravesado por el lenguaje, lo simbólico rige nuestro ser, no hay nada social que no este bajo el imperio del lenguaje. Recordemos que el primer uso del lenguaje fue la prohibición por tal motivo el lenguaje debe usarse con fines pacificadores, los seres humanos somos en la medida que reprimimos nuestra agresividad, es por medio del lenguaje que el hombre reprime su sexualidad y la primer prohibición antropológica fue la prohibición del sexo con los parientes más próximos. El hombre es un ser libre de prohibirse y de realizar acciones por tal razón debe darle al lenguaje un uso especial que le permita su crecimiento moral y ético.

IDENTIDAD, ÉTICA, ECONOMÍA Y MORAL

Se pretende con este unidad establecer relación entre: economía, identidad, ética y moral; identificar las posibles causas del vacío ético que atraviesa la sociedad Colombiana. Se propone desarrollar una reflexión acerca del principio de la Comprensión en sus posibilidades de tejer pertenencias, identidades y valores fundamentales en la convivencia de los seres humanos.

Esta aproximación a la comprensión de nuestra realidad, exige analizar la problemática desde distintos referentes: económico, ético, moral, histórico, social y cultural. Por lo tanto los realistas tienen razón: violencia, corrupción, insolidaridad, poca confianza en las instituciones, cultura mafiosa, clientelismo, desigualdad, exclusión, marginalidad, pobreza y falta de propósitos nacionales; son la consecuencia de referentes históricos, culturales y económicos con que hemos construido la colombianidad.

Los optimistas también están en lo cierto: los colombianos somos emprendedores, rebuscadores, soñadores, dispuestos a darlo todo a cambio de nada, pero en esta gran paradoja lo más grave es que no hayamos diferencia entre lo ético y lo moral, y confundimos los valores con los antívalores. Una comprensión cabal de nuestra sociedad no puede quedarse en lamentar el lado malo o en exaltar lo bueno de nuestra condición colombiana.

Ante todo, es trascendental que entendemos la "ética" como la reflexión de lo que se considera valido y "moral" el conjunto de creencias, comportamientos y valores que gobiernan la vida de un individuo o de una comunidad. Por otro lado los valores son categorías axiológicas que nos permiten acondicionar el mundo y hacerlo habitable, ellos pueden ser positivos o negativos.

Empecemos por afirmar, que la falta de una identidad nacional es un problema de carácter histórico. Colombia a diferencia de países como México, Perú y Guatemala -donde la existencia de fuertes culturas ancestrales hilaron los espacios para una identidad- no ha logrado crear referentes serios de identidad porque sus aborígenes, los Muiscas y Tayronas no lograron crear los referentes previos para una sana convivencia e identidad.

De hecho, fueron las condiciones geográficas las que obstaculizaron los procesos de cohesión entre los grupos étnicos ubicados en el territorio colombiano; más adelante son las condiciones políticas impuestas por la corona española las que imposibilitan la creación de una cultura nacional.

Colombia tiene en la actualidad elementos que permiten hablar de cohesionadores o premisas de identidad como son: el café, la caña de azúcar, flores, el petróleo, las artesanías, el banano, las esmeraldas. En el lado humano los deportistas: Juan Pablo Montoya, Antonio Cervantes, María Isabel Urrutia, Faustino Asprilla, Carlos Valderrama, Fredy Rincón. En el campo intelectual García Márquez, Alvaro Mutis; el escultor Fernando Botero; los científicos Manuel Elkin Patarroyo, Rodolfo Llinas; el pintor Omar Rayo; los cantantes Shakira, Carlos Vives; el compositor Kike Santander, entre otros. Personalidades que con esmero y con sus obras han tejido la identidad Colombiana y se han convertido en modelos de lo bueno, lo bello y útil de nuestra nacionalidad.

El país es consciente, se requiere de referentes más fuertes y encontrarlos sólo es posible, si aceptamos primero nuestras diferencias, segundo si comprendemos que somos una cultura híbrida y sobre todo, en tercer lugar si reconocemos que hasta nuestra realidad geográfica nos diferencia por la existencia de regiones cuyas topografías son casi irreconciliables.

El problema está en que sí no construimos fuertes referentes que permitan hilar el tejido para las múltiples identidades, nos veremos eternizados en conflictos irresolubles como consecuencia de la incomprensión. Problemas como: narcotráfico, subversión, corrupción, drogadicción, pobreza, exclusión, marginalidad, improductividad; son resultado de la falta de VISION por la no-existencia de un proyecto económico y político nacional.

La carencia de una MISION es una de las peores lacras culturales que tiene Colombia; resulta paradójico que después de muchos años de terminado el Frente Nacional se produce el ingreso tímido del país a la modernidad, Colombia empieza a presentar características que la diferencian del resto de los países del mundo, cuando se presenta en forma dramática la crisis de su identidad, por las marcas negativas de la cultura del narcotráfico, de la violencia ypor los estigmas que desde el exterior se etiquetan contra la colombianidad.

Narcotráfico, droga, delincuencia, corrupción, violencia, irrespeto a los derechos humanos; problemas que existen en muchas partes del mundo, pero no con los niveles de refinamiento y descaro, que nos a convertido en los campeones mundiales en corrupción, violencia, intolerancia e incomprensión.

No podemos negarlo, esta desgracia es estructural; ha corroído instituciones como la familia pilar de la sociedad, hasta llegar al Estado, máxima institución de control económico, político, militar y moral de un pueblo. Desde luego, no es justo la mala prensa y la imagen negativa que se fabrica desde el exterior por estar construida sobre prejuicios y alimentada por la perversidad de los monopolios responsables indirectos en la modernidad de la crisis moral, económica y política del país.

El hecho de que Colombia este catalogada como uno de los países más violentos del mundo, con noventa y dos asesinatos en promedio por año, en el país hay más de 7000 niños empuñando las armas de la guerra lo que refleja el profundo vacío ético de la sociedad colombiana. Pero aún mucho más grave es la corrupción en todos sus niveles que ubican al país entre las diez naciones más corruptas del planeta.

La vida colombiana refleja una cierta ética y una moral del canibalismo en la política, en los negocios, en la estructura del estado y en las luchas sociales, en la amistad, en el deporte, en la ilegalidad y en legalidad. La gran pregunta es como enfrentar los grandes desafíos que señala Jorge Luis Garay: Construcción de una nueva Sociedad, sin superar la violencia política, sin erradicar la cultura del narcotráfico, sin rescatar la credibilidad institucional, sin inserción productiva en la economía global. La superación de la pobreza, el logro del equilibrio regional, la preservación del medio ambiente, desarrollar una política social, la creación de una amplia cultura de producción agro-industrial, la superar la corrupción, la exclusión y la marginalidad, son tareas inaplazables.

Según Luis Carlos Restrepo, Colombia es un país de extraño: existe una extremada violencia que se refleja en el desangre continuo de la sociedad, sin ternura y con un alto nivel de analfabetismo emocional, dado a la incomprensión, la intolerancia. Por eso, para el escritor Gabriel García Márquez, la educación es un órgano maestro que nos permitirá superar el atraso, hilar nuestra identidad y comprender realmente quienes somos y cual es el papel conque debemos ser reconocidos en el presente milenio.

Paradójicamente, la constitución reza en uno de sus párrafos la erradicación del analfabetismo cómo una obligación moral del Estado; la realidad dice lo contrario tan solo 30 de cada 100 niños en edad preescolar pueden ingresar al grado 0; que sólo 60 de cada 100 menores que ingresan a la educación básica primaria terminan el quinto grado. Por otra parte, sólo el 47 por ciento de los niños entre 12 y 17 años ingresan a la secundaria, y tan solo 30 por ciento de ellos termina el noveno grado.

Colombia en los últimos años ha invertido importantes recursos en la educación pública con el propósito de formar colombianos de alto nivel técnico y profesional, pero todos sus esfuerzos han sido en vano el nivel educativo sigue siendo bajo, los educadores mal remunerados, los programas educativos están totalmente desarticulados y hay una dramática escasez de investigadores.

Se hace cada vez más urgente que la educación en Colombia, sin descuidar lo urgente y lo científico, se fundamente en principios y valores éticos. Es imperativo formar seres humanos, educar en humanismo, enseñar a pensar el país y el mundo. Es en este sentido que hay que comprender que todo proyecto pedagógico debe estar centrado en defender la vida, la convivencia y sobre todo en la fe en la construcción de un mundo mejor, tallado por humanistas al servicio de la humanidad.

Debe ser una tarea de todos superar las raíces del odio, realizar acciones para. la reconciliación entre los actores del conflicto armado, eliminar los antagonismos irreconciliables, eliminar el abuso del poder, la iniquidad económica. Es necesario como lo plantea Estanislao Zuleta crear una sociedad con mejores conflictos; capaz de construir una verdadera reforma agraria, que recupere la fe y la confianza en el establecimiento publico; una sociedad capaz de defender los bienes comunes, que supere las lacras de la corrupción, el clientelismo, el amiguismo y sobro todo recupere el orgullo por nuestros patrones culturales.

El escritor francés Albert Camus dijo "patria es selección de fútbol"; sin duda este deporte se ha convertido en principal referente de nuestra identidad. El fútbol es una versión sublimada de la guerra; en Colombia pocas cosas como el seleccionado nacional hacen que el país salga del regionalismo provinciano, y se acorten las diferencias clasistas, se lime las asperezas políticas y elimine los antagonismos ideológicos.

El fútbol congrega a las mayorías nacionales, produce las más agudas emociones, alimenta altas y bajas pasiones; es en el fútbol donde se ve con mayor claridad nuestra incomprensión por el estrecho fanatismo y por la irracionalidad y el deseo de eliminación del otro y que casi siempre termina siendo el elemento detonador que justifica nuestra violencia para celebrar un triunfo o para superar el guayabo de una derrota.

Colombia es un país de identidades; en ella existen 88 comunidades indígenas con 60 lenguas diferentes. También hacen parte del tejido étnico colombiano las comunidades negras -afro-descendientes- con sus dialectos y costumbres propias; los mestizos representan las mayorías étnicas y finalmente una pregunta quedará sin resolver: ¿cómo unir estas comunidades sin que pierdan su esencia dichas identidades?

Este fenómeno nos debe convocar a la construcción de una nueva identidad que llene el vacío de las diferencias, una identidad que éste atravesada por lo más importante de nuestra condición de colombianos, que haga frente a los antivalore y cuyo fundamento sea la solidaridad, la pluralidad, la generosidad y la disciplina.

No es posible reconstruir el tejido ético de la sociedad Colombiana si antes no comprendemos sus manifestaciones; las que evidencian que el país se desintegra por la perdida de elementales principios como el de la comprensión, la solidaridad y la tolerancia.

Visto estos principios sin profundizar en ellos, podemos caer en el cinismo y sobre todo cuando la violencia y la descomposición de los distintos estamentos de la sociedad colombiana han alcanzado niveles insospechados e incontrolables. No nos podemos acostumbrar y aceptar esta violencia demencial; y menos aún, perder la capacidad de asombro o simpatizar con acciones que transgreden los valores morales.

La violencia en Colombia tiene sus orígenes en asuntos económicos, políticos y sociales, y es el acelerado proceso de desmoralización que sufre el país su principal combustible. El narcotráfico es otra lacra que tiene sus orígenes en el cerrado monopolio del poder de las oligarquías tradicionales que cerraron las oportunidades de crecimiento económico para las clases medias y éstas, desesperadas -ante esta exclusión- decidieron transitar el camino de la ilegalidad.

Es el enriquecimiento rápido y fácil lo que reemplazó los valores del trabajo honesto y con esfuerzo por el contrabando, el secuestro, el chantaje, el pillaje con los recursos del estado, y fueron éstas las principales practicas crear la codicia y el afán desaforado de fortuna. Pero no todo esta perdido, hay importantes sectores que hoy están dispuestos a trabajar en la construcción de una nueva sociedad que moralice las relaciones sociales, económicas y políticas.

. Una nueva sociedad centrada en el interés general por encima del particular, porque sin una reconstrucción moral y ética no será posible avanzar por el camino del desarrollo.

Para la reconstrucción del tejido ético de la sociedad colombiana se necesita:

  • Reconstruir las costumbres y crear nuevas normas que afecten el comportamiento de las comunidades colombianas.
  • Construir un nuevo inconsciente colectivo que produzca un cambio actitudinal en el individuo colombiano.
  • Cambiar nuestra forma de pensar, sentir y de expresar emociones e ideas.
  • Construir una racionalidad humanista en el que prime la sensibilidad por lo bello y el respeto por lo bueno del hombre y el mundo.
  • Construir un tejido social y cultural que permita unir las diferencias culturales y que se fundamente en la pluralidad y el respeto por la diferencia.
  • Diseñar una educación orientada a la solución de problemas cotidianos, centrada en la persona y para el crecimiento de la persona.
  • Ampliar la democracia, no olvidar que es el único sistema que nos permite vivir aceptando las diferencias, una democracia que rescate el valor de lo público, que garantice la construcción de escenarios para la participación de las mayorías y sobro todo, que rescate el orgullo por los valores del país.
  • Rescatar el valor de la solidaridad, propiciar el desarrollo económico, fomentar el liderazgo empresarial, impulsar la tecnología, desarrollar la ciencia y colocar la investigación como pilar fundamental al servicio del hombre.
  • Que los principios de la generosidad, consistencia, disciplina, justicia, honestidad, lealtad, equidad, tolerancia, fe, comprensión, esperanza, responsabilidad, honradez y el amor no sean simples proposiciones conceptuales en las universidades y colegios, sino principios que rijan el obrar del ciudadano colombiano.
  • Adoptar una nueva política en el diseño de planes de desarrollo local, que propenda por el mejoramiento de las condiciones de vida en la región y preserve los recursos naturales.
  • Reforzar la participación de la sociedad civil, ampliar la democracia en el terreno económico, a través de la reforma agraria, fomento de la propiedad privada con sentido social.
  • Respeto por la sociedad civil, construir redes de solidaridad ciudadana para la superación de la exclusión, la marginalidad y el fraccionamiento social.
  • Que el fundamento de la nueva ética este en la relación lenguaje, identidad y cultura, es decir una ética del pluralismo y la democracia, una ética que admita que nuestra cultura es sincrética en todas sus manifestaciones del pensar y del sentir.

Manfred Max Neef, el economista chileno en "El acto creativo" nos recuerda que el mundo necesita de ser comprendido, más que de ser conocido. El comprender es algo profundo y esta relacionado con la percepción, y sólo podemos comprender aquello de lo cual somos parte y penetrar en la realidad. En tal sentido, si Colombia no supera el aberrante individualismo que degeneró en la ética de la supervivencia que ha puesto en peligro la convivencia y el valor supremo de la vida humana; no podrá comprenderse, ni reconstruir su tejido ético, y mucho menos construir una identidad por encima de las identidades regionales, por lo tanto no podrá tener un proyecto de vida para sus ciudadanos.

Es aquí, donde cobra vigencia los argumentos del economista chileno que nos invita a comprender, a penetrar en la realidad nacional y de esta manera evitar el desastre moral, cultural y social de la colombianidad.

IDENTIDAD Y CONFLICTO CULTURAL

El mapa político que divide a los pobladores del mundo en unos 200 Estados territorios, no refleja la realidad conflictiva que se vive al interior de las naciones. Las fronteras internacionales suelen ser líneas artificiales que confinan pero no siempre definen la gran contradicción que existe por la variedad de grupos étnicos que hay dentro de cada territorio.

Una de las grandes características del siglo que terminó, fue el desvertebramiento del País- Estado, por estados conformados con base y referencia en la unidad-étnica y cultural; para muchos analistas este hecho, es un verdadero retroceso social que sólo contribuye a un mayor fraccionamiento de la humanidad y un factor para exacerbar los conflictos nacionales.

El mundo moderno es considerado una aldea global por la presencia de fuertes sentimientos étnicos que hoy identifican a sus pueblos.

Siempre han existido poderosas tribus globales -como las anglosajonas- que en su expansión no sólo se han apoderado de importantes valores culturales de otros pueblos, sino que han impuesto a otros sus valores éticos, económicos, tecnológicos y científicos. Fueron los anglosajones los pioneros del industrialismo y del desarrollo científico moderno, hoy son los principales protagonistas de la globalización de los mercados capitalistas.

Pero, cada vez es más fuerte la expresión de fuertes sentimientos étnicos que reclaman una mayor participación en la redistribución de la riqueza global. Ellos son protagonistas del resurgir de los nacionalismos culturales; su consigna hoy es: levantarse en contra de la globalización y de las políticas aperturistas por considerar que esta atenta contra sus valores culturales.

Si hacemos un poco de historia y recordamos cómo África en el siglo XIX era un continente prácticamente desconocido para los europeos. Fue a finales de ese siglo cuando se intensificó la guerra imperialista por la búsqueda de las materias primas cuando se despertó el interés por explorar este continente.

Cuando el rey de Bélgica obtuvo para sí un gran territorio en la cuenca del Congo, las potencias coloniales decidieron que había llegado el momento para dividir y apoderarse del continente negro. En noviembre de 1884, los representantes de 13 países europeos y Estados Unidos, se reunieron en Berlín. Allí se produjo el reparto y se pusieron de acuerdo en respetar sus "áreas de influencia". Sólo Etiopía y Liberia permanecieron como naciones independientes.

Las potencias colonialistas también acordaron no "explotar" a los nativos y en llevarles los beneficios de la "civilización". La tragedia está en que, para efectos de la nueva división territorial las potencias colonialistas no tuvieron en cuenta las intrincadas estructuras tribales, religiosas, lingüísticas y culturales existentes en África. Los negociadores no conocían y mucho menos les importó la historia de estas comunidades.

Muchas tribus amigas quedaron separadas por las nuevas fronteras políticas y muchos rivales de antaño quedaron agrupados en un solo territorio, lo que de hecho se ha convertido en caldo de cultivo de guerras tribales que aún hoy en día existen.

Los "civilizadores" no previeron los conflictos que hoy amenazan con la destrucción de pueblos enteros. Hoy, África cuenta con 51 Estados independientes en los cuales el nacionalismo y los conflictos étnicos son el pan de cada día como herencia maléfica de un pasado colonial. Lo peor de todo es que, algunos países son demasiado grandes para ser gobernados; otros son muy pequeños y aislados para sostenerse como Estados.

Algunos están en medio del desierto; otros heredaron un inmenso potencial de riqueza mineral, pero carentes de medios y recursos para aprovecharlos; otros han sufrido tanta devastación a causa de las guerras civiles que han perdido toda su infraestructura administrativa y productiva. Por tal razón son muchos los Estados ubicados al sur del Sahara cuyo nivel de vida es de miseria absoluta.

Otro ejemplo lo constituyen los turcos: La república de Turquía es una nación del medio oriente que tiene territorio en Asia y Europa, en la cual viven 55 millones de los 128 millones que constituyen la etnia turca. Las tribus turcas emigraron hacia lo que hoy es Turquía en el siglo décimo de nuestra era, quedando la mayoría de ellos atrapados como minorías étnicas en la inmensa región de Eurasia llamada el Turquestan.

El Turquestan no se encuentra en el mapa político, pero si apareciera como tal sería de uno de los Estados más grandes del mundo. Porque se extendería desde Siberia hasta la India, y desde China hasta el mar Caspio.

Los turcos que se encuentran en lo que hoy es Turquía crearon un imperio (Otomano) que en su apogeo dominó la mayor parte del sudeste europeo, África del norte y el medio oriente; entraron en franca decadencia en el siglo XVIII y se derrumbó totalmente después de la derrota de Turquía en la primera guerra mundial.

En el tratado de Lausana 1923 se estableció las fronteras de lo que hoy es Turquía, y el país fue proclamado república el 29 de octubre del mismo año. El extinto imperio dejó tras de sí muchas minorías turcas entre los pueblos que antes dominaba; entre estos se encuentran Iraq, Irán, Siria, Bulgaria, Grecia y Chipre.

Los turcos que viven en la república de Turquía son un ejemplo clásico de un Estado- Nación. Mientras que los turcos pobladores del Turquestan o minorías étnicas que habitan el Mediterráneo hasta China son un conflicto permanente y luchan por el reconocimiento e independencia política.

Este insólito panorama, también tiene su manifestación en Europa. Con la aparición de la URSS, a comienzos del siglo XX, fueron muchos los pueblos y comunidades étnicas que quedaron atrapadas dentro de este colosal imperio dominado por Rusia y que finalmente reventó en 1988, por las luchas de comunidades enteras que no se resignaron a ser víctimas de una moderna forma de explotación neocolonial disfrazada de socialismo.

Recodemos también que al finalizar la segunda guerra mundial, las potencias (Aliadas) victoriosas se dividieron el continente. La Europa Occidental, bajo el dominio de Estados Unidos; Inglaterra y el imperio del capitalismo por un lado. Por otro lado la Europa Oriental bajo el dominio de la "cortina de hierro" impuesta por la URSS; Nación que se convirtió en una moderna "cárcel de pueblos", para las repúblicas socialistas de oriente europeo.

Con la caída del muro de Berlín y de la Unión Soviética, se escenificó en estos países la peor de todas las confrontaciones: las guerras entre comunidades étnicas, unos por independencia política, otros por crear su propio espacio político y lograr la supervivencia de su comunidad étnica amenazada que lucha para no ser eliminadas por una mayoría dominante.

Igual suerte podría ocurrir en Colombia, sino no se produce un gran acuerdo nacional entre los protagonistas del conflicto armado que desangran el país desde hace mas de 50 años. Preguntemos ¿qué va a pasar en los territorios ("repúblicas") de los "paras", de los guerrilleros o de los "narcos"; una vez que "termine el conflicto armado"?, ¿Se producirán las negociaciones?, ¿seguirán las guerras internas de liberación el dominio territorial, en los dominios de Castaño o en las republiquitas de los narco o en los santuarios de las Farc?, ¿Seguirá el desangre y la persecución contra las facciones contrarias atrapadas en la intolerancia de la nueva geografía de la ex Colombia?, ¿Seguirán las campañas de "limpieza" en nuestro caso ideológica y política, en los nuevos Estados en los que seguramente quedará dividido el actual país?.

Es atroz que en momentos en que la razón y la inteligencia sé presentan como el nuevo paradigma global del nuevo siglo, la barbarie siga en Colombia imponiéndose sin esperanza. Porque las mayorías colombianas no hemos madurado en el dialogo y en la posibilidad de concertar la paz.

NUEVO ORDEN ECONOMICO Y CULTURAL

"¿Y se sabe algo de lo que allí ocurre? Algo se filtra. Pero, junto a los que saben –que saben más de la cuenta-, están los que prefieren ignorar- sabiendo. En todo caso es un tema de conversación que se evita..."perro en fin, no me dirás que todo el mundo aquí está de acuerdo con..." – Evidentemente que no. Pero están los del laissez-faire, los del "yo no tengo la culpa", que son una enorme mayoría. Si saben lo que ocurre detrás de las alambradas, fingen que no lo saben..."

la Consagración de la primavera

Alejo Carpentier

"Da la impresión que estamos viviendo el mejor de los tiempos", decía el señor Ronald Reagan después del colapso de las economías socialistas. Porque, se terminaron las utopías comunitaristas; los modelos de bienestar entraron en crisis; las sobrevivientes economías socialistas (China, Vietnam) abrazaron las economías de mercado. Los gobiernos latinoamericanos abandonaron los viejos modelos cepalistas de desarrollo proteccionista por los nuevos modelos aperturistas, caracterizados por el desmonte del estado benefactor. Convencidos que el estado nunca fue un buen administrador las naciones Latinoamericanas, se abrieron a los empresarios privados locales e inversionistas extranjeros.

El objetivo supremo de este modelo –neoconservador- es reducir el estado, el déficit fiscal, pagar la deuda externa, privatizar empresas estatales, lograr la eficiencia en el uso de los recursos. En muchos países este proceso fue doloroso, generó de desempleo, aumentó la pobreza, incrementó la marginalidad y la exclusión.

Se ha querido presentar el nuevo credo aperturista como el motor de desarrollo, de crecimiento económico al generar condiciones ideales para la acumulación de capital, ahorro y libertad para la iniciativa privada.

La iniciativa privada, libre de la tenaza del estado-interventor permitió a empresarios e inversionistas extranjeros llegar a América Latina. Chile fue el primero en aplicar el nuevo modelo aperturista, de las 500 empresas estatales existentes durante el gobierno de la Unidad Popular, hoy sólo hay 30.

Este modelo económico se ha convertido en fuerza global. Inicialmente fue experimentado en Inglaterra y EE.UU; es la concretización del pensamiento filosófico y económico de las escuelas de Viena, en las que sobresalen Friedrich Von Hayek quién con su gigantesco aporte intelectual hace renacer el pensamiento liberal clásico, pensamiento que ha sido calificado de Neo-conservadurismo, y que es una reafirmación de la fe individualista, fe en el mercado como orden espontaneo y un rechazo a toda forma de racionalidad y planificación económica del mercado, la política y la sociedad.

El Neoliberalismo, a demás de ser una teoría que contra argumenta las tesis del keynesianismo, forjador del modelo cepalino, surge como un desafío al socialismo triunfante y contra los Estados del Bienestar capitalistas.

Las naciones industrializadas con el derrumbe de la URSS se liberaron de la onerosa carga económica de la guerra estratégica; (guerra de las galaxias) fenómeno político que fue bautizado por el expresidente George Bush como el "Nuevo Orden Mundial" fundamentado en el conservadurismo político y que le ha permitido al capitalismo imponerse como doctrina económica global por encima de la democracia, los derechos humanos, las libertades civiles y los valores intrínsecos de la convivencia social.

El Neo –Liberalismo o renacimiento liberal se impuso en casi todos los países y gobiernos del mundo capitalista como la expresión renovadora ante un sistema que parecía agonizar en los años sesenta. Son considerados precursores de la aplicación de esta nueva política la señora Margaret Tacher y el señor Ronald Reagan, cuyo credo neoliberal es: apertura, integración, privatización, fe en el individuo, rechazo al paternalismo estatal, limitación del intervencionismo estatal, modernización de las empresas, competencia en los mercados mundiales y productividad sin limites.

Sin embargo, este inesperado escenario global, tiene sus paradojas, buenas noticias para algunos países tercermundistas que se han visto favorecidos por la presencia de capitalistas extranjeros, lo que ha permitido que sus economías crezcan a ritmos vertiginosos; el caso de los llamados "tigres asiáticos" y en el caso de América Latina: Chile. Lo que refleja un desplazamiento de la riqueza de ciertas naciones ricas hacia países pobres a través de las inversiones que aprovechan mano de obra barata y abundancia de recursos (un obrero Alemán gana cinco veces más que un trabajador de Taiwan) eso explica el interés de ciertos países por invertir en algunas naciones del tercer mundo.

Pero curiosamente este "nuevo orden mundial" no trae consigo el paraíso terrenal y en muchas naciones hay escepticismo; economías como la Japonesa, la Alemana, la Norteamericana, las mismas que cantaban el himno de la prosperidad están experimentando recesión. Situación que no parece ser la mejor para la mayoría de los países capitalistas de segunda fila y menos para las naciones pobres que han visto agravar sus problemas sociales, económicos y culturales gracias al modelo de desarrollo Neo-liberal.

Con el colapso del socialismo real, se favoreció la correlación de fuerzas a favor del capitalismo. Su "triunfo" es incontestable y en ello radica el optimismo del Neoliberalismo, pensamiento económico que hoy es sometido a la más dura crítica por parte de muchos defensores del sistema capitalista como George Soros temerosos del derrumbe y de la crisis del capitalismo global.

El Neoliberalismo ha demostrado ser un rotundo fracaso en materia social en lo que hace referencia a las naciones tercermundistas pero al mismo tiempo un gran triunfo ideológico en materia de negación de los derechos sociales. No hay un solo economista riguroso y competente que pueda afirmar que la reestructuración Neoliberal en América Latina ha sido fuente y factor de desarrollo, entendido este como la posibilidad de ampliar los niveles de vida de una comunidad.

Hay dos modelos capitalistas en el mundo, ambos son triunfadores con el derrumbe del socialismo y de la crisis de los modelos de bienestar. Recordemos que el capitalismo por esencia es ganador, sólo invierte donde puede ganar; uno es el modelo Anglosajón, constituyéndose en una civilización comenzó a formarse en el siglo XVII con Hobbes, Locke, Adam Smith, Bentham, Darwin, y el otro es el ingles, quienes le trasmitieron a sus descendientes de Estados Unidos los principios y valores del mercantilismo y las audacias en el mundo del mercado.

El modelo Anglosajón tiene su expresión más desarrollada en las políticas de Estados Unidos, país que consolidó su hegemonía con el fracaso de la URSS, hecho que no sólo le ha permitido convertirse en potencia global, sino también ser promotor del aperturismo de las políticas neoconservadoras a gran escala. El otro modelo también ganador; es el capitalismo Renano o modelo intervencionista, que hoy se aplica en general en los países de Europa continental.

Es en este escenario global, que los países industrializados entonan los himnos del progreso mientras América Latina se reduce a la pobreza, y tan solo ha logrado convertirse en fuente de materias primas para el mercado interno mientras que el comercio mundial cada depende menos de ella.

Hayek el teórico del Neoliberalismo es, sin duda un pensador coherente, riguroso y sistemático. Fue declarado premio Nobel de economía política. Su propuesta parte, de la crítica al construtivismo de René Descartes y termina proponiendo la eliminación (de la razón) del racionalismo como forma para ordenar la sociedad y la economía.

Recordemos, con Descartes se da inicio a lo moderno, él representa el punto de partida de una nueva época, en la cual el mundo gira alrededor del sujeto hombre creador con su subjetividad de un mundo distinto al mundo creado por la naturaleza o al mundo metafísico creado por Dios. Lo moderno es Antropocentrico.

Descartes, en su célebre "Discurso del método" empieza dudando de sí mismo y de todas las verdades de la época, su propósito era encontrar nuevas verdades claras y distintas. Para lograrlo utiliza la razón como tribunal de verificación, concluye afirmando que la única verdad de la que no es posible dudar es la existencia del sujeto que tiene la duda, de ella nace su máxima "pienso luego existo". Es con esa subjetividad que se va ha construir el nuevo mundo, es decir bajo las premisas de la racionalidad cartesiana.

El estado deja de ser un producto divino a partir de Descartes y se convierte en una construcción humana, producto de un contrato de voluntades, el gobierno deja de ser una representación celestial y se convierte en un asunto de normas, leyes reguladas por hombres y para el beneficio del hombre.

Hayek critica el construvismo cartesiano y señala que es una simple pretensión del racionalismo el querer ordenar el mundo bajo los parámetros de la razón y plantea su eliminación por medio de su tesis de la existencia de un orden espontaneo, que existe sin la premeditación humana, en dicho orden no interviene la voluntad humana y tampoco responde a la razón. Por tal razón el mercado opera de manera abierta, libre, sin la intervención del estado. Él piensa que el objetivo supremo de ese mercado libre, es el "beneficio" de todos los que concurren a él.

Constructivismo en el lenguaje de Hayek, es creer que se puede ordenar el mundo a partir de un gran proyecto de sociedad teórico. No es posible la existencia de ese ordenador según él. Por eso su filosofía declara la superioridad de las economías de mercado y el orden espontáneo, en que la iniciativa individual y libre es el motor del progreso. Criticando la democracia y toda forma de planificación, de centralización y, no cree en la justicia social.

Lo novedoso de su proyecto es la reducción del estado al mínimo, en los asuntos sociales y limitarlo al máximo en lo referente de los asuntos económicos. Este modelo económico se denomina Capitalismo Salvaje, por su esencia excluyente de las políticas sociales, y por que preconiza abandonar la democracia. Por fortuna, contra de este modelo, hoy en el mundo son muchas las voces que claman por un verdadero y Nuevo Orden Económico Mundial, eso sí, un orden económico distinto al que pregona el exmandatario norteamericano Ronald Reagan que sólo beneficia al gran capital a costa de ampliar la pobreza y eliminar la asistencia social de los trabajadores en los países pobres.

Capitalismo Salvaje, neoliberalismo, una ideología que se convirtió en una práctica que genera prosperidad en términos económicos para los ricos, facilita los avances técnicos y científicos para el gran capital al tiempo que margina, desplaza y crea profundas rupturas sociales aumentando la miseria, la pobreza en niveles nunca antes registrados en los países del tercer mundo.

Colombia durante el gobierno del presidente César Gaviria introdujo en forma forzosa el Neoliberalismo a través de políticas aperturistas, sistema ha generado la ruina de importantes sectores de la economía nacional por su in competitividad en los mercados nacionales e internacionales. Este modelo aumentó la pobreza – el 70% de la población- elevó la deuda externa, el desempleo subió al 20 % , el campo está totalmente deprimido y la industria no se reactiva, lo que confirma que nuestra crisis no sólo es de identidad cultural es también de oportunidades económicas y sociales.

IDENTIDAD NACIONAL Y PROYECTO NACIÓN

Existe la tendencia a utilizar las palabras Nación y Estado como si fueran sinónimo; por Estado entendemos además del aparato de gobierno, las instituciones y el orden jerárquico de un pueblo políticamente organizado, que ocupa un territorio. Una Nación, es un pueblo que tiene en común lenguaje, identidad, cultura, historia, religión, sentimientos de unidad nacional y vida económica. Lo que nos lleva a pensar que una Nación no necesariamente es un Estado independiente.

Si una Nación y un Estado comparten las mismas fronteras, constituyen una entidad política administrativa que se llama Nación-Estado. Hay que señalar que este concepto – Nación- Estado- se emplea en la actualidad para hacer referencia a cualquier país independiente.

Son relativamente pocos los Estados en los que encontramos una Nación que ocupa un territorio y políticamente se reconoce como estado; ejemplos que podemos mencionar Islandia, Japón y algunas islas del caribe.

Las poblaciones de lo que hoy llamamos "Naciones-Estado" suelen ser una mezcla de varios grupos étnicos que están reunidos bajo una sola bandera por razones históricas y en algunos casos esta unión es arbitraria y conflictiva.

Las fronteras internacionales son simples líneas imaginarias y artificiales que definen en la actualidad una estructura política, económica y cultural.

Existe en el interior de muchos países diferencias culturales que de no converger amenazan con la división territorial; ya sea a través de la separación administrativa o la liberación total. Son muchos los ejemplos de esta frágil situación, uno lo constituye la provincia canadiense se Québec con 85% de hablantes franceses que han convocado varios plebiscitos para separarse de Canadá.

Los Kurdos en Irak han desafiado el estado en una prolongada guerra de liberación, los hechos de Bosnia, el de Irlanda del norte con el Reino Unido, el caso del país Vasco en España constituyen algunos ejemplos de los conflictos que se dan al interior de los países por la carencia de una cultura nacional incluyente.

Las fronteras fueron trazadas de hecho, respondiendo a intereses económicos sin tener en cuenta los intereses culturales de las comunidades étnicamente organizadas. Esta situación es generadora de conflictos, sobre todo, si algunas culturas o grupos étnicos son segregados o marginados dentro de la misma nación.

Las naciones surgen con el desarrollo del capitalismo y fue la expansión industrial lo que movió la necesidad de controlar los recursos naturales y lo que hizo necesario definir las fronteras. Con el paso del tiempo y el desarrollo del comercio las fronteras se hicieron más firmes y se fortalecieron los conceptos de Nación y Nacionalismo.

Nacionalismo o amor por la patria puede ser una fuerza muy positiva e inspirar a sus gentes a hacer lo máximo por el bienestar de un país. Pero cuando la búsqueda de la grandeza de una nación está motivada por el interés egoísta, esta se logra a expensas de las minorías culturales. Ahora bien cuando el nacionalismo prospera en una nación cuyo grupo líder es mayoritario, las minorías que están dentro de la frontera son perseguidas, discriminadas y en muchos casos consideradas enemigas; se prohíbe su idioma, sus tradiciones, su religión, su forma de pensar con el propósito de ser absorbidas por el grupo dominante.

En todos los casos en los que las minorías no logran ser transculturizadas y es derrotada, la única alternativa que le queda a estas comunidades es emigrar. Una de las grandes tragedias de este final de siglo son los desplazados por causas del prejuicio de la xenofobia, el racismo y la intolerancia ideológica.

Muchos países cuyas economías son prósperas viven el drama del ciudadano que no quiere compartir con extranjeros o con minorías nacionales las ventajas económicas y sociales de su país.

Las cifras demuestran que la fiebre anti-inmigrante crece fundamentalmente en Europa y Estados Unidos, también en las prosperas economías asiáticas, lo que ha creado en muchos países considerados Estado de Derecho se empiece a legislar en contra de los extranjeros o minorías nacionales. Resulta paradójico que este ocurra en países civilizados donde se pregonan los derechos humanos.

Para confirmar anterior, encontramos que la gran mega tendencia del mundo es la globalización de la cultura del industrialismo, del comercio y de la cultura occidental, en detrimento de lo regional y de las minorías culturales. Por eso, es imprescindible reforzar la tolerancia, el valor de la pluralidad, el respeto por la diferencia como únicas garantías para el equilibrio en esta nueva correlación de fuerzas económicas. Es también importante recordar que no existen culturas superiores ni inferiores, sólo existen culturas diferentes.

Si bien es cierto, existen culturas tecnológicamente más avanzadas; también es cierto que ninguna nación o cultura debe actuar como juez frente a otras, ni pretender imponer a ultranzas sus valores o principios. Sin duda el mundo es cada vez más global en cuanto a los intercambios de estilo de vida, el respeto por la diferencia debe ser la garantía para un nuevo equilibrio en cuanto lo cultural y político.

No se puede negar la identidad cultural se ha convertido en elemento jalonador de los procesos de supervivencia de muchas naciones y de minorías culturales que reaccionan para no desaparecer. Por tal motivo, es preocupante la situación de Colombia, un país tejido con frágiles argumentos de unidad nacional, sin un proyecto nación. Recordemos que un país que no es autónomo, que no tiene su propio proyecto de vida fácilmente cae en los proyectos de otros.

Los colombianos no podemos renunciar a fortalecer nuestra identidad. Porque el país que sabe para donde va, no puede perderse. Por tal razón se debe luchar por elevar el nivel educacional, hilar pertenencias, reafirmarse su identidad en la diversidad, en la democracia, reconocerse en la pluralidad y su multiculturalismo, no en la fragilidad sino en la oportunidad de fortalecer la diferencia por medio de una democracia más amplia y profunda.

IDENTIDAD Y COMPETENCIA MORAL

La discusión sobre el vacío ético de la colombianidad está a la orden del día, con sólo ojear la prensa, escuchar la radio o ver los noticieros de la televisión, nos damos cuenta de que las cosas andan mal en el país. Todos sabemos que la economía siempre ha estado mal, que la violencia siempre ha existido y que el desempleo es una variable normal del sistema capitalista y que la pobreza es su principal producto... pero ¿ qué es lo normal y qué es lo que está mal?, es posible que nunca haya acuerdo, un consenso en referencia al anterior interrogante, porque cada cual responde desde la orilla de sus sentimientos morales.

Los paramilitares dirán que está mal negociar con la guerrilla, que no está bien adjudicarle al E.L.N una zona de distinción y que esta mal realizar una reforma agraria que beneficie a los campesinos pobres del país. Los guerrilleros dirán que está mal realizar aperturas, globalizar, neoliberalizar la economía colombiana; que está mal la explotación de la burguesía. Los dirigentes de los partidos tradicionales dirán que está mal, inculparlos de corruptos y de responsables de la quiebra de la institucionalidad. La iglesia dirá que está mal el secuestro, los asesinatos, la pérdida de los valores católicos. Los sindicalistas dirán que está mal que despidan a los empleados públicos, que está mal que el estado no tenga un amplio compromiso social. Los gremios económicos dirán que está mal que les aumenten los impuestos, de industria y comercio, y el ciudadano común dirá que está mal cerrar hospitales, escuelas y fábricas.

Será posible establecer un gran acuerdo nacional sobre lo que debe realmente mejorar en el país. Por otro lado los docentes dirán que está mal que sus alumnos no comprendan lo que leen, que sean incapaces de realizar operaciones elementales de matemáticas. Los estudiantes dirán que está mal que los obliguen a leer, a estudiar, a memorizar y a escuchar las clases. El padre de familia dirá que está mal que eliminen los presupuestos para escuelas, colegios, hospitales y centros de salud.

Antes de dar respuestas a estos interrogantes, recordemos:

Las guerrillas son el producto de la inconformidad civil convertida en rebelión contra el Estado. Estado que cada día es más inoperante. Los paramilitares y grupos de autodefensa son el resultado de la más clara demostración de intolerancia ciudadana. La violencia es una forma de solucionar los conflictos y las diferencias ideológicas. La corrupción es la forma más eficaz en Colombia de enriquecimiento. El Estado en Colombia es un aparato burocrático, paquidermico, incapaz de cumplir funciones elementales como: garantizar seguridad, brindar educación, salud, vivienda, empleo y bienestar para el pueblo.

Los partidos políticos o las llamadas colectividades históricas han sido inferiores al gran compromiso nacional de presentar y ejecutar un proyecto de salvación nacional, sólo les ha preocupado enriquecer a sus camarillas y directivas corruptas. Por tal motivo, es urgente su renovación del Estado. Porque falta de liderazgo, Colombia es un país que no ha podido sostenerse en el mercado mundial, ni como agricultor, ni como exportador de manufacturas y, sólo ha vivido de bonanzas milagrosas y pasajeras.

Finalizando el siglo XX Colombia se ubicó como la séptima nación más corrupta del planeta, sólo superada por Camerún, Paraguay, Honduras, Tanzania, Nigeria, Indonesia, y sólo superada por Venezuela y Ecuador respectivamente. Colombia es una nación donde el 45% de sus empresarios ignoran los más elementales principios éticos cuando se trata de alcanzar sus egoístas y mezquinos intereses empresariales. Este país no sólo es el más violento del mundo sino el de mayor impunidad, aquí se comete un homicidio cada 18 minutos y un secuestro cada seis horas.

Lograr consenso y acuerdo de todos los colombianos acerca de lo que está mal requiere no sólo profundos estudios sociológicos, antropológicos, psiquiátricos y económicos, sino también sentido común para saber ¿para donde va Colombia?. Son siete los grandes desafíos que debe enfrentar la colombianidad, siete sus grandes males: pobreza, violencia, narcotráfico, deuda externa, degradación del medio ambiente, corrupción estatal y desequilibrio regional. Si la mayoría de los colombianos compartimos ésta tesis tendremos claridad en torno a las cosas que andan mal y podremos presentar nuestras hipótesis como alternativas de solución.

Colombia es un país ampliamente rico en recursos naturales, pero estos por si solos no producen bienestar en la población; se requiere de una cultura ampliamente productiva como lo precisa el economista Jorge Luis Garay en su propuesta de "Construcción de una nueva sociedad"; es preciso explotar en forma racional y desarrollar un sistema sostenido. Una nación es calificada de rica cuando suple ampliamente las necesidades básicas, sociales, culturales y de realización de su pueblo, y es pobre cuando es incapaz de generar felicidad en sus habitantes y cuandi no satisface las necesidades básicas de sus pobladores.

Estamos de acuerdo en que este país es rico en ingenio, creatividad y talento; sus habitantes son inteligentes pero carentes de proyectos de vida y como consecuencia el país carece de un proyecto nación. Nuestro problema no es de lucidez intelectual; la causa del mal está en que hemos convertido las diferencias en algo negativo. El país será próspero, pacífico y modelo, el día que todos y cada uno de los proyectos de los ciudadanos visionen en la misma dirección del proyecto nación. Sólo reconociendo nuestras diferencias y aceptándolas como un valor seremos capaces de superar nuestros males.

El país tendrá un alto nivel de vida cuando los proyectos de vida de cada ciudadano estén expresados en valores como el trabajo honesto, la solidaridad, la tolerancia, la disciplina, el esfuerzo, la frugalidad, la productividad; no es sólo exportando flores, petróleo, carbón, etc.; porque no sólo la acumulación de capital es lo que permite superar la pobreza, se requiere voluntad y compromiso con el país y entendido este como una gran familia con diferencias pero con ideales comunes

El país tendrá una mejor calidad de vida el día que empecemos a invertir en mejorar la calidad humana , y esto se logra sólo invirtiendo en educación, sólo con una educación de calidad comprometida con la academia, la investigación y la ciencia daremos los primeros pasos para salir de la miseria moral y la pobreza material del país.

Mario Vargas Llosa, uno de los grandes escritores latinoamericanos sostenía: "Un gran libro es para mi aquel que me obliga a revisar mis opiniones, que de alguna manera me contradice. Eso me sucedió releyendo El hombre rebelde de Albert Camus, hace cinco años. En ese entonces pensaba que no había más remedio que aceptar en ciertas circunstancias, de la historia que el fin justifica los medios. El admirable ensayo de Camus sobre la violencia me convenció de que la única moral histórica aceptable es la opuesta: la de que son los medios los que deben justificar los fines. De este planteamiento del escritor peruano podemos inferir que hay una innegable relación entre lenguaje la identidad y la cultura.

EL COMPONENTE EDUCACIONAL Y FORMATIVO DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE 1991

Poco más de una década de vida ciudadana bajo el mandato de la Constitución Política de 1991, permite disponer de elementos teórico-prácticos para evaluar sus aciertos y debilidades, en función de su conocimiento y acción operativa. Con estos referentes, el presente trabajo focaliza su aproximación reflexiva a los dos componentes formativos, en tanto sujeto educable y sujeto de la relación ética con otros.

Al particularizar el componente educacional-formativo de la constitución, esta reflexión se estructura mediante dos hipótesis de trabajo, correlacionadas entre sí: el carácter de ciudadano conocedor del contenido social y visión práctica, y el sujeto que se hace en la aplicación de ese conocer. El saber y el hacer. Con éstas se hace alusión al concepto de ciudadano sujeto comprendido y al concepto de ciudadano sujeto de la comprensión.

Esta correlación se alimenta en los procesos participativos, en los cuales los sujetos experimentan unos aprendizajes, con especial énfasis en la vida escolar. En el contexto de la escuela se comprende la instrumentación de la Ley General de la Educación como ámbito de la organización de su vida participativa. Aquí se articulan lo intelectual-humano, dentro del contenido social de la constitución.

Con todo, este estudio aproximativo a la Carta Política, sólo pretende explorar una parte de su compleja propuesta social de la construcción valorativa de un nuevo ciudadano.

LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE 1991

UNA APROXIMACIÓN VALORATIVA DESDE LA CONCEPCIÓN

HUMANÍSTICA E INTELECTUAL

Al abordar la Carta Política, sancionada el 7 de Julio de 1991, mediante una lectura globalizada de sus 380 artículos, es preciso reconocer su gran avance en materia de desarrollo social. Situación que la coloca como una de las más modernas y adaptadas a las exigencias del mundo contemporáneo. Por lo menos en su espíritu muestra una gran sensibilidad social, en el sentido de la valoración humanística del ser ciudadano Colombiano y en el contenido implícito de su concepción democrática manifiesta en sus propósitos.

En este aspecto, el tratamiento de los deberes y derechos ciudadanos, así como los mecanismos para la protección, individuales y colectivos, son su punto medular.

Para efectos del desarrollo de la presente reflexión, la referencia al contenido social, es precisamente el factor motivante del acercamiento particular a nuestra Constitución Política de 1991. asunto que se asume en función del concepto de ciudadano, como ser de derechos y deberes, capaz de percibir y de vivir los nuevos retos de la comunidad humana. Un sujeto comprendido, y a la vez implicado en las dos comprensiones: la intelectual u objetiva y la humana intersubjetiva.

En el reconocimiento constitucional del nuevo concepto de ciudadano participativo, o bien del sujeto comprendido, es preciso implicar, además al sujeto explícito en la comprensión. De esta manera se pueden observar la dimensión operativa, es decir, las acciones que le dan sentido práctico al componente axiológico del sujeto en sus relaciones éticas (relación humana intersubjetiva) y la dimensión cognoscitiva (relación humana intelectual). Son dos elementos complementarios entre sí: El Saber y el Hacer, los que conforman al sujeto educable.

Asumir estos dos elementos presupone el ejercicio coherente de dos lecturas. Por un lado, una lectura de su semántica, por el otro, una lectura de su expresión operativa. En cuento a la lectura de su semántica, interesa y es suficiente para el caso de esta reflexión, realizar un acercamiento comprensivo e interpretativo del articulo 41 de la Constitución Política del 91, en el cual se advierten las dos variantes relacionadas con el sujeto, en cuanto a lo intelectual-organizativo y a lo relacional-ético.

En cuanto a su expresión operativa, se pretende dar cuenta de los procesos de interpretación particular y de operatividad en los contextos específicos de la vida escolar, fundamento social del aprendizaje de los valores ciudadanos y de su puesta en acción, a través de las relaciones de la convivencia cotidiana.

En el entendido de que el aspecto educativo es sólo un punto de referencia para señalar el contenido social-humanístico de nuestra constitución, se asume como una mirada altamente significativa para dimensionar sus alcances y deficiencias, además de sus posibilidades para el logro de un sujeto mejor dotado, en una sociedad con un desarrollo equilibrado. De hecho, los indicios que se perciben en sus más de diez años del nuevo espíritu constitucional, no son alentadores.

Ese sujeto dotado de los elementos éticos para la participación ciudadana, es el propósito, entre líneas, del articulo 41 de la Constitución Política, que aparece como cierre del capítulo I relacionado en los derechos fundamentales. El cual plantea que...

"En todas las instituciones de educación, oficiales o privadas, serán obligatorios el estudio de la Constitución y la Instrucción cívica. Así mismo se fomentarán prácticas democráticas para el aprendizaje de los principios y valores de la participación ciudadana. El estado divulgará la constitución".

Si bien el énfasis está puesto en la formación de individuos éticamente capaces de interactuar como ciudadanos participativos, admite una lectura integrada del objeto de la intervención: un sujeto integrado en su dimensión humana e intelectual. Esta conceptualización permite disgregar metodológicamente estos dos componentes para efectos de análisis.

Desde el punto de vista de las prácticas escolares, el sujeto ético se construye mediante el aprendizaje constitucional y de los fundamentos de la cívica, además del fomento de las prácticas democráticas. El estado (puede leerse), a través de sus representantes educativos, es el encargado de difundir la Constitución. Se aprecia así la relación de dos términos que ayudarán a discurrir entre lo intelectual y lo humano: el aprendizaje y las prácticas. Aunados a estos términos, los mecanismos de participación ciudadana (Art.103) constituyen parte consubstancial al ejercicio de la democracia en la escuela.

El sujeto (estudiante) debe aprender la Constitución Política a lo largo de su proceso académico, en la educación formal.

ARTICULO PRIMERO. - Para poder obtener el titulo de bachiller en cualquiera de sus modalidades, todo estudiante, deberá haber cursado cincuenta horas de estudios Constitucionales.

PARÁGRAFO: Autorizase AL Ministro de Educación Nacional para que reglamente la forma como la asignatura debe ser cursada.

Esta asignatura hace parte del área de las ciencias sociales, componente obligatorio consignado en el articulo 23 de la Ley 115 de 1994. De esta manera, se convierte en asignatura fundamental del Plan de Estudios de cada institución educativa, en relación con los requerimientos particulares del Proyecto Educativo Institucional correspondiente.

El aprendizaje de la Constitución Política, es así una manera de dar a conocer al estudiante (ciudadano en potencia), e informarle, que existe una normatividad, por encima de todo, estructurada con base a unos requerimientos socio-antropológicos, orientada a la creación de un clima de convivencia humana más propicio para el desarrollo en todos sus aspectos. Son espacios proporcionados por la Constitución y que comienzan a formar parte de la conciencia social de las jóvenes generaciones, merced a la intermediación del maestro, quien a su vez interpreta y pone en funcionamiento su divulgación, contenida en el Plan de Estudios de cada institución educativa.

En este proceso primario se puede reconocer una intención social-humanística, generada a partir de la concepción misma de la Carta Política. Educar en la Constitución es un acto humano que se materializa en la relación pedagógica, por cuanto ubica al estudiante como centro del proceso, confiriéndole las bases para su crecimiento integral. Estas bases del conocimiento constitucional integran en su estructura informática un amplio articulado, en el cual se incluyen las distintas alternativas para la participación ciudadana. Con esto se abre un panorama mejor dispuesto para el desarrollo humano.

La perspectiva que se abre en este proceso de difusión del contenido de la Constitución tiene especial sentido, toda vez que proyecta al hombre (estudiante), a niveles de la acción, componente básico del hacer humano. En la acción y en hacer con otros, el hombre se humaniza, imagina, sueña, crea... Ésta acción pedagógico-social, encuentra un campo favorable en los mecanismos para el ejercicio participativo del ciudadano (Art. 103 de la C.N.C.), tales como las acciones de petición, de tutela, las veedurías ciudadanas, entre otras.

Ejercitar estos mecanismos implica poner en acción todas las funciones de la actividad humana. En el saber los mecanismos, abstraer sus conceptos, comprenderlos, interpretarlos, ejecutarlos, se ponen en alerta todo un cuerpo pensante y físico. Además, estas actividades se ponen en relación con otras, dándole así una autentica dimensión social. Los procesos del desarrollo de la autonomía son tangibles, y el concepto de la libertad adquiere sentido en sus prácticas.

Es preciso señalar que el uso adecuado de esta apertura constitucional, tiene su máxima expresión en el estado de receptibilidad, de quienes se erigen como sus referentes inmediatos. Es decir, si los mecanismos participativos están abiertos para la acción, éstos deben ser utilizados por seres propósitivos, ciudadanos actuantes que no esperan ser representados. Sujetos participantes. La realidad nacional en este campo, nos muestra una situación distinta, en cuanto al concepto ciudadano. Hay avances, pero no los esperados.

Se asiste así a la puesta en escena de una segunda etapa correlacionada a la anterior. A la letra constitucional y su proceso de difusión, el estudiante aprende las normas y las aprende en función de los usos que hace de los mecanismos de participación. Para el caso concreto de la escuela, estos mecanismos aparecen materializados en la construcción de los Proyectos Educativos, en el marco de la ley 115 de 1994.

Esta ley General de la Educación, su denominación más usual con la cual se conoce, es, al igual que la Constitución Política, el producto de un proceso democrático de discusión en la Asamblea Nacional Constituyente y aprobación final en el Congreso de la República. Y como tal sus propósitos son altamente progresistas en materia de autonomía escolar, al lado de la ley 60 de 1993. por su estructura, características y fines propuestos es el más elocuente mecanismo de participación ciudadana, específicamente relacionado con la comunidad educativa.

El sólo hecho de proporcionar los espacios para la construcción de los proyectos educativos, de acuerdo a las condiciones particulares de cada institución educativa (Art 73), la Ley General de la Educación, activa muchas energías e involucra a los estamentos más directamente relacionados con la escuela. Estos estamentos adquieren particular sentido, al ser agrupados bajo el término de Comunidad Educativa, ampliamente definida y caracterizada en sus funciones. La participación ciudadana en aspectos relacionados con la formación educativa está abierta.

El Estado bajo el mandato de la Constitución sigue ejerciendo la función social de educar, con una acción menos pasiva por parte de la comunidad educativa. Con esta apertura al ejercicio de la participación directa, los miembros de la comunidad asumen un poder decisorio sin precedentes en asuntos que competen a la escuela, incluyendo la concepción y elaboración de los Planes de Estudio. El poder decisorio es limitado, pero lo suficiente para activar todo un potencial humano, físico y material, en torno a la escuela que se desea construir.

La movilización de las distintas condiciones y capacidades humanas es un hecho tan real y tangible como la propia escuela. Se ponen en escena niveles participativos, cuya gradación depende en gran medida del aprestamiento de los miembros en cada comunidad educativa. Éste aprestamiento tiene que ver con el conocimiento de la Ley General de Educación y su disposición operativa (Ley 60 de 1993), así como de las condiciones particulares en cada institución.

Asumiendo estas particularidades, es bueno destacar todo el conjunto operacional que se pone en juego mediante el ejercicio participativo:

  • El conocimiento se despliega en todas sus formas, niveles y características. Los miembros de la comunidad asumen sus roles con lo mejor de sus inteligencias. Deben conocer las normas, la comunidad, sus espacios sociales y geográficos, sus necesidades de desarrollo, su ecología... en fin, muchas cosas para comprender el entorno. Es una puesta en escena de su intelecto.
  • El mundo afectivo también se ve altamente comprometido, toda vez que el ejercicio de la participación, pone a prueba requerimientos, cada vez mayores, en la medida en que se socializan los saberes, se identifican y resuelven los problemas, y se toman las decisiones. Es una interacción permanente con el otro, en la cual la ética ciudadana individual se fortalece en la acción educativa.

Fundamentos de la convivencia social como el disenso y el consenso, entran en el juego de las dinámicas de la tolerancia. Es un juego, en el cual los saberes y las éticas individuales fortalecen lo colectivo, en cada identificación y búsqueda de solución a los problemas. La construcción de Proyectos Educativos propios son formas de resolver situaciones problemáticas, problemas particulares y generales del quehacer de una comunidad educativa. Los miembros de la comunidad, más que ser representados son participativos.

En la participación ciudadana como parte operativa y en el conocimiento, ligado a los saberes (incluido el saber participar), se conjugan dos fases interactuantes en la acción humana. Y es en esta actividad recíproca donde cobran sentido el contenido social y la visión humanística del desarrollo, fundamentos de la actual Constitución Política. Como se puede entrever, la constatación que se hace en estas líneas es, desde una mirada a la concepción educativa, materializada en la Ley General de la Educación, quizás la más ejemplarizante de los tópicos constitucionales, objetos de estudio.

El hecho citado, por sí mismo no explica todo el referente de estudio en este trabajo, pero tiene la particularidad de abrir compuertas a un mundo que precisa de hombres dotados de amplios conocimientos, con afincados valores éticos y con una visión social propositiva para el desarrollo humano. No se puede negar, la Constitución Política plantea, en este sentido, bases que se pueden hacer sólidas en nuevos intentos. El ciudadano de hoy participativo, no es el mismo ciudadano de ayer representado. Algo ha cambiado favorablemente.

Con todo, las distancias entre éstas dos concepciones no son aún altamente significativas, por lo menos desde el punto de vista práctico. El pleno ejercicio del sujeto (ciudadano), en virtud a su comprensión intelectiva y humana se muestra incoherente con su nueva historia. Obstáculos que van desde la ambigüedad en la parte operativa las resistencias connaturales a lo nuevo, hasta el desconocimiento y la apatía, no permiten maximizar las conquistas encaminadas a un desarrollo humano como ideal de progreso. Ya están los cimientos. Sólo falta que la conjugación de muchas voluntades posibiliten el avance en la construcción de estructuras sociales más sólidas y humanas. La educación en el saber y en el hacer, es una buena perspectiva.

CONSTITUCIÓN DE 1991, UNA REVOLUCIÓN INCONCLUSA

"la democracia participativa y la economía de mercado son ingredientes esenciales en una sociedad abierta" George Soros.

Con la Constitución Política de 1.991, en Colombia se abre un nuevo proceso de participación ciudadana y, más concretamente un nuevo marco democrático fundamentado en el reconocimiento legal de los derechos fundamentales para todos los colombianos. En tal sentido la carta constitucional es considerada como una de las más avanzadas del mundo.

La constitución incorpora como derechos fundamentales los consagrados en el título II y CapÍtulo I, que reconoce para todos los colombianos unos derechos primarios como son: la vida, la integridad física, la salud y la seguridad social, el reconocimiento jurídico, la educación, libertad de culto, de conciencia, de expresión, el trabajo y la participación entre otros.

La carta abrió los espacios y facilitó una apertura democrática, superando el estrecho marco de la democracia representativa; apertura que tuvo como fundamento el reconocimiento de nuevas libertades e igualdad que refleja la nueva concepción pluralista con que se pretende confeccionar el pensamiento político de la nueva nacionalidad.

La Constitución abrió nuevos espacios de participación ciudadana, rompió el estrecho marco de llamada democracia representativa, avanzó al definir el Estado como una Democracia Participativa; pero no ha podido superar el formalismo retórico. En tal sentido, la convivencia pacífica, la tolerancia ideológica, el respeto mutuo, el pleno reconocimiento de las libertades, la igualdad jurídica sigue siendo un ideal, a pesar de estar consagrados en la norma. Lo que hace pensar en la necesidad de un nuevo pacto social que incorpore nuevos elementos a la carta fundamental.

Hoy se afirma, después de diez años, que la Constitución de 1.991 no es una obra perfecta, pero sin duda ella ha significado un avance formidable en la modernización del Estado. Porque de poco sirven las reformas legales si no hay profundos cambios en la conducta de nuestras comunidades. Ella es una Constitución eminentemente social que busca eliminar los privilegios, las injusticias, y los atropellos, por tal motivo, fue elaborada bajo los preceptos del respeto de la dignidad humana y en la convivencia pacífica.

Para el profesor Alcibíades Paredes 2 La posibilidad de convocar una Constituyente como resultado de eventuales negociaciones de paz -en referencia al actual conflicto armado que se libra en Colombia es un hecho porque a pocos años de vigencia del estatuto de 1.991, ha demostrado que, lejos de ser un medio efectivo para canalizar y profundizar una verdadera democracia avanzada, ha sido instrumento legitimador del autoritarismo presidencial, de la hegemonía bipartidista, de la corrupción oficial generalizada, de la discriminalización de la protesta social.

Si nos guiamos por las agudas críticas que se escuchan en torno a la carta de 1.991, lo más sensato es -antes de realizar dicha convocatoria- ponernos de acuerdo sobre lo que queremos para el país, sobre la filosofía que debe guiar nuestras actuaciones e implementar una Constitución con nuevas reglas, más claras que posibiliten el desmonte de la hegemonía bipartidista, elimine el presidencialismo, se creen nuevos órganos de control, facilite la participación de las minorías, establezca una lucha frontal contra la corrupción, reduzca los miembros del congreso y que el estado sea declarado como Estado Democrático Pluralista e Incluyente.

Entre los muchos cambios que introdujo la Constitución de 1.991 se cuentan los mecanismos de participación como la tutela, en la defensa de los derechos fundamentales, se facilitó la doble nacionalidad, la vida de los colombianos en el exterior; la participación comunitaria; endurecimiento de las inhabilidades de los congresistas; la elección popular alcaldes y gobernadores, la introducción del sistema acusatorio y la Fiscalía.

A pesar de tan notables realizaciones, la actual Constitución de 1.991 es una revolución inconclusa. A pesar de que bajo su vigencia se han realizado las grandes transformaciones, antes mencionadas, también se ha fortalecido la violencia, la corrupción política, la impunidad. En tal sentido, es urgente crear una nueva cultura ciudadana que defienda la público y los intereses generales de la comunidad nacional.

Hay preocupación por lo ineficaz del aparato judicial, no hay confianza en los tribunales, el país registra los más altos índices de homicidios, secuestros, el narcotráfico se ha fortalecido, la insurgencia es más activa, al tiempo que el paramilitarismo se ha consolidado como principal agente de violencia en el país. Es en este panorama, que se hace necesario pensar si lo que quiere en el país es una mera reforma o una nueva carta constitucional.

La actual crisis estructural, confirma los vacíos presentes en la carta; el conflicto armado que lacera nuestra sociedad nos lleva a reflexionar sobre la urgencia de construir una nueva sociedad3 cuyas bases deben estar fundadas a partir del trabajo de "desarrollar una cultura productiva y política con la abolición de prácticas y lógicas de comportamiento arraigadas, como la rentística y la ilegal, enmarcada dentro de un verdadero ordenamiento democrático e incluyente socialmente, en el contexto de la globalización comprendidas las esferas económica, política, social y cultural". Garay, 1999.

Una nueva Constitución debe garantizar que los ciudadanos en el país tengan derecho a las mismas opciones con el fin de contar con una sociedad verdaderamente avanzada y democrática; incluyente y participativa. En tal sentido cada uno de los colombianos debe ser un defensor del interés colectivo y un constructor de lo público, porque de la legitimidad del Estado depende la superación de los vacíos normativos expresados en la actual constitución.

Resulta paradójico, que la Constitución de 1991 a pesar de haber sido presentada como un nuevo proyecto político, en esencia, conserva la vieja estructura de la Constitución de 1886: tres poderes, república unitaria, sistema de gobierno presidencialista, congreso bicameral, régimen político liberal, régimen económico propiedad privada, derechos individuales y libertades públicas. El mayor obstáculo que tiene la carta de 1991 es la reglamentación económica neoliberal a la que ha sido sometida desde su implementación por el Presidente César Gaviria.

El país, en el marco jurídico de la Constitución de 1886 sortea con relativo éxito y progreso la época comprendida entre los años de 1930 y 1970 con la ayuda de la concepción keynesiana; la teoría de la demanda, movida por la necesidad de ampliar el consumo social y encontrar incentivos para el fortalecimiento de la inversión y la búsqueda de la utopía del "pleno empleo" lo que ayudo en la construcción de una teoría política que se fundamentaba en la intervención progresiva del Estado y que se expresó en la ampliación del gasto público.

El keynesianismo colombiano creyó encontrar la piedra filosofal que le permitiría resolver la vieja discusión entre los peligros del liberalismo clásico y la concepción marxista, en aquel entonces, cada vez más creciente en los ambientes académicos e intelectuales; de todos modos las recetas del keynesianismo entraron en crisis en los años setenta, cuando la inflación aniquiló todas las posibilidades de financiación del gasto público por parte del Estado.

En estas nuevas condiciones tanto neoconservadores como neoliberales entraron en franca alianza – los primeros defendiendo la iniciativa privada y los segundos el mercado- se dieron a la tarea de desmontar el esquema keynesiano y su inevitable consecuencia: la liquidación del Estado interventor y con ello eliminar las políticas de planificación e inversión social en salud y educación.

Paradójicamente es a partir de la existencia de la Constitución la de 1991 y que es profundamente social cuando se da inicio a las privatizaciones a gran escala y con ello se amplían los niveles de pobreza y desempleo. Ante este panorama los colombianos han empezado a dudar de las bondades del Estado Social de Derecho.

"Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que integran la prevalencía del interés general".4

Antes de este panorama a los colombianos se nos ha presentado el concepto de "Estado Social de Derecho" como sinónimo de país de leyes, en el cual existe división de poderes que son garantes para la existencia del "imperio de la ley". En tal sentido el Artículo 2º; reza:

"Son fines esenciales del Estado: servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la constitución..."

Pero, el Estado Social de Derecho consagrado en la carta de 1991 ha terminado tristemente identificado con el Estado Liberal y que sólo reconoce libertades ciudadanas, respeto por la vida privada, la sacrosanta propiedad privada y todo el lastre positivo que se fundamenta en la explotación por parte de una clase social dueña de los medios producción al resto de la población, y en esencia es la negación de la democracia.

Con respecto a este problema resulta esencial pensar en la modificación de la actual carta. Se debe partir cambiando la concepción de Estado. Porque el Estado Social de Derecho es un constructo teórico formal, que en la realidad no responde a la defensa del patrimonio social de la ciudadanía ni es garante de lo que se propone en la misma carta. Ella, a pesar de ser una constitución eminentemente social no ha logrado en diez años eliminar los privilegios, las injusticias, los atropellos. Los preceptos de respeto de la dignidad humana y convivencia son sólo formalismo jurídico.

La Constitución de 1991 consagra a Colombia como un Estado Social de Derecho a diferencia de la Constitución de 1886 en la que se concibe el Estado como Estado de Derecho. Sin duda se introdujo el concepto de Social porque no bastaba la visión de Estado Positivo de los derechos humanos sino la garantía de los mismos. Pero este giro jurídico no resolvió el problema. El actual modelo económico imperante en Colombia -Neoliberal- está en absoluta contravía de las necesidades de progreso social -en materia de derechos humanos- de los sectores populares y se ha convertido en una poderosa tenaza que amplia los niveles de marginalidad, de pobreza, inequidad, injusticia e intolerancia; factores que determinan la violación de los derechos humanos a gran escala.

Terminada una década de vigencia de la constitución de 1991, es urgente reflexionar en torno a los aspectos que no se concluyeron y que origina inconformidad con la carta, y pensar como lo están haciendo un número cada vez mayor de colombianos: modificar la actual carta sobre la base de fundar un nuevo estado que permita la reconstrucción de lo público, lo ético. Y en todos los casos este debe ser esencialmente democrático pluralista e incluyente.

"Lo público debe ser inseparable de una democracia incluyente y participativa" como lo señala el economista e investigador, Luis Jorge Garay. Defender lo público es condición fundamental para garantizar en forma real no sólo la democracia sino también los derechos humanos y el tejido ético.

Derechos humanos son todos aquellos atributos y facultades que permiten a una persona a la comunidad reclamar lo que necesita para vivir dignamente y cumplir los fines propios de la vida en comunidad5 . Vivir dignamente implica tener acceso a los bienes materiales, culturales y sociales para el disfrute pleno de la misma. A pesar de estar consagrado en la constitución la defensa de los derechos humanos Colombia junto con China, Indonesia, Turquía y Argelia son considerados los países más violadores de los derechos en el mundo.

Giddens, se pregunta: ¿Qué es la democracia? Y responde: "la democracia es un sistema que implica competencia efectiva entre partidos políticos que buscan puestos de poder. En una democracia hay elecciones regulares y limpias, en la que toman parte todos los miembros de la población. Estos derechos de participación democrática van acompañados de libertades civiles: libertad de expresión y discusión, junto con la libertad de formar y afiliarse a grupos o asociaciones políticas".6

Así como sin participación no hay democracia, tampoco ella puede existir sin oposición, de la misma manera como sin democracia no funcionan los partidos. Por lo tanto la base de cualquier proyecto político constitucional fundamentado en la democracia debe empezar por reconocer el pluralismo y ofrecer garantías para la participación. La existencia de múltiples partidos que se disputan la dirección del gobierno configura la esencia de la participación; contrario a lo que existe en la actualidad. El gobierno no tiene oposición sino subversión por parte de grupos alzados en armas, por la imposibilidad de participar políticamente con programas distintos a los expresados por los partidos llamados tradicionales.

La Constitución política de Colombia consagra la participación democrática de los partidos y movimientos políticos. Establece los mecanismos de participación: el voto, el plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, la iniciativa legislativa y la revocatoria del mandato. Contempla un estatuto de oposición para los movimientos y partidos que no participen del gobierno puedan ejercer libremente la función crítica y presentar alternativas políticas. Pero el país conoce la suerte de muchos movimientos políticos que han sido sistemáticamente eliminados y sus miembros desaparecidos por representar intereses contrarios a los consagrados por las fuerzas que tradicionalmente dirigen el gobierno de turno. Hace falta por lo tanto avanzar, profundizar la democracia es decir realizar lo que Anthony Giddens llama "democratizar la democracia" y para esto es preciso modificar o transformar en forma profunda la actual carta política.

Todos los demócratas sabemos de la incapacidad del actual Estado para ofrecer canales democráticos en la solución de graves problemas nacionales, lo que se evidencia en las protestas generalizadas y permanentes paros cívicos, movilización de la insurgencia, el narcotráfico y los grupos de autodefensa los cuales pretenden suplir la ausencia del estado. Fue por eso que, en el año de 1990 se desarrolla y se consolida en Colombia un amplio movimiento de opinión en él coinciden diversos sectores políticos, económicos, étnicos y sociales en la necesidad de transformar las estructuras políticas y administrativas existentes. Se convoca a la elección de una asamblea nacional constituyente que estuvo integrada por representantes de los partidos políticos tradicionales, los movimientos guerrilleros desmovilizados, los indígenas, los trabajadores, campesinos y grupos religiosos

Son los constituyentes los que van a confeccionar la carta del 91. la que hemos calificado de revolucionaria pero inconclusa, diez años después, por diversos factores, antes mencionados, y los que a continuación anunciamos para ampliar nuestra argumentación respecto a la necesidad imperiosa de renovarla o cambiarla.

Mediante el artículo 7 se reconoce a Colombia como un estado diverso en lo Cultural y en lo Étnico y se le asigna al estado la responsabilidad de proteger esa diversidad. El Artículo 13 establece:

"Todas las personas nacen libre e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozará de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión o filosófica".

Lo anterior significa, que no puede haber en Colombia exclusiones, restricciones o preferencias de motivación política, religiosa o racista y, las autoridades tienen la obligación de impedir que el principio Constitucional de igualdad sea vulnerado o amenazado por conductas inspiradas en la exclusión. Pero en el país siguen existiendo instituciones públicas y privadas que no garantizan ni permiten la participación de minorías políticas, sociales y étnicas. Se requiere no sólo del enunciado formal jurídico sino también de la correspondiente reglamentación. En tal sentido las comunidades negras, indígenas y las minorías políticas siguen reclamando entre otros sus derechos.

Hoy en el país son muchos los juristas, e intelectuales de todas las disciplinas los que discuten sobre el modelo de Estado que debe imperar en Colombia. Al respeto dice un editorial del tiempo:7

"No se trata de defender el capitalismo salvaje ni el socialismo a ultranza, al fin y al cabo en el mundo entero se está imponiendo la democracia como modelo político y la economía de mercado como base del modelo económico... se habla entonces de un modelo económico "a la criolla", lo cual es perfectamente lógico si con ello se pretende diseñar un esquema apropiado a nuestras necesidades y posibilidades".

La reflexión sobre un nuevo modelo económico, democrático y alternativo8 debe partir del análisis de que el libre mercado base del neoliberalismo conduce al capitalismo salvaje al crear políticas económicas que sólo favorecen al gran capital y la iniciativa privada en detrimento de las políticas sociales, al limitar la intervención estatal. Así como la propiedad privada sin restricciones base del capitalismo individualista, conduce a una lucha desigual en la que la libertad y la riqueza en manos de unos pocos coarta y limita las posibilidades de progreso de las mayorías asalariados.

La actual carta emprendió una revolución que se quedó inconclusa. Porque, Revolución es un cambio fundamental que se presenta en cualquier actividad humana, ya sea dentro de lo económico, lo social, lo político. El propósito de una revolución es cambiar de forma radical las estructuras económicas, el sistema de gobierno y las instituciones de gobierno. Hemos argumentado en este ensayo que la Constitución de 1991 es una revolución inconclusa de tal manera que la sociedad sigue esperando cambios fundamentales que deben expresarse en una nueva carta fundamental con nuevas instituciones que interpreten una nueva forma de gobierno centrado en mayor nivel de democracia, más participación y sobre todo plural e incluyente.

Una revolución profunda que genere una reforma del estado9 y cuya única forma de gobierno sea una democracia avanzada participativa e incluyente y para el logro de tal propósito es preciso: reformar la justicia, el sistema judicial, los órganos de control, creación de instrumentos eficaces para combatir la corrupción, el narcotráfico, reforma política que legitime el pluralismo, reforma de los movimientos políticos y movimientos, reformas al sistema electoral, dar garantías plenas a la oposición y las minorías, ampliar los mecanismos de participación, reformar el congreso, modernizar el aparto administrativo, descentralizar y generar poder local, crear nuevas políticas de servicios públicos, eliminar el presidencialismo y sobre todo lograr la convivencia pacífica en todo el territorio nacional a través de firmar acuerdos serios con los actuales grupos armados.

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Por:

Álvaro Mina Paz


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