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Mito y realidad del Estado




Enviado por carlosevaristo



Partes: 1, 2, 3

    Para un estudio histórico de
    las teorías
    del Estado desde
    el "despotismo oriental" hasta la "dictadura del
    proletariado".

    1. Ideas generales sobre el mito y
      el Estado
    2. La eternidad del
      Estado
    3. La divinizacion del
      Estado
    4. El Estado conforme al derecho
      natural
    5. La idealizacion del
      Estado
    6. El Estado capitalista
      conforme los postulados de la razón
    7. El Estado
      racista
    8. El Estado
      fascista
    9. El Estado
      imperialista
    10. Doctrina anarquista del
      Estado
    11. El Estado
      socialista
    12. Bibliografia
      capitular

    CAPITULO I

    IDEAS GENERALES SOBRE
    EL MITO Y EL
    ESTADO

    1. Concepto y
    definiciones

    La palabra "mito", procede
    de la voz griega "mythos" que significa "Fábula". Mito es
    el relato de algo maravilloso que se supone acontecido en un
    pasado muy remoto y casi siempre impreciso.

    Los mitos pueden
    referirse a grandes acontecimientos heroicos que explican el
    origen, y sirven de fundamento, de una comunidad
    (Jasón, Teseo) o del género
    humano en general (Adán y Eva); pero bien puede referirse
    a fenómenos naturales, en cuyo caso se tiene el "mito
    alegórico" (los signos del zodíaco), los mitos solares
    o representar la personificación de seres sobrenaturales
    (dioses, ninfas, nereidas, sirenas, ángeles,
    arcángeles, demonios, etc.) cuyas acciones
    fantásticas revelan los sentimientos e ideas de los
    pueblos que las imaginaron.

    A continuación citamos las siguientes
    definiciones que reflejan los conceptos expresados. Ragozin
    escribe: "Fenómeno de la Naturaleza que se
    representa, no como resultado de una ley natural, sino
    como acto de personajes divinos, o al menos, sobrehumanos, de
    poderes buenos o malos". Y la de Otfried Muller: "Acto
    inconsciente y necesario, por lo que el espíritu del
    hombre,
    incapaz de abstracción, consideraba todas las cosas bajo
    una forma concreta y viva".

    Los mitos se encuentran en los pueblos arcaicos y en el
    antiguo paganismo de los griegos, los romanos, los egipcios, los
    hindúes, los hebreos, etc., y representan el balbuceo
    inicial de los pueblos, para expresar el inicio de su historia y sus concepciones
    animistas de las cosas de la Naturaleza y de
    la sociedad.

    2. El mito y la religión

    En su sentido original "el mito" es sinónimo de
    fábula; pero la fábula quedará relegada,
    como una simple especie literaria, para expresar acciones
    inverosímiles de los animales o las
    cosas. No contiene, como el mito, el trasfondo de una creencia, o
    de una idea de superioridad de un personaje de elevados
    "atributos" o propiedades.

    Se ha considerado el mito como sinónimo de
    religión;
    pero ambos términos señalan dos objetos diferentes:
    comenzando por su origen, la religión se deriva
    del sentimiento y el mito de la imaginación, de la
    fantasía, cuando se invoca a Dios en una oración,
    habla el sentimiento; pero cuando imaginamos que la serpiente
    incita a Eva, para que convenza a Adán, de que coman de la
    manzana prohibida; entonces habla la fantasía. En otro
    aspecto, la religión tiende a crear un código
    moral y
    considera al dios como depositario substancial de la moralidad;
    en cambio, la
    idea mítica revela una acción grandiosa, fabulosa,
    sin que le interese su fondo.

    3. El mito y la filosofía

    La filosofía, que emergió del mito y la
    religión, desde la perspectiva del racionalismo
    absoluto, ha visto en el mito, el fracaso total del pensamiento.
    En este aspecto, Aristóteles (384-322 A.C.) dice "No vale la
    pena hablar de los que se sirven del mito"; y Hegel (1770-1831)
    por su parte escribe: "El uso del mito acusa, en general, una
    impotencia que no sabe manejar, todavía el pensamiento".
    Para la razón clásica el mito es una "quimera"; es
    decir, una ilusión o fantasía simbólica, que
    no puede ser sometida a las leyes o
    postulados del razonamiento lógico; por tanto, para la
    filosofía racionalista, el mito es la expresión
    elemental de los pueblos bárbaros.

    Sin embargo, no se considera así, tan manida y
    tajantemente concluída esta cuestión, pues en la
    historia del
    pensamiento filosófico se ven los avatares de esta
    idea:

    Los presocráticos descartaron el mito, porque se
    oponía al logos, a la razón: pero elevaron la
    razón sobre la base de previos mitos, terminando por
    enlazar los dos conceptos, por lo menos en el lenguaje.

    Los sofistas diferenciaron el mito y el logos (la
    razón). Sin embargo, admitieron con mucha frecuencia, que
    el mito envolvía, muchas veces, la "verdad
    filosófica". Esta concepción de los sofistas fue
    adoptada por Platón
    (428-348 A.C.) quien consideró el mito, como un modo de
    expresar ciertas verdades que escapaban al razonamiento. De
    allí aparece que toda la filosofía de Platón
    esté planeada a base de mitos alegóricos: el mito
    de la caverna para exponer la teoría
    de las ideas; el mito del alma; el mito del devenir, etc. A esto
    aludía Aristóteles cuando rechazaba a los
    mitólogos.

    Muchos escritores neoplatónicos estudiaron la
    naturaleza y la clasificación de los mitos, como la
    justificación filosófica del carácter
    divino de los mismos. Salustio (87-36 A.C.) en su libro "Sobre
    los dioses y el mundo", explicaba que los mitos pueden presentar
    a los dioses y sus opiniones, expresadas por los mismos dioses,
    en el mundo; e hizo la siguiente clasificación: mitos
    teológicos, físicos, psíquicos, materiales y
    mixtos.

    Tomando en cuenta su gran valor
    pedagógico y explicativo, los mitos tuvieron, en la
    antigüedad y en la Edad Media
    gran aceptación. Pero a partir del Renacimiento se
    replantea un problema que ya se había analizado desde la
    antigüedad: el de si los mitos poseen un contenido verdadero
    o falso. Cabe afirmar que algunos escritores lo aceptan, mientras
    que otros lo rechazan de manera absoluta, alegando que la
    verdadera historia no tiene nada que ver con los mitos y las
    leyendas. Para
    estos pensadores el contenido del mito es falso y por lo tanto,
    el historiador debe limpiar de tales fantasías la historia
    que escriba. En este sentido se pronunciaron Voltaire
    (1694-1778) y todos los libre pensadores enciclopedistas del
    Siglo XVIII. Sin embargo, algunos pensadores han llegado a la
    conclusión de que, los mitos tienen una "verdad
    histórica" y no se deben descuidar o ignorar cuando se
    trate de penetrar en el remoto pasado prehistórico de los
    pueblos; por lo que aunque los mitos tienen mucho de
    fantasía no se puede negar que constituyen un esfuerzo de
    interpretación de fenómenos sociales.

    Juan Bautista Vico, en su "Ciencia
    Nueva", identifica el pensar mítico con el pensar
    político y es partidario de que los mitos contienen una
    verdad histórica. Vico fundamenta, racionalmente, esta
    aseveración al considerar que tal fenómeno es un
    "modo de pensar" que tiene sus características propias, y que expresa
    formas básicas de vida humana.

    En el mismo sentido que Vico, se pronuncia el pensador
    alemán Federico Schelling, diferenciándose de
    aquel, en que a éste le atribuye contenidos
    místicos. El alemán opina que la mitología es una forma de pensamiento que
    indica uno de los modos de como se revela el absoluto en
    el proceso
    histórico; así dice: "El mito es revelación
    divina".

    4. El mito y otras ciencias
    humanas

    Los mitos han sido interpretados de diversas maneras por
    historiadores, sociólogos, etnólogos,
    antropólogos, psicólogos y filósofos. Según su respectivo
    criterio, indica que tales representanciones fantásticas,
    son "expresiones de conflictos
    incoscientes", o una "simbolización de fenómenos
    naturales" o bien una "proyección imaginaria de las
    estructuras
    sociales", etc.

    a) Para la Etnología, el mito desempeña
    una función
    social: el mito primitivo es el relato de una historia
    fundamental y concreta del grupo o
    comunidad; de
    donde este agregado social, saca la justificación de sus
    ritos o cultos a dioses, héroes, y antepasados; con ellos
    verifican y consolidan su existencia en el tiempo; el origen
    cierto de su estirpe, sus leyes y sus
    tradiciones.

    b) Para la teoría
    psicoanalítica, el mito pertenece al "mundo inconsciente",
    de lo irracional; delimitando así, las fronteras entre la
    razón y la fantasía, o la locura y la puericia; y,
    en consecuencia, una "lógica
    del inconsciente". En otro aspecto, el psicoanálisis ve en los mitos figuraciones
    de "complejos", deseos insatisfechos, traumas, frustraciones,
    generalmente de carácter
    sexual y de voluntad de poderío. Ejemplo: el totem es la imagen del
    "padre" o "protector". El Nagual protector de la tribu entre los
    indígenas americanos y deidades menores pertenecientes a
    grupos
    familiares.

    c) Algunos historiadores -Moreau de Jonnes, entre ellos-
    se inclinan a ver, en el mito, hechos reales y positivos:
    leyendas sobre
    los dioses y los héroes; son relatos que se refieren a
    hombres que, efectivamente, existieron; dotados de facultades
    superiores para realizar hazañas inverosímiles y
    beneficiosas para los pueblos primitivos que los consagraron como
    divinidades; gozando también de esta identificación
    algunos animales.

    d) La Antropología explica que, antes de la
    mitología, se encuentra, en la vida humana,
    el "mana" o animismo, reiteradamente encontrado, en los pueblos
    arcaicos como los de la Polinesia, Micronesia, Melanesia, etc. El
    "mana" es una fuerza, un
    influjo de orden inmaterial y hasta sobrenatural, que se revela
    por medio de la fuerza
    física, o
    por otra forma de poder o
    superioridad que el hombre
    posee; no estando fijo a un objeto determinado, y puede ser
    llevado sobre toda clase de cosas: es forma de vida del hombre
    primitivo.

    El hombre mitológico, sintió que el mundo
    vive: supuso que, detrás de cada cosa material,
    había un espíritu semejante al suyo que la animaba;
    por lo que se explica que todo "mito" lleva en sí el
    reflejo del hombre mismo. A este respecto dice el
    sociólogo francés Reinach (1858-1932): "Podemos
    afirmar que el niño y el salvaje son animistas, es decir,
    que proyectan al exterior la voluntad que actúa en ellos;
    que las cosas que pueblan el mundo, en particular, los seres y
    las cosas que les rodean; gozan de vida y sentimientos semejantes
    a los suyos". Es la explicación del antropomorfismo. "Tan
    natural es al hombre el animismo, y tan difícil de
    desarraigar, que ha dejado huellas en el lenguaje de
    todos los pueblos y hasta en el de los individuos más
    civilizados en apariencia", añade el mismo
    autor.

    e) En otro sentido, algunos sociólogos como el
    autor de "La Teoría de la Violencia"
    Georges Sorel, comparan el mito con "la ideología", "la utopía y la
    quimera". Aluden a los elementos psíquicos que incitan a
    las masas para la acción. Dicen, por ejemplo: "el mito de
    la huelga
    general", "el mito de la raza", "el mito de la sangre", "el mito
    de la nación", etc. En esta línea, el
    término "mito" sirve para designar "las elaboraciones de
    la conciencia
    colectiva" que no se basan en una realidad objetiva.

    5. El mito y el marxismo

    En una más amplia visión del mito y de la
    mitología, el Marxismo ve,
    en tales conceptos, creaciones populares que intentan generalizar
    y explicar los distintos fenómenos de la Naturaleza y de
    la Sociedad: en el
    mito y en la mitología, se encuentran muchos elementos de
    la concepción del mundo y de la vida, que se había
    formado el hombre
    primitivo, en las etapas iniciales de su existencia social. El
    mito va hermanado con la religión porque, en él, se
    dan muchos aspectos de lo sobrenatural; se crean y expresan,
    asimismo, concepciones morales y estéticas, lo cual,
    necesariamente, produce derivaciones encaminadas a la
    regulación de la conducta humana,
    y hacia la apreciación y expresión de la
    belleza.

    El mito y la mitología son un producto de la
    fantasía: el hombre se explica, imaginariamente, los
    hechos de la Naturaleza y de la Sociedad, cuyas fuerzas y
    superioridad escapan a su dominio; pero
    cuando estos hechos pueden explicarse lógicamente, porque
    han sido sometidos al conocimiento
    concreto de la
    investigación científica, entonces
    el mito y la mitología desaparecen.

    6. El mito y el Estado

    El estado es
    definido de distintas maneras, pero, en esencia, tienen el mismo
    objeto: "una organización total de la Sociedad", "la
    organización jurídica de la
    Sociedad"; "la autoridad
    soberana que ejerce el gobierno de las
    cosas y de las personas dentro de un territorio nacional"; "el
    poder organizado de una nación"; "una de las formas
    históricas posibles y concebibles, por la que una
    comunidad política
    institucionaliza su unidad, y asume la responsabilidad de su destino
    nacional".

    A esta figura social, jurídica e
    histórica, se le han atribuido varios elementos,
    cualidades o propiedades que invaden los linderos de lo
    mítico. Esos elementos, cualidades o propiedades son:
    eternidad, divinidad, consubstancialidad (a la naturaleza del
    hombre), inmanencia (en la esencia de todas las cosas, en el
    macrocosmos y en el microcosmos); inherencia total (en la esencia
    de la sociedad humana) anterior a las partes (individuo, familia,
    sociedad), realización objetiva de la idea, etc. La
    metafísica racionalista e idealista se ha
    enseñoreado justificando de la manera más acusiosa
    y refinada tales atributos. Y así el Estado ha
    pasado a ser considerado como una entidad mágica,
    mística y suprema que todo el mundo intuye como un
    demiurgo: un dios o un demonio, fantástico…

    La investigación sociológica,
    económica, histórica y política de los
    pueblos, ha venido a demostrar que el Estado es
    un producto
    histórico de la sociedad que ha llegado a cierto grado de
    desarrollo y
    que, de elemento armonizador de las diferencias con que
    apareció, se ha convertido en instrumento de
    dominación por las clases poderosas con el doble objeto de
    mantener su superioridad y sus privilegios, con lo cual queda
    destrozada su pretendida esencia mítica.

    CAPITULO II

    LA ETERNIDAD
    DEL ESTADO

    1. La base económica del despotismo
    oriental

    1. La primera figura del Estado aparece en la historia
      bajo la forma conocida con el nombre genérico de
      despotismo asiático o despotismo oriental.
      Los historiadores nos presentan esta forma de Estado desde
      Egipto, al
      noroeste de Africa, hasta
      el Japón
      pasando por todo el Asia. Este
      despotismo se caracteriza porque el monarca, llamado
      sátrapa, déspota, tirano, califa, rajá,
      maharajá, mandarín, etc. reclamaba impuestos cada
      tres o cuatro meses en el año como una especia de "renta
      de la tierra".
      Al cabo de este lapso los pelotones militares se presentaban en
      las comunidades rurales agrarias y despojaban a las familias de
      campesinos de todo lo que habían almacenado en aquel
      corto período. Se llevaban granos, heno, frutos,
      animales y solo les dejaban los instrumentos de trabajo y
      escasos medios de
      subsistencia. La tierra era
      de propiedad de
      las comunidades agrarias, pero el dueño de la soberanía territorial era el
      sátrapa.
    2. Este sistema
      comenzó aproximadamente unos siete mil años A.C.
      y se perfiló definitivamente con el establecimiento de
      las dinastías gobernantes cuyo registro
      está bien establecido en las de los faraones, las de los
      acadios entre los cuales se cuenta la de Sargón, las de
      los babilonios entre los cuales se halla Hammurabi, las de los
      hindúes contra los cuales se rebeló Sidharta
      Gautama "El Budha", las de China que
      Confucio organizó con una burocracia
      obediente y las del imperio del Sol naciente que aún
      subsiste con el emperador Akihito.
    3. Este régimen de gobierno
      despótico que ha durado casi nueve milenios ha tenido
      por base económica lo que los economistas han denominado
      "modo de producción asiático", que es una
      forma precapitalista que ha sido de difícil
      descomposición. Este sistema fue
      descubierto y escrito en sus memorias por
      el médico francés Francois Bernier, que fue el
      terapeuta de cabecera del Gran Mongol, que gobernó en
      Turquía Europea y Asiática, parte de Persia y el
      Turkestán de 1650 a 1700. Estas memorias
      fueron conocidas por Carlos Marx en
      1852 y el 2 de junio escribía a Engels
      revelándole su asombro por la penetrante observación del galeno sobre el sistema
      de producción en que se desarrollaba la vida
      económica en aquellas regiones orientales. "He
      aquí" dice, "el secreto" de la milenaria "paz
      asiática" la "llave del cielo oriental", o sea el
      milagro de la inamovible mansedumbre del pueblo
      asiático.

    En efecto: el modo de producción
    asiático se basa en el sistema de comunidades agrarias
    que "poseen colectivamente a perpetuidad la tierra y
    en donde tienen sus viviendas, sus pastizales, sus animales,
    sus bosques. Los campesinos son dueños del suelo que
    trabajan, en donde viven con sus familias y sus pertenencias,
    pero que no pueden vender ni enajenar de ningún modo.
    Propiamente el dueño es el monarca, el Gran Mongol, pero
    éste tampoco enajena esa tierra. De
    esa forma el campesino, o mejor dicho, la comunidad se halla
    tranquila y, segura y satisfecha; el sátrapa les da
    protección contra las invasiones de los nómadas y
    contra las penetraciones extranjeras. Por estas razones las
    comunidades no se rebelan contra las recaudaciones
    periódicas de impuestos.

    Este sistema es similar al de los Incas,
    Chibchas, Maya-Quichés y Aztecas a la
    época del descubrimiento
    de América.

    Algunas concepciones del Estado sobre esta base
    económica se estudian en los capítulos I y II de
    esta obra.

    2. Culturas mágicas, mitológicas y
    religiosas

    La doctrina de la eternidad del Estado descansa, sobre
    todo, en las tradiciones y leyendas mágicas,
    mitológicas y religiosas de la humanidad. Todas las
    teogonías de todos los pueblos primitivos, han sustentado
    la idea de la existencia de un ser supremo, alrededor del cual se
    prosternan, sometidos todos los demás dioses inferiores;
    idea que se proyecta, de la misma manera en la tierra en donde se
    ven las manadas de animales salvajes, como los lobos, sometidos a
    un jefe que es el más fuerte; en las abejas y las hormigas
    sometidas a una reina; y en las hordas de hombres primitivos
    sometidos al más poderoso de entre ellos.

    Estas concepciones tuvieron su organización y
    sistematización cuando ya la sociedad humana, había
    llegado a un grado de desarrollo
    económico y social, que permitió el aparecimiento
    de una casta sacerdotal que organizó el culto;
    estableció ritos e impuso normas de
    convivencia, que designaban lugares o tareas específicas
    para unos que mandaban; otros que obligaban por la fuerza, al
    cumplimiento de las tareas y otros que, simplemente,
    obedecían por la sumisión y la
    impotencia.

    Este comportamiento
    y estas creencias, son semejantes en todos los pueblos
    primitivos; cuyas culturas evolucionaron del tal manera, que
    luego impusieron, como patrones de civilización, a otros
    pueblos atrasados. Estas culturas mágicas,
    mitológicas y religiosas son, entre otras: la cultura
    védica en el Indostán, la órfica entre los
    griegos, la druídica entre los galos y celtas de Francia y
    España;
    los oráculos o misterios caldeos, la judáica de los
    hebreos, los gnósticos y neoplatónicos que se
    confundieron con los cristianos.

    De estas ideas arrancó y se elevó la
    especulación filosófica, para establecer, por la
    vía de la sistematización racional, la
    justificación y existencia del Estado como concepto de
    poder, de orden y de jerarquía inherante a la naturaleza
    del hombre, que precisa de la sujeción y de la obediencia,
    conforme a una disposición eterna, para la
    realización de su vida en la tierra. Estas últimas
    concepciones se encuentran ya en las tesis de
    Aristóteles, San Dionisio el Areopagita, San
    Agustín, Santo Tomás de
    Aquino, Hegel, Duguic,
    Gierke y entre nosotros, el Salvadoreño Mauricio
    Guzmán. Hagamos una exposición
    breve de algunas de esas ideas y autores, por no ser necesario
    tratarlos todos ni en todo su contenido:

    3. La cultura
    Védica

    En la península del Indostán se
    desarrolló una de las culturas más viejas que
    conoce la historia de la humanidad. Se sabe que el primitivo
    pueblo indú, era el "wedda" que, desde muy temprano, se
    cruzó con otros elementos raciales como las tribus pigmeas
    de los drávidas y de los mundas de raza negra. Para el
    año 4500 A.C., los pueblos indúes estaban ya
    organizados en Estado-Ciudad bajo el dominio de
    poderosos rajás o marajas. La tradición oral
    védica arranca, aproximadamente, de unos 7000 años
    A.C.; pero la escritura de
    sus libros
    sagrados, los Veda, comenzó a hacerse hasta el Siglo XI
    A.C., y terminó hasta el Siglo VIII A.C., siendo
    recopiladas cuatro colecciones denominadas: Rig-Veda, Rama-Veda,
    Atarva-Veda y Brahma-Veda.

    Aproximadamente desde el año 2000 A.C., los arios
    -pueblo indoeuropeo procedente de lo que ahora se conoce como
    Ucrania (Región suroccidental de Rusia)-, en subsecuentes
    olas, invadieron la India por el
    norte y se apoderaron de todo el valle del Indo y del Ganges;
    estableciendo allí su dominación que quedó
    consolidada por el año 1600 A.C.

    Estos arios que se llamaban a si mismos nobles o
    aristócratas, distinguidos, eran pastores y militares de
    raza blanca y allí se hicieron agricultores; impusieron a
    los pueblos conquistados una división social en castas;
    estableciendo la denominada cultura brahamánica, cuya base
    es la doctrina del "brahamanismo" o culto a Brahama. La
    división social es la establecida o descrita en el llamado
    Código
    de Manú.

    El resumen del Brahamanismo se puede apreciar en la
    doctrina del Brahaman Atmán, que
    condensamos así:

    Los términos "Brahaman" y "Atmán" revelan dos
    conceptos fundamentales, opuestos y recíprocos a la vez.
    "Brahaman" significa el principio supremo y único del
    mundo, incluso superior al propio "ser". Su significado
    etimológico se encamina hacia la idea de crecimiento
    espontáneo, por sí mismo y desde sí mismo:
    Es la fuente inagotable de lo real. "Atmán" significa la
    realidad interior o el yo íntimo del individuo humano;
    fuente inagotable de la vida de éste. En su sentido
    etimológico expresa la idea de "hábito", "respiración".

    En el transcurso del tiempo y
    según el sentido de las interpretaciones, estos dos
    conceptos, fueron superponiéndose de tal modo, que ahora
    no se habla de ellos por separado sino que unidos
    "Brahamán-Atmán", formando un solo concepto
    integrado en sí mismo, o sea que el "Brahamán" es
    "Atmán" y viceversa; se trata de un absoluto que se
    encuentra tanto en el fondo del universo o
    cosmos, como dos caras de una misma realidad Suprema, o Causa
    Suma de todo. De esta realidad surgen las demás
    realidades.

    De este concepto surge la idea de "Aquello o
    ésto", o lo que es lo mismo "Así como es arriba es
    abajo"; de donde ha emanado el concepto de la racionalidad de
    la
    organización social en "castas" permanentes, y un
    "poder", eterno e inmanente, que gobierna todas las cosas y se
    refleja en todas ellas: el sistema solar, la
    constitución de una planta, de una flor, de
    un hombre, etc.

    4. La mitología y el orfismo en
    Grecia

    El mito es una fábula o leyenda que, por
    tradición oral, se ha transmitido de generación en
    generación, en todos los pueblos primitivos; y cada pueblo
    tiene sus mitos propios. La mitología griega es rica y
    bella en sus leyendas de esta clase; como un reflejo
    fantástico de sus dirigentes, hay dioses primitivos -(el
    caos, la eternidad, el destino, etc.)- auxiliares, héroes,
    semidioses, dioses subalternos; y héroes míticos.
    Toda esta jerarquía revela la
    organización social de los griegos cuando ya estaban
    en la etapa superior gentilicia, en la barbarie superior, en las
    proximidades de la civilización. Dentro de este contexto,
    la sociedad griega mejoró sus técnicas
    productivas, siendo la aparición de las clases
    sociales y la esclavitud, una
    de las principales consecuencias de éste
    desarrollo.

    La clase aristocrática gentil que devino en clase
    poseedora; sustentó y fomentó el culto de los
    dioses, así como la creencia de que el alma era una
    substancia corporal que se perpetuaba después de la muerte. El
    orfismo se opone a ésta creencia. Esta doctrina aparece en
    el Siglo VIII y se desarrolla hasta el Siglo VI A.C., sobre la
    base de los himnos órficos, del poeta y músico
    mitológico Orfeo, quien hechizaba con sus poemas y su
    música. El
    poeta, según las leyendas populares, apareció en
    Tracia en el Siglo XVI A.C., siendo hijo de Eagro, rey de Tracia
    y de la ninfa Calíope (por tanto Orfeo era un semidios),
    cuyos ascendientes eran Apolo (Helios, el sol) y
    Clío (Musa de la historia).

    El orfismo se fundamenta en el culto de Dionisos, dios
    de la alegría y del ímpetu creador de la primavera.
    Este dios era hijo de Zeus y había sido muerto por los
    Titanes; pero su corazón,
    rescatado por Atenea, fué entregado a Zeus, quien se lo
    comió. De las cenizas de Dionisos fueron creados los
    hombres quienes tuvieron la maldad de los Titanes y la bondad de
    Dionisos; Zeus volvió a crear a Dionisos, y al restaurarse
    el culto a Dionisos, el orfismo expresó la idea de que el
    cuerpo pertenecía a los amos, a los señores, que ya
    eran esclavistas, y que el alma iba a gozar de la felicidad a
    ultratumba, oponiéndose a la primitiva
    creencia.

    Estas ideas tuvieron mucha influencia en
    Pitágoras, Platón y Empédocles, en el
    neoplatonismo, el gnosticismo y en el cristianismo.

    5. El pensamiento político entre los antiguos
    griegos

    Ya hemos visto la influencia que los himnos
    órficos ejercieron en el sentimiento religioso y
    político de los griegos, desde el Siglo VIII
    A.C..

    Ya desde entonces estaban establecidos los
    Estados-Ciudad, cuyo ejemplo es clásico en la literatura política
    universal. Sin embargo, no estaba, todavía, redactada la
    teoría política abstracta que más tarde
    elaborarían la mayéutica de Sócrates,
    condensada en los libros de
    Platón y las geniales sistematizaciones de
    Aristóteles. Antes de la elaboración de estas
    teorías
    se verificaron, en la praxis política del Siglo V A.C.,
    las grandes luchas sociales que determinaron la imposición
    definitiva del Estado-Ciudad causando la desintegración de
    la comunidad gentilicia.

    El pensamiento fundamental que hay en la idea griega del
    Estado-Ciudad, es la "armonía" de una vida compartida por
    todos los miembros de la comunidad que el Estado abarca.
    Solón de Atenas decía que sus leyes -elaboradas por
    él- produjeron la armonía, el equilibrio
    entre ricos y pobres; por ellas, cada una de las partes recibe lo
    justo.

    Las ideas de armonía y proporción
    aparecieron en el pensamiento griego, desde los inicios de la
    filosofía. Anaximandro trato de describir a la naturaleza
    como un sistema de propiedades contrapuestas, (por ejemplo
    frío-calor)
    separadas por una substancia neutra subyacente. La armonía
    o proporción es uno de los principios
    últimos de todos los intentos de formular una
    teoría del mundo físico. Heráclito
    decía: "El sol no
    rebasará sus medidas; que si las rebasare, las Erinias,
    servidoras de la Justicia,
    sabrían encontrarlo". Pitágoras enseñaba que
    la armonía y la proporción eran principios
    básicos en la música, la medicina, la
    física y
    la política.

    Estos conceptos de armonía o proporción,
    de medida, pasaron a las concepciones estéticas y
    éticas, de modo que, tanto la moral como
    la política, se vieron inundadas de teorías sobre
    la proporcionalidad en la belleza, la justicia en
    los actos de gobierno y la moderación en las costumbres.
    Eurípides, el gran poeta trágico escribió:
    "La ley de la
    naturaleza del hombre es la igualdad".

    6. El Druidismo

    Los druidas formaban el sacerdocio de los celtas-galos
    (Francia,
    España
    y Bretaña). Los celtas eran una raza de origen
    indo-europeo y emigraron desde la Ucrania (Rusia) o del
    Cáucaso, aproximadamente unos 2000 años A.C. La
    palabra druida deriva de una voz sanscrita "drus" que quiere
    decir encina, o "dru-vid" que significa vidente. La secta
    sacerdotal se dividía en tres clases: la de los novatos,
    aspirantes a la dignidad sacerdotal; la de los bardos, cantores
    de alabanzas de los dioses; y la de los darvidin, ministros del
    culto que, además, ejercían las funciones
    judiciales y la medicina e
    instruían a la juventud. Esta
    secta implantó una verdadera teocracia entre los galos,
    bretones e iberos. Fueron legisladores y jueces que tenían
    una autoridad
    incontestable.

    Hacían la paz y la guerra;
    deponían a los magistrados y a los reyes; imponían
    penas y se constituían en censores respecto de los
    particulares. Estaban exentos del servicio
    militar; tenían el monopolio de
    los sacrificios, tanto públicos como privados y
    excomulgaban a los que descartaban sus sentencias,
    excluyéndolos de las ceremonias religiosas. En cuanto a
    sus doctrinas, tenían una teología secreta y
    adoraban a un dios ignoto; cuyas alabanzas cantaban en los
    bosques sagrados, acompañandose con los sones de sus arpas
    de oro, de noche, a la claridad de las antorchas, creían
    en la vida futura y en la transmutación de las almas. Tal
    creencia se hizo popular y tan arraigada estaba entre los galos,
    que no vacilaban en dar cantidades de préstamo pagaderas
    en la otra vida.

    La enseñanza pública de los druidas se
    cifraba en la explicación de la genealogía,
    atributos y funciones de los
    dioses, así como en la de diversos medios de
    explicar su ira y conocer su voluntad. El sistema moral
    comprendía tres principios fundamentales, a saber: adorar
    a los dioses, no hacer mal y ser valiente. Observaban el orden
    celestial y lo aplicaban al orden terrenal.

    7. El pensamiento racional de Aristóteles
    (384-322 A.C.)

    Rompe con las doctrinas mítico-religiosas
    tradicionales con respecto al Estado, y trata de justificar la
    existencia de éste, de acuerdo con el orden de la
    naturaleza. "El hombre, -dice-, es un ser social por naturaleza
    (zoon politikón) y el Estado tiene por base la
    atracción de los hombres hacia la vida en común".
    Esta atracción organiza, primero, la familia,
    después los poblados y por último el estado. "El
    estado, -dice-, es la forma más perfecta de la vida en
    común; una forma en la que se crean las condiciones para
    una vida perfecta, que se basta a sí misma". El Estado es
    una asociación de hombres libres; los esclavos y los
    artesanos no forman parte de él. "El estado es una forma
    necesaria y eterna de la vida en común, de la cual los
    hombres nunca, bajo ningún pretexto, podrán
    prescindir".

    8. San Dionisio de Atenas

    LLamado el Areopagita (Siglo I D.C.), fué una
    autoridad eclesiástica de los primeros tiempos del
    cristianismo y
    ocupó el primer obispado de Atenas. Fué respetado
    por su vasto conocimiento,
    lo mismo que por sus buenas costumbres de vida, lo cual hizo que
    la gente le guardase veneración y respeto.

    Se le atribuyen a él, cuatro tratados y diez
    cartas de
    contenido místico-religioso basados en las ideas del
    cristianismo, conocidos en la literatura filosófica
    con el nombre de los "Areopagíticos". Estos tratados
    ejercieron una poderosa influencia en toda la literatura
    teológica de la Edad Media
    hasta el Renacimiento
    (Siglo XV D.C.).

    Hay que hacer constar, sin embargo, que posteriores
    investigaciones científicas han puesto en
    claro que estos tratados y cartas no fueron
    escritos ni por San Dionisio ni por Pedro de Iberia, Obispo de
    Georgia (el primitivo nombre era Iberia), que vivió con
    mucha posterioridad a San Dionisio. La base crítica de
    esta refutación se sostiene en dos puntos básicos:
    uno, que está cargado de ideas neoplatónicas que no
    habían tenido beligerancia en el Siglo I; otra es que,
    durante los primeros siglos del cristianismo, nunca fueron
    citados los tratados y las cartas por los autores
    eclesiásticos; y otra tesis en
    contra es que describe ya, en toda su arquitectura, la
    pujante organización eclesiástica que se impuso,
    sin reservas, durante más de mil quinientos años.
    Los tratados son los siguientes: De los nombres Divinos;
    Jerarquía Celeste; Jerarquía Eclesiástica y
    Teología Mística.

    Los Areopagíticos medioevales presentan el
    cristianismo de un modo sistemático; El centro del ser es
    la divinidad incognoscible; de él se desprenden, en todos
    los sentidos,
    emanaciones luminosas que decrecen gradualmente, a través
    del mundo de los ángeles y de la zona de la Iglesia, hasta
    las personas y cosas corrientes. En síntesis,
    la jerarquía eclesiástica es un reflejo de la
    jerarquía celeste. Estos documentos fueron
    una fuente obligada en todas las corrientes de la
    filosofía medival.

    9. San
    Agustín de Hipona

    Fué el Obispo de la ciudad de Hipona y uno de los
    más grandes representantes de la Patrística; uno de
    los grandes padres de la Iglesia. Entre
    sus tesis se destaca la idea del ordo u orden, sosteniendo que es
    uno de los atributos que hace que todo lo creado por Dios sea
    bueno. Dios ha creado las cosas según su forma, medida y
    orden; considerando a éste último como una
    perfección.

    El orden, desde el punto de vista metafísico,
    significa la subordinación de lo inferior a lo superior,
    de lo creado al Creador. Si lo inferior se rebelara contra lo
    superior no habría orden, sino "desorden", caos. Santo Tomás de
    Aquino, siguiendo a San Agustín, dice que: "El orden
    es una determinada relación recíproca de las
    partes".

    En su tiempo, todas estas ideas sirvieron para darle
    fundamento a la idea de jerarquía, de gobierno, y en
    consecuencia, del Estado; y sobre todo del Estado
    Eclesiástico, concebido como eterno tal como lo es el
    orden de la naturaleza.

    En la época moderna, Hegel concibe el Estado:
    "como una imagen y
    realización de la idea moral, de la razón" y lo
    considera como eterno. Adelante se desarrollará el
    planteamiento de Hegel.

    10. Un escritor salvadoreño

    En su obra "La Política en la Ciudad del Hombre",
    Mauricio Guzmán, expone y defiende dos tesis que
    pertenecen al campo de la filosofía jurídica y la
    filosofía política, a saber: la teoría de la
    perpetuidad del Estado y la teoría sobre una ley metafísica
    de "la obediencia", que rige los actos humanos dentro del Estado,
    es decir, entre gobernantes y gobernados.

    En cuanto a la primera doctrina, dice el autor, en el
    primer párrafo
    del Capítulo I (El problema de la Justificación del
    Estado): "En la inagotable perennidad del tiempo y del espacio,
    hubo un día en que el hombre se asomó a la
    existencia y, cuando el recuerdo de ésta pudo ser
    transmintido a la posteridad en forma precisa, ordenada y
    verídica, nació la historia y con ella el estado.
    "Con razón se ha dicho que no hay historia sin
    Estado".

    En el segundo y tercer párrafo, continúa: "Desde entonces
    el hombre ha sido sujeto del amor y del
    odio; ha adorado a Dios o se ha vuelto hacia él,
    irreverente o en abierta rebelión;….. todo lo ha
    soñado o vivido bajo la permanente organización del
    Estado."

    Inmediatamente pasa el autor a demostrar las diversas
    teorías que han tratado de justificar la existencia del
    Estado, en su relación con el destino humano, y en su
    singular naturaleza de fenómeno social de
    dominación: a) como obra de Dios; b) como producto de la
    naturaleza; c) como organización mantenida por los
    más fuertes; d) como institución conceptual; e)
    como instrumento de dominación en manos de la clase
    dominante, etc.

    Desde la teoría trascendente (divina) hasta la
    teoría concreta del materialismo
    histórico, pasando por Aristóteles, Rousseau,
    Spengler, Jellinek, Nietzche, hasta el anarquismo; Guzmán
    describe el momento crítico actual que confronta el Estado
    ante las doctrinas que proclaman su disolución por
    consunción, como el marxismo o su
    extinción violenta de la mañana a la noche, como el
    anarquismo.

    Denuncia Guzmán, el hecho de que, en los
    últimos siglos de la era cristiana, la
    justificación de la organización estatal ha sido
    objeto de una "metafísica política" adversa…; y,
    hoy día, es el tema decisivo de la civilización,
    pues se está llegando a hacer conciencia en el
    sentido de abolir el Estado; lo cual precipitaría a la
    humanidad en una desgracia sin parangón en la historia".
    "La crísis comenzó desde Rousseau, es
    decir, desde los albores del capitalismo, o
    mejor dicho, del liberalismo,
    hasta el socialismo
    científico preconizado por Marx, Engels,
    Lenin y Stalin, que, al acabar las clases
    sociales; sustituirá el gobierno de los hombres por
    la
    administración de las cosas". En este punto se duele
    el autor citado que eminentes juristas como León Duguit,
    famoso profesor francés antimarxista, "quien ayudado de la
    metafísica jurídica", concluye que el
    fenómeno de la subditancia (del sometimiento al Estado),
    no tiene justificación racional; "que es imposible
    demostrar que determinado fenómeno o número de
    hombres, tenga derecho a imponer su voluntad a los demás
    asociados".

    Esta crísis se revela, en última
    instancia, en la doctrina anarquista que, en su modalidad
    católica, sostiene "que el bien público -bien
    común, en éste caso- podrá ser alcanzado sin
    el Estado, sin autoridad que encause los esfuerzos particulares,
    sin gobernantes, por medio de comunidades libres solamente; en
    las cuales el interés
    personal del
    individuo será la única ley".

    Ante esta catástrofe real, objetiva, opina
    Guzmán, que la existencia de la autoridad política
    se debe…"a un imperativo del mismo fenómeno social, a
    una ley social que impulsa al hombre a la asociación, con
    igual fuerza que la ley de la gravitación universal
    imprime a las cosas del espacio; igual que las células a
    formar tejidos y
    organismos o que los átomos a integrar toda la materia en
    todas sus manifestaciones".

    Esta es, la ley Universal del Movimiento
    que, en el campo social, se le llama "Sinergía Social", en
    cuya virtud, el hombre erige sus instituciones
    (familia,
    horda, tribu y en fin el Estado), por lo cual, sostiene
    Guzmán, "para generalizar", que el fenómeno
    político o el principio de autoridad, son una consecuencia
    lógica
    de la "Sinergía Social".

    Del razonamiento anterior -que hemos procurado resumir
    en la forma más completa- el autor desprende dos
    conclusiones: 1) La existencia de una "Ley de la Obediencia",
    exclusiva del hombre como ser social; y 2) La eternidad del
    Estado. Dejaremos para otras reflexiones la primera
    conclusión y nos detendremos, por ahora, sobre la segunda
    que expresa así el autor:

    "Concluyo, pues, que la existencia del Estado no
    está subordinada al mecanismo de ningún proceso
    dialéctico o ley del pensamiento, y que menos aún,
    podrá ser destruido con argucias filosóficas, o por
    la taumaturgia caprichosa de un partido único y
    omnímodo; pues la constancia de sus elementos
    estructurales y el invariable comportamiento
    de éstos, lleva a la conclusión de que, su esencia
    está vinculada al ordenamietno primario, rígido e
    inmutable del cosmos".

    Veamos como Guzmán, se contradice en sus dos
    aseveraciones: En la primera premisa afirma: que el hombre se
    asomó a la existencia (es decir, apareció como ser
    viviente); y luego "cuando el recuerdo de su existencia pudo ser
    transmitido a la posteridad en forma precisa, ordenada y
    verdadera, nacio la historia y con ella, el Estado". Según
    el tenor de estas expresiones, el hombre fué, en primer
    término, -y así lo es, lógicamente- un ser
    animal, un ser biológico que obraba instintivamente como
    cualquiera otra especie del mundo zoológico; y hasta
    más tarde, humanizado por el trabajo,
    deja los recuerdos de su paso sobre la faz de la tierra, haciendo
    así historia; el Estado y en general la cultura como fruto
    específico suyo.

    Cabe entenderse que, en los primeros años de su
    existencia, no hubo ni casas, ni ciudades, ni instrumentos de
    trabajo, ni mucho menos historia; ni Estado, ni derecho, y que
    estos dos fenómenos sociales últimamente dichos,
    son el producto de una larga evolución y transformación cultural
    del Homo Sapiens. En consecuencia, el Estado como ente
    histórico y cultural, ha tenido su principio, y,
    naturalmente, tendrá su fin cuando ya no sea necesario
    como medio de dominación.

    El autor de que se trata, admite la perennidad
    inagotable del espacio, del tiempo y la ley universal del
    movimiento. Y
    como consecuentemente debe admitir -tiene que admitirlo-, el
    cambio eterno.
    La perennidad consiste en que una cosa o fenómeno no tenga
    principio ni fin: esa perennidad es la eternidad en el tiempo y
    la infinitud en el espacio. Lo que es evidente para el
    razonamiento, es que no puede hallarle principio ni fin al ser;
    ni al movimiento que engendra los cambios en el ser, ni estos
    cambios que son inherentes a él.

    Estas son las únicas cosas o fenómenos
    eternos. Los demás accidentes del
    cosmos (las nebulosas, los sistemas solares,
    los planetas, la
    tierra, el hombre y su cultura, y en consecuencia el Estado,
    etc.) son series de hechos que tuvieron un primer momento, en una
    primera unidad, una primera forma y que forzosa y necesariamente,
    tendrán una última etapa, un término, un
    fin.

    Guzmán, confunde la cohesión física
    o química de
    la materia, de
    los átomos, del mundo inorgánico, con el Estado, al
    afirmar que su esencia pertenece al ordenamiento primario,
    rígido e inmutable del cosmos. Porque realmente, antes de
    que hubiera Estado, antes de que fuera inventado como una forma
    superior de organización de un conglomerado social,
    existieron otras organizaciones
    naturales inferiores que ya hemos mencionado: formas inferiores
    que no eran ni podrán ser la esencia del Estado. Este es
    un aparato de dominación sobre una población y territorio determinados, con
    gobernantes, con cuerpos de policía, con cárceles,
    con cobradores de impuestos, etc., distinto, también, de
    otros organismos como las sociedades
    anónimas, las cooperativas,
    etc., regidas bajo el mismo principio de la
    asociación.

    El movimiento constituye el modo de ser de la materia;
    es la manera de manifestarse, de existir; su atributo, el cual
    incluye, en sí, todos los procesos de
    las cosas, fenómenos que se dan en la naturaleza y en la
    sociedad.

    En el mundo todo está en movimiento.
    Aparentemente algunas cosas tienen una naturaleza o consistencia
    fija; pero esa estabilidad aparente no es más que una
    forma de movimiento que se llama reposo, siendo este relativo.
    Todo movimiento es infinito, inagotable y complejo. Existen
    múltiples formas de movimientos como seres hay en el
    tiempo y en el espacio; que son los otros aspectos absolutos en
    que se expresa el ser. Todo movimiento es un proceso de
    acción recíproca, de interacción, de
    contrarios, de elementos que luchan entre sí, lo que
    determina el cambio; el desarrollo y la degeneración, la
    asimilación y la desasimilación, la
    asociación y la disociación, etc. Esto es, todo el
    movmiento es dialéctico, contradictorio.

    El cambio en general, es la transformación de
    objetos materiales;
    fenómenos sociales en el curso de su desarrollo o
    decadencia, abarcando todo paso de un Estado a otro. Es la forma
    más amplia de revelarse el movimiento. Lo permanente no es
    un ordenamiento primario, rígido e inmutable como ley
    cósmica sin lo movible, lo cambiante, como ley general del
    universo.

    Por eso, cuando Guzmán admite, por una parte, el
    movimiento y luego niega la dialéctica que es inherente a
    aquel; y cuando acepta el movimiento que implica el cambio y
    acepta, a la vez, una esencia inmutable y rígida, se
    contradice fundamentalmente, negando en su totalidad, la base
    filosófica y doctrinaria de su teoría de la
    eternidad del Estado.

    De lo expuesto inferimos las siguientes
    conclusiones:

    1. Los únicos absolutos son la energía, la
      materia, el espacio, el tiempo, el movimiento y el cambio
      dialéctico como forma del ser.
    2. El hombre y su cultura son seres históricos y
      contingentes.
    3. El Estado es un producto de una larga evolución cultural, nacido al choque de
      los intereses opuestos de la Sociedad, y utilizado como
      instrumento de dominación de una clase sobre las otras
      clases sociales.
    4. Al desaparecer las clases sociales,
      desaparecerá el Estado que será sustituido por
      otras formas de organización, adecuadas a las nuevas
      condiciones engendradas por el cambio, en el devenir
      histórico, del hombre y de la sociedad
      humana.
    5. La historia no desaparece con la extinción del
      Estado, pues éste no es el único hecho notable en
      el acontecer humano; antes del Estado está la prehistoria, o
      historia no escrita que registra novedosos acontecimientos,
      como la invención del arco y la flecha, la rueca de
      hilar, el hacha de piedra, la organización gentilicia,
      etc., por loque se supone que, al extinguirse el Estado, el
      hombre seguirá proyectándose en las obras
      creadoras de su trabajo.

    CAPITULO III

    LA DIVINIZACION
    DEL ESTADO

    1. Origen divino del poder del Estado.

    El Estado ha sido considerado, en todas las
    épocas, por algunos teóricos, como de origen
    divino. Esa consideración teórica es de mucho
    relieve en los
    imperios antiguos del Oriente Anterior o Cercano Oriente, que
    abarca los Estados de Babilonia, Asiria, Persia y egipto, este
    último en el Noroeste de Africa.

    En los regímenes autocráticos o
    despóticos del Asia Menor
    (Caldea, Siria, Persia, Sumeria), Asia Mayor (China,
    Indochina) y Meridional (India), el
    Estado se había establecido sobre la base de la
    división social en clases, y de la esclavización de
    los hombres sometidos por la fuerza; pero este hecho era ocultado
    a los súbditos.

    La forma de este Estado es una "Despotia", o sea una
    Monarquía autocrática y
    teocrática, en la que todo el poder del Estado se
    concentraba en las manos del "Déspota" o monarca, que se
    apoyaba en el aparato burocrático; que controlaba el trabajo de
    los esclavos y en el ejército que sometía, con
    crueldad a los trabajadores. Este déspota con su familia,
    la casta sacerdotal, la extensa burocracia y el
    numeroso ejército, constituían la clase dominante y
    gobernante; y para justificar su dominio proclamaban el "origen
    divino de este poder del Estado". Los ideólogos de este
    régimen estatal predican la desigualdad humana; el
    sometimiento de los trabajadores (esclavos), la sumisión y
    la obediencia de todos al monarca, e incitan al poder supremo del
    déspota, a mantenerse intocable, por medio del castigo y
    del terror. En cambio, en la conciencia de los sometidos, o mejor
    dicho, de los esclavos, su disconformidad se manifiesta como
    rebelión o protesta contra el abuso de poder.

    2. Egipto antiguo

    En el Egipto Antiguo, que se configuró como
    Estado Esclavista, en el cuarto milenio antes de Jesucristo; el
    "Faraón" era un ser endiosado. La clase gobernante divulga
    la idea de que el faraón es un dios terrenal, continuador
    de la divinidad de los dioses del cielo, y a quien tributan un
    culto fanático, llamándolo "Hijo del Sol", "Hijo
    del Cielo", etc. El faraón es eterno, no muere sino que
    reposa y luego se convierte en el "Dios Osiris" (que es el
    Sol).

    Todos los acontecimientos políticos y sociales
    son considerados por la ideología de la casta faraónica
    dominante, como expresión de la voluntad de los dioses
    celestiales y terrenales (los faraones). En el libro "La
    Sabiduría" de Pta-Hotep, ideólogo de la clase
    superior gobernante, que apareció a principios del tercer
    milenio A.C., sostiene que la desigualdad social es natural; que
    el hombre trabajador es malo porque ocupa una posición
    inferior en la sociedad, y el hombre que ocupa cargos
    administrativos en el Estado, es valioso y noble; predica a los
    inferiores la resignación, la obediencia y el
    sometimiento; frente al superior, el inferior debe estar quieto y
    subyugarse; el inferior debe saber que su bienestar depende de la
    buena voluntad de los nobles y del poder de los ricos.

    3. Mesopotamia y
    Asia Menor

    A principios del cuarto milenio A.C., en Mesopotamia y en
    toda Asia menor, empezaron a florecer pequeños estados,
    cuyo centro principal eran ciudades, de las cuales, unas han
    pasado a la historia: Ak-Kad, Ur, Babilonia, entre otras. Esta
    última tuvo su florecimiento en el Siglo XVIII A.C. y
    fué el centro unificador y cultural de muchas otras
    pequeñas ciudades o estados. El unificador fué el
    rey Hammurabi, el del famoso Código.

    La ideología política, en este reino,
    está impregnada de ideas religiosas: el destino de los
    pueblos y de los hombres está determinado por la voluntad
    de los dioses. Todas las tesis de la clase gobernante respecto
    del poder de los reyes, tienen su base religiosa en el
    Código de Hammurabi, que dice: "Los dioses designaron a
    Hammurabi para gobernar a los cabezas negras -la plebe-". Se dice
    que Hammurabi es la encarnación del dios del cielo, del
    dios de la tierra, del dios protector de Babilonia y del dios del
    sol, de la luz; y todos los
    demás dioses le prestan protección y
    ayuda.

    4. Evolución del Estado en la Grecia
    antigua

    1. En el siglo XX A. C., llegaron los aqueos,
      también del norte y de origen ario,
      fusionándose pacíficamente con los Pelasgos,
      comenzando desde entonces a echar los cimientos de una
      maravillosa cultura que culminó en el siglo VI A.C. En
      este punto tenemos que recordar que también la
      cultura
      griega fue influenciada por las civilizaciones
      desarrolladas en Mesopotamia, Fenicia, Siria, Egipto a
      través de las Islas de Creta, Chipre y de otras
      tierras insulares del Mar Egeo.

      Estos pueblos del cercano oriente crearon el Estado
      unos siete o seis mil años A.C., alrededor de una
      diosa de la fecundación y de un dios fecundante
      inseparables; así, por ejemplo, en Sumeria, que
      después fue Caldea, la diosa era Istar (mujer con
      cabeza de serpiente) y Tamus o Tamusti; en Egipto eran Isis
      (la Luna) y Osiris (el Sol). Era un Estado teocrático
      manejado por los sacerdotes. Pero los propietarios
      independientes se rebelaron pronto contra el dominio
      sacerdotal y establecieron su propio gobierno bajo el mando
      de un Rey que también obedecía el culto al
      dios. La diferencia entre uno y otro Estado era fundamental:
      el primero se basaba en un dominio de la tierra; el segundo
      en la libre empresa que
      desarrolló las artesanías, la industria,
      el comercio,
      etc., que obligó a la creación de una
      legislación apropiada que culminó con el
      Código de Sargón (siglo XVIII A.C.), el
      Código de Hammurabi (2067 A.C.)

      Estos aspectos de la cultura política, como
      otros modelos en
      las artes, las industrias, la agricultura y el comercio,
      fueron trasladados al continente europeo.

      En Creta la diosa de la fecundación era Astarté (la
      Luna) y el dios fecundante era el Minotauro (hombre con
      cabeza de toro) siendo tomado de los dioses fenicios
      Astarté y Baal-Moloch (dios con forma de toro). En el
      Atica, Kodro, un conquistador egipcio funda la ciudad de
      Atenas bajo la tutela de Atenea (1717 A.C.) que era la diosa
      de la fecundación del pájaro y la serpiente, y
      Zeus el dios fecundante; más tarde Atenea se
      transformó en la diosa de la guerra, la
      paz y la sabiduría.

    2. Los primeros habitantes del Peloponeso y de toda
      Grecia
      continental fueron los Pelasgos, que quiere decir "grullas" o
      "aves
      migratorias". Ellos llegaron del norte en el siglo XXV A.C. a
      la época del arribo de las aves
      migratorias. Eran de origen ario.

      Los acontecimientos de la guerra de Troya tuvieron
      lugar en el siglo XIII A.C. destacando la
      personalidad de los hijos de Atreo, Rey de Corinto, que
      fueron Agamenón, Rey de Reyes (Argos, Micenas,
      Corinto) y Menelao, Rey de Esparta. El Congreso
      Anfictiónico verificó la gran unidad del pueblo
      aqueo en contra de los troyanos. Los reinos aqueos estaban
      basados, unos en el dominio territorial, otros en la riqueza
      mobiliaria, en los Estados-Ciudad, donde dominaba una clase
      emprendedora, que debido a su espíritu de empresa,
      desarrolló una ideología individualista que es
      el sello distintivo de la civilización occidental; y
      otros, basados en una nobleza gentilicia, de economía agrícola.

      Recordemos que la guerra de Troya tuvo por objeto la
      conquista del Estrecho de los Dardanelos (Helesponto) y del
      Mar Negro (Ponto Euxino), entonces en poder de los troyanos;
      la recuperación de Helena de Menelao fue sólo
      un pretexto.

    3. Los pelasgos y los aqueos fusionados ejercieron un
      dominio continental en el Peloponeso, Beocia, Tracia, Tebas,
      Arcadia, Atica, Isla de Eubea. Esta cultura aquea
      culminó con las grandes proezas de los argonautas
      dirigidas por Jasón, la muerte de
      la Medusa Gorgona realizada por Perseo y la muerte del
      Minotauro realizada por Teseo (sucesos que se ubican
      alrededor del siglo XV A.C.).

      Homero y Hesíodo son de estirpe pelasga y
      aquea; vivieron en el siglo IX y VIII A.C.,
      respectivamente.

    4. Los dorios, también de origen ario, procedentes
      del norte, invadieron Grecia en el 1220 A.C. a fines del
      siglo XIII, destruyendo toda la civilización
      construida por aqueos y pelasgos. Establecieron un
      régimen militar esclavista dividido en castas,
      semejante al de sus congéneres arios en la India.
      Sometieron a los aqueos y pelasgos, muchos de los cuales
      emigraron al Atica, Eubea e islas del nor este del Mar Egeo,
      fronterizas al Asia Menor, región que después
      se llamó Jonia, en donde se establecieron libremente,
      defendiéndose de la persecución de los
      dorios.

      El Estado espartano estaba organizado así:
      todo el territorio estaba dividido en parcelas o latifundios
      gobernados por tres "gens" (familias o tribus dorias),
      estableciendo una nobleza gentilicia (por la sangre o
      nacimiento) que ejercían el poder político
      exclusivamente; estas familias no trabajaban y se dedicaban a
      ejercicios militares y de la guerra. Eran la casta superior
      espartana. La segunda casta la formaban los "metecos" que
      eran aqueos y pelasgos ricos quienes ejercían la
      agricultura, el comercio y la industria.
      La tercera casta la componían los "periecos" formada
      por los aqueos y pelasgos que ejercían las
      artesanías y oficios manuales. Y
      la cuarta casta eran los "ilotas" o esclavos compuestos de
      aqueos y pelasgos muy pobres que ejercían los
      menesteres manuales mas
      bajos. Todos estaban obligados a pagar tributos a
      los nobles dorios. Sin embargo, todos los sometidos eran
      libres de ejercer sus cultos y conservar sus
      tradiciones.

      La diosa de la fecundación era Deméter
      y el dios fecundante era Zeus o Dionisos.

      De igual modo fueron gobernados todos los
      territorios sometidos por los dorios. El sistema fue
      conservado en el Código de Gortina, redactado por el
      escritor dorio-cretense Talitas de Gortina (700
      A.C.).

    5. El legislador Licurgo fundó el Estado de
      Esparta o Lacedemonia en el año 750 A.C. que duró
      hasta el año 450 A.C. El Estado espartano de Licurgo era
      de tipo comunista-esclavista.
    6. En el año 700 A.C., Sidón, jefe dorio
      que gobernaba Corinto se defendía del asedio de las
      organizaciones
      aqueas y pelasgas que buscaban su libertad.
      Los aqueos y pelasgos habían desarrollado la riqueza en
      el espíritu empresarial y laboral y
      reivindicaban sus derechos políticos
      y sociales.

    En 670 y 657 A.C. los jefes aqueos de Tesalia y
    Corinto, Ortagoras y Sixeles, derrocaron la tiranía de
    los dorios y la dominación de los aqueos y pelasgos
    ricos.

    En 605 A.C. en Mileto, Trascíbulo
    implantó la tiranía en contra de los sectores
    gobernantes e hizo obras que beneficiaron a la
    plebe.

    En 600 A.C. Solón elabora para Atenas una
    Constitución protectora de la clase media
    y los trabajadores.

    En 561 A.C. Pisístrato, pariente de
    Solón, impone la tiranía para establecer la
    democracia a
    favor de los sectores pobres, construye templos y recopilas las
    obras de Homero y
    Hesíodo.

    5. India antigua

    A mediados del quinto milenio A.C., ya los habitantes de
    la India Antigua, vivían en ciudades rodeadas de grandes
    muros para su protección; eran agricultores y artesanos
    que fabricaban herramientas
    diversas y objetos de cobre y de
    bronce. A principios del segundo milenio, fueron conquistados por
    tribus arias procedentes del norte; quienes impusieron un
    régimen de castas. Los primeros Estados esclavistas se
    formaron en la India a comienzos del primer milenio
    A.C..

    La ideología política de la antigua India,
    está concentrada en los libros religiosos llamados los
    Vedas (los que ven-los videntes), el de la epopeya, el
    Mahalbarata (que son los más antiguos) y el Código
    de Manú (Siglo III A.C.), se exponen las concepciones
    políticas de entonces. Estos textos
    predican la total desigualdad del género
    humano y presenta, como una creación de la divinidad, la
    división de la sociedad en castas hereditarias. Esas
    castas son: los brahamanes, casta superior, nacida de los labios
    del Señor del Mundo, Brahamos; los chatrias, militares,
    han nacido de sus manos; los vassias, agricultores, comerciantes
    y artesanos, han nacido de su pecho y caderas; los soudras,
    trabajadores esclavos, nacidos de sus piernas; y los parias,
    personas marginadas y sin derechos, han nacido de sus
    pies. Los círculos de cada casta, son infranqueables. El
    Brahamán es considerado en el Código de Manú
    como un ser divino, sagrado y omnipotente.

    El Código de Manú alaba al rey como primer
    elemento importante del Estado, destacando su poder ilimitado.
    Manú es el primer hombre en la mitología
    Indú. Es la personificación del amo del mundo, y
    está formado por el brillo de todos los dioses. El rey
    debe defender el régimen de castas, salvaguardar la ley
    sagrada y cumplirla en sus relaciones con el pueblo. Pero
    también, el rey está supeditado al consejo de los
    brahamanes; acatar esos consejos y ser ejecutor de la voluntad de
    éstos; debe protegerlos en sus intereses; no debe provocar
    su descontento y su ira, pues los brahamanes pueden aniquilarlo
    con su ejercito.

    6. China continental

    Algo análogo a lo visto anteriormente,
    sucedió en los grandes valles del Hoangó y el
    Yant-tse-quian, en la China Continental. La historia no ha
    logrado penetrar, todavía, en el
    conocimiento del establecimiento y organización de las
    tribus mongolas o de raza amarilla; a quienes, sus vecinos de las
    culturas situadas al occidente, les llamaban "los
    extraños" o "los extranjeros". En el campo de la
    suposición; comenzarían a establecerse a principios
    del quinto o antes. En el año 1950 A.C., o sea a fines del
    segundo milenio A.C., el soberano del río Wei,
    destronó a un soberano de una monarquía vecina, creando con ello, la base
    de un dominio imperial; al fallecer, dejó como herencia, sus
    tradiciones culturales; las cuales habían convergido, con
    toda la cultura de los principados del Hoangó.

    Entre esas tradiciones culturales, de orden intelectual,
    estaba el
    conocimiento del sistema estelar y de su orden eterno. El
    gobierno de los hombres, es decir, el Estado, debía
    ofrecer una imagen terrena de ese orden. Y como en el "cielo",
    carece de expresión sensible, debe valerse de su elegido,
    es decir, de un ser sagrado, que habrá de gobernar,
    interpretando la "voluntad del cielo"; como expresión
    directa. El emperador se llamaba "Hijo del Cielo y la
    organización del Estado, se basaba en la jerarquía
    familiar y en el culto de sus antepasados, bajo estricto control; lo cual
    le daba una cohesión y permanencia indiscutible. El
    régimen político en China era la monarquía
    militar burocrática.

    El principal ideólogo del régimen divino
    del Hijo del Cielo; fué Confucio, que vivió entre
    los años 551-479 A.C. y su influencia ha llegado hasta
    nuestra época. entre los muchos de sus preceptos, que
    hablan de la necesidad de la desigualdad social, de la pobreza, de la
    riqueza, de las costumbres, de los ritos, de los hábitos,
    etc.; destaca la esencia divina del rey, del Hijo del Cielo, el
    cual recibe las órdenes de lo alto, y es como el viento
    que sopla sobre las espigas de los trigales, y los
    súbditos deben ser como éstas que se inclinan
    cuando el viento sopla.

    7. América
    precolombina

    Ideologías semejantes se sustentaron durante los
    regímenes políticos de los estados griegos, del
    Imperio Romano y
    los pueblos avanzados de América
    (Aztecas, Nahoas o
    Toltecas, Mayas,
    Quichés, Chibchas e Incas, que ya
    tenían estado constituido a la llegada de los
    españoles), que consideraban a sus soberanos y a los
    miembros de su nobleza, como hijos o representantes de los
    dioses, y al Estado como una proyección de la divinidad en
    la tierra; tal como lo afirma J. Jastrov en su "Historia de la
    humanidad, su cultura e instituciones".

    8. Cristianismo y feudalismo

    Al ser reconocido por los emperadores romanos, el
    cristianismo como doctrina oficial, en el año 313
    (principios del Siglo IV D.C.), ésta doctrina se
    convirtió en un instrumento ideológico de la
    intolerancia, fanatismo y oscurantismo. Bajo su estandarte se
    terminó una cerrada forma de creencias y se
    persiguió cruel y tenazmente a los portavoces de la
    cultura de aquellos tiempos. Tan decisiva fué la
    influencia de la Iglesia Cristiana, que en la comprensión
    y estudio de la doctrina de Cristo, intervinieron los mismos
    emperadores romanos; sobre todo, en el Imperio Romano de Oriente
    (Bizancio).

    La Iglesia fué implacable contra toda clase de
    interpretaciones heréticas; y a lo largo del Siglo IV D.C.
    dejó totalmente establecido su sistema religioso y
    político. Fueron sus principales pibotes Jan Szlatous,
    Obispo de Constantinopla (345-401 D.C.) y Aurelio Agustín,
    conocido por San Agustín, Obispo de Hipona (354-430
    D.C.).

    Szlatous, fundamenta el proceso de feudalización
    de la sociedad y la organización de la población del Imperio en castas y grupos
    profesionales; con derechos y privilegios estrictamente
    especificados, para la casta superior (senadores y clero);
    justificaba la esclavitud y el
    sojuzgamiento de los campesinos libres que habían surgido
    por aquella época; predicaba la subordinación al
    poder del Estado, y amenazaba con castigos, además de los
    terrenales, con los del poder de Dios, al que desobedeciera al
    soberano. Sin embargo, decía que el poder de la Iglesia
    era superior al poder real del Emperador.

    La doctrina de San Agustín, con respecto al
    Estado y al Derecho, hace resaltar la posición dominante
    de la Iglesia en el mundo, y preconiza un imperio
    teocrático militante de la Iglesia. San Agustín
    concibe el Estado como "una multitud unida por vínculos
    sociales". Para él, el Estado terrenal es
    inauténtico, porque sólo se reduce a satisfacer
    necesidades corporales por medio de la fuerza. Solo el Estado de
    Dios, la Iglesia (la Ciudad de Dios), es auténtica; ella
    posee la verdad, y sólo ella nos puede conducir a la
    unidad y a la paz eterna. Pero esto se realizará
    sólo con el segundo advenimiento de Cristo a la tierra,
    cuando organice un tribunal justiciero, que efectuará la
    separación definitiva de los escogidos y de los
    reprobados, de los devotos y los pecadores y ambos Estados, la
    Ciudad de Dios y la Ciudad del Hombre concluirán su
    definitivo desarrollo. Sobre ésta doctrina
    fantástica fundamentaron los regímenes feudales de
    la Edad Media su dominación, la subordinación de
    los pueblos, así como el papa justificó su
    preponderancia sobre tales regímenes.

    9. Santo Tomás de Aquino

    Santo Tomás de Aquino, otro de los pilares de la
    Iglesia Católica, que floreció en el Siglo XIII de
    nuestra era (1224-1274), adaptó los fundamentos del
    realismo
    aristotélico a los pilares de la fé, expresando,
    con la Escolástica, que la filosofía era una
    sirvienta de la Teología. La idea principal en Santo
    Tomás de Aquino, es la subordinación de la
    nación en la fé de Cristo y, por tanto, en la
    Iglesia.

    Santo Tomás dice que la esclavitud existe como un
    castigo para los hombres por sus pecados, y por sus necesidades
    económicas. Se basa en Aristóteles, en los
    jurisconsultos romanos y en San Agustín, para sostener
    esas tesis. Dice que los campesinos y que los artesanos urbanos,
    que son asalariados y se dedican a menesteres inferiores, no son
    dignos de manejar las cosas del estado. Estos forman la clase
    inferior; la clase media la componen los guerreros, jueces,
    científicos, sacerdotes y nobles y la clase superior es la
    gobernante.

    Según Santo Tomás, El estado no puede
    darle la felicidad a los hombres, como sostenía
    Aristóteles; sino que, por el contrario, apoyándose
    en San Agustín, esa felicidad solo puede hallarla, con la
    ayuda de la Iglesia, en la vida de ultratumba; es decir,
    después de la muerte; y
    con ello fundamenta la inmovilidad del régimen feudal -al
    que considera perfecto y de origen divino-; cuya fortaleza se
    funda en el "principio de poder", que es el único
    principio que hace posible el Estado. Esta unión del poder
    con el Estado, sólo es compatible con la unión que
    existe entre Dios y el mundo, y entre el alma y el cuerpo. Pero
    para Santo Tomás, el origen divino del poder, sólo
    se refiere a su "esencia" y no a su adquisición y
    utilización, pues éstas pueden ser obtenidas y
    ejecutadas, incluso contra la voluntad de Dios.

    10. Jacobo Benigno Bossuet

    Para finalizar estas notas sumarias sobre la
    divinización del Estado, haremos referencia a un texto famoso
    que sirvió de fundamento ideológico a la
    monarquía absoluta en Francia, en el Siglo XVII y XVIII.
    Nos referimos al libro escrito por Jacobo Benigno Bossuet, Obispo
    de Condon (1624-1704); en forma de lecciones para el
    Delfín (el heredero del trono de Francia, hijo de Luis XIV
    y de María Teresa de España), del cual fué
    preceptor de 1670 a 1679. Ya este soberano, Luis XIV,
    había dicho: "El que dió reyes a los hombres, quiso
    que se los respetase como a sus lugartenientes"; es decir, que
    este monarca se consideraba rey absoluto por derecho
    divino.

    Bossuet escribió "La Política sacada de
    las Sagradas Escrituras", y también "Discurso sobre
    la Historia
    Universal" para instruir en política al heredero de la
    corona de Francia, inspirados ambos en la concepción
    divina de que la providencia es la que gobierna el destino de los
    hombres. No hay azar ni fortuna en la marcha de las cosas; es la
    Providencia la que dirige, de manera firme, las cosas de los
    hombres y de los Estados, y no de manera vaga e incierta, sino de
    manera particularmente segura: un verdadero "dirigismo divino".
    Tal es la concepción global de la teoría
    teocrática de Bossuet.

    "La Política sacada de las Sagradas Escrituras"
    consta de diez libros, de los cuales solo los seis primeros
    sirvieron para la educación de
    Delfín; los restantes fueron escritos de 1680 a
    1704.

    Bossuet, en su Política, dice basarse en las
    "Sagradas Escrituras", es decir en La Biblia, que la Iglesia y
    todos los cristianos admiten, que han sido inspiradas o dictadas
    por Dios todas las enseñanzas que contiene; pero al
    estudiar el texto se puede
    advertir que también influyeron en el autor, pensadores
    como Aristóteles, Platón, los estóicos y
    Tomás Hobbes, el
    autor de "De Cive" (del ciudadano) y de "El Leviathan"
    (Demiurgo-Demonio).

    Para Bossuet, el monarca absoluto es de derecho divino.
    En el libro primero de la obra dice: "Libro Primero: De los
    principios de la sociedad entre los hombres. Artículo
    Primero: El hombre está hecho para vivir en sociedad.
    Primera proposición: Los hombres no tienen, sino, un mismo
    fin y un mismo objeto que es Dios: "Escucha, Israel; el
    Señor, nuestro Dios, es el único Dios. Tú
    amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón,
    con toda tu alma y con toda tu fuerza" (Cita el Deuteronomio, el
    quinto libro de Moisés, del Antiguo Testamento). Pero los
    lazos de la divinidad son rotos por las pasiones de los hombres:
    es el caso del pecado original cometido por Adán y Eva y
    el de Caín que mata a su hermano Abel; y entonces el
    hombre se convierte en "el lobo del hombre".

    En el libro segundo de la Política dice: "Libro
    Segundo: De la autoridad: "Que la monarquía real y
    hereditaria es la más propia para el gobierno". "Sobre
    todo cuando va de varón a varón y de
    primogénito a primogénito". "La monarquía es
    la forma de gobierno más común, la más
    antigua y también la más natural". "El pueblo de
    Israel se redujo
    a ella, siendo el gobierno universalmente aceptado".

    En los libros tercero, cuarto y quinto,
    desarrolló los caracteres de la Monarquía, es
    decir, los atributos de la autoridad y del poder. Los caracteres
    de la monarquía son:

    1. La monarquía es sagrada. Los
      príncipes obran como ministros de Dios y como sus
      lugartenientes en la tierra. "El título de Cristo se
      da a los reyes; los vemos llamados los Cristos o los ungidos
      del Señor".
    2. La monarquía es absoluta. "El
      príncipe no debe dar cuenta a nadie de lo que
      ordena. Sin esta autoridad absoluta no puede ni hacer el
      bien, ni reprimir el mal; su poder debe ser tal, que nadie
      pueda escapar a él". No hay fuerza coactiva contra
      el
      príncipe.
    3. La monarquía es paternal. Los reyes ocupan
      el lugar de Dios, Padre del género humano.
    4. La monarquía debe ser invencible,
      bastión del reposo público que nada puede
      forzar. "Si hay en algún Estado, alguna autoridad
      capaz de detener el curso del poder público y de
      entorpecerlo en su ejercicio, nadie está en seguridad".
    5. La monarquía está sometida a la
      razón. "El gobierno es una obra de razón y de
      inteligencia". Es decir, que el soberano debe
      ser razonable y para ello, tiene que conocer la ley, los
      negocios
      del Estado, sopesar las ocasiones y los tiempos, saber
      escuchar los consejos sensatos; conocer a los hombres,
      conocerse a sí mismo, y, después de todo,
      acostumbrarse a resolver por sí mismo las cuestiones
      planteadas, etc.. Estas últimas enseñanzas han
      sido tomadas del "Eclesiastés", uno de los libros de
      Salomón, del Antiguo Testamento: "Escucha,
      pués, a vuestros amigos y consejeros, pero no os
      abandoneis a ellos"…etc.

    11. La Iglesia Católica

    La teoría de la divinización del Estado ha
    llegado a su punto culminante, en el momento en que los
    representantes de la Iglesia Católica, Apostólica y
    Romana, encontraron los fundamentos teóricos para la
    dominación mundial del Reino de Cristo. Estas pretensiones
    tuvieron lugar desde mediados del Siglo X al Siglo XII de nuestra
    era; época en que ya, el poderío de la Iglesia era
    tan grande que los Papas se sintieron con el suficiente aliento
    para imponer la dominación cristiana, no sólo en el
    aspecto espiritual, sino también en el temporal, con la
    sujeción de los demás gobiernos de la tierra a los
    dictados de la Iglesia.

    Con ésta idea, comenzó el papado a dirigir
    sus esfuerzos a suprimir la dependencia del clero al poder
    secular, a procurar la sumisión de la población a
    éste; y a buscar la influencia ilimitada de la iglesia
    tanto en asuntos eclesiásticos como seglares.

    Esta pretensión la justificaba el clero, en la
    creencia mítica de que el Estado Eclesiástico, o
    sea, la Iglesia Católica, había sido fundada por
    Jesucristo, cuando éste le dijo a Pedro: "Tú eres
    Pedro y sobre esta piedra fundaré mi Iglesia y no
    prevalecerán contra ella las puertas del infierno". Es
    decir, que con este acto, Jesucristo instituye, de hecho, el
    Estado Católico, Apostólico y Romano; poniendo como
    su primer magistrado, Obispo y Papa, a Pedro el Apóstol.
    También sirven a las ideas de la dominación
    universal de la Iglesia Católica, las ideas de San
    Dionisio el Areopagita (el orden de la naturaleza reflejado en la
    sociedad) y de San Agustín acerca de la prevalencia del
    reino de la luz sobre el
    reino de las tinieblas.

    No vaciló el papado en inventar la teoría
    de las dos espadas. Esta consiste en divulgar la idea de que
    Jesucristo, al instituir al apóstol Pedro como Obispo de
    Roma, le
    había entregado dos espadas: la del poder
    eclesiástico y la del poder secular; y que el Papa, al
    consagrar a un soberano del poder temporal, le entregaba
    simbólicamente la espada del poder secular, por lo cual,
    siempre prevalecía sobre los estados temporales, el poder
    supremo de la Iglesia.

    Otra idea sustentada y difundida por los papas respecto
    de su poder divino, es la relativa a las llaves que Jesucristo le
    entregó al apóstol Pedro, en su concepto de portero
    del cielo. Siendo los papas sucesores de Pedro, es natural que
    tengan los mismos poderes y facultades que aquel y por tanto,
    ellos también poseen las llaves para abrir las puertas del
    cielo a aquellos que por su bendición, son favorecidos con
    tal privilegio. En consecuencia, con semejantes poderes,
    están por encima de todo soberano con poder
    temporal.

    Los papas habían ido centralizando la
    organización de la iglesia. Las actas del papa Gregorio
    VII proclaman que solo el Obispo de Roma es
    ecuménico (universal-católico); que solo él
    puede sustituir y nombrar a todos los obispos, promulgar
    estatutos e instituir jerarquías; que sólo el, en
    el mundo, puede ser denominado Papa y el único que tiene
    facultades para derrocar a los emperadores; sólo el papa
    puede dar permiso para que un Concilio sea Ecuménico; solo
    él puede decidir que un libro sea reconocido como
    canónico; nadie puede abolir sus resoluciones, excepto
    él mismo, por contrario imperio; nadie puede juzgarlo;
    pero él tiene la facultad de liberar a los súbditos
    de cualquier juramento que hubiesen prestado a sus
    soberanos.

    En su lucha contra los emperadores y monarcas que se
    sublevaban o por lo menos se oponían a las pretensiones
    del mando universal temporal de la Iglesia, se plantearon muchas
    posiciones, o mejor dicho, diversas teorías comparativas
    entre los dos poderes, en las que hacían resaltar el
    valor superior
    del poder eclesiástico sobre el civil. Así
    están las siguientes teorías: La Iglesia es
    comparada con el sol y el Estado con la luna; que recibe la luz
    de aquel; el poder eclesiástico es semejante al oro o al
    día, mientras que el poder civil es como el plomo y como
    la noche en comparación con el primero.

    Con estas doctrinas sobre el poder, el papa se atribuye
    la facultad de nombrar o deponer soberanos: es cierto que los
    reyes son nombrados por Dios, pero no obstante, quien los
    consagra, por mandato del mismo Dios, es el Papa, quien los
    bendice y los unge como tales, en actos simbólicos que la
    ley cristiana acepta ciegamente.

    CAPITULO IV

    EL ESTADO CONFORME
    EL DERECHO NATURAL

    1. La teoría del Derecho
    Natural

    La teoría del Derecho
    Natural se perfiló claramente en la historia del
    derecho cuando en la Edad Media se fundó la escuela
    clásica de esta disciplina
    bajo los auspicios de los Santos Padres de la Patrística
    (San Agustín, San Ambrosio, etc.) con las novedades
    introducidas por la Escolástica. Pioneros en esta Escuela fueron
    Santo Tomás de Aquino y Duns Scoto; más tarde
    Altucius, con un sentido racionalista y posteriormente
    Tomás Moro y Tomás de Campanella con un sentido
    socialista utópico hasta llegar a los racionalistas como
    Juan Jacobo Burlamaqui, Hugo Grocio, Baruch Spinoza, Christian
    Tomasius y Pufendorf. Sin embargo, la teoría del derecho
    natural tiene lejanos antecedentes históricos en la
    filosofía y en la literatura, pudiéndose establecer
    dos corrientes ideológicas totalmente opuestas: una que se
    fundamenta en la fuerza biológica del hombre, es decir, en
    la fuerza bruta y la otra se basa en el principio universal de
    justicia no sujeto a la voluntad de los hombres, y anterior y
    posterior a todos los códigos y legislaciones de los
    Estados.

    La más notable referencia que se tiene de la
    primera tesis se encuentra en el famoso diálogo
    "Gorgias" de Platón, en el que intervienen Sócrates,
    Gorgias, el célebre sofista, Polo un interlocutor indeciso
    y Calicles el cínico o inescrupuloso político ajeno
    a toda consideración pacifista. El diálogo
    versa sobre la retórica, o sea sobre el discurso que
    traslada al auditorio la argumentación para persuadir,
    conmover, agitar o enseñar.

    Calicles sostiene la tesis de que el Derecho es la
    fuerza, el poder del que dispone de la capacidad de imponerse por
    medio de la violencia.
    Sócrates le demuestra que el Derecho es la ley positiva,
    la ley dada y mantenida por el poder del Estado.

    En el sentido expresado por Calicles, la teoría
    del derecho natural fue sostenida más tarde por
    Nicolás Maquievelo, Tomas Hobbes y
    Rodolfo Von Ierhing y luego por los defensores del Estado racista
    como Gobinneau, Chamberlain, Bogor, etc.

    La segunda corriente tiene su más notable
    antecedente en la célebre tragedia de Sófocles "Los
    Siete contra Tebas", cuando los siete hijos de Edipo se
    disputaban el mando de Tebas; uno de los hermanos asume el poder;
    otro de ellos que combate por derrocarlo perece en la batalla y
    el gobernante promulga un decreto por el cual prohibe se le
    dé sepultura al cadáver so pena de muerte
    al que se la dé. Pero Antígona, la hermana de todos
    ellos se opone al decreto del tirano exclamando: "Yo daré
    sepultura al cadáver, porque obedezco la ley natural
    increada, la ley dada por los dioses, que es superior y anterior
    a toda ley humana".

    Esta segunda tesis fue la que recogió la Escuela
    Clásica del Derecho Natural y la que se ha venido
    defendiendo en todos los círculos jurídicos hasta
    nuestros días.

    Seguiremos paso a paso, en la medida de lo posible, la
    trayectoria de ambas posiciones.

    2. El Renacimiento

    El Renacimiento es
    el gran movimiento intelectual, artístico,
    filosófico y científico que, desde fines del Siglo
    XV hasta el primer cuarto del Siglo XVI, sacude a la Europa feudal con
    los vientos huracanados de la revolución
    intelectual, que insuflan nueva vida a las disciplinas del
    arte, la ciencia y
    la filosofía en todas sus dimensiones. Se trata de un
    movimiento que quiere retornar, por la vía directa, y no a
    través de las transmisiones distorsionadas del
    cristianismo, a las fuentes puras
    de la antiguedad clásica, con una visión del futuro
    de alegría y optimismo, a una vida que se realiza en la
    tierra y no, como lo hacía la teología cristiana,
    con una idea de ultratumba, para una existencia celestial que se
    verificaría después de la muerte.

    El renacimiento derrumbó no solo las columnas del
    arte, la ciencia y
    la filosofía medievales; sino que también,
    abatió, de modo implacable, la arquitectura
    majestuosa del poder espiritual de la Iglesia, representado por
    el Papa y la del poder temporal, representado por el Emperador.
    Por una parte, el Papa no logró nunca un dominio absoluto
    y ecuménico tal como lo pretendió con ardoroso
    empeño, la Iglesia en muchos siglos; y, por el otro, el
    Emperador fué definitivamente descartado cuando se
    constituyeron las grandes monarquias europeas como Francia,
    España e Inglaterra, que
    le disputaron la soberanía; al mismo tiempo que le
    impusieron límites a
    las pretensiones de la jerarquía papal y
    eclesiástica.

    Por otra parte, los nuevos descubrimientos
    geográficos como el de América; la nueva ruta hacia
    la India por el "Cabo de la Nueva Esperanza" al sur de Africa ya
    la ruta terrestre hacia el lejano Oriente descubierta por Marco
    Polo; la invención de la imprenta en 1496, etc.; todo eso
    hizo variar de rumbo completamente a la mentalidad de los pueblos
    de aquel tiempo.

    Cierto es, sin embargo, que los nuevos Estados
    unificados de las grandes monarquías de Francia,
    España e Inglaterra;
    continuaron con sus sistemas de
    dominio absoluto, sobre la base de las tradiciones milenarias, en
    cuanto a la gestión
    política se refiere, es decir, justificándolas como
    si fuesen la expresión de la voluntad divina. Pero, a
    partir del Renacimiento, aparecen nuevas ideas que explican, de
    manera diferente, la naturaleza, la substancia, la esencia y la
    razón de ser del Poder Estatal. Estas ideas corren
    paralelas a las tradicionales formas del pensamiento
    político, cuya influencia se prolongó, con Bossuet
    y Fenelón, hasta las postrimerías de la
    monarquía absoluta en Francia, y con los teólogos
    católicos en la monarquía española
    representada, inicialmente, con los reyes católicos
    Fernando e Isabel, Carlos I, Felipe II, etc., que según
    sus creencias, reinaban por derecho divino. En ese trayecto,
    desde fines del siglo XV hasta fines del XVII, se proyectan las
    grandes figuras de Nicolás Maquiavelo, Juan
    Bodín, Tomás Moro, Baruch Espinoza y Hugo Grocio,
    cuyo pensamiento político e ideas respecto al Estado,
    examinaremos en breves páginas.

    Nicolas Maquiavelo
    (1469-1527), Juan Bodín (1520-1596), Tomás Moro
    (1478-1535), Tomás de Campanella (1568-1639) y los
    Holandeses Hugo Grocio (1583-1645) y Baruch Espinoza (1632-1677);
    fueron los representantes ideológicos de las
    burguesías nacientes, vanguardia del
    capitalismo
    que se iniciaba en la Europa
    Occidental, y cuya nueva cultura exigía nuevas visiones en
    las disciplinas científicas, filosóficas, morales y
    políticas; en contraposición a las
    ideas, dominantes aún, de la Edad Media y del Feudalismo,
    basadas en la religión y en la teología. Estos
    ideólogos, en las cuestiones de la política y del
    Estado, ya no se explican el fenómeno social por
    metafísico derecho divino, de una imposición de la
    voluntad de Dios en las cosas de los hombres.

    3. Maquiavelo

    Nicolas Maquiavelo (1469-1527), es abrasado por todo el
    fuego ardiente del Renacimiento, en su más brillante
    esplendor; vive toda su vida en la Florencia de los
    Médicis, (prestamistas que gobernaron desde 1434 hasta
    1493); del Monje Gerónimo Savonarola (que gobernó
    desde 1494 hasta 1497) y los Borgia (1497-1507). Maquiavelo
    fué el primero en basarse en la observación de los hechos; en la
    utilización de los datos de la
    historia y en el conocimiento de la psicología humana; en
    la ciencia
    política liberada de los dogmas de la religión y de
    la teología. Trata de descubrir las leyes que rigen el
    desarrollo de los fenómenos sociales.

    Maquiavelo, ve los hechos conforme su naturaleza. No
    estudia al hombre ni sus insituciones conforme idealidades
    metafísicas; sino conforme su propia reacción
    natural espontánea. Sobre política escribió
    dos obras que son muy famosas: "Discursos
    sobre las décadas de Tito Livio" (que habla de la
    República) y "El Príncipe" (que da las reglas sobre
    la conducta de un
    hombre de Estado). Esta última fué de gran provecho
    para todos los gobernantes del mundo entero, que han basado su
    política en el empobrecimiento de las clases desheredadas,
    la traición, la mentira, la hipocresía; sujetandose
    fielmente a los dictados del contexto brillante del escritor
    florentino, que tuvo como principal modelo al
    astuto, feroz, cruel e implacable déspota de la
    república de Florencia: César Borgia, hijo favorito
    del Papa Alejandro IV (Alejandro Borgia).

    Examinaremos esta última obra que es donde se
    expresa con más nitidez el pensamiento de Maquiavelo sobre
    el Estado y el hombre de Estado.

    1. Se propone maquiavelo en "El Príncipe",
      investigar "cuál es la esencia de los principados; de
      cuantas formas de principados hay, cómo se adquieren,
      cómo se mantienen y por que se pierden" (carta de
      Maquiavelo a Vettori). Divide los principados en cuatro clases:
      Hereditarios (como la monarquía francesa o
      española); Nuevos (cómo los que surgían en
      la Italia de su
      tiempo; dezpedazada constantemente por las invasiones
      extranjeras de alemanes, franceses, austríacos,
      españoles y por las querellas internas en que se
      despedazaban las ciudades entre sí, en guerras
      intestinas capitaneadas por "condottieri" -aventureros-
      mercenarios, que se vendían al mejor postor, cómo
      las ciudades repúblicas de su tiempo, dirigidas por
      déspotas o familias aristocráticas); Mixtos (como
      el reino de Nápoles en su anexión a
      España); y Eclesiásticos (que tienen sus propias
      modalidades).
    2. A Maquiavelo no le interesa la justificación
      previa de una acción por la vía de la
      abstracción jurídica o filosófica; a
      él, lo que le preocupa, es la comprobación de la
      generalidad de un hecho real; el dominio desnudo de la fuerza
      en las acciones humanas; el triunfo de la fuerza como esencia
      de la historia humana. Este hecho hay que observarlo en las
      formas de
      gobierno (despotismo, aristocracia, república). Para
      este autor, la aplicación de la fuerza en los actos de
      gobierno, es simplemente un hecho natural, vanal y
      simple.
    3. Todo principado (nobleza territorial-Estado)
      significa una "creación de fuerza". En tener fuerza en
      todo estriba el Poder del Estado; tanto para adquirirlo como
      para conservarlo. La razón primera y última de la
      política del príncipe es el empleo de la
      fuerza; pues "la fuerza es justa cuando es necesaria", y el
      mejor empleo de la
      fuerza es la guerra. "La guerra -escribe Maquiavelo-, las
      instituciones y reglas que le conciernen, son el único
      objeto al que un príncipe debe entregar sus pensamientos
      y su aplicación y de la cual le conviene hacer su
      oficio; esta es la verdadera profesión de cualquiera que
      gobierne, y con ella, no sólo los que han nacido
      príncipes pueden mantenerse, sino también, los
      que nacieron simples particulares pueden frecuentemente, llegar
      a ser príncipes. Por haber descuidado las armas y haber
      preferido en vez de ellas las dulzuras de la molicie, se les ha
      visto perder sus Estados a algunos soberanos. Despreciar
      el arte de la
      guerra es dar el primer paso hacia su ruina; poseerlo
      perfectamente, "es el medio de elevarse al poder". Así,
      pues, para todo Estado (hereditario, nuevo o mixto) en
      cualquiera de sus formas de despotia, monarquía,
      oligarquía aristocrática o república; las
      bases fundamentales son "buenas leyes o buenas armas"; no
      puede haber buenas leyes allí donde no hay buenas armas;
      y al contrario: "allí donde hay buenas leyes, sí
      hay buenas armas". Las buenas armas, para Maquiavelo, son los
      ejércitos nacionales; los mercenarios no. Para
      Maquiavelo el Estado es la fuerza; la fuerza del que domina; a
      los súbditos solo les toca obedecer. Pero estos
      súbditos aman la libertad,
      como se ha visto a traves de la historia de la humanidad, a
      muchos pueblos luchar y morir por ella y como el mismo
      vió a sus coetáneos luchar y morir en defensa de
      las libertades públicas que ofrecían las
      repúblicas aristocráticas de su tiempo (Venecia,
      Milán, Florencia, Pisa, Parma, etc.), que luego fueron
      destruidas por familias despóticas (los Médicis,
      Orsini, Borgia, etc.). Los principados (Estados) deben basarse
      fundamentalmente, para conservarse, en la fuerza: "Cualquiera
      que habiendo conquistado un Estado acostumbrado a vivir libre
      no lo destruya, debe esperar ser destruido por él…..
      Tómese la precaución que se tome, hágase
      lo que se haga; si no se disuelve el Estado, si no se dispersa
      a sus habitantes, se les verá, en la primera
      ocasión, recordar, invocar su libertad, sus
      instituciones perdidas y esforzarse por
      recuperarlas".

    4. La monarquía francesa

    La monarquía francesa, uno de los grandes
    principados (Estado) hereditarios según Maquiavelo, y una
    de las grandes naciones unificadas bajo el feudalismo; era,
    en tiempos de Juan Bodín (1520-1596), nación
    dividida, escindida por las querellas entre católicos y
    protestantes, es decir, por las guerras de la
    religión.

    1. El enfrentamiento entre las ideologías
      católica y protestante, había sido iniciado en
      1517 en Alemania por
      el frayle Martín Lutero (1483-1542); la reforma
      protestante había prosperado de manera incontenible por
      toda Europa, especialmente en Francia, los países
      germánicos e Inglaterra. Estando Francia bajo el reinado
      de Carlos IX, católico igual que su madre Catalina de
      Médicis y sus hijas, prepararon la matanza de
      protestantes iniciada al día siguiente de la boda de
      Enrique de Navarra con Margarita, la hermana de Carlos IX; la
      noche en que se inició esa matanza se llamó
      "noche de San Bartolomé".
    2. A raíz de estos acontecimientos, un erudito
      historiador llamado Francisco Herman, desde Ginebra, la ciudad
      suiza dominada por el fanatismo calvinista; en un panfleto
      llamado "Franco-Galia", le hace duras críticas a la
      monarquía francesa y propone un gobierno, un Estado
      mixto, compuesto de tres elementos; la realeza como poder, la
      aristocracia como intermediaria y el tercer estado, el pueblo
      como partícipe del gobierno del rey. El primero y el
      tercero de estos elementos -dice el panfleto- son enemigos
      naturales y la aristocracia sería la armonizadora.
      Propone, en síntesis, que el monarca puede ser
      revocado cuando no cumpla con los propósitos de los
      súbditos; en contra de la tendencia de los juristas
      burgueses (ya que, por ese tiempo, la burguesía hiba
      tomando injerencia notoria en las cuestiones políticas),
      que luchaban por inponer el derecho
      romano imperial que daba al rey un poder absoluto. A este
      reto respondió un grupo neutro
      denominado "Los Políticos", que admitía la
      realidad de la división de la nación francesa en
      ideologías religiosas contrarias. Este grupo se propone
      la tolerancia en
      materia religiosa; mantener la paz de la nación,
      enalteciendo la figura del rey como arbitro y protector de
      todos los cultos, y no como jefe de ninguno de
      ellos.
    3. El filósofo de esta idea jus-política
      fué Juan Bodín, el jurista autor de "Los seis
      libros de la República", publicada de 1576 a 1578, tres
      años después de la terrible matanza de nobles
      protestantes en la "noche de San Bartolomé". Juan
      Bodín fué un filósofo, jurista,
      historiador, político y economista, que además,
      escribió un interesante estudio denominado "Método
      para facilitar el conocimiento de la Historia" y estudios de
      jurisprudencia y economía.

    El primer libro de la "República" se titula:
    "Cuál es el fin principal en una República bien
    ordenada", el cual comienza con la siguiente definición:
    "República es un recto gobierno de varias familias y de
    la que les es común, con potestad soberana". La esencia
    de esta definición es que, el autor entiende por
    "república", a la manera de los romanos, "la cosa
    pública", la comunidad política en general y no
    "como una forma de gobierno" que se opone a la
    monarquía, al imperio, a la aristocracia, a la
    oligarquía y que es la "forma" específica de la
    "democracia";
    que el gobierno de esa cosa pública, de esa comunidad
    política, es atributo de "varias familias de la
    nobleza", entre las cuales está repartida la potestad
    soberana que ejercen en común.

    Bodín, a diferencia de Maquiavelo (que se situa
    en el hecho concreto sin
    importarle justificación o legitimidad alguna), busca
    ante todo, un fundamento jurídico, la base legal del
    asunto. Sin esa base todo lo que se diga caerá por su
    propio peso. Para Bodín la comunidad política es
    un gobierno "recto", de derecho; algo que no sólo es
    conforme a ciertos valores
    morales de razón, de justicia, de orden, sino
    también, que encuentra su fin principal en la
    realización material de esos valores.
    La familia
    es el punto de partida; es, a la vez, la
    célula madre y la imagen y modelo de
    toda la comunidad política bien ordenada.

    La potestad está considerada, sin
    discusión posible, como inherente a la noción
    misma de comunidad política, dice Bodín: "…la
    República, sin potestad soberana, que une a todos los
    miembros y partes de aquella y todas las familias y colegios en
    un cuerpo, no es ya república". Bodín, igual que
    los romanos, predica la soberanía como un sentimiento o
    concepto de fuerza y majestad.

    La soberanía es, segun Bodín, una fuerza
    de cohesión, de unión de la comunidad
    política, sin la cual ésta se dislocaría.
    Ella cristaliza ese trueque de mando y de obediencia, que la
    naturaleza de las cosas impone, a todo grupo social que quiere
    vivir: "es la potestad absoluta y perpetua de toda
    República" (Estado). Perpetua, quiere decir que
    "está intimamente ligada a la conciencia directriz de la
    sociedad, bajo cualquier forma que se presente
    (monarquía, aristocracia, o democracia)…" (P.
    Mesnard).

    Autoridad absoluta, quiere decir, que el soberano
    tiene la facultad de ordenar o suprimir la ley basado,
    únicamente, en su pura y franca voluntad. La primera
    facultad del príncipe soberano, es la de dar la ley,
    para todos, en general, y cada uno en particular, sin necesidad
    del consentimiento del más grande, del igual o menor que
    él… Ni la costumbre se escapa a esta soberanía;
    pues, "La costumbre no puede anular la ley, pero la ley
    sí puede derogar la costumbre"
    (Bodín).

    Todos los signos de la soberanía están
    comprendidos en el príncipe (monarca,
    aristócratas, pueblo), decretar la guerra y tratar la
    paz; instituir oficios, profesiones y funciones; juzgar, en
    última instancia; otorgar Gracias a los condenados, en
    oposición a las sentncias y contra el rigor de las
    leyes; acuñar la moneda y recaudar tributos e
    impuestos; …Todos esos signos se derivan de la facultad
    preciosa de la soberanía, de ese monopolio de
    dar y de anular la ley.

    La soberanía según Bodín, puede
    residir en la muchedumbre (democracia) o en una minoría
    (aristocracia) o en un solo hombre (monarquía). La
    teoría de Bodín, es la de la unificación
    de Francia; de la unidad soberana, contra la feudalidad;
    cascada de dominios eminentes y de lazos jerárquicos
    personales; lo cual significaba la fragmentación, hasta
    lo infinito, de la autoridad pública, la
    confusión de los poderes públicos y de los
    poderes privados. Es decir, que la soberanía,
    distribuida en tantos pequeños estados feudales,
    perdía su eficiencia. En
    cambio, la dispersión feudal caía pulverizada
    bajo el peso de esta soberanía absoluta, armada con el
    monopolio de dar y de anular la ley. La burguesía de
    entonces, pues, estaba de parte de la monarquía
    absoluta, que propiciaba la unidad de Francia, en contra de los
    señores feudales protestantes, que proponían el
    gobierno mixto antes mencionado.

    La teoría de Bodín tiene un doble
    objetivo:
    terminar con un Estado feudal, que consiste en un poder real
    disfrutado, conjuntamente, con una serie de nobles familias
    aristocráticas; y el otro, el de limitar las
    pretensiones de dominio temporal del Papa, o del poder
    episcopal, destacando que, el soberano absoluto, no tiene otro
    poder por encima de él, ni otro igual a su lado. El
    soberano lo tiene todo por sí mismo.

    En lo demás de su obra "Los seis libros de la
    república", Juan Bodín, se propone descubrir las
    leyes que determinan los hechos sociales. En este sentido,
    sostiene la teoría de la influencia que ejerce el
    clima sobre
    el carácter de los pueblos, y sobre las ocupaciones de
    éstos afirmando, de esta manera, la influencia decisiva
    que los accidentes
    geográficos tienen sobre la vida y la historia de los
    hombres.

    5. Tomás Moro y Tomás de
    Campanella

    Tomás Moro, en su libro "Utopía" o "Libro
    Aureo", refleja el estado económico de la Inglaterra de
    principios del Siglo XVI, constituyéndose tal obra, en un
    valioso testimonio histórico, sobre la cruel
    explotación de las masas trabajadoras en el período
    inglés
    de la acumulación primitiva de capital, que
    marcó el inicio de la dominación de la
    burguesía.

    Campanella escribe "La Ciudad del Sol", que es la
    descripción de un Estado utópico, a
    semejanza de la isla de la Utopía de Tomás Moro;
    inspirado por el anhelo de hallar una solución a la penosa
    situación de las masas trabajadoras de Italia. En ella
    traduce la aspiración de dicha clase, de liberarse de la
    opresión y de la explotación de que eran objeto,
    por las clases señoriales.

    6. Hugo Grocio

    Grocio, representante, en Holanda, de la naciente clase
    capitalista en el Siglo XVI, escribió su célebre
    tratado "Del Derecho de la Guerra y la Paz", que trata sobre los
    problemas del
    derecho
    internacional, del derecho en general, y del Estado en
    particular. Para este autor, el derecho no descansa en la
    voluntad de Dios, sino "en la naturaleza de los
    hombres".

    7. Baruch Spinoza

    Spinoza, es otro holandés afiliado a la corriente
    progresista de su tiempo, al lado de la clase capitalista que
    iniciaba su proyección hacia el dominio económico,
    social y político.

    Baruch (Bernardo o Benedicto) Spinoza, pertenece a los
    pensadores holandeses del Siglo XVIII partidario de la
    filosofía jusnaturalista independiente de las
    enseñanzas de la religión y de la teología.
    Su obra capital es la
    "Etica demostrada por el método
    geométrico"; pero sus ideas sobre la sociedad y el Estado
    las desarrolla en sus obras "Tratado teológico
    Político" y "Tratado Político".

    Con respecto al Derecho y al Estado es rigurosamente
    determinista: en la naturaleza nada hay casual; todo está
    sujeto a la ley de las causas y de los efectos, pues todo se
    realiza de modo necesario. El Derecho y el Estado tienen su
    fundamento en la "ley Natural" que es la expresión de la
    "necesidad natural". Sostiene que el derecho natural de cada
    individuo llega hasta donde alcanza su poder, así, los
    peces grandes
    devoran a los pequeños y éstos se desplazan
    libremente en las aguas mientras no son devorados; o el derecho
    natural de los hombres alcanza hasta donde llegan sus fuerzas o
    capacidades de dominio.

    Todos los anteriores expositores de esa época,
    Siglos XVI y XVII, fueron defensores de una teoría
    "jus-naturalista" o sea, de uan teoría del "Derecho
    Natural", desprendida del estudio de la naturaleza humana, aunque
    unos, como Maquiavelo, Bodín, Grocio y Spinoza fueron
    partidarios del absolutismo,
    aunque no fuera el rey el jefe del gobierno del Estado; y otros,
    como Moro y Campanella eran partidarios de un régimen
    socialista, que ellos imaginaban como ensoñaciones
    utópicas.

    8. Thomas Hobbes

    Un defensor del absolutismo
    del rey, de la monarquía, en Inglaterra, fué John
    Oliver Thomas Hobbes (1588-1679), o sea en los Siglos XVI y XVII,
    con base en las ideas del "Jus-naturalismo" (la teoría del
    derecho natural), y no en las concepciones de la teología
    y de la religión. En 1634 escribió un libro
    titulado "Defensa de los Derechos del Rey, necesarios para
    conservar la Paz en el Estado". Exiliado en París,
    escribió en 1641 el libro "El Ciudadano" y también
    las obras "Del Cuerpo" (1644) y "Del Hombre" (1648). En 1651
    escribió el "Leviathan", su obra capital en materia de
    filosofía política. Hobbes fué atacado,
    tanto por los monarquicos como por los republicanos (que
    habían tomado el poder dirigidos por Oliverio Cronwell en
    1648), debido a sus ideas filosóficas materialistas,
    mecanicistas y ateas. Los primeros decían que era
    imposible justificar la monarquía que se basaba en el
    "derecho divino" y no en el "derecho natural" y los segundos por
    que se oponían a sus designios políticos y
    religiosos.

    En Inglaterra en el Siglo XII hubo una revolución
    por la cual los nobles feudales le impusieron al rey Juán
    Sin Tierra, mediante una carta magna se
    establecieron los derechos de los nobles, las limitaciones del
    poder real y el Parlamento como órgano de gobierno. Con el
    establecimiento de la república, de 1648 hasta 1660 por
    Oliverio Cronwell y sus partidarios, el Parlamento ha jugado un
    papel decisivo
    en la historia del estado inglés
    hasta nuestros días.

    Las ideas filosóficas de Hobbes representan una
    visión general de las ideas científicas y
    filosóficas del Renacimiento y de la Reforma protestante,
    a la luz del racionalismo;
    por eso piensa que lo infinito no puede ser objeto del
    conocimiento, sino sólo objeto de la fe, y de la creencia
    religiosa y Dios sólo es un esquema de la Teología.
    La filosofía de Hobbes es esencialmente sensualista y
    mecanicista; lo fundamental en el mundo es la materia, el cuerpo;
    la materia está formada por los átomos, que son los
    elementos más infimos de ella; los cuerpos existen
    independientemente de nuestra conciencia; la materia es eterna, y
    no ha sido creada, no crece ni desaparece; la materia puede ser
    conocida por medio de nuestros sentidos y por medio de la
    razón; las sensaciones constituyen un conocimiento
    inferior; la razón aporta los conceptos.

    Desde su punto de vista, el método
    matemático, geométrico, es un método
    científico universal que debe ser aplicado, tanto en el
    terreno de las ciencias
    naturales, como en el de las sociales, en la vida social, en
    el espacio moral y político. Este enfoque de la teoría del
    conocimiento por el método científico natural,
    implicaba una verdadera revolución que se enfrentaba al
    predominio de la escolástica. Sin embargo, el
    método mecanicista, apenas era el primer intento de
    rebelión contra un pasado sumido en el mundo de la
    religión y de la teología.

    ¿Que busca el hombre como fin supremo?,
    preguntaba Hobbes; y contesta: El placer verdadero, es decir, lo
    útil. Y ¿Qué es lo útil al hombre?; y
    contesta: Una moral utilitaria amplia que abrace la ética
    más pura; es preciso ser buen ciudadano, buena persona, sociable
    y servicial, no por el cumplimiento de un deber, sino por la
    utilidad que
    el hecho útil presenta. La moral
    utilitaria supone un estado social organizado. El hombre en
    "estado de naturaleza" es un lobo para el hombre (homo homini
    lupus). El "estado natural" consiste en una guerra permanente de
    todos contra todos (bellum omnium contra ommes), y para escapar a
    esta destrucción recíproca, los hombres se
    sometieron a un príncipe que organizó las
    relaciones sociales en vista a lograr un interés
    común satisfactorio. Tal príncipe merece que le
    resignen todos los intereses individuales, el de las
    instituciones religiosas, el de las creencias de toda clase y
    hasta los dogmas; y doctrinas de la ciencia. En suma: el
    despotismo absoluto es la consecuencia definitiva de la doctrina
    utilitarista de Hobbes. Es evidente que Hobbes influyó en
    Juan Jacobo Rousseau para la estructuración de su doctrina
    del "Contrato Social"
    que tanto influyó para la dirección del proceso revolucionario de la
    Europa del Siglo XVIII.

    El libro de Hobbes sobre el Estado se llama "Leviathan"
    y fué publicado en 1651. El "Leviathan" es la
    síntesis de la doctrina de Hobbes, que algunos han llamado
    "tesoro de doctrina moral y política" y otros, consideran
    que es la más grande obra de filosofía
    política escrita en inglés. El nombre completo de
    la obra es: "Leviathan: o la materia, la forma y la potencia de un
    Estado eclesiástico y civil".

    Leviathan es un monstruo bíblico, una especie de
    gran hipopótamo del cual habla el Libro de Job, indicando
    que "no hay potencia en la
    tierra que pueda serle comparada". En otra imagen, esa bestia
    marina es comparada, o mejor dicho representada por los santos
    padres de la Iglesia católica; en el sentido moral, como
    el demonio o enemigo de las almas. Según la
    mitología del pueblo mandeo (pueblo de la antigua India
    que vivía en las márgenes del río Indo) es
    un monstruo que, al final de los tiempos, durante la
    dominación del planeta Marte y la aparición del
    Islamismo, devorará la tierra, los planetas, el
    zodíaco y todas las almas pecadoras.

    Para Hobbes, el Leviathan es un hombre artificial
    gigantesco. Este ser mítico aparece pintado en la primera
    edición de la obra, imaginado por el autor emergiendo de
    una colina, a medio cuerpo, con la mirada dilatándose
    hacia un paisaje de bosques, colinas y valles que preceden a una
    ciudad importante; su mirada es fija, penetrante, con una sonrisa
    leve, casi imperceptible y sarcástica, con gran parecido a
    Oliverio Cronwell, el dictador republicano que ocupa la jefatura
    del Parlamento Inglés, desde la revolución de 1648
    y cuyo poder terminó con él en 1658 y con su hijo
    en 1660. Su cuerpo está hecho de individuos aglomerados
    que se juntan a millares; en la mano derecha sostiene, levantada
    sobre el campo y la ciudad, una espada; en la izquierda, un
    báculo episcopal. Más bajo, encuadrando con el
    título de la obra aparecen dos series de emblemas; unos de
    orden temporal-militar y otros de orden
    espiritual-eclesiástico, o sea: un fuerte, una catedral,
    una corona y una mitra, un cañon y los rayos de la
    excomunión, una batalla con caballos encabritados, un
    concilio cuyos personajes llevan grandes vestimentas.

    El ser descrito es un "hombre artifical creado por el
    arte habilidoso del hombre: el Leviathan es una invención
    humana conocida con el nombre de "cosa pública" o "Estado"
    (Commonwealth o Civitas y polis). Este ser mítico,
    imaginado por Hobbes con forma humana, ha sido creado para
    defensa y protección del hombre natural: en él, su
    alma es la soberanía; la recompensa y el castigo son sus
    nervios; la opulencia y la riqueza de todos los particulares son
    su fuerza; la salud del pueblo es su
    función, la equidad y las leyes son la
    razón de su ser y de su voluntad; la concordia es su
    salud; la
    sedición es su enfermedad; la guerra civil es su
    muerte.

    En el análisis del hombre artificial que es el
    "Leviathan", Hobbes sigue los siguientes pasos:

    1. La causa material y la causa eficiente, o sean: la
      substancia y el escultor. Uno y otro son la misma cosa: el
      hombre, como ser individual natural. En el comienzo de todo
      está el movimiento; y el hombre, como ser natural, es un
      mecanismo con sensaciones que se manifiestan en forma de
      apetitos, deseos, aversiones, amor u odio
      que generan esfuerzos hacia la consecución de algo "La
      voluntad es el acto de decidir el último apetito o la
      última aversión en el debate
      interior previo para hacer o no hacer alguna cosa". "Lo que se
      llama "felicidad" existe cuando nuestros deseos se realizan con
      un éxito
      constante".
    2. El poder es la condición "sine qua non" de
      esta felicidad. Riquezas, ciencia, honor, no son sino formas
      del poder. Hay en el hombre un deseo perpetuo, incesante, de
      poder, que no cesa sino con la muerte. El hombre es un ser
      dotado de razón y en esto se distingue de los
      demás seres del reino animal; es curioso, y de
      allí su afan por la ciencia; es religioso, de donde su
      afán de averiguar sobre lo infinito e invisible, es
      decir, por la causa de las cosas que es Dios; sufre de ansiedad
      y de ambición, y de allí su afan de indagar sobre
      el porvenir y de temerle a lo invisible. Esa es la naturaleza
      del ser humano.
    3. Todo hombre frente a otro hombre es un competidor. Y
      esa es, precisamente, la condición natural de vivir en
      sociedad. y todos los hombres están ávidos de
      poder, bajo todas sus formas, en todos sus aspectos y
      manifestaciones. El estado natural del hombre es la competencia, la
      desconfianza recíproca, la avidez de gloria o de
      reputación, lo cual da como resultado la guerra
      permanente de todos contra todos. La guerra no es sólo
      el hecho actual de batirse, sino la "voluntad buscada de
      batirse"; y mientras exista esa voluntad de batirse, hay guerra
      y no paz: el hombre es el lobo del hombre; homo homini
      lupus.

    En el estudio del hombre individual -desde el punto de
    vista biológico natural- Hobbes señala dos
    tendencias naturales de la raza humana, que son:

    1. Una avidez natural por la cual uno pretende gozar,
      él sólo, de los bienes
      comunes;
    2. Una razón natural por la cual cada uno
      procura evitar la muerte violenta como el mayor mal de la
      naturaleza.
    1. La primera ley fundamental es: "buscar y conseguir
      la paz, en cuanto se tiene la esperanza de obtenerla; y
      cuando no se puede obtenerla buscar y emplear todos los
      auxilios y ventajas de la guerra" (Leviathan
      I.14).

      La segunda ley es: "El hombre,
      espontáneamente, cuando todos lo hagan y en cuanto lo
      juzguen necesario para su paz y su defensa, debe de renunciar
      a su derecho sobre todo y contentarse con tener tanta
      libertad respecto a los otros cuanto él mismo reconoce
      a los demás con respecto a sí"
      (Leviathan).

      Bajo la influencia de estas dos leyes generales del
      derecho natural, el hombre sale de su "estado de naturaleza",
      es decir, de la guerra contínua o perpetua de todos
      contra todos y celebra con los otros hombres "pactos,
      contratos
      o convenios" por los cuales renuncia a una parte de sus
      derechos primitivos.

    2. Para escapar o salir de ese "estado de naturaleza"
      que es el de "guerra de todos contra todos", el hombre ha
      tenido necesidad de crear el "derecho natural" orientado por la
      razón. Se llega al derecho por el impulso natural de las
      pasiones y de la razón. Algunas de las pasiones inclinan
      al hombre hacia la paz, como por ejemplo, el temor a la muerte;
      a la vez que la razón le sugiere artículos de
      paz, con los cuales puede convenir con los demás hombres
      con quienes se relaciona. A esos artículos Hobbes los
      llama "leyes naturales", a los cuales la razón llega de
      hecho, obtenidas como conclusiones, axiomas o teoremas en la
      geometría. Esos artículos son
      leyes, preceptos o normas
      generales, por las cuales, se prohibe, a los hombres, hacer lo
      que acarrea la destrucción de la vida u omitir lo que no
      contribuye a conservarla.
    3. Esos pactos, convenios o contratos no
      se cumplirán dada la naturaleza apetitiva, mezquina y
      egoísta del hombre individual. Se necesita para ella
      de un poder irresistible, visible y tangible, armado del
      castigo, que constriña, obligue y someta a los
      belicosos hombres, pues "los pactos sin la espada no son
      más que meras palabras" (Leviathán). Este ser
      irresistible, visible y tangible es el Estado -el Leviathan,
      el hombre artificial cuya descripción se ha hecho- o sea la "Cosa
      Pública", el Commonwealth, la Civita, la polis; esta
      Estado goza de un poder cohercitivo que constriñe, que
      obliga, de donde nacen las nociones de lo justo y de lo
      injusto, del bien y del mal; en general, las nociones
      morales; ser que sirve de medio para garantizar la vida
      pacífica de la comunidad (Leviathan I.15).

      Una ley natural obliga al soberano a garantizar la
      vida y la seguridad
      de la comunidad, del pueblo; pero el soberano sólo
      está obligado a rendir cuentas
      ante Dios, que es el autor de esa ley. También es
      obligación del derecho natural del soberano, el
      preservar la soberanía, no traspasarla a otro ni
      permitir que sea disminuída.

      Los súbditos están obligados a la
      más completa obediencia al soberano en todo lo que no
      esté en oposición a las leyes
      divinas.

    4. El Estado es una persona de
      cuyos actos cada uno de los individuos debe considerarse autor.
      El que representa al Estado es el "soberano", el cual tiene
      poder ilimitado sobre todos; los demás sólo son
      súbditos. El poder del soberano es absoluto.
    5. Lo que preserva al Estado-Leviathan, es la autoridad.
      El beneficio conquistado con el pacto social que creó al
      Estado, el hombre que era un lobo para el hombre se ha
      convertido en un "Dios" para el hombre. Es decir, el ente
      mítico "Leviathan" -monstruo o dios se ha considerado,
      fantásticamente, un monstruo devorador o un dios
      hacedor, protector, magnánimo, previsor, liberal y
      humano. La autoridad es la afirmación intransigente y el
      ejercicio integral de la soberanía. Los derechos de la
      soberanía son para el soberano los medios para la
      realización de sus funciones; y quien renuncia a los
      medios renuncia, así mismo, de los fines. La autoridad
      es la condena implacable de todas las doctrinas que falsamente
      conducen a las sediciones y a la guerra civil.
    6. Lo que disuelve al Estado, es la ausencia de
      autoridad absoluta e indivisible. Una forma de minarla es
      aceptar gobiernos mixtos; la pretensión de someter al
      soberano a las leyes; la de atribuir a los súbditos un
      derecho de propiedad
      absoluta.

    Lo que disuelve al Estado es la discusión del
    poder del soberano, por lo cual el Estado debe perseguir todas
    las falsas doctrinas que lo adversen y lo critiquen, siendo
    esta persecución tenaz e implacable.

    La principal idea que debe perseguir sin descanso el
    Estado es la que sostiene que "Los hombres deben juzgar lo que
    está permitido y de lo que no está permitido, no
    por la ley, sino por su propia conciencia; es decir, por su
    juicio personal".
    Porque si los hombres se erigen en jueces, forzosamente
    retornará al estado de naturaleza; tan odioso por su
    anarquía incontrolada.

    Lo que disuelve también, por otra vía
    peligrosa, al Estado, es la concepción falsa de las
    relaciones entre la Iglesia y el Estado, de la religión
    y de la sociedad civil.
    El Estado debe tener el dominio de la religión y de la
    sociedad civil.
    El Estado debe ser también órgano de la Iglesia.
    Ninguna falsa autoridad espiritual tiene fundamento alguno para
    erigirse en rival del soberano poder del Estado.

    Ningún Papa, dean, patriarca, imán,
    sanhedrín, etc., tampoco ninguna conciencia humana
    individual podrá oponerse con jerarquía igual o
    superior al Estado-Leviathan. Ninguna discusión puede
    abrirse en el corazón del cristiano -o del creyente- y
    el súbdito; tiene que imponerse la ley civil sobre el
    sentimiento religioso. En el Estado-Leviathan, nadie tiene ya
    que servir a dos señores. Esta es la exposición más coherente y
    sistemática del absolutismo político.

    La forma del Estado-Leviathan no importa, puede ser
    una monarquía, una aristocracia oligárquica, una
    tiranía, una democracia. La forma monárquica o
    republicana, indiferente, pues en una u otra, el poder debe ser
    absoluto para el soberano. El autor del ente mítico del
    Leviathan prefería el Estado
    monárquico.

    Partes: 1, 2, 3

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