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Mujer Maltratada

Enviado por liavillaverde



  1. Propuesta
  2. La Víctima
  3. La mujer maltratada
  4. Perfil de la mujer maltratada
  5. Derechos de la víctima
  6. Mitos y realidades acerca de las mujeres maltratadas
  7. Perfil del hombre violento
  8. Reacción Social
  9. Intervención
  10. Formulación de Propuesta
  11. Conclusiones y datos actualizados
  12. Las fallas de la Justicia
  13. Bibliografía

Propuesta:

  • Seleccionar un hecho concreto (artículo de diario, una película )
  • Realizar un análisis multifactorial, por un lado:
  • La víctima: situación de la misma, reacción posible y el daño sufrido.
  • Agresor: el perfil aproximado.
  • Circunstancias: lugar, horario, factores ambientales para que se produzca el hecho.
  • Reacción social: sociedad, vecino, medios de prensa, como influye en el sentimiento de inseguridad.
  • Formular alguna propuesta.

 El hecho concreto seleccionado corresponde a una nota publicada en el diario Puntal, de la ciudad de Río Cuarto, el día Viernes 18 de julio de 2003, en donde un hombre de 70 años de edad golpeó y apuñaló a su esposa debido a problemas familiares. El sujeto previo propinarle algunos golpes le efectuó varias puñaladas en el tórax y un profundo corte en una de sus piernas; mientras se realizaban las averiguaciones correspondientes por parte del personal policial, el supuesto autor se hizo presente en la Comisaría de la Jurisdicción entregándose y confesando la autoría del hecho, como así también el arma blanca utilizada.

La Víctima

Definición: entiéndase por víctimas las personas que, individual o colectivamente, hayan sufrido daños, incluidos lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones que violen la legislación penal vigente.

En este caso se trata de la esposa del atacante, una mujer de 50 años, que a consecuencia de las lesiones recibidas, debió ser trasladada de urgencia por el servicio médico.

Las mujeres maltratadas pueden generar hijas que las desprecian e infravaloran, consideran a su madre una mujer insegura, inmadura y se separan emocionalmente de ellas, perdiendo las madres autoridad y respetabilidad. Se acepta culturalmente una cadena violenta en la que el padre golpea a su pareja, la madre a los hijos y los hijos entre ellos, respondiendo a patrones negativos que se transmiten a veces de forma simbólica por medio de actitudes de rechazo, de indiferencia y otros pequeños actos cotidianos.

De acuerdo a la modalidad de que se trate, a la edad de la víctima, a su relación con el autor y a la duración de la agresión, las consecuencias a nivel físico, psicológico o social pueden ser graves, gravísimas o irreversibles, llegando incluso hasta la pérdida de la vida.

Algunas de las consecuencias observadas son:

  • Muy baja autoestima
  • Indiferencia afectiva
  • Aislamiento social
  • Adjudicarse la culpa de las agresiones
  • Frecuentemente no responden a límites ni pautas sociales
  • Presentan marcadas inhibiciones en distintas áreas
  • Tienen actitudes autodestructivas
  • Bajo rendimiento intelectual
  • Algunas veces emplean el mecanismo de identificación con el agresor
  • Pueden llegar al suicidio o a la prostitución
  • Personalidades psicóticas, perversas o delincuentes.

La violencia produce una fractura en la vida de la víctima, tanto a nivel psíquico como familiar y social, después del delito, su vida no volverá a ser la misma, es por ello que se plantea que las víctimas de violencia familiar son sobrevivientes.

Las mujeres son sensibles a las agresiones y la mayoría de las veces son ellas las agredidas, pues el sexo opuesto las somete a su voluntad.

Ante la agresión la mujer es capaz de emitir respuestas agresivas y se encuentran en una actitud defensiva constante, porque percibe el medio externo muy hostil y peligroso. Sus agresiones generalmente son abiertas y de tipo verbal, aunque tampoco son menos frecuentes las agresiones físicas, pues siempre se siente en peligro y pierde el control.

La mujer maltratada:

Esta es, quizás, la primera persona en que se piensa cuando se habla de violencia familiar. La mujer golpeada, la mujer abusada, la mujer maltratada, la mujer sumisa, la mujer engañada, la mujer postergada.

Una posición tan vieja como la historia del mundo. Cuestionada en estos tiempos por la pretendida, y merecida libertad, que vino nada menos que a cambiar el "orden" de las cosas. Convirtiendo a la mujer en la gran responsable de cuanto provoca y cuanto le pasa.

El concepto de mujer maltratada hace referencia específica al género femenino, en un contexto social en el cual la mujer reviste una posición de inferioridad, dado que, aún hoy, en la sociedad, el hombre detenta el poder prevalente. En tal sentido, compete a la mujer demostrar, a través de su capacidad personal, que puede ocupar posiciones sociales de envergadura, mientras que, al hombre, las mismas le resultan adscriptas por su condición de género, sin necesidad de acreditación específica. Consecuentemente, de manera abierta o encubierta, el rol social de la mujer implica notorias desventajas, que la tornan susceptible de mayores abusos y malos tratos.

El concepto de mujer maltratada es una construcción teórica que permite un mejor enfoque de un serio problema social, tras el cual se congregan innumerables casos y secuencias personales, con matices muy particularizados, en que se sufren directa o indirectamente malos tratos, y también aquellas situaciones de evidente exposición a los mismos. Por ello, este concepto no es una etiqueta estigmatizante que congela a un individuo en una posición social valiosa, sino una generalización definida a partir de uniformidades evidenciadas en el reconocimiento de vastísimos casos particulares, que asegura un mejor análisis global: premisa indispensable para la evaluación de las perspectivas preventivas y correctivas pertinentes.

Perfil de la mujer maltratada

Dimensión cognitiva

  • Minimizar la violencia
  • Creer en el cambio de él
  • Negar la violencia
  • Justificar la conducta violenta
  • Idealizar a la familia y ser madre
  • Tener cogniciones poco ajustadas a la realidad
  • Tiempo personal
  • Creer que la mujer es la responsable de la violencia
  • Creer en la adaptación al abuso
  • Propender a que las engañen
  • Pensar en el futuro en términos negativos y desesperanzados
  • Autodesvalorizar sus capacidades
  • Recuperar las capacidades
  • Evadir la violencia

Dimensión comportamental

  • Aislamientos
  • Apatía
  • Sobreprotección hacia los hijos
  • Indecisión
  • Dependencia del violento
  • Volver al hogar
  • Abandono de actividades
  • Hiperexigencia consigo misma
  • Solicitar ayuda de manera indirecta
  • Actuar de acuerdo con las expectativas de los demás
  • Tendencia a comunicar sus actos
  • Abandonar los grupos de ayuda mutua
  • Realizar actos en contra de su voluntad
  • Realizar conductas no asertivas
  • Pedir ayuda y escuchar a personas no pertinentes
  • Tener conductas autodestructivas
  • Trasladar la violencia recibida hacia los hijos o ancianos
  • Tener conductas altruistas y solidarias
  • Descuidar su físico
  • Estar alerta a los estímulos externos
  • Trastornos del sueño
  • Comportamientos suicidas
  • Síntomas del síndrome de estrés postraumático: trastornos del apetito, fatiga al despertar, alucinaciones, alerta exagerada, hipersensibilidad, irritabilidad, letargo, estado de ánimo cambiante, pesadillas, fobias, reacciones sobresaltadas, desorganización del pensamiento.

Dimensión psicodinámica

  • Reiteración de sentimientos, tales como: miedo, terror, angustia, dolor.
  • Hipersensibilidad
  • Dificultad para contar los propios sentimientos
  • Frustración
  • Corte o control excesivo de emociones
  • Sentimiento de impotencia
  • Desamparo
  • Sentimientos de indefensión
  • Depresión
  • Reiteración constante de: vergüenza, culpa
  • Ambivalencia
  • Soledad
  • Insatisfacción
  • Enfado
  • Nerviosismo
  • Sentimiento de venganza
  • Sentirse víctima
  • Baja autoestima
  • Ideas suicidas
  • Ideas suicidas
  • Priorizar los sentimientos a la razón
  • Temer por el futuro

Dimensión interaccional

  • Aislamiento social
  • Agresión
  • Desplazamiento del objeto odiado
  • Timidez para relacionarse
  • Altruismo
  • Anulación personal

Derechos de la víctima en los organismos policiales:

Por lo general las víctimas inician su denuncia en uno de estos organismos. Es esta la primera impresión a lo que estará enfrentada al ejecutar la denuncia, por lo que tendrá un valor decisivo en su percepción de la justicia y su disposición a colaborar con ella. En este ámbito debemos recordar la necesidad de:

  • Atención inmediata de su denuncia, en recinto privado y adecuado
  • Recepción de antecedentes del delito por parte de personal especializado, en especial, cuando se trate de menores o víctimas de delito sexual

Derechos de la víctima durante el proceso:

Las mayores dificultades que enfrentan las víctimas corresponden a su paso por los Tribunales, de allí que, resulta necesario considerar:

  • La protección de la víctima frente a posible agresión o amenaza del inculpado
  • Exigencia de un trato deferente, acorde a su calidad de víctima
  • Evitar la instancia de careo en casos de menores de edad
  • Derecho a contar siempre con asesoría legal

Derechos de acceso a la información:

Resulta imprescindible que en las distintas instancias por las que pasa la víctima se le informe sobre el sentido de la diligencia en la que participa y de las actividades futuras que se van a desarrollar en relación con su problema. Esto es válido para:

  • Organismos policiales
  • Pericias médico ginecológicas
  • Tribunales de Justicia

Derechos pecuniarios o compensatorios de la víctima:

Se debe buscar la fórmula para brindar algún tipo de resarcimiento económico a las afectadas, en atención al daño físico y moral que le ha causado el delito. Además, siempre se deben considerar los gastos propios que le generan la participación en el proceso.

Es posible pensar, que además de buscar fórmulas compensatorias para la víctima, estas imposiciones podrían ampliar el efecto preventivo o disuasivo de la pena.

Derechos asistenciales a la víctima:

Es un derecho consagrado y reconocido que hoy la víctima debe tener acceso a un tratamiento asistencial, cuando por efectos del delito, se encuentre afectada psíquica o moralmente. Si el sujeto activo del delito no dispone de los recursos económicos que demande el tratamiento, sin dudas, es el Estado quien debe asumir esta tarea.

La plena vigencia de estos derechos y la implementación de medidas para su regulación, podrían significar a la víctima un mejor trato y consideración.

 Mitos y realidades acerca de las mujeres maltratadas

 MITO

REALIDAD

La víctima dijo o hizo para provocar el abuso.

La conducta violenta no necesita causas para desencadenarse, pero sí tiene excusas.

A las mujeres maltratadas, les gusta que les peguen.

Los acuerdos sadomasoquistas no corresponden a la problemática de la violencia familiar, la mayoría de las mujeres que se quedan es porque no encuentran los recursos necesarios para salir.

Por algo le habrán pegado.

No hay provocación que justifique la violencia. Este es un mito muy arraigado, que tiende a culpar a la víctima y exculpar al victimario.

El maltrato emocional no es tan grave como el físico.

El maltrato emocional puede llegar a aniquilar a una persona sin ponerle una mano encima.

Excluyo al violento de mi vida, y se acabaron los problemas.

Tan falso es ese mito que, aún en casos de viudez, pueden llegar a estar omnipresente los mandatos y amenazas del violento.

Si la mujer se queda es porque le gusta.

Hay que tener en claro que la relación de violencia es una relación de tortura y que la persona castigada se encuentra sometida e inhibida para reaccionar.

Ella lo provoca.

No existe justificación que avale la violencia.

Lo que ocurre en una pareja forma parte de la vida privada y no hay que meterse.

Cualquier vulneración a la integridad humana viola los Derechos Humanos, que son universales.

 Perfil del hombre violento

Es el padre el primer agente de socialización del niño, en especial cuando se trata de transmitir el modelo de virilidad, el cual queda grabado a lo largo de toda su vida.

Las premisas básicas de este modelo encierran mandatos tales como: deberás ser fuerte, dominante, triunfador, ser el proveedor económico, no mostrar tus sentimientos, no llorar. Los hombres ya de adultos confiesan: "nunca he visto llorar a mi padre", "tengo cierta prevención en cuanto a mostrar mis emociones o afectos". Y a su vez se quejan de lo poco expresivos que fueron sus padres hacia sus madres y hacia ellos.

Por el contrario, dar rienda suelta a la agresividad y la cólera era algo considerado masculino: lo importante era provocar a los pequeños, a los más débiles. Había que medir la virilidad en el combate y no perder.

Otro aspecto a tener en cuenta es el contacto físico entre padres e hijos, es decir: no temer a abrazarse y saludarse con un beso, si de esta forma mejorará la comunicación entre ellos.

A los varones se los entrena para la competencia en su niñez a través de los juegos, por ejemplo "policías y ladrones", pasando a los de guerra, en la adolescencia en los deportes y, de adultos, en los negocios, la política o en casi todas las actividades en las cuales se prioriza el desempeño y el éxito alcanzado: aprender a conocer la autosuficiencia y el poder, querer ejercer el control de todo lo que lo rodea. Pedir ayuda es una actitud que le es ajena.

El tema de hablar de sexo les resulta muy difícil a los padres, y los hijos, aunque rara vez lo expliciten, sienten esta carencia. Los padres inducen y a veces exigen que sus hijos practiquen deportes, en los cuales el contacto físico violento juega un papel primordial.

En cuanto a la conversación entre muchachos sobre los órganos sexuales o su desarrollo, ésta también se establece en un terreno competitivo o chistoso. De adultos, los hombres sienten que deberían tener relaciones sexuales a pedido, es decir que se consideran como no masculino decir no.

Los varones sacrifican la proximidad con personas de su mismo sexo, por temor a ser considerados homosexuales. De hecho, desde muy chiquitos existe dicha fantasía, en el sentido de que muchas veces no saben exactamente que significa pero temen ser etiquetados de "mariquita".

Dicha impronta es difícil de sobrellevar por los varones, debido a que se confunden valores, y el ser sensibles no es una característica apreciada por sus congéneres.

Realizar tareas domésticas o dedicarse a las artes no es considerado masculino, aunque ahora los hombres son más libres en lo que respecta a hacer aquello que realmente desean.

Los hombres están atrapados en la paradoja de la masculinidad, debido a que han sido socializados de una determinada manera, y dichos valores ya no son consistentes en el mundo en el cual deben actuar, lo que conlleva sentimientos de ambivalencia e inseguridad en esta generación de transición y cambios rápidos.

A su vez, el condicionamiento de un hombre lo desalienta en cuanto a conocerse profundamente a sí mismo, o a buscar ayuda ante conflictos psicológicos.

El modelo de papel masculino es de tiempo incompleto, con una figura paterna bastante ausente. Para los jóvenes es muy importante la relación con sus padres, a quienes a menudo ven como una autoridad lejana, insensible y dictatorial.

Ellos desean una conexión profunda y estrecha que no siempre logran cristalizar. El muchacho aprende de este proceso que el estar ausente está bien, que el éxito y ser proveedor son las metas por las cuales se deben sacrificar otros valores. Los hombres tienden a intelectualizar, y hablan acerca de problemas y no de sentimientos. Ante una pérdida dolorosa consideran que no les está permitido elaborar el "proceso del duelo" sino que, por el contrario, deben mostrar fortaleza, lo que no se corresponde con lo que ha sucedido.

 Circunstancias

El ejemplo elegido sucede en la calle Pueyrredón a la altura del 2.000; este barrio no tiene características particulares, en su mayoría sus pobladores son de clase media alta, lo que hace suponer cierto nivel sociocultural.

Es importante destacar que los hechos de violencia venían sucediéndose desde tiempo atrás, siendo el ejemplo citado el más violento y marcado por la brutalidad de los golpes y el visible ensañamiento al provocar las heridas de arma blanca.

Al analizar la problemática de la violencia en los hombres, es importante ubicarse en el contexto social en el que aquélla tiene lugar. Cada acto de violencia presenta varias planos a la vez. Es el hombre violento ejerciendo su dictatorial poder y, al mismo tiempo, una sociedad jerárquica, autoritaria, sexista, clasista, militarista, racista e impersonal. El grado de agresividad sería de persona a persona, y de sociedad en sociedad.

La masculinidad es frágil, porque no existe como una realidad biológica que lleven los hombres dentro de sí. Existe como ideología en el marco de las relaciones de género.

Los hombres se sienten inseguros de su propia hombría o masculinidad, y la violencia es una forma de combatir esas dudas. La violencia es la expresión de la fragilidad masculina, y tiene la función de perpetuar la masculinidad y la dominación, formándose así una forma de poder masculino, que se ejerce hacia los más débiles, en especial las mujeres. Ellas no significan una amenaza psíquica, tiene menor poder, menos fuerza física, y están socializadas para la pasividad.

 Reacción Social

Como se menciona anteriormente este hecho sucedió en un barrio ubicado en el sector Sur de la ciudad de Río Cuarto, donde sus habitantes pertenecen a una buena clase social, y donde nunca (según manifiestan) había tenido lugar un hecho de tan singulares características, de hecho causó conmoción entre los vecinos del mencionado barrio.

Los medios de prensa local le dieron amplia difusión al caso acontecido, no sólo por la gravedad de las heridas provocadas a la mujer, sino por la particularidad de que el autor se entregó a la policía.

La seguridad constituye uno de los problemas más agudos que tienen planteados las sociedades y el hombre de todos los tiempos. En este sentido se ha considerado que algunos elementos que resaltan testimoniando esta preocupación, y al respecto destacados sociólogos, puntualizan cuestiones tales como "el agrupamiento de la especie", como un indicador por donde el individuo busca el conjunto o a la comunidad como un componente de resguardo o protección. En otro sentido también se remarca a "la defensa del espacio vital" como la actitud dirigida a la búsqueda del territorio, con todos los elementos residuales, que también expresa esta necesidad esencial y la exploración de todos aquellos recursos que sirvan para garantizarla.

Los problemas, las dificultades, los conflictos, tienden a multiplicarse y a adquirir un mayor nivel de dificultad para encarar su estudio y análisis; las incógnitas se acrecientan, se dificultan los estudios técnicos-científicos para develarlas, las vulnerabilidades y los riesgos aumentan constantemente y los cambios y transformaciones, obligan a un replanteo permanente de los conocimientos y sus soluciones posibles.

El sentimiento de inseguridad resulta ser un estado de emoción, de intensidad variable el cual es producido por un estímulo perceptivo o imaginario, que provoca una representación viva y persistente real o posible sobre la vida, integridad física, el honor, la moral, los bienes materiales.

Este estado puede ser individual o colectivo, y es una forma de miedo, de temor a ser víctima o damnificado de delito, temor al delincuente, o al os efectos que este produce. Es muy variable por la personalidad de los individuos y si no se les controla debidamente, se corre el riesgo que se convierta en Inseguridad Real.

 Intervención

Recibimiento de la víctima

Este primer encuentro con la víctima constituye una experiencia a la que vamos a encuadrar como una "entrevista en situación", en la cual participan el entrevistado (víctima del delito) y los entrevistadores (personal policial). El objetivo de esta entrevista estará centrado en poder "escuchar" la denuncia de la víctima y aquí tenemos que remarcar una de las características más importantes de la entrevista, que es la relación interpersonal entre el entrevistado y el entrevistador, donde las condiciones y aptitudes que el personal policial pueda generar, ayudará a que la víctima pueda hablar acerca de lo que le pasa.

Aspectos a tener en cuenta en la entrevista

Se pueden enunciar los siguientes:

  • Privacidad: es fundamental que al recibir a la víctima denunciante se le brinde privacidad con el fin de que esta pueda explayarse en su relato, sin sentirse observada y escuchada por otros, preservando así su intimidad.
  • Objetividad: es la capacidad de tomar distancia de la situación planteada en la entrevista, sin emitir juicios de valor, apreciaciones personales o conclusiones.
  • Receptabilidad: significa poder prestar singular atención al relato doloroso de la persona que busca ayuda y que en la mayoría de los casos lo hace desde la vivencia del pánico, por eso es muy importante que desde el primer encuentro quede explicitada la intención de ayuda y asistencia en forma inmediata. ¿Por qué es importante ofrecer ayuda? Porque esa actitud le permite bajar los niveles de ansiedad al entrevistado.
  • Credibilidad: es importante la actitud de confianza por parte del entrevistador acerca del relato a fin de generar la confianza suficiente en la víctima y así poder llevar a cabo la denuncia.

Cabe agregar que además de los puntos mencionados con anterioridad es importante que el profesional esté capacitado e informado acerca de los:

  1. Derechos de la víctima y la protección legal.
  2. Recursos asistenciales de la comunidad para conectar a la víctima con profesionales (legales) o equipo de salud que puedan brindarle ayuda especializada.

 Formulación de Propuesta

Hasta hace poco tiempo, la víctima era considerada como una prueba más dentro del Proceso Penal: solo importaba su testimonio para incriminar al delincuente. El objetivo excluyente para el Sistema Policial, era el esclarecimiento del hecho criminal y la atención se centraba en el "gran protagonista": el autor del delito. Todos los esfuerzos estaban concentrados en el delincuente, quien con sus conductas impredecibles representaba un desafío que quitaba el sueño a muchos policías, y los obligaba a estudiar y planificar las acciones tendientes a su persecución y captura.

El sistema (tanto el Policial como el Judicial) es frío, despiadado, deshumanizado. Los policías estamos escasamente preparados para el adecuado recibimiento y atención de la víctima, quien no es considerada una "persona", sino simplemente el "damnificado". Todas las características de la "doble victimización" eran una realidad cotidiana: se hace esperar a la víctima para tomarle la denuncia como si se tratara de un trámite burocrático; pocas veces se resguarda su privacidad y su pudor; a veces hasta debe compartir el mismo lugar de espera con el autor del delito. Por supuesto que siempre existen funcionarios policiales que tienen cuidado con el trato de la víctima.

A veces, hasta se desconfía de la veracidad del relato de la víctima, se piensa que ésta puede haber "provocado" el hecho delictivo; en muchos casos se inicia la investigación policial investigando a la víctima, que puede ser sospechada si transcurrido cierto tiempo no aparecen pruebas

El fenómeno de la violencia debe ser mirado en forma muy amplia, considerando todos los factores individuales, relacionales y contextuales que están implicados, ya que no se reduce a ninguno de ellos.

Es de especial cuidado el decidir la forma de tratamiento, ya que si bien en general se ve como óptimo un tratamiento en conjunto, tiene también varios inconvenientes que considerar, como por ejemplo, la existencia de violencia física o amenazas de por medio.

Uno de los aspectos más importantes a la hora de comenzar con un tratamiento en conjunto, es el plantear el problema como de la pareja, y no culpabilizar al agresor, ya que esto provoca un alejamiento que dificulta la terapia. Sin dejar de lado el hacer ver las responsabilidades individuales en el conflicto.

Luego de lo expuesto es necesario tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Es necesario que padres de familia y educadores comprendan la magnitud de la agresión.
  • La agresión en el ser humano se debe a un impulso motivado por un estímulo externo, pero se enseñar debe enseñar a controlarlo.
  • Es necesario que los hogares controlen los programas que pueden ver sus hijos, ya que la mayoría de ellos están cargados de violencia y odio.
  • Se deben cultivar los valores, practicarlos, para que el niño de hoy que será el hombre del mañana no sea agresivo y no cultive la violencia dentro de su personalidad.
  • Es necesario que se deje comercializar la violencia y agresión a través de programas y videojuegos.

Lo ideal de esta intervención es contar un Equipo Técnico Especializado, conformado por Psicólogos, Psiquiatras, Trabajadores Sociales, es necesario aunarlos en un mismo fin, para que se de asistencia y contención a la víctima, para su posterior derivación a otras instituciones en caso de necesitar tratamiento.

Conclusiones y Datos Actualizados

El hombre, que hace apenas unas horas golpeó a su mujer con una violencia inusual, parece ahora un chico indefenso. Llora, pide mil veces perdón y jura que jamás volverá a hacerlo. "Si me dejás me mato", amenaza.

Esta escena, enfermiza y extrema, que ocurre dentro de cuatro paredes y se mantiene oculta durante años, es más habitual de lo que se cree. Según las estadísticas municipales, en tres de cada diez hogares de la ciudad de Río Cuarto se vive alguna situación de violencia familiar.

Todas las semanas, cuatro o cinco mujeres de Río Cuarto se animan a buscar ayuda y a contar que en su casa los gritos y los puñetazos son un habitante más.

Lilian Jaule es victimóloga y pertenece al programa de Protección Familiar del Municipio. Desde ese lugar, con un grupo de profesionales, buscan darle contención a un problema que se está expandiendo como la peste desde hace cinco años, cuando la crisis económica empezó a empobrecer a la clase media.

En el 30 por ciento de las familias hay algún tipo de violencia. Pero la que más ha crecido es la que se genera por efecto social. Esta situación recae sobre el empobrecido, sobre el que tenía trabajo estable y ahora se quedó sin nada.

La crisis social ingresó con tanta fuerza en la familia que los especialistas se vieron obligados a crear una categoría especial, que se sumó a los dos tipos clásicos de violencia familiar que se encontraban hasta hace pocos años.

El hombre es, generalmente, la figura proveedora de dinero y de los bienes que necesitan su mujer y sus hijos. Pero cuando se encuentra con una situación que lo desborda, como puede ser la falta de empleo o la inestabilidad laboral, la competitividad, el estrés, la baja de los sueldos, entonces expresa su malestar de inseguridad violentamente sobre sus seres queridos.

Y si bien en la mayoría de los casos es el hombre el que ejerce la violencia, también hay otros en los que se convierte en víctima. No tiene que soportar los golpes sino el menosprecio de su esposa por no lograr los ingresos suficientes para vivir sin estrecheces.

Los profesionales se encuentran con que, además de las situaciones que genera la crisis económica en las familias, existen otros tipos de violencia:

  • Cuando existe una conducta aprendida, es decir, un modelo de comunicación violenta vivido desde la niñez. En general, estas personas repiten ese esquema cuando llegan a adultos.
  • Cuando hay una patología de base, esto es, un problema psiquiátrico o una adicción al alcohol o a las drogas.

Las fallas de la Justicia

Uno de los problemas con que se encuentran las víctimas de la violencia familiar que deciden buscar una salida es que la Justicia no les brinda la contención necesaria en estos casos.

En la ciudad de Río Cuarto existe la falta de un juzgado de Familia, que trate específicamente las denuncias por maltrato, les dificulta a las víctimas encontrar el respaldo que necesitan para generar un quiebre en su situación.

Cada caso de violencia familiar que ingresa a los Tribunales riocuartenses va a uno de los cinco juzgados civiles que existen actualmente. Allí, el juez tiene que encargarse de los concursos y las quiebras, de los accidentes, de las demandas por indemnización y, entre ese mar de causas, también atiende los casos de violencia familiar.

Desde el Colegio de Abogados propusieron, hace ya más de un año, que se creara un fuero de familia pero sin generarle nuevos gastos al Estado. Hasta ahora, la propuesta no fue aprobada por la Legislatura Provincial.

Además de falta de un juzgado especializado, tampoco hay equipos técnicos suficientes para contener psicológicamente a las víctimas.

Río Cuarto tiene un equipo de cuatro profesionales pero deben hacerse cargo de todas las pericias que se piden en Tribunales. Los abogados coinciden en que un equipo especializado es la mejor opción.

 Bibliografía

Diario Puntal, Editorial Fundamento S.A, Agosto de 2003.-

MARCHIORDI Hilda: Curso de Postgrado en Victimología, Universidad Católica de Córdoba, Diciembre de 2001.-

BURIN Mabel: Género y Familia, Editorial Paidós, Enero de 2003.

Revista Rostros & Rastros: Violencia Familiar, Editorial Fundamento S.A, Agosto de 2003.-

Policía de la Provincia de Córdoba: Jornada de Capacitación en Asistencia Técnico – Policial a Mujeres y Menores Víctimas de Delitos Especiales, Dirección General de Institutos, Diciembre de 2000.-

Diversas páginas de Internet.-

 

 

Autor:

Ana Lía Villaverde,

Rio Cuarto Córdoba


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