Calles Circundantes

El museo del transporte se encuentra circundado por las siguientes calles:

  1. Frente, Lavalle
  2. Contrafrente, 25 de Mayo
  3. Lateral derecho, Avenida Nuestra Señora de Luján
  4. Lateral Izquierdo, Lezica y Torrezuri
  1. Calle Gral. Lavalle
  2. Se encuentra en el frente del museo.

    Anteriormente esta calle se llamaba Libertad.

    Lavalle fue granadero por excelencia. Comenzó su carrera militar a los 16 años en el incipiente Regimiento a Caballo creado por José de San Martín.

    Tuvo destacada actuación en la campaña del Ejército de Los Andes.

    Con el grado de coronel, junto con Carlos de Alvear participó en la Guerra con el Brasil frente al regimiento número 4 de Caseros.

    Al terminar la guerra volvió a Buenos Aires y participó en la política interna viéndose envuelto en luchas civiles.

    Presionado por los Unitarios, después de la Revolución de 1828, persiguió al Gobernador Manuel Dorrego a la campaña; lo derrotó en Navarro y ordenó el fusilamiento de su amigo de la infancia.

    En 1839 organizó un ejército que marchó contra Rosas pero también fracasó. Constantemente hostigado por las tropas de Olive, se retiró al Norte.

    En Jujuy es asesinado por una partida de Federales. Sus restos fueron llevados por sus seguidores en un viaje por la Quebrada de Humahuaca. Hoy sus restos descansan en la Catedral de Potosí.

  3. Avenida Nuestra Señora de Luján
Desde sus comienzos, 1937, constituyo en anhelo acariciado desde hacia muchísimos años. La nueva avenida aportaba grandes beneficios, además que ella misma constituía el ornato singular que podían apreciar miles de peregrinos al recorrer sus franjas, contemplando los majestuosos frontispicios de los santuarios de la religión y de la patria que circundan la histórica plaza dedicada por gratitud de este pueblo a uno de los próceres de nuestra independencia: el General Manuel Belgrano.

El antiguo proyecto parecía siempre un sueño quimérico y yacía archivado esperando que el tiempo determinara su fallo.

Pero una nueva oportunidad de abogar por el se presenta con motivo de II Congreso Eucarístico Nacional, cuyos actos requerían espacio para su mejor desenvolvimiento y brillo.

Emprendidos nuevamente los tramites debido ante las autoridades municipales y provinciales, obtuvo unánime aprobación decretándose de inmediato su realización. La dirección de pavimentación de la provincia de Buenos Aires llama a publica licitación las obras de la nueva avenida el 12 de julio de 1937 y fue adjudicada a la firma Luis Bozzini e hijo Ltda S.A. quedando firmada y escriturada dos días después debido al empeño del señor gobernador de la provincia.

La clase de pavimento de dicha avenida corresponde a los pavimentos asfálticos denominados asfalto natural sobre hormigón bituminoso.

La colocación de este pavimento se efectuó en tres periodos:

  1. la preparación de subbase, vale decir los desmontes y terraplenes necesarios para llegar al nivel definitivo y colocación de una base de cascote de ladrillos de 12 cm. De espesor, como capa aisladora.
  2. Colocación de la base, hormigón bituminoso, compuesto de materiales variables, de piedra, arena y bitumen con el espesor de 10 cm.
  3. Colocación de la carpeta de desgaste que es asfalto natural de roca (piedra traída de Italia) con un espesor de 3 cm. Este material al ser comprimido por pisones calientes tiene
  4. la propiedad de volverá su estado primitivo de roca, permitiendo transitar sobre el después de 24 hs de su colocación.

La "Nueva Avenida", une la plaza Belgrano con el camino nacional a Mendoza, Ruta número 7, con un ancho de 36 mts, repartidos en tres franjas: una central de 18 m y dos laterales de 7 m cada una, separada de la central por un refugio de 2 mts donde se ubicaron los focos de luz.

Lateralmente esta retenido dicho pavimento del lado de las aceras por un cordón de granito de 18 cm. De espesor y una luneta de granitulio con tomas de juntas sobre la base de hormigón portland de 12 cm. Y contra las ramblas por el cordón de granito.

Las variaciones del terreno han obligado a efectuar obras de desagüe para evitar que se detengan las aguas de los alrededores y la que viene de la ciudad por el desnivel pronunciado. A efectos de conseguir tales estacionamientos se ha realizado el desagüe necesario, cuyas obras abarcan el lado este de la Avenida con una extensión de 320 mts desde la calle 25 de mayo hasta Dr. Real y por esta hasta el río.

Recovas:

Forman junto con la avenida de Nuestra Señora de Lujan un entorno digno, para dar majestuosidad a la Basílica Nacional.

Se extiende en la avenida, desde la calle Lavalle hasta Alte. Brown.

Estas recovas datan del año 1938, y sus características son: arcos de medio punto sostenidos por pilares cuadrados y pisos de grandes baldosas, presenta lámparas eléctricas en faroles de hierro de estilo colonial.

La única recoba que tiene nombre es la de la derecha que se llama Enrique Cadicamo.

  1. Calle Lezica y Torrezuri

El 29 de mayo de 1927, el Honorable Consejo Deliberante de Luján, sancionaba una ordenanza nacida de un proyecto impulsado por el entonces concejal Don Federico Fernández de Mojardín, mediante el cual se le otorgaba el nombre de Lezica y Torrezuri a un tramo de la calle que por aquel entonces se denominaba Gral. Pintos. De este modo, desde San Martín, hacia el lado de la Ruta 7, esta calle adquiría el nombre de una persona fundamental en la historia de Luján.

Biografía de Lezica y Torrezuri

Es natural de Vizcaya, en España, donde nació el 26 de Junio de 1709. Comisionado por el Rey de España Felipe V en el año 1734 para reparar el puerto del Callao en Perú, se radicó en la zona del Alto Perú (hoy Bolivia).

Encontrándose en Buenos Aires, en uno de sus viajes contrajo una gran enfermedad.

Desahuciado por los médicos, pide ser llevado ante la imagen de la Santa Virgen de Luján.

A ella acudió con confianza. Recuperó la salud en 1737. Una vez curado Lezica volvió a sus negocios. Once años después, nuevamente enfermo, retornó a Luján y la Virgen lo curó.

Comprendió ahora que tenía una misión de gratitud que cumplir.

El párroco presbiteriano Carlos Vejarano le expuso la necesidad de erigir un templo a la Santa Virgen, la que en ese momento se encontraba en un galpón que reemplazaba la Capilla de Montalbo. Lezica se ofreció para ello. Enterado el obispo de Bs. As. Monseñor Marcelino y Agromonte de las cualidades de este Alférez Real, lo nombraron director administrador del nuevo templo, con el título, los honores y preeminencias que las bulas pontificias y las leyes españolas le acordaban como fundador del santuario Nuestra Señora de Luján.

Los trabajos y el prestigioso valor de Lezica también merecieron por parte del gobernador José Andonaegui, una mejor posición política para el pueblo de Luján.

El 22 de Octubre de 1755 el gobernador elevó la población de Luján a la dignidad con derecho de la Villa.

El nuevo Cabildo fue eficazmente instalado el 7 de Enero de 1756.

Don Lezica murió en Buenos Aires en el mes de Abril de 1784, a los 75 años.

Edificios y lugares circundantes

El actual Intendente Municipal Dr. Miguel Ángel Prince, declaró a la zona circundante al Museo del Transporte, de interés turístico – cultural – basilical.

A propósito de ello, el Ex-secretario de Turismo y Deporte de la Nación, Sr. Daniel Scioli, en su visita del 8 de mayo del 2002, suscribió con el intendente, una Declaración mediante la cual, desde el río hasta la calle 9 de Julio y desde Mitre hasta la rotonda de ingreso a la avenida, es zona de Interés Turístico Nacional.

Plaza Belgrano:

Las tierras que hoy ocupa la plaza eran de propiedad de Ana de Matos. La primera intención de doña Ana de Matos pudo haber sido la de mantener dentro de la traza de su casa la Imagen de la Virgen. Nos referimos al lugar que hoy ubicamos en Padre Salvaire y Doctor Muñiz. En el siglo pasado se estableció en ese lugar el primer molino de los hermanos Jammes.

Según la tradición, Ana de Matos tomó la resolución de edificarle una capilla pública por las escapadas de la Virgen a su primer oratorio, en la estancia de don Diego Rosendo. Esto demostraría que la Virgen no aceptaba ser propiedad de persona alguna, sino que su presencia debería estar destinada a recibir el culto público. Aprovechando la presencia del religioso agustino Fray Gabriel Gutiérrez, que llegó a su casa con la misión de celebrar misa en su oratorio de la estancia. La señora de Matos le encomendó realizar los trámites ante la Curia Eclesiástica, para construir una capilla. Los cimientos de esa capilla se abrieron en 1672 y no fue inaugurada hasta el 8 de Agosto de 1685.

Fue la capilla que conocemos como "La Capilla de Montalbo". No fue la intención de Ana de Matos, al levantarla, echar los cimientos de una población, sino dar a los vecinos un lugar público de culto. Ana de Matos y las autoridades eclesiásticas sabían de las prescripciones de las Leyes de Indias que ordenaban que el lugar destinado al culto debía estar ubicado justamente frente a la Plaza.

La Capilla de Montalbo fue levantada en un lugar que no daba precisamente frente a la Plaza.

En 1740 llegó a Luján el gobernador de Buenos Aires, Miguel de Salcedo. Vio las obras que se estaban realizando en la Capilla: Para evitar que se desplomaran las existentes, el obispo Arregui estaba haciendo levantar nuevas paredes que encerrarían a las anteriores. El gobernador señaló irregularidades en la construcción de las paredes de la Capilla y también en la traza del pueblo. La Parroquia, creada en 1730, no estaba edificada frente a la Plaza, como disponían las Leyes de Indias. La construcción de las casas de los pobladores estaban completamente desordenadas. No había un lugar prefijado para el cementerio y la plaza era solamente un baldío.

El gobernador Miguel de Salcedo dibujó el verdadero trazado que se tuvo en cuenta en 1754 al abrirse los cimientos del futuro santuario de Lezica.

Cuando comenzó la edificación del Cabildo (1756) también se la ubicó justo en medio, enfrente de la Plaza. En esa época, a la calle 9 de Julio se la llamaba Calle de Ermita. Desde entonces las calles de Luján comenzaron a tener 140 varas, divididas en cuatro solares.

La Plaza fue de una cuadra cuadrada y se la llamó Plaza Real. La actual calle San Martín también se denominaba Calle Real. Desde entonces, la Plaza Real fue el escenario central de todos los actos, hechos y actividades de diversa índole, fiestas patronales, corridas de toros, juegos de cañas, de pato; su contorno, ocupado por peregrinos y vendedores ambulantes con su enramada y abasto, respectivamente.

Fue también "Plaza de Justicia", donde los presos recibían el correspondiente número de azotes, atados "al rollo de la justicia".

También en la Plaza solía colocarse el cepo de donde eran colgados los reos para ajusticiarlos con la pena de muerte. También tenían efecto las carreras de las baquetas, que consistían en pasar en reo entre dos filas de soldados, recibiendo por parte de cada uno de ellos golpes de toda índole. Plaza Real, hoy Plaza Belgrano, fue testigo de ejecuciones muy severas e inhumanas, tales como: por un crimen o robo de ganados, el reo era condenado a la pena ordinaria de la muerte. Se lo sacaba de la cárcel atado a la cola de un caballo y era llevado hasta la horca, donde se lo mataba a garrotazos. Una vez muerto se lo colgaba de la horca, a la vista del público. Aunque no se conoce información oficial al respecto, consta que en algunos casos muy graves los reos fueron condenados a degüello.

Pasa el tiempo y la plaza se va convirtiendo en un lugar de descanso y también de paseo. En 1776 el Cabildo registra la compra de sauces a un estanciero de la Cañada de Arias, que fueron plantados en ambas márgenes del río Luján y en la plaza. En 1856 la Corporación Municipal le da el nombre de Constitución a la ex calle Real, hoy San Martín. También en ese año, en homenaje a la Constitución sancionada en 1853, se designa a la Plaza con el nombre de Constitución. En 1858 la Plaza Constitución, hoy Plaza Belgrano se constituyó en el primer lugar del país donde se levantó un monumento al Gral. Manuel Belgrano. Ese monumento hoy se encuentra en el Área III del Complejo Museográfico Enrique Udaondo. Simultáneamente, la Plaza fue alambrada y resguardada con un cerco perimetral de paraísos. En 1910, año del Centenario de la Revolución de Mayo, fue colocada la piedra fundamental del monumento ecuestre del Gral. Belgrano, inaugurado en 1930.

Vio nacer el Pago, miró la primera ermita y la primer capilla, el primer Santuario y la actual Basílica. Fue testigo de las actuaciones del Cabildo hasta 1821, de los jueces de paz y de las corporaciones municipales. Contempló los ruegos de la población ante el peligro inmediato de los malones, de la invasión de los perros cimarrones, de las sequías, de las inundaciones. Vio llegar al ejército inglés que perseguía al virrey Sobremonte; a este, con la carreta de los caudales para que no cayeran en poder del invasor. Antes de ello fue testigo presencial de la partida del primer ejército criollo. Vio llegar detenidos a los jefes de la invasión inglesa, Beresford, Pack y otros. Fue ocupada por valerosos soldados que, junto con sus jefes, pedían protección a la Virgen. Fue escenario de brillantes jornadas que tuvieron por protagonista a al Virgen de Luján. Su espacio albergó verdaderas muchedumbres que en algún momento la rebasaron, como ocurrió el 11 de Junio de 1982, cuando el Papa Juan Pablo II vino a orar para que terminara la guerra de Malvinas.

En 1918 se abrió una calle en el centro de la Plaza y el monumento debió ser desplazado hacia el sector este.

Su aspecto antes de ser abierta una avenida central era el siguiente: en el centro, desde San Martín a Lavalle, tenía tres grandes canteros. A sus respectivos costados, bancos de madera con respaldos. En el lateral, frente al Museo, cinco canteros con palmeras enanas, pasillos y bancos a sus costados. En el otro sector, frente a la calle 9 de Julio, tres espaciosos canteros y, a sus costados, bancos. Alrededor de la Plaza, las veredas con dos filas de árboles. En el centro y en los laterales y veredas, columnas de alumbrado.

Elementos que se encuentran en la Plaza Belgrano

Monumento a Manuel Belgrano

La piedra fundamental fue puesta el 11 de Septiembre de 1858 con la presencia del gobernador de Buenos Aires Valentín Alsina.

En el año 1858, el maestro alarife Dr. Jaime Palet erigió, por encargo municipal, la columna dórica, de base cuadrada, encalada, de 14 mts. de altura. Sobre ella se colocó el busto de Manuel Belgrano, originalmente de "barro cocido, o de mesola de yeso y tierra hidráulica", según dice el contrato de la obra.

La base lleva 4 placas que dicen:

  • "Al esclarecido patriota e ilustre General Belgrano, dedica esta columna el pueblo de Luján".
  • "A la noble y unánime inspiración que juró la independencia el 9 de Julio de 1816".
  • "A la fundación de este santuario de Nuestra Señora de Luján en el año 1763".
  • "Al 12 de Agosto y al inmortal 11 de septiembre de 1852".

Este monumento se erigió primeramente en la antigua plaza constitución, la que cambió posteriormente por el nombre del patriota en 1882. Entre 1858 y 1918 se encontraba en el centro de la plaza Belgrano. En 1918 al abrirse una calle en el centro de la plaza, el monumento fue reconstruido en el costado este de la misma, sobre la calle 9 de Julio donde permaneció hasta 1932.De 1932 a 1948 estuvo en el Área I del Complejo Museográfico Enrique Udaondo. En la actualidad se encuentra en el Área III del Complejo.

Su construcción fue una iniciativa de las autoridades Municipales, siendo presidente en aquel entonces Don Eugenio Zamudio, y el artista fue el maestro Don Jaime Palet.

El 16 de Noviembre de 1930 se había inaugurado el actual monumento, de manera que en la plaza coexistían ambos. El señor Udaondo solicitó a la Municipalidad que le permitieran trasladar la primitiva columna a uno de los patios del museo, para conservar el valioso testimonio. Al ser autorizado, se la reconstruyó en menor altura, colocando un busto de mármol de carrera.

Excepto la primera, las placas son las mismas. En lugar de aquella figura: "al esclarecido patriota General don Manuel Belgrano dedica esta columna el pueblo de Luján". El pabellón Belgrano y la columna se inauguraron en 1948.

El monumento en la actualidad:

La piedra fundamental fue colocada el 25 de Mayo de 1929 y fue inaugurado el 16 de Noviembre de 1930. El acto se realizaría con la presencia del señor presidente de la República, ministros, regimiento de granaderos a caballo del Gral. San Martín, toques de diana y el sonar de las campanas de la Basílica.

Dicha estatua mide tres metros y medio de altura, sumado todo el conjunto, se llega a un total de ocho metros.

  • El basamento: es de piedra, el cual posee líneas Americanas Modernizadas, con esto consigue severidad y sencillez en la imagen.
  • Materiales: todo está realizado en piedra nacional, en el frente existe un alto relieve y está tallado con el mismo material, esta figura representa al ejército argentino.

Sobre el lateral izquierdo posee un bajorrelieve con la imagen de Manuel Belgrano agonizando, está forjado en bronce.

El lateral derecho posee un bajorrelieve con la imagen de Manuel Belgrano y su ejército, realizado también en bronce.

Al frente presenta una alegoría tallada en piedra, en relieve, compuesta por el escudo, laureles, espadas cruzadas y la leyenda "Dios y la Patria", además se lee: "Al General Belgrano el pueblo de la villa de Luján MCMXXX".

La estatua ecuestre del prócer sosteniendo la insignia patria de su creación, se encuentra localizada frente a la Basílica Nuestra Señora de Luján, mirando hacia la misma, en una demostración de fe y devoción a la Virgen.

Hito cero de la argentinidad

Este monumento, ubicado en la plaza Belgrano, frente al Cabildo, en la calle Lezica y Torrezuri, fue inaugurado el 15 de Agosto de 1974. Se erigió para homenajear al pueblo de Luján y el primer ejército de criollos y gauchos que salió de esta villa, a fines de Julio de 1806, para enfrentar al invasor inglés, que se había apoderado de Buenos Aires.

La iniciativa de levantar este monumento partió de la institución de San Isidro "Las Cuarenta Leguas", que a través de los años, por medio de "hitos", ha establecido cual fue el recorrido que Pueyrredón, Martín Rodríguez y Olavarría efectuaron para formar ese ejército. Precisamente, el recorrido realizado para ir incorporando voluntarios alcanzó a cuarenta leguas. En Luján, el entonces intendente municipal, don Humberto G. De Lucía, junto con el Honorable Concejo Deliberante, en la persona de su presidente, don Pedro Noé, el secretario de Hacienda y Turismo, don Jorge Batista, el Cura Rector de la Basílica Nacional, Pbro. Juan González, el rector de la Universidad de Luján, doctor Emilio Mignone, el director del Complejo Museográfico Enrique Udaondo, Héctor F. Felice, y el director de cultura, don Julio Cuevas, fueron también los promotores de la construcción del monumento.

Las inscripciones en las placas son las siguientes:

"Hito 0 de la Reconquista.

Luján en la Reconquista

Para la Reconquista de Buenos Aires de 1806

Juan Martín de Pueyrredón sublevó la

campaña y concentró sus gauchos

en Luján.

Combatieron en Pedriel y luego incorporados

a las fuerzas de Liniers vencieron al invasor.

En este accionar nativo se estaba

procreando la Patria.

1806 – Agosto – 1974

12 – 08 – 1974".

Al pie de la Virgen se puede leer lo siguiente:

"A falta de uniforme militar los gauchos

de Pueyrredón en 1806 usaron como distintivos,

dos cintas celestes y blancas llamadas

"las medidas de la Virgen", de 38 centímetros

de largo, que era el alto de la Virgen".

Fuente de los deseos

El 23 de Marzo de 1968, Los amigos de la Plaza Belgrano habilitan la fuente existente en el lugar con el nombre "Fuente del deseo". Allí los turistas arrojan monedas como pago al cumplimiento de sus deseos, a la manera de la Fontana de Trevi.

Lo recaudado se destina al hospital, al Hogar Granja Padre Varela y al Hogar de día Dr. Ricardo Castellanos.

La fuente tiene piso y laterales de azulejos azules. En el centro se yergue, sobre una base de igual material el bloque artístico, que muestra tres querubines, uno sosteniendo la decorada fuente, por sobre la que hay otra más pequeña, un segundo niño tocando el cuerno y el tercero expectante. Entre los tres se desliza un pez. La fuente tiene iluminación y el agua emana permanentemente de las fuentes superiores. Una verja de hierro la circunda.

Es posible que el grupo pertenezca a las esculturas hechas en serie. No obstante, posee un encanto y cuidado especial.

En la actualidad la fuente se encuentra cercada por rejas debido a los constantes saqueos que, en las noches y madrugadas se realizaban.

Odeón

Escenario donde toca la banda Rerum Novarum de Jáuregui.

Museo colonial e histórico

Pertenece al complejo museográfico Enrique Udaondo y esta formado por tres cuerpos:

El cabildo, la casa del Virrey y edificio anexo.

Cabildo

El cabildo posee características de estilo colonial presenta en su planta baja una arcada formada por cinco arcos de medio punto apoyados sobre gruesos pilares. Esta arcada da acceso al pórtico.

A ambos lados de la puerta observamos dos ventanas. La puerta es original del cabildo. (1800).

La planta alta posee una galería con cinco arcos de medio punto circundados por una baranda de hierro forjado, conformando el balcón. El centro de la baranda se observa el Escudo Argentino con el lema "Museo Colonial e Histórico Enrique Udaondo".

En cada columna encontramos una bandera argentina, la galería posee cinco puertas. La bóveda es de cañón rectangular con tirantes de madera externos. La cornisa es rectilínea. El friso esta decorado por cuatro pináculos con fin decorativo.

Los lineamientos conducen nuestra vista a una espadaña, con baranda de hierro forjado y una campana.

También hay un mástil con la bandera Argentina. El coronamiento es ondulado con tres pináculos con fin decorativo.

Historial:

En 1755 los vecinos de la parroquia de Lujan, elevaron al gobernador José de Andonaegui un memorial en el cual solicitaban que se concediera el titulo de Villa a dicha parroquia.

El escrito fue presentado en Buenos Aires por Don Juan de Lezica y Torrezuri.

El gobernador expidió una resolución el 17 de octubre mediante la cual se aprobaba el pedido de los vecinos otorgándoles el titulo de "Villa de Nuestra Señora de Luxan" por ser esta milagrosa señora, su primera fundación. A la vez quedaba instituida la primera autoridad: el cabildo. (único de la campaña bonaerense).

El cabildo era el gobierno de la ciudad, sus funciones eran municipales, políticas y judiciales.

Tenían a su cargo el cuidado de la cárcel, la protección de pobres y menores, la higiene, el abasto y la defensa de la población, la celebración de festividades civiles y eclesiásticas, y toda clase de atribuciones relacionadas con los intereses públicos.

Sus integrantes, los cabildantes eran 6, por ser este un cabildo de segunda categoría debido a sus pocos habitantes.

Los mismos eran elegidos por los vecinos siendo considerados tales, aquellos habitantes españoles o con ascendencia hispana, cabeza de familia y poseedores de casas y tierras.

Si bien en la sesión inaugural, el Cabildo trato la necesidad de edificar una Casa Capitular para celebrar sus acuerdos y una cárcel, como no contaban con recursos económicos suficientes para este emprendimiento, las sesiones continuaban llevándose en casa particulares.

Por iniciativa de Don Juan de Lezica y Torrezuri, se había construido un puente sobre el río Lujan, el primero levantado en la provincia de Buenos Aires, de madera dura que se cerraba con cadenas al atardecer y se abría al amanecer, y por el cual se cobraba el derecho de pontazgo (peaje).

Estos beneficios obtenidos fueron utilizados durante doce años para el mantenimiento del templo inaugurado en 1763.

A partir de 1761 comenzó a ingresar a los propios del cabildo, el total de lo percibido en concepto de Pontazgo.

Esta recaudación fue destinada en su mayoría, para la edificación de la Casa Cabildo y la Cárcel.

Una vez concluidas las obras del edificio el Cabildo comenzó a reunirse en la Sala Capitular, la más importante del edificio.

El cabildo sesionaba en nombre de las dos majestades: Dios y el Rey que eran representados por el real estandarte y las Sagradas Escrituras.

El cabildo de la Villa de Lujan, sesionó hasta 1821, año en que fue suprimido por una ley de la legislatura de la provincia, del día 24 de diciembre por Bernardino Rivadavia.

Uno de los motivos de esta supresión fue su actuación en los caóticos días del año 1820, en que el viejo Cabildo apoyo movimientos anárquicos y otros hechos, que lo enfrentaron duramente con el cabildo de Buenos Aires, ambos mantuvieron durante los 65 años del gobierno local, tensas relaciones por problemas de jurisdicción y cercanía.

Una vez suprimido, el Cabildo de Lujan fue destinado a sede del Juzgado de Paz y a partir de 1856, cuando fue creada la Corporación Municipal funciono allí el Ayuntamiento Lujanense hasta 1910.

En 1917 era comisionado de la ciudad don Domingo Fernandez Beschtedt y vio la posibilidad de reparar el viejo edificio del ex Cabildo de Lujan, con el fin de destinarlo a museo histórico. La restauración fue a cargo de Martín Noel.

Casa del Virrey o Real Estanco de Tabaco y Naipes.

Posee características de estilo Colonial.

Presenta una puerta central de color verde, con un farol a cada lado. A la derecha encontramos dos ventanas y una puerta clausurada, y a la izquierda tres ventanas (la construcción original incluía solo la primera).

Todas las ventanas están protegidas por rejas realizadas en hierro forjado.

En la parte superior de la puerta observamos un balcón, protegido por una baranda de hierro forjado. También posee una puerta verde con un coronamiento cóncavo. Del balcón observamos una bandera. Argentina.

Superior a dicha puerta, ya en el ático, se encuentra el Escudo Argentino.

El coronamiento de este edificio es de forma ondulada, como buscando altura.

Presenta tres elementos decorativos con forma de pináculos.

El tejado es a dos aguas con tejas españolas.

Entre la Casa del Virrey y el Cabildo había un patio, actualmente vemos una pared con dos ventanas que logran una simetría arquitectónica.

Historial:

Hasta 1803 fue ocupada por Don Antonio Pereira, quien instalo en ella las oficinas de la real renta de tabaco en la localidad, al mismo tiempo que la utilizaba como residencia.

Cuando el virrey Marqués de Sobremonte durante las invasiones inglesas huyo hacia Córdoba, al pasar por la Villa de Lujan se alojo en esta finca.

En 1806 las fuerzas inglesas que se habían apoderado de los caudales del Virreinato, utilizaron durante cinco días la histórica casa para alojamiento para oficiales y hombres de tropa. De los regimientos de Dragones y Highlanders.

Luego del triunfo de los patriotas, se dispuso que se alojaran en ella los oficiales que habían sido prisioneros del ejercito de Beresford.

Entre 1830 y 1845 Francisco Javier Muñiz, quien realiza en aquel entonces interesantes estudios en el suelo de Lujan, habita esta casa. Es considerado pionero de la paleontología.

Años mas tarde la propiedad paso a manos de su hijo y en herencia a su esposa quien la dono para la sede de los círculos de Obreros Católicos.

En 1889, la finca fue habitada por Julio Jordan, quien instala en sus dependencias el órgano periodístico "La Verdad".

Este señor sugestionado por una tradicional leyenda hizo cavar sin éxito los patios de la casa en procura de un tesoro que se dice dejo enterrado el general Beresford y que pertenecía a los bienes del Virreinato.

En 1923 se instalo en ella el instituto del museo y desde entonces, junto con el viejo cabildo, forman parte del actual museo.

Fue declarado monumento histórico nacional en 1942.

Edificio anexo:

A la izquierda del cabildo podemos ver una construcción de estilo Neocolonial ya que fue realizada a comienzos de este siglo (1918-1923) y con características similares a la Casa del Virrey, ya que tenia como fin resaltar la importancia del Cabildo. Presenta una puerta principal con tres ventanas con rejas de hierro forjado a ambos lados.

En la parte superior podemos apreciar un balcón con barandas de hierro forjado y la Bandera y el escudo argentino.

La siguiente construcción fue anexada después al museo. Es de estilo Neocolonial.

La planta baja posee una puerta central con cuatro ventanas con rejas a ambos lados, flanqueadas por pilastras. Dichas pilastras se corresponden con las del primer piso. L

La puerta principal presenta un farol a cada lado.

El primer piso (superior) presenta una puerta con balcón y baranda de hierro forjado. También esta flanqueada por cuatro puertas con balcón y baranda cada una a ambos lados.

En la puerta central vemos el escudo de Lujan. El coronamiento es ondulado, como buscando altura. Presenta tres adornos con forma de pináculos. Posee techo de tejas.

Basílica Nacional de Luján

Ubicación: Se encuentra ubicada en la manzana circundada por las calles San Martín (frente), Lezica y Torrezuri (lateral derecho), Bartolomé Mitre (contrafrente), 9 de Julio (lateral izquierdo).

Piedra fundamental: Fue colocada el 15 de mayo de 1887.

Terminación de la obra: 1936.

Estilo arquitectónico: Gótico- ojival.

Medidas exteriores:

Altura total de las torres: 106,05 mts.

Ancho: Frente principal, incluyendo los contrafrentes costaneros, 42 mts.

Largo: Incluyendo las portadas y los contrafrentes traseros, 104 mts.

Cruces: Altura 6 mts., peso de cada una 1700 Kg.

Medidas interiores:

Alto: Nave central, columnas torácicas y equivalentes, 19,50 mts.

Desarrollo de la bóveda: 10,50 mts; total 30 mts.

Naves laterales: Columnas generales y comunes 8 mts.

Desarrollo de la Bóveda: 5 mts; total 13 mts.

Ancho: Nave central, 13,10 mts.

Nave lateral: Cada una 6 mts, total 12 mts.

Capillas laterales: 3,95 mts, total 33 mts.

Crucero del fondo: De un altar a otro, 61,40 mts.

Ancho del crucero delante de cada altar correspondiente: 11,50 mts.

Largo: desde la puerta de entrada hasta la sacristía, 97 mts.

Cantidad de capillas: 25

Altares: 15 habilitados.

Campanas: 15, con un peso total de 12.331 Kg.

Parte externa:

Frente: Majestuosa e imponente. Está flanqueada por dos elevadas torres puntiagudas, de las que, a una regular altura, se destacan 16 estatuas de 6 mts de alto cada una representando a distintos Apóstoles y Evangelistas.

Rosetón: A la misma altura que los Apóstoles y Evangelistas, entre ambas torres se expande un soberbio rosetón de 10 mts de diámetro. Visto desde el interior de la Basílica, ofrece un aspecto y colorido fuera de lo común. La Virgen de Luján en el centro de sus vitrales radiados que reflejan la claridad exterior y, si el sol da de frente, los colores se descomponen en una serie muy difícil de explicar.

Galería: Disimula las dos grandes vertientes del techo que están más atrás.

Cuatro ángulos de cada torre: Observamos unas quimeras de estilo. Parecen animales grotescos y fantásticos que representan a los demonios que quieren ensañarse con la Iglesia.

Entradas principales: Son 3, y dan al frente de la calle San Martín. Se llega a ellas trasponiendo 15 escalones de mármol blanco. Las puertas son de bronce en relieve. La puerta principal del centro tiene un frontón ojival, una Virgen de Luján entre ángeles y nubes, con la siguiente inscripción: Ave María, felix coeli porta.

Escalinata de entrada: Lado derecho, una placa recuerda la visita de Juan Pablo II el 11 de junio de 1982.

Origen de la Santa Imagen:

Hacia el año 1630, un vecino de la ciudad de Córdoba del Tucumán, fuerte hacendado en el pago de Sumampa y muy devoto de la Virgen, quiso dedicarle una capilla encargando para ello a un amigo del Brasil, una Imagen de la Santísima Virgen.

Cumplido el encargo, la imagen era de barro cocido, fue bien embalada dentro de un cajón para evitar su rotura durante la travesía de mar y tierra.

Ya en Bs. As., el cajón fue acomodado con varias mercaderías en una carreta que partió rumbo a su destino, llegando con toda facilidad hasta la estancia de Rosendo Oramas, situada 5 leguas más allá de lo que es ahora la ciudad de Luján y allí hizo un alto para pasar la noche.

A la mañana siguiente, al tratar de seguir viaje hacia el pago de Sumampa, quedó admirado el carretero, al ver que los bueyes por más que tiraban no podían mover la carreta ni media vara.

Cundió por los contornos la extraña novedad, comprobándose que no era posible avanzar ni un paso más, mientras que el cajón que contenía la Virgen estuviese en la carreta.

Dedujeron de esto, ser disposición de la Divina Providencia, que la imagen de la Virgen se quedase en aquel paraje.

Comenzó el culto a la Virgen, teniendo por capilla un humilde ranchito transformado a través de los siglos, en el regio santuario que hoy admiramos, digno trono que la fe de un pueblo levantó en silencio a la venerada Virgen María de Luján.

De la Ermita a la actual Basílica:

Fueron tantos los devotos que desde el primer momento se congregaron en la casa de Oramas, para rendir culto a la sagrada imagen, que bien pronto hubo que erigírsele una modesta Ermita. En ella la santa Reina del Plata, recibió durante 41 años cariñosos homenajes de sus numerosos fieles.

Más tarde, Doña Ana de Matos ferviente adoradora de la santa Virgen, hizo construir una capilla a la orilla del Río Luján más o menos a cinco cuadras de la actual Basílica. En este humilde oratorio, permaneció la imagen hasta el año 1685, época en que fue levantado el primer santuario de la Virgen, por el sacerdote Don Pedro de Montalbo, que fue su primer capellán.

En Diciembre 7 del año 1740, se trasladó la sagrada imagen de Ntra. Sra. de Luján del primer santuario que estaba en ruinas a un salón provisorio, en donde permaneció durante 23 años.

Terminado el tercer santuario, se inauguró este solemnemente, el 8 de diciembre de 1763, trasladándose con toda majestuosidad al nuevo templo la venerada Virgen de Luján.

En 1875, el citado templo es refaccionado, dándosele mayor altura a la torre y vistosidad a su frente, pero aún así, el trono de María de Luján no encerraba la grandeza, que todo un pueblo que veneraba pedía para ella. Tal anhelo se cumplió el 15 de mayo de 1885 en que Monseñor Aneiros, bendecía la piedra fundamental de la actual grandiosa Basílica.

Museo de bellas artes: Fernán Félix de Amador

Está ubicado en la actualidad, en un sector conocido como "LA RECOVA" en donde converge junto al Complejo Museográfico "Enrique Udaondo" y la "Basílica de Luján".
El 6 de junio de 1961, se concreta la creación de este museo. La municipalidad de Lujan cedió para sede del mismo, el edificio conocido como El Colonial, situado a orillas del río Luján. En 1963 se realiza la inauguración. En 1966 se dispone el traslado a "La cúpula", ubicada sobre el terraplén que da sobre el río enfrente al parque ameghino.

Este nuevo complejo edilicio data del año 1982, hallándose ubicado en la calle 9 de Julio 863, y posee una superficie cubierta de 1172 m2, la cual está compuesta de: Planta Baja, Entre Piso y Planta Alta.
El Salón Mayor denominado "Sala J. Paladino" consta de 379,5 m2 y permite según lo requieran las distintas actividades instalar paneles móviles, lográndose con ello un enfoque pictórico-exponencial que merced a la regulación de la iluminación permite una mejor visión de la gama policromática de las obras.
A continuación y hacia el fondo, encontramos la "Sala Casals" que consta de 62 m2 franqueada en su frontispicio y en forma lateral por sendas puertas corredizas.
En la otra ala del Museo se encuentra la "Sala Aime" que consta de 31 m2 la cual complementa a las otras Salas, ya que permite otro tipo de exposición simultánea dando un toque dinámico al tener la posibilidad de cambiar al ambientación.
Anual y tradicionalmente se realizan en este Museo dos concursos en los cuales participan artistas de todo el punto del país y que se hallan unidos por un interés común...el de expresar su arte.
Estuvieron a cargo de La Dirección del Museo: Constante Orlando Paladino (1953-1967), Kenneth Kemble Smith (1967-1973), Horacio Spalleta (1973-1976), Osvaldo Martínez (1976-1983), entre otros.
El Museo al formar parte indirecta de un Complejo Pictórico-Histórico-Devocional, es visitado anualmente por millones de personas, las cuales pueden contemplar las inigualables "Tallas Martín Fierro" compuesta de 41 escenas integradas por 322 grupos tallados por el artista Jorge Casals y basados en los bocetos del dibujante Luis Macaya.
También Forman parte del patrimonio obras pictóricas de arte contemporáneo argentino, como así mismo, esculturas de diversos artistas.

Historia del Museo

Pertenece al complejo museografico Enrique Udaondo.

Comprende junto con el archivo Estanislao s. Zeballos, la biblioteca Enrique Peña y un deposito el área numero II.

Se creo en 1940. Este edificio constaba de dos plantas con espacios verdes y amplios pabellones. Fue el primer museo de transportes del país y de América del Sur, el cual atesora el mas variado y numerosos acervo de vehículos, todos originales y de gran valor histórico.

Enrique Udaondo, creador de este museo, llevo a la practica una forma natural de difundirlo, poniéndolo en funcionamiento por medio de desfiles. Desde su desaparición solamente se realizo un desfile total: el 25 de noviembre de 1973, en adhesión al cincuentenario de la fundación del museo colonial e histórico Enrique Udaondo, tuvo lugar el ultimo gran desfile de los vehículos que encuentran el área II. Tal realización significa dar cumplimiento a uno de los objetivos de la creación del museo: la participación activa de los distintos sectores de la población. Ese día, ante muchisismo publico instalado a la vera de las calles Humberto I, San Martín, Lezica, Lavalle y avenida nuestra señora de lujan, itinerario del desfile, la gente pudo apreciar y admirar de cerca los tesoros que guarda el museo. El desfile se inicio en la escuela Normal y termino en la estación terminal de ómnibus.

Todos desfilaron ese día, representado a los cabildantes, regimiento de blandengue, carretas de Martín Fierro, grupo de paisanos representando el primer ejercito de criollos que lucho en Pedriel en 1806. Manuel Belgrano en su sopanda. " Niñas de familia pudientes" llevadas a pulso por el personal de servicios en una litera, etc.

Complejo Museográfico "Enrique Udaondo"

El antiguo Cabildo (1770) y la Casa del Virrey, Monumentos Históricos nacionales, hoy son partes del Museo Histórico más importante de Argentina y uno de los más renombrados del Continente.
Si bien su existencia se debe a la oportuna intervención del entonces comisionado municipal Don Domingo Fernández Beschtedt (que evitó demolieran el edificio en 1917) y a todas las comisiones que desinteresadamente trabajaron para su engrandecimiento, resulta inevitable resaltar en letras de oro la figura de don Enrique Udaondo, que fue su director "ad honorem" desde su fundación (12 de octubre de 1923) hasta el mismo momento de su muerte, en 1962.
Por qué el nombre de Complejo Museográfico?
Porque lo forman varios Museos divididos en cuatro áreas:
I. Museo Colonial e Histórico
II. Museo del Transporte, Archivo Zeballos, biblioteca Enrique Peña y un deposito.
III. Pabellón Belgrano, museo del automóvil y un deposito.
IV. Laboratorio de Restauración y Conservación, sala cultural, sala de exposiciones temporarias, casa colonial de Josefa Galarza.
Salas del Museo (área I)

Del Cabildo, Onelli, General Paz, Prisión de la cárcel Celda, Calabozo, Sala de los Prisioneros Léxica, Invasiones Inglesas, Sala de la Independencia, Panorama de la Plaza Mayor en 1800, Capilla Colonial, Pabellón Balcarce, Villa de Luján, Campaña del Paraguay, Del indio, Del Gancho, Güiraldes, Mitre de Caprile, Panorama de Belén, Sala Victoria Aguirre, Sala de Rozas, Sala Dr. Muñiz, Sala Presidente Avellaneda, Sala del Gral. Uriburu, Rancho Criollo.
En los corredores y patios hay diversos objetos, más de 100 cañones, en los jardines predominan árboles y plantas indígenas, adornadas con estatuas de Lezica, Mitre y otras de carácter decorativo.

Colección Gnecco (área I)

Está compuesta por cerca de diez mil objetos de la civilización de los Huarpes, aborígenes que habitaron la zona de Cuyo. Muestra el proceso de la evolución que experimentaron muchos objetos del siglo pasado. En 1944 la Colección Gnecco llegó al Museo de Luján. Para su exhibición era necesario contar con un pabellón especial, construido por el gobierno de la provincia que aceptó la donación de $ 200.000 moneda nacional efectuada por don Enrique Udaondo. En 1948 se inauguró el Pabellón de la Colección Gnecco. Fue dividido en doce locales correspondientes a las doce secciones de la colección, a saber: arqueología, industria del vino, medios de transporte, materiales de construcción, balanzas y pesas, objetos diversos, armas, cuadros, filatelia, monedas y billetes, medallas, impresos, documentos. Esta colección nos habla de las características de la civilización de los Huarpes. Parte de esta colección hoy se exhibe en el área I.
En el año 1977 la Colección fue levantada del lugar que había sido construido para albergarla. Se pretendió reemplazarla por la Oploteca Santa Bárbara, que nunca funcionó, mientras que la Colección Gnecco fue encajonada y guardada en los depósitos.

Archivo Estanislao Zevallos (área II)

Se encuentra dentro del área II, avenida Nuestra Señora de Luján casi esquina 25 de Mayo. Comprende el archivo personal de quien fue ministro de Relaciones Exteriores de la Nación.
Colecciones que guarda el Archivo Estanislao Zevallos
Documentos Antiguos, Archivo de Indias, Archivo Estanislao Zeballos, Colección Peña, Colección Udaondo, Archivo de Luján, Archivo Municipal, Archivo Testamentarías, Archivo Juicios Civiles, Copiadores, Marcas de Hacienda, Registro de Conductores, Archivo Policial, del Juzgado de Paz, Administrativo del Museo, Legajos de Salas, Documentos gráficos, Fotografías, Mapas, Planos, e Impresos varios.
Biblioteca Enrique Peña (área II)

Desde 1979 se encuentra en el Museo. En 1987, para ser resguardada de las inundaciones, se le dio el actual destino junto al Archivo Zeballos. Posee interesantes colecciones y entre los libros se encuentra el incunable de los historiadores Pedro de Angelis y Manuel Ricardo Trelles: De la diferencia entre lo temporal y lo eterno, impreso en las misiones jesuíticas.

Hemeroteca (área II)

Compuesta por diarios, revistas, periódicos del siglo XIX que nos muestran los vaivenes de nuestra política y el avance de la cultura.

Pabellón Belgrano (área III)

Se encuentra en la tercera sección del Museo. Fue erigido con fondos provenientes de una donación. Se exhiben cuadros y objetos relacionados con Belgrano y se expone la reconstrucción de la Primera Junta de Gobierno.

Casa Colonial de Josefa Galarza (área IV)

La podemos contemplar en calle Lezica 881. Es una casa propia del siglo XVIII. Dos piezas, pisos de ladrillos, techos de cañas y troncos de palmeras unidos con tientos de cuero, muebles de época. Un detalle: la cocina está aparte de la casa. Una expresión que viene de lejos dice: "pone la mesa", "retira la mesa". Justamente porque a la hora del almuerzo y cena la mesa, que estaba en la cocina, se traía a la sala comedor de la casa.

Denominación de "Enrique Udaondo" al museo

Don Julio A. Cuevas, a solo tres días de la muerte del ex director, con fecha 9 de junio, invocando su condición de vecino de Lujan se dirigió al interventor gral. de provincia de Buenos Aires; Solicitando que se le del nombre de Enrique Udaondo al museo, para ejemplo de las futuras generaciones.

La mesa directiva de la comisión homenaje apoya la iniciativa del señor Cuevas. Se remitió una nota, y el pedido tuvo aceptación.. Por resolución ministerial el 3 de octubre de 1962 se designa el Colonial e histórico de la Pcia. De Bs. As. Con el nombre de Enrique Udaondo.

Directores del museo desde 1923:

  • Don Enrique Udaondo
  • Jorge M. Furt
  • Néstor D. Gallo
  • Juan J. Lobo
  • Angel Cutelo
  • Jose Q. Fontanarrosa
  • Jorge Silva
  • Hector Piccinalu
  • Pedro Ancarola
  • Jorge Silva
  • Maria T. Tartaglia de Silvano
  • Marcelo Repela
  • Carlos Scannapieco
  • Roberto Grin

Biografía de Enrique Udaondo

Nació en Buenos Aires el 11 de junio de 1880, en el seno de una familia de la aristocracia porteña. Su madre se llamaba Adela Peña y su padre Meliton Udaondo. De raíz vasca paterna aporto su sana y autenticidad. Su estirpe maternal lo nutrió en la solidaridad con las del prójimo y el sentido de servicio para la nación.

Llego a este mundo rico, era de noble cuna, con estirpe. No eligió su nacimiento pero si lo hizo a la hora de morir: partió envuelto en los hábitos de San Francisco de Asís.

Estaba emparentado con don Juan de Lezica y Torrezuri.

Muy afecto en su juventud a los ejercicios al aire libre, practico natación, remo, pelota de cesto, equitación, ciclismo, etc.

Renunció paulatinamente a las riquezas materiales que le correspondían por herencia e invirtió dinero de su peliculo para rescatar testimonio de ayer, que luego pasaron a integrar el acervo de museos y entidades sin que figurare el donante.

Destino la mayor parte de su vida a investigar nuestra historia y lo hizo con seriedad, honestidad y responsabilidad. Era tradicionalista por naturaleza, respetaba a todos los forjaderos de nuestra patria a la que quería de manera entrañable.

Era un patriota sin alardes, con el profundo y verdadero nacionalismo de quienes desean mantener a nuestro país libre de ataduras.

Físicamente era pequeño de talla, atildado, siempre trajeado de oscuro, caminaba rápido con la cabeza baja, sin aparentemente mirar a su alrededor, pero mucho advertía.

Este era en su apariencia severa, pero cuando hablabas con su vos apacible y complaciente, era afable. Sus modales eran formales y dignos. No se quitaba el saco ni cuando ayudaba a realizar algún trabajo en los días calurosos de verano.

Fue un coleccionista infatigable; en todo lugar estaba atento de hallar algo de valor para exponerlo en los museos. Sus hallazgos tenían lugar en los sitios de menos posibilidades en todo el ámbito del país.

Con viveza e inteligente razonamiento iba obteniendo donaciones de amigos, conocidos, coleccionista o personas de fortuna que pudieran ayudarlo a enriquecer sus museos.

Era un artista para ordenar, seleccionar, crear y distribuir los diferentes objetos.

Le gustaba trabajar sin resonancia, era tranquilo, persistente e incansable.

Su vocación lo condujo por el camino de la investigación histórica.

Fue académico de la junta de historia y numismática Americana y uno de los fundadores de la fundación Mitre.

Milito en el parido republicano, donde su primo Guillermo Udaondo, gobernador y candidato a presidente de la nación, era el jefe.

La academia Nacional de la Historia lo designo miembro de numero desde 1922 y su vicepresidente en 1955. En 1918 presidio la comisión Pro- Monumento al Gral. San Martín a erigirse en el pueblo de Las Conchas. Dirigió las Comisión Honoraria de Parques de la provincia de Buenos Aires hasta el año 1947 y fue miembro de la sociedad forestal Argentina.

Condujo la exposición Retrospectiva de Arte Religioso celebrada en Buenos Aires. En 1934 con motivo del Congreso Eucarístico Internacional.

Vocal de la Comisión Nacional de la Reconquista, miembro honorario del Instituto Nacional Sanmartiniano., Integro otras academias, institutos y sociedades, donde puso de relieve los mismos rasgos de capacidad, sencillez, generosidad y prudencia que le reportaron tantos afectos y reconocimientos y que le rindieron un justo homenaje el día de su muerte.

Compraba por sus propios medios, reliquias y objetos a los descendientes de próceres, que carecían de medios económicos, y los hacia figurar como donantes.

Estudio e investigo al pasado nacional y la historia de Lujan.

Escribió una guía del Cementerio Norte, y libros sobre las iglesias tradicionales de Buenos Aires., ,Fue autor de la crónica histórica de la orden franciscana.

A el le debemos dos importantes diccionarios biográficos, la guía de las estaciones ferroviarias, las plazas y calles de Buenos Aires. Estudió y rescató nuestro pasado local, su "Reseña histórica" de la Villa de Lujan. En ella reunió una valiosa documentación sobre la Villa: relatos, bandos, acuerdos y providencias del Virrey, cartas, ilustraciones, disposiciones del Cabildo que nos permiten revivir la historia de nuestra patria chica. También rescato los libros de Acuerdos del extinguido Cabildo de Lujan.

Desde el 12 de octubre de 1923 hasta su muerte, el 6 de junio de 1962, don Enrique Udaondo fue director honorario del Museo Colonial e histórico de Luján, el que más tarde recibiera el nombre de Complejo Museográfico Enrique Udaondo. Fue pionero de la museología y hoy se lo reconoce como precursor, orientador y realizador de la museología Argentina.

Reunió los testimonios que reconstruyen la historia nacional y local.

Cuando en 1917, el Cabildo fue rescatado de la demolición por la visión de Domingo Beschtedt y junto a la casa del Virrey fueron destinadas a la sede del museo Colonial e histórico de la provincia de Buenos Aires, se crearon comisiones organizadoras de este, en los cuales actuó Udaondo como miembro más.

Fundo el primer museo de transporte en el país. Vendió una de sus estancias en Balcarce para erigir el pabellón que debió albergar la colección Gnecco (traída de San Juan).

Organizo fiestas criollas, religiosas y desfiles tradicionales. Regalaba relojes de bolsillo a los vecinos y paisanas que representaban personajes en los desfiles.

Udaondo explica: "a través de las fiestas la Dirección cree contribuir a la difusión de las costumbres del pasado argentino, influyendo en el mantenimiento del espíritu nacionalista tan necesario en un país como el nuestro".

Monumento y sala Enrique Udaondo

En el patio de honor del Complejo museográfico se levanta el monumento a Enrique Udaondo. fue realizado por el escultor Constante Orlando Paladino y mandado a levantar por la comisión de homenaje a la memoria del fallecido Director.

Fue inaugurado el 12 de octubre de 1967 y en el pedestal de mármol se lee la siguiente leyenda: "el pueblo de Lujan a Enrique Udaondo. Primer Director de este museo 1923-1962.

La sala Enrique Udaondo fue remodelada en 1986 y conserva muebles y elementos que le pertenecieron, algunos de ellos:

- mesa escritorio de madera tallada utilizada por el

- óleo de Juan Bautista Peña, abuelo materno.

- Testimonios de distintas academias nombrándolo miembro: Academia Nacional de la Historia, Junta de Estudios Históricos, Instituto Sanmartiniano.

- Medallas otorgadas a Udaondo por el Instituto Bonaerense de Humanística y antigüedades y por la Junta de Historia y Numismática de América.

- Mueble papelero que le perteneció, etc

Historia del Barrio de Luján

En 1492, Cristóbal Colón Pisó nuestro continente, por primera vez; después de 1516, luego de Américo Vespucio, Juan Díaz de Solís se adentró en el Río de la Plata; más tarde, en 1520, Hernando de Magallanes exploró las costas del sur de nuestro continente, hasta llegar al estrecho que hoy lleva su nombre. En 1526, Sebastián Gaboto navegó los ríos penetrando en el interior del territorio. Pero el primero en desembarcar en estas tierras fue don Pedro de Mendoza, a quien se le debe los primeros caballos y ganado vacuno que conoció esta parte del continente, y nosotros en particular, un nombre que nos identifica en el mundo: LUJÁN.
Fue un 3 de febrero de 1536 (44 años después de Colón) cuando Mendoza (hijo de doña Constanza de Luján) fundó el fuerte en honor a la Virgen protectora de los navegantes, llamó "Puerto de Santa María del Buen Aire".
Desde aquellos lejanos tiempos, viene la raíz histórica de nuestra ciudad, ya que entre los 800 hombres que descendieron de aquellas 14 carabelas que atracaron en estas costas, se contaba un caballero que dejaría su nombre a un pueblo y a una Virgen generadora de un gigantesco movimiento de Fe : el Capitán Pedro de Luján. Algunas hipótesis sostienen que el nombre de Luján deriva de la nación de los indios LOJAES (primitivos habitantes de estas tierras), mientras que basados en antiguos documentos, otros afirmaron que el río ya llevaba el nombre de HUYAN o SEHUYAN. Pero la discusión quedó cerrada por el peso de la tradición, o de la versión histórica más aceptada: la que afirma que el río lleva el nombre del capitán español que perdiera la vida en sus orillas, luego de la batalla que los conquistadores perdieran contra los indios querandíes, un 15 de junio de 1536, día en que se celebraba la festividad de Corpus Christi.
La historia cuenta que los indios poco esperaron para incendiar las naves y el caserío de los intrusos, y que entonces, unos 300 españoles salieron en son de escarmiento y en procura de víveres. Al toparse con los nativos, sufrieron una derrota que les ocasionó 38 bajas, entre las cuales se encontraba Diego de Mendoza y el Capitán Luján. Durante el fragor de la batalla, el caballo de Pedro de Luján se "espantó" sin que éste pudiera sujetarlo por encontrarse mal herido; y llegando a la orilla derecha de un río que hoy lleva su nombre, el caballero español cayó ya sin vida, siendo sus huesos encontrados días después y su caballo pastando en las cercanías. Según algunos estudiosos, el combate debió librarse no muy lejos de donde 100 años más tarde se produciría la milagrosa detención de la Carreta de la Virgen, y el Capitán Luján, habría venido a Morir en los alrededores de un paraje llamado años más tarde "El Árbol Solo", en donde tiempo después nacía la gran ciudad mariana de Luján. Desanimados por la bravura de los querandíes, los conquistadores no tardaron en abandonar estas tierras. Entre tanto, en aquella inmensa desolación, el ganado vacuno y caballar empezó a multiplicarse a gran escala y en estado salvaje, al tiempo que los indios comenzaban a familiarizarse con estos animales y a adquirir una inigualable destreza en el manejo del caballo, con los que dieron vida a aquellos aterradores malones, que tanto atormentaron a los españoles. Luego de 44 años, en 1580, los conquistadores vuelven a la carga, esta vez a las órdenes de don Juan de Garay, quien fundó un nuevo fuerte en el mismo lugar donde lo había hecho don Pedro de Mendoza. En ese mismo momento, comenzó a repartir tierras entre sus acompañantes, y un límite natural para la citada distribución de "suerte de estancia", lo constituyó nuestro río, el cual, a la llegada de Garay, ya era llamado con el nombre de Luján. Queda claro entonces que el río era llamado Luján, la vasta región que éste atravesaba, era denominada "Valle de la Muerte", "Valle de la Matanza", o "Valle de Corpus Christi", por la batalla del 15 de junio de 1536; y dentro de esta zona estaba lo que se llamó El Árbol Solo (posiblemente un solitario sauce), el cual sirvió de referencia geográfica para el reparto de estas tierras. Nada más que campo era este sitio cuando sucedió el "Milagro de la Carreta" en 1630. Nada más que la imponente soledad de la pampa, un sauce y un vado de tierra firme por donde atravesar el río. Las primeras "suerte de estancia" en esta región fueron adjudicadas en los primero años del siglo XVII. Al capitán don Marcos de Sequeyras, le fueron asignadas estas tierras un 24 de octubre de 1637. Al poco tiempo, construyó el casco de su estancia (un rancho de adobe y paja) a orillas de nuestro río paterno, a la altura de la actual Avenida Doctor Muñiz. La razón por la cual debieron transcurrir algunas décadas, desde el primer reparto de tierras, hasta que en el paraje llamado "El Árbol Solo" se establecieran los primero españoles, ni la gran extensión de tierras asignadas, ni la riqueza natural que ellas ofrecían, ni la abundancia del ganado vacuno y caballar que parecía manar de la tierra, resultaron elementos suficientes para que los conquistadores vieran sus sueños realizados. Porque la soledad de estas tierras, más la constante acechanza de los malones, en la mayoría de los casos, hacía que los improvisados estancieros decidieran finalmente cambiar sus extensas tierras por un poco de tranquilidad, la cual, la encontraban en Buenos Aires, abandonando así sus sueños de terratenientes. Por esta razón, las tierras volvían a ser asignadas y nuevamente abandonadas por idéntico motivo, hasta que volvían a recibir a nuevos dueños. No obstante en cada nuevo intento, cada estancia se transformaba en un puesto de avanzada, en un puesto de frontera. Nada más que eso fuimos en nuestros orígenes, un puesto de frontera en medio de una inmensidad de la pampa; y antes aún, nada más que un punto perdido en medio del reino del silencio que gobernaba a estas interminables soledades. Un lugar sin nombre siquiera, y sin motivo alguno para tenerlo. Pastos resecos por el sol de enero, la ingobernable furia del pampero, la siempre acechante ferocidad de la indiada, alguna yunta de ñandúes allá a lo lejos y poco más, muy poco más...... Pero en los tiempos de la escarcha, era peor aún, una rotunda nada se cernía sobre estos campos, nada que delate la presencia de la vida nada más grande, abierto, callado y misterioso que la profundidad del silencio de estos campos, en donde hoy se yergue una ciudad en donde los caminos de la Fe y de la Historia, se han dado cita para elevar el nombre de Luján hasta un sitial de privilegio en la historia social, política y religiosa de nuestra Nación. Y fue así, que con marchas y contramarchas, en medio de aquella falsa calma que precedía a la tormenta de los malones y del pampero, el español se fue abriendo paso a través de la inmensidad. Aquello era Luján, el imperio de la incertidumbre, de la amenza y de una monotonía impregnada de constante zozobra. Corría el año 1630. Si bien era Lima la capital del virreinato, el centro cultural y económico de América del sur tenía lugar en Potosí. Y hacia esos lugares había que dirigirse por cualquier asunto de cierta importancia. En consecuencia, los viajeros que partían desde Buenos Aires, estaban obligados a atravesar por el vado del río que se encontraba en las cercanías de un punto geográfico llamado "El ÁRBOL SOLO", en cuya zona, año más tarde nacía la ciudad de Luján. Pero éste no era el único camino para dirigirse hacia las Provincias del Norte, ya que había otro que seguía poco más o menos el recorrido de la actual Ruta Nacional Nº8, el cual fue declarado en desuso en 1663, al mismo tiempo que se ordenaba la utilización obligatoria que pasaba por Luján, recibiendo además del nombre de "Camino Real para los Reinos de Chile y Perú". Las raíces más profundas de esta historia, llegan hasta un nombre, el de Antonio Farías de Sáa, portugués que reside en Sumampa (jurisdicción de Córdoba del Tucumán, hoy Santiago del Estero), quiso construir una capilla en su propiedad, para dedicársela a la Imagen de la Pura y Limpia concepción de la Santísima Virgen María. Le encargó entonces a un amigo de Pernambuco (al nordeste de la costa de Brasil) una imagen de María, sabiendo que aquel lugar, al igual que Bahía era famoso por la fabricación de imágenes religiosas construidas en terracota. Hacia el centro y sur, Minas Gerais y San Pablo, también fueron prestigiosos centros de fabricación de estas imágenes. Recientemente descubiertos, parecen indicar que en el Valle de Paraíba (Jurisdicción de San pablo) fue modelada nuestra efigie. Lo que no está en discusión, es su origen brasileño, pues en general, las imágenes importadas procedían de Europa o del Alto Perú y eran de madera policromada. Nunca se supo la razón, pero lo cierto fue que el paisano de Brasil, en lugar de una, le envió dos imágenes. Una conforme lo había solicitado Farías, era la de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, y la otra era de la Madre de Dios con el niño Jesús en sus brazos, que fue la que realmente llegó a Sumampa, ya que la otra fue la protagonista del milagro fundador del culto a la Virgen de Luján.
El 21 de marzo de 1630 el navío "San Andrés" arribó al puerto de Buenos Aires transportando las dos sagradas imágenes, las que con el resto de las mercancías fueron decomisadas en la Aduana, en tanto que Andrea Juan (dueño del navío) y sus acompañantes fueron detenidos, posiblemente por tratarse de un asunto de contrabando. La oportuna intervención de Bernabé González Filiano, de gran poderío económico en aquellos tiempos, amigo de Andrea Juan y de Farías, hizo posible que todos fueran liberados y que pudieran proseguir con el itinerario preestablecido. Además de solucionar su problema con la Aduana, el portugués Andrea Juan debió esperar un tiempo hasta que una caravana de carretas partiera con el mismo rumbo que él debía emprender y unirse a ellas, ya que tan largo viaje no podía ser realizado de otra manera. De modo que, a principio de mayo comenzaron la marcha como un viaje más, ignorando que a pocas horas les aguardaba un hecho sobrenatural que inscribiría su nombre en los libros de historia y que daría origen a unos de los cultos más grandes de la fé mariana. La lógica recomendaba tomar por el camino de "EL ÁRBOL SOLO", pero razones comerciales o de amistad hicieron que marcharan por el otro. Fue así que, al anochecer del primer día, la caravana se detuvo frente al río de las Conchas, en un lugar llamado más tarde paso de Morales (hoy partido de la ciudad de Morón) y una vez reanudado el camino y vadeado el río, llegaron al atardecer del segundo día, a orillas del río Luján, haciendo noche en una propiedad que se conocía como la estancia de Rosendo. La permanente amenaza que constituían los indios, sumada a otros peligros propios de estas desolaciones, hacían necesaria la presencia de jinetes armados que custodiaran la caravana a lo largo de todo el viaje, y fue de esta manera como llegaron a acampar toda la noche, formando una especie de fortín con las carretas, para protegerse entre sí, mientras los animales pastaban, bebían agua en el río y se reponían del cansancio de una larga jornada de trajín. Los viajeros, reunidos en torno a la fogata, conversarían, seguramente de sus cosas, mientras se iba poniendo a punto la carne en el asador, y una vez saciado el apetito, a medida que el fuego se iba apagando, uno a uno los troperos eran vencidos por el sueño, mientras que un centinela de turno vigilaba las inmediaciones. Y cuando las primeras luces del nuevo día comenzaron a asomar en el interminable horizonte para dar vida a una nueva mañana de aquella primera quincena de mayo de 1630, los preparativos para reanudar la marcha estaban llevándose a cabo, cuando lo sobrenatural se hizo presente. Como amarrada a la tierra por una fuerza invisible, la carreta no se movía de su lugar, muy a pesar de que los robustos y pacientes bueyes emplearan todas sus fuerzas. No advertido del misterioso suceso, el carretero ató otras yuntas, a la vez que los troperos de la caravana iban rodeando la carreta, movidos por la curiosidad y con ánimo de ayudar. Luego de mil inútiles tentativas, por consejo de los demás, el carretero bajó toda la carga al suelo (que no era mucha) y los bueyes lograron mover la carreta, con toda facilidad. El caso mantenía perplejos a todos los presentes, dado que con esa misma carga se había viajado normalmente los días anteriores. Se cargaron nuevamente los bultos, y la carreta volvió a quedar inmóvil. Los rudos y experimentados troperos estaban atónitos. Uno de ellos (quizá por inspiración Divina) sugirió bajar a uno de los cajoncitos, pero los bueyes no pudieron avanzar; se propuso entonces, subir dicho cajón y bajar el otro, con lo cual, la carreta volvió a moverse con toda normalidad. Aquí fue cuando llegó la admiración a romper el silencio, a soltarse la lengua de todos en piadosos clamores y los ojos liquidarse en lágrimas de enternecimiento, levantando todos el grito y repitiendo a una voz: ¡Milagro! ¡Milagro! ¡Esto es obra de Dios!. Pasado este primer momento, se apoderó de todos ellos la natural curiosidad de contemplar la prenda de tanto valor, que estaba encerrada en aquella arca. Uno de los asistentes, no sin profunda emoción, sí, con legítimo estremecimiento procedió a la apertura del cajón; y todos fueron testigos de que el tesoro que contenía era bien en efecto, como había declarado el portugués conductor del carretón, un bello simulacro de bulto de la Purísima Concepción de la Virgen, como de media vara de alto. ¡Encantadora y hermosa se presentó a los ojos de todos los circunstantes la Sagrada Imagen de María Inmaculada!.Al punto llenos todos de la más dulce emoción y piedad y postrados en tierra la veneran; e imprimen en ella sus más fervientes besos, entre los tiernos afectos que pronuncian sus lenguas en alabanzas a Dios y a su Dulcísima madre, y abundantes lágrimas de gozo y de consuelo que corren de sus ojos. Así estuvieron algún tiempo suspensos, llenos de alegría ante la Sagrada Imagen; más, luego que sus tiernas demostraciones dieron lugar a los discursos, resolvieron llevarla todos juntos y con el mayor respecto y devoción a la propia morada de don Rosendo. Formaron, con este fin, todos los asistentes una procesión sencilla y acompañaron así formados a la Santa Imagen, con más fervor y enternecimiento que aparato y solemnidad. Llegados a la humilde morada de don Rosendo, depositáronla luego en el aposento más decente de ella, y habiéndola colocado en el rústico trono que, en medio de sus cortos alcances, le improvisaron, de nuevo se postraron unánimes a rendirle homenaje. Después de haber, de esta suerte, satisfecho las ansias de su devoción para con la Soberana Señora, los felices troperos con harto sentimiento se despidieron de la venerable Imagen, para proseguir su camino hacia su destino; llevándose consigo aquella otra Imagen destinada a la Ermita de Sumampa, y esparciendo la voz de los prodigios de que han sido testigos, por todos los pagos de su tránsito; de modo que al poco tiempo, la fausta nueva fue conocida en todos los ámbitos de la Gobernación del Río de la Plata y de la de Tucumán. La detención de la carreta había sucedido en la actual localidad de Villa Rosa, (partido de la actual ciudad de Pilar) ubicada sobre la ruta que une la ciudad de Pilar con la de Escobar. El Milagro comenzó a difundirse, al tiempo que los fieles iban llegándose hasta la estancia de don Rosendo. A tres años del portento, fue necesario construir una ermita junto a la casa que en principio había servido de improvisado oratorio; un modesto rancho de adobe y paja, una cruz en lo alto que lo distinguía en aquella dilatada soledad, fue la nueva morada de la Santa Imagen que estaba colocada en un nicho apoyado sobre un rústico altar. Y así en aquella pequeña y humilde ermita, transcurrieron unos 40 años, durante los cuales, el primer y principal propagador del culto fue un esclavo de nombre Manuel que venía como una mercadería más en el cargamento que vino desde acompañando a la Imagen desde Brasil. Desde el momento del Milagro, el Negro Manuel fue consagrado por completo al cuidado de la Santa Imagen, aseando el altar y no dejando que por causa alguna le faltase luz ardiente a su ama, reconociéndose él mismo como el verdadero y exclusivo esclavo de la Virgen. Atendiendo a los enfermos, enseñando el camino de Dios y consolando a los afligidos, eran las obras de misericordia en las que los peregrinos lo veían siempre ocupado. En su venerable ancianidad, vestido de tosco sayal, con una larga barba blanca a manera de ermitaño, y con un profundo aspecto místico, lo encontró la muerte, supuestamente en 1686, a los 82 años de edad, cuando el esclavo de la Virgen había alcanzado una gran influencia sobre los creyentes, llegando a ser amigo y consejero de todos ellos. Hallándose el Negro Manuel en la última etapa de sus enfermedad dijo un día que su ama le había revelado que había de morir un viernes, y que el sábado siguiente lo llevaría a la gloria. En efecto, su muerte aconteció el día mismo que había dicho. Es tradición que por sus insuperables méritos, su cuerpo fue sepultado detrás del Altar Mayor, descansando a los pies de su siempre bien amada Madre. No resultaría extraño que, a la distancia de tantos años, alguno datos sobre Manuel hayan sufrido algunas deformaciones, y que el pueblo llegara a idealizar un tanto la vida de quien sin duda, fue la figura más querible de esta monumental obra de fe, siendo por ello que su memoria ha de perdurar siempre bendita en el corazón de los creyentes. Corría el año 1666, y tanto la estancia de Rosendo como la capilla, debido a la indolencia de los dueños, habían caído en un total abandono, debiéndose al Negro Manuel que el culto haya permanecido vivo en aquellos largos años de desolación. Casi cuarenta años habían pasado desde aquella gloriosa mañana de mayo de 1630 y el culto aún no había sido oficializado. La máxima jerarquía eclesiástica no se había expedido sobre el MILAGRO DE LA CARRETA, siendo que los dueños eran clérigos de gran influencia, quienes creyeron librarse de un problema al vender la sagrada Imagen, a doña Ana de Matos (viuda de Sequeyra), quien destinó una habitación de su casa para el culto de María, siempre cerca del río, pero ahora en la cercanía de "El árbol Solo", en donde años más tarde florecería el caserío fundacional de lo que es hoy nuestra ciudad mariana de nombradía internacional. La firme voluntad de quedarse para siempre en esta tierras, había sido expresada por la Madre de Dios mediante el histórico prodigio, con el que se iniciaba la gloriosa cadena de mil gracias y favores de tan grandiosa trascendencia. Pero las dificultades no faltarían, y esto nos enseña que en la vida, ningún logro auténtico, firme y perdurable, se obtiene sin perseverancia, sin tenaz lucha en los momentos difíciles. Todo parecía atentar contra el culto: los devotos, muy obedientes de la voz oficial de la Iglesia, observaban con preocupación que a 40 años del Milagro, el culto no había sido oficializado; la estancia y la capilla habían sido abandonadas por sus dueños; el camino había sido anulado por el Gobierno, y el Negro Manuel era reclamado por sus dueños desde Buenos Aires. Un sombrío panorama insinuaba la irremediable extinción del culto. Pero no era la voluntad de Dios que esto sucediera. En aquella inmensa desolación sólo surcada por el indio y el furioso viento pampero, el estoico "Esclavo de la Virgen", sin recursos materiales, con su sola inspiración Divina, pudo mantener viva la llamada de aquel agonizante culto a María. La oportuna aparición de doña Ana de Matos, cambiaría felizmente tan angustiante situación. Doña Ana se presentó entonces ante el rector de la Catedral de Buenos Aires para adquirir los derechos sobre la Sagrada Imagen, Juan de Oramas (heredero universal de don Diego Rosendo), absolutamente práctico como administrador, no dudó en acceder al deseo de la dama mediante el pago de $200. Una vez cumplida la correspondiente tramitación, la señora acudió presurosa a la desolada ermita, y se trajo consigo a la Santa imagen, dejando allí al Negro Manuel. Una vieja tradición afirma que esa misma noche, la sagrada Imagen volvió por sus propios medios (traslocación) a la ermita de Rosendo, junto al Negro Manuel. En consecuencia , al día siguiente, en la casa de doña Ana agotaron todos los recursos buscándola sin éxito, hasta que un presentimiento los llevó hasta la vieja ermita, donde la hallaron junto a su fiel negro. Colmada de asombro, no comprendiendo del todo a aquella extraña situación, Ana de Matos dió la orden para que el traslado se efectuara nuevamente hacia su estancia, y volvió a colocar la efigie en el mismo lugar del día anterior; y para mayor tranquilidad, dispuso de una guardia especial en torno a la habitación, para que no se repitiera el extraño suceso de la jornada anterior. No obstante tales medidas de seguridad, sin que nadie pudiera explicarse cómo, la Sagrada Imagen volvió a desaparecer, siendo hallada junto a su devoto esclavo, quien había quedado desolado en la abandonada estancia de Rosendo, sumido en la decepción y la angustia más profunda. Entonces, ahora sí, seriamente afligida por la doble desaparición, doña Ana comenzó a presentir que en todo aquello había algo de sobrenatural, algo de origen divino; razón por la cual, no se atrevió a efectuar un tercer traslado, sin antes exponer debidamente el misterioso problema ante el obispo Fray Cristóbal de Mancha y Velasco, y ante el Gobernador don José Martínez de Salazar. Luego de un exhaustivo y concienzudo examen de la singular situación, ambas autoridades coincidieron en la necesidad de tomar una imperiosa decisión: efectuar ellos mismos el traslado. Y eso fue exactamente lo que sucedió, conformándose a tal efecto una gran comitiva integrada por lo más representativo de Buenos Aires y una considerable cantidad de público que se unió a ella. Una vez en la estancia de Rosendo, el Obispo procedió a informarse minuciosamente de todo lo sucedido, inspeccionando el lugar, examinando uno a uno a todos los testigos de las misteriosas desapariciones, y luego de esto reconoció sí, la invisible intervención de la mano de Dios, antes de autorizar la histórica traslación. Fue así entonces que, la Sagrada Imagen fue levantada en andas y, en solemne procesión comenzó de a pie aquel traslado encabezado por un obispo y un gobernador, muy ancianos ya, y también iba entre el público un esclavo, el preferido de la Virgen, el Negro Manuel. Según algunos dicho traslado debió efectuarse en los finales del año 1671, y que quizás en una fecha muy cercana al 8 de diciembre, como preparativo de una fiesta de la Pura y Limpia Concepción. El trayecto fue cubierto en dos jornadas sucesivas de peregrinar rezando a través del campo, hasta que por fin arribaron al rancho de Ana de Matos, en donde por espacio de tres días se celebraron solemnes misas, se rezó el Santo Rosario, se cantaron las letanías y los himnos a María Inmaculada. Finalmente, el Prelado dejó autorizado oficialmente el culto a la Pura y Limpia Concepción del Río Luján, quedando así, luego de 40 años del Milagro, canonizada la devoción de un pueblo y proclamado por siempre, el nombre de Nuestra Señora de Luján. Ahora si, la imagen de María se quedaría para siempre en estos lugares. Vendría luego el oratorio junto a la casa de doña Ana, y más tarde distintas capillas antecesoras de su octavo lugar de culto, la actual Basílica Nacional de Luján. Una vez oficializado el culto, la afluencia de peregrinos fue creciendo, a pesar de que el pequeño oratorio no tenía clérigo estable, razón por la cual, los oficios religiosos no eran más que acontecimientos aislados. La siempre creciente ola de devotos, hizo pensar a doña Ana de Matos en construir un lugar más propicio para albergar la Imagen de María. A título de donación perpetua, cedió entonces un predio para edificar una Capilla, más una cuadra a la redonda, para que allí se establecieran los primeros pobladores, más una porción de estancia al otro lado del río, que ayudara a solventar los gastos demandados por el culto. Con fecha 2 de octubre de 1682 quedó formalizada la donación, aunque en 1677 a cargo de Fray Juan de la Concepción (conocido por la historia como Fray Gabriel), se habían comenzado a cavar los cimientos y estaba construido el horno de ladrillos necesario para la obra. Agrupándose junto a la capilla, dispuestos a hacer frente común a la indiada, los primeros lujanenses fueron dando forma al caserío fundacional, aunque en un principio más que pobladores estables, eran devotos que pasaban algunas noches en improvisadas chozas, dejaban sus súplicas y ruegos, y volvían a sus lugares de origen. Así nació nuestro pueblo: humilde y silencioso, sin la llegada de un enviado del Rey para presidir la ceremonia de fundación, como era costumbre en aquellos lejanos años. Y tal vez a eso se deba que, aunque la aldea hubiera nacido antes, en base a documentación puede confirmarse su existencia hacia 1740. Las paredes del Sagrado Recinto estaban a medio levantar y algunos materiales se hallaban acopiados para continuar con los trabajos, cuando el Fray Gabriel debió trasladarse a Chile, con lo que la obra quedó virtualmente paralizada. Pero un nuevo y trascendental suceso vendría a dejar una profunda huella en esta historia, al aparecer en escena un protagonista clave: el primer Capellán de la Virgen. Se llamaba don Pedro de Montalvo, era licenciado y además clérigo presbítero. Radicado en Buenos Aires, se hallaba al borde de la muerte, cuando impulsado por su gran devoción por la Santísima Virgen, decidió realizar el penoso y largo viaje en un pesado carretón, hasta los mismos pies de la Sagrada Imagen de Luján. La tisis pulmonar que padecía, complicada con una severa afección cardíaca lo redujeron al último extremo, tanto que, una legua antes de llegar hasta el pequeño Oratorio junto a la casa de doña Ana de Matos (hoy Dr. Muñiz junto al río) "una crisis respiratoria terminó con su vida", según el parecer de los que lo conducían. Y en ese estado lo presentaron ante el Negro Manuel, quien de inmediato le frotó el pecho con el sebo de la lámpara que ardía sin cesar ante la Bendita Imagen, hasta que el moribundo volvió en sí. Mientras que esto sucedía, Manuel le hablaba de la confianza que debía tener en María, ya que ésta, "lo quería para su primer Capellán". Le preparó además una infusión con abrojos y cardillos, más un poco de lodo que él solía recoger del vestidito de la Sagrada imagen al regresar Ella de aquellas misteriosas fugas nocturnas de las que habláramos anteriormente. Al tiempo de ingerir este brebaje en nombre de la Santísima Virgen María, ya bastante reestablecido, el licenciado prometió entonces de cuidar a la santa Imagen hasta sus últimos días de vida, en caso de recuperar definitivamente su desahuciada salud. Y sin más, quedó libre de sus ahogos asmáticos y enteramente sano, a lo que todos los testigos, no dejaron de calificar como un nuevo Milagro. Cumplió el buen hombre con su promesa, ya que provisto formalmente del título de Capellán, vivió y trabajó en Luján, hasta el día de su muerte. Al momento de llegar Montalvo a Luján, las paredes del proyectado Santuario se encontraban a medio levantar, y convencido de que la Virgen se merecía algo más grande que el pequeño oratorio en donde se encontraba, se dedicó empeñosamente a terminar la obra. Movió todas sus relaciones, inclusive obtuvo un importante respaldo económico del Gobernador de la Provincia, venció mil obstáculos, hasta que finalmente logró la inigualable satisfacción de inaugurar el nuevo Santuario al que se trasladó la imagen en solemne procesión, en 1685, posiblemente, el 8 de diciembre, pudiendo considerarse a este año, como al punto de partida de las tradicionales fiestas de los 8 de diciembre. La fama del Santuario, llegó incluso hasta el Viejo Mundo y eran muchos los hombres de mar que al lanzarse en sus intrépidos viajes, se encomendaban al patrocinio de tan Milagrosa Madre. Y muy pronto la nombradía de tan excelsa Señora, llegó a Roma, y fue el Papa Clemente XI quien concedió la primera indulgencia plenaria "a la Capilla Pública de la Santísima Virgen María, llamada de Luján, situada en la campaña de Buenos Aires, en las Indias". El Fundador del primer gran templo a María de Luján, falleció en 1701 y sus restos fueron sepultados en este Santuario; su fe religiosa y su celo por el culto a la Virgen, pasaron a la posteridad como modelo y ejemplo;  su título de Primer Capellán de la Virgen, es con el cual la historia trata de rendir homenaje a la memoria del Licenciado don Pedro de Montalvo.

Primera sala

El plano que se exhibe a continuación, corresponde a la ubicación de los elementos de la primera sala.

Primera sala

  1. Carreta quinchada
  2. Campana de bronce fundido
  3. Litera de Ozornio
  4. Sopanda de Belgrano
  5. Petaca de cuero
  6. Berlina de Prudencio de Rosas
  7. Berlina de Juan Manuel de Rosas
  8. Berlina de Ambrosio Lezica y Rosa Lastra
  9. Berlina de Matías Ramos Mejía
  10. Corneta
  11. Diligencia de Cipriano Guereño
  12. Diligencia de Andrés Monje
  13. Diligencia de "Mensajerias Argentina"
  14. Estuche para correspondencias
  15. Tranvía
  16. Primer coche ferroviario
  17. Locomotora "La Porteña"
  18. Maquina de imprimir Boletos
  1. Carreta Quinchada.
  2. Por intermedio del General Don Isidro Arroyo, que la gestionó, la señora Elvira Quesada de Zapata, donó en el año 1927 la carreta que la tradición conoce por la de San Martín, conservada hasta entonces en la finca del general Don Pedro Pascual Segura, gobernador dos veces de Mendoza, dueño del solar donde estuvo el campamento del ejercito de los Andes, denominado el Plumerillo, situado a una legua de la ciudad, donde San Martín hizo construir cuarteles de tapias para alojamiento de los jefes, oficiales y tropas.

    En ese celebre campamento se acantonó el ejercito desde 1814 a 1817, no faltando espaldones para tirar al blanco, una fabrica de pólvora, el famoso batán, donde se preparaba el genero para uniformes, la maestranza y otras dependencias; en fin, no carecía de nada el ejercito que iba a realizar la proeza militar mas grande del nuevo mundo.

    Un antepasado de la señora Elvira Quesada de Zapata, que fue dueño de esta carreta, don José Vicente Zapata, vecino de Mendoza, era un patriota exaltado, que contribuyó en diversas formas al sostenimiento del ejercito de los Andes costeando los zapatones para los granaderos a caballos suscribiéndose con dos mil pesos, cedió sus caballos, mulas y novillos.

    Este vehículo tiene mas de un siglo: es de ejes de naranjo y ruedas de lapacho, sin llantas con algunas grampas de hierro, sus paredes quinchadas con parantes de caña tacuara y su techo de junco y cuero de potro en su exterior, atados con tientos.

    Las pesadas carretas de antaño a pesar de su lentitud durante meses recorrieron las pampas en medio de los peligros de los salvajes y salteadores desafiando las inclemencias de la naturaleza en viajes llenos de peripecias, sufriendo vuelcos en los arroyos y pantanos.

    Las tropas de carretas formaban en los viajes caravanas con el fin de salvar grandes distancias, armándose para resistir a los indios y las utilizó el General San Martín en el transporte de toda clase de víveres, cajones de fusiles, sables carabinas y otros artículos indispensables para el parque y la maestranza, haciendo el viaje entre Buenos Aires y Mendoza, cuya travesía de 300 leguas no se realizaba en menos de tres meses entre ida y vuelta.

    Esta carreta aparte de su tradición histórica, es quizás el vehículo mas viejo de esta clase que se conserva en la Republica Argentina, siendo su característica mas notable el tener los ejes y ruedas de madera sin llantas, las que producían al rodar un chillido que en el campo anunciaba su llegad