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Historia de las revistas de letras




Partes: 1, 2

Publicadas en Bucaramanga en la primera mitad del siglo XX.*

  1. Introducción
  2. Los propósitos
  3. Nombres y hombres
  4. Invitación y descripción a los hombres de letras
  5. Detrás del telón...
  6. De sus biografías…
  7. Estudios científicos
  8. El ensayo
  9. Los que quisieron ser poetas
  10. Cuentos y novela s por entregas
  11. Tierra de promisión
  12. Noticiero deportivo
  13. Ecos sociales
  14. Conclusiones
  15. Fuente documental
  16. Bibliografía

DESCRIPCIÓN:

En el campo de las letras en Bucaramanga su actividad fue permanente y eso lo demuestra la edición de más de 15 revistas de carácter literario y otras tantas que complementan esa actividad cultural de la primera mitad del siglo XX.

El rescatar estas revistas de letras aproxima a descubrir los procesos de socialización que se dieron en los círculos del quehacer literario, clubes, recitales, tertulias integradas por miembros de una sociedad distinguida que convoca a las prácticas culturales que seguían la tradición periodística santandereana originada en hojas volantes, semanarios, periódicos en las que se veían plasmadas las intenciones políticas, ideológicas y actividades culturales.

El definir las revistas y sus gestores culturales hace de este proyecto un aporte para la historia intelectual y la historia cultural santandereana que no ha sido trabajado aun, de hecho como producto de la investigación se recogen aquellos escritores santandereanos, y su participación en las revistas al igual que la descripción física de las revistas y su ubicación actual.

La definición de los capítulos se desarrollo según la estructura misma de las revistas retratando a esa Bucaramanga de la primera mitad del siglo XX, por medio de la página social, las secciones deportivas, secciones económicas, y las producciones literarias de sus colaboradores e igualmente como portadoras de una literatura universal para la Bucaramanga en aquel entonces.

Identificando la conformación de monopolios es precisamente lo que permite la puesta en marcha de ese acondicionamiento social exclusivo de un pequeño círculos de la sociedad santandereana.

Partiendo de la presentación de las revistas y ese ambiente intelectual dinámico se invita a redescubrir infinitas historias de la cultura en Santander.

INTRODUCCIÓN

El tema de los medios de comunicación no ha sido explorado por la historia regional. Es así como la inquietud de realizar una historia de las revistas de letras en Santander se aproxima más a los procesos de socialización que se dieron en los círculos del quehacer literario, clubes, centros literarios y las tertulias integradas por miembros de una sociedad distinguida que convocó a las prácticas culturales que seguían la tradición periodística santandereana originada en hojas volantes, panfletos y semanarios en los que se veían plasmadas las intenciones políticas, ideológicas o actividades artísticas.

Se recoge entonces, para la primera mitad del siglo XX, producciones literarias en las que maduró una responsabilidad en esa tarea periodística. En efecto, en Santander se crearon y mantuvieron numerosas revistas de letras con la misión de reconocer el trabajo de muchos escritores que dejaron traslucir en sus artículos esa producción literaria de la primera mitad del siglo XX y en las que se comprometió una red de relaciones familiares por sus actividades artísticas y políticas.

Algunas publicaciones seriadas obtuvieron reconocimientos regionales, nacionales e internacionales, dependiendo de sus gestores, su alcance, su durabilidad y otras por sus contenidos marcaron unas condiciones de "combate dentro del periodismo" debido a la "existencia de una división ideológica y de una permanente agitación política". Estas publicaciones sirvieron como vehículos transmisores y receptores de estereotipos o ideologías que se desarrollaron en la primera mitad del siglo XX para moldear la sociedad. La importancia del estudio de las revistas de letras refleja la promoción cultural de la época y la difusión social de las ideas: "un estímulo poderoso para poner en actividad talentos literarios que llevan a los lectores nobles inquietudes de carácter intelectual, creando un ambiente propicio para vocaciones artísticas y a su alrededor congregan espíritus selectos que se iluminan mutuamente y fraternizan en un mismo culto al ideal y la belleza".

Las "Revistas de Letras" reflejaron, en sus múltiples producciones, las actividades culturales que existían en Santander: las representaciones históricas y filosóficas, las bellas artes, la poesía, la novela y el cuento, en fin, todo aquello que en la época se denominaban "las letras". Estas revistas, y la participación de esos hombres de letras, nos aproximan a ese ambiente cultural que se modeló en la primera mitad del siglo XX. La historia intelectual define el concepto de hombre de letras como la figura moderna del gramático de la antigüedad: un individuo versado en la gramática, las ciencias, la geometría, la filosofía, la historia, la poesía y la elocuencia, "con un conocimiento erudito en todos los campos del saber".

Ser hombre de letras asignaba un sello de distinción a las personas. La recolección de esa labor literaria que floreció en medio de las tertulias, recitales y clubes identificó los propósitos de las revistas de letras. La existencia de clubes literarios, academias y sociedades privadas de cultura expresaron las intenciones de algunos escritores santandereanos que llevaron a su publicación, gracias a la existencia de numerosos talleres tipográficos.

Sus propósitos se descubren en los editoriales que identificaron los objetivos y los programas de difusión en el ambiente literario. En ellos se hacen presentes esos hombres de letras; esos hombres que, identificados como productores culturales, también participaron en el medio político y económico en Santander. La difusión cultural que se respiraba en la Bucaramanga de la primera mitad del siglo XX produjo la vinculación de hombres de provincia que fueron igualmente reconocidos en el ambiente intelectual. Médicos, abogados, dentistas, periodistas y comerciantes se convocaban en la práctica literaria para la adquisición de un reconocimiento y un posicionamiento en la esfera social por la participación en estas revistas y así mismo en sus cenáculos y asociaciones.

Estas revistas de letras desarrollaron en sus contenidos, temas literarios de preferencia. La poesía, la novela, los cuentos, las biografías, el ensayo, la economía, los deportes y la adornada página social, fueron las secciones que la estructuraron.

Esas hojas le dieron visibilidad a esos hombres de letras y a sus producciones literarias. La poesía fue, en un porcentaje alto, la producción más frecuente de estas páginas; los cuentos y las novelas por entregas motivaron la adquisición de aquellas como elemento de prestigio intelectual en tanto se estaba al tanto de las producciones nacionales y extranjeras.

Desde la perspectiva económica, Santander fue presentado como una tierra de promisión: la actividad del centro petrolero de Barrancabermeja y la construcción de ferrocarril de Puerto Wilches fueron presentadas con orgullo. La participación en las justas deportivas, en las festividades de la ciudad y en los centros de la sociabilidad fueron secciones obligadas de las páginas de estas revistas, pues en ellas se expusieron las prácticas, modas, ideologías que marcaban la distinción de un grupo de la sociedad. El acercamiento a lo que fue la vida cultural en Bucaramanga por medio de estas revistas de letras se realiza por secciones, tal como fueron ordenadas por sus editores.

PALABRAS CLAVES:

Historia Intelectual. - Modelos de sociabilidad. - Hombres de letras – Periodismo

  1. "La revista viene a ser la hija mimada del periodismo, ya que su elegante formato, su esmerada presentación tipográfica y el estilo sereno y distinguido con que generalmente se escribe, hace que ella se mueva en un ambiente de selección espiritual y reciba las caricias casi siempre delicadas, de los demás gallardos caballeros de la pluma, como son los poetas, oradores, los novelistas y cuentistas, los críticos y comentaristas, los ensayistas y cronistas".

    Estas palabras de Cayetano Martínez en la quinta entrega extraordinaria de la Revista Cordillera definen bien lo que entenderemos por revista cultural. Las revistas fueron un elemento que modeló a un grupo social en aspectos tales como la moda, el ideario, las tendencias literarias y la perspectiva artística, sin dejar de lado la actividad literaria y periodística heredada del siglo XIX, pues en Bucaramanga existía un gran número de talleres tipográficos que hacían posible la acción de "publicar", de dar a conocer al público ideas, acontecimientos sociales, textos literarios.

    Uno de los propósitos principales de estas Revistas de Letras fue el de reconocer esos "valores santandereanos" de la oratoria, la poesía, la crónica y la novela, así como el de servir como medio de socialización, ya que al convocar y distinguirse un grupo de hombres de letras también presentó al grupo local de distinción que actuaba en clubes, sociedades, fraternidades, equipos deportivos y centros literarios.

    Las grandes tendencias literarias europeas, los movimientos artísticos vanguardistas, las nuevas visiones del mundo fueron los temas predilectos de un pequeño grupo de la sociedad bumanguesa que se inició en la posición de hombres de letras, y fueron ellos quienes motivados por esas nuevas concepciones usaron las revistas como medio de propaganda de sus ideales, con la única iniciativa de mantener un "culto a las letras" y en consecuencia, de distinguirse espiritualmente de sus contemporáneos .

    Con propósitos tales como el de "enseñar cuál es el modelado de los patriotas de verdad y de corazón, y cuál es el sendero de progreso verdadero", se presentaron en 1919 ante los lectores unos jóvenes agrupados en el Club García Rovira, dispuestos a mostrar sus poesías, cuentos, novelas y oratoria para "la movilización de los valores intelectuales de esta tierra…inaugurando un torneo de discusión libre". Fue ésta también la intención de la revista Intenciones, editada en 1936, y las de muchas otras revistas culturales que congregaron a los aficionados de la literatura alrededor de ellas. Lecturas, Alma Latina, Revista Santandereana, Club Campestre, Estudio y Revista de Santander contribuyeron a construir unos grupos sociales distinguidos.

    La noción de grupo de distinción social por el conocimiento de las letras puede servirnos para agrupar a los hombres de letras que en Bucaramanga se vincularon a las revistas culturales. Se trataba de maestros, abogados y médicos unidos por nexos familiares o de amistad con los comerciantes de la ciudad que a su turno se agrupaban en el Club del Comercio, el Club Santander, el Club García Rovira y el Club Campestre. Es claro que las relaciones individuales de estos hombres de letras se desarrollaron en el seno de grupos de prestigio de la sociedad bumanguesa, a los cuales se insertaban en la intimidad de los núcleos familiares y de las instituciones políticas, manteniéndose ajenos a las finalidades meramente económicas.

    Rescatar del olvido estas revistas de letras publicadas en la Bucaramanga de la primera mitad del siglo XX y reconocer la labor intelectual de los hombres de letras que, a pesar de la indiferencia, la envidia, el desinterés y el desprecio por "la cultura" se empeñaron en congregarse para sacar a la luz públicas las ediciones seriadas es el propósito de este trabajo.

    En la revista Lecturas, que en 1904 salió por primera vez como medio de expresión de la Sociedad Pedagógica de Santander, Blas Hernández expuso el significado que los hombres de letras dieron a las revistas culturales: "hicieron vibrar en mi alma hondos sentimientos de amor por la literatura, sentimientos que con el tiempo han llegado a dominarme completamente y formar mi ideal".

    Estos hombres de letras enfrentaron el desprecio social de las masas por las producciones literarias que "pasan al olvido con el número del periódico, cuyas páginas irán a servir de envoltura a una libra de café molido". Por ello, las revistas de letras propusieron una acción en favor del progreso literario del país y un distanciamiento social, una "capacidad de abstracción…para sustraerse a la dura certidumbre de que vivimos en esta ciudad donde la moral y el ambiente es tan tropical como el sol y donde imperan con una soberanía colonial los viejos prejuicios de una sociología hereditaria que no soporta las infracciones al litúrgico ceremonial de la reverencia". Se referían a las excomuniones que algunos sacerdotes habían fulminado contra dos hombres de letras, Juan Cristóbal Martínez y Blas Hernández, respectivos autores de las novelas "Margarita Ramírez tuvo un hijo" y "La ciudad de Dios".

    En este sentido, podemos afirmar que estas revistas fueron los medios que provocaron las representaciones tradicionales e introdujeron las representaciones de la modernidad. En estas revistas se propusieron figuras paradigmáticas del hombre de letras y hasta coronas de laureles para algunas figuras locales, defendiéndose con tono provocador a esos "magníficos imbéciles y brillantes lunáticos" que pretendían "herir con alguna frecuencia la epidermis femenina de los seudo intelectuales bumangueses, sobre ese gran páramo intelectual que es Bucaramanga".

    El joven periodista Jaime Ardila Casamitjana, a pesar de su corta experiencia, se atrevió a crear la revista Intenciones que incluyó entre sus páginas a los grandes maestros de la literatura y prometió "plantear el modernismo literario y la independencia intelectual de América" de los maestros nacionales como José Asunción Silva, Guillermo Valencia, Baldomero Sanin Cano, José Umaña Bernal, Juan Lozano Lozano, Rafael Maya, León De Greiff, Aurelio Martínez Mutis y otros más. Intenciones (1936) es quizá la primera revista que se propuso abrir polémicas literarias, pretendiendo convertirse en un "vehículo de inquietudes… e inaugurar un torneo de discusión libre, donde cada cual dentro de la serenidad, el aplomo y la discreción, dieran sus opiniones personales al público".

    "Con las mejores intenciones se suelen hacer las peores cosas" dijo al respecto de esta intención un hombre de letras, José Fulgencio Gutiérrez, quien aceptó el reto. Esa primera polémica con Ardila Casamitjana, que incluyó los artículos titulados "La epopeya al viejo", "Contienda?...con quien me entienda!", "Jaimolotría", "Empiezan las 40 horas", "Un manojito de hierba", no pasó de las recriminaciones personales, pero nada se vio de un debate literario auténtico. Tres años después (1939), Efraín Orejarena Rueda comenzó la edición de la revista Rumbos convocando de nuevo a polémica, advertido de que el paso del tiempo ya había "calmado los espíritus" de Rafael Ortiz González, Jaime Ardila Casamitjana, José Fulgencio Gutiérrez, Juancé y del "espíritu burlón de Juan de Dios Arias". Rumbos también se planteó el reconocimiento de figuras intelectuales de Santander y la difusión entre el público más amplio, invitando "a las autoridades eclesiásticas civiles y militares, a la sociedad y al pueblo, e invita a todas las fuerzas vivas de la inteligencia a secundar esta obra de difusión cultural para mejor éxito de los nobilísimos fines que persigue".

    Entre 1920 y 1940 se percibe en Bucaramanga una producción literaria más nutrida, integrada por novelas, cuentos, poesías y un mayor número de revistas de letras, de variedades, femeninas, deportivas, económicas y del hogar. Puede decirse que no ha habido otra época en la que los santandereanos hayan escrito tanta literatura.

    Publicar en ese entonces fue bastante común y sus temas salieron muchas veces de las tertulias en las que todos participaban para distinguirse socialmente. Esa profusión de revistas recibió la crítica de Juan Cristóbal Martínez, quien al defender la existencia de Rumbos" comparó su sobria presentación y formato con "esos álbumes de matachitos y versitos, (esos) cuadernos de pamflinadas gráficas, (esa) montonada de cursilerías pomposas con destino al consumo voraz de la feligresía municipal".

    La importancia social de las revistas de letras radica en que su existencia revela la presencia de un "espacio cultural". Beatriz Sarlo afirma que las revistas de letras son un instrumento privilegiado de interacción en todo nuevo espacio cultural a configurar, sean portavoces de rupturas estéticas o verdaderas plataformas de consolidación de programas renovadores, como lo suelen anunciar nuestras revistas en sus propósitos, ya que cada una pretendía ser la tabla de salvación de la cultura en Santander. En ellas se diseñaron estrategias a seguir y se determinaron las formas de coexistencia o conflicto entre los diferentes sectores del campo cultural. Algunas se proponían educar a la sociedad, otras hacerla cumplir normas morales, modificar hábitos personales y costumbres familiares, otras conducirla hacia una nueva tradición política.

    Toda revista se inscribe en un tiempo - el de su nacimiento y su desaparición- y en un espacio que se circunscribe no sólo al lugar donde ella nace sino al que ocupan los hombres que en ella escriben y a los lugares a los que puede llegar su difusión. Es así como en algunos casos el propósito de los directores de estas revistas fue el de ampliar sus espacios de recepción y abrir agencias nacionales e internacionales, con colaboradores extranjeros y lograr una aceptación más amplia en el ambiente intelectual de la época.

    La Revista Rumbos dijo haber instalado "agencias" en Guayaquil, Panamá, Santiago de Chile, México y Caracas. Las revistas Selección y Aurora tuvieron "agencias" en New York. Tierra Nativa las tuvo en España y New York, y así otras que fueron canjeadas con todos los diarios del país. En algunos casos, las revistas fueron distribuidas entre los círculos familiares o de amistades.

    Cada revista de letras inscribió las biografías de quienes las dirigieron y de quienes escribieron, adornando sus páginas con fotografías y reconocimientos de esos hombres de letras. Los subtítulos de esas revistas indican de inmediato sus contenidos. Por ejemplo, Motivos, "revista de literatura, ciencia, artes"; Selección, "revista de difusión cultural"; "Intenciones", "revista de literatura, ciencia y arte"; Stadium, "revista de literatura, graficas, deportes y variedades; Alma Latina, "revista mensual de literatura y variedades" y la Revista literaria del Oriente. Por sus contenidos, sustentaron un "campo literario" descrito por sus subtítulos y, sin olvidar que en esa época muchos campos de "cultivo del saber" eran denominados simplemente como "las letras".

    El "campo de las letras" cultivado por las revistas culturales no incluye a todas las publicaciones que podrían ser incorporadas por una definición amplia de cultura - todas "las formas de expresión y manifestación de un pueblo, no sólo las literarias o artísticas"- sino solamente a aquellas que formaron un "espacio literario" mediante las relaciones de escritores, libros y lectores para constituir una compleja trama editorial como un elemento de prestigio social para aquellas personas que adquirieron revistas culturales, o una aproximación a aquellos a quienes se les dificultaba acceder a los libros, teniendo en cuenta que las facultades del saber de la literatura estuvieron en un monopolio exclusivo de un medio social por estos años.

    Recoger las revistas de letras como modelos de socialización en ese ambiente local y descubrir las prácticas y formalismos de esos hombres de letras en Bucaramanga puede descubrir que el "forjar identidad queda expresada en pequeñas revistas locales que buscan rescatar los valores tradicionales de su región, promover nuevos autores, encontrar mitos y leyendas que expliquen la historia cultural de su país o ciudad, resaltar la labor local de un personaje importante de la comunidad, son revistas cuyo énfasis esta puesto en la tradición de la vida cotidiana".

    Recogiendo esa herencia ideológica de la hegemonía conservadora hasta 1930, con la Republica Liberal se recogió en la literatura un sentido costumbrista que buscaba la autenticidad en el medio circundante, en sus gentes, paisajes, costumbres y escenas regionales. En la novela, el cuento y la poesía se recoge una elegancia del romanticismo interesado por las minucias de la vida cotidiana; de la misma forma al romanticismo correspondió la organización de los partidos políticos ideológicos, lo que marca el estilo en la literatura conservadora. La intención de formular ideologías se veía plasmada en las obras escritas "libros son un esfuerzo y todo esfuerzo es el desarrollo de una tendencia y esa tendencia puede ser muchas veces la primera piedra en una completa evolución social que así como puede impulsar a un pueblo hacia el bien, hacia el verdadero adelanto, pueden muchas veces lanzarlo al retroceso…" son pues concepciones del proyecto progresista dentro de la hegemonía conservadora y que llenaban tantos espacios dentro de la política y la educación, al ver que podría considerarse como "un pecado de lesa patria la indiferencia ante el libro".

    Estas revistas se comprometieron a ser "centros de reunión y sociabilidad y fomentar el progreso intelectual y material de la ciudad por los medios del alcance", propósitos que también se encuentran en los estatutos del Club Santander, cuyo medio de expresión - la Revista Santandereana (1915) - contribuyó a configurar unas relaciones de poder y prestigio para los hombres de letras que existían en Bucaramanga. La revista Alma Latina (1919), medio de expresión del Club García Rovira, también convocó a "los jóvenes llenos de patriotismo y legitimo entusiasmo y progreso" a reunirse para aprender "cuál es el modelado de los patriotas de verdad y de corazón, cuál es el sendero de progreso verdadero para nuestra patria, fuente de legitimo orgullo para nuestras almas jóvenes amantes de lo sano y de lo bello". Tal como lo mostró Renán Silva para los dos colegios mayores de Santafé de Bogotá, aquí también se pretendía asegurar el carácter de minoría selecta a un grupo de hombres que habían estudiado en colegios y estaban en posesión de un "capital social" que aseguraba a estos "hombres de letras" un poder social en la localidad.

    Se invitó a "intelectuales", gramáticos, jóvenes educados y comerciantes a ingresar en el campo de las letras, a pertenecer a estas asociaciones literarias para adquirir prestigio social. Es propio de la gente de letras su cercanía con quienes ejercen cargos y oficios en el estado y hacen parte de su burocracia, construyendo un centro de gravedad de la nueva sociabilidad pero que, dentro de las revistas, su papel era ajeno a las direcciones de un partido y en algunos casos esa misma política de turno es criticada, ya que "ella corrompe y enerva y entra a espigar en los campos de la literatura sana y vigorosa, no del literalismo enfermizo y adulador… sin que ello quiera decir de preferencia incondicional sobre la educación industrial" o argumentando que "no tiene como tal escuela política ni literaria alguna, y que las palabras e ideas de cada producción dependen únicamente del autor", en muchos casos se hacen esta serie de rectificaciones ya que en esta "tierra todo se mira por el cristal de la política". Se decía entonces que "Santander ha sido excesiva en todos los tiempos en actividad política en detrimento especialmente en cultura. Debemos luchar contra la hipertrofia política que reina y combatir para que el termómetro intelectual no siga descendiendo de año en año".

    La revista Lecturas apareció como vocera de la Sociedad Pedagógica de Santander, pretendiendo acoger las inquietudes y los problemas de la educación en general. Se prometió que la revista sería "la antorcha que guíe las labores de la educación en Santander y a la vez sea relicario que guarde y conserve las tradiciones democráticas de nuestra cultura". En los espacios de sociabilidad definidos en la sociedad bumanguesa - cafés, clubes, círculos de amistades o familiares -, en las que sus actores parecían sucederse en las posiciones protagónicas, algunas tenían mayor permanencia que otras. Hombres como Jaime Barrera Parra, un hito significativo en la literatura santandereana, fue el centro de dos proyectos editoriales: la revista Santandereana (1915) y Motivos (1922). Como lo recuerda Manuel Serrano Blanco en su obra La vida es así", existía en Bucaramanga una permanente actividad intelectual y letrada que pontificaba Jaime Barrera Parra, el insigne escritor, que había tenidos pares pero no impares superiores. A su lado, sin cesar en torneos de literatura, prosa y elocuencia, muchos de los que después brillaron con mayor o menor brillo en la república letrada: José Camacho Carreño, Juan Cristóbal Martínez, Camilo Barrera y a la zaga de todos que enhebran y reviven todos esos recuerdos… que dio fruto a un revista de sección literaria admirable y que lleva por nombre Motivos".

    La revista desempeñó "un prominente papel cultural y una elevada función social", puesto que en su estructuración técnica se introdujeron, con general beneplácito de sus lectores, dos nuevas modalidades el elemento noticiosos y el registro gráfico y narrativo de los acontecimientos, esto supone lógicamente un mayor esfuerzo intelectual, una vasta cultura literaria y un fino sentido estético dentro de los redactores y directores. Esto demuestra una de las más maduras empresas, Tierra Nativa, una revista que se fundó en 1926 bajo la dirección del antioqueño José María Salazar Álvarez, quien hizo posible que esta revista sobreviviera por casi 247 números en 19 años, y cuyos contenidos contaban con el firme propósito de la universalización de la cultura para Santander.

    Su alcance pretendía "la formación de un cordón sanitario contra la intolerancia a base de la cultura, educación y bondad, la llamada libertad de pensamiento que se infecta en múltiples oraciones de una feroz y jacobina intransigencia". En esta revista se publicaron artículos de grandes maestros y se movilizaron ideales e integraron hombres intelectualmente capaces de promover una empresa con alto sentido patriótico y cultural, pese a que "la intelectualidad es atropellada por la materialización y que el yo se diluye". Respondiendo a ese clamor, Tierra Nativa trabaja en "razón de cultivar el huerto interior y a esos imperativos de la humanidad de raza y de conciencia".

    A partir de la república liberal el papel de la prensa construyó una representación de la cultura popular. En esas reformas se propuso un proyecto ideológico con nuevas significaciones; una configuración cultural de relaciones entre pueblo-élite por elementos de una sociedad moderna, una reorientación de la política en discursos y representaciones de las que pueden distinguirse dos fases de esta política cultural. De 1930 a 1940 se difunden ciertas formas de cultura intelectual, normas educativas, sanitarias que se consideran esenciales en el proceso de civilización de las masas. En el periodo de 1930 a mediados del siglo XX se publicaron una cantidad representativa de revistas de letras en las que sus propósitos se enmarcaron dentro de una modernización en las letras y las artes; por esos años se vivía un momento trascendental en la vida histórica colombiana, el estado se encontraba en plena vía de modernización, el cambio político, después de cuarenta y cinco años de hegemonía conservadora, cubría todos los aspectos de la vida nacional, partía de la Regeneración conservadora de Núñez y de Caro, la pérdida del poder sin dejar de lado la gran influencia sobre los sectores religiosos, económico, militar y en los centros académicos.

    En cuanto a la universalización de la literatura se inicia entre esos hombres de letras un cosmopolitismo literario, un enlace entre los países europeos, las fuertes corrientes ideológicas europeas, la nueva literatura, los nuevos discursos, la moderna concepción del arte en todo este proceso que unificaría la creación cultural, produciendo una clase intelectual que funcionaría entre las problemáticas y las soluciones estéticas.

    No sólo en cuestiones literarias se evidencia la universalización, sino que dentro de las revistas una sección importante que constituyó la sociedad de Bucaramanga, es su página social donde muestra esas apropiaciones de un estilo de vida europeo, sus prácticas, modas, y formalidades en la cotidianidad.

    El llamado a "Ser modernistas, estar de acuerdo con la vida de hoy, con las modulaciones actuales. Derrumbemos los prejuicios que nos circundan y quitémonos la conciencia que nos han prestado"este es uno de los llamados que se hizo en las revistas que se publicaron en una etapa de transición, en un laberinto sin salida en la literatura santandereana.

    Plantear el modernismo literario es uno de los propósitos que trajo la revista Intenciones de Jaime Ardila Casamitjana "levantando la bandera del espíritu, por invitación que en su pluma destilen en veces la tinta amarga de la ironía y de la sátira y en otras un licor cordial con esos numerosos intelectuales que colaboran" es una lucha de las revistas en esta época, a pesar de la indiferencia muchas veces y la esquivez por la cultura en nuestro departamento, es querer iluminar en el faro intelectual,"cuando apenas conocemos el A,B,C, e incomprendemos cualquier manifestación cultural" esta es la tarea de Paréntesis, una revista literaria dirigida por el controversial cronista Juan Cristóbal Martínez, que publicó en 1937 como iniciativa propia.

    El modernismo y de lo que de el se desprende no se puede ver de una manera unificada, no se comprende como un proyecto en el campo literario sino que sale de un instante de inspiración, nace de una preocupación vital de expresar al pueblo sus tragedias interiores y así era reconocido por ellos mismos. Es el caso de la revista Rumbos donde se hace una invitación a Juan de Dios Arias, un reconocido hombre de la Academia, y a la que él responde: "pienso colaborar con una docena de versos modernos, porque una noche se me ocurrió hacer versos de corte moderno, teniendo un álbum de versos de Neruda, Greiff, Maya, Pardo García, Vásquez etc. y me dije: Anchio son poeta…¿Sobre qué tema escribir?... y escribí mas a todo en el alrededor" la conclusión no es sino una: "nuestros poetas son la reproducción de los ejemplares poéticos de su tiempo".

    En la literatura el modernismo para América Latina se descubrió con Rubén Darío y para Colombia por el escritor Baldomero Sanin Cano con su obra "Núñez Poeta", escrita en 1888. En este artículo, Sanin Cano fundamenta el modernismo a favor de la autonomía de lo estético y de la necesidad de emancipar la obra de arte con respecto a toda finalidad extraña de la belleza misma, "El arte verdadero, sin mezcla de tendencias docentes ni exageraciones de escuela, no es cosa según se ve de sus versos, muy conocida y respetada por Núñez. Para él, el arte, más que otra cosa, es un utensilio político que ha hecho uso con muy buena proa. No hay para que censurar una tendencia que está hoy día tan extendida, como es reducido el número de los que adoran el arte por el arte; pero a lo menos público debía hacer diferencia entre esos versos profesoriles y la poesía verdadera que vive tan solo de la naturaleza y antepone el sentido de lo bello a toda otra clase de consideraciones", esto no puede considerarse como menospreciar la obra de Núñez, sino que es un fundamento históricamente concreto en el que pone las ideas en un hombre que recoge toda una tradición literaria y la representa en síntesis.

    Encontrar artículos dentro de las revistas de modernistas como Sanin Cano y Rubén Darío, podrían testimoniarnos que se involucran dentro de este proceso. Para Santander, el caso es más tardío, reconociendo que en Colombia nacen desde el siglo XIX revistas de corte modernista como la Revista Gris, en 1894, y la Revista Contemporánea, en 1904, mientras que la aparición de una tendencia modernista para Bucaramanga, dentro de las revistas de letras, la tenemos después de los años 30; inclusive en revistas más tempranas como Alma Latina que en 1920 lleva a sus páginas a Rubén Darío, pero no contiene el modernismo como fin dentro de sus propósitos. Como el caso es de "ganar la batalla, conquistar la liberación intelectual" y encontrar una significación nacional dentro de la cultura; de hecho, la Revista Santanderes, que en 1950 representó la labor de escritores santandereanos residentes en Bogota, que con Cordillera desde 1948, fue una revista llamada a mantener y acrecentar el prestigio literario en tierra santandereana dispuesta a "luchar por el progreso espiritual y material de Bucaramanga y Santander".

    "Es una tarea ingrata no por falta de ambiente cultural sino es en relación con esa tendencia individualista y casi cruel del indiferentismo santandereano por todo lo nuestro" y es cómo Santander sigue atado al pasado mientras que el resto del país se industrializa con el pensamiento del siglo XX, "vivimos aferrados a principios obsoletos porque no hemos tenido una clase dirigente visionaria que arriesgue al cambio, que se deje de mirar el ombligo, nuestra clase dirigente no tiene un hombre nacional en el sentido cultural de la palabra", se lamenta que dentro de esta sociedad estática en ideas son pocos los proyectos independientes que persiguen los principios de un modernismo que se practica a nivel nacional.

    Si existió para Bucaramanga la intención modernista dentro del ejercicio del periodismo se demuestra con algunas revistas dirigidas por esos hombres de letras como es el caso de Jaime Ardila Casamitjana con Intenciones (1936), Efraín Orejarena con Rumbos (1939), Selección (1938) dirigida por Carlos Martínez Peralta, Cordillera (1948) dirigida y administrada por el periodista Luis López Rodríguez en su cargo de Director de extensión Cultural y Stadium (1938) dirigida por el también periodista Arturo Reyes Arguello.

    En ese camino al modernismo y de la conformación de nuevas burguesías se creó una asociación de jóvenes comerciantes convocada en el Club campestre en donde se pretendió disfrutar de la tierra con pretexto de hacer una vida social, "el club campestre no es sino la incorporación de postulados que podemos llegar al equilibrio de una vida más social, más franca, más sincera, más interpretativa", es seguir reconociendo esas asociaciones cerradas, en las que se estructuran elementos de poder político, económico e intelectual; se configuran como un "foco de irradiación de la cultura", así como el club lo viene siendo en lo social, en lo intelectual, con la revista Club campestre (1941), se propuso difundir un rico acervo de joyas literarias, llevándolas a conocimiento y admiración, "la labor se reduciría a seleccionar el material literario.. Encauzando sus orientaciones artísticas hacia lo vernáculo".

    Los miembros de la Academia de Historia fueron los más dinámicos en esa gimnasia intelectual, ellos tuvieron una presencia en la totalidad de la revistas de Bucaramanga a sabiendas que ellos mismos portaban una como su medio de difusión; la academia como una entidad encargada de mantener "el prestigio de la intelectualidad santandereana".

    Estos hombres Académicos, por medio de sus discursos, estudios históricos y biográficos, demostraban una "poderosa vitalidad intelectual en nuestro departamento". Por medio de la Revista Estudio, comprometida con el propósito de publicitar a la Academia de historia desde 1931 ha sido merecedora de reconocimientos en Cuba en 1937, recibiendo un diploma de honor y, en 1947, un diploma de mérito y reconocimiento por su difusión ideológica y permanente labor cultural de la que, con ayuda oficial ha persistido hasta nuestros días.

    Comprometido en ese ambiente intelectual de Bucaramanga, el Gobierno Departamental publicó una revista en la que se recoge en primer lugar a esos hombres de academia, a esa altas figuras intelectuales y hombres de ideas a los que se dedica un especial reconocimiento y algunos de sus trabajos para este público lector, con la Revista de Santander (1945) que causó una impresión al "destacar la finalidad del gobierno en virtud de la inteligencia de nuestro pueblo".

    La labor de los hombres de letras, que formularon esas revistas literarias en Bucaramanga en la primera mitad del siglo XX, y que por un conjunto de prescripciones dejan claro los elementos centrales de un perfil sociocultural de académicos, gramáticos y artistas que fueron producto de la sociabilidad, dentro de los clubes, cafés, centros literarios; toda una trama de espacios que pueden ser claros por medio de estas revistas y que se recogen en la primera mitad del siglo XX, ya que después de esa primera mitad se descomponen esas formas de selección, de reclutamiento, transformando el plano de la cultura y la mentalidad.

  2. Los propósitos
  3. Nombres y hombres.

Por medio de las Revistas de letras editadas en la primera mitad del siglo XX en Bucaramanga, se intenta descubrir el perfil de los hombres que se consideraban como "La clase culta Santandereana" y determinar "el saber" como una condición para la permanencia dentro de esta clase letrada. Las revistas eran modelos de sociabilidad para dar invitación a jóvenes y a sabias generaciones, las que por medio de sus producciones literarias, obtendrían un reconocimiento dentro de la sociedad como fomentadores de cultura.

La tarea de bautizar las revistas iba ligada a los propósitos que deseaban cumplir y a los hombres que las formularon como iniciativa en la prensa santandereana. Sus propios nombres reflejan ese ambiente cultural de la época, ya que muchas, por sus títulos, señalan la invitación directa a hacer parte de este cenáculo de letrados y hace que cada revista se distinga de otras evidenciando sus contenidos y sus propósitos.

Las revistas de letras eran consideradas como un "estimulo poderoso para poner en actividad talentos literarios, llevan a los lectores a nobles inquietudes de carácter intelectual, crean un ambiente propicio para vocaciones artísticas y a su alrededor se congregan espíritus selectos que se iluminan mutuamente y fraternizan en un mismo culto al ideal y a la belleza".

Lecturas demostró el claro ejercicio de la práctica pedagógica. Su título, más que una distinción, de la que hace parte como órgano difusor de la Sociedad Pedagógica de Santander, expuso una clara invitación al ejercicio culto de la lectura como práctica para esta sociedad de la que pretendió señalarse como culta. Lecturas, fue una revista mensual dirigida y redactada por la Sociedad Pedagógica de Santander, cuyos iniciadores fueron Francisco Paillie, Emilio Pradilla, Carlos Torres Durán, Leonardo Martínez, Daniel Martínez, Daniel Forero y Félix Consuegra. La práctica del ejercicio pedagógico fue expuesta con trabajos realizados por los miembros de la Sociedad Pedagógica, lecciones de ciencia, educación, historia y producciones literarias; de hecho en la práctica de estas lecturas ella pretendió "conservar las tradiciones democráticas de nuestra cultura". Como vocera autentica del magisterio, dio a conocer el pensamiento pedagógico y fue tomada como un elemento de lectura, colección y discusión para la sociedad santandereana.

La sencillez, seriedad y presentación, la excluyeron de ser incluida dentro de las críticas formuladas por Juan Cristóbal Martínez, quien llamó a las revistas de la época como "álbumes de matachitos"; su presentación fue en blanco y negro, tamaño media carta, hoja blanca y gráficamente contiene fotografías de la vida escolar y panoramas municipales, para conocimiento de nuestra región.

El medio para hacer posible las publicaciones es la casa editora o taller tipográfico que adquirió una importancia para la expresión de las ideas desde el siglo XIX; la imprenta ha sido el medio de difusión de ideales. Fue apreciable en estos primeros 40 años del siglo XX la conformación de talleres de propiedad de comerciantes como Andrés Nigrinis, con la Tipografía Editorial Mercantil, Leopoldo Núñez Ortiz, Milciadez Núñez, Carlos y Valentín Núñez con la Imprenta Comercial, la imprenta Marco A. Gómez, y la gran empresa de propiedad de los hermanos Uribe "La Cabaña", entre muchas otras.

Desde 1886 Leopoldo Núñez fundó el Taller Gráfico Núñez en donde se editó la revista Lecturas en su primera aparición en 1904 y Revista Santandereana en 1915.

Tanto Lecturas como Estudio, son dos revistas que por sus nombres propios nos indican su propósito académico. Estudio, como órgano de publicidad de la Academia de Historia de Santander se editó en 1931 impresa por la Imprenta del Departamento, esta revista maneja el formato sobrio y serio que representa una revista académica, y cuyos contenidos son prácticamente textuales sin incluir en ellos anuncios comerciales, siendo éste un medio de financiación.

Excluir los anuncios comerciales significó que la financiación de Lecturas fuera directa por la Sociedad Pedagógica de Santander y Estudio, en sus primeros 50 años de existencia, por la Academia de Historia de Santander, dado que ninguna de ellas tenía valor de venta y eran distribuidas en el medio académico.

La dirección de la revista Estudio era manejada por un miembro de la junta directiva de la Academia de Historia. En su primera edición aparece como director Carlos Valencia Estrada, y aunque la intención de esta revista era una publicación mensual, en su tercer año varía y se editó trimestralmente. Entre otros directores podemos destacar a Ernesto Valderrama Benítez, José Fulgencio Gutiérrez, Miguel Sarmiento y Horacio Rodríguez Plata, quienes, como directores de la revista, contaron con el apoyo de los miembros de la junta de la Academia de Historia, siendo el presidente, vicepresidente y el secretario.

En 1938 la fotografía hace parte de la revista y varía su presentación. Desde la edición N° 80, aparecen fotografías o grabados de altos miembros de la academia de historia que merecieron ser destacados.

En esta revista, que hasta entonces tenemos la fortuna de adquirir, desde su publicación Nº 284 de Diciembre de 1975, los anuncios publicitarios hacen parte de su contenido y se establece un valor monetario para la adquisición de $ 25.00 Pesos, lo que demuestra problemas para su edición.

Dentro de las revistas publicadas, las presentaciones varían de acuerdo a los propósitos de sus directores y al público que quiere llegar, pero el formato sobrio y elegante que le da un carácter de elemento de lujo para la sociedad, prevalece en el diseño.

Revista Santandereana, "Publicación mensual de intereses generales" Órgano de la sección de Letras del Club Santander se editó en el Taller grafico Núñez al igual que la revista Lecturas en su primera etapa.

La Revista Santandereana, vino a ser obra del importante escritor Jaime Barrera Parra, con la colaboración de otros hombres como Emilio Pradilla, Luis María Rovira, Alejandro Peña Puyana y Carlos Torres. Esta revista, como medio difusor del Club de Santander, representó ese espacio socializador en el que se integraron un grupo de amigos llamados a exponer sus producciones literarias. Santandereana se publicó con una elegante presentación grafica; el uso de las viñeta en cada página la hace adquirir un significado estético para la personalidad de la revista, su formato fue tamaño media carta papel periódico con unas 26 páginas, estas que también hicieron parte los avisos comerciales.

La Revista Santandereana, como su nombre claramente lo demuestra, fue una publicación que representó el regionalismo político de aquellos años, con cuyos colaboradores representaron esa clase de las letras Santandereanas que iba a ser reconocida a lo largo de los primeros cincuenta años del siglo XX en las revistas de letras.

La revista Santandereana se adquiría a un costo de $ 0.10 ctvos, cada entrega, la serie de 6 números por $ 0.60 ctvs y el número atrasado por $ 0.15 ctvos oro, igualmente se canjeaba con periódicos nacionales y extranjeros.

Nuevamente en 1923 Jaime Barrera Parra dirige una segunda revista, Motivos "Una revista de literatura, ciencia, artes, industrias, finanzas, agricultura y comercio", editada semanalmente, vendida a un costo de $ 1.00, en esta se recogen una variedad de trabajos de un grupo de amigos convocados por esta figura tan valiosa en las letras Santandereanas. Jaime Barrera Parra, y recordado por Manuel Serrano Blanco en su obra "La vida es así" revela que "Por entonces existía en Bucaramanga una permanente actividad intelectual y letrada que pontificada Jaime Barrera Parra, el insigne escritor, que había tenido pares pero no impares superiores. A su lado sin cesar en torneos de literatura, prosa y elocuencia muchos de los que después figuraron con mayor o menor brillo en la república letrada: José Camacho Carreño, Juan Cristóbal Martínez, Camilo Barrera, y a la zaga de todos que enhebran y reviven todos esos recuerdos (…) que dio fruto a una revista de sección literaria admirable y que llevaba por nombre Motivos".

Revista Motivos con un formato tamaño oficio, en hoja papel periódico gráficamente adornando en la mayoría de sus páginas con avisos comerciales, definió la importancia de los avisos comerciales para la financiación de las revistas, ya que de hecho adolecen de presupuesto para su sostenimiento. En esta revista se establecieron tarifas en los anuncios comerciales dependiendo de su tamaño. Para una página de $ 4.00, media página $ 2.50 pesos, un cuarto de página por $ 1.50 pesos, para los anuncios económicos se establecía un valor de $ 0.50 ctvs y para aquellos que se publicaban una sola vez un recargo del 20%.

No sólo los avisos comerciales son esenciales en la financiación, sino que a su vez jugaron un papel importante de una sociedad, por la importación de modas, símbolos etiquetas y el uso de productos que se dirigen para un público en particular.

En una segunda casa editora que trabaja desde 1881, de propiedad de Andrés Nigrinis, con nombre de "Tipografía Mercantil de Nigrinis Hermanos" con sus oficinas para aquel entonces ubicadas en la Carrera Novena N° 347, se editó la Revista Alma Latina; una revista quincenal de literatura y variedades que nació en 1915 que representaba a la Sociedad de Jóvenes del Club García Rovira y era dirigida por Eliseo Martínez Hernández.

Su edición se cumplió quincenalmente y se dio de venta al público por un valor de $ 0.10 ctvos número suelto, $ 0.15 ctvos número atrasado y con una tarifa de subscripción anual de $ 1.peso.

Alma latina inscribió una nueva generación dentro del ambiente literario de Bucaramanga que buscó enseñar un "sendero de progreso verdadero para nuestra patria fuerte de legítimo orgullo, para nuestras almas jóvenes amantes de lo sano y de lo bello" Por su nombre Alma Latina y su Lema "Docere Delectando" hizo una clara referencia del uso del latín imponiendo una distinción en esa asociación del culto de las letras.

En la edición N° 10, la dirección y propiedad de la revista pasó a manos de Juan de J. Ogliastri y Blas Hernández quien ya había adornado las páginas de esta revistas llevando por firma en sus producciones el seudónimo de Paulo.

Con una nueva dirección en enero de 1920, se pretendió la reorganización de esta revista, en donde "la política y sus rencores y sus maquiavelismos perversos" no empañaran nunca más sus páginas y de la misma forma en sus contenidos aparecieron secciones especiales dedicadas a reconocer la labor de esos escritores santandereanos.

Al representar la sociedad de jóvenes del Club García Rovira, la posibilidad de edición de esta revista, que no sólo corresponde a sus socios sino a los anuncios comerciales que adornan sus páginas, el reclamo y la falta de apoyo por parte de los socios se hace dentro de la revista, en donde aparece una amenaza en la que "próximamente publicaremos la lista negra de deudores morosos a nuestra empresa" para posibilitar su mejor presentación y continuidad en la edición.

Revista Intenciones

En la organización de esta empresa, como se considera desde 1920 por su nuevos directores se establecen una serie de condiciones publicadas en cada número de la revista, cuyos precios de venta no varían y aparece el valor de la inserción del anuncio por $ 2.00 pesos notificando que al "contratado un aviso por determinado número de veces su suspensión no excusara del pago total".

"La colaboración será solicitada"

"No se devuelven originales"

"La dirección no responde por conceptos autorizados con firma o seudónimos".

"Los avisos se pagan por inserciones comprobadas"

"Subscripciones, pago anticipado"

"Se envía un ejemplar gratis a quienes lo solicite por escrito"

Estas son las condiciones que presenta la revista para su colaboración y para la publicación de los anuncios comerciales.

Reconociendo el valor de las letras santandereanas, los hermanos Uribe Rafael, Benito y Felipe Ordóñez Uribe, se dedican a la edición de novelas, cuentos, y revistas con la gran casa editora "La cabaña". Los hermanos Uribe, en acuerdo con José María Salazar Álvarez, un joven antioqueño, formularon una de las tantas revistas literarias en Bucaramanga, haciéndole un homenaje a Aurelio Martínez Mutis y con su obra poética Tierra Nativa bautizan a su revista.

En la dirección estaba José Maria Salazar Álvarez y como iniciadores de esta importante empresa periodística encontramos a Gregorio Consuegra, Luis Maria Rovira, Camilo Barrera, Valentín Núñez y Blas Hernández.

Tierra Nativa una revista gráfica de periodicidad mensual, apareció por primera vez en Diciembre de 1926, y logró la publicación de 247 números, se manejó con formato tamaño carta de una rica variedad gráfica componiéndose de 25 páginas literarias y unas 6 páginas de anuncios comerciales. El costo adquisitivo fue de $ 0.10 y $ 1.00 por suscripción, su edición fue en papel periódico, manejando en el texto colores rojo, azul y verde en su portada. A lo largo de toda la revista la adornan fotografías de Mujeres santandereanas como una tarjeta de invitación a la sociedad y en el caso de las ediciones especiales se hace alegoría a festividades, religiosas o fiestas patrias. Dentro de sus contenidos en secciones como momentáneas, galería infantil, monografías regionales y cuadros de costumbres se le reconoció a esta revista su calidad gráfica tanto en la fotografía como en la calidad de la impresión.

La Casa editorial "La Cabaña" ubicada en Carrera 10 N° 268, Telégrafo la cabaña y Teléfono 3903, igualmente realizó la publicación de la Revista Intenciones, Revista Selección, Revista Pipatón de Barrancabermeja, entre las que podríamos nombrar.

Se Irrumpe su formato y presentación cambió en 1943 al igual que se casa editora, por la Imprenta Piechacón, con el Nº 242, su formato media carta y, dentro de su contenido, el carácter literario es reducido, su nombre pasa a ser Revista Gráfica y enciclopédica de Cultura popular hasta febrero de 1945 con el Nº 247.

La revista Selección, una revista de difusión cultural registrada como artículo de segunda clase por el ministerio de correos y telégrafos, con número de licencia 370 dirigida por Carlos Martínez Peralta y administrada por José Atuesta Pinillos con domicilio administrativo en Calle 4ª N° 739 y de publicación quincenal, contribuyó a la formación de una clase culta en Santander pero "de manera desinteresada y franca"

Su sencillo formato y variada presentación fotográfica se compuso de 12 hojas, entre ellas se presentan novelas, cuentos, crónicas, deportes y se preocupó igualmente por los problemas de la ciudad, con artículos referentes a la empresa de aseo, el empréstito departamental y la mortalidad infantil en Bucaramanga.

La revista Selección, en 1938, fue una de las revistas de letras de alcance internacional. El empuje modernista de sus propietarios y administradores por universalizar el concepto de la cultura santandereana, hizo que la revista fuera distribuida en New York con una agencia en 108 Walter Street.

Como otras publicaciones editadas en "La Cabaña" tenemos la Revista Sagitario, de Literatura, ciencias, artes, deportes y variedades, que se fundó en 1933 por Nicolás Gutiérrez, quien hace parte de la Asociación de Periodistas de Santander y que por iniciativa propia, destiló hojas sueltas de literatura. Sagitario se presenta con un formato tamaño oficio, hoja papel periódico adornada gráficamente en su interior con fotografías de Señoritas de la sociedad bumanguesa. Entre la poesía, cuentos y ensayo, su sección de "Galerías de bellezas santandereanas" se intercala con cada artículo aquí expuesto. Su contenido en asuntos publicitarios es modesto.

En "La casa editora la cabaña", igualmente fue impresa Intenciones una Revista semanal de "literatura-ciencia-Arte", en 1936, circulando todos los sábados en los principales centros del país. Intenciones, como su nombre lo dice ,bajo la dirección del Joven periodista Jaime Ardila Casamitjana, formuló una invitación a la crítica literaria como una gimnasia intelectual logrando con ellos secciones especializadas en polémicas y enfrentamientos de figuras reconocidas en el campo de las letras en Santander "con la mejores intenciones suelen hacerse las peores cosas", así lo definió José Fulgencio Gutiérrez un gran Historiador de la Academia que no pudo salir mejor librado de ofensas personales en dicha revista.

El domicilio de la revista se manejó en la residencia Periodista Jaime Ardila Casamitjana en la Calle 2a N° 1239, de la misma manera en la Calle 4a N° 1630, residencia del colaborador Jorge Galvis Núñez y en la Calle 6A N° 906, residencia de la Sra. Alejandrina Serrano, se administró la suscripción de la revista. Como empresa periodística se registro con licencia numero 502, expedida 9 de mayo 1936 para su funcionamiento.

Su modesta presentación se realizó en hoja papel periódico con portada a color, manejando un índice de igual manera esta revista resalta la labor de Luis Alfonso Afanador, que colaboró con la parte gráfica de esta revista así como una sección propia titulada "Los Maestros" dedicada a los reconocidos escritores nacionales, locales e internacionales, como Jorris, Karl Huysmans, Víctor Hugo y Porfirio Barba Jacob entre otros.

Sus anuncios comerciales no sólo figuraban en los pies de páginas de las secciones como mensajes directos a un público general sino que adornaban páginas enteras.

Tomando en cuenta que el "Anuncio es el abono del negocio" este medio publicitario no sólo funcionó como financiador de la revista, sino como una vitrina de exposición de productos y modas, importantes para una economía comercial como la que se veía en Bucaramanga.

"Anunciar es vender" fue la invitación a esa clase comerciante a vincularse al proceso modernizador de los medios de comunicación; es decir el uso de la revistas como medio de propaganda y éxito en sus negocios con los continuos anuncios

La revista Stadium, una revista de literatura, gráficas, deportes y variedades, registrada como artículo de segunda clase, licencia Número 691 fue catalogada en 1948, al cumplir su primera década como "la decana de las revistas de Santander", de publicación mensual y la que logró hasta 1991 completar la edición de dos mil dos cientos veintiseis números, editada por la Imprenta Comercial que generaba un tiraje de 5.000 a 10.000 ejemplares por un valor, en 1938, inicialmente de $ 0.15 ctvos, en Junio de 1951 por un costo $ 0.30 ctvos y en 1958, por un valor de $ 0.75.

Esta empresa periodística que tuvo por titulo un nombre deportivo, aunque sus contenidos en todos los números fue variado "su titulo surgió de una vocación deportiva en cuanto el periodismo tiene al deporte cuando se realiza por simple anhelo de cumplir con la función de instruir y deleitar el teatro artístico" y de la misma manera como el propósito de muchas otras revistas fue el "verdaderas piezas de antología o documentos indiscutibles para la historia de la inteligencia santandereana".

Su director Arturo Reyes Arguello quiso poner a esta revista santandereana, al "servicio de la solidaridad Venezolana" para una integración de países hermanos. Sus páginas manejaron un formato sobrio y serio en presentación de hoja en blanco y negro con texto en color verde, rojo y azul y su portada estaba adornada por fotografías que sugieren la cotidianidad de la vida citadina.

A Stadium se le reconoció como el primer órgano periodístico que impulsó el deporte y el periodismo independiente, considerado en 1976 como "patrimonio cultural hace 40 años". Arturo Reyes Arguello también integró la Asociación de Periodistas celebrada entre los años 1935 a 1940, con la cual sus representantes, efectuaban celebraciones en los más elegantes clubes del Comercio, Unión, Campestre, Hoteles como Bucarica y Príncipe, compartiendo

espacios de sociabilidad de las más "linajudas damas de la élite".

Como miembro de esta asociación igualmente encontramos a Juan Cristóbal Martínez un controvertido escritor cuya crónica, sin excepción alguna hace parte de las secciones de todas las revistas editadas en la primera mitad del siglo XX. Inquieto por ese quehacer periodístico fundó y dirigió en 1937 la Revista Paréntesis que por su propio nombre puede remitirnos a su personalidad, ya que como hombre político encabezaba el directorio conservador y manejaba un discurso moralizador. Por otro lado, en sus producciones literarias se escapa un poco a esa disciplina y en cierto caso fue acusado por la iglesia de librepensador, declarando su excomunión por su novela titulada "Margarita Ramírez tuvo un hijo". Paréntesis una publicación mensual registrada por curso libre, con licencia Nº 237 impresa por la editorial Marco E Gómez y administrada por Julián Martínez, llegaba al público por un costo de $ 0.15 ctvos diseñada con un formato agradable para el público, con sus contenidos gráficos y adornos en sus 18 páginas de tamaño carta, entre las que se integraron anuncios publicitarios como característica esencial de sus subsistencia.

Arturo Reyes Arguello participó como administrador en otro proyecto editorial como lo fue Oriente, revista literaria en 1933, bajo la dirección de T. León Moreno M. y Sebastián Antolinez, también miembros de la asociación de periodistas de Santander. Oriente conservó un formato tamaño oficio en hoja papel periódico, con amplios anuncios comerciales entre sus contenidos literarios y editada en tipografía Sucre.

Y siguiendo esa lista de miembros de la Asociación de periodistas, encontramos a Efraín Orejarena Rueda, quien dirigió en 1939 la Revista Rumbos, de periodicidad mensual, registrada como artículo de segunda clase por el ministerio de correos y telégrafos con licencia de 4 de mayo de 1939 Número 587.

Su formato introduce un modelo de publicación de bolsillo con cierto formalismo en su diseño, guarda en su portada un índice de sus contenidos sin manejar fotografías y los anuncios comerciales se excluyen del plan de propaganda de las rentas del departamento. Rumbos tiene a consideración ser la única revista que pudo demostrar su circulación extensa en el país y el exterior; estableciendo 485 canjes, estuvo inscrita en "The Panamerican Book Shelf" con agencias en Guayaquil, Panamá, Santiago de Chile, México y Caracas, y vendida en las librerías locales como Mogollón & CIA, ubicada en 5a N° 10-43 , en la Agencia de "El liberal" Calle 5a N° 928, en Tavera y CIA, Calle 5 N° 12-05 y en la agencia del Deber y Panorama, Carrera 12 N° 4a-5a N° 426 .

En los conceptos recibidos sobre la revista se le distinguió que "no se fija en senderos políticos, ni históricos sino enciclopédicos" en Bucaramanga por haber un espacio propicio para estas manifestaciones de cultura "hay espíritu, hay esfuerzos dispuestos a invertirse gallardamente en empresas periodísticas, hay inquietudes; por ejemplo una crónica picante de Juancé, un científico, Luis Ardila, la irónica disertación literaria de Juan de Dios Arias…" son estos hombres quienes hacen posible que esta páginas puedan llenarse con variedad de artículos de escritores santandereanos.

Estos hombres actuaron en los procesos de sociabilidad, representando lugares, familias y modos de actuar. En los años 40, un Club que figura como centro de prestigio para esa clase comerciante de nuevos ricos, fue el club campestre en el que participa la sociabilidad de una clase distintiva. Esta tuvo un medio de difusión para los hombres que de ella hacen parte y en 1941 edita la revista Club Campestre. Esta revista fue un proyecto "para que estas páginas sean consideradas como órgano nacional de los clubes campestres del país". Club Campestre fue una revista con un formato sencillo de una presentación fina con el escudo del Club como emblema deportivo en la portada, sus páginas son adornadas por fotografías, de las celebraciones y presentaciones como el reflejo de las prácticas sociales del club.

En la revista se publicó anualmente un balance económico del club y las listas de sus miembros. Dentro de los contenidos literarios se evoca una colección completa de Jaime Barrera Parra y de Tomás Vargas Osorio, como mitos literarios de Santander.

Esta revista fue dirigida por Tiberio Zuloaga Arango y administrada por Luis Silva Valderrama. Su nombre viene directamente a representar a la sociedad perteneciente al Club Campestre. Colaboraron en esta revista como miembros del club: Aurelio Martínez Mutis, Rafael Ortiz González, José A. Jácome Valderrama, Mario Acevedo Díaz, Jaime Ardila Casamitjana y Jesús Zarate Moreno; estos hombres quienes constituyeron la organización y difusión de esta revista han sido sujetos importantes en el medio cultural de Santander.

Para 1940, la muerte de hombres como Jaime Barrera Parra, Camilo Barrera, Blas Hernández, José Camacho Carreño, Camilo Forero Reyes, José Joaquín García, Daniel Martínez, Francisco Paillie y Luis Maria Rovira se convierten en el recuerdo de una generación que dio innumerables frutos de producción literaria. El silencio de su muerte se percibe en la falta de estímulo para generar nuevas empresas periodísticas; las revistas que se editan a partir de 1940 evocan esas grandes figuras de las letras santandereanas que hicieron brillar las páginas de muchas revistas en Bucaramanga.

Revista de Santander que se editó en 1945 como Órgano del Gobierno de Santander bajo la dirección de la Secretaría de Educación Pública, rescató en sus páginas a esas figuras literarias y sus producciones, fue dirigida en su primer número por Gustavo Serrano Gómez y administrada por Manuel Serrano Blanco, en años siguientes por Jaime Ardila Casamitjana, y Alberto Duarte French, quienes habían integrado las mesas de redacción y dirección de otras revistas, y se habían destacados igualmente en el medio político y del periodismo. La Revista de Santander, con una presentación sencilla, complementando sus secciones con escasas fotografías pero en su mayoría caricaturas y grabados del Maestro Rafael Prada Ardila y una variada gama de viñetas, fue editada en la Imprenta del departamento con un tiraje de 2000 ejemplares con un costo al público de $ 0.30 y una subscripción anual de $ 3.00 pesos. Su edición se inicio semestralmente y en su segundo años pasó a ser anual.

Fue suspendida desde su N° 10 en 1950 por un periodo amplio, hasta la aparición del N° 11 en 1957 bajo la dirección de Roberto Harker Valdivieso, quien advierte en sus editoriales "que existe en nuestro departamento una aridez desconcertante particularmente en los géneros de la novela, cuento, poesía y ensayo político, al igual que en el periodismo "en concepto general es que vivimos en un medio difícil y accidentado para grandes cosas de la cultura, pero tenemos una minoría selecta de valores esenciales que diariamente salvan con su prestigio la tradición honrosa de un gran patrimonio intelectual y ya contabilizado por la historia".

En esos mismos términos Luis López Rodríguez define la situación de la cultura en Santander, quien, ocupando el cargo de Jefe de extensión cultural y bellas artes del departamento dirigió la Revista Cordillera en 1948. Como miembro de la Asociación de periodistas de Santander y colaborador en las diferentes prensas desea con esfuerzo propio salvar a Santander de la decadencia literaria que la consume.

Cordillera, como tantas revistas de Bucaramanga, se consideró ella misma como "continuadora de Tierra Nativa, Rumbos, Revista Santander" y otras que ordenaron el terruño en épocas pasadas".

Con el propósito de mantener y acrecentar el prestigio literario, no sólo trabaja de la mano con la Revista Santanderes publicada en Bogotá "una revista de expresión santandereana al servicio de Colombia", sino con la hora radial "Ecos de Santander".

Cordillera se editó en la tipografía Bucaramanga ubicada en la Carrera 13 N° 43-19, con un formato técnico tamaño oficio, ilustrada con variadas fotografías para el reconocimiento de paisaje regional, con una carátula plastificada a color con 38 hojas entre contenidos literarios y avisos comerciales, registrada con licencia Nº 1758.

Los nombres con las que fueron bautizadas estas revistas, al igual que los hombres que las dirigieron y las redactaron, hacen parte de esos instrumentos intelectuales de ese "utillaje mental", considerado por Roger Chartier como categorías de pensamiento no universales, que hacen parte de una sociedad como conjunto de esquemas inconscientes que otorgan unidad a las maneras de pensar propias de una localidad o sociedad en particular.

Estos hombres con sus modos de actuar y de pensar practicaron unos procesos de sociabilidad de una clase excluyente cuyo valor diferencial era el "el saber en las letras". Oradores, novelistas, poetas, cronistas asociados en estas revistas, clubes, cafés participaron su propia cotidianidad a la sociedad en general de sus practicas por medio de estas publicaciones.

Este círculo excluyente de una clase acomodada económicamente y portadora de un reconocimiento político y de prestigio dentro de la esfera social, implantaron conductas y pensamientos en la construcción de la élite bumanguesa, "la formación de monopolios es precisamente lo que permite la puesta en marcha de un mecanismo de acondicionamiento social, gracias al cual se educa a cada individuo en el sentido riguroso de un autocontrol", la exclusividad social que se marca en estas revistas se hace por medio de las invitaciones a esos hombres para pertenecer en este circulo cerrado del saber intelectual; la descripción de sus modos y concepciones son los que determinan su papel diferencial de la sociedad.

3. Invitación y descripción DE los hombres de letras.

El aspecto ideológico de la cultura está disociado en su aspecto material, el producto cultural que se elabora fue asimilado en una mínima proporción "el arte, la literatura corresponden a los intereses de un sector tradicionalista o (si mucho progresista) cuyo afán de llegar a las masas queda en intención", en lo que se determina para la permanencia a este medio social de una clase diferenciada, la invitación por si misma en las revistas excluye la totalidad de la sociedad.

El perfil del escritor heredado del siglo XIX apela a un lirismo consecuente a dar gloria a la iglesia, al ser argumentativo, acicalado, persuasivo, en suma retórico. En sus dotes de escritor maneja a la par la oratoria, valorando más la palabra oída que la escrita, la herencia se reviste de poderes de elocuencia y poder clerical o político, significando dominio.

En Colombia, donde el dominio político y religioso se concentra en una pequeña clase, el papel para el literato de entonces no conduce a comunicar, muy por el contrario se utilizó como un arma de convencimiento de ostento y celebración.

Inconscientemente se cree a la oratoria como la fuente de verdad. En Colombia desde José Eusebio Caro y Julio Arboleda hasta Rafael Núñez y Guillermo Valencia, los poetas gramáticos y literatos forman una interrupción de esa vocación filológica que defiende la pureza de la lengua como un carácter ritual casi religioso para el oficio del literato. En la Colombia de las primeras décadas del siglo XX, la avanzada liberal no cambia mucho la situación del escritor, hacia 1930 la literatura parece refugiarse en un pasado, con un lenguaje académico de género patriótico.

En la literatura Colombiana, la edición de revistas culturales o revistas literarias de corte moderno no modifican el papel de la prensa, dentro de círculo oligárquico y exclusivo.

Se decía entonces para esos años "que todos los periodistas y escritores, cultos de espíritu, pertenecen a una clase alta adinerada, humana privilegiada de la cual nos sentimos orgullosos para la grandeza misma de sus vidas" casi como única es esta significación encontrada a lo largo de los primeros cincuenta años del siglo XX, en la prensa, en sus crónicas y en sus discursos.

El distintivo de la propia revista fue el que se repitiera continuamente como parte de sus discurso: la existencia de ese privilegio social, pues para cada círculo no sólo se hacía limitada la numeración de las cualidades sociales de sus miembros sino que afirmaba que Santander ya "poseía un núcleo de gentes de pensamiento" siendo "Bucaramanga, ciudad de oradores de elocuencia castiza y caudalosa, de poetas inspirados noblemente, de escritores atilados sin mengua de la vivacidad de la clausura. Allí dialogan en términos de Castilla y con autóctono aticismo, Serrano Blanco, Ortiz González, Juance, Ortiz Lozano, Juan de Dios Arias, Martínez Mutis, Fernando de la Vega, que sin ser nativo de la capital santandereana, ha vinculado a ella sus años de madurez intelectual, y muchos otros valores ejemplares cuyos nombres no estampamos ahora por la infidelidad de la memoria".

Reafirmando del mismo modo que para la búsqueda de ese destino histórico "se han levantado empresas de cultura que a través del periodismo, la revista y la hoja volante, han ratificado la grandeza de un pueblo y su capacidad para batallar para la conquista de nobles causas".

La posesión de los más elementales instrumentos de la cultura, la palabra, la lectura y la escritura, y la preeminencia en la etiqueta y toda la rivalidad en que fue materializada la existencia de una pretendida nobleza, eran aspectos claves de los procesos cotidianos de diferenciación social, manejados en sus Clubes, tertulias y, por su puesto, en la muy adornada página social que hizo parte de todas las revistas.

La extremada pleitesía para con esos hombres, la casi religiosa concepción de los Hombres de letras, "su ocupación de empleos de gobierno, una sociedad de meritos son elementos de esa cultura intelectual colombiana".

La connotación de la Biografía fue el signo de permanencia hacia esa religiosidad para con los hombres de letras, como obligada en las páginas de las revistas, la mitificación como héroe en el caso del "Ilustre Santandereano Abogado, Juriconsulto, hombre y héroe, porque Manuel Serrano Blanco habla de todo" y como la figura de Camacho Carreño quien "nació poseído por este Pathos divino de la palabra que todo lo envuelve, lo anonada y lo consume, el orador natural capaz de conducir un pueblo a las mas irrazonables o gloriosas jornadas por virtud de su hechizo embrujador, ilógico y sin embargo decisivo. Puesto en actitud sibilina su voz fue ya algo extraordinario, instintivo y primordial. Es como un viento huracanado que nos lleva a las zonas de fábula, arrollador, sonámbulo e imperioso"..

Las continuas ovaciones y halagos se hacían de forma individual o generalizando el grupo al que pertenecían en caso en que "Bucaramanga ha sabido cultivar aquellas exquisiteces del entendimiento y del corazón que atavían la personalidad humana con esplendor perpetuo. Su circulo de escritores no fue numeroso, pero si de una selección imponderable. Cualquiera de sus nombres servirá para bautizo de una ciudad formada; Aurelio Martínez Mutis, que ha volado sobre los Andes como en su medio justo, en alas de la epopeya Americana; Enrique Otero D`Costa que robó a los narradores del siglo de oro español la gracia y casticidad del lenguaje; Manuel Serrano Blanco, el jurista y gran tribuno de plazas y parlamentos, tan ático en el decir como temible en la acometida; José Fulgencio murieres agobiado de disciplinas intelectuales; Rafael Ortiz González tan lírico en la fina emoción; Juan Cristóbal Martínez que ha comunicado a la crónica un sabor nuevo, y Gustavo Serrano Gómez, el ágil comentarista de los sucesos diarios de la política, ameno en la dicción, intencionado en el alcance." estos por recordar únicamente a los que pertenecieron al Club Campestre y que merecieron ese reconocimiento en 1942.

De merecidas fiestas, celebraciones en virtud de sus reconocimientos y coronaciones ofrecidos a los que se consideraban valores intelectuales, prácticas de coronación, son el ejemplo de estos ritos, celebrados en el Club Campestre, la coronación a cuyo hombre se distinguía en la esfera intelectual, por ejemplo la de Rafael Ortiz Gonzáles, que a pesar de las no muy fraternales aceptaciones por merecerse tal práctica ya que para esto de "la coronación esta bien entre los antiguos, que por entonces no se tenía carácter de homenaje…era apenas un pretexto digno por cierto de entusiasmo para enfrascar a héroes y genios en innarrables orgías paganas".

Y no sólo en las revistas y la familiaturas se congregan estas prácticas sociales, iniciativas como la de fundar un centro literario donde se congreguen hombres de letras para departir los esquivos frutos de la inteligencia, invitando "a todos los hombres pensantes de Bucaramanga". Este centro literario formulado por Juan de Dios Arias se vale de la imitación al Centro Literario Exelcior fundado en 1916 en Sau Paulo, Brasil, ya que su director Abilio Rodríguez hace una invitación directa a Jaime Ardila Casamitjana en su tarea como difusor cultural en la dirección de la revista Intenciones.

No sólo en ovaciones se postulan a estos hombres de letras; muy desentonados comentarios se hacen en las páginas de esas revistas para esos hombres en las prácticas de las letras, a pesar que son ellos mismos quienes las producen, o refiriéndonos a esa práctica de lucha constante de los individuos lo que puede llamarse "una viciosa hierbesita de aquella envidia literaria" o"individualismo agresivo que florece como planta de maldición; donde cada ciudadano es un caballero feudal, orgulloso de sus fuerza y celosos de sus fueros".

Por las propias revistas, el reconocimiento a esos pocos hombres pero valiosos en su personalidad intelectual, recogen en sus páginas las inéditas y extraordinarias producciones de ellos, que por falta de un mayor estímulo para la edición de estas obras (algunas de éstas sólo llegaron a publicar sus obras en estas páginas sueltas) son el esfuerzo de un hombre cuyo propósito era el reconocer esas producciones.

O en el caso, si se puede considerar Mundo Alegre como una revista literaria dirigida por Valentín Núñez la que contiene un álbum completo de sus producciones poéticas editado desde 1938, y con uno que otro articulo sobre los escritores santandereanos.

Aunque en la literatura local no fue reconocido el esfuerzo de estos escritores, que sin marcar un estilo propio modelan e implantan estilos europeos, fue el caso de el reconocido Jaime Barrera Parra del que si su "literatura no es Santandereana, ni colombiana, ni americana, sino francesa auténticamente gala: es una transposición tropical al estilo francés" y por si francesas fueron también las versiones de las obras de Alfonso Acevedo Díaz, "la huella de sus lecturas es la asimilación del simbolismo de los poetas franceses.".

La revista Intenciones, con su propósito inquietante de formular la crítica, logró en sus páginas lo que en otras revistas se evitaba: el recoger la crítica sobre la literatura santandereana. En la invitación a escritores nacionales como extranjeros se recogen ensayos que aunque sinceros, pueden sonar dolorosos para una sociedad acostumbrada a elogiar sus trabajos y su muy limitado circulo social que monopolizó el saber de las letras.

Lucio Duzán, un bogotano invitado a la capital, definió como nula la labor de los poetas santandereanos y escribió para las páginas de Intenciones que "los santandereanos fueron una reproducción de los ejemplares poéticos de su tiempo, sin ninguna innovación, sin otra preocupación vital que la de hacer versos y preocuparse por vivirlos, por ilustrar el vulgo de sus tragedias interiores" y no escapó a la referencia a que muchos de ellos impregnados por una fuerte tentación al suicidio, la temprana muerte de muchos hombres que en pleno albor literario desaparecen dejando un vació en el porvenir intelectual de las letras santandereanas.

En práctica una literatura de "antesala improductiva estéril no puede prestarse a medir la dimensión de una cultura" no sin obviar que aquellos poetas fueron el producto de un estado social " de un Coktail de democracia y feudalismo y fueron aceptables en las fiestas de sus tiempos...no hay proyección luego no hay literatura, hay un conato una intención que es otra cosa" en conclusión esta sociedad "no produjo" y así comparte su tesis Gonzalo Buenahora y por su franca y sincera crítica a esta sociedad se le cierran las puertas en la también reconocida revista Pipaton,de propiedad de Gustavo Gómez Mejia, que se distribuía en Barrancabermeja.

A pesar de las celebraciones, halagos y mitificaciones a esas figuras que actúan en el ambiente literario de Santander, quedaron en intenciones la formación de espíritus críticos, más aún para aquellos que se quedaron "anclados en el dulce remanso de la celebridad".

4. detrás del telon...

Hombres profesionales que no participaron en la esfera política cuyo nivel económico podía nivelarse a aquellos hombres de letras que figuraron como las más notables figuras, ya que su participación en la sociedad partía de una serie de exigencias, no sólo de la vocación intelectual, fue algo tímida y ocasional. Estos se recogen dentro de un inventario realizado en el análisis de los contenidos de las revistas y otros que se escapan, figurando en un anonimato, o explicando que los artículos allí editados podían remitirse a un recorte de un texto enciclopédico.

La recolección de este inventario se maneja con una metodología aplicada por Rober Darton quien, para descubrir la población literaria francesa se remite a recoger en lista todas las personas de letras que vivieron en Francia en el periodo de su investigación a partir de 1755, aunque sólo hayan producido una obra y hubiera sido llevada a publicación.

No es pretender hacer una comparación con la intelectualidad francesa sino, por el contrario, rescatar a esos sujetos por medio de sus producciones.

Estos otros hombres que fueron llamados a participar en este quehacer cultural que se pretendía conjurar en la Bucaramanga de la primera mitad del siglo XX, nos hacen aún más claro el fortalecimiento de una clase exclusiva, con sus estrechas relaciones familiares organizadas en torno al comercio, propiedad de la tierra y el monopolio de cargos públicos siendo por sus apellidos muy distintivos.

El nivel de estudio era factor elemental para ese círculo, ya que desde la Nueva Granada se reconoció el papel de Santander dentro de su participación en las Universidades, y otros que complementaban sus estudios en el extranjero.

Durante las primeras décadas del siglo XX, los estudios profesionales se formularon como un canal de preeminencia social y de mayores oportunidades. El predominio de la educación religiosa vino a significar grandemente esas afinidades literarias que se tradujeron en las revistas literarias. Los jesuitas no sólo ayudaron a una labor pedagógica, sino que "de sus propios claustros la cultura floreció". El papel de los centros educativos como el Colegio Santo Tomas de Aquino de Zapatota, Colegio San José de Guanentá de San Gil y el Colegio San Pedro Claver fueron los más representativos en la formación de los hombres que figuran en las revistas de letras como valores intelectuales de Santander.

Para los Jesuitas era un valor, más que un privilegio, el proporcionar en sus claustros las más significativas figuras de las letras santandereanas "ya que en tiempos aquellos una falange de jóvenes ilustres dieron muestra de su gran talento y cultura planteando un lírico cogollo que más tarde llegó a ser el árbol glorioso de donde desprendieron los más sazonados frutos de la literatura santandereana". En referencia tenemos Jaime Barrera Parra, Gonzalo Buenahora, Gabriel Carreño, José Antonio Escandon, Mario García Peña, Blas Hernández, Alfredo Lamus R, David y Leonardo Martínez Collazos, Juancé, Aurelio Martínez Mutis, Rafael Ortiz González, Enrique Otero D´costa, Luis Ernesto Puyana, Emilio Pradilla, y Ricardo Puyana, quienes hacen parte de un trabajo realizado por Gonzalo Buenahora titulado "Ensayos de crítica literaria" publicado en el Número XVI del anuario del Colegio san Pedro Claver para reconocimiento de sus ex alumnos.

La tarea de reconocer los hombres de letras en Santander, por medio de las revistas de letras, se recoge en una tabla como inventario en orden alfabético de los escritores que integraron repetidas veces las páginas de estas revistas. El complemento de los datos de las tablas, en cuanto a las profesiones y fechas fueron tomadas de los tres Tomos de la obra de Roberto Harker Valdivieso, de Autores, Mas Autores y Otros Autores Santandereanos, que han sido consecuentemente publicados para el reconocimiento de esas figuras santandereanas; igualmente de los trabajos de Edmundo Gavassa Villamizar y de las breves biografías que ellos mismos publicaban en las revistas.

En el Anexo 1 se establece un inventario en un orden alfabético de esos escritores que tuvieron participación en más de una revista editada en la primera mitad del siglo XX. En Bucaramanga, en la segunda columna el origen de estos escritores para hacer evidente la participación de los hombres de provincia. En una tercera columna las publicaciones que dirigieron, y en las siguientes columnas se reconoce igualmente a los miembros de la Academia de Historia de Santander, su partido político y sus profesiones.

Está tabla nos puede reflejar la participación de esos hombres de provincia que llamados a figurar en ese ambiente intelectual, participaron en las revistas de letras y que figuran, en su mayoría, provenientes de Zapatota, "ciudad que ha dado grandes figuras de la inteligencia Santandereana", este inventario demuestra ,de alguna forma, esa inquietud de los hombres de distintas generaciones, sin podernos referirnos a los estudios de las generaciones colombianas, en las que se distinguen marcan tres grandes generaciones en la literatura Colombiana, los del Centenario, Los Nuevos y los Piedracielistas.

Los escritores Santandereanos en su formación literaria se remitieron a estilos europeos. La formación de un género literario está por estudiarse con el conocimiento detenido de las obras de cada autor; en este trabajo rescato a esos hombres de letras que produjeron obras literarias y el paso a seguir es descubrir los géneros y cánones que los llevaron de alguna forma a enmarcase unos y otros en diferentes asociaciones formadas por las revistas y clubes.

El hombre de letras en Bucaramanga no es un literato del uso exclusivo de este oficio, aunque sí muy versados en la oratoria y la retórica, compartían entre ellos estas afinidades literarias con sus profesiones. En mayor porcentaje, Abogados formaron parte de esta sociedad intelectual con el poder de la palabra y su desenvolvimiento en la esfera política, pero de la misma forma, lo hicieron médicos, dentistas, ingenieros eléctricos, y comerciantes.

Es así como en estas invitaciones a formar parte de estas revistas, la profesión no marcó la distinción para pertenecer a estas agrupaciones; seguramente su nivel educativo y el interés por la literatura fue lo que se distinguió en el llamado a formar parte de estas revistas.

Por medio de la constante difusión de la prensa en Santander con una enriquecida edición de semanarios, hojas volantes, diarios, periódicos, y revistas, las que maduraron la profesión del periodista, aunque en las primeras décadas del siglo XX quienes promovían esas empresas periodísticas eran hombres versados en la palabra, y con un dominio en las prácticas de la escritura y la lectura pero, por sobre todo, ese poder adquisitivo que hacía exclusivo a la prensa para su edición.

La conformación de la asociación santandereana de periodistas fundada en 1935, como un medio de sociabilidad, resultó de esos intereses de saberes y poderes. Se reunían ahí, esos mismos hombres que han permanecido en la palestra de la vida pública, y el ser miembro de esa asociación era una carta de presentación en la dirección de esas empresas periodísticas que aparecieron en Bucaramanga, entre sus miembros figuraron los que la Tabla demuestra con la convención "P" (Periodistas).

Y así hacen parte de esta asociación los directores de las revistas Intenciones, Paréntesis, Rumbos, Stadium, Oriente y Sagitario.

Para el Anexo 2 la Tabla muestra la participación de esos escritores en las revistas, ya que muchos de ellos repetían sus colaboraciones en diferentes revistas o en donde figuran con homenajes póstumos a su muerte publicando algunas de sus producciones ya olvidadas.

Siendo este un inventario de los escritores más frecuentes que encontramos dentro de las revista de letras editada en la primera mitad del siglo XX, figuras como Juan Cristóbal Martínez, conocido como Juancé, con su crónica de un estilo que lo diferencia de los demás por lo controvertido e irreverente ante la critica literaria; la Crónica de Juancé es pieza fundamental de todas las revistas de letras antes citadas, desde su llegada de Bogotá en 1919.

Igualmente escritores como Juan de Dios Arias, que participa frecuentemente con su ensayo literario.

José Fulgencio Gutiérrez que con sus lecciones de historia mantuvo vivo ese recuerdo por el pasado de una forma engrandecida; al igual que sus artículos de Bolívar, Núñez, Caro y Galán, en el que evocan el sentimiento patrio reconocido por estos hombres de Academia.

Muy a pesar de las diferencias de José Fulgencio Gutiérrez con una generación que lo enfrentó en controversias, él supo dejar huella dentro de las letras en Santander.

En el discurso y la oratoria tenemos a la gran figura política que llegó a significar, dentro de la palestra nacional, un excelente abogado: Manuel Serrano Blanco, del que se hace su notable reconocimiento en la vida política nacional como represéntate del conservadurismo Santandereano. Más que sus discursos, son sus reseñas biográficas las que se retoman en una y otra revista como la idealización de la figura política Santandereana.

Sólo con la partida de Ismael Enrique Arciniegas, su poesía es recogida por las revistas de letras, como un reconocido poeta nacional, al igual sucedió con Jaime Barrera Parra, quien dirigió dos proyectos editoriales, sus poesías y sonetos, son reeditados después de su muerte en revistas como Intenciones, Rumbos y Club campestre tituladas en su mayoría Cartas Intimas y Epistolario.

Con este inventario, no sólo recogemos los novelistas, cuentistas, cronistas, poetas y ensayistas santandereanos, sino que, de la misma forma, podríamos más adelante hacer el estudio completo de las obras que aparecen dentro de estas revistas para la definición de un género literario, o como antologías de sus más reconocidos escritos.

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