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Revolución Industrial

Enviado por meli_tre



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Índice

2. Concepto
3. El modelo inglés.
4. Difusión de la revolución industrial
5. La revolución agrícola
6. Demografia
7. Sociedad
8. Economía
9. Tecnología
10. Distribución de Industrias en Inglaterra
11. Conclusión
12. Bibliografía

1. Introducción

El tema de investigación presentado en esta monografía es la Revolución Industrial o también llamada Industrialización; consiste en una transformación profunda, la más radical desde el período neolítico, de los sistemas de trabajo y de la estructura de la sociedad.
Sucede en la segunda mitad del siglo XVIII, en Inglaterra, y se difunde después a otras naciones europeas.
Se pasa del viejo mundo rural al de las ciudades tentaculares, del trabajo manual a la máquina, del taller a la fábrica. Los campesinos abandonan los campos y se trasladan a trabajar a las ciudades, el artesanado desaparece casi por completo; surge una clase de profesionales, promotores, ingenieros; en las concentraciones industriales aparece el proletariado, masa de braceros que trabajan con máquinas que no son suyas. Todo se transforma: trabajo, mentalidades, grupos sociales. No es un proceso súbito, como el de una revolución política, sino un proceso duradero; tampoco es, simplemente, un proceso de industrialización, ya que se producen cambios duraderos en la agricultura y en la sociedad. Se trata de un conjunto complejo de fenómenos. Esta revolución es la base del mundo contemporáneo; cualquier acontecimiento importante ocurrido en el mundo desde mediados del siglo XVIII está relacionado, en forma más o menos directa, con esta transformación.

Algunos de los rasgos que se han considerado definitorios de la revolución industrial se encuentran también en períodos anteriores, así ocurre con el montaje de factorías o el uso de fuerza motriz en la fabricación. Desde la revolución industrial se produce un cambio cuantitativo: del taller con varios operarios se pasa a la gran fábrica con centenares de obreros, del villorrio de varias docenas de vecinos a la metrópoli de centenares de miles de habitantes. Pero los cambios definidores parecen ser cualitativos. La esencia de la sociedad industrial es que evoluciona de modo continuo; cada cambio suscita la necesidad de otro, es un proceso dinámico.

Si bien la revolución industrial acarreó problemas como el empobrecimiento de los obreros y la acumulación de beneficios de los empresarios, estudios realizados por diversos historiadores llegaron a dos tipos de interpretaciones de lo sucedido por causa de la revolución industrial, la primer conclusión fue que subió el nivel de vida y los obreros no fueron perjudicados, inclusive algunos mejoraron su condición. La segunda corriente sostiene que las condiciones de trabajo y la vida obrera fueron deterioradas,

Antecedentes
Sociedad preindustrial:
A fines del siglo XVIII, la mayoría de la población inglesa se encontraba distribuida en la zona rural. En promedio, más del ochenta por ciento de la población europea vivía en el campo.

En general en las ciudades no se concentraba un gran número de población, la mayoría de las principales capitales y grandes ciudades europeas no superaban los cien mil habitantes, con excepción de Londres, que era la ciudad más grande; constaba con un millón de habitantes, mientras que el número de habitantes que residían en París disminuía a la mitad.

En esa época tenía gran importancia el ser propietario de tierras, el hecho de poseer aunque sea una pequeña parcela de tierra aseguraba dignidad y respeto, por eso aquellos que no la poseían eran consideraba inferiores. La posesión de propiedades tenía mucha importancia porque era una sociedad cuya economía se basaba en la subsistencia.

La mayoría de los países europeos mantenía vigente hasta el momento el régimen de servidumbre, con excepción de los dos países, cuyas capitales fueron nombradas anteriormente, se daba esta condición porque en Francia e Inglaterra los campesinos habían logrado superar la condición de servidumbre.

Antes de la Revolución Industrial, la elaboración masiva de productos en serie y de bajo precio era inexistente, porque ni siquiera existían mercados donde colocar los productos. Esta situación se debía a que la gran mayoría de la población estaba por campesino que producían sus alimentos y tejían sus propias ropas. En las ciudades, las personas podían elaborar en forma rudimentaria su ropa, sus zapatos, o cualquier otro objeto de uso doméstico; también podía recurrir al taller de un maestro experimentado para que los confeccionara a medida de acuerdo con las preferencias del cliente. Los artesanos de un mismo oficio se agruparon en gremios, que tenían la función de defender los intereses políticos, económicos y sociales de sus miembros. Cada gremio regulada los precios y los salarios y tenían reglas que no podían ser violadas, porque lo más importante era garantizar la calidad del producto. Los gremios de artesanos textiles se encargaban de la producción de telas de lana y de lino. Los consumidores de estas costosas telas elaboradas en los talleres eran los ricos burgueses de las
ciudades, los terratenientes y la nobleza. Todos ellos constituían un mercado de gran poder económico, pero numéricamente limitado. El desarrollo comercial de las principales potencias europeas, especialmente Inglaterra y Francia, había provocado el crecimiento de las ciudades y en consecuencia, el aumento de la demanda de productos menos costosos. Para satisfacer ese mercado, se organizó un sistema de producción domiciliaria, o también llamado puttin out sistem : un empresario compraba la materia prima y la distribuía en las casa de los trabajadores, que generalmente eran campesinos. También les proporcionaba las máquinas necesarias para su tarea. Como complemento del trabajo de campo, los campesino hilaban y tejían las prensa, que luego eran retiradas por el empresario para su comercialización, a cambio del pago de una suma fija por cada prensa confeccionada. Estas telas no podían competir en calidad con las producidas por los gremios de artesanos textiles, pero su precio era más accesible para los grupos medios urbanos.

Para cambiar las formas de producción, primero había que disponer de mercados potenciales. Sin ellos nadie se arriesgaría a producir en serie. En Gran Bretaña, específicamente en Inglaterra, se dieron por primera vez las condiciones políticas y sociales que permitieron la aparición de esos mercados potenciales, un mercado interno y mercados externos, por esa razón Inglaterra fue la gran protagonista de la Primera Revolución Industrial.

2. Concepto

La Revolución Industrial fue una serie de cambios económicos y sociales, fue una profunda transformación del estilo de trabajo y de la forma de pensar que trajo como consecuencia en cambio en la estructura de la sociedad, acarreó grandes consecuencias. Comenzó en Inglaterra en el siglo XVIII, luego se extendió hacia otros países, como Francia, Alemania, Estados Unidos, Bélgica, y con mayor retraso, Rusia y España.

Se inició esta revolución con la invención y la aplicación de la máquina a vapor y otros inventos, propagaron las fábricas y talleres, provocaron la migración masiva del campo a las ciudades, crearon nuevos sistemas de transporte, fomentaron las ciencias aplicadas y promovieron las especialización productiva.

Se destacan dos grandes períodos en el desarrollo de esta Revolución: el primero, que será el más desarrollado en esta ocasión, va desde el año 1780 y se extiende hasta fines de siglo XIX. La principal característica de este período fue la utilización del carbón y del hierro como base del trabajo y las producciones.

El segundo período se extiende desde las últimas décadas del siglo XIX hasta los días actuales. Se destaca este último período por el uso del petróleo, la electricidad y el acero, que favorecieron tanto los medios de producción como los de comunicación.
El rasgo más fácil de comprender y él más notable de la historia, es la transformación y el prodigioso desarrollo de la industria y el comercio, y por consiguiente, la transformación total de las condiciones materiales de la vida.
La Revolución Industrial fue definida brevemente por el historiador Marc Baldó Lacomba como "Un cambio cualitativo y universal, según el cual se transformaron las condiciones técnicas y sociales de la producción".
En 1837, J. Blanqui utilizó por primera vez el término que dice: "la Revolución Industrial es definida como el conjunto de transformaciones económicas y sociales que caracterizaron el proceso de la industrialización".

La revolución Industrial es producto de la explotación de riquezas procedentes de la explotación de las colonias que dominaban los países europeos, a su vez, esta acumulación fue consecuencia del comercio que había tenido un desarrollo extraordinario generándose así el capitalismo mercantil, que pronto se transformó en capitalismo industrial, es decir, ya no solo basado en el comercio sino también en la producción industrial.

Rápidamente la nación se transformó de un país tradicionalmente agrícola en una nación industrializada que dominaba el mercado mundial. Su estructura social cambió radicalmente dos tercios de la población urbana pasó a trabajar en las fábricas. Pero la brusca transición de la vida rural a la vida urbana provocó graves conflictos debido a la necesidad de asegurarla subsistencia a la creciente población de las grandes ciudades. La afluencia masiva de población de bajo nivel económico originó condiciones miserables de vida, desocupación, marginación, delincuencia y una explotación indiscriminada del trabajador. Las jornadas laborales se extendieron hasta niveles infrahumanos y además se incorporó a las fábricas la mano de obra de las mujeres y niños que eran doblemente explotados, pues percibían salarios inferiores a los de los hombres.

Si la revolución tecnológica produjo un aumento impresionante de la productividad, provocó también un empobrecimiento notable en el nivel de vida de la clase trabajadora. Por otra parte, los salarios disminuían constantemente mientras aumentaba indiscriminadamente el precio de los artículos de primera necesidad, de modo que el poder adquisitivo de la familia obrera se vio notablemente reducido.

Al reflexionar sobre el proceso de los pensadores sociales del siglo XIX, Engels en su "Situación de la clase trabajadora en Inglaterra" y Marx en gran parte de su obra, repararon especialmente en los efectos sociales, mientras los historiadores se ocupaban de los aspectos técnicos. No obstante en nuestro siglo, y a partir de la obra de Mantoux (1905), la atención a las repercusiones sociales empezó a ocupar capítulos en las monografías académicas, tendencia que culminó en los años sesenta en la obra de Landes, apertura que llevó a otro historiador clásico en el tema, el británico Ashton, a reclamar que se examinaran todas las vertientes: técnicas, sociales y financieras.

La revolución industrial viene a ser un proceso de cambio constante y crecimiento continuo, en el que intervienen técnicas (máquinas), descubrimientos teóricos (ciencia), capitales y transformaciones sociales, acompañado por una renovación de la agricultura, que permite el desplazamiento de una parte de las masas campesinas a las ciudades.

3. El modelo inglés.

Inglaterra fue el adelantado de esta gran transformación y dio la pauta para otros países. En este carácter pionero se cimentaría su condición de primera potencia mundial hasta 1914. Podríamos resumir el modelo inglés en tres capítulos: recursos, sectores y técnicas.

Entre los recursos nos hallamos, en primer lugar, con los humanos, un crecimiento acelerado de la población, que juega un papel crucial en el aumento del volumen de la demanda y en los flujos de mano de obra para la industria. En otros países se produjo un incremento de la población sin paralelo desarrollo industrial, casos de la India e Irlanda, pero en Inglaterra la correlación fue indudable. Por otra parte la isla tenía materias primas y energía: lana, hierro, hulla, proporcionaron ventajas con respecto a los países escasamente dotados. Finalmente disfrutó de una época de abundancia alimentaria, con frecuentes excedentes proporcionados por excelentes cosechas entre los años 1740 y 1780.

La industrialización se centró en varios sectores: tejidos en primer lugar, siderurgia a continuación, ferrocarriles después. Tras la experiencia inglesa se convirtieron en los clásicos sectores de desarrollo nacional. El impulso definitivo fue proporcionado por la construcción del ferrocarril, destino de los grandes capitales y estímulo para la siderurgia, además de posibilitar la especialización agrícola de las diferentes comarcas con el consiguiente impulso al comercio interior.

Las innovaciones técnicas fueron constantes y pueden seguirse por la interminable lista de patentes, impulsadas en una primera fase por las universidades escocesas de Glasgow y Edimburgo. La máquina de vapor de Watt se convirtió en uno de los inventos más trascendentales de la historia. Las innovaciones deben citarse también en los sistemas de uso del dinero. Porque en el terreno financiero pronto descubrieron los ingleses que la industrialización requería un aparato financiero. El crédito público se canalizó por el Banco de Inglaterra, fundado en 1694, pero más decisiva fue la financiación privada mediante créditos. Defoe estimó que los dos tercios del comercio interior se realizaban a crédito. Londres se convirtió en la capital financiera no só1o de la nación sino del mundo hasta la primera guerra mundial.

La estructura industrial del país se modificó desde el punto de vista geográfico. A la primacía del sur, Londres, Bristol, Norwich, sustituyó la de tierras del norte y noroeste, al desplazarse los centros a las comarcas carboníferas de las Midlands occidentales, el Lancashire y Gales del Sur. Esta nación, que había creado ciudades nuevas, inventado la máquina de vapor, construido la primera red ferroviaria, era a mediados del siglo XIX la soberana del mundo. Su supremacía en ese momento resultaba indiscutible.

4. Difusión de la revolución industrial

Otras naciones del continente europeo ensayaron la forma de civilización basada en máquinas, innovaciones tecnológicas y producción en gran escala; con excepción de Portugal, España, Italia, Dinamarca y el este de Europa, el modelo industrial se convirtió en meta inmediata.

Francia
Francia.
Tuvo un modelo de crecimiento más anómalo, aunque, según CAMERON el resultado no fue peor y demuestra que el crecimiento económico moderno de Francia empezó en el siglo XVIII.
Las diferencias con Inglaterra fueron:
1) Durante el siglo XIX Francia se caracteriza por un bajo índice de crecimiento demográfico.
2) No estaba muy provista de recursos, aunque, por ejemplo no carecía de carbón.
3) Tecnológicamente no estaba rezagada.
4) El factor institucional, aunque complejo, facilitó las cosas.

- De las grandes naciones industriales, Francia fue la que contó con índices más bajos de urbanización.
- A principios de siglo Francia era la única de las naciones industriales de Europa autosuficiente y que producía excedentes de alimentos.
El proceso industrializador francés fue lento porque tuvo que vencer bastantes obstáculos. En primer lugar su debilidad demográfica, provocada por el descenso de la natalidad, de manera que su potencial poblacional se debilitó en relación a Gran Bretaña o Alemania. Más peculiar resultó el papel de la agricultura. Aportación decisiva en el caso inglés, como hemos visto, en Francia apenas se produjeron cambios en el campo antes de la revolución, perdurando una estructura feudal en la que los propietarios, aristócratas, só1o veían en la tierra una fuente de ingresos. La revolución cambió el estatuto jurídico, al acceder los campesinos a la propiedad, pero no propició la transformación técnica. Pero el diferencial decisivo estribó en la falta de carbón y en la imposibilidad de aprovechamiento del hierro fosforado de Lorena, hasta que en los últimos lustros del XIX se encontró el procedimiento. A pesar de ello hacia 1830 Francia disponía de una industria textil desarrollada. Una ley de 1842 estimuló la construcción de la red ferroviaria, y aunque en 1848 só1o disponía de 1800 Km. la Banca encontró en esta empresa su gran oportunidad y en la década de los cincuenta se produjo el auge. Como vemos, con retrasos e inconvenientes, Francia repitió el modelo industrial británico.

Estados Unidos.
Síntesis:
- Fue el ejemplo más espectacular de un crecimiento económico nacional rápido.
- Experimentó un incremento demográfico importante gracias al crecimiento natural y a la llegada de inmigrantes.
- Ello favorecerá la existencia de una abundante mano de obra para trabajar.
- La renta y la riqueza crecieron todavía más rápidamente que la población.
- La abundancia de tierra y la riqueza de recursos naturales.
- La mayor tasa de crecimiento se responde por el progreso tecnológico más rápido y la creciente especialización regional.
- Ofrecía, además, un gran mercado doméstico, virtualmente libre de barreras comerciales artificiales.
- Para sacarlo partido necesitaba una vasta red de transportes.
- El ferrocarril desempeñó aquí, al igual que en Europa un importante papel.
- A pesar de este desarrollo industrial, en el siglo XIX Estados Unidos continuaba siendo un país eminentemente rural.

Estados Unidos se encuentra, según Niveau, con tres obstáculos: dominio económico de la antigua metrópoli, escasez de mano de obra y ausencia de vías de comunicación. No carece de inventores con talento; en 1789 Slater fabrica la primera máquina de hilar algodón, Fulton los primeros barcos de vapor. El impulso decisivo procede de la inmigración, que posibilita la industrialización sin éxodo rural; es el único caso de revolución industrial con distribución equilibrada de mano de obra y escasas tensiones capital-trabajo. Por tratarse de un territorio inmenso la industrialización se inicia en el Este, pero es muy tardía en el Oeste. Los ferrocarriles juegan un papel decisivo.
Cuando se cierra el período de la primera revolución industrial, hacia 1860, Gran Bretaña, Francia, Alemania y Estados Unidos han forjado su predominio en el mundo.

Gran Bretaña.
- Al finalizar las guerras napoleónicas era el principal país industrial del mundo y también la primera nación comercial.
- Hacia 1870, si bien siguió aumentando la producción y el comercio total, fue perdiendo su primacía.
- Las bases de la primitiva prosperidad de Gran Bretaña (tejidos, carbón, hierro y mejoras técnicas) seguían siendo pilares fundamentales de su economía.
- En tejidos y carbón conservó su hegemonía, pero en la producción metalúrgica pronto se vio superado por Estados Unidos y Alemania.
- El ferrocarril se convirtió en la palanca de su desarrollo.
- La necesidad interna y externa de exportar equipos y capital proporcionó un fuerte estímulo a su economía.
- Otro estímulo importante fue el de la industria de construcción naval.
- Se pasó de la vela al vapor y en lugar de emplear madera en la fabricación de barcos se comienza a utilizar hierro y más tarde acero.
- Causas del ocaso inglés.

  • Técnicas:

- Precios relativos de las materias primas.
- Condiciones comerciales.
- Porcentajes y modelos de inversión.

  • Dificultad de acceso a las materias primas y a los recursos naturales.
  • Fracaso empresarial.
  • Atrasado sistema educativo.
  • Política arancelaria de las otras naciones.
  • A pesar de todas estas vicisitudes, la renta real per cápita de los ingleses aumentó un 2'5 entre 1850 y 1919.
  • Bélgica.
    - Fue la primera región de la Europa continental que adoptó plenamente el modelo de industrialización británico.
    - Se citan varios motivos que explican su temprana industrialización:
  1. Su proximidad a Inglaterra.
  2. Su larga tradición industrial.
  3. Contaba con recursos naturales semejantes a Gran Bretaña.
  4. Tecnología, empresarial y capital extranjeros y disfrutó de una situación privilegiada en ciertos mercados extranjeros (principalmente en Francia).
  5. La decisión gubernamental de construir una red de ferrocarriles a expensas del
  6. Estado.
  7. Una notable innovación institucional en el campo de la banca y de las finanzas.

- Hacia 1840 Bélgica era claramente el país más industrializado de la Europa continental, y seguía muy cerca a Gran Bretaña.

Alemania.
- Fue el último de los países industrializados.
- Nación (conjunto de pequeños estados) rural y agraria, aunque existían pequeñas concentraciones industriales (Rin, Sajonia, ciudad de Berlín)
- Para la 1ª Guerra Mundial era la nación más poderosa de Europa.
- La escasez de transportes y de vías de comunicación frenó el desarrollo económico.
- CAMERON divide la historia política de Alemania en tres periodos:
- Desde principios de siglo hasta la formación del Zollverein (1833).
- Toma de contacto con lo existente en otros países
- Se crean las condiciones jurídicas e intelectuales necesarias para la unidad.
- Desde 1833 hasta 1870, en el que se ponen los auténticos cimientos de la industrialización, las finanzas y los transporte modernos.
- Desde 1870, en el que se manifiesta claramente como una potencia.
- La clave de la rápida industrialización alemana fue el veloz crecimiento de la industria del carbón, gracias a los importante yacimientos de Ruhr.
- En el acero el impulso fue tan grande que en 1885 ya superaba a Gran Bretaña.
- Con la creación del imperio (1871), las indemnizaciones de guerra y la victoria sobre Francia la economía se vio fortalecida.
- Los sectores más dinámicos fueron los que producían bienes de capital o productos para el consumo industrial.
- Destaca la industria química y la eléctrica, además del carbón, hierro y acero.
- Alemania experimentó una urbanización extremadamente rápida.
- Fue importante la estrecha relación entre la banca y la industria alemana.
- En Gran Bretaña y Estados Unidos estaba prohibidos todo tipo de monopolio, pero en Alemania eran legales.

- Todo ello organizó la economía alemana del XIX y la preparó para ser una de las principales potencias europeas del siglo XX.
El caso alemán resulta más complejo aún que el anterior. La unificación política no se completó hasta 1871, de ahí que existan diferencias entre el Oeste y el Este y entre el Norte y el Sur. Por el contrario, a diferencia de Francia, los estados germánicos podían beneficiarse de su población en expansión y de la abundancia de hierro y carbón. El Ruhr siguió el modelo británico, con minas y siderurgia como sectores vertebrales, capitales franceses y belgas y técnicos ingleses. En las comarcas orientales se siguió el modelo prusiano, en el que la industria no devora a la agricultura. En una nación sin unidad política supuso un paso decisivo el Zollverein (1834), unión aduanera, y la construcción de la red ferroviaria, que en 1850 só1o en los Estados del Norte casi duplicaba la francesa. Los cuatro Estados del Sur (Baviera, Würtemberg, Baden y Hesse-Darmstadt), más alejados del influjo británico, retrasaron su industrialización hasta la segunda mitad del XIX, pero al aprovechar las experiencias ajenas, en un proceso similar al japonés, procedieron a una industrialización acelerada.

Considerando el siglo como un todo las tasas de crecimiento, producto total, producto per cápita fueron parecidas a las británicas.
- A finales de siglo Gran Bretaña experimentó una "revolución industrial", mientras que Francia se encontró atrapada en la Revolución de 89.
- Para el autor aquí radica la diferencia que afectó a los rendimientos relativos de las dos economías durante gran parte del XIX.
- La política y la economía van a la par en Francia.

  • Durante la época de la restauración hubo un impulso económico.
  • Las crisis económica y política de 1848-51 marcan una pausa en el ritmo del desarrollo económico.
  • Más tarde con la proclamación del II Imperio el crecimiento económico de Francia reanuda su curso a un ritmo acelerado.
  • La guerra del 70-71 fue un desastre económico y militar, pero Francia se recobró económicamente y dejó al mundo asombrado.
  • La depresión que comenzó en 1882 costó a Francia más que a cualquier otras del XIX.
  • Justo antes de que el siglo terminara volvió la prosperidad que conectó con la belle époque (años anteriores a la Primera Guerra Mundial).

5. La revolución agrícola

Consiste en la supresión de la rotación trienal y en la desaparición de los barbechos.
La innovación fundamental es la alternancia de cereales con plantas destinadas en general al ganado.
Se considera a esta revolución como la primera en orden cronológico. Se ubica en Gran Bretaña en la primera mitad del siglo XVIII.

Antecedentes:
La Cuna de la Revolución Industrial. (Hacia una economía distinta)
La peculiar característica de la Gran Bretaña y la previa revolución agrícola hacia el siglo XVIII le permitió la referida acumulación del capital, base de la revolución industrial, y se manifestó en la aplicación de máquinas en la producción trayendo esto por resultado la confección de mayor numero de mercancías en menos tiempo, en general, la economía rural europea mantuvo su estructura tradicional, poco diferente a la estructura del siglo XVIII. El campesino continuó rutinariamente los sistemas antiguos, y una gran parte de las tierras siguieron siendo destinadas al cultivo del trigo. Y como las comunicaciones eran difíciles cada comarca procuraba producir la cosecha suficiente, en la mayoría de los campos europeos no habían mejorado sus sistemas de trabajo.
El antiguo régimen
La rotación trienal era la técnica básica.
1701 1702 1703
Primera hoja: Trigo Avena Barbecho
Segunda hoja: Avena Barbecho Trigo
Tercera hoja: Barbecho Trigo Avena
- Lo que más se cultivaba eran cereales, pocas plantas de raíz, entre las cuales la patata era muy rara.
- Había poco ganado, poco estiércol, y en consecuencia, bajo rendimiento agrícola.
- A menudo se practicaba el policultivo.
- Herramientas de trabajo arcaicas, el arado sólo constaba de una reja de madera, sin tren delantero.

Extensión de las superficies cultivadas
- El segundo aspecto fue la conquista de nuevas tierras cultivables.
- Se recurrió para ello a dos medios.

  1. La roturación de bosques, el drenaje de pantanos, el cultivo de eriales.
  2. La supresión del barbecho. En lugar de facilitar un descanso a la tierra producía mayor agotamiento, y cederá el puesto a plantas forrajeras.

- Consecuencia: mejora de la calidad de las tierras y el rendimiento de los cereales.
- El progreso de los forrajes permitió alimentar en mejores condiciones al ganado.
- De aquí deriva un progreso en la calidad y la cantidad de carne productos lácteos, y una mayor cantidad de estiércol para abonar las tierras.
- Por último se incorporan cultivos nuevos que en el siglo XIX tendrán un éxito generalizado: la remolacha azucarera y la
patata.

La revolución agraria
Tiempo antes de que los campos europeos existieran maquinarias agrarias, en los campos de Inglaterra, y más tarde en los de Francia, se desarrollaba un importante proceso agrario. Los predios comenzaron a cercarse, se vieron las ventajas de la rotación de la tierra, se mejoraron las empastadas y la crianza del ganado se perfeccionó.

En los años iniciales del siglo XVII se inició el empleo de nuevos métodos y técnicas que permitieron intensificar el cultivo y aumentar la productividad. A la vez, el transporte adquirió mayor importancia y las comunicaciones abrieron otros mercados a los productos agrícolas.

El individualismo agrario
- El cultivo continuo de los suelos, las nuevas roturaciones reducen mucho la trashumancia de los ganados y los pastos de común.
- Todo el sistema de openfield se ve afectado, atacado y corroído por la concentración parcelaria.
- Estos avances se producen a un ritmo lento ya que el procedimiento para conseguir un Acta de enclosure es complicado y oneroso, al menos hasta el año 1801.
- La Iglesia, que ve disminuir sus ingresos con cada enclosure será directa responsable de esta situación.
A principios del XVII ciertas regiones de Europa habían acumulado concentraciones considerables de industria rural.
En los años 60 del presente siglo se creó un término que describía este proceso: protoindustrialización. Fue empleado por primera vez para referirse a la industria de lino de Flandes).

Las características principales de esta protoindustria las constituyen:

  1. La existencia de trabajadores dispersos.
  2. Empresarios urbanos que les proporcionan las materias primas y venden su producción en mercados lejanos.
  3. Los trabajadores deben comprar al menos, una parte de sus medios de subsistencia.
  4. Suelen referirse a los bienes de consumo, especialmente textiles.

Alrededor de 1770 se producen "revoluciones" en todos los sectores, dando lugar a nuevas estructuras de la economía.

La transformación agraria
Al mismo tiempo que tiene lugar en Inglaterra la revolución industrial, se produce en el país una importante transformación agrícola que favorece, además, la industrialización. Vamos a ver en qué consisten estos cambios agrarios y cómo influyen sobre la industria. En Inglaterra existían las llamadas «tierras comunales». Se trataba de fincas grandes no pertenecientes a persona determinada, sino que eran propiedad de alguna comunidad: aldea, pueblo o ciudad cuyos vecinos se aprovechaban gratuitamente de ellas. Estas tierras comunales solían estar dedicadas a pastos o a bosques, y permitían vivir a los más menesterosos: cualquier habitante del pueblo podía llevar su ganado a pastar en la tierra comunal y, de la misma manera, cualquier vecino, también gratuitamente, podía recoger leña del bosque común, bien para su uso, bien para convertirla en carbón y venderla después.

A mediados del siglo XVIII, esta situación cambió. El gobierno publicó una ley por la que se suprimían las «propiedades comunales». Así, estas tierras, que hasta entonces habían pertenecido a los pueblos, fueron sacadas a pública subasta y compradas por los más ricos: nobles u opulentos burgueses. El resultado, desde el punto de vista social y humano, fue desastroso: los campesinos pobres y los jornaleros sólo podían sobrevivir gracias a las «fincas comunales»; como ahora han desaparecido, no tienen más remedio, para no morir de hambre, que dejar el campo y trasladarse a la ciudad para trabajar como obreros en las nuevas fábricas que en esos momentos se estaban levantando.

El papel de la agricultura.
Aunque no esté claro en que medida la revolución de la agricultura contribuyó a la industrialización quizás esta no se hubiera producido sin una modernización de aquélla. En esta línea deberíamos considerarla una precondición, al menos los datos demográficos así parecen demostrarlo. Entre 1751 y 1821 se duplicó la población de Inglaterra y Gales. Si la agricultura no hubiera respondido al desafío, con déficit de alimentos hubieran faltado recursos para la industrialización. Así se comprueba en los países actuales del Tercer Mundo, cuya incapacidad para aumentar la producción agrícola y alimentar una población creciente hace imposible el despegue industrial.

La denominada revolución agraria fue en gran medida un fenómeno de progreso técnico: irrigación, rotación de cultivos, abonos, maquinaria. El aumento de la producción, especialmente de los cereales con la extensión del maíz, permitió el abastecimiento de las grandes urbes; el crecimiento fantástico de Londres requería la potenciación de su hinterland agrícola. Sin excedente alimentario todas las energías se hubieran orientado hacia la subsistencia, como ocurre en la actualidad en los países subdesarrollados.

En segundo lugar la elevación del precio de los cereales y el aumento de los ingresos de las familias campesinas generó una capacidad de compra en las regiones rurales, configurando un voraz mercado interior, en una época en la que el mercado exterior resultaba inseguro ante la serie de conflictos bélicos que se iniciaron con la independencia americana y continuaron con la revolución francesa y las guerras napoleónicas. Sin mercado no existe producción, y el mercado británico se amplió en primer lugar gracias a los beneficios de la revolución agrícola. Pero tampoco existe producción industrial sin capitales, y estos procedieron en gran medida del campo, de la acumulación generada por la coincidencia de las elevadas cosechas y de los precios altos. Finalmente la renovación de las técnicas de trabajo agrícola con la introducción de arados y trilladoras redujo la necesidad de personas en el campo, con lo que se facilitó a los centros industriales la mano de obra imprescindible.

6. Demografia

La demografía histórica
A mediados del siglo XVIII la población del mundo era de unos 750 millones de habitantes; doscientos años después alcanzaba los 3.000 millones. En dos siglos su aumento había sido mucho más acusado que en los 10.000 años anteriores. ¿Qué interés ofrece para el historiador este aumento espectacular del número de hombres? ¿Hubiera podido crecer de esta forma el censo de la humanidad de no haberse producido simultáneamente un incremento en la producción de alimentos, y en el ritmo de fabricación de utensilios y de vestidos mediante el uso de máquinas? La expansión de la población se presenta unida a la revolución agrícola y a la revolución industrial. Por otra parte, una sociedad más numerosa es una sociedad más complicada. Estos hombres se desplazan; las migraciones contemporáneas son el resultado tanto de la revolución del transporte como del aumento de la población. Incluso en la política aparecerán fenómenos de masas en la base de ideologías como el fascismo. Revolución industrial, colonialismo y descolonización, sociedad de masas, revolución de los transportes, procesos todos cardinales en la historia contemporánea, aparecen ligados al incremento demográfico.

Pero no interesa sólo el número de los hombres al historiador; el porcentaje de los que trabajan (población activa), el de los jóvenes y niños, la intensidad de las migraciones, los índices de natalidad, nupcialidad y mortalidad, las causas que alteran estos índices, son datos que retratan múltiples aspectos de una sociedad. Ha nacido una rama de estudios históricos, la demografía histórica.

Aunque ya en Montesquieu aparece la preocupación por el número de los hombres, la figura más destacada del pensamiento demográfico, cuando el incremento de población comienza a llamar la atención de pensadores y escritores, es el inglés Malthus. La primera edición de su Ensayo sobre la población aparece en 1798; la edición de 1803, tras varios viajes por Europa, incorpora los datos del censo inglés de 1801. Malthus asegura que el ritmo de aumento de la población es superior al de los alimentos; la población crece en progresión geométrica y los alimentos en progresión aritmética; el horizonte de la humanidad es el hambre. Sus juicios sociales son extremadamente reaccionarios: "el pobre tiene derecho a ser alimentado como el derecho de vivir mil años", "los obreros se casan con una ligereza inexcusable". Prescindiendo de este aspecto de su obra, su planteamiento estadístico ejerció una notable influencia durante todo el siglo XIX. Muchos pensadores la siguieron fielmente, así Ricardo y Stuart Mill; otros, Proudhon, Marx, Engels, la mayor parte de los escritores nacionalistas, y el obispo católico Dupanloup le criticaron con aspereza. En los últimos años del siglo aparecen estudios históricos sobre las enfermedades; se empieza a prestar atención sobre las causas y los frenos del crecimiento demográfico.

Algunos de los grandes historiadores del siglo XX, Simiand, Labrousse, Goubert, han estudiado la relación alimentación-población; en Francia e Inglaterra se editan revistas dedicadas exclusivamente al tema de la demografía histórica, a sus fuentes y a sus métodos ("Population", "Population Studies").

Crecimiento de la población
7A la par con los procesos de industrialización, expansión del comercio y mejoramiento de los sistemas agrarios, en casi toda Europa explotó la llamada revolución demográfica o aumento masivo de la población, que pasó a ser uno de los fenómenos más interesantes de la historia contemporánea.

En Inglaterra, el número de habitantes se elevó de cuatro millones con que contaba en 1600, a seis millones en 1700; a fines del siglo XVIII alcanzó nueve millones. La población francesa subió de 17 millones a 26 millones entre 1700 y 1800.

Un clérigo inglés, Thomas Malthus, que dedicó gran parte de su tiempo a estudiar este fenómeno, llegó a la conclusión, en 1798, que la población aumentaba en progresión geométrica (1, 2, 4, 8, 16, 32 ...), mientras que la producción de los medios de subsistencia sólo crecía en progresión aritmética (1, 2, 3, 4, 5 ...) Como Malthus pensó que esta ley era inalterable, el futuro de la Humanidad estaría señalado por el hambre y la miseria.

El crecimiento de la población de Europa es uno de los hechos capitales de la historia de los dos últimos siglos; la emigración de los europeos a otros continentes hizo surgir "nuevas Europas". Este aumento demográfico de Europa es claro: 187 millones en 1800, 401 millones en 1900, aumento conseguido a pesar de la intensidad de las migraciones. Crecen deprisa los continentes que reciben población europea –las dos Américas, Australia-, más despacio los otros. En Europa el aumento se señala de forma clara en cuatro naciones:

  • Rusia pasa de 40 a 100 millones
  • Las Islas Británicas, de 16 a 46.5 millones
  • Alemania, de 23 a 56.4 millones
  • Italia, de 18 a 32.5 millones.

El caso inglés es notable, porque su incremento, superior a la media europea, se produce a pesar de la salida de 17 millones de emigrantes. Aumenta la producción de los países con cambio social (Rusia –emancipación de los siervos-), con revolución económica temprana (Inglaterra –revolución industrial-), con proceso político fundamental (Alemania e Italia –consiguen su unidad nacional). Por otra parte, detrás de estas cifras escuetas, se agazapan procesos sociopolíticos importantes. El incremento de población posibilita en Rusia su expansión territorial, que culmina en la colonización de Siberia; es la base de su paneslavismo, de sus reivindicaciones sobre el espacio balcánico; se convierte en un factor más de tensiones internas, mientras mantiene una estructura agrícola arcaica. En Inglaterra permite la formación de un imperio dilatado, que suaviza las posibles tensiones interiores que el aumento de población en un territorio limitado hubiera despertado. En Alemania provee de mano de obra abundante para una industrialización que se efectuó de modo rápido, y, ya en el siglo XX, es un argumento de expansión para los pangermanistas. En Italia, que llega tarde al reparto colonial del mundo, el argumento demográfico se esgrimirá por los nacionalistas para formular la necesidad de colonias. Muchos rasgos específicos de algunas naciones no pueden explicarse prescindiendo de los procesos demográficos, aunque debemos evitar la tentación simplificadora de otorgar al factor población una importancia exclusiva.

A escala europea este crecimiento no es continuo a lo largo del siglo. Podemos distinguir cuatro fases:
1ª Hasta 1820. Es una fase de alza, a pesar de las guerras napoleónicas; se produce un impulso demográfico de compensación, y desde 1814 la población aumenta en casi todas las naciones.
2ª 1820-1850. Tendencia a la parálisis e incluso a la contracción, por la crisis económica. Es época de precios bajos y de agudas crisis agrícolas. Ya en los últimos años comienza la expansión, quizás como uno de los efectos de la revolución industrial.
3ª 1850-1880. Fase de prosperidad y de cambios sociales, como la liberación de los siervos rusos. El incremento de la población es notable.
4ª 1880-1914. Hasta 1896, aproximadamente, algunas crisis agrícolas y la intensidad de la emigración, frenan el avance; luego continúa de forma lenta, por el descenso de la natalidad y el consiguiente envejecimiento de la población.

Causas de la revolución demográfica del siglo XIX
Los historiadores consideran que esta explosión demográfica no fue el resultado de un cambio sustancial en la tasa de natalidad (índice de nacimientos). Entre 1740 y 1830, la tasa de natalidad varió muy poco. Fue un descenso de la mortalidad lo que hizo que se incrementara la población. Muchas influencias actuaban en ese entonces para reducir este índice. Al introducirse el cultivo de tubérculos, se pudo alimentar mayor cantidad de ganado durante los meses de invierno y así se pudo surtir a la gente de carne fresca durante todo el año. La sustitución de algunos cereales inferiores por el trigo, y el aumento en el consumo de legumbres, aumentó la resistencia contra las enfermedades. Niveles más altos de limpieza personal, aunados a más jabón y ropa interior de algodón más barata, disminuyeron los peligros de infección. El uso de ladrillos, pizarra y piedra como materiales de construcción, en lugar de paja y madera de chozas y casas de campo, redujo el número de epidemias.

Las ciudades más importantes, que comenzaban a recibir grandes cantidades de campesinos atraídos por la mecanización de algunas actividades, vieron sus calles pavimentadas, fueron dotadas de alcantarillado y de agua; se desarrolló la medicina, aumentaron los hospitales y se puso más atención a la destrucción de basuras y al adecuado entierro de difuntos.

Factores de la revolución demográfica.
El factor clave del crecimiento de la población europea parece ser el descenso muy acusado de la mortalidad, descenso que se percibe ya en los primeros años del siglo. Los dos países de los que poseemos datos más fiables son Inglaterra, cuyo índice de mortalidad en 1800 y 1900 es respectivamente 26.9 %º y 18.2%º, y Francia, cuyos índices se reducen del 27.7 %º a 20.1 %º. Los progresos en la medicina y en la higiene son las causas fundamentales, aunque no únicas de este descenso.

Los jalones claves en la medicina científica se señalan en la invención de la vacuna contra la viruela por el ingles Jenner (1796), que inicia la era de la medicina preventiva y la lucha final contra una enfermedad epidémica temible. El conocimiento de los agentes provocadores de las enfermedades, con el nacimiento de la microbiología (Pasteur, Koch), y la introducción en la cirugía de la anestesia parcial (1846) y la antisepsia (1867). La higiene experimenta una renovación no menor con el abastecimiento de agua potable a las ciudades, los servicios de limpieza en las calles y la generalización del aseo personal (ropa interior, jabón, etc.).

Pero subsisten como frenos obstáculos ancestrales, sin los cuales el crecimiento numérico de los europeos hubiera sido mucho más rápido. ¿Cuáles son estos frenos?

  • La mortalidad infantil sigue siendo muy elevada, aunque comienza a descender en el último cuarto de siglo. Quizás contribuyó la falta de higiene alimentaria; el único medio que se conocía era prolongar la lactancia materna. En los hospicios la mortalidad de los hijos naturales fue mucho mayor; un autor francés ha asegurado que sólo el 10% alcanzaba los 20 años.
  • Últimas hambrunas. Fue terrible el hambre en Irlanda en 1846-1848 que provocó salidas en masa hacia Estados Unidos. La de la India en 1900-1901 hizo desaparecer 1/5 de la población. Un año de escasez de cereales, o de epidemia de la patata, podía provocar todavía un cataclismo.
  • Epidemias. Son menos temibles que en siglos anteriores, pero se ha afirmado equivocadamente su desaparición en la Edad contemporánea. El cólera llega a Europa y se convierte en el enemigo número 1. La revolución en el transporte contribuyó a hacer más rápida la difusión del vibrión colérico, que en cuatro ocasiones arrasó el continente europeo. En 1832, primera epidemia de cólera, murieron de su embate sólo en París 18.000 personas. Sus últimos coletazos, en Rusia en los últimos años del siglo, provocaron decenas de miles de víctimas.
  • Guerras. Al mismo tiempo que los progresos médicos permiten salvar un mayor número de heridos, los progresos bélicos provocan un mayor número de víctimas; es el caso de la mortífera de 1870 en Francia.

Para los sectores obreros fue un factor adicional, que mantuvo alta la mortalidad, la mala calidad de vida, las condiciones difíciles de trabajo y la alimentación insuficiente. De ahí que se haya hablado de "desigualdad ante la muerte"; existe una mortalidad diferencial de cada clase social.

Si todos estos obstáculos impiden que la mortalidad baje más acusadamente, el descenso de la natalidad es otro freno en la carrera demográfica. La tasa inglesa pasa de un 37.7 %º a un 29.9 %º. En Francia el descenso es más acusado, de un 32.9%º a un 22.4%º. Factores culturales y psicológicos inciden en este proceso. La reducción de la natalidad se hace más acusada en los últimos años del siglo y evita un aumento todavía más espectacular de la población mundial.

Las migraciones. Del campo a la ciudad - Éxodo rural
El siglo XIX protagoniza intensos desplazamientos de la población, en relación con dos procesos: la revolución industrial, que provoca el trasvase del campo a las ciudades en primer lugar, y que permite, por la innovación de los transportes, los traslados intra e intercontinentales; y el colonialismo, que estimula la ocupación de nuevas tierras en otros continentes menos poblados y menos desarrollados.

Nos encontramos en primer lugar con una disminución de la población rural. Refleja el paso de una economía predominantemente agrícola a una economía predominantemente industrial. La industria, concentrada en las ciudades, reclama una mano de obra abundante; el artesano rural no puede resistir la competencia de las fábricas; los artesanados se constituyen en los primeros emigrantes. Más tarde, la revolución agrícola permite, al introducir en el trabajo de la tierra las máquinas, reducir el número de los campesinos, cuyos excedentes pasan a engrosar las masas de obreros industriales urbanos. En el ritmo de abandono de los campos influyen factores geográficos, jurídicos, políticos. Las montañas, más pobres, se vacían antes que las llanuras; las regiones de pequeños propietarios retienen con más fuerza a los campesinos que las de grandes propietarios, en las que el campesino es simplemente un bracero que desea buscar nueva vida; en ocasiones, una decisión política retiene o incluso atrae a los campesinos, es el caso de colonización de las Landas francesas. El ritmo es irregular, una crisis agraria lo acelera, como ocurrió en el hambre irlandesa de los años 40.

Los ferrocarriles ejercieron una fuerte influencia en estos desplazamientos. Por una parte facilitaban los retornos estacionales, por otra suscitaron un impacto psicológico, una fiebre de viajes, que debilitó las tradiciones de apego a la tierra. Y multiplicaron los puntos de destino. Sin ferrocarriles los campos hubieran podido retener más eficazmente a sus habitantes.

Las ciudades crecieron desordenadamente a fin de dar cabida a la gente que emigraba de los campos y se instalaba allí para trabajar en las fábricas. La mayor parte de las calles no tenían pavimento, y la luz, el agua y los alimentos eran escasos. Las viviendas se amontonaban en estrechos y malolientes callejones, y cada barrio era un basural. No fue extraño, entonces, que bajo tan tristes condiciones la tuberculosis y las epidemias hicieran estragos en barrios populares. Hombres, mujeres y niños trabajaban de 12 a 15 horas cada día, en locales insalubres y con escaso salario. Algunas fábricas empleaban niños huérfanos, menores de 14 años.

Las migraciones intercontinentales
Entre 1800 y 1930 abandonan el continente europeo unos 40 millones de personas; es un proceso de expatriación sin precedentes en la historia. Inglaterra, con 17 millones de emigrantes, encabeza la tabla de países proveedores de hombres; Italia, con nueve, y Alemania, con seis millones, la siguen en importancia. De los países receptores ocupa el primer lugar, con amplia ventaja, Estados Unidos, a donde llegan, desde los primeros años del siglo XIX hasta el año 1922, 38 millones de inmigrantes, a los que hay que sumar los que pasan desde el Canadá. El colosal despliegue territorial y económico de los Estados Unidos se basa en esta constante aportación de europeos. Canadá, Australia, América del Sur, Siberia, son zonas a donde los inmigrantes acceden en número notable.

La lengua señala en muchos casos las líneas de desplazamiento. Ingleses e irlandeses prefieren emigrar a América del Norte; portugueses y españoles lo hacen casi en su totalidad a América del Sur.

Las causas son diversas. Se ha señalado como espoleta la noción de presión demográfica: emigran los habitantes de países superpoblados, como Inglaterra o Alemania, y concretamente los de regiones y zonas cuya densidad de población, en relación con el número de puestos de trabajo o de nivel de producción de alimentos, es excesiva. Pero parecen influir no sólo las circunstancias del país emisor sino también las del país receptor.

Indudablemente las motivaciones económicas han jugado en todo momento un papel decisivo. Las masas rurales y artesanas, agobiadas en los momentos de crisis, han intentado buscar una nueva vida lejos de la patria. H. Jerôme ha demostrado la influencia de los ciclos económicos sobre la emigración a los Estados Unidos. En el flujo de europeos hacia otros continentes ha actuado unas veces una crisis agrícola europea, como la de 1847; otras veces una circunstancia excepcional, como los hallazgos de oro en California, en Australia o en África del Sur.
La situación geográfica es otro factor clave. Los rusos emigran hacia Siberia; los latinos hacia América; los países marítimos del Oeste europeo, Portugal, España, Inglaterra, encuentran muchos estímulos para lanzarse a través del océano.
Los factores políticos no deben ser olvidados. Algunos estados pusieron trabas a la emigración de sus hombres; otros, ansiosos de establecer un imperio colonial, lo estimularon. A finales del siglo salían 300.000 ingleses cada año, hacia las colonias. Los habitantes de Alsacia-Lorena que en 1871 optaron por la nacionalidad francesa, al ser ocupados estos territorios por Alemania se trasladaron en masa a Argelia. En cambio no han influido apenas los motivos religiosos, con la excepción de los judíos de Europa central, que, al ser perseguidos, pasaron a Inglaterra y después a los Estados Unidos, para constituir la poderosa comunidad judía norteamericana.

Para los países europeos las consecuencias no fueron visibles más que en casos especiales. Irlanda tenía en 1835 ocho millones de habitantes; entre 1845-50 perdió casi dos millones, de los cuales más de la mitad emigraron a Norteamérica. Al ser los emigrantes jóvenes y varones, se produce un envejecimiento de la población y una superpoblación femenina, doble obstáculo en los años siguientes para la recuperación demográfica del país. Para Irlanda la emigración fue una sangría; en cambio para Inglaterra fue la base de su poder mundial.

La intensidad de la emigración europea fue creciente a lo largo del siglo. Proceso poco acusado hasta 1845, comenzó a adquirir volumen a partir de las crisis económicas y políticas de los años 1846 a 1848, aumentó notablemente desde 1880, cuando se intensifica la emigración alemana y se reparte el continente africano, y adquiere un volumen espectacular en los primeros años del siglo XX, hasta 1914. La Primera Guerra Mundial pone un freno casi definitivo a esta difusión europea por todos los continentes.

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