Enviado por meli_tre
Índice
1. Introducción
2. Concepto
3. El modelo
inglés.
4. Difusión de la revolución
industrial
5. La revolución
agrícola
6. Demografia
7.
Sociedad
8.
Economía
9.
Tecnología
10.
Distribución de Industrias en
Inglaterra
11.
Conclusión
12.
Bibliografía
El tema de investigación presentado en esta monografía
es la Revolución
Industrial o también llamada Industrialización;
consiste en una transformación profunda, la más
radical desde el período neolítico, de los sistemas de
trabajo y de la estructura de
la sociedad.
Sucede en la segunda mitad del siglo XVIII, en Inglaterra, y se
difunde después a otras naciones europeas.
Se pasa del viejo mundo rural al de las ciudades tentaculares,
del trabajo manual a la
máquina, del taller a la fábrica. Los campesinos
abandonan los campos y se trasladan a trabajar a las ciudades, el
artesanado desaparece casi por completo; surge una clase de
profesionales, promotores, ingenieros; en las concentraciones
industriales aparece el proletariado, masa de braceros que
trabajan con máquinas
que no son suyas. Todo se transforma: trabajo, mentalidades,
grupos
sociales. No es un proceso
súbito, como el de una revolución
política,
sino un proceso
duradero; tampoco es, simplemente, un proceso de
industrialización, ya que se producen cambios duraderos en
la agricultura y
en la sociedad. Se
trata de un conjunto complejo de fenómenos. Esta revolución
es la base del mundo contemporáneo; cualquier
acontecimiento importante ocurrido en el mundo desde mediados del
siglo XVIII está relacionado, en forma más o menos
directa, con esta transformación.
Algunos de los rasgos que se han considerado definitorios de la revolución industrial se encuentran también en períodos anteriores, así ocurre con el montaje de factorías o el uso de fuerza motriz en la fabricación. Desde la revolución industrial se produce un cambio cuantitativo: del taller con varios operarios se pasa a la gran fábrica con centenares de obreros, del villorrio de varias docenas de vecinos a la metrópoli de centenares de miles de habitantes. Pero los cambios definidores parecen ser cualitativos. La esencia de la sociedad industrial es que evoluciona de modo continuo; cada cambio suscita la necesidad de otro, es un proceso dinámico.
Si bien la revolución industrial acarreó problemas como el empobrecimiento de los obreros y la acumulación de beneficios de los empresarios, estudios realizados por diversos historiadores llegaron a dos tipos de interpretaciones de lo sucedido por causa de la revolución industrial, la primer conclusión fue que subió el nivel de vida y los obreros no fueron perjudicados, inclusive algunos mejoraron su condición. La segunda corriente sostiene que las condiciones de trabajo y la vida obrera fueron deterioradas,
Antecedentes
Sociedad preindustrial:
A fines del siglo XVIII, la mayoría de la población inglesa se encontraba distribuida
en la zona rural. En promedio, más del ochenta por ciento
de la población europea vivía en el
campo.
En general en las ciudades no se concentraba un gran número de población, la mayoría de las principales capitales y grandes ciudades europeas no superaban los cien mil habitantes, con excepción de Londres, que era la ciudad más grande; constaba con un millón de habitantes, mientras que el número de habitantes que residían en París disminuía a la mitad.
En esa época tenía gran importancia el ser propietario de tierras, el hecho de poseer aunque sea una pequeña parcela de tierra aseguraba dignidad y respeto, por eso aquellos que no la poseían eran consideraba inferiores. La posesión de propiedades tenía mucha importancia porque era una sociedad cuya economía se basaba en la subsistencia.
La mayoría de los países europeos mantenía vigente hasta el momento el régimen de servidumbre, con excepción de los dos países, cuyas capitales fueron nombradas anteriormente, se daba esta condición porque en Francia e Inglaterra los campesinos habían logrado superar la condición de servidumbre.
Antes de la Revolución Industrial, la
elaboración masiva de productos en
serie y de bajo precio era
inexistente, porque ni siquiera existían mercados donde
colocar los productos.
Esta situación se debía a que la gran
mayoría de la población estaba por campesino que
producían sus alimentos y
tejían sus propias ropas. En las ciudades, las personas
podían elaborar en forma rudimentaria su ropa, sus
zapatos, o cualquier otro objeto de uso doméstico;
también podía recurrir al taller de un maestro
experimentado para que los confeccionara a medida de acuerdo con
las preferencias del cliente. Los
artesanos de un mismo oficio se agruparon en gremios, que
tenían la función de
defender los intereses políticos, económicos y
sociales de sus miembros. Cada gremio regulada los precios y los
salarios y
tenían reglas que no podían ser violadas, porque lo
más importante era garantizar la calidad del
producto. Los
gremios de artesanos textiles se encargaban de la producción de telas de lana y de lino. Los
consumidores de estas costosas telas elaboradas en los talleres
eran los ricos burgueses de las
ciudades, los terratenientes y la nobleza. Todos ellos
constituían un mercado de gran
poder
económico, pero numéricamente limitado. El desarrollo
comercial de las principales potencias europeas, especialmente
Inglaterra y Francia,
había provocado el crecimiento de las ciudades y en
consecuencia, el aumento de la demanda de
productos menos costosos. Para satisfacer ese mercado, se
organizó un sistema de
producción domiciliaria, o también
llamado puttin out sistem : un empresario compraba la materia prima
y la distribuía en las casa de los trabajadores, que
generalmente eran campesinos. También les proporcionaba
las máquinas
necesarias para su tarea. Como complemento del trabajo de campo,
los campesino hilaban y tejían las prensa, que luego
eran retiradas por el empresario para su comercialización, a cambio del pago de una
suma fija por cada prensa
confeccionada. Estas telas no podían competir en calidad con las
producidas por los gremios de artesanos textiles, pero su
precio era
más accesible para los grupos medios
urbanos.
Para cambiar las formas de producción, primero había que disponer de mercados potenciales. Sin ellos nadie se arriesgaría a producir en serie. En Gran Bretaña, específicamente en Inglaterra, se dieron por primera vez las condiciones políticas y sociales que permitieron la aparición de esos mercados potenciales, un mercado interno y mercados externos, por esa razón Inglaterra fue la gran protagonista de la Primera Revolución Industrial.
La Revolución Industrial fue una serie de cambios económicos y sociales, fue una profunda transformación del estilo de trabajo y de la forma de pensar que trajo como consecuencia en cambio en la estructura de la sociedad, acarreó grandes consecuencias. Comenzó en Inglaterra en el siglo XVIII, luego se extendió hacia otros países, como Francia, Alemania, Estados Unidos, Bélgica, y con mayor retraso, Rusia y España.
Se inició esta revolución con la invención y la aplicación de la máquina a vapor y otros inventos, propagaron las fábricas y talleres, provocaron la migración masiva del campo a las ciudades, crearon nuevos sistemas de transporte, fomentaron las ciencias aplicadas y promovieron las especialización productiva.
Se destacan dos grandes períodos en el desarrollo de esta Revolución: el primero, que será el más desarrollado en esta ocasión, va desde el año 1780 y se extiende hasta fines de siglo XIX. La principal característica de este período fue la utilización del carbón y del hierro como base del trabajo y las producciones.
El segundo período se extiende desde las
últimas décadas del siglo XIX hasta los días
actuales. Se destaca este último período por el uso
del petróleo,
la electricidad y el
acero, que
favorecieron tanto los medios de
producción como los de comunicación.
El rasgo más fácil de comprender y él
más notable de la historia, es la
transformación y el prodigioso desarrollo de la industria y el
comercio, y
por consiguiente, la transformación total de las
condiciones materiales de
la vida.
La Revolución Industrial fue definida brevemente por el
historiador Marc Baldó Lacomba como "Un cambio cualitativo
y universal, según el cual se transformaron las
condiciones técnicas y
sociales de la producción".
En 1837, J. Blanqui utilizó por primera vez el
término que dice: "la Revolución Industrial es
definida como el conjunto de transformaciones económicas y
sociales que caracterizaron el proceso de la
industrialización".
La revolución Industrial es producto de la explotación de riquezas procedentes de la explotación de las colonias que dominaban los países europeos, a su vez, esta acumulación fue consecuencia del comercio que había tenido un desarrollo extraordinario generándose así el capitalismo mercantil, que pronto se transformó en capitalismo industrial, es decir, ya no solo basado en el comercio sino también en la producción industrial.
Rápidamente la nación se transformó de un país tradicionalmente agrícola en una nación industrializada que dominaba el mercado mundial. Su estructura social cambió radicalmente dos tercios de la población urbana pasó a trabajar en las fábricas. Pero la brusca transición de la vida rural a la vida urbana provocó graves conflictos debido a la necesidad de asegurarla subsistencia a la creciente población de las grandes ciudades. La afluencia masiva de población de bajo nivel económico originó condiciones miserables de vida, desocupación, marginación, delincuencia y una explotación indiscriminada del trabajador. Las jornadas laborales se extendieron hasta niveles infrahumanos y además se incorporó a las fábricas la mano de obra de las mujeres y niños que eran doblemente explotados, pues percibían salarios inferiores a los de los hombres.
Si la revolución tecnológica produjo un aumento impresionante de la productividad, provocó también un empobrecimiento notable en el nivel de vida de la clase trabajadora. Por otra parte, los salarios disminuían constantemente mientras aumentaba indiscriminadamente el precio de los artículos de primera necesidad, de modo que el poder adquisitivo de la familia obrera se vio notablemente reducido.
Al reflexionar sobre el proceso de los pensadores sociales del siglo XIX, Engels en su "Situación de la clase trabajadora en Inglaterra" y Marx en gran parte de su obra, repararon especialmente en los efectos sociales, mientras los historiadores se ocupaban de los aspectos técnicos. No obstante en nuestro siglo, y a partir de la obra de Mantoux (1905), la atención a las repercusiones sociales empezó a ocupar capítulos en las monografías académicas, tendencia que culminó en los años sesenta en la obra de Landes, apertura que llevó a otro historiador clásico en el tema, el británico Ashton, a reclamar que se examinaran todas las vertientes: técnicas, sociales y financieras.
La revolución industrial viene a ser un proceso de cambio constante y crecimiento continuo, en el que intervienen técnicas (máquinas), descubrimientos teóricos (ciencia), capitales y transformaciones sociales, acompañado por una renovación de la agricultura, que permite el desplazamiento de una parte de las masas campesinas a las ciudades.
Inglaterra fue el adelantado de esta gran transformación y dio la pauta para otros países. En este carácter pionero se cimentaría su condición de primera potencia mundial hasta 1914. Podríamos resumir el modelo inglés en tres capítulos: recursos, sectores y técnicas.
Entre los recursos nos hallamos, en primer lugar, con los humanos, un crecimiento acelerado de la población, que juega un papel crucial en el aumento del volumen de la demanda y en los flujos de mano de obra para la industria. En otros países se produjo un incremento de la población sin paralelo desarrollo industrial, casos de la India e Irlanda, pero en Inglaterra la correlación fue indudable. Por otra parte la isla tenía materias primas y energía: lana, hierro, hulla, proporcionaron ventajas con respecto a los países escasamente dotados. Finalmente disfrutó de una época de abundancia alimentaria, con frecuentes excedentes proporcionados por excelentes cosechas entre los años 1740 y 1780.
La industrialización se centró en varios sectores: tejidos en primer lugar, siderurgia a continuación, ferrocarriles después. Tras la experiencia inglesa se convirtieron en los clásicos sectores de desarrollo nacional. El impulso definitivo fue proporcionado por la construcción del ferrocarril, destino de los grandes capitales y estímulo para la siderurgia, además de posibilitar la especialización agrícola de las diferentes comarcas con el consiguiente impulso al comercio interior.
Las innovaciones técnicas fueron constantes y pueden seguirse por la interminable lista de patentes, impulsadas en una primera fase por las universidades escocesas de Glasgow y Edimburgo. La máquina de vapor de Watt se convirtió en uno de los inventos más trascendentales de la historia. Las innovaciones deben citarse también en los sistemas de uso del dinero. Porque en el terreno financiero pronto descubrieron los ingleses que la industrialización requería un aparato financiero. El crédito público se canalizó por el Banco de Inglaterra, fundado en 1694, pero más decisiva fue la financiación privada mediante créditos. Defoe estimó que los dos tercios del comercio interior se realizaban a crédito. Londres se convirtió en la capital financiera no só1o de la nación sino del mundo hasta la primera guerra mundial.
La estructura industrial del país se modificó desde el punto de vista geográfico. A la primacía del sur, Londres, Bristol, Norwich, sustituyó la de tierras del norte y noroeste, al desplazarse los centros a las comarcas carboníferas de las Midlands occidentales, el Lancashire y Gales del Sur. Esta nación, que había creado ciudades nuevas, inventado la máquina de vapor, construido la primera red ferroviaria, era a mediados del siglo XIX la soberana del mundo. Su supremacía en ese momento resultaba indiscutible.
4. Difusión de la revolución industrial
Otras naciones del continente europeo ensayaron la forma de civilización basada en máquinas, innovaciones tecnológicas y producción en gran escala; con excepción de Portugal, España, Italia, Dinamarca y el este de Europa, el modelo industrial se convirtió en meta inmediata.
Francia
Francia.
Tuvo un modelo de crecimiento más anómalo, aunque,
según CAMERON el resultado no fue peor y demuestra que el
crecimiento
económico moderno de Francia empezó en el siglo
XVIII.
Las diferencias con Inglaterra fueron:
1) Durante el siglo XIX Francia se caracteriza por un bajo
índice de crecimiento demográfico.
2) No estaba muy provista de recursos, aunque, por ejemplo no
carecía de carbón.
3) Tecnológicamente no estaba rezagada.
4) El factor institucional, aunque complejo, facilitó las
cosas.
- De las grandes naciones industriales, Francia fue la
que contó con índices más bajos de
urbanización.
- A principios de
siglo Francia era la única de las naciones industriales de
Europa
autosuficiente y que producía excedentes de alimentos.
El proceso industrializador francés fue lento porque tuvo
que vencer bastantes obstáculos. En primer lugar su
debilidad demográfica, provocada por el descenso de la
natalidad, de manera que su potencial poblacional se
debilitó en relación a Gran Bretaña o
Alemania.
Más peculiar resultó el papel de la
agricultura. Aportación decisiva en el caso inglés,
como hemos visto, en Francia apenas se produjeron cambios en el
campo antes de la revolución, perdurando una estructura
feudal en la que los propietarios, aristócratas,
só1o veían en la tierra una
fuente de ingresos. La
revolución cambió el estatuto jurídico, al
acceder los campesinos a la propiedad,
pero no propició la transformación técnica.
Pero el diferencial decisivo estribó en la falta de
carbón y en la imposibilidad de aprovechamiento del hierro
fosforado de Lorena, hasta que en los últimos lustros del
XIX se encontró el procedimiento. A
pesar de ello hacia 1830 Francia disponía de una industria
textil desarrollada. Una ley de 1842
estimuló la construcción de la red ferroviaria, y aunque en
1848 só1o disponía de 1800 Km. la Banca
encontró en esta empresa su gran
oportunidad y en la década de los cincuenta se produjo el
auge. Como vemos, con retrasos e inconvenientes, Francia
repitió el modelo industrial británico.
Estados Unidos.
Síntesis:
- Fue el ejemplo más espectacular de un crecimiento
económico nacional rápido.
- Experimentó un incremento demográfico importante
gracias al crecimiento natural y a la llegada de inmigrantes.
- Ello favorecerá la existencia de una abundante mano de
obra para trabajar.
- La renta y la riqueza crecieron todavía más
rápidamente que la población.
- La abundancia de tierra y la
riqueza de recursos
naturales.
- La mayor tasa de crecimiento se responde por el progreso
tecnológico más rápido y la creciente
especialización regional.
- Ofrecía, además, un gran mercado
doméstico, virtualmente libre de barreras comerciales
artificiales.
- Para sacarlo partido necesitaba una vasta red de
transportes.
- El ferrocarril desempeñó aquí, al igual
que en Europa un importante papel.
- A pesar de este desarrollo industrial, en el siglo XIX Estados Unidos
continuaba siendo un país eminentemente rural.
Estados Unidos se encuentra, según Niveau, con
tres obstáculos: dominio
económico de la antigua metrópoli, escasez de mano
de obra y ausencia de vías de comunicación. No carece de inventores con
talento; en 1789 Slater fabrica la primera máquina de
hilar algodón, Fulton los primeros barcos de vapor. El
impulso decisivo procede de la inmigración, que posibilita la
industrialización sin éxodo rural; es el
único caso de revolución industrial con distribución equilibrada de mano de obra y
escasas tensiones capital-trabajo. Por tratarse de un territorio
inmenso la industrialización se inicia en el Este, pero es
muy tardía en el Oeste. Los ferrocarriles juegan un papel
decisivo.
Cuando se cierra el período de la primera
revolución industrial, hacia 1860, Gran Bretaña,
Francia, Alemania y Estados Unidos han forjado su predominio en
el mundo.
Gran Bretaña.
- Al finalizar las guerras
napoleónicas era el principal país industrial del
mundo y también la primera nación comercial.
- Hacia 1870, si bien siguió aumentando la
producción y el comercio total, fue perdiendo su
primacía.
- Las bases de la primitiva prosperidad de Gran Bretaña
(tejidos,
carbón, hierro y mejoras técnicas) seguían
siendo pilares fundamentales de su economía.
- En tejidos y carbón conservó su hegemonía,
pero en la producción metalúrgica pronto se vio
superado por Estados Unidos y Alemania.
- El ferrocarril se convirtió en la palanca de su
desarrollo.
- La necesidad interna y externa de exportar equipos y capital
proporcionó un fuerte estímulo a su
economía.
- Otro estímulo importante fue el de la industria de
construcción naval.
- Se pasó de la vela al vapor y en lugar de emplear
madera en la
fabricación de barcos se comienza a utilizar hierro y
más tarde acero.
- Causas del ocaso inglés.
- Precios
relativos de las materias primas.
- Condiciones comerciales.
- Porcentajes y modelos de
inversión.
- Hacia 1840 Bélgica era claramente el país más industrializado de la Europa continental, y seguía muy cerca a Gran Bretaña.
Alemania.
- Fue el último de los países industrializados.
- Nación (conjunto de pequeños estados) rural y
agraria, aunque existían pequeñas concentraciones
industriales (Rin, Sajonia, ciudad de Berlín)
- Para la 1ª Guerra Mundial
era la nación más poderosa de Europa.
- La escasez de transportes y de vías de
comunicación frenó el desarrollo
económico.
- CAMERON divide la historia política de Alemania
en tres periodos:
- Desde principios de
siglo hasta la formación del Zollverein (1833).
- Toma de contacto con lo existente en otros países
- Se crean las condiciones jurídicas e intelectuales
necesarias para la unidad.
- Desde 1833 hasta 1870, en el que se ponen los auténticos
cimientos de la industrialización, las finanzas y los
transporte
modernos.
- Desde 1870, en el que se manifiesta claramente como una
potencia.
- La clave de la rápida industrialización alemana
fue el veloz crecimiento de la industria del carbón,
gracias a los importante yacimientos de Ruhr.
- En el acero el impulso fue tan grande que en 1885 ya superaba a
Gran Bretaña.
- Con la creación del imperio (1871), las indemnizaciones
de guerra y la
victoria sobre Francia la economía se vio fortalecida.
- Los sectores más dinámicos fueron los que
producían bienes de
capital o productos para el consumo
industrial.
- Destaca la industria química y la
eléctrica, además del carbón, hierro y
acero.
- Alemania experimentó una urbanización
extremadamente rápida.
- Fue importante la estrecha relación entre la banca y la
industria alemana.
- En Gran Bretaña y Estados Unidos estaba prohibidos todo
tipo de monopolio,
pero en Alemania eran legales.
- Todo ello organizó la economía alemana
del XIX y la preparó para ser una de las principales
potencias europeas del siglo XX.
El caso alemán resulta más complejo aún que
el anterior. La unificación política no se
completó hasta 1871, de ahí que existan diferencias
entre el Oeste y el Este y entre el Norte y el Sur. Por el
contrario, a diferencia de Francia, los estados germánicos
podían beneficiarse de su población en
expansión y de la abundancia de hierro y carbón. El
Ruhr siguió el modelo británico, con minas y
siderurgia como sectores vertebrales, capitales franceses y
belgas y técnicos ingleses. En las comarcas orientales se
siguió el modelo prusiano, en el que la industria no
devora a la agricultura. En una nación sin unidad
política supuso un paso decisivo el Zollverein (1834),
unión aduanera, y la construcción de la red
ferroviaria, que en 1850 só1o en los Estados del Norte
casi duplicaba la francesa. Los cuatro Estados del Sur (Baviera,
Würtemberg, Baden y Hesse-Darmstadt), más alejados
del influjo británico, retrasaron su
industrialización hasta la segunda mitad del XIX, pero al
aprovechar las experiencias ajenas, en un proceso similar al
japonés, procedieron a una industrialización
acelerada.
Considerando el siglo como un todo las tasas de
crecimiento, producto total, producto per cápita fueron
parecidas a las británicas.
- A finales de siglo Gran Bretaña experimentó una
"revolución industrial", mientras que Francia se
encontró atrapada en la Revolución de 89.
- Para el autor aquí radica la diferencia que
afectó a los rendimientos relativos de las dos
economías durante gran parte del XIX.
- La política y la economía van a la par en
Francia.
Consiste en la supresión de la rotación
trienal y en la desaparición de los barbechos.
La innovación fundamental es la alternancia de
cereales con plantas
destinadas en general al ganado.
Se considera a esta revolución como la primera en orden
cronológico. Se ubica en Gran Bretaña en la primera
mitad del siglo XVIII.
Antecedentes:
La Cuna de la Revolución Industrial. (Hacia una
economía distinta)
La peculiar característica de la Gran Bretaña y
la previa revolución agrícola hacia el siglo XVIII
le permitió la referida acumulación del capital,
base de la revolución industrial, y se manifestó en
la aplicación de máquinas en la producción
trayendo esto por resultado la confección de mayor numero
de mercancías en menos tiempo, en
general, la economía rural europea mantuvo su estructura
tradicional, poco diferente a la estructura del siglo XVIII. El
campesino continuó rutinariamente los sistemas antiguos, y
una gran parte de las tierras siguieron siendo destinadas al
cultivo del trigo. Y como las comunicaciones
eran difíciles cada comarca procuraba producir la cosecha
suficiente, en la mayoría de los campos europeos no
habían mejorado sus sistemas de trabajo.
El antiguo régimen
La rotación trienal era la técnica
básica.
1701 1702 1703
Primera hoja: Trigo Avena Barbecho
Segunda hoja: Avena Barbecho Trigo
Tercera hoja: Barbecho Trigo Avena
- Lo que más se cultivaba eran cereales, pocas plantas de
raíz, entre las cuales la patata era muy rara.
- Había poco ganado, poco estiércol, y en
consecuencia, bajo rendimiento agrícola.
- A menudo se practicaba el policultivo.
- Herramientas
de trabajo arcaicas, el arado sólo constaba de una reja de
madera, sin
tren delantero.
Extensión de las superficies cultivadas
- El segundo aspecto fue la conquista de nuevas tierras
cultivables.
- Se recurrió para ello a dos medios.
- Consecuencia: mejora de la calidad de las tierras y el
rendimiento de los cereales.
- El progreso de los forrajes permitió alimentar en
mejores condiciones al ganado.
- De aquí deriva un progreso en la calidad y la cantidad
de carne productos lácteos, y
una mayor cantidad de estiércol para abonar las
tierras.
- Por último se incorporan cultivos nuevos que en el siglo
XIX tendrán un éxito
generalizado: la remolacha azucarera y la
patata.
La revolución agraria
Tiempo antes
de que los campos europeos existieran maquinarias agrarias, en
los campos de Inglaterra, y más tarde en los de Francia,
se desarrollaba un importante proceso agrario. Los predios
comenzaron a cercarse, se vieron las ventajas de la
rotación de la tierra, se
mejoraron las empastadas y la crianza del ganado se
perfeccionó.
En los años iniciales del siglo XVII se inició el empleo de nuevos métodos y técnicas que permitieron intensificar el cultivo y aumentar la productividad. A la vez, el transporte adquirió mayor importancia y las comunicaciones abrieron otros mercados a los productos agrícolas.
El individualismo agrario
- El cultivo continuo de los suelos, las
nuevas roturaciones reducen mucho la trashumancia de los ganados
y los pastos de común.
- Todo el sistema de openfield se ve afectado, atacado y
corroído por la concentración parcelaria.
- Estos avances se producen a un ritmo lento ya que el procedimiento
para conseguir un Acta de enclosure es complicado y oneroso, al
menos hasta el año 1801.
- La Iglesia, que
ve disminuir sus ingresos con cada
enclosure será directa responsable de esta
situación.
A principios del XVII ciertas regiones de Europa habían
acumulado concentraciones considerables de industria rural.
En los años 60 del presente siglo se creó un
término que describía este proceso:
protoindustrialización. Fue empleado por primera vez para
referirse a la industria de lino de Flandes).
Las características principales de esta protoindustria las constituyen:
Alrededor de 1770 se producen "revoluciones" en todos los sectores, dando lugar a nuevas estructuras de la economía.
La transformación agraria
Al mismo tiempo que tiene lugar en Inglaterra la
revolución industrial, se produce en el país una
importante transformación agrícola que favorece,
además, la industrialización. Vamos a ver en
qué consisten estos cambios agrarios y cómo
influyen sobre la industria. En Inglaterra existían las
llamadas «tierras comunales». Se trataba de fincas
grandes no pertenecientes a persona
determinada, sino que eran propiedad de
alguna comunidad: aldea,
pueblo o ciudad cuyos vecinos se aprovechaban gratuitamente de
ellas. Estas tierras comunales solían estar dedicadas a
pastos o a bosques, y permitían vivir a los más
menesterosos: cualquier habitante del pueblo podía llevar
su ganado a pastar en la tierra comunal y, de la misma manera,
cualquier vecino, también gratuitamente, podía
recoger leña del bosque común, bien para su uso,
bien para convertirla en carbón y venderla
después.
A mediados del siglo XVIII, esta situación cambió. El gobierno publicó una ley por la que se suprimían las «propiedades comunales». Así, estas tierras, que hasta entonces habían pertenecido a los pueblos, fueron sacadas a pública subasta y compradas por los más ricos: nobles u opulentos burgueses. El resultado, desde el punto de vista social y humano, fue desastroso: los campesinos pobres y los jornaleros sólo podían sobrevivir gracias a las «fincas comunales»; como ahora han desaparecido, no tienen más remedio, para no morir de hambre, que dejar el campo y trasladarse a la ciudad para trabajar como obreros en las nuevas fábricas que en esos momentos se estaban levantando.
El papel de la agricultura.
Aunque no esté claro en que medida la revolución de
la agricultura contribuyó a la industrialización
quizás esta no se hubiera producido sin una
modernización de aquélla. En esta línea
deberíamos considerarla una precondición, al menos
los datos
demográficos así parecen demostrarlo. Entre 1751 y
1821 se duplicó la población de Inglaterra y Gales.
Si la agricultura no hubiera respondido al desafío, con
déficit de alimentos hubieran faltado recursos para la
industrialización. Así se comprueba en los
países actuales del Tercer Mundo, cuya incapacidad para
aumentar la producción agrícola y alimentar una
población creciente hace imposible el despegue
industrial.
La denominada revolución agraria fue en gran medida un fenómeno de progreso técnico: irrigación, rotación de cultivos, abonos, maquinaria. El aumento de la producción, especialmente de los cereales con la extensión del maíz, permitió el abastecimiento de las grandes urbes; el crecimiento fantástico de Londres requería la potenciación de su hinterland agrícola. Sin excedente alimentario todas las energías se hubieran orientado hacia la subsistencia, como ocurre en la actualidad en los países subdesarrollados.
En segundo lugar la elevación del precio de los cereales y el aumento de los ingresos de las familias campesinas generó una capacidad de compra en las regiones rurales, configurando un voraz mercado interior, en una época en la que el mercado exterior resultaba inseguro ante la serie de conflictos bélicos que se iniciaron con la independencia americana y continuaron con la revolución francesa y las guerras napoleónicas. Sin mercado no existe producción, y el mercado británico se amplió en primer lugar gracias a los beneficios de la revolución agrícola. Pero tampoco existe producción industrial sin capitales, y estos procedieron en gran medida del campo, de la acumulación generada por la coincidencia de las elevadas cosechas y de los precios altos. Finalmente la renovación de las técnicas de trabajo agrícola con la introducción de arados y trilladoras redujo la necesidad de personas en el campo, con lo que se facilitó a los centros industriales la mano de obra imprescindible.
La demografía histórica
A mediados del siglo XVIII la población del mundo era de
unos 750 millones de habitantes; doscientos años
después alcanzaba los 3.000 millones. En dos siglos su
aumento había sido mucho más acusado que en los
10.000 años anteriores. ¿Qué interés
ofrece para el historiador este aumento espectacular del
número de hombres? ¿Hubiera podido crecer de esta
forma el censo de la humanidad de no haberse producido
simultáneamente un incremento en la producción de
alimentos, y en el ritmo de fabricación de utensilios y de
vestidos mediante el uso de máquinas? La expansión
de la población se presenta unida a la revolución
agrícola y a la revolución industrial. Por otra
parte, una sociedad más numerosa es una sociedad
más complicada. Estos hombres se desplazan; las
migraciones contemporáneas son el resultado tanto de la
revolución del transporte como del aumento de la
población. Incluso en la política aparecerán
fenómenos de masas en la base de ideologías como el
fascismo.
Revolución industrial, colonialismo y
descolonización, sociedad de masas, revolución de
los transportes, procesos todos
cardinales en la historia contemporánea, aparecen ligados
al incremento demográfico.
Pero no interesa sólo el número de los hombres al historiador; el porcentaje de los que trabajan (población activa), el de los jóvenes y niños, la intensidad de las migraciones, los índices de natalidad, nupcialidad y mortalidad, las causas que alteran estos índices, son datos que retratan múltiples aspectos de una sociedad. Ha nacido una rama de estudios históricos, la demografía histórica.
Aunque ya en Montesquieu aparece la preocupación por el número de los hombres, la figura más destacada del pensamiento demográfico, cuando el incremento de población comienza a llamar la atención de pensadores y escritores, es el inglés Malthus. La primera edición de su Ensayo sobre la población aparece en 1798; la edición de 1803, tras varios viajes por Europa, incorpora los datos del censo inglés de 1801. Malthus asegura que el ritmo de aumento de la población es superior al de los alimentos; la población crece en progresión geométrica y los alimentos en progresión aritmética; el horizonte de la humanidad es el hambre. Sus juicios sociales son extremadamente reaccionarios: "el pobre tiene derecho a ser alimentado como el derecho de vivir mil años", "los obreros se casan con una ligereza inexcusable". Prescindiendo de este aspecto de su obra, su planteamiento estadístico ejerció una notable influencia durante todo el siglo XIX. Muchos pensadores la siguieron fielmente, así Ricardo y Stuart Mill; otros, Proudhon, Marx, Engels, la mayor parte de los escritores nacionalistas, y el obispo católico Dupanloup le criticaron con aspereza. En los últimos años del siglo aparecen estudios históricos sobre las enfermedades; se empieza a prestar atención sobre las causas y los frenos del crecimiento demográfico.
Algunos de los grandes historiadores del siglo XX, Simiand, Labrousse, Goubert, han estudiado la relación alimentación-población; en Francia e Inglaterra se editan revistas dedicadas exclusivamente al tema de la demografía histórica, a sus fuentes y a sus métodos ("Population", "Population Studies").
Crecimiento de la población
7A la par con los procesos de
industrialización, expansión del comercio y
mejoramiento de los sistemas agrarios, en casi toda Europa
explotó la llamada revolución demográfica o
aumento masivo de la población, que pasó a ser uno
de los fenómenos más interesantes de la historia
contemporánea.
En Inglaterra, el número de habitantes se elevó de cuatro millones con que contaba en 1600, a seis millones en 1700; a fines del siglo XVIII alcanzó nueve millones. La población francesa subió de 17 millones a 26 millones entre 1700 y 1800.
Un clérigo inglés, Thomas Malthus, que dedicó gran parte de su tiempo a estudiar este fenómeno, llegó a la conclusión, en 1798, que la población aumentaba en progresión geométrica (1, 2, 4, 8, 16, 32 ...), mientras que la producción de los medios de subsistencia sólo crecía en progresión aritmética (1, 2, 3, 4, 5 ...) Como Malthus pensó que esta ley era inalterable, el futuro de la Humanidad estaría señalado por el hambre y la miseria.
El crecimiento de la población de Europa es uno de los hechos capitales de la historia de los dos últimos siglos; la emigración de los europeos a otros continentes hizo surgir "nuevas Europas". Este aumento demográfico de Europa es claro: 187 millones en 1800, 401 millones en 1900, aumento conseguido a pesar de la intensidad de las migraciones. Crecen deprisa los continentes que reciben población europea –las dos Américas, Australia-, más despacio los otros. En Europa el aumento se señala de forma clara en cuatro naciones:
El caso inglés es notable, porque su incremento, superior a la media europea, se produce a pesar de la salida de 17 millones de emigrantes. Aumenta la producción de los países con cambio social (Rusia –emancipación de los siervos-), con revolución económica temprana (Inglaterra –revolución industrial-), con proceso político fundamental (Alemania e Italia –consiguen su unidad nacional). Por otra parte, detrás de estas cifras escuetas, se agazapan procesos sociopolíticos importantes. El incremento de población posibilita en Rusia su expansión territorial, que culmina en la colonización de Siberia; es la base de su paneslavismo, de sus reivindicaciones sobre el espacio balcánico; se convierte en un factor más de tensiones internas, mientras mantiene una estructura agrícola arcaica. En Inglaterra permite la formación de un imperio dilatado, que suaviza las posibles tensiones interiores que el aumento de población en un territorio limitado hubiera despertado. En Alemania provee de mano de obra abundante para una industrialización que se efectuó de modo rápido, y, ya en el siglo XX, es un argumento de expansión para los pangermanistas. En Italia, que llega tarde al reparto colonial del mundo, el argumento demográfico se esgrimirá por los nacionalistas para formular la necesidad de colonias. Muchos rasgos específicos de algunas naciones no pueden explicarse prescindiendo de los procesos demográficos, aunque debemos evitar la tentación simplificadora de otorgar al factor población una importancia exclusiva.
A escala europea
este crecimiento no es continuo a lo largo del siglo. Podemos
distinguir cuatro fases:
1ª Hasta 1820. Es una fase de alza, a pesar de las guerras
napoleónicas; se produce un impulso demográfico de
compensación, y desde 1814 la población aumenta en
casi todas las naciones.
2ª 1820-1850. Tendencia a la parálisis e incluso a la
contracción, por la crisis
económica. Es época de precios bajos y de agudas
crisis agrícolas. Ya en los últimos años
comienza la expansión, quizás como uno de los
efectos de la revolución industrial.
3ª 1850-1880. Fase de prosperidad y de cambios sociales,
como la liberación de los siervos rusos. El incremento de
la población es notable.
4ª 1880-1914. Hasta 1896, aproximadamente, algunas crisis
agrícolas y la intensidad de la emigración, frenan
el avance; luego continúa de forma lenta, por el descenso
de la natalidad y el consiguiente envejecimiento de la
población.
Causas de la revolución demográfica del
siglo XIX
Los historiadores consideran que esta explosión
demográfica no fue el resultado de un cambio sustancial en
la tasa de natalidad (índice de nacimientos). Entre 1740 y
1830, la tasa de natalidad varió muy poco. Fue un descenso
de la mortalidad lo que hizo que se incrementara la
población. Muchas influencias actuaban en ese entonces
para reducir este índice. Al introducirse el cultivo de
tubérculos, se pudo alimentar mayor cantidad de ganado
durante los meses de invierno y así se pudo surtir a la
gente de carne fresca durante todo el año. La
sustitución de algunos cereales inferiores por el trigo, y
el aumento en el consumo de legumbres, aumentó la resistencia
contra las enfermedades. Niveles
más altos de limpieza personal, aunados
a más jabón y ropa interior de algodón
más barata, disminuyeron los peligros de infección.
El uso de ladrillos, pizarra y piedra como materiales de
construcción, en lugar de paja y madera de chozas y casas
de campo, redujo el número de epidemias.
Las ciudades más importantes, que comenzaban a recibir grandes cantidades de campesinos atraídos por la mecanización de algunas actividades, vieron sus calles pavimentadas, fueron dotadas de alcantarillado y de agua; se desarrolló la medicina, aumentaron los hospitales y se puso más atención a la destrucción de basuras y al adecuado entierro de difuntos.
Factores de la revolución demográfica.
El factor clave del crecimiento de la población europea
parece ser el descenso muy acusado de la mortalidad, descenso que
se percibe ya en los primeros años del siglo. Los dos
países de los que poseemos datos más fiables son
Inglaterra, cuyo índice de mortalidad en 1800 y 1900 es
respectivamente 26.9 %º y 18.2%º, y Francia, cuyos
índices se reducen del 27.7 %º a 20.1 %º. Los
progresos en la medicina y en la
higiene son
las causas fundamentales, aunque no únicas de este
descenso.
Los jalones claves en la medicina científica se señalan en la invención de la vacuna contra la viruela por el ingles Jenner (1796), que inicia la era de la medicina preventiva y la lucha final contra una enfermedad epidémica temible. El conocimiento de los agentes provocadores de las enfermedades, con el nacimiento de la microbiología (Pasteur, Koch), y la introducción en la cirugía de la anestesia parcial (1846) y la antisepsia (1867). La higiene experimenta una renovación no menor con el abastecimiento de agua potable a las ciudades, los servicios de limpieza en las calles y la generalización del aseo personal (ropa interior, jabón, etc.).
Pero subsisten como frenos obstáculos ancestrales, sin los cuales el crecimiento numérico de los europeos hubiera sido mucho más rápido. ¿Cuáles son estos frenos?
Para los sectores obreros fue un factor adicional, que mantuvo alta la mortalidad, la mala calidad de vida, las condiciones difíciles de trabajo y la alimentación insuficiente. De ahí que se haya hablado de "desigualdad ante la muerte"; existe una mortalidad diferencial de cada clase social.
Si todos estos obstáculos impiden que la mortalidad baje más acusadamente, el descenso de la natalidad es otro freno en la carrera demográfica. La tasa inglesa pasa de un 37.7 %º a un 29.9 %º. En Francia el descenso es más acusado, de un 32.9%º a un 22.4%º. Factores culturales y psicológicos inciden en este proceso. La reducción de la natalidad se hace más acusada en los últimos años del siglo y evita un aumento todavía más espectacular de la población mundial.
Las migraciones. Del campo a la ciudad - Éxodo
rural
El siglo XIX protagoniza intensos desplazamientos de la
población, en relación con dos procesos: la
revolución industrial, que provoca el trasvase del campo a
las ciudades en primer lugar, y que permite, por la
innovación de los transportes, los traslados intra e
intercontinentales; y el colonialismo, que estimula la
ocupación de nuevas tierras en otros continentes menos
poblados y menos desarrollados.
Nos encontramos en primer lugar con una disminución de la población rural. Refleja el paso de una economía predominantemente agrícola a una economía predominantemente industrial. La industria, concentrada en las ciudades, reclama una mano de obra abundante; el artesano rural no puede resistir la competencia de las fábricas; los artesanados se constituyen en los primeros emigrantes. Más tarde, la revolución agrícola permite, al introducir en el trabajo de la tierra las máquinas, reducir el número de los campesinos, cuyos excedentes pasan a engrosar las masas de obreros industriales urbanos. En el ritmo de abandono de los campos influyen factores geográficos, jurídicos, políticos. Las montañas, más pobres, se vacían antes que las llanuras; las regiones de pequeños propietarios retienen con más fuerza a los campesinos que las de grandes propietarios, en las que el campesino es simplemente un bracero que desea buscar nueva vida; en ocasiones, una decisión política retiene o incluso atrae a los campesinos, es el caso de colonización de las Landas francesas. El ritmo es irregular, una crisis agraria lo acelera, como ocurrió en el hambre irlandesa de los años 40.
Los ferrocarriles ejercieron una fuerte influencia en estos desplazamientos. Por una parte facilitaban los retornos estacionales, por otra suscitaron un impacto psicológico, una fiebre de viajes, que debilitó las tradiciones de apego a la tierra. Y multiplicaron los puntos de destino. Sin ferrocarriles los campos hubieran podido retener más eficazmente a sus habitantes.
Las ciudades crecieron desordenadamente a fin de dar cabida a la gente que emigraba de los campos y se instalaba allí para trabajar en las fábricas. La mayor parte de las calles no tenían pavimento, y la luz, el agua y los alimentos eran escasos. Las viviendas se amontonaban en estrechos y malolientes callejones, y cada barrio era un basural. No fue extraño, entonces, que bajo tan tristes condiciones la tuberculosis y las epidemias hicieran estragos en barrios populares. Hombres, mujeres y niños trabajaban de 12 a 15 horas cada día, en locales insalubres y con escaso salario. Algunas fábricas empleaban niños huérfanos, menores de 14 años.
Las migraciones intercontinentales
Entre 1800 y 1930 abandonan el continente europeo unos 40
millones de personas; es un proceso de expatriación sin
precedentes en la historia. Inglaterra, con 17 millones de
emigrantes, encabeza la tabla de países proveedores de
hombres; Italia, con nueve, y Alemania, con seis millones, la
siguen en importancia. De los países receptores ocupa el
primer lugar, con amplia ventaja, Estados Unidos, a donde llegan,
desde los primeros años del siglo XIX hasta el año
1922, 38 millones de inmigrantes, a los que hay que sumar los que
pasan desde el Canadá. El colosal despliegue territorial y
económico de los Estados Unidos se basa en esta constante
aportación de europeos. Canadá, Australia, América
del Sur, Siberia, son zonas a donde los inmigrantes acceden en
número notable.
La lengua señala en muchos casos las líneas de desplazamiento. Ingleses e irlandeses prefieren emigrar a América del Norte; portugueses y españoles lo hacen casi en su totalidad a América del Sur.
Las causas son diversas. Se ha señalado como espoleta la noción de presión demográfica: emigran los habitantes de países superpoblados, como Inglaterra o Alemania, y concretamente los de regiones y zonas cuya densidad de población, en relación con el número de puestos de trabajo o de nivel de producción de alimentos, es excesiva. Pero parecen influir no sólo las circunstancias del país emisor sino también las del país receptor.
Indudablemente las motivaciones económicas han
jugado en todo momento un papel decisivo. Las masas rurales y
artesanas, agobiadas en los momentos de crisis, han intentado
buscar una nueva vida lejos de la patria. H. Jerôme ha
demostrado la influencia de los ciclos económicos sobre la
emigración a los Estados Unidos. En el flujo de europeos
hacia otros continentes ha actuado unas veces una crisis
agrícola europea, como la de 1847; otras veces una
circunstancia excepcional, como los hallazgos de oro en
California, en Australia o en África del Sur.
La situación geográfica es otro factor clave. Los
rusos emigran hacia Siberia; los latinos hacia América;
los países marítimos del Oeste europeo, Portugal,
España, Inglaterra, encuentran muchos estímulos
para lanzarse a través del océano.
Los factores políticos no deben ser olvidados. Algunos
estados pusieron trabas a la emigración de sus hombres;
otros, ansiosos de establecer un imperio colonial, lo
estimularon. A finales del siglo salían 300.000 ingleses
cada año, hacia las colonias. Los habitantes de
Alsacia-Lorena que en 1871 optaron por la nacionalidad francesa,
al ser ocupados estos territorios por Alemania se trasladaron en
masa a Argelia. En cambio no han influido apenas los motivos
religiosos, con la excepción de los judíos de
Europa central, que, al ser perseguidos, pasaron a Inglaterra y
después a los Estados Unidos, para constituir la poderosa
comunidad
judía norteamericana.
Para los países europeos las consecuencias no fueron visibles más que en casos especiales. Irlanda tenía en 1835 ocho millones de habitantes; entre 1845-50 perdió casi dos millones, de los cuales más de la mitad emigraron a Norteamérica. Al ser los emigrantes jóvenes y varones, se produce un envejecimiento de la población y una superpoblación femenina, doble obstáculo en los años siguientes para la recuperación demográfica del país. Para Irlanda la emigración fue una sangría; en cambio para Inglaterra fue la base de su poder mundial.
La intensidad de la emigración europea fue creciente a lo largo del siglo. Proceso poco acusado hasta 1845, comenzó a adquirir volumen a partir de las crisis económicas y políticas de los años 1846 a 1848, aumentó notablemente desde 1880, cuando se intensifica la emigración alemana y se reparte el continente africano, y adquiere un volumen espectacular en los primeros años del siglo XX, hasta 1914. La Primera Guerra Mundial pone un freno casi definitivo a esta difusión europea por todos los continentes.
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