Durante varios años, los periodistas John Miclethwait y Adrian Woodridge se dedicaron a estudiar a fondo, y desde diferentes ángulos diversos aspectos del fenómeno globalizador. El resultado de estas reflexiones, fruto de numerosos análisis, encuestas, entrevistas, revisión de datos y cifras, fue recogido en su libro A Future Perfect: The Chalenge and hidden promise of Globalization.
En este texto, los dos corresponsales de The Economist llegan a la conclusión de que existen cinco mitos formulados en torno a la Globalización. Intentemos sintetizar estos hallazgos, con el fin de entender mejor algunas de las criticas o cuestionamientos inmanentes a la propia globalización.
A. El tamaño es fundamental.
Durante todo el siglo XX la noción de talla tuvo una importancia singular, se diferenció entre la gran empresa, la mediana y la pequeña. El sueño empresarial consistía en más; de hecho, como bien lo expresa Stephen Vincent: "La idea de progreso es más: más altura, más extensión, más potencia, más velocidad, más producción, más ventas."
Buen reflejo de esta asimilación entre éxito y talla, lo constituyen las sedes corporativas de las grandes empresas, a mayor importancia mayor altura del edificio sede de la casa matriz, lo augusto produce respeto, parecen decir sus presidentes ejecutivos.
Nuestros investigadores confirman que:
"Hay una variedad de formas mediante las cuales la Globalización misma reduce el poder de las grandes compañías... Las firmas pequeñas tienen menores costos que sus inmensos rivales, tales como oficinas centrales razonables o una línea de gerentes medios más reducida. La desregulación de los mercados de capital ha hecho cada vez más fácil la adquisición de dinero por parte de las pequeñas empresas; la disponibilidad de información tecnológica, por su parte, ha hecho todo más fácil; y el decrecimiento de los costos de transporte ha convertido al mundo entero en un mercado."(12)
Sin embargo, no dejan de reconocer que en determinadas ramas industriales como la aeroespacial, la talla es decisiva. Igual ocurre en el sector automotor, en el que los costos de innovación en diseño y seguridad son cada día barreras de entrada y de salida innegable e insuperable para los competidores.
Durante la pasada década las fusiones empresariales fueron las protagonistas de las páginas de negocio de los periódicos y de las revistas especializadas. En su edición del 7 de Febrero del 2002, el diario El Nacional de Venezuela, refiriéndose a una de la fusiones más comentadas y discutidas del fin del siglo pasado, la de Daimler-Benz con Chrysler, que dio origen a la empresa DaimlerChrysler, señalaba que la empresa, en el año 2001, perdió 589 millones de dólares americanos. La información señalaba además que:
"Daymler Chrysler está en proceso de reestructurar su unidad estadounidense Chrysler, que se vio afectada por la recesión y una fuerte competencia... Además, el miércoles la empresa ahuyentó a los inversores, al admitir que no cumplirá con sus objetivos de ganancias de 2002 y recortará a su dividendos por primera vez desde la fusión de 1998 entre la alemana Daimler y la estadounidense Chrysler."
En relación con las consecuencias de estas fusiones entre empresas en el extranjero, Miclethwait y Wooldrige señalan que paradójicamente "mientras mayor es el número de fusiones, mayor es el número de fracasos", y expresan que una serie de estudios académicos realizados sobre las fusiones han concluido que:
"Aproximadamente dos de cada tres fusiones no funcionan; los únicos ganadores son los accionistas de la compañía adquirida, quienes reciben por sus acciones más de aquello que posteriormente se confirma que valían."(13)
Por otra parte, añaden que las fusiones realizadas con el objeto de diversificar el tipo de negocios han fracasado todavía más estruendosamente, y citan los ya conocidos ejemplos de lo ocurrido con algunos de los "chaebol" coreanos: Daewoo, Samsumg.
Finalmente, los autores comentados enfatizan que en las fusiones entre empresas originarias de diferentes países, la situación es todavía más compleja, puesto que los elementos de la cultura corporativa de cada una de las fusionadas, juegan un papel inesperado y preponderante en la dinámica de actuación de la nueva compañía creada luego de la fusión.
En síntesis, para los autores, el asunto del tamaño de la empresa, la talla empresarial promovida especialmente por la fusión de empresas, o mejor dicho, por la integración horizontal, no ha producido¾ desde el punto de la Globalización: mayor presencia e integración de mercados¾ todos los resultados esperados, ni satisfecho tampoco las expectativas generadas.
B. El triunfo de los productos universales
En su célebre artículo publicado en la Harvard Business Review, Theodore Levitt sostenía que:
"La tecnología está produciendo una nueva realidad comercial, la emergencia de mercados globales en una escala imprevista en cuanto a su tamaño y magnitud." (14)
De esta forma, la Globalización preconizaba el triunfo inequívoco de productos universales que serían comprados y utilizados por consumidores de todo el mundo, con total prescindencia de elementos personales, condicionantes culturales, religiosos o regionales. Sin embargo, la propia realidad se ha encargado de desmentir esta pretensión que tenía en Mercedes-Benz, BMW o Sony sus mejores expresiones de los productos universales. Según los autores comentados, el comportamiento real de los consumidores ha creado situaciones como las siguientes:
Como reacción a esta victoria relativa de los productos mundiales propios de los mercados globales, los planificadores y gerentes comerciales de las grandes empresas globalizadas están realizando esfuerzos para segmentar los clientes y no sólo los mercados, que suponían innecesarios de segmentar, dado su carácter global. De allí que sea cada vez más cierto el eslogan: "actúa global, piensa local." Las grandes empresas deben resolver tres grandes paradojas: ser locales y mundiales al mismo tiempo, pequeñas y grandes según el asunto que motiva su actuación, centralizadas parte del tiempo y descentralizadas la mayor parte del mismo.
C. La Economía debe ser re-escrita
Para los globalizadores a ultranza, la Vieja Economía, a la luz de los nuevos avances de las tecnologías de información y comunicación, y otras innovaciones tecnológicas, dejó de tener vigencia y sentido. Muchos analistas sostienen que la llamada Nueva Economía, es decir, aquella particular realidad definida, en primer lugar, por el uso intensivo de la Internet-la red de redes- aplicada a los negocios y, en segundo lugar, por la creación de un mercado de valores de referencia- el Nasdaq y otro conjunto de nuevos mercados bursátiles en diferentes países del mundo- para efectuar las transacciones bursátiles de un conjunto de empresas que no poseen activos físicos relevantes, y cuyas acciones se cotizan y valoran en función de parámetros intangibles como son: el conocimiento, la información, la innovación, en fin, la inteligencia y el talento aplicados a la creación, producción, mercadeo y distribución de productos (bienes o servicios) que implican el uso de altas tecnologías, es la responsable del incremento de la productividad y del crecimiento del Producto Interno Bruto obtenido por los países industrializados y, por los EEUU, en particular.
Sin embargo, con atinado criterio, Miclethwhait y Woolridge sostienen que el argumento, según el cual, la tecnología, y en especial la Internet, revolucionó la productividad de la economía norteamericana y cambio el límite de velocidad al que venía creciendo, debe ser examinado también a la luz de otras circunstancias políticas y económicas. Ambos autores confirman que las empresas americanas han invertido en tecnología, sin embargo, la inflación ha sido baja, y al mismo tiempo han disfrutado durante un largo período de un dólar fuerte, de servicios públicos baratos, abundancia de mano de obra generadora de una importante demanda de bienes y productos. Para los autores, la paradoja de la Nueva Economía radica en que, a pesar de la colosales inversiones en tecnología por parte de las empresas norteamericanas durante las dos últimas décadas del pasado siglo, la productividad americana creció por debajo de la obtenida después de la Segunda Guerra Mundial: 3.4%.
A la luz de estas reflexiones y evidencias, Micklethwhait y Wooldridge, no sin ciertas dudas, se preguntan sí las ganancias en productividad se obtuvieron entonces exclusivamente en un número limitado de empresas de alta tecnología: las "high-tech" industries, o sí no será más bien que la tecnología no genera tanta productividad como sustentan los defensores de la Revolución tecnológica.
Finalmente, ambos autores sentencian:
"Permanecemos un tanto escépticos acerca de sí la Internet se convertirá en un paradigma, en un punto de referencia obligado para la humanidad, que pueda compararse con la introducción de la electricidad o con la llegada del motor a combustión."(16)
En este mismo orden de ideas, es conveniente recordar que para Michael Porter, la innovación debe ser entendida en sentido amplio, cubriendo el espectro que va desde la innovación tecnológica propiamente dicha hasta las nuevas formas de administración, gerencia o mercadeo. Coherentemente con esta acepción extendida de innovación, Porter, al igual que los autores precedentemente citados, advierte contra la tentación de basar exclusivamente los aumentos de productividad y competitividad en la Revolución Tecnológica, en las innovaciones producto de las tecnologías, y, más particularmente, de las TIC.
Peter Druker, a sus 91 años de edad y después de más de 50 reflexionando sobre temas gerenciales, en una entrevista que reprodujo El Nacional de Venezuela el 29 de Octubre de 2001, refiriéndose a la Nueva Economía, y en especial a la Internet, comentó lo siguiente:
"... La percepción pública puede confundir el tamaño con la importancia. Estas dos cosas tienen muy poco que ver entre sí. La Internet tiene una importancia tremenda, pero su dimensión económica es meramente marginal. También existe la percepción de que el tamaño es igual al desempeño. Durante el auge de la Internet, se arguyó que la Internet era importante, entonces también era rentable. Pero no fue así. La rentabilidad de la Internet como negocio o industria es dudosa. Pero su impacto es increíblemente inmenso..."
Sin embargo, no todo parece ser tan realista, por no decir pesimista, Orit Yadiesh y Dan Haas, en artículo publicado en El Nacional de Venezuela, el viernes 7 de Septiembre de 2001, con un criterio un tanto diferente a los expuestos, reconocían:
"No ha habido una revolución del comercio electrónico y las reglas del negocio siguen siendo más o menos las mismas. Entonces, ¿quiénes serán los verdaderos ganadores de la era de Internet?. Serán las compañías que trabajen para aplicar Internet a los activos a fin de no sólo crear una mayor eficiencia, sino también una nueva ventaja competitiva. Asimismo, serán las compañías que refuercen las poderosas posiciones estratégicas en áreas en las que ya prevalecen y producen beneficios sustentables. Y eso depende en gran medida de la habilidad de una compañía para hacer avanzar su compresión sobre sus puntos fuertes, más allá de la perspectiva tradicional del balance general, hacia el área de sus activos intangibles, es decir, sus redes, sus bases de información, sus marcas y su participación en el mercado. Esta compresión, aunada con el poder galopante de la Internet, será la clave para desatar la fuerza y las posibilidades productivas de la corporación en la era de Internet".
D. La Globalización es un "juego suma cero"
Quizás este mito sea uno de los que más motiva protestas y desencantos en relación con los beneficios de la Globalización, es decir, que al final todo suma cero, no hay ganadores ni perdedores, lo cual por supuesto, no es absolutamente cierto, y mucho menos en relación con el empleo, tal como lo veremos en su oportunidad.
Regresemos a la argumentación y opiniones de Micklethwait y Wooldrige sobre este particular. Los autores recuerdan que:
"La idea según la cual la integración económica es un "juego suma cero" impregna el pensamiento antiglobalizador sobre todo lo que tenga que ver con un comercio libre y justo, con sus puestos de trabajo, con la relación entre países ricos y pobres."(17)
Y ciertamente, en este aspecto, la realidad es contundente, la Globalización "no suma cero"; el empleo que se pierde en un país no necesariamente se sustituye por otro; sectores enteros de una actividad económica son desplazados de un país a otro por razones de costos de mano de obra, produciendo una secuela de desempleados con los inevitables efectos sobre el entorno familiar y regional; los países que predican el libre flujo de mercaderías, la absoluta libertad de comercio entre naciones, son los primeros que establecen medidas económicas (tasas aduaneras, contingentamientos, cupos) con el fin de proteger alguna industria nacional en particular, como sucedió con la siderúrgica norteamericana y las correspondientes respuestas de la Unión Europea.
En el desarrollo del capitalismo, la geografía, esa que muchos llamaron aprovechamiento de las ventajas comparativas, desempeñó un rol fundamental en los países y en sus economías. En este sentido, bástenos simplemente citar al economista británico Jevons, quien, en 1865, había entendido que el "laissez faire" y un orden comercial abierto era redituable para un imperio que aprovechó la geografía y sus ventajas para hacer más feliz y próspera a la metrópoli británica. En este sentido, Jovens enumeraba:
"Las llanuras de Norteamérica y Rusia son nuestros maizales, Chicago y Odessa nuestros graneros; Canadá y el Báltico nuestros bosques madereros. Australasia contiene nuestras granjas de ovejas, y en Argentina y las llanuras occidentales están nuestras manadas de bovinos, Perú envía su plata, y el oro de Sudáfrica y Australia fluye hacia Londres; los indios y los chinos cultivan té para nosotros, y nuestras plantaciones de café, azúcar y especias están todas en las Indias. España y Francia son nuestros viñedos, y el Mediterráneo nuestro vergel, y nuestros campos de algodón, que durante mucho tiempo ocuparon los Estados Unidos sureños, se extienden ahora por todas las regiones cálidas de la tierra."(18)
Pero estas dicentes y orgullosas afirmaciones acerca de las ventajas de la localización geográfica, de las ventajas comparativas estáticas, son puestas en duda por un conjunto de analistas y empresarios que desvalorizan la noción de espacio económico, la geografía.
Para muchos de ellos, las llamadas zonas industriales, las áreas de desarrollo, los activos fijos, las plantas industriales, en fin, la geografía económica, salvo en lo que respecta a la ubicación de aquellos recursos naturales no sustituibles por la ciencia y la tecnología, dejó de tener sentido. Así, pregonan una pretendida desaparición de la geografía económica que implica una casi virtualización del proceso productivo. La Vieja Economía con sus plantas e instalaciones ubicadas en zonas perfectamente delimitadas, en áreas especialmente asignadas para determinada actividad económica, dejó para muchos, de tener vigencia. En otras palabras, las ventajas de la localización industrial ya no son tales, y no importa donde se fabrique o se produzca el producto, ya que la fuerzas de un nuevo mercado, virtual, por Internet, es capaz de influir sobre la Economía de tal manera que la geografía, la localización espacial, es un detalle menor, insignificante, propio de empresas dinosaurios, antidiluvianas, que pertenecen atadas a las viejas formas productivas, y a los tradicionales factores de la producción (tierra, trabajo, capital y tecnología).
Sin embargo, la realidad, incluso la propia del mundo de las denominadas empresas de alta tecnología, se ha comportado de manera diferente, y la geografía económica, modificada por nuevas empresas y nuevas actividades productivas, ha adquirido otra dimensión y otras latitudes, sin dejar de tener vigencia como concepto y realidad.
En efecto, la ciencia económica y administrativa registra el surgimiento de los llamados "clusters", es decir, de
"Concentraciones geográficas de compañías e instituciones interconectadas en un determinado campo que propician e incentivan a este grupo selecto de organizaciones a la competencia. Estos clusters incluyen, por ejemplo, a proveedores de insumos especializados (componentes, maquinarias y servicios) así como suplidores de infraestructura. Los clusters muy frecuentemente se extienden aguas abajo hasta los canales de distribución y los consumidores, y lateralmente hasta los fabricantes de productos complementarios, y hasta compañías relacionadas en términos de tecnología, habilidades o insumos comunes."(19)
Estos "clusters", de acuerdo con Michael Porter, no necesariamente se dan en el área estrictamente industrial o de servicios, pueden incluso incluir en "sus dominios geográficos" al gobierno y otras instituciones como universidades, agencias fijadoras de estándares, grupos de reflexión, proveedores de adiestramiento vocacional, asociaciones comerciales que ofrecen adiestramiento, educación, información, investigación y tecnología.
Sin embargo no son solamente los dos corresponsales del periódico The Economist quienes se interrogan acerca de las verdades y bondades de la Globalización; académicos de la Universidad de Princeton, entre los que se cuentan Paul N. Doremus, William W. Seller, Louis W. Pauly y Simon Reich, publicaron un libro titulado como este capitulo del nuestro: El mito de la corporación global. En este sesudo análisis, los investigadores nombrados llegan a la siguiente conclusión, luego de sus análisis:
"Este libro presenta una perspectiva diferente en contraste con las expectativas compartidas dentro y fuera de la academia, el libro encuentra evidencias de la decisiva influencia de las estructuras nacionales dentro del Estado de origen de las corporaciones líderes mundiales. Esas estructuras continúan ejerciendo un poder de influencia para eliminar la diversidad en las operaciones centrales (el "core") llevadas a cabo por esas corporaciones."(20)
Uno de los aspectos más relevantes llevados adelante por los movimientos antiglobalización es el relacionado con la ecología. Si bien es cierto que la destrucción del ambiente es un problema que no es propio del siglo XX, los antiglobalizadores se han adueñado de los efectos perversos que el hombre ha ejercido sobre la naturaleza, en esa visión judeo-cristina de órdenes y prelaciones, según la cual el hombre está por encima de todas las cosas y el mundo está para su servicio y disfrute. Recordemos que la ecología es aquella rama de la biología que estudia la relación de los seres vivos con el ambiente. El término ecología proviene de la unión de dos palabras griegas: Oikos (casa) y Logos (estudio). La disciplina surge a raíz de las investigaciones del biólogo alemán Ernst Haeckel (1834-1919).
En esta línea de pensamiento nada más conmovedor, y no tiene nada que ver con nuestros tiempos inmediatos, que las opiniones formuladas por el Jefe Indio Seatle, cuando, ante la oferta de Francklin Pierce, elegido Presidente de los Estados Unidos de América en el año 1853, para comprar un lote de tierra propiedad de los pieles rojas, su jefe Seatle responde lo siguiente al Gran Jefe Blanco:
"¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aún el calor de la tierra. Dicha idea nos es desconocida. Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas ¿cómo podrán ustedes comprarlos...? somos parte de la tierra y asimismo, ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; éstos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia."
Más contemporáneamente, Ignacio Ramonet sentencia:
"La globalización es también el saqueo de la naturaleza, el pillaje planetario, las grandes empresas privadas depredan el medio ambiente utilizando herramientas desmesuradas, esquilman las riquezas naturales que son el bien común de la humanidad, y lo hacen sin escrúpulos y sin freno". (21)
Fruto de una permanente e indiscriminada actividad depredadora sobre el ambiente, sobre los recursos naturales, en general, desde hace más de treinta años, diferentes, organizaciones no gubernamentales, organismos multilaterales ad-hoc, han venido celebrando acuerdos, firmando manifiestos, evidenciando, en fin, el deterioro que, en diversos grados y circunstancias, ha venido sufriendo el planeta tierra. En este orden de ideas, el Fondo Mundial para la Naturaleza ( W.W.F., por sus iniciales en inglés) denunció que la especie humana está usando la tierra un 30% más de lo que el planeta puede soportar sin sufrir serios prejuicios.
En el Living Planet Report (Informe del Planeta Viviente) que evalúa la situación del ambiente en el mundo, el organismo destaca que el tipo de civilización predominante está obligando al planeta a trabajar mucho más allá de su capacidad y que los resultados son la deforestación, el cambio climático y la disminución de los recursos pesqueros.
Atendiendo a estas innegables realidades, se ha acuñado así la noción de desarrollo sostenible, sobre el que parece existir un consenso mundial generalizado. Kennedy Graham en su interesante compilación The Planetary Interest, propone cinco ideas básicas para concretar efectivamente el interés planetario. En este sentido, afirma:
Para el llamado movimiento ecologista, lo fundamental radica en:
"Mantener el volumen de extracción humana y emisiones en estrecho balance con las capacidades regenerativas de la naturaleza."(23)
De esta forma, un desarrollo sostenible que incluya una clara visión ecológica y un confirmado interés por la preservación del ambiente, es visto como uno de los desafíos más significativos de la Globalización. Cuatro son los desastres ecológicos que, a veces con poca justicia, le son achacados exclusivamente a la Globalización.
A. El cambio climático.
Existe absoluta conciencia de que el planeta se ha venido calentando en los últimos siglos; no existe, empero, unanimidad entre la comunidad científica para establecer una relación directa y proporcional entre el efecto invernadero y el calentamiento mundial.
En efecto, los protectores del medio ambiente afirman que éste se está transformando de forma inequívoca por efecto de los gases invernadero y que será inevitable un aumento gradual de la temperatura del planeta, con sus consiguientes secuelas de daños y catástrofes. Por el contrario, científicos más escépticos y los propulsores del "laissez faire" en materia económica, sostienen que no puede, ni debe, limitarse el crecimiento productivo y no están de acuerdo con la injerencia de los gobiernos o de las dependencias técnicas de las Naciones Unidas en el establecimiento de normas o acuerdos que perturben la manera de hacer negocios y la forma en que viven los individuos.
Sin embargo, a pesar de estos puntos de vista disímiles y encontrados, existe conciencia acerca de que:
"Los cambios progresivos del clima planetario que ocasionarían las crecientes emisiones de gases provenientes de la mayoría de las actividades industriales, agrícolas y domésticas, es uno de los retos más importantes que deberá afrontar la humanidad en el transcurso de las próximas décadas. La alteración de los procesos que tienen lugar en la atmósfera para disipar y absorber la energía calórica, por la presencia de los gases emitidos, puede conducir a un incremento de la temperatura media mundial del planeta en el siglo XXI. Como consecuencia se producirán extensas inundaciones por la elevación del nivel del mar, sequías y deterioro de suelos fértiles que ocasionarían la pérdida de productividad de ciertos cultivos, así como variaciones en el equilibrio de numerosos ecosistemas, cuya magnitud es difícil de anticipar."(24)
Los principales causantes de este efecto invernadero son variados. En efecto, el experto ambientalista Juan Carlos Sánchez continúa explicando: el gas de efecto invernadero de mayor abundancia e influencia en el clima es el vapor de agua presente en la atmósfera, producto del equilibrio natural existente entre la evaporación del agua en el planeta y las lluvias. A diferencia del vapor de agua, los otros gases de invernadero tienden a acumularse en la atmósfera. Este es el caso del CO2 o dióxido de carbono que representa, aproximadamente, un 0,03% del volumen atmosférico. Además del CO2, el metano (CH4), el óxido nitroso (N2O), los clorofluorocarbonos (CFCs) y otros gases sintéticos utilizados por algunas industrias, también contribuyen al efecto invernadero. Esta serie de gases, aunque se emiten en menor proporción que el CO2, tienen mayor capacidad para irradiar calor y, por tanto, también deben tomarse en cuenta en la evaluación del problema.
Existe plena conciencia de la utilidad y conveniencia de la existencia de estos gases invernaderos, éstos ayudan a que la tierra mantenga temperaturas adecuadas para la vida en todas sus manifestaciones. De no ser así, los ecosistemas y la vida no podrían subsistir, ya que sin esos denominados gases invernaderos, la superficie del planeta tendría una temperatura 30°C más fría y seria, en consecuencia, un planeta desierto y sin vida. Por otra parte, diversos estudios científicos, realizados en Estados Unidos de América y en el Reino Unido, indican que el planeta se ha calentado en 0,6 grados en el último siglo. Se calcula que para el año 2050, la temperatura habrá aumentado de 0,9 a 2,6 grados centígrados y en el 2080 de 1,2 a 3,9 grados. La temperatura media de la Tierra crecerá durante el siglo XXI entre uno y 3,5 grados centígrados, lo que supondrá el mayor cambio climático ocurrido en los últimos 10.000 años. En ese mismo estudio de las Naciones Unidas se comenta que, en el siglo XXI, el nivel de los océanos aumentará entre quince y noventa y cinco centímetros, en parte debido a la destrucción de glaciares, lo que causaría inundaciones sin parangón.
Estudios realizados en centros de investigación y análisis climáticos llaman la atención, en especial, sobre algunos de estos gases, cuyo incremento viene afectando el clima e incidiendo sobre el efecto invernadero:
"Los combustibles energéticos se utilizan para generar energía eléctrica, fabricar combustibles automotores y elaborar un sin número de productos de amplio consumo. Actualmente, el 88% de la energía consumida proviene de productos fósiles. Desde mediados del siglo pasado hasta el presente, la quema de estos combustibles ha arrojado al aire alrededor de 170.000 millones de toneladas de carbono. Hoy en día, se añaden unas 6.000 millones de toneladas diariamente a una tonelada de carbón por persona. Si las cosas continúan así, para el año 2010, los combustibles fósiles podrían agregar unos 10.000 millones de toneladas de carbono a la atmósfera."(25)
En lo referente a la deforestación, es conveniente recordar que en la Edad Media, los siervos de la gleba desbrozaban bosques con el fin de obtener terrenos cultivables y aumentar la productividad del trabajo agrícola. Sin embargo, en épocas más recientes, la industria y el crecimiento de las ciudades fue incorporando, mediante la quema y la tala indiscriminada, ingentes zonas plantadas de árboles y arbustos a las ciudades y a los cultivos intensivos. Los analistas ecológicos calculan:
"... que los árboles, los arbustos y el suelo del planeta contienen aproximadamente 2 billones de toneladas de carbono... La deforestación y los incendios de vegetación ocasionan que el carbono contenido en la plantas se libere al aire en forma de dióxido de carbono... no se sabe con certeza cuánto CO2 penetra en la atmósfera como resultado de la deforestación, pero se estima que puede representar entre 20 o 25% de las emisiones de dióxido de carbono por actividades humanas."(26)
Afortunadamente, de acuerdo con los mismos expertos, el océano juega un papel fundamental en el equilibrio del CO2 porque absorbe y emite grandes cantidades de este gas al aire.
En el presente gráfico se muestran, las cifras sobre países con mayor nivel de emisiones netas de gases invernadero, para la fecha tomada en cuenta en el Protocolo de Kyoto.
GASES INVERNADERO
|
País |
Rango |
CO2 |
CH4 |
CFC |
Total |
% del total |
|
EEUU |
1 |
540.000 |
130.000 |
350.000 |
1.000.000 |
17,6 |
|
URSS |
2 |
450.000 |
60.000 |
180.000 |
690.000 |
12,0 |
|
Brasil |
3 |
560.000 |
28.000 |
16.000 |
610.000 |
10,5 |
|
China |
4 |
260.000 |
90.000 |
32.000 |
380.000 |
6,6 |
|
India |
5 |
130.000 |
98.000 |
700 |
230.000 |
3,9 |
|
Japón |
6 |
110.000 |
12.000 |
100.000 |
220.000 |
3,9 |
|
R.F.A. |
7 |
79.000 |
8.000 |
75.000 |
160.000 |
2,8 |
|
Reino Unido |
8 |
69.000 |
14.000 |
71.000 |
150.000 |
2,7 |
|
Indonesia |
9 |
110.000 |
19.000 |
9.500 |
140.000 |
2,4 |
|
Francia |
10 |
41.000 |
13.000 |
69.000 |
120.000 |
2,1 |
|
Italia |
11 |
45.000 |
5.000 |
71.000 |
120.000 |
2,1 |
|
Canadá |
12 |
48.000 |
30.000 |
36.000 |
120.000 |
2,0 |
|
México |
13 |
49.000 |
20.000 |
9.100 |
78.000 |
1,4 |
|
Birmania |
14 |
68.000 |
9.000 |
0 |
77.000 |
1,3 |
|
Polonia |
15 |
56.000 |
7.400 |
13.000 |
76.000 |
1,3 |
|
España |
16 |
21.000 |
4.200 |
48.000 |
73.000 |
1,3 |
|
Colombia |
17 |
60.000 |
4.100 |
5.200 |
69.000 |
1,2 |
|
Tailandia |
18 |
48.000 |
16.000 |
3.500 |
67.000 |
1,2 |
|
Australia |
19 |
28.000 |
14.000 |
21.000 |
63.000 |
1,1 |
|
R.D.A. |
20 |
39.000 |
2.100 |
20.000 |
62.000 |
1,1 |
|
Nigeria |
21 |
32.000 |
3.100 |
18.000 |
53.000 |
0,9 |
|
Sudáfrica |
22 |
34.000 |
7.800 |
5.800 |
47.000 |
0,8 |
|
C. de Marfil |
23 |
44.000 |
550 |
2.000 |
47.000 |
0,8 |
|
Países Bajos |
24 |
16.000 |
8.800 |
18.000 |
43.000 |
0,7 |
|
Arabia Saudí |
25 |
20.000 |
15.000 |
6.600 |
42.000 |
0,7 |
Fuente: World Resoucers 1990-91, pág.15.
A raíz de la preocupación mundial por esta situación climática:
"El programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) establecieron en 1988 el Panel Intergubernamental de Cambios Climáticos (IPCC), asignándole la responsabilidad de evaluar la situación existente acerca del clima planetario y de los cambios climáticos. El IPCC también tiene la tarea de evaluar las posibles consecuencias ambientales y socioeconómicas de los cambios climáticos. Dentro de las conclusiones más importantes presentadas por el IPCC destacan las siguientes:
● El balance de las evidencias científicas sugiere que existe una influencia perceptible de las actividades del hombre sobre el clima mundial.
Posteriormente, y a raíz de la toma de conciencia acerca de esta amenazante situación para el presente y el futuro de la humanidad y del planeta, producto del proceso acelerado de urbanización, del rápido crecimiento industrial, y de una concepción ideológica en la que el ambiente, el entorno físico, contaba poco, se ha incrementado la reflexión de investigadores, gobiernos y organismos especializados acerca de los efectos de este impostergable peligro. Incluso Charles Handy propone definir el medio ambiente como el nuevo objetivo del gasto en defensa, combatiendo nuestro propio deterioro ambiental.
Uno de los efectos más perniciosos de estas emisiones sería el calentamiento de la atmósfera, debido a la relación existente entre la radiación calórica y la temperatura, por eso es que se habla en los círculos científicos del calentamiento global. La consecuencia adversa más evidente es la elevación del nivel del mar porque coloca en situación de riesgo a las islas y a los territorios costeros bajos.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) invitó, en 1979, a la ciudad de Nueva York, a gobiernos, al mundo científico, empresarial y ambiental, así como a los representantes de la sociedad civil, las ONGs mundiales, a una jornada de reflexión sobre el ambiente, mediante la Organización de la Primera Conferencia Mundial sobre el Clima, a la que siguieron otras en La Haya y Río de Janeiro.
Pero no fue sino hace cuatro años, en la reunión celebrada en la ciudad de Kyoto (Japón), cuando los países industrializados decidieron presentar medidas claras y severas para solventar esta amenaza.
La primera Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP1) fue llevada a cabo en la ciudad de Berlín, Alemania en 1.995. En esta primera conferencia se firmó el llamado Mandato de Berlín, en el cual participaron representantes de 160 países.
Las conclusiones acordadas fueron las siguientes:
La Segunda de las conferencias sobre Cambio Climático, se celebró en Ginebra en 1996, con la participación de 150 países, los cuales concluyeron:
La tercera Conferencia sobre Cambio Climático se celebró en Kyoto, Japón, en Diciembre de 1997. En dicha conferencia, se firmó el Protocolo de Kyoto, el cual consta de 28 artículos. A esta conferencia asistieron 10.000 personas, incluyendo 1500 delegados de 173 países, 3500 observadores, 4000 representantes de diferentes sectores y 1000 periodistas. En esta reunión se establecieron compromisos diferentes para cada país desarrollado: la Unión Europea, como grupo, debería reducir su emisión en 8% en relación con la de 1990; los EEUU en 7%; Japón y Canadá en 6%; Rusia, Ucrania y Nueva Zelandia debían alcanzar sus niveles de emisión de 1990, y algunos países como Australia Y Noruega podrían tener un ligero aumento de sus emisiones con respecto a 1990.
Las políticas y medidas recomendadas y recogidas en el Protocolo de Kyoto, con la finalidad que los Estados lo suscribiesen (al menos 55 durante los 90 días a su finalización el 10 de Diciembre de 1997), fueron las siguientes:
El Protocolo de Kyoto cubre seis gases de invernadero: dióxido de carbono (CO2), metano (CH2), óxido nitroso (N20), hidrofurocarbonos (HFC5), perflorocarbonos (PFCs) y hexasulfuro de azufre (SF6).
Se estableció también que los países industrializados podrán comercializar entre sí derechos de emisiones, cuando su reducción vaya más allá de los compromisos establecidos. Asimismo, los países en desarrollo deberán ser compensados por los posibles impactos adversos de tipo social, ambiental o económico que les ocasionen las políticas y medidas que adopten las naciones industrializadas para cumplir con sus compromisos.
La Cuarta Conferencia sobre Cambio Climático se celebró en Buenos Aires, Argentina en 1998. En esta conferencia los países acordaron: aprobar el programa Agenda 2000, por representantes de 170 países, aplazar hasta el 2000 la puesta en marcha del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) acordado en el Protocolo de Kyoto, y autorizar la presencia de organizaciones no gubernamentales en los órganos de negociación de la Convención sobre el clima.
La Quinta Conferencia se realizó en la ciudad de Bonn, Alemania, en el año 1.999. En esta reunión, a la que asistieron 4.000 delegados de 166 países, se pusieron en evidencia las claras diferencias entre países industrializados y las naciones en desarrollo. La Conferencia concluyó con la opinión generalizada de que la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto se produciría probablemente en el 2002.
Para que el Protocolo de Kyoto entre en vigor es necesario que sea firmado y ratificado por un mínimo de países que representen, en su conjunto, el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero. (28) Finalmente, en la última Cumbre de la Tierra celebrada en Johannesburgo, Rusia ratificó el tratado y posibilitó su vigencia. EEUU no asistió a la cumbre y continúa argumentando que su desarrollo industrial estaría en peligro de aplicarse las normas de Kyoto.
Mientras todo esto ocurre, los estudiosos del problema han calculado que el calentamiento global del planeta, medido en términos de las catástrofes naturales que ocasionaría, estaría en el orden de 600.000 US$ por hora. Los daños más relevantes serían: ciclones tropicales, aumento del nivel del mar y la consecuente disminución de tierras emergidas.
A pesar de esta clara y evidente situación, los países industrializados proponen una especie de comercio o compensación por las emisiones: los créditos carbono o derechos de emisiones, a los que nos referimos anteriormente. El concepto es simple: la agencia u organización regulatoria autoriza a una empresa determinada a emitir una determinada cantidad de emisiones contaminantes al ambiente; la compañía compra, en consecuencia, el derecho a hacer uso de esa autorización. El gobierno o las agencias regulatorias pueden así ir controlando mejor las emisiones, las empresas comprarlas entre ellas o en un mercado abierto a otras empresas que no van a ser uso total de las emisiones autorizadas. En EEUU, especialmente, para el caso del dióxido de sulfuro causante de las llamadas lluvias ácidas se está haciendo ya uso de las transacciones de esta naturaleza. Los países del Primer Mundo suscriptores del Protocolo de Kyoto vienen también haciendo proposiciones en este sentido: créditos para las empresas que realizan esfuerzos extras para limpiar el ambiente, tales como la siembra de árboles que absorban el dióxido de carbono.
Como se puede apreciar los esfuerzos, estudios, reuniones, acuerdos y protocolos han sido extensos: los resultados magros. Las advertencias de los grupos ecologistas y de los tecnócratas encargados de analizar y proponer medidas para reducir el efecto, son alarmantes. Un equipo de la UNEP, de la Oficina de la Organización de las Naciones Unidas: nos recuerda y advierte:
"las continuas emanaciones de anhídrido carbónico, metano, clorofluoro-carbonos y óxido nitrosos, con la intensidad actual, aumentarán la temperatura superficial media de la tierra en 0,3 grados centígrados cada diez años. Esto significa que al final del siglo XXI la temperatura media de la tierra será alrededor de 3 grados más alta que hoy. El aumento de la temperatura hará que los casquetes polares se fundan y que los océanos se eleven entre 20 centímetros y 1 metro en el lapso de 100 años. Otros efectos serán el aumento de los períodos de clima más caliente y seco, que darán lugar a mayores inundaciones. Los países que hoy salen perdiendo en cuestiones ambientales continuarán haciéndolo en el futuro. Decenas, quizás centenares de personas, puede que tengan que vivir como "refugiados ambientales" y se verán obligados a abandonar sus pueblos y hogares". (el subrayado es nuestro)
Además, es conveniente tener en cuenta lo expresado por Paul Kennedy, cuando pregunta:
"...¿es posible semejante esfuerzo? Puesto que los países ricos y pobres contribuyen por igual a la contaminación atmosférica, resulta inconcebible desde el punto de vista político- así como ineficaz desde el punto de vista medioambiental- que sólo unos cuantos reduzcan las emisiones de gases invernaderos, mientras el resto hace caso omiso de sus responsabilidades... Los sacrificios deben ser globales; más que eso tendrán que ser tan equitativos como sea posible, teniendo en cuenta los niveles de renta."(29)
B. La destrucción de la capa de ozono.
El ozono es un conjunto gaseoso formado por tres átomos de oxígeno. Es de color azul, con un olor muy penetrante y con propiedades oxidantes e irritantes. Se forma espontáneamente en la atmósfera a través del oxígeno del aire por efecto de descargas eléctricas, y en la estratosfera por efecto de la luz ultravioleta. (30)
Los científicos recuerdan que el ozono se encuentra en un 10% en la troposfera, hasta los 12 Km. de altura, mientras que el 90% está localizado en la estratosfera. Entre los 15 y 45 Km. se forma la capa de ozono. En la biosfera, parte de la Tierra y de su atmósfera formada por seres vivos, es venenoso y altamente contaminante e irrita los pulmones. Pero, en la estratosfera filtra los rayos UV, permitiendo la vida en el planeta Tierra.
Ahora bien, existen agentes naturales y antropogénicos (creados por el hombre) que tienen un poder destructor sobre la capa de ozono, entre ellos se cuentan:
Los clorofurocarbonos y el bromuro son los agentes más destructivos, ya que viajan en el aire en las corrientes que fluyen hacia los polos por encima de 16 Km., facilitando la contaminación de la Antártida.
El proceso de deterioro de la capa de ozono funciona de la siguiente manera:
"Durante el invierno austral en el Polo Sur la temperatura desciende hasta 90 grados bajo cero y se forma el vórtice polar, vientos de unos 300 Kph, que produce el aislamiento y cierre del sistema meteorológico austral.
Sobre el vértice polar se forman nubes polares estratosféricas congeladas, que atrapan los agentes contaminantes que proceden de otras latitudes como el cloro de los clorofluorocarbonos. Al arribo de la primavera solar llegan los rayos solares que contribuyen a liberar el cloro de los CFC. Una sola molécula de cloro destruye 100.000 de ozono, formando el agujero de la capa de ozono entre Septiembre y Octubre de cada año en el Polo Sur (primavera austral)". (31) (el subrayado es nuestro)
Las implicaciones más importantes para la biosfera, es decir, para todos los seres vivientes y el entorno físico que hace posible la vida, son las siguientes:
Actualmente, se ha constatado la existencia de tres grandes rupturas de la capa de ozono, los popularmente llamados agujeros: en el sur de América Latina, especialmente en Chile, la extensión del agujero llegó hasta el Trópico de Capricornio en Antofagasta, abarcando una extensión equivalente a toda la América del Sur. Científicos rusos han confirmado también la existencia de dos grandes agujeros en el territorio de la antigua Unión Soviética, creados por causas naturales.
Evidentemente que esta situación demandaba ser objeto de controles y regulaciones por parte de la humanidad y de los organismos de las Naciones Unidas especializados en este tipo de inéditas situaciones ambientales, producto del desarrollo industrial y del crecimiento demográfico incontrolado.
En este sentido, desde el momento en que se efectuó la Declaración de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano o Declaración de Estocolmo de 1972, se formularon los principios para el desarrollo de normas orientadas a la protección del ambiente. En esa misma línea se creo el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) que incluye el desarrollo del Derecho Ambiental.
Más tarde, se convoco a trabajar por el establecimiento de un programa a mediano plazo que concluyo convocando la reunión de Montevideo en 1981, donde se fijaron las esferas temáticas para la protección de la capa de ozono.
Sin embargo, se requería de un convenio de carácter mundial, puesto que la capa de ozono es un recurso ambiental global, lo que obligaba a esfuerzos de protección mediante un tratado general abierto a todos los Estados y Organizaciones Internacionales. Este fue el origen de la Conferencia de Plenipotenciarios sobre la Protección de la Capa de Ozono, que concluyó con el llamado Convenio de Viena el 22 de marzo de 1985, en el que se establecen las obligaciones generales para "proteger la salud humana y el medio ambiente contra los efectos adversos resultantes o que puedan resultar de las actividades humanas que modifiquen o puedan modificar la capa de ozono".
El 16 de Septiembre de 1987 se firma el Protocolo de Montreal, que marca un hito histórico al establecer la reducción del 50% de la producción y uso de los cloroflurocarbonos para 1999. En esta oportunidad, 24 países se comprometieron en esa tarea, la cual fue apoyada por las enmiendas de Londres y Copenhague, que afectan fundamentalmente a los países en desarrollo. (32)
C. La desertificación.
Esta es otra de las banderas que los representantes medionambientalistas anti-globalización, han tomado para sí, formando un paquete coherente para poder reclamar un mejor mundo. La desertificación es un hecho viejo, evidente, creciente y preocupante, endilgárselo a la Globalización, fenómeno reciente y en boga, pareciese no ser lo más justo y racional. Recordemos, que el término desertificación se oyó por primera vez en boca de un silvicultor francés, quien trabajaba, en 1949 en África Occidental, y lo empleó para describir la gradual destrucción de los bosques, cuando los mismos desaparecían hasta convertirse en desiertos.
La desertificación, es sin duda, un fenómeno cierto y desolador, los científicos e investigadores lo definen como:
"El proceso de degradación de las tierras inducido por factores naturales o por la acción del hombre, lo cual conlleva a la aparición de condiciones similares a los desiertos. Este proceso tiene como consecuencia la disminución del potencial biológico y productivo de los ecosistemas (pérdida de la diversidad biológica, de suelos y cambios en el balance de agua y energía), limitando su capacidad de sustentación y deteriorando la calidad de vida de la población."(33)
Los analistas de esta dramática realidad han determinado que los procesos que conducen a la desertificación son, entre los más comunes, los siguientes:
El problema de la desertificación es sumamente grave, más de la tercera parte de las tierras del planeta están amenazadas por este fenómeno. En aquellos sitios donde la población humana diezma o destruye la vegetación natural, el suelo se vuelve más susceptible a la erosión producida por el viento. Si esta situación además ocurre en lugares donde llueve poco, el resultado es inevitablemente la formación de desiertos.
El crecimiento demográfico está obligando a la población a cultivar terrenos semi-áridos; el excesivo pastoreo acaba con la vegetación naciente, y la desertificación llega, creando más desertificación; el aire por efecto del reflejo de la energía solar, se torna más caliente y evita la formación de nubes sobre estos territorios desertificados. (34)
Conscientes de esta inmensa tragedia que amenaza a la humanidad, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desertificación, realizada en Nairobi, Kenya, (1977), adoptó el plan para la acción de lucha contra la Desertificación, con objetivos y acciones para el año 2000. En La Cumbre de las Tierra (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo) realizada en Río de Janeiro en 1992, se efectúo un llamado para el pronto inicio de una convención sobre el tema de la desertificación, puesto que el 70% de las tierras secas (3,6 millones de hectáreas) está afectando a la sexta parte de la población mundial.
En 1994 se reúne en Paris, la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, con el expreso objetivo de decretar el combate contra la desertificación y los efectos de la sequía, de acuerdo con el enfoque establecido en la Agenda 21.
Estos han sido los esfuerzos y los acuerdos que, en el seno de las Naciones Unidas y otros foros mundiales, se han tomado con la finalidad de reducir la vulnerabilidad del planeta en materia ecológica, y en especial, en relación con los temas del cambio climático, la destrucción de la capa de ozono y la desertificación. Sin embargo, la gravedad de estas situaciones parece no haber despertado suficientemente la toma de decisiones y de acciones por parte de la dirigencia mundial.
Un agudo y acucioso análisis de Inter. Press Service, publicado por el diario El Globo de Venezuela el 12 de Enero de 2002, sobre la base de un informe de la organización no gubernamental World Wath Institute (WI) presidida por, Christopher Flavin, informa desoladamente lo siguiente:
"De 1990 a 2000, la emisión de esos gases en Estados Unidos aumentó cerca del 18 por ciento: "Los registros mundiales de temperatura indican que los años 90 fueron los más cálidos desde que comenzaron esas mediciones, en el siglo XIX, científicos han documentado una elevación de 10 a 20 centímetros en el nivel promedio de las aguas en el mundo durante el último siglo", según WI.
Entre esas acciones estuvieron muchas relacionadas con la agricultura, la cría de ganado, la minería, la tala de bosques y la expansión urbana, explicó. De 1990 al 2000 se redujo en 2,2% el área boscosa del mundo, crucial para la supervivencia de especies amenazadas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, enfatizó.
Cuando se realizó la Cumbre de la Tierra, más del 10% de los arrecifes de coral, hábitat clave para ciertas especies marinas, sufrían graves daños por contaminación, aumento de la temperatura de las aguas, minería y pesca, y en la actualidad cerca del 27% del total de esos arrecifes están en esa situación.
Los arrecifes de coral sólo son superados por los bosques en términos de riqueza biológica, y su pérdida en gran escala implica en forma inevitable grandes perjuicios para numerosas especies".
Según la Organización Mundial de Meteorología de las Naciones Unidas (O.M.M.), las severas sequías provocadas por el fenómeno de "El Niño" en 1997 y 1998 en América del Sur, Asia, África, Australia, Nueva Zelandia y América del Norte aumentaron los riesgos de desertificación en el mundo.
Un tema que comienza a tener particular relevancia, desde el punto de vista ecológico, es el relativo a la basura, a la simple basura doméstica. Ya no se trata de los gases, de los desechos sólidos industriales o de los líquidos que empresas inescrupulosas vierten a mares, lagos o ríos desde tiempos inmemoriales. El mar de Aral, o mejor dicho, la arena donde antes estuvo el mar, es un condenatorio ejemplo de la capacidad de autodestrucción del género humano.
Basta sólo imaginar a 6 millardos de seres humanos arrojando porquerías de todo tipo, desechos y detritus, residuos, en una sola palabra, basura, para tener cabal comprensión del problema tanto hoy como mañana, al final del siglo XXI, cuando la raza humana alcance más de 10 millardos de seres.
Por supuesto que además de la debida toma de conciencia sobre el asunto, de los depósitos para el reciclaje, de la mejor destructibilidad de envases y continentes aún resta el problema de qué hacer con esos inmensos vertederos de basura, verdaderos depósitos de la escoria de nuestra civilización.
Según los expertos, además del fortalecimiento de las campañas de conscientización de la población – consumidores y productores -, se vienen tomando medidas por diferentes gobiernos y empresas para manejar en forma ecológica estas cada vez más crecientes montañas de basura. Entre las medidas tomadas resaltan:
● menor número de botaderos, aunque los nuevos serán mas grandes y contarán con la tecnología adecuada.
● Reconciliar la quema de basura con la emisión controlada, filtrada, de gases, óxidos nitrosos, dioxinas, hollín, y otras emisiones que lesionan el ambiente. La incineración reduce la basura combustible en un quinto de su volumen. Mayores y mejores incineradores van cumpliendo con su misión de contribuir a mantener un planeta verde y limpio. Además la
tiene como ventaja adicional que es una fuente calórica y de
aguas recicladas.
● Finalmente, el ya conocido reciclaje de papel, cartón, vidrios y