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Comunicación política

Enviado por rojases22



  1. De la esfera privada a la pública
  2. ¿Qué es la esfera pública?
  3. Un poco de historia
  4. Esfera pública y esfera privada
  5. La esfera pública entre la opinión y la publicidad
  6. El escándalo político como mercancía
  7. Conclusiones
  8. Fuentes consultadas

1. DE LA ESFERA PRIVADA A LA PÚBLICA

Se observa que hay polémica entre lo autores quienes tratan de hacer diferencia entre esfera pública y esfera privada.

En torno a esta discusión existen un buen número de documentos que permiten reflexionar y llegar a una conclusión a partir de las diferentes teorías de la sociología política y la comunicación política, desde luego, de la propia cultura la cual ejerce gran influencia sobre las propias concepciones que se tengan de la problemática en estudio.

Para este ensayo se decidió tomar como caso de análisis la Esfera Pública y Esfera Privada.

Para objeto del mismo es necesario redimensionamiento de lo Público. Algunas acepciones del significado de lo público frente a lo privado señalan un sentido dialéctico de la definición. De tal forma que se anuncia lo "iluminado" vs lo "oscuro", lo "abierto" vs lo "cerrado", lo que es "conocido" vs lo "íntimo" y lo "indivisible" vs lo "fragmentable" (Cunill Grau: 1997, p. 23)

El debate conceptual sobre el binomio público-privado, es relevante para los fines de este trabajo. A partir de situar que diversos actores de la sociedad civil actúan desde el espacio de "lo privado" con proyección, en cuanto a sus ideas y acciones, en el terreno de "lo público", se visualiza que la frontera entre estos conceptos (público-privado) es reubicable (Cunill Grau: 1997, p. 24).

Para tal efecto, se presenta un breve esbozo de esta discusión. Una primera idea se refiere al carácter dicotómico que guarda esta relación, es decir, "(...) dentro del espacio que los dos términos delimitan, desde el momento en que este espacio es ocupado totalmente (no existe una tercera posibilidad), a su vez ellos se delimitan mutuamente, en el sentido de que la esfera pública llega hasta donde comienza la esfera privada y viceversa" (Bobbio: 1992, p. 12).

En lo personal se considera importante lo que opina Thompson (2002, p. 347) cuando dice: la naturaleza de lo público y lo privado, y la división entre ambos campos, son transformados de ciertas maneras por el desarrollo de la comunicación masiva, y esto a su vez tiene implicaciones en las formas en que se adquiere, ejerce y sostiene el poder político en el plano de las instituciones estatales, en las sociedades modernas.



  1. Como punto de partida, se considera necesario definir el concepto espacio público y esfera pública, con el propósito de tener claro su significado para desarrollar el presente ensayo, de ahí que se encontró la exposición de R. Doors, ha sido, y todavía es, un reflejo de las voluntades políticas, del tejido ...
    (R. Doors ) que indica: "el espacio público es, un reflejo de las voluntades políticas, del tejido social, de las dinámicas culturales y del contexto económico, así como de la reorganización y la expansión de nuestras ciudades. En un tiempo definido por el final de las ideologías, al que se une la inhabilidad de los poderes políticos y religiosos para definir la noción de "público", el espacio público se ha transformado en un ámbito de consumo. De ser un lugar específico de experiencia democrática, el espacio público ha pasado a ser un lugar de conexión de usos y funciones diferentes. El concepto de esfera pública, una noción más amplia que la de espacio público, va más allá de las distinciones físicas entre los entornos público y privado en el que las actividades y las experiencias de los seres humanos se desarrollan.

    Así, la disolución entre público y privado se hace mucho más evidente ahora cuando en la definición de la noción espacial intervienen las tecnologías de la comunicación y la información. En este contexto, la idea de "lugar" se convierte en un concepto precario y la esfera pública se transforma en un punto de comunicación hecho de imágenes y representaciones, fijados en el tiempo y en el espacio por las pantallas y, cada vez más, relacionados con "lo real" y la vida cotidiana.

  2. ¿QUÉ ES LA ESFERA PÚBLICA?

    En este apartado se considera necesario para continuar hurgar un poco en la historia, para ubicarnos en el tema a partir del contexto dio origen a esta categoría.

    Así encontramos que Habermas sostenía que el siglo XVIII había sido el siglo crucial, sobre todo en Francia e Inglaterra, por el nacimiento de lo que él llamaba la "espacio público".

    La clase burguesa, en ascenso en la Europa occidental y en la lucha contra las prerrogativas del Estado absolutista, lograron crear un espacio de debate entre el Estado y la sociedad civil. Su lucha provocó reacciones en cadena, sobre todo en el curso del siglo XVIII.

    A diferencia de lo que Habermas llama la "Publicidad de representación de la época medieval, durante la cual la nobleza gobernante se contentaba con ofrecer al pueblo el espectáculo del poder, el nuevo espacio público ofrece a los ciudadanos la posibilidad de debatir y discutir el ejercicio del poder estatal. un área del debate que estimuló el pensamiento crítico y racional gracias a instituciones como los periódicos, los círculos y los cafés. La ventaja provista por esta nueva expresión, "esfera pública", respecto a la precedente, "opinión pública" consiste en el hecho de que aquélla hace más eficaz el sentido del intercambio de las ideas y describe mejor la materialidad de los lugares en los cuales tales discusiones se desarrollan. (Veyrat-Masson y Dayan : p. 248)

    La historia de la esfera pública en Europa occidental entre los siglos XVI y XVIII, presenta la manera en que los diversos medios de información contribuyeron a los eventos políticos más importantes y cómo éstos han sido a su vez decisivos para la evolución del sistema de los medios de comunicación.

    Antes de la Reforma, en las ciudades italianas, sobre todo en Florencia entre los siglos XIII y XV, se hablaba comúnmente de pueblo (en otras palabras, los miembros de las corporaciones de artes y oficios).

    En Florencia, un segmento relativamente amplio de la población participaba en la vida política: cuatro, cinco mil hombres adultos en una ciudad de menos de 100,000 habitantes. Importantes cargos políticos se asignaban por sorteo y podían ser cubiertos por no más de dos meses.

    La cultura política era aquí, como en la Atenas clásica, esencialmente oral y visual. Las plazas, en particular la Plaza de la Señoría, constituían una suerte de esfera pública en la cual se daban discursos y se discutía de política. La capacidad oratoria era apreciada en esta cultura, resultando crucial para lo que los italianos de entonces llamaban la vida civil, la vida políticamente activa de un individuo.

    Las crónicas de la época a menudo referían los manifiestos políticos o graffiti colocados en los muros, y las relaciones públicas de la ciudad eran conducidas no sólo oralmente, enviando embajadores a otros Estados, sino también a través de documentos escritos.

    Thompson (2002, p. 347), señala que la dicotomía público-privado puede remontarse a los debates filosóficos de la Grecia clásica y a los primeros desarrollos de la ley romana, de acuerdo, con la primera dicotomía público-privado se refiere, por una parte, a la distinción entre el campo del poder político institucionalizado que cada vez se depositó más en manos de un Estado soberano y, por el otro, a relaciones personales que quedaban fuera del control directo del Estado. Por supuesto, esta distinción general nunca fue rígida ni definida con claridad.

    La cancillería florentina, donde se redactaban las cartas oficiales en nombre del gobierno ciudadano, estaba compuesta por humanistas, estudiosos de la antigüedad clásica capaces de escribir en un latín elegante y de gran eficacia persuasiva. Se dice que el duque de Milán, uno de los principales enemigos de Florencia, afirmó tener más pena del canciller humanista Coluccio Salutati que de un escuadrón de caballería. En una escala menor respecto a Florencia o Venecia, algunas ciudades de los Países Bajos, de Alemania y de Suiza desarrollaron una cultura cívica parecida. Entre otras cosas, tenían una verdadera esfera pública desde el siglo XV, una esfera pública burguesa.

    Sin embargo, la Reforma fue el primer gran conflicto ideológico en el cual los materiales publicados jugaron un papel decisivo. Habermas, en particular, subraya los efectos de la "privatización" de la Reforma: vale decir, el progresivo repliegue de los creyentes en la esfera interior. Si se consideran las consecuencias de larga duración, Habermas puede incluso tener razón. En los primeros años del movimiento, sin embargo, los vigorosos debates que tuvieron lugar, primero en Alemania y luego en otras partes de Europa, sobre las funciones y los poderes del Papa y la Iglesia y sobre la propia naturaleza de la religión, proveyeron una importante contribución al desarrollo de un pensamiento crítico y de una opinión pública. (Cansino).

    A manera de opinión, sería más útil hablar y pensar en términos no de simple presencia o ausencia de la esfera pública sino de las diferentes formas que puede asumir y de la relativa importancia que puede revestir en las diversas culturas. Por lo que llama nuestra atención la cita de Germani (1956) quien conviene con Marx quien decía que cada clase social tiene su propia visión del mundo. La posición dentro de la estructura de producción, el momento histórico, determinan el tipo de pensamiento y de ideología que expresará cada individuo por tendencia natural. En dicho esquema es lógico que la "deología burguesa" corresponda a la visión y posición en el mundo de la "clase burguesa", sino que constituyen el resultado fragmentado horizontalmente de las distintas clases que conforman la sociedad.

    De igual manera Monzón (1990) amplía la crítica del marxismo sobre la naturaleza fragmentada de las distintas opiniones públicas estamentadas, haciéndola extensiva también a la única opinión objetiva, la del proletariado. Por su parte Mill, escribe sobre la libertad y señala:"dondequiera que hay una clase dominante una gran parte de la moralidad del país emana de sus intereses y de sus sentimientos de clase superior. La moral entre espartanos e ilotas, entre los plantadores y los negros(...).

    Donde una clase dominante ha perdido su predominio, o bien donde este predominio se ha hecho impopular, los sentimientos morales que prevalecen están impregnados de un impaciente disgusto contra la superioridad.

    De aquí se puede distinguir, en consecuencia, entre distintas opiniones públicas de clase, y las suplantación de esta pluralidad natural por una versión hegemónica, si bien responde a una descripción típica del marxismo, no es patrimonio exclusivo de esa corriente de pensamiento.

    Volviendo con Habermas. Para modificar su tesis, se podría afirmar que en Alemania la Reforma contribuyó al nacimiento de una "esfera pública" al menos por un tiempo. Una esfera pública temporal, grosso modo limitada a los años veinte del siglo XVI. Los autores de opúsculos se sirvieron de consabidas estrategias de persuasión.

    Buscaron dirigirse a un público amplio, estimularon la crítica de la Iglesia y, después que las nuevas ideas habían sido ampliamente debatidas en público durante los primeros años del movimiento, lograron incluso delatar a algunos católicos. En cuanto a las autoridades seculares, pronto se dieron cuenta que el nuevo medio de información representaba un instrumento potente, que podría ser funcional en la búsqueda de fines políticos particulares. El conflicto entre el emperador Carlos V y su rival, el rey Francisco I de Francia, se condujo a través de libelos antes que sobre los campos de batalla, a partir de la mitad de los años veinte del siglo XVI, y el tono de esta campaña de palabras impresas sugiere que ambos gobernantes habían aprendido una importante lección de Lutero.

    De que hoy ya no esté de moda en la academia hablar de masas— a una cuestión de fondo: la opinión pública, ¿puede sobrevivir al vaciado simbólico de la política y a su incapacidad de convocar, interpelar/construir sujetos sociales?

    Porque entonces ya no le quedaría sino la función de integración mediante la abricación del consenso, y de legitimación del día a día de un poder sin demanda de sentido. Es ésa la cuestión que atraviesa y vértebra esta reflexión, hecha además desde un país en el que grandes sectores sociales no tienen aún otra forma de expresar su opinión que a través de gestos colectivos, como las manifestaciones urbanas silenciosas o el bloqueo de calles y carreteras. Con la densa, contradictoria ambigüedad, que carga todo gesto, y aun más donde esos gestos obedecen, o pueden obedecer cotidianamente, a los más distintos fines y motivaciones.

  3. UN POCO DE HISTORIA
  4. ESFERA PÚBLICA Y ESFERA PRIVADA

La esfera pública y la esfera privada es estudiada por Hannah Arendt, en su libro : La Condición Humana, quien dice que las condiciones que permiten entender la política en el siglo XXI se contagian de ciertos elementos que resultan del ordenamiento social alrededor de conceptualizaciones surgidas con la modernidad en torno al paradigma de la productividad y que terminan por manifestarse en el funcionamiento de la esfera pública. (1995, pp.89-109).

Hoy, el sentido de la política a la luz de este paradigma no es el de la libertad sino el de la necesidad y, por ello, el quehacer político se ubica en el ámbito del consumo en una renovada práctica y lectura de lo económico.

Para Arendt estas dos actividades son radicalmente distintas. La capacidad del hombre para organizarse políticamente esta en franca oposición a la asociación de

un hogar, de una familia o del mercado. Los griegos comprendían que la esfera del mercado era una esfera donde el hombre se encontraba sometido, en cambio la esfera de la política era una esfera donde el hombre ejercía su libertad. (1995, pp.89-109).

Su organización social se fundamentaba sobre la división tajante entre la esfera público-política y la esfera privada, donde se interactuaba en la familia y se realizaban las actividades básicas para mantener la supervivencia. La esfera público-política era regida por el principio de la libertad. Era accesible sólo a aquellos hombres libres de estar sometidos a las necesidades de la vida.

Para los griegos mandar en vez de persuadir eran formas prepolíticas que se manejaban en el hogar y la vida familiar. En este ámbito el jefe de familia ordenaba con poderes despóticos. "La polis se diferenciaba de la familia en que aquella solo conocía iguales, mientras que la segunda era el centro de la más estricta desigualdad."

La esfera público-política cumplía con dos condiciones esenciales:

  1. Permitía a todos los ciudadanos ser vistos y oídos por todos, es decir la más amplia publicidad para un hecho visible desde todas las perspectivas posibles. En este ámbito la presencia de los otros asegura la realidad del mundo y la publicidad es lo que permite hacer brillar a través de siglos cualquier cosa que los hombres quieran salvar de la ruina natural del tiempo y

b) Posibilitaba un mundo común diferenciado del lugar que se poseía privadamente en él. El mundo de los asuntos humanos comunes. Esta esfera era el lugar donde los hombres podían mostrar su unicidad, su distinción y alteridad a través del discurso y la acción. Aquí ellos encontraban el recinto donde podían revelar quienes eran. La esfera pública era el sitio donde todo individuo tenía que distinguirse constantemente de los demás, demostrar con acciones únicas o logros que era el mejor( aien aristevien).

La esfera privada en cambio era regida por la necesidad. Tenía un rasgo privativo primordial: en ella, los hombres estaban privados de realizar algo más permanente que la vida misma. Estaban privados de la presencia de los demás.

Sobretodo significaba estar privado de las más elevadas y humanas capacidades, el discurso y la acción. Pero cumplía por lo menos con dos condiciones:



  1. Era el lugar que se poseía privadamente, es decir un lugar propio en el mundo y

  2. Donde lo que necesitaba ocultarse permanecía oculto. Aquí encontraban refugio las pasiones del corazón, los pensamientos de la mente, las delicias de los sentidos, todos estos tienen una oscura existencia tanto como el amor , la muerte, el dolor.

En la Edad Moderna desaparece la brecha entre lo público y lo privado. Con el ascenso de la sociedad, esto es para Arendt del conjunto doméstico o de las actividades económicas a la esfera pública, la administración de la casa y todas las materias que antes pertenecían a la esfera privada se han convertido en interés colectivo. (1995, pp.89-109).

El auge de lo social coincide históricamente con la transformación del interés privado por la propiedad privada en un interés público. La sociedad cuando entró por primera vez en la esfera pública adoptó el disfraz de una organización de propietarios que en lugar de exigir el acceso a la esfera pública debido a su riqueza, pidió protección para acumular más riqueza. Otro de los aspectos a los que conlleva el auge de lo social, como lo llama Hannah Arendt es que la distinción y la diferencia han pasado a ser asuntos privados del individuo. (1995, pp.89-109).

En la sociedad, se sustituye la acción por la conducta. En un tiempo relativamente corto la nueva esfera de lo social transformó todas las comunidades modernas en sociedades de trabajadores y empleados, que quedaron enseguida centradas en una actividad necesaria para mantener la vida. Todas las actividades relacionadas con la pura supervivencia se permiten aparecer en público. El inconformismo de Arendt (1995, pp.89-109), para con la sociedad moderna y su sustituto la sociedad de masas es que le quita al hombre no sólo un lugar público donde puede revelar quien es sino a la vez su hogar privado donde en otro tiempo se sentía protegido del mundo y donde en todo caso incluso los excluidos del mundo podían encontrar un sustituto en el calor del hogar y en la limitada realidad de la vida familiar. Pues la Edad Moderna comenzó con la expropiación de los pobres y luego procedió a emancipar a las clases sin propiedad. He aquí un segundo aspecto del inconformismo: la emancipación de las clases trabajadoras y de las mujeres se hace sólo a nivel formal.

Si antes la condición para la ciudadanía era la propiedad privada con el auge de la

sociedad se pierde la condición objetiva de la libertad que era estar libres no sólo de la coerción de otros hombres sino de las necesidades de la vida, y el tener un lugar en el mundo común al tener un lugar privado propio. La abolición de este requisito de la ciudadanía, disfraza una falsa libertad de los ciudadanos modernos. No se puede ser libre sin tener las necesidades de la vida resueltas, un lugar privado propio y sin estar libre de la coerción de otros hombres. Este último aspecto se configura como una crítica radical las concepciones modernas de la política como dominación y hasta cierto punto como representación.

La crítica de Arendt (1995, pp.89-109) acerca de la libertad moderna se refiere a que su fundamento no es más, la igualdad. La libertad moderna admite precisamente aquellas condiciones que por su exclusión definían la libertad en la Grecia antigua: dominación, fuerza, desigualdad. La libertad deja de ser un estado objetivo, evidenciado en la omisión por parte de las discusiones modernas de libertad, sobre la objetiva y tangible diferencia entre ser libre y estar obligado por la necesidad.

Esta es una diferencia que ha dejado de captarse. La importancia de la relación entre propiedad y libertad reside en la concepción de la propiedad privada en el sentido de tangible y mundano lugar de uno mismo, como condición para la libertad, para lo cual lo íntimo-el descubrimiento más grande de lo privado moderno, -no es un sustituto digno. El moderno concepto de propiedad privada se ha trasladado del lugar de uno mismo a la propia persona de uno mismo, que Marx llamó la "fuerza de trabajo", traslado en el cual la propiedad pierde su carácter mundano, en detrimento del individuo. Todos estos conceptos definían la política auténtica y clásica, y nos permiten con Arendt realizar críticas a la concepción de la política moderna de la cual participamos en la actualidad: la inmensa desigualdad real de los ciudadanos donde en muchos casos ni las necesidades básicas de la vida se encuentran satisfechas y mucho menos el tener propiedad privada, y por otra parte las decisiones políticas se toman no por los ciudadanos sino por unas élites ya transnacionales que compiten por el mercado electoral.

Por último, Arendt, (1995, pp.89-109) indica que la evidencia de que se ha gestado una transformación en las esferas de lo público y lo privado en nuestra sociedad se encuentra en que el consumo que en principio estaba ligado al ámbito de la vida privada ahora penetra y resignifica lo público. En consecuencia al ciudadano se le da un trato de consumidor sin solventar la inequidad y desigualdad real política, económica y social que existe en la sociedad.

1.4. LA ESFERA PÚBLICA ENTRE LA OPINIÓN Y LA PUBLICIDAD

La formación inicial de la «esfera pública burguesa» es entendida por J. Habermas como la aparición de aquella instancia mediante la cual el interés público de la esfera privada en la sociedad burguesa deja de ser percibido exclusivamente por la autoridad y comienza a ser tomado en consideración como algo propio por los súbditos mismos (1981, p. 171). Lo que emerge en la esfera pública es un nuevo modo de asociación no vertical —como el que se forma desde el Estado— y del que hacen parte originariamente sólo los que tienen instrucción y propiedad. Condición que lastrará a futuro esa esfera, no será capaz de resolver el dilema que entraña: la traducción de la voluntad general en razón universal no hará sino traducir el interés general en argumentos privados identificando el espacio político con el espacio público burgués. Un siglo después la esfera pública es redefinida por la presencia de las masas urbanas en la escena social, cuya visibilidad remite a la transformación de la política que, de un asunto de Estado, pasa a convertirse en «esfera de la comunidad, la esfera de los asuntos generales del pueblo». De otro lado, la visibilidad política de las masas va a responder también a la formación de una cultura-popular-de-masa: los dispositivos de la massmediación articulan los movimientos de lo público a las tecnologías de la fábrica y del periódico, al mismo tiempo que la aparición de la rotativa, gracias a la cual se amplía el número de ejemplares impresos, abarata los costos y reorienta la prensa hacia el «gran público.

La publicidad, en el sentido habermasiano, va a conectar entonces dos discursos. El de la prensa que ensambla lo privado en lo público a través del debate entre las ideologías y la lucha por la hegemonía cultural; y el de la propaganda comercial que transviste de interés público las intenciones y los intereses privados.

Pero la figura más plenamente comunicacional de lo público es la opinión pública. Ésta es entendida originariamente como la acción que se oponía a la práctica del secreto, propia del Estado absolutista, y será después el principio de la crítica como derecho del público a debatir las decisiones políticas, esto es el debate ciudadano: espacio de articulación entre la sociedad civil y la sociedad política, entre conflicto y consenso. Ya a mediados del siglo XIX, Tocqueville introduce otra versión de la opinión pública (1950, p. 215), la voluntad de las mayorías, relegando a un segundo plano la libertad individual de los ciudadanos, con todo lo que ello implicará de contradicciones para una democracia en la que lo cuantitativo pesará siempre más que lo cualitativo. Unos pocos años después, Gabriel Tarde reubica la idea de opinión pública en el ámbito de la comunicación al analizar el cruce de la transformación de las creencias de la muchedumbre(1901) en opinión política y el desarrollo del medio en que ésta se expresa, la prensa. Lo que interesa a Tarde es el nuevo tipo de colectividad que emerge —el público— como efecto psicológico de la difusión de la opinión.

Ese efecto va a ser el desplazamiento de la legitimidad de lo político desde afuera

hacia dentro. Habermas ve ahí el punto de sutura de aquella esfera pública que surgió con la entrada en la política de las masas de desposeídos: la desprivatización radical de esa esfera ha ido destruyendo las bases de la publicidad burguesa, borrando los linderos entre Estado y sociedad. La recomposición de la hegemonía acabó arruinando la vieja base de lo público sin dotarla de una nueva (1981, p. 205).

No es otro el caso que, cambiando de siglo, analizará J. Baudrillard, y del que emergerá su proclama sobre la implosión de lo social en la masa y el fin de lo político. No es posible hablar en su nombre, el de las masas, no son una instancia a la que nadie pueda referirse como en otro tiempo a la clase o al pueblo (1978, p. 29). Sin los radicalismos de Baudrillard, la reflexión de R. Sennet sobre el declive del hombre público acaba con otra proclama: el espacio público es un área de paso, no de permanencia (1978). La crisis de lo público es, por un lado, la razón del repliegue hacia la privacidad de la familia y la intimidad del individuo y, por otro, ese repliegue apunta a una transformación general de las relaciones sociales. La sociedad del riesgo (1998, p. 95-191) de que habla U. Beck recoloca esa transformación en el territorio conformado por la crisis que amenaza a las grandes instituciones que la modernidad industrial convirtió en la fuente del sentido de lo público —y del significado de la vida personal—, el trabajo y la política. Que es la propia privacidad/intimidad de los individuos la que sufre de, a la que ha tocado, la ausencia de sentido en que se precipita lo público, es lo que plantea bien claramente el que varios de los últimos libros de sociólogos de la talla de A. Giddens (1995) y Z. Bauman (1997) estén dedicados a examinar las mutaciones que atraviesan esos tradicionales espacios de sentido.

No es extraño que, en una sociedad descentrada como la actual —en la que ni el Estado, ni la Iglesia, ni los partidos políticos, pueden ya vertebrarla— y estructuralmente mediada por la presencia de un entorno tecnológico productor de un flujo incesante de discursos e imágenes, lo público se halle cada día más identificado con lo escenificado en los medios, y el público —cada vez más lejano del pueblo--, con sus audiencias. La opinión pública que los medios fabrican con sus encuestas y sondeos tiene así cada vez menos de debate y crítica ciudadanos y más de simulacro: sondeada —sometida a un montón de sondeos diarios— la sociedad civil, pierde su heterogeneidad y su espesor conflictivo para reducirse a una existencia estadística. Y el vacío social de la representación facilitará la asimilación del discurso político al modelo de comunicación hegemónico, esto es, el que proponen la televisión y la publicidad.

1.5. EL ESCÁNDALO POLÍTICO COMO MERCANCÍA

A finales del siglo XX, los medios de comunicación estadounidenses ­y por rebote todos los del mundo Occidental­ dieron amplia cobertura a un hecho sucedido en la Casa Blanca: el caso Mónica Lewinsky-Bill Clinton. Este y otros sucesos publicitados por los mass media son analizados por John B. Thompson en su libro El escándalo político.

El trabajo de Thompson (2001) expone que el aumento de los escándalos políticos tiene correspondencia con las transformaciones provocadas por los medios de comunicación, los cuales modifican la naturaleza de la visibilidad y alterado las relaciones entre la esfera privada y la pública.

El investigador disecciona este fenómeno mediático desde la definición de qué es escándalo; el incremento del escándalo en los medios, como acontecimiento mediático; la naturaleza del escándalo político y sexual en la esfera del poder; examina el efecto de la vida privada en el ámbito público; el asunto Whitewater, el caso Watergate y el Irán-Contras y las consecuencias del escándalo, entre otros temas.

B. Thompson (2001) ubica los orígenes del escándalo en los medios impresos en los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, le da amplia cobertura al siglo XX, así precisa que "con el desarrollo de las sociedades modernas, la naturaleza, el alcance y las consecuencias de los escándalos han variado en algunos aspectos. Y uno de los aspectos en que han cambiado está relacionado con el hecho de que se hayan visto cada vez más vinculados a formas de comunicación mediata". A partir de este fenómeno, el autor señala que en la actualidad ha surgido una forma nueva a la que denomina "escándalo mediático", y comenta que son escándalos cuyas propiedades difieren de las que aparecen en los escándalos locales y cuyas consecuencias tienen un alcance completamente diferente. "Los escándalos mediáticos no son simples escándalos reflejados en los medios y cuya existencia es independiente de esos medios: son provocados, de modos diversos... por las formas de la comunicación mediática", precisa.

El también profesor adjunto de sociología en la Universidad de Cambridge sostiene que una de las razones por las cuales los escándalos sexuales tienen la capacidad potencial de producir perjuicios a las figuras políticas, a sus partidos y a los gobiernos de los que forman parte es la relacionada con el factor de la hipocresía y pueden ser perjudiciales para estos mismos políticos, partidos y gobernantes, pues quizá ocasionen conflictos de interés.

El estudio no se circunscribe a EU, toma en cuenta el caso de John Profumo, político tory proveniente de la clase alta británica, quien en 1963 dimitió por un escándalo de adulterio. Y acerca del caso Clinton-Lewinsky, Thompson refiere que fue un escándalo que adquirió tales proporciones por la combinación de intereses partidistas con una publicidad desmedida por parte de los medios de comunicación.

A una de las conclusiones a las que arriba John B. Thompson (2001) es que "el escándalo está profundamente arraigado en nuestras tradiciones históricas e íntimamente entrelazado con el desarrollo de las formas de la comunicación mediática, un desarrollo que ha cambiado la naturaleza de ámbito público y que ha transformado los límites existentes entre las esferas pública y privada".

El escándalo político no es una mirada frívola sobre la vida privada de personajes públicos en las sociedades modernas, sino que es un análisis pormenorizado de escándalos, desde una perspectiva sociológica, que han magnificado los medios con un sentido mercantil. El libro ayuda a comprender también los escándalos en los medios en México, donde ya hace falta un examen de su comportamiento en este renglón.

CONCLUSIÓN

Estas conclusiones se redactan sobre las intrigantes interacciones entre los medios de comunicación y los actores políticos en varios países.

Desde el caso Profumo hasta los concursos de televisión amañados, desde el Watergate al asunto Clinton-Lewinsky, los escándalos se convierten en un aspecto fundamental de la vida política moderna.

¿Cuáles son las características de los escándalos políticos y por qué han llegado a adquirir tanta relevancia en nuestros días?

¿Cuáles son las consecuencias sociales y políticas que genera la preocupación producida por los escándalos en la esfera pública?

En esta importante obra, John B. Thompson despliega un amplio análisis sistemático del fenómeno del escándalo político.

Estos ejemplos y otros demuestran el incremento que tiene los cambios provocados por los medios de comunicación, los cuales transforman la naturaleza de la visibilidad y alteran las relaciones entre la esfera privada y la pública.

La obra se convierte así en un análisis pionero de un fenómeno ya extendido y perturbador, a la vez que constituye una lectura esencial para los estudiantes de sociología, ciencias políticas, ciencias de la información y ciencias de la cultura.

Durante la campaña de preparación del proceso del impeachment, el centro del sistema político es, al parecer, el sistema mediático. Para ambas partes, se ha hecho aún más indispensables las estrategias informativas que caracterizan la comunicación política de la 3ª Era:



  1. La familiaridad con que los especialistas tratan las diferentes salidas informativas, para las cada vez más diferenciadas audiencias, y así lograr una opinión pública favorable.

  2. La habilidad para planear campañas con elaborado detalle.

  3. La organización de respuestas rápidas a los sucesos diarios, a las tendencias de la opinión pública y a las acusaciones vertidas por los oponentes políticos.

    Algunas de las consecuencias de esta situación se han reflejado en este caso concreto, tales como:



    1. La difusión de la línea divisora entre lo público y lo privado en la cobertura de los políticos, quienes se han convertido en presas de caza legítima para informar sobre delitos menores que solían ser ignorados;
    2. La mayor receptividad de los medios de calidad hacia las historias iniciadas por los tabloides;

    3. El aumento significativo en cubrir los escándalos
  4. La definición de los encuadres informativos mediáticos (framing). Y a esto se le añaden las normas convencionales del periodismo político, que soporta una gran presión, la incertidumbre y las controversias debido al origen competitivo de la prensa nacional en conjunto, nunca homogénea, que está dividida en parrillas cada vez menores y con rápidas salidas cada vez más fragmentadas de noticias a través de Internet y de la televisión por cable que a veces llegan a arrollar los juicios más pausados y reflexivos de las principales organizaciones de información.

Estas conclusiones se redactan sobre las intrigantes interacciones entre los medios de comunicación y los actores políticos en varios países.

El incremento de intrusión de los medios de comunicación en el proceso político no es necesariamente sinónimo de ìabsorciónî de las instituciones políticas -gobiernos, partidos, dirigentes, movimientos- por parte de los medios.

Por otro lado, la intrusión mediática tampoco puede asumirse como un fenómeno global, porque hay diferencias significativas entre países con respecto a esto. Los cambios en el ruedo político de un país no puede explicarse como un reflejo de algún modelo común de la mencionada ìdemocracia dirigida por los mediosî.

Es indiscutible que los medios informativos influyen a todos los seres humanos en todos los temas. No obstante, diversas características de los seres humanos y de las noticias se han identificado como condiciones contingentes que afectan a la fuerza de relación del establecimiento de agenda.

El concepto de la ìmediatización de la políticaî, en cambio, debería servir como una herramienta más para indagar en si el complejo mediático puede poner en peligro el funcionamiento del proceso democrático.

FUENTES CONSULTADAS

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Maria de Jesús Rojas Espinosa

 


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