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Problema de gobernabilidad en Haití: Los partidos políticos como un actor más

Enviado por velo_p



  1. Resumen
  2. Marco Teórico y Conceptual
  3. Breve mirada del campo sociopolítico de Haití
  4. Tentativas de algunas propuestas
  5. Palabras finales
  6. Bibliografía

Resumen.

En este artículo sobre "El Problema de Gobernabilidad en Haití: Los Partidos Políticos como un actor más", está planteando la idea de que el problema de Gobernabilidad en Haití es multidimensional con causas profundas en el sistema político del país, particularmente en las debilidades de sus Partidos Políticos. Reflexionando sobre la situación de ingobernabilidad en Haití, se reconoce a los Partidos Políticos como parte del problema y parte de las soluciones. Se discute, entonces, la mayor primacía que alcanzan todavía los partidos políticos en la coordinación de la sociedad haitiana, a pesar de que se admite que el rol articulador central que tenían los Partidos Políticos es considerablemente modificado. Se hace un intento de proponer algunas alternativas de reordenamiento de los Partidos políticos para religitimarles a fin de que puedan cumplir sus roles al servicio de la sociedad haitiana conformemente a la nueva relación que existe entre la sociedad, la economía y la política, por un lado, y entre el Estado, la sociedad civil y los partidos políticos, por el otro lado.

  Introducción.

A pesar de ciertos progresos durante los últimos tres años de la república de Haití según las consideraciones del PNUD en sus informes anuales sobre el Desarrollo Humano (pasando de la posición 157 en 1998, 150 en 1999 a 134 en 2000), los problemas sociales, económicos y políticos del país siguen llamando la atención de la comunidad internacional y nos preocupa mucho como ciudadano del país. Cabe solamente hacer una sencilla mirada crítica y objetiva de unos datos del país, por ejemplo un producto percapita de menos de $ 250, una tasa de desempleo de más de 60%, un crecimiento del producto interno bruto de 1,6%, una tasa de 17% de las personas en edad de votar inscrita en un partido político para entender el estado del panorama social del país.

Es cierto que mantengan en Haití, desde más de una década, un discurso democrático, sin embargo, asistimos de hecho a "una democracia desdemocratizada", con un aparente contenido participatorio, cada vez más limitada en la medida en que consienten concentraciones extraordinarias de poder, acciones de corrupción evidentes y a la vez impunes, una proliferación de políticos y de partidos políticos que se dedican a hacer política sin finalidad objetiva, sin responsabilidades y que quieren llegar al poder para estar en el poder, un Estado con funciones atrofiadas por las influencias del poder Ejecutivo sobre los otros poderes, y arbitrariedades abiertas justificadas en nombre del voto previamente recibido. Por supuesto, hay también violación sistemática de las promesas electorales, desmantelamiento del contenido sustantivo del discurso político, y transgresión de los contratos que sustentan la credibilidad en quienes mantienen la dirección de lo institucional.

A esta altura tan desastrosa de la situación socioeconómica y política del país, pensamos que sería más que legitima, de nuestra parte, hacer unas reflexiones cuyos objetivos se dedicarían a lo menos a determinar porqué los partidos políticos haitianos como uno de los actores relevantes llamados al ordenamiento de la coordinación social del país dentro de este escenario, no son capaces de juegan sus roles y, cuales deberían ser algunas de las alternativas para enfrentar los grandes desafíos sociopolíticos del país.

Por la amplitud, los aspectos y las consecuencias tan generales que tienen estas crisis, no queremos pensar ni dejar a nadie pensar que estaría en nuestro espíritu la intención de responsabilizar a los Partidos Políticos como principales y únicos culpables, ni como órganos únicos que deben solucionar estos problemas. Porque, en Haití como en todo el mundo ya ha pasado el tiempo de pensar en un solo y principal actor, vector o motor para los cambios sociales. Es como sostiene Von Beyne Klaus: "la política ya no es el centro ordenador de la vida social. En esa situación influye que las sociedades actuales parecen no tener un solo centro, dada su creciente complejidad, producto de la diferenciación social y la autonomía funcional del derecho, la cultura, la economía y la religión"[1]. Empero, después de entender y analizar los principales desafíos que las transformaciones sociales y políticas en curso plantean a los partidos políticos a través de los debates centrados en las realidades de las democracias en América Latina; considerando las dos funciones principales de los partidos políticos en el periodo actual, la de la representación de la sociedad y la de la operatividad del régimen político o de gobernación[2]; y observando las acciones de los políticos o de los partidos en el país, decidimos así delimitar nuestras reflexiones.

Este trabajo es una prolongación de nuestros exámenes críticos de la noción de Gobernabilidad como un proceso de gestión política, orientado a posibilitar la consolidación e institucionalización de la democracia a través del consenso entre los distintos actores participantes en la arena política democrática[3] Y, nos proponemos, como formuló el sujeto: "Problemas de Gobernabilidad en Haití: los Partidos Políticos como un Actor más", hacer un pequeño análisis de algunos de los comportamientos de los partidos políticos del país durante los últimos años frente a los problemas de Gobernabilidad del país, e intentamos recomendar unos lineamientos de acciones necesarias en término de soluciones posibles.

¿Pretendemos predicar toda la verdad sobre este tema al pensar realizar este ensayo? Ni mucho menos. Sin embargo, entendemos que si bien que los malos comportamientos de los partidos políticos pesan mucho al momento de estudiar las causas de los problemas de gobernabilidad en Haití, no se puede esperar a resolver estos problemas cruciales sin ellos. Pues, tienen una función legítima como órganos auténticos para guiar una relación sana entre el Estado (aparato estatal) y la sociedad civil.

Este ensayo está divido en cinco partes. La primera consiste en la presentación de una breve definición y explicación de algunos conceptos considerados relevantes para un mejor acercamiento al trabajo. La segunda parte es una breve ojeada de la situación sociopolítica del país. En la tercera parte hacemos, en seis puntos, un intento de explicación de las debilidades de los Partidos Políticos en Haití como causas vinculadas con los problemas de gobernabilidad. La cuarta parte es una propuesta de posibles medidas que pueden ser tomadas con el propósito de enfrentar los problemas de gobernabilidad. Finalmente, vienen las conclusiones.

Por último, lamentamos la excesiva repetición de la expresión "Partidos Políticos" en el trabajo. ¡Ojalá! Que esta irregularidad de forma no impida tomar en consideración nuestras reflexiones que consisten en un intento por contribuir a los debates destinados a mejorar las condiciones de vida en Haití, y fortalecer el sistema de partidos políticos en el país particularmente.

 I. Marco Teórico y Conceptual.

 I. 1. Problemas de Gobernabilidad o Ingobernabilidad.

Sería posible conceptualizar, de partida, con algunas hipótesis sobre la ingobernabilidad; las cuales, nos parecen, constituyen una caja que engloba de manera adecuada el tema. Dichas hipótesis son las siguientes.

La ingobernabilidad es el producto de una sobrecarga de demandas a las que el Estado responde con la expansión de sus servicios y de sus intervenciones, pero que provoca inevitablemente una crisis fiscal (O´CONNOR). La gobernabilidad de una democracia depende de la relación entre la autoridad de las instituciones de gobierno y la fuerza de las instituciones de oposición (HUNTINGTON). La ingobernabilidad es el producto conjunto de una crisis de gestión administrativa del sistema y de una crisis de apoyo político de los ciudadanos a las autoridades a los gobiernos.

En cierta medida es evidente que los estímulos que han suscitado la elaboración de las tesis anteriormente mencionadas han sido diversos, ya sea en el nivel teórico o en el nivel practico contingente. Pero no hay duda de que también responden a un proceso común que han sufrido todos los sistemas políticos occidentales: la expansión política, de toda su esfera y actividad, de la participación de los ciudadanos y de la intervención del Estado. Dicha expansión constituye el motor de un fenómeno que presenta rasgos precaliares respecto del pasado. Sin embargo, las características atribuidas al fenómeno actual de ingobernabilidad no son elementos absolutamente menos, Crisis fiscal de las Estados, falta de institucionalización de las organizaciones y procesos políticos, colapso de los aparatos administrativos y falta de legitimación de las estructuras políticas se han producido en todo tiempo y lugar frecuentemente han llevado a revoluciones, guerras civiles y golpes de estado.

 El tema de gobernabilidad o crisis de gobernabilidad En la Enciclopedia de la Política, Rodrigo Borja[4], se aborda de la siguiente forma. Uno de los problemas más graves que afrontan los regímenes políticos contemporáneos especialmente en los países subdesarrollados es el de la gobernabilidad. Se entiende por gobernabilidad la razonable capacidad de mando, de conducción política y de disciplina democrática que puede alcanzar una sociedad. El profesor Michael Coppedge afirma que la gobernabilidad descanza en la armonía relación entre los actores estratégicos de una comunidad, o sea entre aquellos que tienen suficiente poder para alterar el orden público, impulsar o detener el desarrollo económico o, en general, afectar la marcha de la sociedad, ya sea porque poseen determinantes bienes de producción, o mueven organizaciones de masas, o tienen influencia sobre la maquinaria administrativa del Estado, o manejan las armas o poseen la capacidad de diseminar con fuerza ideas e informaciones sobre la sociedad.

La gobernabilidad se define también como la previsible capacidad de un sistema político de durar en el tiempo[5]

Según Edgardo Boeninger[6], la gobernabilidad es un concepto multidimensional caracterizado por la presencia de dos grandes megatendencias. Unas ligadas a sistemas políticas pluralistas denominados Democracia, y otras, a economías de mercado predominadas por la empresa privada. Él plantea el problema de la Gobernabilidad con ciertas particularidades hacia una visión de doble necesidades: la de reconocer y de aceptar los cambios y las limitaciones que se dan en las esferas de la coordinación social, la de la modernización de la gestión del Estado (pública) según el nuevo contexto de las realidades sociopoliticas y socioeconómicas nacionales, regionales e internacionales.

  De forma distinta de Boeninger, Vicente Torrijos R[7] aborda también el problema de gobernabilidad según dos megatendencias: la globalización y la interdependencia, por un lado, y la fragmentación y la creciente autonomía regional y local, por otro. Según él en los flujos de cruces entre los "sub-elementos" llamado por él "resultante" que están dando dentro de aquellos dos bloques (megatendencias), producen inestabilidad, incertidumbre y caos, en otras palabras ingobernibilidad. Sin embargo, él sostiene que existen unas aparentes gobernabilidades que serían una suerte de ejercicio por parte de micro-orden político para adecuarse a un marco-político global gracias a la presión ejercida por fuerzas exógenas. Tal situación está denominada por el autor llama: Gobernabidad reluctante reacia, frágil, inasible. Su idea de la gobernabilidad consiste en la capacidad de tratamiento de problema de la complejidad cultural, económica y política de a sociedad a partir de la concertación, el equilibrio y la operatividad de la democracia.

Vicente plantea la ingobernabilidad como una etapa que se puede experimentar para construir democracias autóctonas (la Gobernabilidad democrática es, ante todo, el acto mismo de construirla) emergidas del fondo cultural e histórico de cada sociedad en particular. Su tesis está en contra del mantenimiento de una aparente estabilidad reluctante al detrimento de las verdaderas posibilidades que puede lograr experimentando la sensación de inestabilidad. Para él, los movimientos de cambio no necesariamente explican la presencia de situación de ingobernabilidad. Ya que, sostiene él: "la Gobernabilidad es cambiante, alterable, susceptible de crisis que la someten permanentemente a prueba".

 I. 2. Gobernabilidad, Estabilidad y Sistema político según Alcántara

Manuel Alcántara Sáez[8] define la Estabilidad como la suma de variables políticas, sociales, económicas y culturales independientes que explican el rendimiento del sistema político. Él muestra que si bien la estabilidad no es una condición suficiente para asegurar la gobernabilidad, es necesaria para el buen rendimiento de las instituciones que aseguren la gobernabilidad del sistema. Pues, según él, la gobernabilidad queda reducida a un ámbito de dos tipos de categorías dentro del sistema político, las de orden estrictamente formal y aquellas referidas a la política económica. Así que la estabilidad (orden estrictamente formal) mantiene una notable presencia en la esfera de acción del gobierno, por lo cual tiene mucho que ver a la hora de entender la gobernabilidad del sistema.

Manuel Alcántara plantea el problema de la gobernabilidad desde una lectura relacionada con situaciones de crisis en los sistemas políticos. Él entiende que las crisis de gobernabilidad son consecuencias de dos indicadores claves que son: la incapacidad de los gobernantes insertos en las condiciones contradictorias de los sistemas capitalistas, las demandas excesivas de los ciudadanos. Él destaca que la gobernabilidad es pluridimensional y embarca varias conceptualizaciones. Entre ellas son: la indisciplina, la inestabilidad, la ineficacia y la ilegalidad; las que consisten en las características que afectan la capacidad de gobierno que son: el grado de calidad de la burocracia, el compromiso de la burocracia con los objetivos del gobierno, el entorno institucional en el proceso de gestación de políticas, la influencia del sistema de partidos en la gobernabilidad; el fortalecimiento de la sociedad civil y la evolución de la cultura política, el comportamiento de la economía, los organismos de gobierno encargados de manejar la economía y al sector público.

Alcántara presenta la gobernabilidad como: uno, el producto de una sobrecarga de demandas a las que el Estado respondía con la expansión de sus servicios y de su intervención provocando una crisis fiscal (corriente Neoconservador); dos, la creación de una mezcla inestable por la yuxtaposición de las prescripciones de la política keynesiana y la democracia política (corriente neoliberal); tres, la crisis fiscal del Estado como resultante de las condiciones del Estado del capitalismo avanzado agravadas por el sistema democrático (corriente neomarxista); y cuatro desde una visión de corriente clásica donde la discusión se centraba en el sentimiento de pertenencia al mismo cuerpo político y la creencia de que había una ley implícita común que todos los ciudadanos estaban obligados a respetar.

Él dice a propósito de la gobernabilidad en países en vía de desarrollo (tercer mundo, América Latina) que, aparte de la inclinación a favor de centrar en la sociedad las explicaciones de gobernabilidad, se dan condiciones políticas especiales como la calidad del liderazgo, el grado de armonía enterélites, el diseño de las instituciones políticas dominantes como el sistema de partidos y las relaciones entre el ejecutivo y el Legislativo, el nivel de corrupción, y más específicamente en América Latina un desequilibrio en las relaciones de poder entre grupos e instituciones.

En fin, sostiene que la gobernabilidad puede ser entendida teniendo en cuenta: uno, el régimen político integrado por el Estado, sus poderes y entramado institucional, la constitución política y las leyes fundamentales reguladoras de la política, la sociedad y la economía; dos, los actores sociales en los que se den cabida los partidos políticos, los grupos de presión y los movimientos sociales; tres, la cultura; y, el escenario internacional.

 A partir de estos acercamientos al concepto "Gobernabilidad, de crisis de gobernabilidad o, ingobernabilidad" se debe reconocer que los partidos políticos tienen un papel relevante en la consolidación de la gobernabilidad. Ya que, se reconoce que: "los partidos de la oposición se encargan de exacerbar las demandas de los pueblos que gritan con sus miles bocas invisibles y exigen sus derechos. Los gobiernos, por su parte, no siempre, están en posibilidad real de atenderlas. Esta sobrecarga de aspiraciones insatisfechas genera un estado beligerancia y de inestabilidad política que es otro de los factores de los que no puede prescindir al enfocar el tema de la gobernabilidad" [9] Por otro lado; "el partido político es la única organización fuerte que puede ser capaz de controlar una mayor participación, haciéndose fuente de autoridad y de legitimidad"[10]

El mismo Boeninger[11] aboga por la existencia de partidos políticos sólidos con raíces reales en la sociedad, la existencia de un verdadero poder legislativo, la existencia de organizaciones de la sociedad que asumen nuevos papeles y la de instituciones administrativas capaces de asegurar la buena fiscalización, la estabilidad y el respeto a las reglas del juego político.

Pero además de los aquellos actores mencionados y el círculo complejo (diríamos vicioso) que existe entre los distintos factores vinculados con los problemas de gobernabilidad, se puede destacar también que hay casi una unanimidad en las maneras como estos autores tratan el tema de participación ciudadana. Eso nos lleva hacer una sencilla mirada sobre la participación ciudadana.

 I. 3. Participación ciudadana.

"La participación ciudadana se define como una intervención directa de los individuos o grupos de interés en los procesos económicos, sociales, culturales y políticos que afectan la vida, con un acceso constante a la adopción de decisiones y al poder" (PNUD, 1993:25). Según Olson, los grupos[12] de interés son una parte determinante de todos los procesos, tanto económicos como sociales y políticos. El interés común es marcadamente político, se expresa en que los miembros del grupo tienen afinidad por la acción, es decir, optan por vías comunes para obtener y garantizar las reinvindicaciones que persiguen. Los individuos que hacen parte del grupo se unen o se separan de éste en función de sus afinidades, las cuales determinan una serie de vínculos intermedios que logran fusionar a sus agentes y los hacen actuar en beneficio recíproco (Sanclemente; 1965); de ahí, como lo explica Olson, que la participación esté afectada por motivaciones individuales sobre el beneficio que genera, por lo cual tiende a existir un mayor interés por participar cuando se obtiene más ganancia; los incentivos selectivos son importantes para aumentar la participación. Olson, también resalta la ventaja de promover la participación en grupos pequeños (a mayor tamaño del grupo hay menor claridad sobre los intereses de agrupación) porque la eficacia mayor, hay menos "ruido" en la comunicación, en la creación, el mantenimiento, el grado de pertenencia y reduce la posibilidad del "pasajero gratuito" quien espera obtener beneficio de la acción de los demás sin ningún esfuerzo.

 Las personas pueden participar en diferentes ámbitos de la vida, de muchas formas y a muchos niveles; estas modalidades de participación son complementarias entre sí y deben darse simultáneamente para asegurar su efectividad. En el informe de desarrollo humano del PNUD (1993) se distinguen tres tipos de participación:

  • Participación económica: proceso a través del cual los grupos de interés influyen y comparten el control sobre las iniciativas de desarrollo y las decisiones y recursos que los afectan.
  • Participación social y cultural: capacidad de intervenir plenamente en todas las formas de vida de la comunidad, con independencia de la religión, raza, color o sexo.
  • Participación política: posibilidad de tomar decisiones en la orientación y operación del aparato estatal, se refiere a aquellas actividades voluntarias mediante las cuales los miembros de una sociedad participan en la selección de sus gobernantes y, directa o indirectamente, en la elaboración de la política gubernamental. "Se distinguen dos tipos de participación política: la convencional y la no-convencional. En la primera, las prácticas comunes son votar, acudir a mítines, apoyar económicamente la campaña de algún partido o candidato, entre otras. En la segunda, se recogen actuaciones como manifestaciones, boicots, huelgas ilegales, daño de propiedad, violencia personal, entre otras. Ambas formas de participación política pueden diferenciarse atendiendo al criterio de demanda o no de las mismas por parte del sistema"[13] (PNUD; 2000).

 La participación ciudadana desde la perspectiva del desarrollo humano, es al mismo tiempo un medio y un fin, ayuda a definir las prioridades de desarrollo colectivas teniendo en cuenta las de los grupos de interés. Este intercambio de información y su continuo monitoreo aporta transparencia, gobernabilidad y sustentabilidad a las decisiones, a los programas y al gasto público (PNUD, 1993: 17 y 25).

"Una mayor participación permite que las personas puedan por si misma acceder a una gama mucho más amplia de oportunidades, genera escenarios propicios para la creación de confianza entre las personas. Igualmente crea redes de apoyo y relaciones entre las personas que vista en conjunto conforman el capital social. Es así como la participación puede construir asociaciones basadas en la confianza, principal determinante del capital social, y al mismo tiempo la confianza puede llevar a aumentar la participación en los diferentes eventos de la sociedad" (PNUD, 2000).

La participación ciudadana implica un cambio de la democracia representativa a la participativa. Para Sudarsky (1999) en la relación entre la democracia representativa y la democracia participativa "Son muchos los que ven la participación y el uso de los mecanismos colectivos de ella como un problema adicional que no quisieran tener los miembros de los cuerpos legislativos. Esta suposición es la del control como un elemento de suma cero. El control de alguien le resta al control de alguien más. Están equivocados. Cuando toda la ciudadanía ejerza colectivamente el control, la transparencia y el Accountability brillarán igual que la racionalidad colectiva, la legitimidad y la gobernabilidad democrática".

II. Breve mirada del campo sociopolítico de Haití

Después de las dictaduras de los años sesenta, setenta y de los ochenta en Haití, la recuperación de la democracia parlamentaria resultó en logro valorado masivamente por la sociedad haitiana. Normalmente, los poderes de los ciudadanos son limitados a meras posibilidades de la representatividad, pero la recuperación teórica de los derechos civiles y la posibilidad de elegir a las propias autoridades constituían un avance apreciable e indiscutible. Renace en el país un nuevo mecanismo fundamental para legitimar algunas operaciones democráticas en nombre de la participación de la población, de la elección ciudadana, de la libre voluntad manifestada cada vez en el acto eleccionario. Citamos por ejemplo, el referéndum en marzo de 1987 para aprobar la Constitución de la República, las elecciones generales al final del mismo año. Aun que los militares en compromisos con sectores fuertes de la clase dominante tradicional de la sociedad obstaculizaron la marcha hacia el progreso de esta nueva era democrática, se despiertan de forma abierta, preocupaciones e intereses considerables para lo político.

Este renacimiento democrático acompañado de la creación de instituciones de la democracia representativa tales como las elecciones, una nueva constitución política, a pesar de sus limitaciones, implica por un lado unos hechos muy positivos, porque aparentemente genera, primero un cierto freno parcial a los abusos más abiertos del autoritarismo que existía en la dictadura. Segundo, constituyó otro tipo de freno a las restricciones hacia el ejercicio de los derechos civiles básicos y al sentimiento de estupor del ciudadano para expresarse.

Sin embargo, al mismo tiempo, este sistema democrático que podríamos llamar "democracia representativa" implica por otro lado hechos negativos, entre otros: la corrupción generalizada en áreas de gobierno, insatisfacción de las necesidades de los ciudadanos, "hiperparlamentarista", políticos que constituyen una casta separada objetivamente del resto de la sociedad, una ostentación de lujos y privilegios ante la creciente pobreza dura de amplios sectores sociales, una perdida de creencia respecto de los valores del sistema democrático como tal, y, una falta de credibilidad que deprovee a las instituciones políticas.

Por ejemplo, desde 1995 (en menos de diez años del renacimiento de la democracia en el país, y después de tres años de resistencia contra el golpe de Estado del 30 de septiembre de 1991, que tuvo un saldo oficial de miles de muertos directos) los intereses y los entusiasmos a la participación tanto política, social como comunitaria, han sido vistos prácticamente reducidos.

Hoy en día, aun ciertos esfuerzos de parte del gobierno para realizar algunos progresos, la población se queda muy insatisfecha con estos resultados y contrasta todas apreciaciones que afirmarían que haya progreso. Por ejemplo, en Cité Soleil[14], el 15 de octubre de 2001, la muchedumbre enardecida gritó "Abajo Aristide". Pancartas con la imagen del presidente fueron quemadas en una manifestación de protesta contra la brutalidad policíaca. A finales de septiembre de 2001, en la plaza de "Champ de Mars" de la capital, la Coordinación Haitiana de la Marcha Mundial de Mujeres, que agrupa a 53 organizaciones de mujeres de los nueve departamentos del país, denuncia la mala gestión del gobierno de la siguiente forma. "¡Qué bofetada más grande podemos recibir de la parte del gobierno!" - comenta la Coordinación, cuando a pesar de las necesidades insatisfechas en materia de alimentación, de educación y de salud "se gastan millones de dólares americanos" en la compra de inmuebles, vehículos para las autoridades y electos de Fanmi Lavalas* como también en la remuneración para el cabildeo en EE.UU. a favor del gobierno de Haití. Las protestas y huelgas de todos los días por sectores claves de la sociedad como las iglesias, los universitarios, los médicos del Hospital público estatal de Puerto príncipe, los abogados, entre otros muestran los grados de insatisfacciones de los ciudadanos.

El silencio moral de la población en julio del año pasado, cuando la base de la unidad más importante de la policía nacional del país (SWART) ha sido invadida por personas armadas no identificadas, es otra señal que explica claramente las reservas de los ciudadanos frente al sistema político del país.

Esta apreciación de las opiniones públicas, por ejemplo, el rechazo de la población a respetar cualquier aviso de huelgas dado por los partidos políticos o por los raros sindicatos es señal que muestra la falta de creencia en los partidos. Pero, muy paradójicamente, contamos de vez en cuando, desde el inicio de la década pasada, más partidos políticos en el país, los cuales desde las elecciones legislativas y de las colectividades territoriales del 21 de mayo de 2000 están en luchas sin respaldo de la sociedad civil. Entonces, hagamos a continuación una breve ojeada sobre los partidos políticos haitianos.

  II. 1. Una Aproximación a los Partidos Políticos de Haití.

Ante todo quisiéramos aclarar a que hacemos referencia al hablar de partidos políticos. Refiriéndose al siglo pasado, Rodrigo Borja[15] presenta los partidos políticos de la siguiente forma. Dice: "Una de las más importantes innovaciones políticas de este siglo es ciertamente la organización y perfeccionamiento de los partidos políticos como instrumentos de intervención de las comunidades en los quehaceres del Estado y la conversión de ellos en partidos de masas. Con ellos se ha desplazado en buena parte en centro de gravidad política de los individuos a los grupos organizados, que han pasado a ser los sujetos principales de la acción política de la sociedad. Esto es especialmente cierto en los regímenes democráticos modernos en los cuales casi todo el juego político se resume en las relaciones de confrontación y de lucha por el poder entre los partidos. Éstos se han convertido en los grandes protagonistas de la acción política. Han alcanzado un alto grado de organización…. Para que exista, un partido político debe reunir tres condiciones elementos fundamentales: ideología política, plan de gobierno y organización permanente estable a escala nacional"

Por un lado, la nueva constitución política de la república (constitución de 1987)[16] constituye el marco legal que permite una proliferación de partidos políticos en el país. Los artículos 31, 31.1, 31.2, 31.3, estipulan los derechos de cada ciudadano haitiano para hacer parte de cualquier partido político o de formar su propio partido político. En la actualidad, existen más o menos treinta partidos políticos en Haití[17], seis agrupaciones de partidos, dos movimientos políticos. Cabe destacar que sólo entre cinco y siete de estos partidos existían de nombre antes de 1986 y más de la mitad nació en la década noventa. Por ejemplo, el partido que está en el poder (FANMI LAVALAS) nació en 1997 y su principal oposición más fuerte(OPL) en 1991.

La configuración partidaria en Haití es una mezcla de tres grandes tipos. Un grupo de partidos que pueden ser considerados hacer parte de un sistema de partidos. Es decir, existencia de más de dos partidos que reconocen más o menos como interlocutores valides en la escena política. Un segundo grupo constituido por partidos sin sistema, porque no se reconocen como interlocutores validos en la escena política. Y, un tercero constituido de políticos sin partidos o partidos creados desde el Estado. Sin embargo son pocos los que están en condición para ganar las elecciones. Hoy por hoy, los partidos presentes en las cámaras de diputados y de senadores se reparten de la forma siguiente.

Partidos Políticos que tiene representación en las dos cámaras

Jefe del Estado

%

Senadores

%

Diputados

%

         Fanmi Lavalas

1 Presidente

100%

21

77.78

72

86.74

         Organisation du peuple en lutte

   

04

14.82

01

01.20

         Parti Louvri Bariè

   

01

03.70

02

02.41

         Mochrena

 

 

00

00.00

03

03.61

         Espace

 

 

00

00.00

02

02.41

         Eskamp

 

 

00

00.00

01

01.20

         Indépendant

 

 

01

03.70

01

01.20

         Total

1

100%

27

100%

82

**

         Cantidad prevista por la constitución

1

100%

27

100%

83**

100%

** En la cámara de diputados hay un culur vacante.

 No solamente, hay una atomización (pluralismo extremo) y proliferación de partidos políticos, es claro que existe una situación de partidos dominantes en el país. Muchos de los partidos no presentan de verdaderos elementos que pueden facilitarnos hacer una clasificación de ellos, lo que nos lleva a deducir que ellos sufrirían de una crisis de ideología muy fuerte. Sin embargo, en sus organizaciones se acercan de la estructura de los partidos de masas[18] con una forma de organización de la burocracia estatal. Otros, digamos concretamente, no son partidos políticos, porque no tienen ni una ideología claramente definida, ni un plan de gobierno, ni ningún tipo de organización permanente estable a escala nacional (ver Rodrigo Borja, Op. Cit.)

Partimos de la clasificación de partidos políticos hecha por M. Duverger, los partidos mayores en Haití son casi todos partidos mixtos. O sea, poseen una naturaleza en parte directa, basando en la adhesión directa e individual al partido, y en parte indirecta, con afiliados colectivos o a través de mediaciones orgánicas.

El origen social de los electorados, del líder político y de los miembros de un partido político no tiene muchas relaciones con el tipo de partido político, es decir, no se puede estudiar la estructura de un partido político de Haití a partir de criterios basados en ningún valor de clasificación social. Eso es un avance político considerable que facilita las coaliciones que existen actualmente entre los partidos de la oposición, mas constituye un parámetro importante que puede ser una explicación de las debilidades de las coaliciones. También, puede ser una de las causas de las divisiones internas de los partidos políticos.

Y, en última, antes de la tentativa de explicación de las debilidades de los partidos, hay que entender que ellos tienen en común con todos partidos políticos la aspiración de sus jefes al poder[19]. Aquí están sus verdaderos problemas, ya que los intereses de los políticos con sus partidos son el poder por el poder, los cargos, dejando la búsqueda del bien común de la sociedad, las demandas del electorado y de algunas de sus fracciones en el segundo plano.

 III. Hacia una Explicación de las Debilidades de los Partidos Políticos en Haití.

De partida es dable destacar que no existe una sola explicación de las debilidades de los partidos políticos en Haití. Las causas son múltiples, endógenas al sistema político del país y/o a las mismas estructuras de los partidos, externas a los partidos, y a veces son mucho más relacionadas con los contextos sociopoliticos y económicos regionales. Enseguida, vamos a indicar cinco de las razones que pueden explicar estas crisis.

 III. 1. Proliferación y Debilidades de los Partidos Políticos como Reproducción de las Características de una Sociedad Civil Haitiana Altamente Diversificada e Inmediatista.

Los elementos presentes en la conformación de la identidad haitiana constituyen valores para entender lo que es la cultura de los partidos políticos. Si antes los Haitianos acordaban una prioridad a la identidad colectiva frente a la identidad individual, hoy en día es totalmente diferente. Lo que significa que al reverso de la teoría de Marx[20], los intereses preceden a la identidad, lo individual es primordial, y no existe en nadie una identidad individual constante, puesto que los parámetros determinantes de las identidades individuales varían a medida que cambien los intereses. Es decir, la identidad individual del Haitiano (individualismo) como en todo el mundo tiene las características objetivamente determinadas por la posición y estatus social de él en momentos determinados.

Por lo tanto, no existe una identidad colectiva que en parte puede ser conformada por la pertenencia de clase (social o política) o generar una conciencia de clase. Es a esto que referimos cuando dijimos en la parte anterior que los orígenes sociales del electorado o de un político no tienen nada que ver con su pertenencia o no a un partido político. Las diferentes asociaciones existentes actualmente son mucho más agrupaciones temporales, compuestas en ocasiones especiales. Es difícil encontrar un discurso uniforme entre ellas, ni dentro de ellas. Son agrupaciones que hablan de una manera y actúan de otro. Y, son agrupaciones sin ideologías y poco coherentes en sus acciones. Así que Haití tiene una sociedad civil no fortalecida, muy poco organizada y altamente diversificada como sostiene Norbert Lechner[21], y altamente atomizada.

Con tales características, ocurre primero que, en un individualismo tan marcado, muy pocos son los ciudadanos que manifiestan intereses para luchar en común a través de un partido político; segundo, el mínimo porcentaje que participa en los partidos políticos (dirigentes y miembros), en vez de ser transformado por la ideología y los principios de partidos, llega a influir por sus intereses individuales y de grupos o particulares en los partidos. Lo que implica que haya dentro de los partidos una especie de "divergencias no positivas", en otras palabras una ausencia de unidad. Lo que en parte produce una multiplicidad de partidos políticos, de "Políticos" en el país y, por consiguiente, sus debilidades.

Nuestra objeción al respecto es: ¿debería una sociedad tan desorganizada tener tantas influencias en los partidos políticos o lo contrario debería ocurrir? No negamos que los partidos políticos no siguen siendo en la época actual el centro de las actividades políticas, sin embargo, ellos deberían en tal coyuntura retomarse para cumplir sus funciones de socialización.

Lamentablemente, estas particularidades de la nueva derecha liberal, como dicen Scott Mainwaring y Timothy Scully[22], por lo general más joven, más agresiva y más confiada en sus esfuerzos personales se encuentran en las estructuraras de los partidos políticos haitianos. O sea, hay dentro de éstos lo que podríamos llamar una reproducción institucionalizada de los vicios de la sociedad moderna. Así que, a los partidos les faltan, desde adentro, la unidad, la integridad, la solidaridad entre sus miembros, la inexistencia de una finalidad objetiva común y la confianza mutua, la igualdad de posibilidades para sus miembros sin exclusividad alguna y, la pasión partidista de sus integrantes. En síntesis: crisis y cambios económicos (economía liberal) como contexto internacional; violencias políticas de 37 años de gobiernos autoritarios; originaron ciudadanos, políticos y militantes políticos egoístas, individualistas, los cuales conforman los partidos políticos oportunistas, corruptos, irresponsables, ineficientes, con visiones cortoplacistas y poca racionalidad comunicativa. Pero, ¿qué quiere decir aquella visión de muy corto plazo carecido de racionalidad comunicativa?

 III. 2. Visión Cortoplacista y la falta de Racionalidad Comunicativa de los Políticos

No hay duda alguna que los políticos haitianos (dirigentes de partidos) se encuentran cautivados por una racionalidad instrumental. Es decir, sus acciones cuentan con calculo del éxito, generalmente de naturaleza utilitaria. Los políticos eligen y calculan los medios y fines de sus acciones en función de la máxima utilidad y por la máxima utilidad esperada. Sin embargo, fallan por no proyectar suficientemente sus éxitos en lo de la colectividad o en el futuro del país. Lo que quiere decir, se fallan por la aplicación de una ética demasiado pragmática basada en criterios cortoplacista, al servicio de intereses parciales y la pura conveniencia egoísta como ya señalamos. En suma, el embelesamiento y la vanidad del poder, su búsqueda y disfrute como un fin en sí mismo, el más crudo maquiavelismo político (denominado por Max Weber: Macht plolitik)[23] constituyen una explicación del deseo ardiente de los políticos haitianos que a cualquier costo quieren llegar al poder solamente por tener poder.

La visión cortoplazista de ellos se halla también en sus compromisos corruptos con miembros de los consejos electorales, con grupos de intereses y de presión y, con organismos extranjeros, sólo para llegar al poder. Es como el aforismo de Downs por el que la finalidad de estos políticos y sus partidos no es la de ganar las elecciones para desarrollar una política, sino, por el contrario, la de desarrollar políticas para ganar elecciones como único fin.

Ellos hacen promesas que no pueden cumplir, pensando que siempre van a poder engañar al pueblo. Son mentirosos tanto en los consensos entre ellos como frente al pueblo.

De ahí surge una perdida de credibilidad y de legitimidad de los políticos delante de los ciudadanos que no se sienten, a través de la presencia de aquellos políticos, estar presentes en los lugares donde están ausentes. En las instituciones públicas por ejemplo. Así que ningún político con su partido tiene suficiente apoyo, ni legitimidad popular para convencer al otro como adversario político.

Por otro lado, en sus maneras de actuar, entendemos que los políticos no toman cuenta las necesidades impuestas de hoy de la racionalidad comunicativa que es fundamental en las negociaciones sociales y políticas, donde las acciones de los actores participantes (el otro político y/o el ciudadano) deben de evitar de ser coordinadas a través de cálculos egocéntricos de intereses sino a través de entendimiento. Donde, también los políticos como actores comunicativos deberían orientar sus acciones de éxito buscando el entendimiento del otro. Pues, la política es un espacio de convivencia política y social[24]. Ningún político puede actuar con éxito negando esta exigencia ética.

A nuestro juicio, tales características de los políticos (enormes escasez de proyecciones en el futuro basadas en el bien común de la nación) producen lideres políticos totalizantes, autoritarios, sospechosos, sin reconocimientos en la practica a una contrafuerza política. Ésta, en un régimen democrático frágil, tan incipiente como el de Haití que está tratando de cambiar sus patrones de organizaciones sociopolíticas después de casi tres décadas de régimen autoritario, es básico para fortalecer una buena organización política en el país con el fin de mantener y garantizar una relación sana entre la sociedad civil y el Estado, entre los actores políticos del país para una mejor coordinación de la sociedad. Producen también una escisión del espíritu intersubjetivo que es indispensable para crear un clima, una actitud y políticos con espíritu de dialogo aptos de aceptación reciproca en las discusiones entre los políticos. En consecuencia: a menor intersubjetividad, mayores conflictos entre ellos, mayores problemas de inestabilidad, menor inversión en el país, mayores sanciones de la comunidad internacional, mayores las deterioraciones de la sociedad haitiana y mayores problemas de gobernabilidad.

 Si estos elementos constituyen, en ciertas medidas, algunos obstáculos para que se desarrollen partidos políticos capaces de cumplir sus deberes en función de las necesidades del momento, de consolidar la estabilidad democrática en Haití y de hacer que Haití sea cada día más gobernable, no son los únicos. Las mismas estructuras y los funcionamientos de los partidos por ejemplo son diferentes de las realidades de los ciudadanos. Veamos a continuación, como se da la falta de confianza en los partidos políticos desde adentro.

 III. 3. La No-adecuación de los Lideres y Partidos Políticos Haitianos como causa de sus Rechazos por la Población

Con el renacimiento de la democracia en Haití, los ciudadanos han retomado sus posibilidades para participar en la vida política del país más exactamente mediante las elecciones. En la realidad sólo había una participación en las campañas electorales o, al propio día de las elecciones, donde el "ciudadano-elector" es confrontado a listas de los diferentes partidos y/o candidatos y, hasta las próximas elecciones.

En menos de una década nacieron, aún débiles las tendencias a romper esta actitud pasiva y exigir abrir vías institucionales para que la opinión de las distintas comunidades y grupos sociales tengan un peso determinante a lo largo de las duraciones de los gobiernos y para que esas comunidades y grupos sociales sean capaces de compartir y de asumir bajo su responsabilidad algunas de las iniciativas concentradas exclusivamente por los gobiernos centrales. Porque muchos políticos, partidos son visto muy temprano inadecuados y han perdido su credibilidad.

Naturalmente, en el contexto regional de toda la América latina y el Caribe había y todavía hay una desconfianza en los lideres políticos y estas tendencias a la participación inmediata y directa de los ciudadanos.

Sin embargo, los políticos haitianos no llegan a cambiar sus percepciones, actitudes y siguen negando concebir la sociedad haitiana como una constelación multicentrica. Ellos niegan las exigencias de contextualizarse[25], es decir, rechazan la disposición de formarse con cierta flexibilidad, para buscar en forma mejor el bien común de la sociedad con demandas y necesidades tan diversificadas. Por consiguiente, para la sociedad civil son inadecuados.

Pensamos también que el renacimiento de los partidos políticos en Haití durante la década del noventa se daba en un contexto local bastante complejo, donde, apenas los Haitianos retomaron los derechos democráticos representativos empezaban a hablar de la participación ciudadana directa en los países vecinos. Las formas en las cuales de desarrollaron los valores del autoritarismo en el país durante muchos años no dejaron crecer una clase dirigentes políticos con valores democráticos. Había una proliferación de ONGs en todo el país, una vulgarización a través de los medios de comunicación de masas del contexto político regional muy conflictivo y de una crisis de perdida de confianza en los partidos políticos. Por ejemplo en Colombia, en 1996, solo un 6% de los Colombianos confiaban en los partidos políticos, apenas un 10% creaba en el congreso.[26] Mientras que no había suficientemente tiempo para hacer la educación cívica de los ciudadanos (labor de los partidos políticos). Así que, los partidos recién nacidos, sin madurez no habían como enemigos solamente los otros partidos políticos, sino también, como ha dicho el Secretaria general del Partido Unidad Social Cristiana de Costa Rica[27], muchos otros adversarios.

Asimismo, en los países industrializados, el descontento de las poblaciones se ha reflejado en un incremento del abstencionismo, el voto castigo y el fortalecimiento de movimientos extremistas, y los partidos políticos han sufrido severos traspiés en las urnas provocados por sus antes fieles electores. En las penúltimas elecciones presidenciales de los Estados unidos de América, solo sufrago el 49% de los Estadounidenses y, de esa cifra, el 8% vota por el candidato de protesta Ross Perot[28].

En consecuencias, los partidos políticos son inadecuados por su ausencia de ideologías, por su progresivo aislamiento de la sociedad, porque, se olvidan de su verdadera función en la sociedad, de que son agentes representantes de la ciudadanía y se convierten en objetos negociables para satisfacer intereses personales o de grupos. También, sus inadecuaciones se explican por el hecho de que no se esfuerzan suficientemente para aprehender en el nuevo imperativo las verdaderas necesidades de la sociedad haitiana y buscar una correcta escala de prioridades en las satisfacciones de estas necesidades. Decirlo en otras palabras, los partidos políticos fallan por falta de tecnificación de sus políticos en un contexto de cultura de mercado que exige otro tipo de acercamiento del discurso político a las necesidades reales de la gente. Lo mismo pasa en Chile aún en contextos sociopoliticos y socioeconómicos poco diferentes, cuando por ejemplo: "Un 38,1% de los chilenos declaran que no me inscribo en los registros electorales ya que faltan lideres adecuados (CEP,1996). La imagen de los políticos deja mucho que desear. Un 68% cree que esté quien esté en el poder siempre busca sus intereses personales. Un 73% está de acuerdo con que los políticos no se preocupan mucho de lo que piensa la gente como yo, y un 82% señala que la mayoría de los políticos sólo de acuerdan de la gente cuando hay elecciones y después se olvidan de ella CERC, 1996)."[29]

 III. 4. Desface entre las Promesas Exageradas de los Políticos, sus Voluntades Políticas y la Capacidad Institucional de la Administración Pública del País.

Las faltas de responsabilidad, de finalidad objetiva, de tecnicismo de los lideres políticos para entender o aceptar que la política (el Estado de bienestar) no puede ser y de hecho no es capaz de encargarse de la coordinación social del país, implican que en periodos electorales los políticos hacen enormes promesas a la población. Mientras que al llegar al poder, la capacidad del poder político no puede cumplir esas promesas, por una parte. Por otra, los intereses personales y de grupos particulares vuelven a ser prioritarios.

Pensamos, en este contexto que la mayor característica de los partidos políticos a través de las declaraciones de sus dirigentes en momentos determinados es el engaño vinculado con la falsa interpretación de las realidades, la mentira y la equivocación. Proceden así porque están frente a un pueblo quien, a pesar de todo, sigue, en parte, creyendo en un líder (tradición del integrismo político). Es decir, una sociedad civil que todavía piensa que los políticos tienen desde la primera hasta la última palabra. En suma, una sociedad civil muy débil. Mientras que en realidad, las relaciones entre sociedad, economía y política a partir de las reformas económicas y de la crisis del modelo histórico de Desarrollo, desplacen el poder, la capacidad y los roles del poder político para satisfacer las necesidades de la nación. Así, para gozar de gran popularidad, los políticos dicen al pueblo lo que éste quiere oír y no lo que necesita saber. Al respecto, cabe mencionar dos declaraciones del Ex-presidente de Haití, Rene G. Preval, las cuales han bajado su credibilidad delante de la población, cuando pidió al pueblo haitiano, en un mensaje de fin de año, de animarse de fuerza porque el próximo año va a ser más difícil, y cuando declaró en verano del año 2000 que "cada Haitiano debe esforzarse para satisfacer sus propias necesidades" traducida en creole "Naje pou sòti".

Pero, la práctica muestra que la ilusión que tienen los lideres de que estos engaños van a ser permanentes, de que la historia no los va a desenmascarar es falsa, y que los políticos se autoengañan. Pues, por hablar de una forma y actuar de otra, por no poder satisfacer a las demandas tanto de las fracciones de los partidos como del electorado, por ser autoproclamados servidores desinteresados de la sociedad mientras se enriquecen ilícitamente (mentirosos, corruptos), los miembros de los partidos desde adentro pierden confianzas, las fracciones se desvían y en la mayoría de los casos se transforman en otros partidos políticos o se desaparecen.

Eso produce un choque grave en los esfuerzos colectivos e individuales necesarios para el cambio social en el país, porque al mismo tiempo que el pueblo no sale de este complejo de integrismo político, no cree en los partidos políticos actuales que deberían representarle donde está ausente. De donde vienen todos los sospechosos, los silencios morales, el uso de cualquier forma de violencias como único método para resolver sus problemas, el individualismo, las perdidas de intereses por la política. En total, las desintegraciones internas y la desarticulación social sin ningún logro positivo.

 III. 5. La Ilusión de la razón* como obstáculos de consensos entre los actores políticos que deben a la génesis de las soluciones a los problemas de gobernabilidad

Las reflexiones sobre los contextos sociopolíticos y socioeconómicos de los últimos años, muestran que las luchas entre los políticos dificultan el desarrollo del país. Los intentos para llevar los antagonistas políticos a la mesa de negociación con el fin de encontrar una salida concertada a la crisis de gobernabilidad que vive el país son inproductivos. Las luchas (conflictos entre los Partidos Políticos) se empeoran más y más, y las condiciones de vida de la sociedad se degradan cada día más.

En consecuencia, pensamos que además de las causas anteriores, la firme creencia de cada político junto con su partido en una supuesta razón propia, por un lado como por el otro, es un obstáculo de muchas consideraciones a la concertación entre los políticos y los partidos en oposición. Esta ilusión de ser poseedor de lo que es conforme a la verdad, de no ser culpable, no dejarlos a abrirse para entender el punto de vista de sus adversarios políticos, puesto que cada uno pretende tener toda la verdad. Eso impide que se escuche al otro. Esta falla política que denominamos como otro "pecado ético-político" implica que, desde el inicio de las discusiones para resolver los conflictos (mayo de 2000), uno y otro de los antagonistas usan etiquetas malas para intimidar al adversario. Lo que consideramos como una forma de violencia y de exclusión política que tiende a crear más distancias, a levantar más paredes de separación entre ellos, en lugar de construir puentes de consensos en un régimen democrático. O, en otras palabras, se trata de un juego de intentos para deslegitimar las reivindicaciones del otro delante de la población y de los organismos internacionales, de la desconfianza mutua, de las luchas para destruir el otro en vez de convencerlo o de transformarlo[30]

Nos preguntamos entonces; ¿no existe en el fondo un problema de falta de capacidad real suficiente de negociación de los líderes políticos? Lo que hace falta investigar en otro trabajo.

 III. 6. Partidos Políticos y Políticos que están aprovechan la crisis como pretextos

Es obvio que los Políticos o Partidos Políticos que llegan al poder no pueden satisfacer las demandas de la población por muchas causas. Porque hay un nuevo contexto mundial de mucha relevancia para el desarrollo nacional de lo que fue históricamente. Lo que significa la política que representaba el ámbito más elevada de las decisiones de desarrollo sufre de una perdida del primado. El Estado como institución, espacio o lugar donde laboran los políticos al llegar al poder pasa su rol de ser conducción central del desarrollo nacional a una economía de mercado totalmente autónoma. Con la globalización y la internacionalización de los valores sociales y económicos, el Estado haitiano y la política como sistema sufren grandes deterioros en cuanto a la primacía que tenían en la coordinación social del país. Es, como sostiene Flores: "Las fuerzas de la globalización de la economía rompen el cerco de los Estados y avanzan, a un grado impensable antes, hacia la integración económica y eventualmente política de las regiones"[31]. Los recursos e instrumentos de que disponía el Estado son más débiles, mientras que la sociedad haitiana vuelve más compleja y sus intereses son más diversos. Es decir, el agotamineto de la matriz estado-centrico que hace que el Estado haitiano es impotente frente a las demandas de los "ciudadanos" implica una reducción de los campos y posibilidades de acción de los políticos.

Sin embargo, la utilización del estilo de partidos políticos portadores de soluciones a todos los problemas de la sociedad y de líderes políticos de grandes discursos para engañar los electores, impide declarar abiertamente a los "individuos" que la capacidad de la política es considerablemente reducida, que hay un desplazamiento del poder estatal, en consecuencia un desplazamiento del poder de los políticos. Entones, como estrategias de soluciones, estos políticos sin finalidades objetivas, sin responsabilidades, buscan un "otro" para echarle la culpa. Este otro, hoy en día, es el pretexto de la oposición política y el de la congelación de la ayuda internacional para explicar su inercia.

En cuanto a los partidos de la oposición, se puede entender a partir de sus comportamientos que no quieren que los que están en el poder corrijan sus errores y buscan el bien común de la comunidad haitiana. No manifiestan intereses a presionar al gobierno para que se respete los derechos de los ciudadanos y las mínimas normas justas, sino buscan formas para derrotar al gobierno, aprisionarle a fin de no poder lograr ningún cambio efectivo en relación con las reivindicaciones populares en el plano socioeconómico. Esta lucha que calificamos de "perder-perder" o juego de "suma cero" falta de ética, porque el bien común no debe ser solamente la finalidad de los políticos que están en el poder, sino de los que constituyen la oposición política. También, aun cuando existan ciertos fines de bienes comunes detrás de estos conflictos "perder-perder" que identificamos en los comportamientos de los políticos de la banda de la oposición, es claro que no haya de su parte una voluntad real para aliviar la situación de más pobreza de 80% de la población que no puede esperar. Estos conflictos son, por cierto, formas para derribar a los que están en el poder, para impedir que el gobierno actual llegue a realizar ningún logro de importancia relevante. Pues, una buena voluntad política gozada de una ética de responsabilidad orientada a la búsqueda del bien común de todos los Haitianos, como está afirmado por el Centro de Etica de la Universidad Alberto Hurtado[32], tendría en cuenta ciertas dimensiones de prioridad al nivel de las acciones. Esta lógica "perder-perder" enmascarada por los conflictos carece de ética que rige las misiones de los políticos de la oposición[33].

En conclusión, además de las cuestiones de falta de visiones, de finalidades, de ética de responsabilidad, de una ética comunicativa, es menester que leamos también en las actitudes y los comportamientos de los políticos el uso de los conflictos políticos para ocultar sus debilidades y sus incapacidades.

 Las explicaciones de aquellos comportamientos son enormes. Por ejemplo, la cultura de desconfianza reciproca de todos haitianos; la inexistencia en el país de una tradición de dialogo nacional; el individualismo que se produce en las acciones de cada ser humano a buscar solamente sus propios intereses como fruto del auge del mercado; las implicaciones directas de algunos factores externos en la organización interna de la política en el país; las consecuencias inmediatas de las décadas de dictadura en la conformación de la clase política y del carácter de los políticos. Todos son, uno más que otros, imprescindibles, sean como efectos de una ética rutinaria, utilitaria, de domesticidad, para aprehender las causas de los problemas que intentamos discutir.

IV. TENTATIVAS DE ALGUNAS PROPUESTAS.

Desde finales del largo periodo de gobierno de Duvalier (1957 a 1986), la República de Haití se halla en una crisis política perpetua. De forma muy sencilla, es decir, sin hacer muchas consideraciones de los factores temporales y contextuales, podría decir que terminó desde esta fecha la estabilidad política en Haití, entendido que un sistema política es estable si y sólo si en determinadas circunstancias tiene la tendencia o disposición a reaccionar en forma tal que logra mantener su identidad[34] El país ha intentado realizar reformas rigurosas tales como el establecimiento de normas democráticas, la consolidación de un Estado de derecho y la reestructuración de la economía nacional, entre otras. Sin embargo, dichos esfuerzos han producido resultados insuficientes, las demandas de la población quedan totalmente insatisfechas. Desde 1997, los políticos han conducido el país a una gran agitación política caracterizada por una lucha insana entre los partidos políticos. La agudización de la crisis política provocó a su vez la suspensión de la ayuda internacional, lo cual privó al país de cientos de millones de dólares. Así que, por suerte de los partidos políticos o de sus lideres, el desarrollo socioeconómico y político de Haití está en su punto muerte. Lo que se explica en ciertas medidas por la naturaleza y la inestabilidad del sistema de partidos políticos haitianos. O sea, los partidos políticos y sus dirigentes son como los obstáculos al desarrollo de la isla. Puesto que el deterioro de la situación política ha generado el deterioro de todos los aspectos sociales, económicos y culturales de la sociedad, lo que ha generado una creciente decepción en la comunidad internacional. Lo que quiere decir, no solamente los partidos políticos en sus formas de actuar impiden el desarrollo político del país, sino también contribuyen a aumentar la miseria de más de ochenta por ciento de la población que tienen un nivel de vida debajo de la línea de pobreza.

En estas circunstancias de problemas o de crisis de gobernabilidad, ¿podemos pensar en una sociedad haitiana sin partidos políticos? Ni mucho menos. O, ¿podemos hablar de ausencia de visión del partido "lavalas" que está en el poder, y de una falta de capacidades reales de la oposición para manifestarse bien en el espacio democrático del país?

Más de una ausencia de visión, pensamos que hay un problema de la inexistencia de toda una verdadera clase política en el país. Eso es porque, primero la dictadura y los gobiernos militares que se quedaron al poder hasta 1994 no dejaron crecer en el país los elementos y condiciones fundamentales para crear esta clase política. Segundo, todos los partidos, las agrupaciones y facciones políticos que van a nacer, gozarán de una supuesta misma ideología democrática (centro derecha). O, uno es la división de otro. Digamos, entonces, se trata de un fenómeno político de "Partidos políticos en Haití sin clase política". En efecto, en una clase política donde hubiese dirigentes políticos no podrían tolerar que, en las relaciones externas del país, haya una similitud tan marcada entre las épocas de las distintas caras del autoritarismo fuerte en el país tales la dictadura duvalierista de 1957 a 1984, los regímenes militares de 1986 a 1994 y el periodo actual.

En el texto; sistema de partidos políticos en América Latina, los autores concluyen lo siguiente: "Nuestra conclusión indica que en esta última parte del siglo veinte el papel de los partidos políticos en América Latina ha cambiado significativamente. A pesar de estos cambios profundos, los partidos siguen siendo instituciones cruciales para la definición de los perfiles de la política democrática". Estamos plenamente de esta aseveración, aunque repitamos que la política es cada día más multicentrica. Así, recomendamos que ciertas medidas sean tomadas para revalorizar las acciones de los partidos políticos.

Ahora, reconocemos que la democracia como forma de vida y la consecuente vigencia efectiva de los derechos humanos no es algo dado, es un hacerse permanente, exige un esfuerzo de socialización[35] en los valores más apreciados, requiere insuflar a los ciudadanos (políticos y otros) y a las instituciones de esos valores, y así convertirlos en principios internacionales que guíen las actitudes y comportamiento en la sociedad y en la política. No se trata de una simple aspiración colectiva de vigencia plena de formalismos jurídicos en un ámbito pensado como ausente de conflicto sino de una tarea cotidiana que posibilite el derecho a tener derecho como una practica social portadora de otra racionalidad política necesaria sustentada en valores. Es decir, como sostuvo el doctor Oscar Arias[36], no podamos predicar una receta mágica, pero nos permitimos proponer entre otros los siguientes lineamientos.

 IV. 1. Medidas Indispensables a Tomar desde los Lideres hasta los Partidos Políticos

Una de las opciones de particular importancia es promover mayor transparencia en la administración de los asuntos políticos de Haití. Eso es la tarea de todos los minisistemas del sistema político haitiano. Es decir, es la responsabilidad de los lideres, los partidos, los electos, las entidades de financiamiento de las actividades políticas incluidos los organismos internacionales, de los funcionarios públicos, y sobre todo de la junta electoral permanente.

La falta de credibilidad que ronda a los partidos políticos del país, creemos, se debe en gran medida a su incapacidad para plantear abiertamente sus intenciones. El problema para resolver aquí, puede ser un problema de visión o de programas, de competencia, de capacitación o de renuncia deliberadamente de ciertos políticos. En efecto, para continuar ejercer el papel que el contexto actual de la civilización les asigna, que tal vez no sea pequeño, los partidos deben cambiarse. Los lideres políticos tienen que darse cuenta que pierden la mística del evangelio, o dicho de otra forma más laica, tienen que reconocer que pierden el papel de educador, y ya no logran articular solos, como predestinados, un proyecto de civilización.

Los partidos son cada vez más parte integrante, más movimientos. Son menos ideológicos y más programáticos. Es a partir de esta comprensión que deben fortalecerse para elaborar proyectos para el bien común y el futuro. Por lo tanto, enfrentar de mejor forma los problemas de gobernabilidad.

Los políticos y sus partidos deben darse cuenta que son muy fuertes, pues sus comportamientos implican problemas de gobernabilidad del país. En consecuencias, están llamados a comportarse en lideres responsables actuando con una racionalidad flexible al buscar el bien común como finalidad objetiva. Deben recordarse que sin esta finalidad que es el bien colectivo, sin una ética de responsabilidad la cual que les obliga a huirse de la de la pura convicción, sus políticas carecen de sentido, y que son y serán culpables de los dos pecados mortales, como dice Max Webert[37], que existen en la política. Es menester que los políticos controlen (hasta un tipo de fiscalización dentro del sistema de partido del país) sus discursos de promesas exageradas y acabar con los sloganes tipos "la alegría ya viene" de Chile al final de la década de los ochenta.

Defendemos los cambios internos de los partidos políticos; esperamos que los actores inmediatos se den cuenta de las necesidades de estos cambios, y, a nuestro juicio, han de darse cuenta, porque la ola de la renovación no podría excluirlos. Ya que, el mismo sistema político haitiano es democrático partidario. Estamos más que convencidos que los partidos políticos, de igual manera que sus actitudes y comportamientos dificultan el desarrollo del país, pueden y deben ejercer papeles relevantes para el desarrollo político y social del país. Sin embargo, es claro que la sociedad haitiana actual no tiene semejanza con las anteriores. La sociedad haitiana es, cada día, más compleja. No tiene, ni siquiera tener una relación de dependencia con los partidos. Así, la labor de los partidos es, ante todo, de contextualizarse.

 IV. 2. Reducir el espacio al fenómeno de proliferación de Partidos políticos

Aun que no estamos totalmente de acuerdo con la Ex ministra de relaciones exteriores de Colombia Noemí Sanín[38], cuando dice que si no toman medidas frente a la fragmentación de los partidos políticos, podría desembocar en su desaparición y el reemplazo de estos partidos por docenas de movimientos con intereses dispersos. Porque, las funciones de los partidos políticos están perpetuamente en cambio (véase el curso de los partidos políticos de Márquez), sin embargo siguen siendo distintas de las de los movimientos de intereses diversos. Pensamos que los políticos tienen que llegar a un nivel de compromisos destinados a frenar este problema de fragmentación. Esto no quiere decir que estamos apoyando ni la fidelidad a un partido ni el unipartismo como el bipardismo en Haití, pero en el marco de las reformas necesarias al nivel de los partidos políticos, hay que pensar en controlar este fenómeno.

Por ejemplo, es saludable que establezcan reglas que obligan a los partidos políticos de dejar de ser meras maquinarias transitorias que canalizan apoyo electoral y convertirse en organizaciones con presencia permanente en los grandes debates y voceros del pluralismo de la sociedad.

Eso, les permitirá recuperar en parte su legitimidad como interlocutores en el escenario político, lo que ni las media, ni los grupos de intereses diversos pueden hacer. También, ayudará a lograr el nivel de tolerancia o de convivencia política sana (considerar el otro partido no como enemigo, sino como adversario político con derechos), y de reconciliación de los partidos políticos.

El compromiso debe fortalecer e institucionalizar lo que llamaríamos "la sana oposición política" en el sentido de que los partidos, al hacer oposición, deben ofrecer esperanza concreta, mostrar una visión constructiva, crear una alternativa y plantear soluciones viables y factibles.

Éstas, son algunas de las medidas que pueden contribuir, entre otras, a controlar la proliferación de los partidos y aumentar en consecuencias la credibilidad de los partidos políticos en el país.

 IV. 3. Formación de la Junta Electoral Permanente.

Es preciso que se resuelva el problema de la falla institucional relacionando específicamente con al inexistencia de una junta electoral permanente a fin de regular, por otro lado, los partidos políticos. Como la constitución política de 1987 promulga, nos parece relevante que el cuerpo político del país llegue a formar el consejo electoral que tendrá que regular el funcionamiento de los partidos políticos hacia afuera. Regular las relaciones de los partidos con la sociedad, con los poderes del Estado y con otros organismos.

Este vació institucional que existía desde el renacimiento de la democracia en el país constituye un gran obstáculo al buen desempeño del sistema político, por lo tanto de los partidos políticos. Es menester que organicen este consejo permanente para regular y actualizar como se establece y se forma un partido político, como se debe dar vida y personalidad jurídica, en el contexto haitiano actual, a los partidos.

Por ejemplo, este reordenamiento institucional (formación de una junta electoral permanente independiente) contribuirá a la constitución de un fondo partidista público, con asignaciones presupuestarias, instrumento utilizado en casi todos los países democráticos del mundo y que contribuirá a minimizar los efectos de las inversiones privadas en la política y que siempre distorsionan la voluntad del electorado. Asimismo, regularizará la cuestión del financiamiento privado de los partidos políticos, y disminuye por consiguiente los elementos de corrupción

Estos mandatos y prohibiciones no son antidemocráticos, sino servirán de garantías complementarias a los ciudadanos, indispensables para legitimar los partidos políticos, frenar el fenómeno de anarquía política en Haití y continuar el proceso de democratización en el país.

V. PALABRAS FINALES

A partir de las explicaciones anteriores nos damos cuenta que, a pesar de otros factores que pueden ser implicados en los problemas de gobernabilidad en Haití, los Partidos políticos son un actor más, ya que no solamente son unos de los grandes culpables sino también las posibles soluciones tiene que pasar por ellos.

Hay enormes progresos políticos en Haití, porque a pesar de todo, llegamos a un tiempo donde la oposición política es posible y legitima. Hoy por hoy, se puede hablar de negociaciones y de concertaciones políticas. A eso, es necesario reconocer el aporte de los políticos del país. Pero, les hace falte reconocer que en la coyuntura política actual (régimen democrático) y los contextos de "poli-céntrico de la política", de plena y complejidad de la diversidad; la fuerza y el poder no están ubicados en un solo lugar. Nadie puede gozarse de esta falsa pretensión que posee de la fuerza para influir en los demás, y el otro, no. Es menester que se organicen para vivir juntos.

Repetimos como sostienen Sergio Micco y Eduardo Saffirio[39]: "Es indudablemente que los Partidos políticos son actores fundamentales de las democracias contemporáneas, pues realizan una labor imprescindible de mediaciones entre la sociedad y el Estado". Asimismo en Haití, más la situación sociopolitica y socioeconómica está mala, a mayor problemas de gobernabilidad más los partidos políticos se ven indispensables para iniciar (emprender) con la participación de otros sectores internos como externos nuevas sendas de soluciones. Sin embargo, si seguimos estudiando la definición de los partidos políticos mencionada anteriormente y de algunas de sus funciones, obviamente que estos partidos son sujetos a enormes modificaciones tanto en el tiempo como en el espacio. Estas organizaciones políticas haitianas están llamadas a reformarse. En efecto, según esa definición, nuestros partidos contemporáneos deben contar con departamentos de estudios de la realidad social. Son laboratorios de análisis y experimentaciones de soluciones para conflictos de la sociedad. Están llamados a desempeñar el papel de cristodios de la estabilidad política y del respeto a las normas democráticas que rigen la convivencia social. Éstas son unas de las grandes tareas de las organizaciones políticas del país. Tareas que implican primero la disolución de unas agrupaciones que se declaran partidos políticos que nunca van a poder cumplir esas condiciones; segundo la transformación con profundidad de los demás. No son opcionales. Son tareas obligatorias. Es la única forma para que la sociedad en general, los partidos políticos en particular, todos, ganen. Pensamos que no se queda más tiempo para hacer demagogia, para manipular ciegamente la población. Pero, tampoco es demasiado tarde para retomarse y salvar el país. No es opcional porque por definición es el papel de los partidos políticos: "crear mecanismos de análisis de los problemas nacionales en todos los campos a través de sus departamentos técnicos y especializados, a fin de plantear soluciones concretas y cuantificados".

Al no responder positivamente a sus tareas, tres situaciones catastróficas pueden ocurrir. Un país abandonado donde un pequeño grupo dominante va a seguir chupando la sangre de la población; un estado de caos total donde el pueblo terminará con su silencio moral y será la violencia generalizada. Tercero, como solía ocurrir, lo más factible es una intervención directa o indirecta de una fuerza externa para solucionar parcialmente la crisis, para ocultar los problemas de la nación. Es decir, en otra forma aplicar "paños de agua tibia" a los problemas de la sociedad. Así, el resultado será "perder-perder" y seguiremos con el mismo dilema que, desde siempre, obstaculiza el desarrollo del país, el cual consiste en la instalación de un Estado antes de la construcción de una sociedad haitiana, con el fin de mantener un grado de estabilidad aparente similar a lo que Vicente Torrijos R denomina "Gobernabilidad reluctante", sin la creación de espacio sociopolítico y económico suficiente para el desarrollo del país.

Sin lugar a dudas, las reformas de los partidos políticos en Haití deben de estar sustentadas en una ética partidaria en que se respeta el derecho, como hemos mencionado brevemente en la parte de la reducción de la proliferación, a disentir y se toleran las ideas ajenas. Esto contribuirá a ir recuperando la confianza de la ciudadanía en los partidos políticos y en sus posibilidades de influir en sus cambios sociales y valorar más sus funciones mediadoras[40] nacidas y muertas en la década del noventa.

También, la solución a la crisis de gobernabilidad actual debe dar participación a un sector más amplio de grupos sociales, y las negociaciones no deben limitarse a los actores políticos únicamente, sino con adecuadas intervenciones de la Sociedad Civil cuando ésta sea organizada y menos fuerte. Relacionando con esta última idea, basta hacer dos hincapiés importantes. El primero es la función de socialización que tienen los partidos políticos en el fortalecimiento de la sociedad civil. El segundo es que no queremos decir que hay que esperar que la sociedad civil se organice perfectamente bien para participar, ya que la participación se aprende también participando.

Estos nuevos partidos políticos o partidos políticos revisados que, esperamos con muchos entusiasmos, tendrán que converger sus esfuerzos para la construcción, con base en criterios de la sociedad haitiana primero y de los contextos internacionales o regionales, un Estado nacional estable. Pues, sólo un tal Estado con múltiples puertas abiertas a las demandas sociales puede responder a los nuevos desafíos que presenta el cuadro haitiano. Un Estado que sea capaz de canalizar el nuevo estilo de relación entre las instituciones que el contexto actual exige.

¿Queremos decir que hay que terminar con las luchas entre los partidos políticos? No, lo contrario. Es menester que sigan presionar uno a otro para reclamar buenas conductas sociales y políticas, para generar conflictos. Pero, les requieren con gran importancia las capacidades de gestionar, transformar y de resolver sus conflictos con o sin mediadores. Como actores u organizaciones responsables en los nuevos imperativos sociopolíticos y económicos del país (crisis de gobernabilidad), asimismo como sostiene Hans Jonas[41], es preciso que mediten mucho para aprehender muy bien los valores y la fuerza que deben representar sus acciones actuales en el futuro (racionalidad instrumental comunicativa, flexible y a largo plazo).

Si la política es un servicio a la sociedad, si los políticos son en consecuencias servidores públicos; los políticos haitianos están obligados a hacer política con grandes responsabilidades para poder interpretar las necesidades reales de la sociedad. Una política responsable en el sentido de "una articulación de acciones que consideren simultáneamente el interés general y los intereses particulares, las necesidades inmediatas y los proyectos a largo plazo de la sociedad"[42]. Sin esta ética de responsabilidad, que no tiene que ser una receta de una persona, de un divino, de un libro científico, sino una producción de las necesidades nacionales auténticas; ni la política, ni el político haitiano tienen su razón de ser.

Los imperativos del momento (duración de la crisis de gobernabilidad) llaman a los lideres políticos haitianos juntos con sus partidos a luchar contra su racionalidad individualista si quieren sobrevivir en el sistema político. Es una tarea difícil, pero no hacerlo implicará consecuencias desastrosas tanto para el país, el sistema político como para los mismos políticos del país.

Pero, a esta altura de las crisis donde existen tendencias a priorizar una solución cualquiera que sea el proceso, los partidos tienen que retomarse para poder identificar y rechazar todas ofertas y presiones venenosas, evitar todas formas de corrupción, y de alternativa que tendría como finalidad una estabilidad maquillada, incipiente que no tendría componente social, económico y político para servir de base a la buena gobernabilidad del país. Ya que, ningún sistema estable tiene por sí mismo una connotación positiva.

Es cierto que Haití constituye un caso inestable, y reiteramos que es imprescindible, si no quieren ser vencidos, que se unan (competitividad en la integración) manteniendo los niveles de diferenciación claramente definida (diversidad en la unión) para una competencia política sana, pero la búsqueda de una aparente estabilidad, de áreas grises, de paz imperfecta impuestas por una suerte de educación para la paz desde el conflicto no es necesariamente, ni debe ser el fin de los esfuerzos que tienen que hacer los Partidos Políticos en la construcción de condiciones y de espacios para una real evolución hacia una Gobernabilidad democrática en Haití

   Bibliografía

 1.      Carmen Innerarity y Daniel Innerarity: La transformación de la Política para gobernar una sociedad compleja. En Revista Estudios y Políticos, Madrid. 1999.

2.      CEPAL/ILPES: Partidos Políticos Y gestión estratégicas. CEPAL - naciones unidas, Santiago de Chile, 1997.

3.      Constitution de la République D´Haiti. Editions Liberté. Port/au/ prince, 1996.

4.      Edgardo Boeninger: La gobernabilidad: un concepto multidimensional. In ¿Qué espera la sociedad del gobierno?. Universidad de Chile, 1994

5.      Haiti-fiche documentaire, février 2001. http://www.infoexport.gc.ca/docs/view-f.asp?did=267&gid=205

6.      http://165.158.1.110/spanish/sha/prflhai.html

7.        http://www.georgetown.edu/pdba/Parties/Resumen/Haiti/desc.html

8.        http://www.haiti.org/francais/titre03.htm#Top

9.        http://www.iigov.org/documentos/

10.  Informe ETHOS. Universidad Alberto Hurtado. No. 16 (2001).

11.  Institut Haitien de Statistiques et d’Informatique: Estimation de la Population Totale d’Haiti par Année suivant le sexe et la Zone de Résidence. ( 1950-2015)

12.  Jonas, Hans: Los principios de la responsabilidad. Pág. 55, 56 y 57.

13.  Manuel Alcántara Saez: Gobernabilidad, crisis y cambio. Cfe.1995

14.  Manuel Mella Marquez: Curso de Partidos políticos. Ediciones AKAL, S. A 1997. Madrid- España.

15.  Max Webert: El político y el Científico. Ed. Alianza, Madrid. 1981.

16.  Norbert Lechner: Tres formas de coordinación social. In Revista de la CEPAL, no. 61. Abril 1997.

17.     Norberto Biobbio: Diccionario de Política. Pág. 538 Ed. Siglo XXI. España 1991

18.  PNUD: Partidos políticos y Gobernabilidad en América Central. Ed. Constantino San José, Costa Rica. 1997

19.  Rodrigo Borja: Enciclopedia de la Política. Ed. Fondo de cultura económica, México 1997.

20.  Sergio Micco, Eduardo Saffirio: Anunciaron tu Muerte. CED. Santiago de Chile, 2000.

21.  Víctor Flores Olea: Los sistemas políticos y su crisis. In Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales. No. 152.

 

 

Jean Patrique CIMÉ


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