CAPITULO 9

"Un noble aliado, acosado por el enemigo."

Mientras se llevaban a los prisioneros a Batroun, se atendió a los heridos y se luchó contra los incendios en las naves que aún podían recuperarse para ser reparadas.

Las pérdidas humanas entre los asiáticos fueron grandes, por lo menos quinientos hombres entre oficiales y soldados sin contar los esclavos, mientras que nosotros perdimos solo ciento treinta y ocho.

Ayudamos a bajar las provisiones de los navíos conteniendo los cereales y al final de la tarde se completó el desembarco de trigo y cebada, que serían transportados al día siguiente hacia Biblos.

Pasamos la noche en el poblado de Batroun, con su santuario y pequeños edificios, localidad dependiente del príncipe de Biblos y el consejo de dicha ciudad. Un muro de circunvalación calcáreo separaba la ciudadela propiamente dicha, del caserío del pueblo y de las laderas de los montes orientales cubiertos de coníferas.

Un hermoso bosque de pinos, abetos y cipreses alternaban por zonas con cedros y robles, adornando el camino en nuestra ruta hacia el sur. Acostumbrado al pobre paisaje del desierto o a lo sumo de los oasis, la variedad y abundancia de vegetación fascinaba mis sentidos con formas, colores, aromas y sonidos desconocidos aún para mí. Aves y animales muy diferentes a los de Kemet como águilas, pájaros carpinteros, ciervos, liebres, lobos, jabalís, ardillas y osos, habitaban estos paisajes de ensueño, excitando mi imaginación y mi deseo de internarme en sus senderos para recorrerlos, extasiándome con su natural belleza.

A medida que nos acercábamos a Biblos, los bosques se hicieron más homogéneos en su vegetación, predominando el cedro y el abeto. La extensión era enorme, hasta donde alcanzaba la vista.

Con la preciosa carga de alimentos, llegamos a la ciudad costera que tanto necesitaba de ellos para subsistir. Biblos, esa rica ciudad portuaria tan disputada por las potencias desde épocas remotas, constituía desde el punto de vista comercial, el nudo de conjunción en donde se cruzaban todas las caravanas terrestres y las flotas mercantes.

Por su puerto pasaban las más variadas mercancías utilitarias y de lujo, cerámica de Kemet, turquesa del Sinaí, incienso y mirra de Punt, cobre de Alashiya, betún de Retenu, obsidiana de Anatolia, lapizlásuli de las tierras al oriente del Elam, ámbar de las tierras frías del norte y otros productos como perlas, conchas, pieles, tejidos, caballos, etc. Cualquier cosa que pudiese venderse o intercambiarse pasaba por Biblos. También contaba con una gran riqueza en maderas de gran valor que exportaba a todos los rincones del mundo, para la fabricación de muebles, vigas, columnas, estatuas, etc. Kemet era un importador de enormes cantidades de maderas, sobre todo de cedro, pagado con oro de Uauat y Kush.

Pasamos varios puestos de guardias del ejército de Kemet que protegían los pasos a través de los montes que daban acceso a las planicies costeras desde las tierras del interior de Retenu y el país de Djahi, controladas por los príncipes cananeos y amorreos de ciudades como Qatna, Qadesh, Meggido, Tunip, Hashabu, Hasi, Labwe, etc.

Llegamos cuando las primeras estrellas empezaban a brillar en el horizonte oriental sobre el cielo de Biblos, ciudad circundada por un alto muro blanco, almenado con torretas cuadradas a distancias regulares, ocupadas por guardias armados. Dos grandes puertas de madera reforzadas con planchas de cobre, se abrían en la pared norte por donde ingresamos y en la pared sur, mientras el muro oriental que colindaba con los montes no tenía entradas y en este sector era dos codos más alto y mejor vigilado.

Una multitud nos esperaba al pasar por las calles de la ciudad baja, iluminada por centenares de antorchas que ardían con una llama amarillo verdosa. Nos aclamaban como a héroes y realmente para ellos lo éramos. Rostros flacos, famélicos, hombres, mujeres y niños que mostraban los efectos del hambre. Para esta pobre gente al borde de la inanición nuestra llegada significaba una nueva esperanza de vida, porque los enemigos eran capaces de dejarlos morir de hambre o transformarlos en esclavos por no haber aceptado rendirse antes.

La ciudad, tan grande como Mennufer, tenía un puerto de mayor tamaño bien defendido por una entrada flanqueada por dos contrafuertes de piedra que custodiaban el acceso al interior del mismo, de modo que un ataque marítimo a la ciudad era un verdadero suicidio, si antes no se neutralizaban las defensas de tierra.

Biblos recibía agua a través de pequeños ríos que provenían de los montes orientales y varios arroyos canalizados para alimentar pozos y estanques, distribuidos en varios sectores.

La edificación era de piedra para los templos y palacios, y de adobe y madera para el resto de las construcciones.

La llamada ciudad alta estaba ocupada por el palacio real que limitaba al norte con el edificio de la administración, donde se encontraban las dependencias del tesoro y el edificio del sur para el harén donde vivían las esposas, hijos y concubinas del Rey de Biblos.

Abajo, descendiendo por la ladera, se extendía el barrio residencial de los miembros más sobresalientes de la aristocracia y ocupando la mayor parte de la ciudad baja, los barrios de los ciudadanos comunes y los de comerciantes y navegantes, comunicados directamente con las instalaciones del mercado y el puerto.

La parte superior del terreno amurallado se encontraba ocupado por los templos de Baal y Dagán, los dioses cananeos tradicionales y junto a ellos en santuarios menores deidades hurritas, entre ellas Teshut, Kushuh y Shimegi.

Anu, Enlil y otros dioses de Mesopotamia, también tenían su lugar en la ciudad cosmopolita en la que el Faraón Tutmés I ordenó la restauración de un bello templete en honor a nuestra amada Diosa Hathor.

Mientras atravesábamos la ciudad en los carros hacia los graneros, pregunté a Ykkur por el templete de nuestra Diosa.

---- ¿Por qué se permite que nuestra amada Diosa se encuentre inmersa en esta infame mezcla de dioses extranjeros?.---- pregunté indignado al ver profanada la grandeza de nuestra Diosa en esa confusión de divinidades de todos los reinos asiáticos.

---- A los soberanos de nuestra tierra les interesa la política, la economía y relacionados con ellas el comercio y la guerra. Se pretende que exista alguna forma de presencia de los dioses de nuestro país como símbolo de nuestro poder y dominio, pero ellos no intentan difundir entre los aliados nuestra religión, ni provocar odios, ni rencores por imponer nuestras creencias a los pueblos subyugados. Suficientes problemas tenemos ya, como para inmiscuirnos en asuntos de carácter religioso.---- respondió Ykkur con voz calmada.

Comprendía el punto de vista. En Kemet los faraones representaban a los propios dioses ante el pueblo, pero actuaban con tolerancia ante la idiosincrasia religiosa de los aliados y los subyugados. Demasiado nos aborrecen ya por tener que pagarnos tributo, impuestos y por usurpar sus tesoros, como para que todavía, aumentemos la opresión obligándoles a adorar a nuestras deidades, que en la mayoría de los casos les deben parecer extrañas.

Cuando llegamos al granero, fuimos recibidos por el Rey de Biblos que se había dirigido hacia allí al enterarse que entraríamos a la ciudad cerca del anochecer llevando los alimentos a los depósitos de grano antes de pasar por la Residencia Real.

---- ¡Su Alteza!.---- saludó el anciano monarca besando inclinado la mano de Tutmés.---- Le estamos eternamente agradecidos por haber venido personalmente trayendo el embarque de cereal desde vuestra bendita tierra.---- expresó sinceramente agradecido el Rey, visiblemente emocionado.

El príncipe ayudó a levantarse al anciano de plateados cabellos y larga barba rizada que le llegaba al pecho.

---- Hay mucha tristeza en mi corazón al ver a vuestro pueblo hambriento. Si yo tomase las decisiones en Kemet, esto no les hubiera ocurrido.

---- Expresó Tutmés al Rey Joam.---- ¡Repartan los alimentos al pueblo ahora mismo!.---- ordenó el Príncipe.

En el grito de júbilo de la muchedumbre fue ensordecedor.

---- ¡Viva el príncipe de Kemet!.¡Tenga larga vida el hijo del Faraón!.---- gritó a coro la multitud que se había reunido ante las puertas de los silos para recibir sus raciones. Nos alejamos caminando hacia los carros, acompañando al Príncipe y al Rey Joam custodiado por sus cuatro guardias personales.

Al pasar junto al gentío en dirección al palacio, saludamos al embajador Arashen que se abrazaba a sus hijos y al resto de los miembros de su familia que habían salido a su encuentro.

Camino a la residencia, a través de las calles de la ciudad baja, la naturalidad y el aprecio sincero del príncipe, hicieron que el mandatario se abriese a la conversación en una plática franca y sin inhibiciones.

---- Mi señor, la situación es muy difícil para mi país. Las pocas ciudades que todavía son fieles a Kemet están siendo presionadas por los príncipes amorreos y hurritas, para que nos unamos a ellos y seamos sus súbditos.

Interceptan las naves mercantes y las caravanas de diferente procedencia cuando transportan productos alimenticios, privándonos de víveres para obligarnos a rendirnos y pagarles tributo, transformándonos en sus aliados en contra de vuestra nación.---- dijo alarmado Joam.

---- Lo sé Joam, me lo ha contado el embajador. Si por mí fuera, mucho tiempo atrás habría tomado las medidas necesarias para que vuestro país nunca llegase a verse comprometido en su seguridad de éste modo, pero aún no está a mi alcance el poder de decisión ya que los funcionarios de la administración y los generales del ejército son controlados por la Reina.

Hatshepsut está obsesionada con la idea de ser hija del omnipotente Amón-Ra, imaginando que solo con su deseo destruirá a los enemigos, arrastrándonos a todos hacia un abismo que nos llevará a caer bajo las garras del Imperio de Naharín.---- dijo abiertamente Tutmés, pues todos los que lo escuchábamos éramos de su confianza.---- ¿Qué sabe usted de la salud del Rey Baratarna?.---- preguntó interesado Tutmés.

---- Según me han informado se encuentra en grave estado y no creen que sobreviva hasta la próxima luna nueva.

Shatuara se encuentra más cerca que nunca de ceñir la corona y el consejo seguramente se la va a conceder a pesar de la oposición de Parsatatar. ---- respondió Joam.

---- Mi mayor temor es que Naharín pacte la paz con el Reino de Hatti, la única nación que opone resistencia a su expansionismo.

De llegar a un acuerdo con el Rey hitita Khantil II, todo el poderío del imperio de Naharín se orientaría contra nuestros aliados e incluso el territorio de Kemet se hallaría en peligro. ¿Cree que alguno de ellos puede llegar a intentar un acuerdo con el monarca de Hatti?.---- preguntó Tutmés.

---- No lo creo. Tanto Shatuara como Parsatatar saben que pactar con el Rey Hitita sería una demostración de debilidad, mal vista por el consejo.

Los nobles no darán su apoyo a un heredero al trono que intente llegar a un acuerdo con el Rey Khantil que es considerado enemigo mortal de los hurritas y menos aún después de que Alluwamna, padre de Khantil, les arrebatara Alashiya, pérdida que representa una humillación y la disminución de enormes reservas de cobre y otras riquezas naturales de la gran isla. Además, un pacto de paz fortalecería a los hititas que tienen serios inconvenientes para soportar la presión de los nómadas del norte. Por lo tanto, ambos pretendientes a la corona deberán luchar con sus propios recursos sin alianzas secretas. Por otro lado, los dos son ambiciosos, pero también astutos y desconfiados, y no darán al rival la ventaja de ganarse el rechazo del consejo, por aliarse con su peor enemigo.---- comentó el anciano.

---- Según lo que me cuenta, cualquiera de los candidatos puede tomar el poder, y ya sea uno, o el otro, serán temibles rivales de Kemet.

Le aseguro que haré todo lo que pueda para convencer a la reina, de que ponga

a disposición una gran flota para abastecer a vuestras ciudades y proteger al mismo tiempo nuestros intereses en Khinakhny.---- expresó el príncipe tratando de tranquilizar al viejo Rey.

---- ¿Su alteza quiere decir que la reina no ha previsto el modo de abastecernos teniendo en cuenta el corte de la ruta terrestre?.---- preguntó sorprendido el anciano.

---- No, Joam. Este viaje se realizó bajo mi total responsabilidad y puede traerme serios problemas en mi relación con la soberana.---- aclaró el príncipe.

---- Pero, ¿por qué la Reina habría de abandonarnos a merced de los hurritas y sus aliados?. ¿No hemos sido buenos súbditos todos estos años?.---- preguntó Joam sintiéndose traicionado por Hatshepsut.

---- Estoy convencido de que no hemos tenido mejor aliado que vos y el pueblo de Khinakhny, pero la Reina está desquiciada, obsesionada con sus templos y tesoros, y convencida de ser la hija carnal del omnipotente Amón-Ra. Desconoce el peligro e ignora deliberadamente el riesgo que acecha a Kemet, mientras descuida a los países aliados que luchan por contener su avance.

Ella considera que mantener tropas de Kemet en Asia es un despilfarro.----

---- Pero, ¿todos los beneficios económicos que le proporcionan nuestras ciudades?. La madera para sus preciados palacios, sus muebles, la púrpura y las telas que importamos desde oriente para sus atuendos, el tributo que pagamos, ¿no valen nada para ella?.---- el anciano se veía desesperado porque sabía que el castigo que imponían los hurritas, era la muerte.

---- Yo conozco todos los esfuerzos realizados por ti y por tu pueblo, pero la decisión final no es mía. Si por mí fuera, ya hubiese recuperado las tierras que alguna vez conquistó mi abuelo, pero yo no cuento con el poder para llevar a cabo tal proyecto.

Por ello os aconsejo, que si antes de dos meses no reciben otro cargamento de alimentos de mi país, ríndanse y acepten las condiciones que les imponga Shatuara, antes de que tome represalias contra vosotros.---- dijo entristecido el príncipe.

El sexagenario Rey se veía muy afligido. Joam había sido un fiel amigo de Tutmés II, brindándole su apoyo en los momentos más difíciles de su enfermedad y cuando otros monarcas ante la perspectiva de la muerte del Faraón ya habían cambiado su lealtad para con los hurritas, él se mantuvo junto al soberano de Kemet.

Tutmés trató de alentar al rey dándole ánimo para seguir resistiendo.

---- Su Majestad, debemos planear los viajes para decidir cuáles serán las rutas más seguras para abastecer a las otras ciudades.---- dijo Tutmés.

---- He organizado una gran celebración en vuestro honor y mañana luego de que hayáis recuperado fuerzas, os mostraré los mapas de la región para programar los envíos de grano a Sidón y Ardata.

---- Y Simurru ¿qué pasa con esa ciudad del norte?---- en su interior el príncipe sospechaba la respuesta.

---- Nos llegaron noticias de que se rindieron hace una semana y media a causa de una peste que había empeorado el problema de la escasez de alimentos.---- dijo apesadumbrado.

---- ¿También hemos perdido Simurru?. ¡Por los cuernos de Amón!.---- exclamó con resignada indignación.

El príncipe volvió a sumirse en sus cavilaciones y llegamos en silencio a la residencia del Rey.

El salón central había sido ornamentado para celebrar la fiesta de bienvenida en honor de Tutmés, pero fue él mismo quién ordenó que solo se sirviera una cena con las autoridades locales, sin mayores festejos, sin cantantes, ni bailarinas, solo algo de música.

Consideraba que a pesar del éxito de la misión hasta ese momento, la situación no era propicia para agasajos teniendo en cuenta la gravedad del caso y el hecho concreto de que el objetivo del viaje se había cumplido solo parcialmente.

Además, Tutmés quería que al día siguiente nos levantáramos muy temprano para concretar los preparativos en vistas del viaje a Sidón transportando las provisiones a esa ciudad que necesitaba de ellas tanto o más que Biblos, teniendo en consideración que se encontraban seriamente acosados por nuestros enemigos.

Luego de la cena colmada de exquisitos manjares pero notablemente modesta en cuanto a festejo, pasaron al salón de reuniones los funcionarios del gobierno de Biblos, los más altos jefes del ejército del país y de la guarnición de Kemet en la región, para analizar las posibilidades y medidas a tomar en relación con el viaje a Sidón.

Los mapas de papiro fueron desplegados sobre una mesa de roble. Se evaluaron los recursos en armas, transportes y hombres, y se llevó a cabo el último estudio de la situación.

---- ¿Cuáles son las mejores rutas para llevar el alimento hasta Sidón?. preguntó el príncipe al capitán Pairi, oficial de las tropas de Kemet.

---- Mi Señor, sólo hay dos rutas para movilizar la carga de grano en carros y una más transportando los sacos a lomo de burro. ---- respondió el capitán.

---- ¿Cuál diría capitán que es de las dos primeras, la más segura?.---- preguntó Tutmés.

---- Ésta mi señor.---- dijo señalando en el mapa.---- La ruta que va por el interior y transcurre paralela a las colinas, a poco menos de un Iteru de la costa, pasando por el "Monte del lobo".---- indicó Pairi.

---- Mi señor, esa sería justamente la que nuestros enemigos esperan que utilicemos.---- dijo el hijo mayor del Rey Joam.

---- Así es, pero de todas maneras no teniendo mejores opciones debemos recurrir a ella aunque sea previsible para nuestros enemigos.---- respondió Tutmés al príncipe Joel, mientras el resto escuchaba sin decir palabra.

---- Ahora quiero que me informe en qué parte del recorrido escogería para atacar a una caravana de manera que sepamos el lugar en que estaríamos más expuestos e indefensos ante una emboscada.---- volvió a preguntar Tutmés.

---- Justamente pasando el "monte del lobo", cuando el camino transcurre a través de un estrecho paso entre las colinas, una caravana estaría a merced de

arqueros apostados en los peñascos que sobresalen en las laderas rocosas, para luego ser rematados por la infantería.---- respondió con seguridad el capitán.

---- ¿Qué hay de la segunda ruta para transportar en carros los alimentos?.----

---- Es mucho más peligrosa pues existen al menos tres o cuatro puntos del recorrido en los que nos pueden acechar.---- afirmó Pairi.

---- Muy bien, de modo que no existiendo mejores posibilidades, tomaremos el camino más seguro y duplicaremos la custodia armada.---- concluyó el príncipe.---- ¿Alguien tiene algo más que agregar?.

---- Mi Señor, duplicar la custodia no ayudará a resolver el problema si nos tienden una trampa en ese lugar; sólo morirían más hombres.---- objetó el capitán.

---- Deberemos arriesgarnos, no nos queda otra opción.---- respondió con autoridad Tutmés.

Miré a mis compañeros asombrado por la decisión que no me pareció propia del carácter del heredero del trono de Kemet, pero sospeché que Tutmés ocultaba alguna otra intención desconocida para nosotros.

---- Será una pérdida inútil de hombres, de alimento y de todos modos será difícil que llegue a destino.---- insistió el capitán Pairi.

---- He dicho capitán que no habiendo otra opción, mi decisión está tomada.---- dijo en tono irritado el príncipe.---- Saldremos pasado mañana al amanecer.

Que se imparta mañana la orden de preparar los carros para la salida y una guarnición de 400 hombres bien pertrechados.---- concluyó el príncipe, dando por terminada la reunión.

Los presentes se fueron retirando, algunos comentando por lo bajo la peligrosidad de la misión, cuestionando solapadamente la decisión del príncipe. Otros, sin embargo, parecían haberla aceptado como la mejor posibilidad.

Tutmés sabía que muchos estarían en desacuerdo pero hizo caso omiso a posibles críticas.

Llamó a Ykkur y le habló al oído después de lo cual nos llamó a Madakh y a mí, para conducirnos lejos de extraños para hablarnos en privado.

---- El príncipe ordena que sigan al capitán y le comuniquen que quiere conversar con él, en el puerto a medianoche en el extremo sur del embarcadero. Díganle que vaya solo y que no se deje ver. ---- nos señaló Ykkur.

De lejos divisamos al capitán que con otros dos oficiales, se dirigían calle abajo hacia el barrio de la guarnición, mezclado entre algunos otros jefes de los cuerpos armados que también habían participado de la reunión. Debíamos esperar a que se separara del grupo.

Mientras los seguíamos, miré el firmamento, la noche era un tanto fría y ventosa. Llenaba el ambiente el olor de la brisa marina mezclado con el aroma de la resina de las coníferas por entre las que silbaba el viento que mecía sus copas. Oscuros nubarrones se desplazaban rápidamente eclipsando cada vez más los cielos del norte.

Luego de seguirlo varias calles, transitó acompañado por solo uno de sus guardias al que despidió, nos acercamos rápidamente antes de que ingresara en la casa de oficiales.

----- ¡Capitán!---- dijo Madakh ---- Señor, tenemos un mensaje de Su Alteza.--

---- Si, ¿ Qué es lo que ocurre?---- dijo Pairi un poco extrañado y desconfiado a la vez.

----El príncipe quiere conversar con usted a solas, a medianoche en el extremo norte de embarcadero. Mi señor quiere que concurra solo y que nadie se entere. Esta reunión debe ser un secreto entre ambos.

No tema pues nadie tratará de hacerle daño.---- dijo Madakh tratando de convencer al capitán de nuestras buenas intenciones.

---- Está bien. Allí estaré.---- respondió aceptando, aunque no totalmente convencido.

Volvimos rápidamente al palacio, aparentemente nadie nos había visto. Las calles estaban vacías. La noche se hacía más fría y un manto gris descendía sobre Biblos.

Entramos a la residencia casi cegados por el polvo que levantaba el viento.

---- Señor hemos dado el mensaje. El capitán estará allí a medianoche.--- anuncié a Tutmés que se hallaba solo en su habitación.

--- Bien hecho. Ustedes vendrán conmigo. Ykkur y el resto se quedarán aquí.--- dijo Tutmés.--- Tomen sus abrigos, saldremos enseguida.

Tomamos nuestras ropas para protegernos del frío y al mismo tiempo ocultar nuestras identidades.

--- Ykkur, distribúyanse desde las habitaciones hasta el vestíbulo del palacio para cubrir nuestra salida. No debemos permitir que nadie nos siga.---- dijo el príncipe ocultando su cabeza bajo una capa con capucha de lino azul oscuro.

Salimos subrepticiamente del palacio rumbo al puerto.

Una fina llovizna se precipitaba sobre la ciudad dormida. No cruzamos a nadie en nuestro recorrido. El puerto se veía muy tranquilo con el mar un poco agitado por acción de las ráfagas intermitentes que levantaban un moderado oleaje.

Esperamos unos momentos y vimos llegar entre las sombras al oficial cubierto con ropas oscuras.

---- Mi Señor. Aquí estoy para serviros.--- dijo Pairi arrodillándose ante el príncipe.

---- Capitán toda la escena que hice en la reunión fue para observar la reacción de los presentes, y sólo Ud. y el príncipe Joel, mostraron interés y preocupación por el éxito de la misión. Son los únicos en los que puedo confiar plenamente.

El señor embajador me comunicó de sus sospechas acerca de la existencia de alguien en el grupo de oficiales o funcionarios que de alguna manera está informando a nuestros enemigos. ¿Tiene usted idea de quién o quiénes pueden ser?. ---- preguntó Tutmés.

---- No realmente mi Señor. De quien que puedo asegurar que no es traidor es de mi segundo Yak-Baal. Fue herido gravemente en una emboscada que nos tendieron el año pasado cuando transportábamos un cargamento de lapizlásuli con destino a Kemet, y no se encontraba en la reunión de alto mando cuando se dio a conocer la ruta.

----¿Puede recordar quienes participaron en aquella reunión?.--- preguntó muy interesado el príncipe.

---- Los mismos de siempre. El rey, sus hijos, el capitán de la flota, el canciller, el chambelán del palacio, el general de la tropa de Biblos, el embajador y yo.

---¿De quiénes has observado actitudes sospechosas?.---- preguntó nuevamente.

--- Lamento decir que desconfío de cualquiera de ellos, debido a que por sus intereses se encuentran apoyando a uno u otro de los hijos del Rey como sucesor al trono, tratando de influir sobre el anciano en su elección, pero la sucesión le correspondería al primogénito Yenom. Nadie confía en nadie y los chismes e intrigas en el seno del harén son más abundantes que las flores del jardín.---- dijo Pairi.

---- Bueno, nos ocupemos ahora del viaje. ¿Cuántos hombres necesitarían los asiáticos para atacarnos en el paso?.---- preguntó el príncipe.

--- Con algo menos de cien hombres podrían vencernos, teniendo en cuenta que estaríamos indefensos, haciendo blanco sobre nosotros que sólo contaríamos con la protección de los carros. ¿Qué tiene pensado, mi señor?---- preguntó Pairi.

---- Todos en la reunión escucharon que saldríamos muy temprano el día del viaje. Quienes nos ataquen deberán pasar la noche en las cercanías del paso ¿verdad?.----- preguntó Tutmés.

---- Si, es cierto.---- dijo el capitán.---- Su Alteza cuenta con que él o los traidores comuniquen vuestros planes al enemigo ¿verdad?.---- intuyó Pairi.

---- Así es. Dándoles a conocer nuestra ruta, lo que pretendo es llevarlos a acampar en lugares que utilicen para pasar la noche previa a nuestro viaje, y allí atacarlos por sorpresa.

¿Cuántos lugares tienen para acampar cerca del paso un grupo de aproximadamente 100 o 150 hombres?.----

--- Conociendo bastante bien la región diría que sólo tres lugares.---

---- Muy bien. Mañana saldremos luego del mediodía, con tus mejores 100 hombres y los buscaremos en alguno de esos sitios para atacarlos mientras duermen.--- expresó el príncipe.

---- ¿Y si no encontramos enemigos en esas zonas?.---- preguntó el capitán.

---- Tendremos mejores posibilidades de enfrentarlos y vencerlos en otra parte de la ruta.---- respondió Tutmés.

---- Muy bien Señor. Dispondré todo para nuestra misión y buscaré alguna excusa que darle a los oficiales locales. Hasta mañana. ---- se despidió Pairi.

---- Que Amón lo acompañe capitán Pairi. Hasta mañana.---- lo saludó el príncipe.

Dejamos que se alejara del lugar y luego retornamos al palacio bajo una persistente llovizna.

Al día siguiente nos levantamos muy temprano, desayunamos y cuando terminábamos de preparar nuestro armamento, llegó un mensajero al palacio con la nefasta noticia de que el capitán había desaparecido. Instintivamente pensé que podría habernos traicionado y escapado hacia las filas enemigas.

--- ¿Cree que nos haya traicionado mi señor?.---- pregunté desconfiado.

---- No lo creo. Pero realmente no sé qué pensar. Vayamos a las barracas a averiguar qué pasó.--- dijo Tutmés.

Llegamos a las barracas en donde se residían las tropas de Kemet. Ya se encontraban allí otros funcionarios, altos jefes de la tropa de Biblos, el rey que se veía consternado y sus hijos.

Mientras interrogaban a los soldados que habían estado de guardia en diferentes lugares del muro nos acercamos al grupo de oficiales.

--- ¿Quién es Yak-Baal?.---- preguntó Ykkur.

--- Yo Señor.-- respondió el joven oficial de rostro blanco barbado de cabello ensortijado que le caía por debajo de los hombros, con semblante preocupado y en voz baja.

---- ¿Qué ha ocurrido teniente?---- preguntó Tutmés.

El joven oficial se arrodilló y besó su mano.

---- Mi señor, dos guardias que custodiaban las torretas por encima de la puerta sur de la muralla, fueron asesinados y el capitán Pairi ha desaparecido sin dejar rastro.

Muchos creen que pudo habernos traicionado, pero yo no puedo creer eso. Él es un hombre íntegro y amante de su país y pienso que pueden haberlo secuestrado.---- dijo angustiado.

---- No digas a nadie lo que piensas. Yo sospecho lo mismo, pero no debemos sacar conclusiones hasta obtener más indicios de qué fue lo que pasó realmente.---- dijo el príncipe.---- Recorran todo el trayecto que hizo el capitán anoche para volver a la residencia de los oficiales, desde el lugar del puerto en que nos despedimos.---- nos ordenó a Madakh y a mí.---- Fíjense en todos los detalles. Las calles están barrosas y pueden quedar muchas huellas que nos den alguna pista. Apresúrense.---- dijo enérgicamente el príncipe.---- Ykkur, acércate a los cadáveres de los guardias, observa como fueron asesinados, pregunta dónde los encontraron y revisa los rastros en el fango, no pierdas tiempo.----

Luego se dirigió a Sai y Amenemheb.

---- Vayan a la puerta sur y vean que pueden descubrir. Debe haber huellas del carro en el que dicen que huyó el capitán. Los demás volverán al palacio conmigo.----

Apresuramos el paso con Madakh y recorrimos todo el camino que había seguido Pairi desde que lo vimos abandonar el puerto.

Por la cantidad de agua y barro de las calles, debió haber llovido toda la noche. Había muchos charcos y demasiadas huellas de pisadas y ruedas de carro como para que pudiésemos identificar algo. Pero a dos cuadras de la residencia de oficiales, justo en una esquina, se veía un grupo muy confuso de huellas de pisadas en diferentes direcciones y marcas superficiales que coincidían con codos, palmas de las manos y quizás rodillas. Nos miramos con Madakh.

---- Busquemos un poco más, tal vez encontremos algo. ---- me dijo mi compañero.

Parece que se hubiesen revolcado aquí, como si hubiera ocurrido una lucha, ¿verdad?, ---- le pregunté.

---- Si Shed, pero no estoy muy seguro. Podrían ser huellas de animales, recuerda que por aquí pasan algunos rebaños hacia el exterior.----

En ese mismo instante vi dos surcos en el barro cubiertos por agua. Pensé que debían haberse llenado durante la noche, pues otras marcas de ruedas de carro eran muy diferentes.

---- ¡Mira Madakh! Estas huellas parecen indicar que fue arrastrado un cuerpo humano, dejando las improntas de los talones en el fango blando. ---- dije excitado por el hallazgo.

---- Creo que tienes razón. Veamos hacia donde nos llevan. ---- me contestó.

Sacamos un poco de agua de los surcos y observamos que terminaban en las huellas dejadas por un carro, unos cuantos pasos más allá, con la misma cantidad de agua que los anteriores.

Madakh y yo pensamos lo mismo, no podíamos esperar encontrar sangre, pues se hubiese mezclado con el fango y lavado por la lluvia. De todas formas observamos desde más cerca el suelo barroso y Madakh encontró entre las piedrecillas pequeños anillos de color blanco amarillento muy embarrados.

---- Parecen de marfil. ---- expresé cuando me los mostró. ---- Conozco estos materiales de cuando trabaja en el taller de artesanos.

---- Puede ser importante. Volvamos al palacio para contarle a Tutmés nuestros descubrimientos.---- dijo mi comopañero.

Al regresar fuimos directamente a las habitaciones, pues sería el lugar más seguro de reunión. Ya estaban todos, incluido el teniente Yak-Baal.

---- Acérquense.---- dijo Tutmés ansioso por conocer lo que cada uno de nosotros pudo averiguar. El teniente fue a revisar las cosas del capitán en la residencia de oficiales.---- ¿Qué encontró?----

---- Encontré que solo falta de entre sus cosas una capa negra. Todo lo demás

está en su lugar y el soldado de la residencia, que estaba de guardia anoche, dice que no lo vio regresar.---- comentó Yak-Baal.

---- La capa negra la llevaba anoche cuando nos entrevistamos en el puerto.---- dije con seguridad, mientras el príncipe asentía.

---- Amenemheb y Sai, ¿qué encontraron?----

---- No pudimos descubrir nada. Solo encontramos demasiadas huellas de carros que se confunden a la salida de la puerta sur.

---- Ustedes ¿qué pueden aportar? ---- nos preguntó Tutmés.

---- Mi señor, cerca de la casa de los oficiales encontramos rastros que posiblemente procedieran de una pelea, en donde se veían marcas de codos, manos y rodillas como si hubiesen estado luchando en el fango. También había surcos de talones posiblemente dejados al arrastrar un cuerpo, hacia un carro en donde quedaron las huellas del mismo. Finalmente encontramos estas cuentas de collar mezcladas en el barro del lugar. ---- dijo Madakh.

---- ¿Usaba el capitán algún ornamento personal de cuentas de marfil?. ---- preguntó el príncipe.

---- Sí, claro.---- dijo Yak-Baal. ---- Usaba un collar de pequeñas cuentas de marfil, algunas grabadas con una flor de nenúfar, pues él era originario del Alto Kemet. Déjame ver las que encontraron. ---- las observó detenidamente. ---- Estos no tienen grabados, pero de todas maneras son iguales en tamaño y forma y pueden pertenecer al mismo collar, pues no todas estaban grabadas.---- afirmó Yak-Baal.

---- ¿Ykkur que encontraste?. ---- preguntó el príncipe.

---- No mucho que nos ayude. El puñal del capitán fue encontrado junto a uno de los guardias degollados, lo que lo incrimina y ambos fueron asesinados de la misma forma.----

---- ¿Y cómo fueron asesinados?.---- preguntó Tutmés.

Los tomaron a ambos por la espalda, levantándoles el mentón hacia arriba y les hicieron un profundo corte de izquierda a derecha por el que se desangraron hasta morir. ---- explicó Ykkur.

---- ¿Pero de izquierda a derecha no mataría un diestro?---- preguntó Yak-Baal.

---- Sí, por supuesto. ---- contestó Ykkur.

---- ¡Pero el capitán era zurdo!.---- exclamó Yak-Baal.

---- Estoy casi convencido de que el capitán Pairi fue secuestrado. Lo tienen prisionero o puede estar muerto, si pudieron obtener lo que querían de él, y por supuesto mataron a los guardias con su cuchillo y lo dejaron allí para incriminarlo.---- expresó Tutmés.

---- Tal vez buscando en el camino que sale hacia los bosques encontremos más pistas que nos conduzcan hasta los secuestradores.---- dijo Yak-Baal.

---- No tenemos tiempo para eso. Debemos continuar con los planes para llevar las provisiones a Sidón. Lo que me preocupa es que lo hayan torturado para que les rebelara nuestras intenciones.---- dijo pensativo el príncipe.

---- Mi Señor, os aseguro que el capitán podría ser despellejado vivo sin decir palabra.---- afirmó Yak-Baal.

---- Esperemos que así sea, porque no tendremos una segunda oportunidad para comprobarlo.---- dijo Tutmés.---- Pairi nos mencionó tres lugares en donde podrían acampar las tropas enemigas la noche previa a nuestro paso por la ruta que transcurre al pie del Monte del lobo. Debemos saber dónde se hallan esos sitios para atacarlos esta misma noche.----

---- Es cierto mi Señor, deberían pasar la noche cerca de las colinas para poder atacarnos cuando la caravana atraviese la ruta. Pero en este momento no recuerdo más que dos lugares.---- dijo Yak-Baal.

---- Roguemos que los hurritas se hallen ésta noche en alguno de aquellos sitios, pues de otra manera nos tendrán a su merced como un león a una gacela acorralada.---- dijo el príncipe.

---- ¿Y si aumentara mucho más el número de hombres que protegieran la caravana?.---- pregunté.

---- No podemos hacerlo pues la ciudad quedaría indefensa, y sería peor el remedio que la enfermedad.---- me respondió.---- Teniente por lo menos reúna 100 de sus mejores soldados y prepárelos para la misión. La excusa será que saldremos a perseguir al capitán, para que los implicados en su secuestro, piensen que creemos que Pairi fue quien nos traicionó.---- explicó Tutmés. ---- saldremos después de mediodía.

El Idenu Yak-Baal se retiró para cumplir las órdenes del príncipe, en tanto nosotros preparamos nuestros pertrechos para la partida.

Al llegar el momento de la salida contábamos con 114 efectivos incluido Tutmés.

El clima no había mejorado mucho. No llovía, pero seguía nublado y frío. En 4 carros de combate y el resto de los hombres de a pie, atravesamos el bosque hacia el sudeste. Las copas de cedros y pinos eran agitadas por el viento. En los senderos barrosos abundaban las hojas de roble y algarrobo que se mezclaban con las coníferas en la población del bosque. Entre las plantas bajas, habitaban helechos de grandes hojas cubriendo por sectores el suelo de las colinas.

Algunos troncos mostraban hongos, líquenes y enredaderas parásitas que colgaban de los árboles. El ambiente se percibía muy húmedo con el follaje todavía conservando parte del agua de lluvia caída la noche anterior. En el silencio y la calma de la vegetación, solo perturbados por el movimiento de la tropa y el rechinar de los ejes de los carros, se escuchaba de vez en cuando el repiqueteo de un carpintero, el sonido emitido por un búho, el ruido de algún animal moviéndose en la espesura, o el monótono canturreo de los arroyos que cruzamos en nuestro recorrido.

Luego de transcurridas varias horas de marcha Ykkur nos hizo notar un par de huellas de carro en el fango que se apartaban del camino hacia el interior del bosque. Mientras el resto aguardaba, nos introdujimos con Tutmés hacia las sombras. Gruñidos y ladridos, nos alertaron de la presencia de una jauría de lobos en las cercanías. Encendimos algunas antorchas para ahuyentar a los animales y al mismo tiempo poder seguir los rastros que empezaban a desaparecer entre la hojarasca. Los lobos parecían negarse a dejar el sitio en el que parecía que se encontraban disputándose alguna presa que suponíamos recientemente cazada.

Al llegar ante un conjunto de troncos pútridos cubiertos por hongos y plantas parásitas, muy cerca del lugar por el que pasaban las marcas de las ruedas de carro, hicimos el macabro hallazgo del cadáver por el que peleaban los lobos. Los despojos no pertenecían a un animal como imaginamos en un principio, se trataba de restos humanos. Un escalofrío intenso y repetitivo recorrió mi espina estremeciendo mi piel erizada por la horrorosa imagen del cráneo despellejado y los ojos desorbitados como mirándonos. Su cara se hallaba totalmente desfigurada, con los huesos descarnados por la acción de las mandíbulas de los predadores que habían atacado el cuerpo del desdichado individuo. Los carroñeros hicieron presa de él, devorando sus músculos y exponiendo parte de las vísceras en parte esparcidas por el lugar.

A pesar del mal estado del cadáver, pudimos reconocer sus ropas, que aunque enlodadas y reducidas a jirones, evidenciaban su origen como pertenecientes a un oficial de Kemet entre las que se encontraban el faldellín de lino blanco, la camisa y la capa negra que le habíamos visto llevar a Pairi la noche pasada.

Fue un duro golpe para todos nosotros, pero al mismo tiempo nos servía de advertencia acerca de la peligrosidad y la crueldad de los enemigos con los que nos enfrentábamos.

---- Caven un pozo y sepulten el cuerpo del pobre Pairi y no mencionen el hallazgo de su cadáver al resto de la tropa.---- dijo Tutmés apesadumbrado.

Luego de sepultar los restos continuamos el viaje. A los soldados les comentaron que encontramos el cadáver de un hombre no identificado tal vez un leñador.

Madakh y yo, caminábamos a la cabeza de la columna justo detrás de Tutmés y lo escuchábamos conversar con Ykkur dando claras muestras de indignación por lo ocurrido.

---- Este crimen no quedará impune. Antes de regresar a Kemet debemos averiguar la identidad de los asesinos de Pairi. Más allá del asesinato en sí mismo, la ciudad se encuentra en peligro si los traidores combinan acciones con las tropas enemigas para atacarla.---- comentó.

---- El comandante de las tropas de Biblos no me inspira confianza.---- dijo Ykkur.

---- Cualquiera puede ser traidor, ya que existen intereses contrapuestos entre los hijos de Joam y solo los partidarios de aquel de los herederos sobre el que recaiga la sucesión se verán beneficiados. De lo que no podemos tener dudas es de lo importantes que son los hombres que urdieron el secuestro de Pairi, pues de otro modo no se explica que raptasen a un oficial, asesinaran a dos guardias y escaparan de la ciudad custodiada sin que nadie viera a los autores del hecho. Tiene que haber mucha gente implicada en esto.---- reflexionaba Tutmés.

Me quedé pensando en la clara visión que tenía el príncipe de los asuntos de estado y en todo lo referido a la política.

Su agudeza mental aumentaba mi admiración por él y me concienciaba de lo importante que sería para Kemet que Tutmés pudiera acceder al trono. Al mismo tiempo me daba cuenta de lo mucho que aprendía yo a su lado.

Pasada media tarde, instalamos el campamento en medio del bosque para, desde allí, salir en busca de los posibles sitios de asentamiento de los hurritas y sus aliados.

Se dispusieron cuatro puestos de guardia para custodiar el campamento y no se encenderían fogatas para evitar ser descubiertos.

Luego de disponer todas las medidas de seguridad, nos reunió a los que formaríamos el grupo que exploraría los posibles asentamientos del enemigo.

El teniente Yak-Baal nos guiaría hasta los sitios a los que había hecho mención el difunto Pairi.

Diez hombres incluidos Tutmés y yo, tomamos un sendero por el interior del bosque llevando dos antorchas y marcando puntos de referencia para no perder la orientación y al mismo tiempo ubicar rápidamente el campamento a nuestro regreso. Un abeto caído, un gran pino añoso con un hueco en su tronco, una pequeña cascada y un barranco, nos facilitarían la tarea de movernos hacia los diferentes sitios sin extraviarnos, contando con la experiencia de Yak-Baal en el conocimiento de la región.

---- Sabiendo que el cargamento de cereal pasará temprano por la mañana, ya deben haber instalado su campamento cerca del paso.---- dijo Tutmés esperando la respuesta del Idenu.

---- Falta poco para llegar a uno de los sitios, mi Señor. Debemos apagar las antorchas. ---- respondió el Idenu Yak-Baal.

---- Muévanse con sigilo y esperen órdenes para actuar.---- advirtió el príncipe.

Nos desplazamos silenciosamente divididos en dos grupos a través de la espesura, en momentos en que la tenue luz del atardecer dio paso a una oscuridad completa.

El viento del norte volvía a hacer sentir su efecto sobre los montes, acariciándolos con una fría garúa persistente, pero casi imperceptible.

Cuando llegamos al sitio indicado en el claro del bosque, no había señales de nuestros enemigos y solo encontramos una manada de ciervos, la mayoría hembras con sus cervatillos, que se ocultaron prontamente ahuyentados por nuestra presencia.

Encendimos nuevamente las antorchas con nuestros elementos para hacer fuego. Proseguimos la marcha hasta la segunda ubicación después de una larga caminata sobre el suelo mojado y resbaladizo.

Al descender la ladera de la colina encontramos un descampado de pastizales, el segundo lugar de posible asentamiento, también vacío.

---- Pairi nos mencionó tres sitios. Todavía nos quedaría una posibilidad de encontrar el lugar en donde acampe el enemigo.---- dijo Tutmés.

---- ¿No les dio el nombre de los sitios?.---- preguntó.

---- No, solo mencionó que eran tres.---- dijo tratando de estimular la memoria de Yak-Baal.

---- A menos que Pairi haya pensado en la caverna de las águilas que se encuentra a unos 1000 codos al este de aquí.---- reflexionó el idenu.

---- Espero que sea el lugar, pues de otra manera, tendremos que arriesgarnos a que mañana nos ataquen en el paso.---- dijo Tutmés.

Luego de recorrer la distancia aproximada nos encontramos al borde del risco, que dominaba la hondonada que daba acceso a la entrada principal de la caverna de las águilas. La boca de ingreso se encontraba a unos doscientos sesenta o trescientos codos de nosotros y barranca abajo en el terreno, de modo que no podían vernos. Nos agazapamos, para observar mejor y no ser descubiertos.

Ante la entrada principal había cuatro fogatas en la que se encontraban reunidos cuando menos treinta hombres que conversaban ruidosamente mientras comían y bebían.

----¿Cuántos hombres puede haber en el interior de la caverna?.---- preguntó Tutmés al oído de Yak-Baal.

---- Hasta cien hombres diría yo.----- respondió el teniente.

----¿Tiene alguna otra entrada?.--- preguntó Tutmés. ---- Sí, una se encuentra arriba en la ladera opuesta, dando ingreso a un hombre por vez, pues es muy angosta, y otra en la pared norte a mitad de camino entre las dos anteriores.---

---- Ykkur, ve con Madakh y guíen al resto de los hombres hasta aquí para tener todo listo a media noche. Traigan sogas, podemos necesitarlas.---- dijo el príncipe.---- Shed, muévete hacia la derecha y fíjate si puedes ver más guardias en otras posiciones de las que vemos desde acá.----

Mientras Tutmés seguía dando instrucciones, me arrastré unos cincuenta codos sobre el reborde rocoso, ocultándome de la vista de los soldados que hacían guardia sobre la cañada que se abría hacia el valle inferior. No había más que los tres cananeos que se veían abajo.

Tutmés mandó hacia el otro lado a Sai y Shomu, a rodear la caverna para revisar la entrada superior. Cuando regresaba a la ubicación de Tutmés, me pareció ver un movimiento justo enfrente a mí, del otro lado del borde del barranco.

Pensé que había sido mi imaginación o quizás la llovizna que perturbaba mi visión en la noche oscura. Me sequé el rostro con el dorso de la mano y volví a mirar. Me sorprendí al ver que no me había equivocado; había un soldado cananeo haciendo guardia junto a un peñasco. No sé por qué razón no logre verlo antes, quizás estaba detrás del mismo en el momento en que pasé la vista por ese sitio.

Las llamas de las fogatas a la distancia, iluminando muy tenuemente su rostro y el casco, destacaban la barba y el bigote espesos. Alto y fuerte portaba una lanza en la mano derecha y sobre el lado izquierdo de su cinturón pendía un cuerno de carnero que utilizaban a modo de trompeta. Traté de pensar algún modo de advertirles de la presencia del guardia ya que Sai y Shomu no podían verlo y no tenía modo de avisarles. Por otro lado el guardia estaba demasiado lejos de mí y podía fallar con mis flechas.

No sabía qué hacer, en ese momento escuché un murmullo y pensé que quienes habían quedado con Tutmés estaban hablando en voz alta. Un temblor frío recorrió mi espalda cuando me di cuenta de que las voces venían desde atrás de mí y no hablaban mi idioma. La luz de una antorcha comenzaba a iluminar los árboles a mí alrededor.

Mi corazón latía furiosamente tanto que pensé que podía ser escuchado por los asiáticos. Viré muy lentamente la cabeza para mirar hacia atrás, instintivamente toqué con mi mano derecha la espada en mi costado y la daga en la cintura. Venían tres soldados a unos cuarenta codos de mi posición trayendo un gamo muerto. El aumento de la luz a medida que se acercaban me hizo caer en cuenta de que me encontraba bajo un pequeño y joven abeto al costado de un sendero que no pude distinguir antes a causa de la oscuridad del bosque. Venían riendo y hablando, uno de ellos llevaba un odre, de esos en los que se colocan cerveza o vino. Me encontraba completamente inmóvil pero temblando de excitación por temor a ser descubierto. Las ramas tapaban un poco mi cuerpo y la hojarasca amarillenta disimulaban un tanto mis vestiduras claras. Pero de todos modos hubiera sido un milagro que no me vieran. Me encomendé a nuestro amado Amón-Ra y rogué a Hor para que me diera fuerzas para luchar contra los enemigos.

Tensé mis músculos para saltar contra los tres hombres ante el más mínimo indicio de ser descubierto.

Si me sorprendían estando acostado boca abajo no tendría oportunidad de sobrevivir. Se acercaban más y más. La sangre fluía por mis venas y se agolpaba en mi cabeza. Vi los arcos colgados en sus hombros mientras arrastraban un ciervo de gran tamaño.

Con las manos ocupadas jalando las patas del animal, el que traía el odre se paró para beber del mismo sosteniendo con la otra la antorcha. Sentí que esa era mi mejor oportunidad. Me paré de un salto desenfundado mi espada y me abalancé contra el que tenía más cerca. Oculto entre las sombras salté delante del primer soldado que al verme atónito soltó las patas delanteras del gamo y atinó a tomar su espada, pero mi golpe le abrió el vientre y sentí el choque del metal contra los huesos de la columna.

Con el mismo impulso giré sobre mí y levantando la espada oblicuamente, la dejé caer con todas mis fuerzas sobre el segundo hombre al que le desgarre el pecho en un crujir de costillas rotas.

El que llevaba la antorcha dejó caer el odre y estupefacto, intentó escapar corriendo.

Debe haber estado borracho porque trastabilló y se balanceó vacilante. No tuvo oportunidad cuando trató de escabullirse ya que al perder el equilibrio, pude arrojarle mi daga haciendo blanco en su espalda, emitiendo un leve sonido seco cayendo de bruces.

Tuve suerte de que estuvieran desprevenidos cuando los ataqué pues de otra manera seguramente hubiera sido mi fin.

Tomé la antorcha rápidamente y la hundí en un charco fangoso para apagarla, pero pensé que ya sería demasiado tarde porque el guardia del peñasco ya habría dado la alarma al ver toda la escena de lucha.

Me quedé inmóvil y expectante en la oscuridad, pero no escuché nada. Me acerqué de nuevo al borde del risco; todo se veía normal. Vi por el rabillo del ojo que una sombra se movía hacia mi izquierda y me puse en guardia nuevamente, pero me tranquilicé al oír la voz de uno de mis compañeros.

---- ¿Cómo estás Shed?. ¿Te encuentras bien?.--- Preguntó Yak-Baal.

---- Sí, gracias. Estoy bien pero pasé un mal rato. Aún me tiemblan las manos. ¿ Qué pasó con Sai y Shomu?.------

---- Eliminaron al guardia que se encontraba junto a la gran roca antes de que atacaras tú.

En la caverna está todo tranquilo. Al parecer no advirtieron el incidente, pero no tardarán en darse cuenta que algo ocurre cuando noten las ausencias.---- respondió.

Al volver con el grupo escuché las instrucciones del príncipe.

---- Cuento con que Ykkur y Madakh, regresen antes de que se percaten de nuestra presencia. Ingresarán por la entrada superior cinco hombres.

Sai acaba de ir con Shomu y vieron que no hay custodia. Junto con ellos entrará Shed, Amenemheb y Yak-Baal.----

---- Si siguen tomando de esa manera se dormirán antes de percibir que están en peligro.---- Dijo Shomu.

---- Sería muy bueno para nosotros. Los haríamos prisioneros sin tener que combatir.---- dijo Tutmés.

Esperamos a que llegara el resto de los hombres. Tutmés reunió a los líderes de cada grupo en que dividió a los soldados para entrar en acción.

---- Cubriremos cada una de las salidas como está previsto, tomarán sus puestos y armados con sus arcos esperarán mi orden.--- Dijo el príncipe.

Rodeamos el risco hasta la entrada superior de la cueva. Penetramos a través de ella ocultos por las rocas que formaban la parte más superior de la pared de la caverna. Permanecimos ocultos y preparados esperando el momento de actuar. Amenemheb se asomó levemente para observar. Se oía crepitar la leña en las fogatas y casi no se escuchaban otros sonidos más que ronquidos.

---- Casi todos están dormidos y los que no, están tan borrachos que no pueden mantenerse en pie. Desde aquí puedo ver a cuatro oficiales hurritas de alto rango. Ellos deben ser nuestros primeros blancos si se niegan a rendirse.---- Dijo en voz baja al grupo.

Luego de una larga espera, escuchamos de repente un grito que provenía de la entrada principal de la caverna. Sobresaltados muchos de ellos se levantaron escuchándose exclamaciones y gritos de alarma. No comprendí lo que decían

en su lengua pero se los veía atemorizados. Nosotros desde nuestra ubicación no alcanzábamos ha ver lo que ocurría pero no nos movimos del lugar.

Cuando escuchamos la voz de Tutmés retumbando en el interior con un eco sobrenatural, los asiáticos que habían reaccionado para tomar sus armas quedaron paralizados.

---- ¿Entiendes lo que dicen?---- pregunté a Yak-Baal.

---- Les habla en lengua cananea y les ordenó que se rindan advirtiéndoles que se encuentran rodeados por las tropas de que Kemet y que si no lo hacen serán alquilados por la furia de Amón-Ra Dios Todopoderoso del país de las dos tierras.

Unos pocos asiáticos tomaron sus armas y fue en aquel momento que salimos de nuestro escondite para atacarlos. Lo propio debe haber ocurrido a la entrada, pues los pocos que habían quedado armados las arrojaron y se arrodillaron en muestras de sumisión.

Nuestros soldados fueron ocupando la caverna, reuniendo a los prisioneros que fueron reducidos y desarmados totalmente, para luego ser ubicados en un lugar custodiado a un costado de la caverna.

El oficial en jefe de las tropas asiáticas entregó sus armas a Tutmés en muestras de rendición total.

Cuando conducíamos a los cautivos hacia el lugar en donde permanecerían hasta ser trasladados a Sidón, Amenemheb reconoció a uno de ellos como un sirviente de la residencia real. El hombre había tratado de ocultarse en el grupo para pasar inadvertido y seguramente sería cómplice de los traidores que asesinaron a Pairi.

Fue separado del resto para ser interrogado y llevado ante la presencia de Tutmés. El individuo era muy joven de mediana estatura, blanco, de rostro flaco y largos cabellos ondulados.

---- ¿Cuál es tu nombre? Pregunto Ykkur.

El hombre lo miro sin responder bajando la cabeza. Tutmés observaba desde una corta distancia sin intervenir.

---- Más te vale que hables. ¿Hay alguien más de Biblos que haya venido contigo?. El sirviente permaneció en silencio.

---- ¿Porqué mataron al capitán Pairi?. ¡Habla! ---- Le gritó Ykkur enfurecido.

---- Mátenme, pero no diré nada.----

---- La muerte es poco castigo para los traidores. ---- Dijo el príncipe. Hizo una seña con la cabeza a Ykkur que tomó su espada.

---- Cada negativa a contestar te costará un dedo de tu mano. ---- Dijo con tranquilidad Tutmés. ---- No te dejaremos morir. Perderás los dedos, luego la mano y después el brazo. Para que tanto sufrimiento si después tendrás que contarnos todo cuando ya no puedas aguantar el terrible dolor de miembro amputado. Puedes ahorrarte todo eso con solo decirnos quienes son los que traicionan al soberano de Biblos.

No pronunció palabras, pero ya se veía temeroso. Madakh desató sus manos atadas tras la espalda y tomando su mano derecha la colocó sobre una piedra trabando el brazo del muchacho para que no pudiera moverlo.

---- ¿Quiénes forman el grupo que nos traiciona?---- preguntó nuevamente. Ante la negativa asintió con la cabeza hacia Ykkur. ---- Córtale la mano, al parecer no le importa perderla.---- Dijo Tutmés.

Ykkur subió la espada ante la mirada aterrorizada del prisionero, que miró hacia el otro lado, pero Amenemheb tomándolo de los cabellos y de la barba lo obligó a mantener la cabeza de frente a la espada. El sirviente comenzó a temblar. Un copioso sudor bañó su frente y su cuerpo se estremeció de miedo.

---- Esta es tu última oportunidad---- Le dijo Tutmés.

El joven miró al príncipe con rostro suplicante. Tutmés le devolvió la mirada sin muestras de compasión.

---- ¡Córtala! ---- Dijo Tutmés y la espada comenzó a bajar.

---- ¡No, por favor! Hablaré, juro que hablaré. ---- Gritó el sirviente.

Ykkur bajo a un lado la espada y tomó de los cabellos al muchacho.

¡Habla que estoy perdiendo la paciencia o sino te cortaré el cuello! ---- Dijo furioso.

---- Soy sirviente de Amalec, hijo del rey. ---- Dijo todavía agitado por el miedo.

---- ¿El mandó a matar al capitán Pairi?. ---- Preguntó Tutmés.

---- Debíamos secuestrarlo para traerlo hasta aquí y obligarlo a revelar la forma en que había sido preparada la defensa para proteger a la caravana que llevaría las provisiones hasta Sidón. Pero se resistió y en la lucha fue herido de muerte al caer sobre la daga de Acán uno de los nuestros.---- Dijo señalando a un soldado que había muerto por una de nuestras flechas, durante el asalto a la caverna momentos antes.

---- ¿Quién más aparte del príncipe Amalec colabora con los Hurritas?—

---- Juro, mi señor que no lo sé. Yo recibía órdenes directas del príncipe Amalec. ----

---- ¿Con quién veías al príncipe conversar frecuentemente?---- Preguntó Tutmés.

---- Con el Chambelán de Palacio.---- Dijo sin titubear.

Tutmés se alejó pensativo hacia el exterior de la caverna. Con una seña nos llamó a Amenemheb, Yak-Baal y a mí.

---- Pongan al prisionero con los demás.---- Ordenó a Ykkur antes de salir hacia las fogatas exteriores. ---- Acompáñenme.----

Llegamos a la entrada de la gruta. Todavía garuaba y ante el resplandor de las fogatas la oscuridad de la noche devoraba el perfil del bosque en una negrura sin límites.

Con el brillo del fuego en sus ojos claros Tutmés se detuvo para darnos instrucciones.

---- Antes del amanecer saldrán hacia Biblos, acompañando a Yak-Baal y arrestarán en mi nombre al Chambelán Dadab y a su cuñado Aqen comandante de las tropas de Biblos, que seguramente están implicados en el complot para que los hurritas y los príncipes cananeos conquisten la región. Nosotros escoltaremos a la caravana hasta Sidón y pasado mañana estaremos de regreso en Biblos.----

Junto al fuego nos sentamos a comer algo de pan, cebollas y carne de pescado que habíamos llevado como provisiones, tomamos un poco de leche de cabra y luego dormitamos un par de horas para salir antes del amanecer hacia Biblos. La noche paso en completa tranquilidad. Tratamos con benevolencia a los cautivos, un poco más de ochenta hombres que sobrevivieron incluyendo a los heridos. A la mañana siguiente el cargamento con los alimentos, sería conducido sin contratiempos hacia la ciudad costera del sur, que ahora podría resistir unos meses más la amenaza de las tropas enemigas.

Partimos de la cueva cuando había comenzado a amanecer y sin inconvenientes llegamos a Biblos poco después de la salida del sol. Nos dirigimos directamente al cuartel de las tropas de Kemet y reuniendo a los oficiales de la flota, salimos a buscar al funcionario Dadab para arrestarlo. Aqen por su parte se encontraba en los barracones del ejército de Biblos. Hubo un tibio intento de rebelión de parte de algunos oficiales fieles al general, cuando se lo arrestó bajo el cargo de traición y conspiración a favor del Imperio Hurrita y por el asesinato del capitán Pairi. El número de efectivos armados que llevábamos desanimó a quienes apoyaban a Aqen, aunque por otra parte las tropas estaban divididas, pues al parecer algunos oficiales sospechaban de las actividades del general, a favor del enemigo.

Yak-Baal nombró comandante de las tropas de Biblos al jefe de carros Yacob-Her por orden del propio Tutmés. El nuevo comandante era un oficial que había ascendido en el escalafón por mérito propio en el campo de batalla y no

por su amistad con funcionarios venales como había sido el caso de Aqen. Su nombramiento fue recibido con júbilo por las tropas que admiraban y respetaban a este hombre que había arriesgado con valentía su vida defendiendo los territorios de Biblos y Sidón contra amorreos, cananeos y hurritas.

Aqen y Dadab fueron puestos bajo una fuerte custodia y se informó al monarca Joam de los hechos acontecidos el día anterior y que por precaución el príncipe Tutmés no le había comunicado oficialmente. Sin embargo, no le informamos que uno de sus hijos estaba implicado seriamente en la conspiración, prefiriendo que fuese el propio Tutmés quien lo hiciera. Sería un duro golpe para el anciano saber que su propio hijo le había traicionado.

También fue dispuesta una fuerte custodia en las puertas de salida y en toda la muralla para evitar que Amalec pudiera escapar antes de la llegada de Tutmés.

A la mañana siguiente, luego de varios días de lluvia se hacía presente en todo su esplendor nuestro amado Ra el dios sol, transitando de nuevo la bóveda celeste y entregándonos toda la belleza de su luz y calor.

Acostumbrado a verlo cada día en el cúpula del cielo de mi tierra, me preocupaba que las fuerzas de la oscuridad le hubiesen robado algo de su fuerza, durante su periplo nocturno en esta alejada zona del mundo que yo recién comenzaba a conocer. Con el tiempo me daría cuenta que las tierras iluminadas por Ra se extendían mucho más allá de lo que mi pobre imaginación pudo alcanzar nunca y que existía una enorme variedad de pueblos con curiosas costumbres y extrañas tradiciones que también lo adoraban, aunque con otros nombres.

Apenas arribado a la ciudad, Tutmés se dirigió al palacio de Joam para comunicarle que su propio hijo era uno de los cabecillas de los traidores, habiendo llevado como prueba de la acusación al sirviente que confesó la participación de Amalec, en el asesinato de Pairi y la emboscada preparada contra el envío de provisiones a Sidón. Según me contó Ykkur, Joam salió de la reunión con Tutmés con el rostro demacrado como si hubiese envejecido diez años y con la tristeza inundando su alma.

Se dirigió directamente por los pasillos interiores de la residencia, buscando a Amalec para que le diese razones de su inexplicable actitud, con la esperanza de que tal vez, y a pesar de las evidencias, fuera inocente de los delitos que se le imputaban.

Se ordenó a los sirvientes que lo buscaran pero nadie lo pudo encontrar. Tampoco se hallaban en el harén, ni en los jardines, mientras que los guardias que tenían órdenes de custodiar el palacio, tampoco lo habían visto salir por el vestíbulo.

Un grito de espanto resonó en el palacio, cuando una esclava entró en los aposentos de Amalec y lo encontró colgando del techo con una soga al cuello.

El dolor que le provocó a Joam tan duro trance lo llevó a decidir abdicar dejando el trono en manos de su hijo mayor Yenom, con el consentimiento de Tutmés como representante de Hatshepsut soberana de Kemet.

El resto de los traidores y sus secuaces fueron descubiertos y condenados a muerte. La situación de los territorios del Norte había quedado solucionadas al menos provisionalmente. Tutmés sabía que estos territorios sólo estarían a salvo sí la actitud de Hatshepsut hacia la defensa y el aprovisionamiento de los mismos cambiaba radicalmente, avanzando en el dominio marítimo de "El gran verde" y la recuperación efectiva de la ruta de la costa y la región interior de los territorios de Khinakhny y Retenu. De no ser así, no tardarían en caer bajo el poder de hurritas y cananeos.

CAPITULO 10

"La necrópolis de Mennufer y la muerte de Antef."

El príncipe consideró que nuestro objetivo había sido cumplido. Luego restaba la parte más importante y difícil que consistía en convencer a la reina de que

el mantenimiento de las tropas en los territorios asiáticos y nuestra hegemonía, eran de vital importancia para el comercio, el aprovechamiento de los recursos y los tributos que proporcionaban los pueblos de la región, que reportaban muchos más beneficios económicos que gastos.

El viaje de regreso fue sumamente tranquilo. Habíamos zarpado al atardecer desde Biblos guiados por un firmamento sembrado de estrellas con una pequeña luna menguante para volver a casa a través de la ruta que transcurría al sur de Alashiya.

A través de una nave mercante de esa isla, el príncipe Tutmés se enteró que Parsatatar había asesinado con sus seguidores a su tío Shatuara durante la víspera del día elegido por el "Panku", es decir la asamblea de nobles, para la ceremonia de entronización de este, luego del duelo de siete días, como marcaba la tradición, en honor de Baratarna el anciano rey recientemente fallecido.

La corte debió transformarse en una avispero donde no escasearían las intrigas, las traiciones, la lucha intestina y las ejecuciones, en la disputa por el poder hasta que alguien retomara las riendas del imperio nuevamente. Por lo pronto, convenía a nuestro país que la lucha interna en el territorio de Naharín-Mitanni, se prolongará en el mayor tiempo posible pero esto también conllevaba el riesgo del resurgimiento del reino de Hatti en manos del ambicioso Khantil II.

Con tal perturbación en el nivel de los mandos superiores de las fuerzas hurritas era muy improbable un encuentro con alguna escuadra del país enemigo de modo que llegamos sin contratiempos al mediodía del octavo día con nuestras velas desplegadas y henchidas por el fuerte viento del norte, que había facilitado el avance de la flota proporcionando un buen descanso a los remeros esclavos.

Nuestro arribo fue ruidosamente vitoreado en el puerto de Mennufer, como de costumbre colmado de naves mercantes y de un gentío multitudinario que se movía entre los embarcaderos y el mercado, bajo el ardiente sol. Bajamos nuestras pertenencias y fuimos conducidos hacia el palacio junto con el príncipe recibido por el comandante de la flota del Delta.

Después del almuerzo mantendrían una reunión en donde tratarían los temas relacionados con el viaje a Biblos donde le sería comunicado el mensaje de la soberana.

Con autorización de Ykkur salí a recorrer los santos lugares de la gran metrópoli. Una de las razones por la que se había hecho famosa la ciudad más importante del bajo Hep-Ur era su extensa necrópolis con los monumentos funerarios más grandiosos de todo el país. Me aconsejaron que visitara la ciudad de los muertos en orden de antigüedad, es decir desde la tumba más antiguas a las más modernas, para poder apreciar el cambio histórico en la arquitectura funeraria, de modo que tomé la avenida que llevaba hacia el oeste donde comienza el desierto para internarme entre los fantásticos complejos mortuorios.

Las tumbas en forma de taburete de las primeras dinastías forman una línea casi continua a lo largo del ángulo oriental de la amplia meseta.

Se encuentran excavadas por debajo del piso de la roca y la superestructura está levantada en adobe , con la fachada construida a imitación de la entrada de los antiguos palacios de aquel tiempo . Algunas son muy grandes como la que medí yo mismo con más de cien codos de longitud y cincuenta de ancho que pertenece al Faraón Ninetjer de la segunda dinastía , hace más de mil ciento cincuenta años atrás . En ésta región de la necrópolis se destaca el complejo funerario del Faraón Djoser , segundo soberano de la tercera dinastía que se encuentra prácticamente intacto a pesar de su antigüedad , formado por un Mer escalonado , el templo mortuorio , el complejo para la celebración de la fiesta Sed evento de renovación de los poderes reales , el complejo de ingreso , la tumba meridional y el muro de circunvalación .

Imhotep fue el arquitecto del Faraón construyendo la estructura principal sobre la tumba del hermano de Djoser, el Faraón Zanakht que reinó antes que él.

La totalidad del complejo está levantado en piedra y la riqueza de su interior es deslumbrante con aposentos decorados con placas de loza azul, incrustaciones en alabastro en paredes, láminas de oro grabadas sobre paneles de madera , exquisitas esculturas y pinturas en vivos colores que adornan las cámaras , según cuentan los sacerdotes que sirven en el templo.

También en esta misma zona hacia el sudoeste se encontraba el complejo funerario del Faraón Sekhemkhet que se proyectó como un Mer de mayor tamaño que el de su predecesor pero que quedó inconcluso por su fallecimiento. Existen todavía trece Mer reales en este sector de la necrópolis de menor importancia en cuanto al volumen de la obra pero sumamente llamativos por su ornamentación y terminación , con esculturas en relieve, pinturas y grabados. Por otro lado existe un número enorme de tumbas privadas construidas en forma ininterrumpida durante los últimos mil quinientos años.

Muy cerca del sector más antiguo de la necrópolis, se encuentra hacia el sur y sin límites precisos con el anterior, la zona en que dominan dos Mer construidos por el mismo monarca, el gran Snefru iniciador de la cuarta dinastía la más importante desde el punto de vista de la arquitectura funeraria.

Uno de los Mer tiene sus caras en doble ángulo porque la estructura se resintió en sus cimientos por el enorme peso, debiendo reducir la inclinación para disminuir la carga sobre la base. Descontento con el defecto de su Mer, Snefru, hizo construir otro muy cerca del anterior hoy llamado el Mer brillante por el pulido de la caliza con que fue recubierto. Este fue el primer Mer de caras lisas, todo un logro en la arquitectura y que no sería alcanzada en otras dinastías posteriores. Snefru no solo hizo levantar sus Mer sino que previamente había concluido el Mer de su padre el Faraón Huni, último soberano de la tercera dinastía.

Existen en la misma región los Mer subsidiarios y otros menores pertenecientes a monarcas de la décimo segunda dinastía como Amenemhet segundo y tercero, Senwseret tercero y dos Faraones de la convulsionada dinastía décimo tercera todos estos son de una factura de calidad y material notablemente inferior. Junto con ellos existen tumbas de la familia real de dichos reyes entre las que pueden advertirse el de gran número de príncipes, princesas y reinas.

Su monumento más septentrional es el templo solar en honor al dios Ra levantado por el fundador de la quinta dinastía el Faraón Userkaf. Sahure y otros sucesores de Userkaf hicieron levantar sus complejos funerarios no lejos de allí.

El de Sahure es una magnífica estructura por dimensiones y decoración. Todos los templos tienen como piedra básica la caliza de la zona, con relieves en caliza mas fina de las canteras existentes en la otra ribera del Hep-Ur. Las columnas, jambas y dinteles son de granito rojo de Sunnu y los pavimentos de basalto negro. La caliza fina también constituye la cubierta exterior del Mer y el revestimiento de los pasadizos.

Sobornando a los guardias me permitieron ingresar para admirar los maravillosos relieves pintados. Mi padre se hubiese encantado de ver tal belleza de trabajo con escenas de caza, de guerra y de la vida cotidiana de la corte.

Prosiguiendo el recorrido hacia el noroeste a través del desierto, encontré el templo solar del Faraón Neuserre sexto monarca de la quinta dinastía. Este monumento que se encuentra en perfectas condiciones era utilizado una vez al año para la celebración de la fiesta en honor a Ra con una procesión que transportaba la barca solar desde el templo de la ciudad de Iunu a través del Hep-Ur para culminar con la ceremonia a llegar el gran disco al Cenit en el altar sagrado del monumental adoratorio.

Como se podría suponer el complejo se orienta de este a oeste y consta de un templo en el valle contiguo al canal por el que se lleva la barca solar de Ra. A espaldas de este templo se levanta la calzada que va ascendiendo suavemente a medida que se interna en el desierto , enlazando el templo del valle con el templo superior, la parte mas sagrada del complejo. El elemento dominante del templo superior es un extenso patio abierto con un altar y un gran obelisco de mampostería. El resto de las construcciones son los almacenes , el corredor alrededor del templo, los mataderos donde se sacrificaban los animales y la capilla decorada con escenas en las cuales aparece el monarca en la ceremonia del festival Sed, entre otras. Al sur del templo existe una imitación de la barca solar de una longitud de sesenta codos fabricada también en mampostería.

Apuré el paso siempre con el mismo rumbo cuando comenzaba a caer la tarde pues quería apreciar en todo su esplendor los gigantescos Mer de los Faraones Khufu y Kafra.

El conjunto de la meseta está formado por los complejos funerarios de los anteriormente nombrados Faraones y el de Menkaura también de la cuarta dinastía. Cada complejo está formado por un templo en el valle en el que se depositan las ofrendas y donde el pueblo de aquel entonces, despedía a su monarca transfigurado en Asar señor del mundo de ultratumba, rumbo a su descanso eterno.

El ataúd de oro colado, pulido y pintado era colocado dentro de sarcófagos sucesivos y transportado en un trineo también de oro con patines de madera cubiertas con láminas doradas salvo en sus cara inferiores y tirado por medio de cuerdas por decenas de hombres a través de la calzada de basalto que conducía al templo anexo a la cara oriental del Mer, adonde solo accedían la familia real, altos funcionarios y los sacerdotes del culto para celebrar la ceremonia final antes de llevar los restos del difunto al interior de la última morada. Quedé sobrecogido por el relato del sacerdote que me describió la escena como lo mostraban los relieves del templo del valle. Tomé rumbo hacia el templo anexo al Mer de Kafra que se encontraba en mejores condiciones que los otros. El de Khufu sufrió daños por los saqueos ocurridos en épocas de convulsión interior cuando el país se dividió durante el reinado de Merenra II, sumiéndose la nación en el caos, al final de la sexta dinastía.

La fachada del templo de Kafra que da hacia el oriente, se abre en dos grandes portales marcados con el nombre del soberano.

Allí se encontraban dos guardias de la necrópolis custodiando el recinto sagrado. Grandes antorchas iluminaban el vestíbulo pues la sombra del Mer provocaba una gran oscuridad aún antes del ocaso.

---- Traigo ofrendas para el difunto.---- anuncié a los guardias levantando los odres con vino.---- Y esto es para ustedes.---- les dije entregándoles un odre con cerveza para ellos.

Me permitieron ingresar al corredor que llevaba hacia una sala interior cuyo techo estaba sostenido por pilares tallados en un solo bloque de granito al igual que los gruesos muros, mientras que el pavimento había sido armado con grandes lozas de alabastro. Veintitrés estatuas del Faraón excelentemente logradas en piedras de diversos colores y durezas decoraban las estancias y pasadizos.

Adentrándome más en el edificio penetré a través de una rampa a la sala donde se entregaban las ofrendas y se rendía culto al Ka del soberano. Grandes lámparas de aceite e incensarios de los que se desprendía el sagrado aroma del "Senetjer", llenando el ambiente de misticismo en un silencio absoluto con mi sombra como única compañía. Luego de depositar mis presentes ante el santuario y de orar por el espíritu del Faraón Kafra, volví sobre mis pasos lentamente intentando leer las inscripciones sobre los muros mientras abandonaba el santo lugar. Con dificultad a causa de la tenue luz que emitían las lámparas pude interpretar, sin embargo, parte del texto cuyo pasaje rezaba: "Padre Asar Señor del Duat, yo que fui soberano de Kemet como tú también lo fuiste, hoy descanso en esta morada eterna como tú moras en el reino de ultratumba. Escucha mis oraciones de alabanza y hazme partícipe de tu gloria en el mundo de los muertos".

Me sentí muy feliz por haber reconocido con éxito el mensaje escrito, ya que la frase que interpreté tenía total sentido.

A pesar del tiempo que había transcurrido desde que abandoné mi trabajo en el taller de artesanos, podía leer bastante bien.

Al salir saludé a los guardias para encaminarme hacia el Mer de Khufu en busca de su lado iluminado antes de que Ra se sumergiese en el horizonte occidental.

El coloso pétreo desplegaba su gigantesca sombra sobre la planicie a medida que el disco solar descendía hacia los dominios de la oscuridad. Al llegar frente a la cara de la fantástica construcción bañada por la purpúrea luminosidad del atardecer, quedé abrumado por sus dimensiones y la perfección de su acabado. El tamaño de la obra era simplemente descomunal; su perfecta grandiosidad la elevaba a lo más alto en el logro al que podía aspirar la arquitectura funeraria de cualquier otra época y lugar. Parecía imposible que la mano del hombre hubiese sido capaz de crear algo tan extraordinario. La impresionante montaña de piedra reflejaba la mortecina luz del ocaso, con una intensidad cegadora. Nunca en mi vida volvería a percibir la estremecedora sensación de temor a la grandeza y al poder de la divinidad. Jamás me sentí tan insignificante, tan vulnerable y a merced de la voluntad de los seres sobrenaturales que controlan nuestra existencia. Caí arrodillado ante la magnificencia de la increíble estructura adorando a los dioses y alabando su grandeza. Besé el suelo sagrado y me puse de pié para retornar a Mennufer con un sentimiento de plenitud en mi corazón tomando la ruta del desierto en la penumbra del ocaso.

De regreso al palacio me uní al grupo que se encontraba en el salón central y fue allí cuando me enteré de novedades poco alentadoras. La reina había ordenado la inmediata presencia del príncipe en Waset. Neferkare gobernador del Sepat fiel servidor de Hatshepsut había informado a Tutmés que la soberana enfurecida por la libertad de decisión con que había actuado el Príncipe, le conminaba a retornar a la capital de forma urgente so pena de ser castigado por desobediencia y rebeldía.

Por otra parte uno de los capitanes de la flota del Delta que participó del viaje a Biblos, comunicó a Tutmés que había llegado a sus oídos que la soberana se

hallaba seriamente preocupada por razones que no tenían que ver con la iniciativa de la expedición dirigida por el Príncipe sino por noticias llegadas desde los territorios Nehesiu, más precisamente desde la región de Kush que provocaron gran revuelo en la corte. De manera que tendríamos que abandonar el Delta sin llevar a cabo la cacería de hipopótamos que nos había prometido el príncipe, como premio por nuestra destacada actuación en la misión de los territorios asiáticos. Tutmés consideró prudente zarpar al día siguiente hacia el alto valle del Hep-Ur y presentarse ante la soberana para explicarle la situación y tratar de convencerla de tomar medidas tendientes a reforzar la posición de Kemet en Khinakhny, teniendo en cuenta la lucha por la corona que se había desatado en la corte de Naharín-Mitanni, para sacar ventaja del pleito.

Después de tan rotundo éxito en la misión, lo menos que merecía la flota del Bajo Hep-Ur, representada por los oficiales que habían participado en la travesía, era una gran fiesta que ordenó Tutmés para aquella noche. El gobernador del Sepat asistió a la celebración lo que impidió que Tutmés tuviera oportunidad de entablar conversación con el alcalde de Mennufer, el honorable Penniut.

Hombres de gran riqueza e influencia como él, podrían transformarse en importantes aliados en quien apoyarse si llegado el momento, Tutmés intentaba arrebatar el trono a la reina.

Como alcalde de la ciudad, económicamente más poderosa y administrativamente más importante del Bajo Kemet, Penniut poseía tanto prestigio y poder, como Neferkare gobernador de la provincia aliado de la soberana Hatshepsut.

Hombre capaz y enérgico, Penniut pertenecía a una familia numerosa y opulenta cuyos miembros además de provenir de antepasados con una destacada trayectoria ocupaban altos cargos en el ejército y la administración de los territorios del Delta.

Por medio de sus contactos comerciales había propiciado el asentamiento de una colonia de comerciantes de Keftiu que a través de su neutralidad en los conflictos entre las grandes potencias podían comerciar y transitar libremente las rutas marítimas favoreciendo el intercambio de productos que la guerra había encarecido demasiado o dificultado grandemente su obtención. Disminuyendo los gravámenes a las mercancías que importaban y exportaban los mercaderes de Keftiu, ambas partes se beneficiaban pudiendo de aquel modo conseguir la reactivación del comercio gravemente paralizado en Kemet.

Para no despertar sospechas en el gobernador y en los oficiales de la flota y el ejército zánganos de la Reina, Tutmés sólo intercambió comentarios superficiales acerca del viaje, de la fiesta, de la belleza de las bailarinas que animaban con gracia la velada al ritmo de los instrumentos musicales. Sin embargo el príncipe redactó de mano propia sobre un extenso papiro, sus objetivos venideros explicando al alcalde la apremiante situación en que se encontraría el país, si las fuerzas cananeas y amorreas se agrupaban bajo un solo mando alineadas con la poderosa escuadra naval hurrita en busca de la hegemonía marítima, las posibilidades de una invasión como en la época de los Heka-Khasut a nuestra tierra no eran, de ningún modo, desechables.

Durante la celebración y sin que nadie lo notara, Amenemheb y Madakh, llevaron en secreto el papiro hasta la residencia del alcalde para entregárselo a su hijo mayor, brazo derecho de Penniut y colaborador directo de su padre, imbuido del mismo espíritu de rebeldía en contra del régimen indolente de Hatshepsut en relación a la defensa de los territorios de Retenu y Khinakhny.

La actuación del príncipe como estratega y su valor habían impresionado grandemente a los oficiales que participaron en el viaje a las colonias y que parecían verlo como líder natural al igual que lo sentíamos todos aquellos que

habíamos combatido bajo sus órdenes. Muchos decían que tenía la misma fibra que su abuelo Tutmés I.

Ello lo hacía merecedor del gran apoyo incondicional de los jóvenes oficiales no comprometidos con la reina, en caso de un enfrentamiento en la lucha por el trono con aquellos que respaldaban a Hatshepsut.

Era el momento de regresar al Alto Hep-Ur. Tutmés estaba decidido a tomar el poder por la fuerza si la actitud de la reina no se modificaba y sobre todo ahora que había conseguido apoyo de importantes personajes de la administración y las fuerzas armadas. Era el momento de contactarse con Bakenkhosu gobernador del Sepat cuya capital era la propia Waset.

Estuvimos listos para la partida desde el puerto de Mennufer, llamado Peru-Nefer antes de que el disco solar asomase su redondez sobre las colinas del desierto oriental.

Durante el transcurso de la mañana y viajando a gran velocidad río arriba impulsados por el viento norte y la fuerza de los remos, el príncipe llamó a reunión para darnos alguna vez instrucciones. En el intenso calor y con sólo la brisa caliente que no aliviaba la sensación de estar en un caldero sobre el fuego, comenzó el Príncipe su alocución.

---- A pesar de haber perdido a dos hombres de mi guardia personal he decidido no reemplazarlos, permaneciendo la custodia en el número actual de miembros.---- dijo Tutmés mirándome. Debía aceptar las decisiones del príncipe pero me sentí muy desanimado pues creí que habiéndome desempeñado en forma destacada merecía el nombramiento.

Posteriormente me llamó en privado para explicarme las razones que le llevaron a mantenerme al margen del cuerpo de custodia.

---- Shed, esto no significa que dejes de formar parte de mis hombres; por el contrario te mantendré como si fueses un simple sirviente para que nadie sospeche la misión que te encomendaré. Deberás ser mis oídos y mis ojos dentro del palacio, averiguando las actividades de la Reina y sus funcionarios más importantes. He pensado incluso que dejes el depósito de armas para trabajar de carpintero dentro de la residencia para que puedas permanecer en cualquier sitio de la misma sin despertar sospechas.

El maestro carpintero de quién serás asistente sabrá de tu accionar a mi servicio, de manera que tendrás su autorización en todo lo que debas realizar. Tendrás entera libertad para moverte dentro de la residencia con la excusa de reparar detalles menores de todo aquello constituido por madera.---- me explicó Tutmés.

Escuché atentamente lo que me decía percatándome de la importancia que tenía la tarea a realizar, al mismo tiempo que ponderaba el riesgo que significaría para mi vida.

---- Si te nombro oficialmente miembro de la custodia, te observarán y vigilarán como al resto de tus compañeros y no podrás llevar a cabo la importante misión de descubrir las intenciones de la Reina con respecto a las inquietudes y exigencias que le plantearé a nuestro regreso a la capital. De no ser favorables a mis propuestas las órdenes futuras de la soberana, he decidido intentar destronarla apoyado en los aliados que he conseguido y cuyo número espero aumentar.

Como comprenderás deberás ser muy cauto, pues si te descubren te torturarán para que confieses quién te mandó a espiar y de cualquier forma te condenarán a morir.

De lo que puedas averiguar dependerá el futuro de las colonias, de nuestro país e incluso mi propio destino estará en tus manos.

A partir de nuestro regreso a Waset volverás a tus actividades normales y no entablaremos conversación alguna para que no sospechen de ti. Todo cuanto debas informarme lo harás a través de Madakh e Ykkur, y también deberás tomar recaudos para que no los vean públicamente.----

Con éstas palabras Tutmés delegaba una pesada carga sobre mis hombros. La responsabilidad y el riesgo que implicaban la misión eran muy grandes, demostrándome al mismo tiempo la confianza del Príncipe en mi capacidad para llevarla a cabo con éxito. De más está decir que solo Madakh e Ykkur pero no el resto de los miembros de la guardia conocerían mis futuras actividades. De lo que no estaba seguro era de sí debía o no poner a mis padres al tanto del asunto. Por una parte sabía que se angustiarían mucho al conocer que pondría en riesgo mi vida, lo que me impulsaba a ocultarles la verdad; por otra parte temía que si me atrapaban tomaran represalias en contra de mi familia. De manera que decidí que debía informar a mi padre de lo que haría para que pusiera a resguardo a mi madre y a Eset si me descubrían.

---- Comprendo mi Señor. Ruego a su majestad que proteja a mi familia y vea por su bienestar en caso que llegara a ocurrirme algo malo.

---- Puedes estar seguro de que serán protegidos y les pagaré en oro tu vida en compensación por el gran servicio que cumples por tu país.---- respondió el príncipe con solemnidad.

---- Mi señor puede estar seguro que callaré aunque me cueste la vida y averiguaré todo lo que sea posible.---- afirmé convencido y consciente de lo que implicaba tal compromiso.

Pasé el resto de la tarde revisando las armas a fin de repararlas para dejar el equipo en condiciones. Afilé mi espada, cambié la cuerda del arco estirada y gastada, que había perdido su tensión y completé la aljaba con flechas nuevas. También reemplacé el mango de mi daga y afilando su hoja y por último cambié el corazón de mi escudo, cuya madera se había fracturado durante la batalla en las costas de Batroun. La lanza era lo único que se encontraba en buenas condiciones pero no le venía nada mal un poco más de filo a su punta cobre.

Con el veloz avance de la flota de río arriba, concentrado en mis ocupaciones y absorto en pensamientos que me obsesionaban, en el dilema de arriesgar la seguridad de mi familia aunque fuera por una causa justa, no me había percatado de que nos encontrábamos cerca de mi tierra natal.

A poco de pasar frente al puerto de Khmun reconocí el paisaje que me era tan familiar de las colinas de la región que tantas veces había recorrido cuando íbamos a cazar con mis amigos. Pensé, que lejos parecía aquella época cuando salíamos a pescar en el bote de mi amigo Ahmer, con Hep y Paser. Sólo han pasado unos cuantos años pero ha cambiado tanto mi vida desde aquella época, que siento como si hubiese transcurrido una eternidad.

¿Qué será de la vida de mis compañeros de juego?. ¿Seguirá Hep con sus conquistas amorosas o será quizás un esposo fiel y abnegado padre de familia?. ¿Se habrá convertido Paser en oficial del ejército?. ¿Ahmer se habrá casado con aquella muchacha a la que no quería su madre?. ¿Seguirá siendo pescador?. Que ganas de verlos y conversar con ellos

Que ganas de volver a verlos y conversar con ellos.

Cuando nos aproximábamos al puerto de Khmun poco antes de la puesta del sol, un pequeño barco se encontraba en medio del río obstruyendo nuestro recorrido.

A medida que nos acercábamos reconocí al único tripulante, que para mi sorpresa era nada menos que mi amigo Ahmer en quien había estado recordando sólo unos momentos antes. ¿Pero que sería lo que querría?. Cuando me encontraba en la barandilla de estribor escuché que les gritaba a los oficiales que se encontraban en la proa de nuestra.

----¿Se encuentra con ustedes Shed, el hijo del artesano Pentu?.

---- ¡Aquí estoy!.---- Grité para hacerme oír.

Corrí hasta la proa extrañado por el inesperado encuentro y pronto me asaltó un mal presentimiento al ver la tristeza reflejada en el rostro de mi amigo.

---- ¿Qué ocurre mi querido amigo?---- pregunté preocupado.

---- Tu abuelo Antef ha muerto.---- Me dijo entristecido. Eres su único descendiente varón y de ser posible deberías estar presente en el ritual del Ut (que es el nombre que damos en nuestra lengua al proceso de purificación y conservación de los restos del difunto). Tus padres se encuentran aquí desde hace dos días. ----

Me acerqué al donde estaba el príncipe y le pedí autorización para asistir a los servicios fúnebres de mi abuelo.

----- Lleva mis condolencias a tus padres; yo elevaré mi plegaria por el Ka de tu abuelo. Trata de regresar a Waset lo antes posible.---- dijo Tutmés despidiéndome.

Desembarqué de la nave insignia hacia el barco de Ahmer y nos dirigimos hacia el puerto de Khmun mientras la flota seguía su rumbo hacia el Alto Valle del Hep-Ur buscando el puerto de la ciudad del Dios Lobo Wep-Wawet.

---- ¿Cuándo falleció mi abuelo?---- pregunté acongojado.

---- Hoy se cumple una semana. Enfermó el pasado mes y su salud fue empeorando rápidamente. Tu abuela mandó a llamar a tu madre ante la gravedad de su estado.

Esta mañana llegó un mercante a Khmun, procedente de Mennufer y sus marinos comentaron que había regresado la flota del delta de su viaje a las colonias asiáticas. Así es que pensé que podías pasar con la nave real de regreso a Waset en cualquier momento, de modo que permanecí cerca y tuve suerte de encontrarlos. Tu padre me ha contado que te has transformado en un gran guerrero y que formas parte de la guardia del Príncipe heredero.----

---- Es cierto querido amigo; es una larga historia que algún día espero poder contarte. Te agradezco profundamente que hayas esperado mi paso con la flota pues de no ser por ti, no podría honrar los restos de mi abuelo.---- expresé con sincero agradecimiento.

Ahmer bajó la cabeza en gesto de modestia y me acompañó desde el barrio del puerto hasta el lugar de purificación donde son tratados los cadáveres preparando los restos del difunto para la vida eterna, proceso que nosotros llamamos Ut.

Comúnmente se lleva el cadáver en procesión por la ciudad seguido por familiares, parientes y amigos que lo lloran y lamentan, hacia el Wabet, el lugar de purificación, y en el caso de las clases acomodadas, acompañado por un cortejo de cantantes profesionales y músicos interpretando sentidos himnos de despedida, rogando a Asar un viaje placentero y sin dificultades para el difunto hacia el Duat.

Luego de ser entregado el cadáver a los sacerdotes de la casa de purificación, comienza el largo proceso de preparación del cuerpo para la momificación. En el caso de mi abuelo, habían colocado el cuerpo en la sal que denominamos Net-Jeryt, sustancia conservadora que evita su descomposición. Esperaban mi presencia pues se considera de suma importancia que un descendiente varón presencie la ceremonia del Ut en cumplimiento de los ritos, al igual que el Dios Hor asistió a la transfiguración final de su Padre Asar en Amo y Juez del Mundo de los muertos, para asegurar la vida eterna y recordar al difunto honrando su memoria.

Como mi abuelo no había engendrado descendientes masculinos, tal derecho que se consideraba un alto honor, me correspondía a mi, por ser el primogénito de la mayor de sus hijas.

Cuando entré al patio que daba acceso al templete en honor a Anup, deidad de los embalsamadores, encontré entre algunos familiares, a mi abuela y a mi

madre, a las que abracé sin poder contener mis lágrimas. Luego me acerqué a mi padre que como yo estaba muy emocionado. Sin embargo creo que Pentu estaba feliz de verme sano y salvo, más que entristecido por la muerte de Antef.

Luego de recibir las condolencias de parientes y amigos, mi padre me acompañó al interior del edificio en donde esperaban los sacerdotes Sem servidores de Anup. Mientras mi padre se retiraba del lugar, comuniqué a los oficiantes que podían dar inicio al ritual de purificación.

Uno de los clérigos Sem, calvo como los demás y vestidos con túnicas de inmaculado lino blanco, me condujo hasta una sala iluminada con cuatro lámparas de pie una en cada esquina. La columna de cada lámpara representaba una figura distinta a semejanza de cada uno de los cuatro hijos de Hor el Dios halcón. Los Mesu-Heru como se los denomina, son los custodios de los órganos del difunto.

El humo de los incensarios se elevaba lentamente en frágiles volutas impregnando el aire con su mística fragancia, mezclada en el ambiente saturado de resinas aromáticas mantenidas en estado líquido en calderos de bronce calentados en el fuego. El lugar era opresivamente cálido y debía secar el sudor de mi frente frecuentemente.

---- Traigan el cuerpo del difunto.---- dijo el sacerdote a los sirvientes que luego de unos momentos regresaron trayendo el cuerpo de mi abuelo envuelto en una sábana amarillenta después de sacarlo de las sales conservadoras.

Pensé que me impresionaría mucho cuando destaparan el cuerpo sin vida de aquel hombre fuerte y grueso que había sido mi abuelo Antef.

Su existencia plena de emociones y triunfos militares habían templado su personalidad decidida y autoritaria, orgullosa de haber gestado el renacimiento de una gran nación que hoy, después de pocos años tratábamos de salvar desesperadamente de las garras del Imperio de Naharín-Mitanni.

Cuando los sirvientes abrieron la sábana, quedé sorprendido al contemplar el despojo en que había transformado la enfermedad, la otrora imponente figura de Antef. La cruel dolencia deterioró de tal manera la humanidad de mi abuelo, que de no ser por la clara imagen que guardaba en mi memoria, no hubiese reconocido, en aquella osamenta cubierta de piel, al vigoroso progenitor de mi madre.

Lavaron el cadáver con agua de nenúfares para limpiarlo y quitarle la sal de manera de poder continuar con el proceso de conservación. La sal también había hecho lo suyo extrayendo la poca humedad que aún guardaba el cuerpo.

En rítmicas y monótonas oraciones el sacerdote mayor fue desarrollando la liturgia, salmodiando los mágicos conjuros para proteger el espíritu de las fuerzas destructivas que atentan contra su existencia eterna.

El Sagrado recinto lucía sobre sus paredes, escenas de motivos funerarios relacionados con representaciones del "Reu nu pert em hru", el libro que contiene los secretos para sortear los peligros del viaje hacia el mundo de ultratumba.

Una de los frescos mostraba el corazón del difunto sobre un platillo, siendo pesado en la balanza de los salones del juicio, en presencia de Asar Señor del Duat. En el otro platillo de la balanza se encontraba la pluma símbolo de Màat, la justicia. La ceremonia era llevada a cabo por Anup, Dios con cabeza de chacal, mientras Thot Dios de los escribas tomaba nota del resultado y posterior veredicto de Asar, Juez Supremo, que preside el juicio, en tanto en el extremo opuesto, se observaba al monstruo Amemait, terrorífica bestia en parte león, cocodrilo e hipopótamo, esperando para devorar el alma del condenado. Otra escena parietal mucho más alentadora, representaba la "Barca de Ra", atravesando con éxito el mundo de la oscuridad, plagado de Demonios y seres maléficos, para renacer cada mañana por el oriente y continuar su ciclo cada día entregando sus dones vitales a los seres que habitan la tierra del Hep-Ur.

Luego de lavar y secar el cuerpo, introdujeron una varilla de bronce a través de las fosas nasales hasta topar con alguna estructura ósea en el interior de la cabeza; con golpes cortos y secos rompieron el obstáculo para penetrar más profundamente en el cráneo. En realidad era un solo hombre el que practicaba las maniobras mientras el otro lo asistía y le alcanzaba los instrumentos.

Con otro elemento de bronce parecido a un gancho el ejecutante empezó a extraer partes de cerebro, desgarrado y en pequeños trozos. Sin haber extraído demasiado del contenido de la calota craneana, el asistente entregó al sacerdote ejecutante un recipiente conteniendo un líquido oloroso que vertió lentamente, en pocas cantidades y en reiteradas ocasiones dentro del cráneo, por medio de un pequeño y largo embudo, tras lo cual introdujo nuevamente el instrumento con forma de gancho y con movimientos giratorios parecía mezclar el líquido con la masa encefálica. Después de unos momentos giraron el cuerpo boca abajo, de manera que con el asistente sosteniendo la cabeza por fuera de la mesa, el ejecutante movilizó el instrumento sacando en repetidas ocasiones la sustancia pastosa en la que se transformó el cerebro desmenuzado, perdida su consistencia natural por aquel líquido de penetrante y desagradable olor. El aspecto de la sustancia, como leche de cabra cuajada, grumosa y llena de coágulos sumada a la nauseabunda fetidez que despedía el conjunto, me provocó náuseas que con dificultad logré controlar.

Dos sirvientes se acercaron portando sendos abanicos de plumas que al mover el aire disminuyeron la opresión que producía el sofocante ambiente del recinto.

Los sabios aún no conocen la función del cerebro pero creen que sea cual sea, no reviste demasiada importancia con respecto a las que cumple el corazón. Muy atento a todo lo que hacían en el cuerpo de mi abuelo, vi que el sacerdote procedía a realizar una incisión sobre en el flanco izquierdo con un cuchillo de obsidiana ceremonial con mango de marfil tallado con la figura del dios chacal Anup. El profundo corte atravesó la piel y los músculos desde el punto que va debajo del esternón hasta el costado correspondiente de la ingle. El corte según lo que me dijeron fue mayor que el que se realizaba comúnmente, debido a que la sal habría producido cierto resecamiento que, sumado al deterioro ocasionado por la enfermedad de mi anciano abuelo, podría provocar grandes desgarros por la pérdida de elasticidad de los tejidos. Prosiguieron seguidamente por extraer los órganos internos comenzando por los intestinos. Otros dos sacerdotes habían traído los vasos sagrados de alabastro blanco, pronunciando un canturreo casi ininteligible al tiempo que el sacerdote que presidía la ceremonia entonó una triste melodía en rítmica repeticiones que sumadas al monótono cántico del resto de los participantes me produjo un sentimiento desolador de pérdida y angustia indescriptible.

Al retirar el intestino delgado un repugnante olor invadió el lugar hasta que lavaron y purificaron el órgano con vino de palma y posteriormente con sustancias aromáticas entre ellas pimienta negra y jengibre, lo colocaron en el vaso de alabastro cuya tapa tenía esculpida una cabeza de halcón que representaba a Kebehsennuf, protegido su contenido por la diosa Selket.

Cuidadosamente colocado y protegido fue tapado el recipiente tras lo cual, separados con varios cortes, fueron extraídos el intestino grueso y el estómago para ser lavados y purificados de igual manera que al anterior y colocados luego en otros vasos cuya tapa representaba a Duamutef, hijo de Hor con cabeza de chacal protegido su contenido por la divina Nit.

El vaso para los pulmones y el corazón tenía en su tapa a Hapy, nuestro Dios con cabeza de babuino cuya protectora es la diosa Nebt-hut y por último en hígado colocado en el vaso cuya tapa es una cabeza humana, representando a Amset, cuya deidad protectora es Eset.

Una vez vaciado el tronco, salvo los riñones y la vejiga, se efectuaba un lavaje final con vino de palma para eliminar los humores que se derramaban al extraer los órganos. Secaron el interior con gasa de lino y luego lo perfumaron con mirra pura molida, canela, pimienta negra y jengibre, para luego rellenar las cavidades con lino embebido en resinas aromáticas, cinamomo y serrín. El embalaje por debajo de la piel, para reconstruir las formas deterioradas sobre todo a causa del adelgazamiento extremo del cadáver de Antef, fue logrado con arcilla, mejorando mucho la apariencia de brazos y piernas.

No me di cuenta del momento en que cesaron los cantos litúrgicos, dando paso a melodiosos acordes de arpas acompañadas por sistros y flautas, que con su dulce arrullo me provocaron gran sopor al relajar mi cuerpo cansado por el viaje y mi mente agobiada por las pesadas responsabilidades que pronto tendría que afrontar.

Casi dormido y tambaleante, presencié la finalización del proceso cuando suturaron el cuerpo que se veía mucho mejor que cuando lo llevaron a la sala.

El procedimiento a seguir consistía en reintroducir los restos de Antef en la sal conservadora, durante un período de entre 50 y 60 días para que el Net-jeryt eliminase por completo el resto de la humedad corporal para evitar la corrupción de los tejidos.

Como yo debía regresar a Waset por expreso pedido de Tutmés, no pude asistir al proceso en el que se llevaban a cabo las maniobras finales consistentes en una nueva limpieza y purificación, ungiendo las superficies exteriores con aceites y ungüentos, para terminar con el vendaje del cuerpo por medio de largas bandas de lino, entre las que se colocaban amuletos y joyas que favoreciesen la travesía del difunto por las peligrosas regiones de la oscuridad.

Luego de concluido el tratamiento del cuerpo, se lo coloca en el ataúd y éste en el sarcófago, tras lo cual se llevan las exequias en procesión hasta la necrópolis para la ceremonia de despedida ante el sepulcro y su posterior inhumación.

Al día siguiente regresé con mi padre a Waset que debía volver a su trabajo en los talleres reales y yo a mis tareas habituales en el depósito de armas hasta que fuese nombrado asistente del maestro carpintero de palacio para espiar las actividades de los funcionarios de palacio. Decidí que aquel viaje constituía la mejor oportunidad para comunicar a mi padre la complicada situación en que me había comprometido.

Mi padre conversaba animadamente con el capitán de la nave mercante que ascendía el curso del río a favor del viento transportando grandes cantidades de Djet, que es el nombre con que llamamos al papiro con el que se fabrican los rollos utilizados por los escribas de la administración de todo el Alto Valle.

Un tanto nervioso me acerqué a Pentu interrumpiendo su plática.

---- Padre, disculpa mi interrupción pero necesito hablar contigo.---- solicité respetuosamente.

Pentu se levantó de su lugar y viniendo hacia mí, puso su mano en mi hombro en gesto afectuoso llevándome hasta la barandilla de estribor en donde no había nadie. Se dio cuenta que mi pedido respondía a un tema que exigía privacidad. La actitud de mi padre me hacía sentir valorado y protegido. Siempre había sido muy comprensivo y cuando me reprendía era porque realmente lo merecía.

---- Dime hijo mío de qué quieres hablarme.---- dijo con voz calmada.

Buscando las palabras adecuadas para no alarmarlo demasiado, comencé mi relato en los términos más adecuados que encontré.

---- Sabes padre que me he convertido en servidor del Príncipe Tutmés y que en el transcurso del viaje a Biblos han ocurrido una serie de sucesos relacionados con las posesiones asiáticas que afectan la seguridad de todo el territorio de Kemet, que han decidido a Tutmés a tomar ciertas medidas al respecto.

El centro de la cuestión está en que debo llevar a cabo una misión que me encomendó el Príncipe y que entraña gran peligro para mí e indirectamente también para nuestra familia.---- dije tratando de hacerme entender sin complicar demasiado las cosas.

---- ¿ Qué es lo que debes hacer que puede ser peligroso aún para nosotros?.---- preguntó con preocupación.

Tutmés me pidió que espíe las actividades de los funcionarios de Palacio, para averiguar las intenciones de la soberana, en relación a la propuesta de cambio que le hará al regresar a Waset, referida a un plan para recuperar la hegemonía en Asia y proteger las fronteras del país seriamente amenazadas actualmente.---- le expliqué.

Mi padre se puso pálido, sorprendido por tamaño riesgo que implicaba y sin comprender por qué me había elegido a mí para ello.

---- Shed, si te descubren te desollarán vivo. ¿Por qué no eligió a otro hombre más experimentado?.---- dijo confundido.---- La guardia de Palacio está a cargo de Iumeri tan brutal y cruel como Khian el jefe de la custodia de Hatshepsut. El Príncipe te está mandando directo al matadero.---- dijo notablemente angustiado.

---- Me eligió justamente porque nadie sospecharía de un sirviente y tampoco conocen mi estrecha relación con su guardia personal.---- dije.

---- Si te descubren no tendrán piedad de ti.---- insistió tratando de convencerme de renunciar a concretar la misión.

---- He dado mi palabra a Tutmés y pienso cumplirla, padre. Lo que más me preocupa es que tomen represalias contra ustedes o intenten extorsionarme haciéndoles daño, para obligarme a que les diga quién me ordenó espiar. Si algo sale mal, no esperes a que las tropas de la Reina lleguen a tu puerta; no dudes en escapar y poner a resguardo a Eset y a mi madre. Tutmés me ha prometido que les proporcionará toda la protección que esté a su alcance a través de los importantes aliados que tiene en Waset.---- dije tratando de tranquilizarlo.

---- El Príncipe es tan ambicioso como la reina y debe querer tomar el poder por la fuerza.---- dijo mi padre enojado.

---- Padre no debes enojarte contra el príncipe. La indiferencia de la Reina hacia la pérdida de los territorios de Djahi y Retenu a manos de los Príncipes cananeos y amorreos apoyados por el reino hurrita de Naharín, está llegando a extremos alarmantes al punto que la ruta costera desde Sharuhen hacia el norte ya es intransitable para nosotros y los nómadas Shasu amenazan con cortar el aprovisionamiento de cobre y turquesa del Sinaí.---- expliqué.

---- No me imaginé que las cosas estaban tan mal.---- dijo atónito mi padre.

---- La reina vive en Waset como una tortuga dentro de su caparazón rodeada de lujo, mientras el imperio construido por su padre se derrumba a pedazos y los extranjeros se acercan día a día a las fronteras de Kemet.

----¡Que Amon nos libre de caer nuevamente bajo el yugo asiático pero que bajo el príncipe si la reina le ignora.--- Preguntó integrado.

Me tomé un momento para observar si no había nadie cerca que pudiera estar escuchando. Me acerqué un poco más a Pentu y le dije al oído.

---- Destronado a Hatshepsut y tomar lo que legítimamente le pertenece, la doble corona del país.

Mi padre me miró pasmado.---- Pero eso podría llevarnos a una guerra civil.---- Dijo turbado.

----Tutmés ha descubierto funcionarios de la administración y de las fuerzas armadas que coinciden con él en su descontento por el desgobierno en que está cayendo la ineptitud de la reina para ocuparse de los asuntos de estado realmente importantes y su obsesión por la riqueza, los palacios y la preparación de sus monumentos funerarios. Aparte de ello no hay mucho tiempo para decidir y tampoco quedan otras alternativas viables.

Mi padre quedó pensativo, en silencio por un instante, mirando el río. Luego me miró y me dio un fuerte abrazo con sus largos brazos.

---- Tienes mi bendición, hijo mío.--- Dijo con voz entrecortada, casi llorando.--- Que Thot te acompañe y te dé sabiduría para poder cumplir tu cometido con éxito y no sufras daño. Oraré día y noche a Hor para que te proteja en tan loable causa al servicio de Tutmés por la seguridad de nuestra tierra. No te preocupes pues sufriré en silencio y no le diré a tu madre lo que ocurre, porque la angustia la mataría.---- Embargado por la emoción nos abrazamos en una unión de padre e hijo que permanecería grabado en mi memoria para siempre.

---- Te aseguro que Amón está de nuestro lado.---- le dije inspirado en mi fe en el apoyo que "El Oculto", brindaría a nuestra causa.

CAPITULO 11

"La rica y convulsionada tierra nehesi."

El regreso a Waset se vio marcado por una notable actividad en el puerto, totalmente inusual por otra parte, de la Flota del Alto Valle del Hep-Ur, que me sorprendió sobremanera. Se observaba un alistamiento que evidenciaba la preparación para una gran expedición.

Luego de ayudar a mi padre con los bártulos, me sumé al grupo de la guardia para averiguar lo que ocurría.

Me presenté como el sirviente que me pidió mi Señor que representara, para no descubrir mi futura tarea como espía.

---- ¿Qué buscas muchacho?.---- me paró un viejo oficial en la puerta de la caballeriza en que se hallaban Ykkur y Madakh.

---- Traigo un mensaje por orden de la princesa Neferura para Ykkur.---- le respondí humildemente como lo haría un esclavo a su amo.

---- No puedes ingresar. Dímelo, yo se lo trasmitiré.---- me dijo obstruyendo el paso.

---- Es privado mi Señor y no puedo revelarlo.---- esperé un momento ---- ¿Debo informar a la princesa que usted desautoriza su orden?---- le dije para presionarlo.

El oficial me permitió entrar a regañadientes pues seguramente no quería meterse en problemas con la Princesa y con el "Gigante" Ykkur. ---- Veo que habéis estado bastante atareados en mi ausencia, amigos.---- los saludé.

---- ¿Cómo has estado Shed?.---- me preguntó Madakh, mientras Ykkur me saludaba desde lejos con su mano. Ambos se encontraban revisando los carros de Tutmés en tanto el resto controlaban riendas y arneses. Sucios y transpirados pero con ánimo alegre, trabajaban en el sofocante y maloliente ambiente de los establos reales.

---- Bien.---- le respondí.---- ¿Qué ocurre que hay tanto movimiento de tropas y naves?---- pregunté sin más preámbulos.

---- Se prepara una importante expedición de guerra a la región de Kush para sofocar un grave alzamiento de los nativos Nehesi. ---- comentó Madakh.

---- ¿Y la Reina permite que el Príncipe participe de la expedición?.---- pregunté sorprendido.

---- No solamente que permite la intervención de Tutmés, sino que luego de disculpar su decisión inconsulta respecto del viaje a Biblos y tal vez gracias al éxito del mismo, le ordenó que dirigiese los ejércitos del Alto Valle para recuperar los territorios que cayeron en manos de los kushitas. -----

---- ¿La soberana accedió a las propuestas del Príncipe?---- pregunté entusiasmado.

---- En realidad el Príncipe no ha tenido oportunidad de plantearle a la soberana sus puntos de vista a cerca de la situación de las tierras del norte. ---- me respondió Ykkur secándose el sudor que bañaba su rostro y había empapado el paño de cabeza que cubría su frente.

---- ¿ Y cómo se produjo tan notable cambio de actitud?.---- pregunté extrañado.

---- No hay ningún cambio de actitud. Lo que sucede es que Hatshepsut se halla realmente preocupada porque los territorios tomados por los kushitas, incluyen las minas de oro y plata más ricas de la región de la tercera catarata y el hecho de que el jefe de las tropas de Kemet murió durante la rebelión. El Virrey de Kush huyó hacia Uauat pidiendo auxilio al administrador de Buhen, en la segunda catarata.---- explicó.

---- ¿Entonces el éxito en la travesía asiática podría permitir que Tutmés sea elevado a jefe de todos los ejércitos de Kemet?.---- especulé.

---- El Príncipe no es tan optimista. Hatshepsut se ha dado cuenta que su política de llenar de inofensivos zánganos los altos cargos del ejército y la flota, se ha vuelto en su contra en esta situación, pues sabe que son viejos y débiles, incapaces de recuperar la tercera catarata contra el líder negro Nabuma que según cuentan testigos, ha insuflado en las poblaciones negras de Kush, un espíritu de liberación y lucha que pone en riesgo incluso las tierras de Uauat.---- dijo Ykkur.

---- En este momento Hatshepsut no tiene otra opción que recurrir a Tutmés para recuperar Kush, pues no hay nadie que pueda conducir a los ejércitos mejor que él y no puede darse el lujo de que Nabuma se apodere de la segunda catarata.---- explicó Madakh.

---- Por mi parte, ¿qué haré?. ¿Debo ir con ustedes o quedarme en Waset?.---- pregunté.

---- Tutmés quiere que vengas con nosotros, pero en carácter de sirviente como había sido planeado previamente.---- dijo Madakh.---- Te encargarás del

mantenimiento de las armas de la custodia pero no viajarás con nosotros sino con los demás sirvientes de la expedición, para no despertar sospechas.----

Realmente no me agradaba la idea de estar alejado de mi grupo pero hubiese sido muy riesgoso darme a conocer abiertamente como servidor de Tutmés, delante de tantos oficiales que frecuentaban el Palacio de Hatshepsut, y que podrían reconocerme, advirtiendo a los funcionarios de la soberana.

Al día siguiente con las primeras luces del alba partimos del puerto remontando el curso del Hep-Ur, en busca de la primera catarata, con una flota de 15 naves y 1200 hombres entre oficiales y soldados, para sumarnos a las tropas del Virrey en Uauat. También se sumaban 300 sirvientes entre los que me contaba, encargados de los quehaceres relacionados con la atención de carros, caballos, alimentos, armas y todo lo necesario para la expedición a las tierras del Sur.

Con el impulso del viento sobre las velas cuadradas de las embarcaciones, transitábamos río arriba pasando frente a las poblaciones costeras que aclamaban a la flota, ignorantes completamente de las razones que llevaban a tal despliegue de tropas y recursos. Desde ambas márgenes, los habitantes del Alto Valle arrojaban flores a nuestro paso en un espectáculo tan infrecuente como llamativo teniendo en cuenta que un espectáculo de estas características no se presentaba para los pobladores del sur de Kemet, desde tiempos del reinado de los faraones Kamose y Ahmose, durante la guerra contra el rey de Kush, aliado de los invasores asiáticos.

Aquel primer día pasamos frente a la ciudad de Iuni sobre la ribera occidental, con la avenida del puerto flanqueada por sicomoros y palmeras, tierra del Dios Mont, deidad guerrera con cabeza de halcón, al que Tutmés y los más altos oficiales, rindieron culto y entregaron ofrendas en el templo del Dios construido por los soberanos de la XI dinastía, entre los que destacó el legendario Nebhepetre.

Al progresar en el territorio meridional atravesando las tórridas arenas extendidas a ambos lados del gran río, florecían como milagrosos oasis amenazados por la aridez circundante, ciudades y aldeas que despertaban de su letárgica y cotidiana existencia para brindar su homenaje a la Escuadra Real arrojando flores silvestres y hojas de palma a nuestro paso, aclamando el nombre de una soberana a la que nunca habían visto.

Dejamos atrás ciudades como Djerty, Per-Hator protegida por la deidad femenina con cabeza de vaca, entre cuyos cuernos surge la imagen del disco de Ra y algo más al sur, la antigua Hefat.

Desde la barandilla de estribor del navío divisé la sobria solidez del templete en honor al Dios Khnum, Señor de la inundación, al cruzar frente a Ta-Satet y ya al extinguirse los últimos destellos del crepúsculo nuestros navíos atracaron en los puertos gemelos de Neheb y Nehen, sobre ambas riberas del Hep-Ur. En Neheb se dejaron ofrendas a Nehbet, Señora del Alto Valle y símbolo de las tierras del sur de Kemet, en su pequeño templo.

Soberanos de todas las épocas han rendido homenaje a la Diosa buitre, dejando huellas de su paso. Mi Señor Tutmés honró grandemente a esta deidad en el transcurso de su vida.

La ceremonia principal de aquella noche se llevó a cabo en la mítica Nehen, Tierra de origen del legendario Narmer, Faraón predinástico, precursor de la unificación del país centenares de años antes de las grandes construcciones de Mennufer. Dedicada al Dios halcón hijo del Dios Asar y de la Diosa Eset, que recibió el trono de Kemet de manos del propio Ra, cuando luchaba contra el malvado Sutej para recuperar el sitial que correspondía a su padre muerto, Hor es Representante por antonomasia de la Realeza de Kemet y protector de la misma.

Los rituales de culto a la deidad se llevaron a cabo a la luz de las antorchas frente al antiguo templete con música cánticos, incluida una representación teatral recreando pretéritas epopeyas.

Luego de pasar la noche en las playas de Nehen, el alba del siguiente día iluminó nuestro tránsito hacia Behdet, que al igual que la anterior, es centro de adoración de Hor, luciendo en su territorio construcciones sagradas para su culto con escenas grabadas en sus muros del triunfo del Dios sobre Sutej, como así también la entrega de ofrendas de numerosos Faraones en sus visitas a la región.

Llegando al límite natural de Kemet en donde cambia el paisaje con el afloramiento de los acantilados de arenisca, explotados como canteras desde antaño, que proporcionaban la materia prima para el trabajo de los escultores en estatuaria y arquitectura, surge Khenu como vestíbulo rocoso precediendo la posterior aparición de la región de la primera catarata.

La piedra arenisca que constituye casi en su totalidad el suelo en donde se haya enclavada Khenu, es mucho más dura que el resto de la caliza que se extiende hacia el Norte, y no ha permitido al Hep-Ur excavar en sus entrañas un amplio valle, lo que ocasiona que la tierra fértil de cultivo sea extremadamente reducida evidenciando un avance del desierto circundante sobre el río con una geografía árida en ambas riberas, salvo por una estrecha

franja verde de palmeras y vegetación arbustiva de tipo espinosa, que se resiste estoicamente a ser doblegada por la roca desnuda predominante.

Antes de arribar a Sunnu avistamos las bellísimas islas meridionales, entre las que se destaca la llamada " Isla del Tiempo de Ra", cuyo mágico esplendor, evoca la imagen de un mundo primordial perfecto.

Observando el lugar se comprende porque los antiguos le asignaron ese nombre. La isla bañada por el río durante la crecida, es bendecida con el precioso limo que la transforma en un tesoro verde de exuberante belleza, rebosante de vida vegetal y animal, protegida por las aguas del Hep-Ur del amenazante océano de roca y arena que la rodea por doquier.

Por fin Sunnu, "La Puerta del Sur", apareció frente a la proa de nuestras naves, al final del segundo día. En esta ciudad es adorado Khnum, Dios proveedor de la Inundación que fecunda los campos del país en donde se cosechará el grano que alimenta a los hijos de la tierra negra. Las canteras de granito de Sunnu fueron explotadas desde la época de los Faraones constructores de los grandes Mer de la Necrópolis de Mennufer como Snefru y Khufu cuando necesitaron una piedra aún más dura para construir el formidable basamento que soportaría el enorme peso de millones de bloques de caliza.

Por encima de la primera catarata se extiende el desierto de Uauat cuyo seno atesora las riquezas en oro y plata, que en ocasiones proporciona mayor cantidad de metales preciosos que las propias minas de Kush.

El nombre de Sunnu proviene del término Swenet que en nuestra lengua hace referencia al comercio debido a que es, desde tiempos remotos, un enclave

mercantil de gran importancia a través del cual se traficaban productos de lujo como pieles de leopardo, madera de ébano, colmillos de elefante, plumas de avestruz, incienso y mirra entre otros, para la realeza y las clases acomodadas.

Se dio un gran recibimiento al Príncipe como representante de Hatshepsut, con una fastuosa celebración en la residencia del Heritepàa del Sepat que marca el límite sur de Kemet.

Como formaba parte de la servidumbre, dormiría fuera de los muros de la ciudad en la playa, a la luz de las fogatas con las tropas.

Lejos de la fiesta en la que participaban mis amigos, me disponía a pasar aquellas horas junto al río en una noche clara, con el ojo del cielo, manifestación de la Diosa Iunu, bañando con su tímida blancura las colinas cercanas en un espectáculo magnífico de dunas rojizas acariciadas por la fresca brisa del desierto que agitaba la llama de las hogueras encendidas durante el crepúsculo.

Nos entregaron la ración de pan, cebollas, ajos y dátiles correspondiente a cada uno de los que compartíamos el calor de aquella fogata, y me senté a comer en silencio, mientras observaba el movimiento en el campamento. Entre las innumerables hogueras encendidas sobre la ribera, una multitud de hombres conversaban y reían mientras comían, incluso se escuchaba a la distancia alguna flauta y cánticos populares.

Uno de los jóvenes que formaba parte de aquel grupo, llamado Maya, al ver que yo había dejado parte de mi ración, se acercó a preguntar si quería regalársela a él.

---- Tómala, yo no la quiero.---- le dije entregándosela.

---- Gracias, no me animaba a pedírtela por temor a que te molestaras.----me respondió con voz de niño. Era muy joven, el menor del grupo seguramente.

---- ¿qué trabajo desempeñas en Waset?---- pregunté por simple curiosidad.

---- Trabajo en el depósito de armas de los oficiales del ejército de Amón.---- contestó mientras engullía con fruición los dátiles.

---- ¿Y cómo es que siendo tan joven pudiste ingresar en el arsenal del ejército de Amón?.---- Pregunté curioso.

---- Mi padre es oficial de alto rango y como mi mayor interés está en las armas, él me ayudó a conseguir trabajo en el depósito que es una buena forma de comenzar en la carrera militar.---- respondió.---- ¿A ti te gustan las armas?---- me preguntó, intuyendo igual inclinación por mi parte.

---- No mucho. Lo que más me atrae son los caballos. ---- respondí. ¿Qué armas sabes manejar?.----

---- Me gustan todas pero mis preferidas son el arco, los palos arrojadizos y la honda.---- Maya tocó el saco de fibras de junco que llevaba colgado del hombro cruzándole el pecho.

---- ¿Qué llevas allí?.---- pregunté.

---- Mi mejor honda y algunas buenas piedras.---- respondió mientras la sacaba de la bolsa. La honda era de hilo trenzado formando una cavidad muy pareja en el lugar en donde se coloca el proyectil, con un lazo para atarla al dedo meñique y el otro extremo para ser asido entre el índice y el pulgar. ---- Tengo mucha práctica y he alcanzado gran efectividad. Llevo cazadas 9 palomas con esta honda.---- dijo orgulloso.

---- Con lo que nunca he cazado es con los bumeranes.---- le comenté.

---- Aquí tengo el bumerán que más me gusta.---- dijo mostrándome un bello ejemplar en una madera desconocida para mí, oscura y pesada hábilmente tallada.---- Ya estoy aprendiendo a cazar con él. Lo más difícil es calcular el recorrido para poder hacer blanco sobre la presa.----

---- En mi pueblo casi no se conocen y todos prefieren cazar con arco. Yo ni siquiera sé como se arrojan para conseguir que vuelvan a mi mano.---- dije.---- ¿Quién te ha enseñado?.----

---- El esclavo de mi padre, un hombre llamado Khat hijo de pastores Nehesiu de la costa del Mar Oriental. El mismo Khat me regaló éste que fabricó su padre hace muchos años, cuando él era un muchacho, con un tipo de madera bastante común en los bosques tropicales del Sur, donde habitan los Dioses de las tribus negras.---- me dijo haciendo alarde de erudición. El objeto en forma de hoz estaba curvado en las puntas que eran gruesas y su hoja aplanada con el borde cóncavo cortante bien afilado.

---- Los otros palos arrojadizos, los que no retornan al punto de lanzamiento son más efectivos. Con ellos se pueden derribar aves grandes inclusive ocas y gansos.---- dijo.

Continuamos conversando durante un largo tiempo sobre el arco. Quedé impresionado por su profundo conocimiento acerca de los tipos de arcos y flechas, y de otros tipos de armas.

Por mi preparación con la guardia del Príncipe había llegado a dominar el manejo de una amplia variedad de armas e incluso a repararlas, lo que implicaba cierto conocimiento, pero nunca supuse que existían tantos detalles referidos a su construcción, los materiales empleados y el cambio histórico que habían sufrido algunas armas desde la llegada de los Heka-Khasut, los príncipes asiáticos que invadieron el país luego de la dinastía XIII.

---- ¿ Tu padre te ha enseñado todo esto?.---- Pregunté asombrado.

---- No, fue el viejo Hekayeb. Fue Jefe de los establos reales y amigo de mi abuelo ya fallecido. Él me fabricó mi primer arco de madera de sicomoro cuando yo tenía apenas 5 años. Sus historias de guerra y expediciones a las tierras del norte son fantásticas. Creo que algunas veces exagera, pero me encanta escuchar sus aventuras y conoce muchos cuentos antiguos, fábulas y relatos de hazañas heroicas.

---- ¿Qué edad tiene Hekayeb.?---- Pregunté interesado por saber durante qué reinado combatió contra los extranjeros.

---- Vio, según él mismo dice 81 inundaciones y luchó contra los Aamu cuando apenas contaba con mi edad, alas órdenes del Faraón Amenhotep I. Él me contó que el carro, el arco compuesto y el caballo fueron introducidos en Kemet por los invasores Àamu y gracias a estos elementos pudieron dominar el norte de nuestras tierras. Existen narraciones escritas por aquellos soldados que vieron avanzar por vez primera a los carros asiáticos en el campo de batalla como máquinas mortales que los atropellaban y pisaban, tiradas por esas bestias parecidas a los asnos pero fuertes, veloces y más grandes, conducidas por extranjeros armados con un potente arco que lanzaban sus saetas con mucha más violencia atravesando los débiles escudos de aquellos indefensos hombres ante un adversario con armas muy superiores y que los aniquilaban como halcones a palomas. Superados por un enemigo que los sorprendía con técnicas y elementos totalmente desconocidos en una época de decadencia del país, en que se había abandonado la verdad, el orden y la justicia, despreciando a Maat.----

----Expresó Maya, mientras yo recordaba las palabras que Tutmés me hizo memorizar, asegurando que solo recordando los sufrimientos y penurias que azotaron a nuestro pueblo en el pasado, estaríamos conscientes para no cometer los mismos errores.

----"Y la furia Divina se desató sobre los hijos pecadores, castigando por la mano del extranjero las ciudades y aldeas, abatiendo las imágenes, derribando los templos, incendiando los campos, llevando por doquier la desgracia, el hambre, la enfermedad y la muerte, propagando la devastación sobre el pueblo que olvidó a sus Dioses."---- dije parafraseando al escriba que presenció la tragedia de nuestro pueblo en tiempos del Faraón Djedneferre Dedumose.

---- Lo que nadie imaginaba en aquel tiempo, era que irónicamente los mismos adelantos que habían facilitado a los Heka-Khasut conquistar el norte del país, servirían para que las nuevas generaciones del sur inspiradas por Amón-Ra, los expulsasen de Kemet y luego de subyugarlos se los haya convertido en nuestros vasallos.---- dijo orgulloso Maya.

---- En ese punto debo decirte que la situación no es esa precisamente.---- me miró extrañado.

---- ¿A qué te refieres?---- preguntó confundido.

---- Como no sabía si el joven se hallaba influenciado por oficiales adictos a la Reina, le comenté los acontecimientos que se desarrollaban en los territorios de Retenu y Khinakhny, sin demostrar mi inclinación hacia el Príncipe Tutmés.

A medida que le narraba los hechos que se sucedían en Asia, el gesto de Maya fue tornando de sorpresa en indignación hacia la actitud de descuido que la gobernante mostraba en los asuntos exteriores, que arriesgaba poner a Kemet de rodillas ante los Príncipes asiáticos como en la época de los Heka-Khasut.

Pasamos algún tiempo más conversando, mientras la Luna recorría el negro océano celeste con sus irisados reflejos sobre los navíos de la flota, que a la distancia se veían como blancas garzas posadas sobre las tranquilas aguas del Hep-Ur.

La amistad que surgió entre nosotros aquella noche, duraría toda la vida

y la confianza que me ganaría en Maya, tendría alcances insospechados en mi futuro y en el propio destino de Kemet.

Saliendo de Sunnu avanzamos hacia el sur para dejar atrás la primera catarata, rumbo a Pselqet y Baki dos localidades de gran importancia debido a que a través de los torrentes de sus cercanías se internaban en el desierto de Uauat las expediciones mineras, en busca del oro y la plata que aportaban enormes riquezas al tesoro de Amón.

Sus doradas entrañas en ocasiones proporcionan mayores cantidades de los preciados metales que las minas de Kush.

Teniendo presente que las posibilidades de subsistencia de los obreros de las minas depende exclusivamente de la provisión de alimentos a través de esas rutas naturales a partir de aquellas ciudades, debía asegurarse la transitabilidad de esas vías, para no perder también el control de esos yacimientos a manos de las tribus negras sublevadas, cuyo avance en terreno de Uauat nos era completamente desconocido.

A medida que nos adentrábamos en la región de Uauat, el tedio provocado por la monotonía del entorno, transformaba la curiosidad por conocer un territorio inhóspito en total hastío. La aridez era casi total, alternándose el granito con los suelos barrosos desecados y fragmentados, hasta desprenderse en capas después de ser castigados por el intenso calor. De vez en cuando las dunas hacen su aparición en la ribera y en otras ocasiones las arenas de algún torrente hace mucho tiempo sin agua, son impulsadas por el viento hacia el río en finas cortinas de polvo.

Entre los mástiles de las embarcaciones descubrí a la distancia el ansiado verdor de los bosquecillos de las ciudades gemelas como imágenes en espejo separadas por el río como otro juego de ilusión del abrasador clima.

Los altísimos troncos coronados por las enormes hojas, formaban una compacta techumbre de la que pendían los perfumados dátiles, constituyendo un milagro de frescura y belleza como premio al viajero exhausto que llegaba al puerto de Baki.

Parte del contingente abandonaría la flota en esta ciudad para internarse en el desierto reforzando la custodia de las rutas mineras. Aproximadamente 250 hombres incluidos los oficiales, dejaron la costa rumbo al sudeste rumbo a los yacimientos, en tanto el grueso de las tropas proseguimos en dirección sudoeste hacia la región de Miam.

A la llegada al puerto el Príncipe fue recibido por Senmose, recientemente nombrado gobernador de la ciudad.

Ya en la residencia durante la cena, me ubiqué cerca de la puerta del salón, en donde Senmose informaba a Tutmés y a los altos oficiales de la Flota a cerca de la situación reinante en Kush. Me acerqué a Ykkur que daba instrucciones a unos soldados de la fortaleza en tanto que Sai y Amenemheb, montaban guardia en el vestíbulo.

---- ¿ Cómo estas Shed?.---- me dijo al verme.

---- Bien, aunque preferiría estar con ustedes. ¿Qué novedades hay de la situación en Kush?---- Pregunté.

---- Al parecer las fuerzas nativas superan en número a las nuestras que en este momento tienen como base a la ciudad de Buhen en la segunda catarata. Con los refuerzos que aportaremos se podrá revertir el desequilibrio que hasta hoy había provocado la pérdida de Semna y las zonas aledañas.---- respondió Ykkur.

---- Pero si el enemigo pudo derrotar a las guarniciones de Kush deben contar con un gran ejército, ¿verdad?.---- pregunté.

---- Es cierto, pero Tutmés confía en que la organización de nuestro ejército y nivel superior de nuestras armas y carros, desnivelarán la guerra a nuestro favor. Otra cuestión para tener en cuenta es que el Virrey Kameni huyó de la fortaleza al enterarse de la muerte del general de las tropas sin siquiera intentar defenderla, dejando a la soldadesca a cargo de los pocos oficiales novatos que sobrevivieron a los ataques de los nativos. ---- respondió.

---- ¿Cómo puede la Reina mantener a un cobarde en un cargo tan importante?.---- dije indignado.

---- Kameni es un hombre débil y afeminado, sumamente dócil e incapaz de levantar una espada para defender su propia vida.

A la Reina le conviene tener a un funcionario sumiso y fácil de dominar, que no tenga ambiciones de poder que pudiesen hacer peligrar su autoridad utilizando los recursos de Uauat y Kush para disputarle el trono de Kemet. Por eso jamás hubiese nombrado a Tutmés para ese cargo.---- explicó Ykkur.

---- Entonces, ¿la fortaleza de Kush a caído en manos de los Nehesiu o solo lo suponen?.---- Pregunté pensando que quizás las tropas aún resistían el asedio.

---- No están seguros, pero teniendo en cuenta que los negros cortaron la ruta de aprovisionamiento de alimentos para las tropas desde hace ya más de un mes lo más probable es que hayan tenido que rendirse para no morir de hambre. Tutmés sabe que la campaña se prolongará mucho tiempo si los negros han podido hacerse con el control de la fortificación y demandará grandes gastos.---- explicó Ykkur.

---- El Príncipe debería tener en cuenta que las tropas de Kemet no luchan por un ideal, ni por la defensa de su tierra; por el contrario los Nehesiu pelean por su libertad, lo que hará más dura la guerra.---- dije expresando mi punto de vista respecto a la gran motivación que tenían las tribus en rebelión para conseguir la victoria.

---- Por otro lado, imagina el prestigio que alcanzaría el príncipe si esta campaña significa otro éxito militar.---- Le dije entusiasmado.

---- Es cierto, sin embargo la reina tiene aún muchos personajes importantes que la respaldan. Hay demasiados perros que comen de su mano, para abalanzarse sobre ella.----- respondió Ykkur.

Ambos permanecimos en silencio. Nuestras cavilaciones iban dirigidas a las consecuencias que podrían traer un enfrentamiento entre los leales a la Reina y aquellos capaces de apoyar a Tutmés. Los resultados de una guerra civil serían desastrosos para la nación que ya tenía graves problemas de fronteras y seguramente el propio Tutmés también coincidía con esta visión del asunto. Si había esperado tantos años para tomar las riendas del país, podía esperar un tiempo más hasta conseguir mayor apoyo dentro de la nobleza y el clero que inclinase el balance de fuerzas en su favor sin llegar a inútiles derramamientos de sangre.

Me despedí de Ykkur dirigiéndome luego hacia fuera de la residencia. No tenía hambre ni sueño, de manera que me aleje de la ruta que llevaba al campamento de las tropas para recorrer la ciudad amurallada. Me despedí de Ykkur dirigiéndome fuera de la residencia hacia la costa en donde se hallaba instalado el campamento de las tropas. Habiendo concluido mis obligaciones y sin sentirme cansado a pesar de la dura jornada que concluía, planeé consumir rápidamente mi ración para luego concurrir a una ceremonia religiosa autóctona a celebrarse en un bosquecillo de palmeras, a menos de un Iteru de distancia hacia el sur de Baki. Pensaba asistir a la festividad con Maya pero cuando cenábamos me comentó que se hallaba demasiado cansado para acompañarme. Las autoridades de Kemet no participaban en las festividades locales por tratarse de cultos populares y tradicionales propios de la población nativa considerada inferior y atrasada. De antaño se veía a las tribus negras del sur como seres infrahumanos, esclavos naturales de los pueblos civilizados agricultores del Valle del Hep-Ur. La mayoría de los grupos tribales de la región era clasificada dentro de dos troncos principales por los funcionarios de Kemet; por un lado la gente del valle que ocupaba la estrecha franja cultivable a orillas del río, cuyas posibilidades apenas les permitían una producción de subsistencia; por otra parte la gente del territorio oriental dedicada al pastoreo del ganado vacuno de cuernos largos que habitaba el interior del desierto, aprovechando la vegetación que proporcionan los torrentes, normalmente secos, pero que sobreviven gracias a las tormentas de verano dando, en cada estación de lluvias, otra oportunidad a los rebaños que resisten notablemente el ambiente hostil, aunque a veces la sequía es tan severa y pasa tanto tiempo sin llover, que los pastores deben vender a precios muy bajos sus rebaños condenados a morir por la falta de pastos y la desecación de los pocos charcos que se forman durante la estación de lluvias.

La rudeza de la política adoptada por los gobernantes de Kemet al finalizar la guerra contra los príncipes Kushitas aliados a los Heka-Khasut, llevó al despoblamiento de vastas extensiones de la tierra Nehesiu a causa del sometimiento y la explotación a que fueron condenados los nativos.

Utilizados como esclavos para el trabajo en minas y canteras, y como parte de la servidumbre en las ciudades, el tráfico, cuyo comercio estaba controlado por el propio estado, rendía pingües ganancias entre las clases acomodadas, ávidas de mano de obra dócil y barata, para el trabajo en los campos de cultivo o en las residencias.

Estas gentes tenían sobrados motivos para odiar el carácter opresivo y despótico de nuestros gobernantes sobre sus poblaciones, de manera que cuando existen muestras de debilidad en el control armado de la región, los levantamientos y sublevaciones de los naturales no tardan en hacerse presentes.

Aunque formados por tribus diferentes con diversas costumbres, el carácter nómada de su existencia y el color oscuro de su piel, ha provocado que se los

integre a todos bajo la misma denominación de Nehesiu que es sinónimo de negro.

Por otra parte los escasos grupos humanos que puede albergar el desierto occidental dependen casi con exclusividad de los Wehat, que es el nombre con que llamamos en nuestra lengua a los oasis, controlados en su mayoría por Kemet.

Los habitantes del desierto occidental en contacto con las regiones del Valle que pertenecen a nuestro país se dividen en dos diferentes poblaciones cuya distinción principal se encuentra basada en las características raciales del grupo de nómadas Chehenu de piel blanca y cabellos rubios que ocupan las regiones más cercanas al Delta del Hep-Ur y la zona costera del "Gran Verde", en tanto que el otro grupo llamado Chemehu de piel y cabellos oscuros, ocupan los territorios del interior.

En estas regiones tan meridionales sin embargo, el componente de piel negra forma casi el cien por cien de la población y que en algunos casos como ocurría con Senmose, escalaban muy alto en el aparato administrativo llegando a cargos como el de gobernador de una ciudad aunque bajo le control del Virrey y sin el dominio de tropas ni armamento ambos en manos de oficiales de Kemet.

Por su condición de Negros estos funcionarios nunca tendrían la misma consideración que se daba a uno de Kemet de parte del propio gobierno y son despreciados por su propia gente por considerarlos colaboradores de un sistema inicuo que sustrae los recursos de la tierra Nehesiu para llenar las arcas de Kemet y esclavizar a los hijos de Uauat y Kush.

Aunque mis palabras parezcan duras solo describen la realidad y el hecho es que, él poder militar ha sido, es y será utilizado para someter al más débil, explotando a su pueblo. Este comentario podría haberme costado muy caro en otra época de mi vida, pero a esta altura de mi existencia no me traerá consecuencias de las que pueda arrepentirme, pues estoy tan cansado de vivir, que ya no me preocupa la muerte.

Lo sé, una vez más me he desviado del rumbo de la narración.

Recorría la ribera occidental tan claramente iluminada por la Diosa Iunu que podían verse perfectamente las naves de la flota y el campamento de las tropas al otro lado del río.

Como yo, muchos otros de la ciudad de Baki tomaban la ruta de la costa para llegar al lugar de la celebración. Hombres y mujeres con sus blancos vestidos tradicionales, resplandeciendo bajo la Luna como espectrales figuras desfilando hacia el centro de culto. La suave brisa nocturna silbaba entre las

palmeras al atravesar las hojas esparciendo el dulce aroma de los perfumados frutos.

Al llegar al lugar, un pequeño altar al aire libre se alzaba en el centro de un patio de tierra limitado por grandes tamariscos e higueras.

Cuatro hogueras enmarcaban un área interior frente al altar en el que se encontraba la cabeza de un toro de cuernos largos esculpida en granito de pobre factura, que por el sitial que ocupaba debía representar a la deidad. Al parecer había llegado avanzada la ceremonia pues ya se veían ante la imagen, ofrendas consistentes en cestos conteniendo dátiles, granadas, higos, jarras con bebidas, cuencos con pan, bandejas con hortalizas, etc. La imagen había sido adornada con una delicada corona de nenúfares rojos, y un collar de flores amarillas y blancas de plantas silvestres que pueblan algunas zonas del desierto.

Entre los objetos ofrendados el más llamativo era un pequeño cofre de madera oscura que parecía ébano con muy bellas imágenes conmemorativas de la propia festividad pintadas en diversos tonos de ocre, amarillo, azul y rojo, en un estilo idéntico al de la pintura de Kemet. El cofre abierto contenía en su interior alhajas de oro y plata entre las que se veían pendientes, pulseras, brazaletes, collares, anillos, etc. Éstas contribuciones más valiosas eran aportadas seguramente por personajes locales que como funcionarios de la administración del gobierno de Kemet en aquellas tierras, contaban con recursos muy superiores al resto de la población sumamente humilde de Uauat.

Un hombre y una mujer que oficiaban como sacerdotes del culto, ambos con el torso desnudo, vestían faldas largas de lino abiertas en los flancos sobre los pies descalzos y llevaban sus tocados cubiertos con una corona en forma de casquete con cuernos el hombre, y la mujer una diadema verde de cuyo extremo posterior pendían con gracioso movimiento grandes plumas de avestruz.

Mientras el hombre con voz grave, canturreaba un ininteligible himno en el dialecto de la región acompañado por los tambores, la mujer ante la atenta mirada de los fieles, entró en estado de trance y comenzó a balancearse girando rítmicamente sobre sí misma en una danza veloz, pasando muy cerca del fuego por lo que temí que pudiera quemarse al tropezar con los leños encendidos. Quedé perplejo cuando vi que la danzante pateaba con sus pies desnudos las hogueras, desparramando los maderos con fuego sin quemarse.

Un par de asistentes terminaron de distribuir uniformemente las brazas sobre el suelo del cuadrángulo, mientras la sacerdotisa continuaba con su danza alrededor del fuego pasando junto a los que presenciábamos hechizados su grácil figura contorsionarse, dando giros y saltos con la agilidad de una gacela, y prosternándose a su paso ante el altar de la divinidad. En su frenético danzar atravesó el fuego como si fuese arena húmeda, entre la ensordecedora aclamación, de la muchedumbre maravillada por el prodigio, que alababa el poder de su Dios.

Los tambores resonaron estruendosamente en el momento en que un grupo de ayudantes acercaron hasta el altar una cabra, una oveja y una paloma que fueron sacrificadas una a una por el sacerdote con un cuchillo sacrificial de sílex, llenando sendos cuencos de arcilla hasta que derramaban su purpúreo contenido, manchando la piedra de base del altar. Tomando el primer recipiente entre sus manos, el sacerdote lo elevó por encima de la cabeza de la sacerdotisa que había sido despojada de su falda por los asistentes, para recibir

su baño con la sangre del sacrificio en toda su desnudez y aún agitada. El espeso líquido resbaló por los pezones erectos los sudorosos pechos con su firme piel erizada, aún convulsionada por cortos y rápidos espasmos, destacando su estado de excitación.

Una mujer joven se acercó llevando un niño en brazos, hasta donde se encontraban los oficiantes, para ser entregado al sacerdote. Envuelto con humildes sabanitas de lino blanco, fue desnudado completamente mientras lloraba desconsolado.

Por su pequeño tamaño debía haber nacido en esa misma semana; como su madre, era negro y sus rasgos eran hermosos. El recién nacido era varón y fue ofrecido a la divinidad cuando el sacerdote lo levantó entre sus manos bajo la claridad lunar delante del altar, entonando un cántico estremecedor que fue acompañado a coro, por toda la concurrencia nativa.

La sacerdotisa tomó un objeto del pedestal en que se encontraba la imagen de la deidad que al principio no distinguí. Era un cuchillo corto que parecía de obsidiana por su aspecto. Se lo alcanzó al sacerdote el cual lo tomó con la mano derecha y mientras con la otra sostenía al pequeño. El canto de la muchedumbre se hizo más grave e intenso aumentando la tensión del ambiente. Creí que iban a circuncidar al pequeño cuando un ayudante se acercó para sostenerlo, pero llamó mi atención que otro asistente se aproximó con un cuenco de arcilla y lo puso debajo del niño. Quedé horrorizado cuando vi que el cuchillo no iba dirigido hacia los genitales sino hacia el cuello de la criatura.

Tapé mi boca para no gritar y me di vuelta para no ver aquel acto de barbarie que me erizó la piel en un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo.

Abrumado por el desgarrador llanto del niño en el momento de ser inmolado, se me hizo un nudo en la garganta causado por la angustia de sentirme totalmente impotente para impedir el sacrificio de aquella inocente víctima de las creencias religiosas. Mi pueblo también sacrificó seres humanos a los Dioses y a los faraones fallecidos para ser acompañados en su vida de ultratumba, pero ello había quedado atrás hacía mucho más de mil inundaciones, en épocas del origen de Kemet. Después de unos instantes se dejó de escuchar el llanto del niño. Me di vuelta para observar la escena. Con la afilada hoja el sacerdote abrió el pequeño vientre y con un movimiento rápido, extrajo lo que parecía ser el hígado. Introdujo su mano en la cavidad torácica y arrancó con impiadosa violencia el corazón y luego los pulmones. Elevó los órganos delante del rostro de la divinidad para después comer con fruición el hígado, depositando el resto de las vísceras en una bandeja de oro sobre el altar.

El cuerpecito sin vida fue depositado sobre el altar que se manchó con el poco de sangre que seguía manando de sus venas. En ese momento me di cuenta de que la piedra del altar mostraba gran cantidad de manchas que debían proceder de otros tantos cuerpos humanos depositados sobre él, luego del sacrificio, pues los animales muertos durante la ceremonia eran dejados a un costado sobre la arena para luego ser consumidos. Por tanto aquellas máculas viejas y secas correspondían a quién sabe cuántas víctimas humanas inmoladas en estos ritos macabros.

Seguidamente la sacerdotisa, aún en estado alterado de conciencia, bebió del cuenco que contenía el pueril fluido vital, tras lo cual lo entregó al sacerdote que hizo lo propio, para después derramarse sobre su cabeza lo que quedaba en el recipiente lentamente. Como si sufriera una metamorfosis, el sacerdote hasta ese momento consciente y calmado, comenzó a bufar y emitir extraños sonidos animales como un toro bravío en estado de celo.

Desprendiendo abruptamente su faldón se abalanzó sobre la sacerdotisa que, de cuatro pies como una hembra bovina, fue montada por el sacerdote en clara alusión al acoplamiento animal con tal salvaje erotismo que desató la contenida sensualidad de la multitud. Los asistentes nativos se unieron a los oficiantes en una desenfrenada orgía sexual que, según me enteré después, constituía el mejor homenaje de los fieles a su deidad fálica, como fecundo progenitor de su pueblo y supremo Dios de la fertilidad.

Se consideraba que los niños concebidos durante ésta festividad serían bendecidos por el Dios para que nunca les faltase el alimento proporcionado por los rebaños.

A pesar del lejano parecido con la fiesta de Menu, nuestro Dios de la fertilidad, me sentí turbado por la sensación de estar presenciando un culto bárbaro y salvaje, impropio de un hombre civilizado de Kemet o quizás, avergonzado por hallarme tan excitado sexualmente como ellos después de ser testigo de un acto de tal bajeza.

Me retiré del lugar en silencio, entre la multitud sumida en una mezcla grotesca de devoción orgiástica y sacrílega.

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