CAPITULO 9

"Un noble aliado, acosado por el enemigo."

Mientras se llevaban a los prisioneros a Batroun, se atendió a los heridos y se luchó contra los incendios en las naves que aún podían recuperarse para ser reparadas.

Las pérdidas humanas entre los asiáticos fueron grandes, por lo menos quinientos hombres entre oficiales y soldados sin contar los esclavos, mientras que nosotros perdimos solo ciento treinta y ocho.

Ayudamos a bajar las provisiones de los navíos conteniendo los cereales y al final de la tarde se completó el desembarco de trigo y cebada, que serían transportados al día siguiente hacia Biblos.

Pasamos la noche en el poblado de Batroun, con su santuario y pequeños edificios, localidad dependiente del príncipe de Biblos y el consejo de dicha ciudad. Un muro de circunvalación calcáreo separaba la ciudadela propiamente dicha, del caserío del pueblo y de las laderas de los montes orientales cubiertos de coníferas.

Un hermoso bosque de pinos, abetos y cipreses alternaban por zonas con cedros y robles, adornando el camino en nuestra ruta hacia el sur. Acostumbrado al pobre paisaje del desierto o a lo sumo de los oasis, la variedad y abundancia de vegetación fascinaba mis sentidos con formas, colores, aromas y sonidos desconocidos aún para mí. Aves y animales muy diferentes a los de Kemet como águilas, pájaros carpinteros, ciervos, liebres, lobos, jabalís, ardillas y osos, habitaban estos paisajes de ensueño, excitando mi imaginación y mi deseo de internarme en sus senderos para recorrerlos, extasiándome con su natural belleza.

A medida que nos acercábamos a Biblos, los bosques se hicieron más homogéneos en su vegetación, predominando el cedro y el abeto. La extensión era enorme, hasta donde alcanzaba la vista.

Con la preciosa carga de alimentos, llegamos a la ciudad costera que tanto necesitaba de ellos para subsistir. Biblos, esa rica ciudad portuaria tan disputada por las potencias desde épocas remotas, constituía desde el punto de vista comercial, el nudo de conjunción en donde se cruzaban todas las caravanas terrestres y las flotas mercantes.

Por su puerto pasaban las más variadas mercancías utilitarias y de lujo, cerámica de Kemet, turquesa del Sinaí, incienso y mirra de Punt, cobre de Alashiya, betún de Retenu, obsidiana de Anatolia, lapizlásuli de las tierras al oriente del Elam, ámbar de las tierras frías del norte y otros productos como perlas, conchas, pieles, tejidos, caballos, etc. Cualquier cosa que pudiese venderse o intercambiarse pasaba por Biblos. También contaba con una gran riqueza en maderas de gran valor que exportaba a todos los rincones del mundo, para la fabricación de muebles, vigas, columnas, estatuas, etc. Kemet era un importador de enormes cantidades de maderas, sobre todo de cedro, pagado con oro de Uauat y Kush.

Pasamos varios puestos de guardias del ejército de Kemet que protegían los pasos a través de los montes que daban acceso a las planicies costeras desde las tierras del interior de Retenu y el país de Djahi, controladas por los príncipes cananeos y amorreos de ciudades como Qatna, Qadesh, Meggido, Tunip, Hashabu, Hasi, Labwe, etc.

Llegamos cuando las primeras estrellas empezaban a brillar en el horizonte oriental sobre el cielo de Biblos, ciudad circundada por un alto muro blanco, almenado con torretas cuadradas a distancias regulares, ocupadas por guardias armados. Dos grandes puertas de madera reforzadas con planchas de cobre, se abrían en la pared norte por donde ingresamos y en la pared sur, mientras el muro oriental que colindaba con los montes no tenía entradas y en este sector era dos codos más alto y mejor vigilado.

Una multitud nos esperaba al pasar por las calles de la ciudad baja, iluminada por centenares de antorchas que ardían con una llama amarillo verdosa. Nos aclamaban como a héroes y realmente para ellos lo éramos. Rostros flacos, famélicos, hombres, mujeres y niños que mostraban los efectos del hambre. Para esta pobre gente al borde de la inanición nuestra llegada significaba una nueva esperanza de vida, porque los enemigos eran capaces de dejarlos morir de hambre o transformarlos en esclavos por no haber aceptado rendirse antes.

La ciudad, tan grande como Mennufer, tenía un puerto de mayor tamaño bien defendido por una entrada flanqueada por dos contrafuertes de piedra que custodiaban el acceso al interior del mismo, de modo que un ataque marítimo a la ciudad era un verdadero suicidio, si antes no se neutralizaban las defensas de tierra.

Biblos recibía agua a través de pequeños ríos que provenían de los montes orientales y varios arroyos canalizados para alimentar pozos y estanques, distribuidos en varios sectores.

La edificación era de piedra para los templos y palacios, y de adobe y madera para el resto de las construcciones.

La llamada ciudad alta estaba ocupada por el palacio real que limitaba al norte con el edificio de la administración, donde se encontraban las dependencias del tesoro y el edificio del sur para el harén donde vivían las esposas, hijos y concubinas del Rey de Biblos.

Abajo, descendiendo por la ladera, se extendía el barrio residencial de los miembros más sobresalientes de la aristocracia y ocupando la mayor parte de la ciudad baja, los barrios de los ciudadanos comunes y los de comerciantes y navegantes, comunicados directamente con las instalaciones del mercado y el puerto.

La parte superior del terreno amurallado se encontraba ocupado por los templos de Baal y Dagán, los dioses cananeos tradicionales y junto a ellos en santuarios menores deidades hurritas, entre ellas Teshut, Kushuh y Shimegi.

Anu, Enlil y otros dioses de Mesopotamia, también tenían su lugar en la ciudad cosmopolita en la que el Faraón Tutmés I ordenó la restauración de un bello templete en honor a nuestra amada Diosa Hathor.

Mientras atravesábamos la ciudad en los carros hacia los graneros, pregunté a Ykkur por el templete de nuestra Diosa.

---- ¿Por qué se permite que nuestra amada Diosa se encuentre inmersa en esta infame mezcla de dioses extranjeros?.---- pregunté indignado al ver profanada la grandeza de nuestra Diosa en esa confusión de divinidades de todos los reinos asiáticos.

---- A los soberanos de nuestra tierra les interesa la política, la economía y relacionados con ellas el comercio y la guerra. Se pretende que exista alguna forma de presencia de los dioses de nuestro país como símbolo de nuestro poder y dominio, pero ellos no intentan difundir entre los aliados nuestra religión, ni provocar odios, ni rencores por imponer nuestras creencias a los pueblos subyugados. Suficientes problemas tenemos ya, como para inmiscuirnos en asuntos de carácter religioso.---- respondió Ykkur con voz calmada.

Comprendía el punto de vista. En Kemet los faraones representaban a los propios dioses ante el pueblo, pero actuaban con tolerancia ante la idiosincrasia religiosa de los aliados y los subyugados. Demasiado nos aborrecen ya por tener que pagarnos tributo, impuestos y por usurpar sus tesoros, como para que todavía, aumentemos la opresión obligándoles a adorar a nuestras deidades, que en la mayoría de los casos les deben parecer extrañas.

Cuando llegamos al granero, fuimos recibidos por el Rey de Biblos que se había dirigido hacia allí al enterarse que entraríamos a la ciudad cerca del anochecer llevando los alimentos a los depósitos de grano antes de pasar por la Residencia Real.

---- ¡Su Alteza!.---- saludó el anciano monarca besando inclinado la mano de Tutmés.---- Le estamos eternamente agradecidos por haber venido personalmente trayendo el embarque de cereal desde vuestra bendita tierra.---- expresó sinceramente agradecido el Rey, visiblemente emocionado.

El príncipe ayudó a levantarse al anciano de plateados cabellos y larga barba rizada que le llegaba al pecho.

---- Hay mucha tristeza en mi corazón al ver a vuestro pueblo hambriento. Si yo tomase las decisiones en Kemet, esto no les hubiera ocurrido.

---- Expresó Tutmés al Rey Joam.---- ¡Repartan los alimentos al pueblo ahora mismo!.---- ordenó el Príncipe.

En el grito de júbilo de la muchedumbre fue ensordecedor.

---- ¡Viva el príncipe de Kemet!.¡Tenga larga vida el hijo del Faraón!.---- gritó a coro la multitud que se había reunido ante las puertas de los silos para recibir sus raciones. Nos alejamos caminando hacia los carros, acompañando al Príncipe y al Rey Joam custodiado por sus cuatro guardias personales.

Al pasar junto al gentío en dirección al palacio, saludamos al embajador Arashen que se abrazaba a sus hijos y al resto de los miembros de su familia que habían salido a su encuentro.

Camino a la residencia, a través de las calles de la ciudad baja, la naturalidad y el aprecio sincero del príncipe, hicieron que el mandatario se abriese a la conversación en una plática franca y sin inhibiciones.

---- Mi señor, la situación es muy difícil para mi país. Las pocas ciudades que todavía son fieles a Kemet están siendo presionadas por los príncipes amorreos y hurritas, para que nos unamos a ellos y seamos sus súbditos.

Interceptan las naves mercantes y las caravanas de diferente procedencia cuando transportan productos alimenticios, privándonos de víveres para obligarnos a rendirnos y pagarles tributo, transformándonos en sus aliados en contra de vuestra nación.---- dijo alarmado Joam.

---- Lo sé Joam, me lo ha contado el embajador. Si por mí fuera, mucho tiempo atrás habría tomado las medidas necesarias para que vuestro país nunca llegase a verse comprometido en su seguridad de éste modo, pero aún no está a mi alcance el poder de decisión ya que los funcionarios de la administración y los generales del ejército son controlados por la Reina.

Hatshepsut está obsesionada con la idea de ser hija del omnipotente Amón-Ra, imaginando que solo con su deseo destruirá a los enemigos, arrastrándonos a todos hacia un abismo que nos llevará a caer bajo las garras del Imperio de Naharín.---- dijo abiertamente Tutmés, pues todos los que lo escuchábamos éramos de su confianza.---- ¿Qué sabe usted de la salud del Rey Baratarna?.---- preguntó interesado Tutmés.

---- Según me han informado se encuentra en grave estado y no creen que sobreviva hasta la próxima luna nueva.

Shatuara se encuentra más cerca que nunca de ceñir la corona y el consejo seguramente se la va a conceder a pesar de la oposición de Parsatatar. ---- respondió Joam.

---- Mi mayor temor es que Naharín pacte la paz con el Reino de Hatti, la única nación que opone resistencia a su expansionismo.

De llegar a un acuerdo con el Rey hitita Khantil II, todo el poderío del imperio de Naharín se orientaría contra nuestros aliados e incluso el territorio de Kemet se hallaría en peligro. ¿Cree que alguno de ellos puede llegar a intentar un acuerdo con el monarca de Hatti?.---- preguntó Tutmés.

---- No lo creo. Tanto Shatuara como Parsatatar saben que pactar con el Rey Hitita sería una demostración de debilidad, mal vista por el consejo.

Los nobles no darán su apoyo a un heredero al trono que intente llegar a un acuerdo con el Rey Khantil que es considerado enemigo mortal de los hurritas y menos aún después de que Alluwamna, padre de Khantil, les arrebatara Alashiya, pérdida que representa una humillación y la disminución de enormes reservas de cobre y otras riquezas naturales de la gran isla. Además, un pacto de paz fortalecería a los hititas que tienen serios inconvenientes para soportar la presión de los nómadas del norte. Por lo tanto, ambos pretendientes a la corona deberán luchar con sus propios recursos sin alianzas secretas. Por otro lado, los dos son ambiciosos, pero también astutos y desconfiados, y no darán al rival la ventaja de ganarse el rechazo del consejo, por aliarse con su peor enemigo.---- comentó el anciano.

---- Según lo que me cuenta, cualquiera de los candidatos puede tomar el poder, y ya sea uno, o el otro, serán temibles rivales de Kemet.

Le aseguro que haré todo lo que pueda para convencer a la reina, de que ponga

a disposición una gran flota para abastecer a vuestras ciudades y proteger al mismo tiempo nuestros intereses en Khinakhny.---- expresó el príncipe tratando de tranquilizar al viejo Rey.

---- ¿Su alteza quiere decir que la reina no ha previsto el modo de abastecernos teniendo en cuenta el corte de la ruta terrestre?.---- preguntó sorprendido el anciano.

---- No, Joam. Este viaje se realizó bajo mi total responsabilidad y puede traerme serios problemas en mi relación con la soberana.---- aclaró el príncipe.

---- Pero, ¿por qué la Reina habría de abandonarnos a merced de los hurritas y sus aliados?. ¿No hemos sido buenos súbditos todos estos años?.---- preguntó Joam sintiéndose traicionado por Hatshepsut.

---- Estoy convencido de que no hemos tenido mejor aliado que vos y el pueblo de Khinakhny, pero la Reina está desquiciada, obsesionada con sus templos y tesoros, y convencida de ser la hija carnal del omnipotente Amón-Ra. Desconoce el peligro e ignora deliberadamente el riesgo que acecha a Kemet, mientras descuida a los países aliados que luchan por contener su avance.

Ella considera que mantener tropas de Kemet en Asia es un despilfarro.----

---- Pero, ¿todos los beneficios económicos que le proporcionan nuestras ciudades?. La madera para sus preciados palacios, sus muebles, la púrpura y las telas que importamos desde oriente para sus atuendos, el tributo que pagamos, ¿no valen nada para ella?.---- el anciano se veía desesperado porque sabía que el castigo que imponían los hurritas, era la muerte.

---- Yo conozco todos los esfuerzos realizados por ti y por tu pueblo, pero la decisión final no es mía. Si por mí fuera, ya hubiese recuperado las tierras que alguna vez conquistó mi abuelo, pero yo no cuento con el poder para llevar a cabo tal proyecto.

Por ello os aconsejo, que si antes de dos meses no reciben otro cargamento de alimentos de mi país, ríndanse y acepten las condiciones que les imponga Shatuara, antes de que tome represalias contra vosotros.---- dijo entristecido el príncipe.

El sexagenario Rey se veía muy afligido. Joam había sido un fiel amigo de Tutmés II, brindándole su apoyo en los momentos más difíciles de su enfermedad y cuando otros monarcas ante la perspectiva de la muerte del Faraón ya habían cambiado su lealtad para con los hurritas, él se mantuvo junto al soberano de Kemet.

Tutmés trató de alentar al rey dándole ánimo para seguir resistiendo.

---- Su Majestad, debemos planear los viajes para decidir cuáles serán las rutas más seguras para abastecer a las otras ciudades.---- dijo Tutmés.

---- He organizado una gran celebración en vuestro honor y mañana luego de que hayáis recuperado fuerzas, os mostraré los mapas de la región para programar los envíos de grano a Sidón y Ardata.

---- Y Simurru ¿qué pasa con esa ciudad del norte?---- en su interior el príncipe sospechaba la respuesta.

---- Nos llegaron noticias de que se rindieron hace una semana y media a causa de una peste que había empeorado el problema de la escasez de alimentos.---- dijo apesadumbrado.

---- ¿También hemos perdido Simurru?. ¡Por los cuernos de Amón!.---- exclamó con resignada indignación.

El príncipe volvió a sumirse en sus cavilaciones y llegamos en silencio a la residencia del Rey.

El salón central había sido ornamentado para celebrar la fiesta de bienvenida en honor de Tutmés, pero fue él mismo quién ordenó que solo se sirviera una cena con las autoridades locales, sin mayores festejos, sin cantantes, ni bailarinas, solo algo de música.

Consideraba que a pesar del éxito de la misión hasta ese momento, la situación no era propicia para agasajos teniendo en cuenta la gravedad del caso y el hecho concreto de que el objetivo del viaje se había cumplido solo parcialmente.

Además, Tutmés quería que al día siguiente nos levantáramos muy temprano para concretar los preparativos en vistas del viaje a Sidón transportando las provisiones a esa ciudad que necesitaba de ellas tanto o más que Biblos, teniendo en consideración que se encontraban seriamente acosados por nuestros enemigos.

Luego de la cena colmada de exquisitos manjares pero notablemente modesta en cuanto a festejo, pasaron al salón de reuniones los funcionarios del gobierno de Biblos, los más altos jefes del ejército del país y de la guarnición de Kemet en la región, para analizar las posibilidades y medidas a tomar en relación con el viaje a Sidón.

Los mapas de papiro fueron desplegados sobre una mesa de roble. Se evaluaron los recursos en armas, transportes y hombres, y se llevó a cabo el último estudio de la situación.

---- ¿Cuáles son las mejores rutas para llevar el alimento hasta Sidón?. preguntó el príncipe al capitán Pairi, oficial de las tropas de Kemet.

---- Mi Señor, sólo hay dos rutas para movilizar la carga de grano en carros y una más transportando los sacos a lomo de burro. ---- respondió el capitán.

---- ¿Cuál diría capitán que es de las dos primeras, la más segura?.---- preguntó Tutmés.

---- Ésta mi señor.---- dijo señalando en el mapa.---- La ruta que va por el interior y transcurre paralela a las colinas, a poco menos de un Iteru de la costa, pasando por el "Monte del lobo".---- indicó Pairi.

---- Mi señor, esa sería justamente la que nuestros enemigos esperan que utilicemos.---- dijo el hijo mayor del Rey Joam.

---- Así es, pero de todas maneras no teniendo mejores opciones debemos recurrir a ella aunque sea previsible para nuestros enemigos.---- respondió Tutmés al príncipe Joel, mientras el resto escuchaba sin decir palabra.

---- Ahora quiero que me informe en qué parte del recorrido escogería para atacar a una caravana de manera que sepamos el lugar en que estaríamos más expuestos e indefensos ante una emboscada.---- volvió a preguntar Tutmés.

---- Justamente pasando el "monte del lobo", cuando el camino transcurre a través de un estrecho paso entre las colinas, una caravana estaría a merced de

arqueros apostados en los peñascos que sobresalen en las laderas rocosas, para luego ser rematados por la infantería.---- respondió con seguridad el capitán.

---- ¿Qué hay de la segunda ruta para transportar en carros los alimentos?.----

---- Es mucho más peligrosa pues existen al menos tres o cuatro puntos del recorrido en los que nos pueden acechar.---- afirmó Pairi.

---- Muy bien, de modo que no existiendo mejores posibilidades, tomaremos el camino más seguro y duplicaremos la custodia armada.---- concluyó el príncipe.---- ¿Alguien tiene algo más que agregar?.

---- Mi Señor, duplicar la custodia no ayudará a resolver el problema si nos tienden una trampa en ese lugar; sólo morirían más hombres.---- objetó el capitán.

---- Deberemos arriesgarnos, no nos queda otra opción.---- respondió con autoridad Tutmés.

Miré a mis compañeros asombrado por la decisión que no me pareció propia del carácter del heredero del trono de Kemet, pero sospeché que Tutmés ocultaba alguna otra intención desconocida para nosotros.

---- Será una pérdida inútil de hombres, de alimento y de todos modos será difícil que llegue a destino.---- insistió el capitán Pairi.

---- He dicho capitán que no habiendo otra opción, mi decisión está tomada.---- dijo en tono irritado el príncipe.---- Saldremos pasado mañana al amanecer.

Que se imparta mañana la orden de preparar los carros para la salida y una guarnición de 400 hombres bien pertrechados.---- concluyó el príncipe, dando por terminada la reunión.

Los presentes se fueron retirando, algunos comentando por lo bajo la peligrosidad de la misión, cuestionando solapadamente la decisión del príncipe. Otros, sin embargo, parecían haberla aceptado como la mejor posibilidad.

Tutmés sabía que muchos estarían en desacuerdo pero hizo caso omiso a posibles críticas.

Llamó a Ykkur y le habló al oído después de lo cual nos llamó a Madakh y a mí, para conducirnos lejos de extraños para hablarnos en privado.

---- El príncipe ordena que sigan al capitán y le comuniquen que quiere conversar con él, en el puerto a medianoche en el extremo sur del embarcadero. Díganle que vaya solo y que no se deje ver. ---- nos señaló Ykkur.

De lejos divisamos al capitán que con otros dos oficiales, se dirigían calle abajo hacia el barrio de la guarnición, mezclado entre algunos otros jefes de los cuerpos armados que también habían participado de la reunión. Debíamos esperar a que se separara del grupo.

Mientras los seguíamos, miré el firmamento, la noche era un tanto fría y ventosa. Llenaba el ambiente el olor de la brisa marina mezclado con el aroma de la resina de las coníferas por entre las que silbaba el viento que mecía sus copas. Oscuros nubarrones se desplazaban rápidamente eclipsando cada vez más los cielos del norte.

Luego de seguirlo varias calles, transitó acompañado por solo uno de sus guardias al que despidió, nos acercamos rápidamente antes de que ingresara en la casa de oficiales.

----- ¡Capitán!---- dijo Madakh ---- Señor, tenemos un mensaje de Su Alteza.--

---- Si, ¿ Qué es lo que ocurre?---- dijo Pairi un poco extrañado y desconfiado a la vez.

----El príncipe quiere conversar con usted a solas, a medianoche en el extremo norte de embarcadero. Mi señor quiere que concurra solo y que nadie se entere. Esta reunión debe ser un secreto entre ambos.

No tema pues nadie tratará de hacerle daño.---- dijo Madakh tratando de convencer al capitán de nuestras buenas intenciones.

---- Está bien. Allí estaré.---- respondió aceptando, aunque no totalmente convencido.

Volvimos rápidamente al palacio, aparentemente nadie nos había visto. Las calles estaban vacías. La noche se hacía más fría y un manto gris descendía sobre Biblos.

Entramos a la residencia casi cegados por el polvo que levantaba el viento.

---- Señor hemos dado el mensaje. El capitán estará allí a medianoche.--- anuncié a Tutmés que se hallaba solo en su habitación.

--- Bien hecho. Ustedes vendrán conmigo. Ykkur y el resto se quedarán aquí.--- dijo Tutmés.--- Tomen sus abrigos, saldremos enseguida.

Tomamos nuestras ropas para protegernos del frío y al mismo tiempo ocultar nuestras identidades.

--- Ykkur, distribúyanse desde las habitaciones hasta el vestíbulo del palacio para cubrir nuestra salida. No debemos permitir que nadie nos siga.---- dijo el príncipe ocultando su cabeza bajo una capa con capucha de lino azul oscuro.

Salimos subrepticiamente del palacio rumbo al puerto.

Una fina llovizna se precipitaba sobre la ciudad dormida. No cruzamos a nadie en nuestro recorrido. El puerto se veía muy tranquilo con el mar un poco agitado por acción de las ráfagas intermitentes que levantaban un moderado oleaje.

Esperamos unos momentos y vimos llegar entre las sombras al oficial cubierto con ropas oscuras.

---- Mi Señor. Aquí estoy para serviros.--- dijo Pairi arrodillándose ante el príncipe.

---- Capitán toda la escena que hice en la reunión fue para observar la reacción de los presentes, y sólo Ud. y el príncipe Joel, mostraron interés y preocupación por el éxito de la misión. Son los únicos en los que puedo confiar plenamente.

El señor embajador me comunicó de sus sospechas acerca de la existencia de alguien en el grupo de oficiales o funcionarios que de alguna manera está informando a nuestros enemigos. ¿Tiene usted idea de quién o quiénes pueden ser?. ---- preguntó Tutmés.

---- No realmente mi Señor. De quien que puedo asegurar que no es traidor es de mi segundo Yak-Baal. Fue herido gravemente en una emboscada que nos tendieron el año pasado cuando transportábamos un cargamento de lapizlásuli con destino a Kemet, y no se encontraba en la reunión de alto mando cuando se dio a conocer la ruta.

----¿Puede recordar quienes participaron en aquella reunión?.--- preguntó muy interesado el príncipe.

---- Los mismos de siempre. El rey, sus hijos, el capitán de la flota, el canciller, el chambelán del palacio, el general de la tropa de Biblos, el embajador y yo.

---¿De quiénes has observado actitudes sospechosas?.---- preguntó nuevamente.

--- Lamento decir que desconfío de cualquiera de ellos, debido a que por sus intereses se encuentran apoyando a uno u otro de los hijos del Rey como sucesor al trono, tratando de influir sobre el anciano en su elección, pero la sucesión le correspondería al primogénito Yenom. Nadie confía en nadie y los chismes e intrigas en el seno del harén son más abundantes que las flores del jardín.---- dijo Pairi.

---- Bueno, nos ocupemos ahora del viaje. ¿Cuántos hombres necesitarían los asiáticos para atacarnos en el paso?.---- preguntó el príncipe.

--- Con algo menos de cien hombres podrían vencernos, teniendo en cuenta que estaríamos indefensos, haciendo blanco sobre nosotros que sólo contaríamos con la protección de los carros. ¿Qué tiene pensado, mi señor?---- preguntó Pairi.

---- Todos en la reunión escucharon que saldríamos muy temprano el día del viaje. Quienes nos ataquen deberán pasar la noche en las cercanías del paso ¿verdad?.----- preguntó Tutmés.

---- Si, es cierto.---- dijo el capitán.---- Su Alteza cuenta con que él o los traidores comuniquen vuestros planes al enemigo ¿verdad?.---- intuyó Pairi.

---- Así es. Dándoles a conocer nuestra ruta, lo que pretendo es llevarlos a acampar en lugares que utilicen para pasar la noche previa a nuestro viaje, y allí atacarlos por sorpresa.

¿Cuántos lugares tienen para acampar cerca del paso un grupo de aproximadamente 100 o 150 hombres?.----

--- Conociendo bastante bien la región diría que sólo tres lugares.---

---- Muy bien. Mañana saldremos luego del mediodía, con tus mejores 100 hombres y los buscaremos en alguno de esos sitios para atacarlos mientras duermen.--- expresó el príncipe.

---- ¿Y si no encontramos enemigos en esas zonas?.---- preguntó el capitán.

---- Tendremos mejores posibilidades de enfrentarlos y vencerlos en otra parte de la ruta.---- respondió Tutmés.

---- Muy bien Señor. Dispondré todo para nuestra misión y buscaré alguna excusa que darle a los oficiales locales. Hasta mañana. ---- se despidió Pairi.

---- Que Amón lo acompañe capitán Pairi. Hasta mañana.---- lo saludó el príncipe.

Dejamos que se alejara del lugar y luego retornamos al palacio bajo una persistente llovizna.

Al día siguiente nos levantamos muy temprano, desayunamos y cuando terminábamos de preparar nuestro armamento, llegó un mensajero al palacio con la nefasta noticia de que el capitán había desaparecido. Instintivamente pensé que podría habernos traicionado y escapado hacia las filas enemigas.

--- ¿Cree que nos haya traicionado mi señor?.---- pregunté desconfiado.

---- No lo creo. Pero realmente no sé qué pensar. Vayamos a las barracas a averiguar qué pasó.--- dijo Tutmés.

Llegamos a las barracas en donde se residían las tropas de Kemet. Ya se encontraban allí otros funcionarios, altos jefes de la tropa de Biblos, el rey que se veía consternado y sus hijos.

Mientras interrogaban a los soldados que habían estado de guardia en diferentes lugares del muro nos acercamos al grupo de oficiales.

--- ¿Quién es Yak-Baal?.---- preguntó Ykkur.

--- Yo Señor.-- respondió el joven oficial de rostro blanco barbado de cabello ensortijado que le caía por debajo de los hombros, con semblante preocupado y en voz baja.

---- ¿Qué ha ocurrido teniente?---- preguntó Tutmés.

El joven oficial se arrodilló y besó su mano.

---- Mi señor, dos guardias que custodiaban las torretas por encima de la puerta sur de la muralla, fueron asesinados y el capitán Pairi ha desaparecido sin dejar rastro.

Muchos creen que pudo habernos traicionado, pero yo no puedo creer eso. Él es un hombre íntegro y amante de su país y pienso que pueden haberlo secuestrado.---- dijo angustiado.

---- No digas a nadie lo que piensas. Yo sospecho lo mismo, pero no debemos sacar conclusiones hasta obtener más indicios de qué fue lo que pasó realmente.---- dijo el príncipe.---- Recorran todo el trayecto que hizo el capitán anoche para volver a la residencia de los oficiales, desde el lugar del puerto en que nos despedimos.---- nos ordenó a Madakh y a mí.---- Fíjense en todos los detalles. Las calles están barrosas y pueden quedar muchas huellas que nos den alguna pista. Apresúrense.---- dijo enérgicamente el príncipe.---- Ykkur, acércate a los cadáveres de los guardias, observa como fueron asesinados, pregunta dónde los encontraron y revisa los rastros en el fango, no pierdas tiempo.----

Luego se dirigió a Sai y Amenemheb.

---- Vayan a la puerta sur y vean que pueden descubrir. Debe haber huellas del carro en el que dicen que huyó el capitán. Los demás volverán al palacio conmigo.----

Apresuramos el paso con Madakh y recorrimos todo el camino que había seguido Pairi desde que lo vimos abandonar el puerto.

Por la cantidad de agua y barro de las calles, debió haber llovido toda la noche. Había muchos charcos y demasiadas huellas de pisadas y ruedas de carro como para que pudiésemos identificar algo. Pero a dos cuadras de la residencia de oficiales, justo en una esquina, se veía un grupo muy confuso de huellas de pisadas en diferentes direcciones y marcas superficiales que coincidían con codos, palmas de las manos y quizás rodillas. Nos miramos con Madakh.

---- Busquemos un poco más, tal vez encontremos algo. ---- me dijo mi compañero.

Parece que se hubiesen revolcado aquí, como si hubiera ocurrido una lucha, ¿verdad?, ---- le pregunté.

---- Si Shed, pero no estoy muy seguro. Podrían ser huellas de animales, recuerda que por aquí pasan algunos rebaños hacia el exterior.----

En ese mismo instante vi dos surcos en el barro cubiertos por agua. Pensé que debían haberse llenado durante la noche, pues otras marcas de ruedas de carro eran muy diferentes.

---- ¡Mira Madakh! Estas huellas parecen indicar que fue arrastrado un cuerpo humano, dejando las improntas de los talones en el fango blando. ---- dije excitado por el hallazgo.

---- Creo que tienes razón. Veamos hacia donde nos llevan. ---- me contestó.

Sacamos un poco de agua de los surcos y observamos que terminaban en las huellas dejadas por un carro, unos cuantos pasos más allá, con la misma cantidad de agua que los anteriores.

Madakh y yo pensamos lo mismo, no podíamos esperar encontrar sangre, pues se hubiese mezclado con el fango y lavado por la lluvia. De todas formas observamos desde más cerca el suelo barroso y Madakh encontró entre las piedrecillas pequeños anillos de color blanco amarillento muy embarrados.

---- Parecen de marfil. ---- expresé cuando me los mostró. ---- Conozco estos materiales de cuando trabaja en el taller de artesanos.

---- Puede ser importante. Volvamos al palacio para contarle a Tutmés nuestros descubrimientos.---- dijo mi comopañero.

Al regresar fuimos directamente a las habitaciones, pues sería el lugar más seguro de reunión. Ya estaban todos, incluido el teniente Yak-Baal.

---- Acérquense.---- dijo Tutmés ansioso por conocer lo que cada uno de nosotros pudo averiguar. El teniente fue a revisar las cosas del capitán en la residencia de oficiales.---- ¿Qué encontró?----

---- Encontré que solo falta de entre sus cosas una capa negra. Todo lo demás

está en su lugar y el soldado de la residencia, que estaba de guardia anoche, dice que no lo vio regresar.---- comentó Yak-Baal.

---- La capa negra la llevaba anoche cuando nos entrevistamos en el puerto.---- dije con seguridad, mientras el príncipe asentía.

---- Amenemheb y Sai, ¿qué encontraron?----

---- No pudimos descubrir nada. Solo encontramos demasiadas huellas de carros que se confunden a la salida de la puerta sur.

---- Ustedes ¿qué pueden aportar? ---- nos preguntó Tutmés.

---- Mi señor, cerca de la casa de los oficiales encontramos rastros que posiblemente procedieran de una pelea, en donde se veían marcas de codos, manos y rodillas como si hubiesen estado luchando en el fango. También había surcos de talones posiblemente dejados al arrastrar un cuerpo, hacia un carro en donde quedaron las huellas del mismo. Finalmente encontramos estas cuentas de collar mezcladas en el barro del lugar. ---- dijo Madakh.

---- ¿Usaba el capitán algún ornamento personal de cuentas de marfil?. ---- preguntó el príncipe.

---- Sí, claro.---- dijo Yak-Baal. ---- Usaba un collar de pequeñas cuentas de marfil, algunas grabadas con una flor de nenúfar, pues él era originario del Alto Kemet. Déjame ver las que encontraron. ---- las observó detenidamente. ---- Estos no tienen grabados, pero de todas maneras son iguales en tamaño y forma y pueden pertenecer al mismo collar, pues no todas estaban grabadas.---- afirmó Yak-Baal.

---- ¿Ykkur que encontraste?. ---- preguntó el príncipe.

---- No mucho que nos ayude. El puñal del capitán fue encontrado junto a uno de los guardias degollados, lo que lo incrimina y ambos fueron asesinados de la misma forma.----

---- ¿Y cómo fueron asesinados?.---- preguntó Tutmés.

Los tomaron a ambos por la espalda, levantándoles el mentón hacia arriba y les hicieron un profundo corte de izquierda a derecha por el que se desangraron hasta morir. ---- explicó Ykkur.

---- ¿Pero de izquierda a derecha no mataría un diestro?---- preguntó Yak-Baal.

---- Sí, por supuesto. ---- contestó Ykkur.

---- ¡Pero el capitán era zurdo!.---- exclamó Yak-Baal.

---- Estoy casi convencido de que el capitán Pairi fue secuestrado. Lo tienen prisionero o puede estar muerto, si pudieron obtener lo que querían de él, y por supuesto mataron a los guardias con su cuchillo y lo dejaron allí para incriminarlo.---- expresó Tutmés.

---- Tal vez buscando en el camino que sale hacia los bosques encontremos más pistas que nos conduzcan hasta los secuestradores.---- dijo Yak-Baal.

---- No tenemos tiempo para eso. Debemos continuar con los planes para llevar las provisiones a Sidón. Lo que me preocupa es que lo hayan torturado para que les rebelara nuestras intenciones.---- dijo pensativo el príncipe.

---- Mi Señor, os aseguro que el capitán podría ser despellejado vivo sin decir palabra.---- afirmó Yak-Baal.

---- Esperemos que así sea, porque no tendremos una segunda oportunidad para comprobarlo.---- dijo Tutmés.---- Pairi nos mencionó tres lugares en donde podrían acampar las tropas enemigas la noche previa a nuestro paso por la ruta que transcurre al pie del Monte del lobo. Debemos saber dónde se hallan esos sitios para atacarlos esta misma noche.----

---- Es cierto mi Señor, deberían pasar la noche cerca de las colinas para poder atacarnos cuando la caravana atraviese la ruta. Pero en este momento no recuerdo más que dos lugares.---- dijo Yak-Baal.

---- Roguemos que los hurritas se hallen ésta noche en alguno de aquellos sitios, pues de otra manera nos tendrán a su merced como un león a una gacela acorralada.---- dijo el príncipe.

---- ¿Y si aumentara mucho más el número de hombres que protegieran la caravana?.---- pregunté.

---- No podemos hacerlo pues la ciudad quedaría indefensa, y sería peor el remedio que la enfermedad.---- me respondió.---- Teniente por lo menos reúna 100 de sus mejores soldados y prepárelos para la misión. La excusa será que saldremos a perseguir al capitán, para que los implicados en su secuestro, piensen que creemos que Pairi fue quien nos traicionó.---- explicó Tutmés. ---- saldremos después de mediodía.

El Idenu Yak-Baal se retiró para cumplir las órdenes del príncipe, en tanto nosotros preparamos nuestros pertrechos para la partida.

Al llegar el momento de la salida contábamos con 114 efectivos incluido Tutmés.

El clima no había mejorado mucho. No llovía, pero seguía nublado y frío. En 4 carros de combate y el resto de los hombres de a pie, atravesamos el bosque hacia el sudeste. Las copas de cedros y pinos eran agitadas por el viento. En los senderos barrosos abundaban las hojas de roble y algarrobo que se mezclaban con las coníferas en la población del bosque. Entre las plantas bajas, habitaban helechos de grandes hojas cubriendo por sectores el suelo de las colinas.

Algunos troncos mostraban hongos, líquenes y enredaderas parásitas que colgaban de los árboles. El ambiente se percibía muy húmedo con el follaje todavía conservando parte del agua de lluvia caída la noche anterior. En el silencio y la calma de la vegetación, solo perturbados por el movimiento de la tropa y el rechinar de los ejes de los carros, se escuchaba de vez en cuando el repiqueteo de un carpintero, el sonido emitido por un búho, el ruido de algún animal moviéndose en la espesura, o el monótono canturreo de los arroyos que cruzamos en nuestro recorrido.

Luego de transcurridas varias horas de marcha Ykkur nos hizo notar un par de huellas de carro en el fango que se apartaban del camino hacia el interior del bosque. Mientras el resto aguardaba, nos introdujimos con Tutmés hacia las sombras. Gruñidos y ladridos, nos alertaron de la presencia de una jauría de lobos en las cercanías. Encendimos algunas antorchas para ahuyentar a los animales y al mismo tiempo poder seguir los rastros que empezaban a desaparecer entre la hojarasca. Los lobos parecían negarse a dejar el sitio en el que parecía que se encontraban disputándose alguna presa que suponíamos recientemente cazada.

Al llegar ante un conjunto de troncos pútridos cubiertos por hongos y plantas parásitas, muy cerca del lugar por el que pasaban las marcas de las ruedas de carro, hicimos el macabro hallazgo del cadáver por el que peleaban los lobos. Los despojos no pertenecían a un animal como imaginamos en un principio, se trataba de restos humanos. Un escalofrío intenso y repetitivo recorrió mi espina estremeciendo mi piel erizada por la horrorosa imagen del cráneo despellejado y los ojos desorbitados como mirándonos. Su cara se hallaba totalmente desfigurada, con los huesos descarnados por la acción de las mandíbulas de los predadores que habían atacado el cuerpo del desdichado individuo. Los carroñeros hicieron presa de él, devorando sus músculos y exponiendo parte de las vísceras en parte esparcidas por el lugar.

A pesar del mal estado del cadáver, pudimos reconocer sus ropas, que aunque enlodadas y reducidas a jirones, evidenciaban su origen como pertenecientes a un oficial de Kemet entre las que se encontraban el faldellín de lino blanco, la camisa y la capa negra que le habíamos visto llevar a Pairi la noche pasada.

Fue un duro golpe para todos nosotros, pero al mismo tiempo nos servía de advertencia acerca de la peligrosidad y la crueldad de los enemigos con los que nos enfrentábamos.

---- Caven un pozo y sepulten el cuerpo del pobre Pairi y no mencionen el hallazgo de su cadáver al resto de la tropa.---- dijo Tutmés apesadumbrado.

Luego de sepultar los restos continuamos el viaje. A los soldados les comentaron que encontramos el cadáver de un hombre no identificado tal vez un leñador.

Madakh y yo, caminábamos a la cabeza de la columna justo detrás de Tutmés y lo escuchábamos conversar con Ykkur dando claras muestras de indignación por lo ocurrido.

---- Este crimen no quedará impune. Antes de regresar a Kemet debemos averiguar la identidad de los asesinos de Pairi. Más allá del asesinato en sí mismo, la ciudad se encuentra en peligro si los traidores combinan acciones con las tropas enemigas para atacarla.---- comentó.

---- El comandante de las tropas de Biblos no me inspira confianza.---- dijo Ykkur.

---- Cualquiera puede ser traidor, ya que existen intereses contrapuestos entre los hijos de Joam y solo los partidarios de aquel de los herederos sobre el que recaiga la sucesión se verán beneficiados. De lo que no podemos tener dudas es de lo importantes que son los hombres que urdieron el secuestro de Pairi, pues de otro modo no se explica que raptasen a un oficial, asesinaran a dos guardias y escaparan de la ciudad custodiada sin que nadie viera a los autores del hecho. Tiene que haber mucha gente implicada en esto.---- reflexionaba Tutmés.

Me quedé pensando en la clara visión que tenía el príncipe de los asuntos de estado y en todo lo referido a la política.

Su agudeza mental aumentaba mi admiración por él y me concienciaba de lo importante que sería para Kemet que Tutmés pudiera acceder al trono. Al mismo tiempo me daba cuenta de lo mucho que aprendía yo a su lado.

Pasada media tarde, instalamos el campamento en medio del bosque para, desde allí, salir en busca de los posibles sitios de asentamiento de los hurritas y sus aliados.

Se dispusieron cuatro puestos de guardia para custodiar el campamento y no se encenderían fogatas para evitar ser descubiertos.

Luego de disponer todas las medidas de seguridad, nos reunió a los que formaríamos el grupo que exploraría los posibles asentamientos del enemigo.

El teniente Yak-Baal nos guiaría hasta los sitios a los que había hecho mención el difunto Pairi.

Diez hombres incluidos Tutmés y yo, tomamos un sendero por el interior del bosque llevando dos antorchas y marcando puntos de referencia para no perder la orientación y al mismo tiempo ubicar rápidamente el campamento a nuestro regreso. Un abeto caído, un gran pino añoso con un hueco en su tronco, una pequeña cascada y un barranco, nos facilitarían la tarea de movernos hacia los diferentes sitios sin extraviarnos, contando con la experiencia de Yak-Baal en el conocimiento de la región.

---- Sabiendo que el cargamento de cereal pasará temprano por la mañana, ya deben haber instalado su campamento cerca del paso.---- dijo Tutmés esperando la respuesta del Idenu.

---- Falta poco para llegar a uno de los sitios, mi Señor. Debemos apagar las antorchas. ---- respondió el Idenu Yak-Baal.

---- Muévanse con sigilo y esperen órdenes para actuar.---- advirtió el príncipe.

Nos desplazamos silenciosamente divididos en dos grupos a través de la espesura, en momentos en que la tenue luz del atardecer dio paso a una oscuridad completa.

El viento del norte volvía a hacer sentir su efecto sobre los montes, acariciándolos con una fría garúa persistente, pero casi imperceptible.

Cuando llegamos al sitio indicado en el claro del bosque, no había señales de nuestros enemigos y solo encontramos una manada de ciervos, la mayoría hembras con sus cervatillos, que se ocultaron prontamente ahuyentados por nuestra presencia.

Encendimos nuevamente las antorchas con nuestros elementos para hacer fuego. Proseguimos la marcha hasta la segunda ubicación después de una larga caminata sobre el suelo mojado y resbaladizo.

Al descender la ladera de la colina encontramos un descampado de pastizales, el segundo lugar de posible asentamiento, también vacío.

---- Pairi nos mencionó tres sitios. Todavía nos quedaría una posibilidad de encontrar el lugar en donde acampe el enemigo.---- dijo Tutmés.

---- ¿No les dio el nombre de los sitios?.---- preguntó.

---- No, solo mencionó que eran tres.---- dijo tratando de estimular la memoria de Yak-Baal.

---- A menos que Pairi haya pensado en la caverna de las águilas que se encuentra a unos 1000 codos al este de aquí.---- reflexionó el idenu.

---- Espero que sea el lugar, pues de otra manera, tendremos que arriesgarnos a que mañana nos ataquen en el paso.---- dijo Tutmés.

Luego de recorrer la distancia aproximada nos encontramos al borde del risco, que dominaba la hondonada que daba acceso a la entrada principal de la caverna de las águilas. La boca de ingreso se encontraba a unos doscientos sesenta o trescientos codos de nosotros y barranca abajo en el terreno, de modo que no podían vernos. Nos agazapamos, para observar mejor y no ser descubiertos.

Ante la entrada principal había cuatro fogatas en la que se encontraban reunidos cuando menos treinta hombres que conversaban ruidosamente mientras comían y bebían.

----¿Cuántos hombres puede haber en el interior de la caverna?.---- preguntó Tutmés al oído de Yak-Baal.

---- Hasta cien hombres diría yo.----- respondió el teniente.

----¿Tiene alguna otra entrada?.--- preguntó Tutmés. ---- Sí, una se encuentra arriba en la ladera opuesta, dando ingreso a un hombre por vez, pues es muy angosta, y otra en la pared norte a mitad de camino entre las dos anteriores.---

---- Ykkur, ve con Madakh y guíen al resto de los hombres hasta aquí para tener todo listo a media noche. Traigan sogas, podemos necesitarlas.---- dijo el príncipe.---- Shed, muévete hacia la derecha y fíjate si puedes ver más guardias en otras posiciones de las que vemos desde acá.----

Mientras Tutmés seguía dando instrucciones, me arrastré unos cincuenta codos sobre el reborde rocoso, ocultándome de la vista de los soldados que hacían guardia sobre la cañada que se abría hacia el valle inferior. No había más que los tres cananeos que se veían abajo.

Tutmés mandó hacia el otro lado a Sai y Shomu, a rodear la caverna para revisar la entrada superior. Cuando regresaba a la ubicación de Tutmés, me pareció ver un movimiento justo enfrente a mí, del otro lado del borde del barranco.

Pensé que había sido mi imaginación o quizás la llovizna que perturbaba mi visión en la noche oscura. Me sequé el rostro con el dorso de la mano y volví a mirar. Me sorprendí al ver que no me había equivocado; había un soldado cananeo haciendo guardia junto a un peñasco. No sé por qué razón no logre verlo antes, quizás estaba detrás del mismo en el momento en que pasé la vista por ese sitio.

Las llamas de las fogatas a la distancia, iluminando muy tenuemente su rostro y el casco, destacaban la barba y el bigote espesos. Alto y fuerte portaba una lanza en la mano derecha y sobre el lado izquierdo de su cinturón pendía un cuerno de carnero que utilizaban a modo de trompeta. Traté de pensar algún modo de advertirles de la presencia del guardia ya que Sai y Shomu no podían verlo y no tenía modo de avisarles. Por otro lado el guardia estaba demasiado lejos de mí y podía fallar con mis flechas.

No sabía qué hacer, en ese momento escuché un murmullo y pensé que quienes habían quedado con Tutmés estaban hablando en voz alta. Un temblor frío recorrió mi espalda cuando me di cuenta de que las voces venían desde atrás de mí y no hablaban mi idioma. La luz de una antorcha comenzaba a iluminar los árboles a mí alrededor.

Mi corazón latía furiosamente tanto que pensé que podía ser escuchado por los asiáticos. Viré muy lentamente la cabeza para mirar hacia atrás, instintivamente toqué con mi mano derecha la espada en mi costado y la daga en la cintura. Venían tres soldados a unos cuarenta codos de mi posición trayendo un gamo muerto. El aumento de la luz a medida que se acercaban me hizo caer en cuenta de que me encontraba bajo un pequeño y joven abeto al costado de un sendero que no pude distinguir antes a causa de la oscuridad del bosque. Venían riendo y hablando, uno de ellos llevaba un odre, de esos en los que se colocan cerveza o vino. Me encontraba completamente inmóvil pero temblando de excitación por temor a ser descubierto. Las ramas tapaban un poco mi cuerpo y la hojarasca amarillenta disimulaban un tanto mis vestiduras claras. Pero de todos modos hubiera sido un milagro que no me vieran. Me encomendé a nuestro amado Amón-Ra y rogué a Hor para que me diera fuerzas para luchar contra los enemigos.

Tensé mis músculos para saltar contra los tres hombres ante el más mínimo indicio de ser descubierto.

Si me sorprendían estando acostado boca abajo no tendría oportunidad de sobrevivir. Se acercaban más y más. La sangre fluía por mis venas y se agolpaba en mi cabeza. Vi los arcos colgados en sus hombros mientras arrastraban un ciervo de gran tamaño.

Con las manos ocupadas jalando las patas del animal, el que traía el odre se paró para beber del mismo sosteniendo con la otra la antorcha. Sentí que esa era mi mejor oportunidad. Me paré de un salto desenfundado mi espada y me abalancé contra el que tenía más cerca. Oculto entre las sombras salté delante del primer soldado que al verme atónito soltó las patas delanteras del gamo y atinó a tomar su espada, pero mi golpe le abrió el vientre y sentí el choque del metal contra los huesos de la columna.

Con el mismo impulso giré sobre mí y levantando la espada oblicuamente, la dejé caer con todas mis fuerzas sobre el segundo hombre al que le desgarre el pecho en un crujir de costillas rotas.

El que llevaba la antorcha dejó caer el odre y estupefacto, intentó escapar corriendo.

Debe haber estado borracho porque trastabilló y se balanceó vacilante. No tuvo oportunidad cuando trató de escabullirse ya que al perder el equilibrio, pude arrojarle mi daga haciendo blanco en su espalda, emitiendo un leve sonido seco cayendo de bruces.

Tuve suerte de que estuvieran desprevenidos cuando los ataqué pues de otra manera seguramente hubiera sido mi fin.

Tomé la antorcha rápidamente y la hundí en un charco fangoso para apagarla, pero pensé que ya sería demasiado tarde porque el guardia del peñasco ya habría dado la alarma al ver toda la escena de lucha.

Me quedé inmóvil y expectante en la oscuridad, pero no escuché nada. Me acerqué de nuevo al borde del risco; todo se veía normal. Vi por el rabillo del ojo que una sombra se movía hacia mi izquierda y me puse en guardia nuevamente, pero me tranquilicé al oír la voz de uno de mis compañeros.

---- ¿Cómo estás Shed?. ¿Te encuentras bien?.--- Preguntó Yak-Baal.

---- Sí, gracias. Estoy bien pero pasé un mal rato. Aún me tiemblan las manos. ¿ Qué pasó con Sai y Shomu?.------

---- Eliminaron al guardia que se encontraba junto a la gran roca antes de que atacaras tú.

En la caverna está todo tranquilo. Al parecer no advirtieron el incidente, pero no tardarán en darse cuenta que algo ocurre cuando noten las ausencias.---- respondió.

Al volver con el grupo escuché las instrucciones del príncipe.

---- Cuento con que Ykkur y Madakh, regresen antes de que se percaten de nuestra presencia. Ingresarán por la entrada superior cinco hombres.

Sai acaba de ir con Shomu y vieron que no hay custodia. Junto con ellos entrará Shed, Amenemheb y Yak-Baal.----

---- Si siguen tomando de esa manera se dormirán antes de percibir que están en peligro.---- Dijo Shomu.

---- Sería muy bueno para nosotros. Los haríamos prisioneros sin tener que combatir.---- dijo Tutmés.

Esperamos a que llegara el resto de los hombres. Tutmés reunió a los líderes de cada grupo en que dividió a los soldados para entrar en acción.

---- Cubriremos cada una de las salidas como está previsto, tomarán sus puestos y armados con sus arcos esperarán mi orden.--- Dijo el príncipe.

Rodeamos el risco hasta la entrada superior de la cueva. Penetramos a través de ella ocultos por las rocas que formaban la parte más superior de la pared de la caverna. Permanecimos ocultos y preparados esperando el momento de actuar. Amenemheb se asomó levemente para observar. Se oía crepitar la leña en las fogatas y casi no se escuchaban otros sonidos más que ronquidos.

---- Casi todos están dormidos y los que no, están tan borrachos que no pueden mantenerse en pie. Desde aquí puedo ver a cuatro oficiales hurritas de alto rango. Ellos deben ser nuestros primeros blancos si se niegan a rendirse.---- Dijo en voz baja al grupo.

Luego de una larga espera, escuchamos de repente un grito que provenía de la entrada principal de la caverna. Sobresaltados muchos de ellos se levantaron escuchándose exclamaciones y gritos de alarma. No comprendí lo que decían

en su lengua pero se los veía atemorizados. Nosotros desde nuestra ubicación no alcanzábamos ha ver lo que ocurría pero no nos movimos del lugar.

Cuando escuchamos la voz de Tutmés retumbando en el interior con un eco sobrenatural, los asiáticos que habían reaccionado para tomar sus armas quedaron paralizados.

---- ¿Entiendes lo que dicen?---- pregunté a Yak-Baal.

---- Les habla en lengua cananea y les ordenó que se rindan advirtiéndoles que se encuentran rodeados por las tropas de que Kemet y que si no lo hacen serán alquilados por la furia de Amón-Ra Dios Todopoderoso del país de las dos tierras.

Unos pocos asiáticos tomaron sus armas y fue en aquel momento que salimos de nuestro escondite para atacarlos. Lo propio debe haber ocurrido a la entrada, pues los pocos que habían quedado armados las arrojaron y se arrodillaron en muestras de sumisión.

Nuestros soldados fueron ocupando la caverna, reuniendo a los prisioneros que fueron reducidos y desarmados totalmente, para luego ser ubicados en un lugar custodiado a un costado de la caverna.

El oficial en jefe de las tropas asiáticas entregó sus armas a Tutmés en muestras de rendición total.

Cuando conducíamos a los cautivos hacia el lugar en donde permanecerían hasta ser trasladados a Sidón, Amenemheb reconoció a uno de ellos como un sirviente de la residencia real. El hombre había tratado de ocultarse en el grupo para pasar inadvertido y seguramente sería cómplice de los traidores que asesinaron a Pairi.

Fue separado del resto para ser interrogado y llevado ante la presencia de Tutmés. El individuo era muy joven de mediana estatura, blanco, de rostro flaco y largos cabellos ondulados.

---- ¿Cuál es tu nombre? Pregunto Ykkur.

El hombre lo miro sin responder bajando la cabeza. Tutmés observaba desde una corta distancia sin intervenir.

---- Más te vale que hables. ¿Hay alguien más de Biblos que haya venido contigo?. El sirviente permaneció en silencio.

---- ¿Porqué mataron al capitán Pairi?. ¡Habla! ---- Le gritó Ykkur enfurecido.

---- Mátenme, pero no diré nada.----

---- La muerte es poco castigo para los traidores. ---- Dijo el príncipe. Hizo una seña con la cabeza a Ykkur que tomó su espada.

---- Cada negativa a contestar te costará un dedo de tu mano. ---- Dijo con tranquilidad Tutmés. ---- No te dejaremos morir. Perderás los dedos, luego la mano y después el brazo. Para que tanto sufrimiento si después tendrás que contarnos todo cuando ya no puedas aguantar el terrible dolor de miembro amputado. Puedes ahorrarte todo eso con solo decirnos quienes son los que traicionan al soberano de Biblos.

No pronunció palabras, pero ya se veía temeroso. Madakh desató sus manos atadas tras la espalda y tomando su mano derecha la colocó sobre una piedra trabando el brazo del muchacho para que no pudiera moverlo.

---- ¿Quiénes forman el grupo que nos traiciona?---- preguntó nuevamente. Ante la negativa asintió con la cabeza hacia Ykkur. ---- Córtale la mano, al parecer no le importa perderla.---- Dijo Tutmés.

Ykkur subió la espada ante la mirada aterrorizada del prisionero, que miró hacia el otro lado, pero Amenemheb tomándolo de los cabellos y de la barba lo obligó a mantener la cabeza de frente a la espada. El sirviente comenzó a temblar. Un copioso sudor bañó su frente y su cuerpo se estremeció de miedo.

---- Esta es tu última oportunidad---- Le dijo Tutmés.

El joven miró al príncipe con rostro suplicante. Tutmés le devolvió la mirada sin muestras de compasión.

---- ¡Córtala! ---- Dijo Tutmés y la espada comenzó a bajar.

---- ¡No, por favor! Hablaré, juro que hablaré. ---- Gritó el sirviente.

Ykkur bajo a un lado la espada y tomó de los cabellos al muchacho.

¡Habla que estoy perdiendo la paciencia o sino te cortaré el cuello! ---- Dijo furioso.

---- Soy sirviente de Amalec, hijo del rey. ---- Dijo todavía agitado por el miedo.

---- ¿El mandó a matar al capitán Pairi?. ---- Preguntó Tutmés.

---- Debíamos secuestrarlo para traerlo hasta aquí y obligarlo a revelar la forma en que había sido preparada la defensa para proteger a la caravana que llevaría las provisiones hasta Sidón. Pero se resistió y en la lucha fue herido de muerte al caer sobre la daga de Acán uno de los nuestros.---- Dijo señalando a un soldado que había muerto por una de nuestras flechas, durante el asalto a la caverna momentos antes.

---- ¿Quién más aparte del príncipe Amalec colabora con los Hurritas?—

---- Juro, mi señor que no lo sé. Yo recibía órdenes directas del príncipe Amalec. ----

---- ¿Con quién veías al príncipe conversar frecuentemente?---- Preguntó Tutmés.

---- Con el Chambelán de Palacio.---- Dijo sin titubear.

Tutmés se alejó pensativo hacia el exterior de la caverna. Con una seña nos llamó a Amenemheb, Yak-Baal y a mí.

---- Pongan al prisionero con los demás.---- Ordenó a Ykkur antes de salir hacia las fogatas exteriores. ---- Acompáñenme.----

Llegamos a la entrada de la gruta. Todavía garuaba y ante el resplandor de las fogatas la oscuridad de la noche devoraba el perfil del bosque en una negrura sin límites.

Con el brillo del fuego en sus ojos claros Tutmés se detuvo para darnos instrucciones.

---- Antes del amanecer saldrán hacia Biblos, acompañando a Yak-Baal y arrestarán en mi nombre al Chambelán Dadab y a su cuñado Aqen comandante de las tropas de Biblos, que seguramente están implicados en el complot para que los hurritas y los príncipes cananeos conquisten la región. Nosotros escoltaremos a la caravana hasta Sidón y pasado mañana estaremos de regreso en Biblos.----

Junto al fuego nos sentamos a comer algo de pan, cebollas y carne de pescado que habíamos llevado como provisiones, tomamos un poco de leche de cabra y luego dormitamos un par de horas para salir antes del amanecer hacia Biblos. La noche paso en completa tranquilidad. Tratamos con benevolencia a los cautivos, un poco más de ochenta hombres que sobrevivieron incluyendo a los heridos. A la mañana siguiente el cargamento con los alimentos, sería conducido sin contratiempos hacia la ciudad costera del sur, que ahora podría resistir unos meses más la amenaza de las tropas enemigas.

Partimos de la cueva cuando había comenzado a amanecer y sin inconvenientes llegamos a Biblos poco después de la salida del sol. Nos dirigimos directamente al cuartel de las tropas de Kemet y reuniendo a los oficiales de la flota, salimos a buscar al funcionario Dadab para arrestarlo. Aqen por su parte se encontraba en los barracones del ejército de Biblos. Hubo un tibio intento de rebelión de parte de algunos oficiales fieles al general, cuando se lo arrestó bajo el cargo de traición y conspiración a favor del Imperio Hurrita y por el asesinato del capitán Pairi. El número de efectivos armados que llevábamos desanimó a quienes apoyaban a Aqen, aunque por otra parte las tropas estaban divididas, pues al parecer algunos oficiales sospechaban de las actividades del general, a favor del enemigo.

Yak-Baal nombró comandante de las tropas de Biblos al jefe de carros Yacob-Her por orden del propio Tutmés. El nuevo comandante era un oficial que había ascendido en el escalafón por mérito propio en el campo de batalla y no

por su amistad con funcionarios venales como había sido el caso de Aqen. Su nombramiento fue recibido con júbilo por las tropas que admiraban y respetaban a este hombre que había arriesgado con valentía su vida defendiendo los territorios de Biblos y Sidón contra amorreos, cananeos y hurritas.

Aqen y Dadab fueron puestos bajo una fuerte custodia y se informó al monarca Joam de los hechos acontecidos el día anterior y que por precaución el príncipe Tutmés no le había comunicado oficialmente. Sin embargo, no le informamos que uno de sus hijos estaba implicado seriamente en la conspiración, prefiriendo que fuese el propio Tutmés quien lo hiciera. Sería un duro golpe para el anciano saber que su propio hijo le había traicionado.

También fue dispuesta una fuerte custodia en las puertas de salida y en toda la muralla para evitar que Amalec pudiera escapar antes de la llegada de Tutmés.

A la mañana siguiente, luego de varios días de lluvia se hacía presente en todo su esplendor nuestro amado Ra el dios sol, transitando de nuevo la bóveda celeste y entregándonos toda la belleza de su luz y calor.

Acostumbrado a verlo cada día en el cúpula del cielo de mi tierra, me preocupaba que las fuerzas de la oscuridad le hubiesen robado algo de su fuerza, durante su periplo nocturno en esta alejada zona del mundo que yo recién comenzaba a conocer. Con el tiempo me daría cuenta que las tierras iluminadas por Ra se extendían mucho más allá de lo que mi pobre imaginación pudo alcanzar nunca y que existía una enorme variedad de pueblos con curiosas costumbres y extrañas tradiciones que también lo adoraban, aunque con otros nombres.

Apenas arribado a la ciudad, Tutmés se dirigió al palacio de Joam para comunicarle que su propio hijo era uno de los cabecillas de los traidores, habiendo llevado como prueba de la acusación al sirviente que confesó la participación de Amalec, en el asesinato de Pairi y la emboscada preparada contra el envío de provisiones a Sidón. Según me contó Ykkur, Joam salió de la reunión con Tutmés con el rostro demacrado como si hubiese envejecido diez años y con la tristeza inundando su alma.

Se dirigió directamente por los pasillos interiores de la residencia, buscando a Amalec para que le diese razones de su inexplicable actitud, con la esperanza de que tal vez, y a pesar de las evidencias, fuera inocente de los delitos que se le imputaban.

Se ordenó a los sirvientes que lo buscaran pero nadie lo pudo encontrar. Tampoco se hallaban en el harén, ni en los jardines, mientras que los guardias que tenían órdenes de custodiar el palacio, tampoco lo habían visto salir por el vestíbulo.

Un grito de espanto resonó en el palacio, cuando una esclava entró en los aposentos de Amalec y lo encontró colgando del techo con una soga al cuello.

El dolor que le provocó a Joam tan duro trance lo llevó a decidir abdicar dejando el trono en manos de su hijo mayor Yenom, con el consentimiento de Tutmés como representante de Hatshepsut soberana de Kemet.

El resto de los traidores y sus secuaces fueron descubiertos y condenados a muerte. La situación de los territorios del Norte había quedado solucionadas al menos provisionalmente. Tutmés sabía que estos territorios sólo estarían a salvo sí la actitud de Hatshepsut hacia la defensa y el aprovisionamiento de los mismos cambiaba radicalmente, avanzando en el dominio marítimo de "El gran verde" y la recuperación efectiva de la ruta de la costa y la región interior de los territorios de Khinakhny y Retenu. De no ser así, no tardarían en caer bajo el poder de hurritas y cananeos.

CAPITULO 10

"La necrópolis de Mennufer y la muerte de Antef."

El príncipe consideró que nuestro objetivo había sido cumplido. Luego restaba la parte más importante y difícil que consistía en convencer a la reina de que

el mantenimiento de las tropas en los territorios asiáticos y nuestra hegemonía, eran de vital importancia para el comercio, el aprovechamiento de los recursos y los tributos que proporcionaban los pueblos de la región, que reportaban muchos más beneficios económicos que gastos.

El viaje de regreso fue sumamente tranquilo. Habíamos zarpado al atardecer desde Biblos guiados por un firmamento sembrado de estrellas con una pequeña luna menguante para volver a casa a través de la ruta que transcurría al sur de Alashiya.

A través de una nave mercante de esa isla, el príncipe Tutmés se enteró que Parsatatar había asesinado con sus seguidores a su tío Shatuara durante la víspera del día elegido por el "Panku", es decir la asamblea de nobles, para la ceremonia de entronización de este, luego del duelo de siete días, como marcaba la tradición, en honor de Baratarna el anciano rey recientemente fallecido.

La corte debió transformarse en una avispero donde no escasearían las intrigas, las traiciones, la lucha intestina y las ejecuciones, en la disputa por el poder hasta que alguien retomara las riendas del imperio nuevamente. Por lo pronto, convenía a nuestro país que la lucha interna en el territorio de Naharín-Mitanni, se prolongará en el mayor tiempo posible pero esto también conllevaba el riesgo del resurgimiento del reino de Hatti en manos del ambicioso Khantil II.

Con tal perturbación en el nivel de los mandos superiores de las fuerzas hurritas era muy improbable un encuentro con alguna escuadra del país enemigo de modo que llegamos sin contratiempos al mediodía del octavo día con nuestras velas desplegadas y henchidas por el fuerte viento del norte, que había facilitado el avance de la flota proporcionando un buen descanso a los remeros esclavos.

Nuestro arribo fue ruidosamente vitoreado en el puerto de Mennufer, como de costumbre colmado de naves mercantes y de un gentío multitudinario que se movía entre los embarcaderos y el mercado, bajo el ardiente sol. Bajamos nuestras pertenencias y fuimos conducidos hacia el palacio junto con el príncipe recibido por el comandante de la flota del Delta.

Después del almuerzo mantendrían una reunión en donde tratarían los temas relacionados con el viaje a Biblos donde le sería comunicado el mensaje de la soberana.

Con autorización de Ykkur salí a recorrer los santos lugares de la gran metrópoli. Una de las razones por la que se había hecho famosa la ciudad más importante del bajo Hep-Ur era su extensa necrópolis con los monumentos funerarios más grandiosos de todo el país. Me aconsejaron que visitara la ciudad de los muertos en orden de antigüedad, es decir desde la tumba más antiguas a las más modernas, para poder apreciar el cambio histórico en la arquitectura funeraria, de modo que tomé la avenida que llevaba hacia el oeste donde comienza el desierto para internarme entre los fantásticos complejos mortuorios.

Las tumbas en forma de taburete de las primeras dinastías forman una línea casi continua a lo largo del ángulo oriental de la amplia meseta.

Se encuentran excavadas por debajo del piso de la roca y la superestructura está levantada en adobe , con la fachada construida a imitación de la entrada de los antiguos palacios de aquel tiempo . Algunas son muy grandes como la que medí yo mismo con más de cien codos de longitud y cincuenta de ancho que pertenece al Faraón Ninetjer de la segunda dinastía , hace más de mil ciento cincuenta años atrás . En ésta región de la necrópolis se destaca el complejo funerario del Faraón Djoser , segundo soberano de la tercera dinastía que se encuentra prácticamente intacto a pesar de su antigüedad , formado por un Mer escalonado , el templo mortuorio , el complejo para la celebración de la fiesta Sed evento de renovación de los poderes reales , el complejo de ingreso , la tumba meridional y el muro de circunvalación .

Imhotep fue el arquitecto del Faraón construyendo la estructura principal sobre la tumba del hermano de Djoser, el Faraón Zanakht que reinó antes que él.

La totalidad del complejo está levantado en piedra y la riqueza de su interior es deslumbrante con aposentos decorados con placas de loza azul, incrustaciones en alabastro en paredes, láminas de oro grabadas sobre paneles de madera , exquisitas esculturas y pinturas en vivos colores que adornan las cámaras , según cuentan los sacerdotes que sirven en el templo.

También en esta misma zona hacia el sudoeste se encontraba el complejo funerario del Faraón Sekhemkhet que se proyectó como un Mer de mayor tamaño que el de su predecesor pero que quedó inconcluso por su fallecimiento. Existen todavía trece Mer reales en este sector de la necrópolis de menor importancia en cuanto al volumen de la obra pero sumamente llamativos por su ornamentación y terminación , con esculturas en relieve, pinturas y grabados. Por otro lado existe un número enorme de tumbas privadas construidas en forma ininterrumpida durante los últimos mil quinientos años.

Muy cerca del sector más antiguo de la necrópolis, se encuentra hacia el sur y sin límites precisos con el anterior, la zona en que dominan dos Mer construidos por el mismo monarca, el gran Snefru iniciador de la cuarta dinastía la más importante desde el punto de vista de la arquitectura funeraria.

Uno de los Mer tiene sus caras en doble ángulo porque la estructura se resintió en sus cimientos por el enorme peso, debiendo reducir la inclinación para disminuir la carga sobre la base. Descontento con el defecto de su Mer, Snefru, hizo construir otro muy cerca del anterior hoy llamado el Mer brillante por el pulido de la caliza con que fue recubierto. Este fue el primer Mer de caras lisas, todo un logro en la arquitectura y que no sería alcanzada en otras dinastías posteriores. Snefru no solo hizo levantar sus Mer sino que previamente había concluido el Mer de su padre el Faraón Huni, último soberano de la tercera dinastía.

Existen en la misma región los Mer subsidiarios y otros menores pertenecientes a monarcas de la décimo segunda dinastía como Amenemhet segundo y tercero, Senwseret tercero y dos Faraones de la convulsionada dinastía décimo tercera todos estos son de una factura de calidad y material notablemente inferior. Junto con ellos existen tumbas de la familia real de dichos reyes entre las que pueden advertirse el de gran número de príncipes, princesas y reinas.

Su monumento más septentrional es el templo solar en honor al dios Ra levantado por el fundador de la quinta dinastía el Faraón Userkaf. Sahure y otros sucesores de Userkaf hicieron levantar sus complejos funerarios no lejos de allí.

El de Sahure es una magnífica estructura por dimensiones y decoración. Todos los templos tienen como piedra básica la caliza de la zona, con relieves en caliza mas fina de las canteras existentes en la otra ribera del Hep-Ur. Las columnas, jambas y dinteles son de granito rojo de Sunnu y los pavimentos de basalto negro. La caliza fina también constituye la cubierta exterior del Mer y el revestimiento de los pasadizos.

Sobornando a los guardias me permitieron ingresar para admirar los maravillosos relieves pintados. Mi padre se hubiese encantado de ver tal belleza de trabajo con escenas de caza, de guerra y de la vida cotidiana de la corte.

Prosiguiendo el recorrido hacia el noroeste a través del desierto, encontré el templo solar del Faraón Neuserre sexto monarca de la quinta dinastía. Este monumento que se encuentra en perfectas condiciones era utilizado una vez al año para la celebración de la fiesta en honor a Ra con una procesión que transportaba la barca solar desde el templo de la ciudad de Iunu a través del Hep-Ur para culminar con la ceremonia a llegar el gran disco al Cenit en el altar sagrado del monumental adoratorio.

Como se podría suponer el complejo se orienta de este a oeste y consta de un templo en el valle contiguo al canal por el que se lleva la barca solar de Ra. A espaldas de este templo se levanta la calzada que va ascendiendo suavemente a medida que se interna en el desierto , enlazando el templo del valle con el templo superior, la parte mas sagrada del complejo. El elemento dominante del templo superior es un extenso patio abierto con un altar y un gran obelisco de mampostería. El resto de las construcciones son los almacenes , el corredor alrededor del templo, los mataderos donde se sacrificaban los animales y la capilla decorada con escenas en las cuales aparece el monarca en la ceremonia del festival Sed, entre otras. Al sur del templo existe una imitación de la barca solar de una longitud de sesenta codos fabricada también en mampostería.

Apuré el paso siempre con el mismo rumbo cuando comenzaba a caer la tarde pues quería apreciar en todo su esplendor los gigantescos Mer de los Faraones Khufu y Kafra.

El conjunto de la meseta está formado por los complejos funerarios de los anteriormente nombrados Faraones y el de Menkaura también de la cuarta dinastía. Cada complejo está formado por un templo en el valle en el que se depositan las ofrendas y donde el pueblo de aquel entonces, despedía a su monarca transfigurado en Asar señor del mundo de ultratumba, rumbo a su descanso eterno.

El ataúd de oro colado, pulido y pintado era colocado dentro de sarcófagos sucesivos y transportado en un trineo también de oro con patines de madera cubiertas con láminas doradas salvo en sus cara inferiores y tirado por medio de cuerdas por decenas de hombres a través de la calzada de basalto que conducía al templo anexo a la cara oriental del Mer, adonde solo accedían la familia real, altos funcionarios y los sacerdotes del culto para celebrar la ceremonia final antes de llevar los restos del difunto al interior de la última morada. Quedé sobrecogido por el relato del sacerdote que me describió la escena como lo mostraban los relieves del templo del valle. Tomé rumbo hacia el templo anexo al Mer de Kafra que se encontraba en mejores condiciones que los otros. El de Khufu sufrió daños por los saqueos ocurridos en épocas de convulsión interior cuando el país se dividió durante el reinado de Merenra II, sumiéndose la nación en el caos, al final de la sexta dinastía.

La fachada del templo de Kafra que da hacia el oriente, se abre en dos grandes portales marcados con el nombre del soberano.

Allí se encontraban dos guardias de la necrópolis custodiando el recinto sagrado. Grandes antorchas iluminaban el vestíbulo pues la sombra del Mer provocaba una gran oscuridad aún antes del ocaso.

---- Traigo ofrendas para el difunto.---- anuncié a los guardias levantando los odres con vino.---- Y esto es para ustedes.---- les dije entregándoles un odre con cerveza para ellos.

Me permitieron ingresar al corredor que llevaba hacia una sala interior cuyo techo estaba sostenido por pilares tallados en un solo bloque de granito al igual que los gruesos muros, mientras que el pavimento había sido armado con grandes lozas de alabastro. Veintitrés estatuas del Faraón excelentemente logradas en piedras de diversos colores y durezas decoraban las estancias y pasadizos.

Adentrándome más en el edificio penetré a través de una rampa a la sala donde se entregaban las ofrendas y se rendía culto al Ka del soberano. Grandes lámparas de aceite e incensarios de los que se desprendía el sagrado aroma del "Senetjer", llenando el ambiente de misticismo en un silencio absoluto con mi sombra como única compañía. Luego de depositar mis presentes ante el santuario y de orar por el espíritu del Faraón Kafra, volví sobre mis pasos lentamente intentando leer las inscripciones sobre los muros mientras abandonaba el santo lugar. Con dificultad a causa de la tenue luz que emitían las lámparas pude interpretar, sin embargo, parte del texto cuyo pasaje rezaba: "Padre Asar Señor del Duat, yo que fui soberano de Kemet como tú también lo fuiste, hoy descanso en esta morada eterna como tú moras en el reino de ultratumba. Escucha mis oraciones de alabanza y hazme partícipe de tu gloria en el mundo de los muertos".

Me sentí muy feliz por haber reconocido con éxito el mensaje escrito, ya que la frase que interpreté tenía total sentido.

A pesar del tiempo que había transcurrido desde que abandoné mi trabajo en el taller de artesanos, podía leer bastante bien.

Al salir saludé a los guardias para encaminarme hacia el Mer de Khufu en busca de su lado iluminado antes de que Ra se sumergiese en el horizonte occidental.

El coloso pétreo desplegaba su gigantesca sombra sobre la planicie a medida que el disco solar descendía hacia los dominios de la oscuridad. Al llegar frente a la cara de la fantástica construcción bañada por la purpúrea luminosidad del atardecer, quedé abrumado por sus dimensiones y la perfección de su acabado. El tamaño de la obra era simplemente descomunal; su perfecta grandiosidad la elevaba a lo más alto en el logro al que podía aspirar la arquitectura funeraria de cualquier otra época y lugar. Parecía imposible que la mano del hombre hubiese sido capaz de crear algo tan extraordinario. La impresionante montaña de piedra reflejaba la mortecina luz del ocaso, con una intensidad cegadora. Nunca en mi vida volvería a percibir la estremecedora sensación de temor a la grandeza y al poder de la divinidad. Jamás me sentí tan insignificante, tan vulnerable y a merced de la voluntad de los seres sobrenaturales que controlan nuestra existencia. Caí arrodillado ante la magnificencia de la increíble estructura adorando a los dioses y alabando su grandeza. Besé el suelo sagrado y me puse de pié para retornar a Mennufer con un sentimiento de plenitud en mi corazón tomando la ruta del desierto en la penumbra del ocaso.

De regreso al palacio me uní al grupo que se encontraba en el salón central y fue allí cuando me enteré de novedades poco alentadoras. La reina había ordenado la inmediata presencia del príncipe en Waset. Neferkare gobernador del Sepat fiel servidor de Hatshepsut había informado a Tutmés que la soberana enfurecida por la libertad de decisión con que había actuado el Príncipe, le conminaba a retornar a la capital de forma urgente so pena de ser castigado por desobediencia y rebeldía.

Por otra parte uno de los capitanes de la flota del Delta que participó del viaje a Biblos, comunicó a Tutmés que había llegado a sus oídos que la soberana se

hallaba seriamente preocupada por razones que no tenían que ver con la iniciativa de la expedición dirigida por el Príncipe sino por noticias llegadas desde los territorios Nehesiu, más precisamente desde la región de Kush que provocaron gran revuelo en la corte. De manera que tendríamos que abandonar el Delta sin llevar a cabo la cacería de hipopótamos que nos había prometido el príncipe, como premio por nuestra destacada actuación en la misión de los territorios asiáticos. Tutmés consideró prudente zarpar al día siguiente hacia el alto valle del Hep-Ur y presentarse ante la soberana para explicarle la situación y tratar de convencerla de tomar medidas tendientes a reforzar la posición de Kemet en Khinakhny, teniendo en cuenta la lucha por la corona que se había desatado en la corte de Naharín-Mitanni, para sacar ventaja del pleito.

Después de tan rotundo éxito en la misión, lo menos que merecía la flota del Bajo Hep-Ur, representada por los oficiales que habían participado en la travesía, era una gran fiesta que ordenó Tutmés para aquella noche. El gobernador del Sepat asistió a la celebración lo que impidió que Tutmés tuviera oportunidad de entablar conversación con el alcalde de Mennufer, el honorable Penniut.

Hombres de gran riqueza e influencia como él, podrían transformarse en importantes aliados en quien apoyarse si llegado el momento, Tutmés intentaba arrebatar el trono a la reina.

Como alcalde de la ciudad, económicamente más poderosa y administrativamente más importante del Bajo Kemet, Penniut poseía tanto prestigio y poder, como Neferkare gobernador de la provincia aliado de la soberana Hatshepsut.

Hombre capaz y enérgico, Penniut pertenecía a una familia numerosa y opulenta cuyos miembros además de provenir de antepasados con una destacada trayectoria ocupaban altos cargos en el ejército y la administración de los territorios del Delta.

Por medio de sus contactos comerciales había propiciado el asentamiento de una colonia de comerciantes de Keftiu que a través de su neutralidad en los conflictos entre las grandes potencias podían comerciar y transitar libremente las rutas marítimas favoreciendo el intercambio de productos que la guerra había encarecido demasiado o dificultado grandemente su obtención. Disminuyendo los gravámenes a las mercancías que importaban y exportaban los mercaderes de Keftiu, ambas partes se beneficiaban pudiendo de aquel modo conseguir la reactivación del comercio gravemente paralizado en Kemet.

Para no despertar sospechas en el gobernador y en los oficiales de la flota y el ejército zánganos de la Reina, Tutmés sólo intercambió comentarios superficiales acerca del viaje, de la fiesta, de la belleza de las bailarinas que animaban con gracia la velada al ritmo de los instrumentos musicales. Sin embargo el príncipe redactó de mano propia sobre un extenso papiro, sus objetivos venideros explicando al alcalde la apremiante situación en que se encontraría el país, si las fuerzas cananeas y amorreas se agrupaban bajo un solo mando alineadas con la poderosa escuadra naval hurrita en busca de la hegemonía marítima, las posibilidades de una invasión como en la época de los Heka-Khasut a nuestra tierra no eran, de ningún modo, desechables.

Durante la celebración y sin que nadie lo notara, Amenemheb y Madakh, llevaron en secreto el papiro hasta la residencia del alcalde para entregárselo a su hijo mayor, brazo derecho de Penniut y colaborador directo de su padre, imbuido del mismo espíritu de rebeldía en contra del régimen indolente de Hatshepsut en relación a la defensa de los territorios de Retenu y Khinakhny.

La actuación del príncipe como estratega y su valor habían impresionado grandemente a los oficiales que participaron en el viaje a las colonias y que parecían verlo como líder natural al igual que lo sentíamos todos aquellos que

habíamos combatido bajo sus órdenes. Muchos decían que tenía la misma fibra que su abuelo Tutmés I.

Ello lo hacía merecedor del gran apoyo incondicional de los jóvenes oficiales no comprometidos con la reina, en caso de un enfrentamiento en la lucha por el trono con aquellos que respaldaban a Hatshepsut.

Era el momento de regresar al Alto Hep-Ur. Tutmés estaba decidido a tomar el poder por la fuerza si la actitud de la reina no se modificaba y sobre todo ahora que había conseguido apoyo de importantes personajes de la administración y las fuerzas armadas. Era el momento de contactarse con Bakenkhosu gobernador del Sepat cuya capital era la propia Waset.

Estuvimos listos para la partida desde el puerto de Mennufer, llamado Peru-Nefer antes de que el disco solar asomase su redondez sobre las colinas del desierto oriental.

Durante el transcurso de la mañana y viajando a gran velocidad río arriba impulsados por el viento norte y la fuerza de los remos, el príncipe llamó a reunión para darnos alguna vez instrucciones. En el intenso calor y con sólo la brisa caliente que no aliviaba la sensación de estar en un caldero sobre el fuego, comenzó el Príncipe su alocución.

---- A pesar de haber perdido a dos hombres de mi guardia personal he decidido no reemplazarlos, permaneciendo la custodia en el número actual de miembros.---- dijo Tutmés mirándome. Debía aceptar las decisiones del príncipe pero me sentí muy desanimado pues creí que habiéndome desempeñado en forma destacada merecía el nombramiento.

Posteriormente me llamó en privado para explicarme las razones que le llevaron a mantenerme al margen del cuerpo de custodia.

---- Shed, esto no significa que dejes de formar parte de mis hombres; por el contrario te mantendré como si fueses un simple sirviente para que nadie sospeche la misión que te encomendaré. Deberás ser mis oídos y mis ojos dentro del palacio, averiguando las actividades de la Reina y sus funcionarios más importantes. He pensado incluso que dejes el depósito de armas para trabajar de carpintero dentro de la residencia para que puedas permanecer en cualquier sitio de la misma sin despertar sospechas.

El maestro carpintero de quién serás asistente sabrá de tu accionar a mi servicio, de manera que tendrás su autorización en todo lo que debas realizar. Tendrás entera libertad para moverte dentro de la residencia con la excusa de reparar detalles menores de todo aquello constituido por madera.---- me explicó Tutmés.

Escuché atentamente lo que me decía percatándome de la importancia que tenía la tarea a realizar, al mismo tiempo que ponderaba el riesgo que significaría para mi vida.

---- Si te nombro oficialmente miembro de la custodia, te observarán y vigilarán como al resto de tus compañeros y no podrás llevar a cabo la importante misión de descubrir las intenciones de la Reina con respecto a las inquietudes y exigencias que le plantearé a nuestro regreso a la capital. De no ser favorables a mis propuestas las órdenes futuras de la soberana, he decidido intentar destronarla apoyado en los aliados que he conseguido y cuyo número espero aumentar.

Como comprenderás deberás ser muy cauto, pues si te descubren te torturarán para que confieses quién te mandó a espiar y de cualquier forma te condenarán a morir.

De lo que puedas averiguar dependerá el futuro de las colonias, de nuestro país e incluso mi propio destino estará en tus manos.

A partir de nuestro regreso a Waset volverás a tus actividades normales y no entablaremos conversación alguna para que no sospechen de ti. Todo cuanto debas informarme lo harás a través de Madakh e Ykkur, y también deberás tomar recaudos para que no los vean públicamente.----

Con éstas palabras Tutmés delegaba una pesada carga sobre mis hombros. La responsabilidad y el riesgo que implicaban la misión eran muy grandes, demostrándome al mismo tiempo la confianza del Príncipe en mi capacidad para llevarla a cabo con éxito. De más está decir que solo Madakh e Ykkur pero no el resto de los miembros de la guardia conocerían mis futuras actividades. De lo que no estaba seguro era de sí debía o no poner a mis padres al tanto del asunto. Por una parte sabía que se angustiarían mucho al conocer que pondría en riesgo mi vida, lo que me impulsaba a ocultarles la verdad; por otra parte temía que si me atrapaban tomaran represalias en contra de mi familia. De manera que decidí que debía informar a mi padre de lo que haría para que pusiera a resguardo a mi madre y a Eset si me descubrían.

---- Comprendo mi Señor. Ruego a su majestad que proteja a mi familia y vea por su bienestar en caso que llegara a ocurrirme algo malo.

---- Puedes estar seguro de que serán protegidos y les pagaré en oro tu vida en compensación por el gran