CAPITULO 12
"Un extraña pesadilla en el país de Nabuma."
Al día siguiente luego de zarpar, me dormía en la cubierta de la nave después de pasar las pocas horas de la madrugada sin poder conciliar el sueño con la visión del sacrificio todavía en mi mente, atormentado por el recuerdo que quedaría marcado a fuego en mi memoria. Durante el viaje evité por todos los medios, hacer comentarios al respecto respondiendo escuetamente sobre mi parecer a cerca de la ceremonia, sin mencionar los pasajes repugnantes y bestiales de la misma. Hay en el carácter de los seres humanos cierta tendencia morbosa que nos incita a conocer cosas francamente desagradables, siendo casi inevitable resistirse al deseo de satisfacer la curiosidad, de modo que oculté los detalles que podrían hacer que Maya y los otros compañeros de viaje, me interrogaran haciéndome revivir las terribles imágenes que se negaban a abandonar mis retinas, que surgían una y otra vez en mi mente y que intenté borrar inútilmente distrayéndome en mis tareas.
Al concluir las mismas, me senté a estribor a descansar, observando la geografía de la costa occidental. La monotonía del paisaje, el agobiante calor y la intensidad de la luz solar sumados al desvelo de la noche anterior provocaron que me invadiera un sopor profundo hasta quedar completamente dormido. Sufrí una espantosa pesadilla que en aquel momento relacioné inmediatamente con los hechos de la noche pasada.
En el sueño me sentía como de 8 o 9 años y me hallaba vestido con una blanca túnica ceremonial, ingresando durante el crepúsculo a través del patio peristilo del templo de Amón-Ra. Me encontraba en el interior del recinto sagrado a donde solo pueden acceder los sacerdotes del Dios y el Faraón como Sumo sacerdote. Los últimos fulgores del Disco Sagrado eran demasiado débiles para llenar con sus destellos el interior de la sala hipóstila, iluminada por lámparas y antorchas cuyas amarillentas flamas, desprendiendo un fino hilo de humo que se transformaba en frágiles volutas en su ascenso, daban un aspecto tenebroso al lugar bañado en sombras proyectadas por los gigantes de roca que sostenían el cielo pétreo.
La espectacular cubierta del templo se veía como el vientre de Nut, brillante de luces, abriendo el infinito inconmensurable en el espacio inundado por el mar de aire saturado del perfume de mirra ardiendo en los incensarios y aumentando la impresión de intemporal eternidad.
Al caminar hacia el "Sancta Sanctorum", descubrí flanqueando el corredor central entre las columnas, gran cantidad de personajes vestidos con los atuendos sacerdotales del clero de Amón utilizados durante la festividad del Dios pero extrañamente, cubiertos sus rostros con máscaras representando al Dios chacal Anup, guardador del portal hacia el Am-Duat, el mundo de ultratumba.
Con los brazos cruzados sobre el pecho en igual posición en que se representa al Dios Asar momificado, portaban en una mano el instrumento utilizado para el rito de apertura de la boca del difunto y en la otra una espada que no reconocí como propia de Kemet.
Un oscuro presagio agitó mi espíritu presintiendo el peligro. Dos de ellos se aproximaron a mí, acompañando mi marcha a través del corredor. Mi corazón comenzó a galopar dentro de mi pecho como un potro desbocado y mi respiración se tornó más rápida y superficial, sintiendo que me faltaba el aire al no poder llenar con él mis pulmones.
A medida que transitaba, el corredor parecía prolongarse más y más, flanqueado por infinito número de columnas. Sorprendido por el mágico cambio, percibí un súbito reblandecimiento del piso del templo bajo mis pies. Al bajar la vista quedé estupefacto al comprobar que el suelo de piedra se había transformado en arena.
Al mirar al frente nuevamente di un respingo al comprobar que todo cambiaba a mí alrededor. Estupefacto advertí que me encontraba rodeado por enormes paredes de roca que habían reemplazado a las columnas; el templo se esfumó como un espejismo y el sitio en que me hallaba era aparentemente un torrente seco en pleno desierto, cuya escarpadura se veía iluminada por grandes hogueras azotadas por el viento. Sentí frío y me di cuenta de que, despojado de mi atuendo, estaba completamente desnudo. Inútilmente intenté moverme sin siquiera aflojar las cuerdas con las que fui amarrado. Al mirar a los sacerdotes a mi lado, noté para mi desesperación que las máscaras de Anup, se habían convertido en las espantosas facciones de los demonios del desierto secuaces del maléfico Sutej, el destructor. Traté de gritar para pedir ayuda pero me fue imposible emitir sonido alguno y aunque Quise soltarme pero no encontré fuerzas en mi cuerpo para lograrlo. Empeorando mi situación me percaté que al final de la senda de hogueras al fondo de la avenida, se alzaba un lúgubre altar dominado en su parte superior por una gigantesca imagen, tallada en la propia pared rocosa, del Dios Sutej con su abominable aspecto de monstruoso engendro mezcla de antílope con dientes de hipopótamo, malignos ojos de lebrel y cuerpo de hiena, que cobrando vida dirigió su mirada hacia mí en una macabra sonrisa tras lo cual lanzó una malévola carcajada que retumbó en todo el desierto con el estruendo de mil truenos, impulsando el fétido aliento proveniente de sus entrañas como el nauseabundo olor de un cadáver en estado de putrefacción.
En aquel preciso instante el cielo cubierto de nubes se quebró en un relámpago que lo atravesó de occidente a oriente, con un estallido ensordecedor.
La puerta bajo el altar de Sutej se abrió, dando paso a tres figuras con atuendos rituales y sus rostros cubiertos como el resto, el primero de los cuales era secundado por los otros dos. Dicho personaje ataviado con una rica túnica bordada con hilos de oro, portaba un pectoral, collares, brazaletes y anillos de oro incrustado en piedras preciosas. Sus delicadas manos, su estatura más pequeña y la forma corporal, evidenciaban que se trataba de una mujer y por
la riqueza de sus vestiduras y ornamentos, no podía ser sino la soberana Hatshepsut.
Me sentía totalmente indefenso y a su merced, pero recién comprendí por qué fui elegido para el sacrificio, cuando descubrí que mi cuerpo se había cubierto de plumas de halcón. Una furia incontenible sacudió mi ser al percatarme de las intenciones de los conjurados. Mi muerte no representaba la desaparición de un simple mortal, sino por el contrario significaba la destrucción del orden universal en la figura de Hor, el Dios halcón heredero del trono de Kemet, a manos de Sutej y sus secuaces para implantar el caos, la injusticia, la mentira, el reino de lo inicuo en el imperio de la maldad. Significaba el reemplazo del Màat por el desorden. Luché por soltarme de mis captores en tanto la sacerdotisa recitaba himnos de alabanza a su Señor de la oscuridad, en medio de la tempestad desatada con un marco de rayos y atronadores rugidos celestiales. Entregó luego el arma consagrada al sacrificio en manos del verdugo que blandiéndola con ambas manos la elevó sobre mi cuello, mientras aún luchaba vanamente por zafar. Aterrado vi por el rabillo del ojo, la mortal silueta metálica descendiendo sobre mí, lanzando un último grito desesperado y agónico.
---- ¡¡ No!!.----
En ese preciso momento desperté con el cuerpo bañado en sudor, temblando de miedo, agotado y jadeante como si hubiese luchado solo contra todo un ejército.
---- ¿Qué te ocurre Shed?.---- preguntó Maya acercándose a mí. Todos en la nave me miraban raro.
---- Si Maya, estoy bien. Solo fue una pesadilla.---- respondí cansado.
---- Te pasaste durmiendo toda la tarde. Levántate, casi llegamos a Buhen.---- dijo ayudándome a levantarme. En aquel momento atribuí la pesadilla a la situación experimentada durante la festividad de la deidad nativa, como producto de mi imaginación exaltada por el sacrificio humano y el carácter canibalesco de algunos actos. Lo que no sospeché entonces, era que la simbología del sueño tenía connotaciones premonitorias de alcances insospechados que de haberse cumplido podrían haber cambiado toda la historia de la época.
El Sol se ponía a espaldas de la impresionante fortificación que se yergue en la orilla occidental, antes de llegar a la segunda catarata situada río arriba.
Cuando llegamos frente a Buhen luego de desembarcar en el puerto, las estrellas se encendieron sobre el horizonte oriental y la fachada de la fortaleza ya se encontraba iluminada por cantidad de grandes antorchas.
Es una obra maestra que combina solidez, elegancia y sobriedad. La ciudad fortaleza de Buhen, es una gran área cuadrangular delimitada por altos muros de ladrillos sobre los cuales, a intervalos regulares, surgen torres cuadradas que en los ángulos del se transforman en macizos torreones. Este conjunto formando la cortina y los bastiones, provistos de almenas y troneras, fue construido durante la Dinastía XII.
Ante la necesidad de proteger la ciudad de los avances Nehesi después de la era de los Hekau-Khasut, se levantó una ronda que precede la base del edificio principal con torrecillas redondeadas, de la mitad de altura a la que se elevan las anteriores, y flanqueantes que lo refuerzan todavía más, con hileras de aspilleras. Explanadas en pendiente bordean este dispositivo, haciendo más fácil la defensa con arco desde los muros. Dos construcciones se destacan en el centro de las fortificaciones hacia el exterior, franqueando glacís y fosos, encuadran la gran puerta que se alcanza a través de un puente levadizo.
El emplazamiento de la construcción era ideal para controlar esta zona del río que es bien navegable, por no presentar los accidentes que muestran otros tramos. Tenía como misión principal interceptar el tránsito de tropas negras, contrabandistas y prófugos que habiendo abandonado la ruta impracticable del Hep-Ur por la ruta terrestre, en el momento en que volvían a ganar el río. También constituye un importante lugar de concentración de tropas y mano de obra negra para la explotación de las minas cercanas a la segunda catarata.
Demás está decir que siendo el asentamiento de la jefatura de esta región, también era sede de una gran administración.
Ingresamos en orden para ser conducidos al interior de la ciudad. Ykkur me comunicó que podría pasar la noche en la fortaleza asistiendo al príncipe en carácter de sirviente junto a otros muchachos, de manera que no despertaría sospechas.
La cena de bienvenida fue servida en el jardín de la residencia del gobernador, a la que asistieron el príncipe los oficiales de alto rango de la flota y el ejército del Alto Hep-Ur.
El personaje descollante de la velada era sin duda el Virrey Kameni que atraía las miradas de todos, por su amaneramiento y vestimenta llamativa. Su obesa figura en la que destacaba la redonda e hinchada cara de luna llena afeitada y embadurnada con cremas femeninas, daba una palidez a sus rasgos que hacía aún más desagradable su aspecto. Parecía una vieja chismosa del harén intentando conquistar a un guardia de palacio, en vez del funcionario que ocupaba el cargo de mayor poder después del Faraón en los territorios más ricos del imperio.
Paseándose entre los sillones de junco con las manos depiladas y cubiertas con grasa de ganso perfumado con esencias florales, movía su delicada túnica con afeminados modales.
---- Mi Señor.---- dijo al Príncipe.---- Me siento muy honrado con vuestra presencia y espero que la estancia de su Alteza en la ciudad le sea del todo placentera. ---- Resultaba tan ridícula la frase del Virrey teniendo en cuenta que el Príncipe se encontraba allí por una campaña guerrera y en circunstancias críticas, que Tutmés ni siquiera le prestó atención.
---- Vayamos al grano.---- expresó dirigiéndose al gobernador Neferkare.---- Necesito que me informe el estado en que se encuentra la situación con los Nehesiu.
---- Con el permiso del Señor Virrey, pondré a su Majestad al tanto de los acontecimientos en Kush.---- dijo Neferkare. Kameni asintió con disgusto.
---- Por lo que sabemos, la sequía en los territorios al Sur de la quinta catarata, provocó una gran hambruna impulsando a los pueblos pastores de la región que migraron hacia el norte. Varias tribus nómadas se aliaron bajo la dirección de un líder carismático que las unió para luchar contra Kemet para devolver la libertad a su pueblo y recuperar el territorio que considera el hogar de sus antepasados. ---- El líder llamado Nabuma es descendiente de una familia nativa de la región de Kush, algunos de cuyos hombres formaron parte del gobierno kushita en época de los reyes Nehesiu aliados de los Hekau-Khasut. Emigró de la región durante las campañas de vuestro abuelo Tutmés I, que asolando Kush obligó a escapar a gran parte de la aristocracia local. Habiendo crecido lejos de su tierra natal despojada de sus riquezas por la dominación de Kemet, Nabuma ha jurado conquistar Uauat y Kush o morir en el intento.
Reuniendo bajo su liderazgo a las tribus desplazadas por nuestro dominio, ha formado un gran ejército, siendo su intención asegurar las zonas mineras de Uauat y Kush, para con sus valiosos recursos y aliado a los príncipes cananeos, expulsar a los ejércitos de la soberana de la tierra Nehesiu.
---- Sus intenciones son peligrosas pero, ¿con qué recursos cuenta para llevar a cabo su plan?.---- preguntó Tutmés.
---- Su punto fuerte es el numeroso ejército que ha logrado en base a su carismática personalidad, convenciendo a los jefes tribales de la posibilidad de éxito, consiguiendo la reunión de más de 10000 hombres bajo su mando a los que se agregan los pastores nómadas del desierto que entusiasmados por las victorias de Nabuma, se suman día a día engrosando sus filas.---- dijo Neferkare.
---- ¿Cómo mantiene un ejército tan numeroso?---- preguntó extrañado y preocupado el príncipe.
---- Están comprando cereal de Retenu pagado con el oro de las minas de la región y el tráfico lo realizan a través del Mar Oriental.---- Respondió el gobernador.
---- ¿Con qué número de efectivos cuentan las guarniciones de la región de la segunda catarata?.---- Inquirió Tutmés.
---- Con los hombres que llegaron bajo su mando suman a los de Buhen, Semna y Kumna, alrededor de 9000 efectivos más los hombres que aún puedan resistir en las cercanías de la tercera catarata.----
---- ¿Con cuántos carros contamos?.---- Preguntó el príncipe.
---- Cinco escuadrones de carros elevan el número a 120 aproximadamente y para la navegación de los tramos navegables contamos con 38 naves pequeñas y rápidas, con una capacidad de 25 hombres cada una.---- respondió.
---- ¿Con cuántos carros cuenta el enemigo?.---- preguntó uno de los generales.
---- Habiendo participado en varios choques con las tropas negras, nunca conté más de 25, por lo que no creo que cuenten con más de 40.--- dijo un alto oficial de Buhen.
---- ¿Y en cuánto a naves?.----
---- Prácticamente no cuentan con naves, de manera que realizan la movilización de las tropas por tierra.---- Dijo un Jefe de naves de Buhen.
---- Resulta claro que nos superan en número y es lógico pensar que pueden ser más de los que calculamos teniendo en cuenta que cuando un movimiento de liberación como el de Nabuma consigue resonantes triunfos militares, no tardan en sumarse otros grupos nómades.---- dijo Tutmés haciendo un paréntesis.---- Debemos confiar en nuestras mejores armas y más numerosos carros y, por supuesto, en la organización de nuestro ejército. Deberemos evitar por todos los medios las batallas campales sabiendo que somos inferiores en número. Avanzaremos por ambas riberas evitando cruzar la costa frente a los torrentes en donde podrían atacarnos por sorpresa empujándonos contra el río. Usaremos las naves pequeñas para movernos rápidamente en los tramos navegables y seguros.
Nuestra destreza con el arco será de suma importancia para ganar la guerra a Nabuma, pues los negros no cuentan con la práctica ni con la calidad de arcos que poseemos. Deberemos actuar como una serpiente, atacando y replegándonos, avanzando muy cautelosamente sin desplegar demasiado nuestras tropas que serían más vulnerables al ataque enemigo si las esparciéramos por un amplio terreno.---- concluyó dándose vuelta hacia el gobernador Neferkare. ----¿Cuál es el límite de avance de las tropas de Nabuma?.----
---- La fortificación de Semna. Aún no han intentado un ataque masivo a las fortificaciones costeras.---- respondió el funcionario.
---- No me explico por qué todavía no lo ha hecho.---- permaneció pensativo por un momento.
---- Tal vez, todavía existan tropas de Kemet sobrevivientes de la fortaleza de Kush que le estén retrasando un avance seguro hacia el norte.---- dijo acertadamente un alto oficial.
---- Tienes mucha razón. Existe la posibilidad de que todavía existan tropas de Kemet retrasando el avance de Nabuma.---- dijo Tutmés. Esto sería de gran ayuda a nuestro progreso en el terreno.---- Reforzaremos la guarnición de Semna con 1000 hombres más y llegaremos hasta allí con las naves de la flota para impedir cualquier intento de los negros de cruzar esa fortificación hacia Buhen.----
---- Pero, Mi Señor, ello implicaría disminuir en casi 1500 hombres más nuestras tropas de avance.---- preguntó preocupado un oficial.
---- Lo sé, pero es fundamental cuidar nuestra espalda y evitar que un ataque importante de las tropas de Nabuma, pudiese cortar nuestros suministros desde Buhen, de los cuales dependemos para sobrevivir.---- respondió Tutmés.
---- ¿Alguna otra pregunta?.---- Inquirió Neferkare.
---- Doy por concluida la reunión. Mañana partiremos al amanecer.---- dijo Tutmés dando a entender que daba por finalizada la velada.
En los próximos días los choques armados se sucedieron repetidas veces pero con una buena estrategia y la superioridad de nuestros arcos compuestos y los
carros, hacíamos estragos en las filas enemigas que contaban en su mayoría con arcos simples de menor alcance. Nuestros expertos aurigas, diezmaban la infantería y los carros de los negros.
Por el contrario en el combate cuerpo a cuerpo la lucha se hacía mucho más pareja y de no ser por la superioridad de nuestro equipo, nos hubiesen vencido en cada batalla.
El valor y la entrega de nuestros enemigos era total. Parecían infatigables y solo se rendían cuando sus corazones dejaban de latir. Los soldados de Kemet comenzaron a llamarles con respeto "Las Panteras de Nabuma".
En el transcurso de dos largos y agotadores meses, perdimos dos enfrentamientos de poca importancia cuando grupos de vanguardia fueron sorprendidos y vencidos, pero el número total de bajas ascendía a más de 2000
hombres; sin embargo, con la casi completa seguridad de que no peligraban las fortificaciones en Semna fueron incorporados a las tropas en avance, nuevos contingentes provenientes de Uauat. Los Nehesiu perdieron durante ese tiempo al menos 4000 hombres y gran parte de carros.
En varios combates habíamos visto al propio Nabuma vestido con pieles de leopardo, brazaletes dorados y tocado con un magnífico casco de plumas, disparar su carro con gran destreza y efectividad. La orden era disparar contra él, para desmoralizar con su muerte a sus tropas que lo veían como a un Dios.
En una oportunidad el carro en que combatía se dio vuelta muriendo su auriga, pero golpeado como estaba se levantó y luchó con bravura.
Las circunstancias hicieron que él y Tutmés no se enfrentaran cara a cara, sin embargo Amenemheb estuvo a punto de morir bajo el poder de la espada del líder negro.
Inteligente, los Nehesi intentaron atacarnos de noche pero Tutmés había previsto grupos de guardia apostados en la oscuridad rodeando el campamento, para dar la alarma con trompetas alertándonos de la presencia del enemigo, de manera que nunca pudieron sorprendernos.
Durante el quinto mes de campaña habíamos alcanzado y consolidado nuestro avance hasta Sesebi, la última localidad de importancia antes de la tercera catarata., antes dé llegar al tramo zigzagueante del río que precede a la vasta extensión que alberga las ricas minas de oro y la importantísima fortaleza de Kush. Mientras permanecíamos en Sesebi noté que el ánimo de Tutmés había cambiado de un día para el otro, de una gran concentración en la guerra durante los días previos, mostrándose en aquel momento meditativo y ausente como si algo muy importante estuviese robando su atención. Cada semana llegaban mensajeros provenientes del Norte con papiros informándolo de la situación en Uauat y Kemet. El cambio de actitud del Príncipe había coincidido llamativamente con la llegada del último mensajero dos días antes. ¿Qué noticias podía contener la última correspondencia que desviara su atención, tanto como para apartarlo de su principal objetivo que era recuperar el territorio más rico del imperio en manos enemigas?, pensé inquieto. No debía ser algo malo referente a Uauat, pues hubiese reunido a los generales para comunicarles, tomando medidas de urgencia.
Aquella noche me acerqué a la tienda de campaña del grupo de custodia en donde se hallaban Amenemheb y Madakh, mientras Ykkur y los otros custodiaban al Príncipe que pasaba la noche en la ciudadela.
Cuando entré subrepticiamente a la tienda, Madakh se encontraba dormido, de manera que interrogué a Amenemheb que aún estaba despierto.
---- Amenemheb, ¿Qué le ocurre al Príncipe que se lo ve tan distante?--- .
---- ¿Qué haces aquí Shed?---- preguntó sorprendido de verme entrar a esas horas de la noche.
---- Quiero que me cuentes que le sucede a Tutmés.---- lo apuré para que me contara.
---- No sé mucho pero te puedo contar lo que escuché decir a Ykkur. ---- hizo una mueca de dolor cuando se acomodó para hablarme al oído de modo que no despertásemos a Madakh.
----¿Aún duele mucho la herida que recibiste el otro día?.----le pregunté al ver que la venda que llevaba alrededor del tórax se veía floja.
---- Así es. ---- respondió. Él estuvo a punto de morir cuando, durante la última contienda resbaló cerca del río cayendo sobre una roca de punta. El dolor lo paralizó quedando a merced de su oponente Nehesi pero un soldado salvó providencialmente su vida al matar de un flechazo al negro.
---- Ya me encuentro mejor.---- dijo moviendo el brazo hacia atrás. Vi su espalda con la mácula del gran hematoma que abarcaba una amplia zona de la piel debajo de su escápula derecha.---- Todavía duele bastante pero como soy zurdo todavía puedo sostener con fuerza la espada con la izquierda para combatir.----
---- ¿Quieres que te vende?.---- le pregunté al ver las vendas en su mano.
---- Te agradezco mucho.---- dijo.
---- ¿Qué te dijo el médico cuando te atendió?.---- pregunté.
---- Puede ser que tenga una o dos costillas rotas pero como ves, no moriré de esto.---- dijo bromeando.
---- Ahora cuéntame que sabes de la preocupación que aqueja a Tutmés.---- pregunté.
---- Dice Ykkur que el papiro en cuestión provenía de Waset y fue enviado por el Heritepàa, contándole que la capital se convirtió en un avispero a causa de un grave incidente en que se encuentra implicado el propio Sumo Sacerdote de Amón.---- respondió.
---- ¿Referido a robo de caudal del Tesoro del Templo?.---- dije especulando.
---- Eso no sería gran noticia; esta vez se trata de un delito del que no podrá escapar fácilmente. ---- No sé bien en qué circunstancias, pero al parecer Hapuseneb mató a alguien y ni Hatshepsut podrá evitar que lo enjuicien.---- respondió Amenemheb.
---- ¿Solo eso me dirás?.---- le reproché amigablemente.
---- No sé mucho más que eso, y por otra parte tampoco me interesa demasiado.
Tu no estás combatiendo en cambio nosotros sí, de modo que lo único que quiero en este momento es recuperar fuerzas para poder enfrentar a esos porfiados nehesiu.---- dijo.
---- Tienes razón, te dejaré dormir. Que descanses bien.---- me despedí.
Salí de la tienda con más curiosidad que antes de entrar. Los pensamientos revoloteaban en mi cabeza como las mariposas en un jardín florido. Trataba de adivinar a quién había asesinado Hapuseneb pero no se me ocurría ninguna razón por la que pudiese cometer semejante estupidez, teniendo todo el respaldo de la reina para mandar a alguno de sus custodios que lo hiciese por él si de alguna manera el clérigo se sentía amenazado o era extorsionado.
Al día siguiente estuve buscando a los otros para que me contasen más detalles en que se vio involucrado Hapuseneb, pero se hallaban con Tutmés ocupado en preparar la estrategia para la reconquista de la fortaleza de Kush, de manera que mi curiosidad tendría que esperar.
Al acercarme a Ykkur llegué silenciosamente pues en el interior de la tienda de Tutmés tenía lugar la reunión para concretar estos planes.
---- Como se habrán dado cuenta.--- Dijo el príncipe.---- En los últimos diez días hemos progresado en territorio de Kush sin encontrar a una sola patrulla negra.
Tomando en consideración el gran número de bajas de los ejércitos nativos que hemos calculado en unos seis mil, en estos cinco meses de campaña me inclino a creer que Nabuma está tratando de concentrar sus fuerzas y arriesgará el todo por el todo, en un ataque final cuando intentemos penetrar en la región de Tumbos que da acceso a las minas de oro.
De vencerlos en esta contienda, pienso que el avance de nuestros ejércitos hasta la cuarta catarata será un mero trámite. Así es que debemos estar atentos para rechazar un ataque masivo de los negros.---- Dijo Tutmés.
Luego de comunicar la estrategia que tenía en mente y de explicar a los jefes de tropa los movimientos tácticos que desplegaría en el terreno, se dispuso continuar la marcha hacia el sur.
Aquel mediodía paramos para descansar bajo el ardiente disco de Ra en la desértica ribera oriental sobre un paisaje estéril y muerto transformado en un caldero hirviente. Engullí mi ración y me dirigí raudamente a la tienda de la custodia para conversar con Ykkur. Lo encontré devorando glotonamente su pan y su cuenco repleto de chícharos.
---- Ykkur, cuéntame que ocurrió con Hapuseneb ---- Le dije ansioso. Terminó de tragar, me miró y con sarcasmo me saludó.
---- Hola Shed, querido amigo. ¿Cómo has estado?. ¿Qué cuentas de nuevo?.---- dijo burlándose de mi curiosidad.
---- Está bien, está bien, te pido disculpas por mi falta de educación debí saludarte antes, lo sé.----- Respiré, hice silencio un instante y comencé de nuevo.---- Hola Ykkur, buen provecho ¿cómo estas? Espero que bien. Ahora cuéntame que ocurrió en Waset ¿por favor, sí?-----
---- Pareces una niña chismosa---- Dijo riéndose de mí. El resto festejó la ocurrencia para luego continuar en sus ocupaciones.
---- ¡Lo que digas, pero cuéntame!----- Hice caso omiso a la comparación. Terminó de tragar su último bocado tras lo cual comenzó a narrarme los hechos acaecidos en la capital.
---- Parece ser...----- se interrumpió para limpiarse la boca con el dorso de la mano.---- que el venerable Hapuseneb ---- dijo irónicamente.---- cometió un muy grave error. Según cuenta el gobernador, todo indica que trató de someter a sus bajos y pervertidos deseos a un jovencito de entre los servidores del templo cuando éste lo asistía durante una de las abluciones rituales del clérigo. El niño trató de resistirse a las intenciones del Sumo Sacerdote que enfurecido lo golpeó provocándole la muerte al caer dentro del lago sagrado y ahogarse.
La historia es más o menos así, al menos así lo cree el Heritepàa.---- expresó Ykkur.
---- ¿No intentaron ocultar el crimen?.---- pregunté.
---- No pudieron ocultarlo por dos razones. Por un lado el muchacho muerto no era un esclavo extranjero, ni un niño sin familia sino el hijo de un noble de la ciudad de Iun-Mut que exige justicia. La otra razón todavía más importante es que existen testigos del crimen.---- respondió.
---- ¿No negaron la responsabilidad de Hapuseneb por muerte accidental?.---- pregunté.
---- La Reina intentará defender la posición del Sumo Sacerdote pero los cargos son muy graves y hay dos muchachos esclavos que presenciaron todo el incidente.---- dijo Ykkur.
---- Pero, ¿qué puede valer la palabra de dos esclavos contra la del Gran Sacerdote de Amón?---- dije desconfiado.
---- El testimonio de los esclavos será respaldado por el sacerdote Puyem`ra que asegura que escuchó cuando el sacerdote ordenaba al joven a desnudarse.---- respondió.
---- Por los cuernos de Amón. ¿Y ahora que pasará?.---- pregunté.
---- Será celebrado un juicio para determinar la responsabilidad de Hapuseneb en la muerte del muchacho y su continuidad o no en el cargo como Sumo Sacerdote de Amón.---- expresó Ykkur.
---- Pero, ¿eso no lo determina la soberana?.---- pregunté extrañado.
---- Justamente, ese es el punto clave de la cuestión. Ese es el tema que ocupa los pensamientos en la mente del Príncipe. Se presenta de manera casual la posibilidad de eliminar del camino al Sumo Sacerdote de Amón que con su oráculo ha venido refrendando durante largos años la usurpación del trono a manos de Hatshepsut, y él se encuentra a una enorme distancia de la capital sin la posibilidad de influir en la destitución de Hapuseneb. La autoridad de la soberana se ha erosionado significativamente en los últimos años, pero Tutmés sabe que nadie enfrentará las decisiones de Hatshepsut sin su presencia como Heredero a la "doble corona".
Este es el momento propicio para desnivelar la balanza del poder en su favor y presionando en el reemplazo de Hapuseneb por el segundo en el escalafón eclesiástico, su amigo de la infancia Menkheperrèseneb, conseguir su coronación legitimada y confirmada por el oráculo de Amón y respaldada en el apoyo de los importantes aliados que ha encontrado este último año.---- concluyó Ykkur.
---- Por supuesto, ahora veo todo claramente. El Príncipe necesita concluir la guerra con Nabuma lo antes posible y retornar a Waset para participar en el juicio a Hapuseneb.----
---- Tú lo has dicho Shed.---- dijo Ykkur.
---- Pero también podría regresar a Waset y dejar a cargo de uno de sus generales el resto de la campaña.---- expresé.
---- Por una parte sería muy riesgoso dejar la responsabilidad en manos de cualquier oficial en el momento crucial de la expedición en el que se disputan
las batallas que decidirán el destino de la guerra. Las tropas confían plenamente en el liderazgo del Príncipe, pero podría decaer la moral o cundir la incertidumbre en las filas si son abandonadas por su conductor.
Tutmés cree que no resta mucho para el final de la contienda y comprende plenamente que el retorno a la capital con la recuperación de los territorios mineros más ricos de la tierra Nehesi elevará mucho más su prestigio, de manera que se arriesgará a perder el juicio para hacer una entrada triunfante en Kemet.---- explicó Ykkur.
---- ¿No existe ninguna manera de aplazar el juicio hasta la llegada de Tutmés?---- pregunté.
---- Teóricamente el soberano tiene la capacidad de decisión total sobre el cargo de Sumo Sacerdote de Amón como Sumo Sacerdote de todos los dioses del País, pero las escabrosas circunstancias que rodean el caso de Hapuseneb con la muerte del hijo de un noble, el intento de violación, la profanación del Templo y la contaminación de las aguas del Lago Sagrado con la sangre de la víctima, llevan el asunto a un ámbito que Hatshepsut no puede manipular a su voluntad impunemente.
Los Sumo Sacerdotes de otros importantes Dioses como Ra, Ptah, Thot, Menu, se opondrán a su permanencia en el cargo, teniendo presente el deterioro de su autoridad y la aberrante conducta de Hapuseneb, sospechado de enriquecerse en desmedro del tesoro de Amón y por sobre todo, su falta de equidad en el reparto de la riqueza entre los cultos de las diferentes deidades a lo largo del país. Los propios clérigos de Amón odian al Sumo Sacerdote porque todos conocen que fue elevado por la reina desde cuarto profeta del Dios hasta la más alta dignidad a que puede aspirar un sacerdote por su carácter venal y corrupto, fraguando los oráculos para satisfacer todos y cada uno de los caprichos de la soberana.---- respondió Ykkur.
---- La reina debe estar furiosa. Seguramente tendrá deseos de despellejar vivo a Hapuseneb que pone en peligro su lugar en el trono por no saber controlar su morbosa sexualidad.
---- Es cierto. En el lugar de la soberana cualquiera desearía arrancarle el pellejo por estúpido.---- Dijo Ykkur mientras se alejaba para ir a revisar su equipo antes de partir.
Poco tiempo después estuvimos de nuevo en marcha hacia el sur. Transcurrieron tres días más sin hallar rastros del enemigo; solo cruzábamos rebaños de ovejas, cabras y ganado vacuno de cuernos largos. Los pobladores
nos miraban con recelo tras el que se ocultaba un profundo temor solo comparable con el odio que despertaba el yugo que imponía Kemet a su tierra.
Se notaba el desprecio en sus rostros comprensible por otra parte teniendo en cuenta que sus recursos eran explotados para la gloria de Amón, el mismo Dios en nombre del cual se mataba a sus guerreros, se esclavizaba a sus hombres, se violaba y sometía a la servidumbre a sus mujeres, se sacrificaban sus rebaños y se asolaba su tierra en cada expedición dirigida a sofocar los levantamientos de una nación castigada con el hambre y la enfermedad, rebajada a la condición de infrahumanos por aquellos que se vanagloriaban de sus Templos y riquezas conseguidos por el saqueo y el robo institucionalizados, en la figura del civilizado pueblo del gran Dios Amón sobre los bárbaros salvajes. Un conocido refrán de mi tierra reza: " Ningún animal merece ser tratado como un esclavo nehesi", tan cruel como injustificado por cierto porque, y lo he comprobado por mi propia experiencia, son leales y sumisos.
No puedo decir lo mismo de los esclavos asiáticos, bastante arrogantes y en ocasiones poco confiables, en especial las mujeres.
El cuarto día emprendimos la marcha con las primeras luces del alba. Con el gran disco de Ra fulgurando sobre el horizonte oriental como un gigantesco espejo de oro y habiendo superado la doble curva del río que precede a la región minera por excelencia, Tutmés de pie, asido de la barandilla de su carro levantó su mano ordenando detenernos. Esperando sin saber qué ocurría Maya se paró sobre una piedra cercana tratando de descubrir cual era el motivo de la demora. Me ubiqué a su lado para poder ver por encima del grueso de las tropas. Sobre la misma ribera se abría una amplia y estéril llanura al final de la cual se observaba una línea oscura sobre el terreno que de oeste a este se extendía cubriendo el desierto desde el río hasta la falda de las colinas orientales. Aquel impresionante enjambre no podía ser otra cosa que el ejército de Nabuma esperándonos para la batalla clave que decidiría el destino de la guerra.
Se me hizo un nudo en la garganta al observar aquella muchedumbre de miles y miles de guerreros dirigida por Nabuma en la contienda que con tanta ansiedad aguardábamos, sabiendo que representaba la cumbre de la expedición y que, quién sobreviviese a ella seguramente volvería sano y salvo a su hogar, pero antes debíamos luchar y vencer a esa ola humana que pronto caería sobre nosotros.
---- ¿Son las tropas de Nabuma?.---- preguntó Maya nervioso sabiendo la respuesta.
---- Son ellos Maya.---- respondí.
No había forma de evitar la batalla campal y no teníamos modo de retroceder pues teníamos a nuestra espalda el recodo del río hacia el norte y el oeste. Estábamos encerrados sin otra posibilidad que combatir.
Calcularon el número de las tropas nehesi en más de 6000 pero realmente resultaba inútil saber su número. Era obvio que nos superaban holgadamente y ni siquiera contando los sirvientes llegábamos a 5000. Las sospechas del príncipe eran correctas pero seguramente no imaginó que Nabuma contase todavía con semejante ejército después de la cantidad de bajas que habían sufrido en los 5 meses de campaña.
---- Los mejores arqueros.---- gritó con voz fuerte y clara.---- Extiéndanse por detrás de los carros en tres líneas, una detrás de la otra.
Cuando la vanguardia enemiga llegue a la distancia de alcance de nuestros arcos, daré la orden y dispararán en sucesión hasta que ordene parar. En ese momento atacaremos con los carros haciendo de punta de lanza y nos seguirá la infantería por detrás.---- exclamó con contenida excitación.
Antes de que terminara su alocución, se levantó en el horizonte una nube de polvo provocada por el paso veloz del enemigo hacia nosotros.
Todos teníamos miedo, pero los sirvientes que nunca habían guerreado estaban aterrorizados cuando se les dieron las armas para combatir; no les quedaba opción pues los nehesi no harían diferencias entre servidores y soldados, y era preferible morir luchando que ser masacrados sin defenderse.
Se me secó la boca de los nervios y me temblaba todo el cuerpo de excitación en tanto que debía secar las palmas de las manos humedecidas por el sudor. Con la espada colgada a un costado, el hacha del otro y tomando mi arco compuesto y el carcaj lleno de flechas, me uní a los arqueros esperando la orden de Tutmés.
Me ubiqué al lado de Maya preparado para disparar las saetas contra los negros que se acercaban velozmente. La tensión era enorme y el nerviosismo se adivinaba en cada rostro inquieto, expectante y concentrado mientras se escuchaba cada vez con mayor estruendo la gritería de las tropas nehesi lanzadas a la carrera sobre nuestra posición.
---- ¡Preparen los arcos!.----. Comenzaron a caer las flechas que lanzaban los negros muy delante de nuestra vanguardia, impulsadas por los débiles arcos simples pero también hubo unas pocas que provenían de arcos más potentes, causando algunas bajas.
--- ¡Apunten!---- Y luego de un instante que me pareció eterno.---- ¡¡Disparen!!.---- gritó Tutmés.
La nube de flechas oscureció por un instante el cielo sobre el campo de batalla.
Las saetas cayendo de lleno sobre la formación enemiga en pleno avance hizo estragos entre las filas nehesi derribadas como pichones de paloma por halcones. Al tropezarse con los propios cuerpos de sus muertos caían y chocaban, siendo víctimas de una nueva andanada de flechas.
Hasta que llegaron al alcance de los arcos simples, perdieron centenares de guerreros tratando vanamente de cubrirse con sus escudos.
Al comenzar a caer sus flechas en mayor cantidad sobre nosotros, aumentaron nuestras bajas haciéndose la contienda más pareja, pero no por mucho tiempo. Tutmés y sus oficiales montados, se lanzaron con furia sobre el centro de la formación nehesi atropellando con los caballos y las ruedas de los carros dividiendo en dos la infantería enemiga ya golpeada duramente por nuestras saetas y ganada por la confusión. Nuestros arcos dejaron de disparar para permitir el combate cuerpo a cuerpo.
A lo lejos distinguí la sobresaliente figura de Nabuma con su capa de piel de leopardo sobre los hombros atacando desde su carro a los primeros hombres de nuestra vanguardia que chocaban con las filas del enemigo. Tutmés se movió en su carro dirigido hábilmente por Madakh buscando el enfrentamiento directo con el líder negro, pero un hormiguero humano de guerreros de ambos bandos los separaba.
No pude ver más, debía proteger mi vida contra la marejada humana que ya llegaba hasta mí. El combate cuerpo a cuerpo se produjo.
Con el escudo en mi mano izquierda y la espada en la derecha, di un alarido y me lancé sobre el primer negro que se me puso delante. El nehesi levantó su hacha al verme correr hacia él pero antes de que pudiera bajarla contra mí, cubriendo mi cuerpo con el escudo, talé su pierna derecha por encima de la rodilla. El grito desgarrador fue ahogado por el ruido de los metales, el relinchar de los caballos, los golpes, quejidos y lamentos. Jamás vi, ni volvería a ver tanta sangre, tanto sufrimiento y muerte como aquel día.
No veía a ninguno de mis compañeros, solo más y más guerreros nehesi que debía matar o ellos me matarían a mí. Uno estuvo muy cerca de conseguirlo.
Con la cara manchada de sangre y el odio en su mirada, se abalanzó sobre mí con su mazo y me asestó un golpe tan violento que a pesar de que lo cubrí con el escudo, lo partió y me derribó haciendo que golpeara mi nuca en el suelo dejándome casi inconsciente. Mareado como estaba traté de incorporarme sin encontrar equilibrio y lo escuché insultarme cuando me hallaba completamente indefenso: "Te abriré el cráneo bastardo norteño". Sin poder levantarme siquiera no me percataba de que era mi fin pero Mont, el Dios guerrero, no quiso que aquel fuese mi último día. Todavía atontado me levanté tambaleante y como por reflejo levanté mi mano pero la espada ya no estaba en ella. Otro empujón me derribó nuevamente y me quedé en el suelo hasta recuperarme. Sacudí mi cabeza hasta despabilarme y me sorprendí al encontrar, al nehesi con el que luchaba, tendido junto a mí con un profundo corte entre el cuello y el hombro por el que se desangraba hasta morir.
Recuperado me paré y blandí mi hacha que aún colgaba de mi cintura para seguir luchando. El enemigo me doblaba en edad pero se movía rápido. Hizo una finta que me engañó haciéndome creer que lanzaría una estocada con la espada y me empujó con su escudo. Me hizo sentir como un estúpido pues era la segunda vez que me derribaban. Me levanté enfurecido y salté como un gato sobre él y al desarmarlo con el topetazo le abrí el cráneo con el hacha dejando manar una tremendo chorro de sangre que me bañó la cara y el pecho.
Tiré con fuerza para sacar el arma de la destrozada cabeza y medí vuelta con rapidez al sentir una presencia detrás de mí.
---- ¡Se están replegando!.---- Era Maya que saltaba de alegría.---- ¡Se están replegando Shed!.----
---- ¡Por Amón Señor de los Dioses!---- exclamé. Totalmente agotado me senté para luego acostarme tratando de recuperar el aliento, con mi corazón latiendo hasta querer reventar. Tenía la boca seca pastosa de tierra y sangre, mi propia sangre que había manado de una herida en mi mandíbula cuando uno de los negros golpeó mi rostro.
Comencé a escupir y terminé vomitando el poco contenido que guardaban mis entrañas. Mis pulmones pedían más y más aire. Maya me decía no sé que cosa acerca de los nehesi que no llegué a comprender. Todavía me sentía algo mareado y sin importarme la razón de porqué se habían retirado los negros solo rogaba que no volviesen pronto. Cuando estuve repuesto me senté, tras de lo cual me levanté vacilante con la ayuda de Maya. Al apoyarme en el suelo con mi mano izquierda percibí un dolor punzante en mi hombro que para aquel momento había comenzado a inflamarse.
---- ¿Qué te ocurre Shed?.---- me preguntó.
---- Creo que me he lesionado el hombro.---- dije soportando el dolor lo más estoicamente que pude. Me sentía completamente pegajoso con la espalda cubierta de arena sucia de sudor. Mi cuerpo se veía terriblemente, despidiendo una mezcla maloliente de sangre, transpiración y vómito. La vista del campo de batalla era espantosa. En donde algunos momentos antes el estruendo de la muchedumbre entregada a la mutua destrucción quebraba el aire entre los gritos y el estruendo de la batalla, en ese intervalo posterior a la contienda el silencio era casi absoluto. Cadáveres por doquier desparramados en una vasta área tapizaban el desierto como una alfombra de muerte y sufrimiento. Debían ser varios miles. Jefes de grupo, guerreros, sirvientes y animales, todos por igual, compartiendo el mismo destino con sus cuerpos sin vida, pudriéndose bajo el sol de mediodía, despanzurrados dejando escapar las vísceras, mutilados, amputados, desmembrados, decapitados, entre el hedor de charcos de sangre, excrementos y orina como un gigantesco banquete para los
carroñeros que ya merodeaban por la zona. Una jauría de hienas corría tras los despojos humanos disputándose los intestinos de algún desdichado, mientras los buitres caían en picada sobre el terreno espantando a picotazos a los pocos chacales que se habían dado sita. El escenario era simple y llanamente desolador. Entre quejidos y lamentos los heridos fueron atendidos por los sanadores asistidos por los sirvientes. Los sobrevivientes por otra parte, no nos veíamos mucho mejor que los muertos.
Nos acercamos hasta la costa en donde había sido reunido el grueso de las tropas. Mientras me aproximaba al río para lavarme y refrescarme, vi que Sai y Madakh llegaban en un carro seguidos a la distancia por el Príncipe e Ykkur en otro.
---- ¿Qué ocurre Maya?.---- pregunté.
---- No lo sé, pero desde la loma vi que los nehesi luego de replegarse, se alejaron hacia el sudeste llevándose a sus heridos.---- dijo.
---- Resulta extraño que abandonasen el combate cuando parecían recuperarse de las pérdidas que le infligimos al comienzo.---- expresé sorprendido.
---- Tal vez trataran de reagruparse para atacar mas tarde.---- dijo sin seguridad.
A medida que avanzaba hacia nosotros, se alzó la soldadesca vitoreando el nombre de Tutmés con una algarabía a la que nos unimos, felices de seguir vivos pero sin saber la razón de tanto júbilo. Estábamos demasiado lejos para ver lo que sucedía. Las tropas se reunieron alrededor del carro de Tutmés alabando su valentía y felicitándolo por la victoria. Me quedé mirando a Maya y él a mí, confundidos. Me abrí paso entre las tropas intentando llegar hasta Tutmés y a poco de llegar hasta él, lo vi treparse a la barandilla del carro, mientras era sostenido de las piernas por Ykkur, para mostrar a las tropas el trofeo conseguido.
Desenvolvió la piel de leopardo, que reconocí enseguida, para exhibir ante la jubilosa multitud la macabra conquista, sosteniendo por los cabellos la cabeza del líder nehesi.
Por una parte me sentía feliz, pues la muerte de Nabuma deificado por su pueblo, era un golpe fatal del que nuestros rivales no se recuperarían, lo que traería aparejada la victoria y el fin de la campaña para el ejército de Kemet. Pero por otra parte me conmovía la muerte de aquel hombre del que admiré la temeridad, el ímpetu, la valentía y la destreza demostrada por Nabuma. Guerrero magnífico que despertaba la admiración de propios y extraños que pudieron verlo combatir, poseía todos los atributos para convertirse en símbolo de libertad de su gente y en el espíritu de rebeldía que motivaba a los sublevados, significando por ello su muerte el final de la guerra.
Durante el resto de la jornada ayudamos a los heridos y enterramos a nuestros muertos tras una breve ceremonia en su honor celebrada por el propio Tutmés.
Al día siguiente en camino hacia la fortificación de Kush, se presentó ante Tutmés una delegación formada por los líderes tribales vestidos en sus atavíos ceremoniales, para someterse formalmente ante el Príncipe, rindiéndole tributo en oro, plata, marfil, incienso, mirra, pieles de leopardo, perfumes y esencias, plumas de avestruz, ganado, etc.
En los próximos días con la necesidad de establecer el orden en lo referente a autoridades, fueron nombrados por Tutmés el nuevo comandante de batallón de Kush, el representante de Kemet como administrador de los territorios entre la segunda y cuarta catarata, a los que delegó a su vez el nombramiento de los Jefes de las guarniciones militares y los funcionarios de las localidades controladas por nativos, mientras que como Virrey de Uauat y Kush prosiguió en su puesto el inofensivo Kameni que a pesar de su persona poco agradable desempeñaba con suma corrección su cargo.
Habiendo finalizado las actividades tendientes a normalizar el control y la explotación de las minas de oro y demás recursos proporcionados por la región, como la obtención de diorita y gneis, y el comercio de ganado, regresamos lo más pronto posible a Kemet.
CAPITULO 13
Después de seis meses de permanencia en los territorios del Sur ansiaba ver a mi familia a la que extrañaba mucho, aunque el regreso significaba también comenzar con la riesgosa tarea de servir de ojos y oídos del Príncipe en el palacio real. Tenía la esperanza de que la Reina asumiera que la situación del país se había escapado de sus manos y que ante la imposibilidad de solucionar los graves problemas que se presentaron en los territorios extranjeros sin la intervención directa del Príncipe, aceptara sino abdicar a favor de él, al menos compartir una parte sustancial del poder real, llegando a establecer una paridad que resultase satisfactoria a las expectativas de Tutmés, más que merecida por otra parte y que a su vez proporcionase a la reina una posición honorable de prestigio justificada por su condición de soberana hasta aquel momento.
De haberse llegado a un estado de equilibrio del poder de esas características me hubiese librado de tan peligrosa misión. Lamentablemente mi optimismo se desvaneció prontamente a nuestro regreso a Waset.
Arribamos a la metrópoli durante el mediodía. A nuestra llegada nos recibió una muchedumbre atareada que ante el avance de la nave insignia interrumpía
sus actividades para vitorear el nombre del Dios Amón y de Tutmés como héroe de la reconquista de Kush en manos de los Nehesi sublevados. Unos pocos también alababan el nombre de la soberana pero pasaron inadvertidos ante la inmensa mayoría que rendía homenaje al príncipe.
Como era de esperar se encontraba en el puerto sólo el director de escribas de la administración central secundado por secretarios de unos pocos funcionarios de la burocracia del ejército de Alto Hep-Ur. La ausencia de la Reina, de altos funcionarios del sacerdocio de Amón o cualesquiera otros personajes y autoridades importantes de las instituciones oficiales, no era de ningún modo casual. Tutmés que ya había sospechado este ardid político de Hatshepsut cuando, después de conocer su victoria, ordenó que la flota del Alto Valle quedara atracada en el puerto de Sunnu, incluida la nave insignia, obligando el retorno del príncipe victorioso en una nave común de la flota, orden a la cual se negó Tutmés aduciendo que si la escuadra debía quedar en el sur por razones que desconocía, el estado de la nave real era excelente como para poder regresar en ella al puerto de Waset. Fue muy claro para todos aquellos que conocíamos el velado enfrentamiento entre la Reina y el Príncipe heredero a la Doble Corona, que Hatshepsut no pensaba ceder ni un dedo de su autoridad, negándose a compartir el poder con Tutmés. El mando que le otorgara para la recuperación de Kush, era obviamente temporal, y logrados los objetivos que la soberana buscaba, es decir el control de la zona minera, le era retirado para que no constituyera una amenaza a su estabilidad en el trono de Kemet.
La intención de Hatshepsut fue minimizar los logros de Tutmés al impedir su regreso al frente de la Flota del Alto Hep-Ur luego de una excepcional campaña que culminó con un triunfo aplastante, la recuperación de las minas y canteras, el líder rebelde muerto, la región pacificada y el compromiso de los jefes tribales de responsabilizarse del control de intentos de alzamientos entre su gente.
El recibimiento del Príncipe con pompa y honores a la cabeza del ejército que dirigió con tan notables éxitos, harían agigantarse las aspiraciones de Tutmés en la mente de la aristocracia del país y en la consideración de los poderosos, que lo verían con buenos ojos como sucesor, a expensas de la figura de Hatshepsut hasta límites peligrosos para su tranquilidad. Por ésta razón no ordenó ningún tipo de festejos ni celebración oficial tratando de que pasara inadvertido el retorno triunfal del Príncipe.
El marco de júbilo a lo largo del viaje hasta Waset y el aclamado ingreso de nuestro navío, el barco insignia, en el puerto de la capital, demostraba que muy a pesar del intento de la soberana, el desempeño brillante de Tutmés como artífice de la victoria sobre los subvertidos Nehesi, era conocido por toda la nación. Mientras Tutmés y los miembros de la custodia eran escoltados hasta el palacio, fui autorizado a regresar a mi hogar y pasar el resto del día con mi familia. Feliz de encontrarlos de nuevo después de tantos meses para compartir mis experiencias con mis seres queridos, transcurrió aquella jornada contándoles los sucesos de la campaña en el sur y escuchando de ellos las novedades habidas en mi ausencia. La única noticia destacable y triste a la vez fue el fallecimiento del viejo escriba Tay un par de meses antes. Había llegado a ganarme su afecto con mi trato respetuoso y cordial, colaborando con él en todo lo que podía, incluso comencé a escribir sus papiros los días en que el dolor provocado por la artritis le impedía todo movimiento de sus manos. Agradecido supo guardar mi secreto y me enseñó a mejorar notablemente mi lectoescritura. Un tiempo antes, sabiendo que su fin estaba cerca, me legó una gran cantidad de papiros con obras poéticas y epopeyas históricas.
Aquejado por su crónica dolencia ósea, su condición le impidió continuar con su tarea luego de mi partida, lo que lo sumió en una profunda depresión al verse postrado y sin poder seguir con la actividad que había desarrollado desde su juventud, perdió las ganas de vivir y simplemente un día no despertó para el total desconsuelo de su anciana esposa.
Al día siguiente me levanté antes del amanecer para volver a mis ocupaciones habituales en el depósito de armas, pero me di con la sorpresa que el depósito de armas de la custodia real y de la guardia del príncipe, fueron reunidas en el mismo arsenal de la guardia de Palacio bajo las órdenes de Sharek el Chambelán, luego de la muerte de Tay.
Según parecía, los planes de Tutmés en cuanto a mi misión de espiar las actividades de los funcionarios reales, para mi pesar, seguía más vigente que nunca y a mí se me había destinado al taller de carpinteros encargado de la reparación y mantenimiento de la carpintería del palacio, que servía de excusa para llevar a cabo las actividades que me había encomendado el príncipe, pues
me daría acceso justificado al interior de la administración, de los aposentos del Harén, incluso de las habitaciones de la soberana.
Esa misma mañana fui llamado a retirar un arcón del cuarto de la guardia personal de Tutmés ordenado por "El servidor de las habitaciones del palacio" a pedido de Ykkur. Al llegar encontré a Madakh y Sai en el cuarto que compartían todos los componentes de la custodia del príncipe. Los saludé al verlos y fuimos al grano.
---- ¿Cómo están las cosas?---- Les pregunté.
---- Un mensajero secreto del gobernador trajo un papiro para el Príncipe en el que Antef le comunicó que lamentablemente las ciudades de la costa de Khinakhny tuvieron que rendirse ante el asedio de los príncipes Cananeos, siendo ejecutados los gobernadores aliados de Kemet incluyendo Joam y sus hijos, mientras que sus familias y los soldados de las guarniciones de Kemet fueron tomados prisioneros.
---- Pero, ¿la Reina no envió refuerzos y no los proveyó de alimentos después de nuestro viaje?.---- Pregunté asombrado.
---- No, Shed. Los abandonó a su suerte aduciendo que no podía ayudarnos por falta de recursos a causa de la sublevación de Kush.--- Respondió Sai.
---- ¿Que dijo el príncipe?.---- pregunté.
---- No pudo ocultar su enojo y le reclamó su indiferencia y la falta de visión estratégica, diciéndole que con las migajas del tesoro de Amón o de su ajuar funerario bastaba para mantener aquellas ciudades-puerto que ahora se transformaban en bases navales enemigas, poniendo en peligro no sólo el comercio de Kemet, sino la seguridad en su frontera Norte. También le espetó que su avaricia y necedad habían ocasionado el derrumbe del Imperio Asiático que había conquistado Tutmés I.---- comentó Madakh.
---- ¿Cómo reaccionó la Reina?.--- Pregunté con curiosidad.
---- Me hubiese gustado ver su rostro, pero la reunión con Tutmés fue a solas en la sala del trono. Sólo se encontraba con ellos Senmut el favorito de la Reina. Nosotros nos hallábamos afuera esperando la salida del príncipe y pudimos escuchar todo lo que dijo. La soberana dio por terminada la reunión sin contestar las invectivas del heredero, pero sabemos por una esclava amiga de Amenemheb que estaba enfurecida cuando abandonó la sala del trono hacia sus aposentos.----
---- Pienso que fue un error que Mi Señor haya desafiado la autoridad de la reina tan abiertamente.--- Dije preocupado.
---- Por el contrario el príncipe cree que es el momento para presionar a la Reina. El hecho de que Hapuseneb se encuentre acusado bajo graves cargos en un proceso judicial, con el resto del clero de Amón en su contra, la jefatura del ejército y la propia administración dividida en sus lealtades, crea las circunstancias ideales para quebrar a la reina en sus pretensiones de seguir ciñendo la Doble Corona, cuando la situación general la ha superado, para abdicar en favor él.---- dijo Madakh.
Tú debes seguir con tu misión como estaba previsto y si puedes averiguar algo a través de los esclavos, hazlo con mucha precaución.---- dijo Sai.
---- ¿Y que hay del juicio a Hapuseneb?.---- pregunté.
---- Al ser juzgado por asesinato e intento de violación y al encontrarse la causa en proceso no puede ejercer como Sumo sacerdote de Amón siendo reemplazado provisionalmente en el cargo por Menkheperre Seneb, el segundo sacerdote de Amón y aliado del Príncipe. El clérigo estuvo tratando de retrasar el comienzo del juicio para que estuviese presente el heredero a su regreso de Kush.---- dijo Sai.
---- ¿La Reina no intentó acelerar el proceso para absolver a Hapuseneb de los cargos, aprovechando la ausencia de Tutmés?.---- pregunté.
---- La situación es tan grave que ante la posibilidad de disturbios ocasionados al exonerar a Hapuseneb de los cargos, Senmut debe haber aconsejado a la Reina aceptar la formación de un concilio y tratar de influir sobre cada uno de los Sumo sacerdotes de los otros cultos para que declaren accidental la muerte del joven sirviente y la profanación del Lago sagrado como una confabulación para perjudicar al máximo sacerdote de Amón.---- dijo Madakh.
---- Menkheperrèseneb cursó pedidos de asistencia para formar el consejo a los Sumo sacerdotes de los cultos de Ptah, Ra, Thot, Sobek y otros, lo que llevó el tiempo suficiente para que el juicio se inicie en los próximos días.
La reina presidirá el mismo y Senmut ocupará el cargo de Visir a causa de que le correspondería a Hapuseneb que en este caso es el propio acusado.
---- ¿Pero y si se lo declara inocente?.---- Le dije.
---- Seguramente tratará de declararlo inocente pero de no conseguirlo Tutmés no cree que se arriesgue a un levantamiento armado por defender a ese estúpido que puso en riesgo su poder.
Por otro lado debería nombrar como sumo sacerdote de Amón a Menkheperrèseneb pero puede negarse a ello, al menos que el príncipe pueda presionarla a que lo haga.
A pesar de que nadie desafió su autoridad durante más de dos décadas tarde o temprano su despotismo y arbitrariedad la llevarían a perder la lucha por el trono. El Príncipe cree que ese momento a llegado.---- dijo Madakh.
---- ¿La Doble Corona es como una breva madura a punto de caer en manos de Tutmés?---- pregunté entusiasmado.
---- La comparación es buena, pero podría agregar que la serpiente que la custodia no la dejará escapar sin dar batalla.---- dijo Madakh.
---- Cuídate mucho Shed y no cometas errores.---- me aconsejó Sai.
Con el tiempo esta advertencia tendría tono profético.
Al abandonar el sitio de descanso de la custodia pasé por las dependencias de atravesando la cocina para visitar a Tausert que hacía largo tiempo que no veía, desde antes del viaje a Biblos más precisamente.
Había transcurrido demasiado tiempo sin disfrutar de la compañía de una mujer. A pesar de lo ocupada que tenía mi mente en las peligrosas tareas que tendría por delante, la tranquilidad de la noche y la soledad de los últimos meses, me hacían extrañar los agradables momentos compartidos con aquella muchacha cuya delicada belleza unida a la tímida inocencia que evidenciaban su juventud, hacía más atractiva su dulce femineidad.
La busqué entre las sirvientes de Palacio hasta que la encontré finalmente recogiendo flores del jardín central junto a las enredaderas que abrazaban las columnas. El sencillo vestido de lino azul claro ceñido a su delgada cintura, dejaba adivinar la armonía de sus formas, en tanto que su ondulado cabello caía en suaves bucles como una brillante cascada negra sobre su esbelto cuello, adornado por un colorido collar de cuentas. Me acerqué sin que me viera, sorprendiéndola con un ramillete de margaritas que compré de una feria cercana.
---- ¡Shed!. Me alegra verte. ¿Cómo has estado?---- preguntó exhibiendo los blancos dientes en su bella sonrisa.
Era hermosa. Los ojos castaños en su mirada inteligente y alegre, se destacaban sobre la nariz respingona y una boca pequeña de carnosos labios. Nunca había ocurrido entre nosotros nada más allá de una tierna amistad, sin embargo sentíamos una fuerte atracción mutua que iba tornando nuestro vínculo hacia una profundización de la relación que quizás mis ausencias retardaron temporalmente. Conversando de cosas triviales, permanecí unos instantes acompañándola antes de retornar a mis ocupaciones, no sin antes robarle la promesa de acompañarme a dar un paseo, aquella noche, a la luz de la Luna.
Concluí mis ocupaciones de aquel día y me acicalé en los baños de la servidumbre. Esperé fuera de palacio a que la jefa de la servidumbre verificara el cumplimiento de sus obligaciones para permitirle abandonar el lugar.
Era una noche cálida de a ratos refrescada por la suave brisa del desierto.
Desde que conocí los alrededores de Waset solía ir a descansar y a veces a practicar escritura lejos de los curiosos en un sitio al este del caserío residencial de los funcionarios en el que existía un hermoso bosquecillo de palmeras enanas, acacias y algunas plantas de olivo, regados por los canales que proveían a los cercanos campos de trigo.
La Diosa Ioh, en casi total plenitud, dimanaba su luminosa energía colmando de claridad las colinas orientales y proyectando sombras sobre las sendas que atravesábamos.
La blancura de su túnica semitransparente mecida por la brisa, otorgaba a su apariencia un carácter etéreo. Tausert era alta y delgada, más delgada quizá de lo que gusta a los hombres de mi tierra, pero el equilibrio de sus formas era más atrayente para mí que el volumen. Su frente alcanzaba la altura de mi barbilla lo que daba idea de su elevada estatura para el promedio de las mujeres de Kemet y con una edad de solo 17 años aún podía seguir creciendo.
Se veía como una estatua de Hathor, la Diosa del amor, de elegante esbeltez provocándome con su delicada hermosura. Al llegar al final del camino rodeados de un paisaje de ensueño que llevaba a su máxima expresión el romanticismo que enmarcaba nuestro encuentro, la tomé de la cintura hasta besarla, saboreando sus labios, embriagado con su perfume, excitado por la tersura de su piel, ebrio del intenso deseo de poseerla y entregarnos al placer. Sentía latir su corazón contra mi pecho, sus pezones erizados de excitación a través de su túnica y su respiración acelerada por el contacto de nuestros cuerpos.
Al intentar acariciar sus pechos interpuso sus manos para impedirlo.
---- ¿Qué ocurre Tausert?. ¿No te agrado?.---- pregunté molesto por ver frustrados mis deseos de hacer el amor.
---- No seas tonto Shed. Sabes que me gustas, de otra manera no hubiese aceptado tu invitación y tampoco te hubiese besado.---- respondió.
---- ¿Entonces por qué no quieres hacer el amor?.---- pregunté todavía irritado.
---- Yo también te deseo, pero aún no conozco varón y quiero que cuando llegue el momento de hacerlo sea con un hombre al que ame y que sienta lo mismo por mí. Muchos son los pretendientes que he rechazado por no comprender mis sentimientos al respecto, porque no aceptan que yo considere el sexo indisolublemente fundido al amor y por un sentimiento profundo inspirado en mi intima convicción de que solo la comunión de nuestros corazones previa a la unión de nuestros cuerpos será bendecida por nuestra señora Hathor de quién soy fiel devota.
De otra manera, ¿en qué nos diferenciaríamos de un rebaño de cabras en celo?.---- preguntó esperando que sus palabras me hicieran recapacitar en mi actitud.
Su apreciación del tema era tan certera y tan justificada su reserva, que sentí que no podía menos que respetar sus sentimientos y aceptar que ella tenía razón, valorando su candor basado en sentimientos tan puros.
Por otra parte no pude evitar sentirme como una bestia salvaje comparado con su particular visión del sexo.
---- Entiendo a lo que te refieres y respetaré tus sentimientos.---- le respondí con toda sinceridad.
---- No esperaba menos de ti. Me agradas desde la primera vez que te vi, pero mi interés por ti aumentó mucho más cuando descubrí tu personalidad amable y gentil con las mujeres.---- me dijo con una dulce sonrisa.
---- ¿Es por ello que has rechazado a Wersu?.---- Pregunté.
---- Ni siquiera me gusta, pero está obsesionado conmigo justamente por eso pues cree que toda mujer debe someterse a sus deseos.
Una vez intentó violarme pero el gigante Ykkur, prometido de mi amiga Binnet, llegó providencialmente para salvarme de él.---- dijo agradecida con mi amigo.---- Ykkur lo golpeó y me libró del ultraje al que quería someterme, pero a pesar de ello no ha dejado de molestarme.----
Sabía bien de quién hablaba. Wersu era un fanfarrón jactancioso, pendenciero y poco inteligente. Algo más bajo que yo de poderosa musculatura que gustaba exhibir y poner en acción contra sus propios subordinados de la guardia real, sobre todo cuando se emborrachaba. Cometía cualquier especie de abusos y transgresiones amparado por su jefe el comandante de la guardia real, el pérfido Khian. Ambos formaban una dupla temible con la que esperaba no tener que enfrentarme. Desde aquella golpiza que le propinó Ykkur los guardias de la reina se cuidaban mucho más de no molestar a las muchachas de la servidumbre; sin embargo la rivalidad entre ambos grupos de custodia era evidente pero por orden de Tutmés y de la propia Hatshepsut no llegaban al enfrentamiento directo, aunque a veces las provocaciones de aquellos eran francamente insoportables.
Khian, personaje mucho más peligroso pues combinaba una gran astucia con igual medida de crueldad, se mostraba siempre controlado y como perro guardián de la Reina, respondía solo a sus órdenes, siendo un mercenario abyecto e inescrupuloso.
Wersu era en sus manos un arma letal ya que encargaba a éste los trabajos sucios conservando para sí la mejor parte de las misiones llevándose la parte más importante del oro con que les pagaba la soberana.
---- No te preocupes pequeña, yo te protegeré.---- le respondí.
Sabía que no era el momento de llamar la atención sobre mí, en una disputa con Wersu por una mujer, pero sentía que era lo correcto. Tausert me atraía ahora mucho más que antes, por lo que no permitiría que ese bastardo le pusiera las manos encima.
Dejamos aquel desagradable tema para continuar hablando de nosotros. Paseamos un buen rato más, riendo y disfrutando de estar juntos el uno con el otro, para finalizar nuestro encuentro en la entrada lateral de las habitaciones de la servidumbre en donde nos despedimos con un beso.
Cuando dejaba el predio de la residencia real a través de los jardines, me pareció ver a nuestro compañero de la guardia, Shomu, abrazado con alguien a quien no pude individualizar, amparados en la oscuridad debajo de los sauces como buscando intimidad, razón por la cual me alejé sin ser visto respetando su privacidad en lo que supuse un encuentro amoroso prohibido, con alguna mujer de la Corte, situación nada infrecuente en el ambiente de Palacio. Conociendo la personalidad reservada de Shomu y el hecho de que no existía amistad entre nosotros, no pensé en mencionarle que lo había visto ni preguntarle por aquella secreta relación.
Por aquellos días, habiendo arribado a la capital los clérigos citados para formar parte del jurado en el proceso judicial al Sumo Pontífice del culto de Amón, se completaba el número de 14 miembros que juzgarían la responsabilidad del acusado en el incidente en que murió un joven servidor del Templo.
El juicio al Sumo Sacerdote de Amón había despertado un notable interés en todo el país y por sobre todo en la capital, debido al hecho de Hapuseneb, también ostentaba el cargo de Tjat, (nombre que en Kemet damos al funcionario que cumple las obligaciones del Visir en otros reinos.) por lo que su resultado tendría serias implicancias tanto desde el punto de vista religioso como político y consecuencias en el orden administrativo.
Formaban el Alto Tribunal 6 Sumo Sacerdotes de los cultos de, Ptah, Ra, Sobek, Mont, Thot y por supuesto el Segundo Sacerdote de Amón, Menkheperrèseneb, en aquel momento ocupando la más alta dignidad hasta que se conociese el veredicto final.
Las autoridades no eclesiásticas eran, Ay el Tesorero, Senmut gran Director de Obras y favorito de la Reina, Qau Director de los graneros del Alto y Bajo Kemet, Khonsunefer gobernador de Waset y Kem el canciller representantes de la administración del estado.
El Comandante de las tropas del Alto y Bajo Kemet, Udimu representaba al ejército, Tutmés como Heredero al Trono y presidiendo el Jurado, como no podía ser de otra manera, la soberana Hatshepsut, completaban el número.
El curso del proceso transcurriría entre dos bandos claramente definidos. Como hombres del clero que habían asumido sus cargos después de muchos años al servicio de sus Dioses, guardando el orden de antigüedad que los legitimaba en sus respectivos ministerios, no simpatizaban de ningún modo con el inmerecido nombramiento de Hapuseneb basado solo en su incondicional apoyo a la reina, su corrupto proceder y su falta de escrúpulos. Por otro lado los rumores acerca de sus desviadas apetencias sexuales se venían propagando desde mucho tiempo atrás y ya pocos clérigos creían en su inocencia. La fortuna y poder acumulados en poco tiempo lo hacían más sospechoso de actuar indecorosamente, sumado al incremento constante de sus posesiones relacionado al deshonesto manejo del Tesoro en connivencia con el Tesorero Ay. Si a todo ello agregamos la desigual administración de recursos destinados a los diferentes Cultos y Templos del país, a favor del Templo de Amón en Waset y en desmedro del resto, se podía estar seguro que los funcionarios eclesiásticos estarían en contra de Hapuseneb. Ni siquiera el Sumo Sacerdote de Mennufer, acérrimo partidario de la reina, disculparía una conducta deplorable y delitos tan infames de parte de un clérigo de tanta importancia.
En el otro bando se encontraban los funcionarios reales, lacayos incondicionales de la soberana bajo su total control, al igual que el decrépito Udimu el comandante de los Ejércitos de Kemet. Senmut por otro lado era mucho más que un ministro; de largo tiempo atrás era amante de Hatshepsut por todos conocido, y que por lo tanto tenía sobrados motivos para favorecer a Hapuseneb, teniendo presente la importancia de que el Sumo profeta de Amón continuase respaldando con sus oráculos el reinado de su amada.
Las sesiones se llevaron a cabo en el edificio del Kenbet, consejo de justicia, parte de la administración y alejado unas calles de la residencia real a donde el populacho ocioso no había tardado en llegar.
Asistieron la familia del joven fallecido, autoridades de la provincia y personalidades de la aristocracia local.
Desde las puertas y ventanas que daban al exterior, pude escuchar las alternativas del proceso apretujado entre la chusma que se había dado sita, curiosa por enterarse de los hechos que habían causado tantos comentarios y especulaciones, entre los cuales había versiones contradictorias de los trágicos acontecimientos.
Hapuseneb con su redonda cara de luna lampiña, la calva sacerdotal perfectamente rasurada, excesivamente maquillado y vestido con una inmaculada túnica blanca del lino más perfecto y suave, luciendo valiosas joyas de exquisita factura que rivalizaban en opulencia con las de la propia soberana, lucía una tranquilidad digna de quien se sabe inocente o de aquel que siendo culpable, descansa sus temores en la impunidad que alcanzarán sus faltas, amparado en su alta dignidad y el poder que le brinda su cargo.
El juicio comenzó con la acusación del padre del joven fallecido en contra de Hapuseneb. Raneb era un noble de importancia de la ciudad de Iun-mut miembro de una gran familia de la provincia y amigo del Sumo Sacerdote de Mont que formaba parte del tribunal.
---- Yo, Raneb, hijo de Khamuese de la ciudad de Iun-mut, presento querella de acusación contra el Sumo Sacerdote de Amón, por el asesinato de mi hijo Hapy durante sus tareas como novicio sirviente del acusado, en el Templo de nuestro amado Amón de Waset. A este honorable tribunal presidido por mi Neter nefer, la bien amada Hija de Amón, nuestra soberana Hatshepsut, solicito se haga justicia contra el culpable de la muerte de mi joven vástago.---- Expresó el padre notablemente conmovido.
El resto de aquella mañana fue escuchada la versión de los hechos de boca del propio Hapuseneb que distorsionando los acontecimientos aparecía como inocente víctima de una confabulación tramada por sus enemigos que aprovechando el desgraciado accidente del novicio, no dudaron en utilizarlo para inculparlo como autor de un crimen que no fue tal. En cuanto a las sospechas de pederastia que se levantaban contra él, las adjudicó a calumniosos rumores despertados por su carácter cariñoso para con los sirvientes que lo asistían. En la reanudación del proceso durante la tarde del mismo día, el heraldo del tribual, anunció la entrada de los esclavos que se hallaban presentes en el momento del incidente que terminó con la muerte de Hapy, como testigos directos de los hechos.
Ingresaron a la sala dos jóvenes eunucos de no más de doce o trece años, parecían niñas en su caminar y en la manera de conducirse.
Uno era blanco y de cabellos castaños claros y lacios con aspecto de Medyau, mientras que el otro tenía piel trigueña, cabello ensortijado negro, ambos con una corta melena hasta los hombros.
Se los veía nerviosos y asustados.
El heraldo recitó las palabras de advertencia "deben testimoniar los hechos sobre los que serán interrogados, permitiendo que vuestros labios, solo pronuncien la verdad en la pureza del Maat, pues de lo contrario, si se los encuentra culpables de perjurio serán condenados a muerte y vuestros Ka encontrarán la aniquilación eterna ante el Amado Asar".
---- Presentaos al honorable jurado.---- sentenció el Heraldo a los jóvenes eunucos.
---- Me llamo Nebmertuf y soy esclavo del templo de Amón.----- dijo el joven blanco.
---- Yo soy Kem y también soy esclavo del templo de Amón.--- dijo el otro.
Pidiendo autorización el sacerdote de Mont interrogó a los testigos.
---- Esclavo Nebmertuf cuéntanos en donde se hallaban y qué pasó aquel día.--- Dijo el clérigo.
---- Nos encontrábamos junto a otros esclavos y algunos sirvientes más, al servicio de nuestro Señor el Sumo Sacerdote Hapuseneb asistiéndolo en su baño ritual, junto al Gran Lago Sagrado del templo antes de la caída del sol.---- dijo con voz nerviosa.
---- ¿Estaba el sumo sacerdote sumergido en el Lago?.---- Preguntó el sacerdote de Ra, tratando de aclarar la situación.
---- Así es mi señor.---- dijo el joven Nebmertuf.
---- ¿Hapy se encontraba en esos momentos con ustedes.?---- Volvió a preguntar el clérigo.
---- Así es mi señor.---- Respondió ahora el joven Kem.
La respuesta del joven levantó murmullos en el recinto. El acto de contaminar las Sagradas Aguas con la impureza corporal, aunque fuese el Sumo Sacerdote o el mismo Faraón, constituía un flagrante sacrilegio. El baño ritual debía llevarse a cabo junto al Lago extrayendo el bendito líquido por medio de jarrones consagrados de alabastro, los que se utilizaban para limpiar el cuerpo de los sacerdotes durante la ceremonia de purificación.
---- ¿Ésta situación de concretar el baño ritual dentro mismo del Lago Sagrado, ---- dijo Menkheperrèseneb remarcando con indignación el carácter Sagrado del lugar profanado.---- fue algo ocasional o lo hacía habitualmente?.---- preguntó el clérigo tratando de destacar la gravedad del delito.
---- El Sumo Sacerdote lleva más de un año celebrando de esta forma su purificación ritual.---- respondió Kem.
La respuesta despertó nuevos comentarios y gestos de reprobación de los presentes.
---- ¡Eso es una infamia!.---- gritó Hapuseneb.---- ¡Jamás cometí faltas en mi Ministerio y menos de ese tipo!.----
El acusado había perdido su aplomo inicial y comenzaba a sudar.
---- ¿Y que hacían ustedes allí mientras el acusado se bañaba?.---- preguntó Tutmés.
---- Yo me encontraba al borde del Lago sosteniendo las vestiduras de mi Señor, otro sostenía sus sandalias, Kem preparaba la bata para que se secara y un cuarto cuidaba las joyas, mientras que otros tres, entre los que se encontraba el novicio sirviente Hapy, frotaban la espalda, hombros y el cuello del Sumo Sacerdote.---- Dijo con voz aflautada el joven Nebmertuf.
Hatshepsut escuchaba atentamente y en silencio con semblante de preocupación.
---- ¿Qué ocurrió luego?.----- Preguntó Tutmés.
---- Mi Señor se dio vuelta hacia nosotros y tomó la mano de Hapy besándola suavemente.---- Dijo Kem.
---- ¿ Qué hizo Hapy?.---- Preguntó de nuevo Menkheperrèseneb.
---- Retiró su mano contrariado como avergonzado y siguió frotando los hombros del Sumo Sacerdote.---- Dijo el mismo muchacho.
---- ¿Era común este tipo de actitudes de parte del Sumo Sacerdote hacia esclavos y sirvientes?. Me refiero a besarlos.---- Inquirió el clérigo de Sobek.
---- Así es mi Señor. Suele acariciarnos y besarnos.---- Contestó Nebmertuf.
---- ¿De modo paternal?.---- preguntó Tutmés.
---- No siempre. De acuerdo a su estado de ánimo.---- contestó el muchacho.
---- ¿A qué te refieres con que depende de su estado de ánimo?.---- preguntó el Sumo Sacerdote de Ra.
---- Que en ciertas ocasiones son simples demostraciones de afecto pero en otras, nos da a entender que desea nuestra compañía.---- Dijo el eunuco.
---- Te pido que seas más concreto en tu respuesta.---- preguntó Menkheperrèseneb.---- ¿ A qué te refieres con compañía?.---- ante la vacilación de los esclavos que se miraban entre sí el clérigo los conminó a responder.---- Respondan.----
---- Compañía sexual.---- dijo Kem más decidido.---- Cuando quiere mantener relaciones sexuales con nosotros.---- respondió.
Los miembros del Jurado se miraban entre sí, en tanto la sala se había convertido en un murmullo generalizado de críticas y comentarios.
---- ¡Son viles calumnias mi Señora!. Esos muchachos insolentes están mintiendo para perjudicarme.---- Hatshepsut no quería mirarlo. Ella sabía que los jóvenes no mentían pues conocía las aberrantes actividades sexuales de Hapuseneb desde muchos años atrás y a través del conocimiento de ese secreto dominaba al clérigo, que jamás la traicionaría, ni pondría objeción a cualquier exceso en el uso del Tesoro del Templo.
---- ¡Silencio!.---- ordenó el heraldo acallando el bullicio de la concurrencia.
----¿Y por qué crees que Hapy se puso incómodo ante el beso del acusado, si era común este tipo de actitudes de parte de él?.---- Preguntó nuevamente el sacerdote de Sobek.
---- Hapy era un servidor de los más jóvenes y recién llegado al templo de Amón. Ingresó sólo un mes antes de su muerte. De modo que no conocía el trato que nos daba mi señor Hapuseneb.--- Contestó Nebmertuf.
Los partidarios de Hatshepsut escuchaban sin preguntar nada, como meros testigos del interrogatorio.
---- ¿Existió algún tipo de contacto físico entre el novicio y el acusado anteriormente?.---- Inquirió Menkheperrèseneb, asombrando a la reina quien no pensó que el segundo sacerdote de Amón buscaría profundizar en tal escabroso tema para complicar la situación de quien fuera su superior.
---- No mi señor. Al menos ninguno que nosotros conociésemos.----. Respondió el esclavo.
---- Cuéntanos sobre la forma en que tenían lugar esos contactos sexuales con el Sumo Sacerdote.---- solicitó Tutmés para hundir más a Hapuseneb que se veía muy perturbado por la situación en que se encontraba.
---- Después de su baño ritual acostumbrábamos acompañar a mi Señor Hapuseneb a sus habitaciones para perfumar y ungir su cuerpo con aceites y ungüentos, otros atendían las manos y los pies cortando y limpiando sus uñas.
Frecuentemente es servido un banquete con grandes bandejas colmadas de alimentos que mi Señor consume, al tiempo que el resto lo asiste afeitándolo o vistiéndolo con sus de las delicadas prendas y finas joyas al son de instrumentos musicales como arpas, sistros y flautas, de bellas piezas interpretadas por los músicos.
Durante el ritual de unción del Sumo Sacerdote era frecuente que su pene se pusiera erecto y duro, excitado por el masaje que nos obligaba a darle en el miembro. Luego de ello, ordenaba el retiro de todos los sirvientes, salvo de aquellos dos o tres jóvenes que elegía aquel día para satisfacer sus deseos sexuales, que comprenden desde masturbarlo, hasta ser montados por él o a la inversa.---- Dijo Kem.
----¡Mi Amada Soberana, no crea tan aborrecibles mentiras!. ¡Son un par de embusteros influidos por alguien que trata de perjudicarme!.---- Expresó Hapuseneb desencajado al verse cada vez más comprometido.
La reina con semblante disgustado ni siquiera se volvió para mirarlo.
---- En este momento se busca llegar a la verdad acerca de la muerte del joven
novicio, no se juzga la conducta sexual del Sumo sacerdote.---- dijo Hatshepsut tratando de desviar la atención del jurado.
Se hizo un silencio incómodo ante la escena vergonzosamente morbosa que había descrito el eunuco, a pesar de las intenciones de la Reina.
---- ¿Había sometido sexualmente a Hapy el acusado en alguna oportunidad?.---- Preguntó el sacerdote de Ptah.
---- No, mi señor. La única vez que había ordenado a Hapy quedarse para satisfacerlo sexualmente, el muchacho se negó respetuosamente.---- Respondió.
---- ¿Lo golpeó por ello el acusado?.---- Volvió a preguntar.
---- No. Pero se notaba su enfado y descargó su enojo sobre los otros muchachos elegidos, sometiéndolos con violencia.---- Respondió.
---- ¿Los sirvientes son todos eunucos?.---- Preguntó el clérigo de Thot. ---- La mayoría, mi señor, pero no todos. Hapy no había sido castrado.---- Dijo Nebmertuf.
---- ¿Eran golpeados por el acusado?.---- Pregunto Tutmés.
---- Normalmente no, salvo cuando se veía frustrado en sus deseos como fue aquel día que Hapy se negó a satisfacerlo.---- Dijo.
---- ¿Había sometido sexualmente a algún sirviente en el propio Lago?.---- Inquirió Menkheperre.
---- Sí, mi señor. En una oportunidad montó a uno de mis compañeros luego de ordenarle que se introdujera en el propio Lago Sagrado delante de todos los demás sirvientes.---- Volvió a responder. Cada nueva respuesta de los eunucos reavivaba cuchicheos y comentarios solapados a raíz del deplorable comportamiento del clérigo profanando el Santo lugar.
Se notaba la completa reprobación de los presentes contra los actos del Sumo Sacerdote, incluido el tribunal entre los que se contaban algunos partidarios de la Reina.
La mirada perdida de Hatshepsut evidenciaba su preocupación, como si se sintiese impotente para sacar a su protegido de tamaño escándalo que la afectaría directamente.
---- Ahora muchacho.---- Dijo Menkheperre dirigiéndose a Nebmertuf.---- Dinos que pasó exactamente aquella tarde de la muerte de Hapy.---- Continuó preguntando.
---- Como todas las tardes antes de la puesta del sol, estábamos asistiendo a nuestro Señor Hapuseneb, en su baño ritual en el Lago Sagrado. Mi señor pidió a Hapy que se acercara hacia el borde del largo para higienizarlo junto con los otros siervos encargados de esa tarea.
Hasta aquel momento Hapy estuvo sosteniendo la ropa que el clérigo se había quitado para entrar al Lago, tratando de evitar las cercanías del Sumo Sacerdote durante el ritual de purificación. Sin atreverse a negarle su servicio, Hapy se acercó y ayudó a lavar con hojas de palma y agua la espalda de mi señor. Fue en aquel momento en el que Hapuseneb se dio vuelta y besó la mano de Hapy. El niño siguió con su tarea, nervioso, seguramente pensando en que el clérigo lo pretendía sexualmente otra vez. Un momento después el Sumo Sacerdote se volvió hacia él y le ordenó que se sacara el taparrabo para introducirse en el Lago con él. El niño quedó paralizado junto al borde, pero con decisión se negó a cumplir la orden. Notamos que nuestro Amo volvió a irritarse pero conteniendo su ira, repitió a Hapy que tomara su mano y entrase con él en el agua. Cuando Hapy volvió a negarse, nos gritó ordenándonos salir de allí y que los dejásemos solos para esperarlo en sus aposentos.
Su rostro denotaba un disgusto que pocas veces demostró. El término correcto para describir su estado de ánimo, sería furioso.
Salió del Lago desnudo como estaba, con su pene erecto, acercándose a donde se encontraba Hapy que temeroso había caminado unos pasos alejándose del clérigo. Nosotros nos retiramos, pero mi curiosidad me llevó a voltear para ver qué ocurría. Cuando ya sal&iac