CAPITULO 12

"Un extraña pesadilla en el país de Nabuma."

Al día siguiente luego de zarpar, me dormía en la cubierta de la nave después de pasar las pocas horas de la madrugada sin poder conciliar el sueño con la visión del sacrificio todavía en mi mente, atormentado por el recuerdo que quedaría marcado a fuego en mi memoria. Durante el viaje evité por todos los medios, hacer comentarios al respecto respondiendo escuetamente sobre mi parecer a cerca de la ceremonia, sin mencionar los pasajes repugnantes y bestiales de la misma. Hay en el carácter de los seres humanos cierta tendencia morbosa que nos incita a conocer cosas francamente desagradables, siendo casi inevitable resistirse al deseo de satisfacer la curiosidad, de modo que oculté los detalles que podrían hacer que Maya y los otros compañeros de viaje, me interrogaran haciéndome revivir las terribles imágenes que se negaban a abandonar mis retinas, que surgían una y otra vez en mi mente y que intenté borrar inútilmente distrayéndome en mis tareas.

Al concluir las mismas, me senté a estribor a descansar, observando la geografía de la costa occidental. La monotonía del paisaje, el agobiante calor y la intensidad de la luz solar sumados al desvelo de la noche anterior provocaron que me invadiera un sopor profundo hasta quedar completamente dormido. Sufrí una espantosa pesadilla que en aquel momento relacioné inmediatamente con los hechos de la noche pasada.

En el sueño me sentía como de 8 o 9 años y me hallaba vestido con una blanca túnica ceremonial, ingresando durante el crepúsculo a través del patio peristilo del templo de Amón-Ra. Me encontraba en el interior del recinto sagrado a donde solo pueden acceder los sacerdotes del Dios y el Faraón como Sumo sacerdote. Los últimos fulgores del Disco Sagrado eran demasiado débiles para llenar con sus destellos el interior de la sala hipóstila, iluminada por lámparas y antorchas cuyas amarillentas flamas, desprendiendo un fino hilo de humo que se transformaba en frágiles volutas en su ascenso, daban un aspecto tenebroso al lugar bañado en sombras proyectadas por los gigantes de roca que sostenían el cielo pétreo.

La espectacular cubierta del templo se veía como el vientre de Nut, brillante de luces, abriendo el infinito inconmensurable en el espacio inundado por el mar de aire saturado del perfume de mirra ardiendo en los incensarios y aumentando la impresión de intemporal eternidad.

Al caminar hacia el "Sancta Sanctorum", descubrí flanqueando el corredor central entre las columnas, gran cantidad de personajes vestidos con los atuendos sacerdotales del clero de Amón utilizados durante la festividad del Dios pero extrañamente, cubiertos sus rostros con máscaras representando al Dios chacal Anup, guardador del portal hacia el Am-Duat, el mundo de ultratumba.

Con los brazos cruzados sobre el pecho en igual posición en que se representa al Dios Asar momificado, portaban en una mano el instrumento utilizado para el rito de apertura de la boca del difunto y en la otra una espada que no reconocí como propia de Kemet.

Un oscuro presagio agitó mi espíritu presintiendo el peligro. Dos de ellos se aproximaron a mí, acompañando mi marcha a través del corredor. Mi corazón comenzó a galopar dentro de mi pecho como un potro desbocado y mi respiración se tornó más rápida y superficial, sintiendo que me faltaba el aire al no poder llenar con él mis pulmones.

A medida que transitaba, el corredor parecía prolongarse más y más, flanqueado por infinito número de columnas. Sorprendido por el mágico cambio, percibí un súbito reblandecimiento del piso del templo bajo mis pies. Al bajar la vista quedé estupefacto al comprobar que el suelo de piedra se había transformado en arena.

Al mirar al frente nuevamente di un respingo al comprobar que todo cambiaba a mí alrededor. Estupefacto advertí que me encontraba rodeado por enormes paredes de roca que habían reemplazado a las columnas; el templo se esfumó como un espejismo y el sitio en que me hallaba era aparentemente un torrente seco en pleno desierto, cuya escarpadura se veía iluminada por grandes hogueras azotadas por el viento. Sentí frío y me di cuenta de que, despojado de mi atuendo, estaba completamente desnudo. Inútilmente intenté moverme sin siquiera aflojar las cuerdas con las que fui amarrado. Al mirar a los sacerdotes a mi lado, noté para mi desesperación que las máscaras de Anup, se habían convertido en las espantosas facciones de los demonios del desierto secuaces del maléfico Sutej, el destructor. Traté de gritar para pedir ayuda pero me fue imposible emitir sonido alguno y aunque Quise soltarme pero no encontré fuerzas en mi cuerpo para lograrlo. Empeorando mi situación me percaté que al final de la senda de hogueras al fondo de la avenida, se alzaba un lúgubre altar dominado en su parte superior por una gigantesca imagen, tallada en la propia pared rocosa, del Dios Sutej con su abominable aspecto de monstruoso engendro mezcla de antílope con dientes de hipopótamo, malignos ojos de lebrel y cuerpo de hiena, que cobrando vida dirigió su mirada hacia mí en una macabra sonrisa tras lo cual lanzó una malévola carcajada que retumbó en todo el desierto con el estruendo de mil truenos, impulsando el fétido aliento proveniente de sus entrañas como el nauseabundo olor de un cadáver en estado de putrefacción.

En aquel preciso instante el cielo cubierto de nubes se quebró en un relámpago que lo atravesó de occidente a oriente, con un estallido ensordecedor.

La puerta bajo el altar de Sutej se abrió, dando paso a tres figuras con atuendos rituales y sus rostros cubiertos como el resto, el primero de los cuales era secundado por los otros dos. Dicho personaje ataviado con una rica túnica bordada con hilos de oro, portaba un pectoral, collares, brazaletes y anillos de oro incrustado en piedras preciosas. Sus delicadas manos, su estatura más pequeña y la forma corporal, evidenciaban que se trataba de una mujer y por

la riqueza de sus vestiduras y ornamentos, no podía ser sino la soberana Hatshepsut.

Me sentía totalmente indefenso y a su merced, pero recién comprendí por qué fui elegido para el sacrificio, cuando descubrí que mi cuerpo se había cubierto de plumas de halcón. Una furia incontenible sacudió mi ser al percatarme de las intenciones de los conjurados. Mi muerte no representaba la desaparición de un simple mortal, sino por el contrario significaba la destrucción del orden universal en la figura de Hor, el Dios halcón heredero del trono de Kemet, a manos de Sutej y sus secuaces para implantar el caos, la injusticia, la mentira, el reino de lo inicuo en el imperio de la maldad. Significaba el reemplazo del Màat por el desorden. Luché por soltarme de mis captores en tanto la sacerdotisa recitaba himnos de alabanza a su Señor de la oscuridad, en medio de la tempestad desatada con un marco de rayos y atronadores rugidos celestiales. Entregó luego el arma consagrada al sacrificio en manos del verdugo que blandiéndola con ambas manos la elevó sobre mi cuello, mientras aún luchaba vanamente por zafar. Aterrado vi por el rabillo del ojo, la mortal silueta metálica descendiendo sobre mí, lanzando un último grito desesperado y agónico.

---- ¡¡ No!!.----

En ese preciso momento desperté con el cuerpo bañado en sudor, temblando de miedo, agotado y jadeante como si hubiese luchado solo contra todo un ejército.

---- ¿Qué te ocurre Shed?.---- preguntó Maya acercándose a mí. Todos en la nave me miraban raro.

---- Si Maya, estoy bien. Solo fue una pesadilla.---- respondí cansado.

---- Te pasaste durmiendo toda la tarde. Levántate, casi llegamos a Buhen.---- dijo ayudándome a levantarme. En aquel momento atribuí la pesadilla a la situación experimentada durante la festividad de la deidad nativa, como producto de mi imaginación exaltada por el sacrificio humano y el carácter canibalesco de algunos actos. Lo que no sospeché entonces, era que la simbología del sueño tenía connotaciones premonitorias de alcances insospechados que de haberse cumplido podrían haber cambiado toda la historia de la época.

El Sol se ponía a espaldas de la impresionante fortificación que se yergue en la orilla occidental, antes de llegar a la segunda catarata situada río arriba.

Cuando llegamos frente a Buhen luego de desembarcar en el puerto, las estrellas se encendieron sobre el horizonte oriental y la fachada de la fortaleza ya se encontraba iluminada por cantidad de grandes antorchas.

Es una obra maestra que combina solidez, elegancia y sobriedad. La ciudad fortaleza de Buhen, es una gran área cuadrangular delimitada por altos muros de ladrillos sobre los cuales, a intervalos regulares, surgen torres cuadradas que en los ángulos del se transforman en macizos torreones. Este conjunto formando la cortina y los bastiones, provistos de almenas y troneras, fue construido durante la Dinastía XII.

Ante la necesidad de proteger la ciudad de los avances Nehesi después de la era de los Hekau-Khasut, se levantó una ronda que precede la base del edificio principal con torrecillas redondeadas, de la mitad de altura a la que se elevan las anteriores, y flanqueantes que lo refuerzan todavía más, con hileras de aspilleras. Explanadas en pendiente bordean este dispositivo, haciendo más fácil la defensa con arco desde los muros. Dos construcciones se destacan en el centro de las fortificaciones hacia el exterior, franqueando glacís y fosos, encuadran la gran puerta que se alcanza a través de un puente levadizo.

El emplazamiento de la construcción era ideal para controlar esta zona del río que es bien navegable, por no presentar los accidentes que muestran otros tramos. Tenía como misión principal interceptar el tránsito de tropas negras, contrabandistas y prófugos que habiendo abandonado la ruta impracticable del Hep-Ur por la ruta terrestre, en el momento en que volvían a ganar el río. También constituye un importante lugar de concentración de tropas y mano de obra negra para la explotación de las minas cercanas a la segunda catarata.

Demás está decir que siendo el asentamiento de la jefatura de esta región, también era sede de una gran administración.

Ingresamos en orden para ser conducidos al interior de la ciudad. Ykkur me comunicó que podría pasar la noche en la fortaleza asistiendo al príncipe en carácter de sirviente junto a otros muchachos, de manera que no despertaría sospechas.

La cena de bienvenida fue servida en el jardín de la residencia del gobernador, a la que asistieron el príncipe los oficiales de alto rango de la flota y el ejército del Alto Hep-Ur.

El personaje descollante de la velada era sin duda el Virrey Kameni que atraía las miradas de todos, por su amaneramiento y vestimenta llamativa. Su obesa figura en la que destacaba la redonda e hinchada cara de luna llena afeitada y embadurnada con cremas femeninas, daba una palidez a sus rasgos que hacía aún más desagradable su aspecto. Parecía una vieja chismosa del harén intentando conquistar a un guardia de palacio, en vez del funcionario que ocupaba el cargo de mayor poder después del Faraón en los territorios más ricos del imperio.

Paseándose entre los sillones de junco con las manos depiladas y cubiertas con grasa de ganso perfumado con esencias florales, movía su delicada túnica con afeminados modales.

---- Mi Señor.---- dijo al Príncipe.---- Me siento muy honrado con vuestra presencia y espero que la estancia de su Alteza en la ciudad le sea del todo placentera. ---- Resultaba tan ridícula la frase del Virrey teniendo en cuenta que el Príncipe se encontraba allí por una campaña guerrera y en circunstancias críticas, que Tutmés ni siquiera le prestó atención.

---- Vayamos al grano.---- expresó dirigiéndose al gobernador Neferkare.---- Necesito que me informe el estado en que se encuentra la situación con los Nehesiu.

---- Con el permiso del Señor Virrey, pondré a su Majestad al tanto de los acontecimientos en Kush.---- dijo Neferkare. Kameni asintió con disgusto.

---- Por lo que sabemos, la sequía en los territorios al Sur de la quinta catarata, provocó una gran hambruna impulsando a los pueblos pastores de la región que migraron hacia el norte. Varias tribus nómadas se aliaron bajo la dirección de un líder carismático que las unió para luchar contra Kemet para devolver la libertad a su pueblo y recuperar el territorio que considera el hogar de sus antepasados. ---- El líder llamado Nabuma es descendiente de una familia nativa de la región de Kush, algunos de cuyos hombres formaron parte del gobierno kushita en época de los reyes Nehesiu aliados de los Hekau-Khasut. Emigró de la región durante las campañas de vuestro abuelo Tutmés I, que asolando Kush obligó a escapar a gran parte de la aristocracia local. Habiendo crecido lejos de su tierra natal despojada de sus riquezas por la dominación de Kemet, Nabuma ha jurado conquistar Uauat y Kush o morir en el intento.

Reuniendo bajo su liderazgo a las tribus desplazadas por nuestro dominio, ha formado un gran ejército, siendo su intención asegurar las zonas mineras de Uauat y Kush, para con sus valiosos recursos y aliado a los príncipes cananeos, expulsar a los ejércitos de la soberana de la tierra Nehesiu.

---- Sus intenciones son peligrosas pero, ¿con qué recursos cuenta para llevar a cabo su plan?.---- preguntó Tutmés.

---- Su punto fuerte es el numeroso ejército que ha logrado en base a su carismática personalidad, convenciendo a los jefes tribales de la posibilidad de éxito, consiguiendo la reunión de más de 10000 hombres bajo su mando a los que se agregan los pastores nómadas del desierto que entusiasmados por las victorias de Nabuma, se suman día a día engrosando sus filas.---- dijo Neferkare.

---- ¿Cómo mantiene un ejército tan numeroso?---- preguntó extrañado y preocupado el príncipe.

---- Están comprando cereal de Retenu pagado con el oro de las minas de la región y el tráfico lo realizan a través del Mar Oriental.---- Respondió el gobernador.

---- ¿Con qué número de efectivos cuentan las guarniciones de la región de la segunda catarata?.---- Inquirió Tutmés.

---- Con los hombres que llegaron bajo su mando suman a los de Buhen, Semna y Kumna, alrededor de 9000 efectivos más los hombres que aún puedan resistir en las cercanías de la tercera catarata.----

---- ¿Con cuántos carros contamos?.---- Preguntó el príncipe.

---- Cinco escuadrones de carros elevan el número a 120 aproximadamente y para la navegación de los tramos navegables contamos con 38 naves pequeñas y rápidas, con una capacidad de 25 hombres cada una.---- respondió.

---- ¿Con cuántos carros cuenta el enemigo?.---- preguntó uno de los generales.

---- Habiendo participado en varios choques con las tropas negras, nunca conté más de 25, por lo que no creo que cuenten con más de 40.--- dijo un alto oficial de Buhen.

---- ¿Y en cuánto a naves?.----

---- Prácticamente no cuentan con naves, de manera que realizan la movilización de las tropas por tierra.---- Dijo un Jefe de naves de Buhen.

---- Resulta claro que nos superan en número y es lógico pensar que pueden ser más de los que calculamos teniendo en cuenta que cuando un movimiento de liberación como el de Nabuma consigue resonantes triunfos militares, no tardan en sumarse otros grupos nómades.---- dijo Tutmés haciendo un paréntesis.---- Debemos confiar en nuestras mejores armas y más numerosos carros y, por supuesto, en la organización de nuestro ejército. Deberemos evitar por todos los medios las batallas campales sabiendo que somos inferiores en número. Avanzaremos por ambas riberas evitando cruzar la costa frente a los torrentes en donde podrían atacarnos por sorpresa empujándonos contra el río. Usaremos las naves pequeñas para movernos rápidamente en los tramos navegables y seguros.

Nuestra destreza con el arco será de suma importancia para ganar la guerra a Nabuma, pues los negros no cuentan con la práctica ni con la calidad de arcos que poseemos. Deberemos actuar como una serpiente, atacando y replegándonos, avanzando muy cautelosamente sin desplegar demasiado nuestras tropas que serían más vulnerables al ataque enemigo si las esparciéramos por un amplio terreno.---- concluyó dándose vuelta hacia el gobernador Neferkare. ----¿Cuál es el límite de avance de las tropas de Nabuma?.----

---- La fortificación de Semna. Aún no han intentado un ataque masivo a las fortificaciones costeras.---- respondió el funcionario.

---- No me explico por qué todavía no lo ha hecho.---- permaneció pensativo por un momento.

---- Tal vez, todavía existan tropas de Kemet sobrevivientes de la fortaleza de Kush que le estén retrasando un avance seguro hacia el norte.---- dijo acertadamente un alto oficial.

---- Tienes mucha razón. Existe la posibilidad de que todavía existan tropas de Kemet retrasando el avance de Nabuma.---- dijo Tutmés. Esto sería de gran ayuda a nuestro progreso en el terreno.---- Reforzaremos la guarnición de Semna con 1000 hombres más y llegaremos hasta allí con las naves de la flota para impedir cualquier intento de los negros de cruzar esa fortificación hacia Buhen.----

---- Pero, Mi Señor, ello implicaría disminuir en casi 1500 hombres más nuestras tropas de avance.---- preguntó preocupado un oficial.

---- Lo sé, pero es fundamental cuidar nuestra espalda y evitar que un ataque importante de las tropas de Nabuma, pudiese cortar nuestros suministros desde Buhen, de los cuales dependemos para sobrevivir.---- respondió Tutmés.

---- ¿Alguna otra pregunta?.---- Inquirió Neferkare.

---- Doy por concluida la reunión. Mañana partiremos al amanecer.---- dijo Tutmés dando a entender que daba por finalizada la velada.

En los próximos días los choques armados se sucedieron repetidas veces pero con una buena estrategia y la superioridad de nuestros arcos compuestos y los

carros, hacíamos estragos en las filas enemigas que contaban en su mayoría con arcos simples de menor alcance. Nuestros expertos aurigas, diezmaban la infantería y los carros de los negros.

Por el contrario en el combate cuerpo a cuerpo la lucha se hacía mucho más pareja y de no ser por la superioridad de nuestro equipo, nos hubiesen vencido en cada batalla.

El valor y la entrega de nuestros enemigos era total. Parecían infatigables y solo se rendían cuando sus corazones dejaban de latir. Los soldados de Kemet comenzaron a llamarles con respeto "Las Panteras de Nabuma".

En el transcurso de dos largos y agotadores meses, perdimos dos enfrentamientos de poca importancia cuando grupos de vanguardia fueron sorprendidos y vencidos, pero el número total de bajas ascendía a más de 2000

hombres; sin embargo, con la casi completa seguridad de que no peligraban las fortificaciones en Semna fueron incorporados a las tropas en avance, nuevos contingentes provenientes de Uauat. Los Nehesiu perdieron durante ese tiempo al menos 4000 hombres y gran parte de carros.

En varios combates habíamos visto al propio Nabuma vestido con pieles de leopardo, brazaletes dorados y tocado con un magnífico casco de plumas, disparar su carro con gran destreza y efectividad. La orden era disparar contra él, para desmoralizar con su muerte a sus tropas que lo veían como a un Dios.

En una oportunidad el carro en que combatía se dio vuelta muriendo su auriga, pero golpeado como estaba se levantó y luchó con bravura.

Las circunstancias hicieron que él y Tutmés no se enfrentaran cara a cara, sin embargo Amenemheb estuvo a punto de morir bajo el poder de la espada del líder negro.

Inteligente, los Nehesi intentaron atacarnos de noche pero Tutmés había previsto grupos de guardia apostados en la oscuridad rodeando el campamento, para dar la alarma con trompetas alertándonos de la presencia del enemigo, de manera que nunca pudieron sorprendernos.

Durante el quinto mes de campaña habíamos alcanzado y consolidado nuestro avance hasta Sesebi, la última localidad de importancia antes de la tercera catarata., antes dé llegar al tramo zigzagueante del río que precede a la vasta extensión que alberga las ricas minas de oro y la importantísima fortaleza de Kush. Mientras permanecíamos en Sesebi noté que el ánimo de Tutmés había cambiado de un día para el otro, de una gran concentración en la guerra durante los días previos, mostrándose en aquel momento meditativo y ausente como si algo muy importante estuviese robando su atención. Cada semana llegaban mensajeros provenientes del Norte con papiros informándolo de la situación en Uauat y Kemet. El cambio de actitud del Príncipe había coincidido llamativamente con la llegada del último mensajero dos días antes. ¿Qué noticias podía contener la última correspondencia que desviara su atención, tanto como para apartarlo de su principal objetivo que era recuperar el territorio más rico del imperio en manos enemigas?, pensé inquieto. No debía ser algo malo referente a Uauat, pues hubiese reunido a los generales para comunicarles, tomando medidas de urgencia.

Aquella noche me acerqué a la tienda de campaña del grupo de custodia en donde se hallaban Amenemheb y Madakh, mientras Ykkur y los otros custodiaban al Príncipe que pasaba la noche en la ciudadela.

Cuando entré subrepticiamente a la tienda, Madakh se encontraba dormido, de manera que interrogué a Amenemheb que aún estaba despierto.

---- Amenemheb, ¿Qué le ocurre al Príncipe que se lo ve tan distante?--- .

---- ¿Qué haces aquí Shed?---- preguntó sorprendido de verme entrar a esas horas de la noche.

---- Quiero que me cuentes que le sucede a Tutmés.---- lo apuré para que me contara.

---- No sé mucho pero te puedo contar lo que escuché decir a Ykkur. ---- hizo una mueca de dolor cuando se acomodó para hablarme al oído de modo que no despertásemos a Madakh.

----¿Aún duele mucho la herida que recibiste el otro día?.----le pregunté al ver que la venda que llevaba alrededor del tórax se veía floja.

---- Así es. ---- respondió. Él estuvo a punto de morir cuando, durante la última contienda resbaló cerca del río cayendo sobre una roca de punta. El dolor lo paralizó quedando a merced de su oponente Nehesi pero un soldado salvó providencialmente su vida al matar de un flechazo al negro.

---- Ya me encuentro mejor.---- dijo moviendo el brazo hacia atrás. Vi su espalda con la mácula del gran hematoma que abarcaba una amplia zona de la piel debajo de su escápula derecha.---- Todavía duele bastante pero como soy zurdo todavía puedo sostener con fuerza la espada con la izquierda para combatir.----

---- ¿Quieres que te vende?.---- le pregunté al ver las vendas en su mano.

---- Te agradezco mucho.---- dijo.

---- ¿Qué te dijo el médico cuando te atendió?.---- pregunté.

---- Puede ser que tenga una o dos costillas rotas pero como ves, no moriré de esto.---- dijo bromeando.

---- Ahora cuéntame que sabes de la preocupación que aqueja a Tutmés.---- pregunté.

---- Dice Ykkur que el papiro en cuestión provenía de Waset y fue enviado por el Heritepàa, contándole que la capital se convirtió en un avispero a causa de un grave incidente en que se encuentra implicado el propio Sumo Sacerdote de Amón.---- respondió.

---- ¿Referido a robo de caudal del Tesoro del Templo?.---- dije especulando.

---- Eso no sería gran noticia; esta vez se trata de un delito del que no podrá escapar fácilmente. ---- No sé bien en qué circunstancias, pero al parecer Hapuseneb mató a alguien y ni Hatshepsut podrá evitar que lo enjuicien.---- respondió Amenemheb.

---- ¿Solo eso me dirás?.---- le reproché amigablemente.

---- No sé mucho más que eso, y por otra parte tampoco me interesa demasiado.

Tu no estás combatiendo en cambio nosotros sí, de modo que lo único que quiero en este momento es recuperar fuerzas para poder enfrentar a esos porfiados nehesiu.---- dijo.

---- Tienes razón, te dejaré dormir. Que descanses bien.---- me despedí.

Salí de la tienda con más curiosidad que antes de entrar. Los pensamientos revoloteaban en mi cabeza como las mariposas en un jardín florido. Trataba de adivinar a quién había asesinado Hapuseneb pero no se me ocurría ninguna razón por la que pudiese cometer semejante estupidez, teniendo todo el respaldo de la reina para mandar a alguno de sus custodios que lo hiciese por él si de alguna manera el clérigo se sentía amenazado o era extorsionado.

Al día siguiente estuve buscando a los otros para que me contasen más detalles en que se vio involucrado Hapuseneb, pero se hallaban con Tutmés ocupado en preparar la estrategia para la reconquista de la fortaleza de Kush, de manera que mi curiosidad tendría que esperar.

Al acercarme a Ykkur llegué silenciosamente pues en el interior de la tienda de Tutmés tenía lugar la reunión para concretar estos planes.

---- Como se habrán dado cuenta.--- Dijo el príncipe.---- En los últimos diez días hemos progresado en territorio de Kush sin encontrar a una sola patrulla negra.

Tomando en consideración el gran número de bajas de los ejércitos nativos que hemos calculado en unos seis mil, en estos cinco meses de campaña me inclino a creer que Nabuma está tratando de concentrar sus fuerzas y arriesgará el todo por el todo, en un ataque final cuando intentemos penetrar en la región de Tumbos que da acceso a las minas de oro.

De vencerlos en esta contienda, pienso que el avance de nuestros ejércitos hasta la cuarta catarata será un mero trámite. Así es que debemos estar atentos para rechazar un ataque masivo de los negros.---- Dijo Tutmés.

Luego de comunicar la estrategia que tenía en mente y de explicar a los jefes de tropa los movimientos tácticos que desplegaría en el terreno, se dispuso continuar la marcha hacia el sur.

Aquel mediodía paramos para descansar bajo el ardiente disco de Ra en la desértica ribera oriental sobre un paisaje estéril y muerto transformado en un caldero hirviente. Engullí mi ración y me dirigí raudamente a la tienda de la custodia para conversar con Ykkur. Lo encontré devorando glotonamente su pan y su cuenco repleto de chícharos.

---- Ykkur, cuéntame que ocurrió con Hapuseneb ---- Le dije ansioso. Terminó de tragar, me miró y con sarcasmo me saludó.

---- Hola Shed, querido amigo. ¿Cómo has estado?. ¿Qué cuentas de nuevo?.---- dijo burlándose de mi curiosidad.

---- Está bien, está bien, te pido disculpas por mi falta de educación debí saludarte antes, lo sé.----- Respiré, hice silencio un instante y comencé de nuevo.---- Hola Ykkur, buen provecho ¿cómo estas? Espero que bien. Ahora cuéntame que ocurrió en Waset ¿por favor, sí?-----

---- Pareces una niña chismosa---- Dijo riéndose de mí. El resto festejó la ocurrencia para luego continuar en sus ocupaciones.

---- ¡Lo que digas, pero cuéntame!----- Hice caso omiso a la comparación. Terminó de tragar su último bocado tras lo cual comenzó a narrarme los hechos acaecidos en la capital.

---- Parece ser...----- se interrumpió para limpiarse la boca con el dorso de la mano.---- que el venerable Hapuseneb ---- dijo irónicamente.---- cometió un muy grave error. Según cuenta el gobernador, todo indica que trató de someter a sus bajos y pervertidos deseos a un jovencito de entre los servidores del templo cuando éste lo asistía durante una de las abluciones rituales del clérigo. El niño trató de resistirse a las intenciones del Sumo Sacerdote que enfurecido lo golpeó provocándole la muerte al caer dentro del lago sagrado y ahogarse.

La historia es más o menos así, al menos así lo cree el Heritepàa.---- expresó Ykkur.

---- ¿No intentaron ocultar el crimen?.---- pregunté.

---- No pudieron ocultarlo por dos razones. Por un lado el muchacho muerto no era un esclavo extranjero, ni un niño sin familia sino el hijo de un noble de la ciudad de Iun-Mut que exige justicia. La otra razón todavía más importante es que existen testigos del crimen.---- respondió.

---- ¿No negaron la responsabilidad de Hapuseneb por muerte accidental?.---- pregunté.

---- La Reina intentará defender la posición del Sumo Sacerdote pero los cargos son muy graves y hay dos muchachos esclavos que presenciaron todo el incidente.---- dijo Ykkur.

---- Pero, ¿qué puede valer la palabra de dos esclavos contra la del Gran Sacerdote de Amón?---- dije desconfiado.

---- El testimonio de los esclavos será respaldado por el sacerdote Puyem`ra que asegura que escuchó cuando el sacerdote ordenaba al joven a desnudarse.---- respondió.

---- Por los cuernos de Amón. ¿Y ahora que pasará?.---- pregunté.

---- Será celebrado un juicio para determinar la responsabilidad de Hapuseneb en la muerte del muchacho y su continuidad o no en el cargo como Sumo Sacerdote de Amón.---- expresó Ykkur.

---- Pero, ¿eso no lo determina la soberana?.---- pregunté extrañado.

---- Justamente, ese es el punto clave de la cuestión. Ese es el tema que ocupa los pensamientos en la mente del Príncipe. Se presenta de manera casual la posibilidad de eliminar del camino al Sumo Sacerdote de Amón que con su oráculo ha venido refrendando durante largos años la usurpación del trono a manos de Hatshepsut, y él se encuentra a una enorme distancia de la capital sin la posibilidad de influir en la destitución de Hapuseneb. La autoridad de la soberana se ha erosionado significativamente en los últimos años, pero Tutmés sabe que nadie enfrentará las decisiones de Hatshepsut sin su presencia como Heredero a la "doble corona".

Este es el momento propicio para desnivelar la balanza del poder en su favor y presionando en el reemplazo de Hapuseneb por el segundo en el escalafón eclesiástico, su amigo de la infancia Menkheperrèseneb, conseguir su coronación legitimada y confirmada por el oráculo de Amón y respaldada en el apoyo de los importantes aliados que ha encontrado este último año.---- concluyó Ykkur.

---- Por supuesto, ahora veo todo claramente. El Príncipe necesita concluir la guerra con Nabuma lo antes posible y retornar a Waset para participar en el juicio a Hapuseneb.----

---- Tú lo has dicho Shed.---- dijo Ykkur.

---- Pero también podría regresar a Waset y dejar a cargo de uno de sus generales el resto de la campaña.---- expresé.

---- Por una parte sería muy riesgoso dejar la responsabilidad en manos de cualquier oficial en el momento crucial de la expedición en el que se disputan

las batallas que decidirán el destino de la guerra. Las tropas confían plenamente en el liderazgo del Príncipe, pero podría decaer la moral o cundir la incertidumbre en las filas si son abandonadas por su conductor.

Tutmés cree que no resta mucho para el final de la contienda y comprende plenamente que el retorno a la capital con la recuperación de los territorios mineros más ricos de la tierra Nehesi elevará mucho más su prestigio, de manera que se arriesgará a perder el juicio para hacer una entrada triunfante en Kemet.---- explicó Ykkur.

---- ¿No existe ninguna manera de aplazar el juicio hasta la llegada de Tutmés?---- pregunté.

---- Teóricamente el soberano tiene la capacidad de decisión total sobre el cargo de Sumo Sacerdote de Amón como Sumo Sacerdote de todos los dioses del País, pero las escabrosas circunstancias que rodean el caso de Hapuseneb con la muerte del hijo de un noble, el intento de violación, la profanación del Templo y la contaminación de las aguas del Lago Sagrado con la sangre de la víctima, llevan el asunto a un ámbito que Hatshepsut no puede manipular a su voluntad impunemente.

Los Sumo Sacerdotes de otros importantes Dioses como Ra, Ptah, Thot, Menu, se opondrán a su permanencia en el cargo, teniendo presente el deterioro de su autoridad y la aberrante conducta de Hapuseneb, sospechado de enriquecerse en desmedro del tesoro de Amón y por sobre todo, su falta de equidad en el reparto de la riqueza entre los cultos de las diferentes deidades a lo largo del país. Los propios clérigos de Amón odian al Sumo Sacerdote porque todos conocen que fue elevado por la reina desde cuarto profeta del Dios hasta la más alta dignidad a que puede aspirar un sacerdote por su carácter venal y corrupto, fraguando los oráculos para satisfacer todos y cada uno de los caprichos de la soberana.---- respondió Ykkur.

---- La reina debe estar furiosa. Seguramente tendrá deseos de despellejar vivo a Hapuseneb que pone en peligro su lugar en el trono por no saber controlar su morbosa sexualidad.

---- Es cierto. En el lugar de la soberana cualquiera desearía arrancarle el pellejo por estúpido.---- Dijo Ykkur mientras se alejaba para ir a revisar su equipo antes de partir.

Poco tiempo después estuvimos de nuevo en marcha hacia el sur. Transcurrieron tres días más sin hallar rastros del enemigo; solo cruzábamos rebaños de ovejas, cabras y ganado vacuno de cuernos largos. Los pobladores

nos miraban con recelo tras el que se ocultaba un profundo temor solo comparable con el odio que despertaba el yugo que imponía Kemet a su tierra.

Se notaba el desprecio en sus rostros comprensible por otra parte teniendo en cuenta que sus recursos eran explotados para la gloria de Amón, el mismo Dios en nombre del cual se mataba a sus guerreros, se esclavizaba a sus hombres, se violaba y sometía a la servidumbre a sus mujeres, se sacrificaban sus rebaños y se asolaba su tierra en cada expedición dirigida a sofocar los levantamientos de una nación castigada con el hambre y la enfermedad, rebajada a la condición de infrahumanos por aquellos que se vanagloriaban de sus Templos y riquezas conseguidos por el saqueo y el robo institucionalizados, en la figura del civilizado pueblo del gran Dios Amón sobre los bárbaros salvajes. Un conocido refrán de mi tierra reza: " Ningún animal merece ser tratado como un esclavo nehesi", tan cruel como injustificado por cierto porque, y lo he comprobado por mi propia experiencia, son leales y sumisos.

No puedo decir lo mismo de los esclavos asiáticos, bastante arrogantes y en ocasiones poco confiables, en especial las mujeres.

El cuarto día emprendimos la marcha con las primeras luces del alba. Con el gran disco de Ra fulgurando sobre el horizonte oriental como un gigantesco espejo de oro y habiendo superado la doble curva del río que precede a la región minera por excelencia, Tutmés de pie, asido de la barandilla de su carro levantó su mano ordenando detenernos. Esperando sin saber qué ocurría Maya se paró sobre una piedra cercana tratando de descubrir cual era el motivo de la demora. Me ubiqué a su lado para poder ver por encima del grueso de las tropas. Sobre la misma ribera se abría una amplia y estéril llanura al final de la cual se observaba una línea oscura sobre el terreno que de oeste a este se extendía cubriendo el desierto desde el río hasta la falda de las colinas orientales. Aquel impresionante enjambre no podía ser otra cosa que el ejército de Nabuma esperándonos para la batalla clave que decidiría el destino de la guerra.

Se me hizo un nudo en la garganta al observar aquella muchedumbre de miles y miles de guerreros dirigida por Nabuma en la contienda que con tanta ansiedad aguardábamos, sabiendo que representaba la cumbre de la expedición y que, quién sobreviviese a ella seguramente volvería sano y salvo a su hogar, pero antes debíamos luchar y vencer a esa ola humana que pronto caería sobre nosotros.

---- ¿Son las tropas de Nabuma?.---- preguntó Maya nervioso sabiendo la respuesta.

---- Son ellos Maya.---- respondí.

No había forma de evitar la batalla campal y no teníamos modo de retroceder pues teníamos a nuestra espalda el recodo del río hacia el norte y el oeste. Estábamos encerrados sin otra posibilidad que combatir.

Calcularon el número de las tropas nehesi en más de 6000 pero realmente resultaba inútil saber su número. Era obvio que nos superaban holgadamente y ni siquiera contando los sirvientes llegábamos a 5000. Las sospechas del príncipe eran correctas pero seguramente no imaginó que Nabuma contase todavía con semejante ejército después de la cantidad de bajas que habían sufrido en los 5 meses de campaña.

---- Los mejores arqueros.---- gritó con voz fuerte y clara.---- Extiéndanse por detrás de los carros en tres líneas, una detrás de la otra.

Cuando la vanguardia enemiga llegue a la distancia de alcance de nuestros arcos, daré la orden y dispararán en sucesión hasta que ordene parar. En ese momento atacaremos con los carros haciendo de punta de lanza y nos seguirá la infantería por detrás.---- exclamó con contenida excitación.

Antes de que terminara su alocución, se levantó en el horizonte una nube de polvo provocada por el paso veloz del enemigo hacia nosotros.

Todos teníamos miedo, pero los sirvientes que nunca habían guerreado estaban aterrorizados cuando se les dieron las armas para combatir; no les quedaba opción pues los nehesi no harían diferencias entre servidores y soldados, y era preferible morir luchando que ser masacrados sin defenderse.

Se me secó la boca de los nervios y me temblaba todo el cuerpo de excitación en tanto que debía secar las palmas de las manos humedecidas por el sudor. Con la espada colgada a un costado, el hacha del otro y tomando mi arco compuesto y el carcaj lleno de flechas, me uní a los arqueros esperando la orden de Tutmés.

Me ubiqué al lado de Maya preparado para disparar las saetas contra los negros que se acercaban velozmente. La tensión era enorme y el nerviosismo se adivinaba en cada rostro inquieto, expectante y concentrado mientras se escuchaba cada vez con mayor estruendo la gritería de las tropas nehesi lanzadas a la carrera sobre nuestra posición.

---- ¡Preparen los arcos!.----. Comenzaron a caer las flechas que lanzaban los negros muy delante de nuestra vanguardia, impulsadas por los débiles arcos simples pero también hubo unas pocas que provenían de arcos más potentes, causando algunas bajas.

--- ¡Apunten!---- Y luego de un instante que me pareció eterno.---- ¡¡Disparen!!.---- gritó Tutmés.

La nube de flechas oscureció por un instante el cielo sobre el campo de batalla.

Las saetas cayendo de lleno sobre la formación enemiga en pleno avance hizo estragos entre las filas nehesi derribadas como pichones de paloma por halcones. Al tropezarse con los propios cuerpos de sus muertos caían y chocaban, siendo víctimas de una nueva andanada de flechas.

Hasta que llegaron al alcance de los arcos simples, perdieron centenares de guerreros tratando vanamente de cubrirse con sus escudos.

Al comenzar a caer sus flechas en mayor cantidad sobre nosotros, aumentaron nuestras bajas haciéndose la contienda más pareja, pero no por mucho tiempo. Tutmés y sus oficiales montados, se lanzaron con furia sobre el centro de la formación nehesi atropellando con los caballos y las ruedas de los carros dividiendo en dos la infantería enemiga ya golpeada duramente por nuestras saetas y ganada por la confusión. Nuestros arcos dejaron de disparar para permitir el combate cuerpo a cuerpo.

A lo lejos distinguí la sobresaliente figura de Nabuma con su capa de piel de leopardo sobre los hombros atacando desde su carro a los primeros hombres de nuestra vanguardia que chocaban con las filas del enemigo. Tutmés se movió en su carro dirigido hábilmente por Madakh buscando el enfrentamiento directo con el líder negro, pero un hormiguero humano de guerreros de ambos bandos los separaba.

No pude ver más, debía proteger mi vida contra la marejada humana que ya llegaba hasta mí. El combate cuerpo a cuerpo se produjo.

Con el escudo en mi mano izquierda y la espada en la derecha, di un alarido y me lancé sobre el primer negro que se me puso delante. El nehesi levantó su hacha al verme correr hacia él pero antes de que pudiera bajarla contra mí, cubriendo mi cuerpo con el escudo, talé su pierna derecha por encima de la rodilla. El grito desgarrador fue ahogado por el ruido de los metales, el relinchar de los caballos, los golpes, quejidos y lamentos. Jamás vi, ni volvería a ver tanta sangre, tanto sufrimiento y muerte como aquel día.

No veía a ninguno de mis compañeros, solo más y más guerreros nehesi que debía matar o ellos me matarían a mí. Uno estuvo muy cerca de conseguirlo.

Con la cara manchada de sangre y el odio en su mirada, se abalanzó sobre mí con su mazo y me asestó un golpe tan violento que a pesar de que lo cubrí con el escudo, lo partió y me derribó haciendo que golpeara mi nuca en el suelo dejándome casi inconsciente. Mareado como estaba traté de incorporarme sin encontrar equilibrio y lo escuché insultarme cuando me hallaba completamente indefenso: "Te abriré el cráneo bastardo norteño". Sin poder levantarme siquiera no me percataba de que era mi fin pero Mont, el Dios guerrero, no quiso que aquel fuese mi último día. Todavía atontado me levanté tambaleante y como por reflejo levanté mi mano pero la espada ya no estaba en ella. Otro empujón me derribó nuevamente y me quedé en el suelo hasta recuperarme. Sacudí mi cabeza hasta despabilarme y me sorprendí al encontrar, al nehesi con el que luchaba, tendido junto a mí con un profundo corte entre el cuello y el hombro por el que se desangraba hasta morir.

Recuperado me paré y blandí mi hacha que aún colgaba de mi cintura para seguir luchando. El enemigo me doblaba en edad pero se movía rápido. Hizo una finta que me engañó haciéndome creer que lanzaría una estocada con la espada y me empujó con su escudo. Me hizo sentir como un estúpido pues era la segunda vez que me derribaban. Me levanté enfurecido y salté como un gato sobre él y al desarmarlo con el topetazo le abrí el cráneo con el hacha dejando manar una tremendo chorro de sangre que me bañó la cara y el pecho.

Tiré con fuerza para sacar el arma de la destrozada cabeza y medí vuelta con rapidez al sentir una presencia detrás de mí.

---- ¡Se están replegando!.---- Era Maya que saltaba de alegría.---- ¡Se están replegando Shed!.----

---- ¡Por Amón Señor de los Dioses!---- exclamé. Totalmente agotado me senté para luego acostarme tratando de recuperar el aliento, con mi corazón latiendo hasta querer reventar. Tenía la boca seca pastosa de tierra y sangre, mi propia sangre que había manado de una herida en mi mandíbula cuando uno de los negros golpeó mi rostro.

Comencé a escupir y terminé vomitando el poco contenido que guardaban mis entrañas. Mis pulmones pedían más y más aire. Maya me decía no sé que cosa acerca de los nehesi que no llegué a comprender. Todavía me sentía algo mareado y sin importarme la razón de porqué se habían retirado los negros solo rogaba que no volviesen pronto. Cuando estuve repuesto me senté, tras de lo cual me levanté vacilante con la ayuda de Maya. Al apoyarme en el suelo con mi mano izquierda percibí un dolor punzante en mi hombro que para aquel momento había comenzado a inflamarse.

---- ¿Qué te ocurre Shed?.---- me preguntó.

---- Creo que me he lesionado el hombro.---- dije soportando el dolor lo más estoicamente que pude. Me sentía completamente pegajoso con la espalda cubierta de arena sucia de sudor. Mi cuerpo se veía terriblemente, despidiendo una mezcla maloliente de sangre, transpiración y vómito. La vista del campo de batalla era espantosa. En donde algunos momentos antes el estruendo de la muchedumbre entregada a la mutua destrucción quebraba el aire entre los gritos y el estruendo de la batalla, en ese intervalo posterior a la contienda el silencio era casi absoluto. Cadáveres por doquier desparramados en una vasta área tapizaban el desierto como una alfombra de muerte y sufrimiento. Debían ser varios miles. Jefes de grupo, guerreros, sirvientes y animales, todos por igual, compartiendo el mismo destino con sus cuerpos sin vida, pudriéndose bajo el sol de mediodía, despanzurrados dejando escapar las vísceras, mutilados, amputados, desmembrados, decapitados, entre el hedor de charcos de sangre, excrementos y orina como un gigantesco banquete para los

carroñeros que ya merodeaban por la zona. Una jauría de hienas corría tras los despojos humanos disputándose los intestinos de algún desdichado, mientras los buitres caían en picada sobre el terreno espantando a picotazos a los pocos chacales que se habían dado sita. El escenario era simple y llanamente desolador. Entre quejidos y lamentos los heridos fueron atendidos por los sanadores asistidos por los sirvientes. Los sobrevivientes por otra parte, no nos veíamos mucho mejor que los muertos.

Nos acercamos hasta la costa en donde había sido reunido el grueso de las tropas. Mientras me aproximaba al río para lavarme y refrescarme, vi que Sai y Madakh llegaban en un carro seguidos a la distancia por el Príncipe e Ykkur en otro.

---- ¿Qué ocurre Maya?.---- pregunté.

---- No lo sé, pero desde la loma vi que los nehesi luego de replegarse, se alejaron hacia el sudeste llevándose a sus heridos.---- dijo.

---- Resulta extraño que abandonasen el combate cuando parecían recuperarse de las pérdidas que le infligimos al comienzo.---- expresé sorprendido.

---- Tal vez trataran de reagruparse para atacar mas tarde.---- dijo sin seguridad.

A medida que avanzaba hacia nosotros, se alzó la soldadesca vitoreando el nombre de Tutmés con una algarabía a la que nos unimos, felices de seguir vivos pero sin saber la razón de tanto júbilo. Estábamos demasiado lejos para ver lo que sucedía. Las tropas se reunieron alrededor del carro de Tutmés alabando su valentía y felicitándolo por la victoria. Me quedé mirando a Maya y él a mí, confundidos. Me abrí paso entre las tropas intentando llegar hasta Tutmés y a poco de llegar hasta él, lo vi treparse a la barandilla del carro, mientras era sostenido de las piernas por Ykkur, para mostrar a las tropas el trofeo conseguido.

Desenvolvió la piel de leopardo, que reconocí enseguida, para exhibir ante la jubilosa multitud la macabra conquista, sosteniendo por los cabellos la cabeza del líder nehesi.

Por una parte me sentía feliz, pues la muerte de Nabuma deificado por su pueblo, era un golpe fatal del que nuestros rivales no se recuperarían, lo que traería aparejada la victoria y el fin de la campaña para el ejército de Kemet. Pero por otra parte me conmovía la muerte de aquel hombre del que admiré la temeridad, el ímpetu, la valentía y la destreza demostrada por Nabuma. Guerrero magnífico que despertaba la admiración de propios y extraños que pudieron verlo combatir, poseía todos los atributos para convertirse en símbolo de libertad de su gente y en el espíritu de rebeldía que motivaba a los sublevados, significando por ello su muerte el final de la guerra.

Durante el resto de la jornada ayudamos a los heridos y enterramos a nuestros muertos tras una breve ceremonia en su honor celebrada por el propio Tutmés.

Al día siguiente en camino hacia la fortificación de Kush, se presentó ante Tutmés una delegación formada por los líderes tribales vestidos en sus atavíos ceremoniales, para someterse formalmente ante el Príncipe, rindiéndole tributo en oro, plata, marfil, incienso, mirra, pieles de leopardo, perfumes y esencias, plumas de avestruz, ganado, etc.

En los próximos días con la necesidad de establecer el orden en lo referente a autoridades, fueron nombrados por Tutmés el nuevo comandante de batallón de Kush, el representante de Kemet como administrador de los territorios entre la segunda y cuarta catarata, a los que delegó a su vez el nombramiento de los Jefes de las guarniciones militares y los funcionarios de las localidades controladas por nativos, mientras que como Virrey de Uauat y Kush prosiguió en su puesto el inofensivo Kameni que a pesar de su persona poco agradable desempeñaba con suma corrección su cargo.

Habiendo finalizado las actividades tendientes a normalizar el control y la explotación de las minas de oro y demás recursos proporcionados por la región, como la obtención de diorita y gneis, y el comercio de ganado, regresamos lo más pronto posible a Kemet.

CAPITULO 13

"El juicio contra Hapuseneb."

Después de seis meses de permanencia en los territorios del Sur ansiaba ver a mi familia a la que extrañaba mucho, aunque el regreso significaba también comenzar con la riesgosa tarea de servir de ojos y oídos del Príncipe en el palacio real. Tenía la esperanza de que la Reina asumiera que la situación del país se había escapado de sus manos y que ante la imposibilidad de solucionar los graves problemas que se presentaron en los territorios extranjeros sin la intervención directa del Príncipe, aceptara sino abdicar a favor de él, al menos compartir una parte sustancial del poder real, llegando a establecer una paridad que resultase satisfactoria a las expectativas de Tutmés, más que merecida por otra parte y que a su vez proporcionase a la reina una posición honorable de prestigio justificada por su condición de soberana hasta aquel momento.

De haberse llegado a un estado de equilibrio del poder de esas características me hubiese librado de tan peligrosa misión. Lamentablemente mi optimismo se desvaneció prontamente a nuestro regreso a Waset.

Arribamos a la metrópoli durante el mediodía. A nuestra llegada nos recibió una muchedumbre atareada que ante el avance de la nave insignia interrumpía

sus actividades para vitorear el nombre del Dios Amón y de Tutmés como héroe de la reconquista de Kush en manos de los Nehesi sublevados. Unos pocos también alababan el nombre de la soberana pero pasaron inadvertidos ante la inmensa mayoría que rendía homenaje al príncipe.

Como era de esperar se encontraba en el puerto sólo el director de escribas de la administración central secundado por secretarios de unos pocos funcionarios de la burocracia del ejército de Alto Hep-Ur. La ausencia de la Reina, de altos funcionarios del sacerdocio de Amón o cualesquiera otros personajes y autoridades importantes de las instituciones oficiales, no era de ningún modo casual. Tutmés que ya había sospechado este ardid político de Hatshepsut cuando, después de conocer su victoria, ordenó que la flota del Alto Valle quedara atracada en el puerto de Sunnu, incluida la nave insignia, obligando el retorno del príncipe victorioso en una nave común de la flota, orden a la cual se negó Tutmés aduciendo que si la escuadra debía quedar en el sur por razones que desconocía, el estado de la nave real era excelente como para poder regresar en ella al puerto de Waset. Fue muy claro para todos aquellos que conocíamos el velado enfrentamiento entre la Reina y el Príncipe heredero a la Doble Corona, que Hatshepsut no pensaba ceder ni un dedo de su autoridad, negándose a compartir el poder con Tutmés. El mando que le otorgara para la recuperación de Kush, era obviamente temporal, y logrados los objetivos que la soberana buscaba, es decir el control de la zona minera, le era retirado para que no constituyera una amenaza a su estabilidad en el trono de Kemet.

La intención de Hatshepsut fue minimizar los logros de Tutmés al impedir su regreso al frente de la Flota del Alto Hep-Ur luego de una excepcional campaña que culminó con un triunfo aplastante, la recuperación de las minas y canteras, el líder rebelde muerto, la región pacificada y el compromiso de los jefes tribales de responsabilizarse del control de intentos de alzamientos entre su gente.

El recibimiento del Príncipe con pompa y honores a la cabeza del ejército que dirigió con tan notables éxitos, harían agigantarse las aspiraciones de Tutmés en la mente de la aristocracia del país y en la consideración de los poderosos, que lo verían con buenos ojos como sucesor, a expensas de la figura de Hatshepsut hasta límites peligrosos para su tranquilidad. Por ésta razón no ordenó ningún tipo de festejos ni celebración oficial tratando de que pasara inadvertido el retorno triunfal del Príncipe.

El marco de júbilo a lo largo del viaje hasta Waset y el aclamado ingreso de nuestro navío, el barco insignia, en el puerto de la capital, demostraba que muy a pesar del intento de la soberana, el desempeño brillante de Tutmés como artífice de la victoria sobre los subvertidos Nehesi, era conocido por toda la nación. Mientras Tutmés y los miembros de la custodia eran escoltados hasta el palacio, fui autorizado a regresar a mi hogar y pasar el resto del día con mi familia. Feliz de encontrarlos de nuevo después de tantos meses para compartir mis experiencias con mis seres queridos, transcurrió aquella jornada contándoles los sucesos de la campaña en el sur y escuchando de ellos las novedades habidas en mi ausencia. La única noticia destacable y triste a la vez fue el fallecimiento del viejo escriba Tay un par de meses antes. Había llegado a ganarme su afecto con mi trato respetuoso y cordial, colaborando con él en todo lo que podía, incluso comencé a escribir sus papiros los días en que el dolor provocado por la artritis le impedía todo movimiento de sus manos. Agradecido supo guardar mi secreto y me enseñó a mejorar notablemente mi lectoescritura. Un tiempo antes, sabiendo que su fin estaba cerca, me legó una gran cantidad de papiros con obras poéticas y epopeyas históricas.

Aquejado por su crónica dolencia ósea, su condición le impidió continuar con su tarea luego de mi partida, lo que lo sumió en una profunda depresión al verse postrado y sin poder seguir con la actividad que había desarrollado desde su juventud, perdió las ganas de vivir y simplemente un día no despertó para el total desconsuelo de su anciana esposa.

Al día siguiente me levanté antes del amanecer para volver a mis ocupaciones habituales en el depósito de armas, pero me di con la sorpresa que el depósito de armas de la custodia real y de la guardia del príncipe, fueron reunidas en el mismo arsenal de la guardia de Palacio bajo las órdenes de Sharek el Chambelán, luego de la muerte de Tay.

Según parecía, los planes de Tutmés en cuanto a mi misión de espiar las actividades de los funcionarios reales, para mi pesar, seguía más vigente que nunca y a mí se me había destinado al taller de carpinteros encargado de la reparación y mantenimiento de la carpintería del palacio, que servía de excusa para llevar a cabo las actividades que me había encomendado el príncipe, pues

me daría acceso justificado al interior de la administración, de los aposentos del Harén, incluso de las habitaciones de la soberana.

Esa misma mañana fui llamado a retirar un arcón del cuarto de la guardia personal de Tutmés ordenado por "El servidor de las habitaciones del palacio" a pedido de Ykkur. Al llegar encontré a Madakh y Sai en el cuarto que compartían todos los componentes de la custodia del príncipe. Los saludé al verlos y fuimos al grano.

---- ¿Cómo están las cosas?---- Les pregunté.

---- Un mensajero secreto del gobernador trajo un papiro para el Príncipe en el que Antef le comunicó que lamentablemente las ciudades de la costa de Khinakhny tuvieron que rendirse ante el asedio de los príncipes Cananeos, siendo ejecutados los gobernadores aliados de Kemet incluyendo Joam y sus hijos, mientras que sus familias y los soldados de las guarniciones de Kemet fueron tomados prisioneros.

---- Pero, ¿la Reina no envió refuerzos y no los proveyó de alimentos después de nuestro viaje?.---- Pregunté asombrado.

---- No, Shed. Los abandonó a su suerte aduciendo que no podía ayudarnos por falta de recursos a causa de la sublevación de Kush.--- Respondió Sai.

---- ¿Que dijo el príncipe?.---- pregunté.

---- No pudo ocultar su enojo y le reclamó su indiferencia y la falta de visión estratégica, diciéndole que con las migajas del tesoro de Amón o de su ajuar funerario bastaba para mantener aquellas ciudades-puerto que ahora se transformaban en bases navales enemigas, poniendo en peligro no sólo el comercio de Kemet, sino la seguridad en su frontera Norte. También le espetó que su avaricia y necedad habían ocasionado el derrumbe del Imperio Asiático que había conquistado Tutmés I.---- comentó Madakh.

---- ¿Cómo reaccionó la Reina?.--- Pregunté con curiosidad.

---- Me hubiese gustado ver su rostro, pero la reunión con Tutmés fue a solas en la sala del trono. Sólo se encontraba con ellos Senmut el favorito de la Reina. Nosotros nos hallábamos afuera esperando la salida del príncipe y pudimos escuchar todo lo que dijo. La soberana dio por terminada la reunión sin contestar las invectivas del heredero, pero sabemos por una esclava amiga de Amenemheb que estaba enfurecida cuando abandonó la sala del trono hacia sus aposentos.----

---- Pienso que fue un error que Mi Señor haya desafiado la autoridad de la reina tan abiertamente.--- Dije preocupado.

---- Por el contrario el príncipe cree que es el momento para presionar a la Reina. El hecho de que Hapuseneb se encuentre acusado bajo graves cargos en un proceso judicial, con el resto del clero de Amón en su contra, la jefatura del ejército y la propia administración dividida en sus lealtades, crea las circunstancias ideales para quebrar a la reina en sus pretensiones de seguir ciñendo la Doble Corona, cuando la situación general la ha superado, para abdicar en favor él.---- dijo Madakh.

Tú debes seguir con tu misión como estaba previsto y si puedes averiguar algo a través de los esclavos, hazlo con mucha precaución.---- dijo Sai.

---- ¿Y que hay del juicio a Hapuseneb?.---- pregunté.

---- Al ser juzgado por asesinato e intento de violación y al encontrarse la causa en proceso no puede ejercer como Sumo sacerdote de Amón siendo reemplazado provisionalmente en el cargo por Menkheperre Seneb, el segundo sacerdote de Amón y aliado del Príncipe. El clérigo estuvo tratando de retrasar el comienzo del juicio para que estuviese presente el heredero a su regreso de Kush.---- dijo Sai.

---- ¿La Reina no intentó acelerar el proceso para absolver a Hapuseneb de los cargos, aprovechando la ausencia de Tutmés?.---- pregunté.

---- La situación es tan grave que ante la posibilidad de disturbios ocasionados al exonerar a Hapuseneb de los cargos, Senmut debe haber aconsejado a la Reina aceptar la formación de un concilio y tratar de influir sobre cada uno de los Sumo sacerdotes de los otros cultos para que declaren accidental la muerte del joven sirviente y la profanación del Lago sagrado como una confabulación para perjudicar al máximo sacerdote de Amón.---- dijo Madakh.

---- Menkheperrèseneb cursó pedidos de asistencia para formar el consejo a los Sumo sacerdotes de los cultos de Ptah, Ra, Thot, Sobek y otros, lo que llevó el tiempo suficiente para que el juicio se inicie en los próximos días.

La reina presidirá el mismo y Senmut ocupará el cargo de Visir a causa de que le correspondería a Hapuseneb que en este caso es el propio acusado.

---- ¿Pero y si se lo declara inocente?.---- Le dije.

---- Seguramente tratará de declararlo inocente pero de no conseguirlo Tutmés no cree que se arriesgue a un levantamiento armado por defender a ese estúpido que puso en riesgo su poder.

Por otro lado debería nombrar como sumo sacerdote de Amón a Menkheperrèseneb pero puede negarse a ello, al menos que el príncipe pueda presionarla a que lo haga.

A pesar de que nadie desafió su autoridad durante más de dos décadas tarde o temprano su despotismo y arbitrariedad la llevarían a perder la lucha por el trono. El Príncipe cree que ese momento a llegado.---- dijo Madakh.

---- ¿La Doble Corona es como una breva madura a punto de caer en manos de Tutmés?---- pregunté entusiasmado.

---- La comparación es buena, pero podría agregar que la serpiente que la custodia no la dejará escapar sin dar batalla.---- dijo Madakh.

---- Cuídate mucho Shed y no cometas errores.---- me aconsejó Sai.

Con el tiempo esta advertencia tendría tono profético.

Al abandonar el sitio de descanso de la custodia pasé por las dependencias de atravesando la cocina para visitar a Tausert que hacía largo tiempo que no veía, desde antes del viaje a Biblos más precisamente.

Había transcurrido demasiado tiempo sin disfrutar de la compañía de una mujer. A pesar de lo ocupada que tenía mi mente en las peligrosas tareas que tendría por delante, la tranquilidad de la noche y la soledad de los últimos meses, me hacían extrañar los agradables momentos compartidos con aquella muchacha cuya delicada belleza unida a la tímida inocencia que evidenciaban su juventud, hacía más atractiva su dulce femineidad.

La busqué entre las sirvientes de Palacio hasta que la encontré finalmente recogiendo flores del jardín central junto a las enredaderas que abrazaban las columnas. El sencillo vestido de lino azul claro ceñido a su delgada cintura, dejaba adivinar la armonía de sus formas, en tanto que su ondulado cabello caía en suaves bucles como una brillante cascada negra sobre su esbelto cuello, adornado por un colorido collar de cuentas. Me acerqué sin que me viera, sorprendiéndola con un ramillete de margaritas que compré de una feria cercana.

---- ¡Shed!. Me alegra verte. ¿Cómo has estado?---- preguntó exhibiendo los blancos dientes en su bella sonrisa.

Era hermosa. Los ojos castaños en su mirada inteligente y alegre, se destacaban sobre la nariz respingona y una boca pequeña de carnosos labios. Nunca había ocurrido entre nosotros nada más allá de una tierna amistad, sin embargo sentíamos una fuerte atracción mutua que iba tornando nuestro vínculo hacia una profundización de la relación que quizás mis ausencias retardaron temporalmente. Conversando de cosas triviales, permanecí unos instantes acompañándola antes de retornar a mis ocupaciones, no sin antes robarle la promesa de acompañarme a dar un paseo, aquella noche, a la luz de la Luna.

Concluí mis ocupaciones de aquel día y me acicalé en los baños de la servidumbre. Esperé fuera de palacio a que la jefa de la servidumbre verificara el cumplimiento de sus obligaciones para permitirle abandonar el lugar.

Era una noche cálida de a ratos refrescada por la suave brisa del desierto.

Desde que conocí los alrededores de Waset solía ir a descansar y a veces a practicar escritura lejos de los curiosos en un sitio al este del caserío residencial de los funcionarios en el que existía un hermoso bosquecillo de palmeras enanas, acacias y algunas plantas de olivo, regados por los canales que proveían a los cercanos campos de trigo.

La Diosa Ioh, en casi total plenitud, dimanaba su luminosa energía colmando de claridad las colinas orientales y proyectando sombras sobre las sendas que atravesábamos.

La blancura de su túnica semitransparente mecida por la brisa, otorgaba a su apariencia un carácter etéreo. Tausert era alta y delgada, más delgada quizá de lo que gusta a los hombres de mi tierra, pero el equilibrio de sus formas era más atrayente para mí que el volumen. Su frente alcanzaba la altura de mi barbilla lo que daba idea de su elevada estatura para el promedio de las mujeres de Kemet y con una edad de solo 17 años aún podía seguir creciendo.

Se veía como una estatua de Hathor, la Diosa del amor, de elegante esbeltez provocándome con su delicada hermosura. Al llegar al final del camino rodeados de un paisaje de ensueño que llevaba a su máxima expresión el romanticismo que enmarcaba nuestro encuentro, la tomé de la cintura hasta besarla, saboreando sus labios, embriagado con su perfume, excitado por la tersura de su piel, ebrio del intenso deseo de poseerla y entregarnos al placer. Sentía latir su corazón contra mi pecho, sus pezones erizados de excitación a través de su túnica y su respiración acelerada por el contacto de nuestros cuerpos.

Al intentar acariciar sus pechos interpuso sus manos para impedirlo.

---- ¿Qué ocurre Tausert?. ¿No te agrado?.---- pregunté molesto por ver frustrados mis deseos de hacer el amor.

---- No seas tonto Shed. Sabes que me gustas, de otra manera no hubiese aceptado tu invitación y tampoco te hubiese besado.---- respondió.

---- ¿Entonces por qué no quieres hacer el amor?.---- pregunté todavía irritado.

---- Yo también te deseo, pero aún no conozco varón y quiero que cuando llegue el momento de hacerlo sea con un hombre al que ame y que sienta lo mismo por mí. Muchos son los pretendientes que he rechazado por no comprender mis sentimientos al respecto, porque no aceptan que yo considere el sexo indisolublemente fundido al amor y por un sentimiento profundo inspirado en mi intima convicción de que solo la comunión de nuestros corazones previa a la unión de nuestros cuerpos será bendecida por nuestra señora Hathor de quién soy fiel devota.

De otra manera, ¿en qué nos diferenciaríamos de un rebaño de cabras en celo?.---- preguntó esperando que sus palabras me hicieran recapacitar en mi actitud.

Su apreciación del tema era tan certera y tan justificada su reserva, que sentí que no podía menos que respetar sus sentimientos y aceptar que ella tenía razón, valorando su candor basado en sentimientos tan puros.

Por otra parte no pude evitar sentirme como una bestia salvaje comparado con su particular visión del sexo.

---- Entiendo a lo que te refieres y respetaré tus sentimientos.---- le respondí con toda sinceridad.

---- No esperaba menos de ti. Me agradas desde la primera vez que te vi, pero mi interés por ti aumentó mucho más cuando descubrí tu personalidad amable y gentil con las mujeres.---- me dijo con una dulce sonrisa.

---- ¿Es por ello que has rechazado a Wersu?.---- Pregunté.

---- Ni siquiera me gusta, pero está obsesionado conmigo justamente por eso pues cree que toda mujer debe someterse a sus deseos.

Una vez intentó violarme pero el gigante Ykkur, prometido de mi amiga Binnet, llegó providencialmente para salvarme de él.---- dijo agradecida con mi amigo.---- Ykkur lo golpeó y me libró del ultraje al que quería someterme, pero a pesar de ello no ha dejado de molestarme.----

Sabía bien de quién hablaba. Wersu era un fanfarrón jactancioso, pendenciero y poco inteligente. Algo más bajo que yo de poderosa musculatura que gustaba exhibir y poner en acción contra sus propios subordinados de la guardia real, sobre todo cuando se emborrachaba. Cometía cualquier especie de abusos y transgresiones amparado por su jefe el comandante de la guardia real, el pérfido Khian. Ambos formaban una dupla temible con la que esperaba no tener que enfrentarme. Desde aquella golpiza que le propinó Ykkur los guardias de la reina se cuidaban mucho más de no molestar a las muchachas de la servidumbre; sin embargo la rivalidad entre ambos grupos de custodia era evidente pero por orden de Tutmés y de la propia Hatshepsut no llegaban al enfrentamiento directo, aunque a veces las provocaciones de aquellos eran francamente insoportables.

Khian, personaje mucho más peligroso pues combinaba una gran astucia con igual medida de crueldad, se mostraba siempre controlado y como perro guardián de la Reina, respondía solo a sus órdenes, siendo un mercenario abyecto e inescrupuloso.

Wersu era en sus manos un arma letal ya que encargaba a éste los trabajos sucios conservando para sí la mejor parte de las misiones llevándose la parte más importante del oro con que les pagaba la soberana.

---- No te preocupes pequeña, yo te protegeré.---- le respondí.

Sabía que no era el momento de llamar la atención sobre mí, en una disputa con Wersu por una mujer, pero sentía que era lo correcto. Tausert me atraía ahora mucho más que antes, por lo que no permitiría que ese bastardo le pusiera las manos encima.

Dejamos aquel desagradable tema para continuar hablando de nosotros. Paseamos un buen rato más, riendo y disfrutando de estar juntos el uno con el otro, para finalizar nuestro encuentro en la entrada lateral de las habitaciones de la servidumbre en donde nos despedimos con un beso.

Cuando dejaba el predio de la residencia real a través de los jardines, me pareció ver a nuestro compañero de la guardia, Shomu, abrazado con alguien a quien no pude individualizar, amparados en la oscuridad debajo de los sauces como buscando intimidad, razón por la cual me alejé sin ser visto respetando su privacidad en lo que supuse un encuentro amoroso prohibido, con alguna mujer de la Corte, situación nada infrecuente en el ambiente de Palacio. Conociendo la personalidad reservada de Shomu y el hecho de que no existía amistad entre nosotros, no pensé en mencionarle que lo había visto ni preguntarle por aquella secreta relación.

Por aquellos días, habiendo arribado a la capital los clérigos citados para formar parte del jurado en el proceso judicial al Sumo Pontífice del culto de Amón, se completaba el número de 14 miembros que juzgarían la responsabilidad del acusado en el incidente en que murió un joven servidor del Templo.

El juicio al Sumo Sacerdote de Amón había despertado un notable interés en todo el país y por sobre todo en la capital, debido al hecho de Hapuseneb, también ostentaba el cargo de Tjat, (nombre que en Kemet damos al funcionario que cumple las obligaciones del Visir en otros reinos.) por lo que su resultado tendría serias implicancias tanto desde el punto de vista religioso como político y consecuencias en el orden administrativo.

Formaban el Alto Tribunal 6 Sumo Sacerdotes de los cultos de, Ptah, Ra, Sobek, Mont, Thot y por supuesto el Segundo Sacerdote de Amón, Menkheperrèseneb, en aquel momento ocupando la más alta dignidad hasta que se conociese el veredicto final.

Las autoridades no eclesiásticas eran, Ay el Tesorero, Senmut gran Director de Obras y favorito de la Reina, Qau Director de los graneros del Alto y Bajo Kemet, Khonsunefer gobernador de Waset y Kem el canciller representantes de la administración del estado.

El Comandante de las tropas del Alto y Bajo Kemet, Udimu representaba al ejército, Tutmés como Heredero al Trono y presidiendo el Jurado, como no podía ser de otra manera, la soberana Hatshepsut, completaban el número.

El curso del proceso transcurriría entre dos bandos claramente definidos. Como hombres del clero que habían asumido sus cargos después de muchos años al servicio de sus Dioses, guardando el orden de antigüedad que los legitimaba en sus respectivos ministerios, no simpatizaban de ningún modo con el inmerecido nombramiento de Hapuseneb basado solo en su incondicional apoyo a la reina, su corrupto proceder y su falta de escrúpulos. Por otro lado los rumores acerca de sus desviadas apetencias sexuales se venían propagando desde mucho tiempo atrás y ya pocos clérigos creían en su inocencia. La fortuna y poder acumulados en poco tiempo lo hacían más sospechoso de actuar indecorosamente, sumado al incremento constante de sus posesiones relacionado al deshonesto manejo del Tesoro en connivencia con el Tesorero Ay. Si a todo ello agregamos la desigual administración de recursos destinados a los diferentes Cultos y Templos del país, a favor del Templo de Amón en Waset y en desmedro del resto, se podía estar seguro que los funcionarios eclesiásticos estarían en contra de Hapuseneb. Ni siquiera el Sumo Sacerdote de Mennufer, acérrimo partidario de la reina, disculparía una conducta deplorable y delitos tan infames de parte de un clérigo de tanta importancia.

En el otro bando se encontraban los funcionarios reales, lacayos incondicionales de la soberana bajo su total control, al igual que el decrépito Udimu el comandante de los Ejércitos de Kemet. Senmut por otro lado era mucho más que un ministro; de largo tiempo atrás era amante de Hatshepsut por todos conocido, y que por lo tanto tenía sobrados motivos para favorecer a Hapuseneb, teniendo presente la importancia de que el Sumo profeta de Amón continuase respaldando con sus oráculos el reinado de su amada.

Las sesiones se llevaron a cabo en el edificio del Kenbet, consejo de justicia, parte de la administración y alejado unas calles de la residencia real a donde el populacho ocioso no había tardado en llegar.

Asistieron la familia del joven fallecido, autoridades de la provincia y personalidades de la aristocracia local.

Desde las puertas y ventanas que daban al exterior, pude escuchar las alternativas del proceso apretujado entre la chusma que se había dado sita, curiosa por enterarse de los hechos que habían causado tantos comentarios y especulaciones, entre los cuales había versiones contradictorias de los trágicos acontecimientos.

Hapuseneb con su redonda cara de luna lampiña, la calva sacerdotal perfectamente rasurada, excesivamente maquillado y vestido con una inmaculada túnica blanca del lino más perfecto y suave, luciendo valiosas joyas de exquisita factura que rivalizaban en opulencia con las de la propia soberana, lucía una tranquilidad digna de quien se sabe inocente o de aquel que siendo culpable, descansa sus temores en la impunidad que alcanzarán sus faltas, amparado en su alta dignidad y el poder que le brinda su cargo.

El juicio comenzó con la acusación del padre del joven fallecido en contra de Hapuseneb. Raneb era un noble de importancia de la ciudad de Iun-mut miembro de una gran familia de la provincia y amigo del Sumo Sacerdote de Mont que formaba parte del tribunal.

---- Yo, Raneb, hijo de Khamuese de la ciudad de Iun-mut, presento querella de acusación contra el Sumo Sacerdote de Amón, por el asesinato de mi hijo Hapy durante sus tareas como novicio sirviente del acusado, en el Templo de nuestro amado Amón de Waset. A este honorable tribunal presidido por mi Neter nefer, la bien amada Hija de Amón, nuestra soberana Hatshepsut, solicito se haga justicia contra el culpable de la muerte de mi joven vástago.---- Expresó el padre notablemente conmovido.

El resto de aquella mañana fue escuchada la versión de los hechos de boca del propio Hapuseneb que distorsionando los acontecimientos aparecía como inocente víctima de una confabulación tramada por sus enemigos que aprovechando el desgraciado accidente del novicio, no dudaron en utilizarlo para inculparlo como autor de un crimen que no fue tal. En cuanto a las sospechas de pederastia que se levantaban contra él, las adjudicó a calumniosos rumores despertados por su carácter cariñoso para con los sirvientes que lo asistían. En la reanudación del proceso durante la tarde del mismo día, el heraldo del tribual, anunció la entrada de los esclavos que se hallaban presentes en el momento del incidente que terminó con la muerte de Hapy, como testigos directos de los hechos.

Ingresaron a la sala dos jóvenes eunucos de no más de doce o trece años, parecían niñas en su caminar y en la manera de conducirse.

Uno era blanco y de cabellos castaños claros y lacios con aspecto de Medyau, mientras que el otro tenía piel trigueña, cabello ensortijado negro, ambos con una corta melena hasta los hombros.

Se los veía nerviosos y asustados.

El heraldo recitó las palabras de advertencia "deben testimoniar los hechos sobre los que serán interrogados, permitiendo que vuestros labios, solo pronuncien la verdad en la pureza del Maat, pues de lo contrario, si se los encuentra culpables de perjurio serán condenados a muerte y vuestros Ka encontrarán la aniquilación eterna ante el Amado Asar".

---- Presentaos al honorable jurado.---- sentenció el Heraldo a los jóvenes eunucos.

---- Me llamo Nebmertuf y soy esclavo del templo de Amón.----- dijo el joven blanco.

---- Yo soy Kem y también soy esclavo del templo de Amón.--- dijo el otro.

Pidiendo autorización el sacerdote de Mont interrogó a los testigos.

---- Esclavo Nebmertuf cuéntanos en donde se hallaban y qué pasó aquel día.--- Dijo el clérigo.

---- Nos encontrábamos junto a otros esclavos y algunos sirvientes más, al servicio de nuestro Señor el Sumo Sacerdote Hapuseneb asistiéndolo en su baño ritual, junto al Gran Lago Sagrado del templo antes de la caída del sol.---- dijo con voz nerviosa.

---- ¿Estaba el sumo sacerdote sumergido en el Lago?.---- Preguntó el sacerdote de Ra, tratando de aclarar la situación.

---- Así es mi señor.---- dijo el joven Nebmertuf.

---- ¿Hapy se encontraba en esos momentos con ustedes.?---- Volvió a preguntar el clérigo.

---- Así es mi señor.---- Respondió ahora el joven Kem.

La respuesta del joven levantó murmullos en el recinto. El acto de contaminar las Sagradas Aguas con la impureza corporal, aunque fuese el Sumo Sacerdote o el mismo Faraón, constituía un flagrante sacrilegio. El baño ritual debía llevarse a cabo junto al Lago extrayendo el bendito líquido por medio de jarrones consagrados de alabastro, los que se utilizaban para limpiar el cuerpo de los sacerdotes durante la ceremonia de purificación.

---- ¿Ésta situación de concretar el baño ritual dentro mismo del Lago Sagrado, ---- dijo Menkheperrèseneb remarcando con indignación el carácter Sagrado del lugar profanado.---- fue algo ocasional o lo hacía habitualmente?.---- preguntó el clérigo tratando de destacar la gravedad del delito.

---- El Sumo Sacerdote lleva más de un año celebrando de esta forma su purificación ritual.---- respondió Kem.

La respuesta despertó nuevos comentarios y gestos de reprobación de los presentes.

---- ¡Eso es una infamia!.---- gritó Hapuseneb.---- ¡Jamás cometí faltas en mi Ministerio y menos de ese tipo!.----

El acusado había perdido su aplomo inicial y comenzaba a sudar.

---- ¿Y que hacían ustedes allí mientras el acusado se bañaba?.---- preguntó Tutmés.

---- Yo me encontraba al borde del Lago sosteniendo las vestiduras de mi Señor, otro sostenía sus sandalias, Kem preparaba la bata para que se secara y un cuarto cuidaba las joyas, mientras que otros tres, entre los que se encontraba el novicio sirviente Hapy, frotaban la espalda, hombros y el cuello del Sumo Sacerdote.---- Dijo con voz aflautada el joven Nebmertuf.

Hatshepsut escuchaba atentamente y en silencio con semblante de preocupación.

---- ¿Qué ocurrió luego?.----- Preguntó Tutmés.

---- Mi Señor se dio vuelta hacia nosotros y tomó la mano de Hapy besándola suavemente.---- Dijo Kem.

---- ¿ Qué hizo Hapy?.---- Preguntó de nuevo Menkheperrèseneb.

---- Retiró su mano contrariado como avergonzado y siguió frotando los hombros del Sumo Sacerdote.---- Dijo el mismo muchacho.

---- ¿Era común este tipo de actitudes de parte del Sumo Sacerdote hacia esclavos y sirvientes?. Me refiero a besarlos.---- Inquirió el clérigo de Sobek.

---- Así es mi Señor. Suele acariciarnos y besarnos.---- Contestó Nebmertuf.

---- ¿De modo paternal?.---- preguntó Tutmés.

---- No siempre. De acuerdo a su estado de ánimo.---- contestó el muchacho.

---- ¿A qué te refieres con que depende de su estado de ánimo?.---- preguntó el Sumo Sacerdote de Ra.

---- Que en ciertas ocasiones son simples demostraciones de afecto pero en otras, nos da a entender que desea nuestra compañía.---- Dijo el eunuco.

---- Te pido que seas más concreto en tu respuesta.---- preguntó Menkheperrèseneb.---- ¿ A qué te refieres con compañía?.---- ante la vacilación de los esclavos que se miraban entre sí el clérigo los conminó a responder.---- Respondan.----

---- Compañía sexual.---- dijo Kem más decidido.---- Cuando quiere mantener relaciones sexuales con nosotros.---- respondió.

Los miembros del Jurado se miraban entre sí, en tanto la sala se había convertido en un murmullo generalizado de críticas y comentarios.

---- ¡Son viles calumnias mi Señora!. Esos muchachos insolentes están mintiendo para perjudicarme.---- Hatshepsut no quería mirarlo. Ella sabía que los jóvenes no mentían pues conocía las aberrantes actividades sexuales de Hapuseneb desde muchos años atrás y a través del conocimiento de ese secreto dominaba al clérigo, que jamás la traicionaría, ni pondría objeción a cualquier exceso en el uso del Tesoro del Templo.

---- ¡Silencio!.---- ordenó el heraldo acallando el bullicio de la concurrencia.

----¿Y por qué crees que Hapy se puso incómodo ante el beso del acusado, si era común este tipo de actitudes de parte de él?.---- Preguntó nuevamente el sacerdote de Sobek.

---- Hapy era un servidor de los más jóvenes y recién llegado al templo de Amón. Ingresó sólo un mes antes de su muerte. De modo que no conocía el trato que nos daba mi señor Hapuseneb.--- Contestó Nebmertuf.

Los partidarios de Hatshepsut escuchaban sin preguntar nada, como meros testigos del interrogatorio.

---- ¿Existió algún tipo de contacto físico entre el novicio y el acusado anteriormente?.---- Inquirió Menkheperrèseneb, asombrando a la reina quien no pensó que el segundo sacerdote de Amón buscaría profundizar en tal escabroso tema para complicar la situación de quien fuera su superior.

---- No mi señor. Al menos ninguno que nosotros conociésemos.----. Respondió el esclavo.

---- Cuéntanos sobre la forma en que tenían lugar esos contactos sexuales con el Sumo Sacerdote.---- solicitó Tutmés para hundir más a Hapuseneb que se veía muy perturbado por la situación en que se encontraba.

---- Después de su baño ritual acostumbrábamos acompañar a mi Señor Hapuseneb a sus habitaciones para perfumar y ungir su cuerpo con aceites y ungüentos, otros atendían las manos y los pies cortando y limpiando sus uñas.

Frecuentemente es servido un banquete con grandes bandejas colmadas de alimentos que mi Señor consume, al tiempo que el resto lo asiste afeitándolo o vistiéndolo con sus de las delicadas prendas y finas joyas al son de instrumentos musicales como arpas, sistros y flautas, de bellas piezas interpretadas por los músicos.

Durante el ritual de unción del Sumo Sacerdote era frecuente que su pene se pusiera erecto y duro, excitado por el masaje que nos obligaba a darle en el miembro. Luego de ello, ordenaba el retiro de todos los sirvientes, salvo de aquellos dos o tres jóvenes que elegía aquel día para satisfacer sus deseos sexuales, que comprenden desde masturbarlo, hasta ser montados por él o a la inversa.---- Dijo Kem.

----¡Mi Amada Soberana, no crea tan aborrecibles mentiras!. ¡Son un par de embusteros influidos por alguien que trata de perjudicarme!.---- Expresó Hapuseneb desencajado al verse cada vez más comprometido.

La reina con semblante disgustado ni siquiera se volvió para mirarlo.

---- En este momento se busca llegar a la verdad acerca de la muerte del joven

novicio, no se juzga la conducta sexual del Sumo sacerdote.---- dijo Hatshepsut tratando de desviar la atención del jurado.

Se hizo un silencio incómodo ante la escena vergonzosamente morbosa que había descrito el eunuco, a pesar de las intenciones de la Reina.

---- ¿Había sometido sexualmente a Hapy el acusado en alguna oportunidad?.---- Preguntó el sacerdote de Ptah.

---- No, mi señor. La única vez que había ordenado a Hapy quedarse para satisfacerlo sexualmente, el muchacho se negó respetuosamente.---- Respondió.

---- ¿Lo golpeó por ello el acusado?.---- Volvió a preguntar.

---- No. Pero se notaba su enfado y descargó su enojo sobre los otros muchachos elegidos, sometiéndolos con violencia.---- Respondió.

---- ¿Los sirvientes son todos eunucos?.---- Preguntó el clérigo de Thot. ---- La mayoría, mi señor, pero no todos. Hapy no había sido castrado.---- Dijo Nebmertuf.

---- ¿Eran golpeados por el acusado?.---- Pregunto Tutmés.

---- Normalmente no, salvo cuando se veía frustrado en sus deseos como fue aquel día que Hapy se negó a satisfacerlo.---- Dijo.

---- ¿Había sometido sexualmente a algún sirviente en el propio Lago?.---- Inquirió Menkheperre.

---- Sí, mi señor. En una oportunidad montó a uno de mis compañeros luego de ordenarle que se introdujera en el propio Lago Sagrado delante de todos los demás sirvientes.---- Volvió a responder. Cada nueva respuesta de los eunucos reavivaba cuchicheos y comentarios solapados a raíz del deplorable comportamiento del clérigo profanando el Santo lugar.

Se notaba la completa reprobación de los presentes contra los actos del Sumo Sacerdote, incluido el tribunal entre los que se contaban algunos partidarios de la Reina.

La mirada perdida de Hatshepsut evidenciaba su preocupación, como si se sintiese impotente para sacar a su protegido de tamaño escándalo que la afectaría directamente.

---- Ahora muchacho.---- Dijo Menkheperre dirigiéndose a Nebmertuf.---- Dinos que pasó exactamente aquella tarde de la muerte de Hapy.---- Continuó preguntando.

---- Como todas las tardes antes de la puesta del sol, estábamos asistiendo a nuestro Señor Hapuseneb, en su baño ritual en el Lago Sagrado. Mi señor pidió a Hapy que se acercara hacia el borde del largo para higienizarlo junto con los otros siervos encargados de esa tarea.

Hasta aquel momento Hapy estuvo sosteniendo la ropa que el clérigo se había quitado para entrar al Lago, tratando de evitar las cercanías del Sumo Sacerdote durante el ritual de purificación. Sin atreverse a negarle su servicio, Hapy se acercó y ayudó a lavar con hojas de palma y agua la espalda de mi señor. Fue en aquel momento en el que Hapuseneb se dio vuelta y besó la mano de Hapy. El niño siguió con su tarea, nervioso, seguramente pensando en que el clérigo lo pretendía sexualmente otra vez. Un momento después el Sumo Sacerdote se volvió hacia él y le ordenó que se sacara el taparrabo para introducirse en el Lago con él. El niño quedó paralizado junto al borde, pero con decisión se negó a cumplir la orden. Notamos que nuestro Amo volvió a irritarse pero conteniendo su ira, repitió a Hapy que tomara su mano y entrase con él en el agua. Cuando Hapy volvió a negarse, nos gritó ordenándonos salir de allí y que los dejásemos solos para esperarlo en sus aposentos.

Su rostro denotaba un disgusto que pocas veces demostró. El término correcto para describir su estado de ánimo, sería furioso.

Salió del Lago desnudo como estaba, con su pene erecto, acercándose a donde se encontraba Hapy que temeroso había caminado unos pasos alejándose del clérigo. Nosotros nos retiramos, pero mi curiosidad me llevó a voltear para ver qué ocurría. Cuando ya salían todos y mientras Hapuseneb reprendía a Hapy observe que trató de quitarle la ropa y el niño luchaba por escapar. El niño gritaba para pedir ayuda, pero mi Señor le gritó que se callara. Hapy trató de soltarse y golpeó a mi Amo sin querer, empeorando el estado de irritación del clérigo.

Gritando y llorando pidió al sacerdote que lo dejara ir. Éste intentó una vez más desprender su ropa hasta conseguirlo, tratando luego de arrastrarlo hasta el Lago. El muchacho hizo un renovado esfuerzo por zafarse gritando y golpeando con sus puños al Sumo Sacerdote que se veía completamente obsesionado. Cuando Hapuseneb lo tenía asido del brazo en un intento de impedir que huyera y para que dejara de resistirse, lo golpeó con el revés de la mano abierta en el rostro en el preciso momento en que el pequeño se soltaba, cayendo hacia atrás con su impulso y el de la bofetada de Hapuseneb, impactando violentamente con la nuca en el borde de mármol, continuando el movimiento hasta caer al agua boca abajo.

---- ¿ Y el acusado no intentó ayudar al jovencito?.---- Preguntó el sacerdote de Thot.

---- No. Se quedó inmóvil mirando la mancha de sangre que había dejado en el borde de mármol. El agua transparente del lago comenzó a enturbiarse, tomando una coloración rojiza. Luego escuchamos el pedido de auxilio de mi Señor, para que ayudáramos al niño. Nos arrojamos al agua para rescatar a Hapy, cuyo cuerpo flotaba a la deriva desde la orilla hacia el interior del Lago. Una multitud de sirvientes horrorizados a los que se sumaron los sacerdotes se cercaron al lugar desde todas las estancias del templo preocupados al escuchar los gritos y el pedido de ayuda de Hapuseneb.

A pesar de nuestros esfuerzos fue inútil todo intento de revivirlo. Nunca despertó.----- Dijo el muchacho concluyendo entristecido el dramático relato.

La concurrencia estaba consternada por tan trágica muerte, pero en pocos instantes la tristeza dio paso al odio contra el depravado que había provocado la muerte del niño, cuando el padre y la madre del muchacho con lágrimas en sus ojos, embargados de dolor, destrozados por la pérdida de su hijo comenzaron a gritar que se condenara al acusado.

---- ¡Reclamo la pena de muerte para ese degenerado asesino!. ¡Él es culpable de la muerte de mi pequeño hijo! ---- Exclamó desesperado de ansias de venganza.

La trifulca provocada por los ánimos alterados impidió la declaración del clérigo Puyemre, que había alcanzado a escuchar desde una estancia contigua a través de un muro la última parte del incidente entre el joven fallecido y el Sumo Sacerdote. Tuvieron que intervenir los guardias para contener a Raneb que se abalanzó contra Hapuseneb blandiendo una daga que había ocultado entre sus ropas.

A punto estuvo de matarlo pero el ataque fue bloqueado por el custodio personal de la reina, Wersu, que reaccionó con celeridad evitando la segura muerte del Sumo Sacerdote.

El desorden se apoderó de la sala cuando otros hijos de Raneb y sus hermanos trataron de defenderlo a al ver que algunos guardias lo golpearon en la espalda y en la cabeza para controlarlo.

Ante una señal de Hatshepsut al jefe de las brigadas Medyau, éste abrió la puerta ubicada sobre el muro derecho de la sala permitiendo el ingreso de una docena de efectivos que sofocaron la revuelta en pocos instantes a golpe de bastón, con tal rudeza que hubo algunos heridos de cierta consideración entre los implicados.

El heraldo anunció seguidamente que por orden de la Reina se pospondría el juicio hasta el día siguiente, advirtiendo que de producirse nuevos incidentes impediría el ingreso de la familia acusadora a la sala del proceso.

Al levantarse la sesión y cuando me retiraba a seguir con mi trabajo vi a Ykkur salir de la gran sala y con una señal muy disimulada me indicó que lo siguiera.

Me llevó hasta una sala que parecía un depósito de la administración del gobierno en la ciudad repleta de documentos en papiros ordenadamente colocados en estantes que llegaba casi a tocar el techo.

No había nadie trabajando a aquella hora de la tarde. Ykkur dio un vistazo para estar seguro de que estábamos solos. Luego de verificar se acercó a mí.

---- Shed, te necesitamos en éste momento para que te introduzcas en el Palacio Real y trates de averiguar lo más que puedas sobre los planes de Senmut que abogará ante el tribunal para reducir la pena que recibirá Hapuseneb. Mi Señor Tutmés cree que después del relato de los eunucos y el testimonio de mañana del sacerdote Puyemre, la reina no tendrá otra alternativa que destituirlo como Sumo Sacerdote de Amón.--- Me explicó apresuradamente.

---- Pero, es casi de noche. ¿Qué excusa daré si me descubren?.---- Pregunté.

---- No debes dejar que te descubran. Mi señor te lo pide como un favor especial por el que serás recompensado cuando él sea el Faraón y si llegan a atraparte o te matan, tus padres recibirán un fuerte pago en oro para compensarlos.---- Dijo.

Se me hizo un nudo en la garganta ante tal perspectiva.

---- Hapuseneb quedará recluido en las mazmorras de Palacio que se encuentran al final del edificio de la administración al lado del depósito. ---- Siguió diciendo.---- Y ahora vete pronto hacia el Palacio antes de que la Reina regrese con sus simios protectores. Apresúrate la Reina pronto saldrá de la Sala del Tribunal. El Príncipe tratará de retrasarla para que tengas tiempo de llegar y esconderte en el interior de sus aposentos. Que Amón te proteja ---- concluyó.

Salí por una puerta lateral del edificio del Kenbet y desde las escaleras de acceso observé que la reina y su cortejo abandonaban el lugar rumbo a los carros para dirigirse hacia la residencia real.

Ya casi había oscurecido y comenzaron a encenderse las luces de las casas y las antorchas de las calles.

Corrí lo más rápido que pude las pocas cuadras de distancia entre ambos edificios para buscar un lugar donde esconderme, de manera que pudiese ver o escuchar algo que fuese útil a mi Señor Tutmés. Tendría que entrar por el acceso de la servidumbre, como cuando voy a buscar a Tausert y deslizarme por el jardín hasta las habitaciones del Harén, para de allí entrar en los aposentos de la Reina.

El corazón me latía con fuerza más por el nerviosismo que me había invadido, que por la veloz carrera que había emprendido, intentando llegar antes que la comitiva real.

Cuando llegué al palacio había muchachas de la servidumbre compañeras de Tausert. Pensé rápidamente e imaginé que ella sería una buena excusa para estar allí, pero ¿qué motivos le daría para que me ayudara?. No podía decirle la verdad, sería comprometerla demasiado. Confiaba en ella aunque no la conocía lo suficiente como para hacerla partícipe de un secreto tan importante.

Tratando de disimular mi estado de agitación, saludé a sus amigas y me dirigí directamente hacia ella que se hallaba cerca, conversando con otra de las muchachas.

La tomé de la mano, le di un beso y la aparté de allí hacia el jardín lo más rápido que pude, tratando de no llamar la atención. Se dio cuenta de que me encontraba jadeando y tocó mi pecho que latía acelerado.

---- ¿Qué te pasa, Shed?.---- Me preguntó extrañada.

---- Ahora no puedo explicarte, pequeña mía. Necesito que permanezcas aquí en el jardín, como si estuvieras conmigo, el mayor tiempo que puedas. Mi vida depende de esto.

---- Shed, me asustas. ¿Qué ocurre?.---- preguntó turbada de preocupación.

---- Confía en mí, luego te contaré.---- Le dije, pensando si saldría de aquel brete.

Se quedó sola sin entender mi extraño comportamiento, mientras yo partía apresuradamente hacia el ala del edificio en que se encontraba el Harén y los aposentos reales.

Avanzando sigilosamente primero entre los árboles del jardín y luego escondiéndome en diferentes sectores donde pudiera ocultarme de la vista de los guardias de palacio, fui adentrándome cada vez más en la intimidad de la zona prohibida. Ciertamente, los guardias estaban muy relajados conversando, sin prestar demasiada atención a causa de la ausencia de la soberana y el chambelán, de modo que me introduje hasta el patio apenas iluminado por algunas antorchas, trepándome a través de una fuerte enredadera que se enroscaba alrededor de una columna que ascendía hasta la baranda del corredor del piso superior que conducía a los aposentos reales, justo en el momento en que se escuchaban los primeros murmullos de la comitiva real ingresando por el patio de entrada. Oculto detrás de una columna observé que de las habitaciones que utilizaba la reina en la planta alta, al menos tres se encontraban ocupadas por esclavas al cuidado de diversas tareas.

Entre las estancias, una parecía ser un lujoso baño, otro una sala de vestido y la tercera el dormitorio.

Pensé que era una suerte, que el resto de los aposentos estuviesen vacíos y elegí una sala de estar, en donde me escondí entre un gran mueble y el cortinado que cubría una ventana. Las lámparas de aceite se encontraban apagadas a excepción de una, ubicada en el extremo opuesto del sitio en que me encontraba. A pesar de la poca iluminación del lugar, alcanzaba ha ver las formas y contornos de los objetos que ornamentaban la estancia. El mobiliario en maderas de cedro, caoba y ébano, lucía magistrales trabajos de ebanistería con aplicaciones en piedras, marfil y enchapados en oro, bellísimos en los detalles y excelentes en cuanto a la terminación. Preciosos ramos de amapolas y nenúfares coronaban los jarrones de alabastro y mármol con las sensuales formas de Hathor, Diosa del amor y estatuillas con aspecto humano y zoomórfico, teofanías de diversos dioses como la extraordinaria figura en jaspe rojo de una leona, representativa de Sajmet, otra de una bella gata sentada, esculpida en pórfido negro, representativa de Bastet y otras más, incluida una del carnero de Amón, de un codo de alzada, colada en oro, bruñida y pulida hasta brillar como un espejo. Completaban los aditamentos del mobiliario, jergones y almohadones, sobre una alfombra y un cómodo sofá.

Esperé ahí lo que me pareció una eternidad, mientras observaba la gran actividad desarrollada por la servidumbre yendo y viniendo por el corredor, preparándose para la atención de Hatshepsut que aún no había aparecido ante mi vista.

Por fin, escuché su voz en el corredor y enseguida entró en la sala donde me hallaba, acompañada por Senmut, el Tesorero Ay y el viejo General Udimu. Contuve la respiración y quedé paralizado de miedo temiendo que descubriesen mi presencia. Se veían demasiado preocupados para sospechar que podía haber un extraño escuchándolos, y totalmente oculto, me encontraba en el sector más oscuro de la habitación.

Hatshepsut venía seguramente de su baño nocturno con una bata liviana de un tono ocre claro, con su cabello mojado y sin maquillaje en el rostro. Asistida por siervas y esclavas que secaron y peinaron su pelo, masajeando luego sus pies, su cuello y hombros, mientras conversaba con sus funcionarios.

La soberana se veía preocupada y enfadada al mismo tiempo. Mientras que las esclavas la vestían con ropa de cama detrás de un biombo, ella conversaba con sus funcionarios. Acuclillado observé la escena por el espacio que quedaba entre la cortina y el mueble.

---- No existe manera alguna de que el resto del tribunal lo declare inocente.---- dijo Senmut a la Reina refiriéndose por supuesto a Hapuseneb.

---- ¡Pero él no quiso matar al niño!. En eso debe basarse la defensa que presentarás mañana.---- dijo Hatshepsut desencajada.

---- Solo un milagro puede salvar a Hapuseneb, porque a pesar de que la muerte haya sido accidental, él forzó la situación y provocó la desgracia, al intentar violar al niño. Si había algo que podía acrecentar aún más la indignación de los clérigos contra él, era confirmar su nefando comportamiento homosexual, a lo que ahora se agrega la muerte de un novicio.---- replicó Senmut.

---- Y mañana Puyemre terminará de hundirlo.---- dijo Ay con sarcasmo.

---- ¡Solo falta que té alegres viejo estúpido!. ¿Acaso ignoras que si otro clérigo ocupa el Sumo Sacerdocio de Amón puedo verme obligada a abdicar a favor de Tutmés?. ¿Adónde crees que irás a parar tú sino a la cárcel o a la horca, después de tantos años robándole a las arcas del Estado?---- dijo furiosa Hatshepsut. Ay se puso pálido al advertir su perspectiva de futuro.

---- Bueno, debemos calmarnos. Tiene que haber alguna solución.---- dijo Senmut pensativo.

---- Me siento agotada.---- expresó Hatshepsut dirigiéndose al Tesorero y al General.---- Mañana nos reuniremos después del mediodía luego de que tome una decisión.----

Cuando quedaron a solas el arquitecto y la soberana, Senmut se sentó junto a ella.

---- Cuando hablé con Hapuseneb antes de venir a la reunión, me amenazó diciendo que si no lo declarabas inocente y lo mandaban a la cárcel, declararía que todos estos años lo obligaste a fraguar los oráculos de Amón para seguir usurpando el poder en perjuicio de Tutmés.---- dijo visiblemente preocupado.

---- ¡¿Qué?!. ¡Ha comido todos estos años de mi mano y llenado de oro su tumba con lo que le permití tomar del Tesoro del Templo, y tiene la osadía de intentar extorsionarme!.---- dijo Hatshepsut totalmente fuera de sí.---- Bastardo degenerado. ¡¿Quién se cree que es?!.----

---- No podemos arriesgarnos a que declare eso. Sería nuestro fin y podrían condenarnos por traición al legítimo Faraón.----

---- ¡Yo soy la legítima soberana!---- dijo molesta Hatshepsut. ---- No podemos arriesgarnos a que declare. Sería nuestro fin y podrían incluso acusarnos de traición contra Tutmés.---- expresó Senmut preocupado.

---- Llama a Khian.---- le dijo refiriéndose al jefe de la custodia, al tiempo que abandonaba la sala hacia otra de las habitaciones.

Agotado y con la mente ocupada en la idea de salir de allí para comunicar a Tutmés lo que había escuchado, aguardé unos momentos más, impaciente y orando a Amón poder abandonar el lugar prontamente y sin que me descubrieran. Sentía mis piernas entumecidas de permanecer en la misma posición por tan largo tiempo, temiendo que en el momento más inesperado ingresara alguien y tuviera que permanecer inmóvil en una postura aún más incómoda.

Vi atravesar el corredor a Senmut y a Khian hacia los aposentos de Hatshepsut y más tarde abandonaron el lugar rumbo a las escaleras mientras las esclavas iban y venían, terminando de atender a la soberana que se disponía a pernoctar.

Por fin luego de horas de estar casi inmóvil escondido detrás del cortinado, ingresó una esclava negra para apagar la lámpara colgante de la sala, dejando la pequeña lamparilla de aceite que permanece encendida toda la noche, quedándome casi a oscuras con su tímido resplandor y el tenue reflejo proveniente de las antorchas del corredor que bastaba para moverme sin chocar con los objetos que me rodeaban.

Un poco más tranquilo, moví mi cuerpo intentando recuperar la percepción de mis miembros y salí de mi escondite para acercarme a la puerta de la sala que comunicaba con el pasillo, a observar en qué condiciones se encontraba el corredor para poder fugarme.

Después de que la reina ordenó que se retiraran las últimas esclavas de sus aposentos, los guardias de Palacio que se hallaban en la planta baja, subirían las escaleras para ubicarse delante de cada una de las habitaciones reales que daban al corredor, para guardar el sueño de su señora; de manera que era mi mejor oportunidad de huir del lugar, antes que el corredor se llenara de custodios.

Salí rápidamente a través del corredor desierto, hacia la columna abrazada por la enredadera por la que había subido.

Cuando, asido de las fuertes ramas intentaba cruzar mi pierna fuera de la baranda iniciando el descenso, me percaté para mi desgracia que, al pie de la enredadera en la planta baja, dos guardias de la custodia de la reina se encontraban conversando sentados en el borde de un cantero contiguo, imposibilitando mi escape por la vía que me había permitido llegar hasta allí. No existía modo alguno de alcanzar el jardín sin que me vieran. Desesperado, maldiciendo y sin saber qué hacer tuve que regresar a la sala de la que había salido, ante el ruido de pasos de los guardias ascendiendo por las escaleras. Debía encontrar otra forma de salir pues amanecer allí sería fatal. Con las primeras luces del día me descubrirían fácilmente y sería mi fin.

¡Las ventanas!. Seguramente encontraré una salida por allí. ¿Pero a dónde me llevarán?. Eso realmente importaba poco mientras me llevara a un sitio donde no hubiese guardias. Comencé a buscar a tientas detrás de las cortinas y para mi sorpresa descubrí que una de ellas ocultaba no una ventana sino una puerta. La misma daba acceso a un balcón pequeño adornado con plantas florales.

Esperé que se acostumbraran mis ojos a la oscuridad, pero de todas maneras no pude ver mucho. Aparentemente se trataba de un patio interior a cielo abierto entre las salas que pertenecían al edificio de la administración de palacio y el anexo del edificio del Tesoro.

El patio interior seguramente tenía como función, permitir el ingreso de la luz solar hacia ambos edificios contiguos, y aumentando la ventilación de los mismos. Por encontrarse bastante nublado y sin luna, no podía ver el suelo debajo del balcón. De lo que estaba seguro era de que no había guardias y tampoco se veían palmeras ni arbustos. Se me cruzó por la mente la idea de que fuese un serpentario al punto que se me puso la piel como de pato de solo imaginarme cayendo en un nido de serpientes.

Arranqué un pedazo de mi faldellín y lo embebí en el aceite de la pequeña lámpara, encendiéndolo, y lo llevé hacia el balcón para arrojarlo hacia abajo, de modo que iluminara el lugar donde cayese. La llama que producía no era grande pero difundía la suficiente luz para ver un área pequeña a su alrededor.

Pasé mis piernas por encima de la barandilla del balcón y con movimientos lentos y seguros, fui asiéndome de diferentes partes de los barrotes de madera del mismo, hasta quedar colgado de las manos con los pies en el aire, suspendido por encima del trozo de tela encendida. Calculé que no era demasiado alto y me solté.

El golpe fue duro pero no demasiado. Me levanté y tomando la tela que se consumía rápidamente me apresuré a buscar una salida de aquel sitio. Al hacerlo me di cuenta de que mi imaginación había ido realmente muy lejos. El lugar era simplemente un bello jardín con plantas ornamentales. Empecé a palpar las ventanas y puertas que daban acceso al interior de los edificios en la planta baja. Ambas secciones pertenecían a la administración pero mientras la primera era asiento de la burocracia del palacio y la otra lo era del tesoro. Encontré una ventana de la administración del palacio que cedió ante mi presión; tomé el pabilo de tela encendida con un palito del jardín y me introduje en la sala.

Lo primero de que me ocupé, fue de buscar alguna lámpara de aceite antes de que se apagara mi trozo de faldellín. Encontré un pequeño cuenco de cerámica con grasa y mecha, del tipo que usan los escribas para iluminarse en su trabajo. Luego de encenderlo revisé el lugar buscando otra salida que me llevara al jardín exterior pero tanto en los corredores como en las galerías se encontraban los guardias. Al llegar a la última sala, ya que eran tres salas contiguas de oeste a este, me encontré una pequeña puerta hacia el este y otra que daba salida hacia el final de la galería. Pensando en que estaba cerca del extremo oriental del edificio que colindaba con el parque de palmeras, traté de abrir la última, entreviendo la posibilidad de fugarme por allí. Apenas abrí un dedo escuché el murmullo de los guardias custodiando el corredor exterior de ese sector. Debería tratar por la otra para averiguar adónde me conduciría.

La puerta cedió con facilidad a mi fuerza y sin producir sonido. Entré cautelosamente observando a mí alrededor; la oscuridad era completa. Caminé unos pasos y luego llegué a una corta escalera descendente que me llevó hasta un estrecho cuarto.

Al mirar observé a mí alrededor grandes cantidades de papiros sin usar apilados en los estantes superiores, más abajo pinceles, paletas de escriba, cuencos para preparar pigmentos, vasos, morteros y pilones todos materiales comúnmente utilizados por los escribas.

En aquel momento recordé lo que me había dicho Ykkur referido a que Hapuseneb se encontraba recluido en la mazmorra de palacio, contigua a las salas de la administración. ¡Quizás me encontraba cerca de la mazmorra!. Sería muy peligroso intentar entrar en ella para averiguar algo más. ¿Y qué podía averiguar sino que Hapuseneb se encontraba allí?. Eso ya lo sabía Tutmés y no era de mucha utilidad. Pero si Senmut estuviese discutiendo con el Sumo sacerdote los términos de algún tipo de acuerdo, para que el clérigo no declarase que la reina era una usurpadora que lo había utilizado para perpetuarse en el trono, el conocimiento de esa conversación podría ser de suma utilidad para el Príncipe.

Aún no tenía ni la más remota idea de cómo salir de allí, pero llevado por la posibilidad de averiguar alguna información que sirviese a los propósitos de mi Señor Tutmés, me arriesgué a intentar ingresar en la prisión subterránea. Me propuse, acercarme lo suficiente para escuchar, pero si resultaba muy riesgoso o había demasiados guardias, desistiría, pues valía más la poca información que poseía hasta ese momento, que ser atrapado y no poder transmitir lo que sabía.

Apagué la lámpara, para que el tenue resplandor que emitía, no delatase mi presencia, ya que la puerta al final del cuarto tenía un visor, es decir una pequeña ventana, que comunicaba con lo que yo suponía que era la prisión subterránea. Justo como pensaba, desde el visor, pude ver al otro lado de la puerta unas escaleras que, con un descanso intermedio entre los dos tramos que la formaban, descendía aproximadamente entre seis y ocho codos con respecto al nivel del suelo del Palacio. Desde el visor observé también, el estrecho y oscuro corredor al que conducían las escaleras. A causa de la diferencia de altura entre mi ubicación y el corredor, solo podía contemplar desde allí un corto trecho del mismo. No se veía actividad en él y tampoco se escuchaban sonidos de ninguna especie.

Esperé unos instantes más hasta estar seguro de que no había nadie cerca. Empujé la puerta que se abrió provocando un chirrido que me dejó paralizado. Pensé que me descubrirían por la tamaña estupidez que había cometido, al abrir una puerta deformada por la humedad y descuidada en su estado por la falta de uso, ya que según tenía entendido la mazmorra no se utilizaba desde hacía por lo menos veinte años. Me escondí detrás de la puerta y permanecí inmóvil con el corazón latiendo furiosamente. Expectante aguardé alguna señal que me llevase a actuar, ya fuera huyendo por la ruta por la que había llegado o intentando combatir si trataban de capturarme.

Para mi asombro y tranquilidad, nadie llegó hasta el lugar y nada ocurrió. El sitio se hallaba en una quietud y un silencio sepulcral, cosa sumamente extraña, teniendo en cuenta que una de las celdas albergaba al personaje más importante de entre los funcionarios del país. Al menos debería haber guardias custodiando al recluso, pensé.

Cerré la puerta levantándola para que volviese a chirriar. Bajé las escaleras y me desplacé por el corredor con el mayor sigilo posible.

Algunas antorchas a distancias regulares sobre soportes de metal herrumbrado fijados a las paredes de revoque descascarado y manchado, iluminaban el interior.

Las celdas estaban vacías como era de esperar, y el único ocupante de la mazmorra se hallaba ausente hasta ese momento. ¿Lo habrían dejado escapar para que no declarase?. Podía ser cierta mi suposición teniendo presente que Hapuseneb comprometería seriamente la situación de la Reina. Dejarlo escapar solucionaba su problema y explicaba también la ausencia de guardias en la prisión. Por otra parte, ¿aceptaría Hapuseneb huir como un delincuente común y perder su posición y fortuna, sin intentar presionar a la soberana para conseguir de ella un acuerdo más favorable a su dignidad y poder?. Resultaba difícil creer tal cosa. Pero, si no se encontraba en la mazmorra, ¿a dónde lo habrían llevado?. Mientras continuaba husmeando imprudentemente las celdas de la desierta prisión, movido por la malsana curiosidad que me impulsaba constantemente a meter las narices en donde no debía, divisé una zona oscura al final de un pasillo lateral que de lejos parecía un foso enrejado.

A medida que me acerqué, me di cuenta que estaba en lo cierto. Era una celda circular en pozo, cubierta por un enrejado de madera.

No pueden haberlo alojado allí, teniendo en cuenta su prestigio y el hecho de ni siquiera había sido condenado.---- pensé.

Al asomarme al borde del foso me di cuenta que en su interior había alguien acostado, pero a causa de la falta de luz no podía estar seguro de que se trataba del Sumo sacerdote. Fuera quien fuere, estaba acostado sobre el suelo, sin manta ni camastro y aparentemente dormido. A medida que mejoró mi visión en la penumbra, advertí que, ¡efectivamente era Hapuseneb y di un respingo cuando vi que se encontraba con los ojos abiertos mirándome!, o quizás, ¡por los cuernos de Amón!. Se me heló la sangre de solo pensarlo. El clérigo no se movió y tampoco emitió ningún sonido.

Tomé una antorcha de la pared del corredor y volví hasta el foso para estar seguro de lo que creí ver. Si me equivocaba y Hapuseneb se hallaba dormido, me alejaría rápidamente buscando una salida antes de que pudiese meterme en más problemas. Pero si confirmaba mis sospechas mis problemas serían aún más graves.

Cuando iluminé el foso todas mis dudas desaparecieron, dejando paso a escalofríos estremecedores que paralizaron mi corazón por un segundo.

¡¡ Hapuseneb estaba muerto y por sus facciones podía adivinar que había sido asesinado!!. Tenía los ojos desorbitados, su redonda cara de luna contorsionada en un rictus de desesperación y grotescamente maquillada con la blanca palidez de la muerte, con un surco que circundaba su obeso cuello, inequívoca señal de que algún tipo de cuerda o cordón fue utilizado para tal fin.

Estupefacto, como atontado por mi macabro descubrimiento, comencé a retroceder de espaldas sin poder apartar mis ojos del foso, comprendiendo el alcance de mi hallazgo. Choqué con la pared que se encontraba a mi espalda y se cayó la antorcha de mi mano que sudaba profusamente. Empecé a temblar de miedo con el corazón intentando brotar de mi boca. ¡El Sumo sacerdote de Amón había sido asesinado y yo como un perfecto estúpido entrometido, arriesgándome a que me despellejaran vivo!. Con el corazón latiendo furiosamente, retrocedí de espaldas alejándome del foso, estupefacto con mis ojos atrapados en la visión del abominable crimen que se había perpetrado. Imaginando mi propia muerte al ser capturado en la prisión por ser testigo del asesinato del funcionario más importante del imperio, confundido, abrumado por las consecuencias de mi hallazgo, inundado mi entendimiento por un torrente de pensamientos que ahogaban mi razonamiento en el momento en que más necesitaba pensar claramente para tomar una decisión acertada que me sacara de aquel enorme aprieto.

Con la piel erizada de miedo, estremecido de terror, choqué contra la pared del corredor soltando la antorcha que resbaló de mis sudorosas manos y caí torpemente hasta quedar tendido.

Me puse de pié y levanté la antorcha. Debía tranquilizarme y buscar una salida para abandonar el lugar lo antes posible. Intenté recobrar la compostura tratando de eliminar de mi mente cualquier pensamiento que me apartase del objetivo principal; encontrar una manera de escapar de la mazmorra.

En el sepulcral silencio nocturno emprendí la búsqueda de la puerta principal de la prisión, sabiendo que desandar el camino y regresar al patio interior no me llevaba a ninguna parte. La entrada principal de la mazmorra estaría custodiada por guardias de palacio, pero hasta no estar seguro de que esa vía era inviable, no debería descartarla ante la inexistencia de una opción mejor.

Recorriendo los corredores del laberinto subterráneo, arribé por fin ante una puerta a través de cuyo visor penetraba la pálida luz de las antorchas exteriores del vestíbulo frente al que observaba la escalera que ascendiendo, llevaba hacia el bosquecillo oriental del parque palacial.

Dejé mi antorcha en un soporte de la pared y me aproximé cautelosamente a la puerta, a otear por el visor, las condiciones en que se encontraba custodiado exteriormente el acceso a la mazmorra.

La escalera constituida por dos tramos en ángulo recto entre sí, separados por un pequeño descanso intermedio, se hallaba flanqueada por las paredes rocosas coronadas en su parte superior, a nivel del suelo del parque, por dos canteros laterales ocupados por arbustos decorativos.

No había guardias delante de la puerta ni en el descanso de la escalera, sin embargo aguzando mis oídos, pude escuchar la conversación de los guardias, a los que no veía, pero que se encontrarían en el acceso superior de la misma.

Seguro de que nadie me vería, me asomé por el visor para ver como estaba cerrada la puerta por fuera. Era un sistema simple de traba giratoria, consistente en una tabla unida a la puerta por un perno metálico alrededor de cuyo eje gira, para alojarse en un canal formado por un soporte en ángulo, fijado al marco de la puerta. La tabla poseía también un tarugo de madera unido a la misma en su extremo, para asirla manualmente facilitando su movimiento. El visor permitía el paso de mi brazo, pero se encontraba demasiado alto para que mi mano alcanzara el tarugo de la traba ubicada a media altura de la puerta. Lo único que podía darme resultado a falta de un gancho u otro objeto que me permitiese levantar la tabla para destrabar, era tratar de hacer un lazo con otro pedazo de tela de mi harapiento faldellín, enlazar el perno de madera y tirando de él hacia arriba levantar la tabla sacándola de la canaleta. Estuve intentando sin éxito, balanceando el lazo durante un buen rato. Cada vez llegaba más cerca o lo enlazaba y se soltaba. Por momentos se me acalambraba el antebrazo hasta que pude introducir el lazo casi en la base del perno y para mi alegría pude levantar la tabla. Empuje muy despacio la puerta que casi no hizo ruido al abrirse. Contuve el aliento por un instante esperando que los custodios no hubiesen percibido el leve chirrido. Para mi tranquilidad prosiguieron conversando con naturalidad. Era lógico, ----pensé.---- que no hubiese más guardias ya que, ¿cuántos guardias podrían ser necesarios para evitar que un muerto escapase de una prisión?. Hapuseneb no tenía amigos, ni partidarios que quisieran liberarlo, de modo que Khian dispondría una vigilancia normal.

Volvía a cerrar la puerta y la trabé. Solo me restaba escalar la pared tomando apoyo en la traba de la puerta y en el soporte de la antorcha del mismo lado para poder colgarme del borde del cantero con mis manos y trepándome, terminar por escabullirme entre los arbustos sin que sospecharan siquiera mi presencia. Salí de allí lo más silenciosamente que pude amparado en la oscuridad, hacia la espesura del parque caminando a gachas y con movimientos lentos hasta estar seguro de que no había nadie cerca. Cuando me hube distanciado lo suficiente empecé a correr entre los árboles del bosquecillo, buscando el lugar en que había abandonado a Tausert.

Era demasiado tarde para que todavía estuviese allí, pero no perdía nada con buscarla. Cuando me dirigía hacia ese lugar, surgió una sombra de repente detrás del tronco de una gran higuera y antes de que pudiera reaccionar, algo se interpuso en mi carrera haciéndome tropezar y caer de bruces sobre la tierra. Sorprendido y molesto me levanté para ver quién o que era aquello. Como si se completara una noche de pesadilla vi una figura humana que se acercaba a mí, pero sin poder reconocerla retrocedí en la penumbra del bosquecillo. ----- ¿Quién es?.----- Pregunté molesto.

---- ¿Quién crees, muchacho?. El que te aliviará de los pesares de la vida, por supuesto.----- Respondió con sarcasmo.

Pensé que era una broma al principio pero no reconocía la voz, un tanto deformada, como si tuviera cierta dificultad para hablar.

---- ¡Sí es una broma, no me parece graciosa!.---- Dije en tono irritado.

A medida que se acercaba, más retrocedía de espaldas a las antorchas del jardín, para que su luminosidad me permitiera ver a mi atacante.

---- Seré la peor broma que te hayan hecho.---- Me dijo.

Cuando lo reconocí no podía creerlo. Pensé, ¿cómo podían aparecer todos los problemas al mismo tiempo?. ¿Qué pecado había cometido para ser castigado de aquel modo?.

---- ¿Por qué me atacas?.----- Le dije, imaginando que ya sabía de mi relación con Tausert. Era Wersu y por cierto, se hallaba bastante borracho.

---- No te hagas el estúpido. Te vi aparecer desde donde se encuentra la mazmorra.---- se me heló la sangre. Todo mi afán de pasar inadvertido había sido en vano y ahora me encontraba a su merced. No podía permitir que me entregara a la reina; sería mi fin.---- ¿Qué hacías husmeando por allí?. Quizás eres un espía y averiguaste que Hapuseneb está muerto.---- siguió diciendo.

---- No sé de lo que habla.---- mi reacción debe haber sido muy evidente porque a pesar de negarlo todo, Wersu se percató de que había dado en el clavo.

---- Veo que he acertado al creer que esos estúpidos guardias permitieron tu entrada en la mazmorra. Pero ya no importa que lo sepas. Hapuseneb está muerto y fui yo quien lo estranguló con mis propias manos.---- mientras Wersu continuaba hablando, comencé ha evaluar los acontecimientos, notando que la única manera de salvar la situación, era matar a Wersu, pues si intentaba huir sería atrapado por los guardias que pululaban por todo el ámbito del palacio y de caer en manos de Khian el jefe de la custodia real, era seguro que me harían desaparecer como si la tierra me hubiese tragado o lo que era peor me torturarían para que declarara que fui enviado por Tutmés.---- El gran Sumo Sacerdote se retorció como una culebra entre mis manos y suplicó por su vida pero Amón parece no haberlo escuchado.---- dijo burlándose con una macabra sonrisa en el rostro.---- Ahora ha llegado tu turno.---- me dijo en tono de sentencia.---- Me has facilitado todo. Puedo matarte y culparte del asesinato del Sumo Sacerdote recargando la responsabilidad en el Príncipe Tutmés, brindándole un gran servicio a la soberana, y como por casualidad te saco del camino entre Tausert y yo.---- concluyó.

---- Estás completamente loco. No tengo noción de lo que dices. Yo estaba con Tausert del otro lado del bosquecillo de palmeras.---- dije mientras me preparaba mentalmente para un ataque por sorpresa.

---- Mientes. Venías de la mazmorra. Tausert ni siquiera estuvo aquí.---- expresó con una evidente reacción de celos.

---- Aquí estoy.---- dijo Tausert saliendo de entre las hojas de los sicomoros que tenía Wersu a su espalda, viniendo hacia mí.---- deja de molestar a Shed. Estuvimos juntos toda la noche.---- dijo Tausert tratando de ayudarme.

---- Pues tu enamorado no llegará a ver el amanecer.---- dijo furioso Wersu.

Aparté a Tausert hacia un costado cuando vi que Wersu desenvainaba su puñal y lo esperé atento, sabiendo que era fuerte y veloz.

Sabía que no podía equivocarme pues la lucha era a muerte. Sentí mis manos húmedas y mi cuerpo exudaba una transpiración profusa y de fuerte olor. Todos mis sentidos estaban puestos en mi atacante y mi pecho se agitaba en cada latido como un corcel desbocado.

---- ¡Mira, asquerosa ramera, como destripo a tu enamorado!---- gritó Wersu abalanzándose hacia mí.

---- ¡Cuidado Shed!.---- dijo Tausert temiendo por mi suerte.

Las primeras estocadas pasaron lejos. Fue acercando sus ataques sorprendido por mi habilidad para esquivarlos. Yo tenía además la ventaja de estar sobrio.

Hizo un movimiento cortante horizontal a la altura de mi pecho, que apenas pude evitar. Era rápido y no me dejaba oportunidad para contraatacar. De pronto se lanzó sobre mí con una puñalada descendente que no tuve tiempo de esquivar pero pude bloquearla con los brazos cruzados sobre mi cabeza, viéndome obligado a asentar una rodilla en el suelo delante de Wersu que aprovechó para patearme en las costillas haciéndome gemir a pesar de que amortigüé el golpe al torcer el tronco. Dolió mucho pero pude soportar el golpe y en el mismo movimiento le quité el arma. Me golpeó en el estómago con su codo e intentó golpearme luego con el revés de su puño cuando lo solté, pero falló y quedó frente a mí desguarnecido. Casi instintivamente saqué el golpe hacia el corazón, clavándole el puñal hasta la empuñadura.

Miró el puñal clavado en su pecho, sin comprender que yo le hubiese herido de muerte, y cayendo de rodillas se derrumbó frente a mí sin emitir sonido, con un hilo purpúreo corriendo por la comisura de su boca colmada de sangre.

Tenso y agitado aún por el combate, abracé a Tausert que se lanzó hacia mí, preocupada por mi estado, en momentos en que comenzaban a llegar más curiosos al lugar, advertidos seguramente por el grito de Tausert. De entre ellos, varios deben haber visto que maté a Wersu en defensa propia, pues él me había atacado. Sin embargo, haber asesinado al subjefe de custodios de la soberana no podía ser un asunto sin complicaciones.

Fui conducido, aquella madrugada, a la alcaldía para permanecer recluido allí hasta que se aclarase el incidente y prestasen declaración los testigos del hecho.

Fue una suerte para mí que no hubiese estado armado y que el puñal con el que maté a Wersu halla sido reconocido por los guardias de palacio como perteneciente al occiso, lo que respaldaba mi versión del ataque injustificado del subjefe de la custodia real por razones pasionales, a causa de los celos que había despertado en él, mi relación con Tausert, a quien todos los sirvientes de palacio reconocían como blanco del acoso del temperamental y violento personaje.

Los siervos de palacio, entre los que se encontraban varias compañeras de Tausert fueron interrogados por los escribas del consejo de justicia, acerca de la afirmación de la misma, de que el muerto solía abusar de su condición de poder, relacionado a su papel de custodio real, aprovechándose de las muchachas de la servidumbre y relatando las pretensiones que Wersu tenía sobre ella, incluyendo el testimonio del intento de violación del que Ykkur la había salvado. Unánimemente siervos y esclavos convalidaron los dichos de Tausert y aquellos que fueron testigos de la disputa declararon que Wersu era el atacante, empuñando el arma antes de que yo se la quitase, de manera que no existían dudas respecto a quien había iniciado el pleito.

Mis padres se preocuparon mucho cuando se enteraron de que había sido encarcelado por asesinato. Otro tanto había ocurrido con Tutmés, pero sus razones obviamente pasaban más por el peligro de que se descubriera mi actividad a su servicio. El Príncipe no podía enviar a ninguno de mis amigos de la custodia para saber de mí, por temor a que se pudiese relacionar el incidente de la noche anterior con él, de manera que tampoco pude informarlo de lo que había descubierto en la mazmorra.

Luego de tranquilizar a mi familia cuando se enteraron de que me encontraba bien y que sería liberado para la tarde, me di cuenta de la urgencia de comunicar a Tutmés la muerte del Sumo Sacerdote, para que pudiera tomar decisiones pertinentes antes de que fuese anunciada la noticia durante el juicio ante el tribunal aquella mañana.

Ante la imposibilidad de confiar el mensaje a otras personas, le pedí a mi padre que se lo trasmitiera a Ykkur. No quería complicarlo en mis asuntos pero como se encontraba al tanto de mis actividades, era la persona más adecuada para llevarlo a cabo.

Habiendo despedido a mi madre y a Eset, que me habían ido a visitar con Pentu, pude quedarme a solas con mi padre unos momentos para hablar antes de que los guardianes de la alcaldía le prohibieran seguir allí.

---- Padre necesito urgentemente que le lleves un recado a Ykkur el jefe de la guardia del Príncipe.---- dije en voz muy baja, observando de soslayo a ambos

lados del corredor en que se hallaba mi celda por precaución ante la posibilidad de que alguien pudiese escucharnos.

---- Sí, por supuesto hijo, ¿qué quieres que le diga?.---- preguntó Pentu.

---- Dile que Hapuseneb fue estrangulado por orden de Hatshepsut.---- dije nerviosamente y en voz casi inaudible.

Los ojos de mi padre se abrieron en un gesto de sorpresa y estupor que no supo disimular. Antes de que dijese nada, le hice señas para que no repitiera lo que acababa de escuchar.

---- Escuchaste bien padre. Dile también que mi vida puede estar en peligro.---- Le dije pensando en que si alguien más de entre los hombres de la reina, aparte de Wersu, me había visto salir de la mazmorra, intentarían asesinarme por conocer el secreto.

A primera hora de la mañana, también fue a visitarme Tausert que había sido reemplazada en sus tareas por sus compañeras.

---- Hola Shed, ¿cómo te encuentras?.---- preguntó. Pensé que se vería más alegre y contenta de poder visitarme, como estaba yo de que me haya ido a ver.

---- Bien, pero esperaba que estuvieses más animada.---- le dije.

---- Sabes que te quiero y estoy feliz de que te encuentres bien, pero me preocupa tu extraño comportamiento.---- me dijo en tono de reproche.----¿Qué hacías en el Palacio cuando me dejaste anoche?. ¿Por qué te comportas de forma tan misteriosa?. ¿Quién eres realmente Shed?.---- preguntó con un gesto entre confusión y curiosidad.

Obviamente no podía contarle la verdad pues cualquiera que la conociese se hallaría en peligro y por otra parte, la cárcel de la alcaldía plagada de guardias era un sitio muy inadecuado para divulgarla.

---- No es el lugar, ni el momento de explicarte lo que ocurre. Así como creíste en mí ayer, confía en mis palabras y no comentes con nadie el incidente de la noche pasada. Mi vida está en juego.---- le respondí al oído.

---- Confío en ti y acepto esperar por saber lo que está ocurriendo, pero me angustia imaginar que estés metido en problemas. Quisiera poder ayudarte.---- dijo tomando mi mano tiernamente.

---- Agradezco tu preocupación y el apoyo que siempre me brindas, pero te aseguro que no puedes hacer nada para ayudarme, salvo mantener nuestro secreto.---- expresé conmovido por su dulzura y candor.

Estuvimos conversando unos momentos más y luego se marchó hacia el Palacio.

Antes de la hora del cenit, me liberaron por orden de un secretario escriba del alcalde, por considerar que era inocente de la muerte de Wersu, al actuar en defensa propia ante una agresión injustificada.

Al salir de la alcaldía mi padre estaba esperándome. Me abrazó afectuosamente.

---- Hijo, Ykkur me dijo que te avisara que Madakh te estaría esperando en el mercado del puerto para que le cuentes todo lo sucedido anoche y su vez trasmitirlo al Príncipe. Te estará esperando en la tienda del asiático Gamartu.---- dijo Pentu.

---- Gracias padre y perdóname por comprometer la seguridad de nuestra familia.

---- No tienes porque agradecerme. Yo creo fervientemente que la causa por la que luchan será recompensada por el Dios Amón, pues buscan reinstalar la justicia y devolver a nuestra tierra el esplendor de antaño.---- dijo mi padre, con una fe envidiable en el éxito de nuestra empresa, despidiéndose de mí.

El mercado de abarrotes presentaba el aspecto de un enjambre completo en la colmena. La muchedumbre bajo el ardiente Sol de mediodía atareada en sus ocupaciones vociferando, regateando, intercambiando sus mercancías, comprando y vendiendo. En el tumultuoso ir y venir se mezclaban las exquisitas fragancias de las especias y los perfumes traídos del oriente con el hedor de los excrementos y secreciones animales y humanas, en el húmedo y sofocante ambiente del puerto. Aturdido por el gentío, buscaba la tienda de Gamartu, el mercader asiático amigo de Tutmés, que apoyaba su pretensión al trono colaborando con él a través de sus informantes asiáticos que lo mantenían al tanto de la situación en el Naharín-Mitanni y los territorios en disputa. Perdido entre la muchedumbre no lograba dar con el sitio que había visitado una vez en compañía de Ykkur, confundido en el laberíntico sector de los vendedores procedentes de Djahi, en su mayoría traficantes de productos exóticos y de lujo, con sus escaparates colmados de objetos en un batiburrillo de alfombras, tapices, telas, tejidos, ricas vestiduras y joyas que con sus vivos colores, reflejos y brillos confundían mis sentidos.

Por fin preguntando llegué a la tienda en cuyo interior, lejos de las miradas de extraños me aguardaba Madakh.

---- ¡Shed por fin has llegado!.---- dijo Madakh acercándose a mí, saludándome con un afectuoso abrazo. Se encontraba solo en aquel sitio y podíamos expresarnos sin temores.---- Me alegra verte sano y salvo. Supe por Ykkur que la pasaste muy mal anoche.----

---- Ni que lo digas. Fue una noche de pesadilla en la que, cada movimiento que hacía, parecía meterme en más y más problemas.---- comenté.

---- Cuéntame lo ocurrido anoche, que debo transmitírselo a Tutmés. Espera impaciente tus noticias para tomar una decisión.---- dijo mi amigo.

---- Luego de introducirme en los aposentos reales, escuché que Senmut informaba preocupado a la soberana, que Hapuseneb amenazaba con declarar durante el juicio que había sido obligado por la reina a fraguar los oráculos del Amón para permanecer en el Trono, si Hatshepsut no lo declaraba inocente y lo restituía en sus funciones.---- comenté.

---- De manera que, sabiendo que no podría absolverlo de tan graves cargos, decidió ordenar que lo asesinaran.---- reflexionó Madakh.

---- Así es, pero yo no sabía que lo matarían. Jamás llegué a escuchar la orden de Hatshepsut al respecto. Buscando una salida de los aposentos reales y ante la imposibilidad de salir por los jardines plagados de guardias, terminé encontrando una vía de escape a través de la mazmorra, y fue allí donde descubrí el cadáver de Hapuseneb, tendido en el suelo de un foso-celda con sus facciones deformadas por una muerte violenta.---- dije.

---- ¿Cómo fue asesinado?.---- preguntó.

---- No. Cuando lo vi en el foso, aún se le veían las marcas de estrangulamiento en el cuello.---- respondí.---- Y terminé de confirmarlo cuando al escapar de la prisión, me descubrió Wersu que, seguro de que me mataría, fanfarroneó diciéndome que había asesinado al Sumo Sacerdote con sus propias manos. Además si se hubiese suicidado tendría la marca de una cuerda o algo parecido, pero no mostraba señales de ese tipo.---- concluí.

---- Creo que con todo lo que me has dicho no quedan dudas del asesinato y del provecho que de esto puede sacar el Príncipe. Has brindado un servicio invalorable a la causa de Tutmés. El Príncipe te recompensará con creces, Shed.---- dijo Madakh palmeando mi hombro en señal de aprobación.---- Por cierto, ¿Qué excusa diste de tu enfrentamiento con Wersu?.---- preguntó curioso.

---- Celos. Todos conocían el carácter violento de Wersu y su enfermiza obsesión por Tausert, de manera que mi versión de los hechos fue aceptada sin sospechas luego de la declaración de los sirvientes y los propios guardias de Palacio.---- respondí.

---- Te salvaste porque esa era la voluntad de Amón. ¿Qué hubiese sucedido si quién te descubría era Khian?.---- se preguntó Madakh a modo de reflexión.

---- No lo había pensado.---- respondí.

Madakh tenía razón. De haber tenido el incidente con Khian, no hubiesen existido motivos para un enfrentamiento que no se relacionara con mis actividades al servicio de Tutmés y de haber sido atrapado en esas circunstancias seguramente hubiera sido condenado a muerte.

Nos despedimos y abandonamos la tienda del mercader, tomando salidas diferentes de manera de evitar que nos viesen juntos.

Faltaban pocas horas para que se declarara oficialmente la muerte del Sumo Sacerdote ante el Tribunal y no quería perderme por nada del mundo, el final del proceso y el nombramiento de los o el funcionario que reemplazaría a Hapuseneb, con las implicaciones que tendría el hecho en el próximo oráculo de Amón. Aprovecharía ese tiempo para regresar a casa de mis padres y alimentarme, ya que desde el día anterior no había comido nada.

De regreso a la ciudad, me presenté en el taller de carpinteros para informar a mi superior el motivo de mi ausencia, pero como estaba al tanto de mis actividades al servicio del Príncipe, no puso reparos e incluso me permitió dejar el taller para presenciar la declaración que haría la reina a causa del rumor, ya ampliamente extendido por toda la ciudad, del suicidio de Hapuseneb, que había despertado el interés de toda la población.

El populacho colmaba las calles aledañas al edificio del Kenbet esperando noticias acerca del suicidio del Sumo Sacerdote, rumor que había convulsionado la ciudad más aún teniendo en cuenta las sórdidas circunstancias que llevaron a aquel desenlace luego de los testimonios comprometedores de los testigos en el juicio por la muerte del novicio Hapy.

A pesar de haber llegado tarde, no me perdí de nada ya que la declaración de la soberana se había retrasado, por una reunión que mantenía con el Príncipe Tutmés, mientras el resto de los miembros del tribunal aguardaban impacientes por conocer de labios de la propia Hatshepsut el trascendido de la muerte de Hapuseneb.

Habiéndose ordenado guardar silencio al bullicioso público presente, el heraldo anunció la entrada de la reina ante la expectante mirada de la concurrencia.

Ingresó a la sala, seguida por el arquitecto real Senmut y el tesorero Ay, con el semblante claramente alterado y en un estado de enfado rayano en la ira, que no pasó inadvertido para los miembros del tribunal que sin embargo mantuvieron silencio sin hacer comentarios al respecto aunque intercambiaron miradas que daban a entender su perplejidad por el inesperado mal humor de Hatshepsut. Por el contrario Tutmés se veía radiante con una inocultable, aunque contenida señal de satisfacción, como quien ha logrado su cometido luego de luchar duramente por conseguirlo. Sospeché, por su actitud de beneplácito, que había conseguido alguna importante concesión de parte de Hatshepsut, incluso un acuerdo de gobierno compartido, que ya hubiese significado un verdadero triunfo; pero las palabras de la soberana dejaron boquiabiertos a todos aquellos que desconocían el curso de los acontecimientos e incluso a mí mismo.

Sentada en el sitial mayor del estrado, ante las más altas autoridades civiles, religiosas y militares de Kemet, los miembros más destacados de la familia Real y la Corte, comenzó su alocución evidenciando cierta turbación que no pudo disimular, dando a conocer una decisión obligada por las circunstancias, y no por un acto voluntario y meditado. Su voz resonó en el recinto en el absoluto silencio que invadió la sala.

---- A las autoridades de este honorable tribunal y al pueblo de Waset, debo informarles de la muerte del Sumo Sacerdote Hapuseneb que se suicidó en su celda,---- se levantó en la sala un rumor de cuchicheos y comentarios por lo bajo.---- seguramente abrumado por las acusaciones y las evidencias en su contra, y atormentado por los fantasmas de la conciencia, que lo impulsaron a tomar tan drástica decisión.---- dijo intentando aparentar verdadera compasión, que nunca había sentido por nadie.

Que dirían todos aquellos que la escuchaban conmovidos por su actuación, si hubiesen conocido los hechos como los conocía yo. Me indignaba la farsa con que había enmascarado su oscuro proceder, mostrándose ante aquellos que ignoraban el alcance de su impiedad, como una gobernante sensible, abrumada por desgraciados acontecimientos contrarios a sus nobles deseos. ---- En vista de los lamentables acontecimientos que han enlutado los últimos meses de mi reinado y agobiada por el peso de tantos gloriosos años de reinado, hago público mi deseo de abdicar la Doble Corona en favor de mi querido hijo Tutmés III, ---- dijo sin siquiera mirar al Príncipe, mientras los funcionarios de Hatshepsut que no habían participado de la reunión previa entre ambos, se miraban unos a otros con gesto de estupefacción, ante tan inesperada declaración.---- Heredero al trono de Kemet que será consagrado Faraón del país durante la próxima festividad de mi amado Padre, Señor de los Dioses "Amón-Ra". ---- decía la soberana en tanto mis pensamientos desviaban mi atención hacia vanas reflexiones.

Que avergonzado y furioso me sentí a la vez, al escuchar tanta hipocresía y falsedad, de parte de la mujer que como Faraón debió representar a los Dioses

enfrente de su pueblo haciendo cumplir la esencia de Màat, símbolo del orden universal, la justicia, la rectitud y la verdad.

Pero yo era demasiado joven en esa época para aceptar que la verdad es frecuentemente sacrificada cuando de conveniencia política se trata y la realidad distorsionada por intereses espurios, como un rostro convertido en una máscara informe e irreconocible, por la lepra de la mentira.

---- Mientras que el cargo de Sumo Sacerdote de Amón-Ra, ---- siguió diciendo la soberana ante los atentos miembros de la concurrencia.---- será ejercido por Menkheperrèseneb, hasta hoy segundo profeta de nuestro Dios, recayendo las funciones de Tjat, ---- es decir el cargo de Visir.---- en la persona del Honorable Senmut, hasta el final de mi reinado.---- decía Hatshepsut.

Feliz de conocer las noticias de la próxima coronación de Tutmés en menos de cinco meses, dejé mi lugar junto a una de las ventanas exteriores de la sala en donde se hallaban apretujados los curiosos escuchando el final de la alocución de Hatshepsut, ansioso por saber cómo había conseguido el Príncipe obligar a la Reina a dejar el Trono. Sabiendo que Madakh conocería de cerca los detalles de la reunión, fui a buscarlo.

Mientras trataba de abrirme paso entre el hormiguero humano que llenaba las galerías y el vestíbulo del Kenbet, la soberana abandonaba el lugar custodiada por sus guardias que apartaban a golpes a la muchedumbre, en tanto el Tribunal permanecería en la sala para dictaminar la indemnización que le correspondería a la familia de Hapy, el novicio fallecido, haciéndose efectiva con fondos del peculio de Hapuseneb, cuyo resto pasaría a formar parte del tesoro estatal por carecer el clérigo de familiares directos. A duras penas pude acercarme a Sai que se encontraba junto a la puerta de la sala.

---- Ven esta noche al dormitorio de la guardia. Festejaremos con buena cerveza.---- me dijo regresando al interior, en el momento en que los custodios del salón me obligaron de mala manera a alejarme de la entrada.

Esa misma noche acudí al dormitorio de la custodia del Príncipe. Se encontraban Ykkur, Madakh, Amenemheb y Sai, celebrando la próxima coronación de mi Señor Tutmés. A la alegría por el trascendente acontecimiento tan largamente esperado, se sumaba la algarabía por el pago en oro prometido por propio Príncipe para los miembros de la custodia, incluyéndome.

---- Ven muchacho pasa con nosotros, come y bebe, que te lo tienes bien merecido.---- me dijo Ykkur entregándome un almohadón para que me sentara a celebrar junto a ellos.

---- Tenemos buenas noticias para ti Shed.---- dijo Madakh con una gran sonrisa, bebiendo un buen trago de cerveza, esperando que mi curiosidad me llevara a rogarle que me contara de qué se trataba.

---- Cuéntame, no me hagas esperar haciéndote el gracioso. ---- dije robándole su vaso de cerveza que acababa de dejar a un lado para sacar un trozo de carne de cordero asado.

---- ¡Oye no te metas con mi cerveza!.---- me dijo mientras, desataba la hilaridad del resto que engullíamos la opípara cena. Tomé un trago y se lo devolví.

---- El Príncipe nos ha comentado que te nombrará miembro oficial de la custodia apenas asuma como Faraón.---- dijo Amenemheb.

---- Recibirás nuestra misma remuneración y serás premiado por tu desempeño.---- dijo Ykkur palmeando mi hombro.

---- ¡Vaya, que buena noticia!. ¿Y en qué consiste el premio?.---- pregunté curioso.

---- Ya le ha brotado la avaricia.---- dijo Sai haciendo reír a los demás.

---- Eso no nos lo ha dicho, pero seguramente será muy generoso teniendo en cuenta el gran servicio que has cumplido para con él.---- dijo Ykkur.

---- Ahora cuéntenme que le dijo el príncipe a la reina para obligarla a abdicar en su favor.---- pregunté deseoso por conocer los detalles.

---- El propio Tutmés exigió la reunión previa a la declaración de Hatshepsut, diciéndole que sabía que Hapuseneb estaba muerto y que había sido asesinado por sus custodios que lo arrojaron en un foso-celda de la mazmorra. Hatshepsut se puso lívida de ira imaginándose que alguien entre su gente la había traicionado rebelándole los hechos al Príncipe. Tutmés le dijo también que podía conseguir que médicos y embalsamadores declararan que el cuerpo sin vida del clérigo había sido abandonado en el piso luego de ser estrangulado y que permaneció en posición horizontal toda la madrugada dejando señales inequívocas de asesinato, muy diferentes a las que muestra un cadáver de un hombre que se hubiese colgado por el cuello siendo encontrado casualmente por los guardias al día siguiente. Todas estas pruebas la hacían directamente responsable de la muerte del clérigo y Tutmés mintió asegurando que Hapuseneb había enviado a un mensajero secreto durante el día del juicio diciéndole que si lo exoneraba del asesinato del joven Hapy, estaba dispuesto a declarar que la soberana lo había obligado a fraguar falsos oráculos para usurpar el Trono desde que él era Sumo Sacerdote.

Sin darle respiro Tutmés le espetó a Hatshepsut que tan graves faltas contra Màat, no podían ser ignoradas por los clérigos de Kemet, ni por los personajes

honorables de las aristocracias provinciales muchos de cuyos miembros ya apoyaban clandestinamente su ascenso, al igual que los oficiales más jóvenes del ejército y la flota que habían actuado bajo su mando en la campaña contra Nabuma, y que llegado el caso, no dudarían en apoyar con las armas su causa, en contra de los acólitos de la soberana.

Abrumada por la presión a la que la sometía Tutmés con sus expresiones, Hatshepsut se desplomó impotente en un sillón, mirando a Senmut que tampoco pudo ayudarla, aceptando las condiciones que le impondría el Príncipe para que dejara el Trono de Kemet en sus manos. Con mirada perdida escuchó el ofrecimiento de conservar su dignidad de Reina Madre de la consorte Real Neferura, hija mayor de Hatshepsut y esposa principal de Tutmés, abandonando toda pretensión de intervenir en cualquier asunto de gobierno. También le aseguró Tutmés que se le respetaría su derecho a ser enterrada a su muerte en el sitio que la reina había dispuesto para su sepultura siendo gobernante absoluta y asegurándole todos los honores del caso.

---- Así es que sin posibilidad de cambiar el rumbo de los acontecimientos, Hatshepsut no tuvo opción que aceptar la propuesta de Tutmés que en realidad es mucho más de lo que ella merecía.---- dijo Ykkur.

---- Que bien pensado por parte del Príncipe.---- dije admirado por su astucia y sagacidad.---- Y ahora podrá llevar adelante sus planes para reconquistar los territorios asiáticos que supo subyugar su abuelo Tutmés I.---- expresé pensando en la gloriosa epopeya que nos esperaba, como si fuésemos los héroes que salvaríamos al mundo de la injusticia, el dolor y el sufrimiento.

CAPITULO 14

"La Diosa de fuego."

Mientras nos encontrábamos en las inmediaciones de la residencia al siguiente día de los acontecimientos mencionados, sentí la curiosidad de saber cuáles serían las primeras medidas que llevaría adelante el Príncipe, sabiéndose con el poder de tomar sus propias decisiones con respecto a las cuestiones de estado.

---- Tutmés reorganizará las guarniciones de frontera para evitar que se repitan los sorpresivos ataques de los nómadas a los puertos y ciudades más expuestos.---- respondió Sai.

---- ¿A qué ataque te refieres?.---- pregunté sin saber de lo que hablaba Sai.

---- Cierto es que tú no te enteraste del último asalto de los nómades, porque estabas en la cárcel de la alcaldía. Esta mañana llegó al Palacio un mensajero que envió el gobernador de la ciudad de Jent Menu comunicando a la soberana que el cargamento de turquesa y malaquita proveniente del Sinaí, fue robado hace dos días, por una banda de nómadas que atacaron un pequeño puerto sobre el Mar Oriental en donde se abastecía la expedición que volvía de aquella región asiática. Mataron a más de 30 hombres entre soldados, esclavos y hombres del puerto, llevándose uno de los navíos, con la carga hacia el norte.

---- Pero, ¿cómo puede ser que los soldados que protegían la expedición no hayan podido contrarrestar el ataque de un grupo de nómadas?.---- pregunté extrañado.

---- Al parecer no eran un simple grupo de nómadas, Shed. Los sobrevivientes cuentan que aparecieron como fantasmas desde las colinas del desierto oriental atacando con la celeridad de una cobra y una ferocidad pocas veces vista. Era una banda de menos de 40 hombres, muchos de los cuales montaban caballos, moviéndose velozmente mientras disparaban con sus arcos con mortal efectividad.---- dijo Amenemheb.

---- ¿Montando y disparando a la vez?. Pero, ¿cómo pueden correr velozmente esos animales con un hombre encima?.---- pregunté sorprendido.

---- Sus caballos no son como los nuestros; los animales que utilizaron estos vándalos son diferentes a los que conocemos. Parecen pertenecer a una raza nueva, desconocida también para nuestros enemigos hurritas, ya que ellos tienen caballos del mismo tipo que los utilizados por las tropas de Kemet.---- dijo Ykkur.

---- ¿Serán tan diferentes a los caballos que utilizamos?.---- preguntó Sai.

---- Mañana pueden ir a verlos. Dos animales fueron capturados cuando sus jinetes fueron muertos, y los trajeron a Waset pensando en que podían interesarle al príncipe Tutmés. Ahora se encuentran en los establos reales.---- dijo Ykkur.

----¿Puedo ir con ustedes?.---- Pregunté en tono de súplica.

---- Tú también puedes ir Shed.---- dijo Madakh sabiendo que me fascinaban los caballos.---- Yo mismo hablaré con el jefe de carpinteros para que te permitan ir con nosotros.---- dijo Madakh.

Todos los del grupo conocían mi debilidad por los caballos. Desde niño me gustaba montar los asnos del padre de mi amigo Paser y alguna vez lo intenté con sus caballos de tiro pero desistí luego de varias caídas.

Por supuesto que era joven y mi experiencia no fue muy buena, pero de igual manera sentía, íntimamente, la atracción por cabalgar.

La utilización de la raza de caballos más común de Kemet y la mayoría de los países por mí conocidos, es para el tiro de los carros, tarea que cumplen con excelentes resultados logrando impulsar los mismos a gran velocidad. Pero la función de animal de monta es muy diferente, pues la bestia debe soportar el peso del jinete directamente sobre el lomo limitando mucho las posibilidades de conseguir una carrera veloz salvo que el jinete sea muy liviano, factor que también constituye una limitación; sin embargo me parecía fascinante y no imposible que los bandidos pudieran dominar de tal manera la monta como para cabalgar a gran velocidad y disparar al mismo tiempo con sus arcos, con tanta efectividad. Imaginé empero que el tipo de animal debería ser notablemente más alto y fuerte, con potentes miembros, para lograr estos objetivos. De manera que estaba ansioso por conocer los caballos secuestrados a los bandidos nómades.

Luego de dejar a mis amigos, fui a ver a Tausert, pero a causa del incidente en que nos vimos complicados, sus compañeras me contaron que había sido castigada por el Chambelán, con un mes sin recibir visitas de ningún hombre y con la prohibición de abandonar el Palacio por ninguna circunstancia.

Era una sanción no demasiado dura conociendo al Chambelán y tenía una función ejemplarizadora, dirigida a evitar que las muchachas de la servidumbre anduviesen en amoríos poco discretos y paseando con sus enamorados en el predio de Palacio a altas horas de la madrugada.

Realmente me hacía sentir culpable que Tausert estuviese cumpliendo una sanción, por verse inmiscuida en el asunto sin tener culpa y solo por ayudarme. Extrañándola y sintiéndome en deuda con ella, le llevé un perfume de obsequio pero no pudiendo dárselo personalmente se lo dejé a Binnet, la novia de Ykkur, para que se lo entregara.

Aquella noche me llamó la atención sobremanera, el cambio en la forma de saludarme y de dirigirse hacia mí de parte de las compañeras de Tausert y de gran parte del personal femenino de la servidumbre de palacio, que antes nunca habían reparado en mí y que desde aquel día comenzaron a mostrarse sumamente receptivas y amigables, al extremo de que algunas coqueteaban abiertamente conmigo. Salvo Binnet, que siempre se comportó de la misma manera, como una buena amiga, fiel a Ykkur y respetuosa de mi relación con Tausert, la mayoría de las mujeres de Palacio me observaban de modo diferente y en muchos casos trataban de seducirme descaradamente, como si de pronto me hubiese transformado en un joven popular y atractivo.

Desconocía el motivo de tan notable cambio pero obviamente no me resultaba desagradable que las mujeres se fijaran en mí. Binnet, por su parte no esperó para darme a conocer las razones.

---- ¿Cómo has estado Binnet?. Me alegra verte.---- la saludé cordialmente.

---- Muy bien Shed, ¿y tú?.---- preguntó.

---- Bien, aunque un tanto apenado por el castigo que sufre Tausert por la sanción que le aplicó el Chambelán. Sus compañeras me contaron que no podré verla por un mes.---- comenté.

---- Así es, y seguramente aprovecharán ese tiempo para coquetearte a sus anchas.---- dijo disgustada Binnet, mirando a las jóvenes que cerca de nosotros, en el jardín central, cuchicheaban y comentaban, sonriéndome cuando yo las miraba.

---- No comprendo a qué te refieres.---- le dije haciéndome el desentendido, para que no pensara que yo estaba coqueteando con alguna de ellas.

---- No mientas Shed. No puedes decirme que no has percibido el modo en que te observan y como coquetean contigo.---- me dijo reprendiéndome. Binnet me superaba por un par de años, y esa diferencia de edad le había llevado a tomarse ciertas atribuciones de hermana mayor, que yo le permitía, sabiendo que lo hacía por lo mucho que me apreciaba.

---- Bueno, sí es cierto que he notado que me miran de modo diferente, pero no sé cuál es el motivo de ese cambio.---- le dije sin poder ocultar una sonrisa delatora.

---- ¡Todos los hombres son iguales!.---- dijo molesta.---- Les fascina sentirse como potros rodeados por yeguas en celo.

Todas hablan de ti, después de haber vencido a Wersu. Te ven como a un héroe; como a un joven valiente y misterioso, capaz de defender a su amada de su brutal perseguidor.

---- Te han endiosado y todas se sienten enamoradas de ti.---- comentó mirándolas con desconfianza.

No pude contenerme y lancé una carcajada.

---- ¿Qué dije de gracioso?.---- preguntó con cierto enfado.

---- No te enojes. No me burlo de ti. Es que realmente me causa gracia que me hayan idealizado de esa manera, cuando lo único que hice fue salvar mi vida.---- respondí.

---- Sí, esa es la verdad pero no vamos a divulgarla.---- dijo para tranquilizarme.

---- ¿Ykkur te comentó lo que ocurrió anoche?.---- pregunté.

---- Sí. Me dijo que estabas espiando a la reina y que luego descubriste el cadáver del Sumo sacerdote.---- respondió.

---- ¿Entiendes ahora por qué no puse a Tausert al tanto de mis actividades?. De haberle contado lo que estaba haciendo, no solamente la hubiese alarmado sino también la hubiera puesto en peligro.---- expliqué.

---- Comprendo lo que dices y estoy de acuerdo en que se lo hayas ocultado, pero ahora que te has vuelto tan atractivo para las jóvenes enamoradizas, te voy a pedir que no hagas sufrir a Tausert; es una buena muchacha y te ama.---- dijo seriamente.

---- Tú sabes cuanto la quiero y también sabes que sería incapaz de hacerle daño ex profeso.---- respondí con sinceridad.

---- Lo sé.---- dijo confiando en mi palabra.---- Tausert se pondrá feliz cuando le entregue tu presente.---- me dijo despidiéndose.

Al día siguiente me levanté muy temprano para ir con mis compañeros a conocer los caballos que habían conseguido quitarle a los nómades asaltantes.

Poco antes de la salida del Sol, una densa bruma que provenía del río, cubría de tal manera la ribera, que no podíamos ver más allá de unos pocos pasos. A medida que la niebla se disipaba, el resplandor del alba bañaba tímidamente con su pálida claridad la gran metrópoli que despertaba lentamente como de un prolongado letargo.

Sin embargo la actividad en el puerto ya era intensa y en tanto que varias naves eran cargadas de mercancías, otras ya partían con rumbo hacia el norte.

Madakh me comentó en el camino que iríamos a buscar a Gamartu, el mercader del país de Djahi, para llevarlo con nosotros a ver a los caballos secuestrados a los nómadas. El asiático era un gran conocedor de ganado equino con el que comerciaba en su tierra, hasta que el dominio hurrita se hizo más despótico y cruel, y ante el peligro de perder todo los bienes conseguidos después de muchos años de trabajo, decidió emigrar al sur, hacia Kemet, en donde encontró un gran negocio con el tráfico de artículos de lujo muy solicitados por la aristocracia de nuestro país.

Teníamos la esperanza de que él pudiese conocer la procedencia de aquellos especimenes tan particulares.

---- Que la luz de Ra bendiga tu jornada, benemérito Gamartu.---- saludó respetuosamente Madakh al mercader, que se hallaba muy concentrado regateando el precio de una mercadería que acababa de recibir.

---- ¡Oh mi querido amigo Madakh!. Permíteme un momento que concluya una transacción y estaré a vuestra disposición.---- dijo amablemente Gamartu, para continuar discutiendo, en desacuerdo por el monto al que intentaban entregarle los productos. Hablaban acaloradamente en lengua asiática por lo que Madakh y yo los observábamos sin comprender palabra y sin saber quién intentaba timar a quién.

Gamartu, hizo señas a su interlocutor para que se llevara la mercancía, dándole a entender que ya no la quería, mientras el otro refunfuñaba y maldecía en el inteligible dialecto abandonando el lugar sin llevarse nada.

---- Más tarde volverá.---- dijo con una sonrisa, convencido de que ganaría la batalla.---- No ha venido de tan lejos para nada, así es que tendrá que rebajar el precio.---- comentó con picardía Gamartu.

---- ¡Ah!, Eres un viejo zorro Gamartu.---- dijo festejando la astucia del mercader.

---- Solo soy un humilde comerciante defendiendo sus intereses.---- dijo con falsa modestia, mientras me guiñaba un ojo, haciéndonos reír a carcajadas.

---- Bueno, ¿qué los trae por aquí?. ¿Tal vez algún exótico perfume de Hatti para halagar a una bella muchacha, o quizás una delicada túnica fabricada con las finas telas de Oriente?.---- dijo tratando de convencernos de adquirir algo.

---- No, Gamartu, no vinimos a comprar nada. Nuestra presencia se debe a que necesitamos que nos acompañes ha ver unos caballos que fueron secuestrados a un grupo de bandidos nómadas que asaltaron una expedición que volvía del Sinaí.---- explicó Madakh.---- Queremos conocer el origen de esos animales, a qué tribus pueden pertenecer y si se pueden conseguir más ejemplares.----

---- Han venido con el hombre correcto, nadie sabe más de caballos que el viejo Gamartu.---- dijo vanagloriándose.---- Permítanme que avise a mi hijo que iré con ustedes.----

Mientras nos dirigíamos a los establos la niebla se disipaba lentamente en tanto que el sagrado disco de Ra surgía como un purpúreo capullo sobre las colinas orientales.

---- ¿Cómo te llamas muchacho?.---- me preguntó extrañado de desconocer a uno de los miembros de la custodia del Príncipe.

---- Mi nombre es Shed.---- respondí.

---- Shed es parte del grupo y pronto será miembro de la custodia real cuando Tutmés sea coronado monarca.---- explicó Madakh.

---- Seguramente tendrás un gran futuro junto al Faraón.---- replicó Gamartu.

---- ¿De qué ciudad procede señor Gamartu?.---- pregunté.

---- Soy nacido en el antiguo reino de Hama, al norte de Qatna.---- respondió.

---- ¿Cómo está su país con el imperio de Naharín tan cerca?.----

---- Los hurritas de Naharín no están cerca, están dentro de mi país y son los amos de mi pueblo.---- dijo con pesadumbre.

---- ¿Quiere decir que son vasallos de Naharín?.---- pregunté extrañado.

---- Lamentablemente es así. Familiares y amigos que no pueden emigrar, sufren las consecuencias del yugo hurrita.

Los soberanos hurritas han venido instalando en los gobiernos de Djahi, desde hace muchos años, funcionarios nativos que responden a sus intereses, agobiando a mi pueblo con pesados tributos e impuestos.---- respondió.

---- ¿Usted vive en Kemet permanentemente?.---- pregunté.

---- Sí, desde hace veintiún años que vivo en esta bendita tierra. Mi esposa y mis hijos son nativos de Kemet.---- dijo Gamartu.

---- ¿Sabes algo acerca del conflicto entre Parsatatar y Khantil II?.---- preguntó Madakh.

---- Justamente de ese tema quería hablar con el Príncipe Tutmés, a causa de las novedades que me han hecho saber mis informantes de Djahi, anteayer, cuando llegaron desde Simurru.---- respondió Gamartu.

---- ¿De qué se trata?.---- preguntó Madakh interesado.

---- Ya no existe conflicto o ha sido temporalmente superado por una alianza sellada con el matrimonio entre un hijo de Parsatatar y una hija de Khantil II.---- respondió el asiático.

---- ¡Por supuesto!.---- dije como si una luz hubiese aclarado mis pensamientos.---- Ahora veo todo claramente. ¿No se dan cuenta de lo que hablo?. Me refiero al porqué de la caída de las ciudades costeras de Khinakhny en tan poco tiempo luego de nuestro viaje de aprovisionamiento.

La alianza entre los monarcas de Naharín y Hatti, permitió al primero imponerse a sus rivales en el trono al no tener que distraer fuerzas en la frontera con Hatti y afianzado su poderío frente a otros aspirantes hurritas con el control total o casi total de las fuerzas militares y la flota libre de enfrentamientos con la poderosa escuadra de Hatti, respaldaron el asedio de los príncipes cananeos a las ciudades aliadas a Kemet que con sus puertos bloqueados y amenazadas por tierra no tuvieron más opciones que rendirse.---- concluí. Sin embargo, me quedé pensando.---- Pero, ¿qué gana Khantil con la alianza?.---- me pregunté en voz alta mientras Gamartu me observaba asintiendo.

---- Tienes toda la razón muchacho. Me han comentado que la escuadra Hitita en Alashiya a disminuido notablemente desde la alianza seguramente por que Parsatatar renunció a sus aspiraciones sobre la isla al menos provisoriamente, al pactar la paz con Khantil.---- dijo Gamartu.

---- No es un alto precio para Parsatatar, renunciar a Alashiya, a cambio del control total de su imperio, cuando puede incrementar sus riquezas y territorios hacia el sur, avanzando sobre Khinakhny, Djahi y Retenu, etc., cuyos pueblos le deberán rendir tributo y pagar impuestos sobre sus recursos una vez sometidos.

A su vez, Khantil también se beneficia en que podrá defender mejor su frontera Norte amenazada por los nómadas Khashu, con tropas que de otra manera deberían custodiar la frontera de Hatti contra los hurritas de Naharín.---- agregué.

---- Me has sorprendido con tu notable visión de la situación política en Asia. Pero, ¿Quién te da toda esa información?.---- preguntó con gesto de estupefacción.

---- Mi Señor Tutmés me permitió escuchar una conversación que mantuvo con el embajador Arashen durante el viaje de aprovisionamiento a Biblos.---- respondí humildemente.

---- Madakh, este muchacho tiene cualidades que serían desperdiciadas si se desempeñase como simple custodio. Podría ser un gran diplomático con buena preparación.---- expresó, observándome sorprendido.

---- Lo que no sabes, Gamartu, es que también es un gran guerrero. Fue Shed quien venció a Wersu, el esbirro de la reina.---- dijo Madakh poniéndome una mano en el hombro.

---- Eres todo un hallazgo muchacho. ¿Eres hijo de algún destacado funcionario?.---- preguntó.

---- No mi señor. Soy el hijo del artesano Pentu.---- respondí orgulloso, en momentos en que llegábamos frente a las caballerizas reales.

Cuando ingresamos percibí enseguida el olor del heno recién cortado que perfumaba el ambiente con su agradable fragancia. Una gran cantidad de animales era alimentada por los cuidadores algunos de los cuales se encontraban llenando los abrevaderos con agua de los canales que acabamos de pasar. Calculé el tamaño del lugar en unos 400 codos de largo por más de 250 de ancho. Era lo más grande que había visto en establos. En su interior podían caber 150 animales cómodos pero en aquel momento habría menos de cincuenta que correspondía en su inmensa mayoría a animales enfermos, como así también yeguas y burras a punto de parir. Se podía ver a hembras dando de amamantar a sus crías recién nacidas y otras correteando en los corrales con sus pequeños vástagos. El resto de los animales se llevaban a las plantaciones pertenecientes al Faraón y su familia, en donde se los alimentaba con los pastos especialmente cuidados y regados por canales, preservados de malas hierbas y cercados para impedir el ingreso de otros animales.

Me llamó la atención que había muy poco olor a excrementos, y cuando pregunté, me respondieron que eran inmediatamente retirados para luego de dejarlos secar al Sol. De estos depósitos se trasladaba la mayor parte hacia los viñedos y los huertos de las propiedades reales y del Templo de Amón, para fertilizar la tierra luego de ser tratada y descontaminada por medio de ritos secretos de purificación, mientras que la otra pequeña parte era enviada hacia el Norte, a la ciudad de Shedet, en donde se empleaban entre otros usos, para la fabricación de perfumes, que en nuestra tierra llamamos "Kapet".

A llegar hasta el corral en donde se encontraban los caballos nómadas, quedé anonadado al igual que Madakh. Eran ejemplares fantásticos, que dejaban enanos a los potros de Kemet. Tres machos briosos e inquietos se desplazaban

nerviosamente, dentro del alto corral construido especialmente para ellos, alterados posiblemente por la situación de cautiverio a la que no estarían acostumbrados con sus propietarios nómadas.

Me cautivó sobremanera el espécimen negro, con una mácula blanca y simétrica entre los ojos, pecho formidable, cuello fuerte y erecto sobre el que ondeaban largas crines renegridas, y potentes patas musculosas que se agitaban en coces reiteradas o que lo elevaban en posición rapante.

---- Son hermosos, ¿verdad?.---- expresé embelesado.

Madakh admiraba como yo la majestuosidad de aquellos equinos, pero Gamartu pareció seriamente turbado. Me acerqué ha ver qué le ocurría.

---- Señor Gamartu, ¿se siente bien?.---- pregunté.

---- Si muchacho, ya estoy mejor.---- respondió.

---- ¿Qué le perturbó de esa manera?.---- pregunté curioso.---- a menos que no desee contarnos...---- dije, pensando que me había comportado de forma indiscreta.

---- Les contaré, tal vez me ayude a desahogarme.---- hizo una pausa para tomar aliento y recomponerse.---- Estos caballos trajeron a mi memoria la época en que siendo muy joven acompañaba a mi padre y a mis tíos en una caravana comercial, llevando productos desde Hama y Alalakh hacia la capital del país de Karduniash, también conocido como Babilonia. Cuando atravesábamos el desierto antes de arribar a la ciudad de Mari, aparecieron de entre las dunas con la celeridad y la violencia de un rayo. Entre la polvareda de arena se lanzaron contra nosotros en sus corceles con tan mortal eficacia que cuando mi padre intentó defendernos, fue atravesado por una flecha, cayendo muerto sin siquiera poder tomar su arco. Uno de mis tíos murió de igual forma, como así también otros hombres de la caravana.

Cuando me incliné sobre el cuerpo de mi padre intentando ayudarlo, una de aquellas bestias dominada por su jinete, estuvo cerca de pisotearme quedando parado en dos patas, al punto que creí que moriría aplastado. Observé desde el suelo, arrodillado junto al cuerpo sin vida de mi padre, los cascos del equino y su enorme silueta amenazante y maléfica, recortada bajo el Sol de mediodía, abalanzándose sobre mí. Pasó por encima y antes de que pudiera levantarme, desaparecieron como llegaron llevándoselo todo. Aquel caballo también era negro como ese,---- dijo señalando al que más me gustaba.---- y juraría que pertenecen a la misma raza. Sus dueños y criadores son una comunidad de delincuentes profesionales especialistas en matar, saquear y escapar. Son un dolor de cabeza inclusive para las caravanas oficiales con custodia militar, por la destreza de sus jinetes y la capacidad de disparar con gran efectividad mientras montan sus veloces potros.

Pertenecen a una tribu dentro de los nómadas Suteos, pero ni sus parientes los aprecian. Les llaman "Los escorpiones del desierto" y a su lado, los nómadas Shasu parecen inocentes palomas.---- comentó Gamartu.

---- ¿Entonces, los delincuentes que atacaron la expedición que volvía del Sinaí eran nómadas Suteos?.---- Pregunté asombrado.

---- Tal vez sean nómadas Shasu que adquirieron animales suteos y adoptaron las técnicas de ataque de estos.---- dijo Madakh sin mucha seguridad.

---- No lo creo, amigo mío. Ellos no venden sus caballos pues sería divulgar su secreto. Otra táctica que utilizan es la de emplear solo grandes machos y nunca yeguas, de manera que si los animales caen en manos enemigas casi nunca pueden procrear, no porque las uniones con las hembras comunes no sean fértiles, sino porque la diferencia de altura entre los potros suteos y las yeguas de la raza común dificulta el apareamiento. Causalmente los tres animales capturados son machos. ---- dijo Gamartu, haciéndonos notar el detalle.

---- ¿Esto supone que los bandidos Suteos están actuando en territorio de Kemet?.---- dije azorado.---- ¿Cómo pueden encontrarse tan al sur de su territorio natural?.---- pregunté.

---- Su territorio natural es el desierto, no importa donde. Lo que pienso es que a causa de la presión de los ejércitos hurritas y amorreos, algunos grupos Suteos, deben haber migrado hacia territorios menos transitados que los pudiesen cobijar y en donde pudieran tener más éxito en sus expediciones de saqueo. El mal control de las fronteras de Kemet la convierten en un blanco ideal de las bandas de asaltantes nómadas, por su riqueza y por estar rodeada de desiertos.

Los nómadas Suteos son conocidos desde hace cientos de años y siempre vagaron pacíficamente llevando sus rebaños de cabras u ovejas en el desierto al sur del imperio Asirio desde época del mítico monarca Shamshiadad, tributando a sus funcionarios y comerciando pacíficamente. Nunca sabremos cómo ni porqué un grupo de estos pastores Suteos, se convirtió en delincuentes salteadores.----

---- ¿Qué hacen con los productos como las turquesas que robaron a nuestra expedición?.---- pregunté.

---- Los venden a mercaderes inescrupulosos que aún conociendo sus actividades comercian con ellos, o bien actúan como intermediarios a cambio de inmunidad para atravesar las regiones asoladas por éstos.---- explicó Gamartu.

Me quedé mirando aquel hermoso potro.

---- ¿Crees que el Príncipe acepte regalarme el corcel negro?.---- Pregunté a Madakh.

---- Después de todo lo que has hecho, no creo que te lo niegue, pero nadie debe enterarse, pues sería sospechoso un regalo tan importante de Tutmés hacia un simple ayudante de carpintero.---- advirtió Madakh.---- Intentarás montarlo, ¿verdad?.---- me preguntó adivinando la respuesta.

Asentí con la cabeza mostrando mi entusiasmo.

---- Te matarás de un golpe muchacho. Ese animal es muy brioso y te tirará si no te reconoce.---- me previno Gamartu.

---- Estás loco Shed, muy loco.---- dijo Madakh sonriendo.

El resto del día transcurrió sin siquiera poder ver a mi Señor Tutmés, sumamente ocupado en reuniones con sus futuros funcionarios proyectando sus planes de gobierno en la concreción de medidas como el fortalecimiento de las fronteras y el aumento en la explotación de los recursos de Uauat y Kush.

La Reina Hatshepsut por su parte se encontraba en el extremo opuesto de estado de ánimo, recluida en sus aposentos voluntariamente sin casi probar alimentos y sin recibir a nadie, excepto a Senmut que le trasmitiría las novedades.

No hablaba con nadie y se pasaba las horas, meditabunda y en silencio u orando a la imagen de Amón que tenía en su sala, ofrendándole oro, incienso y mirra.

Ya sin esperanza de hablar con mi Señor Tutmés aquel día, al final de la tarde me dirigía rumbo a las habitaciones de la servidumbre para saber de Tausert a través de Binnet, cuando vi que desde la puerta del Harén, Ykkur me hacia señas para que me acercara hasta allí.

---- Aprovecha ahora antes de que el Príncipe se vaya a descansar con sus mujeres. Madakh ya le habló de tu interés en uno de los potros y creo que accederá de buen grado a tu pedido. Entra ahora.---- me dijo.

Entré a esperar que las esclavas terminaran de bañar a mi Señor en la habitación contigua, como me había dicho Ykkur. Cuando cerró la puerta tras de mí ya era tarde para arrepentirme. Yo no conocía por dentro los aposentos del Harén y no me imaginaba que el bribón de Ykkur me haría esperar en el gran salón colmado de miembros femeninos en una variedad que iba desde viejas damas de la familia real, pasando por jóvenes núbiles y hermosas, hasta esposas y concubinas de miembros de la corte con sus hijos más pequeños.

Sirviendo a las señoras se hallaban otra cantidad de esclavas y sirvientes, incluidos los eunucos. Al menos habría allí unas setenta mujeres con sus ojos puestos en mí observándome por ser el único hombre con todos los atributos en la estancia. Me sentí como una perra en celo encerrada con una jauría de machos. Nunca antes me había sentido tan incómodo en un sitio y pocas veces percibí un rubor tan intenso en mis mejillas avergonzado por sentirme acosado por las miradas femeninas. Los murmullos, comentarios y risas, siguieron al silencio inicial desde el momento en que quedé parado como un tonto, esperando la autorización del Príncipe para ingresar en la alcoba contigua. Tres hermosas jóvenes no mayores de veinte años se acercaron a mí y comenzaron a girar a mí alrededor, como buitres rondando sobre la víctima. Me miraban de pies a cabeza descaradamente, ante las carcajadas de las demás mujeres lo que las estimuló a llevar el juego más allá tocando mi faldellín, mis brazos y mi espalda.

---- ¿Cómo te llamas esclavo?.---- preguntó la que parecía más joven y atrevida del grupo.

---- Mi nombre es Shed y no soy esclavo.---- respondí secamente más por nervios que por mostrarme recio.

---- ¿Shed?, ¿Qué clase de nombre es ese?,---- preguntó otra.

---- ¿Qué haces aquí?, ¿Has venido a visitarnos?.---- dijo nuevamente la primera.

---- ¿Quieres cenar con nosotras?.---- dijo la tercera mientras el resto del salón reía al verme abrumado por tantas preguntas y ruborizado al extremo.

---- ¡¿No eres tú el que mató al esbirro de la Reina?!.---- dijo una cuarta muchacha acercándose.

---- Duerme conmigo esta noche.---- me dijo la más osada de ellas burlándose de mí, para provocar mayor hilaridad en las viejas que lloraban de risa. Demás está decir que la presencia de un hombre que no sea el Faraón, el Chambelán o cualesquiera otro miembro autorizado de la corte, está totalmente prohibido.

Intenté salir aproximándome a la puerta por la que había ingresado tratando de disimular mi turbación. Las muchachas no me permitieron llegar a ella y al darme vuelta para pedirles que me dejaran salir, la vi.

Estaba cerca del centro del salón, al lado de Neferura, Princesa y futura Reina. Me refiero a Ahset, esposa de Khepermare miembro de la familia real y primo hermano de Hatshepsut. Ciertos comentarios decían que engañaba a su anciano esposo con el príncipe Tutmés, pero otros rumores que circulaban con

más fuerza, aseguraban que era una mujer demasiado ardiente para conformarse con solo dos hombres.

No tenía dudas de que debía ser una de las mujeres más bellas de Kemet. Sus facciones perfectas en las que destacaban sus ojos almendrados color turquesa, resaltaban su piel blanca y tersa, enmarcada por largos bucles de sus cabellos castaños claros que le llegarían a la cintura. Su cuerpo era tan armonioso y proporcionado que despertaba el comentario de las esclavas que por primera vez la bañaban. Muchas mujeres del Harén la envidiaban pero ella simplemente las ignoraba.

Me quedé mirándola, extasiado por su belleza. Se encontraba recostada sobre mullidos almohadones, con un camisón transparente adherido al cuerpo color verde agua, que dejaba traslucir la redondez de sus turgentes pechos y sus erectos pezones, mientras una esclava negra peinaba su dócil cabellera.

Su mirada directa y sugestiva hizo vibrar mi ser en fantasías de deseo irrefrenable, de las que me sacó la voz de la esclava que me anunció que pasara a la alcoba en donde me recibiría el Príncipe.

Dejé la habitación, saludando con respeto a las señoras de la corte, sin poder dejar de mirar a la señora Ahset, que cautivó desde aquel día mi atención.

---- ¿Dime Shed qué deseas?. Es tarde ya, y estoy muy cansado.---- me dijo, haciendo señas con su mano para que las esclavas se retiraran. ---- Solo quería pedirle si podía regalarme el caballo negro de entre los potros que fueron capturados a los delincuentes nómadas.---- dije, rogando en mi interior que me lo concediera.

---- Creo que después de tu valiosa labor, te lo mereces. Dile a Ykkur que hable con el secretario escriba de los establos reales para que expida la orden de traslado a las caballerizas del templo de Amón en donde cuidarán del corcel y a través de Menkheperre-Seneb guardaremos el secreto, pudiendo sacar el animal cuando desees, sin que nadie haga preguntas. ---- respondió Tutmés.

---- Gracias mi Señor y disculpe mi impertinencia.---- respondí retirándome hacia los corredores.

---- ¿Qué te dijo?.---- preguntó Ykkur con gran curiosidad.

---- ¡Me lo regaló!. ---- respondí feliz.

---- Te lo dije. No se negaría después de la notable tarea que has llevado adelante. Espero que con sigas dominar ese gran potro.---- dijo.

---- Te agradezco. ¡Ah!, también quería agradecerte que me hallas dejado encerrado con esa jauría femenina. Me sentí como un perfecto estúpido delante de todas esas mujeres que no paraban de reírse de mí.

Al menos toda esa vergüenza fue compensada por haber visto a la señora Ahset.---- respondí aún excitado por su exultante belleza.

---- ¡Oh, sí!. Hermosa hembra. Le dicen "La Diosa de fuego" porque parece que es muy caliente según comentan.---- dijo Ykkur.

---- ¿Es verdad que engaña a su esposo con todos los hombres que le gustan?.---- pregunté interesado.

---- Dicen que sí. Por mi parte, sé con seguridad que es amante de Tutmés, pero no sé si tiene tantos romances como los que se le atribuyen.---- respondió.---- ¿No estarás pensando en joder a Tausert y a Ahset al mismo tiempo, verdad?.---- dijo con cara de bribón.

---- No es como piensas Ykkur. No mantengo relaciones sexuales con Tausert. He comprendido sus sentimientos y respeto que desee conservar su pureza hasta que esté segura de amarme y de que yo la amo.---- respondí.

---- ¿Sabes que eres su tipo?. Me refiero a que a Ahset le gustan los hombres como tú y el Príncipe; piel trigueña, altos, delgados y musculosos.---- respondió, despertando mis fantasías.

---- ¿Qué edad tiene ella?.---- pregunté curioso.

---- La misma edad que el Príncipe.---- respondió.---- No creo que seas demasiado joven para ella.

---- Tal vez haya sido mi imaginación alimentada por el deseo, pero sentí su mirada sobre mí tan intensa como la mía hacia ella.---- respondí.

---- ¿Y qué harás con respecto a Tausert?.---- preguntó.

---- No lo sé. Me siento realmente confundido. Tausert es sinónimo de amor y ternura, en cambio Ahset tiene la atracción de lo prohibido y despierta en mí una pasión irrefrenable.---- respondí.

---- Entiendo a qué te refieres. Tausert es como el agua, pura, límpida, transparente, para toda la vida; en cambio Ahset es como el vino te atrae y te embriaga, es irresistible y también puede matarte si no se la abandona.---- sus palabras, con el tiempo, quedarían grabadas a fuego en mi memoria, como una profecía que luego de ser ignorada se cumple para condenarte por no haber creído en ella.

---- ¿Qué harías tú en mi lugar?.---- pregunté buscando su consejo.

---- Lleva adelante tu relación con Tausert y si sientes que ella es la mujer que tú buscas, no te metas con Ahset.---- dijo sabiamente.

---- Tienes razón. Podría perder un gran amor por no saber resistir una fuerte tentación.---- dije.

---- En palabras menos rebuscadas, siente con el corazón y no con el pene.----

dijo Ykkur con su acostumbrado sentido del humor, haciéndome reír a carcajadas.

---- Ahora bien, mientras espero que el amor y el sexo lleguen juntos, dime a cuál de tus amigas prostitutas puedo visitar esta noche.---- dije necesitado de compañía femenina luego de varios meses de abstinencia.

---- ¿No te gustó la última muchacha que te recomendé?.---- preguntó extrañado.

---- Querido amigo, no me importa que la mujer no tenga grandes tetas, conque sea armoniosa y delgada me conformo. La última muchacha con quien me enviaste tenía tanta grasa que casi me indigesto.---- dije burlonamente.

---- Me había olvidado que te gustaban escuálidas y desnutridas.---- replicó en tono sarcástico desacreditando mi gusto en mujeres.---- Pregunta por Merithator, es regente de un prostíbulo cerca del desierto hacia el nordeste de la ciudad. Ella tiene muchachas como te gustan a ti.---- respondió.

Despidiéndome de Ykkur me dirigí al lupanar en las afueras de la ciudad esperando saciar el deseo postergado por tanto tiempo.

Encontré el prostíbulo de Merithator que me brindó a una de sus mejores muchachas, con la que pasé un buen momento, aunque no fue una gran experiencia pues solo sirvió para calmar la sed sin alcanzar la satisfacción que fantaseaba obtener con Ahset cuya figura semidesnuda no dejaba de rondar en mi imaginación.

Lo único destacable de aquella noche, fue que volví a ver desde lejos a nuestro compañero de la guardia, Shomu, acompañado por una mujer en el caserío de las prostitutas del puerto, por donde pasé para regresar a casa de mis padres en la orilla occidental del Hep-ur. Resultaba difícil estar seguro, pero parecía la misma joven con la que lo había visto en el palacio. ¿Qué clase de mujer de Palacio,---- pensé.---- aceptaría acompañar a un hombre a un sitio de ambiente tan bajo, con tal de mantener en secreto su relación que, ya no había dudas, se trataba de algo prohibido, pues de otro modo no se comprendía tanto hermetismo y la necesidad de mantenerlo en secreto y con tan extremos recaudos?. ¿Sería alguna mujer importante del Harén?. ¿Tal vez una hermana de Tutmés o una esposa o concubina de algún miembro destacado de la Corte?. Si bien creía haber visto antes aquel rostro, la oscuridad y la distancia me impedían reconocer de quién se trataba, confundiendo aún más mi mente ávida por conocer la identidad de aquella misteriosa amante.

Ante la imposibilidad de visitar a Tausert en esos días, ocupé mis tardes libres en entrenar la monta de mi potro asiático.

Significaba un verdadero reto montar aquel corcel, sin conocer la técnica empleada por los nómadas Suteos, que ningún ejército tradicional dominaba, porque contaban con caballos fuertes para el tiro de carros, pero no aptos para soportar el peso de un jinete a la carrera. Por otro lado los monarcas y líderes veían con malos ojos la limitada velocidad alcanzada, el peligro que acarreaba la inestabilidad del jinete y desde el punto de vista de la dignidad real o del alto cargo militar, el hecho de ir rebotando sobre el lomo de una bestia, cuando la posición erecta sobre el piso del carro de combate conducido por un auriga, permite estabilidad para el empleo del arco y gran prestancia en la postura.

Por el contrario yo pensé desde un principio que todo era cuestión de perseverancia, y con la silleta de montar que fabriqué en el taller de carpintería, al no poderme acostumbrar a montarlo sobre una simple manta como lo hacían los Suteos, confiaba en conseguir un alto grado de dominio e incluso un aceptable uso del arco en movimiento.

¡Qué dura resultó la primera semana de entrenamiento!. Inicialmente el corcel no me aceptaba y trataba de deshacerse de mí apenas me subía, que ya era un logro. Modifiqué el bocado y las riendas para que me permitieran un mejor control del potro, sin llegar a lastimarlo. El animal soportaba bien mi peso pues por aquella época a pesar de ser alto, yo era delgado y liviano, pero al percatarme de que la silleta provocaba marcas en el lomo del caballo aumenté su superficie para que no lo lastimara.

Luego de tres semanas de golpes, caídas, adaptaciones y fracasos, cuando estaba cerca de darme por vencido, comencé a mejorar mi técnica logrando que el potro se hiciese más dócil y obediente. El trasero me quedaba dolorido de tanto practicar, pero de a poco alcanzaba los objetivos. Pasado un mes y medio había conseguido un grado de destreza bastante aceptable. Me robaba horas de sueño para practicar durante el amanecer y llegaba a aprovechar incluso las noches de Luna llena cuando la luminosidad nocturna me permitía cabalgar entre las dunas y disfrutar del frío viento del desierto. Casi llegaba a obsesionarme al punto que cuando dormía soñaba que cabalgaba en el viento con la velocidad de un rayo.

Llamé a mi potro con el nombre de "fantasma", pues era tan negro que de noche, solo se veía su mancha blanca entre los ojos como flotando en la oscuridad. Fue mi fiel compañero durante muchos años, me resultó indispensable para salir de situaciones comprometedoras y lo quise y cuidé como si fuera una mascota.

A pesar de mis suposiciones, el tiro con arco me resultó mucho más fácil de lo esperado, desarrollando una destreza sorprendente al acostumbrarme a disparar cuando el corcel se hallaba suspendido durante la carrera, momento en el que podía disparar la flecha sin nada que perturbara su dirección, o su movimiento.

Mientras tanto, luego del mes de castigo, podía visitar a Tausert que de forma incomprensible para mí, se negaba a verme según palabras de Binnet. Sorprendido por tan inesperado comportamiento de parte de Tausert, pedí a Binnet que me ayudara a encontrarme con ella, que me evitaba constantemente, al menos para saber cuál era la razón de su actitud hacia mí.

Luego de dos días Binnet me avisó que Tausert y ella darían un paseo durante el final de la tarde por la costa de modo que pudiera encontrarla para conversar. Efectivamente las encontré antes del ocaso y en cercanías de uno de los grandes pilares faros de la entrada del puerto, intercepté a Tausert en busca de una respuesta satisfactoria. Su silueta grácil y etérea se recortaba entre los purpúreos reflejos del ocaso como una visión llena de sensual inocencia. Al verme llegar supo que todo estaba preparado de antemano para nuestro encuentro. Sin reproches, Tausert aceptó la situación y Binnet se alejó para dejarnos conversar en privado.

---- ¿Cómo has estado Shed?.---- dijo con su dulce voz, pero sin la alegría de otros momentos.

---- Confundido por tu actitud de no querer verme y negarte a hablar conmigo.---- le dije desconcertado.

---- Sabes que te quiero mucho y lo he demostrado al arriesgarme por ti. Sin embargo de tu parte tengo la impresión de que no eres del todo sincero conmigo y que a pesar de haber dicho que comprendías mis sentimientos, creo que no estás seguro de lo que sientes por mí.---- dijo entristecida.

---- Fui claro al decirte que te quiero y te deseo, pero ambos sabemos que no hemos estado juntos el tiempo necesario como para conocernos más, y profundizar nuestra relación. A pesar de que no existe un compromiso formal entre nosotros creo haberme comportado de forma correcta respetando tus puntos de vista y tus sentimientos a cerca del amor y el sexo. Por esa misma razón me desconcierta tu actitud de no querer verme y negarte a dialogar. Creía que eras más madura en ese aspecto y comprenderías que solamente discutiendo las diferencias podríamos entendernos.---- dije algo molesto.

---- Es cierto lo que dices acerca de que te has comportado amablemente y debo reconocer que eres gentil y respetuoso, pero desde aquel incidente en que mataste a Wersu, te has vuelto muy popular entre las mujeres de la servidumbre y las esclavas, e incluso algunas jóvenes del Harén hablan de ti y sé por alguna de mis compañeras, que has estado pavoneándote y mostrándote, mientras estuve castigada sin poder verte.---- me dijo mirándome fijamente.---- ¿Es cierto o no?.---- inquirió.

Resultaba tan atrayente el hecho de sentirme halagado por las miradas femeninas, que no resistía la tentación de pasar, cuando mis tareas lo exigían, por algunas estancias de la Residencia en que se hallaban las mujeres de Palacio, situación que anteriormente evitaba llevado por mi timidez, pero de ninguna manera le había sido infiel a Tausert.

---- Mi trabajo se desarrolla dentro del Palacio, Tausert. ¿Cómo podría evitar pasar por los sitios en donde hay mujeres, sí la mayoría de los ocupantes de la residencia o quienes se encargan de sus cuidados son mujeres?.---- respondí eludiendo la verdad.

---- ¡No me tomes por tonta Shed!. Hablo de estar mostrándote e incluso seducir a las jóvenes del Harén, como lo hiciste aquel día en que te acosaron varias muchachas, entre ellas la hija del Chambelán.---- dijo enfadada y evidentemente celosa.

---- Eso no es cierto. Ykkur me hizo entrar por la puerta del salón del Harén, no sé si por error o por gastarme una broma, pero no fue mi culpa. También debo decirte que quien llevó esos cuentos, aparte de faltar a la verdad, debe tener algún motivo para separarnos, pues de otra manera no me explico que alguien invente ese tipo de mentiras. ---- La verdad es que yo ni estuve seduciendo a nadie, ni cortejé a ninguna muchacha mientras cumplías tu período de castigo. Binnet no te mentirá al respecto.---- respondí molesto.

---- Pero Binnet tampoco es tu sombra para saber en donde estás y que haces todo el tiempo.---- dijo.

---- Tausert, si crees que necesito una sombra que vigile mis pasos, significa que no confías en mí y que ha sido en vano mostrarme sincero contigo.---- dije desilusionado por su inmadurez.---- Piensa en que puede haber hombres o mujeres interesados en separarnos por envidia o por quién sabe qué razones, que inventando rumores y propagando habladurías se acerquen a ti hablando mal de mí. ¿Cómo podría sentirme seguro y seguir a tu lado, sabiendo que crees más en la palabra de extraños que en mi compromiso de serte fiel?.---- Tausert enmudeció sabiendo que sus celos la estaban cegando y sin embargo no quería reconocerlo. Me dio la espalda y obstinadamente se negó a responder.

---- Tu silencio hace evidente que todos mis argumentos no te convencerán y que, no importa lo que diga, ya haz disidido que soy culpable.

Obviamente no podemos seguir juntos si tú no confías en mí. No te pediré de rodillas que me creas, ni suplicaré pidiendo perdón por lo que no hice. No puedo, ni quiero vivir cuidando lo que digo, lo que hago, o con quién converso, tan solo por conformarte. Adiós Tausert.---- me despedí alejándome de la costa cuando ya casi había anochecido.

En los siguientes días continué cumpliendo mis obligaciones como de costumbre intentando no pensar en Tausert, pues había llegado a quererla mucho y si bien no estaba enamorado, ella había colmado de alegría mis días con su bella sonrisa, su hermosura y la inocencia que la caracterizaba. De modo que para ocupar mi tiempo libre, me dediqué de lleno a perfeccionar mi destreza con el arco hasta convertirme en un arquero experto, con igual efectividad en el terreno que sobre el caballo. Nadie conocía mis nuevas habilidades ya que realizaba mis prácticas en los yermos parajes de las colinas orientales, lejos de las miradas de curiosos que podían burlarse de mis fracasos iniciales.

Mi carácter orgulloso me impulsaba a escaparme a la soledad de los torrentes secos donde encontraba la concentración y privacidad necesaria, pero al mismo tiempo podía ser fatal si llegaba a accidentarme estando solo, pues nadie podría socorrerme corriendo el riesgo de morir en el desierto a causa de una lesión grave o atacado por los animales salvajes. Pero así es la juventud llena de entusiasmo e imprudencia al mismo tiempo.

Así es que luego de tres meses de práctica sentí que había llegado el momento de mostrar mis progresos y fui a buscar a Ykkur para invitarlo a que, con Madakh, me acompañaran al desierto, en donde les enseñaría todo lo que había aprendido, para impresionarlos con mis secretas habilidades.

Fui a verlo luego de la cena del Príncipe, mientras hacía guardia en la puerta de los aposentos de Tutmés en el Harén.

---- ¡Amigo!. ¿Cómo has estado?.---- lo saludé cordialmente.

---- ¡Shed!. ¿Dónde estabas?. ¡Te estuve buscando toda la tarde!---- dijo Ykkur notablemente excitado y con una sonrisa.

---- ¿Qué ocurre?. ¿Tiene que ver con mi nombramiento en la custodia?.---- dije ansioso adelantándome a las palabras de Ykkur.

---- No Shed, sabes que para eso aún faltan dos meses. Se trata de otro asunto.---- dijo para provocarme aún más curiosidad.

---- Déjate de adivinanzas Ykkur. ¿De qué se trata?.---- dije impaciente.

---- ¡Mujeres Shed, mujeres!.---- dijo sonriendo.

---- Ya sé. Tausert está arrepentida y quiere volver conmigo.---- dije.

---- ¡No se trata de Tausert!.---- dijo.

---- Entonces, ¿de quién hablas?.---- pregunté extrañado.

---- ¡Ahset!.---- me dijo en voz baja.

Quedé fascinado. Se erizaron los vellos de mi cuerpo de solo imaginar la posibilidad de estar cerca de aquella belleza espectacular y doblemente prohibida, por ser la esposa de un funcionario de la corte y al mismo tiempo una de las amantes del Príncipe Tutmés. Sin embargo la sola idea de poseerla me hacía vibrar a pesar del peligro que podía significar.

---- ¿Estás seguro?. ¿Qué ocurrió exactamente?.---- inquirí ansiosamente.

---- ¡Ahset pidió que enviaran a reparar un pequeño estante de no sé que aposento!.---- respondió.

---- Sabía que me estabas tomando el pelo. Qué tonto soy.---- dije decepcionado.

---- Si, realmente eres un tonto. ¡Te estoy diciendo que Ahset pidió al taller de carpintería de Palacio que enviaran a reparar sus estantes, pero no pidió a cualquier carpintero!. ¡Solicitó que fueras tú específicamente!.---- dijo Ykkur.---- Sabe tu nombre y te ha elegido. ¡Apuesto a que quiere copular contigo!.

---- ¡Por los cuernos de Amón!. ¿No te estás burlando de mí?. ----pregunté desconfiando.

---- Bueno, si no me crees, no asistas a sus aposentos mañana temprano, y cuando te reprendan en el taller por no cumplir con los pedidos te darás cuenta de que yo no mentía.---- respondió.

---- No lo puedo creer. Me parece imposible.---- dije.

---- Lo que más me convence de lo que digo, es que esperó que Khepermare, su marido, viajase a Mennufer junto con el cortejo que acompaña a Hatshepsut, para pedir que fueses. Es demasiada coincidencia conociendo el tipo de mujer que es Ahset.---- dijo astutamente mi amigo.

---- ¿Qué haré si se entera Tutmés?.---- pregunté preocupado por la posibilidad de arruinar todo mi futuro por mezclarme con una de sus amantes.

---- Ahset no es tonta. Sabe lo que hace, tiene los contactos necesarios en cada sitio de Palacio para mantener en secreto sus actividades y paga muy bien a sus servidores por ese silencio. Además el Príncipe está tan concentrado en su ceremonia de coronación y sus proyectos de futuro gobierno, que no le presta atención a Ahset desde hace varios meses.---- dijo con seguridad.

---- Bueno, solo falta ver qué pasa mañana.---- dije lleno de expectativas.

---- No dejes escapar la oportunidad, porque si te muestras irresoluto te despreciará como si fueras basura. Las mujeres de por sí son complicadas; las señoras del Harén son un acertijo casi indescifrable.---- dijo con la autoridad de un sesudo pensador.

A la mañana siguiente me fue informado por las esclavas de la señora Ahset, que debería presentarme a media mañana pues la señora aún dormía cuando me presenté ante sus aposentos, de manera que me dirigí a la cocina en donde se requerían mis servicios para la atención de una pequeña puerta de armario un tanto deteriorada.

Tausert que se encontraba allí, pero solo crucé con ella una mirada tibia, decepcionado por su conducta inmadura que me había llevado a terminar con nuestra relación.

Luego de concluir con mi tarea y saludar a las jóvenes que preparaban el almuerzo, me dirigí hacia el Harén, dispuesto a servir a la señora Ahset o como la llamaban, "La Diosa de Fuego".

En el corredor central del Harén, ante la curiosa mirada de las mujeres que circulaban por el mismo, esperé nervioso que se abriese la trabajada puerta de cedro color natural, lustrada y con motivos florales, que daba acceso a los aposentos de Khepermare, esposo de la señora Ahset, un anciano de más de sesenta años, jefe de Escribas y consejero de la soberana en asuntos administrativos, emparentado a través de la rama femenina de los descendientes del Faraón Kamose. Hombre de blancos cabellos, rostro ajado y espalda encorvada, tenía aspecto de ser aún más viejo que lo que acusaba su edad. Era bastante obvio que en su estado, tendría serias dificultades para satisfacer las exigencias sexuales de su fogosa y joven cónyuge.

Una agraciada esclava negra me hizo ingresar a la sala de estar que se habría a la entrada y cerrando la puerta tras de mí me dijo de parte de su señora que aguardara allí. El lugar era primoroso y apacible, tan agradable a la vista como exquisito al olfato. Una mezcla de fragancias de amapolas y jazmines de Palacio, perfumaba el ambiente provocando la sensación de estar en un jardín florido.

Hacia mi izquierda, junto a la puerta lateral por la que se había retirado la esclava, contemplé un pequeño santuario de mármol blanco conteniendo una imagen de la Diosa Hathor, en pórfido negro con vetas ocre oscuras, tallada con gran maestría.

Sobre la pared de enfrente de color rosado más suave que las laterales, entre las ventanas que daban al exterior, se alzaba un jarrón de jaspe rojo conteniendo amapolas de un amarillo intenso, combinadas en delicados ramos con nenúfares azules, todo el conjunto, sobre una placa de granito rosa sostenida a su vez por dos pilares de granito negro esculpidos con la imagen de la Diosa hipopótamo Ta-Weret.

Destacando su dorado brillo, una especie de gran plato de oro repujado, bruñido y pintado, con aplicaciones en amatista, cornerina y cuarzo traslúcido, ricamente adornado con filigranas en todo su contorno, lucía una bellísima escena del mítico amor entre la Diosa Eset y su esposo el Dios Asar, pendía de la pared por encima del jarrón.

Hacia mi derecha sobre una mesa de cedro adosada contra el siguiente muro, una delicada ánfora negra de fino cuello y doble asa, presentaba en su franja central una secuencia de personajes en procesión, portando ofrendas y precedidos por músicos con arpas y flautas, pintados en negro y tonos de ocre sobre fondo amarillo. Excelente ejemplar de la cerámica de Keftiu contenía un delgado ramillete de cerezo en flor mezclado con pimpollos de centaureas violáceas.

Un colorido sofá de costosa tapicería y un conjunto de grandes almohadones distribuidos al azar sobre la alfombra formada por motivos de animales completaban el mobiliario, en tanto las cortinas en lino traslúcido del color del atardecer, filtraban una tenue luminosidad que otorgaba una sensación de frescura en el tórrido ambiente de mediodía.

Luego de esperar unos momentos, la misma esclava me hizo pasar al dormitorio en donde me mostró un armario cuyos estantes se hallaban dañados y que constituirían mi objeto de trabajo. El armario formaba parte del grupo de muebles al que se sumaban una cama de madera de acacia tallada y pintada en dorado, una cómoda conteniendo frascos cosméticos, aceites y ungüentos, un par de esteras de junco una a cada lado de la cama y dos taburetes de tamaño mediano.

Mientras trabajaba, escuché voces femeninas y sonidos de agua siendo vertida, como si las esclavas estuviesen bañando a la señora.

La puerta se hallaba abierta pero desde donde yo estaba no se veía a nadie, tan solo un sillón de mimbre sobre el que se encontraba extendido un vestido de lino blanco sobre el respaldo del mismo.

Mi curiosidad era incontenible pero era impropio de un siervo de Palacio como yo, fisgonear en el baño de cualquier mujer del Harén aunque la puerta se hallara abierta, de modo que me ubiqué de espaldas a la misma, a trabajar en los estantes. Tenía mis oídos inevitablemente atraídos hacia la conversación que mantenían las mujeres pero el ruido del agua y mi propia labor me impedían comprender lo que decían, sin embargo se hacía obvio que se trataba de temas triviales por sus risas y cuchicheos.

En un momento en que me encontraba raspando la pintura vieja deteriorada de uno de los estantes, me dio la impresión que alguien me observaba al ver por el rabillo del ojo. Como un acto reflejo, dirigí la vista hacia allí y me sorprendí al descubrir a la señora Ahset parada sobre una estera, mirándome. Debería haber apartado mis ojos de ella y bajar la vista al suelo, que hubiese sido lo correcto, como muestra de sumisión y respeto, pero no pude hacerlo. Se hallaba frente a mí, completamente desnuda, con su tersa piel mojada y su cabello recogido en una coleta cayéndole en largos bucles sobre la nuca y el cuello. Sin dejar de verme, giró levemente su cuerpo para que las esclavas la secaran. Sus turgentes senos coronados por rosados pezones erizados y carnosos, que frotaba una y otra vez con su toalla, mientras una de las sirvientes soltaba su cabello para peinarlo, en tanto las otras dos terminaban de secar el resto de su cuerpo. Desde las redondas nalgas descendían sus torneadas piernas perfectas, terminando en finos tobillos y pequeños pies. No había tenido hijos por lo que su vientre era plano y la pequeña cintura pronunciaba la curva de sus caderas.

Si la imaginación de un hombre podía idealizar el cuerpo femenino, la armonía de aquella hembra podía superarla. Hablar de perfección en su caso, coincidía totalmente con mi sentido de la estética, y el equilibrio de sus formas negaba cualquier tipo de exageración. Fue sin dudas la mujer más hermosa que conocí en toda mi vida y paradójicamente, era un sueño y una pesadilla al mismo tiempo. Parecía sentir placer en exhibirse ante mí sin ningún tipo de inhibiciones. Para aquel momento mi pecho palpitaba de excitación y tenía el pene levantando vergonzosamente mi faldellín, tratando de ocultarlo de la vista de las mujeres, que rieron cuando intenté inútilmente disimularlo.

Ahset ordenó a las esclavas retirarse del lugar luego de vestirla. Nervioso me volví hacia el armario para proseguir con mi tarea totalmente desorientado, habiendo perdido la noción de lo que estaba haciendo, vacilando entre seguir raspando la pintura vieja o pintarla directamente como estaba. De costado vi que Ahset se había acercado a mí y mientras untaba aceites aromáticos sobre su piel, me habló.

---- ¿Cómo te llamas muchacho?.---- preguntó con su sensual voz. Tragué saliva y contesté haciendo un tremendo esfuerzo para no tartamudear.

---- Mi nombre es Shed, mi señora.---- respondí con el corazón saltando en mi pecho.

---- ¿Qué o quién es Shed?. ¿Qué significado tiene?.---- preguntó para hacerme entrar en confianza.

---- Shed es una muy antigua divinidad de los desiertos, honrada desde tiempos remotos en el curso medio del Hep-ur.---- respondí con voz temblorosa.

---- ¿Y porqué te llamaron como ese Dios?---- preguntó nuevamente acercándose aún más.

---- Nací durante una tormenta de arena con ciertas dificultades en el parto, y pensando mi madre que constituía un mal presagio, mi madre rogó a mi padre que bañara en ese mismo momento en el río y encomendara mi Ka a Shed, Señor de los desiertos para que me protegiera de las entidades malignas que provocan las tormentas.---- respondí un tanto más calmado.

---- Parece que tu Señor de los desiertos te protege muy bien, no solo de los entes malignos, sino también de los guardias de la Reina. ¿Verdad?.----- dijo con sarcasmo, burlándose del difunto Wersu, mientras continuaba aproximándose por mi espalda, de modo que yo no podía verla.

---- Tuve suerte y el hombre estaba ebrio.---- respondí.

---- Era un individuo despreciable y bestial, más peligroso ebrio que sobrio. ¿Cómo pudiste vencerlo?.---- Puso sus manos en mi espalda y recorrió mis hombros con sus suaves manos.---- Eres fuerte y musculoso Shed. Pareces un guerrero, no un carpintero.----

Me paré, dejando las herramientas, tenso de nerviosismo con una erección inocultable y las piernas temblando.

Bajó sus manos acariciando mis brazos para descender por mi espalda hasta llegar a la cintura. Su cercanía me estremecía y el perfume de su piel me embriagaba incrementando mi excitación. Intenté voltear hacia ella pero no me dejó, apretando mi cuerpo contra el suyo, haciéndome sentir la presión de sus pechos en mi espalda. Rozando casi imperceptiblemente mi abdomen con la yema de sus dedos subió hasta mis pectorales asiéndolos con fuerza para luego descender muy lentamente. Quise acariciar sus caderas llevando mis brazos hacia atrás pero tampoco me lo permitió, levantando mis brazos de manera que no podía acercarlos a su cuerpo. Obviamente se encontraba tan excitada como yo pero por alguna razón que yo desconocía deseaba tocarme pero sin que yo hiciera lo mismo con ella. Me dio la sensación que lo utilizaba como una forma de dominación, demostrándome que podía hacer conmigo lo que quisiera sin que yo pudiese al mismo tiempo cumplir algún tipo de deseo sobre ella. Me trataba como a un objeto anulando mi voluntad, llevando mi estimulación hacia el terreno que ella decidía y hasta la intensidad que ella quería, controlando el juego sexual a su placer excitándome intensamente sin permitirme actuar.

Describiendo dibujos en mi vientre, deslizó su mano derecha por debajo de mi faldellín, llegando a tocar mi falo y mis testículos. En aquel instante, enloqueciendo de deseos de poseerla, esperando que soltara mi faldellín para que hiciéramos el amor, se apartó de mí alejándose hacia la sala contigua, riendo a carcajadas, dejándome completamente confundido e insatisfecho, sin saber porqué actuaba de esa manera.

---- Misterioso Shed, te espero después de la medianoche.---- para luego salir hacia el corredor exterior atestado de mujeres del Harén como si nada hubiese ocurrido.

Quedé solo, recuperando mi compostura, pensando en lo sucedido, sorprendido por el comportamiento de aquella mujer tan hermosa como impredecible, tan deseable como prohibida.

Comentarios


Trabajos relacionados

Ver mas trabajos de Lengua y Literatura

   

Nota al lector: es posible que esta página no contenga todos los componentes del trabajo original (pies de página, avanzadas formulas matemáticas, esquemas o tablas complejas, etc.). Recuerde que para ver el trabajo en su versión original completa, puede descargarlo desde el menú superior.


Todos los documentos disponibles en este sitio expresan los puntos de vista de sus respectivos autores y no de Monografias.com. El objetivo de Monografias.com es poner el conocimiento a disposición de toda su comunidad. Queda bajo la responsabilidad de cada lector el eventual uso que se le de a esta información. Asimismo, es obligatoria la cita del autor del contenido y de Monografias.com como fuentes de información.