CAPITULO 15

"La pesadilla se transforma en realidad."

Terminé mi trabajo en la habitación de la señora Ahset y me retiré del Harén para ir a comer a casa de mis padres en la aldea de los artesanos en la otra ribera del Hep-ur. No había comido nada en toda la mañana y mi estómago rugía como un león.

Cuando me dirigía hacia el río, me interceptó Maya, el joven con el que había entablado una buena amistad, aunque no teníamos tiempo para vernos con mucha frecuencia.

---- Maya, amigo mío, ¿cómo has estado?.---- lo saludé cordialmente.

---- Shed, necesito hablar contigo.---- me dijo casi sin contestar mi saludo y visiblemente contrariado. El muchacho se veía triste, con los ojos enrojecidos y demacrado. Me extrañó su condición y detuve mi marcha para escucharlo con atención. En el tiempo que lo conocía, desde la campaña en Kush, le había tomado cariño y sabiendo que era un joven maduro y de carácter, me preocupó verlo en ese estado, sabiendo que no exageraría un mal momento.

Puse mi mano en su hombro afectuosamente y continuamos rumbo a la costa mientras conversábamos. El cielo se había encapotado y comenzaba a relampaguear. Los truenos retumbaban con gran estruendo, esparciendo sus ecos entre las colinas del valle anunciando un posible aguacero. Lo invité a casa para conversar más tranquilos sin peligro de que nos sorprendiese la lluvia. Lo noté muy angustiado y supe que ocurría algo realmente importante cuando se negó a hablar mientras cruzábamos el río, por temor a que alguien de entre los de la barca pudiese escucharlo.

Al llegar a casa lo presenté con mi madre y mi hermana y nos sentamos a la mesa. Amunet nos sirvió pan, pescado, legumbres y dátiles.

---- Shed estoy muy preocupado por la suerte de mi padre.---- me dijo con los ojos llenos de lágrimas.

---- ¿Qué le sucede?. Cuéntame todo desde un principio.---- le dije.

---- Hace ya un mes, más o menos, mientras realizaba mis tareas con las armas en el depósito donde estoy encargado, noté que faltaban armas, entre ellas arcos, saetas, espadas y puñales entre otras, de entre las que son secuestradas a las bandas nómadas que transitan ilegalmente por los desiertos. No así con las armas deterioradas de las patrullas o del resto del ejército regular.

Por precaución no le comenté nada al escriba del depósito hasta no estar seguro de que estaban desapareciendo esas armas. Esperé una semana más, controlando día a día el número de elementos del depósito y para mi sorpresa desapareció otro grupo de armas también de las secuestradas a las bandas nómadas.---- relataba Maya.

---- ¿No las retiran para llevarlas a reciclar al taller de armas o a la función?.---- le interrumpí.

---- Sí por supuesto, pero yo mismo realizo ese trabajo o mi compañero del depósito, y al consultarlo, me dijo que el escriba no le había mandado a retirar armas secuestradas.

---- ¿Crees que el escriba esté implicado en el robo de esas armas?.---- pregunté intrigado.

---- Si hubiese sido el mismo maestro escriba con el que trabajé desde mis inicios, no hubiese dudado de él, pero casualmente fue reemplazado

por Yuf, el actual escriba, un personaje oscuro, de aspecto altivo y poco confiable. También hay otro escriba nuevo llamado Herkhuf que llegó en la misma época que el escriba jefe. De modo que no les comenté nada porque no confío en ellos y creyendo que pueden encontrarse implicados en el delito, le conté todo a mi padre. Al principio no me quería creer, diciendo que debía estar equivocado pues se lleva un control estricto del armamento secuestrado a nómadas, malvivientes y delincuentes en general, aduciendo que no tenía sentido la sustracción de armas de las tribus nómadas exclusivamente, ¿Quién podría hacer negocio a partir de esas armas de inferior calidad?. Pensaba mi padre.

Le pedí que disimuladamente comprobara él mismo la desaparición de las mismas visitando el depósito en ausencia del escriba cuando yo estuviese solo. Pocos días después sucedió de nuevo y ya no tuvo dudas al respecto, tras lo cual decidió averiguar por su cuenta el asunto.

---- ¿Cuál es el procedimiento seguido con las armas secuestradas?.---- pregunté.

---- Cuando se secuestra armamento, el jefe de la patrulla, luego de entregar a los delincuentes para ser juzgados, lleva las armas hasta el puesto de guardia de donde son retiradas dos veces al mes por un carro del depósito en donde trabajo, para llevarlas al arsenal en donde las separamos y clasificamos, para luego decidir su destino, ya sea destruirlas, fundir las partes para recuperar el metal, o transformarlas para aprovecharlas de diversas maneras. Durante el clasificado, el escriba del arsenal asienta en los papiros la cantidad, tipo, estado en que se encuentra cada unidad y el destino que se decide sobre las mismas.---- dijo Maya.

---- De modo que, de ninguna manera, puede pasársele inadvertido al escriba, la desaparición del armamento a menos que sea cómplice del robo.---- dije.

---- Así es Shed.---- dijo.

---- Pero, ¿Qué cantidad de armas desaparecía cada vez?.---- Pregunté tratando de deducir el objeto del robo.

---- Por ejemplo la segunda vez que me percaté de la falta de armamento, contabilicé que habían sustraído cinco arcos, varias aljabas llenas de flechas, seis lanzas, seis espadas cortas, cuatro jabalinas, dos o tres hondas, varios palos arrojadizos y bumeranes, cuatro hachas, cinco escudos, entre otros.

---- Continúa Maya.---- dije.

Pasadas dos semanas mi padre me dijo preocupado que no había averiguado mucho, pero sospechaba que había superiores del ejército metidos en esto, y además de no tener pruebas para acusar a nadie, no conocía el destino de esas armas, que hacían con ellas y si eran vendidas clandestinamente o las reciclaban. Mi padre se veía completamente desconcertado y cuando me comentó que las averiguaciones lo habían llevado hasta oficiales de muy alta graduación, desapareció.---- dijo Maya acongojado.

---- ¿Cuándo ocurrió la desaparición de tu padre?.---- pregunté.

---- Hace dos días. Temo por su vida, Shed.---- expresó Maya.

---- ¿No habrá sido encomendado en alguna misión fuera de la provincia?.---- pregunté entreviendo esa posibilidad.

---- Nos hubiese avisado que estaría unos días fuera, pero no fue así. El día de su desaparición se despidió de mi madre diciéndole que volvería temprano.---- respondió Maya.

---- ¿Comentaste con alguien más, todo lo que ha acontecido, incluida la desaparición de tu padre?.---- era importante saber quién conocía los detalles de lo ocurrido.

---- El único que sabe todo, es aquel anciano que te comenté durante el viaje a Kush, que lo quiero como a mi propio abuelo y que sería incapaz de traicionarnos. El mismo me aconsejó que pidiese ayuda a alguien confiable que no perteneciera a los mandos del ejército, y enseguida pensé en ti, más ahora que se te conoce por tu coraje y valentía, después haber vencido a Wersu.---- expresó.

---- Haré todo lo posible para averiguar, a través de mis amigos de la custodia, lo que ocurre con el robo de las armas, y buscaremos a tu padre hasta encontrarlo.---- Dije para darle confianza.---- No debes comentar lo que hablamos. Mientras no sepamos de qué se trata lo que está pasando, y quienes están implicados en el asunto, no podemos confiar en nadie de entre aquellos que rodeaban a tu padre.---- le advertí, imaginando el peligro que corríamos.---- Mañana iré a verte y me ayudarás a investigar algunas cosas que necesito saber para idear una manera de descubrir la complicidad o inocencia de los escribas encargados de asentar las armas en cada puesto de recepción. Mientras tanto vuelve a tus tareas habituales y trata de disimular tu estado de ánimo.

Lo acompañé hasta el embarcadero en donde tomó un pequeño bote para volver a la ribera oriental.

Cuando regresaba a casa de mis padres, recordé que en nuestra aldea vivía un muchacho llamado Djer, que trabajaba en la fundición, siendo su padre compañero de Pentu en las tareas que realizaban en el templo funerario de Hatshepsut.

Era demasiado tarde para ir a montar al potro, y un día que no practicase, no afectaría mi habilidad. Además podría aprovechar el tiempo que me quedaba antes de prepararme para mi encuentro con Ahset, visitando a Djer, intentando averiguar algo acerca de la cantidad de armamento que desaparecía. Caminé por las apretadas callejuelas de la aldea, preguntando por el lugar en donde vivía el muchacho. Todos se conocen allí, pero saber exactamente donde vive alguien en un caserío de más de setenta casas, puede llevar algo de tiempo. Las nubes de tormenta no se habían disipado aún y todavía caían algunas gotas. Cuando ubiqué la casa ya había oscurecido.

Pasando entre medio de un grupo de niños que chapoteaban en los charcos y jugaban con barro, llegué hasta la puerta de la humilde vivienda. El hombre grueso y de mediana edad que me atendió, se hallaba sentado ante la entrada aprovechando la fresca brisa que soplaba después del breve aguacero.

---- Buenas noches, señor. Me llamo Shed, soy hijo de Pentu, el escultor. ¿Se encuentra su hijo Djer?.---- pregunté. Solo veía su perfil vagamente iluminado por el pálido resplandor de una lámpara de aceite encendida en el interior.

---- Sí por supuesto, ya le comunico que lo buscas.---- respondió amablemente.

El joven era como de la edad de Maya, algo más alto y rechoncho.

---- Hola Djer, ¿cómo estás?.---- saludé al muchacho.

---- Muy bien señor. ¿Qué se le ofrece?.---- preguntó.

---- Quería saber por tu intermedio si es que habrá una vacante para un amigo que necesita trabajo.---- dije para sacar el tema del armamento para no despertar sospechas.

---- Realmente no hay demasiado trabajo para hacer. No creo que se necesiten nuevos trabajadores pero si quiere puedo averiguar con el maestro fundidor.---- se ofreció diligentemente.

---- Qué extraño. Me habían comentado que había aumentado el número de armas secuestradas por las patrullas e imaginé que eso podría haber incrementado el trabajo en la fundición y por consiguiente pensé que podrían precisar nuevos operarios.---- respondí buscando más indicios.

---- No señor, la cantidad de armamento secuestrado que nos llega a la fundición ha disminuido. No comprendo que a usted le hayan informado lo contrario.---- respondió extrañado.

---- Puede ser que haya pasado demasiado tiempo desde que me dieran la información. ¿Desde cuándo ha disminuido dicho número?.---- inquirí.

---- No lo sabría decir con exactitud pero podrían ser tres semanas, tal vez más.---- respondió dubitativo.

---- Seguramente me hicieron tal comentario antes de que disminuyera la cantidad de armamento secuestrado. De todos modos te agradezco mucho Djer. Hasta pronto.---- dije despidiéndome de él y de su padre.

Luego de hablar con Djer no quedaban dudas al respecto y era obvio que el escriba encargado debía estar metido hasta el cuello en el asunto. Todo encajaba. Los reemplazos en el personal administrativo del ejército eran decididos a niveles mucho más altos de la burocracia de modo que como sospechaba el padre de Maya, debe haber oficiales de alto rango mezclados en el robo de esas armas, ¿Pero quienes y para qué robaban ese armamento?. Realmente resultaba muy extraño, ya que el valor de esas armas era netamente inferior al de las armas que utilizaba el ejército, y de estas últimas no había desaparecido ninguna.

Las preguntas rondaban en mi cabeza sin cesar pero las respuestas no salían a la luz.

Mientras me bañaba en el canal más cercano a la aldea, también pensé en el hecho de que las armas secuestradas y entregadas en el puesto de recepción no corresponderían en cuanto a número y tipo, con las entregadas al escriba encargado del recuento en la fundición. De alguna manera los djet originales (papiros originales) del puesto de recepción de las patrullas, debían ser alterados para hacerlos coincidir con los listados asentados posteriormente en el depósito y también con los del taller de fundición. Como los escribas en cada sitio eran diferentes, cabría la posibilidad de que los documentos fuesen falsificados para que los números concordaran, pues de otro modo no pasarían la inspección mensual y todo se descubriría.

Terminé de bañarme y luego de cambiarme me dirigí a la ribera oriental. El gran ojo del cielo había surcado gran parte de su ruta nocturna atravesando el ejército de nubarrones, que amenazaban con eclipsarlo constantemente, movidos por el viento del desierto soplando sobre las colinas dibujadas de a ratos por diáfana luz de Ioh.

Al llegar al Palacio me fue permitido el paso hacia la barraca de los hombres de la custodia, aduciendo que llevaba un mensaje para Ykkur. Como yo trabajaba en la residencia y ya me conocían los guardias de la entrada, no pusieron objeciones. Le pediría a Ykkur que me prestara su kapet, un exquisito y varonil perfume que había comprado a Gamartu, el mercader asiático, antes de mi encuentro con la señora Ahset.

Al llegar, recordé que el Príncipe había viajado a fin de organizar el ejército en la región del Delta para mantener a raya las incursiones nómadas, sobre todo de los Shasu, que constantemente amenazaban las poblaciones fronterizas con el desierto del Sinaí. De modo que probablemente no encontraría a Ykkur ni a Madakh que habrían viajado con él. De cualquier modo tenía su autorización para tomar prestada cualquiera de sus cosas.

Pensé que podría encontrar a cualquiera de los otros custodios que permanecían en Waset guardando los documentos que atesoraba Tutmés para su futura gestión de gobierno, pero cuando llegué al lugar no había nadie. En el desorden reinante me dispuse a buscar el preciado kapet que con sus fragancias afrodisíacas aumentaría mi atractivo. Entre los camastros revueltos, ropa en el suelo, jarros aún conteniendo cerveza, platos con restos de comida invadidos de moscas por doquier, la mesa sucia y el piso como un chiquero. Ni los cerdos se hubiesen sentido cómodos allí.

Hurgué en cada rincón y removí cada cosa de su lugar. Pensando que podía estar entre las cosas de alguno de los otros custodios, me apuré a revisar entre las otras pertenencias. Sabía que no era correcto buscar entre los objetos personales de los demás, pero era una noche muy especial y necesitaba el perfume para sentirme más seguro.

Cuando levanté un almohadón de entre los camastros, algo cayó de él. Al levantarlo me di con que era un amuleto de oro en forma de Sheshet que es el nombre que damos en mi país al sistro, símbolo de la Diosa Hathor, con una turquesa incrustada en su centro. En el reverso se hallaba grabado con la leyenda: "Hathor protegerá nuestro amor". Imaginé que el amuleto pertenecería a Say o a Shomu pues el almohadón se encontraba entre las camas de ambos, pero en aquel desorden podría pertenecer a cualquiera de los custodios.

Luego de dejar el objeto en donde lo había encontrado, seguí buscando el kapet, hasta que di con él, al verlo en el suelo detrás de las patas de un taburete cerca de la pared frente a la entrada. Después de perfumarme coloqué el recipiente entre los objetos de Ykkur y me alejé del lugar en busca de los aposentos de Ahset.

Era obvio que no podría ni acercarme al Harén llegando por los corredores custodiados por la guardia de palacio, por lo que ya había planeado el modo de ingresar a las habitaciones de Ahset a través del balcón exterior que daba al bosquecillo de sicomoros en hacia el sur del parque palacial. El perímetro exterior del edificio también era recorrido por guardias, pero la custodia se relajaba notoriamente cuando la soberana viajaba con su cortejo, como ocurría en aquellos días en que la Reina se hallaba en Hut-waret durante la festividad en la que se celebraba otro aniversario de la expulsión de los Hekau-Khasut durante el reinado del Faraón Ahmose. Khepermare, esposo de Ahset, se encontraba con la comitiva real por lo que no había peligro de que me descubriese. De todas maneras debía ser cuidadoso pues los chismes y las traiciones son las ocupaciones predilectas de las señoras del Harén. Habían sido apagadas las antorchas del corredor central y los pasillos principales dejando solo la iluminación necesaria para que los guardias pudiesen transitar los sectores más importantes de la residencia.

Ya fuera del edificio y oculto entre los sicomoros divisé el balcón de Ahset. Me llamó la atención que sus aposentos se hallaban a oscuras. ¿Habría decidido acostarse a dormir?, ¿Tal vez se hubiese arrepentido de verme esta noche?. Como fuese, no iba a quedarme con la duda. Trepé al tronco de un añoso sauce que desplegaba sus ramas apenas por debajo de uno de sus balcones. Esperé a que el guardia que recorría el sector se alejase en su ronda y me lancé. Estaba aproximadamente a ocho codos de altura del suelo y de haber fallado hubiese sufrido graves heridas, incluso podría haber muerto. Pero en aquellos años no medía el peligro y tenía tanta confianza y tan poca prudencia, que sentir mi corazón palpitar ante el riesgo casi se había convertido en una atracción irresistible.

Quedé colgado y oscilando en el vacío a punto de caer, pero pude asirme con mi mano derecha de una de las columnas del balcón, exigiéndome un gran esfuerzo cuando mi mano izquierda casi resbalaba del borde inferior del mismo. Subiendo lo más rápido que pude, pasé rápido sobre la baranda del balcón para ocultarme de la vista del guardia que volvía a recorrer la vereda de la planta baja, ya que mi shendyt blanco, un tipo de faldellín plisado, me hubiese puesto en evidencia al verse en la oscuridad.

Las puertas que daban a la sala se encontraban abiertas y la brisa mecía las finas cortinas de lino. Dejé mis sandalias en el balcón y me asomé al interior de la sala, tenuemente iluminado por los tímidos rayos de la luna que se filtraban entre las espesas nubes. Posada a los pies de la estatuilla de la Diosa Hathor, una diminuta lámpara de aceite aromático desprendía su perfume manteniendo una llama tan pequeña que no se observaba desde el exterior y apenas daba luz a la imagen, por lo demás el resto de la sala estaba sumido en una oscuridad casi completa.

---- ¿Señora Ahset?. ¿Se encuentra usted, soy Shed?.---- dije en voz muy baja.

Llegué al centro de la alfombra caminando cuidadosamente para no caer si es que chocaba con algo. Cuando giré para ir al dormitorio, divisé por el rabillo del ojo, una sombra que se abalanzó sobre mí. Salió con tal rapidez de la oscuridad que no tuve tiempo más que para cubrirme con los brazos, dando un paso hacia atrás cayendo de espaldas con mi atacante encima. Presentí una daga en su mano que contuve al interponer mi antebrazo izquierdo entre ella y mi pecho. Instintivamente y aprovechando el impulso de la caída, moví mi cuerpo hasta voltear a mi adversario y quedar sobre él, desarmándolo fácilmente. Todavía sin poder ver quién era, tratando de ver su cara en la penumbra y apretando su cuerpo con mis piernas, arrojé lejos la daga y tomando sus muñecas las inmovilicé por encima de la cabeza, percatándome de lo delgadas y frágiles que eran, descubriendo que se trataba de una mujer. Quedé totalmente atónito cuando jadeante, se echo a reír.

---- Creí que no vendrías.---- dijo agitada. Recién en aquel momento percibí su delicado perfume y me di cuenta de lo alterado que estaba.

---- ¿Así me recibes?.---- dije dejando de lado la actitud respetuosa y subordinada. Sentía una mezcla de enfado y excitación me hacía temblar.----

¿ Pretendías matarme?.----

---- Sí, lo hubiese hecho.---- respondió tranquilamente.

---- ¿Por qué?.---- pregunté estupefacto, soltando sus manos.

---- De no haber sobrevivido, no hubieses sido un amante digno de mí.---- respondió.---- Y ahora también sé que no eres un simple ayudante de carpintero, pero no pretendo descubrir tu secreto, quiero que sigas siendo un misterio para mí.---- replicó con sensualidad.

---- No comprendo.---- respondí haciéndome el tonto. Obviamente no podía revelarle mis secretos y me alivió que no deseara averiguar nada más.

---- Sé que me entiendes, Shed. No necesitas fingir conmigo, tu secreto estará a salvo.

Lo único que me interesa, eres tú. No me equivoqué al creer que eres igual que yo. Te excita el peligro, te gusta lo prohibido y no te dejas amedrentar por el riesgo.---- expresó.

Sus palabras resonaron en mi mente, describiéndome tal cual me sentía, y sorprendido por su capacidad de observación, pues yo mismo había descubierto muy recientemente esta desconocida sensación que, poco a poco ganaba mi ser.

---- Eres muy perceptiva y no puedo negar que me atrae el peligro.---- respondí acercándome para besarla.

Desprendió mi faldellín y lo pasó por sus pechos desnudos. Jadeante, me incliné sobre ella para besarla como si estuviera engullendo el manjar más delicioso, mientras sentía mi pene crecer en tamaño rozando su tibio vientre ondulando en cortos movimientos de su respiración acelerada. Tomando mi nuca mientras nos besábamos, bajó mi cabeza hasta sus pezones erizados, los cuales succioné con fruición hasta morderlos suavemente, a lo que reaccionó con sutiles quejidos entrecortados.

Apartándome un segundo, con mi visión ya habituada a la penumbra, la vi levantar un cuenco que había preparado de antemano, e inclinándolo sobre su abdomen, vertió un oscuro líquido que lentamente se deslizó bajando por su entrepierna lampiña. Comencé a libar de aquel néctar entregado por esa bellísima flor que abrió sus pétalos al hambriento colibrí. Mi lengua, recorriendo el camino trazado por el elixir de vino y dátiles, esparció el gozo sobre su bañada intimidad.

Mecía su vientre con rítmicos movimientos en una danza sexual, subyugante y arrebatadora. Su cuerpo exudaba el embriagante perfume del kapet que se evaporaba de su caliente piel, ardiendo como abrazada por un fuego interior.

Inclinándome sobre ella en un beso ardoroso y salvaje, en donde nuestros labios parecían devorarnos a ambos, penetré profundamente en su intimidad húmeda y suave, hasta quedar abrazados como un solo cuerpo, como una sola criatura engendrada en las llamas de la pasión amenazando con destruirse a sí misma, consumida en una vorágine de placer, en un abismo de excitación inconmensurable.

Entre quejidos y gemidos descontrolados, casi animales, rompimos en jadeos convulsivos, en un estallido de sensualidad, empujados a una explosión de los sentidos como jamás antes había experimentado. Ahset era sexo sublime e irresistible capaz de hacerte enloquecer de placer y de cautivarte eternamente, hasta extraer la última gota de tu semen. Me sirvió vino en un fino vaso de alabastro mientras descansábamos desnudos sobre la alfombra.

---- ¿Qué te impulsó a seducirme, siendo yo un simple sirviente?.---- pregunté curioso.

---- Me atrae el poder y tú lo tienes.---- dijo sin mirarme mientras deslizaba su mano derecha por mi cadera.---- Me gusta tu figura y tienes un cuerpo fuerte y varonil, pero fue ese poder que emana de tu personalidad lo que me movió a atraerte hasta mí.---- giró mirándome directamente a los ojos.

---- No comprendo. Yo no tengo poder, soy un hombre común. No tengo un cargo político, dinero, ni influencias.---- dije confundido.

---- No me refiero a eso. Hay hombres que tienen todo lo que acabas de nombrar pero no tienen el poder del que yo hablo. El poder al que hago alusión es esa fuerza interior expresada en tu voluntad, en tu temperamento, en tu capacidad. Esa fuerza se puede manifestar como la valentía en el guerrero que puede perder o quitar la vida, en el marino que lucha contra la tormenta retando la voluntad de los Dioses, en el artesano capaz de descubrir en la roca sobre la que trabaja, la imagen que atesora su pétrea intimidad.

La mayoría de los gusanos que controlan este país, ordenan a otros inferiores en rango a cometer actos que ellos mismos no se atreven, por cobardía, por miedo. Viven existencias pasivas, carentes de emociones, faltas de nuevas sensaciones que agiten sus corazones e impulsen su sangre como un torrente desbordando su cause. Son como ratas que inseparablemente unidas a la tierra, nunca conocerán las alturas que domina el halcón.

Tú como yo, amas el riesgo, el peligro que nos hace sentir vivos y que como un arpista, toca la cuerda que hace vibrar nuestro ser.---- expresó Ahset.

Me sentí cautivado por su personalidad, tan diferente Tausert, a la que veía simple y tradicional, casi aburrida y tan predecible que perdía el atractivo que su belleza poseía. De algún modo quedé deslumbrado por Ahset, como embrujado por su personalidad, hechizado por sus palabras, porque me hacía sentir como un hombre diferente al resto, compartiendo su mundo exótico tan distinto a lo anteriormente vivido.

---- Ahora comprendo lo que dices. Yo he descubierto en mi padre algo parecido a lo que describes, que para mí es algo mágico, el poder o la extraordinaria virtud que lleva en sus manos cuando la figura que trabaja va mucho más de la estética, cuando se aleja de la mera reproducción rasgos y escapando de la simple copia de elementos anatómicos, plasma el alma del retratado en la roca, su personalidad, su bondad o su vileza, la candidez o lo pérfido de un personaje, desnudando su espíritu a los sentidos del observador.

Por otro lado me sorprende lo que me dijiste sobre que me hubieses asesinado si no era como tú creías. Si hubiese sido un sencillo ayudante de carpintero y no un guerrero preparado para defender su vida, ¿me hubieses asesinado?.---- pregunté sospechando la respuesta.

---- Por supuesto que no hubiese hecho el amor con un vulgar carpintero. Debías pasar la prueba como el antílope macho dominante de un rebaño, debe vencer a sus rivales para tener el derecho a copular con sus hembras. Tu prueba era sobrevivir a mi ataque y de no haber reaccionado correctamente, mi daga te hubiera abierto el vientre como a un intruso cualquiera invadiendo los aposentos de una señora del Harén.---- dijo con una frialdad que me heló la sangre.

---- ¿Eres capaz de asesinar a sangre fría a un ser humano solo por no satisfacer tus expectativas?.---- pregunté boquiabierto.

---- Este mundo está superpoblado de criaturas insignificantes que no merecen siquiera existir, pero ahí están para servir de comida y ser utilizados por seres superiores, como los peces sirven de alimento al hombre o a los cocodrilos.

Si tu naturaleza es ser un depredador, solo debes seguir tu instinto, y matar a seres débiles e inermes, es solo parte de un sistema creado por la Divinidad, un juego en el que me gusta participar y cumplir el papel que me toca. Piensa Shed que, si los Dioses no amaran esa lucha entre fuertes y débiles, no existirían leones y gacelas, sino solamente gacelas.---- dijo con pasmosa insensibilidad.

---- ¿Y cómo consideras a tu esposo?.---- pregunté.

---- Él me tomó como esposa cuando era apenas una niña, desconociéndolo todo acerca de los hombres y el sexo. Hoy, él representa solo un escalón para llegar a hombres con verdadero poder.---- dijo antes de beber otro trago de su vaso.

---- ¿Khepermare te hizo daño durante los años que llevas junto a él?.---- pregunté pensando que debía existir algún motivo para explicar su extraña conducta.

---- Es demasiado dócil y estúpido como para ser peligroso. No, el nunca me hizo daño, pero mi vida a su lado fue un hartazgo imposible de soportar, hasta que decidí llevar una existencia de emociones de alcoba que me hace sentir viva, que excita mi piel y mi espíritu ávido de aventuras que nunca encontraría a su lado.---- respondió.

---- ¿Y el amor?. ¿Haz conocido eso que llaman amor?.---- pregunté.

Nunca he experimentado el amor y no creo que exista un hombre que despierte un sentimiento de ese tipo en mí. He atraído decenas de amantes a mi lecho y ninguno a conseguido satisfacer mis deseos, aliviar mi apetito, ni cubrir mis expectativas. Todos han sido arcilla entre mis manos, maleables como el barro, sumisos y obedientes como el perro ante su amo; los he dominado a todos sin excepción.---

---- ¿Matarías a tu esposo?.---- pregunté casi adivinando la respuesta.

---- No mientras sea útil a mis propósitos.---- respondió sin reparo.

---- ¿Cuáles son vuestros propósitos?, Si puede saberse.---- dije.

---- Llegar a ser la favorita del Faraón y gobernar el país junto a él.---- respondió sin importar que sus planes fuesen conocidos por otros. Mis pensamientos con relación a Ahset eran sumamente contradictorios. Ahset no temía a nada ni a nadie. Era una mujer increíblemente atractiva pero desde aquel día supe también que podía ser muy peligrosa. Cómo escapar de sus redes, cómo evadirme de su encanto embriagante y arrollador, que me atraía a su lecho como un torbellino de pasión del que no se puede huir, como un potro que a pesar de sus bríos es dominado por el auriga obligándolo a tomar el rumbo que aquel le fija, como el indefenso insecto en la telaraña de un poderoso arácnido, que cuanto más lucha por zafarse, más se enreda en su trampa.

No existían en ella sentimientos de bondad, piedad, compasión, escrúpulos, ni remordimiento por las consecuencias de sus actos. Así era Ahset, irresistible y fatal.

Ahset bebió algo más de su vino y se acostó a mi lado hasta quedar dormida. Se había hecho muy tarde y en pocas horas comenzaría a aclarar, de modo que decidí que era tiempo de irme a casa. Salí del lugar como había entrado, por el balcón. Esperé a que los guardias pasaran en su ronda habitual y luego me descolgué por el sauce para alejarme corriendo rumbo al río.

Fui despertado por mi padre que abandonaba la aldea de los artesanos para dirigirse al valle de las tumbas reales en donde se llevaban a cabo los trabajos en el sepulcro de la soberana. Me levanté apurado desayuné y partí hacia la ciudad, concentrando mis pensamientos en el asunto de las armas robadas.

Solicité a Ninet el Maestro carpintero de Palacio que me brindase su ayuda en la investigación del asunto del secuestro de armamento, tema que sería de sumo interés para el Príncipe, aunque en realidad todavía no había podido informarle acerca del mismo, a causa de que Tutmés se hallaba viajando y sumamente ocupado en los asuntos de estado relacionados con su próxima coronación. El Maestro carpintero encargado del mantenimiento del mobiliario de los edificios del ejército, era primo hermano de Ninet y no hubo inconvenientes para que, como favor especial a su primo, me permitiese ocuparme del mantenimiento del mobiliario del arsenal como si fuese uno de sus trabajadores, permitiéndome acceder a los documentos que nos darían pistas referidas a la desaparición de las armas.

No había riesgos de que Yuf o sus secretarios, descubriesen alguna anormalidad, en el sentido que se dieran cuenta de que yo no formaba parte del cuerpo de carpinteros regulares del ejército, debido al menosprecio y desatención que mostraban todos los escribas hacia las tareas manuales y los trabajadores que las desarrollaban, considerándonos al nivel de siervos, en relación con el status social y económico que detentaba la clase burocrática.

Llevé la caja con las herramientas para ocuparme de alguna tarea de restauración si la inspección arrojaba el descubrimiento de deterioros en parte del mobiliario, y para disimular la verdadera razón de mi presencia en el depósito, que era revisar los papiros de aquellos días en que había desaparecido el armamento secuestrado.

El sistema administrativo del depósito se hallaba organizado con relación al del resto de la administración de los demás estamentos del ejército y constituido por un maestro escriba, que en el caso del arsenal era Yuf, asistido por dos secretarios.

Una enorme cantidad de rollos sobre estantes, ocupaba gran parte del muro que tenían los secretarios a su espalda, en la sala mayor del arsenal. Los documentos, estaban ordenados de acuerdo al día en que habían sido utilizados para asentar el ingreso de armas procedentes del puesto de recepción, en que las patrullas del desierto dejaban el armamento secuestrado.

En la sala contigua se encontraban Maya y los otros muchachos encargados de la revisión y mantenimiento del material. Entre sus actividades se contaban la renovación de las cuerdas de arco fabricadas con tripa de animales, cambio de las cañas de las jabalinas, reemplazo de las púas o barbas de las saetas, el afilado de espadas cortas, espadas curvas, punta de lanzas, hachas, etc.

Al ingresar a la pequeña antesala en donde se hallaba uno de los secretarios de Yuf lo saludé respetuosamente.

---- Que la luz de Amón Ra ilumine vuestra jornada.---- Expresé al joven escriba, del modo en que se acostumbraba saludar en Kemet a un funcionario. No era mayor que yo, pero se observaba en su actitud la soberbia del burócrata que cree imprescindible su desempeño.

---- ¿A qué se debe tu presencia en el arsenal?.---- dijo con desdén sin siquiera levantar su vista para verme, mirando de costado la caja de carpintero que llevaba en mi mano, mientras observaba un papiro sobre la mesa de ingresos.

---- Vengo por la inspección mensual del mobiliario.---- respondí.

---- Hace menos de veinte días que han llevado a cabo la última.---- dijo casi en tono de protesta.

---- El Maestro carpintero ha decidido aumentar la frecuencia de revisión teniendo en cuenta la aparición de ciertos parásitos de la madera que han demostrado ser muy destructivos y que actúan rápidamente....---- me interrumpió para que no continuara explicándole cuestiones que no le interesaban. Aunque a los escribas les molestase la presencia de quienes llevaban a cabo el mantenimiento del mobiliario y la exterminación de parásitos y alimañas, sabían que esa labor era de suma importancia para la conservación del material con el que trabajaban ya que la humedad, el fuego, las ratas y los insectos pueden provocar graves daños a estos rollos cuya información se pierde irremediablemente, de modo que la inobservancia de las reglas referidas a la seguridad de la documentación, acarrea sanciones contra el responsable de este tipo de negligencias en cualquier sector de la administración central.

---- Está bien. Haz lo que debas pero rápido y no perturbes el orden de los documentos.---- respondió volviendo a su tarea.

El lugar era bastante amplio, lo suficiente como para contener ordenadamente todo tipo de armas y complementos del equipo de guerra de los hombres del ejército. Había mazas, bastones de mano, espadas curvas a la que nosotros llamamos khepesh, bumeranes, hachas, hondas, palos y garrotes, lanzas y jabalinas, y por supuesto gran número de arcos compuestos, flechas y carcajes. Para la protección del guerrero se contaba con escudos y corazas de cuero que usaban sobre todo los oficiales.

Traspuse el primer escollo, sin embargo no sabía si adentro debería dar más explicaciones de mi presencia en aquel sitio, al segundo secretario escriba que se encontraba trabajando en un papiro con todo sus elementos sobre una mesa de espaldas a la pared en donde se encontraban los estantes con la documentación. De lejos vi a Maya que trasladaba de lugar un grupo de lanzas y arcos en mal estado. Cuando Maya me vio, tuvo el impulso de acercarse a mí, pero se contuvo al percatarse de que nos pondría en evidencia, de manera

que disimulando, se aproximó al estante que contenía los papiros correspondientes a las armas que nos interesaban y dejó una púa de flecha junto a los mismos. El error de Maya no nos comprometió, pues al no ser advertido por nadie no despertamos sospechas.

Busqué defectos o deterioros en los estantes en que se encontraban los documentos pero al no encontrarlos tuve que inventarlos, desprendiendo una de las tablas de la estantería aprovechando que nadie observaba mi trabajo, para poder sacar los papiros de su sitio sin que nadie desconfiase.

Sería imposible revisarlos allí mismo por lo que debía pensar una manera de sacarlos del lugar, ¿pero cómo?. Mientras hacía mi labor, Yuf el escriba jefe, había regresado al depósito, por lo que le informé a él mismo que necesitaba buscar algunos instrumentos de la carpintería que me hacían falta para mi tarea.

Tomé cañas huecas del depósito de maderas, en los que ocultaría los papiros, haciéndolos pasar por mangos de mis herramientas.

Volví al arsenal y trabajé en las tablas reemplazándolas por nuevas, cepillando y puliendo la madera, esperando el momento propicio para guardar los rollos y reemplazarlos por papiros en blanco, de manera que no existiese posibilidad de que advirtieran la falta de algunos de ellos, aunque sería difícil que se diesen cuenta de la desaparición de cuatro rollos entre centenares, quizás miles, que había en las estanterías.

Maya entendió mi intención distrayendo a sus compañeros llevándolos al fondo del depósito mientras los secretarios se hallaban asentando y controlando el pedido de armamento para una patrulla que saldría después de mediodía. Yuf ya se había retirado para asistir a una reunión en el edificio de la administración.

Rápidamente escondí los rollos de papiro dentro de las cañas huecas y los guardé dentro de la caja de herramientas, prosiguiendo con mi trabajo de manera habitual. Estaba nervioso por la situación pero gracias a la ayuda de Maya no tuve inconvenientes en lograrlo sin ser visto. Luego de lograr mi objetivo y terminar con mi tarea, me retiré al final de la tarde. Fue tan convincente mi comportamiento que ni siquiera revisaron mi caja de modo que podría haber sacado los papiros sin ocultarlos en las cañas huecas. Me apresuré en llegar al taller de carpinteros para dejar las herramientas y llevarme los rollos para inspeccionarlos. Pasé a buscar a Ykkur o Madakh que supuestamente estarían de regreso con el resto de la custodia del Príncipe pero me comentaron en Palacio que el Príncipe se hallaba rumbo a Abedju y que no regresarían a Waset en algunos días.

Abedju, es la mítica ciudad en donde según la tradición, se hallaba la tumba del Dios Asar, Señor del mundo de los muertos, a donde Menkheperre Tutmés III, rendiría homenaje a su padre Akheperenre Tutmés II, en otro aniversario de su fallecimiento y en fecha tan próxima a asumir el mismo, el poder de Kemet, y ceñir la doble corona del Valle y el Delta, tomando en sus manos los atributos del Faraón como eran el Cayado y el Látigo, como antaño lo hiciera su padre, que la ocasión se hacía sumamente evocativa.

Hatshepsut, por su parte, también había partido a dicha ciudad para rendir homenaje a su difunto esposo. Según decían los viejos funcionarios de Palacio, la soberana no participó en ninguna de estas ceremonias anuales desde el primer aniversario del fallecimiento de Tutmés II, hacía ya veintiún años, por lo que resultaba extraño que luego de tanto tiempo, volviese a honrar la memoria del hombre al que había despreciado en vida.

La Reina se mostraba sorprendentemente pasiva e inmutable, casi en vísperas de entregar el cetro real durante la próxima festividad de Amón, situación que nadie esperaba ocurriera alguna vez, pues ella había afirmado que el heredero lo recibiría luego de su muerte. La calma que exhibía Hatshepsut era para algunos, signo de que había asumido la necesidad de abandonar las responsabilidades del gobierno y la crisis de las tierras del Norte, a un hombre joven y valeroso como su hijastro Tutmés, que pusiese nuevamente en lo alto los blasones de la tierra del Hep-ur, dominando a los enemigos asiáticos. Incluso el propio Príncipe, se vio inclinado a aceptar dicho argumento al advertir un cambio radical en la actitud de la soberana.

Dejando de lado las cuestiones del trono, mi mayor urgencia se centraba en pedir ayuda a mis amigos de la custodia, pero en su ausencia debía buscar la forma de, por mis propios medios, averiguar lo más que pudiera para adelantar la investigación antes de que volviese el Príncipe, de manera que pudiésemos conocer el destino de esas armas y saber qué había ocurrido con el padre de Maya.

No teniendo lugar más seguro que la casa de mis padres, aproveché que mi madre y Eset, habían llevado a mi abuela a visitar a una de mis tías que aún vivía en Khmun y recién volverían en dos días, para revisar con tranquilidad los documentos sin que Amunet se preocupara pensando que andaba metido en líos nuevamente. Pentu estaba al tanto de todo por lo que no tenía problemas de que me viera con los papiros que había sustraído del arsenal.

Me alimenté frugalmente, ansioso por revisar el material aquella misma noche, pues planeaba devolverlos a través de Maya al día siguiente.

Me senté a la luz de una lámpara de aceite en el lugar más oculto de la casa para evitar que algún vecino pudiese verme con los papiros y puse todos mis sentidos en tratar de leerlos. Me di cuenta de que sería más fácil de lo que pensaba ya que constituían listas de armas, nombres y números, un recuento muy sencillo y sin complicaciones de expresiones o elaboración gramatical.

Maya llegó mucho más tarde cuando ya había leído el tercero de los cuatro papiros.

----¿Que descubriste, Shed?.----- Preguntó Maya.---- Me sorprende mucho que sepas leer ¿Donde aprendiste?.

----Nadie me enseñó. Aprendí sólo de tanto practicar tallado de estelas funerarias en mi pequeña ciudad de Khmun.----- Me quedó mirando asombrado.

----Ahora lo más importante es dedicarnos a esto, Maya.---- Le dije.

----¿Quién es Upma’at?.---- Pregunté.

----Es el escriba secretario que viste trabajando hoy en el arsenal más cercano a los armarios en que se encuentran los documentos.---- dijo.

---- ¿Cómo se llama el gruñón que me autorizó a ingresar?---- pregunté.

---- Su nombre es Herkhuf.---- respondió.

----¿Por qué?.---- Preguntó.

----Hay algo muy extraño en este papiro.--- le expliqué. ----Mientras que en los otros, luego de los datos figura el nombre del escriba encargado de asentar la información, con un trazo seguro y firme, los símbolos en este papiro se parecen más a los de Herkhuf que a los del escriba que figura como responsable de aquellos datos.

-----No entiendo a qué te refieres.---- Me dijo Maya.

----Mira---. Le dije mostrándose el papiro. ----Aquí está la escritura del escriba Upma’at. Si la comparas con la de Herkhuf es más escueta, más irregular, como la de un escriba novato. Por el contrario si uno compara la de Herkhuf con la del Jefe-Escriba Yuf, se hace notorio que a pesar de la diferencia en su grafía, ambos son escribas expertos, aún más hábil Herkhuf que el propio Jefe.

De aquí surgen dos preguntas: 1º ¿Por qué un escriba experto se encuentra sirviendo en un arsenal en el que no hace falta más que un escriba novato?. Incluso un aprendiz podría realizar un trabajo tan sencillo.

2º ¿Por qué falsificó la escritura de Upma’at para luego firmar con el nombre del novato?.---- Le dije.

---- ¿Cómo sabes qué es falsificada?.---- preguntó curioso.

---- Observa Maya.---- le indiqué en el papiro.---- Éste símbolo muestra deficiencias en la pericia del escriba como si fueran de un burócrata aún inexperto, pero llega a la exageración de defectos que la hacen sospechosa, pues Upma’at no es tan falto de destreza. Por otro lado, si comparas estos jeroglíficos, muestran un perfecto nivelado de altura como solo Herkhuf lo consigue; y aún más,---- dije para destacar la paradoja.---- mira este símbolo y observa que a pesar de ser imperfecto en su confección muestra este detalle,---- mostré a Maya señalándole con el dedo.---- que es característico de la escritura de Herkhuf.---- Puedes verlo reiterado varias veces en este documento escrito y firmado por él.---- afirmé.

Maya quedó estupefacto.

---- Por supuesto.---- me dijo.---- Herkhuf puede estar implicado en el asunto. Ingresó hace dos meses, en la misma época en que fue transferido Yuf, antes de comience la sustracción de armas.---- Dijo excitado por el descubrimiento.

---- ¿Quieres saber qué información contiene el papiro falsificado?.---- pregunté a Maya sabiendo que adivinaría su contenido.

---- Armas secuestradas por las patrullas a los nómadas del desierto Oriental ¿verdad?.---- Dijo intuyendo la respuesta.

---- Exactamente.---- dije con satisfacción.---- Ya no hay duda del robo. Ahora debemos averiguar quién nombró en el puesto a Herkhuf. Quien lo haya hecho debe estar implicado en el delito.---- respondí.

---- ¿Qué hay del jefe Yuf?. ¿Crees que ignore las actividades de Herkhuf?.---- preguntó Maya.

---- No estoy seguro. De él no sabemos nada pues no figura refrendando con su nombre ningún papiro adulterado, lo que no significa sin embargo que sea inocente. Tan solo sabemos hasta el momento que no tenemos pruebas en su contra.---- expresé.---- Lo que más me extraña es que escribas de alto nivel también estén metidos en este delito, cuyo objeto aún no logro comprender.---- dije como pensando en voz alta.

---- ¿Crees que mi padre haya descubierto lo de las armas?.---- preguntó Maya entristecido, sospechando que su padre podría haber sido asesinado al averiguar algo importante.

---- Tal vez sí, y quizás por eso hayan decidido hacerlo desaparecer. Pueden tenerlo prisionero, pero es difícil creer que aún siga con vida. ¿Qué te dijeron de su desaparición sus compañeros?.---- pregunté.

---- De entre los compañeros de mi padre, uno que era su mejor amigo, me dijo que persiguiendo a una banda de pastores que se resistieron a ser inspeccionados, se trabaron en combate y habiendo perdido de vista a mi padre luego de concluida la contienda, apareció su carro y su caballo solos, sin

señas de él o su auriga. Los estuvieron buscando varias horas pero no pudieron

dar con ellos.---- comentó Maya.

---- La historia es poco creíble. Muy fácilmente pueden haber llevado a tu padre a una trampa y secuestrarlo o matarlo, los propios soldados que lo acompañaban. ¿Confías totalmente en aquel amigo de tu padre?---- pregunté pensando en alguien dentro del ejército que nos ayudara.

---- No Shed. Últimamente se ha mostrado evasivo conmigo y a pesar de haber estado junto a mi padre muchos años, el viejo Hekayeb amigo de mi abuelo me aconsejó que no le revelara nuestros descubrimientos.---- respondió Maya.

----Tienes razón, pero ¿cómo averiguaremos quién nombró a Herkhuf?.---- le pregunté.

---- Pídele a Ykkur que nos ayude, o tal vez a Madakh.---- dijo.

---- No se encuentran en Waset pues acompañan al Príncipe en su visita a Abedju honrando la memoria de Tutmés II.---- comenté.

---- ¿Qué haremos mientras tanto?.---- preguntó.

---- Solo nos queda esperar, Maya. No debemos arriesgarnos a que nos descubran. Piensa en que si hicieron desaparecer a tu padre, no dudarán en matarnos al poner en peligro sus actividades.---- respondí.

Me despedí de Maya diciéndole que fuese paciente, que no tardarían en regresar más que unos pocos días, y cuando eso ocurriera averiguaríamos pronto lo que había sucedido con su padre.

Aquella noche la pasé en casa. Necesitaba dormir la noche completa para recuperar energías luego de la intensa madrugada transcurrida con Ahset y todas las actividades desarrolladas durante el día.

Al día siguiente durante la hora de descanso del arsenal, Maya vino a verme al taller mientras trabajaba en unos mangos para hacha.

---- ¡Un compañero de mi padre fue a verme anoche a casa y me estuvo esperando para hablar conmigo sobre la desaparición de mi padre!.---- dijo entusiasmado.

---- Podría ser parte de los delincuentes implicados en el robo de armas, que intenta saber cuanto conoces del tema y con quienes has hablado del asunto. Podría ser una trampa Maya.---- confesé preocupado mis sospechas.

---- No lo creo Shed. Se lo veía nervioso y me confió que teme que a él también intenten hacerlo desaparecer, por la estrecha amistad que lo unía a mi padre, creyendo que tal vez mi padre le hubiese comentado acerca del robo de armas.---- dijo Maya.

---- ¿Le interrogaste acerca de porqué no acudió a sus superiores si tenía información que pudiera esclarecer la desaparición de tu padre?.---- pregunté interesado. ---- Sabe que hay oficiales superiores metidos en el asunto, pero como no conoce hasta donde se extiende la cadena de implicados tampoco confía en sus superiores directos.---- respondió.

---- ¿Le hablaste sobre mí?.---- pregunté.

---- No, no lo hice. Me pareció prudente no comentar tu participación.---- dijo Maya.

---- Actuaste prudentemente.---- respondí.---- Quiero que nos reunamos con él en algún sitio apartado para conversar en privado. Deseo hacerle ciertas preguntas que nos podrían llevar a las pistas que necesitamos para acercarnos a descubrir quienes están detrás de todo esto.---- expresé.

---- ¿Cuándo y dónde deseas que nos encontremos con él?.---- preguntó.

---- Dile que nos encuentre ésta noche después del ocaso pasando las colinas al oeste de la aldea de los artesanos sobre la ladera sur de la cumbre del "Cuerno", allí lo estaremos esperando. También dile que vaya solo.---- concluí.

Antes de media tarde, estuve montando al potro y practicando puntería con el arco, a la carrera. No podía estar más satisfecho con mi desempeño. Había llevado dos pequeños melones del tamaño de la cabeza de un hombre como blanco para mis flechas, y los llené de agujeros hasta el final del entrenamiento. Luego atendí al "fantasma", cepillándolo, alimentándolo para luego llevarlo a las caballerizas.

Para la puesta de Sol, me encontraba escalando las áridas laderas del "Monte del cuerno", mientras el viento del desierto soplaba con su cálido hálito, levantando frágiles remolinos de arena y piedrecillas del yermo, pero al mismo tiempo fascinante paisaje, bañado por los purpúreos destellos vespertinos, filtrándose entre los nubarrones del horizonte occidental.

Quería estar allí antes de que Maya y el oficial fueran al sitio indicado. Desde la altura de los peñascos podría divisar si alguien los seguía a la distancia. Podía ser una trampa por lo que fui armado con la espada curva, el arco y el carcaj.

Aguardando la llegada de Maya y el oficial compañero de su padre, disfrutaba de la tranquilidad y la belleza de la fascinante vista desde las cumbres que dominan toda la región. A medida que el gran disco se hundía entre las lejanas colinas contorneando sus desnudos perfiles, la brisa del ocaso, mucho más fresca y agradable, se abría paso sobre la populosa metrópoli ganada rápidamente por las sombras, exhibiendo ésta, las primeras antorchas encendidas en los edificios oficiales como un espejo del firmamento que, pletórico de fulgores, lucía sus fantásticas joyas de luz en mágicas constelaciones sobre el mapa celeste.

El desierto como un mar de ondulantes dunas, era barrido por el incesante flujo de torbellinos de arena y polvo, que transformaban casi imperceptiblemente su magnificente y aparente inmutabilidad. El espectacular ambiente que me rodeaba hacía pensar en un mundo perfecto de armonía y paz eterna. Quizás así sea el mundo de ultratumba, pero allí abajo en el mundo de los vivos, la traición, la intriga, la violencia, y el crimen, seguían dominando la escena humana.

Maya llegó a tiempo y como estaba previsto, el oficial se apareció solo por los senderos al pie del monte, sin que nadie lo siguiera.

---- Que la luz de Amón-Ra ilumine tus días.---- saludó el oficial con un tipo de presentación que en mi tierra denota buena voluntad y deseos de bienaventuranza.---- Mi nombre es Wadj y soy Idenu del ejército de Amón.----

---- Ya le hablé de usted a mi amigo.---- dijo Maya.

---- Deberá comprender los recaudos que tomamos para evitar que se conozca mi identidad, debido a las delicadas circunstancias que rodean el caso.---- dije explicando mi vestimenta formada por una capa larga con capucha y un lienzo oscuro cubriendo el resto de mi cara, dejando solo una pequeña abertura por donde veía a mi interlocutor.

---- Comprendo el peligro de darse a conocer, pero yo también me expongo a cara descubierta ante usted, sin siquiera saber su nombre.---- respondió Wadj.

---- Deberá aceptar nuestras condiciones ya que fue usted quien buscó a Maya y no a la inversa. No vamos a arriesgarnos a caer en una trampa.---- respondí con firmeza.

---- Confiaré en ustedes porque el padre de Maya era uno de mis mejores amigos y temo que traten de matarme si sospechan que estoy investigando la razón de su desaparición.---- confesó Wadj. Parecía sincero y se veía angustiado al peligrar su propia seguridad.

---- ¿Qué información tiene?.---- pregunté sin más rodeos.

---- Después de aquel día de la desaparición de Sesi, ---- que era el nombre del padre de Maya.---- cuando tomábamos un descanso con mis compañeros después de regresar de un patrullaje de varias horas en el intenso calor de la tarde, escuché accidentalmente al acercarme al puesto de guardia, a dos soldados que hablaban acerca de las armas que debían sacar esa noche para llevarlas al escondrijo del desierto al nordeste del barrio de las prostitutas. Quedé perplejo al no comprender de qué hablaban, pero pronto me percaté que fuera lo que fuera, constituía un delito y si esos hombres se daban cuenta de que yo había escuchado su conversación, me encontraría en grave peligro. Me alejé de allí cautelosamente para que no me descubrieran y me ubiqué en un sitio desde donde pudiese verlos salir de aquel lugar para saber quienes eran. Cuando vi salir a uno ellos, supe que era el que había informado de la desaparición de Sesi durante un patrullaje de rutina, en que hubo una refriega con un grupo de pastores nómadas, nada que pudiese suponer la desaparición de un miembro de la patrulla. Desde aquel momento supe que la desaparición de tu padre ---- dijo dirigiéndose a Maya.---- debía estar relacionada con la sospecha de robo que él nos había mencionado. Como el otro aún no salía del puesto, me aproximé disimuladamente para conocer la identidad de aquel que había dado la orden de sacar las armas esa noche. A verlo casi se me paraliza el corazón. Aquel oficial era nada menos que Hofra, mi superior directo. Se hacía evidente que el ilícito que se estaba cometiendo era muy importante y que debían estar implicados quién sabe cuántos oficiales más.

Al principio no supe qué hacer, tenía mucho miedo. No quería hablar del tema con nadie. Me sentía observado, todo el tiempo creía que me seguían. No podía dormir de la tensión que soportaba. Por fin me di cuenta que mi imaginación había ido demasiado lejos y que en realidad nadie sabía que yo conocía el peligroso secreto.

Luego de recuperar cierta tranquilidad, recordé lo triste que había visto a Maya,---- dijo poniendo afectivamente su mano en el hombro del muchacho.---- y decidí contarle lo sucedido e intentar juntos encontrar una vía por medio de la cual pudiésemos llegar a autoridades que pudieran intervenir en el asunto y castigar a los culpables.---- expresó Wadj.

---- Maya te ha dicho que lo estoy ayudando, pero aún no podrás saber quién soy. Creo que eres sincero y puedes unirte a nosotros para investigar lo que está ocurriendo, sin embargo existe una condición que tendrás que aceptar. Yo daré las órdenes sobre lo que se hará y no discutirás mis decisiones, de lo contrario quedarás fuera.---- respondí.

---- Acepto las condiciones, pero exijo ser informado de todo lo que ocurra paso a paso.---- replicó Wadj.

---- Puedes estar seguro de ello. La comunicación no ha de faltar entre nosotros para combinar nuestros esfuerzos y conseguir el objetivo que deseamos, que es desenmascarar a los culpables de todo esto.---- dije.---- Hay algo muy importante que dijiste y sobre lo que quiero que nos detengamos. ¿Cuándo los hombres mencionaron el barrio de las prostitutas dijeron que el escondite que contiene el armamento se halla cerca en el desierto o en el propio caserío?.---- pregunté interesado.

---- Hicieron mención a un lugar cercano en el desierto, no en el propio caserío.---- respondió Wadj.

---- ¿En qué estás pensando?.---- preguntó Maya.

---- Quizás podamos averiguar algo a través de una prostituta de la que soy amigo. Tal vez alguien entre sus amigas o entre las jóvenes que trabajan para ella halla visto algo inusual o sospechoso que pudiera ayudarnos a conocer la ubicación del lugar en donde esconden el armamento robado.---- respondí.

---- Tienes razón, pero debes cuidarte de las mujeres con las que hables del tema. Recuerda que muchas rameras tienen clientes entre los hombres del ejército y por un poco de oro serían capaces de traicionar o vender información a cualquiera de ellos.---- previno Wadj.

---- Es cierto. Sin embargo la mujer de la que hablo es muy confiable y le advertiré que sea discreta al tiempo de averiguar lo que le pida.----dije.---- Ésta misma noche iré a visitarla.

---- ¿Crees que puedas averiguar quién nombró al escriba Herkhuf en el Arsenal?.---- preguntó Maya.

---- El hermano de mi esposa es escriba del ejército. Seguramente él podrá ayudarme en ello. ¿Pero porqué es importante saberlo?.---- preguntó Wadj.

---- Porque él es el escriba que está falsificando los documentos en que constan las listas de armas robadas.---- respondió Maya.

---- Excelente.---- dije.---- Ahora debemos separarnos y no dejar que nos vean juntos públicamente. Yo les avisaré mañana si es que pude averiguar algo. Nos encontraremos aquí mismo después del ocaso.---- dije.

Dejamos el lugar a intervalos de tiempo prudencial para que no se pudiese sospechar de nosotros.

Permanecí en casa de mis padres hasta que la oscuridad nocturna me permitiese moverme con más libertad en mis actividades.

Salí de "La aldea de los servidores del lugar de Ma’at", es decir de la aldea de los artesanos, cruzando el río con rumbo al caserío de las prostitutas en busca de la información que esperaba.

No recordaba con seguridad el lugar en que desarrollaba su actividad la rolliza Merythator, pero cuando llegué a la barriada no me resultó difícil ubicarme.

Esperé fuera del prostíbulo hasta que salió con su cliente riendo y bromeando.

---- ¡Hola Shed!. Sabía que volverías a verme.---- saludó alardeando.

---- ¿Cómo has estado?.---- respondí.

Entré con ella abrazándola por la cintura de manera que pareciera obvio a la vista de las demás prostitutas que se hallaban fuera, que tendríamos sexo, pues era exactamente lo que esperaba que creyeran. Mis intenciones sin embargo nada tenían que ver con ello.

Una vez dentro de la habitación, comenzó a acariciarme el pecho e intentó sacarme el taparrabo pues ya había hecho lo propio con el faldellín.

---- No Merythator. Tengo muchos deseos de hacer el amor contigo pero hoy he venido por otro motivo.---- le dije para que no se sintiera rechazada.

---- ¿Qué ocurre?.---- preguntó.

---- Estoy en una misión que me asignó el propio Ykkur.---- mentí pues sabía que si lo pedía Ykkur, ella no se negaría.---- Necesito que me ayudes a conseguir cierta información.---- dije.

---- Sí. Dime que quieres saber.---- dijo atenta.

Miré las puertas y ventanas temiendo que hubiese alguien que pudiese escucharnos.

---- ¿Has visto alguna actividad poco usual últimamente en el caserío, hombres en actividades sospechosas o clandestinas?.---- pregunté.

---- Shed, eso se ve todas las noches en este lugar. No sé exactamente a qué te refieres.---- dijo confundida.

---- No me refiero a personas que busquen sexo prohibido, sino a soldados conduciendo carros durante la noche hacia el desierto, o actividades parecidas fuera del horario normal.

---- Yo no vi ni escuché nada fuera de lo normal, pero ahora que lo mencionas, recuerdo que una de mis muchachas me comentó que le había parecido raro el paso de un carro conducido por soldados vestidos con ropas de civil hacia el desierto en plena madrugada durante tres semanas seguidas más o menos.---- respondió.

---- ¿Y cómo sabía que eran soldados si iban vestidos de civil?.---- pregunté sorprendido.

---- Porque ambos frecuentan el prostíbulo con las ropas militares y por ello le pareció curioso que fuesen vestidos como simples campesinos, como si quisieran pasar inadvertidos.---- respondió Merythator.

---- ¿Puedo hablar con tu amiga?.---- pregunté ansioso.

---- No creo que se niegue a hablar contigo, pero tendrás que pagarle por su tiempo.---- respondió.

---- Eso no es problema.---- respondí.

Me llevó hasta la joven que trabajaba para ella que en aquel momento se encontraba afortunadamente desocupada.

---- Tiha, te presento a Shed. Quiere hablar unos instantes contigo.---- dijo Merythator dejándonos solos. ---- Sé que mis preguntas te quitarán tiempo de tu trabajo de manera que empezaré por pagar tu tarifa.---- dije entregándole un saco de grano como paga.

Tiha era muy joven y esmirriada. Su cuerpo sin embargo era agradable, en tanto que su negra y larga cabellera ondulada la hacía ver casi infantil.

---- Dime, ¿qué deseas saber?.---- preguntó.

---- Merythator me comentó que habías visto a soldados vestidos de civil como intentando pasar inadvertidos conduciendo carros hacia el desierto cercano.---- la orienté sobre el tema de mi interés.

---- Sí.---- respondió.---- Yo paseaba con mi novio por la callejuela que colinda con el desierto, después de salir de aquí, cuando vi a esos soldados que son nuestros clientes y me llamó la atención que visitaran el caserío sin pasar por lo de Merythator, y pensé molesta, que irían a visitar a las prostitutas que trabajan al final de la barriada, que son gordas y viejas, tan solo por que cobran más barato, y por curiosidad, los seguimos caminando a través de la calle por la que viajaban, pero cuando llegamos al prostíbulo de las viejas, los hombres no se encontraban allí y por supuesto tampoco estaba el carro que conducían.

A la semana siguiente los volví a ver luego de la primera vez y luego otra vez más.

---- Llévame a la callejuela por donde los viste pasar.---- le solicité.

Me condujo hacia nordeste del caserío, entre los miserables cuchitriles que lo componían y el bosquecillo de palmeras, extendido a la vera de la zona de transición, entre los suburbios de la ciudad y la región circundante que precede al desierto propiamente dicho.

---- Tomaron esa dirección hacia el final de la calle y luego desaparecieron seguramente por algún sendero hacia el desierto.---- dijo Tiha señalándome el único rumbo posible que pudieron haber tomado.

---- Gracias Tiha. Si guardas silencio sobre la información que me brindaste serás bien recompensada por tu colaboración.---- respondí para asegurarme su lealtad.

Mis ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad nocturna cuando me despedí de Tiha.

La noche se presentaba ventosa y los negros nubarrones que avanzaban desde el norte mostraban un amenazante aspecto, dibujando bellísimas sierpes de luz reproduciéndose y retorciéndose en ramificadas trenzas como una madeja de culebras recién paridas en el seno de la tormenta. Cada destello inundaba de efímera claridad el paisaje de dunas y pastizales, a cada paso en que me adentraba más y más en el desierto buscando alguna casilla, algún sitio apto para el escondrijo de las armas.

Ya había recorrido una distancia que calculé entre dos mil y tres mil codos sin ver nada que pudiese parecerse a un sitio de depósito habiendo cambiado varias veces de rumbo siguiendo diferentes senderos y aprovechando para ver alrededor, con cada relámpago, con cada resplandor del convulsionado y rugiente cielo que parecía quebrarse sobre mi cabeza en repetidos estruendos. Resultaba peligroso caminar en la noche sobre un terreno en el que abundaban escorpiones y serpientes, sobre todo las cobras, no así de otros animales salvajes que suelen buscar algún reparo nocturno, pero ya estaba allí y valía la pena arriesgarse. Casi sin esperanzas avancé un rato más bajo las primeras gotas de lluvia y el fuerte viento que soplaba entre los pastizales. Cuando un cegador relámpago iluminó el desierto como a pleno día acompañado de un rugiente trueno que me dejó medio sordo, me pareció ver una línea recta y oscura sobre un amplio médano cercano. No comprendí la imagen y pensé que podía ser un palo o una serpiente, tal vez el bastón de un pastor, sobre la rojiza arena. Me acerqué lentamente esforzándome por interpretar el objeto. Recorrí lentamente la distancia que me separaba del objeto esperando que otro relámpago me permitiese verlo mejor. Titubeando me incliné sabiendo que no se trataba de una serpiente, percatándome que fuese lo que fuese, parecía ser de madera pero sus caras y lo que correspondía a aristas demostraba que no era un palo sino más bien una tabla. Esta madera debería haber estado cubierta por tela que se encontraba plegada por encima y que por su color idéntico no se distinguía de la arena circundante, habiendo sido volteada por el fuerte viento que la removió de su lugar.

Fui palpando el contorno de la madera que formaba un rectángulo cuya medida calculé en seis codos de largo por cuatro de ancho, que no podía ser otra cosa que una puerta camuflada, transformada exteriormente en un cantero cubierto por tierra arena y pastos largos, del mismo tipo que cubrían el terreno contiguo, de manera que era casi imposible descubrirlo accidentalmente. Excitado por el descubrimiento, sabía que no podía ser otra cosa que la entrada a un depósito subterráneo que contenía las armas robadas. También observé hacia uno de los lados menores de la puerta, un par de bisagras de cobre sobre las que giraría la misma al abrirse. No encontré ninguna forma de traba o sello para evitar su apertura por lo que pensé que existía la posibilidad que hubiese un guardia en su interior que custodiara el armamento. Busqué algún resquicio o alguna rendija por donde pudiera descubrir si había luz en el interior.

Sin previo aviso la puerta sonó y comenzó ha abrirse mientras yo me encontraba apoyado husmeando en su sistema de cierre. Sorprendido salté hacia atrás y casi desesperadamente corrí hasta el otro lado de los médanos para esconderme.

Si se habían dado cuenta de mi presencia tenía pocas posibilidades de escapar; sin embargo creía no haber hecho ningún ruido, pero tampoco podía estar seguro.

Al buscarme podrían encontrarme fácilmente teniendo en cuenta la constante luz que proporcionaban los relámpagos y la falta de un lugar en donde poder ocultarme.

Me tendí boca abajo sobre la arena entre los pastos largos que al menos disimularían parcialmente mi cuerpo y confiaba que, si no se habían percatado de la existencia de un intruso, permaneciendo inmóvil podría pasar inadvertido.

Apoyé la barbilla sobre las manos y permanecí expectante observando por entre el pastizal esperando para actuar si era necesario.

Dos hombres jóvenes como de mi edad surgieron del depósito subiendo por una escalera no sin antes dar un vistazo al terreno circundante. Se veían totalmente relajados y por la actitud que mostraban, podía estar tranquilo pues al parecer solo habían salido a tomar el fresco aire nocturno.

El tenue resplandor que provenía del depósito apenas me permitía ver a los sujetos en sus flancos iluminados. De a ratos se veían como espectrales figuras recortadas contra la luminosidad de la tormenta, permitiéndome distinguir mejor los detalles que me interesaban. Por sus edades debían ser soldados rasos y no oficiales. Ambos portaban la espada de un lado de la cintura y un puñal o daga del otro. Lo más destacado e importante como información, era sin lugar a dudas, que los dos llevaban el faldellín liso y el chaleco de lino amarillo que caracterizaba a los miembros de la policía Medyau. Esto no podía ser casual y seguramente habría jefes de la policía de Waset implicados en el asunto. Si ha esto se le sumaba la participación de altos oficiales e incluso escribas del ejército la proporción que tomaba el tema rebasaba cualquier posibilidad con que hubiese especulado. Todos los indicios llevaban a la conclusión de que se trataba de algo mucho más grave que el simple contrabando y venta de armas, pero ¿qué era?, ¿Quién estaba a la cabeza de todo esto?. Todo estaba tan bien organizado que debía haber algún gran personaje relacionado. Nada se hallaba librado al azar. ¡Por los cuernos de Amón! Tenía que haber otro motivo para tamaña operación. Presentía que nos estábamos acercando a la verdad. Al mismo tiempo tenía una preocupante sensación de que había algo que estaba pasando delante de mis narices y no podía verlo. Sospechar algo malo es peor que conocer la verdad pues cuando la conoces, buscas los medios para combatirlo, pero como en aquel momento la incertidumbre me devoraba por dentro. No debía pasar más tiempo sin que Tutmés lo supiera para que desbaratara esta organización delictiva.

La lluvia fresca sobre mi cuerpo me sacó de mis cavilaciones. El viento y el agua se hacían más intensas y los dos guardias medyau decidieron retornar al escondrijo. Era el momento adecuado para salir de allí y no lo desaproveché. Me arrastré sobre la arena húmeda entre los pastos hasta que estuve seguro que no volverían a salir. Cuando estaba a unos cien codos del lugar me erguí y comencé a caminar raudamente hacia el caserío, aguzando la visión para no tropezar en la oscuridad.

Las preguntas daban vueltas en mi mente obsesionándome sin encontrar las respuestas. Me tranquilicé pensando que todas serían respondidas cuando al regresar, Tutmés se ocupara del asunto.

Llegué a la ciudad y me dirigí directamente a la casa de Maya. Crucé a dos miembros de la Patrulla medyau que recorrían como siempre la ciudad. No había en ellos nada distinto que hiciese pensar que eran diferentes a los guardias que había visto cuidar el orden y la calma en las calles de Waset durante todos esos años desde mi llegada a la ciudad. Sin embargo ahora los veía de manera diferente. Creía que eran corruptos y criminales de la peor calaña, y aunque no todos lo fueran debía cuidarme de ellos pues no sabía quienes eran delincuentes y quienes no.

Llegué a la casa de Maya y le conté todo lo que había descubierto. El muchacho quedó atónito.

---- ¿Qué haremos ahora?.---- preguntó Maya.

---- Debemos esperar hasta mañana para ver que puede averiguar el hermano político de Wadj acerca de quién dio la orden de traslado de Herkhuf y así acercarnos a los cabecillas de todo esto.---- respondí.---- Me había olvidado de preguntarte si desapareció más armamento del arsenal en estos días.---- inquirí.

---- No. Hubo un solo secuestro por parte de las patrullas y las armas aún siguen en el depósito. Estoy seguro que ésta semana no ha desaparecido ni un puñal del arsenal. ¿Habrán detenido la sustracción a causa de nuestra investigación?.---- preguntó Maya.

---- No lo creo, Maya. Piensa que si supiesen de nosotros ya habrían intentado eliminarnos. Debe haber otro motivo o bien volverán a hacerlo los próximos días.---- respondí.---- O quizás, ¿tendrían el número que esperaban reunir?. Pensé. Se me ocurrió preguntar algo que un instante después me pareció completamente inútil.---- ¿Cuántos hombres dirías tú, se podrían equipar con la cantidad de armas robadas?.---- dije.

---- Con seguridad menos de cien.---- respondió Maya con seguridad.

Era un número muy pequeño para pensar en que alguien trataba de formar un ejército.

---- ¿Crees que Shishak, el comandante medyau esté en el medio de todo esto?.---- preguntó pensativo.

---- Me jugaría la cabeza que lo está. Pero cómo no se me ocurrió; con las autoridades fuera de la capital deben sentirse a sus anchas. Tratemos de ubicarlo y veamos qué actividades lo tienen ocupado.---- dije.

Cenamos en compañía de la madre de Maya, siendo ya entrada la madrugada. Mientras conversábamos, el más pequeño de sus hermanos se levantó de su cama lloriqueando y preguntando cuando volvería su padre. Se hizo un silencio triste, vacío de respuestas. El niño con los ojos enrojecidos y húmedos de llanto, fue llevado en brazos de su madre que a su vez luchaba por contener sus lágrimas, hasta su lecho para ser arrullado por su dulce voz, tratando de dar consuelo con mimos y caricias, para compensar la ausencia de un padre que no regresaría.

---- Yo lo extraño mucho, pero los niños le necesitan mucho más que yo. Ellos son demasiado pequeños para comprender de traiciones y maldades. Solo quieren que su padre vuelva a su lado para jugar con él y disfrutar de los cuentos que les narraba.---- expresó Maya sin poder evitar que unas lágrimas recorrieran sus mejillas.

---- Te prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para que los culpables de la desaparición de tu padre lo paguen con sus propias vidas.---- dije.

Permanecimos un momento más con ella y luego nos despedimos de ella antes de partir hacia el cuartel de la policía medyau. Era una mujer tranquila y valiente, pero se la veía abatida por la desaparición de su esposo.

---- Cuídate Maya, no quiero perderte a ti también.---- dijo abrazándose a él en un llanto apenas contenido.

---- No te preocupes madre. No nos arriesgaremos innecesariamente.---- le dijo tratando de tranquilizarla.---- Adiós y no me esperes despierta.---- dijo besando su frente.

Al llegar a la ciudad interior se hacía evidente la cercanía de la gran fiesta de Amón y la ascensión al trono por parte de Tutmés. Los edificios oficiales estaban siendo refaccionados, pintados y ornamentados con estatuaria, relieves y pinturas murales, para celebrar el doble acontecimiento de la fiesta de la máxima deidad del panteón de Kemet y la coronación del heredero al trono, con la suma de poderes conferidas por el propio Amón por su oráculo veintidós años atrás. Centenares de albañiles, escultores, pintores, ayudantes, aprendices, siervos y esclavos, participaban de un vertiginoso ritmo de trabajo a la luz de grandes antorchas y lámparas, en la madrugada sin luna y bajo un océano de estrellas, luego de disipada la tormenta. Como si fuera pleno día, ese ejército bullicioso del que formaba parte mi propio padre, luchaba contra el tiempo para completar los trabajos que embellecerían la ciudad palacial en vistas del notable evento que se adivinaba en todos los ámbitos de la metrópoli, que comenzaba a preparar a sus músicos, bailarinas, cantantes, para la gran festividad. El mercado transformado en un enjambre de proporciones descomunales había sido ampliado para albergar la multitud de mercaderes y delegaciones de países y naciones de los cuatro puntos cardinales, cuyos representantes llegaban para rendir honor al futuro soberano, trayendo presentes desde los más lejanos reinos del planeta. Todo este movimiento de trabajadores, nos ayudaría a pasar inadvertidos ante los policías medyau, que como simples observadores presenciaban el ir y venir del gentío en los preparativos para la celebración, época en que se relajaba mucho el celo en la vigilancia durante el patrullaje nocturno, limitándose solamente a mantener el orden bastante alterado por la actividad reinante.

Llegamos hasta un edificio vecino que se hallaba justo frente a la jefatura de la policía y robando un par de herramientas de tantas que se hallaban dentro de una caja utilizadas por un grupo de obreros que laboraban sobre una fachada contigua, tomamos una escalera y subimos a la terraza del mismo para, ocultos por los tabiques que remataban la parte alta de la techumbre, observar los movimientos de los guardias medyau y si se encontraba allí, seguir la actividad de Shishak.

Permanecimos mucho tiempo en el lugar y varias veces estuve a punto de dormirme, pero lograba despertarme nuevamente, dándome estímulos, pensando que estaba cerca de la verdad. Vimos muchos guardias medyau entrar y salir en sus rondas habituales por la ciudad pero no divisé a Shishak que se encontraría descansando a esas horas de la noche. A medida que transcurría la madrugada fue disminuyendo la actividad en las calles, pues los trabajadores debían descansar algunas horas antes de retomar sus respectivas ocupaciones, haciéndose más silencioso el tránsito de peatones por la urbe.

Agotado no pude resistir el sueño y quedé dormido por poco tiempo pero lo suficiente para recuperar algo de energía. Lamentablemente existía la posibilidad de haberme perdido algún hecho importante, aunque todo se veía igual que en el momento en que me dormí.

Faltando poco para que amaneciera y con gran parte de la población de nuevo atareada en sus respectivos quehaceres, me pareció conveniente abandonar el sitio antes que la luz del día hiciese sospechosa nuestra permanencia en el lugar. Deberíamos descender a través del fondo de una panadería cercana que se comunicaba por los techos con el edificio en el que nos hallábamos.

Mientras despertaba a Maya que se encontraba totalmente dormido, los vi llegar. Eran tres policías medyau y estuve completamente seguro de que uno de ellos estaba en el escondrijo del desierto. Llegaban a la jefatura probablemente luego de cumplir sus respectivas guardias.

---- ¡Maya, despierta!. ¡Ese es uno de los hombres que vi en el escondrijo del desierto!.---- dije excitado.---- Bajaré por la panadería hacia la calle. Intentaré descubrir con quién se reporta luego de pasar la noche en la guarida del desierto. Tal vez pueda descubrir algo más.---- comenté.

---- Y yo, ¿qué haré?.---- preguntó Maya.

---- Retorna a tu trabajo como cada mañana y no llames la atención. Creo que estamos cerca de descubrir de qué se trata todo esto.---- dije mientras me descolgaba hacia el fondo de la panadería sin dejar que me vieran los panaderos.

Al ser descubierto por los hombres que cargaban sacos de grano para llevar a moler dentro de la panadería simulé que me hallaba ebrio como si hubiese pasado la noche durmiendo mi borrachera en el depósito de trigo. Me sacaron a empujones y aproveché el mal trato de su parte, negándome a salir e incluso retándolos a pelear, creando una disputa para distraerlos mientras Maya descendía a su vez del techo, alejándose sin ser visto por una salida lateral.

Cuando estuve seguro de que Maya había salido sin problemas, me di media vuelta y salí de la panadería cantando con voz estridente y desentonada, dejando desconcertados a los obreros que al ver que me alejaba, simplemente me ignoraron para continuar con sus actividades, entendiendo que no tenía sentido pelear con un borracho.

La actuación como borracho me dio la idea de acercarme hasta la jefatura continuando con la simulación. Haciendo más curvas que una culebra me aproximé tambaleante a la entrada de la jefatura para ingresar en ella cuando me frenaron los medyau que se hallaban a ambos lados de la puerta custodiándola.

---- ¿Adónde crees que vas?.---- me dijo el más alto de los dos custodios, poniéndome una mano sobre el pecho.

---- Vengo a saludar, al ... al comandante.---- respondí con actitud vacilante. Mientras tanto alcancé ha ver a través del ventanal que daba a la calle, a Shishak, en su despacho conversando con los medyau que cuidaban el escondite con las armas. Al parecer se encontraba dictando a su secretario escriba sentado a su derecha, algún tipo de escrito sobre un papiro que luego enrolló, para finalmente atarlo y lacrarlo, entregándoselo a uno de ellos.

---- Estás borracho y sucio. Aléjate antes de que me hagas perder la paciencia.---- me amenazó.

---- Solo ... solo quiero saludar al comandante.---- dije tartamudeando.

---- Vete o te sacaré a patadas de aquí.---- me dijo el otro burlándose de mí.

---- Está bien ..., no quiero pelear con los oficiales del orden, pero otro día volveré para saludar al comandante.---- respondí despertando carcajadas en ambos guardias.

Me alejé de allí unos cuántos pasos para esperar a ver qué ocurría con aquellos hombres que recibieron el papiro.

La espera no fue en vano ya que uno de ellos salió portando el rollo, tras lo cual, lo seguí para averiguar a quién llevaba el papiro. Tal vez me llevara a conocer a otro de los personajes de esta red delictiva, de esta telaraña que ya había cobrado su primera víctima y en la que no debíamos caer, pues seríamos presa fácil.

Cuando se acercó al ámbito del Palacio presentí que no me había equivocado sobre el contenido del documento que llevaba el guardia. Debía contener alguna información, un mensaje tal vez, quizás solo estaba creando especulaciones en el aire, pero podría ser muy importante conocer al receptor del mismo, para atar cabos y aproximarnos más a los cabecillas de la organización.

Tuve que introducirme subrepticiamente a través de una de las entradas de servicio, pues los guardias no me hubiesen permitido el ingreso por el gran pórtico de la residencia faraónica como hicieron con el medyau mensajero. Perdí de vista al medyau por unos momentos, pero ingresando a los corredores de la administración lo vi a la distancia en la gran sala de escribas, conversando con un funcionario escriba, que yo conocía de vista, pero del cual desconocía el nombre y su cargo. Ataviado con finas vestiduras y ricas joyas armoniosamente combinadas, el joven burócrata llamaba la atención por su pulcritud y la suavidad de sus modales. Afeitada su cabeza como un sacerdote de Amón, poseía facciones delicadas, notablemente agraciadas, casi femeninamente bellas, sobre un cutis terso e imberbe, que muchas damas del harén hubiesen envidiado.

Siendo muy temprano, la gran sala de escribas se hallaba desocupada y a excepción del funcionario y el medyau que se habían sustraído de la creciente circulación de sirvientes que comenzaban a pulular por los corredores de palacio, solo se encontraban en ella un par de muchachas de la servidumbre terminando tareas de limpieza antes de la llegada de los funcionarios.

Seguro de que nadie me observaba, me introduje a gachas en el recinto por la puerta principal para, aproximándome lo más que pudiese entre mesas y taburetes, intentar escuchar lo que hablaban. Detrás de un armario de acacia, permanecí inmóvil y oculto, aguzando mi oído con la esperanza de obtener más información.

---- Ésta noche partirán con el cargamento hacia el norte en una nave mercante que los estará esperando en el atracadero viejo. Antes de la medianoche deben tener las armas y el resto del equipo embarcado para salir.

El capitán de la nave ya conoce el destino en dónde también les serán proporcionados caballos y carros para cumplir la misión.---- dijo el escriba.

---- ¿Cuándo se nos informará la ruta que tomará el cortejo?.---- preguntó el medyau.

---- Nuestro informante nos dará el itinerario exacto ésta tarde.---- respondió el burócrata.

---- Luego del asalto, ¿adónde debemos dejar el cargamento de oro?.---- preguntó el medyau.

---- Volverán al sitio de la costa en donde se halla el navío y desde allí les guiarán hasta un lugar, ya previsto en las afueras de la ciudad de Gebtu, donde ocultarán el cargamento de oro.---- respondió con su aflautada voz el escriba.

---- ¿Algo más que debamos saber?.---- preguntó el medyau antes de irse.

---- No deben quedar supervivientes, y asegúrense de dejar en el lugar armas y elementos que evidencien sin lugar a dudas de que se trató de un ataque de una banda de asaltantes nómadas.---- respondió.

Se me hizo un nudo en la garganta de pensar que, fuesen quienes fuesen los miembros de aquel cortejo, serían masacrados para ocultar la infamia de tan vil ataque. Imaginé que podría tratarse de alguna misión diplomática llegada desde los territorios asiáticos trayendo presentes para ganarse el favor y la amistad del futuro faraón. Numerosas delegaciones extranjeras habían hecho llegar sus respetos a Tutmés en la proximidad de su coronación y me imaginaba que el oro del que hablaban los conspiradores podría representar cierta forma de tributo de algún monarca asiático esperando el apoyo del flamante soberano en quién sabe qué conflicto de aquellas tierras.

Esperé que el policía medyau se retirara, para salir de allí antes de que comenzaran a llegar los escribas que trabajaban en la gran sala, y sospecharan de mi presencia en el lugar.

Me urgía dar a conocer el terrible secreto al Príncipe para que se pudiera evitar la atroz carnicería que se proponían los delincuentes.

Pero Tutmés aún no regresaba. ¿Cuándo lo haría?. Para aquel momento quizá fuese demasiado tarde para las víctimas del planeado asalto.

Por otro lado me preguntaba, ¿cuánto oro podría llevar el cortejo, para que hombres encumbrados de la burocracia, el ejército y la policía medyau, se arriesgaran a un acto delictivo de tan grave talante?. Debería ser una enorme cantidad para que el reparto entre tantos implicados justificara los riesgos, ya que de ser descubiertos, todos los participantes en el hecho serían, sin lugar a dudas, condenados a muerte. Nuevamente las dudas y las sospechas volvían a rondar en mi mente como lobos hambrientos acorralando a su presa. ¿Podría existir algún motivo más allá del robo en sí mismo?. ¿Tendría quizás alguna relación con un posible atentado para complicar la posición de Kemet, en su ya comprometida situación contra los enemigos hurritas del reino de Naharín?. No, no puede ser. Mi mente está a la deriva azotada por los vientos de mi imaginación. Estoy complicando los hechos más allá de la realidad. Todo está muy claro y se trata de un gran robo solamente.---- me decía a mí mismo.

Tal vez debía informar a Shomu para que él enviase un mensajero que lo transmitiese al Príncipe. Ninguno de los demás miembros de la custodia que permanecían en Waset, era de mi entera confianza y habiendo compartido con Shomu la misión en Biblos y la campaña en Kush, creía que era el más indicado para conocer lo que estaba ocurriendo, en ausencia de mis amigos ya que Ykkur, Madakh, Amenemheb y Say se hallaban como custodios de Tutmés en la ciudad santa de Abedju.

Pero, ¿adónde se encontraría Shomu?. A los otros custodios los crucé en los pasillos de Palacio frecuentemente, sin embargo a él, no lo había visto durante los últimos días. ¿Se habría reunido con los que acompañaban a Tutmés?. Debía averiguar en dónde se encontraba pues si mi suposición era correcta tendría que idear otra manera de poner al tanto de la situación al Príncipe. Luego de alimentarme frugalmente en la cocina de Palacio, gracias a mi amiga Binnet que robó para mí una hogaza de pan y un poco de leche de cabra, acudí

a las habitaciones de Tutmés en donde encontraría a los custodios para conocer el paradero de Shomu.

---- Hola Kaú, estoy buscando a Shomu.---- comenté al custodio que se hallaba delante de la puerta.

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