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Siglo XVIII. La sociedad amantes del país y el Mercurio peruano (página 2)

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II.- SIGLO XVIII EN EL PERU

2.1) LOS BORBONES EN ESPAÑA

Carlos II, el último de los Habsburgos españoles, no dejó descendentes directos pero nombró como sucesor suyo al nieto de su hermana María Teresa y Luis XIV de Francia, Felipe de Anjou. Coronado Rey de España y las Indias, Felipe V fue el primer rey Borbón español inaugurando con su reinado la España de la Ilustración, una época de armoniosas relaciones exteriores, reforma y desarrollo interior.

El reinado de Felipe II se puede dividir claramente en tres fases diferentes: en primer lugar, la etapa de tutelaje por parte de Francia, después, la independencia y, finalmente, la etapa de equilibrio con la gran nación vecina.

1759-1788: Durante el reinado de Carlos III, la política del primer ministro Floridablanca mantuvo a España alejada de conflictos a pesar de la tímida intervención en la Guerra de la Independencia americana. Carlos III realizó una profunda reorganización de la nación, reformó su agricultura e introdujo las últimas novedades en concepción urbana de su Nápoles natal. Fue el momento en que Madrid dejó de ser sólo una población más de la Mancha para convertirse en una ciudad moderna, plena de elegantes edificios a la manera de París, Milán y Nápoles. Disponía de agua corriente, alcantarillado, iluminación urbana y una corte con gran estilo y esplendor.

Aunque existía una resistencia considerable a la introducción de nuevas ideas en los niveles más bajos, los intelectuales del país eran receptivos a los conceptos de la Ilustración y a la Enciclopedia de Diderot. España empezó a formar arquitectos, ingenieros, geógrafos y naturalistas. Más tarde, las ideas democráticas engendradas por la Revolución Francesa iban a llegar a España, aunque no iban a ser adoptadas por las clases políticas y dirigentes.

Después de un breve período de forzada alianza con Francia, que culminó con la derrota británica contra la flota franco-española en Trafalgar, las tropas de Napoleón invadieron España. La sangrienta guerra de los seis años que siguió --la Guerra Peninsular, conocida en España como la Guerra de la Independencia -- en la cual se utilizaron las tácticas de guerrilla y vandalismo, asestó un golpe mortal a la economía española.

  1. REFORMAS BORBONICAS

En el presente capítulo hemos expuesto con algún detenimiento cuáles fueron los cambios que el visitador José de Gálvez inició en el noroeste de la Nueva España y que hemos llamado las reformas borbónicas. En este apartado presentaremos algunas reflexiones sobre el fenómeno histórico considerado en su conjunto, porque se trata de una combinación de acontecimientos que incidieron profundamente en la sociedad regional y modificaron el rumbo de su evolución al alterar las relaciones entre sus grupos internos y también las relaciones con las sociedades regionales vecinas y con la capital del virreinato e, incluso, con el extranjero. Fueron tan importantes los cambios inducidos por las reformas borbónicas que podemos considerarlas como un hito en el proceso histórico regional del noroeste en general y de Sinaloa en particular.

Las reformas borbónicas llegaron del exterior, concretamente de la corte imperial de Madrid; llegaron de fuera como llegó la conquista en el siglo XVI. Afectaron todo el imperio, pues no eran sólo para la Nueva España y menos privativas del noroeste. El objetivo último de los monarcas de Borbón era la sujeción de las colonias para beneficio económico de la metrópoli: corregir las fugas fiscales y promover la producción para aumentar así la recaudación de impuestos. Para lograrlo se necesitaba reformar instituciones y procedimientos viciados —a juicio de los reformadores— que se habían incrustado en las sociedades coloniales y con los que ciertos grupos de privilegiados medraban al amparo de la debilidad de los gobernantes de la casa de Habsburgo. El Consulado de Comerciantes, algunas corporaciones religiosas como la Compañía de Jesús y la misma institución del virreinato fueron el blanco de los golpes de los reformadores.

Los cambios llamados de "libre comercio" minaron las bases en las que se apoyaba el monopolio de los comerciantes almaceneros del Consulado de México y resquebrajaron su poder económico y político. La otrora corporación más poderosa de la Nueva España vino a menos; siguió como la asociación más importante en la Colonia, pero ya no fue la única, ni la rectora de la política comercial del virreinato ni la acaparadora de la riqueza colonial. La expulsión de los religiosos de la Compañía de Jesús eliminó de la política imperial a un opositor temible por su poder económico y su influencia en los estratos ilustrados de la sociedad; además, la confiscación de sus bienes produjo considerables ingresos a la hacienda del rey.

La implantación del sistema de intendencias pretendía que, desde la metrópoli, se ejerciera un control más directo y efectivo sobre las regiones del imperio. El intendente era un funcionario de la más alta jerarquía, con un sueldo equiparable al del virrey y revestido de amplios poderes en todos los ramos de la administración pública dentro del territorio de su intendencia. El intendente era nombrado por el rey y a él debía responder de su gestión. Aunque no se dijo de manera expresa, de hecho el sistema de intendencias venía a suplantar la antigua institución del virreinato; o, en otras palabras, en el sistema de intendencias el virrey no era necesario. Resulta muy interesante observar que Antonio María de Bucareli y el segundo conde de Revillagigedo, virreyes de intachable lealtad al monarca, respondieron con disgusto a la limitación de su autoridad y la disminución de sus funciones. Ciertamente, la ley seguía otorgándoles los omnímodos poderes que sus antecesores ejercieron en todo el virreinato, pero ahora sólo a través de los intendentes podían hacer uso de tales poderes, y los intendentes no dependían del virrey. Por esto, los virreyes consideraron al intendente como una cuña que había puesto el monarca para minar su poder.

La creación del ejército profesional fue también una de las reformas más borbónicas, y su objetivo fue contar con una fuerza represiva disciplinada y leal al rey. Las reformas lesionaron muchos y muy fuertes intereses, así que el monarca debía tener a mano el instrumento para reducir a los inconformes. El ejército profesional fue objeto de los máximos privilegios concedidos por el rey, y era tanta su confianza en los altos cuadros del ejército que casi todos los intendentes fueron oficiales de alta graduación.

Veamos la magnitud de los cambios producidos en la gobernación de Sinaloa y Sonora que se transformó en la Intendencia de Arizpe. La primera reforma de consideración fue la expulsión de los jesuitas que eliminó de tajo una de las más importantes fuerzas económicas y políticas de la región, con el aplauso de mineros, alcaldes mayores y comerciantes, pues quedaba despejado el campo para que los ricos de la región recibieran más trabajadores indígenas y tuvieran acceso a la propiedad de la tierra y el agua. La política de incentivos a la minería también benefició a este grupo social, que aumentó la producción de plata en forma considerable.

La creación de la Intendencia de Arizpe dotó a la región de un aparato burocrático que no tenía; una autoridad superior en la persona del intendente y un grupo de subdelegados nombrados por él y sólo dependientes de él, a través de los cuales podía ejercer su autoridad en todos los puntos de la intendencia; un aparato para la recaudación fiscal que extendió su campo de acción hasta el cobro de diezmos y tributos (y el intendente tenía injerencia en la administración de estos ingresos). Por medio de esta burocracia, el intendente podía también ejercer funciones militares, judiciales y de fomento de la economía regional. Y es de notar que este aparato burocrático se articuló en la misma región, del intendente hacia abajo; ya no hubo alcaldes mayores cuya lealtad estaba comprometida con los comerciantes de México. A pesar de las fallas y confusiones, cosa explicable en un organismo nuevo y sin antecedentes en la región, este aparato sirvió bien al desarrollo de los intereses locales.

La ruptura del monopolio comercial de la ciudad de México puso término al más gravoso mecanismo de explotación de la región. De manera simultánea, la llegada de comerciantes extranjeros abrió la oportunidad para que los comerciantes locales, antes sujetos a los almaceneros de México, pudieran operar por su propia cuenta y evitar que las ganancias generadas por el comercio fluyeran hacia la ciudad de México. Los capitales mercantiles acumulados podrían invertirse en la región para estimular el crecimiento de las actividades productivas.

El gobierno de los intendentes de Arizpe favoreció al grupo regional privilegiado, como se puede observar en la política de privatización de la tenencia de la tierra, tanto de la baldía como la de las comunidades indígenas. El empeño por repartir las tierras comunales conducía a favorecer también a ese grupo, pues si bien la tierra se entregaba a indios y mestizos a la larga pasaría a manos de los ricos, ya por compraventa o por despojo. Saúl Jerónimo Romero ha estudiado este fenómeno en su libro De las misiones a los ranchos y haciendas. La privatización de la tierra en Sonora, 1740-1860, en el que muestra con detalle el acaparamiento de las tierras y aguas por un reducido grupo de pudientes en lo económico e influyentes en lo político. La actitud de los intendentes fue muy favorable con los comerciantes, como se observa con claridad en la tolerancia o permisividad del contrabando de ingleses y estadounidenses, a despecho de las leyes que prohibían el comercio con extranjeros.

Este comportamiento de los intendentes resulta explicable si consideramos que necesitaban una base de sustentación regional si querían conservar su puesto y ejercer sus funciones. El intendente era un forastero que llegaba a la región respaldado por la autoridad de un rey muy lejano y amenazado por la enemistad de un virrey más cercano, así que al hacer causa común con los importantes de la intendencia de Arizpe encontraba un sólido asidero que le permitía desafiar incluso la autoridad del virrey.

Esta cadena de cambios en la política y la economía del noroeste novohispano produjeron el debilitamiento de las relaciones comerciales y políticas con la ciudad de México, y por consiguiente la organización de la economía tendió a reforzar su sentido regional, para beneficio de quienes habitaban la región o al menos para cierto grupo. Antes, la zona dependía de México en todos los aspectos: las decisiones políticas, económicas y religiosas para la región se tomaban allá. Los gobernantes regían al noroeste, principalmente, para beneficio de ciertas gentes de la capital; el noroeste era una "colonia" de los almaceneros del Consulado de México. En este periodo se debilitó mucho esta asimétrica relación que supeditaba nuestra región a los intereses de algunas personas del centro. Éste es un hecho que no debemos perder de vista en el curso de los sucesos posteriores.

En capítulos anteriores dijimos que a finales del siglo XVII se habían delineado con precisión los tres principales grupos sociales surgidos de la conquista y colonización de las provincias del noroeste. Un grupo de prominentes, pequeño en número pero grande en poder económico y político, formado por autoridades, comerciantes, mineros, capitanes de presidio y religiosos jesuitas, todos ellos españoles aunque sólo algunos peninsulares. El segundo grupo, el más numeroso, formado por los indios, especialmente aquellos que estaban integrados en comunidades misionales, que eran propietarios colectivos de la tierra y del agua y cuya organización les daba fuerza económica y política, bajo la tutela de los jesuitas. El tercer grupo social, el de los mestizos, mulatos y negros, era el intermedio por el número de sus integrantes, que vivían del alquiler de su trabajo a los dueños de las minas y de las tierras o bien eran artesanos independientes.

Con la repercusión de las reformas borbónicas se inició una transformación profunda en el concierto de estos grupos sociales. Del grupo de los españoles desapareció el poderoso sector de los religiosos jesuitas, se integraron otros clérigos, como los párrocos seculares, los misioneros franciscanos y el nuevo obispo, pero su influencia no alcanzó el grado que había tenido el poder de los jesuitas. Los integrantes de este grupo (autoridades de la intendencia, propietarios de tierras, mineros y otros empresarios) trabajaron en armonía y con sus intereses más centrados en la región que en México.

El segundo grupo, el de los indios de comunidad, resultó muy afectado por las reformas borbónicas que aniquilaron el sistema de misiones jesuíticas. La política reformista tendía a la anulación de la propiedad comunitaria y a la implantación de la propiedad privada de los recursos de la comunidad. Se inició un lento pero irreversible proceso de cambio que tendía a la destrucción de las comunidades y a la asimilación de los indios al tercer grupo social, el de los desposeídos.

El grupo de los mestizos y mulatos fue el que creció más entre 1767 y 1821, pero no resultó beneficiado por las reformas borbónicas, sino que fue mejor controlado y objeto de las exacciones fiscales de una burocracia más amplia y eficiente.

2.3 SIGLO XVIII EN EL PERU

Para estudiar con precisión la sociedad colonial en el siglo XVIII, es preciso tomar en cuenta sus dos principales contradicciones: las de carácter económico, mediante las cuales apreciamos la existencia de diversas clases; y las de carácter socio-cultural, que nos permiten ver la presencia de naciones enfrentadas. 

 La nación española es la dominante y la nación india es la dominada. Una acumula riqueza y poder, a costa del sudor, sangre y extermino de la otra. Pero tanto o más importante que ese abismo económico, son sus diferencias socio-culturales. Una es diferente a la otra por historia, tradición, costumbres, idioma, raza, etc. Por eso hablamos de naciones enfrentadas. Pero los criterios de clase y de nación son complementarios. 

 2.3.1 LA NACIÓN ESPAÑOLA 

En un primer plano está la nación española, que es la dominante, compuesta por españoles peninsulares y españoles americanos (criollos). Ambas facciones estuvieron siempre en colusión y pugna, utilizando al estado colonial dependiente de la metrópoli como principal instrumento de la dominación. 

La nación española dominante no formaba un bloque homogéneo. Porque tuvo al interior sus contradicciones de clase. En la cúspide de la jerarquía aparentemente figuraban los españoles peninsulares, que formaban la alta burocracia colonial, detentando por tanto el poder. Allí están el virrey, el visitador, los oidores, corregidores, arzobispos y obispos, generales y almirantes, etc. Pero con el transcurrir de la vida virreinal los españoles americanos o criollos llegaron también al poder, pues poseyendo la riqueza no sólo corrompieron a todas las autoridades peninsulares, haciéndolas juguete de sus intereses, sino que compartieron los altos cargos civiles, religiosos y militares. Un caso muy ilustrativo es el de la Real Audiencia de Lima, que en el siglo XVIII tenía mayoría criolla. 

Los poseedores de la riqueza en el siglo XVIII son, como hemos dicho, en su mayoría criollos. En primer lugar podemos citar a los terratenientes feudales, principalmente ganaderos. En el siglo XVIII las haciendas se expanden por varios factores, consumándose el despojo cada vez más creciente de las comunidades campesinas. Poseer mayor extensión de tierras permitía acceder a una mejor posición social, y con su riqueza los terratenientes feudales compraron títulos de nobleza. Pero otro sector a tomarse en cuenta es el clero, que es también gran propietario de tierras. Los hacendados ganaderos tenían una buena posición, pues proveían de carne a las minas y ciudades; de lana a los obrajes, etc. 

En segundo lugar debemos citar a los propietarios de minas y obrajes, que utilizando abusivos mecanismos también se convierten en propietarios de haciendas. La minería y la industria textil están principalmente bajo el control de particulares; y el estado se beneficia sólo fiscalizando la producción. 

En tercer lugar hay que mencionar a la burguesía comercial financiera que se organiza en Lima, dedicándose al comercio de importación y exportación. Son los grandes comerciantes de mercaderías, que en el siglo XVIII utilizan a los corregidores como instrumentos para acumular mayores ganancias. Están estrechamente vinculados con los terratenientes, propietarios de minas y obrajes, todos articulados en un nuevo mecanismo de dominación que emerge con la implantación del reparto. Conviene aclarar que algunos de los miembros de esta burguesía comercial provinieron del sector terrateniente, principalmente limeño, pues un propietario de haciendas y esclavos podía ser a la vez un rico comerciante. 

Todos los sectores hasta aquí citados, vale decir, la alta burocracia colonial, los terratenientes feudales, los dueños de minas y obrajes, y la burguesía comercial financiera, conforman el sector de los ricos, propiamente dichos, al interior de la nación española dominante. 

Pero hay debajo de ellos blancos menos ricos, entre los que podemos mencionar a los medianos propietarios de tierras, chacareros y granjeros, y la pequeña burguesía, conformada por los comerciantes, principalmente de provincias, los profesionales y la burocracia menor. 

Finalmente, hay también blancos pobres, un sector casi lumpenesco, en el que se confunden aventureros, desocupados, prostitutas, etc.   

2.3.2 LA NACIÓN INDIA 

La nación india o dominada es la mayoritaria. Pero tampoco forma un bloque homogéneo, pues muestra grupos diferenciados: caciques o curacas; campesinos de las comunidades o ayllus; forasteros; y yanaconas. Además debemos comprender en esta nación a los diversos grupos selváticos. 

  2.3.2.1 Los caciques o curacas: Conformaron el grupo privilegiado dentro de la nación india. A mediados del siglo XVIII sumaban algo más de dos mil, cada uno con un promedio de trescientos indios bajo su mando. En su mayoría son descendientes de los Incas o de los señores provinciales prehispánicos. El estado colonial les reconoció privilegios, porque a cambio de ello los caciques colaboraron con españoles y criollos en la opresión y despojo de la masa campesina. 
Los caciques sirvieron como intermediarios en la recaudación de tributos y en el reclutamiento de mitayos. En pago recibían una parte del tributo y el derecho a usar limitadamente la mano de obra gratuita de los pueblos indios. 

Los caciques eran ricos, poseían grandes propiedades de tierras. A veces contraían matrimonio con blancas, seguramente en el afán de escalar la jerarquía social; pero nunca lograron esto último, pues por rico que fuese el curaca no dejó de ser un indio para el español, que lo despreció por prejuicio racial, considerándolo de raza inferior, lo que no impidió al curaca circular en todas las esferas de la sociedad colonial. Ningún curaca accedió al clero ni a la burocracia. 

Además de hacendado, el curaca podía ser comerciante. Hubo varios que se dedicaron al arrieraje, entre ellos Túpac Amaru. De otro lado, llegó a tener mando militar, pero sólo entre los indios, como jefe de milicias. 

Casi todos los caciques sabían leer y escribir. Para ellos es estado colonial creó los colegios de caciques, en Lima y el Cuzco, regentados por los jesuitas, en los que adquirieron una cultura universal, poniéndose al tanto de lo que sucedía en el mundo. No ignoraban, por ejemplo, los problemas de España, en constante guerra con otras potencias imperialistas europeas, caso Inglaterra. Allí también conocieron y se entusiasmaron con los "Comentarios Reales" del Inca Garcilaso, visión idílica y utópica del pasado imperio que cimentó en ellos un orgullo nacionalista. Compararon el deficiente gobierno colonial español con el muy bien organizado del Tahuantinsuyo, sacando en conclusión que los Incas fueron mejores gobernantes que los extranjeros. 

Pero llegó el momento en que los caciques se transformaron de aliados en opositores del sistema. Esto se dio con nitidez promediando el siglo XVIII, al dañar seriamente el reparto mercantil sus privilegios. Se les obligó a servir de intermediarios en ese nuevo mecanismo de exacción y se les hizo responsables por las deudas que los indios del común no pudieron cancelar. Los corregidores los trataron como a cualquier indio, despojándolos y precipitándolos a la miseria. 

Conjuntados los factores culturales (orgullo nacionalista frente a la discriminación racial) y económicos (perjuicios por el reparto mercantil), cobró fuerza el Movimiento Nacionalista Inca, convirtiéndose los caciques en voceros de las reivindicaciones de los indios del común, primero por la vía legal y finalmente a través de la insurgencia armada. 

 2.3.2.2 Los campesinos: En un segundo plano ubicamos la presencia de los pueblos indios (ayllus o comunidades), que todavía mantienen sus propiedades colectivas resistiendo tercamente ante el despojo que perpetran en forma cada vez más creciente los terratenientes. 

Estas mayorías indias de los ayllus campesinos son las que obligatoriamente pagan tributos al rey de España; primero lo hicieron en especies y desde 1697 en dinero. Los pueblos indios, además, están obligados a servir en las mitas, esto es, en el infierno de las minas y obrajes, principalmente, donde se produce un terrible genocidio. Y por si no fuera mucho el eterno suplicio, sobre la masa campesina se impone el reparto mercantil, que en el siglo XVIII se convierte en la más insufrible de las plagas, pues conduce a la desesperación y finalmente a la rebeldía. 

Algunos indios huyen de sus pueblos para escapar de los tributos, las mitas y los repartos. Y al entrar en otros pueblos son considerados como forasteros, lo cual es un pasajero alivio, pues esa condición los exime de tributos y mitas, aunque no del reparto. Pero para sobrevivir, y especialmente para pagar ese reparto, el forastero se ve obligado a buscar un nuevo trabajo, y termina de yanacona en las haciendas, en las que su situación vuelve a empeorar. 

Los yanaconas son los siervos de las haciendas, que trabajan para el terrateniente feudal a cambio de una parcela de tierra para su supervivencia. No están obligados al tributo ni a la mita, pero en las haciendas padecen tanto como el resto de los indios. El hacendado es el supremo señor en sus tierras y explota a sus siervos con extremado rigor. 

Un punto aparte merece la mención a las naciones indias selváticas, que son sociedades pre-clasistas o esclavistas patriarcales. Algunas de ellas fueron sometidas por los invasores occidentales a esclavitud y servidumbre, pero en su mayoría resistieron con éxito. Por ello, uno de los líderes del Movimiento Nacionalista Inca, Juan Santos Atahualpa, escogió la selva central para desarrollar allí la guerra liberadora, que se mostró triunfante durante varios años. 
  2.3.3. LAS MINORÍAS 

Hay en la sociedad colonial grupos minoritarios que no pertenecen ni a la nación española ni a la nación india. Estamos hablando de los mestizos (cruce de blanco con indio) y de las castas (cruce de negro con blanco, que da mulato, y de negro con indio que da zambo). Posiblemente, cuando los documentos coloniales hablan de cholo, se están refiriendo al cruce de las tres razas. Otro grupo minoritario fue el de los negros. 

  2.3.3.1 Los mestizos y las castas: No todos fueron iguales. Tuvieron grupos diferenciados según su capacidad económica. 

Hay medianos y pequeños propietarios de tierras, como chacareros y granjeros. Hay pequeña burguesía: comerciantes menores. Hay artesanos y trabajadores de diversos oficios, como sastres, herreros, zapateros, etc. Y también un sector al margen de la ley, compuesto por vagos, bandoleros, prostitutas, etc. 

Están exceptuados de pagar tributo, pero en varias ocasiones los visitadores tratan de incluirlos en las listas de tributarios, dando lugar a revueltas antifiscales. Pero sí reciben reparto del corregidor, en los núcleos urbanos de provincias, principalmente. 
  2.3.3.2 Los negros: Tienen también grupos diferenciados. Primero, el de los libres o libertos, que de alguna manera han dejado de ser esclavos convirtiéndose en pequeños propietarios, modestos comerciantes, artesanos, etc. 

Está luego el amplio sector de esclavos, en el que es posible diferenciar los esclavos domésticos de la ciudad, que viven más o menos cómodamente; y los esclavos del campo, braceros de las haciendas que padecen severa explotación. 

 Finalmente están los cimarrones, o sean los negros que habiendo fugado de la esclavitud se trasladan al monte, estableciendo efímeros palenques que son rápidamente destruidos por las autoridades virreinales y los hacendados. Quienes escapan de la dura represión terminan de salteadores de caminos, pues es la única vía que se les presenta para sobrevivir. 
  2.3.4 SITUACIÓN DE LAS MAYORÍAS INDIAS 

En el siglo XVIII, tanto o más que en los siglos anteriores, la opresión colonial se puso de manifiesto de la manera más inhumana. Dejaron testimonio de esa situación no sólo representantes indios, como Vicente Mora Chimo o Juan Huáscar Vélez de Córdova, sino incluso funcionarios españoles que pasaron a estas tierras enviados por la corona, como Jorge Juan y Antonio de Ulloa, quienes corroboraron lo denunciado en el siglo XVII por los valientes criollos limeños el abogado Juan de Padilla y el fraile Buenaventura de Salinas y Córdova. Todos coincidieron en mostrar los horrores de la dominación, señalando que la nación española vivió del sudor, sangre y exterminio de la nación india. 

La maquinaria de dominación funcionó en base a tres instrumentos fundamentales: el tributo, la mita y el reparto mercantil.

2.3.4.1 El tributo: Los pueblos indios fueron obligados a pagar un tributo al rey de España, en reconocimiento de vasallaje. Estuvieron exonerados de ese pago los indios forasteros y los indios yanaconas. En un principio el tributo se pagó en especies, con lo que los pueblos indios producían en sus tierras comunales. Fue el virrey Toledo quien por 1570 organizó ese pago, fijando una tasa de tributación. En ese tiempo se encargaron de recaudarlo los encomenderos, quienes a cambio se quedaban con una buena parte.  

Pero desde 1697 la corona exigió el pago de tributo en dinero. El indio no tenía mercado para vender lo que producía en su tierra, y para conseguir dinero tuvo que ofertar su fuerza de trabajo en haciendas, minas y hasta obrajes. Y al ofrecerse masiva mano de obra, el salario se redujo, complicándose su situación. A medida que fueron suprimiéndose las encomiendas, el corregidor quedó encargado de recaudar el tributo; y en 1720 se convirtió en el único recaudador, al extinguirse las encomiendas. El abandono que hacían los indios de sus tierras para emplearse, favoreció la expansión de la propiedad terrateniente. A veces los indios no volvían a ellas, que eran declaradas baldías, poniéndose a la venta. 

 A mediados del siglo XVIII, legalizado el reparto mercantil, empeoró la situación. El reparto, convertido en el principal mecanismo de exacción, perjudicó varios intereses. Atentó contra la corona, pues a diferencia del tributo que se pagaba para el rey, el reparto benefició a particulares (la burguesía comercial que proveía mercancías; el corregidor que las repartía; etc.). El corregidor prefirió el cobro de lo que más le daba provecho, llegando a extremos increíbles. El reparto fue tan abusivo y su cobro tan riguroso, que por pagarlo el indio quedó imposibilitado de pagar el tributo, y al quedar insolvente, después de haber perdido lo poco que le quedaba, el indio fue encarcelado o vendido como esclavo.  

 La corona, viendo disminuir peligrosamente la tributación y recibiendo informe sobre lo escandaloso del reparto, envió al Perú al visitador José Antonio de Areche con amplios poderes, por encima incluso que el virrey. Areche aplicó entonces una nueva política fiscal, estableciendo aduanas, subiendo el impuesto de la alcabala y proyectando incluir en la lista de tributarios no sólo a los indios que hasta entonces habían estado exonerados (forasteros y yanaconas), sino incluso a los mestizos, cholos y castas.  

 Ello daría motivo al estallido de revueltas antifiscales. En Huaraz el movimiento fue dirigido por mestizos, que no pedían la supresión del tributo, sino simplemente mantenerse exonerados de pagarlo. Por ese tiempo fue que estalló la Revolución de Túpac Amaru, una de cuyas miras fue la abolición del tributo. Areche renunció entonces a su proyecto de incluir a los mestizos y castas entre los tributarios, temiendo que por esta causa esos grupos se plegaran a Túpac Amaru, que los llamaba a su lado. 

 Como se sabe, la revolución fue derrotada, y el indio siguió pagando el tributo, no sólo en el resto de la dominación colonial, sino incluso en la república, pues recién lo suprimió el mariscal Ramón Castilla en 1856. 
  2.3.4.2 La mita colonial: Según las leyes de Indias, los aborígenes eran hombres libres, como vasallos del rey de España. En la práctica fueron casi esclavos. 

Una real cédula señalaba que a nadie debía darse indios en particular; pero añadía que si existían necesidades o conveniencias, los indios estaban obligados a alquilarse saliendo a las plazas y lugares públicos para que allí los contratasen por días o por semanas. Esa disposición estipulaba además que los indios estaban en libertad de escoger a sus contratantes; y que podían fijar el tiempo de su trabajo y el monto de su retribución. En la práctica, todo ello fue burlado, pues estos indios de alquiler padecieron lo indecible. 

En el Perú, los españoles y criollos interpretaron esa real cédula como mejor les convino. Las conveniencias dieron lugar a que el alquiler fuese convertido en mita colonial, sobre la base de la mita Incaica que fue deformada. 

La mita colonial fue el trabajo personal y obligatorio del indio en servicio del estado. Así se definió en teoría. Pero en la práctica, los grandes beneficiados fueron los potentados particulares, tocándole al estado sólo una participación en las exacciones. La ley decía que correspondía a los cabildos sortear a los mitayos y que éstos debían servir sólo un semestre. Esto también fue letra muerta. No hubo tales sorteos, los mitayos fueron cogidos como animales. Y tampoco para servir sólo un semestre, porque a veces sirvieron en la mita hasta morir. 

Utilizando diversas argucias, la clase dominante colonial esclavizó a los indios mediante la mita, sin interesarle sus nefastas consecuencias. La mita permitió el lucro de los opresores, pero con el genocidio de los oprimidos. La mita se destinó para las minas y obrajes, principalmente; pero también para el servicio doméstico en los centros urbanos; para chasquis, etc. 

Fue tan bárbara esa opresión que los indios huían de sus pueblos para salvarse de la mita, dejando deshabitadas sus tierras; éstas eran entonces declaradas baldías y las adquirían los españoles o criollos, con lo cual se extendió la propiedad terrateniente. Ocurrió también que muchos mitayos no pudieron volver a sus tierras, al ser condenados de por vida por deudas impagables; sus tierras pasaron entonces a poder de los hacendados. 

La mita sirvió así para el enriquecimiento de terratenientes, propietarios de minas y propietarios de obrajes. Sobre sus horrores hay numerosos testimonios, no sólo de indios, sino incluso de criollos y hasta de españoles. Citaremos sólo uno, el del criollo limeño Juan de Padilla, alcalde del crimen de la Real Audiencia, quien el 20 de julio de 1657 firmó un Memorial de los trabajos, agravios e injusticias que padecen los indios del Perú, documento válido para toda la época de la dominación colonial: 
  "... sienten los indios tanto el trabajo de la mina de Huancavelica -escribió Padilla-, que es constante que muchas madres lisian a su hijos cuando niños, de brazos y de piernas, por excusarlos de él cuando grandes... Pende este trabajo sólo del sudor, sangre y vida de estos indios... y salen los mineros a la caza de ellos, o esperándolos en los caminos o sacándolos engañados de sus pueblos... y los cazan y los llevan en colleras y prisiones a sus minas, donde los hacen trabajar como quieren, y bien se deja entender cómo, sin que los desdichados tengan a quien volver los ojos para que los saquen de esa rigurosa opresión y violencia, de día y de noche los tienen desaguando las minas, trabajo en el que han de morir muchos...  

"(Y) traen a los obrajes a los muchachos de cinco años para arriba, y denles a hilar lana, y a éstos y los de más edad, si al entregar la tarea no está bien hilada, los matan a azotes, y tienen señalados verdugos para esto... Tienen unos que llaman guatacos, que en la lengua general de los indios quiere decir los que amarran o prenden, y que son de ordinario mestizos, que sirven para coger a los indios que faltan o huyen, y los traen amarrados a los obrajes donde los meten en cepos, grillos y prisiones... (y) si el indio que buscan no aparece, llevan esos guatacos al padre por el hijo, a la mujer por el marido, o a su pariente o vecino más cercano.  

"(Y) aprovéchense y fuerzan a las mujeres, principalmente a las hijas, y a veces con consentimiento de los padres, porque les excusen de llevar a los obrajes. (Y) róbenles lo que tienen... Tienen en los obrajes pulperías y tiendas públicas, y como los indios (reciben ingenuamente) lo que le dan de fiado, dánselo a excesivo precio, y estando dispuesto por ordenanzas de este reino que no se puede fiar a indios arriba de diez o doce patacones, hay indios que están empeñados en ciento, doscientos, quinientos y hasta más pesos, con que son perpetuos esclavos de los obrajes, porque es imposible que puedan pagar... (Y) pasan los indios estos agravios sin esperanza de remedio". 

Los líderes indios reclamaron siempre la abolición de la mita, y en la guerra de Túpac Amaru una de las primeras acciones revolucionarias fue el incendio y arrasamiento de los obrajes, con liberación de los mitayos. La mita recién fue abolida en 1812. Pero posteriormente resucitaría en la república bajo diversos disfraces. 
  2.3.4.3 El reparto mercantil: En el siglo XVII comenzó a desarrollarse un nuevo mecanismo de dominación, que se extendió en el siglo XVIII agudizando las contradicciones sociales. 

Consistió en la venta forzosa de diversas mercancías, que hicieron los corregidores en los territorios a su cargo, opresión que se dejó sentir terriblemente sobre los indios, aunque también se hizo extensiva a los mestizos, castas y criollos pobres. 

El reparto sirvió a los intereses de varios grupos particulares. En primer lugar a la burguesía comercial, que de esta manera encontró mercado para lo que importaba, con parte de cuya ganancia financió el florecimiento de la minería, industria textil, ganadería y agricultura, en el afán de impulsar una producción que se encargó de exportar. Esta burguesía otorgó mercaderías en crédito y con interés a los corregidores, quienes de la manera más brutal se encargaron de aplicar ese nuevo mecanismo de dominación.  

Conviene recalcar ello: Los corregidores fueron instrumentos de un nuevo mecanismo de dominación que benefició a la burguesía comercial de Lima que se alió con los terratenientes feudales y propietarios de minas y obrajes. De esta forma, los potentados criollos pasaron a ser la facción dominante, corrompiendo a toda la alta burocracia colonial, incluido el virrey. 

Se repartía a un precio multiplicado toda clase de mercancías, en su mayoría superfluas para los indios.

Se repartía no lo que ellos necesitaban, sino lo que al corregidor se le ocurría. Por ejemplo, medias y listones de diversa calidad y color, rejas para ventanas, ropa occidental usada, etc. Y esto llegó a extremos increíbles, como en el caso de un corregidor que repartió collares de simples piedrecillas aduciendo que servían para curar las paperas. 

Con el reparto se masificó la mano de obra. El indio tuvo que buscar cualquier trabajo adicional al que realizaba en sus tierras comunales, para procurarse el dinero que le permitiese pagar el reparto. 

Fue tanta la codicia de los corregidores, que el abuso llegó a horrores, al punto que finalmente los indios se vieron imposibilitados de pagar sus deudas. Masificada la mano de obra, el pago por el trabajo fue cada vez menor, y no bastó para cubrir el costo del reparto. Conviene señalar que los indios no tuvieron mercado para vender lo que producían sus tierras; y la tragedia sobrevino al quedar insolventes, pues el corregidor se cobró despojándoles de sus animales, de sus sementeras, de sus cosechas y finalmente de sus tierras, que inmediatamente pusieron en venta. De esta manera, el reparto favoreció también la expansión de la hacienda. 

La pequeña burguesía, sobre todo los comerciantes de las provincias, tanto los arrieros como los dueños de tiendas, se perjudicó también notablemente, pues el corregidor monopolizó el comercio interior: en el campo repartía entre los indios; y en la ciudad entre todos los otros grupos, con excepción de los criollos y españoles ricos. 

Otro sector tremendamente afectado por el reparto fue el de los caciques. Al principio aparentemente los había favorecido, pues sirviendo de intermediarios recibieron el 4% de las recaudaciones. Pero con el paso del tiempo se advirtió otra realidad. Al no poder pagar los indios del común el reparto, sus caciques quedaron como responsables de las deudas, por el hecho de haber repartido como intermediarios la mercancía. Frente a ellos no tuvo el corregidor ninguna contemplación, despojándoles de sus propiedades y empujándolos poco a poco a la miseria.  

Fue entonces que la mayoría de caciques pasó al campo opositor del sistema, adhiriéndose al Movimiento Nacionalista Inca y asumiendo además las reivindicaciones de la masa campesina. Con esto, anularon relativamente la contradicción que existía al interior de la nación india, pues los campesinos vieron en los caciques a sus legítimos líderes. Primero fueron las protestas legales ante las autoridades coloniales; y al fracasar éstas, se pasó a la insurrección armada. 

Pese a que el reparto beneficiaba fundamentalmente intereses particulares, la corona, seguramente por tener centrada su atención en las guerras europeas, dejó progresar el reparto. De él sólo alcanzaba beneficio indirecto, con la venta del cargo de corregidores, que aumentó en su cotización; y con el gravamen impuesto a las mercancías que se comercializaba (alcabala). Pero en cambio se vio grandemente perjudicada ya que el auge del reparto produjo la disminución del tributo real. Temerosos de la autoridad del cercano corregidor más que la del lejano monarca, los indios priorizaron el pago del reparto, descuidando el pago del tributo. Con ello el clero fue también perjudicado, pues recibía diezmos, es decir la décima parte del tributo. Ello explica que frailes y curas, sobre todo de provincias, denunciaran los excesos del reparto. 

En 1751 reaccionó la corona, pero de manera contraproducente. Ordenó al virrey contener los abusos del reparto, formando una junta de cuatro ministros que fijase un tope en el volumen y precio de las mercaderías a repartirse en cada provincia. Con sólo hacer esta demanda, la corona reconoció la validez del reparto. Por tanto, lo legalizó. El virrey, mero instrumento de los potentados criollos, organizó la junta tal como éstos la quisieron, y se elaboró la tasa solicitada, que el rey aprobó en 1754. 

Se agravó entonces la situación para los pueblos indios. Hasta esa fecha, al no poderse quejar ante el corregidor que era su principal verdugo, habían recurrido a cabildos y audiencias, que a veces transmitieron esas quejas a la corona. Ahora, los cabildos y las audiencias dejaron de tener competencia en la cuestión, pues todo lo relacionado al reparto se derivó a la junta de ministros formada en Lima, vale decir, a los otros verdugos. 

Aumentaron en consecuencia las rebeliones locales contra el reparto, que entre 1760 y 1779 estallaron en varias provincias del virreinato, creando condiciones propicias para la gran sublevación de 1780. 

Los virreyes que gobernaron en aquel período, Amat (1761-1776) y Guirior (1776-1780), fueron simples instrumentos de los intereses de la burguesía comercial criolla, y nada hicieron por contener el régimen de terror impuesto por los corregidores. 

Por entonces estaba en el trono el rey Borbón Carlos III, quien en uno de los breves períodos de paz que tuvo en Europa, se propuso sacar a España del letargo en que se encontraba, a la zaga del desarrollo de otras potencias. Pero para impulsar ese progreso requería de capital, y el dinero no afluía como antes de las colonias. Decidió por ello el envío de visitadores generales y al Perú vino José Antonio de Areche, con poderes amplios por encima del virrey. Areche llegó en 1778 y de inmediato implantó una severa política fiscal. Su intención fue terminar con el trastorno causado por el reparto y creyendo perjudicar a los corregidores estableció aduanas y aumentó la alcabala del 4% al 6%, entendiendo que así mejoraría la recaudación proveniente del comercio. Y además de ello, quiso ampliar las entradas que provenían del tributo al rey, intentando incluir en las listas de tributarios ya no sólo a los indios de las comunidades, sino también a los forasteros y a los yanaconas de las haciendas, e incluso a los mestizos y a las castas. En su primer año de gestión tuvo aparente éxito, pues los ingresos del fisco aumentaron por primera vez después de largo tiempo.  

Pero ese éxito fue aparente, porque la severa política provocó las revueltas antifiscales. Unos se amotinaron contra el proyecto de ser incluidos entre los tributarios, como los mestizos de Huaraz en 1779; y otros porque fueron perjudicados por las aduanas y alza de alcabala, como fue el caso de la pequeña burguesía comercial de las ciudades del interior.  

En los primeros meses de 1780 hubo revueltas en Puno, Arequipa, Cuzco, La Paz, Cochabamba, etc. Los cabildos de esas ciudades defendieron los intereses de esa pequeña burguesía provincial a la que representaban, y aduciendo que las revueltas podían crear una conmoción más grave, suspendieron el establecimiento de las aduanas y volvieron la alcabala a su tarifa original del 4%.  

Respecto a los mestizos y castas, tampoco pudieron ser incluidos entre los tributarios, Y Areche no pudo hacer frente a esa reacción, porque el virrey se alineó con los intereses de la burguesía comercial. Fue por ello que el visitador recomendó al rey el cambio de Guirior, que ese mismo año fue suplantado por el capitán general Agustín de Jáuregui. De acuerdo con éste, Areche hubiese seguramente extremado el rigor de su política frente a los criollos, en resguardo de los intereses de la corona, pero entonces se desató la Revolución de Túpac Amaru, quien quiso recoger las demandas de los varios sectores afectados por su renovada política fiscal. 

Ante el peligro, ante el racismo desde abajo que desbordó las originales concepciones de Túpac Amaru, todos los no-indios, en su gran mayoría, dejaron de lado sus contradicciones y se unieron en un solo bloque para aplastar la revolución. 

Túpac Amaru proyectó la abolición del reparto y el exterminio de los corregidores, entre otros ideales. Algo similar quiso Areche, quien en 1780 abolió el reparto y en 1784 eliminó los corregimientos. Pero el primero buscó además la independencia, mientras que el segundo trabajó más bien para reordenar la dependencia. 
2.3.5 LOS MOVIMIENTOS POPULARES 

Todos los grupos de una u otra forma fueron afectados por la dominación colonial, desarrollaron en el siglo XVIII varios movimientos en respuesta a diversas motivaciones y con un componente social distinto.  

Didácticamente, podemos hablar así de: 1) Luchas de las minorías no-indias; y 2) Luchas de las mayorías indias. 
2.3.5.1) Las luchas de las minorías no-indias: Comprendemos aquí las protagonizadas por esclavos negros, vale decir del cimarronaje; y las revueltas antifiscales que protagonizaron básicamente los criollos pobres, mestizos y castas. 
a) El cimarronaje: Fue la forma de lucha adoptada por los negros que padecían cruel esclavitud en las haciendas, principalmente de la costa. Se había dado con frecuencia en los siglos XVI y XVII, pero en el siglo XVIII existen de ella pocas referencias. Se conoce, por ejemplo, la sublevación negra en las haciendas de San Jacinto y San José de ICA, el año 1768. 

Los negros esclavos fugan de las haciendas en procura de la libertad, y tratan de esconderse en los montes donde a veces construyen palenques o se convierten en salteadores de caminos. Siempre fueron brutalmente reprimidos por el estado y los terratenientes. 

Cabe señalar que los líderes del Movimiento Nacionalista Inca, como Juan Santos Atahualpa, Francisco Inca y Túpac Amaru, intentaron conjuntar en sus luchas a los negros esclavos, sin ningún éxito. Los negros que se plegaron a Juan Santos y a Túpac Amaru fueron la excepción de la regla. 
b) Las revueltas antifiscales: Como su nombre lo indica, fueron movimientos contra la política fiscal del estado. Ella afectó fundamentalmente a la pequeña burguesía, compuesta por criollos pobres, mestizos y castas. Tuvo como escenario las ciudades, y sólo en contadas ocasiones los indios fueron arrastrados en ellos, sin que se defendieran sus reivindicaciones. Surgieron como respuesta a dos formas de agresión:  

En primer término, contra el intento mostrado por algunos visitadores generales de incluir en las listas de tributarios a los mestizos, cholos y castas. Por esta causa estalla la revolución en Oropesa, Alto Perú, el año 1730, comandada por el platero mulato Alejo Calatayud; y la de 1779 en Huaraz, donde la población mestiza era apreciable.  

En segundo término, contra la nueva política fiscal implantada en 1778 por el visitador Areche, con el establecimiento de aduanas y el alza de la alcabala del 4 al 6%. Esto provocó revueltas en varias ciudades, como Arequipa, Cuzco, Puno, La Paz, Cochabamba, etc. Aprovechando la conmoción, los cabildos que representaban a los sectores alzados, suspenden la aplicación de la nueva política fiscal. Areche no tiene tiempo de reaccionar pues a continuación se desata la Revolución de Túpac Amaru, quien en el intento de formar un frente amplio de clases oprimidas, asume entre sus objetivos la lucha contra los pesados gravámenes. Ello nos explica el por qué una parte de la pequeña burguesía se plegó a la revolución. 
2.3.5.2) Las luchas de las mayorías indias: Conjuntamos aquí los movimientos que recogieron la protesta y el ideal de las mayorías campesinas, diferenciando las luchas inmediatistas, como fueron las rebeliones locales, del proyecto de mayor envergadura, con programa, ideología y ejército, como fue el que gestó el Movimiento Nacionalista Inca. Las rebeliones locales se dieron a lo largo de todo el siglo XVIII, desarrollándose paralelamente el Movimiento Nacionalista Inca. 
a) Las rebeliones locales: Fueron movimientos espontáneos, improvisados y de miras inmediatistas, que surgieron como respuesta desesperada del campesinado a la situación de inhumana opresión en que vivía. Su escenario fue el campo. Allí el elemento visible de la dominación era el corregidor, y las rebeliones terminaron a veces con la muerte o fuga de esos odiados funcionarios. Ello no solucionó nada pues a un mal corregidor sucedió otro peor.  

Las rebeliones fueron fundamentalmente en contra del insoportable reparto; pero también en contra de la mita, como lo demuestra el incendio de algunos obrajes.  

Se dieron a todo lo largo del siglo XVIII, siendo su ciclo mayor el comprendido entre 1770 y 1779, que precede a la Revolución de Túpac Amaru, uno de cuyos objetivos fue la abolición del reparto y el exterminio de los corregidores. Las rebeliones estallaron en diversas regiones del virreinato, con mayor incidencia en Apurímac, Cuzco y el Alto Perú. 
b) El Movimiento Nacionalista Inca: Fue el investigador norteamericano John Rowe quien acuñó esta denominación para referirse a un movimiento indio de mayor envergadura, que toma fuerza en el siglo XVIII liderado por caciques que en su mayoría se consideran descendientes de los Incas. 

 Este movimiento tiene un importante antecedente en el siglo XVII, cual fue la conspiración india que se descubrió en Lima el año 1666, liderada por Gabriel Manco Cápac, movimiento que tuvo como objetivo matar a todos los españoles. Las características allí presentes son las que se dan en el Movimiento Nacionalista Inca del siglo XVIII.  

En primer lugar, su carácter anticolonial, pues se fija como meta acabar con el dominio español. En segundo lugar, su carácter mesiánico, pues pretende la restauración del Imperio de los Incas. En tercer lugar, que sus líderes tiene o adoptan nombres de antiguos emperadores del Tahuantinsuyo: Juan Huáscar Vélez de Córdova en 1739, Juan Santos Atahualpa Apu Huayna Cápac en 1742, Francisco Inca en 1750 y José Gabriel Túpac Amaru en 1780. 

Se aprecia en el Movimiento una ideología nacionalista, que se nutre en la lectura y difusión de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso, cuya visión idílica y utópica encaja con los intereses de sus líderes, que provienen del sector de los caciques. 

Ese grupo, enriquecido en la primera etapa de la dominación colonial, no accede nunca al poder, pues en el Perú virreinal se manejan criterios racistas. El cacique, por más riqueza que tenga, siempre es despreciado por el español o criollo, que lo ve como hombre de raza inferior. Este desprecio origina por contradicción el orgullo nacionalista en el cacique, que comparando el régimen colonial con el idílico Tahuantinsuyo se muestra convencido que los Incas supieron gobernar mejor que los extranjeros. Este es el componente socio-cultural de su paso a la oposición. Pero hay además y fundamentalmente, el económico.  

El sector de los caciques, que como decíamos mantuvo sus privilegios y aumentó sus riquezas en la primera etapa de la dominación colonial, vio cambiar su situación en el siglo XVIII al ser uno de los más afectados por el reparto mercantil. Los caciques, que actuaban como intermediarios y recaudadores del reparto, fueron responsabilizados de las deudas de los indios insolventes, y el corregidor las cobró despojándoles.  

Una mayoría de caciques se adhirió entonces al Movimiento Nacionalista Inca, a la vez que asumió las reivindicaciones de los indios del común, primero con la protesta legal, presentando memoriales ante las autoridades; desoídas sus quejas, proyectó entonces la sublevación. Los campesinos vieron con simpatía ese cambio en los caciques y los aceptaron como sus auténticos voceros y líderes. 

Se plegaron también al Movimiento Nacionalista Inca los indios que habitaban las ciudades, principalmente los artesanos, y simpatizaron con la causa algunos sectores de la pequeña burguesía. Túpac Amaru contó con varios leales mestizos y criollos pobres. 

La labor proselitista fue desarrollada pacientemente; a nivel de elite con la lectura del Inca Garcilaso y a nivel de masa con la propaganda mesiánica, anunciándose que el Inca volvería para sacar a los indios de la época de caos en que vivían.  

Los caciques aprovechaban los desfiles en las ciudades para vestirse a la usanza de los Incas; y representaban ante la masa obras teatrales propiciando el sentimiento nacionalista. Por ejemplo, escenificaron la conquista de tal forma, que los indios lloraban la prisión y muerte de Atahualpa. Aquí se dio la unidad de la nación india, sin distingo de jerarquías aunque tal vez los caciques pensaron en una restauración del antiguo imperio manteniendo sus distingos de clase. 

Los líderes poseían una sólida formación cultural, pues se educaban en los Colegios de Caciques de Lima y Cuzco, regentado por los jesuitas. En esas ciudades existieron los dos principales focos conspirativos. Los caciques estaban al tanto de lo que acontecía en el mundo; por ejemplo, sabían que España estaba enfrentada con otras potencias europeas, principalmente Inglaterra en cuya ayuda confiaron.    

2.3.6 HITOS DEL MOVIMIENTO NACIONALISTA INCA 

2.3.6.1) 1739-Oruro: Conspiración de Juan Huáscar Vélez de Córdova 

Este líder, moqueguano de nacimiento, hizo labor proselitista en el Alto Perú, ganando muchos adeptos. En el Cuzco buscó el apoyo de Juan Bustamante Carlos Inca, a quien entonces se consideraba el más cercano descendiente de los antiguos emperadores; pero éste no se plegó al proyecto y hasta intentó la disuasión para que no pasara adelante. 

Vélez de Córdova adoptó el nombre de Huáscar y como líder del movimiento redactó un Manifiesto de Agravios, denunciando los padecimientos de los indios y recordando a los mestizos y criollos pobres que también formaban parte de las clases oprimidas, tratando de ganarlos para su causa. 

Dijo que había llegado la hora de acabar con el dominio español, restaurando el Imperio de los Incas. Y fijó el 8 de julio de 1739 para el estallido de la lucha armada. Pero un traidor delató todo ese plan a las autoridades coloniales y abortó el proyecto, siendo eliminados sus principales líderes. 
  2.3.6.2) 1742-1756 Selva Central: Rebelión de Juan Santos Atahualpa  

Tres años después del intento de Juan Huáscar Vélez de Córdova, el virreinato va a ser conmovido por el estallido de un movimiento de grandes proporciones en la selva central, territorio hasta entonces dominado en parte por el clero franciscano y por terratenientes asentados cerca de las misiones. 

Juan Santos nació presumiblemente en Huamanga o el Cuzco, indio o mestizo, y se educó con los jesuitas, viajando con ellos por Europa y África, experiencia que le proporcionó una amplia cultura. 

Según informes jesuitas, Juan Santos era considerado, desde antes de la sublevación, como el más cercano pariente de los antiguos emperadores del Perú. Lo cierto es que tuvo o adoptó los nombres de Apu Huayna Cápac y Atahualpa. 

Entendió que la selva central, donde las naciones indias resistían tercamente el avance occidental, era el territorio propicio para desatar una sublevación general, y se internó por Huanta en las posesiones de los AshánInkas, nación por otros llamada de los Campas. 

Debió tener un gran carisma y conocimiento de las lenguas nativas, pues tanto los AshánInkas como otras naciones selváticas lo aceptaron como Inca, expulsando a los blancos de las haciendas que tenían en sus tierras. Todas las misiones fueron abandonadas y ese territorio liberado, proclamando Juan Santos la independencia. 

Demandó que los españoles se retirasen del Perú, pues de lo contrario los aniquilaría, con el apoyo no sólo de los indios selváticos sino también de los indios serranos que se disponían a seguirlo, según anunció. 

Fijó entre sus objetivos la abolición de los trabajos forzados, del tributo y del comercio, que tanto daño habían hecho a los indios. Y dijo que contaba con el apoyo de los ingleses. Por ese tiempo, precisamente, se situó frente a las costas del Perú una escuadra británica al mando del almirante Anson. 

Durante catorce años, entre 1742 y 1756, Juan Santos fue el Inca indiscutible en esa región. Además de los AshánInka, se le unieron los Amueshas, Shipibos, Cunibos, Setthebos, Piros y otras varias naciones amazónicas. Tuvo a su mando un ejército que derrotó sucesivamente a las tropas virreinales que marcharon a combatirlo. Y nombró autoridades indias en el territorio liberado. Parece que esperaba la insurrección en la sierra, pero, como explicaremos a continuación, ésta abortó. 

El final de Juan Santos es un misterio. Varias leyendas se lucubraron al respecto. Lo cierto es que en 1756 se tuvo noticia certera que ya no estaba entre los indios selváticos, por lo que se supone que había muerto. 
  2.3.6.3) 1750-Lima y Huarochirí: Conspiración y rebelión de Francisco Inca  

Posiblemente bajo la influencia del movimiento que lideraba triunfante Juan Santos Atahualpa en la selva central, se preparó en Lima una rebelión, que debió haber estallado el día de San Miguel Arcángel del año 1750. 

Se proyectó la toma de la capital por miles de indios que bajarían de los contornos. El movimiento se iniciaría con una matanza general de españoles, incluidos los criollos. Lima se tomaría al mismo tiempo que el Callao, para luego lanzar un llamado a las demás provincias. La mira era un levantamiento general, para acabar con la dominación extranjera restaurando el Imperio de los Incas. Terminaría con ello la opresión de mitas, tributos, corregidores, jueces y curas, según anunciaron los líderes rebeldes. 

Pero todo ese plan fracasó, por delación de un traidor, y pocos días antes del día fijado para el estallido de la sublevación cayeron en prisión los principales líderes, exceptuando Francisco Inca, que pasó a Huarochirí. Hubo un juicio sumario y poco después la plaza mayor de Lima fue nuevo escenario de un holocausto indio. Los líderes fueron ahorcados, decapitados y descuartizados, fijándose sus restos, como macabros trofeos, en el puente y en las salidas de la capital. 

Las autoridades coloniales se equivocaron creyendo que el terror aquietaría los ánimos, porque inmediatamente Francisco Inca desató la rebelión en Huarochirí, dando muerte al corregidor de esa provincia y a sus principales secuaces. Organizó un pequeño ejército, precariamente armado, y bloqueó el camino de Lima, convocando el apoyo de otros pueblos indios e incluso solicitando la adhesión de esclavos negros, a los que prometió la libertad. Ecos de ese llamamiento se escucharon hasta Lambayeque. 

Fuerzas virreinales, desde Lima y desde Tarma, se movilizaron en su contra, librándose sangrienta campaña, cuyo epílogo fue una bárbara represión, no sólo en Huarochirí sino también en Canta. Los jefes indios sobrevivientes fueron remitidos a Lima para ser ejecutados. 

El fracaso de la rebelión en Lima y Huarochirí pudo ser determinante para que Juan Santos Atahualpa no pasara más adelante de Chanchamayo, encerrándose en la selva central. En las décadas siguientes, al tiempo que se acrecentaba el número de las rebeliones locales, el Movimiento Nacionalista Inca debió efectuar principalmente labor proselitista, hasta 1780 en que se desató como su mayor expresión la Revolución de Túpac Amaru. 
2.3.7 LA REVOLUCIÓN DE TÚPAC AMARU  

Fue el movimiento más importante que se dio contra la dominación colonial. Su componente social fue básicamente indio campesino, bajo el liderazgo de curacas; pero intentó la unidad peruana, convocando a todos los sectores con la única excepción de los españoles peninsulares. Confió incluso en un sector de los criollos ricos, especialmente en el clero provinciano, por ejemplo en el obispo del Cuzco, Moscoso y Peralta. Ese fue uno de sus grandes errores, pues la contradicción entre naciones fue imposible de resolver. 

Tuvo un amplio programa político, social y económico. Fue anticolonial: Túpac Amaru, en el desarrollo de la guerra, se definió separatista, proclamando la restauración de la Autonomía Andina. Pero siendo un cacique culto, no buscó la simple restauración del Imperio de los Incas, sino la construcción de una monarquía moderna al estilo de la inglesa. Con ello, traspasó los linderos del mesianismo y la utopía, que existieron sin duda en la masa campesina. 

Tampoco fue milenarista; no se advierte que la reivindicación de dioses nativos haya tenido importancia. Sólo un minoritario sector reclamó la restauración del culto al dios Sol. Por lo demás, Túpac Amaru dijo respetar la religión cristiana, tal vez por su esperanza de captar el apoyo del clero provinciano. Pero como se sabe, fue excomulgado y los curas se alinearon en su contra, casi todos. 

El movimiento asumió las principales reivindicaciones de los indios, tales como la abolición del tributo, de la mita y del reparto; y aún más importante fue que en su desarrollo propiciase una distribución más justa de la tierra, adquiriendo un matiz antifeudal.  

Acciones como el ajusticiamiento del corregidor Arriaga y el arrasamiento del obraje de Pomacanchis marcaron ese ritmo revolucionario. Túpac Amaru actuaba como Inca, desde el principio. 

Pero el líder, en su afán de captar a los grupos no-indios, asumió otras demandas. Se pronunció contra los gravámenes que afectaban a la pequeña burguesía, formada por criollos pobres, mestizos y castas. Y también contra la esclavitud de los negros, decretando su libertad al iniciar la lucha revolucionaria. 

Pero fue imposible alcanzar el objetivo de la unidad peruana, primero porque la facción de los criollos ricos, ante el desborde indio, se alineó inmediatamente con los españoles peninsulares; y segundo porque la masa campesina, principalmente en el Alto Perú, vio como enemigo a todos los no-indios, desarrollando acciones de violencia racial, ante lo cual muchos mestizos y criollos pobres, que tal vez se hubiesen plegado a la revolución, optaron por apoyar a la clase dominante. De otro lado, los negros, enfrentados desde siempre con los indios, tampoco entendieron o no pudieron captar el mensaje libertario de Túpac Amaru. 

Por eso debe decirse que el apoyo dado al movimiento por algunos negros, castas, mestizos y criollos pobres, fue la excepción de la regla. Pero fue un apoyo digno de todo encomio, pues estuvo signado por una lealtad hasta el sacrificio. 

Como se sabe, la revolución fue doblegada, después de tres años de guerra sangrienta, con más de cien mil revolucionarios muertos, y entre ellos todos sus líderes. 

Es muy importante tomar en cuenta que un buen número de caciques, los más ricos, defendió la causa de los opresores, comandando milicias indias que formaron en el ejército represor. Entre esos traidores a su nación estuvieron Pumacahua y Choquehuanca. 

Junto con la represión militar se pretendió aplicar la represión ideológica. En la sentencia pronunciada contra José Gabriel Túpac Amaru, se prohibió a los indios el uso de sus trajes ancestrales; se ordenó destruir las pinturas y retratos que existían de los Incas; se requisaron los pututos, argumentando que su sonido lúgubre era por el luto que guardaban los indios por sus pasados monarcas; y hasta se intentó borrar toda mención a los Incas. Demás está decir que los Cometarios Reales del Inca Garcilaso fueron requisados. Pero ello no fue suficiente para destruir la tradición india, que supervivió no obstante tantas adversidades. 

Diremos finalmente que, aunque parezca irónico, la corona española coincidió con Túpac Amaru en varios de sus objetivos. Areche vino al Perú para intentar contener el poder cada vez más creciente de los potentados criollos. Túpac Amaru, por su parte, de haber triunfado hubiese traído abajo el montaje de la dominación del cual eran principales beneficiarios la burguesía comercial financiera aliada a los terratenientes feudales y los propietarios de minas y obrajes, en su mayoría criollos.  

Tal como anota Jürgen Gölte, la revolución políticamente fue contra España, pero si estudiamos con detenimiento su trasfondo económico veremos que apuntó a destruir el poder que controlaban los criollos ricos. Esto explicaría el por qué este grupo, inmediatamente desatada la revolución, cesó de momento en sus disputas con la corona, formando un solo bloque con los españoles peninsulares para aplastar un movimiento que atentaba contra sus intereses de clase. 

Por otro lado, Túpac Amaru luchó por la abolición del reparto y extinción de los corregidores. Areche hizo lo primero en 1780 y lo segundo en 1784. Con esto se vino abajo todo el montaje de dominación que había favorecido el progreso de la burguesía comercial financiera de Lima, pues extinguidos los corregidores no tuvo ya el instrumento que fue motor principal de dicho mecanismo. En la sociedad colonial, frustrado el proyecto burgués, las aguas volvieron a su nivel, quedando como clase dominante principal la de los terratenientes feudales. 

Después de la revolución, la corona impuso gobiernos severos, y entonces pasó a ser principal la contradicción que siempre había existido entre españoles peninsulares y españoles americanos, germinando el separatismo criollo. 

Mientras los españoles afianzaban su posición en las tierras del incario y los nativos, liderados por Manco Inca, se refugiaban en Vilcabamba, convertido en eje de la resistencia a los invasores, en 1542 fue creado por orden real el virreinato del Perú. La ciudad de Lima fue la sede del gobierno virreinal y acogió el 15 de mayo de 1544 al primer virrey del Perú, Blasco Núñez de Vela. La tarea de este funcionario chocó con los intereses de los encomenderos que, encabezados por Gonzalo Pizarro, se habían alzado en el Cuzco contra las leyes nuevasLa guerra civil costó la vida al flamante virrey y sólo a partir de 1555 (mandato de Andrés Hurtado de Mendoza) el Perú comenzó a vivir una etapa de mayor tranquilidad y prosperidad.

La nueva unidad política era más extensa en superficie que el virreinato de México. Abarcaba todo el continente sudamericano, excepto el Brasil portugués, las Guyanés y la costa del Caribe en Venezuela.

El ámbito del virreinato del Perú incluyó, en principio, la mayoría de las gobernaciones suramericanas. No obstante, el poder directo del virrey se manifestó sobre Lima, Charcas y Quito, pues éstas no tenían gobernador político. Mientras tanto, Panamá, Chile y el Río de la Plata eran territorios regidos por presidentes-gobernadores (autoridad máxima de una gobernación que cuenta con una real audiencia, que además eran capitanes generales, por tratarse de tierras de guerra. En consecuencia, actuaban con plena autonomía política dentro de la esfera del virreinato

Quizás una de las particularidades más significativas del Perú estuvo en la temprana explotación de los metales preciosos, cuyo centro más importante fue el cerro rico de Potosí, descubierto por los españoles en 1545. Estas riquezas permitieron a Lima un amplio predominio en América que, sin embargo, después del auge indiscutido del siglo XVI y parte del XVII, declinó y atravesó por un período de decadencia en el transcurso del último siglo colonial.

Finalmente, a lo largo del siglo XVIII, el virreinato del Perú sufrió un paulatino desmembramiento territorial que dio origen a los virreinatos de Nueva Granada y del Rió de la Plata

El Virreinato estando ya prácticamente terminada la conquista y dada la importancia del estado incaico que había sido incorporado a la corona española, el Rey de España don Carlos I decidió elevarlo a la categoría de Virreinato, disponiendo que el "Reino del Perú" fuera gobernado por un virrey que representara a su real persona (Real Cédula dada en Barcelona el 20 de noviembre de 1542).

También dispuso por la misma Real Cédula que en la "Ciudad de los Reyes" de Lima existiera una Real Audiencia. Quedó así dispuesto que en América del Sur", la superior autoridad y representación del Rey de España estuviera en el Perú

El primer Virrey fue don Blasco Núñez Vela, que hizo su apoteósico ingreso a Lima en mayo de 1544. Este virrey, hemos visto, era portador de unas Nuevas Leyes dadas por el Rey que limitaban el uso de las encomiendas y con ello dañaban las prerrogativas de los conquistadores, así como daban otras disposiciones en favor de la naturaleza. El Virrey propuso hacerlas cumplir violentamente suscitado la reacción de la Real Audiencia.

Al final fue la deportación del Virrey por la Audiencia. El nombre Perú deriva del nombre del cacique o lugar llamado Birú, al sur de Panamá y que fue visitado, parece que por primera vez, por Pascual de Andagoya. El nombre Perú se empezó a usar y aparece en los documentos de la conquista en 1527. La Capitulación de Toledo ya habla oficialmente del Perú.

Extensión
El Virreinato del Perú fue el único que se creó en América del Sur y abarco casi la totalidad de las posesiones españolas en este continente. Sólo quedó fuera de su jurisdicción la región de Venezuela, que dependía de la Audiencia de Santo Domingo, perteneciente al Virreinato de Nueva España (México). Esta enorme extensión comprendía los territorios de siete Audiencias, que se fueron creando sucesivamente.

Ellas fueron: la Audiencia de Panamá (1535), la de Santa Fe de Bogotá, en el llamado Nuevo Reino de Granada (1549); la de Quito (1563), la de Lima (1542); la de Charcas (1559); la de Chile (1609) y la de Buenos Aires (1661). Esta extensión la tuvo durante los siglos XVI y XVII y hasta la segunda década del siglo XVIII, en que comenzó a desmembrarse para dar nacimiento a nuevos virreinatos.

Gobierno en el Virreinato
Las autoridades en el mismo Virreinato eran las siguientes:

El Virrey

Era la primera autoridad en el Virreinato como representante del Rey en España. Tenía funciones políticas por que era el jefe de Gobierno colonial; judiciales, era Presidente de la Real Audiencia; militares y navales del Virreinato; económicas; por que recaudaba los impuestos y ejercía otras atribuciones.

La Real Audiencia

Era el organismo que administraba justicia en la colonia. Estaba integrado por un presidente, varios oidores o jueces nombrados por el rey así como un fiscal que defendía los intereses de la corona.

El cabildo

Era el organismo o institución que se ocupaba del gobierno, de las ciudades y que a dado lugar a las municipalidades actuales. Esta formado por un alcalde y varios regidores

El Corregidor
Era el funcionario encargado del gobierno de una provincia que entonces se llamaba corregimiento. Era nombrado por el Rey por un plazo de cuatro a cinco años y debía defender a los naturales contra los abusadores encomenderos.

El Intendente
Después de la gran revolución de Túpac Amaru II ocurrida como protesta por la triste situación de los indígenas (1780) debido en gran parte a los abusos de los corregidores, Carlos III abolió los corregimientos creando las intendencias a cargo del intendente.

La Vida Comercial e Industrial en el Virreinato
El sistema económico implantado por España en sus colonias estaba basado en 4 principios:

  • El Exclusivismo
  • El Intervencionismo
  • El Mercantilismo
  • Las Industrias
  1. GENERACION ILUSTRADA O MERCURISTA

Tres son las publicaciones que en su momento expresaron ideas de futuro para la sociedad peruana. Amauta en el siglo XX y La Revista de Lima en la segunda mitad del XIX tuvieron por antecedente al Mercurio Peruano, obra colectiva del pensamiento ilustrado en el Perú.
Las páginas del Mercurio Peruano, notable periódico científico y literario publicado entre 1791 y 1794 por la Sociedad Amantes del País, no difundieron simplemente las modernas teorías y los ideales del cultivo de la ciencia y de la razón, sino también revelaron el nacimiento de una conciencia ideológica nacional.

José Rossi y Rubí, José Baquíjano y Carrillo e Hipólito Unanue fueron algunos de los inquietos e ilustres criollos que, con sus brillantes artículos, escritos primero con seudónimos griegos y luego con sus propios nombres, intentaron "conocer y hacer conocer el país".

Estos pensadores fueron permeables a las ideologías contemporáneas, no aceptaron a ciegas todo lo que llegó del Viejo Continente. Ajenos al frío imitacionismo, ensayaron –como bien ha señalado el historiador José Ignacio López Soria– una síntesis en la que el liberalismo y el tradicionalismo "convivieron armónicamente", producto de la observación y del estudio de nuestra realidad.

El pensamiento mercurista al lograr amalgamar tres polos (tradicionalismo, liberalismo y realidad peruana) consiguió un pensamiento original que, si bien no logró cuajar por completo, evidenció la presencia de un grupo pensante nacional que expresó un "proceso de emancipación ideológica".

Ejemplo, si el naturalismo les invitaba a seguir las leyes naturales y el mercantilismo no monopolista les mostraba que el comercio era el medio para obtener todo tipo de producto, la realidad les enseñó que para inscribirse en el comercio internacional era necesario que el país se especializara en la producción de aquellos recursos naturales en los que tenía ventajas comparativas, como era el caso de los metales preciosos, para que con su venta se obtuvieran las manufacturas que el país no producía.

La moralidad burguesa consagró la laboriosidad, la ingeniosidad, la ilustración y el esfuerzo como virtudes del buen burgués y los sacralizó hasta convertirlos en cánones de conducta. Los Amantes del País,

Conscientes de que tales actitudes y cualidades en el hombre eran fundamentales para la consecución del bienestar, no dudaron y se adhirieron a este tipo de moralidad, pero no se despojaron de ciertos rasgos de la ética cristiana, como la práctica humanitaria.

Para el pensamiento mercurista, la práctica humanitaria no era una simple virtud natural, como lo veía la filosofía ilustrada, sino que estaba estrechamente vinculada con la caridad evangélica. Y lo más importante: era considerada un medio que servía no sólo para conseguir el equilibrio social, sino también para lograr la salvación eterna.

Respecto a la cuestión del Estado, los principios mercuristas se ubicaron dentro de un proceso de transición hacia la concepción liberal. Su ideología política tiene sentido dentro de las ideas de los fisiócratas y de los neomercantilistas. Un hecho fundamental que explica su pensamiento político, si se tiene en cuenta la formación escolástica que recibieron, se encuentra en la misma realidad circundante, como es el caso de la dación del Reglamento de Comercio Libre y las consecuencias de su puesta en funcionamiento.

En efecto, para los mercuristas, la nueva legislación y sus principios fundamentales, como la necesidad de liberar al comercio de las viejas trabas del monopolio y la importancia de las relaciones comerciales en la unión de los pueblos, significaron la ausencia relativa de control por el Estado en las actividades económicas, el mayor reparto de los beneficios y otras libertades que sirvieron a los mercuristas de base para su concepción del Estado.

Situación distinta ocurrió en la fundamentación de los principios sobre el ordenamiento económico, pues en ese caso prima la ideología mercantilista e incluso la reflexión de la realidad parte del ideal de la propia ideología. Individualismo, disminución de impuestos, naturalismo, etcétera son algunos de sus postulados.
La generación mercurista concibe al Perú como un país exportador de materias primas e importador de manufacturas, es decir, pieza del sistema económico occidental en la que, por la distribución internacional del trabajo, le tocó jugar ese rol.

III.- LA SOCIEDAD AMANTES DEL PAIS Y EL MERCURIO PERUANO

    El Mercurio Peruano es el periódico más importante de la Ilustración Peruana. Creado por un círculo de intelectuales jóvenes se publicaron entre 1790 y 1795 más de 400 números en los cuales se trató los asuntos más diversos. Sin embargo, es fácil resumir su tema principal: hacer conocer el Perú y ilustrar a los peruanos. Por eso, el Mercurio Peruano no sólo fue un gran periódico del Siglo de las Luces sino también el primer periódico netamente peruano.
El Mercurio Peruano de Historia, Literatura y Noticias públicas (así su título completo) fue creado en 1790 por la Sociedad Académica de Amantes del País de Lima. El fin de esta sociedad fueron las discusiones filosóficas y - sobre todo - la publicación del Mercurio Peruano. La mayor parte de los artículos se redactaron por miembros de la Sociedad aunque con el transcurso del tiempo, otros autores tenían cada vez más importancia. El periódico se publicó dos veces a la semana teniendo un tiraje entre 400 y 575 ejemplares, número bastante elevado para le época. Sin embargo, después de pocos años el Mercurio Peruano entró en crisis. No se podía mantener el alto nivel de los artículos y la financiación de la publicación se hacía cada vez más difícil. Cuando el Virrey Gil de Taboada retiró el apoyo económico, el Mercurio Peruano dejó de existir.

Los temas más importantes del periódico fueron la geografía, la historia, las ciencias (sobre todo medicina y historia natural) y la economía (comercio, minería y economía política ante todo). Ilustrar a los peruanos no sólo significó darles a conocer información sobre el Perú sino también ganarles para las ciencias y el razonamiento moderno. Por eso, en muchos artículos se explicaron nuevos inventos y la utilidad que iba a tener su aplicación en el Perú. Sin embargo, abrazar el pensamiento moderno no equivalió rechazar la religión católica. Al contrario, el Mercurio Peruano defendió un "catolicismo ilustrado" (p. 140) que frente a la Revolución Francesa se volvió muchas veces más católico que ilustrado.

Los artículos sobre el Perú publicados en el Mercurio Peruano constituyen hasta hoy una fuente básica para conocer el Perú a fines del siglo XVIII. De los muchos estudios sociales publicados destacan los sobre indios (precolombinos y amazónicos, sobre todo), sobre los negros y la esclavitud, sobre el rol de la mujer, sobre la importancia de la educación y sobre los pobres en el Perú. En los estudios económicos, la minería y el comercio ocuparon el rol central. Sorprende la poca importancia que se daba a la agricultura y a la artesanía y manufactura respectivamente.

El libro de Clément será por muchos años el estudio más completo del Mercurio Peruano. Efectivamente, quedan pocas preguntas para investigar sobre este periódico y su contenido. El estudio de Clément no pretende ser una investigación sobre el surgimiento del periodismo peruano, la Ilustración en el Perú y menos, de la emancipación peruana. Se limita estrictamente al análisis del Mercurio Peruano. Tocará a otros autores integrar este estudio excelente dentro de interpretaciones generales de la historia del Perú.

EL PENSAMIENTO ILUSTRADO EN EL
MERCURIO PERUANO 1791-1794

La prensa moderna irrumpió en la sociedad peruana en el siglo XVIII. Desde entonces, cimentó en la verdad y la justicia los fundamentos esenciales de la labor informativa y ha sido un elemento muy influyente en el desarrollo histórico del país.

El pensamiento Ilustrado en el Mercurio Peruano 1791-1794 es un estudio integral del Mercurio desde la perspectiva periodística.

Su influencia fue latinoamericana porque fue promotor y modelo de prensa para Quito, Santa Fe de Bogotá y la Habana. Además tuvo suscriptores en Guayaquil, México, La Paz, Buenos Aires, Santiago y Concepción; e incluso corresponsales en algunas de estas ciudades. El Mercurio tuvo un alto índice de lecturabilidad, de 10 a 15 lectores por ejemplar, similar al de El Comercio guardando las distancias históricas.

El Mercurio fue esencialmente un periódico de ideal. El libro descubre, desde las 3541 páginas de los 411 números, la similitud y el disentimiento con el pensamiento ilustrado de los europeos, así como la peculiaridad de la corriente en el Perú dieciochesco ya que estudia al periódico como parte de una sociedad, que influye en él, pero que también es influida por éste.

Aun viviendo en la sociedad de la información, es importante conocer los aportes del Mercurio porque "la historia es principalmente una conciencia el pasado, de su realidad, pero también de su gravitación en nuestra vida contemporánea y futura".

HIPÓLITO UNANUE EN EL MERCURIO PERUANO

Presentamos la obra de Hipólito Unanue y Pavón (1755-1833), recordado como precursor de la Independencia del Perú, publicada en el ilustrado y célebre periódico Mercurio Peruano (1791-1794). En su obra, se advierte una clara influencia del pensamiento de la Ilustración, en especial en los artículos de tema científico y en aquellos en los que subraya la importancia del comercio para el virreinato. Asimismo, recorremos sus trabajos históricos y su constante intención de reivindicar lo americano. Estos últimos temas nos muestran que en ese entonces se empezaba a entender intelectualmente la existencia del Perú como una continuidad histórica y, a la vez, confirman el nivel de afirmación que adquirió el sentimiento regional de ser americano.

El Mercurio Peruano y los Médicos Peruanos

En 1790, un grupo de jóvenes ilustrados formó la Sociedad Académica de Amantes del País, con la finalidad de discutir sobre los asuntos nacionales. Este grupo, que reconoció como fundador a Joseph Rossi y Rubí, estuvo conformado por José María Egaña, Demetrio Guasque, Hipólito Unanue y Jacinto Calero y Moreira. Los cuatro primeros junto con otros dos conocidos por los seudónimos de Mindirido y Agelasto, más tres damas conocidas como Dorálice, Florida y Egeria, se habían reunido tres años atrás durante poco menos de un año, formando la Sociedad Harmónica, para discutir sobre literatura y las noticias públicas. Esta Sociedad fue la base de la Sociedad Académica de Amantes del País.

Los miembros de la Sociedad Académica de Amantes del País decidieron plasmar en el papel los temas de sus conversaciones. Así nació un periódico al cual llamaron el Mercurio Peruano de Historia, Literatura y Noticias Públicas. Poco después, por la vastedad de las materias tratadas, se vieron obligados a incorporar otros miembros. El 2 de enero de 1791 salió el primer número del Mercurio Peruano y tuvo una buena acogida, contándose 220 suscriptores. Estos alcanzaron a 398 en el mejor de sus momentos. La competencia por la supervivencia, los suscriptores, fue dura entre el Diario de Lima y el Mercurio Peruano y sería más rigurosa al aparecer un nuevo periódico. En efecto, el 12 de junio de 1791 apareció el Semanario Crítico, por obra del franciscano español Fray Antonio Olavarrieta. Este semanario moriría con el número 16(4).

La más grande contribución del Mercurio Peruano fue el hecho de que por primera vez, desde el arribo de los españoles a esta parte del continente, se estableció el concepto de Perú como nación o país y de peruanidad como sentimiento. Miembro notable de la Sociedad Académica de Amantes del País fue el medico Hipólito Unanue; por tanto, nos interesa conocer la participación de los médicos de la época y el contenido de los temas médicos en esta publicación.

De 173 temas tratados durante los doce números, los referentes a Medicina fueron en proporción creciente: 9.22 % en 1791, 19.93% en 1792, 18.43% en 1793 y 20.44% en 1794. Este interés creciente por los temas de Medicina es parte del interés por las materias de aplicación práctica en aquella época. La descripción y tratamiento de las enfermedades fue muy novedosa en ese entonces al igual que lo fueron los temas de Geografía (nuevos caminos, minerales, etc.), Historia Natural (aprovechamiento de las plantas), conceptos sobre economía y finanzas, la herejía revolucionaria de los franceses, entre otros temas.

De 517 suscriptores registrados, según la actividad profesional, sólo se contó con los siguientes médicos: el selecto aragonés Cosme Bueno, ex-cosmógrafo mayor del Reino; José Manuel Dávalos, maestro de Química en la Universidad de San Marcos, José Díaz de Arellano, primer cirujano de la Armada y médico de cámara y de la familia del virrey; José León y Vargas, médico en La Paz; Gabriel Moreno, dedicado a la enseñanza de las matemáticas en la Universidad de San Marcos y llegó a ser cosmógrafo mayor del Reino; José Hipólito Unanue, catedrático de Anatomía en la Universidad de San Marcos; el mulato José Manuel Valdés, notable cirujano de la época que recién en 1806 sería aceptado como médico. Como podemos apreciar, de estos siete médicos suscritos a el Mercurio Peruano, sólo dos, Díaz de Arellano y Unanue, ejercían propiamente la profesión en esta parte del país.

Entre las razones que expliquen la escasa cantidad de médicos suscriptores de el Mercurio podemos considerar dos: el relativamente elevado costo de la suscripción y el desinterés de los médicos de la época por las publicaciones en general. Sobre lo primero se sabe que la suscripción mensual era de 14 reales, sin considerar el parte, cantidad que era el 3,5 % del sueldo de un oidor, y hasta el 28 % de lo que cobraba un pequeño funcionario. En general, los suscriptores del Mercurio Peruano pertenecían a los sectores bien acomodados o pudientes de la sociedad. Sobre lo segundo, la única evidencia es la casi inexistencia de publicaciones, en general, por parte de los médicos.

Los temas médicos tratados se refieren a la importancia de la anatomía, a la inauguración del Anfiteatro Anatómico, el mal de altura, la vejez y la longevidad, un cólico extraordinario, un caso de tenia, un aneurisma del labio inferior, la disentería, las aguas termales, el veneno animal, el tratamiento de diversos padecimientos de estas regiones, la quina o cascarilla, las aguas minerales, las virtudes de la coca, los pacientes de los hospitales de Lima, las medidas higiénicas para conservar la salud y para la preñez y otras curiosidades médicas. Estos temas han sido revisados recientemente.

En conclusión, el Mercurio Peruano fue un periódico cuya importancia radica en que junto con el concepto de Perú como nación se tocaron muchos temas, de los cuales algunos reflejaron parcialmente el interés de los médicos de la época, por lo menos de una élite de ellos. Y, en general, la participación de los médicos de la época como suscriptores fue escasísima.

El decimosegundo y último número del Mercurio Peruano salió el 31 de agosto de 1794. Las causas de su desaparición fueron económicas, principalmente la falta de suscriptores; la decadencia en la calidad de los artículos al agotárseles rápidamente la producción a los miembros, optándose por recibir otras colaboraciones que no siempre fueron de lo mejor; y, por último, se tiene indicios de que hubo cierta censura virreinal no obstante de la aprobación oficial para circular.

En las décadas siguientes aparecieron numerosos periódicos con alto contenido de ideas republicanas y en los cuales contribuyeron también los médicos. La mayoría de estos periódicos fue de existencia efímera, pero algunos de ellos como la Minerva Peruana, la Gaceta de Gobierno de Lima, El Verdadero Peruano, El Investigador, tuvieron una vigencia mayor. Estos periódicos ocasionalmente publicaron asuntos relacionados con la medicina nacional, cuyos contenidos aún no han sido bien estudiados. Médicos como Hipólito Unanue, José Manuel Valdés, José Gregorio Paredes, Miguel Tafur, Gabriel Moreno, José Pezet, el cirujano Bartolomé Alcántara y el médico romano Félix Devotti entre otros, dirigieron publicaciones y publicaron notas de encendido contenido republicano además de las propiamente médicas. Fue una época en que muchos de ellos fueron acusados de "hacer proposiciones heréticas", "tener libros prohibidos" y "leer libros vedados.

El diario La Floresta, que apareció en 1831 y tuvo una breve existencia, debería ser considerado como el precursor de la prensa médica nacional, según opinión del Dr. Arias Schereiber, por la cantidad y calidad de referencias a varios aspectos de la medicina nacional.

IV) DISCUSIÓN O COMPARACION DE IDEAS DE AUTORES Y DEL ALUMNO

SIGLO XVIII MUNDIAL:

  • Según el autor (1) La ilustración es la salida de su auto culpable minoría de edad. ( sin la guía de otro)
  • Según el autor (2) La ilustración es el auge situacional en su escala de articulación económica –social del siglo XVIII.
  • Según el autor (3) La ilustración es la aplicación práctica de principios (Ej. Absolutismo)
  • Según el alumno: época donde nacen diversidad de ideas para ser aplicados en el siglo XVIII, por lo mismo que el país colonial era colonizado.

SIGLO XVIII EN EL PERU:

  • Según autor (1) la sociedad amantes del país y el mercurio peruano se crea por la época reformista procedente de América y de Europa ilustrada.
  • Según autor (2) El mercurio peruano nunca crítico abiertamente el régimen colonial, más bien defendió las estructuras sociales del perú colonial.
  • Según autor (3) El mercurio peruano ayuda a difundir el razonamiento moderno en el Perú, lo que significa arma poderosa contra el antiguo régimen.
  • Según el alumno: época donde nacen diversidad de ideas para ser aplicados en el siglo XVIII, por lo mismo que el país colonial era colonizado.

V) CONCLUSIONES

  1. La ilustración es la salida de sus hechos situacionales y del valor para servirse por si mismo de el sin la guía de otro.
  2. Siglo XVIII, edad donde nacen diversos hechos históricos y la lucha por salir adelante y los cambios que se influyen de acuerdo al nivel de tiempo que se Vivian.
  3. Siglo XVIII, en el Perú resurgimiento de nuevas ideas coloniales del país y la creación de la sociedad amantes del país, dicho grupo surge como idea de poder transformar el país de acuerdo a las alternativas mundiales que se daban en aquella época.
  4. El mercurio da conocer los lineamientos que se pudieron haber empleado con más influencia con respecto a los sucesos de eses entonces, y como el Perú podía tener un escudo contra el otro régimen colonial.
  5. Siglo XVIII, idea de poder buscar nuestra propia identidad y desarrollo del país.

VI) "BIBLIOGRAFÍA"

CLEMENT, JEAN PIERRE INDICES DEL MERCURIO PERUANO, 1790 -1795.LIMA, 1979 BIBLIOTECA NACIONAL; VOLUMEN I: ESTUDIO; VOLUMEN II: ANTOLOGIA

HERR, R. ESPAÑA Y LA REVOLUCION DEL SIGLO XVIII. MADRID, 1964

FRANKFURT, M. TEXTOS Y ESTUDIOS COLONIALES Y DE LA INDEPENDENCIA. VOLUMEN II Y III (307 Y 329)

JULIO, CORTES-CAVANILLAS LOS BORBONES EN ESPAÑA, MADRID 1980- VOLMEN I ,50pgs

VARGAS UGARTE, Rubén HISTORIA GENERAL DEL PERU .LIMA 1966

ANEXOS: Argumentos periodísticos de "EL PERUANO"

 

LLAUCE CAJUSOL FRANCISCO DANIEL

LIMA –PERU

Partes: 1, 2


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