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"El sur", de Borges




Enviado por pacarreno



    La postulación de una
    realidad

    Una de las características de la Estética del Arte
    Contemporáneo es el de ser una "obra abierta". Esto
    significa, en el campo de la literatura, que una obra
    narrativa ofrece múltiples interpretaciones en cuanto a
    sus posibilidades de lectura se
    refiere permitiendo, de este modo, una activa
    participación de parte del lector. Sería mejor
    decir, exigiendo del lector dicha participación y
    convirtiéndolo, en consecuencia, en un agente comprometido
    con la misma creación literaria. En Borges, este
    rasgo de la literatura
    contemporánea que integra al lector a la obra
    entregándole esta función de
    co-participación, se configura como uno de los aspectos
    más relevantes de su poética: la identidad y
    pluralidad del ser, o sea, la visión panteísta de
    que el hombre es
    uno y varios al mismo tiempo (1). Este
    principio básico del quehacer poético de Borges lo
    encontramos claramente expuesto en el prólogo de su primer
    libro
    Fervor de Buenos Aires. (2)

    "Si en las siguientes páginas hay
    un verso logrado, perdóneme el lector, el atrevimiento de
    haberlo compuesto yo antes que él. Todos somos unos; poco
    difieren nuestras naderías, y tanto influyen en las almas
    las circunstancias, que es casi una casualidad esto de ser
    tú el leyente y yo el escribidor -el desconfiado y
    fervoroso escribidor- de mis versos". (3)

    El concepto de la
    unidad y pluralidad del ser adquiere su máxima
    expresión como unidad de teoría
    y creación en El Hacedor (4), obra mayor de Borges.
    Aquí, en el poema "Everything and Nothing", donde Shakespeare es el
    símbolo del autor paradigmático en cuanto a la
    concepción panteísta del hombre, el
    poeta dice:

    "Nadie fue tantos hombres como aquel hombre, que a
    semejanza del egipcio Proteo pudo agotar todas las apariencias
    del ser. Ricardo afirma que en su sola persona hace el
    papel de
    muchos, y Yago dice con curiosas palabras: "no soy lo que
    soy
    ". La identidad
    fundamental de existir, soñar y representar le
    inspiró pasajes famosos". (5)

    Para concluir:

    "La historia agrega que, antes o
    después de morir, se supo frente a Dios y le dijo: Yo,
    que tantos hombres he sido en vano, quiero ser uno y yo.
    La
    voz de Dios le contestó desde un torbellino: Yo tampoco
    soy; yo soñé el mundo como tú soñaste
    tu obra, mi Shakespeare, y
    entre las formas de mi sueño está tú, que
    como yo eres muchos y nadie
    ". (6)

    El texto se nos
    presenta como un ejemplo irrefutable del sentir poético y
    filosófico de Borges: es la identidad más genuina
    del poeta con los hombres y con Dios que, como se sabe, es
    entendido por nuestro autor del mismo modo como lo entiende
    Berkeley en sus principios: un
    dios que medita y sueña y nombra las seres; no como un
    dios creador.

    Ahora bien, "El Sur" (7), objeto de nuestro estudio, no
    está ajeno a ninguna de las dos teorizaciones
    fundamentales que hemos presentado. Publicado por primera vez en
    La Nación (8) y recogido posteriormente en
    Ficciones (9), se constituye como uno de los mejores
    cuentos de
    Borges. El mismo autor así lo ha confirmado: "es acaso mi
    mejor cuento,
    básteme prevenir que es posible leerlo como directa
    narración de hechos novelescos y también de otro
    modo" (10). Este "de otro modo" ha ocasionado diversas
    manifestaciones de la crítica relacionadas con las
    posibles lecturas que el cuento ofrece.
    Así, por ejemplo, Allen Phillips (11) relaciona la
    situación del personaje Dahlmann con cierto aspecto
    biográfico del autor (12). Además propone dos tipos
    de lectura para
    enfrentarse al cuento: una de carácter
    lineal y una especie de segunda lectura que incluiría el
    viaje como un sueño. Philips explica la credibilidad de
    tal hecho "por el golpe en la frente y la fiebre atroz que
    provoca". Para avalar tales afirmaciones, el autor se sirve de
    una entrevista
    sostenida por Borges con James Irby y en la cual el poeta
    declara: "Todo lo que sucede después que sale Dahlmann del
    sanatorio puede interpretarse como una alucinación suya en
    el momento de morir de septicemia, como una visión
    fantástica de cómo hubiera querido morir".
    (13)

    Una segunda lectura para aquel "de otro modo" nos la
    ofrece Jaime Alazraki (14). Para él "sería leerlo
    como cifra de la historia
    argentina toda", que se resume en un símbolo: "un
    pobre duelo a cuchillo".

    Por su parte, Zunilda Gertel (15) da tres posibilidades
    de lectura del cuento basadas en la misma narración. 1.
    Lectura lógico-lineal. El enchassement tiene aquí
    un efecto directo de continuidad narrativa, de enchainement dado
    por la concentración dialéctica del lenguaje. El
    suspenso pierde su efecto de apertura y el fundido de las dos
    partes se da a un mismo nivel. 2. El enchassement del
    sueño. 3. Dahlmann regresa después de la muerte a un
    pasado anacrónico y vive su muerte
    elegida. La narración apoya también esta conjetura
    porque la segunda parte del cuento se inicia por la mañana
    con todos los caracteres de un regreso (en el lenguaje y
    en el tono narrativo) a la vida y a las cosas, como un renacer de
    Dahlmann.

    Para Zunilda Gerter, la posición de Alazraki,
    corresponde a la segunda posibilidad de lectura que ella observa
    en el cuento, es decir, al enchassement del sueño que ella
    ve como "el símbolo trascendente del cuento".

    Nuestra posición al respecto comparte
    absolutamente el punto de vista adoptado por Zunilda Gerter en su
    excelente trabajo, por cuanto el sueño-viaje o la
    ficción dentro de la ficción (16), no representa
    otra cosa en "El Sur" que la postulación de una realidad
    imaginaria provocada por el desdoblamiento febril del propio
    Dahlmann. A nuestro entender es la diégesis misma, las
    frases narrativo-descriptivas como discurso del
    narrador, las que nos llevan a la otra orilla, donde realidad e
    irrealidad se confunden en una realidad suprema: una
    superrealidad. Por lo tanto, comprender el viaje al sur como una
    segunda lectura solo nos parece pertinente desde un punto de
    vista metodológico, para estudiar los planos temporales y
    espaciales que reflejan los diversos estados de conciencia del
    personaje. Demostrar, entonces, que la realidad del cuento se
    concentra y sostiene en el sueño-viaje que es,
    precisamente, su condición fantástica, será
    nuestra tarea. Y, como no queremos ser mal interpretados diremos
    que, cuando hablamos de realidad, lo hacemos con la firme
    convicción de que el término, al igual que la
    Estética, no puede ser encasillado en
    ninguna época. Él permanece alejado del tiempo y del
    espacio porque es una palabra que evoluciona con el hombre, con
    su propia sensibilidad. Para nosotros realidad es una
    expresión que acompaña la conciencia
    imaginativa de cada individuo en cada momento de la historia.

    Según Borges, el clásico tiene tres modos
    de postular la realidad (17). Él usa la palabra
    clásico (como romántico) como dos tipos de
    escritor, como dos actitudes;
    apartada, por lo tanto, de cualquier connotación
    histórica.

    La primera postulación clásica de la
    realidad consiste en una notificación general de los
    hechos que importan
    (18). En "El Sur", este carácter
    lógico-lineal de la narración que, por ser como es,
    permite, precisamente, una entrega coherente de los
    acontecimientos por parte del narrador, podemos determinarlo con
    bastante precisión: "El hombre que desembarcó en
    Buenos
    Aires…" hasta "En los últimos días de febrero
    de 1939, algo le aconteció". Es decir, se trata de una
    pequeña parte de la narración total del cuento en
    la cual el lenguaje es
    eminentemente denotativo. Es un relato que se construye al mejor
    estilo decimonónico bajo el punto de vista de un narrador
    en tercera persona que
    elabora, con un conocimiento
    cabal de los acontecimientos, una apretada biografía del
    personaje Dahlmann, que no constituye otra cosa que esa
    "notificación general de los hechos que importan". De lo
    dicho se desprende que, la realidad aquí adquiere una
    innegable objetividad. Con esto queremos significar un perfecto
    grado de adecuación entre la palabra y la cosa mentada por
    ella; o sea, que en los comienzos del cuento (señalado por
    los hitos que hemos dado), el lenguaje
    presenta un rasgo que podríamos llamar de "objetividad
    convencional", en el sentido que él está denotando
    exactamente lo que allí se dice. Y, esa adecuación
    palabra-objeto descrita (síntesis
    biográfica del personaje) propone, indudablemente, una
    comprensión de los hechos narrados en su propia
    linealidad; en su misma logicidad, entregando aquellos hechos
    significativos (hechos que importan) para el desarrollo
    futuro de la narración:

    "Su abuelo materno había sido
    aquel Francisco Flores, del dos de infantería de
    línea, que murió en la frontera de Buenos Aires,
    lanceado por indios de Catriel; en la discordia de sus dos
    linajes, Juan Dahlmann (tal vez a impulso de la sangre
    germánica
    ) eligió el de ese antepasado
    romántico, o de muerte
    romántica
    ". (19)

    El subrayado es nuestro. Con ello queremos
    señalar su trascendencia originaria cuando, en el plano de
    la realidad imaginaria, Dahlmann muera en esa pelea a cuchillo.
    Pero este es un problema que resolveremos más adelante. Lo
    importante ahora es comprender, cómo, de un modo tan
    sutil, casi imperceptible, las palabras del narrador que se
    configuran como discurso
    apofántico y su propio decir poético o frases no
    miméticas (tal vez a impulso de la sangre
    germánica), comienzan a engendrar, larvariamente, esa
    realidad suprema que llamamos de superrealidad, y que corresponde
    a un grado mayor de elaboración imaginativa de la
    realidad: es otra manera de postular la realidad.

    De lo anterior se deduce que, la postulación de
    la realidad en "El Sur", adquiere una estructura de
    progresión permanente; ella atraviesa por diversas etapas
    que terminan por construir un mundo de irrealidades que encuentra
    su soporte fundamental en el viaje-sueño, último
    eslabón de la configuración imaginaria del cuento.
    Revisemos, en consecuencia, los otros modos de postulación
    de la realidad que Borges distingue y que acabarán por
    determinar la validez exegética de nuestra exposición
    al mismo tiempo que, servirán para demostrar
    también cómo, el quehacer poético borgiano
    se conjuga perfectamente con su posición crítica
    frente al fenómeno literario. A lo largo de su obra y de
    su vida, Borges presentó la rara virtud de ser y hacer
    coherente su poesía
    con su teoría.

    Imaginar una realidad más compleja que la
    declarada al lector y referir sus derivaciones y sus efectos

    (20), es el segundo modo de postulación de la realidad que
    Borges reconoce. En él se advierte con meridiana claridad
    un grado mayor de complejidad en la construcción de lo imaginario. Aquí
    ya no se trata de una constatación general, resumida, de
    los hechos que interesan. Lo que Borges nos presenta ahora es un
    juego y un
    desafío al mismo tiempo: la actitud
    lúdica posibilita el desarrollo de
    la capacidad imaginativa del lector; este se siente aludido
    directamente cuando esa realidad imaginada es más compleja
    que la que el narrador le presenta. El lector, por lo tanto, no
    puede permanecer pasivo frente a una creación literaria
    pensada y elaborada en estos términos. Más
    aún, cuando es él mismo quien debe referir las
    derivaciones y los efectos de una realidad que intenta
    confundirlo con su apariencia de realidad. Al aceptar esta
    responsabilidad, el lector, sin quererlo o sin
    pensarlo (o sin soñarlo), acepta también el
    desafío. Al respecto consideramos de vital importancia y
    extrema validez las consideraciones analíticas del
    filósofo español
    José Ortega y Gasset: "Existe, en efecto, una evidencia a
    priori en psicología como en matemática, y ella permite en ambos
    órdenes la construcción imaginaria. Donde sólo
    los hechos conocen ley y no hay una
    ley de la
    imaginación es imposible construir. Sería un duro y
    limitado capricho donde nada tendría razón de
    ser.

    Por desconocer esto se supone torpemente que la psicología en
    la novela es
    la misma de la realidad y que, por tanto, el autor no puede hacer
    más que copiar ésta. A tan absurdo pensamiento se
    suele llamar realismo".
    (21)

    Ahora bien, esta realidad más compleja comienza a
    gestarse en "El Sur", a partir del momento en que Dahlmann se
    apodera de Las mil y una Noches texto que, por
    lo demás, como muy bien lo observa la doctora Gertel, es
    un elemento estructurador clave en el cuento, por cuanto
    él presenta la típica estructura
    disposicional del enchassement. Es en ese instante de la
    narración donde comenzamos a captar el lenguaje narrativo
    como proveniente de la conciencia del personaje. No obstante el
    modo narrativo se mantiene, como a través de todo el
    relato, es ahora que la voz narradora la sentimos alejada de su
    postura tradicional. Dicho en otros términos, no es esta
    actitud
    decimonónica del narrador en tercera persona lo que
    singuraliza la conducta
    narradora en "El Sur"; aquí, la función
    del narrador es hacer transparente la conciencia del personaje.
    Él recoge el fluir de esta conciencia y nos la presenta
    sin mediatizar para nada, personalmente, en el discurso. En
    definitiva, es este rasgo lo que lo caracteriza. Por esta
    razón decimos que el narrador está "con" el
    personaje, que el grado de conocimiento
    que el narrador ostenta no podrá ir más allá
    de la propia capacidad cognoscitiva de Dahlmann, por cuanto es su
    conciencia la que posibilita y limita, al mismo tiempo, el punto
    de vista del narrador.

    El nuevo punto de vista en el cual se sitúa el
    narrador genera, como una consecuencia lógica,
    una nueva elaboración del lenguaje narrativo; este, se
    convierte ahora en un lenguaje eminentemente connotativo cuyos
    "efectos" y "derivaciones" alcanzarán su máxima
    expresión significativa en la última etapa de la
    narración como construcción imaginaria. Algunos
    segmentos narrativos de este segundo momento nos servirán
    para confirmar lo dicho hasta aquí y, al mismo tiempo nos
    revelarán un mayor nivel analítico para las
    consideraciones exegéticas de nuestra exposición:

    1. "Ciego a las culpas, el destino puede ser despiadado
      con las mínimas distracciones".
    2. "La arista de un batiente recién pintado que
      alguien se olvidó de cerrar le había hecho esa
      herida".
    3. "Dahlmann logró dormir, pero a la madrugada
      estaba despierto y desde aquella hora el sabor de todas las
      cosas fue atroz".
    4. "La fiebre lo gastó y las ilustraciones de la
      Mil y una Noches sirvieron para decorar
      pesadillas".
    5. "Amigos y parientes lo visitaban y con exagerada
      sonrisa le repetían que lo hallaban muy
      bien".
    6. "Dahlmann los oía con una especie de
      débil estupor y le maravillaba que no supieran que
      estaba al borde del infierno".
    7. "Se sintió feliz y conversador; en cuanto
      llegó, lo desvistieron, le raparon la cabeza, lo
      sujetaron con metales a una
      camilla, lo iluminaron hasta la ceguera y el vértigo, lo
      auscultaron y un hombre enmascarado le clavó una aguja
      en el brazo".
    8. "Se despertó con náuseas, vendado, en
      una celda que tenía algo de pozo y, en los días y
      noches que siguieron a la operación pudo entender que
      apenas había estado,
      hasta entonces, en un arrabal del infierno".
    9. "En esos días, Dahlmann minuciosamente se
      odió; odió su identidad, sus necesidades
      corporales, su humillación, la barba que le erizaba la
      cara".
    10. "Las miserias físicas y la incesante
      previsión de las malas noches no le habían dejado
      pensar en algo tan abstracto como la
      muerte".
    11. "Increíblemente, el día prometido
      llegó".

    En primer lugar, los once segmentos narrativos que hemos
    considerado en este micro texto y que constituyen niveles
    más profundos de imaginación en la
    postulación de la realidad, se caracterizan por presentar
    una inequívoca "imprecisión semántica" por
    la evidente ironía con que se manifiesta el lenguaje
    literario. Cuando hablamos de "imprecisión
    semántica" lo hacemos pensando en la confrontación
    dialéctica existente entre la denotatividad y la
    connotatividad que, en los términos teóricos
    desarrollados hasta ahora se corresponden con los de realidad e
    irrealidad. Efectivamente, la lengua
    literaria tradicional, esa que sostiene y explica el mundo
    narrativo con su sola presencia, como la estudiada en el primer
    momento de nuestro trabajo, ha desaparecido; ha sido desplazada
    "e ironizada por una nueva retórica imaginista o por una
    taraceada estructura que reúne elementos de variado origen
    y configura un modo de decir en donde es más significativo
    el momento constructivo mismo –que reúne lengua
    literaria, lengua hablada de variados niveles, citas,
    grafías arbitrarias, jitanjáforas, etc.-, que la
    correspondencia estricta como expresión psicológica
    o social de él" (22). Con ello, el lenguaje narrativo
    pierde su capacidad semántica unidireccional para
    convertirse en un lenuaje ambiguo, paradojal y multivalente. Para
    entender esto, no debemos perder de vista que estamos frente a un
    narrador que tiene una visión "con" de los acontecimientos
    (23) incapaz, por lo tanto, de interpretar el mundo y, por ende,
    de ordenarlo. El narrador no puede "referir los efectos y
    derivaciones" de esta realidad más compleja que entrega,
    por cuanto la perspectiva narrativa en la cual se coloca no le
    permite otra fuente de conocimiento que la conciencia afiebrada
    de un hombre que está muriendo de septicemia en un
    sanatorio. De ahí, la ironía y la
    imprecisión que sustentan la narración en este
    nivel de la configuración de lo imaginario en "El Sur" o,
    como dice Borges: "la imprecisión es tolerable o
    verosímil en la literatura, porque a ella propendemos
    siempre en la realidad. La simplificación de estados
    complejos es muchas veces una operación
    instantánea. El hecho mismo de percibir, de atender, es de
    orden selectivo: toda atención, toda fijación de nuestra
    conciencia, comporta una deliberada omisión de lo no
    interesante. Vemos y oímos a través de recuerdos,
    de temores, de previsiones. En lo corporal, la inconsciencia es
    una necesidad de los actos físicos". (24). La cita evita
    cualquier tipo de comentario.

    Por otra parte, la exposición misma de los
    segmentos narrativos nos están conformando una
    proyección gradual de la construcción imaginaria,
    hasta llegar al último de carácter extremadamente
    irónico y definidor, porque lo cierto es que el viaje que
    está a punto de emprender con ese "Increíblemente,
    el día prometido llegó", es un viaje hacia la
    muerte misma. Dahlmann en el umbral del más allá,
    sueña la muerte que le habría gustado tener.
    Así se explica que, ante la alternativa de sus dos linajes
    "eligió el de ese pasado romántico, o de muerte
    romántica". Entre el segmento narrativo uno, donde el azar
    juega un papel
    preponderante, (característica típica de la
    narrativa hispanoamericana contemporánea) hasta el
    segmento narrativo once –puerta de salida hacia lo
    fantástico-, la narración atraviesa por una serie
    de etapas enunciativas que van confirmando y conformando el
    momento que vendrá después, al mismo tiempo que
    encuentran su justificación y explicación en el
    segmento narrativo inmediatamente anterior. De este modo, el
    lenguaje literario, paulatinamente va recreando la realidad en un
    tono siempre creciente de construcción
    imaginaria.

    "El tercer método, el
    más difícil y eficiente de todos, ejerce la
    invención circunstancial" (25). En "El Sur", la
    "invención circunstancial" como tercera postulación
    de la realidad que Borges distingue corresponde al
    sueño-viaje, invención febril de la conciencia de
    Dahlmann:

    "Mañana me despertaré en
    la estancia
    , pensaba, y era como si a un tiempo fuera dos
    hombres: el que avanzaba por el día otoñal y por la
    geografía
    de la patria, y el otro, encarcelado en un sanatorio y sujeto a
    metódicas servidumbres" .(26)

    "Salieron, y si en Dahlmann no
    había esperanza, tampoco había temor.
    Sintió, a atravesar el umbral, que morir en una pelea a
    cuchillo, a cielo abierto y acometiendo, hubiera sido una
    liberación para él, una felicidad y una fiesta, en
    la primera noche del sanatorio, cuando le clavaron la aguja.
    Sintió que si él, entonces, hubiera podido elegir o
    soñar su muerte, esta es la muerte que hubiera elegido o
    soñado". (27)

    El primer párrafo
    citado nos lleva, de inmediato, a recordar la estadía de
    Dahlmann en el sanatorio, señalada en los segmentos
    narrativos 7,8,9, 10 y 11, que nos describen los momentos de la
    operación y posoperación y, en forma muy especial,
    el segmento narrativo 9 donde Dahlmann odia su identidad. El
    desdoblamiento de la conciencia del personaje que se observa en
    la cita que estamos estudiando nos coloca, en primer lugar, ante
    uno de los conceptos básicos de la teoría borgiana
    y que ya fue señalado: el de la identidad y pluralidad del
    ser: el hombre es uno y varios al mismo tiempo. Comprender esto
    en toda su proyección contemplativa es de vital
    importancia para el desarrollo del análisis por cuanto el personaje
    sueña una muerte –aquella que habría
    escogido- en el mismo instante en que en verdad
    está muriendo. En rigor, en ninguna parte del cuento se
    nos dice que Dahlmann muere en el sanatorio pero, en honor a este
    rigor, tendríamos también que convenir que, si
    hubiera mención alguna en este sentido, la
    narración perdería todo su encanto, toda su
    magicidad, toda su misteriosidad. La muerte de Dahlmann es un
    hecho insinuado, develado fantásticamente en su muerte
    soñada: "Sintió que si él, entonces, hubiera
    podido elegir o soñar su muerte, ésta es la muerte
    que hubiera elegido o soñado". La muerte soñada
    explica la muerte "real". La invención circunstancial
    trabaja, en consecuencia, sobre la base de la imaginación:
    los hechos no se presentan bajo formas corpóreas o
    geométricamente discernibles; por el contrario, ellos
    aparecen insólitamente adoptando la forma de la
    insinuación, es decir, no se escriben "los primeros
    contactos de la realidad, sino su elaboración final en
    concepto".
    (28). Por lo mismo es que el sueño-viaje se nos aparece
    como el sostén del cuento, porque hacia él
    convergen los dos momentos anteriores vistos en este trabajo como
    niveles diferentes de la construcción imaginaria y, de
    él surgen –como grado máximo de realidad
    imaginaria- los hilos explicativos que justifican el hecho clave
    del cuento: la muerte real de Dahlmann. No
    comprender esto es, a nuestro entender, desconocer en "El Sur"
    una dimensión única de la realidad. A veces, suele
    ocurrir que las cosas obvias, en la literatura como en la vida,
    se dejan de lado porque se piensa que ellas están
    sobreentendidas y son, por lo tanto, de dominio
    universal. La muerte real de Dahlamann es una de ellas: la
    crítica parte de allí pero nunca llegó hasta
    ella; es decir, se acepta el fenómeno sin comprender ni
    bien ni mal las causas que lo originan.

    Nuestra exposición ha pretendido demostrar el
    carácter proteíco que la postulación de la
    realidad asume en el cuento y cómo, el sueño-viaje,
    expresión última en la construcción de lo
    imaginario, eso que Borges llama de "elaboración final en
    conceptos", explica el "hecho obvio" abriendo las puertas hacia
    el misterioso encantamiento de la imaginación: una
    Superrealidad.

    Notas y
    bibliografía

    1. Borges, Jorge Luis, "Ultraísmo" en
      Nosotros, XXXIX, 1921. En este ensayo
      crítico se encuentran las bases de la poética
      borgiana.
    2. Borges, Jorge Luis, Fervor de Buenos Aires,
      Buenos Aires, Imprenta Serantes, 1923.
    3. Prólogo "A quien leyere" en Fervor de
      Buenos Aires
      , Ob. cit., página sin enumerar. Pero,
      en la edición de las Obras Completas, tomo I,
      Barcelona,
      Emecé Editores, 2001, leemos: "Si las páginas de
      este libro
      consienten algún verso feliz, perdóneme el lector
      la descortesía de haberlo usurpado yo, previamente.
      Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la
      circunstancia de que seas tú el lector de estos
      ejercicios, y yo su redactor".
    4. Borges, Jorge Luis, El Hacedor en Obras
      Completas
      , Buenos Aires, Emecé
      Editores,1974.
    5. El Hacedor, Ob. cit., página
      803.
    6. El Hacedor, Ob. cit., página
      804.
    7. "El Sur" en Ficciones. Ver Obras
      Completas
      , edición de 1974 (Nota 4). Citamos por
      esta edición.
    8. La Nación, 8 de febrero de
      1956.
    9. Ficciones. Ver nota 7.
    10. "Posdata de 1956". Ver Prólogo a
      Ficciones, Ob. cit.
    11. Phillips, Allen, "El Sur", de Borges en Revista
      Hispánica Moderna
      , XXIX, N. 2, 1963. Tomado del
      trabajo de Zunilda Gertel. Ver nota 15.
    12. Accidente sufrido por Borges. María
      Angélica Bosco en su libro Borges y los otros,
      Buenos Aires, Compañía General Fabril Editora,
      1967, entre las páginas 89 y 90, recoge la información de la madre del autor, Leonor
      Acevedo: "Había ido a buscar a una invitada a la comida
      y no regresaba. Yo estaba enloquecida. En eso me llamó
      de la Asistencia Pública para decirme que había
      tenido un accidente, pero que no me preocupara. Sucedió
      que como el ascensor no andaba subió por la escalera muy
      rápido y no vio una ventana abierta, la punta de la hoja
      se le incrustó en la cabeza y le hizo una herida
      profunda que no fue desinfectada antes de la sutura y al
      día siguiente tenía 40 grados de fiebre. La
      fiebre no cedió y hubo que operarlo en plena noche.
      Estuvo dos semanas entre la vida y la muerte, con septicemia y
      40, 41 grados de fiebre; al cabo de la primera semana la fiebre
      empezó a ceder y me dijo: ‘léeme un libro,
      léeme una página’. Había tenido
      delirios, veía entrar animales en el
      cuarto, etcetc… Le leí una página y me dijo: Va
      bien -¿Cómo?- Sí, sé que no voy a
      volverme loco, comprendí perfectamente. Desde que
      volvió a casa empezó a escribir un cuento
      fantástico, el primero. El libro del que yo le
      había leído una página eran las
      Crónicas Marcianas de Bradbury (que luego
      prologó). Y desde entonces ha escrito cuentos
      fantásticos que me dan un poco de miedo porque no los
      entiendo". La versión del propio Borges en
      torno a este
      hecho es la siguiente: "En la Navidad de
      1938 –el mismo año en que falleció mi
      padre- sufrí un grave accidente. Subía por una
      escalera y de pronto sentí que algo me rozaba el cuero
      cabelludo. Había chocado con una ventana abierta y
      recién pintada. A pesar de los primeros
      auxilios, la herida se infectó después y
      durante una semana no pude dormir, sufrí alucinaciones y
      tuve mucha fiebre. Una noche perdí el habla y tuve que
      ser llevado al hospital para una operación de urgencia.
      Me amenazó una septicemia, y durante un mes estuve, sin
      saberlo, entre la vida y la muerte. (Mucho después
      escribí sobre esto en mi cuento "El Sur"). Ver: Emir
      Rodríguez Monegal Borges, una biografía literaria, México, Fondo de Cultura
      Económica, 1993, página 291. Ahora bien, la
      versión que da la madre y que Monegal recoge en la
      página 294 del texto citado, no difiere mucho en el
      contenido, de lo señalado por María
      Angélica Bosco. En cuanto a Borges, él
      continúa su relato así: "Cuando comencé a
      recuperarme, temí por mi integridad mental. Recuerdo que
      mi madre quiso leerme páginas de un libro que yo
      había pedido poco antes, Out of the Silent Planet
      de C. S. Lewis, pero durante dos o tres noches la
      postergué. Al final lo hizo, pero tras escuchar una
      página o dos comencé a llorar. Mi madre me
      preguntó el motivo de las lágrimas. ‘Lloro
      porque comprendo’, le dije. Poco después, me
      preguntó si podría llegar a escribir de nuevo.
      Previamente había escrito algunos poemas y
      docenas de reseñas breves. Pensé que si ahora
      intentaba escribir otra reseña, y fracasaba en ello,
      estaría perdido intelectualmente, pero que si lo
      intentaba con algo que realmente nunca hubiera hecho antes, y
      fallaba en eso, no sería entonces tan grave y hasta
      podría prepararme para la revelación final.
      Decidí que intentaría escribir un cuento. El
      resultado fue "Pierre Menard, autor del Quijote". (Monegal,
      página 294).
    13. Irby, James, Encuentro con Borges, Universidad
      de México, XVI, N. 10, página
      8.
    14. Alazraki, Jaime, La prosa narrativa de Jorge Luis
      Borges
      , Madrid, Gredos,
      1968. Tomado del trabajo de Zunilda Gertel. Ver nota
      15.
    15. Gertel, Zunilda, "El Sur, de Borges; búsqueda
      de la identidad en el laberinto" en Nueva narrativa
      hispanoamericana
      , Vol. 1, N. 2, septiembre de 1971,
      página 39.
    16. Todorov, Tzvetan, "Les catégories du
      récit litteraire" en Communications, N. 8, 1968.
      Reconoce tres categorías en la correlación
      narrativa: 1. Enchainement, que consiste en yuxtaponer
      historias, una a continuación de otra; 2. Alternance,
      narración de dos historias entregadas
      simultáneamente en forma fragmentada y, 3. Enchasement,
      relato de una fábula dentro de otra (ficción
      dentro de la ficción), página 140.
    17. Borges, Jorge Luis, "La postulación de la
      realidad" en Discusión. Ver Obras
      Completas
      , edición de 1974 (Nota 4). Citamos por
      esta edición.
    18. "La postulación de la realidad", Ob. cit.,
      página 219.
    19. "El Sur", Ob. cit., página 525.
    20. "La postulación de la realidad", Ob. cit.,
      página 219.
    21. Ortega y Gasset, José, "Ideas sobre la
      novela" en
      Meditaciones del Quijote, Madrid, Ediciones de la Revisa
      de Occidente, 1970, Colección "El Arquero",
      página 200.
    22. Goic, Cedomil, Historia de la Novela
      Hispanoamericana
      , Chile,
      Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1972,
      página 180.
    23. Pouillon, Jean, Tiempo y Novela, Buenos Aires,
      Paidós, 1970. Reconoce tres tipos de "visiones": 1.
      Visión "con", narrador sabe lo mismo que el personaje;
      2. Visión "por detrás", narrador sabe más
      que el personaje y, 3. Visión "desde afuera", narrador
      sabe menos que el personaje. Por su parte, Tzvetan Todorov en
      Literatura y Significación, Barcelona, Editorial
      Planeta, segunda edición, toma las "visiones" de
      Pouillon y las simplifica. Ver página 100.
      También en Communications, N. 8, página
      142.
    24. "La postulación de la realidad", Ob. cit.,
      página 218.
    25. Idem., página 220.
    26. "El Sur", Ob. cit., página 527.
    27. Idem., páginas 529-530.
    28. "La postulación de la realidad", Ob. cit.,
      página 218.

     

    Alejandro Carreño

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