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La problemática antropológica: A propósito de una reflexión filosófica

Enviado por marisela



  1. Evolución histórica de las concepciones filosóficas sobre el Antropologismo

Evolución histórica de las concepciones filosóficas sobre el Antropologismo.

El problema filosófico central que ha preocupado a los pensadores de todas las épocas ha girado en torno al ser humano: su actitud ante la naturaleza, el principio natural que contiene hacia sus ascendientes y descendientes; los limites de la libertad del individuo, el sentido de la vida, la muerte y la inmortalidad, etc. El pensamiento filosófico apunta hacia éstas como cuestiones que constituyen lo que llamamos: "problema del ser humano".

El término antropología proviene de la raíz griega antropos (hombre) y la terminación nominal logía (ciencia). Su significado etimológico es por tanto, el de ciencia del hombre, aunque desde una perspectiva más amplia la definición adecuada seria ciencia de la humanidad. Se sabe, sin embargo, que la antropología no es la única ciencia cuyo objeto son los seres humanos, ya que la naturaleza animal, por ejemplo, es estudiada por las ciencias biológicas. La antropología se constituye en una disciplina integradora y más amplia, ya que se combinan en ella las dos grandes divisiones de las ciencias: las ciencias biológicas y las ciencias humanísticas o sociales, ya que no se limita a un grupo particular de individuos ni a un periodo determinado de la historia, sino, que se orienta tanto a la formación pretérita de la constitución del hombre y la evolución estructural de la humanidad, como al desarrollo de sus civilizaciones o pueblos, enfocando este proceso desde una perspectiva filosófica.

Afirma Carlos Marx:, en su célebre Tesis 6 sobre Feuerbach "… la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en realidad, el conjunto de relaciones sociales". Ello implica que la concepción científica del hombre como sujeto histórico trasciende a un individuo humano concreto, que tiene sus particularidades biológicas, sus rasgos exteriores individuales determinada posición en la sociedad y una carrera propia de él; para afirmarse en el marco de la socialidad donde los hombres se realizan en el sistema de sus relaciones; lo que nos señala los principios esenciales que lo diferencian de la naturaleza, el carácter de sus relaciones con la sociedad, la base objetiva de la subjetividad humana y la esfera en que se desarrolla su actividad.

La historia de la antropología nos muestra brillantes ejemplos de cómo se forma una nueva actitud del hombre hacia sus semejantes y hacia sí mismo, algo que evoluciona desde las sociedades esclavistas de la antigua Grecia y Roma. Sófocles, el gran trágico griego, expresó: "Muchas cosas hay admirables, pero ninguna es más admirable que el hombre". Es en este contexto de búsqueda de lo esencial humano, que aparece una nueva etapa de desarrollo del individuo humano, una nueva valoración social del hombre, con nuevos valores como libertad, responsabilidad, valentía, heroísmo, vergüenza; todos desconocidos en la sociedad primitiva. El mundo griego antiguo no es tan directo como el del hombre primitivo. El griego ya no puede centrarse en la armonía de lo inconsciente, en el tiempo y el espacio ilusorios, es decir, no puede encontrarse en las condiciones en que ha vivido el individuo de la sociedad primitiva. Por un lado siente más las relaciones con el cosmos, con sus semejantes, comienza a sentirse parte de un todo único. Por primera vez comienza a darse cuenta del dramatismo de su ser, reflejado en las relaciones contradictorias de la muerte y la inmortalidad, de lo finito y lo infinito, la necesidad y la libertad, la casualidad y la ley.

En el mundo antiguo el comercio cada vez más intenso, las guerras intestinas y contra los estados vecinos, el dinamismo de la vida política, el ambiente de debates políticos, de libre discusión de complejos problemas estatales, hacían más estrecha las relaciones entre la gente, que no eran desde luego las relaciones existentes en la comunidad primitiva, pues ahora se organiza la vida social y el papel del hombre en la misma, a partir de un interés particularmente económico que estimula los intensos y variados contactos contactos entre grupos de hombres. Es decir, el hombre ya reconoce la existencia de un tiempo único para todos los seres humanos y de un universo único. No obstante sigue siendo un hombre dominado por el miedo y la confusión, en el cual la percepción del futuro desconocido se personificaba en la imagen del hado. En el pensamiento filosófico ya no se trata de un principio irracional, ciego y oscuro en que se basaba el mundo, sino que en la base del mundo actúa el logos como fundamento racional de lo existente, como lo deja sentado Heráclito, al abordarlo como un principio racional absoluto, es decir, como una ley objetiva.

En el pensamiento socrático encontramos también un punto de avance de la doctrina antropológica. Sócrates fue el fundador de la concepción antropológica que situó al hombre en el centro de sus intereses, y utilizó como punto de partida al problema moral, a la autoconciencia: "Conócete a ti mismo" sería su máxima para organizar la actividad racional y la comprensión integral del papel y la significación del hombre en la realidad. A partir de esta idea, los problemas éticos como lo justo, lo bueno y lo bello, serían indicadores del papel del hombre en la realidad y prueba de su existencia intervinculada con el macrocosmos. Sus indagaciones revisten la forma de preguntas sobre conceptos generales de carácter moral: ¿Qué es la piedad? ¿Qué es el valor? ¿Qué es el autodominio? Para la doctrina socrática, el conocimiento auténtico no es el saber por el saber, es decir, el saber teórico; sino el saber práctico que tiene cierta utilidad para el hombre. Al decir de Sócrates, el hombre puede llamarse hombre únicamente cuando aspira a comprender las leyes universales en su unidad con el medio y no sólo cuando conoce las leyes del estado. En la obra socrática también hay un conocimiento profundo del pensamiento de los antiguos filósofos de la naturaleza, pero concentró su interés en el ser humano. Pretendió fundamentar un conocimiento riguroso y convertir a la filosofía en una ciencia. A pesar de su condición de ágrafo, ejerció una influencia decisiva en el pensamiento occidental, cuyo racionalismo fue uno de los primeros en configurar.

El sofismo influyó también en la conformación de la teoría antropológica. Protágoras como el más importante de los sofistas, ocupa un lugar destacado en esta contribución. Aunque los investigadores burgueses han interpretado a Protágoras como si fuera un escéptico absoluto, haciendo una traducción lineal de uno de sus fragmentos más conocidos, hay un error metodológico en ello: "El hombre es la medida de todas las cosas: de las que son en cuanto son, de las que no son en cuanto no son". Sucede que la expresión griega correspondiente a "en cuanto" puede ser traducida de otro modo, a saber: "de las cosas que son porque son". Interpretando de este modo el fragmento, Protágoras no es subjestivista ni escéptico y su tesis contiene un elemento de Antropologismo que presenta un matiz materialista. Esto concuerda con la caracterización hecha por Sexto el Empírico, según la cual, para Protágoras, la materia es fluida y las causas fundamentales(los logos) de todas las cosas, se encuentran en la materia.

De conformidad con Platón, por encima de todo está la idea del bien, la superación del principio sensual, ciego y oscuro en el hombre, el descubrimiento y el desarrollo de la parte razonable del alma triunfa sobre la parte sensitiva. Para los antiguos griegos, el hombre ha de tomar conciencia de sí mismo, de lo claro y lo oscuro que hay en él y sólo después rechazar lo que corresponde a la verdadera medida humana. La doctrina filosófica de Platón comprende una temática muy amplia: el ser, el mundo y su origen, el alma, la sociedad, la división del trabajo, la educación, el arte y otros; esta doctrina es idealismo objetivo, pues la materia es considerada como algo derivado de las "especies" o "ideas", inmateriales, que anteceden a la materia y existen fuera e independientemente de la conciencia de los hombres. Platón afirmaba que la mayoría de los hombres son incapaces de acercarse con sus esfuerzos personales a la percepción, de ahí la necesidad del Estado y las leyes.

La doctrina de Platón ejerció excepcional influencia sobre todo al desarrollo posterior del pensamiento filosófico, en particular del idealista.

Esta mirada al pensamiento filosófico en torno al hombre en la antigüedad clásica griega nos indica cómo se va vertebrando un gran paso de avance, pues el individuo obtiene el derecho a actuar de manera independiente y se concibe a la razón como medio de autocontrol de su actividad.

En el arte griego se perciben estos elementos de cambio en cuanto a la concepción y el papel del hombre en la realidad, a partir de la gran influencia que recibe de las concepciones filosóficas de la época. Por ejemplo, en la escultura, los primeros años del conocido como período arcaico constituyen una fase de tanteos de la anatomía humana por parte del escultor, de ahí que las obras presenten una total limitación de los movimientos, observándose una marcada rigidez, por ejemplo en: "La Diosa Sentada". Sin embargo, ya en el siglo V ane, el llamado Siglo de Oro de Atenas, indudablemente el ser humano era el tema más digno de estudio. De ahí que la interpretación de la figura humana se basase en la representación anatómica del hombre en su conjunto. Se aprecia una tendencia a la idealización del hombre. Por esta razón, los temas que más escogían los artistas eran el amor a la naturaleza, el amor a la pareja, a la belleza del cuerpo humano, el deporte y por supuesto, pasajes de la mitología griega. Ello hace que modelen a hombres jóvenes y maduros, no viejos, porque para ellos la vejez es sinónimo de decadencia física. La más famosa de las esculturas de esta época es el "Discóbolo" de Mirón, que es una figura atlética reproducida en un conjunto de acentuada tensión de sus músculos, donde el movimiento no tiene antes ni después, es decir, que no se sabe de donde viene ni hacia donde va.

En la arquitectura, lo que más se destaca es la construcción de templos, concebidos como la casa de los dioses, tal es el caso de la "Acrópolis" y el "Partenón", que por su belleza, perfección y tamaño van a reflejar el anhelo de grandiosidad del pueblo griego, pues sus dimensiones no hacen sentir al hombre empequeñecido ante la obra, sino todo lo contrario, se siente un hombre magnánimo que ha logrado cierto desarrollo de las fuerzas productivas, prosperidad material de las ciudades, cuyas construcciones deslumbrantes son la prueba de su poder. En la literatura también el hombre es el centro de su interés, pues aparecen muchos poemas dedicados al amor y la naturaleza, comenzando con los poemas épicos de Homero y Hesíodo. Del primero "La Iliada", que es un canto en torno a la cólera de Aquiles y del segundo es un poema del retorno de Ulises, que si bien está cargado de mitología, en sus paradojas exalta la condición mortal de la vida humana y sus aspectos morales como el amor, la paciencia y el destino.

El teatro, vinculado directamente con el dios Dionisio, el más popular de la mitología de Grecia Antigua, al representar el principio fecundador de la vida, que desarrolla la armonía en la tierra y contribuye a la civilización, para lo que regala a los hombres la vid, riqueza básica de la economía griega. Fue un teatro muy popular que refleja la vida de la ciudad, sobre todo la política, destacándose las comedias y las tragedias de Esquilo que nos reflejan un ideal humano moralizador y una democracia teocrática, donde los hombres tienen responsabilidad dentro del marco religioso del estado; ello sucede, por ejemplo, en la obra "Prometeo Encadenado". En Sófocles se representa a un hombre esencialmente religioso, pues no está de acuerdo con el humanismo laico que se desarrolla en el pensamiento filosófico: él mantiene que el hombre no puede formar su propio destino, sino que son los dioses los que rigen el destino humano, lo que expone por ejemplo en "Edipo Rey". Otros de los grandes trágicos fue Eurípides, que representó en sus obras a los mitos, pero con un espíritu crítico y racionalista, influido por las ideas de los sofistas Protágoras y Geórgicas. Sus obras se convierten en un instrumento de lucha que denunció la crisis de la familia y la sumisión de la mujer como motivo de males insuperables., como sucede en su clásico "Medea".

Podemos afirmar que si bien la filosofía griega configuró una imagen liberadora del hombre como sustento de su antropología, fue el arte el que mejor expresó sus tesis al brindar una imagen humana plena de significados y autenticidad para la civilización.

En el medioevo, el feudalismo significa en la práctica una nueva concepción del papel del hombre en el mundo real, pues todos los problemas que preocupaban a la humanidad se reducían a uno solo, el de las relaciones entre el hombre y Dios. Es la época de dominación de la ideología cristiana: los problemas referentes a la lucha del hombre contra el destino, que ni los dioses podían cambiar, parecían estar resueltos: la ciega suerte cedió lugar a la Divina Providencia. En el mundo no hay nada casual, todo está subordinado a un solo principio regulador, que es Dios, que personifica al conocimiento absoluto, la perfección absoluta y el bien supremo. Según ellos el hombre no sólo existe, vive y siente, sino también es capaz de comprender y reflexionar y en ese sentido está emparentado con los ángeles. Si el hombre desarrolla ese don concedido por Dios, cumplirá su misión en el mundo y se "salvará". Es la catedral medieval, con sus formas arquitectónicas, el modelo del mundo tendiente a elevarse por los aires, a alcanzar la bienaventuranza. Para ellos, el mundo es cognoscible en su calidad de mundo creado, finito en el espacio y en el tiempo. De ahí que las posibilidades de perfeccionamiento del hombre en ese mundo finito sean limitadas. Las creaciones de Dios las puede conocer solamente la razón movida por la fe. También el método para conocer el mundo estaba lejos de ser científico. Por cuanto, el mundo no existe de por sí, parece ser escrito por Dios y el conocimiento de cualquier elemento de ese mundo sólo es posible si se aclara el lugar que en la idea general del creador corresponde a la idea creada. Por ello el objetivo del conocimiento consiste en descubrir las relaciones jerárquicas entre los protocolos divinos y sus manifestaciones terrenales.

El individuo humano existe como una integridad sólo su relación con el servicio a Dios. Por eso todas sus manifestaciones exteriores individuales son censuradas. Por esto que la autobiografía como género casi no está presente en la literatura, solo se muestran vidas de santos que solo reflejan los rasgos típicos, pues el hombre ha de ser la encarnación de las virtudes típicas, comunes para todos. Para ellos el centro real del universo resulta ser Dios y no el hombre, en la práctica el antropocentrismo, concepción según la cual el hombre es el centro y el objetivo final del universo que surge en la antigüedad, se transforma en teocentrismo, según la cual Dios es el centro del universo. Por una parte, el hombre debe ser dueño del mundo, por otra depende enteramente de la gracia de Dios. Este dualismo se cernía sobre el hombre, pues en él estaban en pugna el alma y la carne, el pecado y la virtud, lo finito y lo infinito, lo general y lo singular.

Uno de los máximos representantes fue Santo Tomas de Aquino, filósofo de la Edad Media, en cuya doctrina trató de explicar la armonía entre la fe y la razón. Consideraba que el entendimiento es capaz de demostrar racionalmente la existencia de Dios y de rechazar las objeciones a las verdades de la fe. Situaba todo cuanto existe en un orden jerárquico creado por Dios. Desarrolló la teoría de las cinco vías para demostrar la existencia de Dios.

El hombre de la Edad Media se rechaza a sí mismo como hombre y considera que su meta es la vida totalmente espiritual. La muerte y la eternidad constituyen los valores más altos. La naturaleza en el arte tiene un carácter pecaminoso. Como resultado de la ruina económica, producida por el descenso del comercio, la crisis monetaria y el carácter agrario que fue tomando la vida, trae como resultado la decadencia de las ciudades y de la cultura en la región occidental. No obstante Oriente mantiene su estabilidad económica y se convierte en el continuador de la cultura romana.

Los procesos económico-sociales de cambio en el antiguo mundo románico y la influencia del cristianismo producen un cambio en la forma de ver el mundo el artista, dando lugar al arte bizantino, en el que las imágenes de santos se multiplicaron considerablemente, revelándose no solo en los templos, sino también en las casas, en los centros de peregrinaje y en los monasterios. Es evidente la puesta en escena de las concepciones filosóficas y el pensamiento que sobre el hombre se tenía en la época. En esta etapa la forma resulta opacada por el contenido que subyace en ella. El bizantino es un arte religioso y monárquico, que responde a una autoridad que centraliza el poder eclesiástico, civil y militar, en la figura del emperador, exaltado hasta la altura de divinidad; que expresa el absolutismo autocrático y la grandeza sobrehumana de un imperio donde el hombre simple desaparece. La arquitectura dio lugar a la construcción de lugares especialmente ideados para el culto cristiano.

En Europa Occidental, la iglesia se va a convertir en el mayor señor feudal y la principal potencia financiera, que rige la vida espiritual de señores y vasallos, posee el control de la cultura concentrada en los monasterios, donde se guardan celosamente las obras de la antigüedad y sólo en ellos es posible aprender a leer y a escribir. La proliferación de los monasterios, junto a los cuales se erigían los templos, es la tónica predominante en la edad media. Cada monasterio se caracterizaba, al igual que el castillo feudal, por estar rodeado de murallas. Los capiteles de las columnas, los dinteles y témpanos de las iglesias se cubren de figuras que narran pasajes de la historia sagrada o de la Biblia. Es característico de esta arquitectura la verticalidad, que posee un sentido simbólico, pues mientras más alto sea, así el hombre deberá elevarse a Dios. Las imágenes católicas se adaptan al gusto popular ambiental, que el hombre medieval comprende y asimila. La escultura representa las imágenes de Cristo en la cruz o de la Virgen con el niño, de una simplicidad extraordinaria. Algo significativo en esta etapa es que aparece el arte de la vidriera, con el fin de disminuir la penumbra de la iglesia románica, además de servir como elemento decorativo.

Desde el punto de vista literario se desarrolla la cultura caballeresca, formada por grandes obras épicas, en que se reflejan los ideales de los caballeros. Un ejemplo de epopeya medieval es la "Canción de Roldán", que es un canto de gesta que simboliza la imagen del caballero perfecto. Entre las novelas caballerescas la más conocida es "Tristán e Isolda", que celebra la fidelidad y la abnegación en el amor. Paralelamente aparece la literatura ciudadana, entre la que adquirió fama "El Romance del Zong", en lque se utilizan algunos animales como símbolo para burlarse de los señores feudales, los curas y las representaciones religiosas. Por ejemplo: El león (rey), el lobo (caballero), el burro (cura) y el ciudadano astuto que era simbolizado por el zorro. En la música va a predominar el canto eclesiástico.

En los albores de las relaciones capitalistas parecía llegar un nuevo "siglo de oro" para el hombre activo, terrenal, que había sacudido las cadenas del escolasticismo medieval, liberándose de la tiranía del autoritarismo. La evocación de la cultura antigua, prohibida en la Edad Media, era casi siempre una forma de luchar contra las contradicciones, normas sociales y valores del medioevo. Este período comprendido entre el siglo XIV y el XVII es conocido como Renacimiento.

Durante el Renacimiento, el desarrollo de las relaciones monetarias–mercantiles, la urbanización y la ampliación de la producción, hicieron surgir un personaje típico: el hombre práctico, jefe, usurero, diplomático; distintas formas de contacto social que son para el individuo más que una necesidad exterior, un medio para alcanzar sus objetivos particulares. Cambian los límites espaciales de la vida del hombre, aumenta el campo de su actividad, pues es una nueva época caracterizada por el desarrollo de las nuevas relaciones comerciales, la época de grandes descubrimientos geográficos que abre ante el hombre mares y tierras incógnitas y lo hace superar enormes distancias. El hombre comienza a sentirse conquistador de nuevas tierras. Cambian asimismo las relaciones del hombre con el tiempo, pues con el desarrollo de la industria surge la necesidad de conocer el tiempo en precisión, de ahorrarlo, de economizarlo, ya que es un importante factor de la producción y de la intensa actividad qure caracteriza a esta época de titanes.

La aparición de nuevos valores, el espacio que es posible dominar y el tiempo rápido que obliga al hombre a darse prisa para hacer más obras buenas y útiles, evidencia que la posición del hombre en el mundo se ha modificado. El hombre ante todo es un ser activo, capaz de convertir cualquier parte del espacio en objeto de su actividad, oponerse al mundo circundante, enfocar de manera crítica las tradiciones y normas existentes. El contenido de la actividad humana en esta nueva época es contrario al teocentrismo cristiano, que coloca a Dios en el centro de todo lo existente, ahora el hombre llega a ser el centro real del universo y el teocentrismo cede lugar al antropocentrismo. El antiguo modelo dualista del hombre: alma divina y carne mortal, se derrumba. Todo en el hombre es digno de admiración, todo es divino -tanto el espíritu como la envoltura material-, incluso el miedo a la muerte resulta ser estimulo para una vida activa y creadora en la tierra.

En esta etapa se desarrolla la tesis humanista de: "Has lo que quieras", como expresión de la libertad creadora del hombre, que resulta transformada en la exhortación maquiavélica de: "El fin justifica los medios", por lo que el individualismo humanista cede lugar al egoísmo mezquino. El representante máximo de esta transformación de las concepciones humanistas burguesas fue Nicolás Maquiavelo, uno de los primeros ideólogos políticos burgueses, que planteaba: "La gente olvidara primero la muerte de sus padres, que la perdida de sus bienes". De esta forma estaba representando los rasgos fundamentales del individualismo burgués, que se iba estructurando y que expresaba la necesidad de liberar al hombre absolutamente de las trabas feudales. Por ello se opone a la concepción teocrática de que el estado dependa de la iglesia. Para el logro de este fin, plantea que hay que acudir a todos los medios incluso a los inmorales: el soborno, el asesinato, el envenenamiento, la perfidia y otros.

El arte renacentista se caracteriza por el amplio legado de la utilización de la cultura clásica greco-romana de la antigüedad, pues la cultura pagana de los antiguos era más afin y comprensible para la burguesía, que la de la sociedad feudal; ello explica el nombre de Renacimiento que tiene esta época, indicando un renacer, un retorno a la antigüedad clásica. En esta etapa el humanismo se convierte en la nueva ideología de las relaciones de producción capitalistas. El término no va a ser utilizado para reflejar condiciones humanas relativas a la bondad y el desarrollo pleno del hombre, sino que da nombre a una ideología que convierte al hombre en el arquetipo, en el centro del mundo y de la vida terrena, a diferencia de la Edad Media, que lo rechaza a sí mismo como hombre y que consideraba como única meta la vida espiritual, donde Dios constituía el valor más alto.

Lo primero que hace el Renacimiento es crear un humanismo concreto, transformando la vida material del hombre en la sociedad, porque entiende que el hombre tiene que vivir mejor en la tierra; a diferencia del hombre medieval que lucha por prepararse para vivir mejor en el cielo. Esto trajo como resultado que comenzara una modernización de las ciudades, desarrollo del alumbrado público, los acueductos, la higienización, la forma de vestir se hace más ligera. En la arquitectura se pone de manifiesto el poder de la burguesía, que necesitaba de construcciones especiales para discutir sus problemas públicos, dando origen a los palacios como expresión arquitectónica de los grandes cambios, comienzan a utilizarse más las dimensiones porque son más funcionales.

El hombre renacentista aspira a eternizarse en memoria de la posteridad; los términos "fama" y "gloria" serán muy importantes en este período. Toda la vida del hombre estará consagrada tanto a la acción como al pensamiento. El hombre de letras será a su vez hombre práctico.

En la pintura, la naturaleza va a perder su carácter pecaminoso que se le había conferido en el medioevo; lográndose una simbiosis de lo cristiano y lo pagano, pues se trasmite un mensaje religioso a través del intelecto y la razón pura, los santos son traídos a la tierra, a la naturaleza terrena y no son ya tan divinos, sino vivos y palpables. En la Edad Media era un pecado enseñar las carnes y los personajes se representan siempre vestidos, mostrando solo el rostro que representa el espíritu. El desnudo se inicia con Donatello a través de la escultura.

El artista típico del Renacimiento fue Leonardo Da Vinci, que fue un verdadero hombre universal y práctico que aspiraba a dominar todo el saber. No sólo fue pintor, sino también fue poeta, músico, ingeniero y bebió en las fuentes de los humanistas de su época. Ejemplo su famosa "Mona Lisa". Rafael a través de sus "Madonnas" refleja la idea platónica de la perfección humana y el orden de la naturaleza. La escultura se preocupó por restaurar la belleza y la fuerza del cuerpo humano, la vivacidad del espíritu, que deben caracterizar al hombre renacentista. Por ejemplo: Donatello con el "San Jorge" y Miguel Ángel, que fue un titán que dominó a la vez la arquitectura, la escultura y la pintura de su tiempo y en las tres artes creó obras maravillosas, entre las que tenemos su famoso "David", que parece tener vida y movimiento; expresa la vigilancia, la fortaleza y la ira, sus músculos están en tensión como esperando al enemigo y su rostro denota la seguridad en sí mismo y la seguridad por el tiempo. También en esta etapa aparece una nueva función del arte, pues estas obras no solo se crearon para deleitar los sentidos, sino que comienzan a convertirse poco a poco en una mercancía; las familias aristocráticas dominantes, que acumularon en sus mansiones obras de artes dando origen a lo que hoy conocemos por museos y a partir de estos momentos llevará la firma del autor.

Esta nueva concepción sobre la cultura también influyó en la literatura, destacándose Dante, Petrarca y Bocaccio, pero quien más va a reflejar en su obra los rasgos característicos de la nueva clase burguesa que se iba gestando fue William Shakespeare, con sus extraordinarias tragedias: "Hamlet", "Macbeth" y "Otelo", cuyos héroes son hombres de pensamiento poderoso y de firme voluntad, agitados por grandes pasiones, que no se detienen ante ningún peligro.

El desarrollo de las relaciones capitalistas en Europa y la transformación de la burguesía en clase dominante conducían a la modificación de todos los aspectos de la vida social. Cambiaban asimismo las exigencias que la sociedad presentaba a sus miembros. A diferencia del hombre del Renacimiento, que tiene abierto todos los caminos, a partir del siglo XVII se va conformando en modelo más preciso, determinado y racionalista del ser humano. Se inicia la Ilustración, la época de inauditas ilusiones y grandes descubrimientos, periodo en que la nueva sociedad y la nueva clase social burguesa toman conciencia de sí misma, dando lugar a que no solo en la base económica, sino también en la superestructura se establezcan las relaciones burguesas.

Los descubrimientos e invenciones técnicas de este periodo influían directamente en la autovaloración del hombre. La aparición de las nuevas realidades tales como la pólvora, la brújula, el horno de fundición de hierro, la transmisión mecánica y la imprenta, evidenciaba las enormes posibilidades del hombre. Los descubrimientos astronómicos de Copérnico, Galileo y Keppler, que acabaron con las viejas nociones sobre el espacio, sobre la organización y el carácter finito del universo, el descubrimiento de la circulación de la sangre por Harvey, la aparición de la mecánica newtoniana, que explica y sistematiza los descubrimientos hechos en la astronomía, la física y mecánica el desarrollo de la teoría de los métodos de conocimientos en los trabajos de Francis Bacon y René Descartes y otros. Todo eso conforma de manera patente la fuerza y las posibilidades ilimitadas de la razón humana. René Descartes en su concepción sobre el hombre asume una posición dualista, plantea: en el hombre, el alma y el cuerpo heterogéneos, ejercen entre sí una acción recíproca, donde el mecanismo corpóreo se concatena al alma.

En la época de la Ilustración, el optimismo cognoscitivo del hombre era ilimitado. La razón permite conocer el mundo circundante y a sí mismo. Al aprender a contar, a economizar el tiempo, medir el espacio y penetrar los misterios de la naturaleza, el hombre se sintió dueño de sus capacidades, costumbres y deseos; se sintió dueño de sí mismo. Rompió las trabas familiares, religiosas, negándose a reconocer ningún poder, ninguna coerción que no fuera la voz de su propia conciencia, el sentido de su propia dignidad. El joven capitalismo era la sociedad que necesitaba de una personalidad activa y consciente de sí misma, con derecho a la libre opción.

Una forma de tomar conciencia de esas necesidades objetivas del capitalismo en su desarrollo fue la llamada concepción antropológica que tenia una visión del hombre abstracta, al margen de la historia, que en vez de explicar la esencia humana por las relaciones sociales, deduce las características de la vida social, las cualidades humanas naturales y permanentes. Desde posiciones del antropologismo, la "naturaleza humana" no se basa en la sociedad, al contrario, la sociedad entendida como simple multitud de individuos, funciona según las leyes dependientes de la "esencia natural humana". Esta esencia natural significa que el hombre es la razón, el corazón y los sentimientos en acción.

El filósofo alemán Ludwig Feuerbach, partidario del Antropologismo, define la esencia humana así: "En el hombre perfecto se encuentran reunidos la fuerza del pensamiento, la fuerza de le voluntad y la fuerza del corazón. La fuerza del pensamiento es la luz del conocimiento; la fuerza de la voluntad, la energía del carácter y la fuerza del corazón, el amor". Feuerbach, como representante de la filosofía clásica alemana y una de las fuentes teóricas inmediatas de las cuales se nutrió el marxismo, concibe al hombre solamente como un individuo abstracto, como un ser plenamente biológico, descontextualizándolo de las relaciones sociales. Sin embargo su antropologismo encierra gérmenes de la concepción materialista de la historia, pues trató de dar una explicación desde una base materialista a la religión. No obstante su antropologismo se halla al margen de determinadas relaciones sociales, porque al igual que los filósofos anteriores ve al hombre como un ser contemplativo, al no incluir la práctica como núcleo de la actividad humana.

La crítica del antropologismo de Feuerbach, realizada por Marx, se expresa en su obra "Tesis sobre Feuerbach", al señalarse que: "Feuerbach diluye la esencia humana en la esencia religiosa, pero la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es en realidad el conjunto de las relaciones sociales"; con lo que se revela su error metodológico fundamental: ver al hombre como un ser contemplativo, pues no incluyen a la práctica como el núcleo de la actividad humana.

El Antropologismo del siglo XVIII y parcialmente del siglo XIX tiene un carácter racionalista. La inteligencia se consideraba como una de las facultades maestras naturales del hombre. Los representantes principales de este pensamiento planteaban: "Si la razón es el mando supremo de la esencia natural humana, todas las desgracias del hombre y de la humanidad se deben a la falta o al desarrollo insuficiente de esa facultad". Se concibe entonces que la ilustración sea una condición indispensable para "dulcificar las costumbres" de la sociedad y cambiarla sobre principios juiciosos, pues educar al hombre significaba en realidad protegerlo de las influencias exteriores de carácter coercitivo

Jean-Jacques Rousseau, partidario apasionado de la igualdad social y enciclopedista francés del siglo XVIII, opinaba que en la sociedad primitiva existía el llamado estado natural del hombre, cuando todos eran iguales, libres o independientes unos de otros. Concebía el ideal de la sociedad del futuro en el establecimiento de la igualdad natural de los hombres, violada por el desarrollo de la capacidad humana de perfeccionarse, cuando unos habían comenzado a adelantarse a los otros en su desarrollo. Es célebre su tesis de que la igualdad establecida es la igualdad del "contrato social". Para que el hombre que se une a sus semejantes continúe siendo libre, es necesaria la enajenación de una parte de sus derechos a favor de un todo social, sentenciaba Rousseau. Pero, perdiendo su estado natural, el hombre conserva lo más preciso: la libertad y el derecho de propiedad.

En esa teoría, que con su sencillez, racionalismo y humanismo había provocado tanta admiración entre los hombres progresistas de aquella época; ya apuntaban los antagonismos de la sociedad capitalista. Ante todo porque él no separa los conceptos de libertad y de derecho de propiedad, es decir, que el hombre puede renunciar a muchas cosas menos a ese sagrado derecho de "Ser" y "Poseer". Ser (libre, feliz, iguales); Poseer (de propiedad). Estos dos conceptos van juntos en la concepción antropológica del hombre de la época de la ilustración, que no tardó en manifestar su falsedad.

En esta etapa, después de afirmarse en las ciencias naturales estas ideas atomistas, éstas se extendieron a la esfera de la vida social. Por consiguiente el hombre también era un "átomo social", en el que se reunían cualidades eternas e inolvidables. Por un parte esta concepción era muy progresiva para su tiempo, porque fundamentaba la igualdad y daba impulso ideológico para destruir los tabiques sociales y por otra parte, tal concepción evidenciaba la falsedad en interpretar la relación hombre-sociedad, pues se supone que no debe de haber un divorcio entre el hombre y la sociedad y esto se afirmaba cuando era evidente la inminencia de la ruptura como resultado del proceso de enajenación.

El Antropologismo fundamentó la justificación ideológica de la cada vez mayor discrepancia de intereses del individuo y la sociedad, la justificación de los procesos de enajenación en la sociedad capitalista. La concepción antropológica del hombre contenía no sólo la afirmación optimista acerca de la identidad del individuo en la sociedad, sino también la justificación teórica de su ruptura.

Los enciclopedistas franceses Voltaire, Diderot, Rousseau, inspiradores ideológicos de la Gran Revolución Francesa del siglo XVIII, no se daban cuenta de esa profunda contradicción en su concepción del hombre. El curso de la historia, la actividad de los continuadores prácticos de los enciclopedistas que trataban de plasmar en la vida las ideas de la ilustración, puso de manifiesto dicha contradicción, pues hacia 1794 la República francesa eliminó el peligro de intervención, derrotó la contrarrevolución, eliminó los fenómenos residuales del feudalismo y al parecer abordó la construcción del reino de la libertad, igualdad y fraternidad. Pero sus guías pronto se percataron que la gente no se hacia mejor, pues aumentó la especulación, se acumula el capital y aparece la corrupción. Sus elevados principios eran utilizados por muchos para obtener bienes materiales. Sin querer, los líderes de la revolución abrieron el camino para el desarrollo impetuoso de la burguesía.

La filosofía clásica alemana, cuyos representantes fundamentales fueron Luwing Fouerbach y Federico Hegel, también abordó la problemática antropológica, pero en nuevas condiciones históricas.

El Marxismo supera las concepciones antropológicas de los filósofos anteriores introduciendo un nuevo contenido de lo humano, como producto superior de la evolución biológica: lo social, lo cual no puede ser comprendida en abstracto como algo externo al hombre, visto como un individuo acabado. El marxismo, al descubrir la esencia de la Concepción Materialista de la Historia, parte del hecho de que el núcleo de la actividad humana es la práctica y que el ser social es ante todo la vida material de la sociedad y la producción de bienes materiales. Se concibe al hombre como una compleja interrelación dialéctica entre lo biológico y lo social, como el valor supremo de la sociedad, pues ubica al hombre no como centro sino como un polo en su relación activa con la naturaleza, la sociedad y el pensamiento.

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  4. Circular 01/2000. - - Ciudad de la Habana: Ministerio de Educación. 2000.
  5. Circular 85/99. - - Ciudad de la Habana: Ministerio de Educación. 1999.
  6. Cruz Días, U. Diccionario biográfico de las artes plásticas. – La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1999. – 93 p.
  7. Cultura Política: Onceno grado / proyecto. - - La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 2001. – 31 p.
  8. Engels, Federico. AntiDühring. - La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1985. - 189 p.
  9. Gaarden, Jostein. El Mundo de Sofía, una novela sobre la historia de la filosofía. - La Habana: Ediciones Especiales, 1999. – 200 p.
  10. Hernández Sampieri, Roberto. Metodología de investigación / Roberto Hernández Sampieri: - México: Miembro de la Cámara Nacional de la Industria Editorial.
  11. Kaprivin, V. V. Conferencias sobre metodología de la enseñanza de las ciencias sociales / V. V. Kaprivin: - - La Habana: Editorial Orbe, 1981.
  12. Marx, Carlos. Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1944. - La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1973. - 135 p.

 

 

 

Autor:

Lic. Virginia Porta Cosme

Lic. Marisela Pérez Escalona

Lic. Daniel Moreno González

M. Sc. Lic. Rafael Izaguirre Remón

MINISTERIO DE SALUD PÚBLICA

FACULTAD DE CIENCIAS MÉDICAS "CELIA SÁNCHEZ MANDULEY"

GRANMA.

Manzanillo, junio del 2004.


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