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¿Qué hacer con el campo mexicano?

Enviado por santosmer

  1. Un poco de historia
  2. Veamos en qué consisten los dos grandes modelos de la teoría económica
  3. Proyecto de Nación
  4. ¿Cómo decidir? ¿Quién debe decidir?
  5. México se decide por el socialismo
  6. México toma la vía capitalista
  7. ¿Qué papel jugaría el campo mexicano?
  8. Construir una política de Estado para el campo
  9. Bibliografía

Sería una pregunta totalmente irrelevante si no fuera porque ahí, en el campo, vive más de la cuarta parte de la población; no producen los alimentos que México necesita; son víctimas de los grupos de izquierda que sueñan con crear zonas guerrilleras; los narcotraficantes sienten ambiente propicio para crear feudos esclavizantes; los jóvenes, que quieren un futuro mejor, se ven obligados a emigrar arriesgando sus vidas en la frontera norte y, lo peor de todo, desperdicia el talento de millones de hombres y mujeres que en otras condiciones podrían hacer grandes contribuciones al progreso, prosperidad y felicidad, no sólo de los mexicanos sino del mundo entero. Lo paradójico es que nuestro campo, incluyendo costas, montañas, selvas, ríos, etc., posee condiciones climáticas, bellezas naturales, riquezas minerales y mucha gente inteligente (hasta se le llegó a llamar "el cuerno de la abundancia") que resulta casi inexplicable los niveles de pobreza, estancamiento, atraso y marginación que se padece. Para los ojos de muchos extranjeros México es una tierra de enorme potencial para construir casi el paraíso.

Pero se se ha sabido aprovechar ese potencial. No se han aplicado las políticas correctas para que el campo florezca. Lejos de tener gente próspera, se tiene allí un pueblo sin esperanzas, en pobreza extrema, inmovilizado física y mentalmente, manipulado y utilizado para fines electoreros, subordinado a las limosnas gubernamentales. Cierto que hay casos particulares que a pesar de todo el ambiente hostil, han encontrado la forma de prosperar, sobre todo en la parte norte del país.

Un poco de historia

Cuando Porfirio Díaz toma el poder, el campo (y la ciudad) era un completo desorden: poca producción y pugnas internas que creaban un ambiente de desconfianza e inseguridad. Muy pocos se atrevían a invertir pues corrían el riesgo de ser materialmente saqueados por los gobiernos en turno mediante los "préstamos forzosos" o asaltados y asesinados por bandoleros que se sentían muy nacionalistas odiando a los ricos y extranjeros.

Porfirio Díaz impone una política de libertad en lo económico y dictadura en lo político. A la gente que quería prosperar le indicaba que tenía la libertad de producir y comerciar, no había otro camino. Aquellos que querían prosperar haciendo "grilla" politiquera o sindical, aspirando a gobernaturas o la misma presidencia, eran tratados mal, verdaderamente mal. Pero la gente aprendió. Cientos o quizás miles aprovecharon la Ley de Deslindes y se remontaron a tierras vírgenes para cercar lo que pensaban trabajar. El gobierno se dispuso a proteger sus extensiones territoriales mediante Títulos de Propiedad. Tenían, además un largo plazo para pagar sus tierras. Así nacieron miles de haciendas a lo largo y ancho del territorio mexicano. El incentivo no sólo era para los nacionales, también para los inmigrantes que veían a México como una esperanza de prosperar. Chinos, alemanes, japoneses, crearon grandes plantaciones de café, caña de azúcar, maíz, etc. El comercio era libre.

Los productores podían vender en el territorio nacional o exportar a otras naciones sin que encontraran obstáculos de parte del gobierno, prácticamente no había aranceles ni impuestos. Además, la política monetaria de Porfirio Díaz era sólida, pues la producción de billetes estaba anclada a la producción de oro y plata. Por tanto, la inflación era prácticamente nula. El resultado de la política económica de Díaz se reflejó en un crecimiento y prosperidad nunca antes alcanzada.

Toda esta dinámica se vio frenada por la llegada de la Revolución Mexicana. Las ideas marxistas penetraron a territorio mexicano y se destruyó casi todo lo que se había construido en 30 años de capitalismo porfiriano. Se acabaron los ranchos y las haciendas. El gobierno destruyó el derecho de propiedad privada tal como indicaba la filosofía marxista. Las tierras pasaron a manos del Estado creándose el gran monopolio estatal de tierras. Se creó el ejido como mecanismo perfecto de control al campo. El agua, subsuelo, minerales, costas, bosques, ríos, presas, carreteras, etc., todo quedó en manos del Estado. Es decir, México prácticamente se sumó a la órbita socialista. No fuimos tan radicales como los soviéticos, pero poco nos faltó. Quizás el punto de máxima socialización se dio con el gobierno de Lázaro Cárdenas con la creación del monopolio estatal del petróleo y el monopolio estatal de educación. Pero no fue el único. Adolfo López Mateos creó el monopolio estatal de la electricidad y finalmente José López Portillo intentó crear el monopolio estatal bancario, aunque lo único que logró fue desaparecer a la banca mexicana.

Todo este movimiento socializante no marchaba en caminos alegres. El ciudadano común, aún sin tener el manejo de teorías económicas, no miraba con buenos ojos que todo lo manejara la burocracia estatal. Hubo empresarios que crearon sus asociaciones para defenderse del Estado. Algunos lograron traer a prestigiosos economistas de talla internacional que vinieron a México a dar su diagnóstico y a señalar los peligros que conlleva crear un orden comunista. Tal es el caso del gran economista Ludwig von Mises, de la Escuela Austriaca de Economía, que en 1943 llegó a México para hacer un estudio de la economía mexicana. Dio una serie de conferencias en las universidades y en el gobierno. Sus ideas fueron tan impactantes, llenas de una lógica tan sólida, que los hombres de estado que le escucharon, entre ellos el propio Manuel Ávila Camacho, pronto se dispusieron a aplicar algunas de sus recomendaciones. Sólo así es posible explicar por qué México tuvo 30 años de crecimiento sostenido. Por desgracia, nadie tuvo el cuidado de cultivar sus ideas en las nuevas generaciones y cuando llega Luis Echeverría se retoma el camino al socialismo.

Miguel de la Madrid tuvo el mérito de darle un giro de 180 grados al barco. Había que volver a confiar en los mercados, el capitalismo, la propiedad privada y la iniciativa de la gente. Carlos Salinas de Gortari logra darle a la economía un fuerte impulso en este sentido: Privatiza más de mil empresas burocráticas del Estado, libera a la economía de cientos de reglamentos inútiles, firma el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. La reacción de la izquierda no se deja esperar y surge el Movimiento Zapatista en Chiapas, el EPR, en Guerrero, el PRD y cientos de partidos, grupúsculos, organizaciones de maestros comunistas (CNTE) con el fin de regresar al viejo sistema comunista.

En resumen, la historia de México, en el campo y la ciudad, se debate entre dos grandes fuerzas, cada una sustentada en su propia filosofía: La que quiere hacer de México un país socialista y la que quiere hacer una economía de mercado.

Hoy en día, no está claro el rumbo de la nación: En la Presidencia de la República está un hombre que tiene alta simpatía por la economía de mercado, pero no sirve de mucho, pues en el gobierno del Distrito Federal hay otro que se opone a todo, pues es proclive al socialismo; las cámaras de diputados y senadores están conformadas con gente que adora a Fidel Castro (comunista); la intelectualidad, educada en las escuelas del Estado se siguen formando con ideas marxistas. Y en cuanto al campo, está lleno de líderes que tienen el corazón a la izquierda. Cierto que hay algunos organismos empresariales (como el Consejo Coordinador Empresarial) que tímidamente promueven la economía de mercado.

Para comprender nuestra zigzagueante historia, podemos verla en la siguiente gráfica:

Para ver el gráfico seleccione la opción "Descargar" del menú superior

Arriba de la línea recta se representa nuestra vivencia capitalista y abajo la socialista.

  • La cresta A representa la construcción del capitalismo en el régimen de Porfirio Díaz.
  • El valle B representa la socialización impuesta por la revolución mexicana.
  • La cresta C representa el capitalismo de 30 años llamado desarrollo estabilizador.
  • El valle D representa el socialismo que reinicia con Echeverría y acaba con Portillo.
  • La cresta E representa el capitalismo desde Miguel de la Madrid.

Y. como puede verse, estamos en un momento de indefinición.

¿Son sanas estas alternancias de rumbo?

La respuesta requiere comprender las implicaciones de seguir por una vía socialista o por una capitalista.

  • La vía socialista, que también podemos llamar vía comunista, fascista o nazi, tiene como objetivo la creación de un sistema económico con base en la eliminación de la propiedad privada.
  • La vía capitalista, que también podemos llamar economía de mercado, economía libre, economía liberal o neoliberal, tiene como objetivo la creación de una sistema económico con base en la propiedad privada.

Es decir, en economía, fundamentalmente sólo existen dos modelos teóricos a seguir: El que se basa en la propiedad privada y el que elimina la propiedad privada.

Es vital comprender los dos modelos teóricos fundamentales de la economía, pues muchos de los errores de los gobiernos y de la gente común, se deben a que no se entienden estos dos modelos, se toman medidas pragmáticas, lo primero que se les ocurre y, muchas veces, ni cuenta se dan que son conducidos a verdaderos infiernos. ¿Cuántas veces hemos visto estadistas muy bien intencionados, honrados a capa cabal, pero que crean estructuras socialistas sin darse cuenta hasta que ven el fracaso y el odio de los afectados?¿En qué me equivoqué? No hallan las respuestas porque desconocen la teoría.

Veamos en qué consisten los dos grandes modelos de la teoría económica

MODELO I

He puesto en el mismo costal al socialismo, fascismo, nazismo, cardenismo, comunismo, revolución mexicana, sovietismo, etc., porque todos ellos tienen en común la misma base económica: La eliminación de la propiedad privada. Todos ellos tienen en común la creencia de que es necesario tener un centro de control (gobierno de planificación centralizada). Este centro de control es para que organice "científica y racionalmente" la producción y distribución. Esto es suficiente --dicen-- para lograr una sociedad próspera, rica y llena de felicidad. Su argumento convenció a muchos durante todo el siglo pasado.
Así pues, cualquier país que pretenda crear ese centro de control para que decida todo lo que se debe producir, distribuir y consumir tiene que eliminar necesariamente el concepto de propiedad privada. Cuando los ciudadanos ya no son dueños de las fábricas, de sus casas ni de sus zapatos, lo único que les queda para sobrevivir es ser hombres dóciles y obedientes. Deben obedecer ciegamente las directivas, decisiones o caprichos del órgano central de gobierno a fin de recibir lo que ése órgano central considere que tiene derecho el ciudadano. Teóricamente ese órgano central es el que se encarga de estudiar las necesidades de todos y cada uno de los ciudadanos para así satisfacer los gustos y preferencias de cada hombre, mujer o niño. Nótese que tal era el discurso de Lenin, Stalin, Mao, Cárdenas, Fidel Castro o Saddam Hussein. Tal es la razón por la que el Estado despojaba de sus propiedades a los hacendados, a los latifundistas, a los empresarios, banqueros, etc.

  MODELO II

En otro costal he puesto al capitalismo, al liberalismo, a la economía de mercado, al sistema de libre empresa, porque todos ellos tienen en común la misma base económica: Todos se construyen con base en el PRINCIPIO DE RESPETO A LA PROPIEDAD PRIVADA.
 Este es un principio muy fácil de decir, pero muy difícil de entender y más aún de llevarlo a la práctica. En términos coloquiales el principio dice: "Lo que es tuyo, es tuyo y nadie te lo puede quitar". Es un principio que posiblemente nació con el hombre (pero no se generalizó). Se fue estableciendo de manera espontánea, aunque quizás varios tuvieron que perder los dientes hasta entender que tenían que respetar al vecino.
 Este principio establece que si todos los individuos respetan la propiedad de los demás, se establece un orden de paz progreso y bienestar. Los cristianos lo dicen en varios de sus mandamientos: "No robarás", "No matarás". Los turcos tenían por ley que aquel que robara se le cortaba la mano, otras sociedades simplemente mataban al que no respetaba la propiedad del otro.
 Si en una sociedad está prohibido robar, es decir, utilizar algún esquema de violencia, ¿cómo es posible que yo obtenga la gallina de mi vecino? No puedo ir bajo la oscuridad de la noche y tomar la gallina pues eso es una violación al principio de propiedad privada; tampoco puedo ponerle al vecino una daga en las costillas para que me dé su gallina, pues eso también es una violación al principio de respeto a la propiedad privada. Entonces, lo único que me queda por hacer es negociar con el vecino. Yo le ofreceré algo que él necesite o desee a cambio de su gallina. Quizás yo le pueda ofrecer grano, leña o un hacha. Sólo puedo hacer el intercambio hasta que el otro esté dispuesto a entregar su gallina a cambio de algo de mi propiedad. En otras palabras, el comercio se deriva del principio de respeto a la propiedad privada.
 ¿Por qué la gente se dispone a realizar el intercambio? Porque siente o cree que en ese momento tiene más valor lo que va a recibir que lo que está dando, de otra manera no haría el intercambio. Por eso, después de que se da el intercambio, dan la vuelta y cada uno lleva una sonrisa en los labios. Cada uno, por su parte, siente que hizo una operación ventajosa, se siente más satisfecho, más rico y más feliz que antes de realizar el intercambio. Pero nótese que este intercambio o comercio sólo es posible si los agentes están dispuestos a respetar la propiedad del otro.

Resumiendo, los hombres pueden lograr los bienes que quieren sólo de dos maneras: Usando la violencia, es decir, robando, expropiando, nacionalizando... O bien mediante intercambio libre y voluntario, es decir, comerciando.

De hecho, la civilización surge sólo hasta que nace el concepto de propiedad privada, en cuanto surge la disposición de respetar la vida y las posesiones de los demás. Y allí donde se destruye el principio de propiedad privada regresa la barbarie. Para ejemplos, podemos recordar a todos los países que se subieron al tren del comunismo, del fascismo o nazismo, anularon la propiedad privada y terminaron destruyéndose. Pero también podemos ver ejemplo simples de gente que viola el principio de propiedad privada. Por ejemplo, cuando nos asaltan en la esquina, roban nuestra casa o violan a nuestras hijas. ¿Acaso no es barbarie? Todas estas malas acciones tienen como base la violación al principio de propiedad privada.

El capitalismo es el único sistema económico que se basa en el principio de respeto a la propiedad privada. Todavía poca gente entiende esto. Carlos Marx nunca lo pudo comprender. Marx decía "El capitalismo roba, saquea", lo cual es un contrasentido: Si es capitalista, no puede robar, si roba no puede ser capitalista. Es una de tantas ideas absurdas que produjo Marx.

El capitalismo lo entendemos como el sistema donde los medios de producción, las fábricas, etc., son propiedad privada y el propietario tiene el derecho de transformar la materia prima, los insumos en algo que tenga la capacidad de ser vendido, es decir en algo que por voluntad propia el comprador se dispondrá a entregar algo de su propiedad a cambio de determinado bien. La motivación del productor es obtener beneficios, para eso toma el riesgo de producir; la motivación del comprador también es la de obtener beneficios. Ni el comprador ni el vendedor realizan operaciones buscando estar peor que antes, eso no sería capitalismo.

No sólo los economistas, sino todo ciudadano debe comprender muy bien los dos modelos básicos de la teoría económica. Sobre todo. Es la teoría mínima que deben tener los hombres de Estado, los hombres que toman las decisiones que afectan a toda una nación. Sin estas herramientas teóricas es imposible construir un proyecto de nación.

Los tumbos, crisis y caminos zigzagueantes que hemos padecido se deben a la incomprensión de estos modelos. A veces marchamos hacia delante, a veces hacia atrás, nos vamos a la izquierda y luego a la derecha y no terminamos por definirnos ni por especificar cuál es nuestro proyecto de nación.

Proyecto de Nación

En realidad, elaborar un proyecto de nación sólo significa decidir si un país quiere hacerse comunista o capitalista. Se puede usar distintos términos. Algunos querrán establecer la decisión entre ser un país de planificación centralizada o de economía centralizada; o bien, ser neosocialista o neoliberal. Hay que comprender que es un asunto de semántica, es decir, de lenguaje. En realidad el fondo de la controversia está en decidir: Ser un país donde se respete el principio de propiedad privada o uno donde no se respete, así de simple.

Hay quien habla de "la tercera vía" pero en realidad es un discurso engañoso. Suponiendo que esa tercera vía existiera, se le tendría que preguntar cuál es su posición respecto a la propiedad privada. Si responde que la respeta y la promueve, entonces esa tercera vía no tiene diferencia con el capitalismo; si dice que quiere abolirla entonces la tercera vía es simplemente socialismo. ¿Puede haber una posición intermedia? Desde el punto de vista teórico creo que no. Ninguna teoría podría decir que respeta el principio de propiedad privada a medias. No tiene significado. ¿Acaso quiere decir que a veces sí y a veces no? ¿O que sólo promuevo el respeto a la propiedad privada mientras sea mi propiedad, pero no la respeto si se trata de la propiedad del vecino? Por eso, desde el punto de vista teórico, los dos modelos son irreconciliables. No puede haber una explicación teórica que justifique las medias tintas.

Aclaro que la irreconciliabilidad se da en el marco teórico. En la vida práctica es otra cosa. En realidad no hay ningún país, ninguna economía del mundo donde se haya establecido el principio de respeto a la propiedad privada al cien por ciento. Tampoco hay, ni ha habido, país alguno donde se haya abolido completamente la propiedad privada. Todos los países viven entre estos dos polos. Hay economías más cercanas hacia el modelo capitalista: Hong Kong, Inglaterra, Estados Unidos. Hay economías más pegadas al modelo anti-propiedad privada como son Corea del Norte y Cuba. Los demás países están en puntos intermedios. Además, todos los países observan oscilaciones. En ratos se dirigen más hacia el socialismo y en otros momentos se recargan más hacia el capitalismo.

¿Por qué se dan estas oscilaciones? Mi respuesta es muy contundente: Porque no se ha entendido profundamente el "principio de respeto a la propiedad privada".

Es posible que en lugar de los voluminosos libros que ocupan las cartas magnas de cada país, se redujeran a unas cuantas páginas o unos cuantos párrafos si se comprendiera a cabalidad el principio de propiedad privada.

Aquellos países que decidieran hacerse comunistas, sólo tendrían que asentar en su constitución que ningún individuo tiene derecho a tener propiedad privada; como consecuencia, sólo un órgano de gobierno tiene derecho a tomar decisiones. Aquellos países que decidieran hacerse capitalistas, sólo tendrían que poner en su carta magna que se rigen por el principio de respeto a la propiedad privada. Como consecuencia, el comercio es libre, nadie puede atentar contra la vida de otros, puedes hacer lo que se te pegue la gana... siempre y cuando no perjudiques a nadie, etc.

Aunque en México se ha hablado mucho del proyecto de Nación, nunca se ha puesto en claro, se termina con discursos vagos, confusos que nada dicen. Por ejemplo, se habla de tener una nación soberana, sin pobreza, libre y con un Estado seriamente preocupado por las necesidades de la gente. Este discurso no sólo es vago, sino contradictorio. En efecto, si el Estado se preocupa por cubrir las necesidades de la gente, entonces necesita impuestos, éstos se los tiene que arrebatar a las empresas, luego las empresas ya no pueden hacer uso de todo lo que ganan, entonces ya no es un país libre.

Hay gobiernos de otros países que han alcanzado el poder con la promesa de edificar el socialismo y terminan abriendo las oportunidades de negocios, liberan sus economías. El caso más patético es la República Popular de China, donde gobierna el Partido Comunista Chino, pero su economía se está liberalizando a pasos agigantados. China tiene ahora uno de las tasas de crecimiento más altas del mundo y todo es por la vía capitalista que está construyendo el Partido Comunista.

Así pues, para México es vital resolver el proyecto de nación al que aspiramos: Uno que se fundamente en la propiedad privada o uno que la niegue. En otras palabras queremos hacer una economía de mercado o una economía socialista. Dependiendo del proyecto de Nación al que aspiramos, los demás problemas se resuelven como consecuencia natural.

¿Cómo decidir? ¿Quién debe decidir?

Otro problema se presenta en el mecanismo o proceso para tomar la decisión. ¿Bastaría salir a la calle y preguntar a la gente si quiere ser comunista o capitalista? ¿Bastaría que en el Congreso de la Unión, los diputados y senadores lo decidieran? ¿Habría que hacer una serie de mesas redondas? ¿Se le deja la decisión al Presidente de la República en turno? En realidad, no sé todavía cual debería ser el proceso para tomar tan importante decisión. No tengo la solución a este problema. Sólo sé que es urgente definirse, para no seguir perdiendo tiempo recursos, talentos, etc.

México se decide por el socialismo

Supongamos por un momento que, mediante algún mecanismo, México toma la decisión de hacerse socialista. ¿Qué repercusión tendría esta decisión y qué políticas tendrían que aplicarse?

En cuanto México declara su proyecto de hacerse socialista, los capitales tienen que salir inmediatamente, porque ello implica que nadie respetará su propiedad privada. Los fabricantes que alcancen a huir antes de que les sean confiscadas sus propiedades tienen que buscar tierras hospitalarias, quizás se vayan a China o Hong Kong. Las empresas que no logran huir a tiempo, tienen que ser confiscadas, es decir, el gobierno tiene que tomar el control, tal como se hizo en el caso de los bancos en 1982. En cuanto a la tierra, el gobierno tiene que expropiar todo lo que era propiedad privada. Toda la tierra tiene que estar bajo control directo del gobierno. Ni siquiera debe permitir ya la existencia de los ejidos, para no permitir que el ejidatario se haga propietario de lo que produce, pues ello fracturaría los planes centrales de gobierno. Quizás tendría que eliminar físicamente a los pequeños propietarios, pues es posible que presentaran alguna resistencia tal como lo hicieron los viejos kulaks en la Unión Soviética. En aquel caso se tuvo que matar a cinco millones de kulaks para que la tierra se transformara en "propiedad del Estado".

Una vez que se logre que toda la tierra esté bajo control del gobierno, lo único que hace falta es organizar la producción: Decidir cuántas hectáreas se van a dedicar a maíz, cuantas a algodón, etc. Para tomar estas decisiones, el gobierno contratará a buenos estadísticos de sus propias universidades para medir el consumo humano y determinar la distribución. Quizás el gobierno se decida por tener algunos excedentes para comerciar con otros países, obtener divisas y comprar la maquinaria o los productos que no se pueden producir en México. Para evitar pérdidas de tiempo y recursos, México podría contratar asesores de la Cuba de Fidel Castro o de Corea del Norte donde gobierna el hijo de Kim Il Sung, que tienen mucha experiencia en dirigir todo desde la oficina del gran líder y comandante.

México toma la vía capitalista

Pero si elegimos el proyecto de Estado contrario, es decir, si nuestro proyecto consistiera en hacer de México una economía de mercado, capitalista, abierta, libre y competitiva, es decir, si declaramos que en nuestro país estableceremos como ley fundamental, sagrada, la que tiene que ver con el principio de respeto a la propiedad privada, por un período de 50 años ¿Qué consecuencias tendría esto?

Una consecuencia dramática es que el país se vería invadido por miles de empresarios que no sienten seguridad en sus países. Los Brasileños huirían del gobierno socialista de Lula Da Silva, los empresarios de Venezuela, de Colombia, Ecuador --y hasta los argentinos, si queda Kirchner en la presidencia--. Y no sólo vendría el capital latino, seguramente de Estados Unidos, Canadá, Inglaterra y hasta los mismos chinos se sentirían felices invirtiendo en México, a sabiendas de que durante cincuenta años están protegidos de expropiaciones, confiscaciones, nacionalizaciones, estatizaciones, etc.

Lo que quiere el capital, es decir, los empresarios, inversionistas y comerciantes, es llegar a un lugar donde los gobiernos no los molesten, los dejen trabajar libremente, sin sufrir agresiones ante su desarrollo y crecimiento. Y este paraíso sólo se da donde hay la decisión firme de construir una economía capitalista.

¿Qué papel jugaría el campo mexicano?

Tendríamos una visión radicalmente distinta del campo: Lo veríamos como una oportunidad de negocios más, tan importante como cualquier otra.

En un contexto de economía abierta, si el campo mexicano no produce maíz, los agentes privados lo comprarían en California o en China, para surtirlo hasta el último hogar dispuesto a pagar el precio. Igual para los productores de carne de cerdo, si cierran sus negocios, importaríamos de Canadá o de Singapur y seguiríamos comiendo chicharrones.

En una economía capitalista, el que quiere entra al juego, nadie le prohíbe; el que no quiere entrar puede salirse, pero no tiene el derecho de vivir a expensas de nadie.

Ambos proyectos de estado, socialismo o capitalismo, tienen perdedores y ganadores. Lo interesante consiste en determinar dónde hay más ganadores para saber a cuál apostarle.

Estoy convencido que no podemos mirar al pasado. Hay que percatarnos que ya cayó el Muro de Berlín, ya desapareció la URSS. Las economías que prosperan es porque dejan que los individuos pongan en juego toda su iniciativa, los gobiernos no se constituyen en obstáculos. Rusia, Vietnam y China están adoptando políticas liberales o capitalistas, como queramos decirlo, y les está dando muy buenos resultados

En realidad, hoy ya se puede demostrar fehacientemente que las políticas anticapitalistas o antiliberales son las que producen pobreza, violencia, atraso y marginación. Por lo tanto, no tengo empacho alguno en declarar mi preferencia por construir un proyecto de Estado de carácter capitalista, es decir, basado en la propiedad privada, liberal, economía de mercado, abierta y competitiva.

Construir una política de Estado para el campo

Sería deseable cerrar los ojos, decidir que queremos una economía de mercado y que cuando abramos los ojos ya esté construida y funcionando, como maquinita nueva y recién aceitada. Esto sólo podría ocurrir en un cuento de hadas. Nuestra realidad es difícil, dado que durante siete décadas se estuvieron construyendo estructuras anticapitalistas y derrumbarlas no es tarea fácil.

Es necesario un cambio de mentalidad de toda la gente y, para empezar, de los que toman las decisiones importantes. En otras palabras, hace falta construir una política de Estado para el campo, que esté basada en el proyecto de Nación consistente en hacer de México una economía de mercado.

En este tenor, propongo que tal política de Estado incluya los siguientes puntos.

Primero.- Eliminar el paternalismo. Tendríamos que eliminar las políticas paternalistas que tanto han dañado al campo mexicano. El paternalismo, que consiste en ver al Estado o gobierno como el gran padre que se preocupa por sus hijos, que les da de comer, les brinda educación, servicios de salud, etc., es la concretización del socialismo a la mexicana. Este paternalismo reduce a los campesinos a una especie de inválidos física y mentalmente. Ya no tienen que preocuparse por obtener alimento pues hay un padre que lo proporcionará. En caso de algún fenómeno meteorológico, el papá gobierno se presentará para dar medicinas y construir nuevas casa a los campesinos. Esto tiene que ser desterrado radicalmente. El gobierno no debe darse el derecho de comportarse como el padre que cuida y protege a sus hijitos. No quiere decir que estamos en contra de que los campesinos se instruyan, ni estamos diciendo que no deben tener servicios de salud, etc. Muy por el contrario, deben disfrutar de instituciones de salud, educación, carreteras, diversiones y mucho más, pero no dado como dádivas de un político que termina manipulándolos.

En este sentido, naturalmente tendríamos que eliminar programas tipo PROCAMPO, Becas a los alumnos pobres, "servicios gratuitos de salud" etc. que solo generan subordinación y dependencia del campesino hacia el gobierno.

Cuando por efecto del programa PROCAMPO, el gobierno entrega una cantidad de dinero "como estímulo" para que el agricultor siga produciendo, se incurre en tres tipos de violaciones al principio de propiedad privada.

  • El campesino recibe un dinero sin dar nada a cambio. No es un quid pro quo que se observa en el comercio normal, donde cada agente entrega algo a cambio de algo y todos contentos. El campesino no está entregando algo a cambio. Esto se presta para que, a la vuelta del tiempo, el político le cobre mediante su voto incondicional. Mientras se generan vicios de una dependencia e inmovilidad que terminan por anular la voluntad y compromete la dignidad del hombre de campo.
  • El dinero que recibe el campesino no cae del cielo, a alguien se le tuvo que despojar. En efecto, proviene de impuestos, es decir, de despojo legalizado. A algún trabajador o a algún empresario se le quitó una parte de sus ganancias o salarios para que el gobierno lo manejara y parte fue a dar al campesino. El contribuyente dio algo y no recibió nada a cambio. Esta acción es otra violación al principio de respeto a la propiedad privada.
  • Regularmente, de cada peso que sale del contribuyente, sólo llegan 25 centavos al campesino. Lo demás se queda en la administración, es decir, en la burocracia gubernamental que supuestamente se desvela para favorecer al campesino. Mantener a esa burocracia parasitaria es otra violación al principio de propiedad privada, en virtud de que sus puestos de trabajo son artificialmente creados, no son necesarios y sólo destruyen recursos improductivamente.

Por lo tanto, el sistema de subsidio implica dos perdedores: Campesinos y contribuyentes y un ganador: La burocracia estatal.

Segundo.- Privatizar la tierra. En efecto, tendríamos que resolver el problema de la propiedad de la tierra. Todo pedazo de tierra, bosques, lagos, desiertos, etc. debe tener dueño privado. Cuando la tierra es de nadie, se generan conflictos violentos que han costado ya muchas vidas. Las tierras comunales, son "tierra de nadie" que causan más daños que beneficios: Violencia, erosión, deforestación, contaminación, etc. Sólo el dueño privado es capaz de cuidar la tierra como a su propia vida. Por fortuna se está acabando con esa figura demagógica que significó el ejido, es decir, tierra que el gobierno le prestaba a los campesinos pero que no la podían vender, ni rentar ni hipotecar ni regalar. Es decir, no eran dueños. Esto provocó que el campesino viviera anclado a un pedazo de tierra del cual no se podía separar pues la podía "perder". No podía obtener créditos porque el ejido no constituía garantía, era inembargable y naturalmente nadie le quería prestar un centavo.

Será necesario buscar un mecanismo para privatizar las tierras comunales. Quizás al mejor postor dentro del pueblo o en subasta internacional. Seguramente habrá alguien que quiera emplear esas tierras comunales para cultivar árboles de madera preciosa o cualquier otro negocio rentable.

Igualmente, las tierras federales deben pasar a manos privadas. Un gobierno no tiene por qué poseer tierras en absoluto, tampoco montes ni selvas. Recordemos que el Estado o el gobierno está compuesto por hombres de paso. Hoy están, mañana ya no, siguen otros. Luego, la "propiedad federal" es un concepto carente de sentido y deja el campo libre a gobernantes abusivos que al amparo de la confusión se quedan con "terrenos federales". Lo peor es que no lo privatizan, pues no pagan nada por ellos, simplemente se lo roban.

En realidad, si un gobierno necesita hacer prácticas de campo, ejercicios militares, etc. Lo que debe hacer es alquilar el espacio a un particular, pagar por el tiempo que usa y por los daños causados.

En fin, aunque está muy difundida la práctica de la "propiedad federal" no encuentro una buena justificación para su existencia.

Tercero.- Mercado libre de tierra. Hay que permitir y ayudar a la libre compra-venta de tierra para que se deshaga de ella quien no tiene visión de negocios y la compre o la alquile gente emprendedora que quiera hacerla productiva y pueda aprovechar las oportunidades en los mercados nacionales y extranjeros. El Estado sólo debe sancionar los contratos a fin de que se cumplan.

Por la llamada Revolución Mexicana se despojó a muchos productores eficientes y se le entregó pedazos de tierra a los peones o a gente que nada sabía de tierras, que no tenían ni conocimiento ni vocación para sembrar. Éstos, a su vez, fueron repartiendo a sus descendientes pedazos más pequeños hasta que hubo gente que tenía sólo unos cuantos surcos de tierra. Luego, esos pedazos no los podían vender porque no eran de ellos (eran ejidos) ni les podían sacar el suficiente provecho como para "vivir de la tierra". Ahora esos pedazos deben unirse para que sean capaces de generar cultivos suficientemente rentables. Esto es posible si el Estado quita todos los obstáculos para la libre venta de tierra. Aquél que tenga interés en sembrar, en cultivar, usando todo tipo de tecnologías: Invernaderos, hidroponía, etc., podrá aumentar su escala de producción adquiriendo las tierras de aquellos que prefieren dedicarse a otras actividades. El comprador, el vendedor y toda la sociedad se verá beneficiada por este libre mercado de tierra.

Cuarto.- Nueva filosofía educativa. Todas las escuelas y universidades relacionadas con la agricultura deben cambiar de filosofía. Hasta hoy, todas estas escuelas tienen como filosofía dar una buena preparación técnica a los jóvenes para que vayan a buscar trabajo. Es decir, las universidades tienen el objetivo de formar empleados, gente con la disposición de obedecer a un patrón. Esto tiene su origen en la vieja escuela socialista donde se educaba a la gente para que fueran los empleados del Estado. Por eso, lo primero que se les ocurre a los profesionales de la agricultura que recién terminan, es ir a tocar las puertas de SAGARPA, FIRA, BANRURAL o cualquier otra oficina de la burocracia gubernamental. Otros trabajan en lo que sea y otros más se van de guerrilleros, a los partidos políticos o a organizar marchas, plantones y manifestaciones para hundir más al país. Esto debe cambiar radicalmente. Nuestras escuelas de agricultura deben transformarse en un semillero de empresarios. Las escuelas deben tener por objetivo formar gente capaz de crear empresas, gente que genere nuevas fuentes de empleo, que aprovechen la oportunidad de negocios que brinda una economía abierta y globalizada.

Sé perfectamente que no todos podrán ser empresarios, pero esa debe ser la primera intención en cuanto a la formación de los alumnos.

No es asunto fácil hacer que las escuelas se dediquen a formar empresarios, pues tienen una estructura socialista autoritaria que les hace imposible esta tarea, pero es necesario estudiar los cambios estructurales que requiere el sistema educativo para que haga posible este objetivo.

Quinto.- Eliminar subsidios. En cuanto a los recursos dinerarios que requiere el campo, éstos de ninguna manera deben salir de las arcas del gobierno: Ni como subsidios ni como créditos.

Permitir que salga un peso del erario implica despojar a unos sectores para regalarles a otros. Implica una política compulsiva, casi delictiva, que viola el principio de propiedad privada. Dicha política termina por favorecer no al contribuyente, ni al campesino, sino a los lidercillos que se quedan con la mayor parte.

Si hablamos de los subsidios del gobierno que le regala a los productores, éstos tienen efectos muy negativos, ya que distorsionan los mercados, lanzan señales equivocadas haciendo que se produzcan artículos que quizás no tengan demanda. O bien, si los subsidios se manejan a través de organizaciones, éstas se transforman en verdaderas mafias para controlar al pequeño productor indefenso.

Hay quien alega que nuestro campo se debe subsidiar porque así lo hacen otros países. Si el vecino de al lado se emborracha, ¿por qué yo no? Curiosamente estos son los viejos líderes que criticaban el uso de modelos "económicos extranjeros". Si Estados Unidos subsidia a sus productores de maíz y frijol y eso genera que lo podamos comprar muy barato, la solución inteligente es importarlo y, con el ahorro, producir lo que les podemos vender caro. De esta manera, aprovechamos sus errores económicos. Llegará el momento en que los propios ciudadanos estadounidenses llamen a cuenta a los que impusieron esas políticas destructivas; mientras, hay que beneficiarnos de ellas.

Por otro lado, si el gobierno usa fondos públicos para dar crédito a los campesinos, lo que estará haciendo en el fondo es destruir el sistema bancario. Los bancos no pueden competir contra el gobierno y tienen que retirarse. De esta manera, nuestra gente nunca aprenderá a manejar y desarrollar un sistema bancario sano. El gobierno debe dejar que se desarrolle libremente la banca privada rural, las cajas de ahorro y dar legalidad a los prestamistas y usureros. La tasa de interés debe responder a condiciones de libre competencia y no a los dictados del gobierno. El único papel que debe jugar el Estado en cuanto a sistemas de financiamiento es brindar seguridad jurídica, cuidar que los contratos se respeten y mantener la fiesta tranquila.

Sexto.- Impuestos nulos. No es correcto subsidiar al campo, pero tampoco lo es extraerle recursos. Por tal motivo, creo muy sano que se determine una política de Estado tal que establezca impuestos cero para toda empresa que se instale en el área rural. Que esta política de cero impuestos se establezca por un período de 50 años. Para esto, es necesario establecer las regiones o áreas que se consideren "campo" para que allí tenga efecto la política de "cero impuestos". Con toda seguridad las empresas verán muy atractivo instalarse en este lugar. Así se crearán miles de puestos de trabajo, bienes, servicios, etc. ¿Y de qué va a vivir el gobierno? Primeramente tienen que ponerse a dieta. No podemos seguir manteniendo a un aparato burocrático con más de cinco millones de empleados, quizás bastaría tener sólo 50 mil o menos.

Cierto que se necesitarán carreteras, sin embargo, hay que buscar fórmulas para que los inversionistas privados las construyan, recuperen su inversión, obtengan beneficios y no se gaste ni un solo peso del erario; tampoco puede el gobierno sostener el pretexto de la educación, pues ésta se pude manejar con otros esquemas que no impliquen gasto gubernamental, y por lo tanto, impuestos. Es necesario procurar que la persona que gane un peso distribuya ella misma ese peso. El efecto multiplicativo del gasto privado es mucho más benéfico que el gasto que hace una burocracia. Como el burócrta no es dueño del dinero, toma decisiones con mayor ligereza e irresponsabilidad. Por eso es que el gasto gubernamental, generalmente representa una destrucción del capital de un país.

Séptimo.- Apertura unilateral total. Hay que adoptar una política agresiva de apertura a la inversión extranjera que quiera aprovechar el campo mexicano. No importa si el productor es chino, ruso, estadounidense o argentino. Mientras esté generando trabajo y produciendo alimentos, todos salimos ganando. Además, cuando llega un extranjero no sólo trae recursos, sino también mucho entusiasmo por ganar dinero. Esto le lleva a aplicar las mejores tecnologías a fin de ser competitivo. De esta manera, nuestros paisanos van aprendiendo mejores técnicas de producción y quizás algunos se entusiasmen para hacerles la competencia.

Todavía hay gente que mira a los extranjeros con cierto recelo porque se hacen ricos, millonarios. Se compran el mejor terreno, se construyen palacios, tienen mucha gente a su servicio, carros, etc. Esto no es más que un trauma marxista que nos impuso una visión equivocada de los hombres de empresa y nos enseñaron a odiarlos de manera irreflexiva. Es un tumor psicológico que debemos extraer pues de otra manera actúa contra nosotros mismos. Por supuesto, si sabemos de alguien que hace su fortuna a base de robar, debemos sentirnos obligados a denunciarlo y meterlo a la cárcel, porque es alguien que viola el principio de propiedad privada y por lo tanto atenta contra el orden que queremos establecer.

Pero si un empresario hace su fortuna comprando, produciendo y vendiendo sin que a nadie le ponga una pistola en la cabeza para que le compre, entonces ese empresario está haciendo una fortuna muy legítima y mientras más dinero haga, significa que ha beneficiado a mucha gente y que tiene capacidad de beneficiar a más gente. De hecho, su fortuna se transforma en una medida de la bondad de esa persona hacia la sociedad. A este empresario se le debe proteger y cuidar porque es una fuente de riqueza para el país. Mucha gente piensa que ese empresario es el único beneficiado, Carlos Marx tenía una idea tan distorsionada que casi creía que el empresario millonario tenía un gran fajo de billetes en su plato en lugar de un pedazo de carne. Por eso se atrevió a lanzar su fallida teoría de las clases sociales. Dicha teoría no dejaba ver que el empresario realmente consumía muy poco de todo lo que producía. Cierto que, en libros, el empresario "tenía" mucho dinero, pero en los hechos ese dinero trabajaba a favor de la gente, aunque no fuera el propósito del empresario. Esa riqueza servía para crear nuevas empresas, contratar más gente, producir nuevos bienes y servicios... y todo eso beneficiaba a la sociedad. Por tal motivo, quiero llamar la atención para que se considere a los empresarios, sean nacionales o extranjeros, como grandes benefactores de la sociedad. De hecho, la riqueza de una sociedad se puede medir precisamente por el número de empresarios que tiene.

Octavo.- Privatizar el petróleo. Aunque este punto se desprende de aquel que dice que todas las tierras deben ser privadas, es necesario explicitarlo. Tiene que ver con el petróleo que se encuentra en la tierra, en el subsuelo o en la plataforma marítima. También debe ser privado y privatizado. Es decir, si usted compra un pedazo de tierra, rasca con la pala y sale un chorro de petróleo, ese debe ser propiedad del dueño de la tierra. Ahora bien, los pozos petroleros que ya están produciendo deben privatizarse, venderse al mejor postor sin importar si es mexicano o no. Después de todo, quien lo compre no lo beberá, sino que lo transformará en gasolina, plásticos, zapatos, etc., y todos saldremos beneficiados. Con esto se terminaría la gran demagogia que ha significado PEMEX. Supuestamente es de los mexicanos. pero el hombre de la calle o del campo no posee acciones que lo acrediten como dueño. Hay gente muy confundida que se opone a la privatización, con lo que abogan implícitamente para que el petróleo lo manejen mafias burocráticas. Piensan que si lo compran los mismos mexicanos, se perjudica a la patria, etc., son absurdos que sólo significan una defensa a ultranza para que un grupito de políticos lo manejen a su antojo.

Noveno.- Política monetaria sana. Cualquier esfuerzo arduo de la sociedad, de los campesinos, de los empresarios, se viene abajo si el gobierno adopta una política monetaria irresponsable. Los gobiernos no deben vivir de prestado y por lo tanto, se tienen que eliminar los CETES y cualquier otro instrumento de captación del gobierno. Tampoco debe tener permiso para contratar créditos y dejar endeudada a generaciones enteras. No debe usar el petróleo, como dijimos en el punto pasado, para financiarse. Además, los impuestos deben tener un proceso de reducción constante con la tendencia a casi eliminarlos. Pero merece un punto especial lo que se refiere al señoreaje, es decir, al derecho del gobierno de imprimir tantos billetes como lo desee. Ese derecho debe eliminarse, pues es un instrumento altamente destructivo de cualquier economía. Para hacer esto posible, es necesario que la administración de la moneda, es decir, del stock monetario ya no quede en manos del gobierno. De esta manera se elimina la tentación gubernamental de prender la maquinita de hacer billetes cada vez que necesite dinero. Es necesario saber que una moneda es fuerte cuando no se le produce. La máquina de hacer dinero únicamente debe servir para reponer los billetes deteriorados. Así es como se mantiene firme el poder adquisitivo de la unidad monetaria.

Si para el gobierno es muy difícil aceptar el trago amargo de no contar con el derecho de señoreaje, entonces lo más recomendable es dolarizar la economía, es decir, eliminar el peso mexicano y usar el dólar como moneda de curso legal. Esto no quiere decir que el dólar es una moneda totalmente sana, pero comparando con las barbaridades monetarias que hizo el gobierno el siglo pasado, es diez veces preferible usar el dólar.

Décimo.- Salvar al campo de sus salvadores. Es necesario que todos los líderes oficiales, organizaciones estatales y paraestatales, así como organizaciones terroristas y guerrilleras y redentoras saquen las manos del campo mexicano. En su larga actuación, tienen que reconocer que sólo han causado daño. Cierto que hay redentores que tiene sinceras preocupaciones por que los jornaleros ganen mejor, pero eso no se logra haciendo sindicatos, huelgas, marchas. Con esas estrategias en lugar de beneficiar, terminan perjudicando. La razón es porque si antes había tres patrones, digamos, ahora sólo quedan dos, pues uno de ellos ya no está dispuesto a arriesgar su capital. En términos económicos, podemos decir que la demanda de trabajo se redujo y la oferta, las manos dispuestas a trabajar, ahora son más. Esto crea condiciones para que los salarios bajen, en vez de subir. Así que aquel redentor termina crucificando a los que quería beneficiar.

Si este redentor quiere en verdad beneficiar a la gente, tiene que aprender un poco de economía y saber que eso se logra haciendo que haya muchos patrones, muchas empresas deseosos de tener a los mejores trabajadores, esto genera una competencia salvaje, de tal suerte que los empresarios tienen que convencer mediante mejores salarios y prestaciones.

También hay gente muy bien intencionada que se desvela por ver la forma de que los campesinos reciban mejores precios por sus productos. Se enfrascan en una lucha terrible contra los "coyotes", es decir, aquellos que llegan hasta la orilla de la milpa para comprar y luego revender en algún mercado. Les tienen un odio enfermizo a estos hombres que han aprendido dónde hay demanda y en qué nivel está la oferta, son los que forman los precios. Sin estos intermediarios mucha siembras se echan a perder. Pero los redentores creen que los coyotes se quedan con mucha ganancia ya que "venden caro al comprador y pagan barato al vendedor". Lo que no saben es que esos precios reflejan el riesgo en que incurre el "coyote". Si al redentor le pedimos que sea él quien se encargue de colocar el producto en el mercado y que así puede realizar su idea de pagar mejor a los campesinos y venderle barato al consumidor, inmediatamente dan un paso atrás y se rehúsan a jugar ese papel. Luego, ¿por qué quieren que otros hagan lo que ellos no están dispuestos a hacer? En ultimo caso, si queremos que mejoren los precios a los productores, lo que se tiene que hacer es que haya más coyotes para que compitan en precios, o bien, lograr que la banca le dé un crédito al productor para que ellos mismos vayan a vender a donde crean que les pagan mejor precio.

Una tarea que ha quedado pendiente --y que podría tener muy buen impacto en la economía agrícola-- se refiere a la bolsa agropecuaria. Allí los productores pueden anunciar su oferta, los comerciantes su demanda, entablar contratos y todos contentos.

Si los redentores quieren prosperar ellos y quienes le rodean, lo que deben hacer es desarrollar el sistema capitalista en el campo o tomar la ruta que cualquier otro campesino puede tomar, es decir, producir fruta, semillas o poner empresas de cualquier tipo y comerciar. No deben seguir engañando a la gente con supuestos derecho de hace quinientos años o cosas por el estilo. Mucho bien haría estos redentores si son capaces de detectar los obstáculos anti-capitalistas a que se enfrentan los productores del campo, por ejemplo, los patrulleros que extorsionan a los transportistas, la policía que impide que los campesinos vendan en las calles, o para eliminar la ignorancia de cómo se obtiene un crédito y dónde se compran los mejores tractores, etc.

Conclusión

Hemos tratado de contestar ¿Qué hacer con el campo? Pudimos haber respondido ¡déjalos trabajar, no les estorbes! Seguramente cuando le preguntaron a Adam Smith qué hacer con la economía inglesa, respondió: "Laissez faire, laissez passes", dejar hacer, dejar pasar. Al buen entendedor le habría bastado. Pero, es muy simple de decir, difícil de entender y peor de aplicar. Sin embargo, no hay otra salida.

Los diez puntos señalados antes descansan en esta filosofía y sólo son posibles si México, es decir, todos los mexicanos, decidimos establecer, como Proyecto de Nación, un país donde reine el principio de respeto a la propiedad privada. Esta es la decisión fundamental sin la cual es imposible avanzar un buen tramo de nuestra historia. De esta manera, la gente tendría un faro seguro, bien definido para saber por dónde avanzar y cómo resolver todos y cada uno de los problemas económicos, políticos y sociales...

Está demostrado que sólo aquellos países que confían en la iniciativa y talento de su gente son los que pueden prosperar. En otras palabras, sólo la economía de mercado, la economía capitalista, puede dar solución a los ingentes problemas de México. Estoy seguro que el campo mexicano tendrá una transformación radical, y en poco tiempo, si abrazamos este proyecto de nación.

Ya perdimos mucho tiempo por caminar sin rumbo. No podemos perder ni un minuto más. Llegó la hora de la verdad. -

Bibliografía

  • Eicher Carl K. AGRICULTURE IN ECONOMIC DEVELOPMENT.Mc Graw-Hill. 1964.
  • Hayek Friedrich von. CAMINO DE SERVIDUMBRE. 1970. Alianza Editorial.
  • Mises, Ludwig von. SOCIALISMO. Unión Editorial. España. 1974
  • Mises. Ludwig von LOS PROBLEMAS ECONOMICOS DE MEXICO. Editado por el Instituto Cultural Ludwig von Mises.
  • Smith Adam. INVESTIGACIÓN SOBRE LA NATURALEZA Y LAS CAUSAS DE LA RIQUEZA DE LAS NACIONES. Fondo de Cultura Económica.

 

Datos del autor:
Santos Mercado Reyes

Lic. en Física y Matemáticas. IPN.

Maestría en Economía Matemática. CIDE. México.

Doctorado en Ciencias Económicas. Sistemas financieros. UAM

Doctorado en Economía. Economía de la Educación. ESE-IPN

PhD in Economics. Tulane University, New Orleans. Louisiana. EU.

Doctorado en Ciencias en Economía Agrícola. Universidad Autónoma Chapingo.

Experiencia:

Profesor-investigador Titular "B" tiempo completo en la Universidad Autónoma Metropolitana (1984-)

Unidad Azcapotzalco. Av. San José 180, Col. Reynosa Tamaulipas. Azc. D.F. C.P. 02200

Director del Seminario Milton Friedman

Director del Seminario Friedrich von Hayek


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