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Inmigración a la Argentina. Portugueses



    1. Historia
    2. El
      fotógrafo
    3. La soprano
    4. El pintor
    5. En
      testimonios
    6. En
      biografías
    7. En novelas
    8. En cuentos
    9. Notas

    Introducción

    En esta monografía me refiero a la colectividad
    portuguesa y a algunas de las ciudades en las que se
    nucleó. Menciono a Christiano Junior, a Regina Pacini de
    Alvear y a Luis Gowland Moreno, inmigrantes portugueses
    destacados. Presento el testimonio de una inmigrante afincada en
    Villa Elisa y transcribo parcialmente la biografía de un
    portugués afincado en Olavarría; aludo a la
    colectividad portuguesa de Bahía Blanca, evocada en una
    biografía. Me ocupo, asimismo, de las novelas
    Quilito, de Carlos María Ocantos y De
    aquí hasta el alba
    , de Eugenio Juan Zappietro, y de
    cuentos de
    Fray Mocho, Manuel Mujica Láinez, Carlos Molina Massey y
    Elias Carpena, en los que aparecen personajes inmigrantes de ese
    origen.

    Historia

    "La inmigración portuguesa ha sido
    comparativamente pequeña en la Argentina porque las
    razones idiomáticas han influido en la preferencia por el
    vecino Brasil
    –señalan Marcelo Alvarez y Luisa Pinotti. Sin
    embargo, esta colectividad ocupó el primer lugar entre los
    grupos
    extranjeros en los últimos años del Virreinato.
    Hacia 1850 sus integrantes eran marineros y pequeños
    comerciantes procedentes de Lisboa y Oporto; luego se
    incorporaron artesanos, jornaleros y trabajadores
    agrícolas. El Club Portugués, en el barrio de
    Isidro Casanova, reconoce como orígenes fundantes la
    migración de un grupo de
    familias durante la dictadura militar
    de Antonio Oliveira Salazar (entre 1933 y 1968), que se
    instalaron como quinteros, horneros y comerciantes en el
    área metropolitana, especialmente en el partido de La
    Matanza" (1).

    En La gran inmigración, afirma Ema Wolf:,
    a partir de la investigación de Cristina Patriarca: "Los
    portugueses que -exceptuando a los españoles- eran
    mayoría antes de 1816, siguieron llegando en flujo
    ininterrumpido a lo largo de todo el siglo XIX. Una
    proporción importante se estableció en el interior
    del país; pero Buenos Aires
    -ciudad y provincia- fue el principal lugar de asentamiento. Al
    promediar el siglo ya eran muchos los hombres llegados de Lisboa,
    Oporto y regiones costeras de Portugal, que se concentraban
    particularmente en las parroquias del sur desplegando
    múltiples ocupaciones, pero principalmente las navales:
    marineros, estibadores, changadores. En el ’70 comenzaron a
    nuclearse y organizarse étnicamente, y su vida comunitaria
    (mutual, club, periódico), se hará más
    activa en las décadas siguientes. En Salliqueló
    llegó a formarse un grupo importante a partir de un
    asentamiento de 1905" (2).

    En "Crónica de barcos", Rafael Ielpi se refiere a
    Rosario –localidad en la que se afincaron muchos
    inmigrantes portugueses- como "la Ciudad del
    Encuentro".

    "Aquellos hombres y mujeres llegados de muy lejos,
    atravesando el mar, imaginando cómo sería esa
    tierra a la
    que iban en búsqueda de trabajo, de
    felicidad, de progreso; aquellos italianos, españoles,
    árabes, judíos,
    alemanes, franceses, ingleses, austríacos, suizos,
    portugueses, que eligieron esta ciudad para construir su casa,
    para formar su familia, para
    perpetuar su genealogía; aquellos provincianos que
    arribaron en lentos trenes cargueros que cruzaban campos y
    pueblos perdidos en medio de la llanura para encontrar trabajo,
    techo, comida, esperanzas: todos ellos llegaron y se encontraron
    en Rosario".

    "La ciudad los albergaba e integraba a su vida.
    Así también vinieron a quedarse bolivianos,
    paraguayos, chilenos, peruanos, todos ellos con su cultura, con
    sus usos y costumbres que iban a formar parte después de
    nuestra propia cultura. Con todos ellos, la ciudad se hizo
    más grande, extendió sus barrios, multiplicó
    sus servicios y
    también es cierto, enfrentó problemáticas
    inéditas, nacidas de esa misma acumulación
    demográfica que iba a demandar soluciones
    cada vez más imperiosas".

    "Pero en la amplitud de la ciudad de 1910, amplia y
    descampada, en espera de nuevos pobladores, como en la abigarrada
    geografía
    de hoy, dónde se acumulan barrios marginales para albergar
    a una cada vez más numerosa inmigración
    interior, Rosario sigue siendo la abierta posibilidad del
    encuentro con un horizonte de esperanza, con una sociedad
    solidaria ante la necesidad".

    "Aquellos abuelos inmigrantes también lo
    sintieron así y aunque mantuvieron su sentido de
    colectividad, para preservar válidamente la cultura y la
    tradición de sus pueblos, también arraigaron
    aquí, se quedaron aquí, cerca de ese río que
    les recordaba seguramente a otros ríos de la infancia, los
    de la patria lejana. Cada año, el Encuentro de
    Colectividades vuelve a patentizar de modo ejemplar, ese
    sentimiento de pertenencia que une a los rosarinos cualquiera sea
    su ascendencia".

    "La enorme perspectiva de una ciudad a la que se
    reconoce como capital del
    Mercosur, vuelve
    a actualizar el tema del encuentro: no es ilusorio suponer
    (así como los abuelos imaginaron la Rosario de hoy) una
    ciudad otra vez protagonista, movilizando sus industrias,
    activando su comercio,
    conectada con el país y el mundo a través de sus
    negocios pero
    también de su cultura".

    "A esa posibilidad, a esa certeza, la ciudad debe
    apostar otra vez: está acostumbrada a hacerlo"
    (3).

    El
    fotógrafo

    En "Christiano Junior, fotógrafo y escritor" (4),
    Abel Alexander y Luis Príamo se refieren al
    portugués y su importante legado. "Parte de la obra del
    notable fotógrafo portugués que trabajó en
    Argentina entre 1867 y 1883, acaba de ser rescatada en un
    libro que
    publica la Fundación Antorchas como resultado de una
    profunda investigación llevada a cabo por los autores de
    este artículo. Junto a ella, surgieron artículos
    periodísticos escritos por el fotógrafo, uno de los
    cuales, publicado en el diario La Provincia, Corrientes,
    en 1902, es reproducido ahora por primera vez".

    Escriben los investigadores:

    "José Christiano de Freitas Henriques Junior,
    más conocido por su nombre artístico de Christiano
    Junior, fue uno de los fotógrafos
    más importantes del siglo XIX en nuestro país.
    Nació en 1832 en la isla de Flores, una de las siete que
    forman el archipiélago de las Azores, perteneciente al por
    entonces reino de Portugal. En 1855 emigró al Brasil con
    su familia, integrada por su esposa y dos hijos. Se ignora
    cuándo y con quien aprendió el oficio
    fotográfico, pero en 1862 ya estaba instalado con estudio
    propio en la ciudad de Maceió, capital del estado de
    Alagoas, al norte del país. Dos años después
    se encontraba muy activo en Río de Janeiro, donde
    trabajó hasta su traslado a Buenos Aires".

    "El primer estudio que tuvo en esta ciudad, inaugurado
    en diciembre de 1867, estaba en Florida 159. Tiempo
    después se mudó a un local más amplio en
    Florida 160, que en 1875, cuando cambió la
    numeración de las calles porteñas, pasó a
    ser Florida 208. Allí permaneció hasta 1878, cuando
    vendió el negocio a la sociedad de Alejandro Witcomb y
    Guillermo Mackern, predecesores de la famosa casa Witcomb. A
    principios de
    los años setenta abrió una sucursal en Artes 118
    (hoy Carlos Pellegrini), la Fotografía
    de la Infancia, que más tarde trasladó a Victoria
    260 (hoy Hipólito Irigoyen), a cuyo frente puso a su hijo
    José V. Freitas Henriques".

    "Rápidamente Christiano Junior fue reconocido por
    la sociedad porteña como uno de los más importantes
    fotógrafos de la ciudad. Entre sus clientes se
    contaron hombres públicos notables, como Domingo Faustino
    Sarmiento -a quien retrató con la banda presidencial-,
    Adolfo Alsina, Lucio V. Mansilla o Luis Sáenz Peña.
    Según los álbumes de trabajo de su estudio, que se
    encuentran en el Archivo General
    de la Nación,
    entre abril de 1873 y septiembre de 1875 Christiano
    realizó más de cuatro mil fotografías,
    promediando la atención de unos cinco clientes diarios. En
    1871 participó en la Exposición
    Nacional de Córdoba, donde fue premiado con medalla de
    oro, lo que
    aumentó el prestigio de la casa. Asimismo fue
    fotógrafo oficial y socio de la Sociedad Rural Argentina
    desde 1875, cuando ésta organizó la primera
    exposición agraria, hasta que vendió su
    estudio".

    "Más allá de su éxito
    como retratista, fue un monumental proyecto que
    llamó Album de vistas y costumbres de la
    República Argentina desde el Atlántico a los
    Andes
    lo que daría a Christiano Junior un sitial de
    primer orden en la historia de nuestra
    fotografía. La obra sería integrada por un conjunto
    de álbumes dedicados a diversas provincias del centro y
    norte del país, cuyas fotografías llevarían
    comentarios escritos por intelectuales
    notorios de cada lugar. En 1876 y 1877 Christiano publicó
    los dos primeros, ambos dedicados a la provincia de Buenos Aires
    y con doce fotos cada uno.
    Los textos fueron escritos por Mariano Pelliza y Angel J.
    Carranza y estaban impresos en cuatro idiomas: castellano,
    francés, inglés
    y alemán en el álbum de 1876, mientras que en el
    otro el alemán fue sustituido por el italiano".

    "Estas veinticuatro fotos de Buenos Aires fueron las
    únicas que Christiano publicó, aunque no las
    únicas que tomó en la ciudad y la provincia. En
    efecto, una investigación que realizamos en la
    colección de negativos de la casa Witcomb que se encuentra
    en el Archivo General de la Nación,
    descubrió que hay allí alrededor de ciento setenta
    placas de vistas y tipos populares porteños tomadas por el
    portugués con certeza prácticamente absoluta
    (cuando Christiano entregó su negocio a Witcomb y Mackern
    en 1878 lo hizo con sus clichés, registros de
    clientes y álbumes de trabajo, de allí la presencia
    de sus negativos en la colección Witcomb del
    AGN)".

    "Es posible diferenciar los negativos de Christiano de
    los que hizo Alejandro Witcomb sobre Buenos Aires años
    después porque aquel trabajó con placas
    emulsionadas manualmente con un proceso
    llamado colodión húmedo (una disolución de
    algodón-pólvora en éter y
    alcohol que se
    esparcía sobre la placa de vidrio, la que
    luego era sensibilizada con un baño de ioduro de plata y
    se exponía inmediatamente, todavía húmeda),
    que revolucionó la fotografía a finales de la
    década del cincuenta del siglo XIX. El color
    ámbar de la emulsión al colodión, como
    así también el corte y las medidas irregulares de
    los vidrios, distinguen a las placas de Christiano de las de
    gelatino-bromuro importadas de Francia que
    utilizó Witcomb".

    "La determinación de autoría surgida de la
    investigación permitió incluir en el libro de la
    Fundación Antorchas recién editado, Un
    país en transición. Fotografías de Buenos
    Aires, Cuyo y el Noreste, Christiano Junior. 1867/1883
    ,
    numerosas fotos que hasta hoy se adjudicaban a Witcomb.
    También permitió actualizar los catálogos de
    esta colección que se utilizan en el Archivo General de la
    Nación. Es interesante agregar que los únicos
    negativos al colodión húmedo conocidos que se
    conservan en el país son los de Christiano Junior: las
    ciento setenta vistas y más de trescientos retratos de
    estudio".

    "Un año después de vender su estudio
    Christiano Junior inició una gira por las provincias de
    Santa Fe, Córdoba, Mendoza, San Luis, San Juan, Santiago
    del Estero, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy con el
    objetivo de
    completar su Album de vistas de la República
    Argentina
    . La llamó Gira artística y le
    llevó cuatro años. Comenzó en abril de 1879
    en Rosario y terminó en Jujuy en mayo de 1883. El
    último tramo lo hizo acompañado por su hijo
    José V. Freitas Henriques. En cada capital de provincia
    donde trabajó instalaba un estudio de retratos, casi
    siempre en sociedad con un colega activo del lugar, mientras
    hacía las fotos para el Album. No conocemos vistas suyas
    de las provincias de Santa Fe y Córdoba, aunque en esta
    última ciudad hizo retratos de tipos populares". "En las
    otras provincias reunió una colección de vistas
    extraordinarias cuyo número se ignora porque los negativos
    han desaparecido, pero que podría haber llegado a la suma
    de quinientas piezas (al menos, esa es la cantidad de fotos que
    vendió a la Municipalidad de Tucumán a fines de
    1883, después de completar su periplo). Con estas fotos
    editó varios álbumes, algunos dedicados a una de
    las provincias visitadas (San Juan o Mendoza, por ejemplo), otros
    a las tres provincias de Cuyo, y otros compuestos por una
    antología del conjunto. En todos los casos las fotos
    llevan leyendas de
    referenciación más o menos amplias, pero nunca los
    extensos comentarios en cuatro idiomas que imprimió en los
    dos primeros dedicados a Buenos Aires. Hay constancias de que
    también pensaba recorrer las provincias del Litoral, cosa
    que no hizo, ya que después de 1883 Christiano
    abandonó la práctica fotográfica. Sin
    embargo, aún inconcluso, su Album es una obra
    extraordinaria y única en el contexto la fotografía
    argentina -y probablemente también de la latinoamericana-
    del siglo XIX".

    "Ni bien dejó la fotografía Christiano se
    dedicó a otras actividades comerciales con el mismo
    entusiasmo que puso en aquella, aunque con menor éxito. En
    efecto, durante más de quince años invirtió
    su dinero y
    esfuerzos en la fabricación y comercialización de licores en el Brasil,
    la Argentina y el Paraguay. Al cabo
    de esa experiencia publicó un libro, Tratado
    práctico de vinicultura, destilería y
    licorería
    , impreso en Buenos Aires en 1899, con
    prólogo del escritor y científico Eduardo L.
    Holmberg, quien afirma: ‘Su libro es un libro serio,
    escrito con el
    conocimiento de la materia y
    el amor al
    prójimo. Sin embargo, desde el punto de vista
    económico el negocio fue un fracaso y dejó a
    Christiano en la pobreza’
    ".

    "Así es como lo encontramos a mediados de 1901 en
    la ciudad de Corrientes, ganándose la vida como gestor del
    estudio de fotografía y pintura que su
    hijo José tenía en Buenos Aires y dando lecciones
    de iluminación, es decir coloreado, de
    fotografías. Un ensayo del
    historiador correntino Marcelo Daniel Fernández,
    Christiano Junior, uno de los grandes precursores de la
    fotografía argentina, residió sus últimos
    años en Corrientes
    -por el cual conocemos esta etapa
    de la vida de nuestro fotógrafo- describe dicha actividad
    y cita ampliamente una serie de artículos que Christiano
    escribió para el diario La Provincia entre
    diciembre de 1901 y mayo de 1902. En general son recuerdos de
    otros tiempos y lugares donde había transcurrido su vida:
    la isla de Flores natal, el Brasil tal como lo conoció ni
    bien emigrado, y nuestro país. El profesor
    Fernández tuvo la generosa amabilidad de enviarnos
    reproducción de todos ellos".

    "El único de estos escritos donde Christiano se
    ocupa del tema fotográfico se titula ‘En los
    Andes’, y relata la expedición que realizó
    desde la ciudad de Mendoza hasta la Cordillera para registrar
    vistas destinadas a su Album. Fue publicado en La
    Provincia
    el 1º de marzo de 1902, es decir hace
    exactamente un siglo. Ahora Fotomundo lo reproduce
    íntegramente, por primera vez desde aquel entonces,
    acompañado por fotografías que integran el citado
    libro de la Fundación Antorchas. Hasta donde sabemos,
    Christiano Junior fue el único de nuestros grandes
    fotógrafos del pasado que dejó recuerdos escritos
    sobre su vida y su trabajo. Murió en Asunción del
    Paraguay a fines de 1902 y sus restos se encuentran en el
    cementerio de Olivos, donde su familia lo trasladó
    años después".

    "Agradecemos la colaboración del profesor Marcelo
    Daniel Fernández, como así también a las
    autoridades del Archivo General de la Nación por facilitar
    la investigación sobre álbumes y negativos de
    Christiano Junior que se encuentran en la
    institución".

    A continuación, el artículo:

    "En los Andes", por Christiano Junior

    "Al distinguido caballero Dr. Félix M.
    Gómez

    Un viaje a la Cordillera por el camino de Uspallata, el
    Puente del Inca y su posada; aguas termales; una galería
    fantástica".

    "Se han pasado más de veinte años,
    después de mi viaje a la Cordillera, pero aún
    conservo muy presente en la memoria los
    pocos goces y las muchas contrariedades que me acompañaron
    en ese viaje".

    "En las noches de insomnio en que mis nervios se
    encuentran agitados por alguna contrariedad de la vida, se me
    figura que esos altos y escarpados cerros, moviéndose en
    el espacio cual fantasmas
    aéreos, en su danza
    vertiginosa se caen sobre mí y me aplastan entre sus
    rocas; otras
    veces siento que me despeño en uno de esos precipicios de
    cientos de metros de altura que en algunas partes bordean el
    impetuoso río de Mendoza; y otras me creo arrastrado por
    el tempestuoso viento y envuelto en un sudario de nieve, y
    más tarde siento en las carnes el intenso dolor, causado
    por el pico y garras de un cóndor que se ceba en mi helado
    cadáver".

    "¡Qué horrible cosa es una noche de
    insomnio, poblada de fantasmas, precipicios y tempestades de
    nieve, sin esperanza de salvación, sintiendo el aletear
    del cóndor que olfatea la presa!".

    "La estación se encontraba ya muy adelantada,
    pues recién el 25 de marzo (de 1881) emprendí mi
    viaje, partiendo de Mendoza en dirección a la Cordillera por el camino de
    Uspallata. A las 8 de la noche llegamos a Villa Vicencio, posada
    donde no había ni camas ni comida, pero felizmente todo lo
    había prevenido. Las únicas cosas que allí
    pude comprar fueron un zapallo y un manojo de perejil para el
    puchero de la mañana siguiente".

    "Después que comimos un buen asado nos acostamos
    sobre nuestras camas que aunque preparadas al raso,
    proporcionaron agradable descanso a nuestros fatigados
    cuerpos".

    "Por la mañana, sentados a la mesa para almorzar,
    nos vimos cercados por seis u ocho perros de regular
    tamaño, a cuyos esqueletos, apenas cubiertos por una
    piel arrugada
    y falta de pelo en algunas partes, se podía perfectamente
    contar los huesos. Sentados
    nos miraban con atención esperando les tiráramos
    alguna comida, o que en un descuido nos la robaran como
    efectivamente sucedió, pues aunque no todo, nos robaron
    una cabeza de cordero. ¡Pobres animales!,
    ¿qué clase de
    comida les darían sus dueños? A juzgar por las
    apariencias, todo hacía presumir que su ayuno era
    permanente. Es probable que fueran perros de caza, que
    sólo comían cuando tomaban alguna
    presa."

    "Después del almuerzo seguimos nuestro viaje,
    entrando al poco rato en un camino limitado por altos barrancos
    de uno y otro lado, al que por su estrechez le llaman Corredor de
    Villa Vicencio. Como a tres leguas de distancia del punto de
    partida se levantó una neblina que nos obligó a
    interrumpir nuestro viaje en un lugar llamado
    ‘Hornillos’, donde vivía una familia chilena
    ocupada en extraer oro de una mina cuyo producto me
    dijeron no excedía de dos onzas por mes. No sé si
    por el temor de que le robásemos el producto de su mina, o
    si por escondernos la miseria de su rancho, no nos permitieron
    dormir en él, concediéndonos apenas que lo
    hiciéramos en el patio, donde había una
    pequeña gruta en la que después de limpiarla bien,
    mandé preparar las camas, evitando así la molestia
    de armar la carpa".

    "En la mañana siguiente nos pusimos en marcha y
    después de subir y cruzar el ‘Paramillo de Villa
    Vicencio’ y el ‘Cajón de las
    Niñas’, llegamos al valle de ‘Uspallata’
    a las 5 de la tarde. Este valle, de propiedad de
    la familia
    González, de la ciudad de Mendoza, rodeado de cerros de
    diferentes colores y
    alturas, ofrece al viajero un panorama muy
    pintoresco".

    "Allí cenamos y dormimos, y siguiendo nuestro
    viaje por la mañana del día 28 llegamos a los
    ‘tombillos’, a nueve leguas de distancia, donde
    pernoctamos por ser ya tarde para seguir adelante. Este lugar,
    según dicen, es un antiguo campamento de indios mineros, y
    a pesar de los años transcurridos después de su
    abandono, todavía existen muchas paredes o
    ‘pircas’, como en la provincia las llaman, restos de
    pequeñas habitaciones, la mayor de las cuales no tiene dos
    metros en cuadro: en una de ellas pasamos la noche. Al amanecer
    del día 29, después del desayuno, seguimos nuestro
    viaje, pasando por la ‘jaula’, donde el camino tiene
    apenas algunos pies sobre el nivel del río, subiendo
    gradualmente hasta el ‘Caletón’, donde se
    eleva a cientos de metros sobre el mismo río. Este camino,
    que más bien parece hecho para cabras y guanacos que para
    gente, además de su estrechez, es limitado por un lado con
    un precipicio que causa vértigo y por el otro con un alto
    barranco que lo domina por largo trecho. Debido a esa estrechez y
    a las vueltas y recodos que privan al viajero de explorarlo con
    la vista, allí se han encontrado tropas de mulas, unas que
    iban y otras que volvían, que sin poder cruzarse
    en el camino se han precipitado en el abismo, con graves
    pérdidas para los arrieros y comerciantes. Sin demorarnos
    en la ‘Punta de las Vacas’, llegamos a las 6 de la
    tarde al ‘Puente del Inca’ ".

    "A 49 leguas de Mendoza y a 4 de la cumbre de la
    Cordillera, y 3026 metros sobre la mar se encuentra el
    ‘Puente del Inca’, cuyo nombre le fue dado,
    según dicen, por la frecuencia con que allí
    acudían los Incas del
    Perú para bañarse en sus aguas
    termales".

    "El sabio que se dedica al estudio de los
    fenómenos de la naturaleza,
    mucho encontrará allí que pueda despertar su
    atención: las vertientes de aguas minerales que
    surgen espumantes de la barranca derecha del río, y cerca
    del puente, el agua que de
    ella cae en forma de lluvia y aunque fría, siempre
    mineral; las cristalizaciones unas veces revistiendo las grutas
    con un cielorraso de preciosos dibujos, otras
    formando estalactitas y estalacmitas de diferentes colores; el
    majestuoso arco del puente, el río impetuoso en su fuga,
    queriendo romper los obstáculos que se oponen a su curso
    y, finalmente, como marco de tan precioso e imponente cuadro, los
    altos y escarpados cerros que cierran el horizonte.
    ¡Qué soledad, qué majestad!".

    "Pidiendo venia a los hombres de ciencia que se
    han ocupado de la formación del ‘Puente del
    Inca’, me permito hacer una pregunta que seguro les
    causará risa: ¿Debajo de esa apariencia de
    rusticidad natural, no habrá en el centro de ese puente
    algo artificial, hecho en los primeros tiempos del Imperio de los
    Incas? Algo he leído que me autoriza a tal
    suposición: los Incas fabricaban puentes con un tejido de
    maderas y bejucos (*), que después cubrían con
    tierra y gramilla y según parece eran de mucha
    duración. ¿El ‘Puente del Inca’ en su
    origen, hace ahora muchos siglos, no sería un puente de
    esa clase, que con la acción
    del agua mineral y
    del tiempo se ha revestido, engrosado y consolidado con las
    concreciones calcáreas y ferruginosas que ahora
    ostenta?".

    "Tres malos ranchos edificados sobre los tres lados de
    un patio, que del otro quedaba abierto al naciente, formaban la
    posada en aquella época, cuyos muebles y comida mal
    preparada servida sobre un mantel de color dudoso, se armonizaban
    en su conjunto".

    "No pudiendo conformarme con tal comida servida en mesa
    y vajilla tan asquerosas, me limité a alquilar un gran
    cuarto que nos servía de dormitorio y de comedor, y uno
    más chico donde instalé la cocina en la que ayudado
    por uno de los arrieros, insigne artista en el arte de asar
    carne, dí principio a mis tareas culinarias, para cuyo
    objeto había llevado la vasija necesaria como así
    muchos y variados comestibles y vino del mejor que
    encontré en Mendoza. Además de lo referido
    también llevé mesa y bancos de catre,
    camas, ropas, dos carpas y un aparato fotográfico para
    vistas, todo conducido por 6 mulas".

    "A juzgar por los comensales que frecuentaban mi mesa
    servida con un mantel y servilletas limpias, la comida
    debía ser agradable, mucho más cuando nada les
    costaba: la única persona que no
    estaba conforme era el fondero".

    "Diez días me demoré en el ‘Puente
    del Inca’ tomando vistas, bañándome y
    cocinando. El 8 de abril a la tarde salimos en dirección
    al pié de la Cordillera donde pernoctamos. Al día
    siguiente, después de un ligero almuerzo, dí orden
    para arrear los animales y subir hasta la cumbre, con el objeto
    de sacar una vista panorámica, pero los arrieros se
    opusieron diciendo ser ya tarde para subir y volver a una de las
    casuchas del correo para pasar la noche, en la que,
    decían, caería nieve. Volvimos pues hasta la
    casucha que se levanta aquende el ‘Paramillo de las
    Cuevas’, donde resolví pernoctar mandando en seguida
    armar una carpa para los arrieros".

    "Después de la cena nos acostamos, durmiendo
    tranquilamente, pero por la mañana al rayar el día,
    me levanto y llegando a la puerta veo con sorpresa y disgusto,
    que los cerros y valles estaban cubiertos de nieve: había
    nevado toda la noche y continuaba nevando bastante. Enseguida me
    aparecen los arrieros muy alarmados con lo sucedido, trayendo por
    la mano al muchacho conductor de la madrina, quien por haberse
    enfermado de la vista, traía los ojos
    vendados".

    "No había cómo hacer fuego, pues la poca y
    mala leña que se encuentra por esas alturas estaba
    enterrada en la nieve, el poco pasto que producen esos
    áridos terrenos estaba en las mismas condiciones, de
    manera que las mulas nada tenían que comer, a no ser la
    reducida ración de maíz;
    nuestros comestibles, calculados para dos días, ya estaban
    muy reducidos; mi compañero, joven muy miedoso y poco
    acostumbrado a viajar, se desesperaba de nuestra
    situación, como así un señor que regresando
    de Chile, se refugió en la casucha el primer día de
    nuestro encierro y que como persona muy acostumbrada a viajar por
    esos lugares, con razón se alarmaba, temiendo que la nieve
    continuara por muchos días y que muriéramos por
    falta de víveres. Creo que quienes estábamos
    más conformes con la situación éramos yo y
    mi perro Pacha, que siempre que se encontraba a mi lado, no le
    faltaba buen humor".

    "Cuatro días y cuatro noche pasamos allí
    sin poder movernos, rodeados por ese fantasma de la nieve que
    amenazaba cobijar nuestros extenuados cuerpos entre los pliegues
    de su blanco sudario".

    "En la mañana del día 13, cuando
    abrí la puerta de nuestra prisión, el sol con sus
    rayos de fuego por ella entraba anunciándonos la
    salvación. Un cielo de intenso azul sin nubes
    prometía un día hermoso, y allá abajo se
    divisaba una tropa de novillos conducida por varios peones que se
    dirigían a Chile, abriendo en su paso por la nieve la
    estrecha senda por donde volvimos al ‘Puente del
    Inca’. Ya era tiempo, pues nuestros víveres se
    habían concluido, y la nieve en algunas partes llegaba a
    la altura de las mulas".

    "¡Qué escapada providencial!"

    "Con la alegría de los náufragos que han
    vagado durante varios días en el océano sobre una
    frágil jangada, y que llevados por un viento y corriente
    favorables llegan a una playa hospitalaria, así llegamos
    al ‘Puente del Inca’ ".

    "Un caso que mucho admiré durante mis excursiones
    entre el ‘Puente del Inca’ y el ‘Paramillo de
    las Cuevas’, fue la cantidad de yeseras que en forma de
    pequeños cerros se ostentan a los costados del camino. Si
    estas yeseras estuvieran en las inmediaciones de un puerto y
    fueran explotadas debidamente, darían por muchos
    años yeso suficiente para todo el mundo. Dos pozos que se
    encuentran a media cuesta del ‘Paramillo de las
    Cuevas’, no despertaron menos mi atención: uno de
    ellos estaba casi borrado y el otro tendría como 8 o 10
    metros de profundidad, pero personas que hace muchos años
    viajaban para Chile, me han dicho que conocieron esos pozos o
    cuevas como generalmente les llaman, con una profundidad tal, que
    uniendo varios lazos y atando una piedra en la punta nunca han
    tocado el fondo, y que tirando piedras adentro, éstas iban
    chocando contra las paredes, produciendo un ruido que poco
    a poco iba disminuyendo de intensidad hasta desaparecer por
    completo, debido a su gran profundidad".

    "A pesar de mis indagaciones, no he podido saber con
    certeza el origen de estas cuevas. Dicen algunas personas que
    ellas existen desde tiempo inmemorial, pero no falta quien diga
    que se han formado con el temblor que destruyó a Mendoza.
    A mi entender esos pozos se han abierto durante algún
    cataclismo, para dar salida a los gases
    comprimidos en el centro de la
    tierra".

    "El día 21 dejé el ‘Puente del
    Inca’ y bajando por el lado derecho del río
    pasé frente al ‘Cerro de los Penitentes’, el
    cual cuando se encuentra cubierto de nieve presenta un
    espectáculo muy curioso e ilusorio, pues unas puntas o
    aristas que se destacan en su plano inclinado, vistas de lejos
    parecen monjes o penitentes, unos en actitud de
    orar, otros de contemplación; y es debido a esa
    ilusión óptica
    que le dieron tal nombre".

    "Uno de los fenómenos que más llamó
    mi atención fue una galería de muchos metros de
    extensión, quizás de cuadras, y de una altura y
    anchura de 4 o 5 metros, formada por una o más avalanchas
    de nieve que en el año de 1879 o 1880 se desprendieron de
    los cerros, cayendo en el lecho de un zanjón por donde en
    el verano corre un pequeño arroyo. Tal fue la masa de
    nieve desprendida que alcanzó hasta la barranca izquierda
    del río de Mendoza, el que por varias horas quedó
    aprisionado, hasta que pudo horadar y pasar, formando un puente,
    que durante todo el invierno y primavera siguientes dio pasaje a
    muchos peones y jinetes. Finalmente con los calores del
    estío y el trabajo de
    las aguas del río, el puente de nieve se derritió,
    pero no así la parte que llenaba el zanjón, en la
    que la temperatura de
    las aguas represadas del arrojo formaron una inmensa y
    fantástica galería, iluminada en varias partes por
    pequeños tragaluces, donde la nieve ya muy delgada dejaba
    pasar los rayos luminosos. ¡Era una verdadera maravilla
    fantasmagórica y digna de figurar en los cuentos de Las
    mil y una noches
    !"

    "Me han contado que un empleado del telégrafo
    trasandino que andaba recorriendo la línea y que por
    felicidad llevaba el caballo por la rienda, pasaba por ese lugar
    en momentos en que caía una avalancha, la que le
    sepultó el caballo, quedando él ileso".

    "Después de varios días de demora en la
    margen derecha del río, lo crucé en el punto de su
    unión con el Tupungato y me dirigí a Mendoza, donde
    llegué el 28, habiendo pernoctado en los mismos puntos
    donde lo hiciera a la ida, sin faltar la ‘Gruta de los
    Hornillos’, y la famosa posada de Villa Vicencio, sin
    camas, sin comida, y con sus perros hambrientos".

    (*) Planta enredadera que produce sarmientos que sirven
    como cuerdas

    La
    soprano

    Regina Pacini de Alvear nació "en Lisboa,
    Portugal, el 5 de enero de 1871. Dedicada al arte lírico,
    a los diecisiete años se consagró al presentarse en
    el teatro San Carlos
    de su ciudad natal, cantando La sonámbula, de
    Bellini. A partir de ese día, 5 de enero de 1888,
    conoció el éxito en escenarios de toda Europa. Con un
    repertorio variado, la alumna de Vilani y Matilde Marchessi, con
    quienes había estudiado en París, tuvo por
    compañeros, entre otros, a Caruso y Tita Ruffo. En 1899
    vino al Río de la Plata, para cantar en el Solís de
    Montevideo y en el Politeama de Buenos Aires. Aquí Alvear
    la vio y oyó por primera vez, y la seguiría luego
    por diversas salas, hasta que ella lo aceptó como marido.
    Se casaron en Lisboa el 29 de abril de 1907, y esta
    decisión de la Pacini determinó su retiro de la
    escena. Desde entonces se convirtió en la esposa del
    político y del hombre de
    Estado, junto al cual supo desempeñarse con el
    señorío propio de quien descendía de
    personalidades notables. Después de la muerte de
    Alvear, en 1942, se consagró al ordenamiento del archivo
    de aquél, para que pasase a poder de la Nación.
    Obras piadosas ocuparon su tiempo pero en especial una que desde
    1927, fecha de la fundación, tenía su preferencia
    por el significado sentimental: la Casa del Teatro. Los
    continuadores de su obra no han cesado de rendirle el homenaje de
    su gratitud –la sala teatral de la misma se llama Regina-,
    por esa iniciativa que favorece a los menos afortunados del mundo
    teatral. La localidad Villa Regina, en Río Negro, fundada
    en 1924, fue bautizada así en su homenaje. Murió en
    su residencia de Don Torcuato, provincia de Buenos Aires, a los
    noventa y cuatro años de edad, el 18 de septiembre de
    1965" (5).

    En Regina y Marcelo, Ana María Cabrera
    recrea la historia de amor entre la
    soprano y el presidente; la suya es "una novela de
    pasiones, renunciamientos, éxitos y fracasos, y por sobre
    todo, la historia de un amor indestructible" (6). "La boda de
    Marcelo T. de Alvear y la famosa soprano portuguesa Regina Pacini
    despertó los más insidiosos comentarios de la
    sociedad porteña, que no podía admitir que el
    soltero más codiciado del ambiente se
    casara con una artista. Cuando Alvear asume la presidencia de la
    Nación en 1922, Regina se convierte en la Primera Dama del
    siglo XX. Y, a pesar de la injusta indiferencia de los
    argentinos, demuestra la generosidad de su alma al crear
    la Casa del Teatro, un emprendimiento por entonces único
    en el mundo, destinado a la protección de sus colegas
    artistas" (7).

    En "Escritoras de hoy miran a las mujeres de ayer",
    Norma Pérez Martín se refiere a esta obra y al
    contexto en el que surge:

    "La novela
    histórica instala en nuestros días un espacio
    frecuentado por autores y lectores. El siglo XlX desde la
    óptica romántica primero, y realista-naturalista
    después, aportó obras que constituyeron modelos en su
    género.
    Actualmente, otros postulados y otras estéticas invaden y
    multiplican los textos. La modernidad (o,
    para ser más precisos, la posmodernidad)
    refleja crisis de
    valores,
    descreimientos, la devorante globalización frente a las utopías
    de ayer constituyen algunos tópicos que vertebran obras
    que hoy circulan en la narrativa-, el cine, el
    teatro, etc".

    "La novela histórica en argentina cuenta con
    hombres y mujeres atraídos por personajes tentadores para
    su ficcionalización".

    "Me centraré pues dada la abundancia de material
    en algunas obras escritas por tres novelistas, cuyos ejes
    temáticos apuntan a figuras femeninas poco conocidas, mal
    conocidas o desconocidas hasta ahora. en todas estas creaciones
    ficcionales el pasado se observa con sentido crítico,
    desprejuiciadamente y en ciertos momentos apelando a la
    parodización frente a los vicios y tabúes que la
    sociedad imponía. Aquellas épocas se desnudan como
    reflejo y origen de muchos males que continúan
    aquejándonos".

    Se ocupa de "Amadísimo patrón", de Susana
    Bilbao; La princesa federal y "Una Mujer de Fin de
    Siglo", de María Rosa Lojo; "Felicitas Guerrero (La mujer
    más hermosa de la república)"y "Regina y Marcelo:
    un duetto de amor", de Ana María Cabrera.

    Acerca de esta última obra, manifiesta: "Si bien
    los personajes que enuncia este título no son
    desconocidos, merece destacarse el subtítulo de la novela.
    ¿Por qué un ‘duetto de amor’? no
    sólo porque alude a la relación de Regina Pacini
    con Marcelo T. de Alvear, sino porque la música justifica en
    esencia a la protagonista y ofrece recursos
    discursivos metafóricos y sonoros a la novelista. La
    famosa soprano portuguesa Regina Pacini, al casarse con el
    privilegiado y donjuanesco Marcelo (que llegaría a la
    presidencia de la nación) traía una rica y exitosa
    carrera artística desarrollada en los más
    importantes teatros líricos de Europa. Reconocida y
    aplaudida por gobernantes, reyes y afamados maestros de la
    ópera, abandonará la fama y los escenarios por amor
    y sumisión a su marido. Marcelo, amante de la
    música, fascinado por la voz de aquella mujer al casarse
    le exigirá que abandone el canto. Ana María Cabrera
    con minucioso tratamiento psicológico focaliza a estos dos
    personajes movidos entre la pasión, la sumisión, la
    entrega y el autoritarismo machista".

    "La trayectoria de Regina no culmina como primera dama
    (junto al triunfante candidato del radicalismo). Ella
    llevará a cabo la fundación y dirección de
    la Casa del Teatro. A partir de esta perspectiva la novelista
    acentúa la sensibilidad social y la calidad humana de
    quién fuera menospreciada por la oligarquía
    porteña (por su pasado como actriz). Regina Pacini
    decidió levantar la Casa del Teatro (que hoy
    perpetúa su nombre en nuestra ciudad) pues le preocupaba
    dar albergue a los hombres y mujeres de la escena nacional que
    carecieran de familiares y recursos para sobrevivir".

    "Luces y sombras: estas y otras obras de nuestro tiempo
    revelan realidades opacadas o calladas totalmente por la historia
    oficial" (8).

    El
    pintor

    Luis Gowland Moreno nació en Madeira, Portugal,
    en 1902; falleció en Buenos Aires en 1971. "Adhirió
    al movimiento del
    informalismo argentino. Su obra se caracteriza por sus temas
    urbanos: casas, plazas y escenas callejeras. Desde 1939
    concurrió al Salón Nacional. Obtuvo numerosos
    premios y sus obras fueron incorporadas a los principales museos,
    como el Nacional de Bellas Artes,
    el Provincial de Santa Fe, el Municipal de Córdoba y el de
    Mar del Plata. En 1963 fue invitado por Jorge Romero Brest a
    exponer en el Museo Nacional de Bellas Artes, junto a Antonio
    Berni y Juan Del Prete" (9).

    Del 28 de Noviembre al 20 de Diciembre de 2002, tuvo
    lugar en la galería Principium la muestra "Papeles
    de los ‘60", en la que participaron Carlos Alonso, Ernesto
    Deira, Luis Gowland Moreno, Alberto Heredia, Kenneth Kemble,
    Rómulo Macció, Freddy Martínez Howard,
    Fernando Maza, Marta Minujin, Luis Felipe Noé, Rogelio
    Polesello, Mario Pucciarelli, Dalila Puzzovio, Emilio Renart,
    Josefina Robirosa, Jorge Roiger, Kasuya Sakai, Antonio
    Seguí, Grete Stern, Pablo Suárez, Clorindo Testa y
    Luis Wells.

    En "Una mirada a los años sesenta" se
    afirmó acerca de la misma:

    "Los contradictorios y seductores años 60 han
    quedado caracterizados como un período de gran libertad y
    enormes esperanzas, como la etapa que marcó el primer gran
    capítulo del protagonismo mundial de los
    jóvenes".

    "Sus partícipes fueron portadores de las
    ilusiones de una sociedad confiada en que el cambio era de
    verdad posible, deseable, y en cierto modo
    inevitable".

    "Muchos testigos de aquellos años los interpretan
    como un período dorado de la civilización, con
    logros tecnológicos y artísticos que modificaron
    para siempre muchos aspectos de la vida humana".

    "Ya finalizada la Segunda Guerra
    Mundial y atenuados los efectos de la posguerra, el mundo se
    sumerge en una ola de optimismo generalizado. Se experimentaron
    una serie de profundos cambios relacionados con la
    modernización de la sociedad".

    "Eran años en que todo parecía posible, y
    a su vez años conflictivos, tanto en el panorama mundial
    como en el local. El ‘swinging London’' y
    Woodstock convivían con la guerra
    fría y Vietnam".

    "El mundo estaba gobernado por algunas de las grandes
    figuras nacidas a fines del siglo anterior: De Gaulle, Churchill,
    Adenauer, Nehru, Nasser. Casi todos morirían en los
    sesenta o a comienzos de la siguiente década.
    También en esos años mueren violentamente los
    jóvenes John y Robert Kennedy, Martin Luther King,
    Patricio Lumumba y Ernesto Guevara Lynch. Los grandes hombres y
    las grandes causas son de este tiempo, el tiempo de las grandes
    esperanzas en la transformación de la realidad. Tal vez
    sean los valores
    utópicos de entonces los que hoy generan una gran
    nostalgia".

    "El carácter rebelde no se limitó a ser
    el rasgo de una minoría ilustrada, sino un elemento de
    gran expansión social, presente en infinidad de personas,
    lugares y situaciones".

    "El mayo francés quedó canonizado porque
    partía de ese gran centro de irradiación de
    prestigio intelectual que era París, aunque la realidad
    indica que la rebelión juvenil no se encendió y
    apagó en sus barricadas".

    "En la Argentina de los sesenta se vivieron muchos
    momentos de alto valor
    artístico y cultural. En aquellos años se registra
    el punto más alto en la curva de crecimiento de la
    industria
    editorial local. Las revistas de actualidad dedicaban grandes
    espacios a los ‘happenings’ y la cultura
    estaba de moda.
    Había un notable florecimiento de variados grupos y
    movimientos con inquietudes artísticas e intelectuales de
    toda índole".

    "El Instituto Di Tella fue un complejo generador de
    muchas manifestaciones artísticas, era un faro de la
    experimentación y la vanguardia y
    uno de los ejes principales de la actividad cultural de aquella
    década".

    "La
    televisión también estaba en el momento de
    plenitud total de su rol, mostrando al mundo en directo la
    llegada del hombre a la luna. Por primera vez la audiencia
    argentina recibió una transmisión vía
    satélite y más de cuatro millones de espectadores
    se emocionaron con los primeros pasos de Neil Amstrong sobre la
    desolada superficie lunar y con su ya histórica frase
    "Este es solo un pequeño paso dado por un hombre pero
    representa un gran salto para la humanidad’ ".

    "Sería injusto para con los muchos artistas que
    ya venían trabajando, presentar esta década como un
    brote sin raíces en el pasado reciente que si bien
    significó una gran apertura en el arte y la cultura, es
    innegable que ya desde mediados de los cincuenta comienza a
    gestarse lo que adquiriría un perfil definitivo en los
    sesenta".

    "En el catálogo de la exposición
    ‘Siglo XX argentino, arte y cultura’, Raúl
    Santana nos dice muy lúcidamente que ‘la
    década del sesenta, más allá de cualquier
    otra consideración, sigue siendo paradigmática, y
    en un dialéctico juego,
    está en la base de las más encumbradas visiones y
    procedimientos
    artísticos de nuestra actualidad’ ".

    "Hemos decidido presentar en nuestra sala una selección
    de obras sobre papel de varios artistas elegidos entre los
    más representativos de los años sesenta en nuestro
    país. Estamos seguros que este
    conjunto de obras refleja la gran calidad que éstos
    siempre tuvieron".

    "Evocar a los sesenta en todos sus aspectos, es una
    forma de valorar todo lo positivo que nos han dejado, y
    también un camino para comprender que ningún tiempo
    pasado fue tanto mejor que el que nos toca vivir".

    El catálogo incluye la biografía de los
    artistas. Transcribimos la que nos interesa
    especialmente:

    "LUIS GOWLAND MORENO (Funchal, isla de Madeira, 1902 –
    Buenos Aires 1971). Pintor. 1951, Bienal de Arte Hispanoamericano
    de Madrid y 1956,
    exposición ‘150 años de Pintura
    Argentina’ realizada en la National Gallery of Art
    de Washington. A partir de 1957 inicia la búsqueda de
    experiencias informalistas. 1963, integró la
    exposición de Arte Informalista Argentino que
    recorrió varias capitales españolas. Ese mismo
    año expone en el MNBA invitado por Romero Brest junto a
    Antonio Berni y Juan Del Prete. 1984, se realizó en el
    Palais de Glace una retrospectiva de su obra"
    (10).

    En
    testimonios

    En "Sabores de una historia", varios jóvenes
    autores de esa ascendencia recogen el testimonio de una abuela
    portuguesa, matizado por recetas culinarias.

    Ellos escriben: "Vamos a contar una historia de una
    abuela que podría ser la de cualquiera de nosotros y a
    través de ella tratar de conocer parte de la cultura de la
    colectividad portuguesa en la Argentina pero todavía no
    hablamos del ingrediente que servirá para hacer de una
    historia individual algo que abarque a muchas más
    personas. Y hablando de ingredientes ¿Qué mejor que
    la gastronomía?".

    "La cocina nos transporta al pasado
    automáticamente. Los olores, sabores, ruidos de ollas o
    del aceite
    hirviendo nos recuerdan pedazos de nuestra infancia más
    vivamente que una foto. Casi podemos vernos a nosotros mismos
    desde la cuna observando a nuestra madre haciendo una papilla o
    ya más grandecitos recibiendo reproches por hurgar entre
    las sartenes calientes en busca de nuestra comida favorita. Es
    imposible no asociar ciertas comidas a una persona o a un lugar
    que ha quedado en el pasado y es por eso que la
    gastronomía es uno de los elementos más sencillos y
    efectivos para hacer fuertes los lazos que nos unen a nuestros
    ancestros y a esas historias comunes de las que hicimos
    referencia anteriormente".

    "No hay que esperar un arduo trabajo de
    recopilación de información o datos concretos,
    es solamente un relato de vida de una inmigrante contada a
    través de recetas que por supuesto dejará muchos
    puntos en el tintero pero al mismo tiempo muy probablemente sirva
    para conocer parte del Patrimonio
    Gastronómico de la colectividad Portuguesa y lo que es
    aún más importante para conocer un poco más
    acerca de nosotros mismos y de nuestro pasado".

    "Llegamos a la casa de Zulmira una tarde de Mayo
    comentándole el trabajo que se nos había planteado
    realizar. Vive en una casa pintoresca y sencilla en Villa Elisa,
    una localidad cercana a La Plata, donde existe una comunidad muy
    importante de portugueses que llegaron hasta aquí por
    diversas razones. Para nuestra suerte esa misma tarde estaba
    preparando unos ‘Felhoses’ (buñuelos de
    zapallo) que desaparecieron antes de terminar la primera pava de
    mate".

    "Le comentamos que íbamos a realizar un trabajo
    sobre la colectividad portuguesa en Argentina y más
    específicamente sobre el patrimonio culinario de dicha
    colectividad y cómo era reproducido en esta tierra
    adoptiva. Luego de este comentario ya no pudimos hablar, fue como
    encender una máquina del tiempo impulsada por el motor de los
    recuerdos y la melancolía. Eran tantos datos, recetas,
    relatos, historias, personas, lugares que no nos daban las manos
    para volcarlos al papel. Así fue que esa tarde decidimos
    olvidarnos del trabajo y dedicarnos a escuchar, escuchar como un
    nieto escucha un cuento en los
    brazos de su abuelo esperando que esa historia nunca
    termine".

    "Luego de esa reconfortante experiencia decidimos que lo
    mejor era dividir al trabajo en varias partes para hacer
    más fácil la recolección de
    información y además para tener la excusa de poder
    frenar a ‘la abuela’ cuando se embalara en el
    relato".

    "Zulmira Rosa Alves nació hace 68 años en
    Extremadura, región de Portugal donde se encuentra la
    capital: Lisboa. Es una tierra de grandes atractivos naturales,
    costas y obras arquitectónicas monumentales y
    centenarias".

    "Joaquín Alves, padre de Zulmira (recordemos que
    Rosa es el apellido materno que en Portugal es el que figura
    primero) nació en aquella región y formó una
    familia numerosa como era común en aquel entonces y
    él fue el primero de la familia que en un contexto general
    de hambre en Europa se decidió a venir a probar suerte a
    una tierra lejana y desconocida. Así que llegó a la
    Argentina alrededor de 1935 y trabajó en la fábrica
    Loma Negra en Olavarría".

    "Luego de unos años, después de terminada
    la segunda guerra,
    Joaquín volvió a su tierra con intenciones de
    quedarse pero la situación no era como él pensaba.
    Luego de estar alejado de su familia por casi diez años en
    Europa casi nada había cambiado y en Portugal incluso las
    cosas eran más difíciles aún porque un
    dictador tomaba ahora las decisiones en el gobierno. Ante
    tal panorama, Zulmira, ya adolescente presionaba a su padre para
    que regrese a la Argentina pero esta vez con toda la familia. Y
    así fue".

    "En 1950 ‘nuestra abuela’ con 17 años
    llegaba a esta tierra que según sus palabras imaginaba
    como ‘un lugar lleno de oportunidades y donde todos
    podían trabajar y vivir bien’. Al llegar aquí
    se dio cuenta de que no todo era tan fácil y
    entendió lo difícil que es dejar la patria.
    ‘Ser inmigrante es cargar una mochila muy pesada llena de
    desarraigo que sólo se hace más leve cuando nacen
    los hijos. Es muy difícil llegar a un lugar donde nadie te
    conoce y ni siquiera habla tu idioma pero con los años uno
    hecha raíces y regresar deja de ser una
    opción’ ".

    "Se nota en su rostro al decir estas palabras una gran
    melancolía y añoranza pero no arrepentimiento.
    Según ella cada vez que se va a dormir y cierra los ojos
    vienen a su mente los paisajes, personas, olores de diferentes
    comida y otras cosas que hacen que nunca pueda olvidarse de su
    lugar de nacimiento".

    "Villa Elisa es una localidad de cerca de 50000
    habitantes cercana a la ciudad de La Plata. Este es su hogar
    ahora, aquí tuvo su familia y vivió toda su vida
    desde vino a este país. Llegó cuando al regreso de
    su padre a la Argentina no pudo volver a trabajar en Loma Negra.
    Las tierras de Pereyra Iraola habían sido expropiadas en
    gran parte y esos terrenos eran alquilados a familias de
    inmigrantes que trabajaban la tierra. En una de esas tierras se
    instalaría su familia para comenzar a pelear en esta
    Argentina".

    "Los primeros tiempos fueron difíciles, se
    encontraron en medio de una comunidad húngara con la que
    se hacía muy complicado comunicarse. Existía un
    importante asentamiento de portugueses que se dedicaban a la
    floricultura pero se encontraban del lado oeste de las
    vías del Ferrocarril Roca y no tenían contacto con
    los quinteros (húngaros). Estos portugueses en su
    mayoría provenían de Comodoro Rivadavia donde
    habían trabajado en el
    petróleo y luego la vida los traería más
    de mil kilómetros al norte otra vez a una tierra
    totalmente distinta".

    "Uno de los primeros cambios fue justamente en la dieta
    ya que pasó de ser a base de pescados y frutos de mar a
    ser ahora compuesta en su mayoría por frutas y hortalizas.
    La carne era de muy mala calidad por lo que la mayoría de
    las familias criaba animales de granja para sacrificarlos y
    comer".

    "Zulmira no recuerda mucho los postres que comía
    en los primeros tiempos. Quizás el olvido se deba a que en
    los tiempos difíciles elaborar un postre era algo que no
    se hacía habitualmente en una familia de inmigrantes de
    clase media baja. ‘lo que si recuerdo es estar ayudando a
    mi madre a hacer las areias que son unos bocaditos dulces
    para la merienda’ ".

    La evocación prosigue: " ‘con los hijos de
    las otras familias portuguesas que vivían mas cerca de
    nuestro hogar nos juntábamos a recorrer y a charlar con
    otras chicas de las historias de amor que habíamos tenido
    y como fue cuando despidieron a su amor al tener que dejarlos en
    su tierra. Estas historias y charlas eran muy comunes entre las
    jovencitas de esa época. Me acuerdo de una amiga de mi
    pueblo y que todas las tardes íbamos a charlar mientras
    alimentábamos a las gallinas hablando acerca de todo lo
    que habíamos dejado atrás’ ".

    "A falta de un postre típico para presentar esta
    etapa de la vida de ‘nuestra abuela’ vamos a incluir
    la receta de las ‘Areias’ que si bien no es un
    postre tradicional es una masita dulce que se come por las tardes
    con el mate o con el te. Hablando del mate Zulmira nos
    contó que al principio le parecía una costumbre muy
    extraña y no le gustaba, pero sin embargo nos dijo que el
    mate cocido sí le gustó".

    "Los años pasaron y la Argentina ya no
    parecía una tierra tan extraña. El tiempo cura o
    alivia todas las heridas y por eso la tristeza por estar lejos
    del pueblo natal se fue transformando en nostalgia. Cuando
    tenía veinte años conoció al amor de su vida
    y se casó formando una familia de la que hoy está
    más que orgullosa. Joaquín Da Conceicao era
    también un inmigrante venido de Portugal que por
    casualidad era de la región de Extremadura como Zulmira.
    Su historia era poco diferente ya que vino al país con tan
    sólo dos años por lo que la adaptación fue
    mucho más fácil y no llevaba sobre sus espaldas el
    peso del desarraigo. Era un argentino nacido en Portugal, se
    podría decir".

    "Joaquín vivía también en Villa
    Elisa pero del otro lado de las vías, su familia trabajaba
    en la floricultura y él había realizado con
    éxito el curso de técnico tornero y hasta tuvo su
    propia tornería que se fundió
    obligándolo a conseguir trabajo como tornero en la
    fábrica Alpargatas".

    "Luego de casados se mudaron a una precaria vivienda que
    alquilaban pero con la llegada del primer hijo (José Luis)
    tuvieron que mudarse nuevamente y así llegaron a la casa
    donde hoy todavía viven. Para la obtención de
    mayores ingresos Zulmira
    hizo un curso de corte y confección y este trabajo le
    redituó durante muchos años".

    "Con el nacimiento de sus otros dos hijos (Alberto y
    María Teresa) la casa tuvo que ir ampliándose.
    Después de algunos años Zulmira puso su propio
    negocio (una ferretería) el que conservó hasta hace
    unos pocos años".

    " ‘El trabajo me quitaba mucho tiempo para atender
    a mis hijos pero siempre encontraba tiempo para cocinar cosas
    ricas para ellos. A través de las comidas les relataba
    historias de mi pueblo para que conozcan mi pasado. Muchas veces
    no me escuchaban pero si lo hacían cuando les hacía
    sus comidas preferidas’ ".

    "En ese entonces ya eran comunes las heladeras y la
    calidad de la carne había mejorado notablemente. Al ya no
    tener quinta los productos
    frescos como las frutas, verduras y huevos se compraban en el
    mercado y la
    leche y quesos
    eran traídos por el lechero todas las
    mañanas".

    " ‘Como no recordar la noche de Navidad con
    mucho frío cerca del hogar, hace 60 años se
    cocinaba con leña mientras los abuelos le contaban cuentos
    a los nietos al lado del calorcito, mientras los más
    grandes ayudaban a armar la mesa. Con ocho años esas cosas
    se viven intensamente’ ".

    "Es posible que sean las fiestas la época en que
    más se extraña el pueblo natal, y quizás
    esta sea la causa por la que se mantienen vivas las costumbres.
    Tal vez sea la gastronomía la costumbre que mejor
    represente esto, si no cómo explicar que en medio del
    calor del
    verano se consuman platos típicos del invierno. ‘Las
    primeras Navidades en Argentina fueron muy difíciles, pero
    siempre respetábamos la comida y platos tradicionales que
    nos traía nostalgia y nos reconfortaba al mismo
    tiempo‘ ".

    "Zulmira nos contaba sus recuerdos de los preparativos
    para la cena de Navidad: ‘se cocinaba bacalao con papas
    cebolla y cabezas de nabo con ese gustito tan rico tirando a
    picante. Aparte se hervían el brócoli y las coles a
    fuego fuerte se condimentaba con aceite de oliva, aceitunas y
    huevos duros. Se tomaba mucho vino blanco, dorado y verde, y
    luego antes de las doce se comían los felloses que
    son unos buñuelos de zapallo dulces y amarillos tirando a
    naranjas que se acompañan con café,
    agua ardiente y vino de Oporto. Para el día de Navidad era
    infaltable el cabrito hecho a leña en el horno de barro
    acompañado de arroz blanco, y de entrada generalmente,
    unas almejas y una copita de Cinzano Rosso. Los postres de
    Navidad son hechos con variedades de dulzuras, nueces, almendras,
    higos secos blancos del sur de Portugal, etc. Con los postres es
    infaltable el vino de Oporto, o también es infaltable el
    vino roses. Otra cosa que no puede faltar es el arroz
    doce
    (arroz con leche) que se distribuye en platos de postre
    y con canela se pone las iniciales de cada familiar en el plato y
    se dibujan las flores de la zona, ¡¡¡qué
    hermoso recordar estas cosas!!!’ ".

    "Para Zulmira la Navidad representa siempre una manera
    de reunir a la familia y de recordar a través de las
    charlas y de las comidas como fue su pasado, su tierra querida y
    sus tradiciones que tratan de seguir haciendo en este país
    a tantos kilómetros de sus raíces".

    " ‘Ya con poca memoria por los
    años y los avatares de la vida no puedo sin embargo
    olvidarme de la Pascua, junto con las tradicionales ceremonias de
    Semana Santa, Pues en esos días la mayoría come
    mucho pescado que se elabora de diferentes formas, sólo el
    bacalao tiene 365 recetas, una para cada día, y
    además se comen también muchas sardinas asadas que
    solamente se consiguen en Portugal y algunas partes de España.
    También en el Día de Todos los Santos recuerdo lo
    lindo que era ver a todos los niños
    que iban a visitar a todos sus padrinos y madrinas, esperando
    toda clase de cosas ricas sin que falten hasta el día de
    hoy las merenduinhas dulces que son como un pancito
    francés hecho con canela, anís hierba dulce, etc.
    Además de los piñones torrados y los higos secos
    picados, almendras y nueces’ ".

    "’ Bueno, basta porque lloro mucho al recordar
    estos sabores. Se me viene a la mente las siete colinas sobre las
    cuales se edifica Lisboa con los palacios y jardines que en parte
    funcionan como posadas o restoranes, ver el mar verde, la
    desembocadura del río Tajo, la torre de Belén y
    muchas cosas más’ "

    " ‘Para mi siempre fue importante mantener un
    contacto con la colectividad portuguesa ya que es una forma de
    traer mi pueblo a la Argentina y de mantener y usar mi idioma. Me
    gusta juntarme a escuchar fados (folclore
    portugués) y las famosas melodías de las guitarras
    de doce cuerdas’ ".

    "Para suerte de Zulmira muy cerca de su casa se
    encuentra la Casa de Portugal ‘Virgen de
    Fátima’ que organiza reuniones periódicamente
    donde la gastronomía y música portuguesas siempre
    dicen presente. La fecha más importante que festeja la
    colectividad es el 10 de Junio: Día de Portugal y la
    Lengua
    Portuguesa. Se realizan grandes festejos donde conviven los
    inmigrantes más antiguos con niños que
    recién comienzan a entender un poco de sus
    antepasados".

    "En interminables parrillas se hacen gigantescas
    parrilladas, se toma mucho vinho verde y se comen
    deliciosas tortas y otros postres a los que se suma el
    helado".

    "Otra forma que Zulmira se encontró para reforzar
    sus raíces es la de organizar viajes de
    peregrinación hasta Tandil donde se encuentra el santuario
    de la Virgen de Fátima. Ella misma se encarga de conseguir
    los micros, organizar las visitas, buscar la gente para viajar,
    juntar el dinero,
    etc. Y todo lo hace sin obligación y con mucho gusto como
    si de esta forma encontrara una felicidad que sería muy
    difícil de explicar y entender con palabras".

    "Toda estás diferentes formas de reunirse con la
    colectividad la han llevado a conocer muchos portugueses o
    descendientes de portugueses con los que usualmente se
    reúne los domingos a comer algún que otro bacalao
    con papas o ¿por qué no? un regio asadito hecho por
    ella misma".

    "’No sé qué haría si no
    conociera aquí a alguien de mi tierra con quien pueda
    hablar mi lengua y contar historias de un hogar que hoy se
    encuentra lejano en distancia pero muy cerca en recuerdos. Por
    eso me gusta invitar ‘paisanos’ a comer a casa
    así de esta forma mantengo viva mi condición de
    portuguesa. Además siempre fui muy predispuesta a charlar
    con la gente y tengo amigos en todos los lugares que visito.
    Siempre alguno pasa por mi casa y se queda algunos días y
    yo no pierdo la oportunidad para cocinarles algo rico y bien
    portugués’ " (11).

    En
    biografías

    Rubèn Benìtez, periodista y escritor,
    està radicado en Bahìa Blanca, donde dirige el
    suplemento semanal de cultura del diario La Nueva
    Provincia
    . Completò estudios de arte y letras, como
    becario, en la Universidad
    Complutense de Madrid, època que refleja en Dìas
    y caminos de España
    . Escribiò las novelas La
    pradera de los asfòdelos
    y Los dones del
    tiempo
    , numerosos cuentos y poemas, y la
    obra de teatro Ezequiel, estrenada en ocasiòn del
    Congreso Internacional sobre la vida y la obra de Ezequiel
    Martìnez Estrada, realizado en la ciudad
    bonaerense.

    La inmigraciòn que llegò a la Argentina
    aparece en varias de sus obras. En Los dones del tiempo
    (12) –biografía de la asturiana Cecilia Caramallo-
    se refiere a los inmigrantes en Bahìa Blanca, sus
    expectativas cumplidas y fallidas, sus recuerdos, sus
    abnegaciones. Entre esos inmigrantes, hay portugueses.

    Amèrica aparece –al igual que en todas las
    novelas de inmigraciòn- como el destino soñado, que
    desconcierta a los extranjeros con su forma de entender la vida y
    las distancias. Para un portuguès, para una asturiana, las
    tierras son enormes, la cantidad de ganado es tal que debe dormir
    a la intemperie. Son realidades difìciles de aceptar para
    quienes vienen acostumbrados a lo exiguo, a lo
    mìnimo.

    En Bahìa Blanca, en Pelicurà, se
    desarrolla la acciòn y esta circunstancia la vuelve de
    especial interès para quienes habitan la ciudad y para
    quienes, desde cualquier parte del mundo, quieran saber sobre la
    forma de vida de los inmigrantes en ese punto de la Argentina.
    Aporta datos sobre la vida de portugueses, asturianos, escoceses
    e ingleses en la provincia de Buenos Aires, a partir de fines del
    siglo pasado y hasta nuestros dìas, en que la anciana
    transita con su coche causando espanto a los transeùntes y
    a los otros automovilistas.

    En "José Balbino, el portugués" (13),
    Maria Elena Massa de Larregle relata la historia de este
    inmigrante. Su ensayo fue
    distinguido con el Segundo Premio en el Certamen "Recuerdos de
    Olavarría", en el que actuaron como Jurados los profesores
    María Teresa Sanseau de Marino, Marta Spaltro de
    Pantín y Roberto Forte.

    Transcribimos algunos pasajes:

    "El había nacido en Portugal el 9 de marzo de
    1900. Casado con Ana Brígida Ferreyra y padre de una
    niña (María, hoy señora de Elbey),
    pasó con ellas a Francia por un breve tiempo, y desde
    allí vinieron todos a la Argentina en 1930. Su lugar de
    radicación fue una cantera próxima a Villa
    Mónica, llamada según referencias Cerro del Aguila,
    donde trabajó como picapedrero. Era ése un oficio
    duro pero muy requerido en tiempos en que continuaba avanzando el
    empedrado en ciudades del interior (recién después
    del año 1938 fue desplazado por el asfalto, llegando esa
    tarea de recambio a Olavarría, hasta tiempos de la
    intendencia de Alfieri, en los años setenta".

    Por participar en una huelga de
    obreros, se quedó sin empleo. "Una
    circunstancia fortuita lo constituyó en dueño de un
    colectivo marca Chevrolet:
    fue la forma de poder cobrar una suma que le adeudaban por
    salarios. Y con
    ese vehículo, tuvo la posibilidad de iniciar lo que
    sería su ocupación de allí en más:
    conducir el UNICO medio para viajar entre Bolívar y
    Olavarría en forma directa y en colectivo".

    Años más tarde, la muerte se le
    anunció estando al volante: "Continuó en
    Olavarría un tiempo más en viajes particulares para
    CORPI, para escuelas de educación
    especial. En una de estas tareas de transporte,
    llevando en su viejo colectivo chicos de una Escuela
    Diferenciada (como se llamaban entonces) lo alcanzó el
    invisible rayo de su destino. Sintiéndose mal, tuvo
    lucidez y un último gesto de responsabilidad, por las vidas que transportaba,
    para quitar el pie del acelerador y llevar con suavidad la marcha
    hacia el borde de la vereda. Y dejó que el infarto
    hiciera su obra. Falleció a los cuatro días, el 30
    de enero de 1968. Preguntó por ‘los chicos’
    –los escolares- y cerró los ojos. Se había
    cumplido un ciclo en una vida".

    En
    novelas

    Carlos Marìa Ocantos es el autor de
    Quilito (14), una de las tres obras màs
    representativas del "Ciclo de la Bolsa" (las otras dos son La
    Bolsa
    , de Juliàn Martel, y Horas de fiebre, de
    Segundo Villafañe).

    Andrès Avellaneda señala que "dos grandes
    grupos de novelas filiadas en mayor o menor grado al naturalismo,
    se refieren a los temas decisivos en el momento ochentista: el
    inmigrante y la fiebre
    financiera" (15). En Quilito, estos temas aparecen
    entrelazados, al tiempo que se transmite una visiòn
    selectiva sobre la inmigraciòn europea, destacando las
    virtudes de los ingleses y tolerando a los latinos.

    En 1888 apareciò Leòn
    Zaldìvar
    , de Ocantos. Adolfo Prieto afirma que el
    escritor "iniciò con esta novela una larga serie de obras
    dedicadas, en lo fundamental, a reflejar diversos aspectos de la
    realidad argentina. Con Quilito (1891), El
    candidato
    (1893), Tobi (1896), el ciclo alcanzò
    sus logros màs felices, pero por su ubicaciòn
    cronològica y sus temas especìficos, estas obras
    seràn consideradas como representativas de la
    novelìstica de la dècada del 90" (16).

    "En la figura de Ocantos –dice el editor- se
    corporiza uno de los olvidos màs notables de la historia
    de las letras argentinas". Este olvido es relacionado con la vida
    que llevò el escritor, quien "ingresò a la carrera
    diplomàtica en 1884, y viviò casi siempre fuera del
    paìs". El presentador de la ediciòn sostiene que
    "En franca oposiciòn a las influencias literarias
    francesas tan en boga en la dècada del noventa, Ocantos
    era un estilista de formaciòn hispànica, un
    verdadero discìpulo de los realistas peninsulares,
    especialmente de Pèrez Galdòs –ambos tienen
    estilos muy parecidos-, que le sirviò de modelo para
    una serie que llamò Novelas argentinas, inspiradas
    en los famosos Episodios Nacionales del ilustre escritor
    canario" (17). Cabe acotar que en 1887 fue designado miembro de
    la Real Academia Española; uno de los literatos que lo
    propuso fue precisamente Galdós (los otros fueron Juan
    Valera y Josè Marìa de Pereda).

    A criterio de quien escribe este texto
    preliminar, "Quilito no se centra exclusivamente en la
    quiebra de la
    Bolsa y en sus derivaciones. (…) La difìcil y
    conflictuada sociedad del noventa encuentra en Quilito un
    reflejo fiel y acabado. En sus pàginas quedò
    impreso para siempre el retrato de las costumbres, las formas de
    ser, de relacionarse y de sentir en las que se gestò la
    esencia del argentino de hoy".

    En la obra aparecen inmigrantes de distintas
    nacionalidades, a los que Ocantos retrata en forma diferente.
    Siente predilecciòn por el personaje inglès, en el
    que hace encarnar todas las virtudes, al tiempo que demuestra
    desdèn por los italianos. El portuguès, en cambio,
    le parece corrupto y oportunista, a juzgar por los apelativos con
    que lo evoca.

    Ocantos no se cierra a la postura generalizada en su
    època, que consistìa en combatir la
    inmigraciòn. El advierte los rasgos buenos en los criollos
    y en los inmigrantes, y tambièn sabe ver en ambos grupos
    los procederes que evidencian la decadencia moral y que
    llevan a una existencia desgraciada o, incluso, a la
    muerte.

    El portugués era el usurero Raimundo de Melo
    Portas e Azevedo. De los italianos de Ocantos puede decirse que
    no tenían muchas luces, ni una educación refinada,
    en cambio el lusitano era para el autor una persona ruin. Lo
    define como "el ángel protector de empleados impagos y
    pensionistas atrasados, el agente de funeraria de toda quiebra,
    el cuervo voraz de toda desgracia, el pastor de los hijos de
    familia descarriados". Vemos que utiliza también en esta
    oportunidad la comparación con animales, como lo hiciera
    con los italianos, pero el sentido es bien distinto.

    A pesar de sus condiciones para vivir indignamente, el
    portuguès no es el peor en esta historia; alguien lo
    supera, y es, paradòjicamente, un criollo, para demostrar
    que Ocantos no es prejuicioso: "entre don Raimundo y èl,
    igualmente criminales y condenados a la misma pena por la
    opiniòn pùblica, habìa una
    capitalìsima diferencia: la que existe entre el
    ladròn y el ratero, no porque el portuguès se
    contentara con pequeños robos al por menor, que era un pez
    de primera magnitud, sino porque ante las hazañas de don
    Bernardino, quedàbase en mantillas".

    Eugenio Juan Zappietro es un conocido autor de
    cuentos policiales, que colaborò durante mucho tiempo en
    La Prensa y participò en antologìas sobre el
    gènero. Firmó varias obras con el seudónimo
    "Ray Collins". "Comienza su carrera de guionista en 1960, en
    Misterix, con el western dibujado por Vogt, ‘Joe
    Gatillo’, continúa muchas series ya creadas hasta
    crear la propia, ‘Garret’, con dibujos de Arturo del
    Castillo. En 1962 crea ‘Precinto 56’, con dibujos de
    José Muñoz. Esta serie sería retomada en el
    ‘74, para Récord, con dibujos de Fernández.
    En esta editorial también publicó
    ‘Henga’, con Zanotto, bajo el seudónimo de
    Diego Navarro. Ha escrito decenas de series para Editorial
    Columba. Su actividad se reparte, además, entre
    investigador policíaco, guionista de radio y televisión, periodista y literato" (18). El
    escribió De aquì hasta el alba (19),
    novela en la que narra lo acontecido a colonos, soldados e indios
    durante la Conquista del Desierto, en el año
    1879.

    El lìder de esta gesta fue Julio Argentino Roca,
    "el joven y brillante militar prestigiado por el èxito de
    la campaña que concluyò con el dominio del indio
    en el desierto", asì lo define Adolfo Prieto (20). La
    Conquista del Desierto fue –a criterio de Exequiel
    Cèsar Ortega- uno de los "hechos y factores que dieron
    nueva tònica a nuestra Argentina moderna. (…) La empresa
    decisiva del General Julio Argentino Roca (1878-1879) y las
    complementarias hasta 1884, terminaron con el pleito secular. Se
    tuvo el control
    territorial en momentos de casi inminente guerra con Chile por la
    posesiòn de la Patagonia. Los
    caciques resultaron vencidos, se entregaron como
    Namuncurà; fueron apresados como Pincèn y otros
    como Baigorrita combatieron hasta el fin. Sus escasas gentes
    (pocos guerreros sobrevivientes y ‘chusma’ o no
    combatientes, mujeres, ancianos y niños) esperaron a
    merced de los vencedores, o huyeron, transmitièndose su
    alarma y su miedo mediante las señales
    de humo que describe Zeballos. Estos ya no eran los centauros que
    domesticaban sus caballos de guerra sin castigarlos, ni los
    àgiles y huidizos maloneros. Eran los integrantes del
    ocaso, descriptos por Estanislao S. Zeballos en ‘Viaje
    al paìs de los araucanos’ "
    (21).

    Por el tema que aborda, la obra de Zappietro se inscribe
    en la vertiente de la "literatura de fronteras",
    que ha tenido grandes cultores. Prieto considera que "la
    Argentina moderna parece no guardar rastros del problema que la
    agitara rudamente durante medio siglo, luego de convertirse en
    una no resuelta herencia de la
    Colonia. El importante ciclo de la literatura de fronteras, con
    Callvucurà, los ya mencionados libros de
    Mansilla y de Barros, los artìculos periodìsticos
    de Hernàndez, la prèdica de Nicasio Oroño,
    el simple material de informaciòn cotidiana recogida
    durante años en diarios como La Prensa de Buenos
    Aires y La Capital de Rosario, y los registros de testigos
    calificados, como Ignacio Josè Garmendia en Cuentos de
    tropa (Entre indios y milicos)
    (1891), el Comandante Prado en
    La guerra al malòn (1907) e Ignacio Fotheringham en
    La vida de un soldado (reminiscencias de la frontera)
    (1908), vienen a recordarnos la inconsistencia de esa
    opiniòn o prejuicio".

    En la novela de Zappietro, varios inmigrantes comparten
    con los criollos y los indios un destino aciago. Se trata de
    hombres que se alejaron de la civilizaciòn, por su
    voluntad o por causas ajenas a ella, y se ven envueltos en una
    historia que les permitirà mostrar su grandeza o su
    cobardìa.

    Un portuguès se ofrece como voluntario para
    defender el fuerte 36 del Ejèrcito Nacional Argentino.
    Lucharìan doscientos bomberos de lanza contra
    veintidòs idiotas", en una contienda que tendrìa
    como hèroes al capitàn Càrdenas, a Paula
    Bary y a un indio converso. Era Martins, el portuguès, "a
    quien las bajamares habìan hecho recalar allì, como
    ùltimo puerto", un hombre "delgado, macilento, comido por
    la malaria", que tenìa un poderoso motivo para luchar:
    "-Me mataron una china en Italò –dijo-. Me
    dije que iba a arrancarle las tripas a cien puercos de
    èsos. Todavìa no cumplì". Seguramente, le
    llegò el fin antes de poder concretar su
    propòsito.

    En
    cuentos

    Fray Mocho nació en Gualeguaychú,
    Entre Ríos, en 1858; falleció en Buenos Aires en
    1903. "Contemporáneo de la generación del 80, su
    obra mantuvo un perfil independiente. Fray Mocho fue considerado
    uno de los máximos representantes del relato costumbrista.
    En 1882 publicó su primer libro, Esmeraldas. Fruto
    de su trabajo como policía, comisario y cronista policial,
    en 1887 ganó popularidad con Vida de los ladrones
    célebres de Buenos Aires y sus maneras de robar
    y con
    Galería de ladrones de la capital (1880-1887),
    colección de fotografías y datos sobre delincuentes
    famosos. En 1897 escribió Memorias de un vigilante,
    con el seudónimo de Fabio Carrizo. Ese mismo año,
    como Fray Mocho, publicó Un viaje al país de los
    matreros
    , libro que recrea el lenguaje
    regionalista en la descripción del paisaje y los habitantes
    rurales. En 1898 dirigió Caras y Caretas, revista de
    gran influencia en el periodismo
    argentino. Entre sus obras sobresale En el mar austral.
    Con motivo del tercer aniversario de su muerte, Caras y
    Caretas
    publicó una selección de sus
    colaboraciones periodísticas con el título de
    Cuentos de Fray Mocho. En 1920, apareció Salero
    criollo
    , recopilación de su obra periodística"
    (22).

    Dice Eduardo Romano en un estudio sobre el escritor:
    ‘Heterogénea, polifacética, conflictiva, la
    realidad político-social que abarca de 1880 a 1910
    contenía los gérmenes propicios para la
    aparición de una nueva literatura costumbrista’.
    Sostiene que la anterior ‘había coincidido con
    nuestra primera generación romántica y se
    había expresado en publicaciones como La Moda
    (1837-1838), cuyo principal animador fue Juan B. Alberdi; El
    Iniciador
    , de Montevideo (con la base del mismo elenco de la
    anterior); El Zonda sanjuanino, con que Domingo F.
    Sarmiento buscara emular a la revista porteña’.
    Considera que aquella era una ola de costumbrismo reformista,
    inspirada fundamentalmente en la prédica del español
    Mariano José de Larra y se manifestó, por lo menos,
    en "una página clásica de las letras argentinas:
    El Matadero, de Esteban Echeverría".

    En el resurgimiento de este género, señala
    la importancia de "una prensa
    periódica que aspiraba a presentar, por encima de las
    polémicas partidarias que hasta entonces la habían
    absorbido, otra clase de colaboraciones". Menciona al respecto
    dos autores: "Ciertas notas de Bartolito Mitre en La
    Nación
    o los sueltos de actualidad insertados por
    Manuel Láinez en El Diario, al que dirigía,
    señalaron un rumbo", pero fue –a su criterio-
    más significativo Juan Piaggio, una "figura, bastante
    desdibujada hoy día, cuyos artículos prefiguran
    –por el título, por la temática- lo que
    será el costumbrismo hacia 1900".

    Fue importante, asimismo, una publicación que
    comenzó a editarse casi al final del siglo: "fue con la
    aparición de Caras y Caretas (1898-1939) que el
    género costumbrista halló canal de
    transmisión indicado, pues sus páginas estuvieron
    casi enteramente dedicadas a la captación y procesamiento
    de la actualidad porteña mediante fotografías,
    acompañadas o no de comentarios; reportajes; cuadros de
    costumbres; escenas callejeras; viñetas; aguafuertes,
    etc., sin negar un espacio a las tradiciones y a los Tipos y
    paisajes
    –así tituló sus colaboraciones
    al semanario Godofredo Daireaux- camperos" (23). En esta revista
    se publicaron los cuentos de Fray Mocho.

    En sus cuentos (24), Fray Mocho presenta escenas
    cotidianas, que podían ser protagonizadas por cualquier
    habitante de la ciudad. En ellas encontramos personajes
    verosímiles, con los que sin duda habría trabado
    relación, dada la fidelidad con que los describe y la
    coherencia con que los vemos actuar. Si bien es importante la
    habilidad para escribir, no lo es menos la capacidad de observación, y Fray Mocho posee ambas. Sus
    cuentos lo demuestran.

    Muchos de estos personajes que retrata son inmigrantes.
    Entre las diversas nacionalidades que evoca, se destacan los
    portugueses. En "En familia" cuenta la historia de una supuesta
    inmigrante. "Que Pepa es portuguesa, decís? ¿Pero
    estás loco? –exclama una mujer. Si hemos ando juntas
    en l’ escuela ’e Misia Pamela y nos conocemos desde
    chicas… El padre’ra un chino gordo…". El hijo aclara el
    malentendido: "no es portuguesa de nacionalidad
    sino de oficio… En los tiatros les llaman así
    ¿sabés? A las familias que sirven p’al
    relleno de la sala no más". La madre le sugiere que vea si
    puede ser portugués en una sastrería, para que le
    arreglen la ropa y no deba hacerlo ella. La señora
    demuestra así haber incorporado el término a su
    habla cotidiana.

    Carlos Molina Massey fue abogado y escritor.
    Nació "en Las Flores (Provincia de Buenos Aires), en 1884.
    Luego de iniciarse con un volumen de poemas
    (La musa galante) y otro de ‘relatos
    porteños’ (Los reposos del viajero), ambos de
    1919, propició la fundación de la Escuela de
    Filosofía Indoamericana, la Federación
    Indoamericana y el Instituto Americano de Cultura Gaucha. De esa
    preocupación filosófica americanista resultaron los
    ensayos
    Cosmogenia (1921), La escuela de filosofía
    indoamericana
    (1926) y Doctrinario panteísta
    (1934). Otras obras suyas son el poema dramático gauchesco
    A punta de lanza (1924); las novelas La
    fundación Estanera
    (1925) y La montonera de
    Ahuancruz
    y las colecciones de relatos Campu ajuera
    (1942) y De los tiempos de antes (1946) (25).

    En uno de sus cuentos, evoca a un comerciante
    portugués establecido en la provincia de Buenos Aires. Es
    el 25 de Mayo. En Mercedes se aprestan a conmemorar la fecha
    patria. "En la plaza, embanderada, había música y
    cueterío. Desfile de escolares. Aglomeración de
    curiosos. Por las calles jinetes gauchos paseaban
    el lujo de sus fogosos caballos. Don Contreras realizaba su
    programa anual
    desde el almacén de
    don Quintino, el portugués, situado en la esquina crucera
    de la plaza. Allí tenía concentrada su gente"
    (26).

    Manuel Mujica Láinez nació en
    Buenos Aires en 1910; falleció en Cruz Chica,
    Córdoba, en 1984. "Estudió en colegios de Francia y
    Gran Bretaña. Desde joven, alternó la
    creación literaria con la crítica
    de arte, que desarrolló en el diario La
    Nación
    . En 1936 contrajo matrimonio con
    Ana de Alvear Ortiz Basualdo. Fue Secretario del Museo Nacional
    de Arte Decorativo y, entre 1955 y 1958, ocupó la
    Dirección de Cultura del Ministerio de Relaciones
    Exteriores. También integró la Academia Argentina
    de Letras y obtuvo, entre otras distinciones, los premios
    Kennedy, Nacional de Literatura (1963) y la Legión de
    Honor del Gobierno de Francia (1982). Además, en 1984, fue
    nombrado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. En 1969
    el escritor y su familia se habían trasladado a Cruz Chica
    (Córdoba), instalándose en una antigua casona con
    un extenso parque, llamada ‘El Paraíso’, donde
    Mujica Láinez residió hasta su muerte".

    "De su vasta producción sobresale su obra narrativa, en
    la que cobra especial importancia la indagación de lo
    argentino, presente en Canto a Buenos Aires (1943);
    Aquí vivieron (1949), sobre la historia de una
    quinta de San Isidro (Bs. As.) y, especialmente, en el volumen de
    cuentos Misteriosa Buenos Aires (1950). Mujica
    Láinez retrató con escepticismo e ironía a
    los sectores tradicionales en Los viajeros (1955) y en
    Invitados en El Paraíso (1957. Su
    inclinación a lo fantástico y el carácter
    cosmopolita se pone de manifiesto en las novelas que transcurren
    en el Renacimiento
    italiano, como Bomarzo (1962), o en la Edad Media,
    como en el caso de El Unicornio (1965). Varias novelas y
    cuentos suyos fueron llevados al cine y a la televisión, y el compositor Alberto
    Ginastera realizó una ópera basada en
    Bomarzo, estrenada en Washington (E.E.U.U.) en 1967 y que
    obtuvo un amplio reconocimiento internacional" (27).

    En "El espejo desordenado (1643)", relata: "Simón
    del Rey es judío. Y portugués. Disimula lo segundo
    como puede, hablando un castellano de eficaces tartamudeos y
    oportunas pausas. Lo primero lo disfraza con el rosario que lleva
    siempre enroscado a la muñeca, como una pulsera sonora de
    medallas y cruces, y con un santiguarse sin motivo. Pero no
    engaña a nadie. Asimismo es prestamista y esto no lo
    oculta. Tan holgadamente caminan sus negocios, que sus manejos
    mueven una correspondencia activa, desde Buenos Aires, con Chile
    y el Perú. Se ha casado hace dos años con una mujer
    bonita, a quien le lleva veinte, y que pertenece a una familia de
    arraigo, parapetada en su hidalguía discutible. La fortuna
    y la alianza han alentado las ínfulas de Simón,
    hinchándole, y alguno le ha oído decir
    que si se llama del Rey por algo será, y que si se diera
    el trabajo de encargar la búsqueda a un recorredor de
    sacristías, no es difícil que encontraran un rey en
    su linaje" (28).

    El poeta y narrador Elías Carpena
    nació en Buenos Aires en 1897; falleció en esta
    ciudad en 1988. "Su obra evoca al Buenos Aires de comienzos de
    siglo, con sus payadores llegados del campo. Obras: El
    cuatrero Montenegro
    , El romance de Federico, El
    Doradillo
    , Romances del pago de la Matanza"
    (29).

    En "La caza del yacaré", escribe Carpena: "de
    pronto se oyeron unos gritos que surgían de la
    maraña del monte. Era el portugués Jaime.
    Entró en la senda con los mismos gritos y se nos
    allegó. Lo descubrimos transfigurado: en él se
    dibujaba el espanto. Se puso en los más descontorsionados
    aspavientos; con el habla trabada e hipando" (30).

    …..

    En distintos ámbitos, los portugueses
    contribuyeron con su aporte al engrandecimiento del país
    que los recibió, al tiempo que trasmitieron a su
    descendencia las tradiciones de la tierra que dejaron. Se los
    recuerda en estudios, testimonios, biografías y obras
    literarias.

    Notas

    1. Alvarez, Marcelo y Pinotti, Luisa: A la mesa. Ritos y
      retos de la alimentación
      argentina. Buenos Aires, Grijalbo, 2000.
    2. Wolf, Ema y Patriarca, Cristina: La gran
      inmigración. Buenos Aires, Sudamericana,
      1991.
    3. Ielpi, Rafael: "Crónica de barcos", en
      www.Rosario.gov.ar.
    4. Alexander, Abel y Priamo, Luis: "Christiano Junior,
      fotógrafo y escritor", en ww.fotomundo.com.
    5. Sosa de Newton,
      Lily: Diccionario
      Biográfico de Mujeres Argentinas. Buenos Aires, Plus
      Ultra, 1986.
    6. S/F: "Sudamericana digital", en www.edsudamericana.com.ar.
    7. ibídem
    8. Pérez Martín, Norma: "Escritoras de hoy
      miran a las mujeres de ayer", en www.elmuro.com.
    9. Varios autores: Enciclopedia visual de la Argentina.
      Buenos Aires, Clarín, 2002.
    10. S/F: "Papeles de los ‘60", en
      www.galeriaPrincipium.com.ar.
    11. Da Conceiçao, Mauro; Euguaras, Mariano;
      Flibert; Francisco; Marino, Roberto; Sánchez,
      Julián: "Sabores de una historia", en www.ciet.org.ar.
    12. Benítez, Rubén: Los dones del tiempo.
      Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano.
    13. Massa de Larregle, María Elena: "José
      Balbino, el portugués", en Revista N° 4, 2000,
      Dirección y coordinación: Aurora Alonso de Rocha.
      Archivo Histórico "Alberto y Fernando Valverde",
      Municipalidad de Olavarría, Secretaría de
      Gobierno.
    14. Ocantos, Carlos Marìa: Quilito.
      Hyspamèrica.
    15. Avellaneda, Andrès: "El naturalismo y Eugenio
      Cambaceres", en Historia de la Literatura
      Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.
    16. Prieto, Adolfo: "La generaciòn del 80. La
      imaginaciòn", en Historia de la Literatura Argentina.
      Buenos Aires, CEAL, 1980.
    17. S/F: en Ocantos, C.M.: Quilito,
      Hyspamèrica.
    18. S/F: "Ray Collins", en
      www.oniescuelas.edu.ar.
    19. Zappietro, Eugenio Juan: De aquì hasta el
      alba. Barcelona, Hyspamèrica, 1971
    20. Prieto, Adolfo: "La ideas y el ensayo",
      en Historia de la literatura argentina, Tomo II. Buenos Aires,
      CEAL, 1980.
    21. Ortega, Exequiel Cèsar: Còmo fue la
      Argentina (1516-1972). Buenos Aires, Plus Ultra,
      1972.
    22. Varios autores: Enciclopedia visual de la Argentina.
      Buenos Aires, Clarín, 2002.
    23. Romano, Eduardo: "Fray Mocho. Del costumbrismo hacia
      1900", en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires,
      CEAL, 1980.
    24. Alvarez, Sixto ("Fray Mocho"): Cuentos. Buenos Aires,
      Huemul, 1966.
    25. S/F: en El cuento argentino 1930-1959
      antología. Buenos Aires, CEAL, 1981.
    26. Molina Massey, Carlos: "La muerte del pingo", en El
      cuento argentino 1930-1959 antología. Buenos Aires,
      CEAL, 1981.
    27. Varios autores: Enciclopedia visual de la Argentina.
      Buenos Aires, Clarín, 2002.
    28. Mujica Láinez, Manuel: "El espejo desordenado
      (1643), en Misteriosa Buenos Aires. Buenos Aires, Sudamericana,
      1977.
    29. Varios autores: Enciclopedia visual de la Argentina.
      Buenos Aires, Clarín, 2002.
    30. Carpena, Elías: "La caza del yacaré",
      en Los trotadores. Buenos Aires, Huemul, 1973

     

     

     

    Autor:

    Marìa Gonzàlez Rouco

    Licenciada en Letras, Periodista Profesional
    Matriculada

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