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San Martín, la Expedición Libertadora del Sur y la Independencia de los pueblos del Perú (1819-1821) (página 2)

Enviado por Jorge G. Paredes M.



Partes: 1, 2, 3

DESEMBARCO DEL EJÉRCITO LIBERTADOR EN PISCO

Listos todos los preparativos, la expedición libertadora comandada por San Martín zarpó del puerto de Valparaíso el 20 de agosto de 1820. Según palabras del propio San Martín, se emprendía "la grande obra de dar libertad al Perú". Se abría "la campaña más memorable de nuestra revolución y cuyo resultado aguarda el mundo, para declararnos rebeldes, si somos vencidos o reconocer nuestros derechos, si triunfamos".

El ejército libertador del Perú componíase en total de un poco más de cuatro mil hombres, de los cuales poco más de tres mil pertenecían a la infantería, más de seiscientos a la caballería y más de 400 a la artillería. Consignamos de esta manera los efectivos, teniendo en cuenta que suele encontrarse algunas diferencias, basados en fuentes diversas que no concuerdan con exactitud estos datos. (1) Según documentos de la época que reproducimos, el total de efectivos llegaba a 4365, incluyendo en este número a la tropa, a los oficiales y a la plana mayor. Los efectivos de la artillería sumaban 2145, los de infantería 1525 y los de caballería 695. (ver cuadros)

El ejército libertador del Perú estaba conformado por dos divisiones: la de los Andes y la de Chile.

La de los Andes estaba conformada por las siguientes divisiones:

Batallón de artillería de los Andes N° 7

Batallón de artillería de los Andes N° 8

Batallón de artillería de los Andes N° 11

Granaderos de a caballo de los Andes

Cazadores de a caballo de los Andes

La división de Chile estaba integrada por los siguientes cuerpos:

Batallón de artillería N° 2 de Chile

Batallón de artillería N° 4 de Chile

Batallón de artillería N° 5 de Chile

Batallón de artillería N° 6 de Chile

Batallón N° 2 de Dragones de Chile.

Del total de jefes de cada uno de estos cuerpos, siete eran rioplatenses y cinco chilenos. La división de los Andes solo estaba comandada por argentinos, mientras que la división de Chile tenía al rioplatense Larrazával como jefe del batallón de artillería N° 5.

En cuanto al Cuartel General, a las Secretarías y al Estado Mayor, la siguiente era su conformación, según datos consignados por Jerónimo Espejo:

Cuartel general:

Jefe de la expedición, el Excelentísimo Señor Capitán General Don José de San Martín.

Generales de División, Coroneles Mayores don Juan Antonio Álvarez y don Toribio Luzuriaga.

Secretario de guerra y auditor, Teniente Coronel don Bernardo Monteagudo.

Secretario de Gobierno, don Juan García del Río.

Secretario de Hacienda, don Dionisio Vizcarra.

Auditor General de Marina, don ANTONIO Álvarez De Jonte.

Oficial 1° de Secretaría, capitán don Salvador Iglesias.

Edecanes de su Excelencia. Coroneles don Tomás Guido y don Diego Paroissien, capitán don José Caparrós y teniente 2° don José Arenales.

Estado Mayor:

Jefe de Estado Mayor General, Coronel Mayor Juan Gregorio de las Heras.

Ayudante comandante general, coronel don Juan Paz del castillo.

Ayudantes primeros, tenientes coroneles don Manuel Rojas y don José María Aguirre, teniente coronel graduado sargento mayor don Juan José Quesada, sargentos mayores don Francisco de Sales Guillermo y don Luciano Cuenca.

Ayudantes segundos, capitán don Juan Agüero y capitán de ingenieros don Clemente Altahaus.

Ayudantes terceros, ayudantes mayores don francisco Javier Medina, don Ventura Alegre y don Eugenio Garzón; tenientes segundos, don Jerónimo Espejo, don Pedro Nolasco Álvarez Condarco y don Juan Alberto Gutiérrez; subteniente de ingenieros don Carlos Wooth.

Cuerpo médico, dirujano mayor el coronel Paroissien, cirujano de primera clase don Miguel Stapleton Grawley, cirujano de primera clase fray Antonio de San Alberto.

Intendente del ejército, intendente general don Juan Gregorio Lemos, contador don Valeriano García, oficial 1° don Santos Figueroa, oficial 2° don Alejo de Junco.

Comandante del parque, capitán de artillería don Luis Beltrán.

La escuadra, al mando de Lord Tomás Alejandro Cochrane, estaba conformada por ocho navíos y 16 transportes.

Escuadra Libertadora del Perú

(20 de agosto de 1820)

Comandante en Jefe de las Fuerzas Terrestres y navales: Capitán General don José de San Martín.

Navíos

Comandantes

San Martín

Guillermo Wilkinson

O’Higgins

Tomás Grosbie

Lautaro

Martín J. Guise

Independencia

Roberto Forster

Galvarino

Juan Spry

Araucano

Tomás Carter

Pueyrredón

Guillermo Prunnier

Moctezuma

Jorge Young

Transportes

Pablo Delano

Transportes: Dolores, Gaditana, Consecuencia, Emprendedora, Santa Rosa, Águila, Mackenna, Perla, Teresana, Peruana, Golondrina, Minerva, Libertad, Argentina, Hércules, Potrillo.

Toneladas: 7178

El Pueyrredón salió antes que la expedición, conduciendo desterrados políticos a la costa del Chocó y de regreso se unió a la Escuadra. La Chacabuco quedó al servicio de las costas de Chile, al mando de Tortel.

CDIP, La expedición libertadora, tomo VIII, vol. 3°, p. 371

La tarde del 20 de agosto zarpó, de Valparaíso, la Escuadra y el Ejército Libertador, bajo la protección de la enseña chilena. Ya en alta mar, Cochrane abrió los pliegos de Instrucciones que le había entregado O’Higgins y en las cuales se le señalaba que el Capitán General don José de San Martín era el Jefe a quien el gobierno confiaba la exclusiva dirección de las operaciones de la empresa libertadora.

El 7 de setiembre la escuadra libertadora anclaba en la bahía de Paracas, al finalizar casi ya la tarde. El boletín N° 1 del Ejército Unido libertador del Perú narra la llegada de la siguiente manera: "El 7 de setiembre entró el convoy por el canal de San Gallán, a la bahía de Paracas, tres leguas al sur de Pisco, donde fondeó a las 6 de la tarde" (2)

El desembarco comenzó al día siguiente, a las cuatro de la madrugada. Se realizó sin mayores contratiempos debido a que las fuerzas realistas encargadas de la defensa de las costas de Pisco, que totalizaban quinientos efectivos y estaban al mando de Manuel Quimper, no ofrecieron la menor resistencia, prefiriendo emprender retirada hacia Ica.

Antes de continuar analizando el desembarco del ejército libertador, debemos referirnos a tres documentos que San Martín suscribió este mismo día 8 de setiembre. El primero es una sentida proclama dirigida a su ejército, llena de gran calor humano e idealismo, recordándoles la conducta que debería seguirse en el nuevo territorio. La proclama es la siguiente:

"El Excmo. Señor General al Ejército Libertador.

Soldados de Ejército Libertador:

Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino y solo falta que el valor consuma la obra de la constancia; pero acordaos que vuestro gran deber es consolar a la América y que no venís a hacer conquistas sino a libertar a los pueblos que han gemido trescientos años bajo este bárbaro derecho. Los peruanos son nuestros hermanos y amigos; abrazadlos como a tales, respetad sus derechos como respetasteis los de los chilenos después de la batalla de Chacabuco.

La ferocidad y la violencia son crímenes que no conocen los soldados de la libertad y si contra todas mis esperanzas, algunos de los nuestros olvidase sus deberes, declaro desde ahora que será inexorablemente castigado conforme a los artículos siguientes:

1° Todo el que robe o tome con violencia de dos reales para arriba será pasado por las armas, previo el proceso verbal que está mandado observar en el ejército.

2° Todo el que derramare una gota de sangre fuera del campo de batalla, será castigado con la pena de Talión.

3° Todo insulto contra los habitantes del país, sean europeos o americanos, será castigado hasta con pena de la vida, según la gravedad de las circunstancias.

4° Todo exceso que ataque la moral pública o las costumbres del país, será castigado en los mismos términos que previene el artículo anterior.

¡Soldados! Acordaos que toda la América os contempla en el momento actual y que sus grandes esperanzas penden de que acreditéis la humanidad, el coraje y el honor que os han distinguido siempre, dondequiera que los oprimidos has implorado vuestro auxilio contra los opresores. El mundo envidiará vuestro destino, si observáis la misma conducta que hasta aquí; pero ¡desgraciado el que quebrante sus deberes y sirva de escándalo a sus compañeros de armas! Yo lo castigaré de un modo terrible y él desaparecerá de entre nosotros con oprobio e ignominia.

Cuartel General del Ejército Libertador en Pisco, setiembre 8 de 1820

San Martín" (3)

El segundo documento es una proclama dirigida al pueblo peruano. En él se indica la misión y caracteres de la empresa libertador y un decreto sobre la situación política y administrativa en las zonas que fuesen siendo ocupadas por el ejército libertador. En cuanto al primer aspecto, San Martín le declara al pueblo peruano lo siguiente: "Mi misión es proteger al inocente oprimido, favorecer al desgraciado, restablecer a los habitantes de esta interesante región en el goce de sus derechos y promover su felicidad, arrancándolos para siempre del yugo español" En cuanto al segundo aspecto señalado, San Martín estableció lo siguiente:

1° En todos los puntos que ocupe el Ejército Libertador del Perú, o estén bajo su inmediata protección, han fenecido de hecho las autoridades puestas por el Gobierno español.

2° Sin embargo, para que se conserve el orden en dichos puntos, deben continuar interinamente en sus funciones civiles a nombre de la Patria, y bajo el nuevo orden de cosas, las mismas personas, hasta que, en vista de su conducta y de las circunstancias se resuelvan las alteraciones oportunas para la convivencia pública.

3° Dichos mandatarios han de estar precisamente sujetos a las órdenes e instrucciones que se les comunicaren por mí, o por mi Secretario de Gobierno" (4)

El tercer documento, suscrito también el 8 de setiembre, es una proclama dirigida al pueblo peruano con la finalidad de tratar de convencer a aquellos que confiaban en el reformismo del sistema colonial, basado en la nueva jura de la Constitución Liberal de Cádiz de 1812, por obra de Fernando VII, a consecuencia de la revolución encabezada por Rafael del Riego. Convencerlos de que ello era un simple y bien meditado engaño por parte del absolutismo hispano, que había tenido que aceptar esta Constitución, después de haberla abolido, llevado única y exclusivamente por las circunstancias: "La revolución de España es de la misma naturaleza que la nuestra: ambas tienen la libertad por objeto y la opresión por causa" Al referirse a la Constitución de 1812, San Martín señala: "La América no puede contemplar la Constitución de las Cortes sino como un medio fraudulento de mantener en ella el sistema colonial, que es imposible conservar más tiempo, por la fuerza. Si éste no hubiese sido el designio de los españoles, habrían establecido el derecho de representatividad de la América sobre las mismas bases que el de Península, y por lo menos sería igual el número de diputados que nombrase aquella, cuando no fuese mayor, como lo exige la masa de sui población comparada con el de la España" (5)

Habíamos señalado que el desembarco del ejército libertador comenzó la madrugada del 8 de setiembre. Los primeros efectivos en desembarcar fueron los de la primera división, al mando del Mayor General Las Heras, e integrada por los batallones 2,7 y 11, con dos piezas de montaña y 50 granaderos a caballo. A las dos y treinta de la tarde esta división se ponía en marcha hacia Pisco. Este desplazamiento se hizo de una forma totalmente lento, a consecuencia del terreno muy arenoso. Según expresión del Boletín del Ejército, recién a las siete de la noche se ponía a tiro de fusil de dicho pueblo. Las Heras ordenó hacer alto, y solo después de inspeccionar y comprobar que había sido totalmente evacuado, ingresaron a Pisco, vivaqueando en aquel día en la plaza pública. Recién al día siguiente se llevó a cabo el acuartelamiento de la primera división.

Las restantes divisiones desembarcaron entre el 8 y el 11 de setiembre. El 12 lo hizo San Martín, quien, sin embrago, había dejado sus naves en días anteriores. Aquel 12 se estableció el Cuartel General en Pisco. Al día siguiente San Martín encargó a Álvarez de Arenales marchar hacia la hacienda de Caucato, cuyo propietario, Fernando del Mazo, había huido. Le encargaba el mando del batallón N° 5 y de cincuenta Granaderos de a caballo. Esta misión tenía por objeto convertir esta división en punta de avanzada y de observación. Con el mismo objeto, aquel mismo día envió a los capitanes Athaos y La-Valle hacia Ica. El 22 puso a Rudecindo Alvarado al mando de regimiento de Granaderos de a caballo, ordenándole avanzar sobre Chincha. Alvarado dejó dos escuadrones en el pueblo bajo de Chincha y continuó hacia el Pueblo Alto. El 23 San Martín recorría, en plan de reconocimiento, el valle de Chincha.

El virrey Pezuela fue informado, con gran celeridad, del desembarco del ejército libertador gracias a un espía que había presenciado el desembarco y que incluso llevó a cabo ciertas investigaciones. Pasó de inmediato a Lima y el 10 de setiembre puso en conocimiento del virrey sus informes, según lo consigna el propio Pezuela en su Memoria de Gobierno.

Asimismo recibió noticias del importantísimo suceso por obra del coronel realista Manuel Quimper, quien al respecto remitió cinco partes, fruto de las investigaciones que logró hacer. Quimper, en persona y mediante el encargo a dos destacamentos (cuyos jefes eran los alfereces Ignacio Alzaga y Ramón Cabezas), pudo informarse del desembarco del ejército al mando de San Martín. El primero de estos partes es sumamente escueto:

"Excmo. Señor: Son las cinco y media de la tarde, hora en que se me presenta a la vista como diez velas entre grandes y pequeñas por el boquerón de Sangallán, y sin duda alguna creo sea la expedición insurgente tan decantada. Sirva esto a V.E. de prevención para sus sucesivas operaciones, que yo ofrezco a V.E. hacer de mi parte todo lo posible, y prestarle noticias repetidas según sus movimientos.

Dios guarde a V.E. muchos años.

Pisco, setiembre 7 de 1820.

Manuel Quimper

Excmo. Señor Virrey, Capitán General del Reino, don Joaquín de la Pezuela" (6)

En el segundo parte, fechado el 8 de setiembre, Quimper comunica a Pezuela el haber destacado dos partidas de caballería para observar el movimiento de la escuadra recién llegada, una al mando del alférez Ramón Cabezas, sobre el punto de Paracas, y otra al mando del alférez Ramón Cabezas, sobre la boca del río. (7)

El tercer parte, suscrito por Quimper desde su cuartel general de la costa del sur, en Chongos, a las 12 del mediodía del 9 de setiembre, informa al virrey del inicio del desembarco del "ejército insurgente", por la Puntilla. Comunica asimismo haber sido abatido por los fuegos del navío Congreso Chileno. Hace un cálculo aproximado de las fuerzas patriotas, señalando que a su parecer no debían exceder de cuatro mil efectivos. Señala que los vecinos de Pisco fieles a la causa realista habíanse retirado del pueblo. Informa haber trasladado su cuartel general, por seguridad, de Pisco a Chongos, "que está distante tres millas, para precaverme y ponerme a cubierto de mis sospechas, en cumplimiento de sus superiores instrucciones, con un enemigo que por su número y calidad de fuerza, V.E. mismo conocerá que es para mí irresistible". (8)

El cuarto parte, suscrito desde Bernales, en la noche del 9 de setiembre, comunica que envía al virrey cinco prisioneros tomados en las inmediaciones de Pisco. (9)

El quinto parte, suscrito también en Bernales el mismo 9 a las 8 de la noche, comunica a Pezuela el traslado del cuartel general de Chongos a la hacienda de Bernales, en virtud de haberse emprendido su persecución. (10)

Considerando Pezuela las informaciones recibidas y teniendo en cuenta las recomendaciones procedentes de la metrópoli en el sentido de buscar soluciones negociadas, el virrey decidió actuar inmediatamente en dicho sentido, aunque valgan verdades con muy poca fe en los resultados que de ellas podían esperarse.

Antes de cerrar este capítulo debemos referirnos al testamento que San Martín redactara encontrándose aún en Pisco. Teniendo en cuenta que en los azares de la guerra su existencia personal corría siempre inminente peligro, el libertador decidióse por redactar su testamento. Fechado desde el cuartel general de Pisco el 29 de setiembre está dirigido a Jorge Young, comandante de la goleta Moctezuma. El texto del testamento es el siguiente:

"Si la suerte de la guerra me hiciese fenecer en ella, o bien caer prisionero, prevengo a Ud. que el baúl que contiene mis papeles reservados, como igualmente mi catricofre, le serán entregados a mi apoderado D. Nicolás Peña, para que este lo remita a mi mujer en Buenos Aires. La plata labrada que tengo en el buque de su mando será repartida entre Ud. y el Capitán Erescano en toda propiedad. Los demás efectos, excepto mi librería que deberá entregarse igualmente a Peña, serán repartidos entre la guarnición y tripulación de la goleta". (11)

En cuanto al primer encuentro armado de la independencia ocurrió en Nasca y no en Changuillos, pueblito muy cerca de Nasca, como una parte de la tradición lo señalaba e incluso un obelisco conmemorativo existente en la Plaza Mayor de Changuillo. Wilfredo Gameros ha estudiado este acontecimiento y a él nos remitimos. Ese encuentro ocurrió el 15 de octubre de 1820 , entre las fuerzas patriotas a cargo del coronel Manuel Rojas, de la división de Álvarez de Arenales, contra las fuerzas realistas al mando de Quimper, las cuales fueron fácilmente dispersadas. Como consecuencia de este encuentro quedaron cuarenta y un muertos, quince heridos y ochenta y ocho prisioneros, entre estos, seis oficiales. En el parte de batalla, el Teniente Coronel Manuel Rojas escribe a su jefe: "Ofrezco a vuestra señoría, a nombre de todos los señores oficiales que me han acompañado en este primer ensayo de los Soldados del Ejército Libertador de las costas del Perú a cuyo celo y actividad ha debido todo el suceso; pueda ser éste el mejor agüero de la ninguna esperanza que debe animar a los Déspotas para tiranizar a nuestros Amigos, los Peruanos" (12)

NOTAS

(1) Sobre el Ejército Libertador del Perú, ver:

-CDIP, La expedición libertadora, tomo VIII, vol. 3°.

-Bulnes, Gonzalo. Historia de la expedición libertadora del Perú. 1817-1822.

-Dellepiane, Carlos. Historia militar del Perú, Lima, 1943, tomo I

-Espejo, Jerónimo. Apuntes históricos sobre la expedición libertadora del Perú. 1820"

-Gameros Castillo, Wilfredo. Semblanzas biográficas y episodios de la independencia, Lima editorial San Marcos, 2000, pp. 59-74

-Leguía y Martínez, Germán. Historia de la emancipación del Perú, Lima, Editorial Jurídica S.A. 1972

-Mitre, Bartolomé. Historia de San Martín y la Emancipación Sudamericana.

-Otero, José Pacífico. Historia del libertador do José de San Martín

-Paz Soldán, Mariano Felipe. "Historia del Perú independiente. Primer periodo, Buenos Aires, 1962.

-Vargas, Nemesio. Historia del Perú independiente., tomo I

-Vargas Ugarte, Rubén. Historia general del Perú, tomo VI

-Vicuña Mackenna, Benjamín. La revolución de la independencia del Perú.

(2) Boletín del Ejército Unido Libertador del Perú. Boletín N° 1 de 5 de octubre de 1820.

(3) Paz Soldán, Mariano F. Op. cit. Pp. 65.66

-C. N. del S. De la I. Del P. Antología de la independencia del Perú, pp. 274-275

-Gameros Castillo, Wilfredo. Op. cit, p. 72

(4) C. N. del S. De la I. Del P. Antología de la independencia del Perú, pp. 275276

(5) Op. cit. Pp. 276-278

(6) Op. cit., p. 270

(7) Op. cit., p. 270

(8) Op. cit., p. 271-273

(9) Op. cit., 273

(10) Op. cit., p. 273

(11) Macera, César F. San Martín, Gobernante del Perú: Historia de San Martín en el Perú, Buenos Aires, 1950.

(12) Gameros Castillo, Wilfredo. Op. cit., p. 81.

CONFERENCIA DE MIRAFLORES

Ya sabemos que el virrey del Perú, don Joaquín de la Pezuela, estaba informado, desde el 10 de setiembre, del desembarco de la expedición libertadora. Tenía pues que hacer frente tanto al gravísimo problema que significaba el entrar de pleno en un estado de guerra. Además en lo interno tenía que afrontar una situación subversiva, que la presencia del ejército foráneo complicaba.

La lucha que a favor de la causa separatista desde relativo tiempo atrás se había desatado en diversos focos internos del virreinato peruano, se complicaba ahora grandemente, al contarse con la presencia de fuerzas extranjeras que tenían como objetivo el separar al Perú de la dominación española. La lucha por la independencia del Perú había llegado a su punto climático. Para hacer frente a esta situación no sólo se necesitaba mucha fuerza bélica, con todas las exigencias económicas y financieras que un estado de guerra implica, sino además de mucho tacto y astucia. Innegablemente Pezuela no era Abascal. Y la situación económica del Perú no favorecía realmente al partido realista.

Pezuela se decidió a abrir conversaciones en consideración a la Real Orden de 11 de abril de 1820, la cual autorizaba y recomendaba abrir negociaciones con los "partidos sediciosos", pero teniendo siempre en consideración la constitución española de 1812, la cual se había vuelto a jurar (Fernando VII la había derogado) como consecuencia de la revolución española liderada por Rafael del Riego, movimiento que había vuelto a abrir un paréntesis liberal y constitucional en la monarquía española.

Pezuela envió a Pisco al Alférez de Húsares don Cleto Escudero para que se entrevistara con el propio San Martín y de esta manera convencerlo de abrir negociaciones tendientes a hallar una posible solución pacífica al problema. El citado emisario realista llegó al cuartel general patriota el 14 de setiembre. Ese mismo día consiguió entrevistarse con San Martín y de esta manera le comunicó la invitación del Virrey para abrir negociaciones. San Martín recibió con suma cortesía y beneplácito dicha proposición. Cleto Escudero abandonó el cuartel general de Pisco al día siguiente con la finalidad de informar al virrey, lo más rápidamente posible, de la actitud favorable al diálogo por parte de San Martín.

El 25 de setiembre se dieron inicio a las reuniones entre los diputados patriotas y realistas, sesiones estas que se prolongarían hasta el 1 de octubre. En este lapso ambas delegaciones expusieron las bases sobre las cuales aceptaban una solución pacífica. Pero, como analizaremos más adelante, estas proposiciones fueron tan diametralmente opuestas (en realidad no se podía esperar otra cosa), que resultó del todo imposible un acuerdo decoroso.

Como lógica consecuencia de la apertura de estas negociaciones se produjo la suscripción, el 26 de setiembre, de un armisticio por un periodo de ocho días. Este armisticio constaba de siete artículos.

"Los Señores Diputados para negociar un avenimiento pacífico entre las tropas del mando del Excmo. Señor Capitán General D. José de San Martín y las de Excmo. Señor Virrey del Perú, a saber:

Por parte del Excmo. Señor D. José de San Martín, Capitán General, los SS. Coronel D. Tomás Guido, D. Juan García del Río, Secretario de Gobierno, y

A nombre del Excmo. Señor D. Joaquín de la Pezuela, Virrey del Perú, los SS. Conde del Villar de Fuente, Coronel de Ejército, y D. Dionisio Capaz, Teniente de Navío.

Después de haber canjeado y reconocídose sus plenos poderes, convinieron en los artículos siguientes:

1° Como paso y media indispensable para el mejor resultado de cualquiera negociación que se entable, se suspenderá todo acto de hostilidad por mar y tierra, por una y otra parte, durante el término de ocho días contados desde la fecha.

2° El ejército al mando del Excmo. Señor D. José de San Martín tendrá por límites al N. El valle de Chincha hasta el pueblo alto de este nombre; por la parte S. El Carrizal en el valle de Hoyas; y por la parte E. la hacienda de Bernales en el de Chunchanga. El Ejército del N. De Lima ocupará el valle de Cañete, quedando por este lado como campo neutral, entre las avanzadas de uno y otro ejército, el desierto que media desde el alto que llaman de Herbae hasta los confines del pueblo Alto de Chincha.

3° Si desgraciadamente no se ajustase algún convenio pacífico entre las dos partes contratantes, no podrán renovarse las hostilidades por ninguna de ellas, sino pasadas veinte y cuatro horas después de la notificación.

4° Desde la hora y momento que sea firmado este armisticio, se devolverán todas las presas que hicieren en las costas del Perú, los buques de guerra y corsarios marítimos de una y otra parte, durante el término del presente armisticio.

5° Todo lo que hubiese sido tomado de las propiedades de los valles que ha ocupado el ejército del mando de Excmo. Señor D. José de San Martín, quedará su valor sujeto al resultado de las negociaciones; y desde la hora en que se firme este armisticio, serán respetadas y conservadas íntegramente, sin que se tome otra cosa de ellas, que lo necesario para la subsistencia del ejército, por sus justos precios.

6° El Excmo. Señor D. José de San Martín y el Excmo. Señor D. Joaquín de la Pezuela, expedirán inmediatamente sus órdenes a los jefes de mar y tierra para el fiel cumplimiento de lo estipulado en los artículos precedentes.

7° El presente armisticio será ratificado por el Excmo. Señor D. José de San Martín dentro del término de tres días, y por el Excmo. Señor Virrey dentro del de seis horas.

Fecho en el pueblo de Miraflores a 26 de setiembre de 1820 a las cinco de la tarde.

Tomás Guido.- Juan García del Río.- El Conde Villar de Fuente.- Dionisio Capaz.- Hipólito Unanue, secretario" (1)

Aquel mismo 26 de setiembre los diputados realistas comunicaron a los patriotas las bases sobre las cuales proponía el Virrey el logro de la paz. Estas bases no eran otras que el reconocimiento del estatus de dependencia con relación al imperio español, pero ya no dentro de un sistema absolutista sino de tipo constitucional y liberal, en consideración, como ya lo hemos señalado, que la constitución liberal de Cádiz de 1812 había vuelto a ser jurada por Fernando VII. El monarca español confiaba con esta medida aceptada solo por la fuerza de las circunstancias, salvar la monarquía y su integridad territorial. En su manifiesto dirigido a los españoles americanos explica su actitud y expresa su confianza en la salvación de la unidad hispana. Leamos parte de este manifiesto:

"Cuando en 1814 anuncié mi llegada a la capital del imperio español, la fatalidad dispuso se reinstalase unas instituciones que la antigüedad y el hábito hicieron mirar como superiores a otras que siendo menos antiguas se desconocieron y calificaron de perjudiciales por haberse renovado bajo de distinta forma.

La triste experiencia de seis años, en que los males y las desgracias se han ido acumulando por los mismos medios que se juzgaba debían hacer la felicidad; el clamor general del pueblo en ambos hemisferios y sus demostraciones enérgicas me convencieron al fin, de que era preciso retroceder del camino que incautamente había tomado; y viendo el voto común de la Nación impulsada por el instinto que la distingue en la escena del mundo a la altura que debe tener entre las demás naciones, me he adherido a sus sentimientos identificándome sincera y cordialmente con la Constitución firmada en Cádiz por las cortes generales y extraordinarias y promulgada en aquella ciudad en 19 de marzo de 1812.

...........................................................................................................................................

Americanos, vosotros, los que vais extraviados de la senda del bien, ya tenéis lo que hace tanto tiempo busca a costa de inmensas fatigas, de penalidades sin términos, de guerras sangrientas, de asombrosa desolación y de extremo exterminio... Oíd la tierna voz de vuestro rey y padre. Cese el inquieto y receloso cuidado que os agita, y cese el encono con las circunstancias que lo produjeron dando lugar a los sentimientos tiernos y generosos. ... Los dos hemisferios hechos para estimarse, no necesitan sino entenderse para ser eternamente amigos inseparables, protegiéndose mutuamente en vez de buscar ocasiones en que perjudicarse. ...

...........................................................................................................................................

... Pero si desoís los sanos consejos que salen de lo íntimo de corazón, y si no cogéis y estrecháis la fiel y amiga mano que la cariñosa patria os presenta; esta patria que dio el ser a muchos de vuestros padres, y que si existieran, os lo mandarían con su autoridad; temed todos los males que producen los furores de una guerra civil;..." (2)

Hemos reproducido unos pocos párrafos de este manifiesto porque consideramos que su lectura total es muy importante, porque permite comprender en forma mucho más adecuada la posición de las autoridades realistas con relación al ejército libertador y la posición que mantendrían en todas las entrevistas que se producirían con los patriotas.

Volvamos al análisis de las conferencias abiertas entre los emisarios de Pezuela y San Martín en el balneario limeño de Miraflores. Habíamos indicado que el 26 de setiembre los delegados realistas presentaron por escrito lo que a su criterio consideraban la base indispensable para un arreglo definitivo de paz. Leamos íntegramente la nota realista.

"Los infrascritos tiene el honor de hacer presente a los señores comisionados del Excmo. Sr. Capitán General del Ejército de Chile, D. José de San Martín, como base para la paz, el artículo siguiente:

Como nada desea más la Nación Española, a quienes todos pertenecemos, y el corazón paternal de su Monarca constitucional, el Sr. D. Fernando VII, que ver reunidos los pueblos, a quienes motivos que deben olvidarse precipitaron en la discordia, por lo que guiados de sus generosos y humanos sentimientos ha mandado y dado el impulso a estas negociaciones; en cumplimiento de sus órdenes superiores, y con arreglo a las instrucciones del Excmo. Sr. Virrey, invitamos a los Señores Diputados del Excmo. Sr. D. José de San Martín, para que a nombre del reino de Chile, sus jefes y habitantes, a nombre del Ejército y los Jefes, adopten y juren la Constitución de la Monarquía Española, enviando sus Diputados al Soberano Congreso, y entrando en todos los derechos y prerrogativas que se han concedido por las Cortes, con las demás ventajas generales e individuales consiguientes a semejante adhesión.

Esperamos que U.SS. señores comisionados, considerando el magnífico prospecto que ofrece una Nación tan grande como la Española, reunida bajo tan justas y liberales leyes, no podrá menos que condescender al deseo del Soberano y con los votos de los pueblos sus hermanos.

Dios guarde a U.SS. muchos años.

Pueblo de Miraflores y setiembre 26 de 1820.

El Conde de Villar de Fuente.- Dionisio Capaz.- Hipólito Unanue. (3)

Ya conocemos la opinión que le merecía a San Martín la alternativa hispana del sistema monárquico constitucional sobre la base de la Constitución de 1812. (*Ver la proclama de 8 de setiembre sobre el particular). Resulta por ello fácil darse cuenta que esta propuesta realista, que consideramos la única que en realidad podían ofrecer y que venía a significar lo máximo que podía ceder el estado español ante el peligro de su desintegración, fuera recibida por los delegados patriotas negativamente, aunque creemos que no les debió causar ningún tipo de sorpresa, porque ni uno ni otro bando podían esperar mucho de unas conferencias destinadas de antemano al fracaso, por los intereses diametralmente opuestos e imposibles de cualquier tipo de conciliación.

Recibida por los patriotas la nota realista redactaron de inmediato y remitieron al día siguiente la réplica, pues consideraban que la base de la paz no podía ser otra, atendidas las circunstancias ventajosas logradas por el ejército libertador, así como la opinión reinante en el territorio peruano favorable a la causa separatista, que el reconocimiento de la independencia del Perú. Leamos la nota patriota para comprender adecuadamente sus argumentos:

"Miraflores, setiembre 27 de 1820

Los que suscriben tienen la honra de contestar la nota de ayer de los Señores Diputados del Excmo. Sr. Virrey del Perú, exponiendo que, después que el Excmo. Sr. D. José de San Martín manifestó al Excmo. Sr. Virrey en oficio de 15 del corriente, de que se sirvió instruirnos, su avenimiento a entrar en toda negociación pacífica, que no contradijese a los principios establecidos por los Gobiernos libres de América, como regla invariable, no podía esperar que el Excmo. Señor Virrey propusiese por base de una transacción amistosa, que el Gobierno de Chile y sus súbditos, S. E. mismo, los Jefes y el Ejército de su mando, aceptaran y jurasen la Constitución de la Monarquía Española, proclamada en la Península, sin suponer gratuitamente que el Excmo. Señor Virrey ignoraba la resolución de los pueblos y tropas expresadas, y la insuficiencia de cualquier influjo para hacerles retrogradar en la carrera de su independencia política. Por consiguiente, los abajo firmantes consideran como un deber, en cumplimiento de sus instrucciones, el hacer presente a los Señores Diputados del Excmo. Señor Virrey, que no están autorizados para iniciar negociación alguna sobre la base propuesta en nota de ayer, a saber, el juramento de la Constitución de la Monarquía Española por las autoridades, pueblos y tropas indicadas.

No es esta la primera vez que se ha hecho igual propuesta al Gobierno de Chile, y demás de los estados independientes de América, desde que el Consejo de Regencia en el año de 1812 fue encargado por las Cortes Generales y extraordinarias de España de hacer cumplir y ejecutar la Constitución. Pero ello, desechando un Código que por una parte establecía una desigualdad enorme en la representación de la América en el cuerpo legislativo, y por otra no presentaba garantía suficiente sobre su estabilidad, opusieron una resistencia que entonces de calificó de criminal, pero que el tiempo y los sucesos han justificado luego a los ojos del orbe.

Los que suscriben, sin entrar en el examen detenido de las causas generales y particulares que han influido en los gobiernos independientes de esta parte de América, para no ceder a sus derechos, no pueden prescindir de recordar a los Señores Diputados del Excmo. Señor Virrey, que en el periodo infeliz de seis años de lágrimas, en que el despotismo (o llámense errores) del Monarca de España, apuró todos los recursos para sofocar el justo clamor de los españoles y de los americanos, se han robustecidos aquellos gobiernos por medio de la opinión pública, bastante enérgicamente pronunciada con sus inmensos e incesantes sacrificios. De aquí es, que ligadas las autoridades en interés con los pueblos, forman una masa indivisible; y la resolución de estos, lejos de vacilar por loas vicisitudes de la guerra, y por la variaciones políticas, han prescrito la marcha que aquellos debían seguir, siendo ya tan ineficiente el empeño de la autoridad más elevada para cambiar la actitud en que los pueblos desean conservarse, como lo fue la abdicación de Bayona por el Señor D. Fernando VII, para someter la España al emperador de los franceses. Una experiencia dolorosa, aunque feliz en sus resultados, ha resuelto el problema de la superioridad del espíritu de la libertad sobre el de una dominación arbitraria, de los recursos de un pueblo que quiere pertenecer a sí mismo sobre las insidias de un, poder extraño; y apenas puede concebirse que el Monarca Español al recibir las terribles lecciones que la Península acaba de dar a S.M. se prometa de los americanos una impasible resignación, esperando distintos efectos de las mismas causas.

El Excmo. Sr. D. José de San Martín ha entendido que la cuestión que debía ventilarse no era si el Estado de Chile y el ejército de su mando anularían sus solemnes juramentos para reconocer al Soberano Constitucional de España, en los momentos de abrir, con todas la probabilidades del triunfo una campaña en auxilio de los pueblos del Perú, cuya opinión es conocida; sino si el Excmo. Sr. Virrey, mediante a haber prevalecido en Península las ideas liberales, que el Consejo de S.M.C. se compone de las respetables víctimas de la tiranía, y que ya se ha tocado un largo y costoso desengaño, estaba autorizado para poner término a la guerra en esta parte de América, dando por base a su negociación el establecimiento de la independencia del Perú, como el medio más seguro y oportuno de conciliar los intereses bien entendidos de Españoles y Americanos.

Con esta esperanza, el Excmo. Sr. D. José de San Martín está resuelto a sacrificar sobre las aras de la paz, cuantos laureles pudiera prometerles la victoria; está dispuesto a prevenir los horrores de la guerra y los desastres de la anarquía, cediendo por la felicidad de estas regiones y por el restablecimiento de la concordia, cuanto le permitan la extensión de sus facultades, el honor nacional y sus propios sentimientos. S.E. está persuadido que, buscando en la equidad y la justicia las verdaderas bases de la libertad del Perú, y la conciliación tan suspirada entre los habitantes de uno y otro hemisferio, acaso no sería difícil hallar un medio de avenimiento amistoso en que pudieran detenerse ambas partes y que las uniese consolidando la paz y la felicidad de todos.

A este solo fin han sido enviados cerca del Excmo. Sr. Virrey los que suscriben. ¡Ojalá sean tan dichosos que llenen los otos de su general, sus propios deseos y sirvan de instrumentos en la conclusión de esta grande obra!

Permítase a los que suscriben, el honor de tributar a los Señores diputados del Excmo. Sr. Virrey su más alta consideración.

Tomás Guido.- Juan García del Río. (4)

El resultado de estas negociaciones no debió extrañar a ninguna de las dos partes, an atención al convencimiento de sus posiciones diametralmente opuestas y sin posibilidad alguna de compatibilizar. Entonces, podría preguntarse, por qué se llevaron a cabo. La respuesta es realmente sencilla: ambas partes vieron en dicha reunión una forma de sondearse mutuamente, y en el caso del Virrey de ganar tiempo para poder desarrollar un plan de acción. Sabemos, por ejemplo, que San Martín midió de tal manera sus instrucciones dadas a sus dos delegados que de no obtenerse grandes ventajas (y como medular de ello el reconocimiento de la independencia), las negociaciones necesariamente deberían estar destinadas al fracaso. Así lo señaló San Martín en una misiva dirigida al Ministro de Estado en el departamento de Gobierno de Chile, fechada el 19 de octubre de 1820. En dicha carta leemos: "El verdadero objeto que tuve en acceder a la invitación del virrey y enviar mis diputados cerca d él, fue adquirir noticias exactas del estado de Lima, situación del ejército y conocer los límites a que estaba dispuesto a entender sus propuestas el gobierno de lima en las actuales circunstancias. El espíritu de las instrucciones estaba calculado para frustrar decorosamente toda negociación que no nos proporcionara grandes ventajas y seguridades para el porvenir". (5)

Una interrogante muy importante se abre en torno a estas negociaciones. ¿Instruyó San Martín a sus diputados para que propusiesen como solución transaccional decorosa el establecimiento de una monarquía independiente? ¿Caía esta solución dentro de aquellas que daban "grandes ventajas y seguridades para el porvenir"? Nos formulamos esta interrogante en atención a la existencia de ciertos documentos emanados del virrey Pezuela que hablan en forma expresa en torno a este particular. En una misiva del Virrey a San Martín, que lleva fecha de 12 de noviembre de 1820, Pezuela le contesta a San Martín en el sentido de carecer de facultades suficientes para decidir sobre el establecimiento de una monarquía peruana independiente. (6) Este hecho está corroborado por lo que se expresa en un memorándum que el virrey Pezuela dirigiera al ministro español en Río de Janeiro, documento este en el cual se lee lo siguiente: "El partido de Pueyrredón (éste era de ideas monarquistas) en el que San Martín hacía uno de los primeros papeles, se halla en el día proscrito y juzgado como criminal de alta traición, por haber entablado el proyecto de coronar en América un príncipe europeo, el mismo que se propuso en las conferencias de Miraflores por los diputados de aquel a los de este gobierno como la base general de una transacción definitiva". (7)

Conociéndose ampliamente las ideas monarquistas de San Martín, así como el hecho de la propuesta que tiempo después le haría al virrey La Serna en dicho sentido, y considerando los documentos comentados, consideramos que San Martín intentó lograr una solución pacífica mediante la adopción de una monarquía. Esto no tiene nada de inexplicable ni contradictorio, porque la propuesta eran en el sentido de una monarquía totalmente independiente, con lo que no cedía terreno alguno en el cuanto al objetivo principal d la causa, cual era el logro de la independencia política. El establecimiento de un sistema monárquico con un príncipe español caía dentro de los planes de San Martín. Esto lo podremos ver más detenidamente cuando nos refiramos a la entrevista de Punchauca y a los planes sanmartinianos para la constitución del nuevo estado peruano independiente.

A pesar que las reuniones de los delegados de ambas partes habían resultado un total fracaso, Pezuela intentó mediar personalmente en búsqueda de una posible solución pacífica. El 30 de setiembre, en el pueblito de la Magdalena, se vino a llevar a cabo esta importante reunión, pero como el Virrey no propusiera ninguna nueva base y los delegados patriotas mantuviéranse en lo prefijado, el resultado fue tan negativo con en las ocasiones precedentes. El virrey Pezuela en su Diario anota sobre el particular: "... nada me añadieron a lo que habían expuesto a mis Diputados". (8) En realidad ninguna de las dos partes nada nuevo añadieron y de allí el fracaso de esta nueva entrevista.

Las conferencias de Miraflores dieron lugar a un hecho realmente desagradable entre los diputados relistas, a consecuencia de la actitud de Dionisio Capaz, quien a raíz de dichas reuniones y de sus resultados, publicó un atolondrado y provocador manifiesto en el que, sin ambages, culpaba a los patriotas de ser los verdaderos causantes del fracaso de dichas negociaciones, hecho este que hablaba de sus nefastas intenciones subversivas. Esto no era todo, pues de haber sido solo ello, a pesar de lo inconveniente que resultaba dicha manifestación pública por lo especial de la situación, hubiera resultado del todo intrascendente. Pero Dionisio Capaz se atrevió a proclamar a nombre propio y de los otros delegados realistas, que en el caso de producirse una invasión patriota de la capital, todo correría peligro, nada estaría a salvo ni protegido; fortunas, bienes, honras serían violentadas y pisoteadas. Dionisio Capaz, el único verdadero autor de esta insólita nota, se atrevió a publicarla no solo a título personal, sino que hizo figurar como firmantes de la misma tanto al Conde Villar de Fuente como al Dr. Hipólito Unanue, los cuales ignoraban totalmente dicha nota. Al aparecer publicada el malhadado documento, no les quedó otra alternativa a ambos personajes que la de protestar altivamente por el atrevimiento de Dionisio Capaz de haberlos hecho figurar con coautores del mencionado documento, que ellos desconocían y con el cual estaban en desacuerdo. (9)

El armisticio que se había suscrito el 26 de setiembre vino a expirar el 4 de octubre a las cinco de la tarde, reiniciándose a partir de ese momento el estado de guerra.

El virrey Pezuela preocupado enormemente por la delicada y peligrosa situación, y tratando de agotar al máximo la solución pacífica, volvió a intentar , esta mes en el mes de octubre, una nueva negociación. En esta oportunidad envió hacia el Cuartel general de Pisco al general de Marina D. Antonio Vacaro, quien se entrevistó personalmente con San Martín. En realidad resultaba del todo inútil la misión de Vacaro, porque se vino a reducir simplemente a proponer como base de una solución pacífica el reconocimiento de la monarquía española. Como es fácil de suponer, San Martín rechazó esto y la negociaciones terminaron en un total fracaso. (10)

NOTAS

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SAN MARTÍN Y SU CUARTEL GENERAL EN HUAURA

Habiendo expirado, el día 4 de octubre, el armisticio firmado en Miraflores, San Martín dispuso de inmediato la movilización de sus efectivos. El día 5, al mando de una división, partió Álvarez de Arenales con instrucciones especiales para incursionar primero por Ica y luego pasar hacia el centro del país, con la finalidad expresa de ganar a los pueblos de dicha región a la causa separatista.

San Martín creyó conveniente trasladar su cuartel general a un punto más estratégico, considerando que el pueblo de Huaura, al norte de la ciudad de Lima, reunía esa condición. Pero antes de abandonar Pisco, exactamente el 21 de octubre de 1820, San Martín promulgó un decreto por el cual se creaba el nuevo símbolo patrio del Perú independiente.

El reembarco del ejército libertador comenzó el 23 y se prolongó hasta el 26. Aquel 26 de octubre la escuadra libertadora enrumbó hacia el norte de Lima. El 29 por la tarde fondeaban frente a la bahía del Callao. Se posicionaron de tal manera que quedaron a cubierto de los disparos que se hacían desde los Castillos de Real Felipe.

El día 30 San Martín decide pasar hacia Ancón con los navíos San Martín, Galvarino y Arauco. En el Callao quedaría Cochrane con la O’Higgins, la Independencia y la Lautaro. Pero antes de la separación de los dos caudillos, estos acordaron todos los pormenores de un plan realmente extraordinario y cuya ejecución quedaría en manos de Cochrane. La referencia al respecto la trae el boletín N° 3 del Ejército Unido, aunque sin dar mayores explicaciones al respecto, por lo cual deja realmente tendido un velo de misterio. El boletín citado dice al respecto: "Antes de separarse el General en Jefe y el Vicealmirante de la Escuadra, acordaron la ejecución de un proyecto memorable, capaz de sorprender a la misma intrepidez y de eternizar por si solo la historia de la expedición libertadora del Perú". (1) Este plan, "capaz de sorprender a la misma intrepidez" al que hace referencia el boletín, ¿sería tal vez el apoderarse del navío realista La Esmeralda y de los bergantines Maipú y Pezuela, así como de los restantes navíos realista anclados en El Callao, lo cual ocurrió el 5 de noviembre?. En realidad de verdad no hay plena seguridad de ello, pero considerando la adjetivación que se hace del innombrado plan y coincidiendo plenamente con lo sucedió el citado 5 de noviembre, consideramos que a dicho proyecto se refería. Para una mejor comprensión del acontecimiento en mención hagamos una sucinta referencia.

La Esmeralda era un navío con un poco más de trescientos tripulantes, con cuarenta y cuatro cañones. Se encontraba defendida, para darle el máximo de seguridad, por una poderosa barrera constituida de cadenas y pontones armados, en cuyo interior de dicha especial y casi inexpugnable defensa movíanse veintisiete lanchas cañoneras. Apoderarse de este navío y de las demás naos realistas, o intentar su destrucción, constituía un proyecto realmente inconcebible o, para expresarse mejor, solo concebible por espíritu tan arriesgados y decididos como el de Cochrane, pues no cabe la menor duda que de él fue la idea de tan espectacular acción. Como dice Wilfredo Gameros, La esmeralda era una "nave poco menos que inaccesible, pues estaba en la plaza fuerte más formidable de América del sur. Resguardada por los castillos del Real Felipe, San Rafael y San Miguel y por las baterías del Arsenal y San Joaquín. En conjunto disponían de trescientos cañones, aparte de veintisiete lanchas cañoneras, cada una con una pieza de artillería y con treinta marineros" (2)

San Martín, después de haber coordinado la realización del plan mencionado, abandona El Callao el 30 de octubre. Cochrane ultima los preparativos del audaz y sensacional plan.

La noche del 4 de noviembre, según el boletín N° 3 del Ejército Unido, se realiza un ensayo del plan, el cual debió haber satisfecho plenamente a Cochrane, pues decide llevarlo a cabo al día siguiente. Seleccionó doscientos cuarenta hombres para participar en la acción. Ordenó al capitán Forster salir mar afuera con dos navíos, para dar la impresión de un retiro de la escuadra y así alejar cualquier sospecha de un posible ataque a las naves realistas. Al atardecer de aquel 5 de noviembre, Cochrane dirigió a sus hombres una sentida proclama, en una de cuyas partes les decía: "Esta noche vamos a dar un golpe mortal al enemigo: mañana os presentaréis con orgullo delante del Callao, y todos nuestros compañeros os verán con envidia..." (3)

Alas diez de la noche se dio inicio al plan. Los doscientos cuarenta efectivos especialmente seleccionados bajaron a los botes, formando dos divisiones: una al mando del propio Cochrane y la otra bajo la jefatura de los capitanes Crosby y Guise. Se desplazaron en dirección al fondeadero, contando a su favor con la oscuridad reinante aquella noche sin luna La misión estuvo a punto de fallar casi en sus inicios como consecuencia de un grito de ¡quién vive! Dado desde la fragata inglesa Hyperion, el cual, por suerte, no tuvo mayores repercusiones, debido a que no se repitió, seguramente a consecuencia de haberse percatado que se trataba de un navío neutral. Sorteado este primer obstáculo, pronto se encontraban ya en la abertura existente en la barrera, cuando nuevamente un hecho imprevisto puso en peligro la realización del proyecto. Era ya medianoche en aquel momento cuando una de las cañoneras realistas que vigilaba la zona hizo su aparición. Se percataron del movimiento de los navíos patriotas, pero antes que pudieran dar la alarma ya el intrépido Cochrane les amenazaba con terminar con todos sus tripulantes si hacían el menor intento de dar aviso. Gracias a esta decidida acción el plan pudo continuar y poco después las embarcaciones patriotas se situaban a los lados de La Esmeralda, la cual al poco tiempo se vio invadida, ante la total sorpresa de sus tripulante, los cuales, sin embargo, después de un primer momento de estupor y desconcierto, reaccionaron y ofrecieron la más tenaz resistencia que en situación semejante podía llevarse a cabo. La lucha fue ardua y el propio Cochrane llegó a sufrir una herida en el muslo como consecuencia de un balazo. Esto lo imposibilitó de continuar con su labor directriz razón por la cual el mando fue entregado al Almirante Martín Jorge Guise.

Si bien es cierto que la fragata Esmeralda logró caer en manos de los patriotas, no es menos verdad que el plan proyectado no se pudo cumplir total y plenamente según se había concebido. No se realizó la captura de los bergantines Maipú y Pezuela ni la destrucción de los demás navíos. Sin embargo la captura de La Esmeralda era de por sí ya una gran hazaña, sobre todo por el gran impacto que causó entre las fuerzas realistas. Según el boletín n° 3 del Ejército Unido a la una de la madrugada ya La Esmeralda estaba en poder de los patriotas. El mando de dicha nave fue entregado a Guise.

El impacto conseguido entre las filas realistas con el logro del plan del 5 de noviembre fue relativamente grande. Consideramos que más que apoderarse de una o más naves lo que interesaba causar era una impacto sicológico sobre la moral realista. En este medida el plan fue un gran éxito.

Habíamos dejado dicho, antes de esta referencia a la captura de La Esmeralda, que San Martín había abandonado El Callao el 30 de octubre, enrumbando hacia Ancón donde fondeó aquel mismo día. Al día siguiente hizo desembarcar, a órdenes del Teniente Raulet, cincuenta infantes y 20 hombres de a caballo, con la misión de observar el camino de Chancay a Lima. El 1 de noviembre estas fuerzas llegaban a Copacabana, un punto distante cinco leguas de Lima, donde encontráronse con fuerzas realistas. El día 3 se ordenaba el desembarco de cuarenta hombres de a caballo, a órdenes del capitán Brandsen, y de dos compañías de infantería bajo la jefatura de los capitanes Crespo y Suárez. Todo este regimiento quedó bajo el mando del mayor Reyes. Tenía como misión incursionar hacia Chancay. En su desplazamiento tuvieron que enfrentarse al destacamento realista comandado por Valdés, el cual intentó impedir la aproximación patriota hacia su objetivo de Chancay. La caballería dirigida por Brandsen logró, el 11 de noviembre, derrotar, en las inmediaciones de la hacienda Torre Blanca, a la caballería realista capitaneada por el citado Valdés. Los patriotas intentaron aprovechar este suceso y perseguir a los realistas, pero se dieron imposibilitados de lograr su objetivo a consecuencia de un nutrido tiro de fusilería que sufrieron por parte de las fuerzas realistas de García Camba. Según el boletín n° 4 del Ejército Unido, de 20 de noviembre de 1820, el día 7 de noviembre San Martín pasó al Callao, a bordo del Araucano, regresando al día siguiente en compañía de Cochrane y llevando nada menos que el navío realista Esmeralda, recientemente capturado. En cuanto a la fecha de este suceso hay una pequeña discrepancia entre el citado boletín n° 4 y la misiva que San Martin dirigiera al coronel Ignacio Centeno, Ministro de Guerra de Chile, fechada en Supe a 29 de noviembre, documento este en el cual San Martín precisa que fue el día 8 que salió para el Callao y el día 9 el de su regreso a Ancón. (4) Ya de regreso toda la escuadra, permanecieron un día más en Ancón. Al día siguiente zarparon con dirección al puerto de Huacho. El desembarco se hizo tanto por el puerto de Guacho como por la caleta de Végueta, al norte de la ciudad de Huacho. Entre los días 10 al 12 se realizó el desembarco. San Martín encargó al Teniente Coronel D’Alve reconocer las posiciones de Huaura y Supe. El día14 se emplearon setecientos hombres para construir tres reductos sobre las alturas que dominaban el puerto, y, asimismo, se mandó formar un muelle para la comodidad del desembarco. Fue este día 14 que la goleta Alcance, que habíase encontrado con la escuadra libertadora en Ancón, partió rumbo a Guayaquil llevando a Tomás Guido y a Toribio Luzuriaga como emisarios de San Martín ante el nuevo gobierno independiente de Guayaquil. El 17 San Martín .ordenaba que toda la infantería marchase a Supe, a órdenes del Mayor General Las Heras, quedando el Regimiento de Cazadores a Caballo en Huacho y pasando el Regimiento de Granaderos a Huaura. El 19 el San Martín llegaba a Supe. El 25 salía para Huacho, pasando luego a Chancay y a Huacho, para estar de regreso nuevamente en Supe, el día 27. El cuartel general se localizó en Supe desde el 19 de noviembre hasta el 6 de diciembre para el 7 del citado mes establecerse en Huaura.

Entre los planes de San Martín se encontraba atacar Lima los primeros días de enero de 1821. Considerando ello trasladó su cuartel general a Retes (en la provincia de Chancay, pero muy pronto cambió de opinión al tener noticia de que las fuerzas realistas estaban preparándose para rechazarlo. El 14 de enero el ejército marchó a situarse sobre la margen derecha del río Huaura, donde concluyeron de localizarse el día 18. (5)

En los primeros meses de 1821 se desató en las filas del ejército patriota una terrible epidemia, "conocida con el nombre de tercianas". De la gravedad de sus consecuencias nos puede dar una idea más o menos cabal el hecho siguiente: de los cuatro mil efectivos que habían desembarcado en Pisco, tres mil estaban en los hospitales a mediados de abril de 1921, legándose a producir ciertos días hasta cincuenta muertos. San Martín en carta a O’Higgins relata esta desgracia: "Nuestra situación es la misma que anteriormente: mil quinientos enfermos, y otros tantos convalecientes, es el estado del ejército; crea Ud., amigo mío, que no puede verse con indiferencia perecer a estos infelices sin tener como aliviarlos en sus necesidades. Tengo pedido, infinidad de tiempo hace, medicinas, porque en todo el Perú no se encuentran, a excepción de quina; en fin, el resultado es que diariamente tenemos de baja de hospitales de doce hombres para arriba". El propio libertador cayó víctima de la mortífera epidemia. En misiva de 3 de mayo de 1821 le escribía a O’Higgins: "Mi salud está sumamente abatida; antes de ayer me levanté después de siete días de cama, creo con evidencia que si continuo así, pronto daré en tierra". Para conocer sobre el impacto de las enfermedades durante la etapa separatista leer el excelente trabajo de la profesora Susy Sánchez titulado "Lima, hambre y enfermedad en Lima durante la guerra independentista. (1817-1826)" (6)

En estos dramáticos momentos y trayendo un relativo espíritu de paz y concordia, llegó al cuartel general de Huaura el Comisario Regio Manuel Abreu, el cual había desembarcado en la bahía de Samanco a mediados de marzo. El 16 de dicho mes comunicaba al Alcalde de Huanchaco su deseo de entrevistarse con San Martín.

Informado el libertador de la llegada del Capitán de Fragata D. Manuel Abreu en su calidad de Comisario Regio y de su interés de tener una entrevista con él, le contestó el 23 haciéndole saber que veía con agrado su cordial visita. Dos días después, el 25 de marzo de 1821, Abreu y San Martín se reunían en un ambiente de suma cordialidad, quedando Abreu favorablemente impresionado con la actitud de San Martín, y, de seguro, muy esperanzado en los resultados que podrían obtenerse de abrirse nuevas negociaciones de paz. Abreu permaneció cuatro días en Huaura, al término de los cuales recién pasó a la ciudad de Lima.

Hemos seguido al ejercito libertador desde setiembre de 1820 hasta marzo de 1821. En este lapso ocurrieron trascendentales acontecimientos en ambos bandos, tales como exitosa primera campaña de Álvarez de Arenales, la independencia de los pueblos del centro y norte del Perú, y, entre las filas realistas, la defección del Numancia y el motín de Aznapuquio. En los siguientes capítulos estudiaremos estos hechos.

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