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Una introducción a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días




Enviado por jcruizospino



    (Los Mormones)

    1. La
      Restauración
    2. Creencias
      básicas
    3. Resumen de
      creencias

    1. La
    Restauración

    1.1 José Smith

    José Smith, nació en el año 1805 en
    Sharon, condado de Windsor, estado de
    Vermont. Sus padres fueron Joseph Smith y Lucy Mack. Tuvo 10
    hermanos. Sus padres le enseñaron a orar, a leer
    la
    Biblia
    y a tener fe en
    Dios
    .

    1.2 La Primera Visión

    Cuando era niño, José Smith se vio rodeado
    de muchas iglesias que afirmaban enseñar la verdad, lo que
    le produjo mucha reflexión. A los 14 años,
    José deseaba saber cuál era la Iglesia verdadera y
    un día leyó un
    pasaje de la
    Biblia
    que dice: "Si alguno de vosotros tiene
    falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a
    todos abundantemente y sin reproche, y le será dada"
    (Santiago 1:5). José decidió aceptar la
    invitación de preguntar a Dios y en la primavera de 1820,
    José caminó hacia una arboleda cercana a su casa
    (Palmyra, estado de Nueva York) y allí oró
    para saber a cuál Iglesia unirse. Como respuesta a
    su oración, se le aparecieron el Padre
    Celestial
    y Su Hijo Jesucristo,
    al igual que seres celestiales se les habían aparecido a
    Moisés y Pablo en los tiempos bíblicos. Al
    respecto, José escribió: "Vi una columna de
    luz,
    más brillante que el sol,
    directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente
    descendió hasta descansar sobre mí. Al reposar
    sobre mí la luz, vi en el aire arriba de
    mí a dos personajes cuyo fulgor y gloria no admiten
    descripción. Uno de ellos me habló
    llamándome por mi nombre, y dijo señalando al otro:
    Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!" Se
    le dijo a José que no se uniera a ninguna de las iglesias
    de la época.

    La primera visión de José Smith
    señaló el inicio de la
    restauración
    de la Iglesia de Jesucristo
    a la
    tierra.

    1.3 Visita del Ángel Moroni y la Traducción del Libro de
    Mormón

    En septiembre de 1823, un mensajero celestial llamado
    Moroni, visitó a José Smith de la misma forma en
    que a menudo los ángeles se aparecían a los
    líderes de la Iglesia, como se describe en el Nuevo
    Testamento. Moroni le anunció a José que Dios
    tenía una obra para él. Además, Moroni le
    dijo a José que existía un registro, de los
    antiguos habitantes del continente americano, antes de la visita
    de los colonizadores europeos, enterrado en una colina cercana y
    que el registro contenía la plenitud del Evangelio de
    Jesucristo.

    En septiembre de 1827, José recibió los
    registros, los
    cuales habían sido escritos sobre finas láminas de
    oro. Hoy se
    sabe que no era raro que los pueblos de la antigua América
    llevasen registros en planchas de metal. José tradujo el
    libro del idioma original al inglés
    por la inspiración de Dios. El libro se llama
    El Libro
    de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo
    .
    Lleva el nombre de Mormón, un antiguo profeta que
    compiló el registro sagrado.

    1.4 El Libro de Mormón: Otro Testamento de
    Jesucristo

    El Libro de Mormón es otro testamento de
    Jesucristo. Contiene los escritos de antiguos profetas
    que vivieron en el continente americano. Uno de ellos,
    llamado Lehi, vivió en Jerusalén aproximadamente
    600 A.C. Dios mandó a Lehi llevar a un pequeño
    grupo al
    continente americano, donde se convirtieron en una gran nación.

    Dios siguió llamando profetas entre este pueblo.
    El Libro de Mormón es una colección de sus
    escritos. Se le dio el nombre Mormón, que era uno de esos
    antiguos profetas.

    Dichos profetas sabían del plan de
    nuestro Padre Celestial
    para con Sus hijos y de
    la misión de
    Jesucristo. Ellos registraron que, después de Su
    resurrección, Cristo se apareció a los habitantes
    de América. Él les enseñó Su
    Evangelio y estableció Su
    Iglesia
    entre ellos.

    El libro de Mormón certifica, como otro testigo
    de Cristo, de la realidad y la divinidad de Jesucristo. El Libro
    de Mormón se publicó en 1830. Desde aquel entonces,
    ha bendecido las vidas de millones de personas por medio de su
    poderoso mensaje acerca de Jesucristo y Su Evangelio.

    1.5 La restauración del sacerdocio y de la
    Iglesia

    A través de los tiempos, Dios ha dado a Sus
    siervos, los profetas, la autoridad para
    actual en Su nombre. Esta autoridad se llama el sacerdocio.
    Jesucristo dio el sacerdocio a sus Doce Apóstoles
    originales y ellos dirigieron la obra de la Iglesia
    después que Jesús hubo ascendido a los cielos. Con
    esa autoridad, los apóstoles podían predicar el
    evangelio, bautizar, conferir el don del espíritu
    santo, bendecir a los enfermos y dirigir la Iglesia. Pero,
    después de que los Apóstoles fueron muertos,
    gradualmente el sacerdocio fue desapareciendo de la tierra.

    A medida que José Smith traducía
    el
    Libro de Mormón
    , él y su amigo
    Oliver Cowdery, leyeron las enseñanzas de Jesucristo
    acerca del bautismo
    por inmersión para la remisión de los
    pecados
    (Libro de Mormón, 3 Nephi
    11:21-27). El 15 de mayo de 1829, José y Oliver oraron
    pidiendo instrucciones referentes al bautismo. Un mensajero
    celestial les respondió su oración. Juan el
    Bautista (el mismo que bautizó a Jesús en el
    río Jordán), como un personaje ya resucitado, se
    les apareció a José y Oliver y les confirió
    el Sacerdocio de Aarón, o Sacerdocio Aarónico, el
    cual tiene la autoridad de predicar el evangelio de
    arrepentimiento
    y para bautizar.
    Luego José y Oliver se bautizaron el uno al otro en el
    cercano río Susquehanna. Este acontecimiento marcó
    el comienzo de la restauración del sacerdocio, el cual
    había sido quitado de la tierra durante el período
    de la Apostasía.

    Posteriormente, en el mismo año, José
    Smith y Oliverio Cowdery tuvo la visita de tres personajes
    celestiales: Pedro, Santiago y Juan, los mismos que fueron
    llamados apóstoles en el tiempo de
    Jesucristo. José y Oliver recibieron de ellos la autoridad
    del sacerdocio mayor para organizar la Iglesia de Jesucristo. Por
    medio de este sacerdocio se pudo realizar todas las demás
    ordenanzas, incluso la de conferir el don
    del Espíritu Santo
    . Habiendo sido
    restaurada la autoridad del Sacerdocio, en 1830 se
    organizó la misma Iglesia de Jesucristo que había
    existido siglos atrás con la denominación de "La
    Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos
    Días" en Fayette, New York, el 6 de abril de 1830, bajo el
    liderazgo de
    José Smith, como profeta y presidente de la
    Iglesia.

    Posteriormente la iglesia se expandió
    rápidamente, pero debido a las persecuciones por parte de
    los enemigos de la iglesia, los miembros de la iglesia se
    trasladaron a Kirland, a Jackson City y a Nauvoo. José
    Smith, junto a su hermano Hyrum hecho prisionero por el
    ejército en la cárcel de Cathage. De allí
    los sacó la turba de enfurecidos y los mataron el 27 de
    junio del año de 1844. De esa forma José Smith
    selló su testimonio como los demás profetas de la
    antigüedad.

    Birgham Young, quien asumió luego en el mando de
    la iglesia, organizó una emigración general de casi
    todos los miembros hasta Salt Lake City, Utah.

    2. Creencias
    básicas

    Algunas de las creencias básicas de la Iglesia
    son:

    2.1 Dios es Nuestro Padre Celestial

    Jesús enseñó que Dios es "Nuestro
    padre… en los cielos" (Mateo
    6:9
    ).Llamamos a Dios Padre Celestial
    porque es el Padre de
    nuestros espíritus.
    Debido a que
    Él es nuestro Padre y nosotros sus hijos, Dios nos conoce
    y nos ama de forma personal.
    Él desea que hallemos gozo en esta vida, y regresemos a
    vivir con Él una vez que esta vida llegue a su fin.
    Él ha preparado un plan para
    ayudarnos a lograr estas cosas. Se trata del plan de
    salvación
    , un plan de felicidad. Nos
    ofrece la paz en esta vida y la vida eterna en el mundo
    venidero.

    La naturaleza de
    Dios

    Dios es perfecto; es omnisciente y todopoderoso; es el
    gobernante del universo.
    También es misericordioso, bondadoso, amoroso y justo. Es
    nuestro Padre Celestial. Fuimos creados a Su propia imagen, como dice
    en el Antiguo Testamento: "Hagamos al hombre a
    nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza" (Génesis
    1:27).

    Jacob declaró haber visto a Dios "cara a cara"
    (Génesis 32:30). También Moisés habló
    con Dios "cara a cara, como habla cualquiera a su
    compañero" (Éxodo 33:11). Más tarde, Esteban
    testificó haber visto a Jesús "a la diestra de
    Dios" (Hechos 7:56).

    La revelación moderna confirma estas
    enseñanzas bíblicas. Dios el Padre y Su hijo
    Jesucristo, se
    aparecieron a José Smith
    en la primavera
    del año 1820. José reveló que tanto el Padre
    como el Hijo tienen "un cuerpo de carne y huesos, tangible
    como el del hombre" (D. y C. 130:22).

    2.2 Jesucristo es el Hijo de Dios

    Jesucristo es el Hijo de Dios. Él es el Hijo
    Unigénito de nuestro Padre
    Celestial
    en la carne. Él es nuestro
    Salvador y Redentor. Por medio de Jesucristo, nuestro Padre
    Celestial ha proporcionado el medio para que todas las personas
    se acerquen a Él y regresen a vivir con Él para
    siempre.

    Cuando Jesucristo vivió en la tierra (hace unos
    2,000 años), llevó una vida perfecta.
    Él enseñó
    mediante Sus palabras
    y mediante Su ejemplo
    cómo vivir teniendo amor a Dios y
    a los demás. Por Su sufrimiento en el Huerto de
    Getsemaní y por haber dado Su vida en la cruz, o en otras
    palabras, por efectuar la Expiación,
    Jesucristo nos salva de nuestros pecados (1 Pedro 2:21) si lo
    seguimos. Debido a la Expiación, nosotros podemos recibir
    el perdón de nuestros pecados si nos arrepentimos con
    sinceridad (Libro de Mormón, Mosíah
    26:30).

    Por medio de Su resurrección,
    Jesucristo nos salvó de la muerte. Por
    causa de que Él venció la muerte, a
    todos se nos dará el don de la resurrección (Hechos
    24:15; 1 Corintios 15:22). Cuando la vida en la tierra llegue a
    su fin, Jesucristo será el Juez final (Hechos 17:31; Juan
    5:21-22; Hechos 10:42). Amamos a Cristo. Adoramos a Cristo.
    Él es nuestro ejemplo y nuestro Salvador. Fue el Creador
    de la tierra, bajo la dirección de nuestro Padre
    Celestial
    , (Juan 1:10; Hebreos 1:2).

    2.3 El Espíritu Santo nos testifica de la
    verdad

    Puesto que Dios no desea que quedemos sin la influencia
    de Él, nos envía el Espíritu Santo para
    consolarnos y para ayudar a guiar a Sus hijos. El Espíritu
    Santo, a veces llamado el Santo Espíritu, es el tercer
    miembro de la Trinidad. Su misión es la de testificar de
    la verdad, consolarnos, santificarnos y recordarnos todo
    (Juan
    14:26
    ; Juan 15:26; Juan 16:13).

    Naturaleza del Espíritu Santo

    El Espíritu Santo es un miembro de la Trinidad,
    al igual que Dios el
    Padre
    y Su Hijo, Jesucristo.
    El Espíritu Santo es uno en propósito con el Padre
    y el Hijo, aunque se trata de un ser individual. A través
    de José
    Smith
    , el Señor reveló: "El
    Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino
    es un personaje de Espíritu. De no ser así, el
    Espíritu Santo no podría morar en nosotros".
    [Doctrina y Convenios 130:22]

    La misión especial del Espíritu Santo es
    testificar del Padre y del Hijo, revelar la verdad, consolarnos y
    santificarnos. Es un guía y un maestro divino.

    El Espíritu Santo nos puede bendecir de muchas
    formas. Cristo prometió a Sus Apóstoles que el
    Espíritu Santo "enseñará todas las cosas"
    (Juan 14:26) y "guiará a toda la verdad" (Juan 16:13);
    también dijo que el Espíritu Santo "dará
    testimonio de mí" (Juan 15:26).

    El Espíritu Santo nos puede ayudar de la misma
    forma. Por medio de la inspiración del Espíritu
    Santo, podemos reconocer y entender la verdad, así como
    tomar decisiones correctas e inspiradas.

    El Espíritu Santo puede inspirarnos pensamientos
    e ideas, advertirnos del peligro y consolarnos en momentos de
    angustia.

    2.3 La Expiación y Resurrección de
    Jesucristo nos ayuda a regresar a la presencia de nuestro Padre
    Celestial

    Es imposible describir con palabras el significado total
    de la Expiación, que es el acontecimiento más
    importante en la historia del mundo. El
    Salvador expió nuestros pecados por medio de Su
    sufrimiento en el Jardín de Getsemaní y en la cruz.
    ¡Ésas son las buenas nuevas para todo
    pueblo!

    No nos es posible comprender en su totalidad la forma en
    que Jesús sufrió por nuestros pecados, pero sabemos
    que en el Jardín de Getsemaní, el peso de nuestros
    pecados hizo que Su agonía fuese tan intensa, que
    sangró por cada poro (Lucas 22:39-44).

    Posteriormente, al colgar de la cruz, Jesús, por
    propia voluntad, sufrió una muerte dolorosa mediante uno
    de los métodos
    más crueles jamás conocidos.

    El Salvador nos dice:

    Porque he aquí, yo… he padecido estas cosas
    por todos, para que no padezcan… como yo. [Doctrina y
    Convenios 19:16-17]

    Al tercer día después de Su
    Crucifixión
    , Jesucristo llegó a
    ser la primera persona en
    resucitar. Su espíritu y Su cuerpo se unieron de nuevo
    para nunca más volverse a separar.

    Cuando Sus amigos fueron a visitar Su tumba, allí
    encontraron ángeles que les dijeron: "No está
    aquí, pues ha resucitado, como dijo" (Mateo
    28:6).

    Al expiar nuestros pecados, Jesucristo hizo lo que
    sólo Él podía hacer. A fin de que Su
    expiación sea plenamente eficaz en nuestra vida, debemos
    tener fe en Cristo, arrepentirnos
    de nuestros pecados
    , ser
    bautizados
    , recibir
    el Espíritu Santo
    , obedecer
    los mandamientos de Dios
    y esforzarnos por
    llegar a ser como Él. Al hacer estas cosas por medio de Su
    expiación, podremos regresar a vivir con Él y con
    nuestro Padre Celestial para siempre.

    Por causa Resurrección de Cristo,
    resucitarán todos los que hayan vivido sobre esta tierra
    (1 Corintios 15:22). Así como Jesucristo resucitó,
    nuestros espíritus se unirán de nuevo a nuestros
    cuerpos y nunca más volverán a
    separarse.

    2.4 Los primeros principios y
    ordenanzas del Evangelio

    Los primeros principios y ordenanzas del Evangelio
    son fe
    en Jesucristo, arrepentimiento,
    bautismo
    y la
    recepción del Espíritu
    Santo
    .

    Fe en Jesucristo

    La fe en Dios supone más que tener una creencia
    teórica en Él. Tener fe en Dios quiere decir
    confiar en Él y estar dispuesto a obrar por causa de esa
    creencia en Él. Es un principio de acción
    y poder.

    Tener fe es tener "esperanza en cosas que no se ven, y
    que son verdaderas" (Libro de Mormón,
    Alma 32:21
    ). A diario, usted obra
    según las cosas en las que tiene esperanza, incluso antes
    de ver el resultado final:

    • Un granjero planta una semilla y la riega y la cuida
      porque tiene fe que crecerá.
    • Una alumna estudia mucho porque tiene fe que
      aumentará su conocimiento.

    Asimismo, la fe en Dios requiere que uno obre con
    esperanza y confianza en Él antes de ver el resultado
    final. También significa que uno debe hacer todo lo que
    está a su alcance para lograr las cosas por las cuales
    abriga esperanza y por las cuales ora.

    El arrepentimiento

    El Padre Celestial desea que seamos felices. Pecar, o
    hacer lo malo, resulta en la infelicidad porque "la maldad nunca
    fue felicidad" (Libro de Mormón,
    Alma 41:10
    ).

    Gracias a la expiación
    de Jesucristo, el Padre Celestial ha proporcionado la
    manera de arrepentirnos y de recibir el perdón por lo que
    hayamos hecho mal.

    Para arrepentirse, es necesario:

    • Confesar los pecados a Dios.
    • Sentir un pesar sincero por los pecados
      cometidos.
    • Pedirle perdón
      a Dios.
    • Hacer todo lo posible por corregir los problemas
      que sus acciones
      puedan haber causado.
    • Abandonar el pecado y no volver a
      él.

    Por medio de la expiación de Cristo, el
    arrepentimiento sincero trae el perdón y una paz mayor en
    esta vida. También lo prepara para vivir con su
    Padre
    Celestial
    en la vida venidera.

    El bautismo

    Jesucristo enseñó que debemos bautizarnos
    por inmersión y nos dio el ejemplo al bautizarse Él
    mismo para cumplir "toda justicia"
    (Mateo 3:15).

    Nos bautizamos para recibir la remisión de los
    pecados. (Hechos 2:38, Hechos 22:16). También nos
    bautizamos para ser miembros de la Iglesia de Jesucristo y entrar
    en el reino de Dios (Juan 3:5).

    Por medio de la ordenanza del bautismo, hacemos una
    promesa, que se llama convenio, o pacto con Dios. Nosotros
    prometemos aceptar a Cristo, convertirnos en Sus seguidores y
    guardar Sus mandamientos hasta el fin de nuestra vida. A cambio,
    nuestro Padre Celestial promete perdonar nuestros pecados y nos
    permite volver a vivir con Él, siempre y cuando guardemos
    u honremos nuestros convenios.

    El Don del Espíritu Santo

    Casi todos han sentido el Espíritu Santo en
    algún momento, pero no es lo mismo experimentar la
    influencia del Espíritu Santo de vez en cuando que recibir
    el don del Espíritu Santo.

    Si bien el Espíritu Santo puede consolar a
    alguien por algún tiempo o revelarle la verdad, el don del
    Espíritu Santo queda reservado para quienes se han
    bautizado como miembros de la Iglesia
    de Cristo
    . Este don es el privilegio de
    disfrutar la compañía constante del Espíritu
    Santo, con la condición de que guardemos los
    mandamientos.

    ¿Cómo se otorga este don? El don del
    Espíritu Santo lo puede otorgar alguien que tenga
    la autoridad
    del sacerdocio
    de Dios. Se otorga por la
    imposición de manos sobre la persona que ya se ha
    bautizado.
    El que recibamos o no este gran don pasa entonces a depender de
    que guardemos
    los mandamientos
    de Dios.

    ¿Cómo es un servicio
    bautismal?

    Un servicio bautismal es una reunión reverente
    durante la cual una persona se bautiza. Por lo general, asisten
    la familia y
    los amigos del que se va a bautizar, tanto los que son miembros
    de la Iglesia como los que no lo son. Es habitual que el servicio
    incluya oraciones, himnos cantados por la congregación,
    así como discursos
    cortos acerca de los convenios que la persona ha decidido
    hacer.

    El bautismo lo lleva a cabo un hombre que tenga la
    autoridad del sacerdocio, en una pila bautismal, o donde haya
    suficiente agua para
    sumergir a la persona completamente. Tanto la persona que se
    bautiza como el hermano que realiza la ordenanza se visten de
    blanco, como un símbolo de pureza que viene por medio de
    la remisión de los pecados.

    Después del bautismo, el recién bautizado
    es confirmado miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos
    de los Últimos Días y recibe el don del
    Espíritu Santo. Por lo general, esta ordenanza se lleva a
    cabo en una reunión sacramental pocos días
    después del servicio bautismal. Durante esa
    reunión, se le invita al recién bautizado a que
    vaya al frente de la congregación. La persona se sienta en
    una silla mientras que uno o más poseedores del sacerdocio
    ponen sus manos sobre la cabeza de él o de ella y llevan a
    cabo la ordenanza.

    1. Cuando Jesucristo
      vivió en la tierra, organizó Su Iglesia
      para que todos recibieran Su Evangelio y un día
      regresaran a vivir con Dios, nuestro Padre Celestial. Tras
      la ascensión de Jesucristo al cielo, Sus
      apóstoles continuaron recibiendo revelaciones de
      Él sobre cómo dirigir la obra de Su Iglesia.
      No obstante, después de que los apóstoles
      fueron asesinados, los miembros cambiaron las
      enseñanzas de la Iglesia que Él había
      establecido. Aunque había personas buenas y un poco
      de verdad, esta apostasía
      o alejamiento general de la verdad causó que
      la Iglesia fuera retirada de la tierra. El apóstol
      Pedro profetizó que Jesús restauraría
      Su Iglesia antes de Su segunda venida (Hechos
      3:19-21).

      El apóstol Pablo profetizó acerca de
      una "restauración de todas las cosas" que
      ocurriría antes de la segunda venida de Cristo
      (Hechos 3:19-21). Después de perderse debido a
      la Apostasía,
      la
      Iglesia de Cristo
      y la plenitud de Su
      evangelio tenían que ser restaurados sobre la
      tierra. Dicha restauración le daría a todos
      una vez más la oportunidad de recibir todas las
      bendiciones del Evangelio de Jesucristo.

      La
      Primera Visión de José Smith

      marcó el inicio de la Restauración del
      Evangelio de Jesucristo a la tierra. Durante los
      años sucesivos, Cristo restauró
      Su sacerdocio
      y reorganizó su
      Iglesia. Él ha seguido revelando verdades a Sus
      profetas y restaurando las bendiciones que una vez fueron
      quitadas de la tierra por un tiempo.

    2. La Iglesia de Jesucristo ha sido
      restaurada
      a la tierra.
    3. La autoridad del sacerdocio
      de Dios está presente en Su Iglesia de hoy
      así como lo estuvo en la iglesia
      original.

    A través de los tiempos, Dios ha dado a Sus
    siervos, los profetas, la autoridad para actual en Su nombre.
    Esta autoridad se llama el sacerdocio. Jesucristo dio el
    sacerdocio a sus Doce Apóstoles originales y ellos
    dirigieron la obra de la Iglesia después que Jesús
    hubo ascendido a los cielos. Pero, después de que los
    Apóstoles fueron muertos, gradualmente el sacerdocio fue
    desapareciendo de la tierra.

    En 1829, José Smith recibió la autoridad
    del sacerdocio para organizar la Iglesia de Cristo. En 1830 se
    organizó la misma Iglesia de Jesucristo que había
    existido siglos atrás y fue
    restaurada a la tierra
    .

    El sacerdocio es la autoridad de actuar en nombre de
    Dios. La misma autoridad del sacerdocio que existió en la
    Iglesia original establecida por Jesucristo es la que existe hoy
    en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos
    Días. Es por medio de esa autoridad que se dirige y
    guía a la Iglesia.

    Todos los miembros varones de la Iglesia que
    están preparados reciben el sacerdocio a fin de ayudar a
    dirigir la Iglesia y servir a los hijos del Padre Celestial. Un
    hombre que posea el sacerdocio puede servir a los demás de
    las siguientes maneras:

    • Al guiar congregaciones de la Iglesia
    • Al efectuar ordenanzas de la Iglesia, tales como el
      bautismo
    • Al bendecir a los enfermos

    El sacerdocio tiene dos divisiones. El sacerdocio menor
    es llamado el Sacerdocio Aarónico, denominado de esta
    manera por Aarón, del Antiguo Testamento. Este sacerdocio
    incluye la autoridad para predicar el Evangelio de

    arrepentimiento
    y para bautizar.
    El sacerdocio mayor es llamado el Sacerdocio de Melquisedec,
    denominado así por Melquisedec, del Antiguo Testamento.
    Posee la autoridad para presidir en la Iglesia y para llevar a
    cabo todas las ordenanzas, incluso la de conferir el don
    del Espíritu Santo
    .

    Dios espera que quienes posean esta santa autoridad del
    sacerdocio sigan el ejemplo de Jesucristo y presten servicio con
    amor, bondad y amabilidad.

    1. La
      Biblia
      y el
      Libro de Mormón
      son la palabra
      de Dios.

    El Libro de Mormón

    El Libro de Mormón es otro testigo de que
    Jesucristo verdaderamente vivió, de que fue el Hijo de
    Dios y de que es el Hijos de Dios. Contiene los escritos de
    antiguos profetas.
    Uno de ellos, llamado Lehi, vivió en Jerusalén al
    rededor del año 600 a. de J. C. Dios mandó a Lehi
    llevar un pequeño grupo al continente americano;
    allí, esa gente se convirtió en una gran nación.

    Dios siguió llamando profetas
    de entre ese pueblo. El Libro de Mormón es una
    colección de los escritos de esos profetas y de las
    personas que llevaron los registros. Lleva el nombre de
    Mormón, uno de los últimos de estos profetas de la
    antigüedad.

    Dichos profetas sabían del plan de
    nuestro Padre Celestial
    para con Sus hijos y de
    la misión de Jesucristo. Registraron que después de
    Su resurrección,
    Cristo se apareció a la gente de América, les
    enseñó Su Evangelio y estableció
    Su
    Iglesia
    entre ellos. El libro contiene las
    enseñanzas de Jesucristo, y testifica de Su
    Expiación
    y de Su amor. Apoya y verifica a la
    Biblia
    .

    El Libro de Mormón concluye con una gran promesa
    según la cual, quienes lo lean con sinceridad y
    oren
    al respecto, sabrán por el Espíritu
    Santo
    que el libro es verdadero (Moroni
    10:4
    ).

    La Santa Biblia

    La Biblia testifica de Jesucristo; ha ejercido una
    influencia en la vida de millones de Sus seguidores y ha sido un
    sostén para ellos. Es una colección de escritos
    sagrados que contienen las revelaciones de Dios y los relatos de
    Su trato con Sus hijos.

    Los relatos históricos de la Biblia abarcan
    muchos siglos, desde los días de Adán hasta la
    muerte de los apóstoles. Los libros de la
    Biblia asimismo fueron escritos por profetas
    que vivieron durante varias épocas de la historia
    del mundo, y tratan de dichos profetas.

    Usted probablemente está al tanto de que la
    Biblia se divide en dos partes: el Antiguo Testamento y el Nuevo
    Testamento.

    El Antiguo Testamento contiene textos sagrados escritos
    antes del nacimiento de Cristo. Muchas de las profecías
    del Antiguo Testamento predicen la venida de un Salvador y
    Redentor.

    El Nuevo Testamento narra la vida de ese Salvador y
    Redentor, de Jesucristo y también hace el relato de la
    fundación de Su
    Iglesia original
    .

    Otras Escrituras

    Además de traducir el Libro de
    Mormón, José
    Smith
    registró otras revelaciones que
    recibió de Dios. Muchas de esas revelaciones se encuentran
    en dos libros de escritura
    contemporánea:

    • Doctrina y Convenios
    • La Perla de Gran Precio

    Esos libros de escritura adicional demuestran que Dios
    sigue dando revelación mediante Sus profetas escogidos a
    fin de guiar a sus hijos. Él no le ha dejado
    desamparado.

    1. En la actualidad Dios revela Su voluntad a
      los
      profetas
      del mismo modo que lo hizo en la
      antigüedad.

    Un profeta es un hombre llamado por Dios para ser Su
    testigo especial en la tierra. Un profeta habla por Dios,
    teniendo poder y autoridad
    divinos. El profeta:

    • Comunica la voluntad de Dios a toda la
      gente.
    • Es un testigo especial de Jesucristo que testifica de
      Su divinidad.
    • Enseña el Evangelio e interpreta la palabra de
      Dios.
    • Llama a los injustos al arrepentimiento.
    • Recibe revelación e instrucción del
      Señor.
    • Puede ver el futuro con el fin de advertir al mundo
      de los acontecimientos que estén por venir.

    A lo largo de la historia, Dios ha escogido profetas
    tales como Noé, Abraham, Moisés y otros para
    enseñar el Evangelio y dirigir Su Iglesia (Amós
    3:7). Esto no ha cambiado. Todos necesitamos de la guía de
    Dios en un mundo que a veces resulta confuso.

    Debido a que Dios ama a sus Hijos, Dios no nos ha dejado
    solos en nuestra época. Dios ha llamado profetas
    para dirigir Su Iglesia en nuestros días, tal como
    lo hizo en la antigüedad. . José
    Smith
    (1805–1844) fue el primer profeta de
    nuestra época. El actual Profeta y Presidente de La
    Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos
    Días es Gordon B. Hinckley. Cuenta con la ayuda de dos
    consejeros: Thomas S. Monson y James E. Faust. Juntos, integran
    la Primera Presidencia de la Iglesia (muy semejantes a Pedro,
    Santiago y Juan después de la muerte de Cristo). Todos los
    miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los
    Doce Apóstoles son apóstoles y profetas.

    Del mismo modo en que Dios libró a los israelitas
    de la esclavitud y los
    encaminó a un lugar mejor por medio de Su profeta
    Moisés, hoy en día Dios encamina a Sus hijos hacia
    vidas de mayor felicidad y paz cuando deciden seguir a Su profeta
    viviente.

    1. Todos somos Hijos de Dios y nuestra naturaleza
      es divina

    Los padres se maravillan ante la belleza de su hijo
    recién nacido, y así debe ser. Ese bebé no
    es sólo hijo nuestro; también es hijo de
    Dios. Todo hijo, sea varón o hembra, es creado "a imagen
    de Dios" (Génesis 1:27).

    Nosotros somos hijos de Dios; un hijo o una hija de
    nuestro Padre Celestial, y Él sabe quiénes somos y
    nos ama. Ésta es la identidad
    más antigua, profunda y básica que
    poseemos.

    Antes de nacer, vivíamos con nuestro Padre
    Celestial, por tanto nos conoció mucho antes que nuestros
    padres. Por ejemplo, del profeta Jeremías dijo: "Antes que
    te formase en el vientre te conocí" (Jeremías 1:5).
    Nuestro Padre que nos dio la vida nos ha conocido y amado
    siempre.

    • Cada uno es un amado hijo o hija de nuestro Padre
      Celestial.
    • Todos los seres humanos, varones y hembras, son
      creados a la imagen de Dios.
    • La vida humana es un regalo de Dios y es importante
      para el plan eterno de Dios.

    Cada persona tiene una naturaleza y un destino
    divino.

    Hemos sido creado a imagen de Dios. Nuestro Padre
    Celestial ha creado este mundo en el que podamos aprender,
    progresar y llegar a ser como Él. Algún día,
    podremos volver a vivir con Él para siempre.

    Para ese propósito, Él ha enviado a Su
    Hijo al mundo. Mediante el Salvador, nada puede separarnos "del
    amor de Dios" (Romanos 8:39).

    1. Todos los seres humanos existíamos antes
      de nacer

    Nosotros no salimos a la existencia solamente al momento
    de nacer. Antes de que naciéramos e iniciar su vida en la
    tierra, nuestro espíritu vivía con Dios y nos
    encontrábamos feliz en ese lugar. Esta vida anterior a la
    vida mortal se conoce como la vida premortal. En ese
    ambiente
    tuvimos la oportunidad de desarrollarnos, madurar y aprender
    muchas verdades eternas de nuestro Padre
    Celestial
    . Sin embargo, nosotros
    ansiábamos ser más como Él.

    Al igual que todo padre, Dios desea que Sus hijos
    progresen. Nuestro Padre Celestial entendió que
    podríamos progresar sólo hasta cierto punto sin la
    experiencia de la mortalidad. Él sabía que
    necesitaríamos:

    • Recibir un cuerpo físico.
    • Ganar experiencia al sobreponerse a las
      pruebas
      y a las tentaciones.
    • Aprender a caminar por medio de la fe.
    • Aprender a elegir entre el bien y el mal.

    Dios sabía que no podría seguir
    progresando a menos que nos alejáramos de Su presencia por
    un tiempo. Por esta razón, nuestro Padre Celestial
    instituyó Su
    plan
    para ayudarnos a alcanzar su potencial
    divino.

    1. Uno de los dones más valiosos que nuestro
      Padre Celestial nos ha concedido es la facultad y el poder
      de elegir.

      Podemos elegir lo bueno, o podemos elegir lo malo.
      No importa cuál sea nuestra elección,
      también elegimos las consecuencias de esas
      decisiones. Las consecuencias siempre llegan, algunas veces
      de inmediato, y otras, más tarde. El elegir lo bueno
      siempre conduce a la felicidad. Las decisiones equivocadas
      nos llevan, al final, a la desdicha.

      Las decisiones que tomamos no sólo nos
      afectan a nosotros, sino también a los demás.
      Tal vez salgamos beneficiados por la buena decisión
      que tome una persona, y quizás alguien sufra debido
      a alguna mala decisión que nosotros
      tomemos.

      Nuestro Padre Celestial respeta nuestra libertad
      de elección. Él nunca obligará a nadie
      a escoger lo bueno, ni tampoco impedirá que alguien
      tome decisiones equivocadas. Él sabe que al tomar
      decisiones y experimentar las consecuencias de dichas
      decisiones, aprenderemos a distinguir entre el bien y el
      mal. Al aprender a elegir correctamente, encontraremos
      más felicidad.

    2. Todos los seres humanos somos responsables de
      nuestros actos

      Nosotros vivimos con nuestro Padre Celestial como
      uno de Sus hijos espirituales antes
      de iniciar su vida en la tierra
      y nos
      encontrábamos feliz en ese lugar, pero Dios
      sabía que no podría seguir progresando a
      menos que se alejara de Su presencia por un
      tiempo.

      De modo que Él presentó Su plan: el
      plan de salvación. Mediante éste, nosotros
      vendríamos a la tierra, donde obtendríamos un
      cuerpo físico y tendríamos experiencias que
      nos ayudarían a aprender y progresar. El
      propósito del plan es ayudarnos a llegar a ser
      más como Él.

      Nuestro Padre Celestial sabía que mientras
      nosotros estuviésemos en la tierra
      cometeríamos errores; por esa razón, como
      parte de Su plan, Él proporcionó un Salvador,
      Jesucristo, quien haría posible que los
      pecados
      fuesen perdonados
      , y que todas las
      personas que aceptaran Su sacrificio regresaran a vivir con
      nuestro Padre Celestial.

      El hecho de que nosotros estemos en la tierra
      significa que aceptamos el plan de nuestro Padre Celestial
      y venimos con el deseo de hacer todo lo que estuviese a
      nuestro alcance para recibir todo lo que Él tiene
      para nosotros.

      Lo maravilloso acerca del plan de nuestro Padre
      Celestial es que, si lo seguimos, no sólo volveremos
      a Su presencia después de morir, sino que
      también tendremos paz y felicidad en esta
      vida.

    3. Dios elaboró el plan de
      salvación
    4. Todos tenemos un propósito en esta
      vida

    No estamos en la tierra por accidente, sino que hay un
    propósito para su existencia terrenal. Estamos aquí
    para recibir un cuerpo físico, ganar experiencia y
    desarrollar atributos divinos como la justicia, la misericordia y
    el
    amor.

    Dios no nos envió sin un plan; sino que Su plan
    está designado para que nos proporcione a todos Sus hijos
    una paz mayor en esta vida —sin importar cuáles sean
    las pruebas—, y gozo eterno en la vida por
    venir. Es un plan de salvación y felicidad
    eternos.

    Para ser nosotros parte de Su plan, nuestro Padre
    Celestial nos invita a:

    • Conocer y amarlo a Él y a Su hijo,
      Jesucristo.
    • Aprender a amar a los demás como Él los
      ama.
    • Aprender a elegir el bien sobre el mal.
    • Comprometerse con Él por medio de ordenanzas
      tales como el bautismo.
    1. La muerte no es el fin. La muerte es en realidad
      un comienzo—otro paso en el plan de nuestro Padre
      Celestial para Sus hijos.

      Algún día, nuestra vida en la tierra
      llegará a su fin y nuestro cuerpo físico
      morirá. Pero nuestro espíritu no
      morirá. En el momento de la muerte física, el espíritu irá
      al mundo de los espíritus, donde continuará
      aprendiendo y progresando.

      La muerte es un paso necesario en nuestro
      progreso, del mismo modo que lo fue nuestro nacimiento. En
      algún momento después de su muerte, nuestro
      espíritu y cuerpo se volverán a reunir, y
      nunca se volverán a separar. A eso se le llama
      resurrección, la cual fue posible por medio de la
      muerte y Resurrección de Jesucristo.

    2. Nuestra vida continúa después de la
      muerte

      Nuestro
      Padre Celestial
      les da mandamientos a Sus
      hijos porque los ama. Sabe que "la maldad nunca fue
      felicidad" (Libro de Mormón,
      Alma 41:10
      ) y que la rectitud le
      traerá a usted paz duradera en la vida terrenal y
      felicidad eterna en la vida que viene. Los mandamientos de
      Dios le pueden ayudar a llegar a ser como Él y a
      hallar gozo.

      Cuanto más se ama a Dios, más
      deseará hacer Su voluntad. Jesucristo
      enseñó que los que aman a Dios guardan Sus
      mandamientos (Juan 14:21). Una vez que sepamos qué
      es lo que Dios desea que usted hagamos, debemos tener el
      valor de
      obedecerle aunque esto implique abandonar algo que queramos
      mucho.

      Obedecer los mandamientos de Dios a veces parece
      un sacrificio, pero Él nos bendecirá por
      nuestra obediencia y nos brindará "la paz en este
      mundo y la vida eterna en el mundo venidero" (Doctrina y
      Convenios 59:23).

    3. El Señor nos dio mandamientos par nuestro
      progreso

      El matrimonio entre un hombre y una mujer ha
      sido una parte integral del plan de Dios desde el
      principio. Dios enseñó a Adán que "no
      es bueno que el
      hombre esté solo" (Génesis 2:18), y Eva
      llegó a ser su compañera. Uno de los
      propósitos fundamentales del matrimonio es tener
      compañía.

      Dios también mandó al hombre y a
      la
      mujer: "fructificad y multiplicaos" (Génesis
      1:28), o sea, tener hijos. Otro propósito central
      del matrimonio es traer hijos al mundo dentro del entorno
      de la familia.

      El matrimonio y la familia son puntos centrales
      del plan de Dios para el destino eterno de Sus hijos.
      Nuestro Padre Celestial espera que hagamos todo lo posible
      mientras estemos en la tierra para prepararnos a nosotros
      mismos y preparar a nuestros hijos para vivir en una
      familia eterna.

      2.17
      Las familias pueden estar juntas para
      siempre
      .

      Las relaciones familiares pueden durar para
      siempre, y no tan sólo para esta vida. Así
      como algunas de las alegrías más gratas
      derivan de las asociaciones con la familia, la
      pérdida de un miembro amado de la familia puede ser
      la fuente de nuestro pesar más profundo; pero no es
      necesario que la muerte marque el final de nuestras
      relaciones con nuestros seres queridos. El Señor
      reveló a José
      Smith
      que "la misma sociabilidad que
      existe entre nosotros aquí, existirá entre
      nosotros allá [en la eternidad], pero la
      acompañará una gloria eterna" (Doctrina y
      Convenios 130:2).

      Los miembros de la familia que acepten la
      expiación
      de Jesucristo y sigan Su ejemplo pueden estar juntos
      para siempre mediante ordenanzas sagradas realizadas en los
      santos templos de Dios.

      La familia es fundamental en el plan que Dios
      tiene para nosotros

      Nuestra familia provee el marco para gran parte
      del crecimiento que experimentamos en la vida. En la
      familia amamos, servimos, enseñamos y aprendemos
      unos de otros. Compartimos nuestras alegrías y
      nuestros pesares. Los lazos familiares pueden presentarnos
      desafíos difíciles, pero también nos
      brindan algunos de los gozos más grandes.

      Aunque no podemos escoger las condiciones de
      nuestro nacimiento, sí podemos elegir el fortalecer
      y alegrar cada día más a nuestra familia. En
      verdad es posible que las personas regresen a la presencia
      de Dios y que las familias estén unidas
      eternamente.

      La Familia: Fuente de Felicidad

      La familia puede ser una de las fuentes
      de mayor felicidad para nosotros. No hay otro amor
      más profundo ni otro gozo tan pleno como el que
      puede existir dentro del círculo familiar. Las
      familias nos dan lo mejor de lo que ofrece la
      vida.

      La familia es donde también se puede sentir
      el dolor más profundo; y pueden tropezar y
      aún fracasar. Sin embargo, a menudo es posible
      alcanzar la felicidad en la familia aún cuando haya
      dolor.

      Al igual que todo lo que es de valor, las
      relaciones familiares requieren esfuerzo, pero el esfuerzo
      vale la pena porque el plan es que las familias perduren
      para siempre y que nos brinden gozo.

    4. El matrimonio
      es parte del plan de Dios

      La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los
      Últimos Días tiene un papel activo en la
      enseñanza del Evangelio
      restaurado
      de Jesucristo. Más de
      60.000 misioneros voluntarios van por todo el mundo
      compartiendo el gozo que han encontrado gracias al
      Evangelio. La mayoría son jóvenes solteros
      que rinden servicio de jornada completa por 18 o 24 meses
      que sufragan con sus propios gastos.
      Estos misioneros comparten un mensaje sobre Jesucristo y
      Su Expiación
      por todos. Enseñan acerca del gran
      plan
      de salvación
      de nuestro Padre
      Celestial, el cual permite a todas las personas la
      oportunidad de regresar a Él

    5. La Obra Misional es parte importante de la
      Iglesia
    6. El Cuerpo
      Humano es Sagrado

    Su cuerpo es un don preciado que Dios le dio. Con
    objeto de ayudarnos a tener cuerpos y mentes vigorosos, Dios le
    dio una ley de salud a José
    Smith
    en 1833. Dicha ley se conoce como la
    Palabra de Sabiduría.

    Además de destacar los beneficios de llevar una
    dieta apropiada y de tener salud física y espiritual, Dios
    se ha pronunciado en contra del uso de:

    Dios promete grandes bendiciones físicas y
    espirituales a los que cumplan con la Palabra de
    Sabiduría. Hoy en día, la comunidad
    científica promueve algunos de esos mismos principios que
    nuestro Dios amoroso dio a José Smith hace casi dos
    siglos.

    1. Por medio del servicio
      a los demás experimentamos gozo y nos
      acercamos a Dios.

    Pocos lugares, si es que los hay, requieren de las
    virtudes de la humildad y el servicio más que la familia;
    y unos cuantos nos dan más oportunidades de practicar esas
    virtudes. Jesús estableció para nosotros el ejemplo
    de humildad y servicio. Los que siguieron a Jesús lo
    llamaban "Maestro." Sin embargo, aun cuando era Su líder,
    Jesús les enseñó que Él era Su
    siervo. Se ciñó una toalla y les lavó los
    pies. Aquello era un trabajo para
    sirvientes, pero no para el que era su Maestro y les dijo que si
    Él estaba dispuesto a servirles lavándoles los
    pies, ellos deberían estar dispuestos a servirse el uno al
    otro.

    De igual modo, los miembros de la familia—ya sean
    hombres o mujeres, viejos o jóvenes—deben ser lo
    suficientemente humildes para servirse mutuamente según se
    necesite.

    2.20 Principios Morales

    La Iglesia abraza las normas morales
    que enseñó Jesucristo. Éstas
    incluyen:

    • La honradez, el amor y el desarrollo
      del verdadero carácter personal.
    • Los atributos personales establecidos por el ejemplo
      mismo de Cristo.
    • Obediencia a la ley civil.
    • Las relaciones
      sexuales sólo entre el hombre y la mujer que
      están legalmente casados.

    Al vivir los principios morales, usted puede verse libre
    de muchos de los problemas que el mundo enfrenta y hallar la paz
    en su vida.

    Ley de Castidad

    El poder de dar vida a un niño es sumamente
    sagrado. Nuestro Padre Celestial ha mandado que el poder y
    privilegio sagrados de tener relaciones sexuales se ejercite
    sólo entre un hombre y una mujer legalmente casados. Eso
    es lo que denominamos la ley de castidad. Dicha ley significa que
    no debemos tener relaciones sexuales antes del matrimonio, y una
    vez casados, sólo debemos tener dichas relaciones con
    nuestro esposo o esposa.

    El guardar la ley de castidad da como resultado la
    felicidad, la paz y el respeto por uno
    mismo. De igual modo, hace que el amor entre los cónyuges
    sea mayor, y protege a las familias. La violación de esta
    ley constituye una ofensa grave; no obstante, las personas que la
    hayan violado pueden obtener
    perdón
    y paz mediante el arrepentimiento
    y la obediencia.

    3. Resumen de
    creencias

    A José Smith se le preguntó cuales eran
    las creencias básicas de la Iglesia y él
    resumió las enseñanzas y creencias de la Iglesia en
    13 puntos básicos conocidos como Los Artículos de
    Fe de La Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días.
    Estos son:

    1. Nosotros creemos en Dios
      el Eterno Padre
      , y en su Hijo Jesucristo,
      y en el
      Espíritu Santo
      .
    2. Creemos que los
      hombres serán castigados por sus propios
      pecados
      , y no por la trasgresión de
      Adán.
    3. Creemos que por la Expiación
      de Cristo
      , todo el género
      humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y
      ordenanzas del Evangelio.
    4. Creemos que los primeros principios y ordenanzas del
      Evangelio son: primero, Fe
      en el Señor Jesucristo; segundo, Arrepentimiento;
      tercero, Bautismo
      por inmersión para la remisión de los
      pecados; cuarto, Imposición
      de manos para comunicar el don del Espíritu
      Santo
      .
    5. Creemos que el hombre debe ser llamado por Dios, por
      profecía y la imposición de manos, por aquellos
      que tienen la autoridad,
      a fin de que pueda predicar
      el evangelio
      y administrar sus
      ordenanzas.
    6. Creemos en la misma organización que existió en la
      Iglesia Primitiva, esto es, apóstoles, profetas,
      pastores, maestros, evangelistas, etc.
    7. Creemos en el don de lenguas, profecía,
      revelación, visiones, sanidades, interpretación de lenguas,
      etc.
    8. Creemos que la
      Biblia
      es la palabra de Dios hasta donde
      esté traducida correctamente; también creemos
      que el
      Libro de Mormón
      es la palabra de
      Dios.
    9. Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que
      actualmente revela, y creemos que aún revelará
      muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de
      Dios.
    10. Creemos en la congregación literal del pueblo
      de Israel y en
      la restauración de las Diez Tribus; que Sión (la
      Nueva Jerusalén) será edificada sobre el
      continente americano; que Cristo reinará personalmente
      sobre la tierra, y que la tierra será renovada y
      recibirá su gloria paradisíaca.
    11. Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso
      conforme a los dictados de nuestra propia conciencia,
      y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que
      adoren cómo, dónde o lo que deseen.
    12. Creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes,
      gobernantes y magistrados; en obedecer, honrar y sostener la
      ley.
    13. Creemos en ser honrados, verídicos, castos,
      benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres;
      en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de
      Pablo: Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas
      cosas, y esperamos poder sufrir todas las cosas. Si hay algo
      virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de
      alabanza, a esto aspiramos.

    Bibliografía:

    • El Libro de Mormón: Otro Testamento de
      Jesucristo (Palmyra, New York, EUA 1830)
    • Doctrinas y Convenios (Kirland, Ohio, EUA
      1833)
    • History of the Church (Salt Lake City, EUA
      1860)
    • Enseñanzas del Profeta José Smith (Salt
      Lake City, EUA 1950)
    • Testimonio del Profeta José Smith (Navoo, EUA
      1838)
    • Pagina Oficial de La Iglesia de Jesucristo de los
      Santos de los Últimos Días:
      www.lds.org

    Juan Carlos Ruiz Ospino

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