La gente siempre ha entendido que algo fluye de los objetos calientes a los fríos. A eso se le llama flujo de calor. En el siglo XVIII y comienzos del XIV, los científicos imaginaban que todos los cuerpos contenían un fluido invisible al cual llamaron calórico. Al calórico se le asigno un variedad de propiedades, algunas que probaron ser inconsistentes con la naturaleza. Pero su más importante propiedad era que fluía de cuerpos calientes a fríos. Era una manera útil de pensar acerca del calor.
Hoy en día, en la física, a éste flujo de calor, más propiamente transferencia de calor, se le define como el proceso por el que se intercambia energía en forma de calor entre distintos cuerpos, o entre diferentes partes de un mismo cuerpo que están a distinta temperatura. El calor se puede transferir por convección, radiación o conducción. Aunque estos tres procesos pueden tener lugar simultáneamente, puede ocurrir que uno de los mecanismos predomine sobre los otros dos.
La conducción es la transferencia de calor a través de un objeto sólido: es lo que hace que el mango de una varilla se caliente aunque sólo la punta esté en el fuego. La convección transfiere calor por el intercambio de moléculas frías y calientes: es lo que hace que el agua de una caldera se caliente uniformemente aunque sólo su parte inferior esté en contacto con la llama. La radiación es la transferencia de calor por radiación electromagnética (generalmente infrarroja): es el principal mecanismo por el que un fuego calienta una habitación.
De las tres formas de transferencia de calor, la que más ha gestado discusiones y dicotomías ha sido la teoría de transferencia de calor por radiación electromagnética. A continuación discutimos los diversos aportes que se han hecho en la teoría de la transferencia de calor, desde la ley de enfriamiento de Newton hasta la formulación de Planck para la radiación de un cuerpo negro, teniendo en cuenta las inconsistencias y las conjeturas a las que se han llegado, por el acercamiento desde la física clásica, hasta los primeros indicios de la teoría cuántica.
Newton estudió el fenómeno de la
transferencia de calor y demostró que en el
enfriamiento de cuerpos que no están demasiado
calientes se cumple una ley sencilla. Según
ésta ley empírica la razón con que
cambia la temperatura de un objeto es proporcional a la
diferencia entre su temperatura y la del medio que le rodea,
que es la temperatura ambiente.
Si la temperatura de un cuerpo es
y la temperatura del ambiente que lo
rodea
,
encontró experimentalmente que el calor perdido,
Q, por el cuerpo en un tiempo
t es
*
Esta es denominada ley de enfriamiento de
Newton. Ahora sabemos que es solo aproximadamente cierta,
y en el supuesto de que
no sea demasiado grande.
Al ser aplicada solo para diferencias de temperatura no muy grandes y contener un sustento experimental y no teórico, Newton demuestra inconsistencias en la formulación de dicha ley. Es importante ver que esta ley contempla los efectos combinados de la conducción, convección y radiación.
En los sólidos, la única forma de transferencia de calor es la conducción. Si se calienta un extremo de una varilla metálica, de forma que aumente su temperatura, el calor se transmite hasta el extremo más frío por conducción. No se comprende en su totalidad el mecanismo exacto de la conducción de calor en los sólidos, pero se cree que se debe, en parte, al movimiento de los electrones libres que transportan energía cuando existe una diferencia de temperatura. Esta teoría explica por qué los buenos conductores eléctricos también tienden a ser buenos conductores del calor. En 1822, el matemático francés Joseph Fourier dio una expresión matemática precisa que hoy se conoce como ley de Fourier de la conducción del calor.
Esta ley afirma que la velocidad de conducción de calor a través de un cuerpo por unidad de sección transversal es proporcional al gradiente de temperatura que existe en el cuerpo (con el signo cambiado).
Sea J la densidad de corriente de energía (energía por unidad de área y por unidad de tiempo), que se establece en la barra debido a la diferencia de temperaturas entre dos puntos de la misma. La ley de Fourier afirma que hay una proporcionalidad entre el flujo de energía J y el gradiente de temperatura.
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Siendo K una constante característica del material denominada conductividad térmica.
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Figura 1 Elemento diferencial que transfiere calor por conducción
Consideremos un elemento de la barra de longitud dx y sección S. La energía que entra en el elemento de volumen en la unidad de tiempo es JS, y la que sale es J’S. La energía del elemento cambia, en la unidad de tiempo, en una cantidad igual a la diferencia entre el flujo entrante y el flujo saliente.
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Esta energía, se emplea en cambiar la temperatura del elemento. La cantidad de energía absorbida o cedida (en la unidad de tiempo) por el elemento es igual al producto de la masa de dicho elemento por el calor específico y por la variación de temperatura.
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Igualando ambas expresiones, y teniendo en cuenta la ley de Fourier, se obtiene la ecuación diferencial que describe la conducción térmica
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Supongamos una barra metálica de longitud L, conectada por sus extremos a dos focos de calor a temperaturas Ta y Tb respectivamente. Sea T0 la temperatura inicial de la barra cuando se conectan los focos a los extremos de la barra.
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Figura 2 Barra metálica expuesta a un gradiente de temperatura.
Al cabo de cierto tiempo, teóricamente infinito, que en la práctica depende del tipo de material que empleamos, se establece un estado estacionario en el que la temperatura de cada punto de la barra no varía con el tiempo. Dicho estado está caracterizado por un flujo J constante de energía. La ley de Fourier establece que la temperatura variará linealmente con la distancia x al origen de la barra.
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La temperatura en cualquier punto x a lo largo de la barra, en un instante determinado, T(x, t) es la solución de la ecuación diferencial, que es una combinación de dos términos, la que corresponde al régimen permanente más la del régimen transitorio.
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Las condiciones de contorno, es decir, la temperatura T0 en el instante inicial (t=0), y las temperaturas en los extremos Ta (para x=0) y Tb (para x=L) que permanecen invariables, nos permiten obtener los valores de los coeficientes kn
Para n par
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Para n impar
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Así, la temperatura en cualquier punto de la barra x, en un instante t, se compone de la suma de un término proporcional a x, y de una serie rápidamente convergente que describe el estado transitorio.
El factor de proporcionalidad se denomina conductividad térmica del material. Los materiales como el oro, la plata o el cobre tienen conductividades térmicas elevadas y conducen bien el calor, mientras que materiales como el vidrio o el amianto tienen conductividades cientos e incluso miles de veces menores; conducen muy mal el calor, y se conocen como aislantes. En ingeniería resulta necesario conocer la velocidad de conducción del calor a través de un sólido en el que existe una diferencia de temperatura conocida. Para averiguarlo se requieren técnicas matemáticas muy complejas, sobre todo si el proceso varía con el tiempo; en este caso, se habla de conducción térmica transitoria. Con la ayuda de ordenadores (computadoras) analógicos y digitales, estos problemas pueden resolverse en la actualidad incluso para cuerpos de geometría complicada.
Si existe una diferencia de temperatura en el interior de un líquido o un gas, es casi seguro que se producirá un movimiento del fluido. Este movimiento transfiere calor de una parte del fluido a otra por un proceso llamado convección. El movimiento del fluido puede ser natural o forzado. Si se calienta un líquido o un gas, su densidad (masa por unidad de volumen) suele disminuir. Si el líquido o gas se encuentra en el campo gravitatorio, el fluido más caliente y menos denso asciende, mientras que el fluido más frío y más denso desciende. Este tipo de movimiento, debido exclusivamente a la no uniformidad de la temperatura del fluido, se denomina convección natural. La convección forzada se logra sometiendo el fluido a un gradiente de presiones, con lo que se fuerza su movimiento de acuerdo a las leyes de la mecánica de fluidos.
Supongamos, por ejemplo, que calentamos desde abajo una cacerola llena de agua. El líquido más próximo al fondo se calienta por el calor que se ha transmitido por conducción a través de la cacerola. Al expandirse, su densidad disminuye y como resultado de ello el agua caliente asciende y parte del fluido más frío baja hacia el fondo, con lo que se inicia un movimiento de circulación. El líquido más frío vuelve a calentarse por conducción, mientras que el líquido más caliente situado arriba pierde parte de su calor por radiación y lo cede al aire situado por encima.
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Figura 3 Flujo en una tetera debido a la transferencia de calor por convección.
La teoría estadística de la radiación representó un enorme papel en el desarrollo de la teoría cuántica. La teoría electromagnética clásica de la luz, que había explicado un amplio círculo de fenómenos vinculados con la propagación de la luz, y que había logrado aceptación general a fines del S. XIX, a principios del S. XX se encontró con dificultades insuperables en relación con el problema de la emisión de la luz y, en particular, con el de la radiación térmica. Entendemos por radiación térmica toda la radiación emitida por un cuerpo calentado.
Como es sabido, el carácter de la luz emitida y, en particular, su intensidad, como también la dependencia de ésta respecto de la frecuencia (composición espectral de la radiación) están determinados por la temperatura y la naturaleza del cuerpo emisor.
Sin embargo, hay un caso en que la composición espectral de la radiación es independiente de la naturaleza del emisor y viene determinada exclusivamente por su temperatura. Se trata de la llamada radiación de equilibrio.
Imaginemos una cavidad cerrada, con paredes que no dejan pasar el calor y mantenidas a una determinada temperatura T. Las paredes de la cavidad emitirán y absorberán ondas electromagnéticas.
Dado que toda la radiación electromagnética se encuentra confinada en la cavidad cerrada, al cabo de un cierto tiempo se establecerá en el sistema un estado de equilibrio estadístico. Las paredes de la cavidad emitirán, por unidad de tiempo, la misma energía electromagnética que absorben. En la cavidad existirá un sistema de ondas electromagnéticas estacionarias que no variarán con el tiempo.
La densidad de energía del correspondiente campo electromagnético dentro de la cavidad se expresa como:
![]()
La radiación térmica contendrá
diferentes frecuencias. La densidad de energía
que corresponde a un
intervalo de frecuencias dado dv, será distinta,
evidentemente, para las diferentes frecuencias. La densidad de
energía de la radiación de frecuencia dada
dependerá también de la temperatura T de las
paredes emisoras. De esta manera,
![]()
Un simple razonamiento termodinámico prueba si
embargo, que
es
independiente de la naturaleza del emisor, en particular, de las
paredes (de las propiedades absorbentes y emisoras, del estado de
la superficie, etc.).
Consideremos, en efecto, dos cavidades cuyas paredes se calientan hasta la misma temperatura, pero constituidas por materiales distintos. Supongamos que la densidad de la energía espectral de la radiación dependa de la naturaleza del emisor y sea diferente en una y otra cavidad. Entonces, poniendo en comunicación ambas cavidades, es posible romper el equilibrio. La radiación pasará a aquella cavidad en la que su densidad sea menor. Como resultado de esto, la densidad de radiación de dicha cavidad crecerá, las paredes de la misma absorberán más energía, y su temperatura se elevará. Entre las paredes de ambas cavidades se establece una diferencia de temperaturas que se puede utilizar para obtener trabajo útil.

Figura 4 Dos cavidades radiantes inicialmente a la misma temperatura se colocan como se muestra en la figura.
La hipótesis que se acaba de hacer lleva a
concluir la posibilidad de una violación espontánea
del equilibrio en un sistema cerrado y a que es posible construir
un motor perpetuo de
segunda especie (claramente una violación de la segunda
ley de la termodinámica), lo que como es sabido, es
imposible. Queda demostrado de esta manera que la distribución espectral de la densidad de
energía de la radiación de equilibrio
es una función
universal de la frecuencia v y de la temperatura
T.
EL estudio de las propiedades emisoras y absorbentes de los cuerpos materiales llevó a Gustav Kirchhoff a establecer un teorema muy importante que ha recibido su nombre, el teorema de Kirchhoff.
Se le llamará capacidad radiante (o emisora) de un cuerpo cualquiera a la magnitud E(v) igual a la energía emitida por cm2 de superficie del cuerpo por unidad de tiempo con una frecuencia entre v y v + dv por unidad de intervalo de frecuencias. Por otra parte, se le llamará capacidad absorbente A(v) de un cuerpo la fracción de toda la energía luminosa en el intervalo entre v y v + dv que incide en 1 cm2 y que es absorbida dentro del cuerpo por unidad de intervalo de frecuencias.
El teorema de Kirchhoff establece que la razón de las capacidades radiante y absorbente E(v)/A(v) es una función universal de la frecuencia y de la temperatura del cuerpo que no depende ni de la naturaleza y propiedades de los cuerpos, ni de sus dimensiones geométricas, es decir,
![]()
Ahora bien, resulta que la función
universal
está ligada por una simple relación con la
densidad de energía de la radiación de
equilibrio
:
![]()
donde c es la velocidad de la luz. Así, pues, el teorema de Kirchhoff se puede escribir de la forma
![]()
Dado que la capacidad absorbente de un cuerpo
puede hallarse si demasiada dificultad a partir de la
medición de los coeficientes de
absorción y de consideraciones geométricas,
hallar la forma de la función
presentaba gran
interés. De la formula de Kirchhoff
se deduce que tiene particular importancia un cuerpo en el
que la capacidad absorbente
sea igual a la unidad. Este cuerpo
absorbe toda la energía electromagnética que
incide sobre él, cualquiera que sea la frecuencia.
Este cuerpo se llamó cuerpo negro
absoluto.
Para el cuerpo negro absoluto se tiene que:
![]()
![]()
Ésta formula demuestra que el cuerpo
absolutamente negro tiene una capacidad emisora mayor que
la de todos los demás cuerpos. Su capacidad radiante
es una función universal de la frecuencia v y
de la temperatura T. Midiéndola, es posible
determinar experimentalmente la forma de la
función
.
Por descontado que no todos los cuerpos que
existen en la naturaleza son absolutamente negros.
Cualquiera que sea la naturaleza de la superficie del
cuerpo, una cierta parte de la energía luminosa que
incide sobre él es reflejada. Sin embargo, la
cavidad cerrada, llena de radiación, que se ha
considerado antes es un cuerpo absolutamente negro. En
efecto, toda la radiación emitida por las paredes de
la cavidad es absorbida por ellas mismas. Si en la cavidad
se practica una pequeña abertura, estudiando la
distribución de la energía luminosa que sale
por ella es posible hallar experimentalmente la
función
. El tamaño de la abertura debe ser
suficientemente pequeño para que la perdida de
energía a través de ella no conduzca a una
desviación apreciable respecto del estado de
equilibrio. Con ayuda de un modelo
de cuerpo absolutamente negro de este tipo se
estudió experimentalmente la distribución
espectral de la energía para diferentes
temperaturas.
En la figura 5 se presentan curvas típicas
de esa especie. Se toman como abcisas las longitudes de
onda de la radiación saliente, y en ordenadas, la
densidad de energía de radiación
con una longitud de
onda que se encuentra entre
y
. La densidad de energía de
radiación con una longitud de onda dada está
ligada con
por la igualdad
siguiente:
dv = ![]()
![]()
Teniendo en cuenta que,
,
se tiene que,
![]()
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Figura 5 Distribución de energía radiada por un cuerpo negro. La gráfica representa la distribución de la energía (línea roja) radiada por un cuerpo negro para varias longitudes de onda. Para las longitudes de onda más cortas, la energía aumenta a medida que aumenta la temperatura.
En la figura 5 se observa como la energía de la radiación de cuerpo negro varía con la temperatura y la longitud de onda. A medida que se incrementa la temperatura del cuerpo negro, se observan dos comportamientos distintos. El primer efecto es que el pico de la distribución se corre hacia las longitudes de más cortas. Por ello a bajas temperaturas las longitudes de onda de la radiación térmica están principalmente en la región infrarroja del espectro electromagnético, la radiación no es observada por el ojo (pico en el infrarrojo). A medida que la temperatura aumenta se percibe un brillo rojo (pico en la cercanía del infrarrojo con algo visible en el extremo rojo del espectro). A temperaturas suficientemente altas, se observa un brillo blanco (pico en el visible).
Se descubrió que este corrimiento obedecía la siguiente relación denominada ley de desplazamiento de Wien* :
![]()
donde
es
la longitud de onda a la cual la curva tiene su pico y T
es la temperatura absoluta del objeto que emite la
radiación. La longitud de onda en el pico de la curva es
inversamente proporcional a la temperatura absoluta; es decir,
conforme la temperatura aumenta, el pico se desplaza a longitudes
de onda más cortas.
El segundo efecto es que la cantidad total de energía que el objeto emite aumenta con la temperatura, lo cual se describe por la ley de Stefan-Boltzmann, la cual se escribe de la siguiente forma:
P =![]()
Tendiendo en cuenta que I = P /A es la intensidad de la radiación sobre la superficie del objeto y que la emisividad e = 1, para un cuerpo negro, la ley de Stefan-Boltzmann se puede escribir en la forma:
![]()
donde
es la constante de Stefan-Boltzmann cuyo valor
determinado experimentalmente es de
.
Como consecuencia de la ley de Stefan-Boltzmann se demostró que un cuerpo caliente debe irradiar calor de acuerdo con la siguiente ecuación:
![]()
Las temperaturas involucradas son absolutas,
siendo
la
temperatura del objeto caliente y
la del medio que lo rodea. Para
diferencias de temperatura muy pequeñas la ley de
Stefan-Boltzmann se puede reducir a la ley de enfriamiento
de Newton.
![]()
A continuación se presenta el calculo de la
función espectral
.
La radiación electromagnética en una
cavidad cerrada forma un sistema de ondas
estacionarias. Este campo electromagnético puede
substituirse por el correspondiente conjunto de osciladores
equivalentes. La energía del campo
electromagnético es igual a la suma de las
energías de los osciladores. En el caso de la
radiación en una cavidad, y de acuerdo con lo dicho
anteriormente, hay que atribuir al campo una temperatura
igual a la temperatura T de las paredes emisoras. Se
puede decir, en consecuencia, que a cada onda estacionaria
en la cavidad corresponde un oscilador que tiene una
frecuencia v y una energía
que depende de la
frecuencia y también de la temperatura
T.
Cada uno de los osciladores que substituyen al
sistema de ondas estacionarias puede encontrarse en
diferentes estados y tener valores
de la energía
distintos. Sin embargo, lo que nos interesa no
es la energía instantánea de los osciladores,
sino su energía media
; el promedio se toma aquí
respecto de todos los estados posibles del oscilador. La
energía de las ondas estacionarias, por unidad de
volumen de la cavidad, cuyas frecuencias están
comprendidas entre v y dv, es
numéricamente igual a la energía media de
todos los osciladores que substituyen las oscilaciones
normales y que tienen frecuencias en el mismo intervalo. Si
g(v)dv es el numero de osciladores, lo dicho
puede escribirse en la forma
![]()
Para el caso de ondas electromagnéticas solamente es necesario tener en cuenta que están polarizadas y pueden tener dos direcciones de polarización. Si se tienen en cuenta las dos direcciones de polarización, es necesario multiplicar por dos el número de oscilaciones, para una frecuencia entre v y dv, entonces, se tiene que:
![]()
La fórmula no exigió acudir en su
deducción a ningún concepto de
la teoría cuántica, sino que se obtuvo antes
de que se creara dicha teoría. Para la
energía media
de un oscilador se tomo su valor clásico
y la
densidad de radiación de equilibrio a la temperatura
T se escribió en la forma
![]()
A esta expresión se le conoce como ley de Rayleigh-Jeans.
Es del todo evidente que ésta
fórmula carece de sentido. En efecto, dicha formula
prueba que la densidad de energía del campo
electromagnético en una cavidad cerrada es una
función monótona creciente de la frecuencia.
Dado que en la cavidad se pueden presentar oscilaciones de
todas la frecuencias, en particular
, la fórmula conduce a una
densidad de energía infinitamente grande
cuando
.
![]()
El resultado obtenido significa que las fuentes de radiación encerradas en la cavidad deberían emitirla hasta que toda la energía térmica que contienen pasara al campo de radiación y su temperatura descendiera hasta el cero absoluto. Así, por ejemplo, si un emisor colocado en la cavidad es un cuerpo sólido caliente, del resultado obtenido se deduce que el equilibrio del sistema emisor-campo electromagnético se establece solamente después que dicho cuerpo se enfría hasta el cero absoluto.
Ésta conclusión tiene un simple significado. Según la ley de distribución uniforme de la energía todos los grados de libertad son equivalentes, y en el estado de equilibrio corresponde la misma energía a cada uno de ellos. La energía térmica que contiene el emisor –un cristal formado por N átomos-, puede considerarse distribuida entre 3N osciladores. El campo electromagnético en la cavidad se puede asimismo considerar como conjunto de osciladores. Sin embargo, el número de éstos es infinitamente mayor que 3N. Los números de onda de las posibles ondas estacionarias en una cavidad cerrada que tiene forma cúbica deben satisfacer las condiciones:
![]()
donde L es la longitud de la arista del cubo, y k1, k2, k3 son números que toman valores enteros desde cero hasta infinito. Se observa que los valores de k1, k2, y k3 están limitados por el numero de partículas N. De esta manera, el número de ondas electromagnéticas estacionarias en la cavidad y el correspondiente número de osciladores del campo electromagnético es infinitamente mayor que el número de osciladores que son necesarios para describir el movimiento térmico en un cristal. En el estado de equilibrio, toda la energía debe estar contenida en el campo, puesto que a cada oscilador debe atribuirse la misma energía.
Este resultado se encuentra en plena
contradicción con los datos
experimentales. Prueba la experiencia que la densidad de
energía térmica contenida en el emisor es
muchísimo mayor que la densidad de energía
del campo electromagnético. Por ejemplo, para
T = 300 K la densidad de energía
térmica para un sólido es 1014
veces mayor que la densidad de energía medida dentro
de la cavidad con radiación. En lo que concierne a
la distribución espectral de la densidad de
energía expresada por la fórmula de
Rayleigh-Jeans, esta se encuentra de acuerdo con la
distribución medida de energía en el espectro
del cuerpo negro para pequeñas frecuencias que
cumplen la condición
. Por el contrario, para frecuencias
grandes, cuando es ![]()
crece con la frecuencia v de manera mucho
más lenta que según la ley
v2.
Así, pues, la ley de distribución uniforme conduce, al aplicar al problema de la radiación del cuerpo negro, a una teoría que discrepa totalmente de los datos experimentales en la región de las altas frecuencias. Históricamente fue éste el primer caso bien estudiado de completa inadecuación de los conceptos clásicos. La inadmisible contradicción con la experiencia a que condujo la estadística clásica llevó a los contemporáneos a llamar a la situación que así se producía "catástrofe en el ultravioleta". La salida a esta contradicción se encontró en el desarrollo de la teoría cuántica.
La manera más simple, si bien no la más
evidente desde el punto de vista físico, de obtener la
función distribución espectral
teniendo en cuenta la
cuantificación es la siguiente.
Se substituye en la fórmula de Rayleigh-Jeans el
valor de la energía media de un oscilador del campo
calculado según la teoría del oscilador
cuántico. Al hacerlo, se prescinde de la energía
del cero del oscilador
, eligiéndola como origen de la
misma.
Entonces
![]()

Sustituyendo la energía media
en la fórmula de
Rayleigh-Jeans, se encuentra la siguiente expresión de la
energía media del campo electromagnético en el
vacío por unidad de volumen y para una frecuencia ente
v y dv:

Ésta fórmula se llama fórmula de Planck. Ésta fue hallada primero deducida de modo semiempírico, puesto que se desconocía la formula para la energía media para un oscilador cuántico. Por el contrario, la fórmula de la energía media y la constante de Planck h se hallaron experimentalmente.
De hecho Planck hizo dos suposiciones radicales
relativas a los osciladores atómicos. La primera que un
oscilador no puede tener cualquier energía sino solo
energías dadas por la fórmula:
, que establece que la
energía será cuantizada.
La segunda, que los osciladores no irradian
energía continuamente, sino sólo a saltos o
cuantos. Esos cuantos de energía son emitidos cuando un
oscilador cambia de estado de energía cuantizada a otro.
Así pues, si n cambia en una unidad la
ecuación para la energía hace ver que se irradia
una cantidad de energía,
. Todo el tiempo que un oscilador permanece en
uno de sus estados cuantizados, o estacionarios, ni emite ni
absorbe energía.
En los dos casos límite,
y
, la fórmula de Planck se simplifica. En el
primer caso,
![]()
y la fórmula de Planck se reduce a la forma,
![]()
es decir, pasa a ser la fórmula de Rayleigh-Jeans para la densidad de energía media de la radiación negra.
Cuando![]()
![]()
de modo que,
Ésta última formula se llama ley de Wien.
Pasando de
a la distribución espectral de la densidad de
radiación respecto de la longitud de onda,
, se puede escribir como
sigue las fórmulas, de Planck, Rayleigh-Jeans y
Wien.
|
|
Fórmula de Planck |
|
|
Fórmula de Rayleigh-Jeans |
|
|
Fórmula de Wien |
Las curvas de la figura 5 corresponde a
la fórmula de Planck. Para grandes valores de las
longitudes de onda,
disminuye al aumentar dicha longitud como
, para longitudes de onda
cortas,
tiende a
cero como
. La
función
presenta un máximo para una longitud de onda
que se puede determinar a
partir de la condición:
![]()
o bien,
![]()
se hace u igual a la magnitud
, y se puede escribir la
ecuación como:
![]()
La resolución de la ecuación trascendente da,
![]()
Ésta fórmula prueba que la posición del máximo del la densidad de energía de la radiación negra se desplaza hacia las longitudes de onda pequeñas cuando crece la temperatura. Ésta es la llama ley de desplazamiento de Wien.
Se pudieron estudiar los modelos para la transferencia de calor propuestos para cada una de las tres formas de transferencia. Se estudió la ley de enfriamiento de Newton, la cual hallada de manera empírica completamente, permite hallar perdidas por calor entre un objeto caliente y el medio, cuando la diferencia en temperaturas es pequeña. El principal inconveniente de ésta ley proviene del hecho, en que involucra procesos de transferencia de calor por conducción, convección y radiación.
El estudio de la ley de Fourier mostró ser bastante útil, teniendo en cuenta las propiedades térmicas de cada material, para modelar la transferencia de calor por conducción. También se mostró la conductividad térmica de los materiales y lo relacionado que están con las propiedades de éstos y su geometría, conociendo la dificultad que se puede presentar para determinar la conductividad térmica.
Posteriormente se estudió la transferencia de calor por convección, la cual muestra la manera en como se calientan algunos fluidos, y como se establecen patrones de corrientes en el fluidos, sean compresibles o no. La transferencia de calor por convección tiene gran aplicabilidad en la teoría de fluidos, en aplicaciones industriales en la rama de la ingeniería mecánica.
Se estudiaron varios modelos del cuerpo negro para la transferencia de calor por radiación electromagnética, los cuales mostraron ser polémicos en cuanto a las concepción y paradigmas, tanto de la física clásica como la física moderna. Partiendo de Kirchhoff y su definición para el cuerpo negro, de donde por medio del análisis termodinámico clásico convergieron tanto Wilhelm Wien como Lord Rayleigh y James Jeans. El sustento teórico para la radiancia de cavidad, o modelo de cuerpo negro, probó ser inconsistente para modelar los resultados experimentales, partiendo del supuesto que la energía irradiada por los osciladores atómico es continua. La ley de Stefan-Boltzmann, hallada de manera empírica por Josef Stefan y luego modelada teóricamente por las teorías clásicas de la termodinámica por Ludwig Boltzmann, no entra en disparidad con la física clásica, puesto que muestra la proporcionalidad que existe entre la potencia total emitida por radiación térmica y la temperatura del material, relacionándola con la emisividad (característica del material) y su geometría. Recordemos que la principal característica de la radiancia espectral (del cuerpo negro) es que no depende en ningún momento, ni de la geometría del cuerpo, ni de las propiedades absorbentes ni emisoras, de éste.
Por último se mostraron las consideraciones que se tuvieron que hacer para modelar la radiancia del cuerpo negro, en términos generales, la cuantificación de la energía para los osciladores atómicos, propuesta por Max Planck. La suposiciones teóricas de Planck, que dieron inicio a la teoría cuántica, partieron de donde habían fallado en modelar las teorías anteriores y los problemas con las longitudes de onda cercanas al ultravioleta. Fue ahí donde Planck encontró la solución al problema para hallar la función de distribución espectral, dando paso a la conformación de lo que conocemos hoy como física moderna.
Andrés Guillermo Menco Haeckermann
Estudiante de Ing. de Sistemas
Andrés Guillermo Marrugo Hernández
Estudiante de Ing. Mecatrónica
Luis Miguel Celis Salgado
Estudiante de Ing. Mecatrónica
Jorge Luís Muñiz Olite
Profesor
UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE BOLIVAR
FÍSICA ONDULATORIA 2004
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