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Importancia del capital social, en el proceso modernizador de nuestra sociedad chilena

Enviado por erebomo



  1. Capital Social, un concepto inacabado
  2. Desarrollo humano, capital social y democracia
  3. Desarrollo económico versus desarrollo humano
  4. La naturalización de lo social
  5. Nuestra diversidad disociada
  6. Solidaridad versus individualismo
  7. Capital social y sociedad civil
  8. Capital social y democracia
  9. Conclusiones
  10. Bibliografía

INTRODUCCION

El presente trabajo, tiene como propósito analizar la importancia del capital social para el desarrollo económico, social y cultural de nuestro país, centrado en el ser humano, en el contexto del proceso modernizador por el que atraviesa nuestra sociedad.

Ha sido desarrollado en dos partes. La primera entrega en forma sucinta, el concepto de capital social a partir de diversas visiones, desde planteamientos centrados en contenidos ideacionales: normas, creencias y valores, como aquellos basados en conductas, relaciones sociales de confianza, cooperación y reciprocidad (Klicksberg, 1999). También, se entregan otras conceptualizaciones que dan cuenta del capital social como un potencial que se desarrolla en los períodos de invisibilidad del movimiento popular (Salazar, 2001). Así como una visión económico-social, más ligada a las prácticas económicas de los agentes, actores sociales, y el poder de sus redes (Bourdieu, 2001). Sin embargo, cabe señalar que, bajo estas distintas visiones del capital social subyacen aspectos comunes, tales como, lo comunitario, la convivencia, el consenso, la participación y la solidaridad de los grupos, para el logro de los más variados requerimientos y reivindicaciones sociales.

En nuestro país, está bastante en boga la utilización del concepto de capital social, desde la perspectiva de la definición de políticas públicas en general, así como, en la lucha por la superación de la pobreza, en particular, tanto desde el Estado, como desde las diversas Organizaciones de la sociedad civil. Sin embargo, en el ámbito político-partidista, no ha habido una orientación real hacia el fortalecimiento del capital social, como una forma de afianzar la democracia en nuestro país. Por lo tanto, en este terreno, queda mucho por hacer.

Desde el gobierno hasta la sociedad civil, se intenta asumir los cambios producidos por la globalización y el proceso modernizador por el que atraviesa nuestra sociedad, poniendo énfasis en el desarrollo centrado en la persona humana y a partir de una postura mucho más reflexiva. Es decir, la lógica que han venido asumiendo los distintos gobiernos de la Concertación, del crecimiento con equidad e igualdad, considera en el centro del desarrollo a las personas como un potencial para el desarrollo económico, social y cultural de nuestro país. En este contexto, el análisis de la importancia del capital social, provee de una amplia y rica gama de posibilidades a dicho propósito. Por este motivo, en la segunda parte de este trabajo, he pretendido establecer una relación entre los conceptos de desarrollo humano, capital social y democracia, a través del planteamiento teórico de diversos autores y diversas miradas.

Lo señalado antes, ha sido expuesto a través de los siguientes sub-temas:

Desarrollo económico versus desarrollo humano: En que se plantea el surgimiento de una nueva visualización del desarrollo, a partir del fortalecimiento de las capacidades competitivas y emprendedoras, pero respetando la libertad, la igualdad, así como los valores de solidaridad y la diversidad de las personas. Además, se señalan las dificultades de llevar a cabo esta tarea, al constatar cómo el proceso modernizador por el que atraviesa nuestro país, ha llevado a un deterioro de la sociabilidad y a un aumento del individualismo, que se manifiestan en una serie de problemas sociales, que estamos viviendo y presenciando en nuestra sociedad.

La naturalización de lo social: Bajo este concepto se ha querido retratar el conformismo manifiesto, que nuestra sociedad chilena muestra frente a la situación de deterioro de la sociabilidad, mencionada anteriormente. Este conformismo adquiere diferentes formas de indiferencia, fatalismo e impotencia de las personas, por el estado de cosas existentes. Se plantean las dificultades para cortar los fuertes lazos con la visión de un Estado-benefactor que daba todo hecho y protegía de los embates de las crisis económicas y sociales. Hoy, la modernidad impone al Estado un proceso de transformación, centrado más bien en el papel de moderador e impulsor de los procesos de cambios, cuyo protagonismo se va a centrar en el sujeto personal, actor social.

Nuestra diversidad disociada: Se constata cómo en nuestra sociedad, las diversas miradas y posturas personales existentes, frente a los problemas y el quehacer social, conforman una interesante heterogeneidad cultural. La tarea consiste en potenciar el capital social que poseen, uniéndolas en torno a un objetivo común, cual es, la elaboración y puesta en marcha de un proyecto común de país, que nos permita convivir en armonía y a su vez incorporarnos exitosamente en la comunidad global.

Solidaridad versus individualismo: ¿Estamos viviendo un proceso de individualización negativa o un proceso de individuación basado en la confianza del esfuerzo personal? En respuesta a ésta y otras interrogantes relacionadas, se plantea el rescate de los valores solidarios, para hacer frente al proceso desintegrador que se visualiza en nuestra sociedad. Al respecto, se señala el desafío que el Estado tiene por delante, como ente coordinador, facilitador e impulsor de los procesos de generación de nuevos valores, abriendo los espacios a la participación ciudadana y al debate público.

Capital social y sociedad civil: Se hace alusión a los problemas reales de una parte importante de ciudadanos en nuestro país, tales como el desempleo y la pobreza, que pueden atentar contra su capacidad reflexiva. En este sentido el Estado tiene una tarea relevante como gestor de Políticas Públicas, que permitan aminorarlos. Sin embargo, es fácil caer en el clientelismo, que transforma a las personas en meros demandantes de soluciones al Estado, lo cual, resulta muy destructor de la potencialidad del capital social, fortaleciendo la pasividad y las relaciones de dependencia. Se plantea entonces, la importancia de potenciar el capital social, estimulando la asociatividad y la participación ciudadana.

Capital social y democracia: La relación se establece desde la perspectiva del debate público como actividad de suma importancia en la vida política de una sociedad. Se analizan las diferencias del concepto de ciudadanía desde el Estado-nación y ciudadanía a partir de los derechos individuales. Este último es el que se intenta potenciar en nuestro país, a través del fortalecimiento del capital social, con el propósito de otorgar mayor autonomía participativa a los ciudadanos. Sin embargo esta tarea implica, también, una importante reestructuración de las instituciones del Estado. Se señala además, el malestar que la gente ha dejado sentir hacia los políticos, producto de la corrupción denunciada en el último tiempo, así como, la importancia del hecho que en nuestro país, a diferencia de otros en Latinoamérica, aún se denuncia y se ejerce justicia sobre este problema social.

Finalmente, se entregan algunas conclusiones y reflexiones en torno a la importancia de potenciar el capital social, para lograr un verdadero desarrollo económico-social centrado en la persona humana. Pero también, el énfasis debe ser puesto en una "voluntad política" de parte de los partidos políticos y del gobierno que permita consolidar la democratización de nuestras instituciones. Además, se señalan algunas instancias organizacionales que se han ido creando en el actual gobierno del Presidente Lagos, para ir estimulando la participación y solidaridad ciudadana.

PARTE I: CAPITAL SOCIAL, UN CONCEPTO INACABADO.

El concepto de capital social, ampliamente utilizado, tanto desde una perspectiva sociológica, cultural, económica o histórica, cobra gran relevancia en el mundo globalizado en el que vivimos, a través de su proceso modernizador. Especialmente en nuestro país los gobiernos concertacionistas, cuyo lema ha sido el crecimiento con equidad, han puesto de relieve el desarrollo económico y social centrado en la persona humana, por lo cual, la utilización teórica y práctica de capital social, podemos verla reflejada sobre todo en la definición de las políticas públicas del Estado. El énfasis de estas políticas ha estado puesto en hacer frente a los graves problemas de pobreza, falta de equidad del producto social y postergación económica, social y cultural de importantes sectores de la población, intentando encontrar fórmulas innovativas y eficaces que le permitan al país, encaminarse hacia un desarrollo más auténtico e integral para dar sustentabilidad a la democracia como sistema de convivencia.

Podemos aludir a diferentes acepciones del término, tanto desde contenidos ideacionales tales como normas, creencias y valores (Putnam, 1993 y North, 1990) como desde los aspectos basados en la conducta y organización social, relaciones sociales, confianza, reciprocidad y cooperación (Coleman, 1990). En este contexto, podemos definir capital social, como "...aquellos rasgos de la organización social como confianza, normas y redes que pueden mejorar la eficiencia de la sociedad facilitando acciones coordinadas. Las relaciones de confianza personal llegan a generar una confianza social o confianza generalizada (entre anónimos) cuando prevalecen normas de reciprocidad y redes de compromiso cívico. Estos tres elementos circunscriben el capital social" .

Pero también existen otras visiones, como la de Salazar, más ligada a la historicidad de los movimientos sociales en nuestro país, específicamente del "bajo pueblo". La tesis central que sostiene Salazar en su investigación es que "... el capital social, en tanto fenómeno social e histórico –no como puro concepto- se origina, desarrolla y potencia en los procesos que ocurren en los períodos de subsidencia o "invisibilización" del movimiento popular, más que en los episodios de emergencia" . De manera tal que, el capital social como capacidad de sobrevivencia de los más excluidos, "... tiende a surgir al interior de un proceso determinado y después de un acto marginador específico. Cada proceso, cada identidad local, cada comunidad y cada grupo tiene un capital social específico que está ligado a una memoria social específica ".

También desde la sociología, encontramos una visión más económico-social del término, como la planteada por Bourdieu, cuando señala la importancia de la eficacia de las "redes" o capital social, en el funcionamiento del campo económico de las empresas: "...las prácticas económicas de los agentes, y el poderío mismo de sus ‘redes’ del que toma nota una noción rigurosamente definida de capital social, depende ante todo de la posición que esos agentes ocupan en los microcosmos estructurados que son los campos económicos". Por lo tanto, el capital social que cada actor posee, es decir, el conjunto de redes sociales que puede movilizar en provecho propio, va a hacer en gran medida la diferencia con relación al poder económico que cada uno tenga en su campo específico.

Esta amplia gama de visualización y utilización del término capital social, nos permite verificar también una cierta ambigüedad teórica, entendiendo que es un concepto no acotado a un solo ámbito del pensamiento económico, social o cultural, sino que es utilizado por todos ellos. Sin embargo, esta característica es la que a su vez, permite su riqueza teórica y su amplia aplicación práctica en investigaciones tan diversas. Debemos reconocer, sin embargo, que bajo las distintas acepciones del concepto de capital social, subyace lo comunitario, la convivencia, el consenso, la participación y la solidaridad de los grupos, como factores constitutivos de las redes sociales que conforman y sustentan una determinada sociedad y también, el poder demandante que esta unión produce para el logro de requerimientos sociales de la más variada índole.

En nuestro país, el aporte del concepto de capital social ha sido restringido a dos ámbitos del quehacer social, relacionados entre sí y que son la definición de políticas públicas y la exploración de las complejas dimensiones de la pobreza, a fin de combatirla. En este sentido, la riqueza teórico-metodológica del concepto, pierde otras dimensiones igualmente válidas, como por ejemplo, en el plano político. Potenciar el capital social, para el fortalecimiento de la sociedad civil, dice relación con la entrega de propuestas de desarrollo social y humano que permitirían, también, ir consolidando la democratización de las instituciones en nuestro país. La integración y activa participación ciudadana en las distintas organizaciones sociales y comunitarias, permitirá ir fortaleciendo una red multicultural y propositiva de alternativas económicas, políticas y sociales al sistema de libre mercado, para el cual, es mejor una sociedad desarticulada, que permite el consumismo a ultranzas.

Sin embargo, el logro de la sociedad que queremos, sólo es posible, si, como señala Touraine, "...la sociedad se da por objetivo primordial incrementar su propia capacidad de intervención aumentando su reflexividad, pero también sus comunicaciones internas, sus debates y sus mecanismos de decisión" . De manera que, una sociedad civil organizada demanda al sistema democrático que la rige, una mayor democratización institucional, desde el punto de vista social, económico y cultural. A su vez, el Estado democrático podrá obtener de la sociedad civil que gobierna, mayores niveles de participación en todos los ámbitos de la vida social.

PARTE II: DESARROLLO HUMANO, CAPITAL SOCIAL Y DEMOCRACIA.

Señalaba anteriormente la importancia de potenciar el capital social para la obtención de una mayor participación ciudadana, que permitiera fortalecer la sociedad civil y sus redes multiculturales. Sin embargo, el logro de un objetivo que resulta tan loable y enriquecedor para el crecimiento de nuestra sociedad, significa un arduo trabajo, ya que, tiene que ver con un proceso cultural de toma de conciencia, mediante la reflexión acerca de que país queremos construir, no sólo para hoy sino que también para legarlo a las generaciones futuras.

En este sentido, he querido ligar los conceptos de Desarrollo humano y Democracia al de Capital Social, poniendo a éste último en el centro. Creo que sólo es factible el logro de una real democratización de nuestras instituciones jurídicas, políticas, económicas y sociales, si somos capaces, primero, de crecer y desarrollarnos como seres humanos reflexivos, dejando en un segundo plano el consumismo exacerbado, que obnubila nuestra capacidad de darnos cuenta y pensar realmente, cual es el país que queremos construir, para sentirnos realmente orgullosos de llamarnos chilenos.

Desarrollo económico versus desarrollo humano.

En el contexto de los grandes cambios económicos y tecnológicos que nuestro país ha experimentado en los últimos años, se constata una tendencia desde la sociología y asumida (al menos en teoría) por el actual gobierno, a una redefinición del concepto tradicional de desarrollo económico y social a partir del "Estado Benefactor" o desde el neoliberalismo, hacia una nueva perspectiva reflexiva que ha sido denominada "Nuevo Progreso". Esta entiende "...la libertad y la igualdad, el sentido de comunidad o unidad y el respeto al pluralismo y la diversidad, como valores cuya articulación virtuosa produzca la capacidad de competencia y de emprendimiento individual y colectivo, además de la inclusión, protección y sentido de pertenencia a una sociedad común. Sólo al dejar de ver el mundo como un gran mercado, podremos ser capaces de crear un medio caracterizado por la solidaridad y la confianza" . De manera tal que, el desarrollo económico que como país se ha logrado, debiera constituirse en un medio para permitir el desarrollo cultural, social y humano que necesitamos. Al respecto, resulta muy atingente señalar la importancia de la superación del yugo que impone el poder económico y su lógica neoliberal, al desarrollo socio-cultural, de lo contrario ¿cómo puede haber propuesta de identidad cultural?

En este sentido, "el Nuevo Progreso" supone que la inserción en una economía de mercado debe ser asumida con un sentido de responsabilidad social, de modo de generar –a largo plazo- crecimiento, estabilidad y pleno empleo, promover la justicia social y proteger el medioambiente. Esta visión de una economía rigurosamente gestionada y orientada hacia el progreso humano debe generar oportunidades para todos, responsabilidad de todos y comunidad entre todos" . Ya que hemos crecido económicamente, que este crecimiento permita también ‘financiar’ el crecimiento sociocultural de toda la sociedad en su conjunto.

Sin embargo, asumir esta nueva perspectiva en la práctica resulta una ardua tarea, ya que, el proceso modernizador por el que atraviesa nuestro país, tanto en el plano económico como social y cultural, está llevando a nuestra sociedad a un deterioro de la sociabilidad y a un aumento del individualismo, que se manifiesta como señala el PNUD, en "... un alto grado de desconfianza, una asociatividad precaria, la descomposición de las identidades colectivas tradicionales e incluso cierto debilitamiento de la cohesión intergeneracional en la familia. Lo anterior se expresa en lo que algunos han llamado patologías del vinculo social (...) como la violencia intrafamiliar, la violencia sexual, la toxicomanía, los actos de incivilidad y desborde anómico, el aumento de la delincuencia juvenil, entre otras" .

De manera tal que, fortalecer el capital social a través de un mayor incentivo a la participación ciudadana en nuestro país, se vuelve una tarea prioritaria del desarrollo humano. "Cuidar y profundizar las distintas formas de sociabilidad, promover las relaciones de confianza y cooperación, en fin, fortalecer el vínculo social entre las personas, parece ser el modo más eficaz de devolverles (a individuos y colectividades) el protagonismo que requieren". Además, es importante que aprendamos a escucharnos y a ponernos en el lugar del otro. Esto que parece tan de sentido común, resulta crucial para potenciar el desarrollo humano. En este sentido, "...una condición básica para el diálogo social, es sin duda, la utilización del ámbito público. Sólo en este espacio a la vez abierto y compartido, las personas pueden elaborar el lenguaje y los códigos interpretativos capaces de dar cuenta de lo que les pasa" . Habrá que volver a potenciar la "polis", como espacio de debate, encuentro y consensos; como el lugar de la sociedad donde se tomaban decisiones políticas y sociales pero que hoy, lamentablemente, ha desaparecido gracias a la globalización.

Al respecto e insistiendo en que el desarrollo económico debe ser un medio para el desarrollo social y cultural de nuestra sociedad, resulta fundamental que se destinen esfuerzos tanto económicos como sociales para llevar a cabo en la práctica estas tareas, que como planteamiento teórico parecen muy loables, pero si sólo quedasen en el papel, resultarían inútiles.

La naturalización de lo social.

Resulta revelador y preocupante constatar a través del Informe del PNUD/2000, que nuestra sociedad chilena ha ido profundizando el deterioro de la sociabilidad y aumento del individualismo, al que se hace mención en el Informe del año 1998, expresado mediante un cierto conformismo con la situación económica y las diferencias sociales, aceptándolas como algo natural. Este hecho, se vería reflejado en "... una concepción conservadora de las relaciones sociales: ‘siempre fue así y no hay nada que hacer’. El arraigo que exhibe esta ‘naturalización de lo social’ sugiere que los principales obstáculos al desarrollo de Chile podrían ser de orden cultural. ¿Cómo podría haber un proyecto exitoso de país mientras que una visión naturalizada de las cosas paraliza la energía creadora de los chilenos?" . Resulta atingente aludir aquí, a la ácida crítica de Moulian al consumismo exacerbado y alienante, pero también al conformismo como la otra cara del consumismo e "... hijo putativo de la ‘naturalización’ del mundo actual que realizan las ideologías dominantes, declarándolo protegido de la historicidad. Ese conformismo toma numerosas formas. ¿Para que criticar un mundo que no se puede cambiar?, preguntan los conformistas-fatalistas. ¿Desde donde criticarlo, con qué fundamento si se han derrumbado los grandes relatos y no existe ética universal? plantean los conformistas relativistas. Unos y otros, por motivos diferentes, se parapetan en la impotencia"

El "abandono" de la visión del gran padre Estado-nación, como el que señalaba lo que era válido, consensual y aceptado por todos, se manifiesta en la nostalgia por la pérdida de los grandes ideales y los valores morales de una sociedad reunida en torno a ideas colectivas. Escenario que se ha transformado en una individualización y desintegración manifiesta de lo social. Hoy sin embargo, debemos repensarnos lo social, ya no desde los grandes ideales colectivos, sino desde el sujeto como actor social, en cuanto se relaciona con un otro, pero también como aquel que lucha contra la degradación y reducción de la sociedad a la lógica del mercado. En este sentido, el papel del Estado ahora, está en abrir los espacios, facilitar los recursos y potenciar a los actores sociales, como incentivo para la entrega de propuestas e ideas nuevas, con el propósito de lograr la construcción de una cultura identitaria, que nos permita reconocernos como chilenos.

Nuestra diversidad disociada.

Es importante lograr una ‘amalgama social’, que nos facilite el identificarnos frente a nosotros mismos y frente al mundo, pero además, nos permita acuñar un principio de unidad, es decir, de integración de las dos caras de la modernidad: por una parte las tendencias de la economía y por la otra la sociedad y la cultura. Al respecto cabe aludir a los resultados del Informe del PNUD/2000, que señala que en nuestra sociedad existiría una "diversidad disociada", lo cual, podría parecer preocupante si lo interpretamos, simplemente, como una disgregación y debilitamiento de las relaciones y redes sociales. Sin embargo, al efectuar una real valoración de nuestra diversidad, en un mundo globalizado, en que se privilegia especialmente la heterogeneidad por sobre la homogeneidad cultural y social, "...puede haber una multiplicidad de Nosotros, muchas veces contrarios entre sí, siempre que existan vías de comunicación y traducción entre los diferentes colectivos. El problema no radica en la variedad sino en la capacidad para poner a conversar y compartir a los diferentes Nosotros" . En esta valoración esta la apuesta para potenciar nuestro capital social, conformado por una gama diversa de formas de sentir, de pensamientos, de posturas y visiones de nuestra sociedad.

Pero falta lo más importante, que consiste en articularlo y amalgamarlo para lograr un cemento sociocultural, suficientemente resistente a los embates de una globalización que, más bien, ha traído el desarraigo del sistema social. Sin embargo, "la globalización no anula la urgencia de un proyecto de país en Chile, más bien lo vuelve doblemente urgente: por la propia convivencia y por la necesaria incorporación en la comunidad global", no sólo desde el punto de vista económico, sino que también cultural, ya que, "...la globalización es un hecho cultural que provoca transformaciones en la cultura" .

He ahí la gran paradoja del proceso de modernización por el que atraviesa nuestro país.

Nos insertamos económicamente en el mundo globalizado e incluso con cierto éxito y reconocimiento mundial, pero ¿cómo están las cosas en casa, desde el punto de vista de nuestra convivencia social? ¿realmente somos felices, estando tan disgregados? ¿estamos perdiendo los valores solidarios tradicionales en nuestra sociedad? Este es el desafío entonces, que tenemos como país: aunar esfuerzos para reconocernos y reencontrarnos con nuestra historicidad y nuestras propias subjetividades individuales, para crear un imaginario de país que nos permita "sentirnos" chilenos.

Solidaridad versus Individualismo.

Resulta atingente aquí, aludir a los valores de la solidaridad, tan caros a nuestra sociedad y que hoy en día están en juego, por la implantación de un mayor individualismo, producto del proceso de globalización que se deja sentir en el mundo entero. El cambio generalizado que se está produciendo, desde la preocupación por la generación de solidaridad e igualdad a partir de los Estados-nacionales (lo cual ha ido retrocediendo desde finales de los setenta) hacia un mayor pluralismo cultural, proliferando estilos de vida diferentes, ¿significa que estamos cayendo en un individualismo negativo?. Al respecto Giddens se pregunta: "¿Qué es exactamente el nuevo individualismo? ¿Qué relación tiene con el papel creciente que juegan los mercados? ¿Estamos presenciando el nacimiento de una generación del "yo", que genera una sociedad del "yo primero" que inevitablemente destruye los valores comunes y las preocupaciones públicas?"

Las respuestas que ofrece, sin embargo, son más optimistas que el sentir de sus preguntas, al plantear que es posible vislumbrar mas bien, un individualismo institucionalizado, el cual si "...no es igual a egoísmo, representa una amenaza menor para la solidaridad social, pero sí implica que tenemos que buscar nuevos medios de conseguir esa solidaridad". En este sentido, se plantea al Estado un gran desafío en la transformación hacia el desarrollo de un papel mucho más de coordinador, facilitador o impulsor de los procesos de generación de nuevos valores, más que de la realización de acciones de tipo vertical o de apego a las tradiciones. La misión del Estado entonces, va a ser potenciar el capital social, abriendo los espacios reales para ampliar la participación de la ciudadanía, especialmente y como ya mencionáramos anteriormente, a través de la utilización del ámbito público, como espacio de debate, encuentros y consensos.

Sin embargo, la pregunta que cabe al respecto es ¿cómo fortalecer la dimensión social de la individuación? especialmente, considerando que uno de los rasgos más sobresalientes de la sociedad chilena, es el acelerado proceso de individualización. "Una primera aproximación a estas tendencias sugiere que en Chile existiría una individualización acompañada de privatización. Las personas parecen ganar un grado mayor de autonomía individual mediante su retracción de los ámbitos sociales (...) ello podría debilitar la vida social y, por ende, la sustentabilidad del Desarrollo Humano" . Sin embargo, también hay una gran autoconfianza en lo que se pueda obtener mediante el esfuerzo personal, más allá del paraguas del Estado, lo cual, es muy valioso para la consideración del individuo como sujeto social creador y proponente de iniciativas frente a su comunidad y frente al Estado.

Lamentablemente, esta capacidad basada en la autoconfianza del esfuerzo personal, esta bastante restringida al plano económico y material, más que a la acción colectiva. En este sentido, "...la asociatividad de los chilenos habría disminuido en comparación con lo años’60, e incluso, en relación con el auge de las organizaciones sociales de los años’80". Se ha producido un vacío motivacional en las personas, que no les permite encontrar razones válidas para la lucha por reivindicaciones colectivas.

Por tanto, la alternativa que se plantea al respecto, es potenciar la capacidad reflexiva tanto de individuos, como de colectividades, para reconstruir el lazo social que los contenga, considerando que "...la tendencia de las organizaciones modernas a rechazar todo criterio exterior a sí mismas para la definición de sus prioridades, es una de las causas más relevantes del debilitamiento de la subjetividad colectiva" . Pero también es importante señalar que, no todos los individuos tienen la capacidad para tomar conciencia del significado de desarrollar un proceso reflexivo, en pos de lograr una sociedad más participativa, más solidaria e igualitaria para todos. Este aspecto considerado como relevante en nuestra cultura, cobra especial interés al respecto.

Cultura es también "...preguntarse y comprender la propia convivencia, las experiencias compartidas, las diferencias que dividen, y especialmente darle forma a la aspiración de convivir gracias a la pluralidad de historias y modos de vida" . Touraine nos entrega una visión más centrada en el individuo, como "sujeto personal" reflexivo, quién deberá llevar a cabo el proceso de integración social, más allá de las reivindicaciones sociales o culturales a las que éste pueda acceder: "...hay que dar a cada individuo la capacidad de combinar en su vida personal las fuerzas que parecen enfrentarse en el plano mundial; lo que no lleva a defender un individualismo indiferente a los asuntos públicos, sino al contrario, a fortalecer la intervención de los actores sociales en la vida pública". En nuestra sociedad, para desarrollar el potencial reflexivo y propositivo de cada individuo, el papel del Estado va a estar centrado en fortalecer y dinamizar a las organizaciones de la sociedad civil. En este sentido, resulta fundamental la integración de los individuos en la vida pública, ya sea, a través de las distintas organizaciones sociales comunitarias o de los partidos políticos.

Capital social y sociedad civil.

Señalábamos la importancia de potenciar la reflexividad de los individuos para fortalecer el capital social y por ende la sociedad civil. Lamentablemente en nuestro país, aún subsisten niveles de pobreza y exclusión social, para un sector importante de la población, sin dejar de reconocer que, en las últimas décadas los gobiernos han hecho un significativo esfuerzo por acabar con estos problemas sociales. Sin embargo, ¿cómo pueden estas personas reflexionar acerca de la participación ciudadana, si escasamente sobreviven ellos y sus familias?

En este sentido, surgen otros problemas relacionados con la pobreza y la exclusión social, como el desempleo que produce angustia y desesperanza en las personas, que permite especialmente el repliegue sobre sí mismos, así como el alejamiento de cualquier instancia participativa, como no sea ver en ella, alguna posibilidad laboral y por ende de ingresos. El desempleo produce desazón, porque obstaculiza el acceso a los mercados de consumo y destruye los proyectos de futuro. "Estos obstáculos se refuerzan unos a otros, configurando círculos perversos regresivos". Este tipo de exclusión aparece más ligada al fenómeno de la globalización. A diferencia de los sectores excluidos de la era industrial, como los pobres, los obreros o los débiles quienes tenían una relación asimétrica con el poder, en la actualidad los excluidos son los que sobran: no tienen acceso a la tecnología de avanzada, a mejores niveles de educación, etc., es decir, están en un mundo sin relación con el mundo de los incluidos, por tanto, quedan al margen de la globalización.

El Estado juega un papel relevante en la disminución del desempleo y la pobreza, estimulando la inversión pública y privada, pero también, efectuando una redistribución del ingreso eficiente y equitativa que permita elevar la calidad de vida de la población. Al respecto el Banco Mundial, establece una importante diferencia entre países desarrollados y en desarrollo: "...El gasto público representa en estos momentos casi la mitad del ingreso total en los países industriales, y aproximadamente la cuarta parte en los países en desarrollo. Pero ha sido precisamente este incremento de la influencia estatal lo que ha dado lugar a un cambio de orientación: lo que importa ante todo no es lo cuantitativo sino lo cualitativo, no la mera magnitud del Estado y el ámbito de sus intervenciones sino su eficacia para atender las necesidades de la población".

En este sentido en Chile, las políticas públicas se están orientando hacia potenciar la educación, "...como instrumento fundamental del crecimiento económico, la equidad social y la realización personal de los individuos. La educación provee lo que se denomina los "códigos culturales de la modernidad", la formación ciudadana y la preparación para el mercado laboral". Sin embargo, "...el crecimiento no puede identificarse tan simplemente con el desarrollo, por cuanto ya no es por sí mismo creador de empleos ni genera integración social. A su vez, la dimensión productiva puede entrar en contradicción con la dimensión medioambiental o la integración ciudadana o la igualdad social o la identidad cultural y también algunas de estas dimensiones presentan contradicciones entre sí".

Sin embargo, en un primer análisis de la relación Estado-sociedad civil, es fácil caer en lo que se denomina clientelismo, el cual, puede ser muy destructor del capital social y su potencialidad, fortaleciendo la pasividad y las relaciones de dependencia. En este sentido, "...el clientelismo paternalista debilita el capital social comunitario porque los beneficios ofrecidos (por parte de la institucionalidad estatal y/o privada) cobran primacía sobre las demandas de la comunidad (...) percibidas como una peligrosa tendencia hacia la autonomía. Además, la debilidad de la institucionalidad comunitaria y su falta de autoridad frente a individuos y grupos, permite el control de la comunidad por parte de facciones minoritarias" .

En definitiva, es importante señalar al respecto que, más allá de los problemas de pobreza y desempleo, la exclusión social no esta únicamente ligada al plano económico, sino que tiene otras facetas interesantes de estudiar para hacerles frente y poder estimular en las personas la participación social. La apatía, los prejuicios, la timidez o el cansancio por largas y agotadoras jornadas laborales, pueden significar también motivos de auto-exclusión importantes, que debiliten la participación ciudadana, en el ámbito local, ya sea, poblacional, comunal o regional, en nuestro país, como una manera de potenciar el desarrollo humano y las redes sociales para fortalecer la capacidad de propuesta de la sociedad civil.

En este sentido, mencionábamos anteriormente el individualismo que puede ser contrario a la solidaridad, pero también, puede ser muy provechoso si se reconstruye un lazo social que una la más diversa gama de individualidades. Habrá que fortalecer las relaciones de confianza mutua entre las personas, así como la cooperación cívica, ambas, "...son tanto un recurso para el Desarrollo Humano Sustentable, como uno de sus más valiosos resultados" .

Lo anterior, puede ser llevado a cabo, potenciando las capacidades que posee cada cual, para desde su propia visión de mundo y acervo cultural, intervenir en la vida social, conformando un ‘Nosotros’, como lo ha denominado el PNUD en sus informes y asumido el actual gobierno, para el desarrollo e implementación de instancias participativas de voluntariado. Resulta atingente aludir aquí, al concepto de asociatividad, como la capacidad de las personas para propender a la incorporación voluntaria y no remunerada a alguna organización de individuos o grupos que establecen un vínculo explícito, con el fin de conseguir un objetivo común . La asociatividad viene a ser la cara más visible del vínculo social, manifestado en la práctica, a través de la multiplicidad de organizaciones sin fines de lucro. Abarca también otras formas organizativas cuyos fines pueden ser tan diversos, como los clubes deportivos, los partidos políticos o las juntas de vecinos. "Incluso, puede decirse que forman parte de este conjunto grupos y organizaciones que carecen de personalidad jurídica, aunque ello, dentro de nuestro ordenamiento legal, limita considerablemente sus posibilidades de actuación en la vida pública"

Al respecto, cabe aludir a la relación que se establece entre lo público y lo privado. En el amplio marco de actividades que se desarrollan, a través de este heterogéneo mundo de las organizaciones de la sociedad civil, lo público "...deja de referirse sólo a los asuntos primariamente estatales y lo privado refleja el quehacer de individuos y grupos que no buscan primariamente la satisfacción de sus intereses particulares, sino los de la colectividad, o de segmentos de ella que requieren su atención por razones de solidaridad, participación ciudadana, o equidad social" . Por lo tanto, la relación entre lo público y lo privado adquiere otras dimensiones y significados en la actual sociedad. Las reivindicaciones sociales ya no se restringen a lo económico y político, sino que se trasladan a temas más culturales, tales como, medioambientales, de género, étnicos e incluso adscritos al ámbito de la salud, como los movimientos en pro de los enfermos de SIDA o personas afectadas por el cáncer.

Capital social y democracia.

Desde el punto de vista de la actividad política, el capital social resulta esencial, pues permite potenciar el debate público y la capacidad de propuesta de la sociedad civil hacia los políticos. En este sentido, la gente y los actores políticos, constituyen una instancia importante de la vida política. Las otras instancias, están constituidas por el Estado, como el que dirige la sociedad y el régimen político, que tiene la misión de resolver las divergencias que se producen entre la sociedad civil y el Estado, el gobierno y la institucionalización de conflictos y demandas sociales. Esta relación entre la gente y el Estado se denomina ciudadanía .

Touraine, establece una diferenciación entre ciudadanía en el contexto del Estado-nación y ciudadanía en el sentido de los derechos del individuo. En el primer sentido, "...la ciudadanía lleva en sí la idea de conciencia colectiva, de voluntad general. Para ella la sociedad política es el ámbito de la libertad y la igualdad, mientras que la sociedad civil está dominada o bien por la tradición o los privilegios, o bien por el interés particular y, en consecuencia, la amenazan la violencia y el caos". En el sentido de los derechos de los individuos, ciudadanía se entiende "...no en tanto miembro de la sociedad política sino como Hombre, en el sentido de los Derechos del Hombre y del Ciudadano" .

En el contexto del proceso modernizador que experimenta nuestro país, la tendencia es a considerar la ciudadanía en el sentido de los derechos de los individuos, como ciudadanos. Se intenta que la sociedad civil, "... asuma responsabilidades cada vez más autónomas, en un marco institucional consensuado, que garantice los derechos y deberes y limite cualquier poder arbitrario" . Desde luego, esta postura implica "...la reestructuración de diversas instituciones políticas, sociales y culturales y la consiguiente transformación de nuestra sociedad" . Además, este esfuerzo conlleva cambios culturales importantes en las formas de pensar la política y el mundo de las relaciones sociales, para toda la sociedad en su conjunto.

Sin embargo, existe un malestar y desinterés generalizado en la sociedad chilena, con relación a los temas políticos. Además, "...la medición del interés político es controvertida, porque resulta difícil establecer lo que la gente entiende por política. Puede tratarse tanto de las políticas económicas y el plan regulador de la comuna, como de los derechos humanos y la legalización de la marihuana" , predominado de todos modos, el tema económico. Asimismo, aún cuando exista un distanciamiento de parte de la gente hacia la política, igualmente predomina un apoyo mayoritario a la democracia, frente a otros regímenes políticos.

Debemos reconocer sin embargo, que en nuestra sociedad ya no estamos frente al esquema de participación político-partidista, típico del período pre-régimen militar. Se trata de un sistema partidario sociocultural, "...más orientado a la integración que la protesta y la reivindicación, y referido a contenidos y significados diferenciados de modernización y democratización" . En este contexto y aún cuando la militancia político-partidista es bastante baja en nuestro país, se establece una relación mucho más integral entre participación ciudadana, capital social y asociatividad, la cual tiende a estar mucho más ligada a la valoración de los sueños y también a un mayor grado de capital social .

Además, existen sentimientos generalizados en la gente, por una parte, frente a la ausencia de un liderazgo político fuerte y representativo, que despierte confianza y anhelos de futuro. Por otra parte, una resignificación de la política en términos de una "política a escala humana", que acoja la participación ciudadana y que se preocupe de los problemas de la gente, más allá de las antiguas divisiones derecha-izquierda centradas en discursos abstractos, que ya no sirven para resolver los actuales problemas sociales . Lo cual, no significa un abandono de los valores, sino por el contrario, refuerza aún más la necesidad de reivindicar la vocación de servicio que todo personero público debiera tener. He ahí, también, un capital social sumamente fecundo que debiera potenciarse y fortalecerse, para reivindicar la política como un espacio de debate y propuesta legislativa de la ciudadanía a los poderes del Estado, consolidando la democracia.

Por lo tanto, para el cambio de escenario desde el punto de vista político, resulta determinante la relación entre capital social y democracia. Lamentablemente, el sistema político-partidista chileno, no se encuentra en su mejor pié respecto de las confianzas de la gente. En este sentido, los medios de comunicación y la Iglesia Católica, aparecen mejor evaluados en las distintas encuestas de opinión, que El Parlamento. Considerando esta situación, es de suma urgencia que los partidos políticos lleven a cabo una tarea de redefinición de su ‘filosofía política’, en el sentido de ir poniendo en un primer plano los temas realmente importantes de solucionar, centrando la discusión en lo que el país necesita, para ir logrando un desarrollo económico social y cultural centrado en las personas, que permita un verdadero crecimiento con equidad para nuestro país.

Cabe aludir a los variados problemas de corrupción política que se han dejado ver en el último año. Sin embargo, es importante señalar que, aún en nuestro país los problemas de corrupción se denuncian y se ejerce justicia sobre ellos. Este accionar, es sano y bien mirado desde el exterior, especialmente desde los países desarrollados, quienes realizan análisis en base a índices económico-sociales de los distintos países, situando a Chile en lugares destacados; además con quienes se ha gestionado exitosamente, acuerdos de índole económica. Consideremos que en Colombia, Perú o Venezuela, por citar algunos ejemplos, la corrupción política ha pasado a formar parte de la cotidianeidad y ya ni siquiera se denuncian.

Consolidar la democratización de nuestras instituciones, logrando un crecimiento sustentable social y culturalmente, es tarea de todos, tanto de la sociedad civil en su conjunto, como de sus gobernantes. En este sentido, potenciar el capital social incentivando a la integración y activa participación ciudadana en las distintas organizaciones sociales y comunitarias, permitiría ir fortaleciendo una red multicultural y propositiva de alternativas económicas, políticas y sociales al sistema de libre mercado, para el cual, es mejor una sociedad desarticulada, que permite el consumismo a ultranzas. Además, el logro de una democracia de calidad, con énfasis en el desarrollo humano, va a permitir mayor igualdad tanto económica como social y cultural, participación y equidad para todos.

CONCLUSIONES

En nuestro país ha habido un avance significativo en materia de desarrollo económico pero también, en los temas sociales y culturales. Los índices macroeconómicos así lo señalan. Sin embargo, la apuesta por un nuevo progreso centrado en la persona humana, no es tarea fácil de llevar a cabo, especialmente cuando para lograrlo apelamos a la capacidad reflexiva de las personas.

Esta debiera permitir, llevar a cabo un proceso de toma de conciencia de la responsabilidad social que tenemos todos y cada uno, en la construcción de un país participativo, solidario, sin pobreza, es decir, un país que acoja realmente a sus ciudadanos y ofrezca oportunidades reales de desarrollo económico, personal y social, para todos. Pero también es importante, que exista una "voluntad política" de parte de los partidos políticos y del gobierno, que permita consolidar la democratización de nuestras instituciones.

Por lo tanto, potenciar el capital social existente en nuestra sociedad, es también una apuesta como país. La cual, en términos concretos debiera manifestarse en elevar propuestas de desarrollo social, cultural y económico, desde la sociedad civil, que nos permitan insertarnos armónicamente en el mundo globalizado, pero sin dejar de lado nuestras propias reivindicaciones culturales y sociales, para avanzar hacia una sociedad moderna. En este contexto, ya existe un nivel importante de trabajo social, en diversos ámbitos, a través de los fondos del gobierno, licitados especialmente por las Organizaciones No Gubernamentales. Sin embargo, en Chile, no se ha desarrollado el potencial de las personas en términos de estimular el trabajo voluntario, que en otros países, como EE.UU por ejemplo, es bastante importante para el fortalecimiento de los valores de solidaridad, estrechar los lazos de confianza e incentivar la participación e integración social.

En la práctica, el gobierno a través de la Secretaría General de Gobierno, ha creado este año, el "Programa de Fomento al Voluntariado", con el propósito de ir potenciando esa capacidad reflexiva en las personas, que permita valorar el trabajo voluntario en beneficio de los sectores más desposeídos. Muchos profesionales y técnicos pueden entregar sus conocimientos en los quehaceres más variados hacia quienes, más que ayuda material, necesitan otras herramientas basadas en estos conocimientos como estímulo al desarrollo de sus capacidades emprendedoras. Elevar la calidad de vida de toda la población, potenciando su capital social, va a facilitar el camino hacia un crecimiento sustentable, con base en la persona humana, que nos lleve a insertarnos en un mundo globalizado, culturalmente diverso y cosmopolita.

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EDITH REBOLLEDO MOLLER

Socióloga.

UNIVERSIDAD DE CHILE

Facultad de Ciencias Sociales - Escuela de Postgrado

Departamento de Sociología


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