El conocimiento, a través de la ascesis poética

Enviado por ocalo

"Así, con respecto al uso de las palabras y las afirmaciones la

poesía y la ciencia se mueven en direcciones diferentes y casi

opuestas. Pero no apuntan en mi opinión, a fines opuestos."

MIROSLAV HOLUB

Resúmen

La poesía entendida como un método para el conocimiento de la realidad es el tema de este trabajo, que plantea la búsqueda del mismo diferenciándolo del método científico, pero utilizando las mismas teorías científicas para explicarlo

El proceso de esta búsqueda se explica apelando a las teorías psicológicas en la que los mecanismos del inconsciente son los que operan predominantemente y a la metafísica para la identificación del sentido final de tal búsqueda apoyada en una actividad "ociosa" opuesta al "neg-ocio".

Palabras clave: poesía, poeta, conocimiento, filosofía, metafísica.

INTRODUCCIÓN

La compleja operación del conocimiento, acepta muchos caminos para su ascensión; sin embargo pareciera ser que el cartesianismo dominante en el pensamiento occidental en los últimos siglos, sólo permitiera reconocer como válido el proceso que deriva del paradigma positivista.

Contestes de que no es el único, y tanto en el pasado como actualmente, se puede reconocer la eficacia de otros métodos descartados como irracionales, enfocaremos nuestro análisis en el proceso de conocimiento artístico como el más contrastante con el científico positivista y tomaremos dentro de él como emblemático, el conocimiento a través de la poesía en tanto paradigma de la aventura de la creación (poiesis) y por consiguiente el nivel más profundamente humano del conocimiento. Sin creación no hay ciencia y menos tecnología; ahondar en este tipo de conocimiento, por lo tanto, puede ser valioso no sólo para el artista sino también para el cientista y el tecnólogo; tal vez estos campos que divergieron por un proceso histórico, estén llegando al tiempo de que confluyan para una visión integral de la realidad.

No es casualidad que la separación de sujeto y objeto haya sido puesta en tela de juicio al comenzar el siglo, si analizamos el desarrollo de los paradigmas científicos. Aceptar las paradojas del conocimiento es también aceptar al hombre como un ser paradójico. El poeta es el arquetipo de este modo de ser paradójico: si el científico tiene en las palabras un instrumento de comunicación y pensamiento, en el poeta el instrumento es además objeto del conocimiento, y cuando como sujeto del conocimiento vuelve la mirada hacia su mismidad, es además objeto de ese mismo conocimiento. Vemos entonces, que la dilución de sujeto y objeto que se plantea a partir de la teoría de los quanta en las ciencias naturales, y con mayor énfasis, por su propia problemática, en las ciencias sociales, para la poesía nunca fue desconocida ni negada en función de un pretendido objetivismo, porque fue una realidad permanente de su práctica, que quiere llegar al Ser partiendo del ser mismo.

Entrar en el campo de lo filosófico para desentrañar la esencia de este proceso será entonces imprescindible, a partir de este último reconocimiento, propio de la condición humana del aprendizaje intelectual y aceptando la inteligencia como una potencia del espíritu del hombre que lo lleva no sólo más allá de la organización significativa de lo que aprehende, sino que supera el tercer nivel del proceso cognoscitivo, en el que los contenidos que "hasta ahora eran de carácter sensible pasan a ser efectivamente inteligibles, de la materialidad del fantasma se avanza a la espiritualidad de la idea" (Donadio, Elsa Y.-1.996). Con la inteligencia, el hombre reconoce la realidad, pero para llegar a la verdad debe trascenderla y es ahí donde vislumbramos su condición espiritual.

Así hemos tratado en el presente trabajo, de abrirnos camino en la comprensión de la poesía en tanto expresión original y prístina del hombre, y lo hemos hecho trazándonos un itinerario que más que sistemático, pretende ser una cartografía que nos guíe por la médula del análisis consciente. Para ello hemos dibujado un árbol, que basado en la oposición trivial de fondo y forma (o contenido y continente, o superestructura e infraestructura) abre la Poética en dos ramas: la Poesía como superestructura, y la Poemática como infraestructura, que a su vez plantean su correspondiente dicotomía en Procesos del Pensamiento (infraestructura) y Metafísica (superestructura) para la primera, mientras que para la segunda le corresponden la Retórica (infraestructura) y la Metáfora (superestructura).

Desde el punto de vista de la Semiótica podemos asimilar a la Poesía como el aspecto semántico, y a la Poemática como el aspecto sintáctico, de acuerdo a la taxa que estableció Morris en tres dimensiones, llamando dimensión semántica "a la relación de los signos con los objetos a que los signos son aplicados"; dimensión sintáctica a la "relación formal de los signos entre sí"; y dimensión pragmática a "la relación de los signos con los intérpretes". Ésta última dimensión está presente en ambas diadas de nuestro esquema:

EL MAPA DEL SALVAJE

(Infraestructura de la Poesía)

I

Cuando decimos que la creación poética es un proceso en el que el inconsciente tiene un rol fundamental, en función de esta característica relacionamos a la poesía con los mitos y los sueños.

Las operaciones del inconsciente correspondientes al proceso primario se expresan en el idioma metafórico de los sueños. Los símbolos son el lenguaje tanto de los sueños como de los mitos (Fromm, E.- 1.972), por lo que por una simple operación entimemática podemos afirmar que el poeta crea en ensoñación, y también que los mitos son las ensoñaciones del pueblo, con lo que el mito es a la cultura, lo que la poesía es al individuo.

En la creación literaria se privilegió alternativamente el aspecto intelectual (consciente) o el aspecto intuitivo (inconsciente). Así por ejemplo, en reacción al racionalismo se genera el romanticismo; contra el Parnaso surgen los simbolistas, etc.. En los últimos años, la Teoría de Sistemas, la Informática, la Ecología, como paradigmas emergentes, aportaron sus enfoques singulares en todos los campos del conocimiento, y ello nos obliga a replantear algunos enfoques parciales en todos los análisis de la actividad artística. Pensar la creación poética como un proceso integral del cerebro, obliga a ponderar con justicia los distintos niveles de operación mental. Para Bateson (1.969), la integración se manifiesta en la gracia, la que es buscada por el hombre a través del arte. La integración de los circuitos cerebrales, se produce en la creación poética cuando el poeta organiza retóricamente por un proceso secundario (consciente) el lenguaje simbólico propio de la metáfora, que surge de un proceso primario (inconsciente).

Paul Válery, sin intentar construir una poética, afirmaba en su método la necesidad de superar la arbitraria oposición entre fondo y forma, aunque privilegiando esta última decía: "...Pero para transmitir aquello que reclama ser transmitido y quiere desligarse de ese caos (fondo - inconsciente) es preciso que todos esos elementos tan heterogéneos sean representados en el sistema unificado del lenguaje ...".

Nuestra cultura privilegia la razón, como consecuencia de cierta predominancia del pensamiento científico positivista, por lo que la comprensión del modo de operar del inconsciente resulta dificultoso culturalmente, cuando no deviene en sospechoso, porque su lógica es la de los símbolos y no la de los conceptos, y todo símbolo es ambiguo e indeterminado; pero los dos niveles de operaciones mentales tienen sus algoritmos correspondientes y sus circuitos respectivos sin estar aislados: la creación poética sería justamente un mensaje de la interface entre el yo y el ello.

II

La carga elevada que trae de los procesos primarios la creación poética nos obliga a internarnos en el análisis de sus operaciones buscando algunas analogías. Es así que hemos transitado "El pensamiento salvaje", la conocida obra de Lévi Strauss (1.964), y creemos descubrir algunas luces que nos permiten comprender para una mejor interpretación, el proceso del conocimiento de la realidad del poeta y su relación con ella.

La poesía es una forma de conocimiento. Una forma artística opuesta al conocimiento científico: "a) El espíritu científico excluye la contradicción; el otro la busca y vive de ella; b) El pensamiento occidental (racional) es consciente y reflexivo; el otro implica una lógica natural u original; "expresión directa de la estructura del espíritu". c) Las operaciones del espíritu salvaje (poético) le dan una coherencia interna y al mismo tiempo lo capacitan para una extensión indefinida ..." (Fleischmann-`1.969).

En la metáfora está presente la contradicción, la existencia simultánea de los opuestos de Heráclito, que en lugar de ser un obstáculo para la integración se pone a su servicio. Hay una sustitución ambigua de significados, que deviene de la lógica simbólica con que opera el inconsciente: "las figuras son el lenguaje de la pasión" según Lamy (citado por Barthes, R.-1.974), de tal manera que la "exclamación" se corresponde con la afasia emotiva; la "elipsis" a la censura de lo incómodo para los sentimientos, por ejemplo. "A partir de esto comprendemos mejor como lo figurado puede ser un leguaje a la vez natural y segundo; es natural porque las pasiones están en la naturaleza; es secundario porque la moral exige que estas mismas pasiones, aunque "naturales", sean distanciadas, ubicadas en la región de la Culpa" (Barthes, R.-1974); concepción sicologista discutible que tiene que ver con el punto de vista freudiano que explica que el inconsciente es el depósito de esqueletos del individuo, alacena a donde van reprimidos los recuerdos aterradores.

III

Cuando decimos que la poesía es un camino alternativo para el conocimiento, tenemos presente que lo es por una ruta distinta a la del logo (la búsqueda del conocimiento por la articulación de los circuitos de la consciencia), que es precisa, niega la dualidad y la contradicción: es el ser o el no ser. El conocimiento por la poesía es dialéctico, porque vía del inconsciente acciona con la metáfora que es expansiva y atrás de su significado latente, esconde otro/s que debe develarse; su extensión es indefinida.

Cuando establecemos la analogía con el mito, es porque el mito también es producto del "inconsciente colectivo", caracterizado por Jung; "ese fondo común, esa Gran Memoria, de la cual participan los hombres de todas las razas y creencias y en las que están "alojados" arquetipos que, si bien se manifiestan en distintas actividades del hombre a través de una gran variedad de tendencias y modos de conducta, o por la producción de una gran variedad de símbolos, no pierden un contenido que se mantiene idéntico y constante y que se reitera ineluctablemente" (Parfeniuk, A.-1.982).

El espíritu salvaje construye sus mitos a través de analogías que asocian, no las semejanzas sino las diferencias elaborando un cuadro que sobre pares de oposición descubre simetrías armoniosas en una aparente asimetría (Fleischmann, E.-1.969). Es razonable que así suceda en tanto ese mecanismo procede de un lenguaje simbólico en el que la dialéctica de la metáfora impera.Si así es la forma en que el inconsciente colectivo construye sus mitos, podemos excogitar que también es la forma en que la poesía se escribe y el poeta conoce.

El itinerario de este conocimiento se recorre desde el ello al yo. La alegoría en cambio va de lo consciente a lo inconsciente invirtiendo el recorrido de los niveles cerebrales. "Hemos tenido que esperar hasta mediados del siglo actual para que estos caminos, durante tanto tiempo separados se cruzasen: el que llega al mundo físico por el rodeo de la comunicación, y aquél del que sabemos, desde hace poco, que, por el rodeo de la física, llega al mundo de la comunicación. El sistema entero del conocimiento humano cobra, así, el carácter de un sistema cerrado." (Lévi-Strauss, C.-1.964).

IV

Todo conocimiento tiene como fin último la búsqueda de la verdad. La poesía deviene entonces en una metodología para esa búsqueda en la que existe un mapa (los circuitos del inconsciente), pero que no son legibles textualmente por su propietario, el poeta, porque no es accesible al conocimiento lógico o a la lógica de la consciencia, en tanto el código es el de los símbolos; el proceso primario carece de "negaciones de tiempo gramatical, de cualquier signo que permita identificar los modos gramaticales, y como productor de metáforas" (Bateson, G.-1.969). Paradójicamente todo conocimiento una vez aprehendido se almacena por una elemental razón de economía del consciente, en el inconsciente, transformándose en hábitos; claro que en este nivel se depositan generalidades de relación cuya verdad no puede ponerse en duda. El poeta sabe que sabe, pero no cuánto sabe.

Éstos son los misterios de la creación si queremos explicarla en términos de cibernética de la fisiología del cerebro. Los resultados "maravillosos" de la creación poética son un caso singular del misterio que rodea la mayor parte de nuestros actos, de los que somos conscientes. La mente cambia constantemente su estructuración conforme a los in-puts que recibe. En la inspiración todos los circuitos se estructuran de pronto, luego de muchos intentos infructuosos, produciendo una información compatible con esos in-puts. Estos resultados están condicionados por la experiencia presente y pasada. El poeta por su lenguaje simbólico se parece a un niño, pero es fundamental su experiencia vital en la creación. Debe ser un niño con la experiencia de un viejo (Newman, A.D.-1.966).

Para conocer es necesario relacionarse con la naturaleza, y esa relación (al decir de Lévi-Strauss) está mediatizada por una rejilla, que es su espíritu, que construye una cosmovisión (cultura) en la que la lógica está regida por las oposiciones. El sistema simbólico es así un sistema intermedio entre el dato bruto de la percepción sensorial y las categorías del pensamiento científico (occidental), que constituyen nuestra cultura actual (Tullio Altan,C.-1.966), configurando una especie de "universal fantástica".

El hombre moderno ha construido una cultura apoyada en el ego, antropocéntrica, con total preeminencia de la razón, de lo inteligible, de lo consciente, aunque vale señalar la anticipación de Marshall Mac Luhan, acerca de que estamos asistiendo a una vuelta de lo sensible. Se impuso así una metafísica que pretendió la univocidad de sus afirmaciones, ante la cual se levantó siempre el lenguaje poético, esencial y positivamente ambiguo.

V

Todo lo expresado hasta aquí pone el acento en la importancia del inconsciente en el proceso creativo, que es el modo de conocimiento de la poesía; pero la decisión para el abordaje de esta nave sin timón es un acto volitivo, y por lo tanto propio de la conciencia que ejerce la libertad de la elección a través de la voluntad personal. Además de la función de entender, la consciencia desempeña la función de querer, y si en la del entendimiento queda desnuda la condición humana sublime, es en el deseo de penetrar el objeto, abismándose en su esencia, que se pone en evidencia patéticamente la miseria de la condición humana misma porque perdido en este acto volitivo de ir más allá de la aprehensión, comprende que siempre queda algo más por conocer de lo que quiere conocer. El poeta conoce porque entiende, pero también porque quiere conocer; en el aprendizaje el primer motor que debe arrancar es el de la voluntad de aprender, que deviene del querer conocer (pura consciencia)en donde se manifiesta con toda su plenitud el yo, porque es un movimiento que está accionado por el amor, que nos mueve hacia algo que representa un bien y con lo que ansiamos comunicarnos y comprenderlo por este acto de aproximación primero, y de penetración luego, sostenido por la atención, fuerza que es propia de la actividad amorosa.

Pero "el yo es un ser mixto, que bien podemos identificar con la conciencia, pero a condición de no considerarlo en su contenido realizado sino en el acto por el cual se realiza y que hunde siempre sus raíces en una masa de inconsciencia que lo sostiene y a la cual siempre está en peligro de volver a caer" (Lavelle, L.-1.977).

Esta activa dinámica que pone en acción los niveles conscientes (en la voluntad) e inconscientes (en la creación) y luego otra vez conscientes (en la comunicación), es la que nos hace caracterizar al conocimiento por la poesía como un conocimiento integral, porque es el espíritu del hombre el que penetra con su mirada las cosas que le son iluminadas de esta manera. No decimos que un modo anule al otro, simplemente remarcamos la prevalencia que adquieren los distintos niveles en los distintos momentos del proceso.

Este conocimiento finalmente se expresa sistemáticamente en el poema, donde adquiere coherencia para poder comunicarse correspondiendo ya este problema a la Poemática, que es la segunda nota distintiva de nuestro árbol.

LA CASA DE LAS LUCES

(Superestructura de la Poesía)

"La palabra es la casa del ser"

Martín Heidegger

I

La asunción de una posición existencial en la poesía está relacionado con la búsqueda del ser a través de la experiencia poética: es una actitud ociosa, en tanto no tiene una finalidad útil; en todo caso el producto no será un "bien útil" sino un "bien común" con pertenencia a una determinada cultura, en un determinado momento histórico. Notemos que ocio en griego es "skolé", de donde deriva "escuela", nos referimos por lo tanto al ocio como una actividad destinada al conocimiento. Tal vez quede más explícito diciendo que su antítesis tiene la raíz de la negación; lo contrario del "ocio" es el "neg-ocio", que es también lo opuesto a escuela ("skolé). La sicología freudiana explica que en el artista prevalece el "principio del placer" sobre el "principio de realidad"; es el goce automático que proporciona la actividad creativa (lúdica) al ponerse en marcha y que domina la tendencia del ser socializado a someter esa tarea del inconsciente a los códigos del trabajo socialmente útil.

¿Y, qué es lo que quiere conocer el poeta?. Por un lado podemos decir en el sentido de la antigua retórica, que la poesía es una "sicagogia", una vía para el conocimiento del mismo sujeto, es una auto-gnosis del mismo poeta. Pero, además la realidad exterior debe ser conocida y aprehendida en el camino óntico, y si acordamos con Aristóteles vamos a aceptar dos actitudes en la búsqueda del ser: la del que especula con la filosofía y la del que piensa con poesía.

El filósofo está en contemplacióny se entusiasmaen meditación ontológica; es una actitud lógica racional. El poeta en cambio, está en soledad admirandola realidad, es decir, maravillándose como un niño que descubre el mundo. Cuando la duda paraliza al filósofo cae en la perplejidad, no sabe qué hacer. El poeta se asombra, más que la duda lo paraliza el pavor por lo que no comprende.

A la actitud racional del filósofo le corresponde al poeta una actitud intuitiva; por eso el filósofo usa el predicado, y el poeta conjura con el nombre (el sujeto); el asombrado tiembla de espanto por eso debe conjurar. El filósofo explica, el poeta pregunta nombrando las cosas.

Dice Susan Lange: "Lo que el poeta crea con palabras es una "apariencia" de acontecimientos, personas, reacciones emocionales, experiencias, lugares y condiciones de vida; estos elementos integran lo que Cecil Day Lewis ha denominado "la imagen poética". Un poema es precisamente en su sentido de la palabra una imagen" (Lange, S.-1.966). Si la apariencia se construye con palabras y el poeta conjura de hecho con palabras, el poeta es un mago que cumple con un rito convocando a las palabras para poder celebrar el acceso lento y penoso a la esencia de las cosas por el camino del conocimiento poético.

II

El poeta llega a una casa en completa oscuridad; está solo y tiembla de miedo. Va tanteando, tropezando con las cosas torpemente. Al ver las cosas desdibujadas por la oscuridad se asombra, tiene pavor por lo que no sabe qué es y recurre a la magia conjurando, es decir nombrando, buscando la palabra exacta que lo conduzca al ser. El miedo apura su oficio de mago y nombrando sabe que llegará la luz que devele el misterio que lo rodea. La develación es lenta y llega con la luz de las antorchas (la iluminación), es heredero de Prometeo: para iluminarse debió primero conseguir el fuego que es la palabra. Con la luz ya re-conoce la realidad y la ad-mira. Es la sensación de la maravilla que le permite acceder a la verdad, el conjuro tuvo efecto y la apariencia de las cosas ha cedido paso a su esencia; ve las cosas como son. Ha llegado al ser que es su ser también.

Con la luz del día el poeta comprende y se integra a lo que comprende para aprehenderlo conociéndolo en esencia. Pero luego del día vendrá de nuevo la noche y como Sísifo, la piedra que deberá remontar será su asombro en medio de la oscuridad pavorosa.

La verdad es como un develamiento (alézeia), como un descubrimientode lo que está velado (por la oscuridad), como una actividad propiamente humana: "... la verdad se reduce a la subjetividad del sujeto humano. Aunque este sujeto alcanzara una objetividad, ésta seguiría siendo humana junto con la subjetividad, y a disposición del hombre (...). La verdad no es una nota de la proposición adecuada, que "vale" en alguna parte (no se sabe en qué ámbito); la verdad es el develamiento del ente por el cual cobra presencia una apertura." (Heidegger, M.-1.968).

Actitud humanista esencial, como la vocación helénica del "holón" (totalidad), "que se hacía presente en el marco de lo que los griegos llamaron "theoría", a partir del temple del asombro, de la admiración (...) acto propiamente humano a través del cual era posible dirigir la inteligencia hacia el holón, (y) constituía la existencia theorética indisoluble mente unida a la existencia "éthica" (...)" (Padrón, H.-1.990).

Con el develamiento llega la admiración y con ella el entusiasmo por las cosas descubiertas. Con entusiasmo se celebra; se pasa del conjuro a al celebración. La palabra más que para convocar se utiliza ahora para festejar, porque el entusiasmo trae alegría. La luz que aproxima a la verdad, puede llegar entonces a deslumbrar; se enceguece el sujeto y vuelve entonces la mirada hacia su propio interior, donde puede llegar a asombrarse nuevamente.

La comprensión global de la realidad es conocimiento propio de la poesía, y su integralidad no puede ser disputada por ningún otro método. Hasta las realidades más duras pueden ser fisuradas por la fuerza de la palabra poética, y por esa fisura el poeta espía, mete su cabeza de fisgón y luego entra y ya es parte de lo que quiso conocer.

IV

El método poético pertenecería así a la categoría de lo que los epistemólogos denominan "pensamiento débil", que plantea más que respuestas, preguntas, sin configurar verdades que expliquen en forma definitiva el mundo, el universo, lo que le correspondería más bien a "pensamientos fuertes", que exigen la omnicomprensión de la realidad a partir de las verdades reconocidas racionalmente, y que son explicativas. El poeta busca en la integración con el mundo que quiere conocer, sintiéndose parte de él, la esencia de las cosas que ha tanteado en la oscuridad, y sabe que lo develado es una verdad que lo conducirá a nuevas preguntas, porque el camino del Ser es infinito y lo acepta religiosamente.

Su soledad no está contrapuesta a su integración a la totalidad ("holón") porque la soledad no es necesariamente la aislación del anacoreta, y no hay integración en la misantropía. Dice Barcia: "Hay quien cree que solo, solus en latín, viene del griego hôlos que quiere decir cosa entera, un todo es un conjunto, como nos lo prueba la expresión latina in solidum, que nace de este origen, y que significa por entero solidariamente; es decir, de una manera idéntica, porque no puede haber nada tan entero como la identidad. (...) De modo que si la etimología en cuestión es verdadera, la palabra hôlos nos revela una profunda y admirable sabiduría. El pueblo que comprende ideas tan altas es, en verdad una generación eminentemente filosófica" (Barcia, R.-1.967).

En soledad, pero solidariamente con su gente y en identidad con su medio. Ése es el camino que debe elegir el poeta para conocer, conociéndose a sí mismo, sin dejar nunca de preguntar, de poner el dedo en la llaga, porque siente que cada respuesta sólo conduce a más preguntas, y su misión es nombrar preguntando, siempre preguntando.

En medio de tanto pensamiento "light", en la desesperación por dar respuestas a un hombre apabullado por la misma liviandad de su modo de vida asentado en el consumo que otorga poder y prestigio y solamente deja tiempo para filosofías livianas que se pueden consumir como terapias de clase media, leídas de apuro en el viaje de vuelta del trabajo, la poesía sigue siendo un camino estrecho, desparejo, difícil pero la respuesta más profunda, vital e íntegra que la mente del hombre puede concebir para encontrarse a sí mismo, con un humanismo denso como su propia humanidad.

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EL AUTOR

Víctor O. García (n. 1953) es arquitecto por la Universidad Nacional de Córdoba, Profesor Universitario en Arquitectura por la Universidad Católica de Salta, y doctorando en Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Tucumán.

Actualmente es Vice director en una escuela técnica, y profesor en dos I.F.Ds. de la provincia de Jujuy, y en la Universidad Católica de Salta.

Es poeta.

email: ocalo[arroba]satnetsa.com.ar

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