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La globalización ¿Realmente mala?, ¿Realmente buena?

Enviado por sebrojas14



En el presente texto expondré un juicio de valor sobre la globalización, para lo cual, en primer lugar, intentaré definirla, y así, sabiendo lo que abarca, analizaré los problemas de cada uno de los frentes para, posteriormente, plantear y mostrar posibles soluciones.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI) "La globalización es una interdependencia económica creciente del conjunto de países del mundo, provocada por el aumento del volumen y la variedad de las transacciones transfronterizas de bienes y servicios, así como de los flujos internacionales de capitales, al tiempo que la difusión acelerada y generalizada de tecnología".

La Real Academia de las Lengua define globalización como "la tendencia de los mercados y las empresas a extenderse alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales".

Para Miren Etxezarreta, la globalización "no es mas que el nombre que se le da a la etapa actual del capitalismo".

Algunos definen la globalización como un proceso del neoliberalismo: "La globalización neoliberal es bien sencilla de aplicar: liberalizar el comercio y los flujos de capitales, de tal manera que se pueda comerciar con ellos sin ningún control, en todo el mundo, que nadie pueda ponerles condiciones; privatizar porque afirman decididos - claro que sin ninguna prueba - que todo lo público es poco eficiente, flexibilizar el mercado de trabajo - es decir convertir a los trabajadores en un coste variable pudiendo contratarlos a los salarios que a la empresa le parezcan adecuados y despedirlos cuando les convenga -; y finalmente, desregular, es decir, eliminar todas las regulaciones públicas de la vida económica y social para que ellos puedan establecer sus propias reglas."

"La globalización es la expresión de la expansión de las fuerzas del mercado, espacialmente a nivel mundial y profundizando en el dominio de la mercancía, operando sin los obstáculos que supone la intervención pública".

¿Cuál de estas definiciones es más válida? Asombrosamente, tratándose de un término de uso tan extendido actualmente, al parecer no existe una definición clara y ampliamente aceptada. Es difícil decirlo, más aún cuando, como dice Miren Etxezarreta, la globalización es una etapa actual del capitalismo. Sin duda, definiciones como la propuesta por la Real Academia de la Lengua son de carácter muy general y ocasiones limitadas. No se puede negar que uno de los campos principales del proceso de globalización es la economía, en lo que se refiere a la expansión o transnacionalización de las empresas, además de la facilidad para mover capitales por todo el mundo y para la gente que los posee; pero también es difícil hablar de globalización sin tener en cuenta otros campos de acción, como lo son la cultura, la política, la movilidad de personas, mensajes, servicios e ideas. Además, es evidente que se nos presenta una economía mundial con una serie de nuevas características, pero siempre debemos estudiarla dentro del contexto del capitalismo.

Es importante señalar que dentro de esta economía capitalista mundial los principales actores son unos pocos: EE.UU., con el apoyo de organizaciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), y los países europeos, más específicamente los países pertenecientes al G-8. Algo sorprendente es que a pesar de que Estados Unidos es el mayor actor en la economía actual, sostiene una política proteccionista que al parecer no encaja dentro del proceso globalizador. La globalización financiera ha creado su propio estado. Un Estado supranacional, que dispone de sus aparatos y de sus propios medios de acción. Se trata de las organizaciones como el FMI, el BM, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la OMC. Estas instituciones hablan con una sola voz para exaltar las virtudes del mercado. El Estado supranacional es un estado sin sociedad, en tanto dirige los mercados financieros y las grandes empresas. La consolidación de este Estado, que es mundial, hace que la sociedad existente sea una sociedad sin poder real. "La OMC se ha transformado desde 1995 en una institución dotada de poderes supranacionales y situada fuera de cualquier control por parte de las democracias parlamentarias. Una vez que se propone intervenir, la OMC puede declarar a las legislaciones nacionales en materia de derecho laboral, de medio ambiente o de salud contrarias a la libertad de comercio y pedir su derogación".

La actuación de estos organismos se decide tras un proceso de votación, el poder de voto que un país posee es definido en función directa a los aportes económicos que éste hace al FMI. Los aportes de fondos de EE.UU. son tales que le permite controlar la mayoría de votos, siendo así de carácter decisorio su voto. Un caso de políticas que los "gobernantes supranacionales" imponen al mundo son las de ajuste, abaratando los costos de la fuerza de trabajo, para así abaratar el costo de la producción, pero "siempre detrás de estos proyectos está el interés de la economía estadounidense, lo que cuestiona el modo de funcionamiento democrático de estos organismos".

Gonzalo Anes, director de la Real Academia de la Historia, defiende la globalización económica diciendo que las personas que critican el funcionamiento multinacional de las empresas, piensan que el éxito económico que tienen se funda en la explotación de las poblaciones de los países en donde actúan, pero no suelen tener en cuenta la relación existente entre los beneficios y las economías de producción a gran escala, por disponer de mercados amplios que aseguren la demanda necesaria, ni en la que contribución al desarrollo económico general. Pero entonces, ¿mejora la economía si las poblaciones de los países en los que actúan las multinacionales son explotadas?, ¿es más importante el aumento de la producción que mejorar las condiciones de vida de las personas a nivel mundial?, ¿el bien de la economía es el bien de los dueños de los medios de producción o el de los que son ajenos a estos? Las respuesta a las anteriores preguntas no pueden ser afirmativas, ya que ni siquiera es bueno para el propio capitalismo, pues al empeorar las condiciones de vida de las poblaciones para cubrir la demanda, dicha demanda tiende a bajar en la misma proporción, porque se está disminuyendo la capacidad de compra de los consumidores. A las desmejoras salariales se le debe sumar la alta probabilidad de perder el empleo, en tanto las empresas multinacionales buscan instalar sus centros de producción en lugares que les permitan bajar los costos de esta y de la distribución de la mercancía, por lo que si en otro país las condiciones son más favorables para tales empresas, no tienen ningún impedimento para irse a donde más les convenga.

Esto arrastra otro problema. Los Estados nacionales, con el fin de alentar la economía local, se dejan imponer condiciones de las multinacionales y las organizaciones supraestatales, con el fin de evitar la partida de las empresas, haciendo así más miserable a la población, abaratando los costos laborales (como por ejemplo estancando el salario mínimo). Este problema se acentúa más en los países en los que la dependencia del capital exterior es mayor. Las presiones de las organizaciones suupraestatales nombradas tienen otros efectos. La privatización de actividades económicas, como servicios de educación, vivienda, sanidad, etc., no se lleva a cabo sin un proceso de reestructuración de la empresa que supone reducción del número de empleados, con consecuencias muy visibles en la tasa de desempleo. La apertura, otra política de las mencionadas, pretende que los movimientos de capital se hagan sin ningún tipo de trabas, pero si bien es así, esta apertura es muy relativa, porque los flujos de mercancías y especialmente el de los trabajadores no se corresponden con este modelo. Los países líderes, se siguen reservando gran parte de sus espacios nacionales de ganancia, con la existencia de elementos proteccionistas (especialmente EE.UU. y Japón, precisamente aquellos países que más proclaman la apertura económica como fuente de eficiencia).

Uno de los posibles acontecimientos dentro del proceso de la globalización, que ya se está dando, es que cada país deba especializarse en aquellos productos en los que es más eficiente, para así poder acudir al mercado internacional con productos que sean competitivos. Pero esta integración al mercado mundial es, para los países subdesarrollados, subordinada: "Cuando hemos dicho que estos nuevos países con menor grado de desarrollo se integran de manera subordinada, era porque dentro del sistema de producción internacional se les reserva el último peldaño. Además de servir como mercado de consumo de los productos industriales fabricados en el primer mundo, producen aquellas mercancías cuya elaboración requiere el factor trabajo de manera intensiva, que son los productos primarios (materias primas y productos agrarios). Esto significa un deterioro creciente de su relación real de intercambio: el precio de los bienes que ellos exportan es mucho menor que el de aquellos que importan de los países del Norte. La producción se organiza a nivel mundial, pero se hace de manera jerarquizada, reservando la producción de bienes con mayor complejidad internacional a aquellos países más desarrollados". Francisco J. Murillo se refiere a los países del Norte como los más desarrollados, lo que tiene su explicación desde tiempos atrás. En el caso de Suramérica, los problemas económicos y de desarrollo se vienen presentando desde hace siglos por causa de la colonización ibérica. Esto lo digo porque los españoles y portugueses llegaron a extraer recursos de América, convirtiendo a este territorio una extensión de sus propios países, no como en el caso de Inglaterra, que llegó a Norte América a hacer un nuevo país y una nueva nación. La tendencia en Suramérica siguió aún en las independencias de los varios países, ya que para la construcción de la nación los países tomaron modelos importados, como el de la república, en vez de a partir del mismo país, crear una nación original y adecuada. En África la cosa es aún peor, y en la actualidad las condiciones de estos países son dramáticas. En Norte América la creación de una nueva nación permitió un mayor desarrollo, lo que permitió actualmente el surgimiento de las grandes multinacionales.

Las empresas multinacionales, además de concentrar gran parte de la producción (40% del PIB mundial), monopolizan el comercio internacional de bienes y servicios, llegando a acaparar 2/3 del total del comercio transfronterizo. Aunque los niveles de comercio internacional son muy elevados realmente estos intercambios se producen mayoritariamente entre países desarrollados, dejando de lado a un gran número de países ("el 50% de las exportaciones mundiales se concentran en el grupo de siete países más industrializado, el G-7, conformado por EE.UU., Japón, Canadá, Gran Bretaña, Alemania, Francia e Italia").

Otro problema de la globalización surge con los tratados de libre comercio que están imponiendo las organizaciones supraestatales y potencias como EE.UU. En el continente americano, se están gestando algunos de estos tratados. El más reciente es el Tratado de Libre Comercio (TLC), para el cual se están llevando rondas de negociación. La actual ronda corresponde a los países de Colombia, Perú, Ecuador y EE.UU., presente en todas las rondas, con la observación de Bolivia. Este tratado parte de norte América (Estados Unidos, Canadá y México) al resto de América, y pretende crear una gran área de libre comercio con más de 400 millones de consumidores, guiado por los intereses norteamericanos. Muchos han denunciado irregularidades en la negociación, ya que parece un tratado impuesto por la potencia y no un tratado concertado. Para los países suramericanos es importante tener cuidado en las negociaciones, ya que podrían dejarlos en desventaja.

El 25 de agosto se publicó en un periódico colombiano un artículo sobre un examen de Bogotá al TLC, en el que, entre otras cosas, se plantea que una mala negociación podría aumentar descomunalmente (250%) el precio de los medicamentos y afectar el financiamiento de los hospitales públicos. Esto dijo Mario Andrés Urán, subsecretario de salud del distrito: "En las negociaciones del TLC se deben respetar los tratados internacionales del derecho a la salud, como la Declaración de Doha que fue enfática en plantear que la protección de la salud está por encima de todo acuerdo comercial". Esto lo sostenía Urán porque los medicamentos colombianos, de bajo precio y alta calidad, pueden verse amenazados si no se negocia el tema de la propiedad intelectual, que en el tratado plantea patentes de más 20 años para una marca, lo que trae consigo el aumento de los precios de los medicamentos y el mayor gasto de los consumidores. Esto pondría en riesgo el débil Sistema de Seguridad Social y otros programas de salud. Por esto la empresa farmacéutica colombiana debe ser protegida, o, como dice Urán, será arrasada. La forma de hacer esto es con un equilibrio en las negociaciones y un fortalecimiento anterior a las mismas, cosas que no se están viendo en las negociaciones del TLC. Este mismo equilibrio debe mantenerse en todas las negociaciones, al igual que la protección a la empresa local, pero además, para que el tratado sea más beneficioso que dañino, se debe fortalecer primero la industria nacional, para asegurar un nivel de competitividad.

Otro problema que veo en cuanto a la posibilidad de competir realmente en el espacio del libre comercio, a pesar que es sabido que los países norteamericanos necesitan a los del Sur, es que como pequeñas unidades con poco poder, los países suramericanos no pueden ser tan exigentes. La unión de estos países debe estar primero, tal vez con una total MERCOSUR o un bloque comercial suramericano, que permitiría tener una resonancia mayor a la hora de gobernar. De igual manera, la actitud de la clase política y empresarial a la hora de negociar no debe ser la de agachar la cabeza, sino la de darse cuenta de que estos países son útiles para Norteamérica, para poder establecer una equidad en las negociaciones.

Ya a nivel global, concuerdo con la conclusión de Gonzalo Anes: "Es deseable que, a la libre circulación de bienes y capitales, acompañe la libertad de movimientos de población con el fin de que las oportunidades de trabajo sean abiertas y mayores para todos, en los países más desarrollados, independientemente de la procedencia de quienes deseen trabajar. Los cambios culturales e institucionales que originará la mayor libertad harán más vivible el mundo venidero". Además, la participación democrática dentro del gobierno del comercio debe efectuarse, para evitar una sociedad sin poder y poder regular, a través de políticas sociales de cada gobierno, la extrema desigualdad social.

Muchos proponen poner un leve freno al andar del capitalismo, una de esas propuestas contiene tres frentes, que a continuación presento resumidamente:

  1. La supresión de los paraísos fiscales, en donde, según los defensores de esta propuesta, miles de millones de dólares son sustraídos de esta forma a toda fiscalidad en beneficio de los poderosos y de los establecimientos financieros
  2. y 3. Aumento de la fiscalidad en las rentas del capital; aplicación de tasas sobre las transacciones financieras. Consiste someter a las rentan financieras a la misma fiscalidad a la que se someten las rentas de trabajo. "¿Por qué no crear (a escala planetaria) la Organización No Gubernamental Acción por una Tasa Tobin de ayuda a los ciudadanos (ATTAC)?. En coordinación con sindicatos y asociaciones con finalidades culturales, sociales o ecológicas, podría funcionar como un formidable grupo de presión cívica ante los gobiernos para impulsarles a reclamar finalmente la puesta en marcha efectiva de este impuesto mundial por la solidaridad". "La tasa Tobin se trata de gravar, de forma módica, todas las transacciones sobre los mercados de cambios para estabilizarlos y al mismo tiempo para procurar ingresos a la comunidad internacional. Con un nivel del 0,1%, la tasa Tobin lograría anualmente unos 166 mil millones de dólares, dos veces más que la suma anual necesaria para erradicar la pobreza extremada de aquí al comienzo del próximo siglo".

Además de esto plantean la abolición de la deuda externa, la creación de un Fondo Mundial para la Educación, un Tribunal ecológico Internacional, aumentar la importancia de los derechos sociales para todos, y el paso de la ficción a la realidad del Tribunal penal Internacional. Esto último lo dicen porque "el TPI esta lejos todavía de ser universal. Sobre los 135 países que han firmado el tratado fundador - llamado el estatuto de Roma -, solo 76 lo han ratificado. Anclados sobre la defensa de la soberanía de los Estados, las grandes potencias rechazan el TPI; ya que esto es primero un hijo de Europa, y más todavía, de una sociedad civil internacional compuesta de ciertas ONG’s, que no han cesado en su batalla para hacer nacer este tribunal. Bajo la orden de la administración Bush, los Estados Unidos no solamente no se han adherido al tratado sino que se emplean en sabotear el TPI, Rusia y Pekín ya no son bienvenidos".

Ahora bien, después de haber expuesto algunos problemas y caminos posibles de disminución para estos, puedo decir que la globalización puede ser un mal camino si no sabemos recorrerlo. Y es que aunque los niveles de comercio internacional son muy elevados, realmente estos intercambios se producen mayoritariamente entre países desarrollados, dejando de lado a un gran número de países ("el 50% de las exportaciones mundiales se concentran en el grupo de siete países más industrializado, el G-7"). Esto se hace más evidente aún cuando miramos la concentración de la riqueza, porque un porcentaje minoritario de la población mundial (por debajo del 5%) concentra más de 1/5 del total de la riqueza mundial. El grupo de países de ingreso bajo con más de un 40% de la población posee apenas el 10% del total de riqueza. Y los datos me desalientan aún más: la fortuna de las tres personas más ricas del planeta supera en cantidad al PIB nacional de los 40 países más pobres. El 67% de la riqueza se concentra en los 10 países más ricos del mundo.

Hablando ahora a nivel nacional, el panorama es peor, ya que a pesar de que como vimos EE.UU. abarca la mayoría del comercio y concentra mucha riqueza, dentro de este las desigualdades son igual de extremas que a nivel global, el salario real de los trabajadores ha descendido en los últimos veinte años a la vez que el 1% de la población más rica incrementaba de manera considerable su riqueza. Por último debo señalar también que han aumentado las tasas de suicidio y homicidio. A nivel de los países subdesarrollados la cosa es igual de desalentadora, en países como Colombia el desempleo se acerca al 14% de la población. Y es peor aún, ya que a la hora de hablar del estado social, se debe tener en cuenta que los datos de empleo no incluyen a la población subempleada, y que además los que tienen empleo cada vez lo pierden con mayor facilidad.

Hay otra cosa que analizar con respecto a los problemas de la globalización netamente económica, y es las consecuencias en el medio ambiente. La producción en masa del capitalismo global a veces requiere de la destrucción del medio ambiente. Para evitar esto se pueden hacer resoluciones en pro de la protección del medio ambiente, es cierto, pero también es cierto que las empresas multinacionales (que son las que mayoritariamente afectan el medio ambiente con su producción en masa) se ubicarán en los lugares en los que las regulaciones medioambientales no sean un impedimento, o presionarán a los gobiernos, amenazando con desviar el capital a otro país en el que no hayan estos impedimentos, para que se relajen en el tema. Esto significaría una pérdida democrática, como la que ocurre al privatizar las empresas de servicios. A nivel global se han realizado cumbres para asegurar la sostenibilidad de la producción sin destruir el medio ambiente, como la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas, también conocida como la Cumbre de la Tierra, realizada en Rió de Janeiro, Brasil; igualmente muchos aseguran que estas cumbres han sido un fracaso, por que además de que muchos se han opuesto a las políticas de desarrollo sostenible, en países como Estados Unidos no han sido aplicadas, seguramente por presión del sector comercial, ya que el desarrollo sostenible significa sacrificios para estos. "El dinero se convierte en el elemento central de las relaciones sociales y en el mediador de las diferentes necesidades humanas. Se crea un modelo de felicidad basado en el consumo y en el que la libertad sólo se hace efectiva si poseo dinero. El consumismo se socializa. El capitalismo global se convierte así no sólo en un modo de producción económico, sino social". En este momento puedo coincidir con una conclusión de Francisco Javier Murillo, que me parece muy importante: "El actual capitalismo global se basa en el individualismo, otorgando la supremacía del interés individual sobre el colectivo. Debemos buscar un enfoque, cargado de más ética que predique una relación sana del hombre con su entorno, buscando el mantenimiento del equilibrio natural con la satisfacción de necesidades humanas. No podemos erigir al crecimiento económico como el objetivo primordial de nuestras sociedades, sino que éste debe ser el desarrollo
integral, sostenible y global de todos los habitantes del planeta". No es posible que en el mundo sea más importante la producción de aparatos electrónicos y el seguro estable de las multinacionales que la de los alimentos, las condiciones sociales y la salud de la sociedad y la de su ambiente.

La globalización del capitalismo y la eliminación de fronteras a las mercancías han traído y traerán, tanto males para la sociedad, como bienes para la misma, dependiendo de cómo se lleve. Pero también ha permitido una globalización que me parece importante, en el nivel de las ideas, mensajes y la cultura en general. (La globalización de la cultura no significa que una cultura se extienda y elimine el resto, sino que con las múltiples culturas nacionales se construya una cultura "del mundo", como al interior de un país se forma su cultura a partir de las distintas de su territorio).

Las culturas de cada sociedad tienen símbolos que la representan. A través de las técnicas y posibilidades que ha traído la globalización económica, estos símbolos y otros elementos de las culturas, como las ideas, han podido circular unas como mercancías y otras sin modificación. Algunas de estas tecnologías y técnicas son el transporte mundial de mercancías, los medios de comunicación y el Internet. En la actualidad es posible comerciar con todos los elementos de la cultura y poner en circulación, para que personas de todo el mundo conozcan ideas de las diversas culturas. Además se puede conocer de manera sencilla a personas de todo el mundo, sólo con un computador y una línea telefónica. Este "sólo" no es tan cierto, ya que tener un computador, una línea telefónica y además la plata que cuesta estar conectado a la Web, es algo que en la actualidad resulta poco accesible para la mayoría de la población. Esto significa que además de que sólo los dueños de los medios de producción pueden construir la sociedad financiera y económica, sólo unos pocos pueden acceder al intercambio de ideas y culturas (además porque no pueden obtener las mercancías de otras estas). Por eso son importantes los museos, bibliotecas con Internet, y otros mecanismos gubernamentales que permiten el acceso del común a la globalización cultural e idiomática. El gran problema es que en el Estado no nacional (FMI, BM, OMC, etc., el que gobierna las multinacionales, entre otras), la sociedad pierde poder, y se reduce la importancia de sus necesidades. Además, ¿de qué le sirve al FMI que los habitantes de un barrio popular accedan a la globalización? De nada, porque la riqueza esta, aunque mal distribuida. Pero si la riqueza igual está, entonces ¿no podría repartirse menos desigualmente?, lo que no significa que todos tengamos lo mismo, sino que todos podamos acceder, con posibilidades iguales, al mercado y a la globalización de la cultura. Por eso, aunque es importante la creación de un Estado mundial, los Estados nacionales no deben dejar de existir, ya que ellos son los que pueden regular y con políticas sociales hacer llegar las posibilidades a todos.

La globalización es un proceso, un proceso inconcluso, en el que se está creando una interdependencia económica por la expansión del capitalismo, y una circulación constante, en fronteras cada vez menos visibles, de mercancías, servicios, mensajes, ideas, personas (aunque con limitaciones incoherentes) y de cultura. Al ser un proceso inconcluso y tan variado es difícil hacer una valorización total, pero lo que sí puedo decir es que el momento por el que atravesamos presenta muchas dificultades, aunque si podemos y sabemos mantener el comercio sin descuidar lo social, sin imponer jerarquizaciones, permitiendo la competencia en igualdad de condiciones, en un futuro quizás no lejano, las cosas podrían mejorar. Sin duda, la sociedad y sus formas de organización regularán este proceso, pues al fin y al cabo sin capacidad de consumo el capitalismo resulta inviable. En tal sentido, considero que lo que se vive actualmente es sólo una etapa, que deberá ser evaluada.

Es importante tener en cuenta que los que criticamos la forma en que se está llevando la globalización no debemos ser asociados a movimientos "antiglobalización"; sino como personas que no queremos ver sucumbir nuestra sociedad por no reconocer las prioridades. Aunque planteamos problemas en este proceso de globalización, también planteamos posibles soluciones, pues reconocemos que dicho proceso es imparable en este momento.

Bibliografía:

  • Enciclopedia Microsoft Encarta 2003
  • Globalización: ¿una nueva organización económica?, Francisco Javier
  • Desarmar los mercados financieros, Ignacio Ramonet
  • La globalización, Gonzalo Anes, (Director de la Real Academia de Historia)
  • Distrito inicia examen al TLC, Periódico "El Tiempo", Bogotá
  • Miren Etxezarreta en el Seminario de Economía Crítica editado por Taifa en febrero de 2001
  • Página Web "Otro mundo es posible"
  • Informes del FMI
  • Informes del BM

 

 

Autor:

Sebastián Rojas

Bogotá, 27 de agosto de 2004


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