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La Telenovela: Arquetipos Dramáticos, publicidad y propaganda




Enviado por ibrahimguerra



    1. Televisión e
      inducción
    2. Origen literario y
      social
    3. Televisión y
      consumo
    4. Bibliografía

    I.-
    INTRODUCCIÓN.

    Compartir mayoritariamente una lengua, una
    religión y
    costumbres similares, provocó que los diferentes estados
    de esa extensa región llamada Latinoamérica, que comienza en la frontera
    meridional de los Estados Unidos, e
    incentivados, en parte, por la situación de dependencia
    económica en la que tradicionalmente se han encontrado,
    antes, por una razón, y durante y luego de sus procesos
    independentistas, por otras, los ha llevado a promover planes
    comunes de desarrollo
    comercial y cultural, que, de alguna manera, los equipara e
    iguala. Es en estos últimos procesos, donde, por la propia
    naturaleza de
    todos ellos, se nota mayor influencia de unos sobre los
    otros.

    Aun en el caso de Brasil,
    sustancialmente separado por cuestiones geográficas y
    lingüísticas, del resto del continente, algunos
    países, México y
    Argentina, principalmente, han logrado una alta
    penetración cultural más alta de sus propias
    fronteras. tradicionalmente motivada por su música y producción cinematográfica,
    acentuada en los últimos años por la
    producción y difusión de la
    televisión dramática realizada en esos
    países, acentuada en algunos otros como Colombia y
    Venezuela, a
    causa de algunos de los factores ya mencionados y de creciente
    industria
    televisiva, principalmente, en materia
    dramática, siendo la Telenovela su principal producto,
    considera, ya mundialmente como de exportación, y aunque tratada, muchas veces
    con los rigores básicos de la
    globalización, conservando, como la mexicana, muy
    acentuadas su significación y definición social,
    que incluye desde elementos de interés
    turístico, como otras de profunda raigambre cultural;
    incluidos acentos lingüísticos y modalidades de vida
    domestica de variada
    naturaleza.

    En otras palabras, se han logrado transmitir los lineamientos
    culturales motivados por circunstancias ya no solo similares de
    vida, sino, en muchos casos, comunes, tanto por la
    cercanía entre ellos, como por la difusión masiva
    de sus manifestaciones culturales producidas industrialmente, y
    proyectados a través de medios de
    comunicación masiva.

    Estos eran, hasta ya avanzada la segunda mitad del Siglo XX,
    los que facilitaban que los países del bloque obtuvieran
    información y recreación
    de toda índole. Fueron, entonces, las canciones,
    música y letras, y las historias dramáticas
    transmitidas, primero, a través de la radio y del
    cine, luego de
    la televisión, las que promovieron la
    idiosincrasia, los acentos particulares y las modalidades de vida
    de esos países.

    La literatura ya
    había logrado avances importantes y resonancia mundial,
    con escritores de prácticamente toda la América
    iberoparlante, que llegó a gozar de significación
    popular a partir de la década de los sesenta, cuando se
    manifestó con esplendor literario un grupo numeroso
    de narradores y poetas latinoamericanos. Antes de este boom
    literario
    , la población solo se conocía entre
    sí, desde perspectivas artísticas, a través
    de manifestaciones audiovisuales, principalmente, provenientes de
    México, Cuba y
    Argentina, en aquel entonces, países pioneros y
    abanderados en la producción musical y
    cinematográfica.

    En Cuba se produjo una extraordinaria hazaña
    mediática. Las corrientes literarias que se derivaban de
    la tradición histórica europea del melodrama, de la
    modalidad de divulgación por capítulos del
    folletín encartados y la de utilizar historias dialogadas
    creando puntos de comunión e identificación con los
    padecimientos de las clases mas desposeídas de la sociedad, se
    reformularon para crear una nueva opción de
    expresión dramática radiofónica que se
    sustentaba sobre valores
    propios de la sociedad caribeña, proveniente de los
    múltiples cruces raciales en los que ya la blancura de la
    piel no
    constituía la única condición para optar a
    los privilegios económicos y culturales instituidos desde
    la época de la colonización.

    Como ocurre en todos los procesos sociales de esta
    índole, los grupos,
    inicialmente minoritarios de opinión soterrada, que llegan
    a ejercer algún tipo de presión,
    cuando agotan las pocas posibilidades de resistencia que
    se les permite, se valen de los medios a su
    alcance para manifestar sus requerimientos de igualdad e
    identidad, o
    reclamar los derechos que saben les
    pertenece.

    Las dirigencias locales, bien por una posición genuina
    de compartir la denuncia, o porque esta denuncia pudiera tener
    algún tipo de resonancia o sintonía con la comunidad que
    dirigen, y, en consecuencia, por la posibilidad de hacer llegar
    también a esa masa otro tipo de mensajes, lejos de
    oponerse a la promoción de esas ideas que pudieran
    afectarlos, las sustentan y canalizan hacia su propio beneficio,
    que, como es frecuente, gira en torno a lo social
    y lo económico. No fueron extrañas en el continente
    americano, en toda su extensión, las historias de
    desposeídos, similares a las usadas por los
    románticos franceses del XVIII, cuando justificaban el
    nuevo Orden Social que instauraron los procesos revolucionarios
    de la época, en las que las figuras principales de las
    historias dramáticas eran los mismos a quienes pocos
    años antes se les negaba la entrada a las salas de
    representación.

    La publicidad, principalmente de jabones de tocador, cuyos
    productores extendieron sus miras financieras hacia los medios de
    comunicación, se encargó de diversificar la
    oferta,
    fuertemente enraizada en centros de consumo.
    Félix B. Caignet, con una clara visión de lo que
    podía constituir el hecho dramático radial y con
    una intención aglutinadora de todas las variables que
    podrían conformar un nuevo género de
    expresión, las presentó con un formato, que, mas
    allá de su novedad, conservaba la estructura
    básica implantada cuando, en época anteriores, un
    grupo de iletrados, analfabetas, se sentaban en torno a una
    persona, con
    dotes para la lectura, y,
    posiblemente, para la actuación, para que les leyera las
    historias en las que aparecían personajes por los que
    ellos sentían afinidad, y, sobre todo,
    identificación.

    Se crearon así, los primeros dramas previstos para ser
    transmitidos a través de la radio. Ya
    poseían los códigos y recursos
    estructurales, argumentales y dramáticos que aun en
    nuestros días definen y sustentan al género.

    Cuando Albertico Limonta, en "El derecho de nacer", blanco,
    criado por una mujer negra,
    logra establecer junto con el descubrimiento de su verdadero
    origen, el que los negros, en este caso, Mama Dolores, son aptos
    no solo para llevar los oficios domésticos en calidad de
    sirvientes, vestigio de lo que antiguamente representaba la
    esclavitud,
    también son aptos para albergar en su alma, que la
    tienen, ciertamente, sentimientos nobles y racionales, como todos
    los demás seres humanos.

    Esta proposición, que pareciera extraída de
    algún melodrama antiguo, deja en claro las exigencias de
    todos aquellos provenientes de los indetenibles cruces raciales,
    generados conjuntamente por los descendientes de los primeros
    negros que cruzaron el océano hacinados en goletas con los
    de la población nativa y la blanca colonizadora, mezclas de las
    que se derivaron descendencias legitimas, y, por lo tanto, con
    derechos legales, y de, en otros casos, ilegitimidades que, sin
    embargo, aunque cargando con una buena dosis de sangre blanca, no
    recibieron ninguno de los privilegios que poseían los que
    la tenían en su totalidad.

    Ahí empezó la historia de la telenovela en
    su primigenio origen radial. Los desposeídos determinaron
    una postura social en función no
    solo del rescate del honor del que le habían privado, sino
    también de los bienes a los
    que por herencia genética
    tenían derecho. Muy pronto, la maquinaria industrial se
    hizo eco de las grandes opciones que ofrecía esta
    modalidad argumental del entretenimiento mediático, que
    encontraba asidero, apoyo y receptividad en una inmensa comunidad
    a la que tales asuntos de sangre, herencias e intrigas familiares
    y laborales no les eran ni desconocido, ni, en muchos casos,
    ajeno.

    Durante los últimos sesenta años, las sociedades del
    mundo han participado de los cambios más asombrosos que se
    hayan producido durante toda la historia del hombre, y la
    televisión ha sido, si no la que los
    generó, limitándose a ser causa y consecuencia de
    algunos de ellos, si la que los puso en contacto con todos los
    habitantes del planeta, llevándoselos a sus propios
    hogares.

    El mundo entero conviviría a diario con los adelantos
    tecnológicos, con las catástrofes, con los
    acontecimientos deportivos, musicales, religiosos y con las
    pasiones que a través de las telenovelas se despiertan,
    noche tras noche, sedimentando los arquetipos que la sostienen
    tanto en el consciente como en el subconsciente de la
    humanidad.

    De todos los diferentes tipos de programas, tal
    vez sean las telenovelas, y más, dentro de los
    países latinoamericanos, por ser en los que goza de mayor
    aceptación, las que en mayor grado logran los objetivos
    previstos en cuanto a la implantación de valores
    estéticos e ideológicos que en pro del consumo se
    promueven a través de ella.

    Con otra intención, la ficción televisiva
    aísla al televidente de su entorno real, y lo hace
    participar a distancia de una catarsis
    colectiva, que involucra a toda la humanidad inmersa en la
    compleja red de
    producción y consumo que trata de ocultar los aspectos de
    la vida social que le resulten moral y
    jurídicamente cuestionables, y que, desde la óptica
    de la telenovela, dentro del campo de la ficción,
    convertida en un espejismo grotesco de tramas sórdidas,
    plagadas de envidias, odios y maldades, le resulta mas
    cónsono con la fantasía que con su propia
    realidad.

    Siendo estas condiciones naturales a los personajes
    prototípicos de la telenovela, más que generar una
    concientización en la población televidente con
    respecto a su propia circunstancia social, ratifica su ignorancia
    sobre las contradicciones que la caracterizan a consecuencia de
    la carencia de planes preventivos y correctivos concretos en
    materia de educación formal.
    Entonces, se acopla con los productos de
    la industria del entretenimiento, y más, a través
    del medio que tiene en su propia casa, para generar, a partir de
    las deficiencias formativas, la desvirtualización de los
    valores culturales autóctonos y una conciencia
    globalizada y genérica de consumo.

    Los televidentes no sólo entienden, entonces, el largo
    periodo de sufrimiento de los protagonistas de las historias, que
    llegan a hacer propio, sino que lo justifican. Lo suponen
    susceptible de ser compensado por las enormes satisfacciones que
    aporta el consumo de los productos presentados por mujeres tan
    hermosas como la heroína de la historia, pero más
    radiantes, felices y satisfechas que ella. A veces la misma
    actriz encarna los dos roles.

    II.- TELEVISIÓN E
    INDUCCIÓN.

    Lo expresado por Jerry Mander en su libro "Cuatro
    buenas razones para eliminar la televisión" (GEDISA):
    Durante los quince años que trabajé como ejecutivo
    de relaciones
    públicas y publicidad aprendí que es posible
    hablar directamente al interior de la cabeza de la gente a
    través de los mass media, y, así como un
    mago de otro mundo, dejar allí adentro imágenes
    capaces de lograr que la gente haga lo que de otra manera no
    hubiera pensado hacer", podría ser suficiente para
    entender el enorme efecto que tiene el más poderoso de
    esos mass media, la televisión, en la
    civilización actual, considerado como el único
    capaz de llegar a prácticamente todos los hogares, y
    habitantes, del planeta con una información
    instantánea y global, que incluye, aparte del sonido, como en
    la radio, las imágenes de los acontecimientos.

    Esta es la razón es por la cual muchos gobiernos del
    mundo se han valido de ella para desarrollar e imponer sus
    diferentes ideologías, fundamentadas en la
    imposición de normas de
    consumo, tanto de ideas en los regímenes de toda
    índole, especialmente, los de propósitos
    socialistas, en los que antes de un refrigerador o cualquier otro
    artefacto electrodoméstico, todos los hogares poseen un
    televisor, y los de orientación capitalista, en los que,
    en algunos de ellos, se cuenta con un promedio de dos y hasta
    tres televisores por hogar, donde el televisor, luego de ser
    expuesto en el salón principal de la casa, de donde, luego
    de representar, en sus inicios, por el sentido que poseía
    su programación, y su costo como
    electrodoméstico, un emisor de temas, propios para ser
    analizados por todo el grupo familiar, emigró a cada una
    de las habitaciones, donde, desde entonces, ha podido ejercer su
    en forma individual su labor concientizadora.

    A partir de esta opción, el televidente, y virtual
    consumidor, puede
    gozar, supone que sin costo alguno de dinero
    más allá del gasto inicial del televisor, de
    espectáculos sumamente costosos, como la telenovela. Sus
    elevados costos de
    producción sólo se justifican, desde el punto
    de vista industrial y financiero, con la existencia de una
    intención, junto de la recreativa y, si se quiere,
    cultural, de involucrar a ese televidente en una estrategia
    comercial destinada a generar beneficios, ideológicos o
    financieros, a las empresas que los
    patrocinan, es decir, las que compran espacios a precios
    relativamente altos dentro de la transmisión de los
    programas para anunciar sus productos o ideas.

    De muy variada naturaleza son los mecanismos de los que se
    valen las, en apariencia, elementales historias de amor que se
    desarrollan en algunos de esos programas para lograr una
    acometida de persuasión de consumo. Los arquetipos
    femeninos de la telenovela muestran una gama muy amplia de
    patologías neuróticas y de códigos de
    expresión sexual, comunes en el ser humano a lo largo de
    toda su existencia.

    Estos valores arquetípicos despiertan, con personajes
    supuestamente reales, valores arraigados que definen los esquemas
    morales sobre los que se ha desarrollado también una
    compleja red de complacencia y satisfacción a
    través de la compra y uso de productos industriales,
    destinados al consumo masificado, el cual justifica los costos de
    fabricación, los de su promoción publicitaria y los
    rendimientos económicos que registran en ambos
    aspectos.

    Pañales, detergentes, artículos de belleza,
    hidratantes para la piel y toallas sanitarias, delgadas y
    absorbentes le pueden aportar a las mujeres que logren la, por
    demás, inevitable identificación con la
    protagonista de la telenovela, entre otras ofertas publicitarias
    de libertad y
    belleza, cabelleras agresivas y pieles tersas, sensuales, la
    liberación del fregador, símil del cepo en el que
    era encadenada la esclavitud colonial
    latinoamericana.

    Esta protagonista, dentro de un esquema de tipología
    simple, se presenta envuelta en una red publicitaria de
    productos de belleza, de higiene personal y
    hogareña, de artículos para bebés, que les
    dicen como, a pesar de sus contradicciones familiares, afectivas
    y sociales, ella puede ejercer una condición de mujer
    moderna y actual, y, según el criterio también
    acuñado ferozmente en Latinoamérica, por razones de
    índole cultural, principalmente en sus aspectos religiosos
    y económicos, sin dejar de depender del hombre, obtener
    una relativa independencia,
    al menos, para manejar a su antojo y según criterios
    manidos y convencionales de seducción.

    Esta es la oferta, porque la realidad que vive es otra. La
    telenovela apunta y captura a una mujer sometida a los rigores de
    una cultura que
    celebra sus encantos, -sobran las contiendas y certámenes
    donde debe ponerlos a prueba-, a la vez que la condena por
    ostentar, y ejercer, esa única superioridad que, por lo
    demás, muy pocas elegidas, según los patrones
    establecidos en esa misma cultura, poseen.

    Termina, entonces, víctima de su propia naturaleza,
    sometida a un culto del que, sin otra opción, ha tenido
    que participar. Si bien es cierto que la muchacha humilde,
    soltera, que deambula lastimosa con un niño en los brazos,
    con toda seguridad
    terminarán, en poco tiempo,
    -aunque en la telenovela se prolongue, para ellas el tiempo
    pareciera no pasar- satisfecha en todas sus necesidades afectivas
    y, sobre todo, económicas, pero, lejos de esa
    fantasía dramática y mediática, la mujer de la
    vida real que la toma a ella como modelo,
    vivirá, luego de su maternidad, otra realidad, muchas
    veces, no tan feliz.

    Esa misma protagonista, durante todo ese tiempo y hasta el
    penúltimo capítulo representará un
    patrón de sufrimiento y procesos de angustias totalmente
    opuestos a los que evidencian sus compañeras de horarios
    que anuncian los productos comerciales del plan publicitario
    de la telenovela.

    Las modelos y
    locutoras de los comerciales que señalan las bondades de
    los productos lucen radiantes, alegres, sensuales y, las
    más liberadas y que más se ajustan al modelo ideal
    de la mujer contemporánea, o, al menos, a la que mayor
    capacidad de consumo posee, se presentan libres de cadenas
    matrimoniales y hogareñas. Algunos jabones lavaplatos,
    "que disuelven la grasa en segundos", le ofrecen a la mujer
    televidente prescindir del tan odioso delantal, cinturón
    de castidad con el que ha consagrado su condición de ama
    de casa.

    La televisión, a través de los métodos
    mas sofisticados de manipulación de la información
    en cualquiera de sus formas, incluida la dramática, aparte
    de promover la necesidad de consumo de los productos que la
    pagan, crea hábitos específicos destinados a
    focalizar el nivel atencional del televidente en los mecanismos
    que hacen posible el desarrollo y establecimiento de los sistemas
    mercantiles de producción–consumo que mueven la
    economía
    comercial general en la que está inmersa, y de las que es
    su principal vocero.

    A través de las diferentes opciones de
    persuasión que promueve, incluida la dependencia
    ideológica, la televisión latinoamericana en
    general, y, específicamente, a través del producto
    derivado de ella más importante desde el punto de vista
    económico, la telenovela, con circunstancias simples,
    directas y, casi siempre, explicitas, aunque el mensaje
    también se filtra por otras vías, apela
    directamente al subconsciente del televidente, con la
    intención de crear en éste un cambio radical
    en sus hábitos y en sus normas de conducta, que
    incluyen, en primer término, las del consumo de ideas y de
    productos comerciales.

    La globalización de la producción,
    destinada a ampliar cada vez más los mercados de
    venta de las
    empresas más poderosas del mundo, ha procurado
    estandarizar los criterios culturales de todos los pueblos del
    planeta en los que intenta penetrar comercialmente. Hasta pocos
    años antes de que apareciera la televisión,
    podía verificarse, por regiones y países, rasgos
    únicos e irrepetibles de conducta social y cultural, que
    no poseían niveles significativos de influencia o contaminación estética e
    ideológica.

    La televisión, con su efecto unificador, activo durante
    las veinticuatro horas del día, y en el que la totalidad
    del horario que mayor sintonía de teleaudiencia registra,
    (estelar o prime time) lo ocupa la transmisión de
    telenovelas. Ha logrado en la mayoría de los países
    latinoamericanos, en mayor o menor grado, la modificación
    de sus estructuras
    culturales básicas, generando, por encima de sus rasgos de
    individualidad, una casi única manera de entender la vida
    en sociedad, y, desde luego, la del consumo de productos de
    fabricación masiva y venta globalizada. Los países
    menos afectados en este sentido son los que poseen un alto nivel
    industrial en la producción de telenovelas, y que, junto a
    una conciencia cultural en su población, sedimentada por
    largos procesos de preservación cultural, como
    México, Brasil y Argentina, garantizan en sus respectivos
    medios, a través del registro
    autóctono la seguridad de altos porcentajes de
    audiencia.

    En la producción mexicana, confluye, adicionalmente, su
    alta participación en toda la población latina de
    una parte considerable de los Estados Unidos. Esta
    población, al menos en su primera y segunda
    generación, evidencia una casi absoluta preferencia por la
    telenovela, y, en general, por la de habla hispana.

    Se calcula que en los medios urbanos y en los rurales con
    vías de acceso y comunicación adecuadas, la población
    latinoamericana utiliza mas del 80 por ciento de su tiempo libre,
    con el que se ha hecho coincidir la transmisión de
    telenovelas, y parte considerable también del laboral, en ver
    televisión, y siendo lo comercial el fundamento más
    importante de la industria que la genera, el primer aspecto
    considerado es la creación de mecanismos, (en la
    telenovela, modelos arquetípicos) y formas de comportamiento
    destinados a estimular el consumo de tipos y marcas
    específicas de productos comerciales.

    Fiel a los principios
    católicos que promueve y celebra la pobreza, tal
    vez porque entiende que esta condición económica va
    unida a la de la ignorancia, los medios de promoción
    comercial prohíben a la vez que la interrupción del
    embarazo,
    cualquier otra posibilidad de evitarlo. La programación
    televisiva, y, en especial, la que involucra la
    transmisión de telenovelas, no promueve artículos o
    productos que intenten subvertir el orden establecido por las
    normas sociales tradicionales sobre las cuales se erige la actual
    plataforma industrial de producción. Muy pocos rasgos de
    índole literario o estético existen en la
    telenovela que puedan provocar una alteración dentro de
    los países donde son difundidas, de las normas y preceptos
    morales que le son propios, y que han sido establecidos a
    través de lineamientos culturales tradicionales, e
    instituidos con la clara intención de promover el consumo,
    normalmente, de índole ideológico, pero de los que
    se vale la batería industrial para imponer también
    hábitos en las tendencias al consumo de los productos que
    ella produce y vende.

    Los valores ideológicos o culturales que resultan
    particularmente inalterados son los criterios religiosos, de
    naturaleza e imposición católica, que impera
    oficialmente en toda Latinoamérica. Uno de los principales
    hilos argumentales de la telenovela se basa en la opción,
    casi única, que tienen los personajes, básicamente,
    los protagónicos, los que mayor modelaje ejercen, de
    anteponer la resignación y la esperanza de la
    gratificación divina a las circunstancias adversas de la
    vida.

    Abundan las imágenes y acciones en
    las escenas en las que los personajes nobles, protagonistas,
    manifiestan a través de su fe católica estoicismo y
    resistencia moral ante las múltiples adversidades por las
    que transcurren sus vidas antes de obtener gratificación
    por los mismos. Y no solo los protagonistas, especialmente, la
    sufrida made soltera, quien, a similitud del icono principal de
    la Iglesia, luego
    de la básica Trinidad que le da sentido celestial, emerge
    de la esencia condición natural biológica de ser
    madre, con la participación del varón.
    También otros personajes, considerados como de carácter, pero siempre heroicos y nobles,
    muestran apego religioso católico.

    En la telenovela de Leonardo Padrón, (Venevision,
    2003-04) "Cosita Rica", el personaje Mamá Santa,
    interpretado por la actriz Tania Saravia, invidente desde hacia
    ya algún tiempo, deposita su fe en los poderes salvadores
    del Siervo de Dios, José Gregorio Hernández,
    santidad a la fecha aun no canonizada. La ciega recobra la vista,
    luego de una visita espiritual que la entidad divina le
    hiciera.

    Propio de sus facultades y costumbres milagrosas, le realiza
    una operación espiritual, la cual provoca que la noble
    mujer, por noble, recobre la visión. Sin anestesia, sin
    asepsia médica y sin el instrumental requerido para estos
    casos, tan solo, y a la usanza clásica del Cristo
    predicador, a través de la imposición de manos
    sobre la parte afectada durante el sueño de la paciente,
    el santo realice el milagro. Al día siguiente, ya en plena
    posesión de sus facultades visuales, comenta los
    acontecimientos, tal y como si los mismos hubiesen ocurrido bajo
    el cuidado de los más estrictos controles sanitarios.
    Sólo los personajes aberrados, malvados e inmorales no lo
    hacen, y, estos, tarde o temprano, sufrirán algún
    castigo ejemplar, la muerte
    prematura, la prisión, la pobreza, la
    soledad, la insanía, a causa, entre otras razones, de su
    negligencia religiosa.

    Identificación.

    El recurso más poderoso que tiene la telenovela para
    alcanzar sus objetivos de masificación ideológica
    es la identificación de la teleaudiencia con los
    personajes de sus historias, principalmente, con las dos figuras
    protagónicas principales, y, especialmente, con la
    femenina. Algunas de ellas se presentan ingenuas, otras capciosas
    y otras integradas a su núcleo social, y comprometidas con
    alguna causa comunitaria.

    En el caso de la protagonista de corte realistas,
    ("Señora Tentación", de Ángel del Cerro),
    muestra una
    figura sensual, que ella, sin embargo, insiste en negar con
    actitudes y
    trajes que por diseño
    o moda, lucen
    ligeramente anacrónicos con respecto a los de otras
    mujeres de su misma condición dentro de la telenovela.

    Esta misma exhuberancia y hermosura, ahora, años
    después, reprimidas, fueron, "con los encantos de juventud y la
    ingenuidad de la inocencia" (Cristal, Delia Fiallo), la que la
    condujeron a padecer muchos de sus males pasados. Su
    disposición inmediata, entonces, no es la de realizar
    actividades sexuales, ni, en principio, afectivas, sino alguna de
    índole profesional que ratifique su desarrollo
    personal. Tiene más disposición para la calle
    que para el hogar, y es la que mejor se ajusta al modelo de mujer
    emancipada que emite mensajes de libertad a través del
    uso, aunque no lo haga durante las escenas que representan su
    vida, de productos comerciales de belleza y cuidado personal
    dirigidos a la mujer que se ha visto obligada, o ha decidido,
    emprender sola su vida personal.

    Por muchas y múltiples razones, la gran mayoría
    de las mujeres latinoamericanas, muchas de ellas aun más
    jóvenes, incluso, que la protagonista que las representa,
    se asemejan a ella, al menos, en lo del hijo y en el
    enfrentamiento en las contiendas por la subsistencia.

    No participa directamente de acontecimientos sociales y
    políticos, pero estos la envuelven y la afectan, ya que
    los personajes con los que desarrolla su vida deben ajustarse a
    códigos estandarizados de conducta personal, profesional y
    social. Estas protagonistas, y los personajes que se amoldan a su
    esquema, no tienen capacidad ni libertad de decisión y de
    acción,
    están sometidos a los dictámenes del medio donde
    viven.

    Las protagonistas sociales, ("Carita Pintada", Venezuela, "La
    taponera" y " Las Juanas", Colombia) resultan, por alguna
    particularidad notoria o exuberante de su configuración
    física o
    de sus formas de expresión oral y corporal, sumamente
    atractivas, y, aunque de rasgos naturales y comunes, todas
    sobresalen de la masa, por sus carismas, vivacidad, y,
    principalmente, por sus particularidades físicas,
    entendidas convencionalmente dentro del plano de lo carnal y
    lúdico: boca grande, labios carnosos y gruesos y
    cabelleras abundantes. En cuanto a sus vestimentas, sus trajes
    acentúan el carácter erótico-sexual de sus
    rasgos, contexturas y comportamientos. Muy ceñidos a las
    caderas y a los muslos, que dejan al descubierto parte sustancial
    de sus protuberancias carnales, a veces acentuadas por adecuados
    recursos de maquillaje, abultadores, o, más puntuales
    aún, por radicales procesos quirúrgicos.

    Aunque el marcado acento local que usan los actores dificulta
    la venta o transmisión de la Telenovela Social en otros
    países diferentes a los que la producen, resulta adecuado
    para señalar las contradicciones sociales y
    económicas que vive la población, dentro de las,
    que, sin embargo, en muy pocas oportunidades se incluye la de la
    desmedida inducción al consumo comercial que reciben
    a través de este modelo que intenta representarla en su
    más agreste y natural condición ambiental.

    Embarazo y Consumo.

    El embarazo puede provenir de una desfloración
    atemporal fuera del matrimonio, o ser
    producto de una violación. En estos casos, la protagonista
    es señalada públicamente como una mujer sin honra.
    Este deshonor la convierte en víctima expiatoria. La
    población televidente tendrá ante sí dos
    modelos de conducta dentro de una misma transmisión, la
    víctima catártica, la protagonista que sufre, y la
    modelo de los comerciales, radiante, libre y feliz. La primera
    antepone su castidad, más que reprimida, asumida
    intelectual y racionalmente con goce místico, y la otra,
    el uso consuetudinario y placentero de los productos comerciales
    que anuncia.

    Se han efectuado muchos intentos por modificar el
    carácter básico de la protagonista, al igual que el
    tipo de historia en la que ella participa, sin embargo, la
    protagonista de la telenovela denominada Tradicional
    siguió intacta, íntegra en una monolítica,
    melodramática y neurótica conciencia de virtud.
    Esto la ha hecho acreedora a los mejores bienes de la
    creación, representados por un marido tan virtuoso como
    ella y pródigos bienes de fortuna. De pobre sirvienta,
    oficio emblemático en América
    Latina, de circunstancias sociales y económicas
    degradantes y miserables, llega, por matrimonio, herencia, o
    ambos, a convertirse en una mujer plena de felicidad.

    Una de las finalidades del melodrama post-revolucionario
    francés consistía en destacar una elevada moralidad en
    las clases más bajas del escalafón social
    haciéndoles llegar un mensaje de igualdad. La
    honorabilidad que hasta ese momento había sido tan
    sólo privilegio de quienes gozaban de alcurnia familiar o
    de aquellos que pudieran pagarla, fue extendida a las clases
    populares que carecían de esas posibilidades.
    Provenían de mezclas étnicas indefinidas y
    bárbaras, cuyos ingresos, en gran
    medida, iban a parar en forma de impuestos a las
    arcas de las clases que ostentaban abolengo y poder. Y dado
    que no podían asignárseles una nueva
    condición familiar, ni dinero, que escaseaba, se les
    otorgó el derecho de optar a las prebendas, las pocas
    disponibles que ya quedaban, y de algunas opciones sociales, que
    hasta entonces se les había negado.

    III. ORIGEN LITERARIO Y
    SOCIAL.

    La Telenovela, en todos los francos de su origen, apela a la
    necesidad de la existencia de una víctima sobre la que
    hacer recaer culpas ajenas. Se reflejan sobre esta víctima
    los más íntimos temores genéricos de los
    sectores a los cuales va dirigida la narración en la que
    participa, y estos, a su vez, al reconocer estas irregularidades,
    se ven en la necesidad de compensarlas con el uso de los recursos
    que le garantizan independencia, autosuficiencia y
    satisfacción emocional.

    A partir de los tres géneros
    literarios tradicionales, el épico, con la
    utilización de narraciones sobre hechos reales o de
    ficción, principalmente con forma de cuento y
    novela, la
    lírica, manifestación de sublimación
    espiritual y de formas poéticas, susceptibles algunas de
    ser expresadas musicalmente, y la dramática, que se
    manifiesta a través de diálogos, se moldearon, y,
    posteriormente, independizaron, nuevas formas también
    genéricas de expresión literaria. El teatro, dividido
    tradicionalmente en trágico y cómico, desarrolla
    hacia el siglo XVII una forma intermedia, el Drama, de la cual se
    derivó una manera complaciente y directa de delimitar, y
    presentar, los conflictos
    humanos. Posiblemente, porque sus primeras formas fueron
    musicales, se le dio el nombre de melodrama.

    Esquemas y Prototipos.

    La telenovela llega a toda clase de
    público. Ha sabido diversificar tanto el esquema
    caracterológico de sus personajes, como el tipo de
    historias que utiliza y la forma de narrarlas. Más
    allá de la forma tradicional, cuestionada por
    muchos, y a pesar de gozar de una enorme aceptación, se
    han desarrollado telenovelas de corte realista, social y
    funcional. Con un fondo estructural común, se distinguen
    caracterológica y argumentalmente unas de otras, aunque su
    mayor grado de diferenciación se encuentra en el tipo de
    población al que intentan seducir en sus maniobras
    manipuladoras de convocar al consumo masivo de productos
    comerciales de fabricación industrial.

    En las historias, las zonas geográficas que habitan los
    diferentes tipos de personajes, al igual que las tramas en las
    que participan, determinan la captación del televidente a
    partir del planteamiento de conflictos que le son afines. Cada
    uno de los Modelos de Imagen de los
    personajes protagónicos, posee correspondencia con un tipo
    determinado de telenovela. Se detectan cuatro tipos diferentes,
    la Tradicional, la Realista, la Social o editorialista y la
    Funcional, las cuales apuntan, por separado hacia un sector de la
    población determinado, y hacia cada uno ellos dirigen un
    tipo de mensaje publicitario específico, con sus
    correspondientes lineamientos de consumo.

    Base mítica.

    El Mito es,
    entonces, la fábula, con base cierta o no, que inventa el
    ser humano para justificar su naturaleza, sus conflictos de
    relación y sus temores. Se desarrolla a partir de uno o
    varios de estos temores, y constituyen la base traumática
    en las relaciones básicas entre los seres humanos con el
    Cosmos, lo divino, con la Tierra, lo
    telúrico, y con sus semejantes.

    Otra forma de trasmitir estos temores es a través de la
    cuentística infantil. El temor específico de
    crecer, de adentrarse en la madurez, lo plantea con nítida
    claridad el cuento de la Caperucita Roja. Ella entra al bosque,
    donde vive su abuela, ambos símbolos, (bosque, como el árbol del
    Paraíso Terrenal, al cual se acercaron los sexualmente
    desarrollados Adán y Eva, y Abuela, clara
    manifestación del pasado, que por lógica
    biológica, en el cuento vive lejos de ella) la
    señalan ya como una niña que vislumbra la
    opción ineludible de dejar de serlo. El capuchón
    rojo con el que cubre su cabeza denota una clara evidencia de su
    incipiente sexualidad,
    que se manifiesta en la seducción que ejerce sobre el
    macho, que lo sabe escondido detrás de algún
    árbol, es decir, escoltado por su propia madurez, y
    entrelazado en los intrincados mecanismos del subconsciente, con
    el hombre ya
    crecido, adulto, representado por la pelambre del lobo, por
    demás, feroz, forma como tradicionalmente, desde la
    óptica de la virginidad universal, se percibe al
    varón, y de como le da muerte, una
    vez que constata que todo en el animal es grande y
    desproporcionadamente desarrollado, ojos, orejas, y, sobre todo,
    boca. Es decir una distorsionada, y, por demás, exagerada
    visión de los atributos de la madurez, en este caso, de la
    concerniente al varón, objeto en el cual la niña
    centra su ya desarrollada sexualidad.

    La inminente identificación que experimenta el
    televidente adulto, evidencia que o bien no ha superado la
    barrera intelectual infantil con la que aceptaba los argumentos y
    valores tácitos y subyacentes de las historias que
    escuchaban en su niñez, o que esa conciencia no tiene un
    fundamento cronológico, y que, en efecto, nace con el
    individuo y
    persiste hasta el fin de sus días, por lo que se trata,
    entonces, de una Conciencia Universal, apta para que en cualquier
    momento de su vida, principalmente, cuando posea poder
    adquisitivo, pueda obedecer a la
    motivación que le inspiran las tensiones emocionales
    de las historias dramáticas que se le presentan por
    televisión.

    IV.
    TELEVISIÓN Y CONSUMO.

    Podría decirse que la telenovela posee tres poderosas
    razones de existencia y conformación, la primera, de orden
    temático, la segunda, estructural, y, por último,
    financiera. En cuanto a su temática, y a diferencia de la
    tragedia clásica, que busca liberar de culpa al
    espectador, en este caso, y de acuerdo a las modalidades
    religiosas que dirige sus intenciones hacia la
    estigmatización de los conflictos básicos, activa,
    a través de la identificación con el o la
    protagonista de la historia, el sentido de culpa en el
    televidente, y, con ella instituida, moverlo hacia la
    búsqueda de la redención a través del
    consumo de bienes y servicio
    comerciales

    Mamá Dolores, quien, aunque, paradójicamente, no
    tuvo hijos biológicos, fue el inicio de la
    procreación de un incontable número de argumentos e
    historias dramáticas destinadas a sustentar una de las
    industrias
    más poderosas del mundo, la televisión, a
    través de uno de sus productos más notorios,
    acabados y que, aunque con un lenguaje que
    no le es propio en ninguno de su aspectos estéticos, pues
    son tomados del que ya había desarrollado el cine, tiene
    en su haber la creación para la posteridad una nueva forma
    de expresión dramática audiovisual, una nueva
    manera de reflejar desde la óptica de la ficción,
    la realidad en la que se inserta, y, la mas importante de todas,
    aunque con fallas y debilidades propias de su naturaleza
    generalizada condición estrictamente comercial o
    ideológica, de una nueva forma de hablarle al hombre de
    sí mismo, a través de sus temores, o complejos, y
    de sus mitos, que no
    son mas que esos mismos temores llevados a historias, en este
    caso, dramáticas. Los mismos, porque parten de un origen
    común, y que se repiten desde la antigua Grecia, cuando
    hicieron gritar de emoción a los miles de espectadores que
    se congregaban en los anfiteatros para ver como Edipo se
    arrancaba los ojos al constatar la veracidad del Oráculo
    de Delfos cuando le había predicho que él
    mataría a su padre y se casaría con su propia
    madre, o cuando se anunciaba el ahorcamiento de la iracunda
    Fedra, a causa del desprecio amoroso que sufría por parte
    del hijo de su esposo Teseo.

    La telenovela, tal vez, aun tímida para mostrar los
    excesos del incestuoso Edipo, la vemos desprovista de
    escrúpulos cuando nos muestra a Mariana, en "Renacer",
    (Brasil), sucumbiendo de amor por Juan Pedro, el hijo de su
    esposo José Inocencio, en una versión de un mito,
    que como todos los que ha inventado el hombre para exponer en
    escena, es decir, ante si mismo, la esencia de sus angustias
    eternas.

    Siempre lo ha hecho, quizás hoy en día cuente
    para proyectarlo del medio de comunicación más
    poderoso de todos los tiempos.

    V.
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    Aires.

    Ibrahim Guerra

    Ingeniero Mecánico y Analista de Sistemas de
    Computación, Escritor, productor y director
    de teatro y televisión. Docente universitario en
    áreas de Producción, actuación y dirección teatral, de realización de
    guiones y de producción y dirección de
    televisión dramática. Autor de (La Telenovela y la
    creación de hábitos de consumo en América
    Latina, 2005, (www.e-libro.net)

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