Enviado por oscar vega gutierrezLa cultura, autodefinida como industria por sus promotores, sin incomodarse siquiera por esta relación arte – negocio, en la cual, dejan de manifiesto que, en último término, es el negocio y la rentabilidad económica, la racionalidad que prima, ya que las cifras que exhiben las rentas de sus sostenedores quitan toda duda, respecto a la necesidad social de sus productos. Quienes tienen intereses en ella, gustan de explicar la industria cultural en términos tecnológicos. La participación en tal industria de millones de personas impondría inevitablemente, métodos de reproducción standard que con sus productos a escala global, sean capaces de satisfacer las necesidades cada vez más ilimitadas y sofisticadas de sus "Clientes".
¡Todo al Mercado…es él quien consagra y bendice, excluye o condena!
Al observar el avance y/o consolidación progresiva de la Globalización como proceso civilizatorio en cual, los Medios de Comunicación de Masa (MCMs) y las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (NTICs) han irrumpido como los pilares fundamentales para abarcar todo bajo la lógica de la "Conectividad" y por cierto, de la eficiencia en las transacciones comerciales.
La cultura, como espacio no es ajena a tal impacto, antes bien, es un componente más de la expansión comercial, en un sistema de economía concentrada desde la cual se conceptualiza, fabrica y/o comienza a delinearse "La cultura" como una mercancía más que se suma a las ya transadas en el mercado tradicional. Las grandes corporaciones impulsoras, especialmente de origen norteamericano, no están ya tan interesadas en esconderla; su autoridad se refuerza en la medida en que es reconocido dicho proceso a escala planetaria.
En este sentido, la industria cinematográfica y la radio, por ejemplo, ya no tienen necesidad de portar credencial de "Arte" sino más bien, expandirse como fieles representante de la ideología dominante, vale decir, ¡Todo al Mercado…es él quien consagra y bendice, excluye o condena!
La cultura, autodefinida como industria por sus promotores, sin incomodarse siquiera por esta relación arte – negocio, en la cual, dejan de manifiesto que, en último término, es el negocio y la rentabilidad económica, la racionalidad que prima, ya que las cifras que exhiben las rentas de sus sostenedores quitan toda duda, respecto a la necesidad social de sus productos.
Quienes tienen intereses en ella, gustan de explicar la industria cultural en términos tecnológicos. La participación en tal industria de millones de personas impondría inevitablemente, métodos de reproducción standard que con sus productos a escala global, sean capaces de satisfacer las necesidades cada vez más ilimitadas y sofisticadas de sus "Clientes".
El contraste, en este círculo de manipulación y de necesidad, se afianza cada vez más en la hegemonía tecnológica, generando una preponderancia que consolida a su vez, un poder extremo respecto de la sociedad y sus miembros. Tal poder, no es más que la expresión refleja de los económicamente más fuertes al interior de la sociedad misma.
En la actualidad, la racionalidad técnica propia de este proceso de industrialización cultural se erige, también, como sinónimo de dominación. En este sentido, la técnica de la industria cultural ha llegado sólo a la igualación y a la producción en serie, extinguiendo sistemáticamente la singularidad que diferenciara a una creación, a una obra dentro del sistema social. Ello, se produce a causa de la función vital que la cultura ha ido adoptando en la economía actual.
La radio, como la televisión, esencialmente democráticas (Fuenzalida,2000) generan simetrías engañosas…vuelven a todos en iguales, pero a la vez, autoritariamente conducen a sus "Igualados" hacia programas por completo estandarizados en sus formatos, aún cuando puedan ser diversos sus clientes y sus difusores.
Ante dicho fenómeno, aún no existe un sistema de respuesta provocando que las producciones alternativas, de por sí incipientes, de bajo impacto, cuando no semi clandestinas y donde lo identitario está directamente ligado con la "Afición" y no con la profesionalización del desempeño, a diferencia de lo que ocurre en el ámbito de la radio u televisión oficial, donde el público consumidor, es envuelto y absorbido, en una selección de tipo especialista, direccionada desde estudios específicos de tendencias y/o sondeos de opinión que permite la configuración de "Parrillas programáticas" de todo tipo desde el Horóscopo hasta la clásica transmisión del fútbol en vivo….
Además, con conductores que poco interesa su léxico, quienes son y cual es su aporte efectivo a la cultura, mientras el "People Meter" facilite su libre y segura circulación en el ámbito de los programas rentables y/o con mayor reating generado por y para el público - cliente y consumidor a la vez…Este es el ambiente a través del cual progresivamente se consolida una suerte de "Farándula" que mantiene sistemáticamente "Entretenidos" a los clientes y por lo tanto, contentos y satisfechos aún cuando, el ingrediente de dicha entretención no sea más que expresión de la " Estupidización" sistemática y cotidiana de los Medios de Comunicación de Masa (MCMs) produciendo a su vez, la "Farandulización de lo cotidiano" ya que es ello lo que más vende y por ende, lo que más rentabilidad genera…
Del mismo modo, esta relación mediática permite también, el surgimiento de nuevas facetas profesionales vinculadas a los MCMs como son los auto – denominados: Opinólogos, sin que el público consumidor realice o bien, tenga interés en hacer un filtro frente a tal situación.
Finalmente, al menos teóricamente, es el público constituido, quien de hecho favorece al sistema de la industria cultural pues de un modo u otro, seducido por el glamour, se hace parte del sistema, no lo expone al crisol de la crítica, ni tampoco a ninguno de los productos provenientes de él, antes bien, lo disculpa, lo encubre, lo justifica y lo comprende…
Asimismo, la industria cultural también es propietaria de "Los talentos", pertenecen a ella y de la capacidad de adaptarse que el "Talento" posea respecto de las necesidades de su "Propietaria" dependerá en gran medida su permanencia en el tiempo y además, dependerá de cuan mediático sea su perfil y de cuanta disposición posea para comprender lo efímero que puede resultar la fama como producto de esta industria cultural.
Asimismo, es necesario destacar que la Industria Cultural, debe estar siempre orientada a considerar y a satisfacer los deseos espontáneos del público aún cuando esto se trate de convertirse en un talento inconsistente si es ello, lo que requiere el mercado del consumo cultural.
A lo anterior, debe agregarse la acción de los altos ejecutivos que operan sobre la base del acuerdo o por lo menos, la común determinación de no producir o admitir nada que no se asimile y/o se alinee con el concepto de consumidores y por sobre todo con ellos mismos y su particular visión de lo que el "Mercado cultural" requiere y/o demanda..
Finalmente, intentaremos realizar un análisis crítico de la industrial cultural como expresión asociada a la expansión y/o mundialización de la tecnología y por cierto, de los MCMs y las NTICs, sin las cuales el Mercado, elemento signico del dominio capitalista, no se expandiría con la velocidad actual…
GLOBALIZACIÓN Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
La multiplicación de ofertas de mensajes y de productos culturales fruto de los procesos de la globalización económica y cultural en el mundo han tenido como principal promotor y sostén a los modernos medios de comunicación, donde la televisión, ha sido un pilar fundamental en la apertura y/o hibridación cultural que derribando las antiguas fronteras entre los países.
Del mismo modo, la liberalización económica que ha intensificado el intercambio y el consumo internacional de una gran diversidad de bienes son algunos hechos que definen la realidad actual en la cual, la cultura se integra como un bien más que se suma al juego de la oferta y la demanda. Además, la industria cultural es aún es un componente del debate pendiente en muchos países de la Región donde uno de los ejes de discusión se relaciona con el rol del Estado frente al desarrollo y/o promoción de la cultura local.
En este marco de relaciones globales la influencia de otros actores sociales, como las grandes compañías multinacionales y sus representantes, ha generado no sólo nuevas formas de organización económica y política, sino además, instalan modos culturales que satisfacen sus necesidades de expansión comercial. Las transnacionales ya no sólo se han constituido en pilares para la mundialización y expansión del capital, sino que además, son los nuevos referentes de identidad cultural y de organización socioeconómica, evidenciando de esta forma que la globalización privilegia por si misma, a las compañías transnacionales dada su capacidad de instalar productos, servicios y/o mensajes que trascienden fronteras de la más diversa naturaleza: Geográficas, culturales o ideológicas.
En el proceso de consolidación de estas transformaciones, fruto de la globalización, los Medios de Comunicación (MCMs) y las Nuevas Tecnologías de Comunicación e Información (NTICs) han alcanzado una influencia determinante, en todos los ámbitos, predominantemente en el ámbito cultural, especialmente en lo referido a la consolidación del individualismo y la búsqueda ansiosa del éxito a cualquier precio.
En este ámbito de negocios globales, la expansión del mercado audiovisual ha sido generado por las empresas transnacionales asociadas a las grandes cadenas televisivas comerciales relegando a la mínima expresión la participación de las empresas de televisión pública, las que por su naturaleza tienen una menor inclinación hacia la expansión extraterritorial pero a su vez, tienen como contrapartida el tema de sustentabilidad toda vez que la acción estatal en este nivel es cada vez más reducida y/o inexistente, ubicándola en un espacio de competencia asimétrica respecto de las grandes cadenas de televisión internacional como por ejemplo: CNN, BBC, Fox, etc.
Del mismo modo, es necesario señalar que asociado a estos procesos de globalización, es evidente la sistemática disminución del poder del Estado en áreas estratégicas de la cultura y la información ya que estos ámbitos son de arbitrio y hegemonía de los valores del Mercado como también lo son crecientemente otros ámbitos de la vida socioeconómica, política y cultural.
En este contexto, lo público definitivamente agoniza…mientras se consolida como tendencia a escala planetaria la privatización y desregulación, alcanzando también a los MCMs, sin que se resuelva aún el debate pendiente acerca de cuál es el modelo televisivo que mejor satisface el interés público y/o sirve al bien común y a su vez satisface al ciudadano común, al cliente y consumidor, en definitiva.
Por otra parte, es necesario agregar que: "La competencia ilimitada no siempre ha significado el libre acceso de empresarios, productores o creadores al Mercado, sino por el contrario, ha llevado a la expansión de prácticas monopólicas y a la concentración de los medios en manos de los empresarios económicamente más fuertes".
Por lo tanto, la competencia ilimitada de mercado resulta una importante barrera a la hora de elección de los ciudadanos, sobre todo para lo que se denomina como las minorías y las mayorías flotantes. He aquí que las empresas de radio y televisión, por ejemplo, cuando compiten buscan atender los gustos más elementales de los sujetos, ofreciendo programas de carácter popular, reduciendo de esta forma, la oferta global de programación, estandarizándola y tornándola más repetitiva y más previsible. Finalmente, el mercado de la radio y televisión sólo se interesa por las diferencias sociales y culturales cuando éstas representan alguna ganancia atractiva (Ortega, 2002).
En este sentido, también, podemos considerar que en la actualidad la tendencia de la producción cultural en los medios, es la fragmentación y la especialización tanto de ofertas como de los consumos específicos. Se trata, por lo tanto, de una simple funcionalización de las diferencias socioculturales respecto de los intereses comerciales, tendientes a la construcción exclusiva de diferencias efectivamente "Vendibles" (Barbero,2001) en contraposición a los fines esenciales de los MCMs como lo son: Entretener, educar e informar, sin exclusión, de manera libre y amplia a toda la sociedad.
Esta situación al nivel de la Región, pone "En jaque" a la televisión pública, toda vez que ésta se torna cada día más comercial, distorsionando con ello, su esencia de servicio al bien común y perdiendo, también, su razón de ser.
Carece de sentido la existencia de una televisión pública sin diferenciación, aún cuando la competencia televisiva futura pueda gestarse por los géneros que éstas exhiban y/o hacia los cuales se orienten más que exclusivamente por la audiencia (Fuenzalida,2000) a pesar de que constantemente la televisión pública sea cuestionada por su debilidad de oferta frente a la televisión comercial y por sobre todo, porque en ella no sólo están comprometidos fondos públicos sino también, el interés ciudadano que pese a los cuestionamientos señalados está más próximo a la existencia y/o fortalecimiento de la televisión pública, en tanto ésta se mantenga fiel como expresión de pluralidad y democracia.
El desarrollo y predominancia del efecto especial por sobre lo real, ha permitido la consolidación de la industria cultural como realidad capaz de penetrar masivamente en cada rincón de la existencia humana…se ha desarrollado con el primado del efecto, del exploit tangible, del detalle sobre la obra, que una vez era conductora de la idea y que ha sido liquidada junto con ésta (Adorno,1999). A ello pone fin con su totalidad la industria cultural.
La industria cultural de la misma forma trata al todo y a las partes. El mundo entero es pasado por el tamiz de la industria cultural. El ciudadano –consumidor debe asimilar que su propia existencia es una prolongación del producto entregado a través de la esta Industria. El ideal consiste en que la vida no pueda distinguirse más de los films..
La industria cultural, al igual que el arte de vanguardia actúa con un lenguaje suyo, con una sintaxis y un léxico propios, sin embargo, no es menos cierto que dicha originalidad discursiva y/o lexicológica hoy se ve hibridada por el lenguaje del mercado, de la oferta y la demanda. Por ello, entre otros aspectos, la Industria Cultural está "Obligada" a satisfacer la necesidad de nuevos efectos, que además de capturar nuevos consumidores culturales, impacte positivamente respecto del herario de sus dueños.. de sus promotores.
Del mismo modo, la Industria cultural como realidad nos muestra conceptualmente que el todo no es el todo mismo, es decir, los productos - conceptos que esta industria instala y/o promueve al interior del mercado no son fruto del azar y como tal no han surgido de una vez, en todo lo que tienen de concreto. Su evolución se efectúa, según van expresando de manera más concreta su esencia, a medida que van descubriendo nuevas facetas. Si lo concreto, es la unidad de múltiples determinaciones, es natural que al irse conociendo la multiplicidad de las propiedades de las cosas de los propios conceptos, estos vayan haciéndose más concretos
Los productos - conceptos promovidos desde la industria cultural son concretos. Pueden poseer diferente contenido, en dependencia del cambio de las conexiones y relaciones de un fenómeno específico, respecto de otros.
Este principio es particularmente importante para la explicación del fenómeno de la industrialización cultural y su inserción en el mundo globalizado, debido a que el pensamiento también, es la capacidad de construir y reconstruir activamente esquemas de acción exterior conforme a cualquier nueva coincidencia de circunstancias. He aquí la génesis de esta simbiosis mercado – cultura.
Oscar Vega Gutiérrez
Sociólogo
Asesor Principal GTC Consult
Chile
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