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Noción de intencionalidad en Edmund Husserl




Trabajo de grado presentado como requisito parcial para optar al título de Filósofo en la Escuela de Ciencias Humanas

Programa de Filosofía - Universidad del Rosario

  1. Génesis de la noción husserliana de intencionalidad
  2. Intencionalidad, conocimiento e intuición
  3. Intencionalidad y objeto
  4. Conclusiones
  5. Bibliografía

Introducción

Sobre epistemología se han escrito cientos de volúmenes desde los mas diversos puntos de vista. En el presente estudio me he dedicado exclusivamente al concepto husserliano, sin entrar en debates y comparaciones históricas que no dejan de ser importantes y que por demás ya son tópicos comunes.

La propuesta epistemológica husserliana no es un acontecimiento novedoso en la historia del pensamiento filosófico. Que la mente siempre refiere a algo es cosa que Aristóteles ya había postulado y que se ha asumido como cierto e indiscutible en la mayoría de propuestas epistemológicas que se han dado a lo largo de la historia de esta disciplina. Lo novedoso en la propuesta husserliana es su afirmación de que sujeto y objeto están correlacionados de tal manera cuando conocemos, que se hace imposible definir al uno en ausencia del otro.

El conocimiento en Husserl se desarrolla enteramente en el campo de la conciencia y es una función que se da entre el yo puro y el fenómeno, función que Husserl denomina con el nombre de intencionalidad. El asunto en cuestión será la conciencia y lo que en ella encontramos, es decir, los objetos.

Los teóricos de la epistemología generalmente se han ocupado en puntualizar y describir cómo es lo que conocemos y hasta dónde es posible el conocimiento. Pocas teorías se dan a la tarea de explicar y desmenuzar en forma concienzuda el mecanismo del conocimiento en sí mismo. Mecanismo que Husserl denomina con el nombre de intencionalidad. En el presente estudio pretendo explicar el mencionado mecanismo tanto en sí mismo, es decir, sus partes y su modo de operar, así como también al resultado de su funcionamiento, a saber, el objeto.

Husserl señala como propiedad fundamental de la conciencia, o como esencia de la conciencia a la intencionalidad. A grandes rasgos intencionalidad significa la capacidad de la conciencia de referirse-a. En otros términos intencionalidad significa la presencia del mundo en la conciencia, que es tanto como referir lo cognoscible. Pero hay que distinguir que una cosa es el referirse-a, que es el mecanismo propiamente dicho, y otra cosa es la presencia del objeto en la conciencia, que es el resultado del funcionamiento del mencionado mecanismo.

El curso de nuestra investigación en líneas generales es el siguiente: en la parte primera, sobre la "Génesis de la noción husserliana de intencionalidad", se explora el concepto de Franz Brentano, de quien procede esta noción en su sentido más inmediato. El la entiende como un asunto puramente psicológico que caracteriza a los fenómenos psíquicos, que consiste en la propiedad de estos, de referir un sentido o apuntar hacia un objeto. Asevera Brentano que todo fenómeno psíquico contiene en sí algo como un objeto, si bien no todos del mismo modo.

Hecho lo anterior, expondré la primera versión del concepto de intencionalidad, que es presentado por Husserl en sus Investigaciones Lógicas a manera de una teoría del conocimiento. En síntesis, Husserl entiende por intencionalidad la propiedad de la conciencia de referir algo o apuntar hacia algo (una percepción es percepción de algo), y lo circunscribe específicamente a los actos psíquicos, siendo estos el elemento básico del conocimiento. Como último punto de esta primera parte, expondré la idea más elaborada acerca de este tópico, que se encuentra en Ideas, esto es, que "la conciencia es conciencia de algo". Husserl entiende este hecho de la conciencia, como el acaecimiento primigenio del conocimiento.

Antes de exponer la parte segunda es necesario hacer una advertencia sobre la conciencia en general: lo que aparece en la conciencia (aún en la brentaniana) hay que tomarlo como fenómeno, lo cual quiere decir que cuando hablamos "desde" la conciencia, no hablamos de cosas reales en el sentido tradicional de este término, es decir, de cosas físicas dentro de un espacio y un tiempo. Lo que aparece en la conciencia (que es el campo de trabajo de Brentano y Husserl) aparece como inexistente en el espacio y en el tiempo. Por esto el campo de la conciencia es el campo de lo fenomenológico.

En la parte segunda, sobre "Intencionalidad, conocimiento e intuición" me ocupo en desglosar la intencionalidad en cada uno de sus segmentos, hecho que los comentaristas han pasado por alto. El mencionado mecanismo está compuesto de dos partes, el yo puro y el fenómeno, y básicamente su operar consiste en un dirigirse que parte del yo puro hacia el fenómeno. Esta operación tiene una consecuencia fundamental: la intuición. Resultado que, según Husserl, sería la base del conocimiento fenomenológico.

En la parte tercera, sobre las "Interpretaciones y consecuencias sobre la forma como opera la conciencia ", pretendo exponer lo que implica la intencionalidad en su sentido más amplio, es decir, la descripción de la realidad tal como esta aparece en la conciencia, porque los objetos son finalmente los que dan sentido, hacen a la conciencia y son la realidad misma.

En la parte cuarta, sobre mundos posibles, semántica y subjetivismo trascendental, a saber, las "Conclusiones", analizo los alcances del carácter fundamental de la conciencia, es decir, el de dirigirse-a. El mencionado carácter genera en cada dirigirse-a un mundo posible, y un significado posible, que no está dado o prefijado sino que se da en el mismo dirigirse-a, que no es pasado ni futuro sino puro presente. En este mismo aparte, me detendré en hacer notar algunas similitudes que poseen Wittgenstein el de las Investigaciones Filosóficas y Husserl en cuanto a su teoría de la significación, esto es: que no se puede hablar de significación en términos absolutos, ya que el significado en Wittgenstein depende del uso de las palabras y en Husserl de la intencionalidad.

1. Génesis de la noción husserliana de intencionalidad

1.1 Concepto de intencionalidad en Brentano

Antes de entrar propiamente en el concepto de intencionalidad en Brentano, veamos el origen de esta expresión. Intencionalidad es un término que proviene del latín intentio, y designa el acto de dirigirse la conciencia a su objeto. Esta es una noción muy antigua que ya Aristóteles usaba y que posteriormente se siguió usando en la Edad Media y la Modernidad, tal es el caso de Santo Tomás de Aquino, quien toma esta noción de Aristóteles. Santo Tomás, a grandes rasgos, entiende por intención la acción y efecto de la mente de tender hacia algo (S. Theol., Ia– IIa, q. XII a 1.) A este respecto, Santo Tomás aclara que la expresión intención se presta a equívocos, pero tomada en sentido lógico gnoseológico y en parte psicológico, designa el hecho de que ningún conocimiento actual es posible si no hay una intención. Lo cual quiere decir, que la intención es el acto del entendimiento dirigido al conocimiento de un objeto.

Hay que advertir que la intencionalidad en Brentano se encuentra en un contexto psicológico. La psicología era tomada como parte de la filosofía, incluso como la disciplina que permitía acceder a este ámbito del saber.

La obra de Brentano, Psicología desde el punto de vista empírico, se ocupa de la intencionalidad y del lugar de esta en una teoría del conocimiento. "Establece Brentano, que para el estudio de las ciencias carece de interés los sustratos imperceptibles de las cualidades que si se pueden percibir". Es decir, que para el estudio de la ciencia es suficiente el fenómeno, y cualquier intento más allá, sería el abandono de lo que en principio se da con claridad y certeza.

La postura brentaniana, al dejar de lado el en sí de los objetos, indica claramente que cualquier indagación que se realice en las ciencias y, por supuesto, en una teoría del conocimiento debe partir de lo aparente, es decir, del fenómeno. En este sentido encontramos en Brentano una ruptura con la metafísica, ya que no otorga ningún papel a lo que hay detrás del fenómeno.

El fenómeno ocupa un papel clave en Brentano, así como también en Husserl. Lo cognoscible, dirán Brentano y Husserl, es el fenómeno. Son fenómenos psíquicos los que llenan la mente, afirma Brentano. Y es a fenómenos a los que se dirige la conciencia, dirá en su oportunidad Husserl. Así pues, para la teoría del conocimiento desde el punto de vista de la intencionalidad, es central el fenómeno.

Es muy característico de esta corriente de pensamiento reducir el mundo a un asunto meramente de la conciencia. No existe más que la conciencia y todo lo que se desarrolla en el ámbito del saber humano se da dentro de este campo. Pareciera ser que lo único "cierto" que se escapa al rótulo de fenómeno es la conciencia. La conciencia, en este sentido, es el punto capital de la fenomenología.

Brentano asevera que las ciencias, aún las que se ocupan de la materia, son ciencias de los fenómenos, y se clasifican, en ciencias naturales (que se ocupan de los fenómenos físicos o materiales) y la psicología (que se ocupa de los fenómenos psíquicos o la mente). Estos últimos son los que interesan a Brentano, y sus investigaciones se orientan en este sentido.

Brentano define los fenómenos psíquicos de la siguiente manera:

Todo fenómeno psíquico esta caracterizado por lo que los escolásticos de la Edad Media han llamado la inexistencia intencional (o mental) de un objeto, y que nosotros llamaríamos, sí bien con expresiones no enteramente inequívocas, la referencia a un contenido, la dirección hacia un objeto (por el cual aquí no hay que entender una realidad) o la objetividad inmanente. Todo fenómeno psíquico contiene en sí algo como un objeto, sí bien no todos del mismo modo. En la representación hay algo representado: en el juicio hay algo admitido o rechazado, en el amor, amado, en el odio odiado, en el apetito apetecido, etcétera. (El subrayado es mío).

En primer lugar, observemos que Brentano entiende la intencionalidad como la característica fundamental de la totalidad de los fenómenos psíquicos. Lo cual quiere decir que todo fenómeno psíquico revela un objeto, contiene en sí algo como un objeto, que no es real sino mental.

Brentano señala que el funcionamiento básico de la mente es referir contenidos, dirigirse hacia objetos. Los fenómenos psíquicos, tal como los entiende Brentano, tendrían tres características:

a) Refieren un contenido o apuntan hacia un objeto (contienen algo en sí como un objeto).

b) El referir o apuntar no es real, sino fenoménico.

c) Hay tres tipos de fenómenos psíquicos: de representación, de juicio y de sentimiento.

Husserl está de acuerdo con a) y b), incluso se encuentran presentes en la argumentación más elaborada de su concepto. Y c), le servirá en Investigaciones Lógicas para lo que él denomina "actos", pero no caracterizara sólo tres tipos de actos, sino otros más.

1.2 Concepto de intencionalidad en las Investigaciones Lógicas de Husserl

Investigaciones Lógicas se da como una respuesta y, sobre todo, como una solución a un problema epistemológico, esto es, a planteamientos formulados por la psicología frente a problemas de argumentación de la lógica, la matemática y la ciencia.

La psicología, una disciplina bastante extendida y con mucha acogida en la época de Husserl, afirmaba que los argumentos para entender a cabalidad la lógica, las matemáticas y la ciencia se encontraban en la mente humana. Se pensaba que un mejor entendimiento del cerebro humano daría las claves de las disciplinas mencionadas, incluso se creía que estas disciplinas procedían y se daban gracias al modo como opera la mente, así, otra mente en un lugar distinto podría reflejar otra lógica, otra matemática y por supuesto otra ciencia. Esta interpretación del modo como opera la mente -dice Husserl-, pone en entredicho la racionalidad misma, dado que si todo se reduce al modo como opera la mente, entonces, estamos sujetos a los parámetros que esta indica. De este modo el ser humano estaría totalmente condicionado por su naturaleza y cualquier cosa podría darse.

Husserl, ya en la primera parte de Investigaciones Lógicas refuta la idea de que los fundamentos para la lógica, la matemática y la ciencia se desprendan del funcionamiento de la mente, y asevera que estas disciplinas son enteramente independientes y no son consecuencia del modo como opera la mente. Husserl argumenta que cualquier intento de explicación psicologista es una forma enmascarada de relativismo, lo cual conduce al escepticismo en sus formas más extremas, por ejemplo en afirmaciones que son en sí mismas contradictorias, tal es el caso, cuando se afirma que no hay ninguna verdad, pensando que esta proposición misma es verdad.

Una vez demostrado que la lógica, la matemática y la ciencia no se reducen ni son reflejo del modo como opera el cerebro, Husserl se enfrenta a un problema crucial y es cómo demostrar que esos objetos que aparecen en la mente, en unas vivencias, en unos actos de conocimiento, no dependen ni son reflejo de ella, sino que por el contrario, son creaciones que parecen ser autónomas. Este sería el tema de la segunda parte de Investigaciones Lógicas, donde se aborda el estudio de los actos del sujeto, el estudio de las vivencias del sujeto que hace la ciencia, para así de este modo entender cómo es que la ciencia aparece en la conciencia humana. De esta forma ya tenemos una primera aproximación a la conciencia, en cuanto que en ella aparecen los objetos en tanto "objetivos", precisamente porque no se reducen al momento mismo en que se nos dan.

La intencionalidad sería la característica fundamental de los actos de conciencia. Estos siempre refieren algo, siempre son conciencia–de. Los actos de conciencia o vivencias implican un sentido, un objeto, algo a lo que se refieren, que tienen o encierran una intención; esto es precisamente lo que se quiere decir cuando se menciona que toda conciencia es conciencia de algo.

Husserl no sólo dirá que toda conciencia es conciencia de algo, sino que todo "algo" es algo de una conciencia y en este punto radica su distancia de Brentano. Afirma que nosotros no podemos tener un algo sino es a través de una vivencia. En este sentido, los actos intencionales son de muy diversos tipos. Cada uno de esos objetos tendrá una forma distinta y peculiar de darse y es un error el tratar unos objetos con el modo de darse de otros.

1.3 Concepto de intencionalidad en Ideas de Husserl

La noción de intencionalidad que se encuentra en Ideas, es el concepto más elaborado que acerca de este particular esbozó Husserl. Intencionalidad es el punto de partida para instalarse en la fenomenología. En otras palabras, ver la esencia de la conciencia, es decir, captar la intencionalidad en su obrar, es estar en actitud fenomenológica.

Al igual que en Investigaciones Lógicas, la intencionalidad en Ideas significa esa propiedad de la conciencia de dirigirse-a, incluso esta noción se refuerza y tendrá un lugar preponderante, tanto que definirá esencialmente a la conciencia y no como ocurría en Investigaciones Lógicas, donde las diversas modalidades específicas esenciales de referencia intencional (acto) son las básicas para su definición. A cambio de "actos" se usará el término "vivencia". La noción de vivencia es la que propiamente contiene a la intencionalidad. La intencionalidad se presenta en las vivencias, y la principal característica de las vivencias es que son conciencia de algo. El elemento general con el que cuenta (a partir de ahora) el conocimiento en Husserl, serán las vivencias.

Las vivencias son el elemento más amplio del conocimiento en Husserl. Lo conocible se da por medio de vivencias, y el centro de estas es la intencionalidad. Siendo más precisos, la intencionalidad es la que define a las vivencias.

La noción de intencionalidad en Ideas se encuentra inmediatamente después y como resultado de la aplicación de la epojé fenomenológica trascendental, que consiste en no emitir juicios sobre existencias en el espacio y en el tiempo de todo lo que nos rodea, aun aquellas construcciones de tipo teórico y práctico. Para Husserl, el mundo después de la aplicación de la epojé fenomenológica trascendental, ya no aparece como algo real, como algo existente en el espacio y en el tiempo, sino como un asunto puramente fenoménico. En este sentido, todo lo que aparece en la conciencia aparece como inexistente en el espacio y en el tiempo. Dice Husserl que todos los contenidos de conciencia tienen esta característica, y así hay que tomarlos si queremos entender a cabalidad los asuntos del conocimiento.

Husserl entiende por intencionalidad:

... la peculiaridad de las vivencias de "ser conciencia de algo". Ante todo nos salió al encuentro esta maravillosa peculiaridad, a la que retrotraen todos los enigmas de la teoría de la razón y de la metafísica, en el cogito explícito: Una percepción es percepción de algo, digamos de una cosa; un juzgar es un juzgar de una relación objetiva; una valoración, de una relación de valor; un desear, de un objeto deseado, etcétera. El obrar se refiere a la obra, el hacer a lo hecho, el amar a lo amado, el regocijarse a lo regocijante, etcétera. En todo cogito actual, una "mirada" que irradia del yo puro se dirige al "objeto" que es el respectivo correlato de la conciencia a la cosa, la relación objetiva, etcétera., y lleva a cabo la muy diversa conciencia de él.

La expresión "ser conciencia de algo" es básicamente la definición de lo que debemos entender por intencionalidad. Definición que describe cómo es que conocemos y cómo es aquello que conocemos. "Ser conciencia de algo" significa tener presente ante la conciencia un fenómeno. Por fenómenos hay que entender todo contenido visto o experimentado, sin que deba pensarse en una contraposición con un ente no dado. En éste sentido, se llama fenómeno al dato captado esencialmente, en contraposición a la diferencia clásica, entre el mero fenómeno, como lo aprehendido de manera solo sensible, y la esencia.

Por tanto, en Husserl el acto humano de conocer se da cuando se tiene un fenómeno ante la conciencia. Mas aún, el accionar de la conciencia, "ser conciencia del algo", es estar conociendo, lo cual significa que la intencionalidad es el acto fenomenológico fundamental mediante el cual conocemos.

Veamos lo que significa tener presente ante la conciencia un fenómeno, o un acto de conocimiento. Por ejemplo: Un amar de un objeto amado, o podríamos enunciarlo en palabras más coloquiales: yo-amando-esta-mujer. En la actitud natural, (es decir, antes de la epojé fenomenológica trascendental, antes de captar la esencia de la conciencia en su obrar), la conciencia entera está absorta por el espectáculo de la mujer, es decir, por su corporalidad o su manera de ser, su sonrisa, sus gestos, su voz, o porque vemos a nuestra madre en ella, o porque es la única que nos escucha y nos manifiesta sus deseos, etcétera. En la actitud fenomenológica, se rompe este encantamiento y se añade el desdoblamiento que nos permite considerar por sí mismo el hecho de que amo esta mujer. Si ahora nos mantenemos en el desdoblamiento de nuestra atención, podremos examinar este hecho y sus significaciones. Veamos, primeramente, que se compone de dos términos: yo amando y "esta mujer". Entre comillas esta mujer para indicar que ya no estamos en la actitud natural, que se ha roto el encantamiento y que no es únicamente esta mujer la que nos interesa, es decir, aquella que nos deja absortos por X características. Husserl denomina como nóesis al primer término: yo amando y nóema al segundo término: "esta mujer"; esta dualidad reaparecerá en todos los vívidos de conciencia. La nóesis, o lado noético de lo vívido por la conciencia –yo amando– es la presencia activa del sujeto en la elaboración de una percepción y, por consiguiente, en la constitución de una significación. El yo es a la vez receptivo y donador de un solo y mismo movimiento, o en otras palabras: nóesis es lo que una vez practicada la epojé fenomenológica trascendental, se refiere a la actividad de la conciencia. El nóema "esta mujer" o lado noemático de lo vívido, es el resultado de la actividad de la nóesis: el objeto o sentido constituido, considerado en su dependencia con respecto al acto constitutivo que es una pura modalidad de referencia intencional al nóema. Ahora bien, la clave en todo este asunto es que nóesis y nóema sean indisociables y se compenetren, y esto es la evidencia misma y la esencia de la intencionalidad.

Por último, hay que puntualizar que en Ideas la noción de intención (que en Investigaciones Lógicas caracteriza la conciencia), ahora será la que define plenamente el mundo de lo conciencial. La intencionalidad ya no se entiende como algo peculiar de los "actos", sino como el centro mismo de la significación.

A modo de conclusión, la intencionalidad husserliana, ya sea en Investigaciones Lógicas o en Ideas, es la explicación y desglose del mecanismo del conocimiento fenomenológico. En Investigaciones Lógicas el conocimiento se da mediante "actos", siendo estos en su generalidad el centro de atención de Husserl. En Ideas será la intencionalidad el punto de atención, ya que esta caracteriza esencialmente a la conciencia.

2. Intencionalidad, conocimiento e intuición

Para el desarrollo de este capítulo, me serviré exclusivamente de la siguiente proposición que indica tanto la forma como opera este mecanismo, así como también sus partes: En todo cogito actual, una "mirada" que irradia del yo puro se dirige "al objeto" que es el respectivo correlato de la conciencia a la cosa, la relación objetiva, etcétera., y lleva a cabo la muy diversa conciencia de él.

La proposición anterior indica que la intencionalidad es una función que se da debido a la interacción del yo puro y el fenómeno. Esta función consiste en un dirigirse por parte del yo puro, y específicamente es un dirigirse al fenómeno. Hay que aclarar que el fenómeno está dentro del marco de la conciencia, al igual que el yo puro.

Así las cosas, el mecanismo de la intencionalidad presenta dos partes que se pueden distinguir con toda exactitud: el yo puro y el fenómeno.

2.1 El yo puro es constante y necesario

El yo puro hay que entenderlo como algo constante y necesario, que no es una vivencia ni una idea fija, aunque claro, pertenece a toda vivencia y transcurre en las vivencias. El yo puro opera en el cogito, y su mirada se dirige a través de cada cogito actual a lo objetivo. En otras palabras cada cogito está atravesado por el yo puro, tanto en su actualidad como en su objetividad, que es donde finalmente es llevado el cogito por el yo puro. El cogito actual tiene unos límites dados por su contenido, que son rebasados por el yo puro, y este más allá se refiere no al pensar mismo sino al objeto en sí. Husserl, que también denomina al yo puro como un rayo de mirada, dice que este cambia con cada cogito, lo cual significa que el yo puro aparece con cada cogito y desaparece en cada cogito. Pero el yo puro es algo idéntico, así el cogito siempre sea algo fugaz. En síntesis, asevera Husserl que no se puede dejar de admitir un yo puro, el cual presenta una "trascendencia peculiar, una trascendencia en la inmanencia" y que consiste, en última instancia, en ser sujeto histórico.

Ahora bien, al yo puro lo encontramos en las vivencias, sin que esto signifique que el yo puro sea un fragmento o un ingrediente de las vivencias mismas. Que característica tan curiosa la del yo puro; es algo que encontramos en las vivencias y resulta que no es un fragmento de ellas, ni un ingrediente de ellas. Entonces, ¿qué lugar ocupa en las vivencias el yo puro? El yo puro es, nada más ni nada menos, que un polo de constancia de las vivencias. El yo puro finalmente permite que las vivencias sean vivencias.

Husserl hace una distinción entre el yo concreto, es decir, el hombre en el mundo (el yo cotidiano o, en otras palabras, el yo de la psicología), y el yo puro, el cual hace que el mundo sea lo que es. El yo concreto pertenece y hace parte del mundo, está dentro de unos límites, dentro de una temporalidad, mientras que el yo puro "está por fuera del mundo", tiene su propio tiempo y por esto precisamente, puede tomar como su objeto al hombre concreto y al mundo. Así el yo puro desaparece y aparece constantemente, es como un rayo de mirada que lo ilumina todo. Pero este rayo de mirada tiene la peculiaridad de no ser detectado, de no ser visto con facilidad, ya que es tan "intensa su luz", que enceguece y su ser mismo es puro presente.

Dado que el yo puro, es presente, no es fácil definirlo. Cuando hablamos del yo puro no estamos describiendo una mesa, una persona, un sistema, etcétera, sino un hecho en términos de la conciencia, sólo que este hecho tan particular en Husserl no es decible por medio de palabras, ni de ninguna otra argucia. El yo puro es, en tanto es algo. En términos aristotélicos es el instante, es decir, "ese momento que está entre lo pasado y lo futuro", y que está en el ahora, que es pura actualidad. En esta línea de interpretación, el yo puro husserliano ocupa el lugar que en Aristóteles tiene "el ente en tanto que ente".

La otra parte del mecanismo de la intencionalidad es el fenómeno. En sentido husserliano, fenómeno designa todo contenido visto o experimentado, sin que deba pensarse en una contraposición con un ente no dado. En otras palabras, fenómeno se llama al dato de la conciencia que, sometido a la epojé fenomenológica trascendental, es contemplado como tal dato, prescindiendo de su valor de "existencia"; de ese modo, el mundo se convierte en "mundo", el árbol en "árbol", etcétera.

2.2 Definición básica de intencionalidad

Hay dos hechos que Husserl señala como básicos en la definición de intencionalidad:

a) Es un dirigirse –que parte del yo puro, hacia el fenómeno–

b) Es un llevar a cabo la muy diversa conciencia del objeto –asimilación del fenómeno–

La expresión dirigirse la podemos asemejar a movimiento, a un ir, a desplazamiento. Pero en este punto Husserl no es muy claro ya que, refiriéndose al tema en mención, asevera que el dirigirse es una vuelta, y también dice que es un desviarse que puede contener en sí una intencionalidad. Dirigirse no es una expresión fácil de comprender, sobre todo si se piensa que se tiene que dar un movimiento. Tal vez no sea muy útil usar esta expresión para dilucidar lo que Husserl entiende por intencionalidad.

Con mucha frecuencia Husserl también emplea la expresión mirar-a, como sinónimo de dirigirse-a. Mirar-a es el término que mejor define en toda su dimensión lo que significa la intencionalidad. Pero, Mirar-a es una frase que no debe ser tomada literalmente, ya que cuando Husserl usa esta expresión se refiere a una mirada muy peculiar, esto es, una mirada despojada de todo tipo de preconceptos. Generalmente, cuando miramos algo siempre lo miramos desde unos intereses, desde unos síntomas, incluso cuando miramos algo lo miramos como un acto reflejo. Lo que está ahí delante se impone a la mirada, y a la mirada también se le imponen unas necesidades. De éstas imposiciones es que Husserl quiere liberar a la conciencia, para ver de "verdad" las cosas.

La región a la que permite acceder la intencionalidad, cuando vemos los objetos, es a la región de la "verdad" o de lo "absoluto". Finalmente se accede a esa primera intuición de la cosa misma, base de la fenomenología como ciencia estricta. Por tanto, esta filosofía no puede llevarse a cabo sino sobre las cosas mismas.

2.3 La intuición es el acceso a esencias

Husserl considera que la inducción y la deducción, que son los métodos de las ciencias no filosóficas son procedimientos indirectos de obtener verdades, ya que no los extraen de las cosas mismas. Pero la intuición como método no refiere las cosas a una existencia aquí, ahora, sino a la intuición de sus esencias. La intuición hace presente la cosa misma liberada ya de toda condición fáctica, y es el fundamento del verdadero método. Con el principio de intuición Husserl pretende obtener proposiciones independientes del sujeto, verdades que tenga que admitir cualquier sujeto.

Para comprender la naturaleza de esas proposiciones y el tipo de verdades a las que accede la fenomenología, analicemos la siguiente proposición que está en la línea de lo que pretende decir Husserl:

Toda proposición es un acto de segundo grado que se funda en el ver.

Según Husserl, todo sujeto sólo puede tener del eidos "proposición", su intuición genérica o esencial. Esta proposición, según Husserl, se funda así misma, no depende de otras, lleva su verdad en sí, representa verdades intocables, pues muestra necesidades absolutas que están dadas desde el objeto mismo.

Según la proposición, es evidente que para decir algo de algo, necesito previamente tener presentes los objetos, de manera que es imposible emitir una proposición sin previa presentación de los objetos que en ella intervienen, sea quien quiera el sujeto que la emita; es una verdad absoluta para todo sujeto capaz de emitir proposiciones. Son verdades independientes de todo saber reflexivo, de modo que las verdades obtenidas mediante teorías no pueden afectarlas. Estas verdades no se obtienen por inducción (pues no se necesita estudiar casos reales de proposiciones), ni por deducción (ya que no están incluidas en los conceptos "proposición") y, en consecuencia, no hemos podido extraerlas de ellos, han sido obtenidas por intuición de la cosa misma. Esas verdades no proceden de la suma de casos individuales ni de conceptos, sino de la presencia de la cosa misma dada a la intuición.

Así pues, estamos impedidos para emitir proposiciones sin tener presentes los objetos, y esto porque el hecho de emitir proposiciones no se funda sobre mi emisión efectiva de una proposición, no se funda sobre un hecho concreto aquí-ahora. Contra el psicologismo que reduce todo lo subjetivo a lo fáctico-subjetivo, la verdad de este impedimento no se debe a que yo de hecho no pueda emitir una proposición sin tener presentes los objetos. Este impedimento no depende de mi constitución subjetiva, no expresa mi necesidad subjetiva de tener presentes los objetos antes de conectarlos en un enunciado; más bien, es una verdad de la cosa misma proposición, y expresa que es ella la que necesita la previa presentación de los objetos. Se extrae directamente de la cosa misma dada en la intuición, y por eso, es válida para todo sujeto que emita proposiciones.

A modo de conclusión, el mecanismo de la intencionalidad es el medio por el cual se conoce en fenomenología, pero este medio revela primordialmente esa intuición de esencias que, según Husserl, es el fundamento primero del conocimiento. Eso que a primera a vista se nos brinda hay que tomarlo tal como se da, -dice Husserl- y ninguna teoría podría sacar su propia verdad sino de los datos originarios. Es por esto que la divisa husserliana reza: "a las cosas mismas", que son lo clave del conocimiento, y por tanto a ellas hay que ir, y de ellas hay que partir cuando queremos definirlas.

3. Intencionalidad y objeto

El propósito con este capítulo, es destacar el lugar que tienen los objetos en Husserl. Lugar que muestra la preocupación husserliana por interpretar cabalmente la realidad, que en términos husserlianos son los objetos, y en la medida que estos se digan, se dice el mundo.

El grupo de comentaristas que a continuación citaré, no se han elegido por sus posturas innovadoras (punto en el cual ya hay numerosos autores y corrientes). No pretenden Xirau, Szilasi o Lyotard señalar un nuevo derrotero en la fenomenología, asunto que no es tema de este capítulo. La pretensión de los autores aquí estudiados es la de hacer una exégesis lo suficientemente rigurosa y comprensible que demuestre hasta que punto la intencionalidad (tal como la concibió Husserl), es de alguna utilidad en el campo del conocimiento.

3.1 La conciencia es intencionalidad

Joaquín Xirau afirma que la intencionalidad no es una propiedad de la conciencia, ni una característica que sobrevenga a su existencia, sino que constituye íntegramente su existencia misma; y no se dirige a algo fuera de la conciencia, ni a un contenido real de la conciencia o algo más allá de ella, sino a una objetividad ideal. Esta objetividad ideal se daría según Xirau así: mediante el acto intencional que la anima, la vivencia se trasciende a sí misma y adquiere una forma específica de objetividad. Por ejemplo, si yo tengo ante mí un círculo, el acto "real", inmanente, mediante el cual me dirijo a él, no tiene nada que ver con su constitución ideal objetiva. El objeto ideal es circular, porque es lo establecido, lo prefijado, lo construido. Naturalmente que no lo es el acto que se dirige a él, ya que no está enajenado. Ni la conciencia del círculo es circular, ni la de lo histórico histórica, ni la de lo rojo roja. Lo circular, lo histórico, lo rojo se revelan como mero correlato intencional de mi acto. Lo objetivo trascendente se opone en la conciencia a lo subjetivo inmanente, como lo ideal a lo "real".

Xirau interpreta que la intencionalidad es la existencia misma de la conciencia. Siendo la intencionalidad el mecanismo propiamente dicho del conocimiento, esto implica -tal como lo dice Xirau- que la esencia de la conciencia es conocer, es decir, que el modo como opera la conciencia es el modo como es posible el conocimiento.

3.2 La intencionalidad es actualidad

Szilasi, que está completamente en la línea interpretativa de Xirau, indica el modo de accionar de la conciencia, y subraya que lo novedoso que aportan las comprobaciones de Husserl no consiste en que toda acción de la conciencia esté dirigida en un sentido determinado, sino en que la determinación procede, en cada caso, de una concreta situación vital, y cambia con el cambio de ésta. En este sentido lo que caracteriza la intencionalidad es la unidad de una acción de la conciencia con lo producido en ella. En consecuencia, la intencionalidad no puede entenderse como relación cósica entre cosas, ni como una propiedad subjetiva inmanente de la conciencia, mediante la cual esta –conciencia– superase el abismo entre ella misma y las cosas. Por virtud de la intencionalidad nos hallamos desde un comienzo atrapados en la trama de estas, en otras palabras, nos hallamos atrapados en el dirigirse-a, o para ser más claros, atrapados en estados de cosas que captamos cognoscitivamente.

El comentario de Szilasi va muy en línea de Ideas donde Husserl explica cómo procede la conciencia, y sobre todo desde dónde; no procede desde algún lugar, ya que el lugar al que se dirige y desde el que se dirige siempre es único. Cada dirigirse es un acontecimiento único, por esto precisamente la conciencia está siempre haciendo el objeto. En este sentido la conciencia es puro presente. La conciencia no se dirige a ideales, ni desde ideales, el accionar de la conciencia es un dirigirse dado en el presente.

El rasero que indica Szilasi, de que la conciencia no parte de presupuestos en el proceso de conocer, sienta la condición de que el conocimiento sólo es posible si hay un acercamiento al objeto. La presencia del objeto en la conciencia es la que valida en última instancia la certeza de las proposiciones. Es más, el objeto conciencial hace a las proposiciones.

3.3 El objeto construye a la conciencia

Está tan sometido Husserl a la realidad, y es tan funcional su idealismo, que García Bacca refiere que son muchas las maneras y distancias con que la conciencia puede tratarse con los objetos, pero que finalmente el centro de gravitación de los diversos actos del sujeto se hallan en el objeto mismo. Lo cual quiere decir que sujeto

y actos se hallan "instalados" en el objeto, en un nivel superior o inferior, pero siempre "en" él. La intención, la tendencia o dirección, está dirigida y guiada por y hacia el objeto mismo.

La conciencia, al ser el objeto, necesariamente se está haciendo, porque ella por sí misma no tiene sentido. De esta forma la conciencia siempre se construye a partir del objeto. El objeto es la significación de la conciencia, por esto la conciencia lo es todo. Generalizando, la conciencia es el mundo.

3.4 La conciencia contiene el mundo

Lo que para Xirau significa "objetividad ideal", o en el caso de Szilasi "cosa", Lyotard lo denomina "mundo". Al mundo es a lo que se dirige la conciencia en el proceso de conocer, y este hecho es su esencia, lo cual denota que la conciencia es conocimiento del mundo. Conocimiento del mundo hay que entenderlo dentro de ciertos límites, la conciencia sólo puede conocer el mundo, y lo que lo rebase no es posible de conocer.

La conciencia siempre está volcada al mundo (o al objeto) y este es su vida, su ser dice exactamente Lyotard. En este sentido Lyotard asigna a la intencionalidad la capacidad de contener el mundo, que no es real sino intencional, y explica que la epojé fenomenológica trascendental, al dejar fuera de circulación la posición espontánea de la existencia del objeto, revela a tal objeto en tanto que reducido a fenómeno; el árbol sólo es entonces algo que tenemos frente a nosotros y mi conciencia aquello por lo cual existen objetos que se nos enfrentan.

Lyotard afirma que el mundo se encuentra en la conciencia como fenómeno, esto es tanto como aseverar que estudiando la conciencia, tal como Husserl la entiende, es estudiar el mundo. El mundo no sería posible pensarlo en ausencia de la conciencia. Lo que resulta bien sugestivo de todo esto, es que en la conciencia el mundo aparece como siendo parte de ella, lo cual nos hace afirmar que se encuentra superado el problema del mundo externo. En la conciencia no encontramos tal problemática debido a que el mundo es un fenómeno que hace parte de ella, gracias a la intencionalidad.

3.5 Lo real es la conciencia

El siguiente autor aclara un punto que es clave en la comprensión de todo este asunto, y es que el mundo, al que se accede por medio de la conciencia, no es un mundo exclusivo o un punto de vista. Husserl lo que dice, es que el objeto es lo conocible y cualquier cosa que se refiera del objeto es dicho desde la conciencia, y las aseveraciones que se hacen desde la conciencia son válidas para cualquier sujeto.

W. Luypen afirma que la fenomenología permite ver la "realidad". La conciencia – según Luypen– no puede existir independientemente de los objetos, y siempre tenemos una conciencia cuando tenemos un objeto, no existe algo como una conciencia en sí. Esta presencia y accesibilidad a la realidad no se considera como elaboración subsiguiente de una conciencia pre–existente y originalmente aislada; la conciencia es esta accesibilidad a esta realidad. Así, la esencia de la conciencia es precisamente este movimiento abierto hacia una realidad accesible. Así pues, la intencionalidad en Husserl postula una conciencia que está implicada activamente en el mundo. Esta conciencia activa permite que el mundo sea lo que es. Resulta imposible pensar el mundo en ausencia de la conciencia humana porque el propio pensar es intencionalidad, es decir, un modo de estar implicado en el mundo. Considerar al mundo en ausencia de la conciencia humana entrañaría retirarse del mismo objeto que se desea penetrar. En tales circunstancias, no se podría plantear una pregunta real.

Xirau denota con el nombre "Objetividad ideal", a lo que se accede por medio de la intencionalidad. Szilasi lo nombra como la "cosa", Lyotard como "mundo", Luypen como "realidad". En esta monografía lo he denominado "objeto". Todas estas expresiones indican lo mismo, es decir, aquello a lo que se dirige la conciencia en el proceso del conocimiento. Pero en sentido estricto, Husserl lo denomina como "objeto". El Objeto es lo conocible y la intencionalidad es el mecanismo de la conciencia por medio del cual se conoce.

Hay un punto en el que coinciden los comentaristas y que podríamos sintetizarlo en los siguientes términos: el más allá de la conciencia, a saber, los objetos, son el elemento básico del conocimiento y cualquier propuesta epistemológica tendría que construirse a partir de lo que ellos sugieren y posibilitan. Abandonar los objetos sería tanto como abandonar las posibilidades de una teoría del conocimiento que, finalmente, no puede partir sino de lo dado a la conciencia.

Conclusiones

1. La intencionalidad genera muchas consecuencias en todos los ámbitos del saber humano. Y en este sentido es muy rico el abanico de posibilidades que se abre. En los párrafos siguientes comentaré a muy grandes rasgos (y esto con el fin de evidenciar las alcances de esta noción), aquellos temas que sin estar completamente en el terreno de la intencionalidad, al menos sí se derivan de su significación.

Quizá una de las consecuencias más importantes y sobre todo sugestivas del concepto de intencionalidad husserliano, es que este indica a cada instante un mundo posible, y esto porque la conciencia no parte de presupuestos cuando asume el objeto. En este sentido, Jaakko Hintikka afirma que las únicas materias disponibles para elaborar la semántica de los conceptos intencionales son mundos posibles. Mundo posible, se refiere a lo que Husserl indica cuando dice que hay una lógica en el referir intencional, en el dirigirse-a. Dado que el objeto en la conciencia aparece como puro presente, esto implica que siempre el objeto nos va a mostrar un horizonte posible, un horizonte que se sale de nuestra formalidad. Por esto Hintikka afirma que la lógica de los conceptos intencionales, no es una lógica de manual. Incluso podríamos decir que lo intencional se encuentra antes de la lógica. En esta línea interpretativa tendríamos en Husserl una pre-lógica, que está en un continuo devenir, que es en tanto es el objeto, y que no es, en tanto el objeto no aparece en la conciencia.

Lo anterior quiere decir que hay tantos mundos posibles, como objetos se encuentran en el universo. Hay que tener claro que Husserl no solo entiende por objetos, al otro, a mi prójimo, a uno mismo, a una mesa, una piedra, un árbol, sino también el sentir amor, odio, desamor, desesperanza, alegría, tristeza, etcétera. Lo objetual lo es todo, por esto precisamente Lyotard afirma que con el estudio de la conciencia, se estudia el mundo. Lo cual quiere decir que cada acercamiento de la conciencia a su objeto, genera una semántica específica que está dada por los objetos, y cualquier cosa que se refiera más allá de los objetos no tendría sentido; por esto precisamente no es posible entendernos sino a partir de las conceptualizaciones que ha generado la intencionalidad. En otras palabras, la intencionalidad ha originado una semántica que a cada instante se amplía o, incluso, se ve modificada por los objetos que aparecen y desaparecen en la conciencia.

La intencionalidad es una constante puesta en cuestión y desafío para la semántica, dado que la conciencia por su misma naturaleza no le es posible aceptar las conceptualizaciones establecidas, y no tanto porque su función sea la de cuestionar la significación de las palabras, sino más bien porque ella parte de lo dado, y lo presente en ella para sus conceptualizaciones.

Así las cosas, para la intencionalidad, las palabras y sus significados están en un continuo devenir. Porque los significados que proceden o que se dan gracias a la intencionalidad, poseen la misma condición que esta, a saber: son puro presente y se dicen desde la presencialidad de los objetos en la conciencia.

2. Según Husserl la intencionalidad es dada a cada sujeto que conoce, y este hecho se da desde el puro presente, es decir, que el sujeto cognoscente debe estar padeciendo la intencionalidad para poder afirmar que está conociendo. En este sentido el conocimiento fenomenológico es una cuestión subjetiva y más exactamente subjetiva trascendental. El conocimiento en términos husserlianos depende siempre del sujeto que intenciona.

El sujeto que intenciona, no debemos olvidar, es fruto de la epojé fenomenológica trascendental, es decir, lo hemos descubierto por medio de este método. En este sentido, el sujeto que intenciona tiene unas características muy especiales que lo hacen estar por fuera de cierta tipicidad de lo generalmente considerado como sujeto. El sujeto que se percata de la conciencia husserliana y de su propiedad fundamental (la intencionalidad), es el sujeto trascendental, que ve esencias y no accidentes de los objetos.

Hay varios puntos que no son del todo comprensibles en este asunto del subjetivismo trascendental. A la intencionalidad se accede desde el yo puro, por esto se habla de subjetivismo trascendental, lo cual significa que el conocimiento no se da como una cuestión del yo psicológico (es decir, desde la persona, con su historia personal, con sus síntomas, sus condicionamientos, su conformación psíquica), porque este se reduce o desconecta por medio de la epojé fenomenológica trascendental. Aquí hay que tener en consideración cómo es aquello a lo que accedemos por medio de la epojé, que en palabras de Merleau–Ponty significa una resolución de hacer aparecer el mundo tal cual es, antes de todo retorno a nosotros mismos. Es el deseo de igualar la reflexión con la vida irreflexiva de la conciencia. Apunto a un mundo y lo percibo, dice Merleau-Ponty.

Que el mundo aparezca en la conciencia tal como es, es tanto como definir el mundo tal y como es desde la intencionalidad. Por lo tanto, las definiciones que obtenemos por medio de la intencionalidad son la base para el conocimiento no sólo particular sino también general. Lo que si hay que dejar claro, es que las conceptualizaciones fruto de la intencionalidad no son definitivas en el sentido que estas digan en toda su dimensión los objetos. Cada conceptualización es como una capa de significación y como tal hay que tomarla.

Antes de terminar este aparte, quisiera insistir que la denominación subjetivismo trascendental se refiere a que lo dado a la conciencia, es dado a un sujeto sui generis, es decir, un sujeto libre de condicionamientos y preconceptos, pero esto no significa que lo dado al sujeto solo tenga validez para él, la tiene también para los otros, puesto que desde el sujeto trascendental o subjetivismo trascendental se accede a esencias.

3. No es usual comparar a Husserl y a Wittgenstein en temas como el de la intencionalidad, pero las consecuencias de ambas teorías tienen mucho en común, ya que suponen una forma de significar muy similar. Y esto sobre todo es evidente en el Husserl de Investigaciones Lógicas, y de Ideas y en el Wittgenstein de las Investigaciones Filosóficas que considera que el significado de una proposición se identifica con su uso en un contexto de acción dado.

La proposición de Wittgenstein según la cual el significado de una oración es dado por su uso, o lo que en otras palabras Wittgenstein denomina como juegos de lenguaje y de formas de vida (en las que seguir una regla es ya siempre seguir una práctica), implica que las palabras continuamente estén variando su sentido, y no hay pretensión alguna de alcanzar un lenguaje puro universal o de construir lenguajes artificiales, libres de ambigüedades. Algo semejante propone Husserl con su noción de intencionalidad, ya que el sentido de las palabras depende de manera absoluta de lo que en su momento se pueda referir de los objetos. En este orden de ideas, tanto en Wittgenstein como en Husserl, el significado de las proposiciones no esta dicho de manera absoluta, y siempre va a depender en el uno –Husserl– de lo que refieran los objetos, y en el otro –Wittgenstein– de su uso.

La distinción de la postura husserliana y la wittgesteiniana, consiste fundamentalmente en que Husserl por su lado toma como elemento primero de su filosofía los fenómenos y la aparición de estos en la conciencia, es decir, la intencionalidad, y es de este hecho de la conciencia del que va a depender la significación. Wittgenstein, por su parte, toma como elemento básico los juegos del lenguaje. Juegos que dependen del uso que se les de en un contexto de acción dado.

Es indiscutible la distancia entre Husserl y Wittgenstein. Son dos campos de análisis desiguales, y son concepciones de interpretar el mundo incomparables, pues el uno considera que el punto clave es la conciencia y el otro el lenguaje. Pero ambas concepciones apuntan a un mismo lugar y coinciden mucho en sus resultados. El resultado neto de la propuesta filosófica de Husserl es considerar que los objetos no son completamente definibles, pues ellos siempre nos muestran uno de sus tantos horizontes. Wittgenstein desde el punto de vista del lenguaje considera, al igual que Husserl, que los objetos no son completamente definibles y que el significado de estos siempre va a depender del uso que en el momento se le este dando al lenguaje. Las expresiones uso y horizonte dejan abierta la posibilidad de nuevas significaciones, de nuevas reglas, de nuevas formas de significar el mundo.

4. Mundos posibles, lógica posible y subjetivismo trascendental son tópicos muy indicativos de lo que implica la fenomenología. No tiene esta corriente filosófica la pretensión de sentar doctrina, de dogmatizar en algún sentido. Sugiere por el contrario, la necesidad de estar recomenzando siempre y someterse a los objetos, incluso cambiar de camino, si así se hace necesario.

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Presentado por

Mario Córdoba Córdoba

Semestre II, 2004


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