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Sujeto y estructura social (de la acción comunicativa en lo práctico inerte)




Enviado por gtreboux2002



    1. Del dualismo
      epistemológico a la
      sociología
    2. Naturaleza, sociedad y
      cultura
    3. La sociología y la
      historia
    4. Max Weber y el individualismo
      metodológico
    5. Conclusiones

    Este trabajo quiere
    expresar el significado de la acción comunicativa en lo
    práctico-inerte, y si no lo dice completamente, es porque
    es un método de
    análisis que no puede cerrarse y
    codificarse, sino que, esencialmente viviente describe la
    ontogénesis del futuro en su propio presente.

    1.- DEL DUALISMO EPISTEMOLÓGICO A LA
    SOCIOLOGIA

    En la Alemania del
    siglo XIX se había estructurado una diferenciación
    muy marcada entre las Ciencias
    Naturales y las Ciencias del
    Espíritu. Esta separación o dualismo
    epistemológico, en el que comenzó a debatirse el
    nuevo campo de las ciencias
    sociales de los científicos y filósofos alemanes tales como Rickert,
    Windelband, Dilthey y Weber, no era
    común en Inglaterra ni en
    Francia.

    Es por eso que en Alemania las dificultades planteadas
    por ese dualismo son particulares a estos filósofos que,
    posteriormente al empirismo
    sajón y al positivismo de
    Comte, trataron de abrir un nuevo ámbito epistémico
    que diera lugar a la sociología.

    La fuerte división entre Espíritu y
    Naturaleza presente en las universidades alemanas, e incluso el
    haber incluido a la Historia y las Ciencias de
    la cultura entre
    las Ciencias del Espíritu, ajenas a la moderna
    conformación de las Ciencias Naturales –entre ellas
    la Física y
    la Biología,
    fueron el suelo sobre el
    que trabajarían, tardíamente, los fundadores de la
    Sociología en Alemania.

    ¿Por qué no era posible mantener ese
    dualismo epistemológico? Como veremos, el creciente avance
    de las Ciencias Naturales, que establecían el
    conocimiento de las leyes del mundo
    físico y orgánico, no podían permanecer
    –en tanto que nuevos conocimientos- ajenas a la vida
    social, aunque sólo fuera por el industrialismo creciente
    y las nuevas alternativas teóricas posteriores al
    hegelianismo.

    Las Ciencias de Espíritu incluían
    también la Psicología (a la que
    Weber sejería fuera de su interés
    sociológico. Las Ciencias del Espíritu, aún
    dentro de una tradición filosófica muy fuerte y
    compleja, incluyendo ideas metafísicas y
    teológicas, habían llegado a tropezar con un
    obstáculo sorprendente: la Naturaleza entendida
    científicamente.

    Dilthey se dio perfectamente cuenta de ello:

    Los hechos de la sociedad son comprensibles desde la
    interioridad y podemos reducirlos hasta cierto punto en nosotros,
    sobre la base de nuestros propios estados y acompañamos
    intuitivamente la representación de mundo histórico
    con el amor y el
    odio, con todo el juego de
    nuestros afectos. En cambio, la
    Naturaleza es muda para nosotros (…) la Naturaleza nos es
    extranjera. La sociedad es nuestro mundo

    Resultan muy expresivos esos calificativos de
    ‘mudez’ y ‘extranjera’ Tal vez en sentido
    ontológico o metafísico resulten comprensibles, si
    consideramos a la sociedad (y al lenguaje) como
    la raíz del espíritu humano. Diferenciados de la
    Naturaleza. Pero, más bien cabe interpretar esa frase
    entendiendo que la Naturaleza y sus leyes, su organización nomotética interna, no
    son un producto del
    espíritu humano, aunque sí lo sea el conocimiento
    científico de esas leyes.

    O mejor aún: el trabajo
    científico había logrado entender el ‘mundo
    exterior’ por lo menos con Galileo, Newton y
    Kepler, cosa que las Ciencias del espíritu no
    habían realizado suficientemente. Por lo tanto, la
    Sociedad se había visto afectada. Salvo que no
    había aún una Sociología en la segunda mitad
    de siglo en Alemania.

    Si bien el propio Dilthey afirmaba a la vida como
    sentido fundante de todo lo demás, qué diferente
    suenan estas palabras en el Renacimiento
    expresadas por Alexandre Koyré:

    La vida y la Naturaleza he ahí los grandes
    temas de la filosofía paracelcista, como de toda la
    filosofía del Renacimiento; la
    Vida y la Naturaleza, o sobre todo la Vida-Naturaleza, pues la
    vida es la naturaleza, la escencia más profunda de la
    Naturaleza.

    Es decir entonces que las relaciones teóricas,
    empíricas y epistemológicas hacia el siglo XIX, en
    la estructuración de los campos de investigación, había producido un
    dualismo insostenible, ya que las relaciones entre las ciencias y
    los hechos sociales, habían cambiado.

    2.-
    NATURALEZA, SOCIEDAD Y CULTURA

    El empleo de tres
    nociones, o regiones epistémicas tales como Naturaleza,
    Sociedad, y Cultura permite, si no definiciones de tipo
    escencialista, por lo menos establecer una dinámica de los estudios de las Ciencias
    Naturales y las Ciencias del Espíritu, que fortalece la
    comprensión de estos campos
    teóricos-empíricos.

    Un dualismo extremo y simplificado, en que lo natural es
    lo no-cultural, y lo cultural lo no-natural, sólo permite
    la apertura a una dinámica que incluye las Ciencias
    Sociales. Ese dualismo primero tiende a ser estático,
    mientras que su estructuración ternaria loase
    dinámico.

    Así, en el lenguaje
    empleado por Comte –hacia 1824, mucho antes que en Alemania
    de los años 1880- ya se plantea una dinámica y una
    estática sociales, con conceptos
    explícitamente derivados de la física newtoniana.
    Comte vio bien la influencia en la vida social de las grandes
    revoluciones científicas de la modernidad.

    En cuanto a Durkheim
    emplea las nociones de naturaleza de manera amplia,
    pudiéndose interpretarlas como culturales y sociales,
    según el caso. Así:

    La Sociedad está fuera de nosotros y nos
    envuelve, pero a la vez está en nosotros y en todo un
    aspecto de nuestra naturaleza nos confundimos con
    ella.

    Todos los conocimientos asimilados por la historia y la
    cultura hacen a las sociedades
    humanas, tanto en lo individual como en cuanto a los grupos y
    comunidades humanas, tanto en lo individual como en cuanto a los
    grupos y comunidades como provistos de una naturaleza peculiar o
    sui géneris. Tanto Hume como Pascal ya lo
    habían advertido también, pero podemos advertir en
    cuanto al uso de la idea de naturaleza un uso que transita de lo
    referido a las ciencias naturales como a la cultura.

    Para poder
    considerar a la sociedad como el fin normal de la conducta humana,
    según Durkheim, entonces:

    …es necesario ver en ella algo más que una
    suma de individuos; es preciso que constituya un ser sui generis
    que tiene su especial naturaleza, distinta a la de sus miembros y
    una personalidad
    distinta a la de sus miembros individuales. En una palabra, es
    necesario que exista, en todo el sentido del término, un
    ser social.

    y más adelante:

    Pero, se dice, ¿si la sociedad está
    compuesta por individuos, cómo puede tener una naturaleza
    distinta a la de los individuos que la componen?

    Entonces esa naturaleza diferenciada propia de los seres
    humanos, sólo puede entenderse como diferenciada de la
    naturaleza entendida bajo el imperio de las leyes naturales,
    tanto físicas como biológicas, mecánicas y
    orgánicas. Se establece entonces tanto una
    dialéctica como una analítica onto-lógica
    (de la que Weber prescindirá, por la particular
    situación del dualismo epistémico en el que
    desarrolla su sociología).

    Un problema ínsito, fundacional, que
    quizás constituya un objeto permanente de las ciencias
    sociales, y en el que radica su mayor fuerza, es, en
    cambio, bien entendido por Comte, Dilthey, Durkhein y Weber:
    razón individual, y razón grupal o
    social.

    Si en todo individuo hay
    algo inherente de naturaleza social, y en los grupos se
    complejiza esta interacción, ¿cuánto hay de
    razón individual, y cuánto de razón de
    grupo? En ese
    problema constante, muy bien visto y planteado por los
    sociólogos, se suma además la significación
    de las reificaciones teóricas o lingüísticas,
    con lo que la sociología pasa de un dualismo
    epistémico a una estructuración triádica,
    que llega hasta nuestros días en todos los estudios (que
    van desde Piaget a
    Sartre, de la
    etnología hasta Latour y Wolgar). Esa
    estructuración comprende Naturaleza, Sociedad y Cultura. Y
    cada término se entiende gracias a los dos
    restantes.

    3.- LA SOCIOLOGÍA Y LA
    HISTORIA

    Durante el siglo XIX la Sociología buscó
    establecer su propio campo epistemológico de diversas
    maneras. Indudablemente los problemas de
    método y de interrelación con otras ciencias fueron
    tratados de
    distinta manera. Comte admitía interrelaciones con las
    ciencias naturales, muy acertadamente (¿Cómo
    podría abstraerse al hombre y a las
    sociedades de las explicaciones organicistas o mecanicistas de
    las ciencias de la naturaleza?) No fue el caso de M. Weber, que
    además en su metodología trató de distinguirse de
    la Psicología y la Ontología.

    En Inglaterra la noción de ‘habitus’
    entendida como tradición o costumbre, desde Hume,
    problematizaba la comparación de las organizaciones
    humanas de otros seres vivos de la naturaleza, siendo siempre
    posible distinguir ontológicamente analogías del
    tipo de las ‘abejas Baconianas’. Los límites
    del pensamiento
    analógico siempre fueron distinguidos por los
    filósofos con la caracterización de similitudes y
    diferencias. Es, quizás, en la interpretación de la historia, en que los
    sociólogos del siglo XIX, prácticamente sin
    excepciones, van a abrevar, resultando, evidentemente, muy
    diferentes los enfoques y tramas
    teórico-interpretativas.

    1. El sistema de
      ciencias establecido por Comte alentaba las ideas de evolución y progreso. La
      ley de los
      tres estadios’ (Teológico, Metafísico y
      Científico) respondía a la revolución epistemológica de la
      Física desde Arquímedes hasta Copérnico,
      Galileo, y sobre todo, Newton. Comte hace un extenso estudio
      de la historia hasta llegar a la Sociología,
      sobrepasando filosofías mucho más
      ‘formalistas’ y de fuerte estructuración
      lógica, tal como la kantiana. Digo
      ‘sobrepasando’ y no ‘superando’
      porque este último término resulta por completo
      excesivo. Más bien se trata de desarrollos
      relativamente autónomos y diferenciados en cuyo
      diálogo dificultoso se ha proseguido.
      También Kant
      propuso su ‘giro copernicano’ con alcances de
      racionalidad ‘universales’. Hubo que aguardar
      hasta la Etnología para apreciar la profundidad del
      apriorismo kantiano, hasta volver cercanos los campos de la
      Antropología, la Etnología y la
      sociología.

      Sin embargo, es estudio de las leyes naturales era
      para Comte correlativo a los estudios sociales, las
      comunidades de lenguajes y de normativas en los diversos
      grupos
      sociales, llegando hasta las instituciones y los sistemas
      políticos.

    2. Auguste Comte

      Estos filósofos, muy convencidos de la
      existencia de leyes en la historia, prácticamente
      equivalentes a las leyes naturales, en una vasta obra de
      interpretación de la Economía como reguladora de las
      interacciones sociales, distinguieron las llamadas
      ‘clases
      sociales’ como categorías (dicho en sentido
      cuasi taxonómico) e hicieron un mapa de las luchas de
      clase
      discutido como si fuera un programa de
      predictibilidad científica, como si –hallada la
      razón histórica- pudiera anticiparse una suerte
      de utopía trans-histórica. Particularmente,
      considero que con relación a las clases, dicho a la
      manera weberiana, ha habido una reificación
      teórica de los conceptos, y creo, como Perry Anderson,
      que el estudio filosófico y científico de
      Engels ha quedado oscurecido por el irritante concepto de
      Ideología¡. La distinción
      entre ciencia e
      ideología ha sido tratada muchas veces por los
      sociólogos y hasta los historiadores de la ciencia
      y epistemólogos.

      Finalmente, sería Popper en "Miseria del
      Historicismo" el que argumentaría lúcidamente
      contra la pretensión del hallazgo y dominio de
      tales ‘leyes de la historia’, en sentido
      más bien teleológico.

    3. Marx y Engels
    4. Diltlhey

    Los estudios de Dilthey (dentro de las Ciencias del
    Espíritu) resultan –también- una
    reconstrucción histórica, aunque se trate en
    él en muchos casos de una Hermenéutica.

    Y aquí resulta muy interesante analizar lo que
    Dilthey propone como weltanschaung. Y es, particularmente,
    por lo que resulta de despejar su significación con
    relación a la ideología.

    Las weltanschaung están a la vez dentro y fuera
    de las ideologías. Las concepciones de mundo no son, para
    Dilthey, un obstáculo para el desarrollo,
    trátese de las ciencias, la filosofía, como de los
    individuos y grupos sociales.

    Las weltanschaung tienen en común con las
    ideologías que no proveen por sí mismas formas
    sólidas rigurosas de estructuración de ideas. Pero
    en Dilthey esas cosmovisiones son parte de la cultura en sentido
    subjetivo como intersubjetivo, y es posible intentar
    comprenderlas sin detener procesos de
    pensamiento que pueden conducir a esta manera, no se hallan
    en oposición taxonómica y dialéctica, como
    las ideologías, sino que pertenecen a la vida del
    espíritu, que es capaz de producir simbolismos como
    vehículos de interacción. Es posible que Habermas
    haya escrito ‘La ciencia como ideología’ de
    una manera a la vez de crítica
    de la ideología como de una weltanschaung cientifista. Las
    imágenes de las ciencias, dirían Lakatos y
    Feyerbend, tienen mucha distancia en realidad. La
    concepción de mundo de Dilthey es también
    hermenéutica. Y allí, ciencia e ideología no
    suscitan problemas de demarcación y pueden combinarse e
    integrarse.

    4.-
    MAX WEBER Y EL
    INDIVIDUALISMO METODOLÓGICO

    Max Weber presenta su teoría
    del individualismo metodológico como una trama, o una
    estructura de
    ideas y de puntos de partida que se interrelacionan. Es su manera
    de caracterizar al individuo y de entenderlo en muchos aspectos.
    El individuo weberiano aparece descripto y explicado desde por lo
    menos seis formulaciones metodológicas que lo distinguen
    de las versiones sociológicas que incluyen aspectos de
    manera más holística, es decir, más
    amplias.

    Hay ciertas restricciones en la metodología
    weberiana que resumo en los siguientes aspectos:

    • La cuestión del sentido
    • Distinción de conceptos de 1er. orden de los
      conceptos de 2do. orden
    • Distinción de la ontología de la
      sociología
    • Distinción de la Psicología de la
      Sociología
    • Teoría de la acción
    • Teoría de la decisión

    La forma que adquiere e Weber el individuo es una
    interrelación de esos seis aspectos, por eso es que hay
    una delimitación teórica de sus
    características. Esa delimitación es
    teórica y metodológica con relación al
    dualismo. (Cs. Naturales – Cs. del Espíritu). De
    esta manera es diferente a la sociología de Comte y de
    otros estudiosos importantes como Durkhiem y Pierre Janet. En
    cambio, con relación a Dilthey hay una
    aproximación (metodológica) en la
    caracterización del individuo. Dillthey no excluye la
    Psicología ni la Ontología –siendo, en este
    sentido, mucho más situado en las Ciencias del
    Espíritu. El individuo, aún en su singularidad,
    admite en su peculiar unidad viviente una complejidad de
    interacciones:

    ‘Es menester un ejercicio continuo para
    representarse como porciones de realidad, no como
    abstracciones, esos complejos de interacciones que se acumulan
    unos sobre otros, que se cortan entre sí, que se cruzan
    en sus sujetos: los individuos. En cada uno de nosotros hay
    diversas personas: el miembro de la familia,
    el ciudadano, el profesional: nos encontramos en el contexto de
    obligaciones
    morales, en un orden jurídico, en un conjunto de fines
    vitales que tienden a satisfacerse, sólo en la
    reflexión sobre nosotros mismos encontramos en nosotros
    la unidad viviente y su continuidad, que soporta y mantiene
    todas esas relaciones.’

    Entonces, Max Weber efectúa un registro de las
    relaciones en las que se configura su individualismo
    metodológico, es decir, propone estudiar, o bien
    reflexionar a partir de seis perspectivas, que son las
    pinceladas en las que cobra forma el individuo. Las
    interrelaciones estructuradas metodológicamente lo hacen
    aparecer (sin duda por una decisión weberiana de la que
    da descripciones en sus trabajos) de una manera que tiene sus
    particularidades, especialmente, por tratar de postularlo
    ‘fuera’ de las Cs. Naturales, y también, a
    una distancia de las Ciencias del Espíritu, de las que,
    por sus originales estudios históricos, no se halla al
    margen, sino proponiendo una dimensión histórica
    analítica y hermenéutica propiamente
    sociológica y filosófica, en la que,
    después de Marx, hace una
    distinción de la tradición religiosa protestante
    y analiza profundamente la diferencia ante las ciencias y la
    economía que distinguen el credo post-luterano del
    cristianismo
    y el catolicismo.

    Una vez situado el contexto epistemológico de
    los estudios sobre el ‘individualismo
    metodológico, analizaremos su trama de
    relaciones.

    4.1.- La cuestión del sentido

    La cuestión del sentido es siempre una
    cuestión abierta, en una doble cuestión de
    sentido compartido y sentido disputado. Para M.Weber hay una
    búsqueda de la claridad del sentido, sin buscar nada en
    principios
    que estén por detrás del sentido mismo, y
    ‘desplegarlo en su máxima claridad lógica
    posible’

    En este análisis breve sobre la cuestión
    del sentido, diré que Weber, aún sin quererlo,
    delimita la imputación de sentido entendido como la
    ‘mayor claridad lógica’. El problema que
    surge de esta manera de volver significable el sentido es que
    nunca aparece tal claridad sino entremezclada con sentido
    semiabiertos o semicerrados que permanecen ínsitos en
    toda explicación lógica. Sin negar la importancia
    de las articulaciones lógicas, se trata,
    precisamente, de que toda imputación de sentido acontece
    bajo intuiciones, síntesis
    o formas de la experiencia en que el sentido es a la vez
    surgido de las cosas del mundo como de la posición del
    individuo en todos los planos de la existencia, es decir, tanto
    lo social e intersubjetivo, en que también se producen
    múltiples intersubjetividades, como en relación a
    los aspectos en que el mundo entendido
    naturalísticamente actúa sobre
    él.

    Es tan válido decir que el sujeto otorga
    sentido como decir que se ha ‘encontrado el
    sentido’. En ningún caso deja de producirse una
    forma de diálogo intersubjetivo que afecta la
    subjetividad. Es, en cambio, muy posible que de acuerdo a los
    cursos de racionalidad que los sujetos emplean, exista siempre
    una posición de consensos y de disensos. Las formas de
    comprender varían según se trate de
    prácticas y discursos
    que atraviesan los grupos y comunidades. Sin embargo, hay que
    distinguir un sentido particularmente metodológico, es
    decir, la posición, no ya del individuo, sino la del
    sociólogo. Aquí hay una posición diferente
    en la medida en que se acentúa un rol o espacio
    profesional.

    Si la cuestión del sentido está, por
    así decirlo, permanentemente poniéndose en juego
    en la vida diaria de los individuos, hay una
    modificación al actuar el individuo desde su perspectiva
    profesional.

    Y los debates en torno al
    sentido están permanentemente presentes en la
    profesión del sociólogo tanto como en otras
    profesiones en que la trama de sentido está significada
    por la cultura y experiencia de cada individuo. La
    posición del sociólogo en tanto que profesional,
    de un agente que ocupa y vive ese espacio supone muchas veces
    la elección de una metodología, y una
    revisión de las metodologías
    empleadas.

    Hay, sin embargo, tanto en los individuos como en los
    grupos y comunidades, sentidos que se producen y se mantienen o
    no, permaneciendo en su actualización o en planos de la
    consciencia que pertenecen a la dimensión del
    ‘corsi e recorsi’ de la historia. De ese caudal
    surgen sentidos diversos, como los de apego o desprendimiento
    de las tradiciones y de las nuevas y viejas ideas que animan
    acciones
    individuales o comunes. Hay una dimensión de la historia
    que vive o revive cada individuo en las que aparece,
    renovándose la intersubjetividad de todo su
    ámbito de relaciones, sus emociones y
    voliciones, en los que admite semejanzas y diferencias cada vez
    que emprende nuevas acciones y proyectos.

    Allí se hace difícil evitar cierta
    heterogeneidad metodológica y la claridad no siempre
    resulta una inteligibilidad inmediata.

    4.2.- Distinción de conceptos de 1er. y 2do.
    orden

    La tensión epistemológica que transita
    del individualismo metodológico al holismo aparece en la
    forma de ‘deshipostasiar’ el lenguaje, en la medida
    en que éste emplea nociones muy amplias o colectivas en
    las que aparecen nociones referidas a ‘grupos y clases
    sociales, instituciones, ideales colectivos’ (…) tales
    como ‘estado,
    nación’ o
    ‘burguesía’, que no son directamente
    observables.

    Este problema no pertenece solamente a las ciencias
    sociales. Muchas veces, en la Historia de las Ciencias y en la
    Filosofía puede analizarse el uso de conceptos cuya
    posibilidad de ser directamente observables transita por una
    especial dificultad. No eran directamente observables ni el
    movimiento
    de la tierra,
    ni los átomos de Demócrito, que, en contextos
    teóricos adecuados, fueron posibles de determinar en una
    suerte de configuración del plano
    teórico-empírico. En contraste, el éter
    resultaba una hipóstasis.

    En sociología, el análisis de
    términos y su empleo (corriente ligada a la
    filosofía analítica), puede despejar significados
    y sentidos que permanecen muchas veces sin poder precisar sus
    alcances.

    Para el individualismo metodológico,
    será el individuo y su subjetividad donde hay que buscar
    el pasaje de los conceptos de 2do. orden a los conceptos de
    1er. orden.

    Max Weber considera que, así analizados los
    conceptos, no se trata de un reduccionsimo. Como parece indicar
    esta metodología, el análisis del lenguaje
    resulta, una vez más, una manera de resignificar los
    términos.

    Sin embargo, tampoco Weber escapa a una
    estructuración conceptual. Dicho de otra manera: el
    individualismo metodológico se postula como una trama de
    conceptos que entendemos como ‘en relación’
    y no ‘per se’.

    El individualismo metodológico supone ciertas
    pautas, que son: La cuestión del sentido,
    distinción de conceptos de 1er. y 2do. orden,
    distinción de la ontología y de la
    psicología, teoría de la acción y
    teoría de la decisión. Encontramos en este
    método (o estructuración metodológica) una
    totalidad ‘en relación’ en que cada elemento
    de la metodología se complementa con los demás,
    delimitando lo que se llama ‘individualismo
    metodológico’. Esa totalidad es un constructo
    metodológico, que una vez formulado, aparece como una
    totalidad ‘per se’. Sin embargo, es posible
    entenderla como una totalidad ‘en relación’
    en la medida en que pueda contrastarse o complementarse con
    otras metodologías. Puede apreciarse la posibilidad de
    entender al individuo despejado de una marea conceptual en que
    los usos de conceptos de 2do. orden pueden reacomodarse de una
    primera significación, acrítica, a una segunda
    significación que despejase
    ‘deshipostasiando’ el lenguaje.

    Sin embargo, entre el holismo y el individualismo
    metodológico es posible una dinámica de
    significaciones, si no se excluye al individuo de las
    explicaciones holísticas, ni a las comunidades de
    lenguaje del individualismo metodológico. Los conceptos
    que ‘fragmentarios’ (o semi-estructurados) son
    aquellos que se deshipostasian (p.ej Estado y Nación, Instituciones en el decurso de
    los últimos 20 años) y las explicaciones fundadas
    en ‘razones de grupo’ (Sartre, Crítica de la
    Razón Dialéctica) o paradigmas
    desde ‘fuera’ de la Sociología (Bateson,
    Prigogine)

    4.3.- Distinción de la sociología de
    la ontología

    Probablemente por el afán de tomar distancia de
    las Ciencias del Espíritu es que Max Weber diferencia su
    Sociología de la Ontología. En este aspecto
    aparece que esta distinción es de orden
    metodológico, es decir, una modalidad que hace
    más al método (el individualismo
    metodológico), que a la Sociología como campo
    epistemológico.

    Max Weber realiza un trabajo tanto de historiador como
    de intérpree de la cultura, en ‘La ética
    protestante y la formación del espíritu del
    capitalismo’, su arqueología
    conceptual y su erudición no se limitan a restricciones
    metodológicas, sino más bien a un uso variado de
    métodos.
    Así, realiza una estadística (estudios y ocupaciones de
    protestantes, católicos y judíos), para luego observar la
    incidencia de los credos o espíritus religiosos de cada
    comunidad,
    con relación al trabajo y los usos del tiempo y
    el
    dinero.

    Max Weber ve especialmente en los protestantes (tanto
    como en los cristianos) la presencia de ideales
    ascéticos (en este sentido se aproxima al Nietzche de la
    Genealogía). Pero hay importantes diferencias desde un
    punto de vista más propiamente
    sociológico.

    Esa obra de Weber resulta sumamente interesante porque
    plantea (casi como ninguna otra de su época) la
    continuidad de las creencias con relación a las
    ciencias, la tecnología y la industria
    (vividas sin contradicción para las formaciones
    post-luteranas, en especial calvinistas); y la discontinuidad
    para los cristianos de la antigua dicotomía de fe y
    razón, colocando esta última dentro del espacio
    crítico de las ciencias post-galileanas, y
    experimentales. Tal vez, simplificando en exceso, dos visiones
    de mundo: el empirismo sajón sumado al industrialismo, y
    el idealismo
    alemán, más proclive al debate de
    conceptos dentro de una weltanschauung que toma la modalidad
    contemplativa frente al mundo de la naturaleza.

    Es por esto que el tiempo dedicado al trabajo, en el
    primer caso, tiende a la acumulación del capital que
    se reconvierte en nuevas inversiones
    empresarias e industriales, mientras que en el segundo caso, el
    dinero
    tiende a gastarse hasta que las necesidades de subsistencia
    exijan nuevos trabajos, que no son, particularmente,
    inversiones en empresas
    industriales. También, puede decirse, una
    filosofía de la observación y experimentación en
    un caso, y una filosofía de la contemplación y la
    especulación teórica en otro.

    Ninguna duda cabe de la profundidad de este estudio si
    consideramos la América del Norte (Sajona a
    Industrialista) con Latinoamérica (Cristiana Sui Generis).
    Además, las relaciones entre ciencia, creencias y
    tecnología influirían decisivamente en el
    capitalismo de este siglo.

    La prescindencia de ontología quizás se
    explica por la imposibilidad, en última instancias, de
    cotejar valores de
    fe con el sentido y rumbo del progreso como ideal del siglo
    XIX, ideal en crisis desde
    la segunda mitad del siglo XX. ¿Progreso es producir
    más, o entender mejor?

    En cuanto a las fuentes
    sociológicas weberianas, no dejó de considerar
    una idea de Thomas Mann, novelista y literato, en la que
    decía:

    ‘inventé de mis propias manos, sin
    lecturas, mediante discernimiento directo, la noción de
    que el hombre
    industrioso del capitalismo moderno, el burgués con su
    idea ascética de los deberes profesionales, es
    más una criatura de la ética protestante, del
    puritanismo y del calvinismo y sólo hace poco
    observé que esa idea fue pensada y expresada hace poco
    por pensadores eruditos como Max Weber y
    Troelstch’

    Es decir que la prescindencia de
    ontología pertenece más a la metodología
    sociológica que a la sociología, y, con
    relación a los primeros, resulta difícil separar
    al erudito historiador de la cultura del riguroso
    metodólogo.

    4.4.- Distinción de la sociología de
    la psicología

    Max Weber sitúa en el individuo el átomo de
    la comprensión, a diferencia de Durkheim, que considera
    el hecho social como componente molecular a considerar. El
    individuo de Weber, además, no tiene
    características naturalistas, y lo concibe con
    intenciones propias para la acción, fundadas, en la
    libertad.

    Weber, además, se ubica en su época
    fuera de la fenomenología y del psicologismo que en
    algunas interpretaciones se atribuye a Husserl. En
    relación con Dilthey también se observan
    diferencias, no sólo en el aspecto ya comentado de las
    Ciencias del Espíritu, sino, especialmente por su
    teoría de la acción racional.

    El individuo weberiano decide entre distintos tipos de
    acciones, y ninguna de ellas admite más de una descripción respecto de la misma
    acción. Y es en esta consideración del sentido de
    la acción en que el individuo weberiano halla un espacio
    entendido fuera del individuo naturalista. Esa
    distinción nos permite ver por qué Weber, en su
    teoría de las acciones se refiere a un individuo no
    entendido psicológicamente.

    En cierta manera, para una interpretación
    psicológica puede considerarse tanto aspectos sociales
    como naturalistas. Es por esto que, más
    contemporáneamente, Gregory Bateson (Biólogo y
    Psicólogo) diga:

    "una relación es siempre un producto de una
    doble descripción. Es correcto (y constituye un gran
    avance comenzar a pensar en los dos bandos que participan en la
    interacción como dos ojos, cada uno de los cuales da una
    visión monocular de lo que acontece, y juntos dan una
    visión binocular en profundidad, esta doble
    visión es la relación"

    Sin embargo, Weber explica las acciones tomando los
    motivos como causas intencionales según las cuales,
    siempre el individuo, es considerado como orientado por
    acciones con sentido que se distinguen de simples conductas. La
    distinción respecto a interpretaciones naturalistas
    parece ser completa. El mundo de las ciencias naturales no le
    ofrece a Weber (como parcialmente a Comte) motivos de
    explicación y de comprensión en relación
    al mundo social:

    "Respecto a las formas sociales (…) nos hallamos
    en condiciones de cumplir, más allá de los
    simples conexiones de las leyes funcionales lo que está
    permanentemente negado en las ciencias naturales, a saber,
    comprender el comportamiento de los individuos
    participantes"

    Vale decir que las dimensiones psicológicas
    están acotadas en Weber, y, en todo caso, tampoco piensa
    en un individuo en sentido naturalista. La imputación de
    sentido en la teoría de las acciones realizadas por los
    agentes considera en cada caso una taleología, y las
    acciones comprendidas –aún fundadas en creencias y
    deseos- siguen una continuidad en los campos sociales y
    culturales tanto religiosos como económicos y
    políticos. También la afectividad juega un papel
    explicativo, y complementa con una teoría de los valores
    lo que, según Weber, motiva y explica las acciones de
    los individuos.

    A pesar de su alejamiento de las ciencias naturales, y
    de su parcial diferenciación de la Psicología,
    Weber prosigue más ligado a las Ciencias del
    Espíritu, especialmente por la dimensión
    histórica, o de estudios históricos que realiza.
    El individuo y sus acciones pueden ser también
    explicados por su mundo social y cultural tradicional, por lo
    que rastrear motivaciones profundamente arraigadas en
    tradiciones más o menos explícitas, permite
    comprender mejor sus acciones. Por lo demás, el siglo
    XIX y los inicios del XX han estado fuertemente marcados por
    filosofías historicistas. El empleo de formas
    lógicas con relación a las acciones individuales
    no contradice en absoluto los estudios
    históricos.

    4.5.- Teoría de la
    acción

    La acción racional respecto a fines y con
    arreglo a valores, y la acción irracional motivada en
    los afectos o en la tradición son el cuadro de
    tipificación lógico-formal en que Weber
    distribuye las acciones. La combinación medios-fines-consecuencias-valores resulta en su
    clasificación el uso más desarrollado de la
    racionalidad.

    Sin embargo, una consecuencia epocal, que va
    más allá de los escritos weberianos y llega hasta
    nuestros días es la configuración de una
    racionalidad tecnológica, en que la economía y la
    eficiencia son
    dos vectores, no
    sólo orientadores, sino reguladores y hasta evaluativos
    de las acciones. Para una tipificación cercana al
    individuo, a la vez trabajador y burgués, provisto de
    cierta cultura profesional, diremos, con J. Habermas, que la
    época en sentido amplio está marcada por una
    racionalidad llamada tecnológica.

    "La reducción subjetivista de los intereses
    decisivos para la orientación a la acción a
    ‘sentimientos’ ya no susceptibles de
    racionalización constituye una expresión exacta
    del hecho de que la libertad axiológica del concepto
    tecnológico de racionalidad actúa dentro del
    sistema del trabajo
    social y mediatiza los restantes intereses de la praxis vital
    en función
    del interés exclusivo de la efectividad de los
    resultados y en la economía del empleo de los medios.
    Las distintas situacies de intereses en competencia,
    hipostasiadas como valores, son excluidas de la
    discusión"

    La racionalidad tecnológica parece descansar en
    una transformación en los aspectos macrosociales. Las
    ciencias han producido –a través de la
    tecnología- un aumento considerable en cantidad y
    cualidad de la capacidad operatoria-instrumental de los
    individuos. Y la razón instrumental que liga medio a
    fines se ha modificado profundamente. A diferencia del
    individuo Renacentista (como centro de las acciones y
    voliciones), el individuo de la era tecnológica,
    sólo reserva para sí un espacio de
    decisión en el plexo de útiles ya montado y
    preestablecidos en el sistema mediatizado de trabajo.
    Además, mediante el consumo de
    artefactos, su propia base bio-psíquica se modifica
    operatoriamente, con el resultado de disponer de los resultados
    y desconocer la mayor parte de los procesos. A
    esto A. Ghelen lo describe como un sistema de descarga de
    energía, de prolongación de la base
    orgánica y aún, de sustitución de
    órganos. El resultado es que el hombre
    ‘mediatizado’ por estos sistemas aparece como
    despojado de historicidad, de la facultad de comprender
    modalidades anteriores (sean tradicionales o reconstrucciones
    de las formas históricas), y de esta manera resulta un
    empobrecimiento de las fuerzas del espíritu, aún
    a pesar de la eficiencia y economía de recursos de los
    que se vale en sus trabajos.

    Sin duda, la desacralización que Weber
    veía, el debilitamiento de las fuentes religiosas,
    estéticas y filosóficas, va ensamblada a esta
    imagen
    operativa de la racionalidad tecnológica. Las
    mitologías y la literatura (que
    tanto Dilthey como Schelling consideraban provistas de
    significación), devienen una suerte de
    folletín.

    Pero no es todo desencanto, aún con la
    racionalidad tecnocientífica. En efecto, las acciones
    tienen la posibilidad de explicarse mediante una
    reconstrucción de los mandatos a máximas que
    orientan la acción, y allí el individuo puede,
    hipotéticamente, valerse de su libertad para modificar
    su manera de entender lo que hace, su in-tento, de esta manera
    de las acciones orientadas por la afectividad o cierta manera
    no pensada de la acción tradicional, aún
    considerando las valoraciones en la tensión del
    ‘sentido compartido y sentido
    disputado’.

    4.6.- Teoría de la
    decisión

    El estudio de las formas según las cuales
    interviene la decisión en los distintos contextos de la
    acción es un tema muy amplio para desarrollarlo en este
    trabajo, pero, sin embargo, describiré algunas de las
    matrices de
    sentido sobre las que puede entenderse la
    decisión.

    1. La decisión aparece vinculada al uso del
      lenguaje.
    2. La decisión es una forma de producir
      sentido
    3. La decisión implica modos de racionalidad en
      que intervienen factores probabilísticos
    1. De acuerdo a dos afirmaciones de J. Searle podemos
      distinguir analíticamente que:

    1) El acto ilocucionario es la mínima y
    completa unidad de la
    comunicación lingüística humana (…) y es
    esencialmente intencional

    2) El problema, en breve, es que no podemos explicar
    la intencionalidad de la mente apelando a la intencionalidad
    del lenguaje, porque la intencionalidad del lenguaje siempre
    depende de la intencionalidad de la mente.

    "Respecto de la primera afirmación surge que
    al determinarse esa mínima unidad comunicacional, nos
    situamos en lo que el lenguaje tiene de intersubjetivo, vale
    decir, en lo que es una estructura de sentido abierta a la
    intencionalidad del eventual interlocutor, El lenguaje
    así entendido es a la vez individual y social, por dos
    aspectos: uno intrínseco en el que al uso del lenguaje
    corresponde un interlocutor (incluso hasta un
    ‘interlocutor in fábula’, similar al lector
    ‘in fábula’ de la narrativa), y un segundo
    aspecto, los interlocutores reales, con cierta capacidad de
    comprensión o decodificación. La mínima
    unidad de sentido comunicacional aparece quizás como
    ‘mediata y potencial’, como observa J.
    Derrida

    En cuanto a la segunda afirmación, a pesar de
    que aparece circular y tautológica, considero que
    allí está precisamente la importancia de la
    significación positiva de la tautología.
    Precisamente, la intencionalidad apoyada en la mente, y
    ésta en el lenguaje en vez de constituir un problema de
    fundamentación, es la circularidad de esa
    intencionalidad lo que hace que las decisiones sean
    deliberativas aunque de distintas intensidades y valores, hasta
    que el agente realiza su propio proceso
    comprensivo. Es decir que, a diferencia de Searle. Si podemos
    explicar la intencionalidad de la mente apelando a la
    intencionalidad del lenguaje y viceversa.

    b) La decisión es una forma de producir
    sentido, toda vez que, ya sea fundada en la
    indeterminación o determinación de la libertad, o
    bien en el análisis del cálculo
    de decisiones, en las que en todo caso la decisión es
    calibrada en relación a fines, consecuencias y valores,
    mediante el empleo del factor deliberativo. El sentido (mentado
    y disputado) aparece de modo cualitativo por grados o
    intensidades, y eventualmente, de modo apofántico,
    actuando sobre las disyunciones.

    c) Los factores probabilísticos están en
    relación con la intencionalidad, y ésta puede
    tomar formas de distinta intensidad, es decir, que las
    decisiones pueden ser condicionales a cierta escala de
    cualidades, por ejemplo, tomando como factor de
    calibración la ‘prudencia’, la
    ‘conveniencia’ o factores de situación y
    contextualidad.

    La intensidad del sentido de las decisiones puede
    considerarse como un factor de graduación (aunque
    resulte absurdo establecer una escala de intensidades), pero
    sí aparece muchas veces como ese factor intuitivo o
    irracional, que sin duda forma parte de las formas más
    racionales y secuenciables lógicamente de establecer
    mediante tablas lógicas de
    implicación.

    No habría entonces, en las decisiones, ni pura
    arbitrariedad, ni determinación de una secuencia
    completa de probabilidades (salvo en los métodos
    complejos cuyas finalidades puedan ser colectivas, como en
    política
    o funcionalidad de la economía), sino una
    combinación de factores probabilísticos con
    escalas de intensidades.

    La ‘Tautología de Searle’ tiene, en
    relación con la intencionalidad un valor
    positivo, y sólo crea problemas de fundamentación
    si se cree que todo empleo de tautologías es
    lógicamente descalificble. 

    CONCLUSIONES

    En la totalidad de las seis correlaciones conceptuales
    queda configurado el individuo entendido
    metodológicamente. La cuestión del sentido, la
    distinción de conceptos colectivos de los objetos
    concretos singularizados y situados. La distinción de
    los postulados ontológicos y de la Sociología de
    la Psicología, la teoría de la acción y de
    la decisión, son la estructuración de una
    totalidad ‘en relación’, construida, que es
    empleada metodológicamente como una totalidad ‘per
    se’. Este individuo es producto de un trabajo
    metodológico, es decir, una manera de entender la
    verstehen (comprensión) de los individuos reales
    socialmente insertos en los diversos ámbitos de la vida.
    Es el sujeto del método sociológico. El marco mas
    amplio en que se configura su aparición, su
    fenomenología, es el de la interrelación de
    Naturaleza, Sociedad y Cultura, por lo que el recurso
    metodológico va mas allá de las formas
    socioculturales específicas (la burguesía, el
    protestantismo, los grupos sociales, el capitalismo, el
    industrialismo, y las series de los "ismos") en que el sujeto
    del método los vive y experimenta. Y se trata,
    precisamente, de saber què sujeto(s) hay viviente(s) hay
    en los actores asi formados por la acciòn comunicativa y
    lo pràctico inerte. Ese lugar del sujeto es
    móvil: sòlo hay que escuchar su presencia para
    saber que està ahì, sabiéndolo o no el/la
    persona que lo
    hace vivir en su ser.

    …la dualidad etnográfica de la naturaleza
    y de la cultura está en vías de ser sustituida
    por una concepción ternaria: naturaleza, sociedad y
    cultura, de la condición humana, muyo último
    término es posible que se redujese al lenguaje, o sea lo
    que distingue esencialmente la sociedad humana de las
    sociedades naturales.

    Por:

    Guillermo Carlos Treboux

    Universidad Nacional del Comahue

    Neuquén, Rca. Argentina

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