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Historia siglo XX

Enviado por carlosvladimir2005



Partes: 1, 2

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EUROPA

  1. Varsovia, Pacto de (oficialmente, Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua), alianza militar compuesta por ocho países comunistas europeos, creada para contrarrestar el rearme de la República Federal de Alemania, popularmente llamada Alemania Occidental, y su ingreso en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El tratado fue firmado en Varsovia (Polonia) el 14 de mayo de 1955 por Albania, Bulgaria, Checoslovaquia (hoy República Checa y Eslovaquia), República Democrática de Alemania (en la actualidad parte de la reunificada República Federal de Alemania), Hungría, Polonia, Rumania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La alianza estaba dominada por la URSS, que mantenía un estricto control sobre los otros estados firmantes del pacto.

    En 1961 Albania rompió relaciones diplomáticas con la URSS a causa de diferencias ideológicas y en 1968 abandonó el Pacto de Varsovia.

    Desde mediados de la década de 1950 hasta la de 1980, dos fueron los órganos que ejecutaron las funciones del Pacto de Varsovia: el Comité Político Consultivo y el Mando Unificado de las Fuerzas Armadas, ambos con sede en Moscú. Según los términos del tratado, el Comité Político Consultivo coordinaba todas las actividades, excepto las puramente militares, y el Mando Unificado de las Fuerzas Armadas ejercía la dirección sobre las tropas asignadas a éste por los estados miembros. Se acordó que el Mando Unificado quedara bajo dirección soviética.

    La única acción militar del Pacto de Varsovia fue dirigida contra un Estado miembro: Checoslovaquia. (En el otoño de 1956, la URSS llevó a cabo de forma unilateral la invasión de Hungría, otro Estado miembro del Pacto de Varsovia). En agosto de 1968, como respuesta a una serie de reformas liberalizadoras promulgadas por el gobierno checoslovaco, conocidas como la primavera de Praga, tropas de la URSS, Polonia, Hungría, Bulgaria y Alemania Oriental (República Democrática de Alemania) invadieron Checoslovaquia y forzaron el retorno a un régimen afín a la ortodoxia soviética. Rumania se opuso a la invasión, por lo que no participó en ella, pero continuó siendo miembro del Pacto.

    A pesar de que el Pacto de Varsovia fue oficialmente renovado en 1985 para otros veinte años, la transformación política de la Europa oriental, a fines de la década de 1980, debilitó profundamente a la organización. La URSS inició la evacuación de sus tropas de otros países del Pacto de Varsovia y la República Democrática de Alemania abandonó la alianza para unirse a la República Federal de Alemania, logrando la reunificación de Alemania, en octubre de 1990. Todas las funciones militares conjuntas cesaron a finales de marzo de 1991, y en julio los dirigentes de los seis países miembros restantes acordaron la disolución de la alianza.

  2. Pacto de Varsovia (1955-1991)

    Desde el mismo momento de la división, los católicos del norte se convirtieron en una minoría con desventajas en temas como empleo, vivienda y participación efectiva en la actividad política. En 1968 organizaron el Movimiento Pro-Derechos Civiles para protestar por lo que consideraban un trato discriminatorio, que a menudo provocaba reacciones violentas. Los protestantes moderados reconocían la necesidad de reformas, pero a ello se oponía fuertemente la facción conservadora del Partido Unionista en el poder. Las tropas británicas, que fueron enviadas a Irlanda del Norte en 1969 para ayudar a la policía local (la Royal Ulster Constabulary, RUC), se establecieron de forma permanente para garantizar la autoridad británica sobre la provincia y reducir la reacción protestante, si bien se convirtieron en el objetivo de los atentados terroristas del IRA.

    En 1972, los británicos abolieron el Parlamento de Irlanda del Norte e impusieron un gobierno directo. En un referéndum celebrado en 1973, boicoteado en gran medida por los católicos, el electorado de Irlanda del Norte volvió a optar por el mantenimiento de la unión con Gran Bretaña, rechazando su reagrupamiento con la República de Irlanda. La violencia creció en los años siguientes. Dos mujeres de Belfast, Mairead Corrigan y Betty Williams, recibieron el Premio Nobel de la Paz en 1976 por sus acciones para reconciliar a las dos comunidades enfrentadas de Irlanda del Norte. Sin embargo, su tarea fue inútil; los intentos de acercar a ambos grupos no dieron ningún resultado.

    Mientras tanto, el denominado IRA Provisional (el ala más radical de este grupo) mantenía una presión terrorista constante, al tiempo que algunos extremistas protestantes se equiparaban a ellos mediante la constitución de varias organizaciones terroristas que iniciaron su particular campaña de atentados.

    En 1979, el IRA asesinó a lord Mountbatten (último virrey de la India), y ese mismo día hizo caer en una emboscada a un grupo de soldados británicos, muriendo 18 de ellos. El asesinato de lord Mountbatten fue condenado unánimemente.

    Más adelante, en 1981, el IRA utilizó una nueva táctica para recuperar su quebrantada popularidad: los miembros que se encontraban detenidos en prisiones británicas comenzaron una huelga de hambre y cada nueva muerte a la que ésta daba lugar iniciaba un nuevo ciclo de violencia.

    Mientras tanto, la división entre las comunidades norirlandesas permanecía tan marcada como siempre, sin que se vislumbrara una solución. La conferencia intergubernamental creada en 1985 fue recibida por muchos como un paso importante para la cooperación en temas de seguridad, economía y sociedad, y para alcanzar una paz definitiva. Sin embargo, los unionistas protestantes y algunos nacionalistas irlandeses denunciaron ese acuerdo. Al comienzo de la década de 1990 las tropas británicas todavía patrullaban las calles de Londonderry y Belfast, mientras que el IRA seguía lanzando esporádicos ataques terroristas sobre civiles británicos y personal militar en las islas Británicas y en la Europa continental.

    El 31 de agosto de 1994, después de 25 años de lucha, el IRA anunció un alto el fuego incondicional y solicitó el inicio de conversaciones de paz. No obstante, 9 de febrero de 1996 el IRA rompió dicha tregua al perpetrar un atentado con bomba en Londres, y responsabilizó de la ruptura al gobierno británico; era el inicio de una nueva etapa de violencia marcada por atentados esporádicos que se prolongaría a lo largo de varios meses.

    La determinación a favor de continuar con el proceso de paz ya iniciado por parte de los primeros ministros de Gran Bretaña y la República de Irlanda, John Major y John Bruton, respectivamente, hizo que, pese a la persistencia de los atentados y los disturbios callejeros, dieran comienzo en el castillo de Stormont, próximo a Belfast, las conversaciones de paz con la presencia de los principales partidos políticos norirlandeses, incluido el Sinn Féin, pese al rechazo inicial de los grupos protestantes de sentarse a la mesa con quienes no condenaban los atentados del IRA.

    La victoria electoral de los laboristas en las elecciones celebradas en el Reino Unido en mayo 1997, unida al alto el fuego declarado del IRA el 19 de julio, permitieron un desarrollo efectivo de las conversaciones de paz. Los atentados cometidos por grupos terroristas católicos y protestantes disconformes con las negociaciones no impidieron la buena marcha de las mismas, como pusieron de manifiesto las dos reuniones mantenidas —en diciembre de 1997 y marzo de 1998— en Downing Street, residencia oficial del primer ministro británico, entre Tony Blair y representantes del Sinn Féin, encabezados por Gerry Adams, toda vez que este partido católico había hecho renuncia explícita y pública en el mes de septiembre de la violencia como forma de actuación política.

    La firma de un acuerdo de paz el viernes 10 de abril de 1998 por parte de los principales partidos norirlandeses y de los primeros ministros del Reino Unido y de la República de Irlanda, vino a confirmar los deseos de poner fin a la violencia de una vez por todas.

  3. Conflicto en Irlanda del Norte (1969)

    Francisco Franco Bahamonde (1892-1975), militar y político español, jefe del Estado (1936-1975), responsable del régimen autoritario (franquismo) que se inició durante la Guerra Civil (1936-1939) y concluyó con la muerte del titular.

    Nació el 4 de diciembre de 1892 en El Ferrol (Ferrol, localidad coruñesa que recibió la denominación oficial de El Ferrol del Caudillo durante la dictadura franquista). En 1907 ingresó en la Academia Militar de Toledo. Tres años después recibió el grado de segundo teniente de Infantería. Con 20 años comenzó su carrera militar en el Ejército de África, lo que le permitió cosechar méritos y ascensos por acciones bélicas durante la guerra de Marruecos. Tras una breve estancia en la península Ibérica, durante la cual contrajo matrimonio en 1923 con Carmen Polo, perteneciente a la alta sociedad asturiana, retornó al norte de África ese mismo año para mandar la primera bandera del Tercio Extranjero (Legión). A partir de entonces se produjo la aceleración de la que sería una brillante carrera militar, que le llevó a ascender a general de brigada en 1926, convirtiéndose en el general más joven de Europa.

    Durante la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, que había dado comienzo en 1923, desempeñó el cargo de director general de la Academia General Militar de Zaragoza desde 1928. Pocos meses después de la proclamación de la II República, que había tenido lugar en abril de 1931, Manuel Azaña, el entonces ministro de la Guerra del gobierno provisional republicano, decretó el cierre de dicha institución castrense y el consiguiente cese de Franco al frente de la misma.

    Finalizada la etapa de gabinetes reformistas formados por republicanos y socialistas, intervino como asesor del ministro de la Guerra, Diego Hidalgo Durán, en la represión de la insurrección revolucionaria de Asturias (octubre de 1934) y en 1935 asumió la jefatura del Estado Mayor por designación del nuevo ministro de la Guerra, José María Gil-Robles.

    Tras el triunfo electoral del Frente Popular (febrero de 1936) el gobierno presidido por Azaña le destinó a la comandancia general de Canarias. Desde este puesto intervino en el levantamiento militar contra el gobierno republicano, iniciado el 17 de julio en Marruecos y origen de la Guerra Civil. Llegó a Tetuán el 19 de julio para tomar el mando del Ejército de África. El 20 de julio moría en accidente de aviación el general José Sanjurjo, quien debía dirigir la insurrección militar. Entre otros acuerdos, la Junta de Defensa Nacional constituida el 24 de julio en Burgos por los militares sublevados y presidida por el general Miguel Cabanellas distribuyó el mando del Ejército rebelde del Norte y del Sur entre los generales Emilio Mola y Francisco Franco. No obstante, poco después se resolvió la unidad de mando militar y político a favor de Franco.

    El 29 de septiembre de 1936 fue nombrado por la Junta de Defensa Nacional generalísimo de las fuerzas militares sublevadas y jefe del gobierno. El 1 de octubre asumió esos cargos, a los que él mismo añadió el de jefe del Estado. Con esta medida, Franco dispondría en adelante de plenos poderes, que ejerció hasta su muerte. El fallecimiento en accidente de aviación del general Mola (junio de 1937) le liberó de un posible competidor.

    Otro tanto sucedió al ser fusilado en noviembre de 1936 en la cárcel de Alicante José Antonio Primo de Rivera, el fundador de Falange Española. En efecto, el 19 de abril de 1937 promulgó el Decreto de Unificación que, so pretexto de superar las divisiones en el seno de las fuerzas políticas colaboradoras en el alzamiento militar, unía a Falange con los tradicionalistas (carlistas) y ponía bajo la jefatura directa del caudillo (título recibido por el propio Franco) a Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (FET y de las JONS), único partido autorizado por el régimen, y pronto diluido bajo la expresión "Movimiento Nacional".

    Sin haber finalizado la contienda, Franco presidió el 30 de enero de 1938 el primer gobierno de su larga dictadura. Desde que terminó la guerra el 1 de abril de 1939 y hasta su muerte (acaecida el 20 de noviembre de 1975 en Madrid), monopolizó un régimen que se confunde con su titular: el franquismo. Hasta junio de 1973, cuando por primera vez cedió la jefatura del gobierno a su "mano derecha", el almirante Luis Carrero Blanco, Franco fue al mismo tiempo jefe del Estado, del gobierno y del Ejército.

    El periodo durante el cual ejerció el poder el general Franco, así como el régimen político creado por éste ha recibido el nombre de franquismo. Comprende un dilatado proceso que entremezcla continuismo y cambios durante casi cuatro décadas. Desde el Alzamiento (denominación que los sublevados dieron al inicio de su rebelión con la que comenzó la Guerra Civil), nadie dudó de que, en caso de vencer, el régimen previsto sería una ruptura respecto del pasado republicano. Así lo fueron las primeras instituciones gubernamentales creadas para la España "nacional" (nombre con el que los sublevados reconocían el territorio sobre el que ejercían su control) en plena Guerra Civil: Junta de Defensa Nacional (julio-octubre de 1936), Junta Técnica de Estado (octubre de 1936-enero de 1938) y primer gobierno presidido por Franco, que serían el germen de la dictadura.

    Los apoyos recibidos desde el principio permitían presumir el futuro político del "Nuevo Estado" que, por su larga duración, pasó sucesivamente por las fases de dictadura personal, totalitarismo autoritario de "pluralismo limitado" y tecnocrático o, como gustó repetir su creador, de democracia orgánica.

    En cualquier caso, se trató de un régimen sin ningún carácter democrático, no sólo por su origen (sedición generadora de una guerra civil) sino por su posterior desarrollo, caracterizado por el mando personal del caudillo, la inexistencia de partidos políticos, de división de poderes y de libertades, así como por el fuerte control ejercido desde el poder, cuya naturaleza coincidía con la ideología franquista: antiliberalismo, anticomunismo, antirrepublicanismo, nacionalismo, concepción jerárquica y autoritaria y nacionalcatolicismo. En su última fase, sin abandonar el trauma de la Guerra Civil y la despolitización como recursos, se incorporaron otros factores: la ideología desarrollista, un nuevo sistema educativo y el europeísmo, junto con el evidente cambio de la estructura social que tuvo efecto desde la década de 1960.

    Con todo, y hasta el final, el franquismo defendió a ultranza la trama ideológica de los llamados principios del Movimiento: unidad e integridad de la patria, confesionalidad del Estado, la monarquía tradicional como forma de gobierno (aunque no apareció la figura del monarca) y el corporativismo, que definía la representatividad a través del municipio, el sindicato vertical (nacionalsindicalismo) y la familia.

    Este fue, en efecto, el proceso institucionalizador del Nuevo Estado, no consumado hasta enero de 1967 con la promulgación de la Ley Orgánica del Estado que culminaba las denominadas siete Leyes Fundamentales, el peculiar acercamiento al constitucionalismo del régimen franquista: Fuero del Trabajo (marzo de 1938), Ley Constitutiva de las Cortes Españolas (julio de 1942), Fuero de los Españoles (julio de 1945), Ley del Referéndum Nacional (octubre de 1945), Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado (julio de 1947), Ley de Principios Fundamentales del Movimiento Nacional (mayo de 1958) y la ya citada Ley Orgánica del Estado.

    Quedaba como resquicio de cara al futuro la proclamación en 1969 del príncipe de España como sucesor a título de rey, en una monarquía instaurada, que no restaurada. El fallecimiento de Franco propició de alguna manera en 1975, y sin que el dictador se lo hubiera propuesto, la monarquía democrática bajo el reinado del nieto de Alfonso XIII, Juan Carlos I, poniendo de manifiesto la inviabilidad del "franquismo sin Franco". El proceso posterior al deceso del general se conoce como transición a la democracia.

    Todo este proceso de lento y tímido aperturismo demandado por el desarrollo económico de la década de 1960 y que según cabía esperar debía conllevar un desarrollo político, tropezó con las tensiones entre los llamados inmovilistas (falangistas ortodoxos) y los conocidos como aperturistas en cuestiones tales como la sucesión en la jefatura del Estado, la apertura hacia los países de la órbita soviética, el asociacionismo o la atención de las demandas expresadas por la conflictividad laboral, en definitiva: el posible camino hacia la democracia.

    Si, como se ha dicho, un amplio sector del pueblo aceptó el franquismo, al menos en los dos primeros decenios, y siempre como un mal menor tras una cruenta guerra civil, tampoco faltó la presencia de una oposición política. En los primeros años ésta estuvo a cargo de las guerrillas que actuaron en determinadas zonas del territorio español, así como de la oposición democrática llevada a cabo desde el exilio (republicanos, monárquicos seguidores de Juan de Borbón y Battenberg, socialistas y comunistas) cuyo punto álgido fue el Congreso de 1962, que la prensa oficial descalificó como "contubernio de Munich".

    A todo ello deben unirse las huelgas y conflictos laborales (el recién nacido sindicato Comisiones Obreras consiguió infiltrarse en las instituciones autorizadas, en tanto que la socialista Unión General de Trabajadores (UGT) mantuvo la lucha clandestina) y estudiantiles (contrarios al oficial Sindicato Español Universitario, SEU) y, en el último tramo, las actuaciones de grupos ligados a la Iglesia católica que marcaron distancias con el régimen después del Concilio Vaticano II (1962-1965), sin olvidar la acción de grupos terroristas como la organización independentista vasca ETA. Sin embargo, este abanico opositor fue a la postre débil y no logró sus propósitos de vencer al régimen, que actuó con dureza a la hora de reprimirlo.

    Otro tanto ocurrió con las relaciones exteriores. El franquismo consiguió superar el aislamiento internacional al que estuvo sometido el régimen durante la década de 1940 por haber mantenido, bajo la capa de neutralidad en la II Guerra Mundial, la amistad con las potencias del Eje. España, en un primer momento, quedó fuera de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), creada en 1945. Pero la Guerra fría modificó el panorama y obligó a aceptar la situación española.

    Los pilares de este reconocimiento internacional se plantaron en 1953 con la firma del Concordato con la Santa Sede y la de los pactos económicos y militares con Estados Unidos (Convenio de Amistad y Cooperación). Ambos hicieron saltar el cerco impuesto hasta entonces a Franco. En 1955 España ingresó en la ONU, si bien antes lo había hecho en otras organizaciones internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la UNESCO y la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El presidente estadounidense, Dwight David Eisenhower, visitó Madrid en diciembre de 1959. Desde finales de 1969, coincidiendo con la llegada al Ministerio de Asuntos Exteriores del tecnócrata Gregorio López Bravo, la diplomacia española inició una apertura hacia los países del entorno soviético, en un principio con carácter comercial y más tarde en forma de relaciones diplomáticas plenas.

    En lo que respecta a las relaciones con Latinoamérica, la política exterior franquista cabalgó sobre las conveniencias de cada momento. Los gobiernos latinoamericanos se dividieron al iniciarse la Guerra Civil en torno a la actitud que deberían adoptar frente al conflicto y aunque México (presidida durante la guerra por Lázaro Cárdenas) mantuvo siempre una política de firme defensa de las instituciones republicanas, que se prolongó hasta la muerte de Franco y la celebración de las primeras elecciones democráticas en 1977, los demás países fueron reconociendo al dictador y su régimen, sin excepción. Franco, por otra parte, encontró apoyo y simpatía en los gobernantes autoritarios latinoamericanos de todas las épocas: las actitudes personales y gubernamentales del argentino Juan Domingo Perón, el dominicano Rafael Leónidas Trujillo o el chileno Augusto Pinochet fueron una buena muestra de ello.

    De otro lado, a las buenas relaciones con los países musulmanes expresadas en las visitas de los jefes de Estado de Arabia Saudí, Jordania, Irak, Irán y Egipto, cabe añadir el reconocimiento español a la independencia del territorio de Marruecos bajo su protectorado (1956), el reconocimiento de los derechos de dicho país sobre Ifni (1969) o la independencia de Guinea Ecuatorial (1968). En el ocaso del franquismo (octubre de 1975), el rey marroquí Hasan II organizó la Marcha Verde sobre el territorio del Sahara Español, lo que supuso abandonar éste en manos de Marruecos y Mauritania.

    Sin quebrar el monolitismo del sistema, los principales grupos colaboradores en los gobiernos franquistas fueron militares, falangistas, monárquicos, católicos y tecnócratas. Salvo en los dos últimos gabinetes (presididos por Luis Carrero Blanco desde junio hasta diciembre de 1973, y por Carlos Arias Navarro, que sustituyó a éste tras su asesinato a manos de ETA), todos tuvieron como presidente a Franco, responsable único de los equipos ministeriales, sujetos en la duración y composición a su exclusiva voluntad. Según la coyuntura (cierre autocrático o liberalización política) se mantuvieron o fueron sustituidos, siempre al compás de la astucia del general que tuvo especial empeño en mezclar las distintas "familias" del régimen dando la impresión de un falso pluralismo, por cuanto no se reconocía la existencia de partidos políticos.

    Algunos de los principales ministros de los gobiernos presididos por Franco fueron, además de los ya mencionados Carrero Blanco, Arias Navarro y López Bravo: Ramón Serrano Súñer, Francisco Gómez Jordana, Juan Antonio Suances, José Enrique Varela, Alberto Martín Artajo, Agustín Muñoz Grandes, Fidel Dávila, José Antonio Girón, Raimundo Fernández Cuesta, Joaquín Ruiz Giménez, José Solís Ruiz, Manuel Fraga Iribarne, Alberto Ullastres, Camilo Alonso Vega y Torcuato Fernández-Miranda.

    Por último, y en otro orden de cosas, la economía y la política económica sufrieron una interesante evolución a lo largo de los cuarenta años de gobierno franquista. El primer periodo, transcurrido desde 1939 hasta 1951, fue una etapa de autarquía que acusó los efectos de las guerras civil y mundial. Durante ese primer periodo España experimentó una auténtica depresión que contrastaba con la recuperación europea, lograda por la ayuda prestada por el Plan Marshall y de la cual no disfrutó el país gobernado por Franco.

    La década de 1950 actuó como bisagra en la que se produjo un crecimiento debido a la liberalización, la mejora de las relaciones exteriores y los ingresos procedentes del turismo y los numerosos emigrantes. La década de 1960 fue una década de expansión que había dado comienzo con el Plan de Estabilización de 1959 y continuó hasta 1973, respondiendo en cierto modo al esquema propuesto por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE): energía barata, precios favorables en alimentos y materias primas, reservas de mano de obra barata procedente del sector primario, aumento de la población activa y expansión del mercado internacional.

  4. Muerte de Francisco Franco Bahamonde (1976)

    Mitterrand, François (1916-1996), presidente de Francia (1981-1995). Nacido en Jarnac, estudió derecho, literatura y ciencias políticas en la Universidad de París. Sirvió en el Ejército francés durante la II Guerra Mundial y participó en la Resistencia durante la ocupación alemana de Francia. Fue elegido parlamentario de la Asamblea Nacional en 1946. Más tarde fue ministro para los Territorios de Ultramar (1950-1951), ministro del Interior (1954-1955) y ministro de Justicia (1956-1957). En 1965 disputó infructuosamente a Charles de Gaulle la presidencia de la República, como candidato de la izquierda no comunista. En 1971 resurgió como líder del renovado Partido Socialista. Con el apoyo de los comunistas, compitió de nuevo por ese cargo con Valéry Giscard d'Estaing en 1974 y perdió por un estrecho margen. En 1981 Mitterrand desafió por segunda vez a Giscard, obteniendo la victoria, por lo que se convirtió en el primer presidente socialista de la V República. En el ámbito interior, nacionalizó bancos y algunas de las grandes industrias y aumentó los beneficios económicos de la clase trabajadora. Con la victoria de la derecha en las elecciones para la Asamblea Nacional de 1986, Mitterrand tuvo que compartir el poder, en lo que se dio en llamar 'cohabitación', con el nuevo primer ministro conservador Jacques Chirac. Mitterrand fue reelegido presidente de la República en las elecciones de 1988. Le sucedió en este cargo Chirac al resultar triunfador en las elecciones de 1995, a las que Mitterrand ya no se presentó. Falleció el 8 de enero de 1996 en París.

  5. Victoria socialista en Francia con François Mitterrand (1981)
  6. Políticas del Glasnost y la Perestroika

1.5.1 Perestroika (en ruso, ‘reestructuración’), término empleado para referirse a la reforma económica realizada en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) al final de la década de 1980. La palabra comenzó a utilizarse cuando, en 1985, Mijaíl Gorbachov pasó a ser el máximo dirigente soviético. Esta política ya estaba en la fase de diseño antes de su elección, pero fue en el pleno del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) de abril de 1985 cuando se decidió que era crucial para rescatar al Estado del colapso económico y que había que llevarla a la práctica inmediatamente.

La perestroika habría de convertirse en un plan sistemático y en una estrategia concreta para el desarrollo del país. La reforma alcanzaba todas las áreas del sistema soviético: la ciencia y la tecnología, la reorganización de la estructura económica y los cambios en la política de inversión. Su objetivo era convertir una gestión muy centralizada en un sistema más descentralizado, basado en cierto grado de autonomía local y autogestión. Otros objetivos eran: reducir el alcoholismo y el absentismo laboral, permitir a las empresas tomar decisiones sin consultar a las autoridades políticas, así como el fomento de la empresa privada y de sociedades conjuntas con un número limitado de compañías extranjeras. Su contrapartida en el mundo de la cultura y de los medios de comunicación fue la glasnost.

Hacia el final del mandato de Gorbachov, la perestroika empezó a recibir críticas tanto por los que pensaban que las reformas se aplicaban con demasiada lentitud como por los que temían que destruyera el sistema socialista y lo sustituyera por la anarquía. En ambos casos se temía que el país se dirigiera al colapso. En 1991 Mijail Gorbachov perdió el poder tras un fallido golpe de Estado. Borís Yeltsin se convirtió en su sucesor, abandonando el comunismo y conduciendo a la URSS a su desintegración.

1.5.2 Glasnost (en ruso, ‘apertura’ o ‘transparencia’), política llevada a cabo junto a la perestroika por Mijaíl Gorbachov, dirigente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) desde 1985 hasta 1991. Mientras que la perestroika se ocupaba de la reestructuración económica de la Unión Soviética, la glasnost pretendía atenuar las políticas restrictivas que impedían la libertad de expresión y la libre circulación de las ideas. Permitió el debate público sobre cuestiones políticas, alentando por tanto las críticas a la política y a la sociedad soviéticas. Los medios de comunicación obtuvieron mayor libertad para expresar opiniones que antes hubiesen sido condenadas. Permitió conocer tanto los errores del gobierno soviético, como el accidente nuclear de 1986 en Chernobil.

Gorbachov también autorizó la liberación de cierto número de prisioneros políticos y la emigración de algunos refuseniks (disidentes). El objetivo de la glasnost era crear un debate interno entre los ciudadanos soviéticos, y alentar una actitud positiva y el entusiasmo por las reformas en la Unión Soviética. Sin embargo, la política se mantuvo por su propia inercia al empezar la gente a hablar con más confianza justo cuando los problemas de la sociedad soviética se hicieron evidentes y el programa de reformas económicas empezó a fallar. En 1991, tras un golpe de Estado fallido, Gorbachov abandonó el poder y, una vez disuelta la URSS, Borís Yeltsin se convirtió en el máximo dirigente de la Federación Rusa. Las libertades de prensa y de discusión en Rusia en la actualidad son mucho mayores que bajo el comunismo, pero el futuro a largo plazo de los medios de comunicación y de la opinión pública sigue siendo incierto.

1.6 España: Premios Nacionales 2000

Durante los meses de octubre y noviembre, el Ministerio de Educación y Cultura hizo pública la concesión de los distintos Premios Nacionales para el año 2000.

El 3 de octubre, Luis Mateo Díez (Villablino, 1942) obtuvo el Premio Nacional de Narrativa por su libro La ruina del cielo. La obra galardonada lleva al lector a la España de la década de 1930, al pequeño pueblo imaginario de Celama. En ella, un médico, Ismael Cuende, cuenta las vidas de cerca de 400 seres ya desaparecidos que forman parte de una cultura rural hoy casi perdida.

El 18 de octubre fue anunciada la concesión del Premio Nacional de Ensayo 2000 al filósofo Javier Echevarría (Pamplona, 1948) por su libro Los señores del aire. En él, el autor aborda el tema de la sociedad de la información y los cambios que ésta genera en la organización social contemporánea, en la vida cotidiana y en las mentalidades. Subraya el autor la necesidad de regular y democratizar lo que él llama el tercer entorno.

El Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial recayó el 20 de octubre en Biblioteca Nueva por su "tarea en la recuperación de fondos históricos".

El 24 de octubre, el jurado del Premio Nacional de Literatura Dramática hizo pública la concesión de este galardón a Domingo Miras por sus obras Una familia normal y Gente próspera, textos escritos hace casi una treintena de años y que el propio autor califica de "realistas".

El 25 de octubre le fue concedido el Premio Nacional al Fomento de la Lectura al conocido escritor Fernando Sánchez Dragó, por su programa de televisión Negro sobre blanco, dedicado al mundo del libro y que gira en torno a una conversación con un autor sobre su obra.

La obra colectiva Símbolos de España, publicada por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, y que salió a la luz en 1999, se llevó el Premio Nacional de Historia el 30 de octubre. Bajo la coordinación de Carmen Iglesias, Faustino Menéndez Pidal, Begoña Lolo y Hugo O’Donnell realizaron en ella un estudio de la bandera, el himno y el escudo de España a lo largo de su historia.

El filólogo barcelonés Martín de Riquer obtuvo el 31 de octubre el Premio Nacional de las Letras, en reconocimiento a una vida dedicada al estudio de la literatura medieval.

Guillermo Carnero (Valencia, 1947) fue galardonado el 9 de noviembre con el Premio Nacional de Poesía por su libro Verano inglés, un conjunto de 30 poemas escritos a raíz de su experiencia en una universidad inglesa.

El Premio Nacional de Diseño recayó, el 10 de noviembre, en la empresa Akaba y en el diseñador gráfico Mario Eskenazi (Buenos Aires, 1945).

El actor catalán Ramón Fontseré (Torelló, Barcelona, 1956), de la compañía teatral Els Joglars, fue galardonado con el Premio Nacional de Teatro el 16 de noviembre por su trabajo en la obra Daaalí. El mismo día fue anunciada la concesión del Premio Nacional de Circo al equilibrista, contorsionista y acróbata Enrique Moreno.

El 21 de noviembre, se anunció la concesión del Premio Nacional de Danza a la compañía 10&10 y a la coreógrafa La Ribot, exponentes de la danza contemporánea en España.

El 26 de noviembre, el editor y escritor Emilio Pascual ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por su obra Días de Reyes Magos, un libro destinado a lectores adolescentes.

El 27 de noviembre se hizo pública la concesión del Premio Nacional de Música en la modalidad de interpretación a Manolo Sanlúcar, por su obra Locura de brisa y trino, con poemas de Federico García Lorca, y el Premio Nacional de Música en la modalidad de composición a José Manuel López López, por su obra Movimientos y por su aportación como compositor invitado en el Conservatorio de la ciudad francesa de Dijon.

El Premio Nacional de Artes Plásticas fue concedido el 30 de noviembre al escultor Juan Muñoz.

    1. Husayn I o Hussein I (1935-1999), rey de Jordania (1952-1999), una de las más destacadas personalidades de la historia de Oriente Próximo y defensor de la paz entre Israel y sus vecinos musulmanes.

      Nacido el 14 de noviembre de 1935 en Ammán, pertenecía a la dinastía Hachemí, era hijo del príncipe y futuro rey Talal y nieto del emir de Transjordania y primer rey jordano, Abdullah ibn Husayn (Abdalá I). Estudió en Jordania, Egipto (Victoria College de Alejandría) y Gran Bretaña (Harrow School de Londres y Real Academia Militar de Sandhurst). El 20 de julio de 1951 presenció el asesinato de su abuelo en Jerusalén, y el 11 de agosto del año siguiente fue proclamado rey de Jordania, sucediendo a su padre, el rey Talal, que había sido inhabilitado para gobernar debido a sus trastornos mentales. Fue coronado en 1953, cuando llegó a la mayoría de edad y finalizó la labor del Consejo de Regencia que gobernaba en su nombre.

      Los primeros años de su reinado estuvieron marcados por numerosos atentados contra su vida, y su gobierno se vio dificultado por el desacuerdo con líderes árabes más radicales, especialmente el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, que desaprobaban su política prooccidental.

      En 1957 prohibió los partidos políticos después de sofocar con ayuda estadounidense una revuelta promovida por seguidores de Nasser. Tras el fracaso en 1967 de la coalición árabe en la guerra de los Seis Días contra Israel, Jordania perdió Cisjordania y la zona árabe de Jerusalén, al tiempo que las organizaciones palestinas que se habían asentado en el reino acrecentaron su implantación en el país. Husayn I se opuso a ellas y se produjo la guerra civil de septiembre de 1970 (enfrentamiento conocido con el nombre del grupo terrorista que los provocó: Septiembre Negro), en la que la victoria del Ejército jordano obligó a los guerrilleros palestinos (fedayines) a salir de Jordania. La cuestión palestina siguió dominando la política jordana durante las décadas de 1970 y de 1980. Contrajo su cuarto y último matrimonio en 1978, cuando se casó con la estadounidense Lisa Hallaby, que recibió el título regio de reina Noor (Nur).

      En julio de 1988, después de meses de manifestaciones por parte de los palestinos de la Cisjordania ocupada por Israel (Intifada), Husayn I cedió los derechos de negociación de ese territorio a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Su rechazo a condenar la invasión iraquí de Kuwait de 1990 ayudó a mantener su popularidad en Jordania, pero su posición neutral en la consiguiente guerra del Golfo Pérsico (1991) debilitó las relaciones con Estados Unidos y con algunos antiguos aliados árabes, que entonces lucharon contra Irak.

      Tras el acuerdo de paz entre Israel y la OLP de 1993 (firmado por el dirigente palestino Yasir Arafat y el ministro de Asuntos Exteriores israelí Simón Peres), Husayn I, como soberano de la nación árabe con mayor población de refugiados palestinos, defendió el papel de Jordania en la formulación de los acuerdos regionales de paz. En noviembre de 1993, los jordanos participaron en las primeras elecciones multipartidistas del país desde 1956 y apoyaron la estrategia de su rey para establecer la paz entre Jordania e Israel, que finalmente fue firmada el 26 de octubre de 1994. Al año siguiente, le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

      En enero de 1997 medió en las negociaciones entre israelíes y palestinos y logró que se iniciaran acuerdos respecto a Cisjordania y Hebrón, a cargo del primer ministro israelí, el derechista Benjamín Netanyahu, y del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yasir Arafat. En julio de 1998 acudió a una clínica de Rochester (Minnesota, Estados Unidos) para recibir quimioterapia contra un cáncer linfático y el 20 de octubre de 1998 se incorporó a la cumbre entre Arafat y Netanyahu que había dado comienzo en Washington cinco días antes y se prolongó en el estado de Maryland hasta el día 23 de ese mes.

      Regresó a su país el 20 de enero de 1999. Tres días después comunicó a su hermano Hasan la decisión de retirarle el título oficial de heredero (que le había otorgado en 1965 y le había permitido desempeñar el cargo de regente durante la ausencia del Rey). El día 25 de ese mes designó heredero a Abdullah ibn al-Husayn (Abdalá), primogénito fruto de su segundo matrimonio —contraído con la británica Toni Gardiner, cuyo nombre regio fue el de reina Muna—, al cual ya había dado ese título poco después de su nacimiento, si bien en 1965 recayó en Hasan. Al día siguiente hubo de volver a la clínica estadounidense de Rochester tras sufrir una recaída, dejando como regente a su hijo Abdalá. Falleció en Ammán el 7 de febrero, un día después de haber regresado definitivamente a Jordania. Abdalá juró su cargo como rey constitucional el día de la muerte de su padre, a quien sucedió como Abdalá II.

    2. Hussein I sube al poder en Jordania (1952)
    3. Revolución Cultural en China
  1. ASIA

La Revolución Cultural  Mientras los comunistas luchaban por construir la sociedad china, aparecieron diferencias entre Mao, que favorecía una ideología comunista pura y los intelectuales, profesionales y burócratas, que querían un acercamiento más racional y moderado que animara la eficacia y productividad del país. En mayo de 1956, los dirigentes del partido preocupados por las críticas de los moderados, más pragmáticos, lanzaron una campaña animando a los chinos a "dejar florecer cien flores, dejar luchar a cien escuelas de pensamiento." Los intelectuales fueron instados a exponer sus quejas al sistema para que los problemas pudieran ser identificados y solucionados. A comienzos de 1957 Mao amplió la campaña de las "cien flores", invitando a la libre crítica de la política gubernamental. Se asumió, por supuesto, que tales críticas se encontrarían dentro del marco del comunismo. Sin embargo en junio de 1957 se volvieron a imponer estrictos controles sobre la libertad de expresión, que pusieron fin a la denominada "primavera de Pekín".

Ampliación de la división  La escisión entre Mao y los moderados se amplió. En 1959 abandonó la presidencia de la República y le sucedió el moderado Liu Shaoqi; sin embargo, retuvo parte de su poder. La influencia de Mao se vio disminuida posteriormente por el fracaso económico que supuso el Gran salto adelante. La escisión se convirtió en un conflicto público en 1966, cuando Mao y sus seguidores lanzaron la Revolución Cultural proletaria para erradicar lo que perdurara de las ideas y costumbres burguesas y para recuperar el celo revolucionario del primitivo comunismo chino. Mao también quería debilitar la burocracia del partido, ahora atrincherada en los privilegios y modernizar el sistema educativo para beneficiar a los trabajadores rurales y manuales.

Estudiantes autoproclamados guardias rojos, a los que se unieron grupos de trabajadores, campesinos y soldados desmovilizados, tomaron las calles para manifestarse a favor de Mao, a veces violentamente, convirtiendo a los intelectuales, funcionarios estatales y del partido y trabajadores urbanos en sus principales objetivos. Se desmontó la estructura central del partido ya que se destituyó a los numerosos altos dignatarios, entre los que se encontraba el jefe de Estado, Liu, y se los expulsó del partido. Se cerraron las escuelas y la economía quedó paralizada.

Tensión internacional  Durante 1967 y 1968 los enfrentamientos entre maoístas y antimaoístas, así como entre diferentes facciones de los guardias rojos, costaron miles de vidas. En algunas zonas la rebelión condujo a la anarquía. Al final, se tuvo que recurrir al ejército, dirigido por el ayudante de Mao, Lin Biao, para restaurar el orden.

La Revolución Cultural tuvo un efecto adverso sobre las relaciones exteriores. La actitud de los guardias rojos inspiró comportamientos similares en Hong Kong que dieron lugar a un caos económico y social. La propaganda a favor de los guardias rojos y la agitación de los chinos residentes en el extranjero dificultaron las relaciones con muchos Estados, especialmente con la URSS, y la prueba positiva de una bomba de hidrógeno china en 1967 no hizo sino agravar la preocupación soviética. La tensión entre las dos potencias fue aumentando mientras los chinos acusaban a los dirigentes soviéticos de imperialismo después de que en 1968 la URSS invadiera Checoslovaquia. En 1969 los crecientes ataques chinos sobre la policía soviética en el río Ussuri, en Dongbei Pingyuan (Manchuria), crearon una situación explosiva.

El desarrollo más radical en la educación de China tuvo lugar entre 1966 y 1978. Durante la Revolución Cultural de 1966 a 1969, se cerraron prácticamente todas las escuelas del país. Los 131 millones de jóvenes que estaban inscritos en las escuelas primarias y secundarias tuvieron que abandonarlas; muchos se involucraron en los esfuerzos de Mao por crear una nueva elite china, en la que hubiera jóvenes críticos que revisaran los programas políticos gubernamentales. En 1968 y 1969 se volvieron a abrir, pero hasta el periodo de 1970 a 1972 todas las instituciones de educación superior permanecieron cerradas.

  1. El Ayatollah gobierna y reforma Irán

Ayatolá (en árabe, Ayat Allah, signo milagroso de Dios), título honorífico reservado a juristas de excepción (mujtahids) de los imanes musulmanes shiíes. El título es sin embargo propio de los iraníes y no es utilizado generalmente por los imanes shiíes del mundo árabe (por ejemplo, de Irak, Bahrein y Líbano) o del subcontinente indio.

Jomeini, Ruhollah (c. 1900-1989), ayatolá iraní, dirigió la Revolución Islámica que derrocó al sha Muhammad Reza Pahlavi en 1979, y fundó la República Islámica de Irán, de la cual se convirtió en guía de la Revolución (1979-1989). Nacido en la ciudad desértica de Jomein y cuyo nombre real era Ruhollah Hendi, se convirtió en discípulo de un respetado profesor del islam y se trasladó con él a Qom en 1922. Jomeini llegó a ser un destacado teólogo islámico, escribió más de 20 libros sobre estos temas y en 1962 accedió a la jefatura de la comunidad shií de Irán.

Crítico destacado de la dinastía Pahlavi desde la década de 1930, fue arrestado en 1963, por oponerse a medidas liberalizadoras (como la reforma agraria y la emancipación de la mujer) y se exilió, primero en Turquía y después en Irak, donde vivió (1964) en la ciudad santa shií de Najaf. Cuando fue expulsado de Irak (1978), encontró refugio en un barrio de París. Desde allí continuó su campaña contra el régimen del sha Reza Pahlavi y contra su principal valedor, Estados Unidos. Jomeini realizó grabaciones magnetofónicas que incitaban a la desobediencia multitudinaria. Éstas fueron introducidas ilegalmente en Irán y emitidas al pueblo por radios de onda corta. De regreso a Irán en febrero de 1979, después de que el Sha huyera, Jomeini presidió la Revolución Islámica que de hecho eliminó de Irán toda influencia occidental, así como toda la posible oposición al régimen teocrático shií.

En noviembre de 1979 las diferencias de Jomeini contra Estados Unidos condujeron al asalto de la embajada estadounidense en Teherán y a la toma de 53 funcionarios estadounidenses como rehenes, acción que después aprobó. La nueva Constitución de la República Islámica de Irán, aprobada en diciembre de 1979, le convirtió en el supremo líder político y religioso de forma vitalicia.

Su régimen apoyó activamente la actuación de grupos terroristas y la propagación de las creencias radicales fundamentalistas islámicas. También prolongó la Guerra Irano-iraquí (1980-1988) esperando derrocar a Saddam Husayn, acordando contra su voluntad el alto el fuego final. A pesar del coste económico y humano de su gobierno, Jomeini disfrutó de un considerable apoyo popular dentro de Irán, aunque aparecieron signos de que su política más extrema no sobreviviría a su muerte que se convirtió en un auténtico duelo nacional y, en la actualidad, su tumba es centro de peregrinaciones y de culto multitudinario.

  1. Guerra entre Irán e Irak (1980-1988)

Irano-iraquí, Guerra, conflicto armado librado entre Irán e Irak desde 1980 hasta 1988. La guerra comenzó con la invasión de Irán por parte de Irak el 22 de septiembre de 1980. Sus orígenes se encuentran en la larga animosidad árabe-persa y en las rivalidades regionales; en concreto, Irak quería invertir la delimitación de fronteras entre los dos estados, establecida en los Acuerdos de Argel (1975), para conseguir la anexión de la región de Shatt al-Arab. Además, Irak estaba preocupado por la propaganda religiosa dirigida desde la nueva República Islámica de Irán con el ayatolá Ruhollah Jomeini al frente, contra el régimen baatista laico de Bagdad, y especialmente temía perder la lealtad de sus súbditos shiíes.

Sin embargo, la principal razón de la guerra fue la creencia del presidente de Irak, Saddam Husayn, de que la potencia militar de Irán se había debilitado en gran medida por la Revolución islámica de 1979, que derrocó al sha (rey) Muhammad Reza Pahlavi, y que el apoyo que conseguiría por parte Occidental le permitiría obtener una fácil victoria, reconquistando Shatt al-Arab y la provincia iraní de Juzistán. Pero, aunque las fuerzas iraquíes obtuvieron éxitos al principio, Irán contuvo a los invasores, reorganizó sus fuerzas y se lanzó a la ofensiva. Hacia 1982, las tropas iraquíes habían sido expulsadas de la mayor parte de Irán, que rechazó la posibilidad de comenzar un proceso de paz y continuó la guerra para castigar a Irak.

Entre 1982 y 1987 las fuerzas iraníes organizaron la ofensiva a lo largo de la frontera, fundamentalmente en el sur, donde el principal objetivo era la conquista de Basora. Los ataques iraníes sobre las atrincheradas posiciones iraquíes recordaban a las tácticas de desgaste de la I Guerra Mundial. Irak comenzó entonces a utilizar gases tóxicos. Con la ayuda de grandes donaciones y préstamos de los estados árabes de la región del golfo Pérsico, y el suministro de armamento (entre otros, de la Unión Soviética y Francia) Irak resistió impasiblemente, mientras su fuerza aérea atacaba ciudades iraníes, instalaciones petrolíferas y petroleros en el golfo Pérsico. Irán tomó represalias contra los estados que apoyaban a Irak.

Por sus tácticas, Irak buscaba implicar a potencias exteriores en el conflicto, y en 1987, Estados Unidos y otras potencias asumieron la responsabilidad de proteger los cargamentos en el Golfo. Hacia 1988 Irán deseaba finalizar la guerra, pero las fuerzas iraquíes reanudaron la ofensiva y en julio de 1988, Irán aceptó la resolución de paz 598, adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU el 20 de julio de 1987. Finalmente se llegó a la paz el 20 de agosto de 1990, durante la guerra del Golfo Pérsico, sobre la base del statu quo ante bellum (mantenimiento de la situación territorial antes del enfrentamiento bélico). La Guerra Irano-iraquí se saldó con un millón de muertos (el 60% de ellos iraníes), y casi dos millones de heridos, además de numerosos gastos materiales, que dejaron la economía de ambos combatientes en una situación muy precaria.

  1. Guerra del Golfo Pérsico (1991)

La crisis que dio origen al conflicto se inició el 2 de agosto de 1990, cuando Irak, liderado por el presidente Saddam Husayn, invadió y anexionó el emirato de Kuwait. El objetivo aparente era controlar las reservas petrolíferas kuwaitíes. Irak anexionó Kuwait formalmente el 8 de agosto.

Entre agosto y noviembre de 1990, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó una serie de resoluciones que culminaron en la demanda expresa a Irak para que se retirara incondicionalmente de Kuwait el 15 de enero de 1991. Una fuerza multinacional bajo los auspicios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que ascendió a 500.000 soldados de tierra, mar y aire —principalmente de Estados Unidos, Arabia Saudí, Gran Bretaña, Egipto, Siria y Francia (y que contó con apoyo indirecto de otros muchos países, entre ellos España)—, se reunió contra el Ejército iraquí, estimado entonces en 540.000 soldados. La concentración de fuerzas, denominada ‘Operación Escudo del Desierto’, tuvo inicialmente como fin proteger a Arabia Saudí de otro ataque.

Bajo el mando del general estadounidense H. Norman Schwarzkopf, la coalición multinacional inició un intenso bombardeo aéreo de objetivos militares en Irak y Kuwait 24 horas después del fin del plazo dado por la ONU a Irak para que sus tropas abandonaran Kuwait. La operación se conoció como ‘Tormenta del Desierto’. Después de establecer la superioridad aérea, las fuerzas de la coalición inutilizaron los centros de mando y control iraquíes, especialmente de Bagdad y Basora, y atacaron de modo implacable a la infantería de Irak, que estaba atrincherada a lo largo de la frontera saudí-kuwaití, así como a la Guardia Republicana, compuesta por 125.000 hombres de elite que se encontraban al sureste de Irak y al norte de Kuwait. Las bajas de la coalición fueron relativamente pocas, no así entre las de Irak.

Algunos aviones iraquíes fueron derribados; muchos más fueron bombardeados en sus refugios o huyeron a Irán. Irak tomó represalias lanzando misiles Scud a Arabia Saudí e Israel, países no beligerantes directamente; Estados Unidos, creyendo que la opinión árabe se movilizaría contra la coalición, contestó esta amenaza con misiles antimisiles Patriot y ataques comando contra las lanzaderas de Scud.

A mediados de febrero, con bajas militares y civiles cada vez más numerosas, Irak señaló su deseo de retirarse de Kuwait. La coalición rechazó una serie de ofertas condicionales iraquíes, en las que sirvió de mediador la Unión Soviética. Por su parte, las fuerzas aliadas iniciaron una ofensiva aire-tierra coordinada, ‘Operación Sable del Desierto’, abriendo brecha en la principal línea de defensa de Irak en la frontera saudí-kuwaití y avanzando rápidamente a través del sur de Irak para flanquear la principal fuerza iraquí y bloquear el principal camino de retirada de la Guardia Republicana.

El 27 de febrero, la ciudad de Kuwait había sido liberada y miles de soldados iraquíes se habían rendido, habían desertado o habían sido capturados o muertos. Las bajas de las fuerzas de coalición fueron sorprendentemente escasas: el 28 de febrero, cuando las operaciones ofensivas habían finalizado, sólo 149 soldados habían muerto y 513 habían sido heridos.

Los representantes iraquíes aceptaron los términos aliados para una tregua provisional el 3 de marzo y el cese del fuego permanente el 6 de abril. Irak aceptó pagar indemnizaciones a Kuwait, revelar la localización y alcance de sus reservas de armas químicas y biológicas, y eliminar sus armas de destrucción masiva. Sin embargo, más tarde, los inspectores de la ONU se quejaron de que el gobierno de Bagdad frustraba sus intentos de control de los acuerdos, por lo que la ONU estableció sanciones económicas contra Irak.

2.6 Oriente Próximo: roto el diálogo entre israelíes y palestinos

Durante el mes de octubre, continuaron los violentos enfrentamientos en Cisjordania y Gaza entre las fuerzas de seguridad israelíes y manifestantes palestinos. Murieron centenares de personas, sobre todo entre los palestinos. (Para más información, véase el artículo de septiembre de 2000 "Estalla una nueva Intifada".)

El 8 de octubre, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) condenó el uso excesivo de la fuerza por parte del Ejército israelí contra los palestinos.

Los esfuerzos diplomáticos encaminados a encontrar una salida a la crisis resultaron todos infructuosos. Éste fue el caso de la reunión mantenida el 6 de octubre, en París, entre el primer ministro de Israel, Ehud Barak, y el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yasir Arafat, con la mediación de la secretaria de Estado estadounidense, Madeleine Albright.

El 16 y 17 de octubre de 2000, después de dos semanas de intifada, se celebró una nueva cumbre en la localidad egipcia de Sharm el Sheij para intentar dar nueva vida al proceso de paz, gravemente herido tras los últimos acontecimientos. A la reunión asistieron el presidente egipcio, Hosni Mubarak, el estadounidense, Bill Clinton, el máximo representante de la Unión Europea para la política exterior y de seguridad común europea, Javier Solana, el rey Abdalá II de Jordania y el secretario general de la ONU, Kofi Annan. En esta reunión, Barak y Arafat llegaron a un acuerdo de alto el fuego que incluía el restablecimiento del orden en un plazo de 48 horas, la creación de un comité encargado de investigar las causas de lo sucedido y la reanudación de las negociaciones de paz.

No obstante, palestinos e israelíes continuaron las hostilidades y se acusaron mutuamente de no respetar el acuerdo de pacificación. El 20 de octubre, finalizado el plazo que se concedieron Barak y Arafat en la cumbre de Sharm el Sheij para finalizar con la violencia, el primer ministro israelí anunció la suspensión del proceso de paz.

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