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Vampiros: los Moradores de las Tinieblas

Enviado por skylan_mont



  1. Vampiros Genéticos
  2. Vampiros Míticos
  3. Vampiros Literarios
  4. Características de los vampiros literarios del gótico-moderno
  5. Vampiros Sectarios o Rituales
  6. La Cultura Moche, el vampirismo hecho rito
  7. Mujeres y Vampirismo. La Historia las condena
  8. La primera vampiro
  9. Vampiras literarias
  10. La mujer detrás del relato

Las leyendas de vampiros se originaron de este a oeste en compañía de las caravanas a lo largo de la ruta de la seda por el Mediterráneo. De allí se extendieron a Asia y luego a las tierras Eslavas y los Cárpatos. Los mitos estaban originalmente más estrechamente asociados con Irán (Mesopotamia). Podemos decir que los vampiros están entre nosotros desde que aparecieron los primeros asentamientos de grandes sociedades, es decir, según lo que la historia ortodoxa asegura en Mesopotamia, hace aproximadamente 4.000 años. Junto a ellos podemos agregar la más amplia casta de seres sobrenaturales y de ultramundo: espíritus y fantasmas, demonios, brujas y hombres lobo. Aún así, la sangre es un punto esencial en la subsistencia de miles de mitos y ritos a través de los tiempos y, por consiguiente, la necesidad de este preciado líquido. Casi en cuanto llegaron los vampiros a Europa, alrededor del siglo VIII D.C., el proceso de cristianización empezó y las leyendas de vampiros sobrevivieron como mitos. Más tarde los Gitanos emigraron desde norte hacia el oeste de la India (donde tienen varios mitos de vampiros), ya allí sus mitos se mezclaron con los del pueblo Eslavo. Los Gitanos llegaron a Transilvania brevemente antes de que Vlad Dracul naciera en 1431. El vampiro aquí era el fantasma de una persona muerta, que en la mayoría de casos habían sido una bruja o mago.

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Clasificación Vampírica

Según Origen y Características

  1. Vampiros Genéticos

Desde que las ciencias comenzaron fuertemente a inmiscuirse en el terreno de la magia, los mitos y la brujería, por los años 1500 d. C., se ha puesto una mirada más objetiva y escéptica ante estos fenómenos. Ya en el siglo XX, muchos médicos han relacionado la necesidad de beber sangre con un grupo de enfermedades genéticas, las porfirias, que suelen producir alteraciones en la piel o en el sistema nervioso.

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 Las porfirias se producen por un mal funcionamiento de la secuencia enzimática del grupo Hemo de la Hemoglobina, la cual transporta el oxígeno desde los pulmones al resto del cuerpo. Los síntomas de la mayoría de estas enfermedades son:

- Fotosensibilidad. Este síntoma es el resultado de la acumulación de porfirinas libres de fierro en la piel produciendo Hirsutismo (crecimiento excesivo de vello para protegerse de la luz, incluso en lugares no usuales y más expuestos, como manos, mejillas, nariz); alteraciones de pigmentación, por ejemplo los dientes se vuelven de un color rojo; temor a la luz, ya que produce que estas anomalías se agudicen.

- Quemaduras espontáneas de partes del cuerpo, ya que la sangre absorbe en exceso el oxígeno, convirtiéndolo en oxígeno atómico (llamado también oxígeno monoatómico o singlet-oxygen), el cual es altamente tóxico. Este oxígeno produce la destrucción de los tejidos, en especial los más expuestos. Además se puede ocasionar quema en forma violenta de los tejidos, con desprendimiento de flama y humo, cuando se expone el enfermo a la luz.

En definitiva, un enfermo de porfiria no tratado, en medio del siglo VIII, X, XIII, o incluso XVII, podría haber tenido una apariencia monstruosa. Manos convertidas en garras, la cara peluda, y la boca permanentemente abierta por la falta de labios, los dientes al descubierto y de apariencia más grande por la falta de encías y donde estaba la nariz, dos orificios oscuros por donde el enfermo respira jadeando y fluyendo una secreción sanguíneo purulenta. Entonces la posibilidad de encontrarse con una persona que sufría de porfiria, en medio de la noche para evitar el daño que le producía la luz, podría haber causado la impresión, a cualquier espectador, de estar frente a un monstruo o quien sabe qué tipo de engendro. Tal ente adquirió con el tiempo el nombre de hombre lobo, vampiro... y posiblemente las leyendas se fueron extendiendo y modificando por el paso de los años y las regiones. En la actualidad, el principal tratamiento para las porfirias es la inyección de concentrado de glóbulos rojos, además del uso de filtros solares, aunque, en verdad, las porfirias no tiene cura.

Pero en plena Edad Media, la inyección de glóbulos rojos no era posible. Aún así, en algún momento los enfermos, ya sea inducidos por la desesperación o por indicación de algún curandero, druida o chaman, debieron beber grandes cantidades de sangre, con lo que se sintieron aliviados. Por eso, posteriormente por la plebe se extendieron las historias de bebedores de sangre. El folclore confirma las costumbres nocturnas de los vampiros y los licántropos.

La naturaleza genética de las porfirias y algunas costumbres endogámicas de algunos grupos étnicos y entre la nobleza, y otros factores medioambientales, podrían haber desencadenado la enfermedad en personas genéticamente dispuestas, y de aquí la idea de que quien fuese mordido por un vampiro se convertía en uno de ellos a su vez.

Dentro de la leyenda, es bien conocido el ajo, como talismán para ahuyentar vampiros. La explicación científica se basa en lo siguiente. Todos poseemos una enzima en el hígado llamada Citocromo p-450, cuya función es remover sustancias no solubles en agua. Es una función desintoxicante. Se ha demostrado que cuando el Citocromo p-450 hepático está metabolizando una amplia variedad de drogas y otros compuestos orgánicos, su grupo hemo puede ser destruido. De hecho, las drogas forman un complejo con el grupo hemo de la p-450 por alkilación con un átomo de nitrógeno. Muchas de las drogas que destruyen el grupo hemo de esta enzima hepática tienen mucho en común con uno de los principales constituyentes del ajo y que además es volátil, el Dialkilsulfito. Esto, obviamente sugiere que la ingesta o aspiración de ajo aumenta la severidad de un ataque de porfiria.

A partir de estas investigaciones, actualmente muchos médicos afirman que los vampiros bebedores de sangre eran simplemente enfermos de porfiria que trataban de aliviar los síntomas de su enfermedad. La fotosensibilidad explicaría los hábitos nocturnos. Ambas situaciones contribuyeron a rodear de misterio sus costumbres y a configurar su imagen de seres diabólicos.

Algunos psiquiatras difieren de esto, como el Dr. R. L. Vandeberg, aludiendo que "el síndrome y las fantasías del vampirismo son más frecuentes e importantes de lo que su presencia en la literatura podría sugerir". En este sentido, la adicción tiene su base dinámica en conflictos no resueltos en la infancia y también en otros niveles posteriores de desarrollo.

Sea mental o fisiológico, la necesidad de sangre y la búsqueda de la oscuridad, que dio origen al mito del vampirismo, fue y ha sido uno de los pilares fundamentales para alimentar las fantasías de los pueblos y la búsqueda de la saciedad de oscuros instintos de gran cantidad de personas a través del tiempo y alrededor de todo el mundo.

2. Vampiros Míticos

Las leyendas son parte de la imaginación de los pueblos unida a ciertos sucesos de la vida real inexplicables. Hay leyendas que se quedan en tan solo eso, pero hay otras que traspasan el límite de los idiomas, tiempos y lugares. Una de ellas es la existencia de los vampiros.

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 La sangre da origen al , ya que desde tiempos remotos ha sido considerada como un elemento sagrado, constituyendo el asiento del alma para la mayoría de las culturas antiguas. Es el caso de la tradición babilónica, que explica cómo el hombre fue creado con arcilla y sangre de Dios; o del Deuteronomio, que advierte: "Guárdate de comer sangre, porque la sangre es el alma". Así mismo, los antiguos semitas (árabes preislámicos y primitivos hebreo) creían que cuando sobreviene la muerte natural, nefs (alma) se mantiene latente en el cuerpo sobreviviendo gracias a las ofrendas de sangre. Con posterioridad, una vez instaurado el Islam, incluso Mahoma hace referencia al "alma líquida".

Incluso en épocas posteriores, en los siglos XVII y XVIII algunos campesinos y guerreros en Inglaterra y otros países europeos, creían que bebiendo la sangre del enemigo ganarían su vitalidad, y en el caso de las mujeres, las haría más fecundas.

De esta importancia de la sangre, sumada a la posible relación de los enfermos de porfirias con seres ultraterrenos, unido a los temores populares y antiguos ritos, el mito de los vampiros cobró vida, emergiendo como tal en la Edad Media, para tener su mayor apogeo durante los siglos XVII y XVIII en Europa

Las características, los hábitos de los vampiros y la forma de luchar contra ellos, ha variado a través de los tiempos según la época y la región. Aún así, todos se han puesto de acuerdo en que son seres nocturnos, tienen gran poder, beben sangre, de preferencia humana, la cual es casi el único alimento para poder sobrevivir, son monstruosos, y aveces seductores, provienen de las tinieblas o del infierno, poseen afilados colmillos, y son asociados con demonios, posesiones, juventud, inmortalidad y enfermedades.

Los chupasangre han adoptado diversos nombres dependiendo de la época y la región, los cuales se cuentan por sobre las 3 decenas (ver recuadro). El más difundido actualmente es vampiro, palabra que proviene del vocablo eslavo Upyr o Upierz, que significa "sanguijuela". Este vocablo, se les dio a los chupasangre revinientes, en Moravia, Polonia, Hungría, Silesia y Rusia.

Es importante aclarar que en los siglos pasados el mito vampírico definió que la transmisión del don sólo se manifestaba después que el cadáver del mordido o infectado era sepultado. De ahí que se asocie el vampiro con su féretro. En siglos primitivos, los vampiros venían de lugares distintos, como el infierno, debajo de la tierra, del cielo, iniciaban su deambular a causa de una revelación contra lo establecido, o simplemente aparecían, de no se sabe dónde, para atacar.

El vampiro mítico o de tradición popular se perpetuó gracias a la literatura, por lo que es difícil establecer los límites en cuanto una creencia de un pueblo pasó a ser el tema de conversación o estudio tanto de eruditos, ignorantes y artistas literarios.

Actualmente con los avances científicos del siglo XIX en adelante, la creencia en vampiros ha cesado, aunque no por completo, y con ella el temor de la gente ante seres nocturnos bebedores de sangre. Pero aún así, personas en todo el mundo desean que el mito más imperecedero vuelva a cobrar vida.

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3. Vampiros Literarios

Las primeras evidencias literarias o artísticas de vampiros se remontan a Nepal, llamados Señores de la Muerte, donde se recogieron testimonios en cuevas cuyos dibujos datan desde el 3000 a. C., y en Caldea y Asiria, donde se hallaron vestigios de éstos en tablillas con escritura cuneiforme.

 Como es evidente, desde tiempos muy antiguos se han relatado historias con indicios vampíricos, pero no es hasta la época del Romanticismo que estas toman mayor fuerza e ingenio. Dentro de los escritos vampíricos, podríamos señalar también esa suerte de tratados que se hicieron a finales de la Edad Media y durante principios la Época Moderna, en donde se definían los vampiros como seres que en realidad existían y que deambulaban por ciertos sectores de Europa atacando, contagiando y matando a las personas, en especial mujeres y niños. Pero dejando de lado estas reseñas "científicas y teológicas" de los siglos XVI, XVII y XVIII, adentrémonos en la visión literaria, en rasgos generales, de lo que a través de la historia, y en especial en el siglo XX, se ha considerado como vampirismo.

Primero que nada, es imprescindible decir que el vampiro literario ha sufrido transformaciones a través del tiempo y el espacio, así como el mundo lo hace también, haciendo cambiar tanto el arte, como la cultura en general. En sus inicios, solo se restringió a relatos casi mitológicos sobre seres sobrenaturales con características antropófagas y hemófagas, e incluso, muchas veces con ciertas características animales. Tienen estos relatos gran influencia de los ritos de muerte y sangre, que en muchas culturas se practicaban, como ofrenda a los dioses, o por el hecho de que la sangre, para varios pueblos, era el alma, y por medio de ella se podía conectarse con los reinos de los muertos, los espíritus, y otros.

Más adelante los vampiros fueron tomando una imagen con mayores características humanas, hasta que se llegó a un relato, que forma parte de las mil y una noches, llamado Honor de Vampiro. Allí, el vampiro en cuestión es absolutamente humano, por lo menos en apariencia, ya que sus costumbres son bastante extrañas. Se consagra la imagen vampírica como de seres en extremo bellos, sensuales y maléficos.

Ya entrado el siglo XIX, se hallan en Europa, y Norteamérica, numerosos escritores de terror y misterio, en las épocas que corresponden al romanticismo, naturalismo y modernismo europeo. Dentro de estos se pueden nombrar Goethe, Lord Byron, Polidori, Maupassant, Lovecraft, Poe y Bram Stoker. Estos, por lo menos en alguno de sus relatos, se refirieron a los vampiros, y les dieron algunas de las características más detalladas de lo que ahora conocemos de ellos. El más celebre de estos autores es Bram Stoker, el creador de Drácula, el conde de Transilvania, que "vive" en un castillo derruido, y que logra viajar a Inglaterra para poder saciar su sed de poder y sangre. Allí causa estragos en un grupo selecto de personas que intentan, a cualquier precio, escapar de la maldad enceguecedora de este ser inmortal. En esta novela, los vampiros adquieren una posición privilegiada dentro de los seres de ultratumba que deambulaban por los relatos de la época. El Conde personifica al misterio y la sensualidad en sí, con un poder mental que supera cualquier comparación con el humano, y además capacidades inimaginables, como convertirse en neblina y algunos animales.

Ya en el siglo XX, se sumaron a las obras de estos autores, otras varias venidas de numerosas partes del mundo, hasta que llegamos a 1976, en Nueva Orleáns, Estados Unidos, donde nace una obra maestra de la literatura vampírica contemporánea. Me refiero a Entrevista con el Vampiro, cuya autora, Anne Rice, hizo de los vampiros, que hasta ese entonces en su mayoría eran seres apartados de la humanidad, vengadores, maléficos, oscuros y con el único fin de destruir, en seres realmente humanos separados de los hombres, pero a la vez unidos a ellos, por el pasado común. Son, por supuesto, extranjeros en su propia tierra, pero que tienen fines mucho más elevados que solo destruir: buscan el real sentido de la vida en la muerte.

Características de los vampiros literarios del gótico-moderno

Se dice, según la literatura, que el vampiro es una criatura secreta y sus víctimas nunca pueden contar su historia porque mueren o pasan a ser vampiros. Anne Rice (la autora norteamericana que revitalizó el mito) difiere en esto, o más bien hace diferir en esto a dos de sus personajes principales de sus Crónicas Vampíricas, Louis y Lestat, los cuales sin miedo y como señores de las tinieblas que son, cuentan a los mortales sus hazañas y travesuras, horrores y sufrimientos, a través de autobiografías, relatos de vampiros amigos o simplemente música rock. A través de sus novelas, esta genial escritora ha recreado el mito ancestral, llevándolo a los límites de la pasión, y logrando explicar el misterio de su origen y su continuidad a través de las épocas. Claro está que su visión, totalmente novelística no hace un recorrido exhaustivo a través del tiempo y los mitos regionales, sino que viaja al principio mismo de la unión casual entre la muerte y la vida (producida en el Egipto primitivo), y la repercusión de este error en personajes variados y complejos, creando así la más moderna y a la vez arcaica de las leyendas.

Los vampiros llevados del submundo de lo horroroso al misterio de la existencia. Aquellos humanos que se encuentran con vampiros, comprensiblemente se concentran en tratar de matarlos y no en estudiarlos. Como sucede en Drácula, y en todos esos relatos y, actualmente, en películas de cazavampiros. Inicialmente, en algunas ocasiones, los vampiros de Anne Rice (Louis, Lestat, Armand, Marius, entre otros) son atacados por humanos asustados ante tan espeluznante espectáculo de estar frente a un muerto viviente, seductor, intemporal y casi demoníaco. Pero la mayor parte de los humanos que se acercan a ellos, quedan más bien hechizados y su único deseo es ser uno de ellos y descubrir el misterio de la inmortalidad, como sucede con Daniel, el periodista, en Entrevista con el Vampiro, con Gabrielle (madre de Lestat) y Nicolas (amante de Lestat) en Lestat el Vampiro, o con David Talbot, en La Reina de los Condenados o en El Ladrón de Cuerpos. Existen creencias que se atribuyen a los vampiros, creencias que Rice vino a eliminar. Cosas como que los vampiros se pueden convertir en murciélago, ratas, gato, neblina o en un lobo (como el conde Drácula), o que pueden ser debilitados si no tienen es su féretro un poco de tierra de su entierro original o con mostrarles ajo, una cruz, agua bendita u otros símbolos sagrados.

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 Lo del ajo, en algunos pueblos, se creía que el olor ahuyentaba a los chupasangre (tal vez por el asunto de las porfirias), y los símbolos sagrados, por la relación que se comenzó a hacer durante la Edad Media entre todos los seres ultraterrenos y el demonio. También dicen algunos relatos que se debe hacer una especie de rito para matar definitivamente a un vampiro: esperar la madrugada, ir a su tumba, abrirla, clavarle una estaca en el corazón, tanto para hacerle perder sangre como para clavarlo al ataúd, y luego (se sabe que el nomuerto reaccionará de modo inconsciente y que de su boca y oídos brotará sangre) rápidamente se la corta la cabeza. Anne Rice dice que los vampiros tan solo pueden morir con la luz del sol o con el fuego, ya que tanto la luz como el calor producen un efecto de algún modo "combustible" con la sangre vampírica, haciéndola expandirse para luego convertir el cuerpo en cenizas. Aún así, por más herido que esté un vampiro, mientras tenga oscuridad y sangre que beber (ya sea humana o de "poddle, rata, gallina o caimán"), puede sobrevivir.

Así mismo tienen atributos sobrehumanos (aunque no se conviertan en nada), como leer las mentes humanas y de algún otro vampiro, si este lo desea, ya que también pueden cerrar sus mentes; moverse con una rapidez imperceptible para un simple observador, esconderse en las sombras y pasar desapercibidos, dormir en cualquier parte que tenga oscuridad (hasta en tumbas de cementerios o bajo la tierra en algún bosque o desierto), volar, encender fuego con la mente, captar sonidos, movimientos, objetos y sensaciones que para un humano son imperceptibles.

Una creencia, común en la literatura o el mito hablado, es creer que todas las víctimas de un vampiro se convierten a su vez en vampiros. La mayoría de las presas son simplemente alimento. Hay una idea vaga de cómo los chupasangre transmiten su Don Oscuro. Algunos, como en Drácula, se convertían en vampiros con la succión repetitiva de sangre, hasta que la víctima moría. Y luego, días después, "resucitaba" de la tumba para alimentarse de la sangre de niños (en el caso de Lucy). El mismo Drácula, según el filme de Francis Ford Coppola, inspirado en la novela homónima basada en la sangrienta vida del Conde Vlad Dracul, se le concedió el don cuando, al perder a su amada mientras él estaba en las Cruzadas, reniega de Dios y hace un pacto de sangre con el demonio. Otros adquieren el don si su madre había sido mordida durante el embarazo, o si su padre es vampiro. En las Crónicas Vampíricas, con una excepción, todos los vampiros del mundo de Anne Rice, se convierten a las tinieblas cuando son succionados hasta casi la muerte y luego beben de la muñeca o cuello de su "padre nomuerto" (pues una de las características principales de los Undead de Rice son su incapacidad de concebir a modo humano). Luego de esto, comienzan a perder su vida humana, para dar paso a la vida oscura.

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Otro producto de un ataque de un vampiro puede ser que la víctima se transforme en un revenant o reviniente, una forma intermedia: el reviniente muere por shock o por pérdida de sangre y es enterrado normalmente. Pero como la causa de su muerte es anormal, no hay descanso, y la víctima vuelve con un cuerpo animado pero en descomposición que chupa la sangre, o bien como un espíritu succionador de energía psíquica y de sangre también. Dos ejemplos de esto, están en Entrevista con el Vampiro de A. Rice y en El Horla de Guy de Maupassant, respectivamente. Las señales de ataque de un reviniente son idénticas a las de un vampiro, pero estos no logran matar a sus víctimas, sino que se convierten a su vez en reviniente.

Tal vez esto viene a explicar, teorizar, y resumir algunas de las variables de la transmisión del Don Oscuro. La figura del vampiro literario (y por lo tanto mítico), tal y como la conocemos hoy, se comienza a establecer en los siglos XVIII y XIX. De hecho, en Europa Occidental, el término vampiro no se utilizó de forma habitual hasta la primera mitad del siglo XVIII, barajándose dos tesis: la que decía que era un demonio el que penetraba el cadáver y la otra, que el propio espíritu del difunto animaba su cuerpo muerto. Según esto, Anne Rice escribe en La Reina de los Condenados: "La Reina estaba tendida en el suelo, retorciéndose de agonía, mientras la sangre brotaba de sus heridas y una gran nube rojiza la envolvía; era como si un remolino diera vueltas a su alrededor, como una ráfaga de viento huracanado arrastrando incontables gotitas de sangre. Y, en el centro de aquel viento atorbellinado o lluvia o como pudiera llamársele, la Reina se retorcía y daba vueltas sobre sí misma. (...) Luego, la gran nube de sangre que cubría a la Reina, hinchándose y contrayéndose a su entorno, se hizo más densa y, de súbito, absorbida por las heridas de la Reina, desapareció. El cuerpo de la Reina quedó inmóvil; pero, a los pocos momentos, se incorporó despacio hasta quedarse sentada. (...) - ¡Khayman, mi Khayman!- gritó cubriendo sus ojos para no ver la luz de la antorcha - ¡qué me ha ocurrido!".

En este párrafo, se deja de manifiesto el momento en que el espíritu de un demonio penetra el cuerpo de la Reina a través de su sangre, el cual anima el cuerpo muerto, pero los sentidos y pensamientos continúan siendo los de la Reina. Así podríamos concluir que el don oscuro se consuma cuando el aliento humano (espíritu) deja el cuerpo, dándole paso a que el espíritu vampírico (que es o compone la sangre), entre en el cuerpo sin vida y lo anime, haciéndole volver en sí; en sí en su esencia, pero no en sus hábitos de vida ni en el modo de mostrarse.

Solo el vampiro tiene la opción, por capricho o soledad, de crear a otro vampiro. Y no es casual hablar de esa opción, ya que el nuevo vampiro debe ser cuidado y educado en los primeros momentos de su nuevo estado. Entre otras cosas, debe aprender la sutileza de una vida oculta que le permita descansar con seguridad. Así como la noche es el reino de los vampiros ("Tú eres la noche, y únicamente la noche te comprende y te cubre con sus brazos" Anne Rice), donde su fuerza es inmensa, el día lo torna vulnerable pues lo priva de movilidad y la luz puede destruirlo. Por lo tanto, su lugar de descanso debe ser un lugar secreto e inaccesible.

Los vampiros normalmente viven solos, o buscan la soledad, aunque en ciertos momentos de su eterna existencia, desean un compañero, o se reúnen en asambleas. Estos últimos son vistos como los débiles de la especie o que carecen de educación en los temas concernientes a su casta. Un vampiro poderoso, deambula por el mundo y elige con quien estar y utiliza las más complejas artimañas para matar. Por ejemplo, las asambleas de Anne Rice son una conjunción de seres que actúan como demonios y se esconden de la gente (o entre ella), bajo las tumbas en un cementerio de la ciudad (la Asamblea de Les Inocents), en un teatro oscuro en París, (Théâtre des Vampires), o en discos góticas alrededor del mundo que poseen nombres de vampiros literarios. Los Moradores de las Tinieblas, Hijos de la Oscuridad, Condenados, Chupasangre, Nomuertos (Undead) o simplemente Vampiros, para Anne Rice y, de hecho, para el mundo gótico-literario moderno, y tal vez para un escondido sector de la sociedad, no son otra cosa que humanos convertidos en seres poderosos, voluptuosos, enigmáticos y fascinantes, que recorren el mundo como espectadores de la vida y como renegados de la muerte. Son, en definitiva un misterio, que ni ellos mismos pueden exhumar de la tumba profunda de la existencia, como sea que esta se manifieste.

"Y pensar que, aún en este mundo de acero y gasolina, de estruendosas sinfonías electrónicas y de silenciosos y centelleantes circuitos de ordenadores, continuamos errando." Anne Rice.

4. Vampiros Sectarios o Rituales

Características:

- Se remontan a los antiguos ritos de sangre.

- Son reales y su necesidad de sangre se debe a la adicción.

- Han aumentado su número debido a las ideologías anarquistas actuales.

- Tienen marcada connotación sexual.

- Tienen la creencia de que la sangre es el alma y otorga poderes especiales.

- Sus edades oscilan entre los 15 y 30 años.

- Tienen un nivel económico medio-alto.

- Solo algunos adeptos a las sectas de sangre lo reconoce, la mayoría lo esconde.

- Algunos evitan la luz del sol, e incluso la temen. En casos extremos les puede hacer daño.

- En su mayoría tiene graves trastornos psíquicos o son fáciles de persuadir (los más jóvenes).

  • Muchos se adhieren a las sectas por que andan en busca de una creencia a la cual aferrarse y buscan experiencias que los hagan sentir emociones fuertes.
  • Son adeptos a la literatura y cinematografía vampírica.

A fines de 1996, la noticia del macabro asesinato del matrimonio Wendorf remeció al pueblo de Murray, Kentucky. La pareja fue encontrada por su hija mayor, quien presenció un terrible espectáculo: sus padres muertos, golpeados y apuñalados repetidas veces.

La otra hija del matrimonio Wendorf, Heather, de tan solo 15 años, pertenecía a un grupo de culto vampírico. Iniciados a las ceremonias de sangre y seguramente adeptos a jugar el famoso juego de rol "La Mascarada", los más de 40 seguidores realizaban todo tipo de ritos sangrientos, desde torturar y matar animales, hasta beberse la sangre entre ellos. De este grupo, 5 viajaron a Florida para realizar lo que sería el cúlmine de su transformación en vampiros. Entre ellos, la propia Heather, Dana Cooper, de 19 años, supuestamente la líder, y Roderick Ferrell, de 16 años, el autor material del doble asesinato.

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Se sabe que los primeros testimonios de ritos vampíricos se remontan a dibujos que datan del año 3.000 a. C.. Allí se observan filas de cráneos humanos situados sobre piscinas de sangre. Estos ritos de sangre se difuminaron por muchas culturas, realizándose durante muchos miles de años por pueblos que actualmente llamamos "primitivos".

Hace veinte años, los adherentes a sectas de sangre se estimaban en decenas de miles en el mundo; hoy se calcula que ya cuentan con unos 5 millones de seguidores. Cada año, en casi todo el mundo se realizan convenciones relacionadas con el terror, la fantasía y el vampirismo, donde se comercian productos que van desde novelas de terror y fantasía épica, libros instructivos, juegos de rol, vestimenta, posters, juegos de video y música. Estas reuniones más allá de significar una inocente búsqueda de jóvenes por identificarse con una tendencia, se transforman en caldo de cultivo para las llamadas "sectas de sangre".

Normalmente son jóvenes entre 15 y 25 años los adeptos por lo gótico, vampírico, oscuro, fantástico e incluso satánico. Los hay pasivos, pero también los hay ensimismados en sus tendencias, a tal punto que las consideran de culto. Los nuevos "vampiros" son enemigos de las familias y el orden social, se declaran partidarios del caos y del crimen, sienten especial preferencia por la muerte y la tortura, beben sangre además de realizar otros ritos de marcada connotación sexual.

Estos grupos de culto vampírico ofrecen la tentadora idea de "sensaciones fuertes". Incluso muchas de las sectas investigadas han sido autoras de sacrificios humanos, en donde las víctimas mueren desangradas. Los grupos de este tipo comparten la antigua creencia de que beber sangre les otorga poderes especiales. De hecho, normalmente consumen pequeñas dosis de sangre de extracciones directas o sacadas de bancos de sangre, las cuales mezclan con bebidas alcohólicas, muchas veces acompañado de orgías sexuales y una ingesta de fluidos corporales adicional. Según los expertos, la ingesta regular de sangre puede producir alucinaciones. Los iniciados dicen sentir mayor vigor físico, un despertar en sus facultades mentales y sensaciones como volar, cambiar de forma, ser invisibles y ver en la oscuridad. La ingesta de sangre puede convertirse en una adicción, ya que algunos bebedores de sangre llegan a padecer una compulsión psicológica que los obliga a beber.

No tan solo los que sufren de enfermedades genéticas (porfirias) o los que padecen graves trastornos psíquicos, pueden ser propicios para convertirse en adictos a la sangre. También hay un sin número de seguidores de apariencia relativamente normal que buscan saciar sus deseo más oscuros a través de los ritos vampíricos. Es difícil trazar un perfil nítido de los adeptos al culto, pero se sabe que proceden de diversas clases sociales, de preferencia adineradas. En la actualidad existen innumerables fuentes en donde obtener conocimientos al respecto. Tanto en Internet, novelas, películas, series de TV y juegos rol hay una amplia gama de descripciones y modos de tratar el tema, que más de alguien puede adoptar estas existencias oscuras como reales y propias, por su atrayente estética.

El misterio, lo sobrenatural, el individualismo, la búsqueda de sensaciones fuertes y límites, el anarquismo y el caos son los parámetros y seductoras premisas para lograr la atención de jóvenes que buscan desatar sus instintos, represiones y fantasías.

La Cultura Moche, el vampirismo hecho rito.

La cultura Moche o Mochica se ubica en la costa norte del actual Perú, desde el siglo VI d.C. al siglo IX.

A la llegada de los españoles, las construcciones realizadas por ellos eran ya ruinas. No se sabe muy bien como de pronto su extraña y compleja cultura desapareció, y, de hecho, no hay rastros de ciudades o palacios, solo templos.

No dejaron testimonios escritos, pero sí una gran y asombrosa colección de vasijas esculpidas y pintadas con retratos y escenas de ritos que en las primeras investigaciones se les atribuían a la imaginación mochica quienes, se creía, veían a sus deidades, mitad animales y mitad hombres, realizando sacrificios humanos.

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Esta teoría se a desechado hace poco más de una década. Luego de excavar las zonas de la "Huaca" o pirámide de la Luna y pirámide del Sol, científicos y arqueólogos estadounidenses y peruanos descubrieron, en primera instancia, tres tumbas de personas importantes, y a las respectivas momias ataviadas con extrañas armaduras, junto a copas y cetros, todo exacto a como se lo representaba en numerosos dibujos de la época. Se dijo entonces que los dibujos no representaban a dioses, sino que a humanos importantes encargados de los ritos de sacrificios de sangre y vidas humanas. Una de las armaduras tenía un gorro que simulaba un búho.

En los dibujos, a estos tres personajes se les ve torturando, degollando y bebiendo la sangre de las víctimas. También existen numerosas esculturas que describen el modo en que las víctimas eran amarradas, o como los sacerdotes se sentaban en especies de tronos esculpidos en los montes cercanos a los templos, para así ver los cadáveres arrojados bajo sus pies desde la cumbre.

Tiempo después se realizaron excavaciones en una plaza de la Huaca de la Luna, y se encontraron más de 70 esqueletos, todos pertenecientes a hombres entre 15 y 40 años. En la mayoría de ellos con evidencia de algún hueso dañado y recuperado antes de morir, lo que indica una vida dura y violenta. Otro rastro encontrado en estos restos son cortes en los huesos, como rasguños, en distintas partes del cuerpo, los cuales se sabe fueron realizados antes de que el cadáver perdiera su carne, mientras o inmediatamente después de muerta la víctima, lo que indica que se les desangraba no solo de la garganta, pues la gran mayoría de los esqueletos están degollados, sino de otras partes del cuerpo, y que incluso les fue arrancada la piel y la carne, posiblemente para ser comida en un ritual.

Las investigaciones han evidenciado que posiblemente en estos rituales se colgaban los esqueletos alrededor del banquete, incluso simulando tocar instrumentos, pues se han encontrado pinturas moches con estos motivos.

En los restos de pinturas murales de las pirámides de la Luna y el Sol, hay dibujado un extraño ser, tal vez un dios, muy similar a lo que hoy llamaríamos vampiro. Unos rasos humanos en una pose monstruosa, coronada con unos grandes colmillos, es lo que nos señala a la cultura moche como una conocedora de estos seres.

Esta evidencia de ritos de sangre en la América precolombina, junto al simbólico "retrato" del dios vampiro, nos dan tal vez pistas de qué es lo que somos en verdad, y de donde surgen las creencias en estos señores de la muerte, y de ahí la esperanza en poseer algo más que la vida con el sacrificio, no sólo de sangre, sino del mismísimo cuerpo humano.

Mujeres y Vampirismo

La Historia las condena

En la mujer se ha visto por siglos la amenaza. La mujer, en muchas culturas diversas, representó o representa la encarnación de la debilidad humana, el pecado, lo demoníaco, los instintos animales, y esencialmente la lujuria.

 Al hombre usualmente lo dominaba su razón, pero la mujer, más irracional, tenía que estar bajo el dominio del hombre, para que así las comunidades lograran permanecer y surgir, así como la cultura, la moral y la religión, aunque en muchos casos este último rubro lo manejaban esencialmente mujeres, ya que por sus dotes primitivas eran capaces de conocer las virtudes ocultas de la naturaleza. El hombre siempre creyó que dominaba a la mujer, pero a decir verdad las artimañas femeninas casi siempre han logrado doblegar hasta al alma más imperturbable.

Actualmente, por lo menos en la cultura occidental, hombre y mujer tienen aparente igualdad, y en todo caso la época del oscurantismo ya pasó, y aunque aún una parte de la población crea en el horóscopo o en las curaciones por hiervas o invocaciones de espíritus, por ejemplo, la época de los oráculos, hechiceras y sacerdotisas son una leyenda con sabor a historia. Hombres y mujeres hoy por hoy son capaces de hacer mal, de caer en doctrinas esotéricas, o lo que se quiera, y ninguno será juzgado por algo así como la inquisición. Hombres y mujeres somos instinto y razón a la vez.

Tal vez en otros tiempos el hombre, como género, temió reconocer su incapacidad de mantenerse en la razón, y se otorgó el papel del demonio tentador a la parte femenina de la creación. Todo esto analizado desde un punto de vista psicológico podría resumirse en lo siguiente: lo masculino penetra, lo femenino es penetrado, por lo tanto lo femenino es pasivo, lo masculino activo. Para que lo masculino lleve a cabo su acción debe contar con un impulso, y este impulso proviene evidentemente de lo femenino, ya que todo no es más que un juego de causa y efecto. El acto sexual trastorna los sentidos, hace perder la racionalidad, y no deja en paz hasta que es consumado, y aunque es necesario físicamente y en términos de conservación de la especie, es la parte más primitiva e instintiva del ser humano, es decir, algo que se debe negar y esconder en relación a la cantidad de civilización se tenga. El hombre, como género dominante no acepta creer que el impulso pueda ocasionarse dentro de sí mismo y así él mismo incitar a la parte femenina, sino que es esta última parte la que está constantemente provocando deseo. La mujer debe permanecer oculta y domada, pues luego de su oscura provocación siempre vienen males.

Pandora, una mujer, la primera, según la mitología griega, es quien baja a la tierra con una caja llena de los males que desde ese momento comenzaron a amenazar la estabilidad civilizada de los hombres.

En la tradición semita, es la mujer quien encierra en sí lo placentero, es lo femenino con su dulzura, suavidad y delicadeza lo que seduce al hombre y le hace perder el camino recto. Basta con saber qué le pasó a Adán luego de que Eva lo tentara.

En la cultura griega, los hombres son los que conducen el poder, son los gobernantes, los militares, los filósofos, los héroes. En la mitología, por ejemplo en la "Ilíada", la pobre Helena sólo cosía y estaba todo el día en el palacio, esperando ver que sucedía con su destino; ella, la mujer más hermosa sobre la tierra era un simple objeto ornamental que se peleaban los hombres, si ella amaba a Menelao, daba lo mismo, los dioses la prometieron a Paris, así que este ni tonto ni perezoso, se la robó, como quien roba una joya. En la vida real, las mujeres casadas estaban relegadas al fondo de la casa, y existían sólo para los hijos y los quehaceres, las libres eran prostitutas, que podían compartir las tertulias masculinas, pero no gozaban de la seguridad de un hogar.

En la Edad Media occidental, el cristianismo hizo de las suyas, siguiendo mucho a la cultura judía en lo relacionado con la mujer. En la novela "El nombre de la Rosa" de Umberto Eco, en varios pasajes se aclara la visión que se tenía en aquellos tiempos acerca de la mujer. "Y sobre la mujer como fuente de tentación ya han hablado bastante las escrituras. De la mujer dice el Eclesiastés que su conversación es como fuego ardiente, y los Proverbios dicen que se apodera de la preciosa alma del hombre, y que ha arruinado a los más fuertes. Y también dice Eclesiastés: Hallé que es la mujer más amarga que la muerte y lazo para el corazón, y sus manos ataduras. Y otros han dicho que es vehículo del demonio".

Esta idea de la mujer cómplice del demonio avalada por el catolicismo se hizo muy popular a fines de la Edad Media y en siglos posteriores, en especial durante la inquisición y las cacerías de brujas, sucesos que se extendieron hasta América, producto de las conquistas.

Las brujas de la Época Moderna tienen características muy distintivas, algunas de ellas colindan con lo que podríamos llamar vampirismo. Las brujas son de preferencia mujeres, las cuales son visitadas por el demonio, siempre disfrazado, para atraerlas al culto. Luego que aceptan la invitación, comienzan a participar de los aquelarres y con esto a realizar todo tipo de actos maléficos para agradar a su amo, desde hacer maleficios en contra de los justos cristianos, matar niños y beber su sangre, hasta copular con el mismo demonio y participar de las misas negras y las orgías en los aquelarres.

Estas características demoníacas de las mujeres, fueron muy requeridas por los románticos para crear los más diversos relatos de terror, aunque curiosamente los personajes más populares de aquellos años son hombres. No tan curioso, si se piensa que lo terrorífico pasó de la leyenda local a tema principal para novelas, así el tema y sus características adquirieron renombre. Pero por supuesto se escribió acerca de mujeres, y sí, acerca de vampiras. Pero sin duda la imagen del vampiro, inmortalizada en Drácula, es la de un ser maléfico en su más puro sentido, frío y calculador, pero siempre movido por el amor (o el deseo) a una mujer, a diferencia de la vampira, cuya virtud y constante imagen es la de la sexualidad pura, y a través de ella la búsqueda de saciedad, independiente del género que se trate. El lesbianismo en el vampirismo es mucho más antiguo que la homosexualidad en este.

La primera vampiro

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En la traducción rabínica medieval, Lilit es la primera esposa infiel de Adán, la primera de las cuatro mujeres del diablo y la hostigadora de los recién nacidos. Lilit llega al mundo bíblico procedente del mesopotámico; aquí encontramos a la diosa babilonico-asiria Ishtar que se sirve de un demonio en forma de bella prostituta, Lilitu, que es la encarnación de la lascivia, por otra parte Lilitu esta asociada con otros animales especialmente la pantera. Según la tradición talmúdica, Lilit es una mujer seductora de largos cabellos y cualquier hombre que duerma solo en su casa será apresado por ella.

Lilit tenía la posibilidad de matar, succionándoles la sangre a todos los niños concebidos de forma pecaminosa

Lilit es la más importante de una pequeña colección de demonios judíos de leyenda. Históricamente, ella es más antigua que el judaísmo. Su primera aparición se dió en la antigua Sumeria. En el mundo antiguo solía aparecer en textos de magia y en amuletos, y también aparece en la Biblia (Isaiah), en un contexto que la asocia con demonios del desierto, y también en los Pergaminos del mar Muerto.

También aparece en los últimos momentos del Imperio Romano y el Judaísmo medieval. En esta época se la relacionaba con el nacimiento de niños, y también como un súcubo contra el cual los hombres necesitaban protección. En este contexto Lilit suele aparecer rodeada de los poderes de su ángeles némesis: Snvi, Snsvi, y Smnglof. También se muestra en el Talmud, y es claramente relacionada con el mundo demoníaco. Aquí es donde su relación con los súcubos comienza.

En algún momento entre los siglos IX y X, antes de Cristo, aparece en una obra llamada Alphabet of Ben Sira. Es aquí donde llega a ser la primera mujer de Adán, antes que Eva. En este relato es creada al mismo tiempo que Adán, por esta razón ella quiere la igualdad, una propuesta que Adán rechaza. Rehusando de los deseos de Adán, ella abandona el Edén, y reemplazada por la más dócil Eva. Una vez abandonado el Edén, Lilit se convierte en madre de los demonios y ladrona de niños, a los cuales deja abandonados protegidos con amuletos con los nombres de los tres ángeles mencionados antes.

La literatura cabalística nos muestra a Lilit como pareja de Samael (Satán), en algunos pasajes participa en la tentación de Adán y Eva, y tras la expulsión ella se convierte en Succubus y genera ordas de demonios de su semilla. Es la personificación de la tentación, y es identificada con la mujer pecadora.

También aparece en la Iconografía cristiana a finales de la Edad Media y en pinturas renacentistas de la tentación de Adán y Eva suele ser una serpiente con cabeza de mujer. Lilit revivió en la literatura del siglo XIX. Representa el lado oscuro de la mujer.

Finalmente tiene un lugar en el mundo de los vampiros, como la primera y más poderosa de los vampiros, y también su reina. Es a veces representada como la hermana o consorte de Drácula. En su rol como súcubo, tiene por supuesto, control sobre las pesadillas y sueños eróticos y lidera a una horda de otros súcubos e íncubos.

En el popular juego de rol Vampiro, La Mascarada, aparece como la madre de todos los vampiros cainitas, y en "El libro de Nod" que es algo así como la Biblia de los vampiros, nos relata su particular visión de la historia.

Vampiras literarias

Hay tres ejemplos de vampiras, de las cuales hablaré a continuación. Evidentemente existen muchas más. Una es Geraldine, en el poema de Samuel Taylor Coleridge escrito entre 1797 y 1801, otra Carmilla, creada por Le Fanu (1814-1873), y la otra, Verónica Aisworth, de Carter Scott (1941 - ).

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Christabel es el poema cuya protagonista tiene contacto con Geraldine, un espíritu de terrible belleza. Este dista mucho de ser una típica historia de vampiros, pero su concepción romántica, el ambiente, ciertas ambivalencias y la atmósfera, le otorgan una cierta pátina de vampirismo psíquico. Christabel es un poema estremecedor de pasión femenina entre la protagonista que da nombre al poema y Geraldine. El poema se inicia cuando la joven sale una noche del castillo a un bosque cercano, sin importarle el clima, y un quejido la distrae de su pensamiento en el amado distante: una bella mujer refugiada al pie de un roble se lamenta. Es Geraldine, quien comienza a relatarle como la violentaron cinco guerreros antes de dejarla abandonada en ese sitio. Ahí se inicia una extraña relación secreta entre la joven y la bella mujer, cuando es invitada por Christabel a pasar la noche en el castillo, en su habitación.

Carmilla forma parte de un conjunto de cuentos recogidos bajo el título genérico de "In a Glass Darkly", y en él Laura es quien narra la historia. Carmilla es una enigmática mujer de extraña belleza y gran sensibilidad, quien establece lazos afectivos con Laura. Esta relación es lo suficientemente ambigua para declarar que se trata de una relación lésbica. "No me consideres cruel porque me someto al mandato irresistible de mi fuerza o mi debilidad. Si tu amado corazón está herido, el mío sangra impetuoso con el tuyo. Como culminación de mi desgracia, yo viviré de tu cálida vida y tú morirás – morirás dulcemente – para darme esa vida. No puedo evitarlo. Así como yo llego a ti, tú también llegarás a otros y aprenderás a conocer el éxtasis de esa crueldad que, a pesar de todo es amor."

Como se puede apreciar está presente en Carmilla ese aroma erótico que impregna la relación entre vampiro y víctima que culmina en el acto de posesión y entrega, tan morbosamente placentero para ambos, aunque aquí el placer es entregado y recibido por mujeres.

Por otra parte la vampira de Carter Scott en el relato "Orgasmos de Sangre", es una mujer fatal, seductora y deslumbrante, mucho más desalmada que Carmilla, que busca hombres para saciar su sed, tanto de sangre como de una oscura venganza, pues elige a sus víctimas según su prontuario amoroso: son precisamente los casanovas, los que no se resisten a los encantos de las mujeres, los que caen en su juego. El relato en general tiene un parecido evidente a la historia de Drácula, aunque aquí el vampiro es una mujer y no hay más personajes que los que aparecen dentro de la mansión siniestra de Verónica, no vemos cazadores de vampiros ni locos en manicomios, sólo la vampira y sus víctimas. Los hombres que son llevados a la mansión de Verónica sufren el desangre poco a poco hasta que sus cuerpos quedan inertes y son desollados por el fiel sirviente de la no-muerta, permitiéndoles luego convertirse en unos terribles zombies o nosferatus sin piel. El relato empieza con una demostración de cómo la succión de la sangre puede llegar a ser un acto tremendamente placentero, pues cada vez que Verónica bebe de sus víctimas estos llegan al éxtasis sexual máximo, queriendo por esto volver a repetir la experiencia. Pero luego se va convirtiendo en una historia espeluznante y sangrienta, donde la venganza que mueve a la vampira pasa de ser un sentimiento razonable a ser una excusa para torturar y esclavizar.

La mujer detrás del relato

Quien crea un relato no crea de la nada. Leyendas subyacen tras una historia, así como la experiencia personal del autor. Existen mujeres célebres, como Isabel de Bathory, que inspiraron la creación de vampiras literarias en el siglo XIX. Esta mujer, una condesa húngara, fue emparedada en 1611 en una habitación como castigo por haber matado a más de 650 chicas jóvenes. Se bañaba en la sangre de sus víctimas, a quienes mantenía vivas mientras podían suministrarle su sangre. Pensaba que así recuperaría su juventud y belleza.

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Seguramente ella inspiró a Coleridge con Geraldine en Christabel y a Le Fanu con Carmilla.

Pero existe algo mucho más profundo en el trato de estos personajes vampíricos. Más allá de la fuerza erótica y lésbica que los autores dieron a sus vampiras, está esa visión de un mundo paralelo, casi etéreo, una realidad mental superior: el mundo sobrenatural.

Hay algo notable en lo vampírico que me viene a la mente: el amor homosexual es recurrente en el mundo del vampiro, pues vemos a Laura y Carmilla, así como a Christabel y Geraldine, y junto a estos muchos casos literarios más.

Me he referido a vampiras, pero que hay de autoras. La autora vampírica más renombrada de todos los tiempos es Anne Rice. Sin duda una mujer célebre, nacida en el siglo XX, que revolucionó la visión del vampiro clásico literario. Creó un mundo nuevo, con una amplia cohorte de espectros sobrenaturales viviendo en el mundo real, de una época real y a través de un espacio temporal real. Vampiros que tienen un origen y una evolución; una cadena inmensa de relaciones e historias asombrosas. Seguramente muchos autores posteriores han sacado ideas de las obras de Rice y su contemporáneo concepto del vampiro, y de seguro en adelante muchos más lo harán, pues sus obras no nos entregan sólo un vampirismo descontrolado y sangriento, sino que también el marco histórico, filosófico y romántico es muy potente.

Anne Rice es una norteamericana marcada por la muerte. A los 14 años sufrió la muerte de su madre alcohólica, a los pocos años casada perdió a su pequeña hija por leucemia, y el 2003 murió su esposo Stan Rice. De hecho fue la muerte de su hija y la profunda depresión en la que se sumergió la que la llevaron a escribir Entrevista con el Vampiro, donde uno de sus tres protagonistas es una mujer, más específicamente una pequeña niña vampira. Es, evidentemente, algo nunca antes visto, que sobrepasa la imaginación de los autores románticos.

Todos los personajes de Rice tienen intrincadas historias y brillantes mentes, pero las mujeres vampiras tienen una sutileza especial. Todas ellas son mujeres fuertes, independientes y caprichosas, dotadas de poderes sobrenaturales o una personalidad especial incluso antes de ser convertidas al mundo oscuro. Sin embargo es notorio que en general los vampiros de Rice están en algún sentido bastante "feminizados", así como tal vez las vampiras están "masculinizadas". Tal vez sea algo así como la búsqueda del equilibrio perdido a causa de la diferenciación sexual que poseemos los seres humanos. En este caso el género es cosa secundaria, pues el vampiro es capaz de procrear a otro vampiro por sí solo, por lo que se puede decir que existe una especie de hermafroditismo asociado con lo vampírico.

Está claro que dentro del universo de los no-muertos, las vampiras tienen algo especial. Su presencia es un toque de sensualidad y delicadeza en las ensoñaciones más oscuras; la idea de una piel tersa con femenina sinuosidad da al apasionado corazón el deseo de viajar al mundo de la muerte a través de un erotismo silencioso y casi bondadoso, aunque en muchos casos esta apariencia esconde a demonios sádicos y despiadados.

Tal vez esta constante metáfora de la mujer inocente por fuera pero sagaz por dentro obedece a la condición real de lo femenino: toda mujer por más débil que se nos presente es capaz de crear y utilizar sus artimañas y seducir al más impenetrable e incorruptible de los seres humanos.

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Montserrat Arre

Estudiante de Licenciatura en Historia de la Universidad de Chile


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