Motiva el presente trabajo el indagar las repercusiones que tienen en la actual época de transformaciones en el orden mundial los cambios en el pensamiento político que ocurrieron en el ocaso de la Edad Media europea, también denominada la Baja Edad Media y que cubre los siglos XIV y XV (años 1300-1500 aproximadamente), empezando con la decadencia del régimen feudal a fines de las Cruzadas, pasando por la crisis estructural y dogmática sufrida por la Iglesia Católica ("El Cautiverio de Babilonia") hasta el establecimiento de fuertes poderes monárquicos centrales, sobre todo en Francia e Inglaterra, encarnando la idea de la Nación, base para la constitución de las teorías políticas que fundamentaron los Estados europeos desde la Edad Moderna y su posterior difusión al resto del orbe a través de la colonización occidental, sistema que hoy ha entrado en crisis, tal como trataremos posteriormente, pero influyendo en fuerte medida los actuales procesos de cambio.
Así, analizaremos si existe aún el concepto de
Nación tal como surgió en dicha era, como ordenamiento socio-político
establecido
1.-CONTEXTO HISTORICO Y SOCIAL EN LA EUROPA OCCIDENTAL ENTRE LOS SIGLOS XIV Y XV :
1.1.-1314 : Muerte del Rey Felipe IV E Hermoso
Escogemos como inicio de esta exposición del contexto histórico europeo el año del fallecimiento del último gran monarca capetino. Podría decirse que el Siglo XIV empezó como un período de clara dominación francesa, ya que tres sucesivos y extensos reinados de la dinastía iniciada por Hugo Capeto iban a determinar las características del primer país europeo que podría ser considerado como una potencia. Estos fueron los de Felipe II Augusto (1180-1223), Luis IX El Santo (1226-1270) y Felipe IV El Hermoso (1289-1314). El primero selló la unidad territorial francesa arrinconando a los ya ingleses Plantagenet en la Gascuña-Guyena meridional, arrebatando a Juan Sin Tierra inclusive la Normandía de sus antepasados. El segundo construyó un sistema judicial centralizado en el rey como encarnación de la idea nacional, socavando así el poder de los señores feudales y afirmando a la monarquía francesa en manos de sus descendientes sin necesidad de recurrir a una decisión de una asamblea de nobles para decidir la sucesión, toda vez que el pueblo respaldaba al Rey como defensor de sus derechos frente a los abusos feudales. Por último, el tercero, creó las bases de la administración estatal, coaligando al poder a burgueses encumbrados o a "legistas", juristas versados en procedimientos jurídicos, nacidos del pueblo, hecho insólito para las reglas de los siglos precedentes, destacando en este panorama Enguerrando de Marigny y Guillermo de Nogaret, los constructores de la primera estructura administrativa nacional sólida que tuvo Francia.
Cuando en 1314 un derrame cerebral acabó a los 46 años con la vida de Felipe El Hermoso, Francia era el más poblado (más de 20 millones de habitantes frente a los 4 millones que tenía Inglaterra) y el más poderoso reino cristiano. Desde el llamado "atentado de Anagni" (1303), en el cual Nogaret, por órdenes del Rey francés, había prácticamente destronado al anciano Papa Bonifacio VIII, el Papado se cobijó en Aviñón, con Papas franceses y bajo la protección de la casa real capetina. Ayudado por el dócil Clemente V, había destruido a la temida Orden Soberana del Temple en un largo proceso que se prolongó siete años (1307-1314), apropiándose de sus inmensas propiedades y lo que es más trascendental : marcó el fin de las Cruzadas y acabó con el poder militar papal, ya que los Templarios constituían de hecho el ejército privado del Papa y significaban un importante centro de poder por su fuerza militar, su dominio estratégico en Europa, especialmente en Francia, y sobre todo por sus enormes riquezas, lo que los convertía en el sistema bancario más importante de su época. Por eso un rey empeñado en afirmar su autoridad absoluta tenía que terminar con la Orden del Temple y no por ejemplo con la del Hospital, que se comportaba y organizaba de un modo completamente distinto
Pero en solamente un tercio de siglo luego de la muerte de Felipe El Hermoso, Francia caía estrepitosamente en batalla ante la nación supuestamente inferior : Inglaterra. Además de haber empezado una larga contienda que se inició como una querella territorial principesca, la llamada Guerra de los Cien Años, a poco degeneró en una lucha a muerte entre dos países que, por caracteres propios y por los adquiridos en la pugna, conformó las actuales nacionalidades inglesa y francesa, cuya rivalidad originaría muchos conflictos a lo largo de la Historia. Además, los estragos causados por la Peste Negra, los conflictos en los demás estados europeos, como los ocurridos entre las ciudades italianas, las sublevaciones populares (la "Jacquerie) en Francia y la gran crisis del Papado conocida como "El Cautiverio de Babilonia", produjeron cambios en toda la estructura social del Occidente europeo, preludio a la aparición del Renacimiento y de la llamada Edad Moderna, transformaciones reflejadas en las nuevas corrientes sobre Filosofía Política aparecidas en dicho período, algunas de las cuales influyen en las recientes transformaciones actuales, tal como detallaremos a continuación
1.2.-La Guerra de los Cien Años (1337-1453)
La ayuda francesa a la sublevación escocesa en 1290 tuvo una rápida respuesta inglesa con el apoyo que Eduardo I prestó a la reacción antifrancesa que se estaba originando en Flandes en 1297. La estrategia pensada por Felipe El Hermoso residía en exigir sus derechos como soberano por los feudos Plantagenet en Francia, lo que chocaba con los planes de Eduardo I de imponer su autoridad en las Islas, originando la invasión francesa del ducado de Gascuña. La tensión se apaciguó con el matrimonio entre Eduardo I y la hermana del monarca francés a la suscripción de la Paz de París (1303), aunque los problemas no estaban solucionados.
En Francia se convocaron Estados Generales que permitieron a los Valois llegar al poder con Felipe VI tras la muerte sin descendencia masculina de los tres hijos varones de Felipe El Hermoso y poco después se produjo una rápida intervención en Flandes en la batalla de Cassel (1328). En Inglaterra Eduardo II tuvo que soportar las sublevaciones escocesas y la oposición de la reina Isabel, hermana de Carlos IV de Francia, que a su vez estaba enfrentada a su marido, al que finalmente asesinó para colocar a su hijo Eduardo III (1327-1377), nieto de Felipe El Hermoso y que después reclamaría su Corona.
Con este panorama de tensión y el beneficio que podía suponer para los ingresos de la nobleza el comienzo de un conflicto, en 1337 dará comienzo la denominada Guerra de los Cien Años. En la primera etapa, que durará hasta 1360, Eduardo III reclama el título de rey de Francia como heredero de su tío Carlos IV, buscando un clima de inestabilidad en Flandes. Destruyó a la flota francesa en Sluys (1340) y acto seguido derrota el propio Felipe VI en Crecy (1346), tomando Calais al año siguiente, la cual estaría en manos inglesas hasta 1558. Luego la Peste Negra se abatiría sobre Europa, por lo que hubo momentos de tregua. Años después el primogénito del rey, el Príncipe Negro, volvió a la carga y se anexionó Burdeos y Toulouse, derrotando y capturando al Rey francés Juan II en la batalla de Poitiers (1356). Esta primera etapa concluye con el acuerdo de Bretigny (1360), en el que se cede una gran parte de Francia a Inglaterra y tres millones de coronas de oro para liberar al rey.
En medio de este conflicto, Francia sufre una gran conmoción social : la revuelta campesina que estalló en 1358 y que conocemos como la "Jacquerie". El cronista J. Froissart la denominó en su día la "gran maravillosa tribulación". Su nombre lo toma de "Jacques Bonhomme", apelativo genérico con el que se designaba en aquella época en tierras francesas a los rústicos. Sin duda, el motivo último de la revuelta se inscribía en la estructura social Feudalismo, con el antagonismo Señores-campesinos y que acrecentó el derramamiento general de sangre, dejando una huella muy profunda en la conciencia colectiva del campesinado del país galo.
En 1364 sube al trono de Francia Carlos V, el cual reforma el ejército y la administración, mientras que en Inglaterra sube al poder Ricardo II, de diez años, momento en que el impulso triunfante inglés se iba apagando, siendo derrotados tanto en mar como en tierra por Carlos V. En 1380 sube al trono en Francia el menor de edad Carlos VI, que una vez adulto tiene accesos de locura que le incapacitarán para gobernar, resurgiendo el conflicto en un largo período que va de 1399 a 1422, empezando con el asesinato de Ricardo II y finalizando con la muerte de Enrique V de Inglaterra y Carlos VI de Francia. De nuevo en 1415 Francia sufre una gran derrota en Azincourt, además de existir una gran desorganización interna con conflictos continuos, el más importante entre Luis de Orleans, hermano del rey y el duque de Borgoña. Finalmente éste firmará con Enrique V el tratado de Troyes (1420), entregando Francia a los ingleses a cambio de ayuda para destronar al rey francés.
En 1422 comienza la última etapa de la guerra con Enrique VI de Inglaterra controlando ambos países. Francia estaba dividida en tres partes y en este último periodo de batallas Carlos VII, el Delfín, se verá totalmente eclipsado por Juana de Arco, la cual consiguió levantar el sitio de Orleans. Pese a su muerte en la hoguera, el impulso nacionalista que generó no se apagó y las sublevaciones en los territorios ocupados por los ingleses fueron constantes, en parte también por la presión fiscal que tenían que soportar los habitantes. Así las tropas de Carlos VII recuperaron París en 1436, Normandía en 1449, Bayona y Burdeos en 1451 y todo el país dos años después, excepto Calais.
A partir de este momento Francia procedió a una restauración estatal tomando como centro principal el rey y su administración, organizando una única cancillería y controlando las asambleas locales. A finales del siglo XV habrá una clara recuperación demográfica. Por otro lado, en Inglaterra, las consecuencias de la guerra son menos tangibles, aunque sobre todo se notaron en la economía, ya que el comercio exterior descendió, provocando el descenso de precios. En el terreno político, las dos casas rivales Plantagenet, los Lancaster y os Cork, se enfrentaron entre 1453 y 1485 en la llamada Guerra de Las Rosas, debilitando a la monarquía, tanto que en dicho último año Enrique VII Tudor debió prácticamente reconstruir un país asolado por luchas intra y extramuros.
El final de esta guerra liberó a muchos Estados de unos gastos en recursos humanos y económicos que permitió el despegue de una Europa que caminaba hacia nuevas formas de vida. Las ciudades habían crecido y prosperado gracias a la actividad manufacturera y comercial. Sin embargo, sus dimensiones eran pequeñas; había muchas, pero con escasos habitantes. Paris contaba con unos 200.000, mientras que Venecia y Londres, por citar tres casos, no superaban los 100.000. Si el ámbito urbano era el marco fundamental en las transacciones comerciales, éstas no eran nada espectaculares, pues las ciudades que tenían ferias y mercados escaseaban. Dentro de las urbes los individuos dedicados a actividades industriales o comerciales (mercaderes, tenderos, artesanos, etc.) tenían su propia organización con la que buscaban garantizar su actividad y salvaguardar sus intereses.
Pues bien, en este entramado hay unos mecanismos que conviene destacar. Por un lado, tenemos que uno de los rasgos distintivos de la vida europea de entonces era la abundancia y el poder de las asociaciones ciudadanas que se esforzaban en lograr ventajas económicas, sociales y religiosas para sus asociados. Por otro, existía un fuerte desequilibrio entre el mundo rural y el mundo urbano; en este último se abría paso a duras penas un elemento social nuevo, considerado extraño en el contexto social predominante y que de manera inequívoca se le llamará burgués; pero su fuerza era escasa y, dada la poca entidad de las ciudades, lo normal es que éstas estuvieran en una situación de dependencia respecto a algún señor feudal, aunque no faltaban ejemplos significativos de ciudades independientes e incluso había casos en que lograron que los nobles vivieran dentro de sus muros y se integraran –con mayor o menor intensidad- en la vida urbana: tal es la situación que se observa en algunas ciudades alemanas, flamencas y, sobre todo, en las italianas, posiblemente las pioneras en este orden de cosas, dadas las peculiaridades de su proceso histórico.
1.3.-La Peste Negra
A mediados del siglo XIV asoló Europa una terrible epidemia, que se conoce en la literatura histórica como la "Peste Negra". Tradicionalmente se ha puesto mucho énfasis en la importancia de dicha epidemia, considerada en numerosas ocasiones como la causa principal de la fractura demográfica que sufrió la Europa cristiana en los años siguientes. "Esta fue la primera et grande pestilencia que es llamada mortandad grande", leemos en la crónica del Rey de Castilla, Alfonso XI, una de sus muchas víctimas.
Conocemos con el nombre de Peste Negra, a la gran epidemia que desde 1347 a 1354 aproximadamente, azotó a casi todo el continente europeo. A juzgar por la inflamación de los ganglios linfáticos que producía, se trató de una epidemia de Peste Bubónica. Para algunos tratadistas antiguos existieron desde el punto de vista médico otras variantes: La peste septicémica, que dejaba sentir sus efectos sobre la sangre, y la neumónica, que producía inflamación pulmonar. Si bien era posible que en algunas ocasiones el enfermo se recuperase de la primera, las otras resultaban casi siempre mortales.
En muchos sitios el ánimo de penitencia fue llevado al extremo. El movimiento flagelador creció en popularidad: los hombres, con los torsos desnudos, se fustigaban con látigos en señal evidente de humildad frente al juicio divino. Debido a que el movimiento ganó adeptos y como funcionaba al margen de la iglesia establecida fue desautorizado por el papado. En respuesta a esta corriente de algunos coetáneos, enfrentados a esta enfermedad impredecible e indiscriminada, donde los virtuosos no eran más inmunes a la muerte repentina que los impíos, fue vivir la vida, o lo que quedaba de ella, al límite. El Decamerón de Boccaccio es una demostración, en forma de serie de historias contadas por supervivientes exilados de la peste en Florencia, cuyos impúdicos contenidos son un antídoto al miedo a la muerte inminente. Para aquellos que buscaban una explicación fácil de la expansión de la enfermedad, los culpables eran los habituales proscritos de la sociedad. En muchas zonas, los mendigos y pobres fueron acusados de contaminar al pueblo llano. En aquellas partes de Europa donde los judíos eran tolerados la violencia popular se volvió contra ellos. En diversas zonas del Sacro Imperio Romano Germánico y algunas ciudades suizas hubo masacres de judíos, acusados de envenenar los pozos, crimen que muchos confesaron bajo tortura. En una primera forma de guerra bacteriológica, ejércitos de apestados intentaban capturar las fortalezas enemigas catapultando los cadáveres dentro de la ciudadelas para infectar a los sitiados.
Todo induce a pensar que la epidemia provenía de Asia, probablemente de la India, y que llegó a Europa como consecuencia de los contactos comerciales que las grandes potencias mercantiles de Italia sostenían con el próximo oriente. Hay quien afirma que fue la tripulación de un navío genovés, la que habiéndose contagiado en Kaffa (Crimea), introdujo la enfermedad en el Occidente europeo. Desde Italia, la peste alcanzó la Provenza, el Languedoc, Aragón, Castilla, Francia, el centro de Europa, Inglaterra, el norte de Europa y Escandinavia. Sólo regiones muy concretas pudieron escaparse total o parcialmente a sus devastadores efectos: Los Países Bajos, el Béarn, Franconia, Bohemia, y Hungría.
El descenso demográfico fue muy profundo. En China y en la India por ejemplo, la peste produjo entre los enfermos que la contrajeron una mortandad que iba del 60 al 90%, los índices de la pulmonar fueron prácticamente del 100%, de ahí que los cronistas de la época nos hablen de que desapareció una cuarta parte, la mitad, o incluso nueve décimas partes de la población.
Las consecuencias más importantes de la gran crisis agraria, (abandono de las granjas, disminución de las rentas agrarias, caída de los precios agrícolas) generales en toda Europa fueron el resultado de la peste. En Alemania, fue la peste la que ocasionó que en algunos lugares entre 1348 y 1352, el 66% de las explotaciones agrícolas hubiesen perdido a sus antiguos dueños y que solo el 17% mantuviesen el mismo. En Navarra, el descenso demográfico provocado por las pestes de 1348 y 1362 fue de 78%. Esta caída vertiginosa se agravó como consecuencia de los brotes epidémicos que se produjeron también en 1381, 1383, 1384, 1386, 1411, etc. y de las guerras con Castilla en el siglo XV. En Portugal, el retroceso demográfico, hizo que los campesinos se dirigiesen en masa a la ciudad, atraídos por los puestos de trabajo que habían quedado libres, lo cual provocó en el campo una grave crisis de mano de obra y un total descalabro demográfico de las zonas rurales.
La Peste Negra marca el fin de la época agraria, y el comienzo del predominio de la ciudad; por otra parte, toma un extraordinario incremento el proceso de liberación del trabajador rural.
Las graves consecuencias de la epidemia fueron: despoblamiento, que debilita la defensa de los territorios de la Corona, muerte de relevantes personalidades de la vida política, disminución de las rentas públicas, fallecimiento de notarios, juristas, religiosos, y médicos, es decir hombres que por su profesión mantenían estrecho contacto con los enfermos, ocupación ilegal de bienes que han quedado sin propietario, saqueo de fincas deshabitadas, abandono de las labores del campo y de albergues y tierras sin herederos, casas abandonadas que amenazan ruina, regulación de salarios, matanza de Judíos, a los que se acusó de haber provocado las epidemias y disposiciones legales para protegerlos, acusaciones por motivos semejantes contra peregrinos, concesiones de dispensas para contraer nuevas nupcias, existencia de numerosas cantidades de población desocupadas, arriendos de mansos con una notable reducción de censos, concesiones de privilegios con la finalidad de atraer repobladores, legislación severa para obligar a concluir los contratos laborales establecidos con anterioridad a la peste y resistencia señorial al traslado de la población.
En suma, la Peste Negra constituye una de las mayores catástrofes demográfica que registra la historia de la humanidad. Contribuyó de manera poderosa a desencadenar o agravar, la crisis económica y social que vivió Europa desde mediados del siglo XIV hasta fines de la centuria siguiente y el hecho que se desarrollará en medio del inicio de la Guerra de los Cien Años reprodujo sus efectos mortales por toda la Europa cristiana.
1.4.-La crisis del Papado : El "Cautiverio de Babilonia" (1309-1417)
Petrarca llamaba Babilonia a Aviñón, la sede de los Papas impuestos por la autoridad real de Francia durante un siglo, por su decadencia moral, su lujo desmedido y su acumulación de riquezas, lo que fue duramente criticado por los mas notables pensadores y religiosos de su época, tal como veremos a continuación. La indicación al cautiverio indica que dentro de ese medio no podía desarrollarse la esencia de la Iglesia católica tal como existió en sus orígenes.
Los enfrentamientos del siglo XIII entre papas y emperadores alemanes fueron uno de los factores que quebraron el sistema de la Cristiandad medieval. Empezó entonces no solamente una simple crisis política, sino un verdadero cambio de orientación que pregonaba el advenimiento de una nueva edad. En el ámbito político se inició un proceso nacionalista y centralista que imitaron todos los estados, coincidiendo con ataques a la forma misma de entender el Papado y las relaciones entre el poder temporal y el espiritual, tal como explicaremos a continuación.
1.4.1.-Juan XXII (1244-1334) vs Luis de Baviera (1287 - 1347) : La lucha por el poder temporal.
Juan XXII (Papa entre 1316 y 1334) fue el más importante de los Papas de Aviñón. Se llamaba Jacobo Duéze y era hijo de un burgués de Cahors. Obispo de Aviñón, fue elegido después de una vacante pontificia de dos años, durante el cual los tres partidos formados por los Cardenales se enfrentaron abiertamente. Los italianos, los franceses y los gascones tenían cada uno su candidato. Su primer pensamiento una vez elegido, fue el de organizar una nueva cruzada, pero los tiempos de la unidad y del entusiasmo de los cristianos habían pasado. Europa se encontraba demasiado dividida y los reyes tenían ideales más bien terrenales que espirituales. El Imperio seguía dividido entre los dos candidatos elegidos, Felipe, duque de Austria y Luis, duque de Baviera. En 1322, Luis de Baviera ganaba la partida, pero el Papa se negó a coronarle debido a la política del emperador en Italia. Dos años más tarde le excomulgaba.
El emperador instaló en Roma un antipapa, Nicolás V, que coronó a Luis de Baviera en 1328. Sólo tres meses después, el pueblo romano se levantaba y obligaba al emperador a abandonar la Ciudad Eterna. El antipapa se sometió a Juan XXII en 1330.
Con el fin de organizar la Cruzada, de construir el palacio de los Papas en Aviñón, y para ayudar a las obras de caridad, de ciencia y apostolado, Juan XXII tuvo que organizar el fisco papal. Las "annates", percibidas por parte de la Santa Sede de los beneficios de las empresas, fue una de las medidas que más dinero y menos prestigio produjeron a la Santa Sede. En Alemania y en Italia eran muchos los que atacaban esta tendencia materialista de la Iglesia, preparando así el movimiento protestante.
Juan XXII lanzó una opinión que fue mal recibida por los teólogos y contribuyó poco a la popularidad del Papa. Afirmaba el Pontífice que las almas de los elegidos no gozarán de la vista inmediata de Dios sino después del juicio final. Sus enemigos en materia dogmática, Guillermo de Ockam y los franciscanos "espirituales" o "fraticelli", contestaron acusándole de herejía. En su lecho de muerte, en 1334, Juan XXII se retractó de esta doctrina, a la que, dijo, defendió no como jefe de la Iglesia, sino como particular, aficionado a la teología. Luis de Baviera le sobrevivió hasta 1347, pero no pudo separar al Papado de su influencia francesa.
Un fresco notable de esta época turbulenta, marcada por guerras, pestes, sublevaciones y luchas entre el Papa y el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico los constituye "El nombre de la rosa" de Umberto Eco, en el cual aparece retratado figurativamente el grupo de teólogos que se oponían al muchas veces tachado de hereje Papa Juan XXII. Así, los doctrinarios antipapales, procedentes de los "espirituales" refugiados en la corte de Luis de Baviera eran el superior de los franciscanos Miguel de Cesena, Guillermo de Ockam y Marsilio de Padua, autor de Defensor Pacis, una obra que rompía abiertamente con la tradición cristiana, como veremos a continuación.
1.4.2.-Papas y Antipapas. Los Tres Papas.
El regreso de los Papas a Italia se hizo posible tras la pacificación de los Estados pontificios. Gregorio XI (1370-1378) se trasladó a Roma en 1377, pero no se inició la normalización esperada, sino que, a su muerte se inicia un período aún más confuso que el de Aviñón. El cónclave se realizó en medio de las presiones del pueblo de Roma que rechazaba la posibilidad de un nuevo papa francés. Con cierta rapidez se eligió al italiano Urbano VI (1378-1389), acatado como Papa por los cardenales en los primeros meses hasta que se separaron de él, declararon inválida la elección por haber votado sin libertad y eligieron como nuevo papa a Clemente VII (1378-1394) que se instaló en Aviñón. Ambos papas se excomulgaron y se inicio el cisma de Occidente, que en realidad sólo manifestaba la dificultad de saber quién era el papa legítimo.
Tras treinta años de intentos de solución por medio de cesiones o de compromisos, un grupo de cardenales de Roma y Aviñón decidieron aplicar la última vía y celebrar un concilio para resolver el cisma. El Concilio de Pisa (1409) depuso a los dos papas reinantes y nombró a Alejandro V. El resultado fue contar desde ese momento con tres Papas, ya que los otros no aceptaron la solución de Pisa.
El Concilio de Constanza (1414-1417) acabó con el Cisma, pero los decretos conciliaristas despertaron recelos y no fueron confirmados por el nuevo Papa. El inevitable enfrentamiento se produjo durante el pontificado de Eugenio IV (1431-47) en el Concilio de Basilea (1431-32). Este Concilio, iniciado regularmente, pero continuado en circunstancias anómalas, se fue radicalizando hasta ser una asamblea de clérigos que terminaron rompiendo con el Papa, deponiéndolo y eligiendo un antipapa. Eugenio IV condenó tanto a los reunidos en Basilea como a la doctrina conciliarista. El grupo cismático se desintegró sólo y la teoría conciliarista cedió frente al primado romano.
Es resumen, los problemas derivados del empleo del poder temporal de la Iglesia continuaron mucho tiempo después, preparando así un terreno fértil para la Reforma. La doctrina teológica ya no fundamentaba la vida política europea y eso se ve reflejado en el pensamiento de la época, tal como veremos a continuación
1.5.-Guillermo de Ockam (hacia 1270-1347): el Nominalismo y el fin de la Escolástica
La Escolástica ha pasado a la Historia como sinónimo de
artificio verbal, de sutileza lingüística o de gran tecnicismo dialéctico,
la escolástica asimiló la filosofía pagana al cristianismo
y preparó el camino para la autonomía que la filosofía
y la ciencia conquistarían a partir del Renacimiento.
Aunque se suele identificar a la escolástica con la filosofía
medieval, ésta no abarca todas las corrientes y movimientos teológicos
y filosóficos que se desarrollaron en este período, como por ejemplo
la filosofía árabe y judía o las corrientes místicas.
El término escolástica proviene de la palabra latina "scholasticus"
y se aplicaba a los que se ejercitaban en la enseñanza en las escuelas
monacales ("escolares"). Cronológicamente se desarrolló en el
período que abarca los siglos XI al XIV, aunque como sistema perduró
hasta el Renacimiento y el siglo XVII, aunque ya sin vigencia. En la síntesis
entre aristotelismo y cristianismo se halla la causa de que para muchos historiadores
la escolástica no sea concebida como una filosofía propiamente
dicha, sino como una teología desarrollada filosóficamente, es
decir, una "sierva de la teología". Sea como fuere, la escolástica
se convirtió en el movimiento teológico-filosófico más
importante de la Edad Media, dominando incluso la visión sobre los sistemas
políticos, teniendo a su más alto exponente en Santo Tomás
de Aquino (1225-1274).
Sus últimos grandes representantes son J. Duns Escoto (1266-1308)
y Guillermo de Ockham, el cual llevará a cabo la mayor crítica
del escolasticismo y a sus conceptos metafísicos fundamentales. Su famoso
principio de economía, denominado "la navaja de Ockham", postulaba
que era necesario eliminar todo aquello que no fuera evidente y dado en la intuición
sensible: "el número de entes no debe ser multiplicado sin necesidad".
En el acto de conocer hemos de dar prioridad a la experiencia o "conocimiento
intuitivo", que es un conocimiento inmediato de la realidad (particular).
Si todo lo que existe es singular y concreto, no existen entidades abstractas
(formas, esencias) separadas de las cosas o inherentes a ellas. Los universales
son únicamente nombres (nomen) y existen sólo en el alma
(in anima). Esta postura, conocida como Nominalismo, se opone a la
tradición aristotélico-escolástica, que era fundamentalmente
realista. Los conceptos universales, para Ockham, no son más que
procesos mentales mediante los cuales el entendimiento aúna una multiplicidad
de individuos semejantes mediante un término. El nominalismo conduce
a afirmar el primado de la voluntad sobre la inteligencia. La voluntad de Dios
no está limitada por nada (voluntarismo), ni siquiera las ideas
divinas pueden interferir la omnipotencia de Dios. El mundo es absolutamente
contingente y no ha de adecuarse a orden racional alguno. El único
conocimiento posible ha de basarse en la experiencia (intuición sensible).
La teología no es una ciencia, ya que sobrepasa los límites de
la razón: la experiencia. Después de Ockham, la filosofía
se liberará de la teología y la ciencia comenzará su andadura
autónoma.
1.6.-Marsilio de Papua (hacia 1290-1349) : Galicanismo y Anglicanismo.
El después Rector de la Universidad de París, llegó más lejos que Guillermo de Ockam. Su "Defensor Pacis", el "Defensor de la Paz" (1324), es absolutamente sorprendente para su época. En el pueden leerse frases como la siguiente: "BAJO UNA MIRADA DE HONESTIDAD Y DECENCIA EL PAPADO ES TAN PELIGROSO PARA EL GENERO HUMANOQUE, SI NO SE LE DETIENE, PRODUCIRA UN PERJUICIO INTOLERABLEA AL CIVILIZACION Y A LA PATRIA" (164). Es de notar aquí que el concepto de "Patria", la "Tierra de los Padres", simbolizando el amor al país de nacimiento, ya existe y que la obra constituye una negación radical de la Iglesia (166). Por ende, existe doctrinariamente ya en el Siglo XIV la idea de separación entre asuntos terrenales y asuntos espirituales
Para Marsilio el papa no gozaba de especial potestad y tenía sólo carácter sacerdotal, la jerarquía era de institución humana, la Iglesia carecía de poder de jurisdicción y los clérigos lo recibían de los príncipes, la Iglesia estaba, en suma, sometida al Estado. Sin llegar a esos extremos, lo cierto era que el poder eclesiástico en su época dependía cada vez más del civil en las nuevas naciones. De ahí su decisiva influencia sobre el Galicanismo y el Anglicanismo, toda vez que en Inglaterra, a partir de 1351, se perfiló una iglesia anglicana, sumisa al rey y enfrentada con el Papa por motivos fiscales y políticos. De ahí a que la monarquía inglesa se desligara de la Santa Sede solamente había un paso, pero que fue retrasado dos siglos debido a la guerra de los Cien Años y la Guerra de Las Rosas, por lo que recién se dio el salto en el Siglo XVI bajo Enrique VIII, tal vez el rey más autoritario de Historia de Inglaterra En Francia la estructuración de una iglesia galicana culminó con la "pragmática sanción" de Bourges (1438), en la que el clero francés adoptó con ligeras variantes los planteamientos conciliaristas para defenderse de los "excesos" de la Santa Sede.
En suma, Guillermo de Ockam, último gran exponente de la Escolática que sostenía el aparato político del Feudalismo apoyado por la Iglesia y a la vez su máximo crítico y el mucho más radical Marsilio de Padua, dieron armas teóricas a los reyes y emperadores para acrecentar su poderío centralista, personificando a la Nación y desligándose de la Santa Sede, la cual había mostrado un lamentable cuadro de anarquía y de abierta lucha por riquezas y poder en su seno.
Asimismo, estas disensiones y fracturas doctrinarias al interior de la Iglesia alentaron a los primeros reformistas locales, como Juan Wycliffe (1320-1384) en Inglaterra y Juan Huss (1370-1415) en Bohemia, precursores del protestantismo, el cual generó cambios no sólo religiosos, sino también políticos, sociales y culturales en la ya cercana Edad Moderna. Es también sorprendente para esta época cuando el último de ellos y seguidor de las ideas de su antecesor inglés proclama en Praga que "…la palabra divina se ha convertido en objeto de burla desde que el emperador Constantino dio al Papa un reino…"(171 ). Tenemos por tanto, que la concepción política del Medioevo, encarnada por la "sacralización del poder" encarnado en la Santa Sede va llegando a su fin para dar paso a los Estados-Nación de la Edad Moderna
1.7.-El Renacimiento
En los últimos años del siglo XV y a lo largo de la totalidad del XVI se desencadenó un conjunto de procesos de todo orden que ha recibido el nombre de Renacimiento. Desde la perspectiva del hombre contemporáneo, este período se caracteriza por un cambio en la visión del mundo y en los sentimientos que en muchos sentidos puede ser interpretado como una anticipación inmediata de lo que hoy es el ser humano. Por primera vez se presentó la posibilidad de conocer con una cierta profundidad el aspecto físico y el medio de vida de los hombres de un tiempo pasado: las técnicas realistas en la pintura y en la escritura nos han hecho llegar descripciones pormenorizadas de rostros, casas y ciudades. Por lo demás la correspondencia personal, la costumbre de escribir autobiografías y la invención de la imprenta han facilitado también la investigación posterior.
Esta época se caracteriza, en otro sentido, por una ampliación de los horizontes históricos y geográficos. Renacimiento quiere decir ante todo, resurrección de las antiguas civilizaciones de Grecia y de Roma. La lengua griega hacía tiempo que era enseñada en Italia y parecía como si la curiosidad y el espíritu de libre investigación que había caracterizado a la cultura ateniense resurgieran con el estudio del idioma. El influjo de la cultura romana, por su parte, se hizo sentir también de una manera especial en Italia, el núcleo geográfico en el que la revolución cultural renacentista se haría sentir más fuerte. A este hecho no eran ajenos fenómenos como la preponderancia del Derecho Romano, la utilización del latín por parte de algunos grupos sociales y la conservación de un gran número de edificios antiguos.
En suma, ya desde el Siglo XIV los cambios registrados apuntaban a la inauguración del mundo renacentista, marco cultural de la consolidación política de la idea nacional.
Ante todos estos hechos, el nacionalismo emerge con fuerza en Occidente. En vista de la Guerra de los Cien Años, el odio entre franceses e ingleses conllevo a construir su identidad en buena medida por la contraposición al rival. Otra expresión es la lucha entre güelfos (que apoyaban al Papa) y los gibelinos (que sustentaban al emperador) en Italia. Así, la República de Florencia se adscribía a la primera tradición y la Señoría de Milán a la segunda (174). Hasta la actualidad sobrevive una diferencia muy grande entre el Norte y el Sur de Italia, no solo racial sino hasta cultural, el Sur, representado por Florencia en dicha época. El rechazo hacia el lujo desplegado hacia la Corte de Aviñón y la admiración sentida por Occidente hacia el poder y la riqueza de las nuevas urbes independientes mercantiles de Flandes, la Hansa y sobre todo la Italia, pusieron en tela de juicio el orden político dominado por la Santa Sede. El Rey centraliza el poder y encarna la idea nacional
2.1.-Patriotismo, religiosidad y racismo
Patriotismo, religiosidad y racismo son los tres fundamentos de la idea nacional. El sentimiento patriótico ("pro patria mori") que inspiró el nacionalismo era en esta época de contenido esencialmente religioso, así que la Iglesia también influyó positivamente para el desarrollo de la idea nacional (178). No olvidemos por ejemplo, que Juana de Arco (1412-1431), la figura más emblemática del nacionalismo francés en la Guerra de los Cien Años invocaba ser enviada de Dios para salvar a Francia y que hasta los mayores detractores de la Santa Sede se inspiraban en Dios y en el fondo se amparaban en la fe cristiana; el ateísmo no es propio de esta era.
Igualmente, aparece el racismo como algo esencial a la idea nacional y en el campo guerrero, ya que los cruzados esencialmente no tenían prácticas racista, el odio era de índole netamente religioso, pero ya en el Siglo XIV los sentimientos en las guerras europeas iban cargadas de un fuerte contenido despreciativo hacia la otra Nación en guerra, tal como se dió entre Francia e Inglaterra. Resulta curioso leer en la "vuelta al mundo en ochenta días" de Verne la diferencia entre los dos personajes principales : el viajero inglés y su mayordomo francés. En estos lejanos siglos dichas diferencias ya se habían iniciado.
En suma, consideramos que al final del largo y bicentenario tránsito del empleo legítimo del poder de manos de la Iglesia a las de los reyes
La globalización es parte de un proceso histórico del capitalismo en donde se constituye un nuevo ordenamiento internacional en el marco de un mundo unipolar, después de la desaparición del conflicto este-oeste, de la desaparición de la amenaza nuclear y de una subversión que ponía en peligro el orden capitalista mundial. Es un proceso que da cuenta de un cambio en la naturaleza, en el escenario en los actores y en los medios de una lucha a escala mundial por controlar los mecanismos que permiten la creación, apropiación y destino de excedente económico.
La globalización es un proceso económico, político y social que ha sido retomado con mayor énfasis en los países en desarrollo como premisa especifica para lograr un crecimiento económico y erradicar la pobreza. Pero este fenómeno en ningún momento fue concebido como modelo de desarrollo económico, sino más bien como un marco regulatorio de las relaciones económicas internacionales entre los países industrializados.
El término engloba un proceso de creciente internacionalización o mundialización del capital financiero, industrial y comercial, nuevas relaciones políticas internacionales y el surgimiento de la empresa transnacional que a su vez produjo como respuesta a las constantes necesidades de reacomodo del sistema capitalista de producción nuevos procesos productivos, distribuidos y de consumo deslocalizados geográficamente, una expansión y uso intensivo de la tecnología sin precedentes.
En la naturaleza porque es una lucha dentro del orden capitalista mundial, cuyo fin es preservarlo y reproducirlo, concluyendo así el enfrentamiento por la supremacía cuya base fue el uso del poder militar. Este orden mundial "occidental" no enfrenta por el momento ninguna fuerza externa ni interna que lo ponga en peligro. Hay que destacar que este proceso se ha visto facilitado por tres factores esenciales: el desarrollo de la tecnología como fuente la competitividad, la nueva tecnología de la comunicaciones que crea la "aldea global" y los desarrollos de los mercados financieros que permite el movimiento de los flujos de capitales a escala mundial en forma casi instantánea.
Como consecuencia de la Globalización en la actualidad hay un proceso de internacionalización de la producción y de la comercialización de productos, así como una mundialización de las comunicaciones y de las finanzas. El concepto de Estado-Nación, tal como fue ideado desde la época estudiada (Siglos XIV-XV) hasta su clímax en los Siglos XVIII-XIX ha sido traducido en términos económicos, puesto que las grandes corporaciones financieras son más poderosas que muchos Estados y determinan el curso de los acontecimientos políticos mundiales. Nadie puede dudar, por ejemplo, que en la reciente Guerra de Irak el control de los yacimientos petrolíferos ha jugado un decisivo papel.
3.1.-Constitución, Estado y Nación
Si tomamos en cuenta que para todas las Constituciones actuales el Estado es la Nación políticamente organizada y que la Nación es una población homogénea en cuanto a costumbres, pasado, herencia cultural y objetivos, tenemos que este concepto solamente puede aplicarse a determinados países del Occidente europeo, el Extremo Oriente y los Estados Unidos, pero ante el crecimiento demográfico y la diversidad cultural existente el concepto de "ciudadanía", expresión individual de la nacionalidad, va quedando relegado a un segundo plano, mientras resurgen los regionalismos ante la globalización, tal como veremos a continuación.
3.2.-Resurgimiento de nacionalismos : ejemplos de la Unión Europea, la ex – Unión Soviética y el Islam :
Como la expresión política de la globalización la constituye el predominio global de los Estados Unidos, los nacionalismos resurgen en el orbe, muchos de ellos violentamente expresados. Podríamos citar muchos casos, pero tomaremos tres ejemplos extremos, haciendo un breve resumen de ellos, ya que no relatar extensamente su génesis y desarrollo no conforma parte integrante :
3.2.1.-La Unión Europea ¿resurge el Imperio?
La indicación concreta en este punto, en vista del compeljo proceso de su establecimiento radica en la siguiente afirmación : la Unión Europea es la traducción económica y financiera del antiguo Sacro Imperio Romano-Germánico y fue conformado como una respuesta ante el creciente poderío adquirido por los Estados Unidos, agudizado por el desmoronamiento del bloque comunista, la desintegración de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría. Dentro del seno de la Unión coexisten las diferencias regionales, pero en sí mismo conforma un bloque de oposición frente a los Estados Unidos y su hegemonía unipolar. Esas diferencias se expresan mayormente por medios no violentos, a excepción de casos focalizados como en Irlanda del Norte, el País Vasco y en la ex – Yugoslavia.
3.2.2.-La Ex – Unión Soviética :
En este campo las diferencias regionales, largamente contenidas bajo el régimen comunista han explotado y se expresan violentamente en muchos casos, tales como el de Chechenia. Es síntoma que, al igual que en la época de los zares, Europa Oriental y los Urales siguen manteniéndose bastante alejados de la tradición cultural occidental. Es también un explícito rechazo a la globalización.
3.2.3.-El Islam :
El fundamentalismo islámico, origen del terrorismo a escala mundial, es otra de esas fuerzas regionales contenidas, sólo que aquí el regionalismo asume contenidos altamente religiosos y abarca el rechazo no solamente de la tradición cultural occidental, sino de todas las que se opongan a su sistema de creencias.
Consideramos que estos tres casos sumariamente presentados conforman una reacción contra la globalización, pero no reafirman los contenidos esenciales del Estado-Nación concebido desde la independización del poder real de la Santa Sede entre los Siglos XIV y XV, sino que en los casos específicos de ex – Unión Soviética y del Islam mas bien son negados por otras tradiciones culturales y en el caso de la Unión Europea configura una nueva concepción de un aparato administrativo, financiero y económico supranacional, respetando las identidades propias de cada integrante de la Unión, ya que se unifica la moneda, los aranceles, surgiendo incluso en el futuro un Ejército Europeo, pero los Estados no son subsumidos en la Unión ni existe pugna militar por conquistar al otro, diferencia notable con la ♪0poca bajo estudio
En suma, concluimos que el concepto de Nación ha sobrevivido en el mundo moderno, pero no como ha sido planteado originalmente en el Ocaso de la Edad Media, en base a los siguiente :
-Eco, Umberto. El nombre de la rosa. Lumen, 1982.
-Touchard, Jean. Historia de las ideas políticas, Madrid, Tecnos, 1975
DUNCAN MASSON CABRERA
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