EL DULCE Y AMARGO PODER POLÍTICO:
Como desgraciadamente todas las cosas que suceden, y también las que no suceden, se han tenido que justificar, pues la hipocresía es la base social de nuestra civilización (le duela a quien le duela esa es la triste realidad nuestra), es necesario que a partir de ahora las justificaciones sólo cumplan con el objetivo de dejar señalados los errores y horrores que hemos cometido, buscando, con las mejores intenciones del mundo, la superación y el bien común.
Que por cierto todavía estamos a la espera de ambas cosas.
Y, no lo olvidemos, el camino al dulce Infierno está empedrado con buenas y de buenas intenciones...
Resulta que un político tradicional, como los que abundan en nuestra fauna Latinoamericana, se la pasa ofreciendo, a diestra y siniestra, las cosas más descabelladas que se le puedan ocurrir a él o a su equipo de genios estrategas durante la campaña electoral; y, si por causalidad cuajan sus propuestas, y es electo presidente, tiene que pasar casi todo el período, para el cual fue seleccionado por los votos de los cientos de miles de incautos que cayeron en sus redes, justificando porqué no es posible hacer o poner en práctica todo aquello que prometió como enjundioso candidato; cuando no, haciendo todo aquello al revés de lo prometido.
A tanto ha llegado la cuestión con los políticos, marrulleros o medio sinvergüenzas que hemos tenido, que ya se sostiene, en la opinión pública, que si Dios existe entonces todos los políticos tendrán que responder por su proceder, pero si no existe, habrá que reconocer en ellos a seres humanos de extraordinario éxito.
La clase política, por supuesto los que llegan al poder público, están, viven y se sostienen al margen de la legalidad, del estado de derecho y de las limitaciones sociales a las cuales los demás ciudadanos, simples mortales y útiles solamente para el día de las elecciones, sí tenemos que respetar o hacer lo posible por cumplir con los reglamentos y leyes promulgadas.
Y esto ya topó.
El límite permisible hace tiempo que tronó y ya no se puede estirar más.
Hoy se respira un sentimiento enorme contra la clase política, los partidos políticos y todo aquello que huela a lo mismo, pues en la figura de diputados, alcaldes y no digamos en la del presidente, se simboliza el desprecio hacia aquellos que son y han sido incapaces de sacarnos de la miseria y del atraso.
Pero ellos, los chicos listos que salieron triunfantes en las elecciones, ya tienen resuelta su vida, la de sus hijos, parientes, novias, cuates y amigotes, no digamos la de sus compinches en los negocitos que salen en las adjudicaciones de obras o en las compras en general.
El poder público, que los ciudadanos votantes delegamos temporalmente en los que ganan una elección, está destinado única y exclusivamente para que los gobernantes y funcionarios públicos respalden la ley y el ordenamiento jurídico nacional del Estado de nuestro respectivo país.
Y no para protegerse unos a otros, pero entre los mismos políticos, como tan descaradamente hemos visto que hacen.
Y el Presidente de la República, el Equipo de Gobierno y los funcionarios de todos los niveles, por medio del poder público que detentan temporalmente –que no se nos olvide que es temporal la vaina- tienen que transmitir la paz social en cada uno de los hogares de nosotros los gobernados, como el resultado de la gobernabilidad y el verdadero equilibrio entre los poderes del Estado.
Pero no se nos interprete que el poder es igual a fuerza, represión, abuso y violación a los mínimos derechos individuales, tal y como desgraciadamente lo han interpretado nuestros listos y ágiles zoopolíticos nacionales.
La tan temible Razón de Estado, por medio de la cual se cometen los más execrables crímenes en contra de los que no están de acuerdo con los dirigentes o gobernantes de turno, y que esgrimen para justificar todo lo que hacen en el poder público, ha sido letal para la población civil totalmente a merced de cualquier marrullero y farsante chico metido a político.
Crecer, desarrollarnos, salir de la pobreza y de todas las calamidades que nos inundan por medio de decretos o promesas, es imposible de lograrlo.
Pero la locura y esquizofrenia que se manejan los que hemos electo como gobernantes, como no tienen el recurso de la reflexión y mucho menos los de la creatividad e ingenio, recurren a lo que todos los anteriores a ellos hicieron, es decir continuar por medio de los decretos como el remedio a males, problemas y consecuencias, lo que incluye hasta las uñas encarnadas de la población.
¿Qué se consigue con tales pantomimas?.
El repudio y la condenación hacia la clase política.
Con toda y sobrada razón de la población.
El problema es que nuestras leyes están hechas para que sólo los que participan organizados en y por medio de un partido político tengan acceso al poder público en elecciones periódicas.
¿Qué le parece tal cosa?.
Aún y en contra del artículo 23 de la Convención Americana Sobre Derechos Humanos que establece: "DERECHOS POLÍTICOS: 1) Todos los ciudadanos deben gozar de los siguientes derechos y oportunidades: A) De participar en la dirección de los asuntos públicos directamente o por medio de representantes libremente elegidos; B) De votar y ser elegido en elecciones periódicas auténticas, realizadas por sufragio universal e igual y por voto secreto que garantice la libre expresión de la voluntad de los electores, y C) De tener acceso, en condiciones generales de igualdad, a las funciones públicas de su país. 2) La ley puede reglamentar el ejercicio de los derechos y oportunidades a que se refiere el inciso anterior (el uno), exclusivamente por razones de edad, nacionalidad, residencia, idioma, instrucción, capacidad civil o mental, o condena, por juez competente, en proceso penal".
Claro y por supuesto que si el uso a mansalva de la demagogia, las falsas expectativas y la hipocresía se dan en nuestros flamantes dirigentes y políticos, es por una sencilla razón, y sin hablar sandeces, a nuestra gente le fascina que se la baboseen, que la hagan soñar con mentiras y que le permitan una nueva ilusión, pues los milagros existen y con este nuevo líder habla bonito puede ser...
¿Quién quita y se nos hace con éste?.
Es triste tener que reconocer el grado de degradación al que nos han impulsado y que ya lucimos con nuestras actitudes timoratas los ciudadanos.
¿De qué diablos depende tener un buen Gobierno o uno pésimo y dañino?.
Sin lugar a ninguna duda al respecto todo depende de la población que se involucre en la vida nacional, pues si conseguimos que la gran mayoría participe, se organice, pregunte, fiscalice y haga valer sus derechos ciudadanos, con ese gran poder público ningún politicuelo de pacotilla se atreverá a hacer de las suyas.
Por supuesto que no estamos hablando ni nos referimos a que la mayoría de la población, cuando decimos que tiene que participar, es sólo al acto de ir a marcar con una equis la boleta en las elecciones.
No.
Claro que es muy importante ir a votar.
Pero si a ese requisito cívico le agregamos la fiscalización antes de las elecciones, durante y después, la contribución que le damos a nuestra democracia hace que la fortalezcamos y que la defendamos de los largos y pícaros que buscan con la política salir de pobres.
Esa es la razón por la cual hemos tenido gobiernos pésimos, dañinos y alejados de la realidad nacional.
Pero es que hemos sido nosotros, nuestros padres y ancestros, y ahora nuestra generación, la que lo hemos permitido pues nos alejamos de todo lo que huele a política y a políticos, cuando que, con nuestros impuestos, los gobernantes hacen micos y pericos sin ningún control popular.
La evolución social que hemos alcanzado no va de acuerdo con la clase de gobernantes que nos ha tocado tener a cargo de nuestro respectivo y bello país. Ya que si la pobreza necesita que la desbaratemos con un cambio en las estructuras del Estado, nuestros ágiles y voraces líderes de papel lo que han hecho es que se recetaron instituciones, gasto y presupuesto multimillonarios y puestos adecuados para correligionarios y amigotes, pagando facturas y favores de campaña en detrimento, precisamente, de más del 80% de la población la que, con sólo el gasto administrativo y de mantenimiento de muchos ministerios, secretarías, fondos, direcciones y oficinas públicas, bastaría para paliar su crisis.
El buen gobierno, que los latinoamericanos merecemos tener, no es otra cosa que la óptima dirección que le imponga el Presidente a su Equipo de Trabajo; pero cuando el Señor Presidente ni siquiera le atina a lo que significa gobernar, y mete sapos, culebras, perros y gatos en el Gabinete, todos ellos tiran hacia su lado olvidándose que somos los habitantes los que sufrimos por esa pobre actitud que nada tiene que ver con la actitud profesional de un estadista.
Los asuntos del Estado son y deberán estar encaminados exclusivamente para los seres humanos que conformamos la nación, y no hacia las instituciones y organismos que es como tradicionalmente se ha venido procediendo.
¿Por qué seguir en la misma línea ya obsoleta?.
Por eso, por que nosotros los ciudadanos, las familias y las personas no somos tomados en cuenta en el Gobierno ni en las política de Estado, es que renegamos de todo lo que huele a política.
Y por supuesto que tenemos toda la razón.
¿Cómo es posible que una sola institución se gaste 5 y hasta 10 millones de dólares al año en funcionamiento con el único propósito de administrar equis o ye situación?.
Cuando lo correcto es hacer que esos millones sean destinados a la ejecución de proyectos sociales y de desarrollo comunitario.
Si nuestro respectivo país padece de una soberana e injusta carga social por el degradante subdesarrollo, la única manera de responder a la pregunta de ¿cómo se gobierna? es actuando de acuerdo a ese único problema nacional.
Contra el atraso, la pobreza, las exclusiones y los abusos sólo cabe una gran revolución gubernamental y una declaratoria de Estado de Calamidad Pública por parte del Presidente, para entonces, debidamente conscientes del Gran y Único Problema Nacional, planificar una serie de eventos políticos con el único fin de iniciar la transición de lo irreal, que hemos tenido con la política tradicional y obsoleta, hacia una realidad dura pero palpable y dolorosamente incrustada en nuestros hogares.
Transitar hacia el cambio de estructuras y hacer de las nuevas por conformar la base del desarrollo humano y social es el equivalente a hacer un buen gobierno; otra cosa no será más de la misma vaina que otros nos han dado y que nos tienen en la miseria y abandono en que estamos al día de hoy.
¿No le parece?.
¿Para qué seguir con la misma cantaleta de lo tradicional?.
Hace falta una gran dosis, para el Presidente que es nada menos que el Conductor Nacional, de conexiones interpersonales y de intercomunicación directa con las comunidades, para alcanzar los objetivos del Desarrollo de nuestros países.
Y por eso mismo de la tan ansiada gobernabilidad, estabilidad nacional y certeza.
Los problemas y consecuencias que se derivan del subdesarrollo sólo pueden manejarse desde nuevas estructuras del Estado en donde las nuevas instituciones sean canales y los funcionarios a cargo de ellas sean los gestores e intérpretes de los pobladores.
Así es como se debe Gobernar.
Nosotros, como pueblo consciente de tener el poder real en nuestras manos, debemos intervenir más directamente en la gran toma de decisiones del Estado, y para eso es necesario hacer oír nuestras voces y fuerza política por medio de la opinión pública que es la que sostiene gobiernos, políticos y funcionarios; es decir hacer una propuesta para mantener la paz, como resultado del respeto y mantenimiento de los derechos de la mayoría.
LOS NUEVOS PARADIGMAS NACIONALES
El modelo nacional que tenemos en nuestros países respectivos, que ha pretendido llevarnos al desarrollo integral, ya podemos considerarlo un total y rotundo fracaso; con el agravante, no sólo de haber perdido valiosos años, sino a esa tragedia hay que sumarle los miles de millones de dólares que se fueron por el desagüe pues la pobreza, miseria y desamparo que se palpa en millones de familias en todo lo ancho y largo de Latinoamérica es el mejor ejemplo de la clase de terrible realidad que nos acompaña todos los días.
Es imprescindible, entonces, y sin dejar pasar más tiempo, que ese modelo inútil sea desechado y que busquemos uno nuevo, ágil, moderno y capaz de sacarnos de estos miasmas.
Nos corresponde sentarnos, como seres humanos evolucionados y respetuosos del derecho ajeno, y buscar una estrategia que nos conduzca hasta encontrar nuevos modelos y patrones capaces de darnos superación, bienestar, oportunidades para todos y fortalecimiento de nuestra democracia chapina.
Pero tenemos que tener presente una cosa, para no perdernos nuevamente, como se perdieron nuestros ancestros y los políticos que recientemente estuvieron en el poder público, y no podemos darnos el lujo de confundirnos, tal y como se confundieron los constituyentes, y anteponer los Intereses del Estado de nuestro respectivo país a los reales intereses de los pobladores de nuestra respectiva patria, de los seres humanos que conformamos la esencia y motivación de tener un Estado.
¡Cómo es posible que tengamos instituciones y organismos que son más importantes que nuestros hijos! Que ahí están chupándose año con año nuestros impuestos y no nos dan un mísero beneficio a los ciudadanos honrados y desprotegidos.
Las verdaderas estructuras del Estado, capaz de sacarnos rápido del subdesarrollo, deben ir en sentido contrario a las que actualmente tenemos impuestas por nuestros constituyentes que, para nuestra desgracia, fijaron el rumbo hacia el fortalecimiento institucional en desmedro del ser humano.
Por supuesto que debemos luchar por el fortalecimiento institucional de nuestro país, pero con otras instituciones y organismos que sean el medio y el fin para alcanzar los objetivos, intereses y modelos de desarrollo, de democracia y de convivencia pacífica; y no podemos pensar, ni siquiera por un instante, en fortalecer este herrumbroso edificio institucional que nos "permite vivir", pues actualmente los organismos, instituciones, direcciones, jefaturas y entidades gubernamentales, estatales, regionales, provinciales o departamentales, municipales y comunitarias, ellas son el objetivo, propósito, la intención y el fin último del Estado Constitucional de nuestro respectivo país, en desmedro de las personas de carne y hueso.
Esa es la razón de la debacle y colapso institucional, así como del irrespeto hacia las instituciones y entidades estatales; y por supuesto esta situación es la que ha llegado a nuestros políticos que, incapaces de haber interpretado mejor el concepto de Estado que nos recetaron o de componerlo rápido, se han acomodado en las instituciones y organismos pues son y han sido el mejor refugio para los incapaces, pícaros y violadores de las normas de convivencia pacífica.
¿Por qué van a cambiar al Estado si ahí están no sólo cómodos y medrando con el erario público, sino que protegidos de cualquier eventualidad judicial en su contra?.
¡Qué viva la impunidad!.
El verdadero espíritu de los políticos debe estar impregnado de moral.
Pero no tiene nada que ver esta moralidad que proponemos con la utilización religiosa que algunos más listos que otros hacen para aparentar ser ovejas blancas.
Moral, en política, tenemos que entenderlo como lo que es.
Es decir las buenas costumbres, como producto y resultado de la respuesta de las comunidades a su entorno; y los valores propios de los habitantes de una comunidad, municipio, departamento o provincia, región y en los niveles estatales y nacional que, como reglas no escritas, permiten la convivencia pacífica, el respeto entre familias y las facultades para superarse sin pasar encima de los otros.
Claro y por supuesto ahora sí podemos entender por qué la política y la verdad y la moral como que no se han llevado muy bien que digamos.
¿Verdad?.
Un político moral, aunque suene a ridículo y sea tomado como un espécimen raro o en extinción, lo único que tiene que hacer es reformar las malas costumbres, cambiar lo equivocado y luchar por que el bien común se produzca lo más rápido posible.
Y si ya llevamos varios años del más reciente intento por tener bienestar, paz, justicia, seguridad y desarrollo integral, eso sólo significa que el modelo actual es una porquería; ya usted me entiende. ¿No le parece?.
Y si luego de más de 500 años de haber tenido la dicha de haber sido descubiertos por los españoles y que, con la cruz y la espada nos invadieron, tampoco en ese largo plazo hemos tenido nada que se parezca a una vida decorosa, como sí la tienen en otros países como los Estados Unidos, Canadá o cualquiera de Europa, también eso nos indica que hemos equivocado el paradigma o el modelo tomado como línea de superación.
Nuestra nación la conformamos los seres humanos.
Los animales, las cosas, la naturaleza y la infraestructura no forman parte y no hay que tomarlos como una porción de la entidad jurídica conocida como nación.
Un país, un Estado o una región territorial está compuesto por la nación y por todo lo demás que vive y está en la jurisdicción que lo conforma.
Y a nuestro respectivo país, al igual que al resto de países del mundo, quienes le damos vida, calor y desarrollo somos exclusivamente los miembros de la raza humana, que nos distinguimos de los otros seres vivos del planeta en que podemos decidir, manejar, planear y ejecutar tareas para convertir nuestro entorno en uno útil, servible y comible.
Las instituciones y los organismos del Estado, es decir la estructura política que lo conforma, son solamente mecanismos creados por los seres humanos para poder vivir lo más ordenadamente posible.
Pero no para vivir ahogados en la maraña burocrática e inservible de lo que realmente son.
Y si el fin supremo del Estado es alcanzar para sus habitantes el bien común, y si no ha sido posible alcanzarlo o por lo menos que nos pase cerca, no hay otra explicación más que es el Estado el totalmente inútil, en la concepción que le dieron, y el que no permite el bienestar, la paz, el desarrollo, la justicia, el respeto a la vida y la seguridad de los seres humanos.
Lo único que se ha logrado con el concepto aberrante que nos dejaron es llegar a tener un Estado que sobrevive a fuerza de la pauperización de la nación; es decir de provocar pobreza, limitaciones y absoluta falta de desarrollo humano y social en nosotros con tal de mantener ese avorazado monstruo que se traga el dinero del Presupuesto en su mantenimiento y administración.
El Estado y sus instituciones es un ente desproporcionado.
Esto nos indica que debemos asumir el verdadero reto nacional y ponerle una bomba potente para quebrar las estructuras que detienen el avance y la evolución social, política, humana y psicológica al Estado de nuestro respectivo país.
Y ante este panorama tan real que quizá por primera vez logramos visualizar, no nos ha quedado otra, a los indefensos seres humanos desprotegidos y en extrema pobreza, que tomarnos la justicia en nuestras propias manos para ver qué le sacamos a este Estado que sólo ha vivido para beneficiar a los gobernantes, altos y medios funcionarios públicos, y a los políticos que medran del Presupuesto de Gastos del país.
Y ahí esta la explicación a los linchamientos.
También a los robos y asaltos.
A las estafas y a los negocitos que todos buscamos hacer con y por medio de las instituciones públicas.
Lo mismo que a la impunidad, desprecio y abuso del poder cuando llegamos a él.
¡Qué tal!.
¿Será que es necesario hacer algo antes que nos acabemos entre nosotros mismos?.
LOS NUEVOS OBJETIVOS NACIONALES
Aunque como ninguno de los objetivos, lineamientos y propósitos constitucionales se han cumplido, es como paradójico que hablemos de nuevas metas cuando ni el bienestar, el desarrollo, justicia, paz ni la seguridad han podido ser atisbadas por la inmensa mayoría de pobladores, no digamos tenidas en nuestros hogares y familias.
Esa gran frustración, la de no tener nada positivo en nuestras vidas, a pesar del mandato claro de nuestra Constitución para los gobernantes que hemos tenido, ha hecho que cada quien agarremos las cuerdas o hilos que encontramos a nuestro alcance y los jalemos sólo para nuestros intereses personales, familiares, empresariales, gremiales y grupales, olvidándonos de los demás, los que por supuesto también luchan por conseguir sus propósitos y planes interesadamente particulares.
Todos contra todos a la sombra del Estado que supuestamente debe velar, en igualdad de condiciones, para la población en general.
Y esa es la explicación a la famosa ingobernabilidad.
A la anarquía.
Al irrespeto.
Y al desmadre en el que vivimos.
Pero como ya estamos acostumbrados a estos desatinos, ¡hasta falta nos hacen!, y si no los tenemos al alcance de la mano, los provocamos.
¡Qué bonita forma de vivir hemos institucionalizado!.
Ahora bien, si efectivamente tenemos plenamente identificados los objetivos nacionales, que hemos venido mencionando hasta por fastidiar, a lo largo de este manual, la cosa como que es más fácil.
¿No lo cree?.
Efectivamente si también estamos acostumbrados a jalar de la cuerda e hilos sólo para nuestro lado, ya sabemos la mecánica del asunto.
Y si hay algo y alguien que nos pone una serie de cuerdas en las manos de todos los habitantes y nos explican que esa serie de hilos que tenemos que jalar son para que todos salgamos beneficiados, por supuesto que todavía habrá algunos picarones y largos que quieran seguir jalándola para su particular lado, pero la mayoría de paisanos somos buena onda como para no comprender ese acto trascendental en la vida nacional y nos vamos a poner de acuerdo y a la cuenta de uno, dos y tres, jalaremos con todas nuestras fuerzas hacia el lado de búsqueda del beneficio general.
Y es muy posible que al fin logremos salir bien parados y con las respuestas correctas a nuestros problemas nacionales y alcancemos los objetivos que siempre hemos anhelado tener.
Por supuesto que debemos llamarlos nuevos objetivos nacionales porque como nunca los hemos tenido, ni disfrutado, eso los hace nuevos y llamativos.
Pero lo que sí es cierto es que debe ser alguien, acompañado de un grupo de dirigentes con moralidad, que no es religiosidad ni fundamentalismo eclesiástico, pero si visión humana, social, cultural, política y psicológica, los que deben asumir este reto que está ahí desde tiempos de la conquista, desde la independencia y desde cada uno de los varios golpes de estado que nos han recetado los que se sintieron con ganas, tal vez al principio, de renovar las cosas pero sin cambiar las estructuras, para que nos conduzcan por los caminos correctos y que seamos capaces de empezar a recibir los beneficios de los objetivos nacionales ya identificados y plasmados en nuestra Constitución.
¿Acaso hemos estado ciegos o idiotizados para no haber podido ver esta tan sencilla salida?.
Lo que pasa es que nos gusta el dinero ajeno, el hurto, la mentira y el abuso, y la riqueza fácil; y con reglas generales y aplicables a todos, se hace muy difícil medrar de los demás.
El vivo vive del tonto. El tonto de su trabajo. Claro si tiene trabajo, porque sino, tendrá que avivarse y buscar un tonto para vivir de él.
Esta es nuestra historia. Una historia triste, lamentable y que hay que ponerle punto final.
¿Está usted, su familia y grupo de allegados dispuestos a hacerle yemas a este asunto?.
O mejor se queda sin mover las aguas y continúa de cómplice silente y complaciente por si le suena la flauta a un su amigo o familiar y acceden al poder público a hacer fiesta y piñata con los bienes nacionales.
Lo que también es legítimo hacer, pues estamos en una verdadera jungla en donde el más fuerte, vivo y listo sobrevive y alcanza salir de la pobreza.
¿Importan acaso los medios para eso?.
Con los lamentables ejemplos de nuestro pasado reciente y presente, quizá no importe hacer lo que sea con tal de salir de las limitaciones.
Cuántos de nosotros no nos tenemos que lamentar que nuestros padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y para atrás, toda esa ascendencia que traemos por parte de padre y madre, no hayan sido precursores, funcionarios, gobernantes, grandes comerciantes explotadores, industriales sin escrúpulos, banqueros desalmados o mercachifles de relativo o gran éxito.
Por Dios que no estaríamos como estamos.
Tendríamos fortuna, fama, nombre, prestigio y un lugar especial, no sólo en la sociedad, sino hasta en la Gloria Eterna, pues papas, obispos y curas han vendido indulgencias por dinero a manos llenas, y las grandes familias de ricachones sí tuvieron ancestros con visión.
Ah quien como ellos.
¡Pero no!.
¡No nos sonó la flauta!.
Y hoy lamentamos, profundamente, no haber pasado de zope a gavilán, por culpa de nuestros decepcionantes antepasados que no les pasó por la mente que borrar las malas acciones es cosa de una o dos generaciones.
Hagamos las cosas correctamente bien hechas para entonces ser recordados por nuestros descendientes como sus benefactores.
Y no hay necesidad de empezar a robar, estafar, engañar con productos chafas, de mala calidad, o con bienes y servicios de ínfima categoría, colocados en las instituciones y organismos del Estado, o en cualquier otra parte en donde nos dejen, que nos permitirán ganancias superlativas para que nuestros hijos, nietos, bisnietos o tataranietos nos recuerden con gran amor por el dineral que les dejamos heredados.
NO.
Basta con propiciar y ser los protagonistas, o parte integral de la Revolución Institucional que Latinoamérica y nuestros respectivos países requieren urgentemente, para dejar reglas claras, generales y de aplicación y obediencia para todos los habitantes, para que cambiadas las estructuras opresoras, tengamos riqueza, bienestar, poder y por supuesto seguridad, justicia, paz, desarrollo y sobre todo respeto hacia los demás.
Con esas condiciones ¿quién no podrá progresar y convertirse en millonario?.
Entonces los objetivos nuevos, y que son los que debemos buscar implementar, van y tienen que ir en y por ese rumbo; continuar buscándole tres pies al gato como que ya no tiene objeto, pues eso sólo nos conducirá, en el más corto plazo, a un enfrentamiento de proporciones inimaginables.
Y ahí sí nos termina de llevar la gran diabla a todos.
Pero a todos, así seamos largos, pícaros, vivos, politiqueros, estafadores, comerciantes, banqueros e industriales inescrupulosos e infames, así como a la clase obrera, a los pobres desempleados, subempleados o marginados; y en general a cualquier grupo familiar.
Entonces como que no nos queda de otra que ponernos de acuerdo rápido y buscar todos juntos un nuevo Pacto Social para todos los habitantes de nuestra respectiva patria y país.
EL NUEVO PODER DEL LATINOAMERICANO EN GENERAL
Haciendo un pequeño resumen de lo tratado hasta aquí, resulta algo sorprendente lo que nos ha pasado, o mejor dicho lo que todavía nos está pasando.
Ninguno de nosotros, y por supuesto también debemos señalar a nuestros ancestros y antepasados como parte de este juego ingrato, somos capaces de hablar con la verdad.
Vivimos para engañar y babosearnos a cuanto ingrato se nos cruce por delante.
Cuanto mejor, más hilvanada, creativa e ingeniosa sea la bola, el chisme, chismorreo o mentira que nos sacamos de los demás, sean instituciones o personalidades de todas las esferas de la vida nacional, nos consideran más patriotas, mejores ciudadanos y grandes estrategas.
Y por esa tan buena fama podemos cobrar muchísimo por nuestros servicios de lengüetazos a domicilio, tanto aquí, como en cualquier país del mundo entero.
La fama tiene su precio en oro.
Por eso decíamos, no hace muchas páginas atrás, que si Dios existe tendrá que juzgar con rigor a nuestros personajes de la vida política, pero hay que agregar aquí que tendría que juzgar a todos los latinoamericanos en general con severidad, y si no existe, entonces tendríamos que decir que todos los latinoamericanos somos exitosos.
¿No lo cree así usted?.
La consecuencia primaria de esta vida de mentiras y engaños es que como nunca decimos la verdad, eso impide que podamos ponernos de acuerdo y encontrar así, en el consenso, la mejor salida a los grandes problemas y males que nos aquejan a la gran mayoría de latinoamericanos.
Y en eso debe basarse el nuevo poder de cada uno de nosotros.
En asumir con responsabilidad la realidad, amarga, triste y miserable, pero realidad nacional, al fin y al cabo, para poder empezar a transitar por la senda que nos saque, aunque sea poco a poco, del marasmo y de la indiferencia para con los asuntos que a todos por igual nos afectan.
No importa lo que gritemos ser, eso no impedirá, de ninguna manera, aparecer como lo que verdaderamente somos ante los ojos de propios y extraños.
Es decir que estamos como tapando el sol con un dedo sabiendo que nuestra postura sólo detiene la rueda del posible desarrollo integral.
Con las mentiras, las exageraciones y las patrañas y chismorreos detenemos nuestra participación activa en la elaboración de respuestas adecuadas a la problemática comunitaria.
El poder de usted, el mío y el de nuestra generación no es otro que entrarle de lleno a las cosas que nos han heredado nuestros pícaros, mal intencionados y demagogos políticos que, con tal de no sufrir el mínimo desgaste, según su propia tontería e interpretación de lo que hacer política tuvieron, lo mejor era no hacer olas ni levantar ninguna de las tapaderas de las ollas de grillos.
Y nos han pasado a todos los ciudadanos una terrible estafeta y un costo social enorme. Tan grande y terrible que la pobreza y el atraso nos tienen sumidos en la miseria humana, social, espiritual y hasta mental.
Hoy tenemos la obligación de empezar, para ir en orden, con desactivar la bomba, o mejor dicho la serie de bombas que están a punto de acabarnos como seres supuestamente civilizados, y entonces tomar todas las medidas urgentes que amerita la situación para tratar de detener el deterioro e iniciar la tarea titánica de revertirlo buscando, para ello, la implementación de un Plan Nacional de Desarrollo Humano y Social.
Por supuesto que habrá que declarar un Estado de Calamidad Pública en todo nuestro territorio nacional y marcar el paso con y por medio de una Estrategia Contra la Pobreza.
Ese es el nuevo poder del latinoamericano en general.
¿Qué le parece si nos sumamos todos a esta Gran Campaña Nacional de Rescate?.
Dinamizar el desarrollo de nuestra nación, es decir buscar incesantemente la superación sostenible de cada uno de los habitantes de nuestras comunidades, dependerá únicamente del empeño que le demos por medio de la opinión pública a la visualización que de nuestro futuro tengamos todos.
Ahora sí debemos poner en perspectiva y describir exactamente dónde está escondido el nuevo poder de nosotros como fuerza viva de nuestro país.
Y en la inteligencia, como la capacidad de aprendizaje, está todo el potencial de nuestra superación, desarrollo y bienestar.
Nuestra inteligencia es la única fortaleza por medio de la cual podemos enfrentar todos y cada uno de los retos políticos, sociales, económicos, deportivos y de productividad, ya no digamos los de seguridad, justicia, paz y desarrollo integral.
Para discurrir y juzgar los acontecimientos del pasado que hoy nos afectan tremendamente y evitar que su alcance llegue a nuestros hijos y descendientes, es el uso de la razón lo que nos dejará navegar en esas pesadas aguas para encontrar puerto seguro.
No olvidemos que es la razón, y el razonamiento lógico de los acontecimientos, uno de los factores que nos distinguen de los demás animales de nuestro planeta; al igual que de otros seres humanos que, perteneciendo todavía a las épocas cavernarias y trogloditas, pretenden someter a las personas por medio de políticas represivas, abusivas y violatorias de los mínimos derechos individuales.
A la pasión y a los sentimientos que se provocan por los excesos derivados de la fogosidad, exaltación, enardecimiento, fanatismo, intransigencias, arrebatos, el delirio y el paroxismo, lo único que debemos anteponerles a tales arranques y desplantes de la mayoría de nuestros zoopolíticos rudimentarios, es el nuevo poder político que se basa en el sosiego, la calma y la reflexión.
Es decir la razón y el sentido común como frenos al fanatismo ideológico de los tradicionalistas.
La equidad, como política de Estado, no es otra cosa que darnos a todos las mismas oportunidades de superación.
Todos los seres humanos, y los latinoamericanos no podemos ser la excepción, tenemos nuestros propios talentos. Es decir habilidades, destrezas y capacidades que nos hacen únicos, pues con el famoso ingenio latino, que llega a veces hasta la genialidad, ahí está el potencial de nuestro futuro promisorio.
Lo que necesitamos es un Sistema Social y Político que permita que nos soltemos y que volemos tan alto como queramos hacerlo, sin limitaciones de ninguna clase más que el respeto y acatamiento a nuestro ordenamiento legal, constitucional y moral.
¿Es tanto pedir tal cosa?.
¿Es posible soñar con esa libertad enmarcada en un Estado de Derecho firme, protector y al servicio de los más olvidados y excluidos?.
¡Por supuesto que sí!.
Los otros elementos que conforman el nuevo poder ya definido y establecido en la inteligencia, son la chispa, vivacidad, agudeza y perspicacia, unido a la intuición y a la imaginación, capaces de despertar una nueva gama de posibilidades sociales en nuestras comunidades tan atrasadas y estancadas en el fango, que debemos de propiciarlas y despertarlas en nuestros hijos para descansar confiados en que ellos y su descendencia sí moldearán el futuro adecuado para nuestro país.
La solidaridad, respaldo y defensa que tiene que tener capacidad de darnos el Nuevo Estado que construiremos, serán la base de la fraternidad y buena voluntad que mantendremos con nuestros semejantes.
¿Hace cuanto que usted no tiene fraternidad y buena voluntad para con sus vecinos, compañeros, amigos, enemigos y desconocidos con los que, lo quiera usted o no, se mantiene interactuando cada momento y día con día?.
El dicho ese de "como me tratan trato" es la venganza andando y la ley del talión en su máxima expresión.
Y con esa programación que nos metieron en nuestro psiquismo, y que desgraciadamente continuamos metiendo en el de nuestros hijos, lo único que hemos conseguido ha sido la separación, la exclusión, la revancha y el fanatismo.
Fatal para nuestra nueva Nación.
Ahora y a partir de estar conscientes de nuestro nuevo poder y los logros sociales que vamos a conseguir, tenemos que borrar este casete y cambiar la orden tan desproporcionada que tenemos por el respeto, fraternidad y buena voluntad.
Y entonces la nueva frase a la que debemos hacerle caso será "al mal tiempo buena cara".
¿Con qué tipo de personas nos gusta estar, compartir y trabajar?.
¿Acaso con los prepotentes, abusivos, malcriados, violentos, mentirosos, farsantes y cínicos?.
¡Claro que no!.
Nos gusta estar, compartir y aprender de los que tienen lucidez, comprensión, amabilidad, fraternidad, ingenio, chispa, gracia, inteligencia y sinceridad.
¿Podremos por fin tener políticos en Latinoamérica y en cada uno de nuestros respectivos países personas con estas habilidades reales?.
En nuestras manos está tenerlos y conservarlos si nos decidimos a participar activamente en la vida cívica y política nacional, pues sólo fiscalizando y delegando la representación en aquellos que de verdad son como nosotros, conseguiremos botar y deshacernos de los largos, picaros, demagogos y farsantes que usan a la política como medio para salir de pobres.
EL NUEVO TIPO DE GOBIERNO QUE NOS MERECEMOS TODOS
En pocas palabras el nuevo Gobierno, en este nuevo orden de cosas que hay que implantar en cada uno de nuestros países, debe ser uno en donde exista la inclusión, la representación de la sociedad tal cual es y que tenga la capacidad de interpretar lo que cada comunidad, municipio, departamento o provincia, región y en el ámbito estatal y nacional necesitamos.
Si en Latinoamérica somos una sociedad multicultural, pluriétnica y multilingüe, así debe estar conformado nuestro Gobierno, tanto en el Organismo Ejecutivo, Judicial como en el Legislativo.
Y sólo así, entonces, haremos el honor a nuestros conciudadanos que han estado pésimamente representados y por eso mismo afuera de las oportunidades de saber y conocer con exactitud cuáles son sus sueños, problemas, prioridades, anhelos y deseos.
Y confiados en que verdaderos representantes de nuestros pueblos van a buscar soluciones integrales, que toman en cuenta a todos y cada uno de los representados, podremos tener, por fin, un Gobierno que provoque estabilidad, consenso y aceptación general.
¡Qué lindo es soñar despiertos!.
Debemos desechar el sistema opresor que nos tiene envueltos y salirnos de ese círculo vicioso que nos ha mantenido como borregos supeditando nuestra participación democrática a ser sujetos pasivos en las campañas políticas y sujetos activos sólo el día de las elecciones.
¡Qué lindo!.
Durante casi tres años y medio, cuatro años y medio o cinco años y medio, que es el período que queda afuera de cada campaña electoral, lo que resulta después de nuestra participación el día de las elecciones no es otra cosa más que una casi monarquía en donde el nuevo monarca, Presidente electo por el voto mayoritario de los empadronados, es el mandamás, el papá de los pollitos y un reyezuelo cualquiera.
Y volvemos a lo mismo.
¿Qué otra cosa si no eso tienen que hacer nuestros presidentes?.
¿Acaso hay algo que se los impida?.
Y volvemos a tener el planteamiento originalmente expuesto desde este manual y a afirmar, enfáticamente, que son las estructuras del Estado las que permiten estas paradojas en la vida política de nuestro país.
Si cambiamos de fondo estas graves limitaciones que padecemos los ciudadanos, el nuevo Gobierno que tendremos será uno con visión de conjunto y trabajando por el desarrollo, protección y bienestar de nuestras familias, y no como los que hemos tenido que buscan fortalecer las instituciones y organismos que protegen en sus oprobiosas redes a los ladrones, corruptos y malandrines gobernantes, funcionarios y empleados públicos.
Este Nuevo tipo de Gobierno, que muy bien nos merecemos, debe estar supeditado a ser el facilitador y el gestor del Desarrollo Humano y Social, y no uno que busca medrar con y desde el Presupuesto del Estado.
Y cuando hablamos del Desarrollo nos referimos al de infraestructura, al humano, al productivo y que genera empleos, al territorial, al social y al económico.
No podemos dejar de mencionar que un factor de primer orden, y que tiene enorme peso en la conformación de cualquier junta directiva, comité, asociación y no digamos gobierno, gabinete o equipo de trabajo, son los complementos de los factores sociales de sus miembros o posibles integrantes.
Un Presidente, de cualquiera de los tres poderes del Estado, pero principalmente el del Ejecutivo, por la propia concepción constitucional de esa función, está sujeto a las presiones, ambiciones e intereses de los miembros de su Gobierno, y por supuesto a la de los representantes de los grupos de poder económico, industrial, agrícola, bancario y financiero, al igual que los del poder paralelo, del crimen organizado y de gremios, asociaciones, iglesias, y representantes de organismos internacionales.
Todos los representados en un Gobierno, es decir los ciudadanos y las familias que integramos las comunidades, tenemos una serie impresionante de costumbres, conductas y valores, es decir de culturas y subculturas, que tienen que influir en las decisiones que se toman o se dejan de tomar en las cúpulas gubernamentales.
Existen líneas, creencias y estilos que motivan la existencia social entre los miembros de nuestros pueblos, y la actitud, respuesta y proceder del Estado –por medio de los funcionarios a cargo de las instituciones, organismos, oficinas y dependencias públicas, que llegan con mayor o menor fuerza hasta las comunidades-, es la que debe de ir de la mano con la evolución social.
Pero también están los bloques de personas atrincherados en la religión, en gremios y diferentes asociaciones de mutuo interés para sus miembros, los que de manera progresiva debilitan o fortalecen a la sociedad en general pues hacen llegar sus influencias a casi toda la nación.
Con un ejemplo práctico, y de la vida real, podemos ver en la clase de edificio que descansa nuestra gobernabilidad.
Si somos parte de un pueblo catalogado en los últimos lugares en lo que a desarrollo humano se refiere, y que año con año nos hundimos mucho más que el año anterior, y si a eso le sumamos las precarias condiciones de salubridad, alimentación y oportunidades de superación; aparte de llorar y de buscar culpables, tenemos que tener la madurez necesaria y obligada para ponerle un alto a la situación y construir un nuevo Modelo Socio Político.
Y el reconocimiento de la heterogeneidad de nuestro Estado nos debe motivar a proponer el diálogo, el consenso y el amplio debate de la vida nacional, pues por esa misma razón de tener diversidad de manifestaciones culturales, de lengua y de etnias, se hace indispensable, en un Nuevo Gobierno, como punto de inicio a la transición, que sea convocado un Gran Pacto de Gobernabilidad.
Este Foro Nacional de discutir en una gran mesa y de diseccionar la problemática actual y visualizar muchas cabezas el futuro inmediato de nuestros hijos, permitirá poner en práctica un ejercicio primario de comunicación, interrelación, reflexión y aceptación de los derechos de los otros.
El pesimismo, la derrota y el fatal conformismo que a muchísimos latinoamericanos nos tiene sumidos en la desesperación, pues no vemos más que fatalidad para el mañana de nuestros hijos, debería de motivarnos de manera suficiente para detener esta embestida de lo tradicional y cotidiano y poner todo nuestro empeño en construir algo diferente, nuevo y capaz de protegernos a todos por igual.
Debemos de ser las personas de carne y hueso los que en un gran consenso nacional impongamos la clase de Gobierno que esté a cargo de las instituciones y dependencias que nos permitan transitar hacia el desarrollo integral.
El poder político, pero en general el poder, cualquiera del que hablemos o nos refiramos, tiene dos lados. De uno está el que lo ejerce y del otro los que lo reciben.
Pero adentro del poder, en la parte de ejercerlo, también tenemos dos facetas y el éxito de un Gobierno está en el equilibrio, comprensión, armonía y calidad que se pueda conseguir entre ambos factores de poder.
El poder del que lo ejerce está dividido en el que tiene el Gobernante, en este caso el que gana las elecciones y es electo Presidente del Poder Ejecutivo, y el que tienen las instituciones y organismos que, junto a los funcionarios y empleados que tienen a su cargo tales entidades del Estado, prácticamente tienen la mayor ingerencia en la vida productiva de nuestro país.
Por supuesto que los lineamientos generales los da el grupo que el Presidente nombra como su Gabinete de trabajo en el Gobierno, pero la estructura que existe y que está conformada por los cuadros medios y bajos de cada institución, dirección, jefatura y oficina pública es la verdadera rosca del poder público.
Cuando oímos decir, o aún nosotros lo repetimos, que no se ve claro con el Gobierno y que las cosas no caminan, lo que realmente sucede es que la estructura básica del Gobierno, los seres humanos que tienen posiciones intermedias y bajas en las oficinas estatales, se parecen más a un animal terco que a un conjunto de personas preocupadas por la población.
Un buen ejemplo lo vemos con los profesores y maestros de educación pública que, sin duda son millones en Latinoamérica y miles en nuestro respectivo país, lo que representa una fuerza enorme de poder, pero que sin una guía adecuada están acostumbrados a hacer lo que se les antoja con su horario, enseñanza y capacitación.
Si nuestro respectivo país tiene aún un alto porcentaje de analfabetismo se debe a que ese poder que descansa en los miles de maestros y profesores no es más que un mecanismo de freno al desarrollo educativo de nuestro pueblo.
Por igual, el grupo de la sociedad que recibe las acciones del poder público, mejor conocido e identificado plenamente como la sociedad civil, también está dividido en dos. El grueso de la población que no tiene organización ni pertenece a ningún grupo participativo, y los grupos, asociaciones y gremios de presión.
El esquema natural y práctico del poder público debería de empezar en las comunidades y terminar, con los beneficios sociales que es el fin de la política, siempre en las poblaciones.
Es decir que si hacemos lo correcto nos corresponde a la sociedad participar abiertamente en los grupos cívicos y políticos y elegir y ser electos, subir a los puestos públicos y traducir el poder público, por medio de la intermediación e interpretación de los problemas nacionales, en soluciones, infraestructura, desarrollo productivo, elevación de los niveles de vida y en general la superación y los beneficios que nos merecemos los seres humanos.
Ese es el concepto del nuevo tipo de Gobierno en el que deberíamos de estar involucrados.
¿No es justo que lo tengamos lo antes posible?.
¡Claro!.
Pero nos corresponde hacer nuestra parte a nosotros, los pertenecientes a la sociedad civil, a los millones de latinoamericanos mayores de edad y conscientes de aportar nuestro concurso al país que nos pertenece, y por el cual debemos trabajar en su beneficio.
Los actores del poder también están y provienen de diferentes grupos.
El poder militar es uno que tradicionalmente ha sido factor de casi toda la actividad nacional.
El poder económico, industrial, bancario y financiero es de vital importancia en el desarrollo socio político, pues son los encargados de generar y provocar empleos, riquezas y proyectos productivos.
El poder político ha perdido fuerza, a pesar que sólo por medio de los partidos políticos se accede al poder público, la opinión general del latinoamericano lo ha minado hasta el extremo que estos grupos hoy están todos desprestigiados y no se obtiene de ellos el beneficio y el desarrollo que anhelamos.
Aun cuando pretendan reciclarse.
La comunidad de países amigos y los organismos bilaterales y multilaterales son un fuerte componente en el poder local.
Las organizaciones no gubernamentales, ong´s, han adquirido una compleja red de oficinas y representantes en todos nuestros países, capaces de mover las voluntades de las comunidades.
Los sindicatos están prácticamente desacreditados y muy por debajo de lo que realmente deberían de representar.
La población no tiene un medio adecuado para expresar su voluntad, pues estos grupos que tienen, cada uno, su correspondiente cuota de poder, influencia y presión, no poseen la capacidad de albergar en su seno a la población.
Y este espacio es el que la propia sociedad y estructura del Estado le tiene reservado a los partidos políticos que no han podido fortalecerse y presentar una plataforma real de intermediación e interpretación de los problemas, salir en defensa de las mayorías, fiscalizar a funcionarios e instituciones, servir de contrapeso y freno al equipo político que Gobierna, y hacer una oposición constructiva para tonificar nuestra democracia.
Este espacio lo han tenido que venir ocupando los medios de comunicación, como fieles fiscalizadores, aunque algunos de ellos estén motivados por la búsqueda de la noticia que les venda mejor su medio; ellos, periódicos, radioperiódicos, tele noticiarios y revistas, han asumido la responsabilidad, de manera valiente, que el grupúsculo de políticos no han querido ocupar quizá por no levantar demasiadas olas o por aquello que "no hay que escupir para arriba".
¿CÓMO ES ESE DESCONOCIDO SER QUE VIVE EN SU INTERIOR? ¡Y QUE QUIERE EJERCER EL PODER PÚBLICO!
Empecemos con una pequeña reseña del ejercicio del poder.
No hay nada escrito ni regla general para este tema.
Lo que sí se requiere es una buena estrategia política para implementar, integrarse, coordinar, dirigir, planificar, rediseñar, controlar y ejecutar los pasos que por lógica debe de tener el poder público cuando llegamos a ocupar la Presidencia de la República.
Por supuesto que debemos estar basados en la Constitución y en la estructura legal y moral de nuestro país.
Así que mucho ojo y a tomar lecciones constitucionales y de los códigos legale para no meter mucho las patas cuando nos toque estar en el poder.
¡Ah que dicha!.
La estrategia a diseñar debe comprender los aspectos reales adentro de este rumbo, como lo son tener disponibles todos aquellos factores medibles del poder público y tratar de predecir los otros que nos son ni cuantificables, mucho menos tangibles o medibles.
El tamaño de nuestro territorio, la división política en estados, en departamentos o provincias, municipios, aldeas, caseríos y comunidades, el número de habitantes, de empadronados, de mujeres, hombres, niños, indígenas, ladinos, productos, masa monetaria, ingresos fiscales, déficit, préstamos, tasas de interés y en fin todo aquello que ya tiene un número que lo convierte en fácil de estudiar.
O relativamente fácil.
La parte realmente difícil y aguda del poder público y su ejercicio es la que no podemos ver, medir y ni siquiera por medio del análisis probabilístico o de manera estadística cuantificar.
La opinión pública es la clave en esta parte.
Y que mejor que servirnos de los medios de comunicación, escritos, radiales, televisivos y los no tradicionales, vallas, volantes, boletines, dibujos, caricaturas, hasta llegar a los más habituales, como lo son los chistes, los chismorreos y lo que se dice de boca en boca en las fiestas, reuniones y entre grupos de cuates y amigas.
Ahí está el secreto del ejercicio del poder.
Si somos capaces de interpretar la voluntad del soberano pueblo, por medio de sus múltiples manifestaciones, por las cuales no pagamos ni un centavo pues nos llegan por los diferentes medios de comunicación y de expresión popular, ya la hicimos.
Resulta ridículo que no nos tomemos la molestia de leer, oír o ver las noticias directamente, sin intermediarios, así como que nos hagamos los locos de los comentarios, editoriales, columnistas y personas que emiten opinión, pues ellos, en su conjunto están recibiendo señales de las personas gobernadas y lo único que hacen es transmitirlas, comentarlas, interpretarlas, analizarlas y recomendar las acciones a tomar.
Vea usted que Equipo tan tremendo tenemos para usarlo sin pagarles nada.
En bandeja de plata.
Y lo mejor que no nos ocultan nada.
Tratan al Presidente y a los funcionarios sin ninguna consideración, como sí la deben tener los subordinados, amigos y compañeros de aventura en hacer Gobierno con el Presidente de turno.
Así ¿cómo puede tener imparcialidad, hechos reales y la verdad el señor Presidente?.
Si hay aduladores, cantadores de poesía y personas que ensalzan al gobernante y que le impiden enfrentar la realidad nacional, el Presidente debe mantener todos los días los medios escritos para leerlos y enterarse, así como un su radio para oír los comentarios populares y una su televisión portátil para ver en vivo y a todo color la amarga realidad de la población que confió su vida, destino y familia cuando votaron por él y por el equipo de magia y ensueños que presentó en la Campaña Electoral.
Claro que hay que tener mucho cuidado con mal interpretar lo que se lee, oye y ve por los medios, pues, no hay que olvidarlo, existen intereses muy especiales que hacen que se contraten personas para llamar a las emisoras de radio y que escriben a los periódicos haciéndole la vida imposible a equis o ye persona, principalmente a altos dirigentes y gobernantes, con el único fin de crear una clima artificial de ingobernabilidad, de rechazo y repudio a ciertas políticas.
Aquí tiene que funcionar el sentido común de asesores y encargados de ver el panorama y decirle al señor Presidente qué es realmente lo que la opinión pública manifiesta y qué diablos son las sandeces que grupos interesados hacen publicar para su beneficio personal o de grupo en contra de la imagen, prestigio y gobernabilidad del Presidente y su Gobierno.
Pero, como ya lo dijimos, es muy fácil reconocer cuando no hay llamadas espontáneas a los medios y distinguirlas como un esfuerzo planificado para perjudicar la figura de las personalidades del Gobierno en desmedro de la propia estabilidad nacional.
Ahora sí pasemos a la parte interior de cada uno de los que pretendemos llegar a dirigir los destinos, vidas y productos de nuestro pueblo y ejercer el poder público y tenemos que abrir muy bien nuestra mente, espíritu y hasta la energía, pues no será cosa bonita con lo que nos enfrentaremos.
Si estamos dispuestos a jugárnosla para llegar al poder y ser los siguientes mandamases en el próximo Gobierno, es indispensable que conozcamos exactamente a quién llevamos adentro de nuestro cuerpo, nuestros límites, emociones, madurez, juventud y compostura social.
Es preciso no sólo conocernos íntimamente y aceptarnos tal cual somos, sino que tratar de integrarnos y cambiar todo aquello que nos puede perjudicar ante la opinión pública que es la que pone y quita a los políticos del pedestal en que queremos que nos tengan.
Le juro que usted cree que ya se conoce, que sabe todas las debilidades, secretos y sueños personales suyos.
La amarga y dura realidad es otra.
Usted tiene un desconocido ser que habita en las profundidades de su alma y ni siquiera se lo han presentado.
Que le parece si hacemos un recorrido por su interioridad y le sacamos el diablo, el ángel y hasta la caspa interna que lleva usted como producto de su entorno, educación, hábitos, costumbres y de la genética que heredó de sus ancestros y la variación, evolución y cambios que han hecho en su interior otros factores, intereses y golpes.
O mejor dicho ¿es usted capaz de reconocerse si mira en su interior de manera profunda y sin pudor?.
Si es terrible mirarnos muchas veces en el espejo, pues la imagen que vemos es una atroz, ya que las libras de más nos dan unos enormes cachetes o las de menos un aspecto cadavérico o de sidoso, imagínese entrar en nuestro interior y enfrentarnos con esa serie de elementos, sentimientos, pasiones, mentiras, aspavientos y demás pequeñeces que hemos acumulado por años, pero que son lo que realmente somos.
Ahí, en nuestro interior, está el verdadero ser que queremos poner a Gobernar nuestro país.
¿Votaría usted por un pícaro, desalmado, hipócrita, matón, estafador, mentiroso a rabiar y en fin por un miserable y ruin ser humano?
Sin ninguna duda que no lo haría.
Entonces ¿cree que la gente votaría por usted si se llegara a saber a quien realmente tiene en su interior?.
Para evitar este dilema y vivir sufriendo, es necesario que hagamos un viaje a nuestro interior y conozcamos todas nuestras limitaciones y debilidades para trabajar en ellas, corregirlas y salir adelante.
Si podemos determinar las partes positivas, que las tenemos, y las negativas, que también nos abundan, lograremos estar mejor preparados para tomar acciones y corregir las que se puedan y vivir sin dilemas con las que no se puedan.
¿No le parece lo mejor?.
La mayoría de las personas que participamos en la vida política es porque somos medio simpáticos, a pesar que esa simpatía y cariño que dicen algunos que tenemos sea producto de nuestro dinero, posición y prestigio que les servirá mucho más a estas aves de rapiña que se nos pegan o pegarán en el camino que a nosotros mismos.
Pero como cada día nos enfrentamos con diversas personas, tanto las de nuestro equipo como las de las comunidades a las que acudimos para decirles que estamos dispuestos a arriesgar nuestra vida por ellos, será muy fácil hacer un pequeño examen de conciencia con esas actitudes que vemos de ellos hacia nuestra persona.
Y siguiendo uno de los tantos consejos de Confucio cerremos nuestros ojos, ajustemos el cinturón de nuestro asiento, para no caernos de las sorpresas que nos aguardan en este viajecito interno, y recemos, oremos y pidamos ayuda al Creador, pues este gran pensador y filósofo chino nos deja advertido lo que tenemos que hacer al respecto.
"El hombre superior se observará a sí mismo cuando esté solo. Y procederá a examinar que no haya nada malo en su corazón, para que no haya causa de insatisfacción consigo mismo".
Esto no es otra cosa que tenemos que aprender a reconocer que en nosotros mismos descansa el afecto, cariño, apoyo y votos que nos tengan a bien otorgarnos los ciudadanos.
Ya lo dijimos, anteriormente, que es muy difícil votar por o tenerle alguna consideración a un maleante, bribón, prepotente, antipático, cobarde y ruin ser humano.
Pero esos elegantes atributos son una propiedad del carácter y personalidad de cada quién, sujetos, por eso mismo, a cambiarse, ocultarse muy bien y surgir como todo lo contrario para beneficio de nuestros futuros votantes.
El problema es que debemos sacar totalmente a la bestia y al diablo que llevamos adentro, pues si sólo lo adormecemos mientras dura la campaña política, al nada más llegar al poder público esa personalidad real espantosa que tenemos resurge con fuerza vengativa.
Y quien paga el pato no es otro que el aguantador y abusado pueblo de nuestro país.
Una persona segura de sí misma, que es el primer requisito de un verdadero y duradero líder y conductor nacional, debe tener una personalidad equilibrada y confianza.
¿Qué pensar de un divorciado o de aquel que tiene hijos fuera de matrimonio?.
¿O del que no ha tenido estabilidad laboral? ¿De un vicioso que depende del cigarrillo, del licor, de las drogas, del naipe, de las mujeres o de cualquier otra incontrolable manifestación de debilidad?.
Un ser humano excepcionalmente seguro, equilibrado y confiado en su personalidad está siempre controlado en sus pasiones y sentimientos.
Es decir que no grita desaforadamente cuando la tensión llega al máximo, ni tira cosas, revienta puertas, amenaza por doquier o saca la pistola para sentirse seguro de sí mismo.
¿Conoce usted a alguien que en un altercado entre conductores de vehículos para, se baja con su arma en la mano y dispuesto a quebrarle la madre al que se le enfrente?.
Ese no puede ser un buen líder.
Pero aquel que le mienta la madre a otro, que hace señales con los dedos y el puño, pero que rápido recupera el buen humor y el apetito, ese es alguien que puede trabajar en su conducta y sin llegar a ser un liderazo tiene madera de acompañante en el Gobierno.
El adecuado líder es aquel que demuestra confianza y credibilidad con las personas que lo buscan y solicitan y que reciben el apoyo personal de él.
Aquel que justifica su accionar no sirve para nada.
Aquel que pide disculpas antes que permiso, ese sí tiene futuro.
Pero aquel que visualiza las cosas y es capaz de diseñar, dirigir y persuadir a varios de acompañarlo en equis aventura, ese es el bueno, el seguro de sí mismo y el que va a estar dispuesto a tenderle las manos a sus acompañantes si hay resbalones o caídas no previstas.
La persona que se asusta con las multitudes, de más de diez personas, no digamos de cientos y miles de ellas, y que trata de tener todo bajo llave y control, fiscalizando a los demás, no es más que una caricatura de líder.
No sirve para nada, pues en su desconfianza demuestra su debilidad.
A nadie nos quitan lo que nos pertenece.
Los ladrones nos podrán quitar lo que tenemos pero debemos de asumir que únicamente servimos a un propósito que escapa a nuestra comprensión y pronto seremos resarcidos con creces de esa temporal ausencia de bienes materiales.
Los que no saben perder en lo simple, en un juego, en un compromiso, apuesta o meta, no podrán generar confianza en los débiles, en la masa humana y en las comunidades, que son precisamente nuestro objetivo ya que ellos son los que siguen ciegos al fuerte, al seguro de sí mismo y al que puede demostrar que pierde sin rencores y sin ataques, mucho menos justificando lo que no tiene justificación.
El que tiene capacidad para devolver limonada de los limones que le lancen, ese es el bueno.
Es decir, confiado en su capacidad, no responde al insulto con insultos ni con prepotencia, sino con ingenio explica las cosas de manera comprensible, dejando al otro o a los otros en entredicho.
Los que delegan las responsabilidades y están seguros de confiar en los demás, son los que obtienen los mejores resultados de la gente, pues tienen la capacidad de valorar a los que los rodean y les dan la confianza necesaria para hacer las cosas bien hechas.
Ahora bien, a pesar de saber delegar responsabilidades, hay personas que no pueden con esa delegación y ellos mismos se eliminan solos.
Y si las personas extrañas, que no saben que usted pretende ser el próximo gallo, lo miran, se ríen de su persona y hablan de lo que representa, y chismorrean, tenga por seguro que mejor habrá que dedicarse a la pesca y no a la política de grandes ligas.
Y si no le gusta preguntar, indagar o pedir instrucciones, y le salen bien las cosas y es felicitado constantemente por sus contribuciones, usted es el indicado.
Proclamarse líder no es cosa suya, ya que la propia gente que lo ha rodeado lo tiene que percibir y tratar como tal.
¿Así ha pasado con usted y la gente lo respeta porque su opinión normalmente es correcta?.
¡Que bien!.
Vamos con buen paso.
Hágame el favor de comunicarse conmigo y tómeme en cuenta porque, si es así su forma natural de ser, usted puede ser el próximo Presidente y que mejor que yo esté en su equipo.
¿No le parece que me debe por lo menos eso?.
Cuidado y no vaya a ser ingrato porque la ingratitud es la muestra de los pusilánimes y de los hipócritas que suelen esconder sus bestialidades en momentos de elecciones.
Si la idea de pasar una velada o jornada sólo, sin compañía, le provoca normalmente incomodidad, molestia y algún grado de pánico, ya empezamos mal. Pues si ni usted se aguanta, imagínese a los demás.
Ahora bien, si puede administrar su tiempo para gozar con algún pasatiempo o distracción cuando está solo, pero no pasa más allá de lo normal en esa pequeña diversión (normal es que no descuide su vida por el pasatiempo, pues entonces ya es un vicio, y eso sí es tremendamente malo para quien pretende liderar un movimiento o un país), eso significa que es capaz de compartir con su ser interno las cosas sin conflictos, penas, temores o pánicos.
Y por lo tanto si usted se acepta en la intimidad, los otros lo harán por igual.
Acostumbra irse a tumbar a su cama o sofá cuando está de bajón, con problemas o medianas dificultades y se duerme, entonces usted evade, se esconde y oculta de la vida.
Y eso no está bien.
Pero si en situaciones difíciles o de aburrimiento usted es capaz de estar tumbado en la cama, en el sofá o en cualquier lugar, y logra meditar, imaginar y analizar la situación, su ser interno le dará la luz para la solución adecuada.
Si empieza a llamar a sus amigos, conocidos o familia por teléfono, sin ninguna razón sólo porque no hay mejor cosa que hacer, es una excelente manera de relaciones públicas, pero como no tiene sentido cuando lo hizo, el problema es que el vacío que usted sentirá le indicará que no se siente muy bien sólo y necesita oír la voz de sus conocidos.
Esto no está del todo mal.
El problema es que esas llamada sean sin ninguna razón y constantes y febriles.
¿Cómo darnos cuenta de ese momento?.
Cuando las personas a quienes intentamos hablarles se nos nieguen, nos traten de despedir rápido y nos contesten en tono no tan amigable.
Eso sólo nos indicará que los aburrimos y hasta los tenemos hastiados de nuestra insistencia.
Si reniega mucho de su trabajo, actividad o de su ocupación, es bueno que empiece a buscar otra cosa, pues rápido viene lo serio y no hay peor cosa que estar haciendo algo que nos disgusta.
Pero si disfruta, goza y así luce en su trabajo, actividad o en las ocupaciones diarias, usted está plenamente satisfecho con su potencialidad productiva, y usted está muy cómodo consigo mismo.
Felicitaciones.
Es bueno que tratemos de pasar un rato con nosotros mismos a solas, divagar la mente y dirigirla es el mejor modo de encontrar respuestas a la vida.
Claro que pasar mucho tiempo adentro de nuestro ser, es parecido al escape de las drogas, todos los extremos son malos; el único que no es malo es el de no fumar.
Aunque debe haber otros.
Si es normal verlo a usted compartiendo y hablando con extraños, y piensa que las cualidades de la mayoría de las personas son más que los defectos que pudieran tener, y usted disfruta compartiendo sus ideas, pensamientos, experiencias, escritos y otras posesiones con los demás; no hay duda al respecto.
Es usted relativamente dueño de su temperamento y por lo general se mantiene feliz, contento y nunca a la defensiva de los demás.
Pero si cree que cuando las personas en una reunión murmuran entre sí lo hacen porque hablan de usted, y acepta con frecuencia que hay pocas esperanzas de solución a la vida en general, o busca corregir a los niños de una manera estricta y muy disciplinada, y que aquellos días de su niñez fueron los más alegres, tampoco hay dudas.
Se hace indispensable ponerse en manos de un buen terapeuta en la conducta humana.
Las crisis a nuestro derredor nos permiten conocer de primera mano nuestra amarga o dulce realidad.
Como seres humanos que somos, sujetos a los vaivenes de la sociedad, costumbres, herencia y genética que nos controla casi todo, con las crisis, dificultades, conflictos y apuros, nos templamos en nuestro carácter y normalmente actuamos de acuerdo a nuestras limitaciones internas.
Es decir que ahí, en los momentos de mayor tensión, podemos ser calificados íntegramente y salir de dudas con respecto al valor, a la ecuanimidad, a la confianza y al grado de liderazgo que realmente tenemos.
Los que se asustan, desconfían y la curiosidad es lo que los mueve en las dificultades, deben ajustar su emotividad y trabajar duro para enfrentarse a la vida con decisión.
Los que se asustan, porque es normal estar temerosos ante los conflictos, pero no corren a esconderse o a ponerse bajo el resguardo de alguien más, y se enfrentan con algún grado de valor, van por buen camino.
Ahora el que se asusta, pero asume el control y dicta rápido acciones a tomar, tratando de infundir valor a los que lo rodean, ese es el verdadero líder.
¿En dónde está usted?.
¿Se siente cómodo consigo mismo?.
Y pasando a otra cosa, importante y casi vital en la vida de un político, y no digamos en la del Gobernante, tenemos que vernos en el centro de un gran problema o serie de problemas.
Todos nosotros, en el transcurso de nuestras actividades diarias, nos hemos enfrentado con problemas, algunos más serios que otros.
Y si hacemos un pequeño análisis de esas situaciones y tratamos de recordar, lo más exactamente posible, cómo las manejamos y la manera en que salimos o nos metimos en más problemas, eso nos ayudará a ver qué fue lo equivocado o correcto que hicimos.
Las crisis, dificultades y conflictos son y ocupan la mayor parte de la vida de un político.
¿Qué tan bien se ha comportado usted con las crisis?.
¿Qué tan bien cree que se puede comportar con las crisis nacionales, de gobernabilidad y las sociales de su país si usted llegara a ocupar la Primera Magistratura?.
¿Será posible que usted no sea más que un ratón y un timorato más e incapaz de enfrentar crisis?.
Como seres humanos tenemos a nuestra disposición cinco sentidos.
De todos es conocido el gusto, tacto, vista, olfato y audición, como parte de nuestro desenvolvimiento, comunicación y desarrollo interhumano.
Pero no hay que dejar de mencionar que además las personas, por tener una mente despierta y atenta a todo lo que ocurre a nuestro derredor, también contamos con cualidades que algunos han llamado sentidos de la mente, que nos permiten interactuar de otra manera entre nosotros mismos.
El sentido común, la memoria, la reflexión, la imaginación, la creatividad y el ensueño, son aptitudes y sentidos que conforman nuestro ser interno y que siempre, queramos o no, están a nuestra disposición.
Por supuesto que como todo lo que poseemos en nuestro cuerpo, mente y sentimientos deben estar sujetos a la práctica, pues algo que no practicamos o no usamos pierde agilidad, y por eso la destreza y habilidades se minimizan hasta atrofiarse por completo cuando no las usamos o no las ejercitamos como deberíamos.
También tenemos otros sentidos, más como atributos del sentimiento y la conciencia, que capacidades.
Y adentro de estas manifestaciones del sentimiento están las dualidades, tan peligrosas, como lo son las parejas que en una misma línea van de un polo al otro.
Polos que hemos dado en llamar, a sus extremos, positivos y negativos.
Las polaridades amor-odio, valentía-cobardía, honradez-inmoralidad, bondad-maldad, servicio-indiferencia, y una larga lista de parejas, conforman nuestro carácter y moldean la personalidad que exhibimos públicamente.
Si logramos integrar estas tres partes, las del cuerpo, de la mente y la de los sentimientos, será cosa sencilla enfrentar los grandes retos, las crisis y los dilemas nacionales.
Pero si dejamos que nuestras acciones se vayan más del lado negativo de nuestros sentimientos, nos será sumamente difícil superar el terror, la inmoralidad, la maldad y la indiferencia.
Y eso nos impedirá actuar con la soltura de un verdadero líder, estadista y gran conductor de la nación.
La astucia, más como sutileza que como picardía, y encaminada hacia el uso inteligente de los errores y horrores de los demás para nuestra causa, debemos enmarcarla adentro de la simpatía y audacia, pero sin llegar a la imprudencia y mucho menos a la chabacanería o vulgaridad.
Y, si las personas que nos rodean nos dan muestras, por medio de sus sentimientos y no por sus sentidos físicos, y realmente sentimos nosotros que hay gran comodidad, poca hipocresía y mucha confianza hacia nosotros, entonces podemos estar seguros que ellos, los que nos buscan sinceramente y que bromean con y ante nosotros, lo hacen porque se sienten cómodos con nuestra manera de tratarlos.
Y ese es el único indicativo para asegurar que de verdad vivimos y estamos cómodos con nosotros mismos.
Es difícil, y debe ser tremendamente decepcionante, comprobar que nos buscan y nos rodean únicamente por ver que nos sacan, por hipocresía y por el puro interés del momento.
Ese ser interno que todos llevamos adentro, y que normalmente hemos tratado de mantener lo más alejado posible de nuestros amigos, familiares y no digamos de la opinión pública, es realmente lo que somos y lo que nos moldea y que hace que actuemos como lo hacemos en un momento de crisis, de problemas y enfrentados a las dificultades intempestivas.
Por mantener oculto y separado de nuestra vida pública a nuestro ser interno, hemos colocado una gruesa capa, si fuera posible de hierro o de concreto, para formar con ella una especie de armadura o coraza que nos mantiene, según la estupidez del ser humano, protegidos de nuestras debilidades.
Pero olvidamos que en los sentimientos está la verdadera fortaleza, desarrollo y vitalidad de nuestro ser, ya que la comunicación interpersonal sólo se consigue por medio de los sentimientos mutuos de respeto, simpatía y confianza entre seres humanos.
Claro que la comunicación interpersonal puede ser hacia la aceptación, el rechazo o una combinación hipócrita entre esos extremos.
¿No hemos oído decir "lo trago pero no lo mastico"? Queriendo expresar que más por educación o por algún interés hacemos el esfuerzo por estar con equis o ye persona, pero que si realmente tuviéramos la libertad de elegir, de seguro lo rechazaríamos.
Y entonces por eso es que vemos a la mayoría de paisanos, que han escondido sus sensibilidades, actuando más parecidos a unos robots que a seres humanos, y a otros que regaladotes en sus efusiones, sólo chillando se mantienen pues andan con sus sentimientos en las manos y a flor de piel.
Los sentimientos los debemos de llevar muy bien, con mucho orgullo y sin estarnos cuidando que nos lastimen, pero en donde corresponde que estén.
Y su lugar no es otro que en el corazón.
Las manifestaciones de la mente no las podemos tener en otro lugar más que adentro de nuestra mente, nuestro cerebro e inteligencia.
Ese es su lugar.
Pero si andamos de regaladotes y con las cosas fuera de su lugar, seremos presa fácil del fracaso en las crisis, ante la ciudadanía y de frente a la terrible opinión pública que no perdona a los pusilánimes, a los vulgares y a los poco inteligentes.
El otro gran enemigo del ser humano, pero principalmente del político que pretende llegar a tener lo más rápido posible la miel del poder en sus manos, no es otra cosa que el complejo de inferioridad.
¿Cómo podemos saber si sufrimos de este perverso mal?.
Una manifestación muy fácil de interpretar, en este sentido, es el sentimiento que se nos despierta cuando conocemos personas nuevas, experiencias y cosas.
Si nos da una especie de turbación, miedo o ansiedad al estar en presencia de personas que no conocemos, o simplemente nos perturbamos y alteramos ante nuevas experiencias, normales por supuesto y nada del otro mundo, y ante cosas, eso sólo significa que tenemos que controlarnos más y fijarnos que estamos a punto de manifestar lo que manifiestan las personas afectadas por el complejo de inferioridad.
Otra cosa que es fácil también de corroborar es hacer una introspección para analizarnos muy bien, en el sentido de revisar si hemos sido sujeto de frecuentes fracasos y fiascos.
Frecuentes podemos dejarlo en un número de repeticiones que representan más de lo normal de ocasiones al compararnos con otras personas en igualdad de condiciones.
Sin confundirnos con las experiencias frustrantes que se dan en los procesos de instrucción, o cuando metemos las patas cuando estamos aprendiendo un oficio, arte o ciencia.
Pero si la cosa es y va más allá de lo normal (y normal puede ser la media que se da con otros compañeros metidos en la misma actividad), hay que buscar ayuda lo más rápido posible.
El que bromea, fastidia y molesta a los demás, si no tiene capacidad de aguantar la jodarria, bromas y asedio que le hacen, no sólo sufrirá mucho sino que está demostrando su complejo terrible de inferioridad.
Y si andamos siempre presumiendo de esto y de aquello, y nos lucimos públicamente que somos amigos entrañables de fulanito y menganito, normalmente esos mencionados son muy importantes, y que sin nosotros nadie puede vivir ni arreglárselas, ya salió de nuevo el acomplejado.
Pero para terminar con este pequeño examen de conciencia y determinar el tamaño de nuestros complejos, bastará con contestarnos, lo más honradamente posible, a lo siguiente:
Y de verdad, para concluir este subtítulo, sólo hagamos un pequeño repaso por nuestra libertad, independencia y sentido del humor, así como por las consideraciones, en estos mismos temas, que tenemos de nuestros amigos, compañeros y público en general, es decir los votantes y sus familiares que influyen en el que vota.
La persuasión y el arte del convencimiento son las armas del líder.
Y la discusión o discutir, rivalizar y oponerse, sin la aceptación de las cosas buenas que los otros tengan y establecer líneas de separación en vez de unidad, son las armas del acomplejado y del embaucador.
Las consultas, los consejos y las guías de otros con más experiencia que la nuestra, que nos tienen aprecio y que siempre nos lo han manifestado, y que las recibimos para saber tomar decisiones en las cosas que nos enfrentamos, nos permiten pararnos equilibradamente con nuestra propia percepción.
Esta actitud es la única muestra de independencia y libertad que todo verdadero líder y político decente debe lucir.
Y el libertinaje, no es otra cosa que creyendo hacer uso de nuestra independencia y confundida libertad, nos sintamos el gallo del corral y, por el complejo y el ego crecido, nos vayamos de boca a la primera finta sin pedir consejo o desoyendo lo que aquellos que nos aprecian nos dan.
Estar en armonía con amigos, cuates del alma y compañeros, no digamos con la familia y seres queridos, es muestra de un buen equilibrio.
¿ACASO ES USTED COMO EL ALKA SELTZER?, ¡EFERVESCENTE!
Y así, como esa pastilla blanca que, al contacto con el agua, o la humedad, empieza a hervir y a borbollar, somos algunos que no aguantamos la crítica, la jodarria, las bromas o sencillamente que se metan con nosotros.
En política, y en el camino hacia la Presidencia de la República, es un pecado mortal perder la compostura y encenderse o ponerse a hervir con algo que nos llegue al alma.
El ciudadano o la ciudadana que no haya podido amarrar y mantener escondido a su diablo interno por medio de la comprensión de los demás, está condenado a ser señalado de irascible e inaguantable.
Y con tales locos lo que hay que hacer es alejarse a toda máquina y no tomarlos en cuenta en nuestras actividades.
Claro y por supuesto que todos somos y estamos sujetos a mejorar y a superar esas condiciones de exasperación que llegan al límite permisible con las personas públicas y líderes políticos.
El grado que tengamos de madurez mental, física y emocional, unidas esas tres condicionantes de y en nuestra personalidad política, es sumamente importante para desenvolvernos en el ambiente tenso y terrible de la política criolla; ya que al menor descuido que otros vean en nosotros, y no importa si del mismo bando, partido o grupo y hasta equipo, tirarán a matar y buscarán desacreditarnos en nuestras posiciones.
Para calmar nuestra calenturienta energía y dejar de ser efervescentes, agitados y exaltados, como en muchas ocasiones hemos lucido ante propios y extraños, es necesario revisar internamente algunas actitudes que hemos tenido y la reacción que ha provocado eso en nosotros para aprender de estas interioridades, así como de lo que hemos visto hacer a otros en igualdad de condiciones.
Cuando se nos critica, se burlan de nosotros y nos llaman la atención, no debemos sentirnos lastimados profundamente, pues eso hará que reaccionemos en cadena y explotemos intentando hasta matar al desgraciado ese que se atrevió con nosotros.
NO.
Al contrario, nos guste o no, por lo único que deberemos luchar, hacer y mantener es por una actitud abierta.
¡Absolutamente A B I E R T A!
Y que no se nos olvide por nada del mundo.
Así que: las críticas ¡bienvenidas!.
Las burlas tomémoslas como parte del aprendizaje y de consejos gratis de los demás.
Y las llamadas de atención las debemos de internalizar.
Todo eso, las críticas, burlas y llamadas de atención tienen una causa, busquémosla y que esa sea nuestra primera reacción.
Tratemos, y esforcémonos en ello lo más que podamos, de buscar en la tranquilidad de nuestra intimidad tal respuesta.
Si logramos dar con la motivación de esas actitudes que sentimos, aturdidos y en nuestra locura por lo que alguien osó decirnos, como parte de un gran complot en contra nuestra, ya logramos dos cosas. Una, no perder los estribos como acostumbrábamos, y dos, que estamos haciendo limonada con los limones que nos tiraron.
Vea usted que importante es ponerle atención más a las burlas, críticas, chistes y llamadas de atención que a los piropos, lisonjas y halagos, pues adentro de lo que creemos, torpes de nosotros, como ataques producto de la envidia, lo que realmente está es la verdad de nuestro errático proceder.
Posiblemente hemos sido nosotros mismos, con actitudes intolerantes, abusivas, de mal carácter o por nuestros sentimientos y emociones mal controladas, los que hemos dado pie a tales críticas y señalamientos.
¡Cómo nos vamos a molestar o a ponernos como la gran flauta si nos vieron borrachos y orinando en las calles y nos lo dicen, se burlan y nos sacan chistes y bromas pesadas!.
La gran mayoría de las críticas, burlas, chistes, chismorreos, bolas, lengüetazos, mala fama y llamadas de atención que otros nos hacen el gran favor de hacernos, ¡sí señor gran favor nos hacen!, son merecidas, justas y expresan la opinión de cómo nos ven los otros realmente y no cómo nos disfrazan esos mismos defectos o acciones nuestros amigos, parientes y corte de lambiscones, que en política eso es lo que pierde o hace perder la dimensión a los líderes, esa recua de "incondicionales" que, por no perder su influencia, ninguno se atreve a hablarle claro al líder para no ser el portador de "malas noticias" y quedar, según el tontuelo, como ave de mal agüero.
Ahora bien, y pongámosle mucha atención a esto por favor, una cosa que en política, como en las finanzas y en el amor, habrá que desechar, lo antes posible, es la superstición.
Que si nos levantamos con el pie equivocado, nos lleva la gran diabla en equis o ye cosa.
Que si botamos sal o rompemos un espejo o nos pasa un gato negro enfrente, ya nos cargo la grandiosísima gran..., usted ya sabe a quien le echamos la culpa y a quien nos referimos.
Pero nada de eso tiene que ver con lo mal o bien que nos vayan las situaciones.
Vea usted qué cosa más grande tenemos que si Dios hace que la lluvia y el Sol caigan sobre buenos y malos ¿qué supuesto poder maligno, terrorífico y febril pueda haber en las supersticiones?.
¿No cree acaso usted en Dios?.
Entonces porque darle poder y credibilidad a una cosa inferior al TODO que es Dios.
Claro y por supuesto que si le ponemos el suficiente coco o atención al gato mugriento, o a la consecuencia de pasar bajo una escalera o de haber puesto el pie en la raya del piso y a que todo eso nos traerá alguna mala consecuencia, y nos ponemos nerviosos y nos dejamos impresionar negativamente, por el mismo poder emocional que tenemos internamente, algo nos va a salir mal y equivocado.
Pero nada tiene que ver esa serie de supersticiones, hechicerías y fetichismo en nuestra buena suerte o mala pata.
Buena suerte se le desea al que compra números de lotería ¡y punto!.
A un político, y en este particular caso al Señor Presidente, lo que lo guiará, para bien o para mal, sólo será su reputación, simpatía, inteligencia y habilidades emocionales que ponga al servicio de los seres humanos que componen la nación.
¡Qué calamidad que las cosas funcionaran de buena o de mala suerte para los políticos!. Nosotros, los que nos dedicamos a hacer y vivir de y para la política, lo que tenemos son oportunidades y debemos aprender a reconocerlas y a verlas en donde los otros, principalmente los opositores nuestros, no las ven.
Así que nada de desearnos, a los políticos o, lo peor, entre los políticos, buena suerte en nuestras actividades.
Es nuestra capacidad y la seguridad con la que salgamos a emprender nuestras diligencias lo que nos dará el éxito, triunfo y satisfacciones, y no algo afuera de nosotros.
Echarle la culpa a otros, afuera de nosotros, y no a quien verdaderamente la tiene o pueda tener, que muy bien pudiéramos ser nosotros mismos, no demuestra más que un grado de inmadurez de gran tamaño.
La madurez se manifiesta en nosotros, y es notada por los que nos rodean, si sabemos exactamente qué queremos, dónde nos vemos en unos años y qué tendremos en ese futuro que podemos imaginar.
Ya que eso denota seguridad en nuestra capacidad y en la fuerza familiar que nuestra pareja, hijos y demás parentela nos han proporcionado, la que, junto a la adquirida en la vida por las experiencias propias y ajenas, el calor de los amigos y de enemigos, de la sociedad y de cuanto nos ha rodeado y hayamos sido capaces de interpretar, todo eso nos ha dado una coraza de seguridad, capacidad y sobre todo auto estima y una auto imagen apropiada para enfrentarnos a cualquier cosa que se nos presente por delante.
Así sea el mismísimo demonio en persona.
Ser, y mantenernos agradables para los que nos rodean, es lo más importante y el freno más fuerte que tendremos a la hora de las subidas de carácter y sobre todo ante las irritaciones que normalmente hacen que perdamos o podamos perder el control de nuestros actos.
Pero la simpatía, y ser agradables, no es cosa de andarse forzando ni de andar con la mueca de una sonrisa en la boca, pues eso denota, aparte de otra razón más para que se burlen de nosotros, un acto de irrespeto hacia nosotros mismos.
Esos famosos sabelotodo, o los que en la menor oportunidad nos recuerdan que ellos tuvieron esto, aquello y cualquier cosa, o los que conocen a medio mundo, esas personas de agradables o simpáticos no tienen ni rosca.
Ese sentimiento que hemos sentido cuando estamos en la presencia de uno de ellos, es lo que debemos evitar que se sienta por nosotros.
Entonces evitemos, a como de lugar, comportarnos como se comportan los necios, los escandalosos y los fanfarrones.
Para mantenernos agradables a los demás y que se nos busque o invite a reuniones, debemos estar seguros de no caer en interrupciones cuando otros hablan, criticar las cosas, burlarnos en exceso de nuestros acompañantes, presumir de lo que hacemos y tenemos, mencionar amigos y parientes poderosos y/o famosos, menospreciar las actividades o actitudes de los otros, o bien cualquier otra sandez de las que hemos visto que hacen los antipáticos, insoportables, fastidiosos, aburridos, pesados y odiosos cuates o cuatas que se pasan de la raya en las reuniones y que nos caen como patada en los..., ya sabe usted dónde.
La persona que se preocupa de manera exagerada por sus emociones, sentimientos y actitudes es una que vive atada a la rueda de su ser interno, y este tipo de seres humanos son conocidos como introvertidos.
Aquellos otros que nada les preocupa y que le gusta la acción y el mundo en general, son señalados de ser extrovertidos.
Y hay algunos que se ubican en uno y en otro bando, es decir son introvertidos y llegan a ser extrovertidos, son mejor con