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Actualidad y pertinencia del enfoque personológico del estilo de vida

Enviado por imayo58



  1. Fundamentos epistemológicos del estudio personológico del estilo de vida
  2. La comprensión personológica del estilo de vida. Referentes para su estudio
  3. Aplicaciones prácticas. Resultados y perspectivas
  4. Algunas reflexiones teóricas sobre el estudio del estilo de vida en pacientes hipertensos
  5. Referencias Bibliográficas
INTRODUCCION

La Psicología, interesada en el estudio del sujeto individual de modo holístico, ha utilizado frecuentemente el término estilo, (Sánchez, J. Sánchez, M P., 1994) precisamente porque hace alusión a lo típicamente individual. Así en la psicología cognitiva se ha utilizado para estudiar el pensamiento (estilo de pensamiento), el aprendizaje (estilo de aprendizaje). La psicología social se ha apoyado en el mismo para el estudio del liderazgo y la dirección (estilo de liderazgo y estilo de dirección). Por su parte la psicología de la salud lo ha utilizado para estudiar el afrontamiento al estrés (estilo de afrontamiento).

Desde finales de la década del 70 y hasta principios de la actual, el estilo de vida se ha estudiado profusamente desde diversos ángulos. Se estudió el estilo de vida en relación con la orientación profesional (Cramer, S., 1987; Zunker, 1987; Brouw, D., 1987 y Tweed, W. y otros, 1979), con el género femenino (Tamgri, S. y Jenkis, S., 1987; Burnley, C 1979; Rodenstsinn, J. y Glickauf-Hughes, C 1977; Willis, F., 1976), así como el estilo de vida familiar (Hunt, J. y Hunt, L., 1987; Mink, I. y Nihira, K., 1986).

Donochew, L. y otros (1987) clasificaron los estilos de vida de acuerdo con el uso de los medios masivos de información. Castro Felipe G. y otros (1987) compararon el estilo de vida en drogadictos. Rosow, J. (1978) estudió el cambio de las actitudes hacia el trabajo en relación con el estilo de vida. Por su parte Barrison, B. (1987) propuso algunas variables para el estudio del estilo de vida de los hispanos en Estados Unidos.

Se han desarrollado inventarios para el estudio del estilo de vida (Cooks, Robert y otros, 1987; Streppa Wheeler, M y otros, 1991). También se ha escrito manuales para la modificación del estilo de vida a través de vías formales (Alklen, V y Hetherington, M, 1979; Dell. , 1978).

Pensamos que la categoría estilo de vida puede ser concebida con carácter transdiciplinario, holístico, promoviendo una visión compleja de las relaciones del sujeto con su contexto de actuación. Ello tiene un valor heurístico y metodológico ya que permite el planteamiento de nuevos problemas investigativos y prácticos así como ola reconsideración de otros desde una nueva perspectiva.

En la presente comunicación sometemos a consideración los resultados alcanzados en el estudio personológico del estilo de vida, entendido como la expresión holística y configuracional de la personalidad en el comportamiento complejo. Hemos venido investigando la misma desde hace algún tiempo (Gutiérrez Álvarez, A. K., 1993; Mayo Parra, I. y Gutiérrez Álvarez, 2000; 200a; Mayo Parra, I., 1999; 2000 y 2004 a)

Para ello presentamos los fundamentos epistemológicos de los cuales partimos así como los referentes desde los que hemos caracterizado esta categoría; incluimos finalmente algunos resultados alcanzados en su estudio aplicado en la educación y la salud, como evidencia de la actualidad de su investigación y su valor práctic

1. Fundamentos epistemológicos del estudio personológico del estilo de vida

En las condiciones actuales, la Ciencia Psicológica en Cuba está llamada a elevar su aporte en la solución de problemas en sus diversos campos de aplicación. Ello supone --entre otras cosas-- un mayor nivel de interacción entre la teoría general de la personalidad y las diferentes esferas de la Psicología Aplicada. Al respecto Fernando González (1989) ha escrito:

"El desarrollo de una teoría general de la personalidad, obligada por los planteamientos de las distintas esferas de la investigación aplicada... exige nuevas categorías y nuevos niveles cualitativos de explicación de otras ya existentes..." (pp. 153 y 154).

Una exigencia del estudio de la personalidad como sistema superior de regulación psíquica, lo constituye el estudio sistémico e integral de sus relaciones con el medio. La Psicología de la Personalidad precisa la búsqueda del sistema de categorías que refleje estas relaciones sistémicas y que al mismo tiempo, permita una salida práctica a las diferentes esferas de la Psicología Aplicada. Ello no sólo responde a la lógica interna del desarrollo de la ciencia, sino que es también una exigencia social.

Estudiar al sujeto individual en Psicología fue un problema que desde su inicio polarizó las diferentes escuelas en posiciones diametralmente opuestas: o se partía de centrar el estudio en formaciones energéticas, independientes con relación al medio externo y que según ellos dominan el comportamiento humano; o se partía de la hiperbolización de la conducta como unidad de análisis psicológico, donde se niega de modo absoluto la subjetividad (conductismo).

Los intentos de solucionar el abismo teórico entre ambas posiciones sólo conllevaron a la funcionalización de lo psíquico presentándolo en una inadecuada relación con el medio.

Con el desarrollo del conocimiento psicológico se introduce el enfoque de la personalidad en la investigación debido a la necesidad del estudio de las formas superiores de regulación e integración funcional y estructural de lo psíquico.

El enfoque personológico parte de un replanteamiento de la relación de lo interno y lo externo. Con este enfoque queda en un primer plano el estudio de la personalidad dinámica y reguladora de las relaciones con el medio. Enfatizando en su papel como mediatizadora y a la vez transformadora de las influencias externas.

En la realización de este enfoque mantienen actualidad problemas metodológicos tales como el relacionado con la unidad de lo cognitivo y lo afectivo; la relación entre lo consciente y lo inconsciente, entre otros. Existe consenso entre los estudiosos de la personalidad en cuanto a su carácter holístico; sin embargo, asumirlo consecuentemente presupone la determinación de sus relaciones con el medio en su expresión holística también, o sea revelar el contenido psicológico de estas relaciones y su dinámica funcional.

Estas consideraciones sugieren, como una exigencia metodológica, el estudio de las regularidades de la expresión de la subjetividad en el comportamiento, así como la dialéctica de "lo que soy" (lo que el sujeto llega a hacer de sí mismo) y "lo que me sucede" (circunstancias e interrelaciones en que se ve envuelto). Es aquí donde el estilo de vida puede jugar una función heurística relevante.

Un enfoque personológico sobre el estilo de vida tiene importancia esencial para la Psicología en el momento actual. Desde el punto de vista teórico contribuiría a la integración, sistematización y generalización del enorme cúmulo de datos empíricos existentes sobre unidades parciales del comportamiento utilizadas en diversas esferas de la psicología. Esto permitiría también una representación más integral sobre las relaciones individuo-sociedad.

2. La comprensión personológica del estilo de vida. Referentes para su estudio.

En un nivel integrativo superior centrado en la totalidad, el estilo de vida debe trascender el nivel factorialista que enfatiza en los comportamientos parciales y aislados, de este modo desde la comprensión personológica, para nosotros el estilo de vida se define como la expresión externa de las cualidades del sujeto individual, integrado por constituyentes estructurales externos e indicadores funcionales de la personalidad, que en su configuración, constituyen la expresión psicológica, subjetivamente determinada del modo de vida del individuo.

Para una mejor compresión de nuestra propuesta, resulta necesario caracterizar el estilo de vida desde al menos tres referentes: su relación con el modo de vida, su relación con el sujeto y sus constituyentes personológicos, aspectos que presentamos a continuación.

El estilo de vida y su relación con el modo de vida.

Este aspecto señala el enfoque que los diferentes autores dan a la relación del estilo de vida con el modo de vida. Observándose aquí dos tendencias fundamentales. La primera establece una distinción entre modo y estilo, donde este último se subordina al primero y es un subsistema de él. Coincidimos con ella. La segunda es la que desde la categoría modo de vida estudia aspectos propios del estilo de vida relacionados con su determinación subjetiva y el papel de lo psicológico (Predvechnni y Sherkovin, 1986; O. Shorojova, 1987 B. F. Lomov, 1989). Los intentos de determinar el aspecto psicológico del modo de vida señalan elementos de valor, no obstante metodológicamente es difícil estudiar el aspecto psicológico de la personalidad y el sujeto de sus relaciones sociales desde la categoría modo de vida.

El modo de vida debe ser enfocado al menos en dos niveles de análisis. En el nivel general, donde el hombre genérico es sujeto del modo de vida, y en tal sentido es objeto de estudio de la sociología y la filosofía; y el nivel particular, donde el individuo es sujeto, no del modo de vida en general, sino de su estilo de vida, como componente subjetivamente determinado del modo de vida.

En el ámbito individual, las relaciones del modo de vida y el estilo de vida se dan a través de las condiciones de vida. El análisis de las condiciones de vida permite comprender como el modo de vida influye sobre los individuos de modo heterogéneo. La determinación social del individuo difiere de un sujeto a otro. Para cada sujeto concreto se configuran determinantes sociales muy específicos. Esto puede apreciarse en los diferentes niveles de acción de las condiciones de vida.

Existe un nivel en que las condiciones de vida están dadas por el tiempo histórico y el escenario natural, social, cultural, económico y político en que se desarrolla el individuo. Son precisamente estas condiciones las mas estudiadas, pero no las únicas.

En otro nivel encontramos condiciones de vida, determinadas por las primeras, pero con acción propia, de carácter inmediatos, mas ligadas a los subjetivo y menos consideradas por los estudiosos de esta categoría. Nos referimos a aquellas que tienen que ver con la dinámica familiar, la posición entre los hermanos, (hijo único, mayor, menor, etc.), la constitución biológica (genotipo y fenotipo). Ambos niveles tienen un denominador común: son condiciones de vida dadas al sujeto. No son ni elegidas ni construidas por él, actuando como determinantes objetivos de la formación de su personalidad y su estilo de vida.

Sin embargo, también encontramos un nivel en que las condiciones de vida son el resultado del activismo del sujeto, del carácter activo de su personalidad, de su autodeterminación y elección individual, que el individuo las alcanza a partir de su desempeño social, es decir que no son condiciones de vidas dadas, sino creadas, pero que también se constituyen en determinantes externos al sujeto resultantes de su estilo de vida.

Con este enfoque de las condiciones de vida es posible comprender el carácter de "subsistema funcional dinámico" del estilo de vida en la relación sujeto-modo de vida, así como acercar la categoría condiciones de vida a la psicología, destacando la significación que esta adquiere en sus diferentes niveles de análisis en relación con el sujeto.

Es en este plano en que se encuentra el contenido genuinamente psicológico del modo de vida. Es en este nivel donde el análisis de la expresión en el estilo de vida de los constituyentes funcionales y dinámicos de la personalidad es de importancia metodológica.

El estilo de vida y su relación con el sujeto.

La relación sujeto-estilo de vida, o sea el lugar que se le asigna al estilo de vida en relación con el sujeto constituye una problemática observada en la literatura sobre el tema. Aquí se manifiestan dos tendencias fundamentales. La primera asume el estilo de vida como una cualidad subjetiva, de existencia interna en el sujeto (A. Adler, 1948; G. W Allport, 1965).

La segunda tendencia, al no reconocer la especificidad del estilo de vida identificándolo con el modo de vida, lo concibe como una manifestación externa del sujeto individual, (Sherkovin y Predvecnni, 1987; B. F. Lomov, 1989; O. Shorojova, 1987; J. Potrony, 1989; R. Pérez Lovelle, 1989). Es característico de estos autores que sus elaboraciones teórica tengan carácter general, sin una salida a la investigación aplicada operacionalizando dicha categoría.

En los últimos años se han venido publicando interesantes ideas sobre la especificidad psicológica de la categoría sujeto (F. González, 1995, 1997; H. Arias, 1993; 1994; 1997, 1998). Se ha trabajado en una diferenciación del sujeto y la personalidad, en los atributos funcionales de cada uno, así como en sus relaciones. Luego de una diferenciación entre las cualidades del sujeto y de la personalidad, así como la formulación de los componentes del sujeto, H Arias (1998, p. 26 y 40) diferencia los aportes de cada una de estas instancias en sus interacciones con la realidad.

El análisis de la relación sujeto-personalidad-estilo de vida constituye una alternativa pertinente en la caracterización psicológica del estilo de vida. Siendo el sujeto el individuo concreto, al hablar de él no sólo se hace referencia a su mundo interno, sino también al sistema de relaciones en que se objetiviza su subjetividad.

Nosotros asumimos que el sujeto individual existe en dos dimensiones: interna y externa. Las mismas se relacionan dialécticamente como dos partes de un todo. La personalidad constituye un componente de la subjetividad interna, mientras que el estilo de vida es la subjetividad objetivada, o sea la expresión comportamental externa de la personalidad del sujeto. Todo comportamiento es una función del sujeto, sin que necesariamente en él participe y se exprese la personalidad. Aquel comportamiento nuevo, eventual, no forma parte del estilo de vida y no es expresión de la personalidad, aunque sí del sujeto. En cambio, lo que en el individuo es típico, recurrente e identitario, es decir, forma parte de su estilo de vida, es una función que el sujeto ejerce a través de su personalidad. El estilo de vida expresa el modo en que se objetiviza el activismo del sujeto en relación con la sociedad y la construcción de su vida.

Los constituyentes del estilo de vida

Este aspecto da cuenta del nivel de profundización alcanzado con respecto a la naturaleza interna del estilo de vida, en cuanto a su estructura y funcionamiento. Al respecto se aprecian tres tendencias. La primera se caracteriza por el estudio fenomenológico del estilo de vida sin entrar a detallar en su configuración interna (A. Adler, 1948; G. W. Allport 1965; R. Pérez Lovelle, 1989).

La segunda tendencia, fuertemente influenciada por la concepción filosófica y sociológica, reduce los componentes del estilo de vida a una sola categoría: la actividad vital. En esta tendencia se encuentran -- como ya se ha visto-- la mayoría de los autores marxistas que abordan la problemática desde la categoría modo de vida (B. F. Lomov 1989; O. Shorojova, 1989; J. Potrony, 1989; 1992).

La tercera, representada por Yu. Sherkovin, G. Predevechnni, 1987 y J. Roman 1989a, proponen algunos constituyentes que pudieran tomarse como elementos de su estructura interna. No obstante en el primer caso, es poco probable que los mismos permitan una comprensión sistémica del estilo de vida, así como de sus relaciones con la personalidad (también sistémicas).

La no-determinación de los componentes de la estructura interna del estilo de vida como categoría de existencia e identidad propia --característico en la mayoría de los autores revisados--, es algo que limita considerablemente su investigación teórica y aplicada y su consecuente implementación en la práctica profesional del psicólogo.

Los constituyentes personológicos son aquellos componentes del estilo de vida en que se expresan los contenidos de la personalidad. Son aquellas cualidades comportamentales de carácter integrativas, subjetivamente determinadas, gracias a lo cual permiten el conocimiento de la personalidad a través de su estilo de vida.

A continuación se abordan cada uno de los constituyentes personológicos que hemos identificados (I. Mayo 1999) para el estudio psicológico del estilo de vida.

1. Sistema de actividades vitales

Por sistema de actividades se entiende a la organización jerárquica del conjunto de actividades que realiza el sujeto y que expresa el sentido subjetivo que la personalidad le confiere.

El sistema de actividades puede ser caracterizado por el contenido de los nexos con el medio reflejados en el sentido subjetivo que el individuo le confiere a cada una de las actividades que lo integran. De acuerdo con esto, las mismas pueden ubicarse en diferentes niveles, de modo tal que es posible elaborar una tipología del sistema de actividades.

2. Estilo comunicativo (sistema comunicativo)

El estilo comunicativo, y particularmente la calidad, amplitud y durabilidad del sistema comunicativo que dentro de él establezca el sujeto, puede ser estudiado como un constituyente personológico del estilo de vida. El término sistema comunicativo se utiliza aquí para designar la organización jerárquica del conjunto de contactos comunicativos (relaciones interpersonales) del sujeto que expresa el sentido subjetivo que la personalidad le confiere. En este sentido, el sistema comunicativo es el componente comportamental y esencial del estilo comunicativo del sujeto.

3. Sistema de roles.

Se considera como un aspecto funcional de la relación individuo-sociedad que es síntesis por un lado de los condicionantes sociales e individuales y por otro de la actividad y la comunicación. Es una unidad funcional porque tiene identidad propia en relación con otras formas de vínculo del individuo y la sociedad como el status, las actitudes, los valores, etc. El carácter sintético está dado porque integra aspectos diversos como la actividad y la comunicación --a través de los cuales se realiza --, por un lado, y las expectativas sociales e individuales por otro.

La expresión de los contenidos personológicos a través del desempeño de un rol es más marcada, auténtica y menos indirecta en la medida en que el mismo está en la parte más alta de la jerarquía, es decir, en la medida en que es más significativo para el individuo y ocupa un lugar central dentro del sistema, pudiendo expresar la existencia de una unidad subjetiva de desarrollo o disfuncional según el caso.

De este modo la personalidad toma una posición activa con respecto a los roles que realiza, expresando su grado de aporte a la sociedad, es decir, su activismo social, marco en que tiene la oportunidad de identificarse como sujeto en el desempeño de sus roles. Partiendo de esta comprensión, el sistema de roles se entiende como la configuración jerárquica y subjetivamente determinada del aspecto funcional de la relación individuo-sociedad, que es síntesis de condicionantes sociales e individuales y de las actividades y contactos comunicativos en el sujeto.

4. Orientación en el tiempo.

La problemática del tiempo ha sido ampliamente tratada en la psicología, destacándose los estudios sobre la perspectiva temporal (J. Nuttin, D. González), la anticipación (B. Lomov, F. González, H. Arias) y los proyectos de vida futura (O. D´Angelo).

La orientación temporal impregnada al comportamiento es un indicador del nivel de desarrollo de la personalidad que se expresa en la construcción del estilo de vida, señalado el carácter contradictorio o armónico de los nexos de la personalidad con su medio. Por orientación temporal del estilo de vida se entiende la expresión en el comportamiento de las dimensiones temporales que participan en la regulación psíquica del sujeto.

5. La autorrealización personal.

La autorrealización supone dos facetas indisolublemente unidas: la apropiación y la objetivación (O. D´Angelo, 1983).

Ambas facetas de la autorrealización se expresan en el estilo de vida, pudiéndose considerar como elementos caracterizadores del mismo desde el punto de vista funcional de sus nexos con la personalidad que lo regula; pero que a la vez está condicionada por él para su autorrealización. De este modo el estilo de vida es premisa y resultado del proceso de autorrealización de la personalidad, constituyendo un elemento de contenido, que califica moral, cultural y políticamente al sujeto del estilo de vida.

Dada la complejidad de la autorrealización como proceso, se tomó su expresión externa, entendiendo por tal a las formas de comportamiento del sujeto que expresan la amplitud, selectividad y nivel de satisfacción del sujeto con la apropiación de la realidad objetiva y la objetivación de la subjetividad individual.

Como producto del activismo de la personalidad y como resultado de su autorrealización, el estilo de vida se convierte en premisa de su propio desarrollo. Las circunstancias de la vida actúan sobre la personalidad a través de su estilo de vida, a la vez que la personalidad actúa y modifica las propias circunstancias a través del estilo de vida.

3. Aplicaciones prácticas. Resultados y perspectivas.

3.1 Estilo de vida y educación

Los sistemas educativos contemporáneos no se han planteado la educación del estilo de vida desde una perspectiva holística e integradora. Una revisión somera de las publicaciones sobre las teorías y políticas educativas (Bello Arellano, M. E., 1998; Montalvo, J. L., 2003; Llorent, V. et al, 2000; De Puelles, M. et al, 2000), nos revela que la problemática del estilo de vida no ha sido planteada como un objeto de investigación o de intervención educativa desde los sistemas escolares

El abordaje educativo del estilo de vida solo se formula desde la educación y promoción de salud, con una perspectiva epidemiológica de corte positivista y factorialista. En el actual sistema educativo cubano, si bien se ha caracterizado por definir y promover activamente una educación de carácter integral en todas las etapas de la vida, también se limita en el tema del estilo de vida, a su dimensión salutogénica, dejando fuera otros aspectos constitutivos del mismo.

Lo anterior está condicionado por el carácter polisémico de la categoría de estilo de vida y justamente porque su estudio se ha circunscrito a las problemáticas de salud, enfatizando en aquellos comportamientos de riesgo. Sin embargo, desde un enfoque personológico e integrador, el estilo de vida, como expresión comportamental de la subjetividad individual, puede revelar aspectos esenciales para poder enfrentar desde la educación problemas de gran actualidad como la educación valoral, ecológica y para la vida en general.

Por otra parte, una práctica educativa comprometida con el progreso social, no puede dejar de abordar tendencias nocivas al ser humano de carácter crecientes como el individualismo, el hedonismo, el consumismo, entre otras que reproducen la lógica del poder hegemónico dominante. Una de las mayores contribuciones de la educación a la salvación de la humanidad y la construcción de un mundo mejor, sería la educación de un estilo de vida más racional y ético, que permita al individuo situarse fuera de ese poder simbólico y virtual que a diario se legitima mediante los medios masivos de difusión. Es por ello que las teorías educativas y las prácticas que de ellas se deriven, tienen en la categoría de estilo de vida una importante alternativa

Estilo de vida del maestro

Los estudios sobre la profesión de maestro han abordado los problemas que la afectan, destacando el malestar personal y familiar como una seria preocupación en el ámbito internacional (Carbonell, J., 1993; García de Dios, 1996; Hidalgo, M, 1996).

En sus apuntes sobre el profesorado en España, J. Carbonell (1993) señala como causas de la crisis de la profesión docente: (1) la intensificación y sobrecarga de conocimientos, tareas, responsabilidades y funciones, caracterizadas por varios elementos, entre los que se destacan "la multitud de roles y funciones" (p. 7); (2) conflictos en las relaciones del profesorado con alumnos, padres los propios colegas y la administración; (3) la pérdida del protagonismo de la escuela y su imagen social; (4) autonomía restringida y descalificación profesional; (5) dificultades con la carrera docente: promoción, control y evaluación. D. Suárez (1994) señala como la formación docente se ha movido entre dos polos: la tendencia a concebir un modelo ideal de maestro con cualidades "apostólicas" (normalismo) y la tendencia a la formación de un maestro eficiente con un marcado perfil tecnocrático (profesionista).

Refiriéndose al primer polo M. Videla (1991) ha escrito: "cuando se habla de ‘trabajo por vocación’, se supone una especie de ‘función apostólica’, santificada, altruista y otros tantos valores de nuestra cultura ligados al sufrimiento. Las necesidades del docente como persona permanecen borrados de este esquema" (p. 224).

Esta autora señala como distintos especialistas describen la profesión de la enseñanza como proveedora de características que la hacen generadora de estrés y capaz de producir patologías de la conducta. Ella cita la investigación desarrollada en la Universidad de Valencia, donde se identificaron un 70,44% de los casos de una muestra de maestros en que las causas incidentes en el conflicto corresponden al ámbito profesional, destacándose los conflictos con los alumnos, con los padres, las autoridades locales y educativas, y con los métodos y medios didácticos.

También se hace referencia a los altos índices de enfermedades psiquiátricas reportadas en España, Francia e Inglaterra, y al informe de la Organización Mundial de la Salud donde se plantea que los docentes ocupan un lugar elevado en enfermedades relacionadas con la maternidad, la fertilidad y la salud genital, lo cual es particularmente evidente en Latinoamérica.

En la Psicología Pedagógica de orientación marxista, el problema de la personalidad del maestro ocupó un lugar importante, no obstante, el problema se abordó desde posiciones teóricas tradicionalistas, rezagadas en relación con el desarrollo de nuevos modelos explicativos de la personalidad. N. V. Kuzminá (1987), se planteó el estudio de la actividad del maestro, pero se limitó a lo estrictamente docente, dejando fuera aspectos extralaborales que inciden en la actividad profesional y que caracterizan de modo más integral la personalidad del maestro.

Como se habrá podido observar, tampoco en la psicología pedagógica se ha planteado el problema del estudio del estilo de vida del maestro. Las investigaciones y publicaciones abordan problemáticas relacionadas con este objeto, sin embargo falta un enfoque integral y holístico del mismo.

Estos resultados coinciden con otros estudios. O Kraftchenko constató deficiencias en la comunicación profesor-alumno, tanto en su contenido, frecuencia, funciones y percepciones mutuas. Investigaciones dirigidas por E. Ortiz detectaron la existencia de un predominio del nivel funcional de la comunicación en la relación maestro-alumno, condicionada por la percepción interpersonal. También investigadores del ICCP encontraron que la figura del maestro no se destaca, ni en los modelos a imitar, ni en las preferencias en la comunicación, provocando barreras en la comunicación y limitaciones en la eficiencia comunicativa del profesor (E. Ortiz, 1996, pp. 40 y 41). A diferencia de estos estudios, en este trabajo, al considerarse el estilo comunicativo en relación con otros indicadores se aporta una visión más amplia de esta problemática.

Llama la atención que en trabajos realizados bajo nuestra dirección, más de la mitad de la muestra estudiada se ubique en el GRUPO III, caracterizado como de bajo nivel de desarrollo del estilo de vida. Este hallazgo es consistente con los datos reportados por la literatura. Los estudios sobre el síndrome del bournout son una muestra de ello. Oliver Hernández (1994) reporta como un antecedente de este síndrome en los maestros, la ambigüedad de rol. Este autor cita estudios sistemáticos donde se encontró que el bournout ocasiona un descenso en la realización personal del 25% de los maestros estudiados. Este autor identifica como factores de riesgos elementos constituyentes del estilo de vida, tales como el tener o no pareja, hijos.

Puede preciarse en los referidos estudios que no se dispone de una representación integral del sujeto que padece el síndrome. Esto podría evitarse si se valora la incidencia del estilo de vida del docente en la problemática de su salud ocupacional.

Estos hallazgos tienen una connotación particular en relación con la labor profesional de los maestros. En las publicaciones sobre la psicología educativa y en particular las referidas a la personalidad del maestro, son unánimes al destacar la importancia de la comunicación de éste con sus estudiantes. Este aspecto ha sido estudiado a través de diferentes categorías, tales como estilo docente, competencia comunicativa del maestro, estilo comunicativo, etc. En todos los casos la atención se dirige hacia la comunicación del maestro con sus estudiantes que se produce en los marcos de la clase y la escuela. Sin embargo el contenido y la función educativa de la comunicación del maestro trascienden los límites del aula y la escuela y compromete su actuación en todos los contextos en que vive.

Al mismo tiempo, el estudio de la capacidad educativa de la comunicación del maestro presupone su vinculación con otras esferas de su vida que de alguna manera actúan a través de esta. En otras palabras, los resultados constatados evidencian que en la comunicación maestro-alumno y su contenido educativo intervienen aspectos que provienen de otros contextos de su actuación como sujeto. Cuando el rol de maestro no resulta predominante y el nivel de autorrealización es bajo, por ejemplo, la comunicación tenderá a ser formal y de un contenido educativo insuficiente.

Estos resultados evidencian las interrelaciones existentes entre el estilo de trabajo educativo y las particularidades del estilo de vida, donde este último, en dependencia de sus particularidades puede facilitar o frenar el desarrollo de un estilo de trabajo educativo óptimo. Al mismo tiempo se aprecia cómo las deficiencias en el estilo de trabajo educativo tienen una repercusión negativa en el estilo de vida.

Los datos de la evidencian la existencia de relaciones estadísticamente significativas entre el empleo del tiempo y el estilo de trabajo Resulta interesante observar como los maestros estudiados por nosotros, que hicieron uso optimo y adecuado del tiempo, poseen un estilo de trabajo evaluado de regular en su desempeño, por el contrario, los maestros con estilos de trabajo evaluados de bien, empleaban el tiempo de modo inadecuado.

Puede comprenderse entonces la importancia no sólo del diagnóstico de las particularidades del estilo de vida, sino también de su modificación de modo tal que permita el empleo pedagógico de las cualidades personales expresadas en el estilo de vida.

Los resultados alcanzados contribuyen a demostrar la importancia práctica del estudio del estilo de vida del maestro para la Psicología Pedagógica. La misma se concreta en las siguientes direcciones de trabajo:

  1. Diagnóstico de los factores de la actividad pedagógica que influyen negativamente en las diferentes esferas del estilo de vida y viceversa.
  2. Determinación de las particularidades del estilo de vida idóneas para el desempeño de la profesión de maestro.
  3. Perfeccionamiento de las particularidades del estilo de vida del maestro que actúan como factores de influencia educativa, y corrección de aquellas que inciden negativamente.

Con lo expuesto hasta el momento se trata de demostrar la interrelación del estilo de vida y el desempeño de determinadas profesiones, en las que este actúa como una vía a través de la cual la personalidad interviene como factor de influencia en la actividad profesional. En estos casos se estudia el estilo de vida como expresión objetivada de la personalidad.

El estilo de vida del educando

En el caso del educando, el estudio del estilo de vida comienza con la adolescencia, pues es aquí, donde consideramos que el sujeto comienza a ejercer su autodeterminación, lo que presupone la configuración de su estilo de vida. El análisis del estilo de vida del adolescente, constituye una alternativa en la caracterización de su situación social de desarrollo.

Vigotsky denominó situación social del desarrollo a "aquella combinación especial de los procesos internos del desarrollo y de las condiciones externas que es típica en cada etapa y que condicionan la dinámica del desarrollo psíquico durante el correspondiente período evolutivo y las nuevas formaciones psicológicas cualitativamente peculiares que surgen al final de dicho período" (Bozhovich, 1976; p. 99)

La situación social del desarrollo posee gran valor metodológico por cuanto parte de las relaciones dialécticas de lo interno y lo externo en los diferentes períodos del desarrollo individual. Pensamos que el comportamiento típico y estable del sujeto es una expresión particular de la misma que en gran medida determina su presente y su futuro. Es precisamente esta idea la que la relaciona con el estilo de vida.

Siendo el resultado de la autodeterminación subjetiva interna del individuo, el estilo de vida deviene en determinante externo del propio sujeto adolescente. El sujeto elige su pareja, su futura profesión, el consumo de la información y la cultura, etc., pero al mismo tiempo se está incluyendo en un sistema de relaciones e influencias que determinarán su desarrollo ulterior. Es justamente esto lo que le confiere al estilo de vida su condición de componente de la situación social del desarrollo del sujeto.

Tal condición, permite individualizar el análisis de la situación social del desarrollo del adolescente, centrando la atención en dos aspectos esenciales:

Primero: La situación social del desarrollo es social por su contenido, pero individual por su configuración, lo que significa que no es estándar, sino específica de cada sujeto; que en ella se da la unidad de lo general, lo particular y lo singular. Para cada adolescente se configuran determinantes externos muy propios.

Segundo: En estrecha relación con lo anterior, el estilo de vida pone de manifiesto que la historia individual también forma parte de la determinación individual en la adolescencia. Es en este sentido en que cobra mayor valor la idea de Vigotsky según la cual los cambios ocurridos internamente condicionan el carácter de l influencia del medio sobre el desarrollo psíquico posterior.

Al mismo tiempo, el estilo de vida, en tanto objetivación de la personalidad, se constituye en un espacio diagnóstico de gran valor para la educación. En última instancia, el nivel de educación alcanzado se objetivará en el estilo de vida que construya el sujeto. Es en este sentido en que las potencialidades diagnósticas del estilo de vida de adolescentes y jóvenes se constituyen en una importante dirección de la investigación educativa del estilo de vida.

El estudio del estilo de vida de los educandos puede revelar en qué medida se han logrado los objetivos educativos del currículo.

En consecuencia con lo anterior, resulta necesario identificar las vías para la educación del estilo de vida. La experiencia de la práctica de la psicología de la salud revela cómo en un grupo significativo de enfermedades actúan como riesgos estilos de vida inadecuados, que de haber sido educados convenientemente, actuarían como oportunidades de salud para los sujetos.

Ya desde una visión más general, la educación del estilo de vida tiene connotaciones sociopolíticas de mayor impacto. Los grandes cambios sociales, se producen con ayuda de pequeños cambios, siendo la educación del estilo de vida de los individuos una muestra de ello. E. Pérez (2002) ha captado esto de modo muy agudo cuando escribió: "solo el análisis de su manera de vivir por parte de la gente nos permitirá la visualización de que es posible vivir de otra manera; de que nadie da su vida, su tiempo, sus afectos por consignas abstractas, sino que las consignas sirven para condensar y recordarnos el compromiso que hemos hecho desde los afectos y de la razón" (p.44)

La educación de un estilo de vida diferente, construido racionalmente, con una proyección ética, humanista y ecologista, es una tarea que rebasa los marcos de la escuela y compromete todas las etapas del desarrollo individual. En ellas se requiere de la participación no solo de la escuela como institución fundamental, sino también de la sociedad civil y en particular de aquellas organizaciones e instituciones de la comunidad que han hecho consciente la necesidad de la independencia ideológica en relación con las estructuras dominantes del poder hegemónico.

3.2 Estilo de vida y salud

En las décadas del 70 y el 80 del pasado siglo, los estudios sobre el estilo de vida resultaron recurrentes en las publicaciones sobre la psicología de la salud. Movidos por la intención de identificar los factores psicosociales asociados al proceso de salud-enfermedad, los estudios en esta dirección se apoyaron en los hallazgos de la epidemiología y con ello importaron el enfoque que esta ciencia utilizó en la investigación del estilo de vida.

Predominaron los estudios factorialista, que identificaron unidades parciales del comportamiento asociados a la aparición de enfermedades específicas, como modulador del estrés, hábitos de fumar y cáncer, disturbios del sueño, (Phillips, B. A. Y Danner, F. J. 1995); abusos de sustancias, estresores interpersonales y suicidio (Duberstein, P. R. , 1993); hábitos sexuales, estilo de vida y síntomas del período menopáusico (Huerta, R. 1995); ejercicios físicos, hábitos alimenticios, tabaquismo y muerte celular (Kusaka, Y. Et. Al, 1992).

Los estudios encaminados a los cambios de comportamientos de riesgo y la promoción de salud, con mucha frecuencia hacen alusión al estilo de vida de los sujetos, reduciéndolo a los hábitos alimentarios, el ejercicio físico, la conducta sexual, el consumo de alcohol, etc. Obviamente estas unidades parciales del comportamiento forman parte del estilo de vida, pero no lo agotan.

Todos estos trabajos si bien ilustran el interés suscitado por este fenómeno, también reflejan las insuficiencias teóricas que caracterizan el estudio de este objeto. No rebasan la mera descripción de rasgos y variables aislados entre sí. No se profundiza en los aspectos teóricos y conceptuales del estilo de vida y sus relaciones con la personalidad, tomándose como una categoría auxiliar para dirigir la atención sobre otros fenómenos. Son pocos los trabajos que profundizan en su naturaleza interna, y hasta ahora no ha sido el centro de las elaboraciones teóricas de los autores que han utilizado esta categoría.

Para la Psicología de la Salud, resulta necesario trascender este nivel analítico y factorialista del estilo de vida. Ello no solo responde a una exigencia del desarrollo del conocimiento y de su tendencia a la integración intra e interdisciplinaria, sino también a una necesidad práctica. Un enfoque holístico del estilo de vida, puede revelar que determinados comportamientos no reconocidos como factores de riesgo, pueden resultar disfuncionales para el sujeto por el modo en que se interrelacionan con otros.

En nuestro medio el estilo de vida ha sido tratado por otros autores (I. Mayo, 1999 y M. Rodríguez y D. Zaldívar, 2001), que si bien difieren en sus planteamientos teóricos, coinciden en señalar la necesidad de tener en cuenta los constituyentes e indicadores del estilo de vida.

Algunas reflexiones teóricas sobre el estudio del estilo de vida en pacientes hipertensos.

El modelo de los constituyentes personológicos del estilo d vida, permitió abordar a profundidad la relación del comportamiento individual con la hipertensión arterial, sin embargo, en el curso del análisis e integración de los casos se fueron perfilando algunas precisiones con respecto a ellos.

Los sujetos estudiados que en la etapa actual privilegian los roles sociales y laborales, ya desde la infancia y la adolescencia se va gestando con la referencia positiva a la vida estudiantil, por el contrario, los sujetos que privilegian los roles familiares y de pareja, en la niñez y adolescencia, recurrentemente, se nota la ausencia de los roles estudiantiles o dificultades en su desempeño, focalizando los roles de la familia.

Encontramos que en algunos sujetos, el elemento fundamental de las configuraciones que funcionan como protectoras de la salud, es precisamente el afrontamiento que se emplea, de modo análogo, en las configuraciones de riesgo de otros sujetos, el elemento rector lo constituyen los afrontamientos inadecuados.

Esto hace suponer, que en el estilo de vida actúa como constituyente funcional el estilo de afrontamiento, o sea, aquellos afrontamientos que de modo recurrente y estable son empleados por el sujeto en diferentes contextos y por tanto se convierten en un elemento distintivo de su conducta.

Los afrontamientos son comportamientos complejos que expresan la síntesis de la actividad y la comunicación características del sujeto, se realizan a través de ellas, por lo que permiten identificar al sujeto en su desempeño cotidiano. Están subjetivamente determinados por la personalidad y son una forma de manifestación de ella.

El afrontamiento inadecuado devenido estable en el comportamiento complejo de un sujeto es una forma de objetivizar su subjetividad, más propenso a la observación y descripción, el afrontamiento, aunque no se asocia de manera lineal con lo personológico, sí puede considerarse una expresión de desorganización o falta de objetivos; lo que se señala con no poca frecuencia como característica psicológica de los hipertensos.

Son los afrontamientos que se pongan en práctica, de forma frecuente y reiterada, ante los conflictos que aparecen en la vida, los que acercan o alejan a los sujetos del control de la situación y las fuentes generadoras de estrés. De ahí que la relación que se establece entre el estilo de vida y el estrés no sea fortuita, la estructura del estilo de vida condiciona el despliegue de afrontamientos coherentes a ella y proporciona posibilidades al sujeto de atenuar las consecuencias de sus afrontamientos o por el contrario, de potenciarlas.

De esta forma, un sujeto que presente un estilo de vida estructuralmente amplio y maneje de manera adecuada para él sus conflictos y situaciones de estrés, tenderá a conservar su salud con mayor calidad que aquellos con un estilo de vida estructuralmente estrecho, e ineficaces afrontamientos ante conflictos que exijan mayor complejidad para solucionarlos. Es a lo que Arlene Oramas se refiere como estilo de vida potenciador de estrés. (20)

La orientación temporal, constituyente igualmente funcional del estilo de vida, se ha vinculado a sujetos sanos, sin embargo en nuestra investigación encontramos que tiene repercusión negativa para la salud en tanto plantee una contradicción al sujeto con respecto a su desempeño cotidiano, con esto nos referimos fundamentalmente a la orientación hacia el futuro. La visión de futuro en sujetos con estilo de vida estructuralmente estrecho, en los que el sistema de actividad se concrete a niveles funcionales de realización, a menudo no es suficiente para alcanzar las expectativas propuestas y con ello aparece más frecuentemente los estados de frustración e insatisfacción con la vida presente, sobre todo si además aparece una pobre autorrealización.

La autorrealización personal, constituyente funcional del estilo de vida, tiene un gran valor para el mantenimiento de la salud. Los sujetos capaces de sentirse plenos en algún contexto de su vida y obtener gratificaciones desde distintos roles, son más saludables que aquellos que condicionan la obtención de autorrealización a un solo contexto de la vida.

En la medida en que este estudio avanzó resultó más notable que para caracterizar el estilo de vida de un sujeto en cuanto a la autorrealización no bastaba concretarse a los niveles de apropiación u objetivación de la personalidad, sino que fue necesario llegar a un nivel más heurístico de su definición, identificando los contextos de los cuales el sujeto obtiene las mayores y mejores satisfacciones de su vida. Este constituyente merece un abordaje más profundo desde el punto de vista teórico.

Los conceptos de configuraciones comportamentales de riesgo a los que arribamos con la realización de este estudio, sugieren algunas consideraciones:

En la confluencia crítica no es suficiente que converjan las situaciones de conflictos y generadoras de estrés en el contexto significativo, sino que debe confluir en aquel contexto, del que se reciben mayores gratificaciones, en tanto se ha tenido un desempeño exitoso, por lo que existen menos experiencias anteriores de referencia para desarrollar afrontamiento efectivos, por lo que el sujeto es menos eficiente en el autocontrol del estrés y por la connotación interna que tiene el evento, se desencadena la enfermedad.

Los elementos de protección a la salud en los sujetos enfermos están pobremente definidos y actúan aisladamente. No se integran en comportamientos complejos, ni se identifican con claridad como configuraciones comportamentales, en los sujetos sanos, sin embargo, pueden definirse con mayor claridad los elementos que hacen a los sujetos vulnerables a enfermar.

Desde un estilo de vida estructuralmente amplio o estrecho, pueden generarse configuraciones de riesgo y de protección a la salud a esto le llamamos la paradoja de la oportunidad de salud. Inicialmente se pensó que existían comportamientos de protección a la salud diferente de los de riesgo, sin embargo, se apreció que los comportamientos que protegen la salud en contextos poco relevantes para el sujeto, son potencialmente perjudiciales cuando se afecta el contexto de la vida que contiene los roles jerárquicos y las fuentes de autorrealización, convirtiéndose en riesgo. En parte teníamos alguna referencia al respecto, Arroyo Benito plantea que el estilo de vida del hipertenso no genera una actividad cotidiana diferente de la de los normotensos. (27)

Un elemento importante dentro de las configuraciones de riesgo y de protección a la salud, resultó el cuidado del rol personal

El estudio de los casos reveló que los factores de riesgo clásicos (falta de ejercicio físico, no cuidado de la dieta, fumar, ingerir alcohol, etc.) no actúan de manera aislada, integrándose a otros comportamientos como el abandono de la apariencia física, la privación en la satisfacción de necesidades personales (de recreación, autocomplacencia) que se integran de manera particular en cada caso, lo que fue denominado como abandono personal, para hacer referencia a una configuración comportamental que rebasa el mantenimiento del equilibrio orgánico con el medio e involucra también el nivel personológico del sujeto.

Lo que F. González llama desplazamiento del interés hacia los hijos, es una expresión más del abandono del rol personal, característico de los sujetos hipertensos. (25)

Es necesario decir que si bien el estilo de vida, expresado en configuraciones comportamentales de riesgo a la hipertensión arterial en un sujeto concreto, es un indicador de vulnerabilidad a enfermar, por sí mismo, ello no determina el estado de salud, sino que la interacción de estas configuraciones con las particularidades hemodinámicas, genéticas y fisiológicas, tendrán una influencia vital en la aparición de la enfermedad.

El estudio de las configuraciones de riesgo puede trascender el marco del comportamiento e incluir estos otros aspectos, los perfiles de riesgo obtenidos de esta manera trascenderán el manejo tradicional de los factores de riesgo y pueden reflejar más objetivamente al sujeto en riesgo de enfermar.

De acuerdo a los resultados descritos anteriormente podemos enunciar direcciones investigativas que aporten nuevas perspectivas a la Psicología de la Salud.

Resultan de actualidad para la Psicología de la Salud la investigación del apoyo social como un elemento determinante del proceso de enfermar. Se estudian las redes de apoyo social, los tipos de apoyo, su estabilidad y su influencia en el mantenimiento de la salud o de modo inverso, su incidencia en la vulnerabilidad del sujeto ante la enfermedad.

Un enfoque personológico del apoyo social podría destacar el papel del sujeto en la construcción de su apoyo social, su amplitud, estabilidad y consistencia. Estos aspectos pueden ser investigados como constituyentes del estilo de vida.

Los estilos de afrontamiento también han sido objeto de atención en las investigaciones, llegando a determinarse su nexo con la aparición, curso, evolución y rehabilitación de las enfermedades, según el caso. Por ejemplo, se sabe que las personas con patrón A, son vulnerables a las enfermedades cardiovasculares, las de patrón C, tiene más probabilidades de contraer enfermedades neoformativas. Se han descrito otros estilos de afrontamiento. Sin embargo, la identificación de los comportamientos holísticos y estables en que los mismos se objetivizan, resultan de interés para la profundización en las potencialidades del sujeto para el manejo de la enfermedad. Todo ello resulta posible a través del estudio del estilo e vida. En tal sentido la investigación de los constituyentes del estilo de vida que actúan como estilos de afrontamiento resulta una alternativa investigativa.

Tomado de la Epidemiología, la investigación de los factores de riesgo, ha sido otra dirección de las investigaciones en la Psicología de la Salud. Se dice que los factores de riesgo permiten un abordaje preventivo de la salud. Si embargo, las investigaciones en esta temática han estado marcadas por el positivismo. Su propia denominación (factor), así como la metodología de su investigación, son ilustrativas del nivel analítico y factorialista que caracterizan a estos estudios. Se puede afirmar que este modelo está agotado, pues se han establecido las correlaciones estadísticas entre los comportamientos de riesgos y las enfermedades con bastante precisión.

No obstante, en un nivel más integrativo, los nexos funcionales entre comportamientos complejos pueden revelarnos particularidades disfuncionales en los sujetos, que en un estudio clásico de factores de riesgo, serían obviados. En tal sentido, los hallazgos de I. Mayo, si bien aportan evidencias de la pertinencia de la investigación en esta dirección desde el estilo de vida, requieren de una continuidad de estudio para poder identificar otras configuraciones de riesgo, así como la expresión de éstas en otras enfermedades. La categoría configuración de riesgo, introducida por él, a la que se hizo alusión más arriba, así lo infiere.

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Dr. C. Israel Mayo Parra

Centro de Estudios de la Educación de la Universidad Pedagógica de Holguín

- M Sc. Ana Karina Gutiérrez Álvarez

Hospital Clínico Quirúrgico de Holguín


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